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miércoles, 24 de mayo de 2017

Gente pa tó: sobre filosofía taurina

Gente pa tó
Ortega y Gasset y Rafael el Gallo en la terraza de la Cervecería Alemana


Jean Palette-Cazajus

Buenas noticias para los lectores de este blog. Durante unas cuantas semanas, voy a tener que acortar mis colaboraciones y dejar de torturar por un tiempo la paciencia de los improbables lectores. Resulta que una revista de filosofía universitaria, muy seria ella, me ha pedido una reflexión sobre el estado actual de la filosofía taurina. La cosa se las trae y tengo que abandonar mis proyectos a breve plazo para dedicarme a un trabajo pasablemente ingrato.

Un excelente amigo que compagina una admirable cultura humanista ¡ay!con un lamentable desdén por la fiesta de los toros, sostiene que a la filosofía taurina le pasa lo mismo que al diario pamplonica “El pensamiento navarro” según conocida “boutade” de don Pío Baroja. También en nuestro caso, insinúa mi amigo, o es  lo uno o es lo otro, filosofía o taurina. En ningún caso ambas cosas a la vez.

No va tan descaminado mi amigo. Tiendo a creer que la tauromaquia es un objeto social, tan extraño, tan aberrante, tan ajeno a las previsiones racionales de los humanos que toda literatura taurina, cualquiera que sea el tema que trata es un pretexto usado por su autor para evacuar su desazón y su perplejidad ante un fenómeno que, en realidad, se le escapa radicalmente. En todo caso es lo que me pasa a mí.

“La filosofía ayuda a construir. Le da sentido a aquello que no es sino un magma de actos y de tomas de palabra. Es una disciplina que nada vale sin confrontación con la realidad. Y la realidad nada vale sin la capacidad que ofrece de remontar hasta el concepto. Hace falta, pues, aceptar vivir en una zona intermedia hecha de impurezas, donde uno nunca llega a ser un pensador suficientemente bueno a los ojos del filósofo y sin embargo será siempre considerado como demasiado abstracto para enfrentarse a la realidad. Hay que situarse en esta interfaz. Creo que ése es el espacio de lo político.”

Sustituyan, al final de la cita, “realidad” por “tauromaquia” y  “lo político” por “los escritos taurinos” y tendrán idea de lo absolutamente inconfortable que resulta toda tentativa de pensar, sin cursilerías, pedanterías o casposidades la realidad de la llamada fiesta brava.

Por cierto, cabe la posibilidad de que algún lector tenga cierto interés en conocer la identidad del autor de la cita sobre filosofía y política que acabamos de glosar. Su autor es un tal Emmanuel Macron, actual Presidente de la República Francesa.

Durante los grandes conflictos bélicos, se suele hablar de economía de guerra. Es decir que toda la maquinaria productiva se pone al servicio de la lucha. Es lo que le pasa hoy a la filosofía taurina. La situación es tan grave que sólo cabe pensar en una filosofía de guerra, una filosofía taurina de la trinchera, donde se trata de desarbolar la ideología animalista o perecer. No queda otra alternativa. Y sólo nos referiremos hoy al enemigo exterior. Dejaremos para otra ocasión el enemigo interno cuyas estocadas bien podrían ser, al final, las más certeras. Mientras tanto, la mayor parte de la literatura taurina sigue tan insípida e inane como suele acostumbrar. Nuestros eternos eruditos a la violeta han elegido su destino: hacer mutis por el foro de la historia.

Ortega y Gasset al alimón con Domingo Ortega