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miércoles, 3 de mayo de 2017

La izquierda


Villacís en la lucha final

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para montar el mito del Antifranquismo Rampante, el Consenso’78 proscribió el término derecha, y desde entonces, en España, todo se dice izquierda, desde la “ciudadana” Villacís hasta el “comisionista” Tocho, juntos en la manifestación del Primero de Mayo, ambos con nómina del Estado y disfraz de “Los miserables” en Cornejo.
    
El Estado de Partidos, y esto no lo saben los tertulianos, consiste en suprimir la representación política y sustituirla por la “integración de las masas en el Estado”, con lo que, al lado de Villacís o Tocho, Mussolini, apóstol del Estado total, sería apenas una caricatura de Bakunin.
    
Ni que decir tiene que en el Estado quienes se integran no son las masas, sino sus jefes, razón por la cual, en la calle, detrás de Tocho y Villacís… no hay masas.

    Para el izquierdismo científico, la masa era el proletariado, que acabaría con las guerras, pues, una vez con conciencia de clase, los proletarios se negarían a matarse entre ellos, pero la guerra europea refutó semejante gilipollez, y Lenin montó entonces ese aparato comunista, o máquina de matar masivamente, que aún emociona en los plenos al concejal Sánchez Mato hasta el punto de hacerle cerrar el puñito como si hubiera atrapado una mosca.

    Pero la teoría era bonita, y el izquierdismo sigue buscando borra con qué rellenarla. En los 60, cuando el obreraje o fuerza de progreso estaba por Franco, el izquierdismo buscó su clientela en el nacionalismo separatista. Hoy, cuando esa fuerza de progreso está por Le Pen, el izquierdismo se entrega al islamismo, para que los imanes le hagan el papel escrito por Marx para los proletarios.
    
En Madrid, Cristina Cifuentes, Cecé, que se vuelve roja como Michael Jackson se volvió blanco, poco a poco, busca su proletariado en el activismo sexual, y así es como en España, el país más reaccionario de Europa, va cada uno procurándose el prestigio que le permita exhibir el chau-chau más izquierdista del planeta. Y a sueldo del Estado.