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viernes, 5 de mayo de 2017

Penúltima pelea antes del título


 Debate del 3 de Mayo


Jean Palette-Cazajus
    
Nada más sonar el gong, Marine Le Pen se abalanzó sobre su adversario y descargó una lluvia de golpes que dejaron a éste casi sin reacción. Durante breves minutos la rubia interpretó el papel de macho alfa y dejó a su contrincante feminizado. He dicho “feminizado” no “afeminado”, de modo que, a buen entendedor…. Se anunciaba difícil la reacción de Emmanuel Macron ante el chaparrón de golpes. Quede claro que el combate más tenía que ver con lo que en francés se dice “bataille de caniveau”, o sea bronca callejera, que con la alta esgrima del cuadrilátero. Muchos de los golpes apuntaban claramente debajo de la cintura y cuando era necesario Marine trababa descaradamente a su adversario.

A partir del segundo asalto, el favorito se sobrepuso y empezó a prevalecer a lo largo del debate la evidente superioridad de su bagaje técnico, dialéctico y político. A la postre, resultó evidente su serenidad y autocontrol así como su capacidad para zafarse de la riña de tahúres que sistemática y desesperadamente trataba de imponer la aspirante. Desgraciadamente dudo de que muchos de los electores de Marine hayan entendido siquiera el esfuerzo didáctico con que Macron fue desmontando los demagógicos faroles programáticos de su heroína. Sus dudas, sus tartamudeos, sus desconciertos, su recurso febril a un tocho de notas adhesivas, hoy objetos de cachondeo en las despiadadas “redes sociales” y con la única compensación del mordisco, le quitaron estatura presidencial a la candidata populista.

The old Le Pen, a los pies de Juana de arco. París, 1 de mayo

Además de técnica y estilo, Macron demostró que tampoco carecía de pegada, pero las constantes marrullerías y agarrones de la candidata probablemente la salvaron del KO. Los dos árbitros moderadores se inhibieron a lo largo de casi todo el debate. He leído que muchos se lo agradecen ya que, según ellos,  favoreció la densidad y el dramatismo de los intercambios. También hubo momentos de altura, pero estos sólo los puso Macron. Se suele decir que el patriotismo es el amor a la  propia patria mientras el nacionalismo es el odio a la de los demás. Le Pen padre, que no pierde una ocasión de hacerle la puñeta a la hija pródiga, volvió a proclamar su nacionalismo el pasado Primero de mayo ante un puñado de admiradores residuales. En cambio Marine viene alardeando últimamente de patriotismo. El debate fue para ella pretexto de un constante autojaleo en este sentido. Pero el estilo resultaba tristemente prosaico y pedestre. Ni punto de comparación con el lirismo a veces realmente conmovedor con que el izquierdista Mélenchon sabe hablar de Francia.

Yo soy de los que piensan que  Macron salió claramente perjudicado por la excesiva discreción de los moderadores. Pero la constante agresividad de Marine, su continuo “persiflage” -algo así como una insoportable forma de sorna a la francesa- han tenido que exasperar a mucha gente. Tuvo un solo golpe con indudable estilo, me imagino que sugerido de antemano por los cuidadores de su rincón. En cierto momento afirmó: “Lo único seguro es que la noche del próximo domingo gobernará Francia una mujer. Si no soy yo, será la señora Merkel”. No sé como sus asesores no repararon en que la conclusión a que inducía los telespectadores era que, en ambos casos, el resultado sería un desastre para Francia. Le Monde recopiló y contrastó 19 afirmaciones de Marine Le Pen, falsas, engañosas o tóxicas por una sola de Macron. Éste, para afianzar su política laboral, afirmó que la tasa de paro francesa, del 9,7%, era la más elevada entre las grandes naciones europeas, olvidándose de Italia con 11,9% y, desgraciadamente de España con 18,2%.

Vieron el debate de la noche del 3 de mayo 16,4 millones de telespectadores, cifra respetable, pero no excepcional. No creo que el tenso encontronazo vaya a modificar gran cosa en las intenciones de voto. Quien le interese puede consultar el apasionante y fiable sondeo publicado en Le Monde sobre un muestreo de casi 14 000 personas. Sólo entresacaré un dato: al 47% de los electores franceses no les gusta la personalidad de Emmanuel Macron y al 60% no les gusta la de Marine Le Pen.

Durante el debate