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lunes, 20 de febrero de 2017

Las puertas del Acabose

Emilio Vega presenta a Bittolo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Ni vi el partido ni lo escuché por la radio, pero no crean que mi deserción se debe a uno de esos berrinches que atacan a tipos como Luis Enrique que se descarta de boquilla ante la tentación, como el delincuente en el juzgado. He tenido el fin de semana movidito en mis ocupaciones, pero cuando cándidos aficionados me contaban anoche que el Córdoba había mejorado ante el Levante vislumbré el Acabose en un final de liga con buenas sensaciones, dándolo todo, incluso jugando bien, pero... ¡ay, ese pero compañero!,  apestando a derrota y ruina.
      
Otro 3-1. Esta jornada ante el Levante, el mejor equipo de la categoría y como tengo puesto, incluso de más calidad que más de tres plantillas de Primera. Un detalle significativo es el caso de Deyverson y Camarasa, cedidos al Alavés por los granotas, incómodos ante el riesgo de malgastar tanto talento en Segunda División.
     
En mi equipo, el Córdoba, estoy convencido que no se encarga de fichar el secretario técnico, un tal Emilio Vega que en el mundo del fútbol ejerció de defensa leonés. El amo del Córdoba, para quien su club es el “Madrid de Segunda”, entiende en su omnipotente sabiduría que como Florentino Pérez, con quien se asemeja, es él quien debe contratar a los Zidanes y Pavones y rechaza futbolistas con demostrada solvencia en los equipos que al final encajan, con esa chulería que es propia de los júligans mas despreciables. “ ¿Con quien han empatado Charles y Lanzarote?”
    
Veamos el planteamiento conocido de un servidor, un vulgar aficionado que se atreve a opinar por escrito, porque hace muchos años se enteró de que había futbolistas y hasta entrenadores que comulgaban con sus creencias al llegarles, por mano del diablo, mis pareceres. Antes de acabar la temporada pasada, vi que José Gómez Campaña, un centrocampista capacitado para jugar la Champions, recaló en el Alcorcón. No tengo voz ante el amo del Córdoba, pero aconsejé que para la siguiente temporada, en la que estamos, si el Córdoba “era el Madrid de Segunda”, Campaña debía ser nuestro faro. Ayer nos coló un golazo como los que colaba Pantic. Para tocar así la pelota, no basta con el talento. Campaña tiene muchas mas virtudes.
     
El amo del Córdoba no se ha enterado aún de que nuestra mayor necesidad está en el centro de la defensa y a mí me dio de ojo Diego Costas, con el que Berizzo, por uruguayas circunstancias, no contaba y al que el Celta cedió el invierno pasado a un agónico Mallorca. Tocaba haberse dejado la piel este verano para contratarle, pero, ya ven, en invierno ha ido a Oviedo donde sus subidas al área contraria se cuentan por goles. Mire usted, además de defender, golea.
     
¿Y qué decir del cordobés Alfonso Pedraza, al que el Villarreal en agosto buscaba acomodo y lo cedía a aquel equipo que apostara por jugar airoso para que se hiciera el sensacional carrilero zurdo que ya es? El mozo ha dejado en Navidad 300. 000 euros en las arcas del Lugo, porque al Villarreal, su propietario, el Leeds le ha puesto en la mano un pastizal. Me consta que la familia -de San Sebastián de los Ballesteros- estaba loquita por que el chico viniera a casa, pero también me consta que el gran Llaneza arruga el morro cuando oye hablar del amo del Córdoba.
      
Tenía en mi cabeza más jugadores en verano, no me negarán que asequibles para el “Madrid de Segunda”, pero para imaginar la columna vertebral, Costas, Campaña, Pedraza, no hace falta ser un Monchi. Con ver y no mirar el fútbol, basta. Y oiga, tampoco es necesario ganar Champions para jugar en Segunda División. Lanzarote, un poner, desconocido para el amo del Córdoba que lo buscaba en el internet como antiguo componente de las plantillas del Milán y el Barcelona para empezar a tomarlo en consideración. 
       
El amo del Córdoba se cree un lince y está entusiasmado con el Atromitos, equipo que ni a mí me suena, y del que se ha traído un lateral izquierdo que se llama Bittolo, con B, y que por lo flaco que está parece salido del pupilaje de aquel dómine Cabra, que con tanta hipocresía platicaba y tanta miseria arrastraba.