Follow by Email

viernes, 26 de mayo de 2017

Los pimpolludos



Hughes
Abc

Es la foto que ha colgado el presidente de los liberales europeos, de nombre impronunciable. Son Trudeau, el cosmético Macron, Bettel y Charles Michel. Han sido bautizados como los “gamechangers”. Son como Curry, la agarran y cambia todo. Mismas reglas, otra cosa.

La foto tiene algo visual muy potente, que se dice ahora. “Potente” o “brutal”. Hay una felicidad y una conformidad repulsivas. Jamás he sentido una emoción anti élites, pero ahora sí, podría empezar a sentirla. Sus sonrisas llaman íntimamente a la guillotina. La juventud sonriente, brillante, bien formada y casi homoerótica de estos liberales pimpolludos es rara. Son todos parecidos. Cero diversidad. Son productos humanos en serie. Patricios, blancos, suaves, frívolos. ¡Que se diversifiquen los otros!

El centro es como una sexualidad. Los centristas son como bisexuales de sí mismos.

La imagen me ha recordado al PP. Ese refresco generacional que Rajoy se sacó de la manga con Casado, Maroto y Levy (nombre de razón comercial). Puede decirse que Rajoy se adelantó a la jugada con ese plantel de Nueva Política. Ahí los puso, a “jovenear”. Se le critico, pero la verdad es que pasado el tiempo se vio que sí, que iba a ser eso.

La sonrisa de Rajoy en las fotos, que no es nunca sonrisa sino una especie de espantada mueca rumiante, es ahora muy sustituible por la sonrisa de Rivera. Rajoy empieza a estar ya amortizadísimo rodeado de retratos así. Su careto rechina como un pasado ideológico. Qué bien quedaría ahí Rivera ¡con su sonrisita de waterpolista! No es la corrupción, que le da igual al copartícipe pueblo español. Es la sonrisita socioliberal, socioprogreliberal, sociodemoprogreliberal, extremo centrista la que no le sale ya a Rajoy.

Esta gente tiene en común que sabe sonreír y que dicen una cosa y la contraria. No negándolo, que eso sería dialéctica y bla, bla, sino superponiéndolo.

El liberalismo pimpolludo es tan lácteo, tan mamatorio, tan mofletudo y querubínico que puede no ser suficiente. Pese a su juventud, no parecen ser seres humanos que empiecen nada, sino productos rematados de algo anterior que salen como de un laboratorio ideológico por reproducción asistida entre lo académico y lo corporativo.

Hay algo de genealogía truncada en ellos. Como una cierta esterilidad que contrasta aún más con su buen aspecto.