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domingo, 5 de febrero de 2017

Suna a las dieciocho


El alma de Suna fueron los momentos que pasó en el lago de los majuelos, y no es para menos. Con menos, desde luego, elabora el camaleón de los filósofos su doctrina existencialista, cuya biblia gira sobre los momentos que pasa Roquentin en un jardín público.

-El sábado los chicos jugaban y yo quise tirar como un guijarro al agua. Dejé caer un guijarro y me fui.

Mas como Suna caminaba sobre las aguas del lago sólo había visto yo caminar (intentarlo) al latinista Agustín García Calvo en el estanque del madrileño Templo de Debod, con su mujer, la señorita Amor, coreando (para animarlo): "¡Agus! ¡Sólo tú puedes! ¡Hazlo!"

Suna, que se peinaba como García Calvo, fue, eximia y merovingia, otra doña Latina (¡este perro sabe latín!), de una bohemia soleada (el sol de España) y  lacustre.