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miércoles, 1 de febrero de 2017

Frío y ADSL en la cárcel de Córdoba

Bañistas en Noche Vieja


Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Andaban los cordobeses un poco “mosca” con las preocupaciones que tienen entretenidos a los concejales del Ayuntamiento, los que de verdad mandan y que constituyen el firme sostén de la alcaldesa, por una gansada que soltó desde el balcón consistorial uno de Podemos en compañía de otros, por el frío que pasan los presos en la cárcel de Córdoba, cuando sale otro representante cordobés, nacido en la parte extremeña de Puerto Hurraco, que se interesa en el Congreso de los Diputados por el Bachiller de los encarcelados con preguntas impropias hasta  en un alumno de primaria.

   Uno, que es de Burgos y nació aislado por la nieve, tiene cierta edad y ha sentido el frío en su propia casa del barrio de Levante cuatro o cinco días este invierno. El frío de Córdoba no se pone en negativos -salvo muy contados amaneceres- y no dura más de una semana por lo que los pisos no se construyen para rigores invernales, sino para los infiernos de julio y agosto. En las casas de Burgos, preparadas con calefacción, en este tiempo se está mucho más calentito que en las de Córdoba, conforme a una lógica harto conocida a poco que se viaje.

     Dice el edil de Podemos, y los que le acompañan, que la única solución de la cárcel para el frío de los internos se reduce a más mantas, y a uno le parece que los llamados a redentores se quedan con ganas de reivindicar un radiador por chabolo.  Alguno de los asesores de los charlatanes purgó pena y podría haberles informado que en todas las celdas de la cárcel de Córdoba hay ducha con agua caliente y una rejilla por donde sale aire también caliente, pero cuentan que el preso denunciador del frío penitenciario está en proceso de conversión al Islam para cortar cabezas de cristianos consentidores en que manden en el mundo las mujeres,... "por culpa de una estoy aquí". El orate tapa todo los agujeros de su celda, obsesionado con que le espían los infieles. Muchos de estos acaban majaretones, pero es cosa de ver el caso que les hacen las asociaciones de derechos humanos en el proceso metamórfico.

    No había acabado el mosqueo con el frío de la cárcel, cuando va el diputado a Madrid, y para hacerse notar, pregunta por el ADSL de la prisión cordobesa de Alcolea para poder hacer el Bachillerato. Vamos, que si hubiera preguntado por qué la mano tiene cinco dedos o por qué cuando sale el sol es de día, el hombre nos hubiera parecido más sensato. ¿Qué entiende este hombre por cárcel? ¿Quién quiere estudiar el Bachiller en la prisión de Córdoba? ¿Quién dice el alumno que se lo impide? ¿Qué necesidad hay de ADSL para estudiar Bachillerato? El diputado se haría respetar si preguntara cuántos analfabetos hay en la cárcel de Córdoba y por qué. Esto último tendría más sentido preguntarlo en el palacio de San Telmo de doña Susana y doña Rosa Joaquina, pero es seguro que su preocupación sería más verdadera por afectar a gran número de andaluces y no la gansada de interesarse en Madrid por el Bachiller de la cárcel de Córdoba, ciclo que, conviene recordar, no es obligatorio en el sistema educativo tanto nacional como regional.
    
Mire usted, señor diputado, si en las cárceles se facilitara el internet a los internos, en sala habilitada para el fin, los ordenadores estarían ocupados por los presos con dinero que se matricularían en Bachiller y en cualquier carrera para acceder a sus asuntos y  a sus vicios. No hable usted de lo que no sabe y antes de preguntar al túntún, infórmese donde saben.
     
Los maestros de la prisión de Córdoba harto tienen con enseñar a leer, sumar y dividir a una población a la que el gobierno andaluz regaló un día de hace años ordenadores que se vendían a “la mora” a cambio de unas gramitos, para que los incomoden con alumnos fantasmales.

      Calefacción y ADSL son las carencias de la cárcel de Córdoba. ¡Ojalá fuera todo tan sencillo! ¿Y funcionarios de los que conviven día a día con los presos no hacen falta, señor diputado?