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jueves, 2 de febrero de 2017

Fronteras

Melilla


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Uno de los efectos benéficos de Trump es que pone a todo el mundo ante el espejo. Rajoy, nuestro Mariano, por ejemplo, ya ha confesado:

No estoy a favor de las fronteras.
Este rusonismo como del “Marca” (“todo empezó con el primer hombre que puso una valla”) es fantástico, y explica la pachorra mariana con las cosas de Cataluña (los payos de Mariano dicen “las cosas de Cataluña” como los gitanos de Borrow decían “las cosas de Egipto”), y de paso, con el 408 del Código.

Plus de Pyrenées!
Ni Pirineos… ¡ni vallas de Ceuta y Melilla!, porque la verja de Gibraltar es cosa de los ingleses, esos salvajes del Brexit. Genialidad mariana, que permite disolver el Ejército y poner en la calle a María Cospedal, quien podría despedirse con aquel discurso de Churchill (año 28) sobre el desarme en que cada animal declara que sus dientes son armas de defensa, mientras que los cuernos de los adversarios son armas de ataque.

Café sin cafeína, leche sin lactosa, cerveza sin alcohol, libros sin lectores, milicia sin militares, casas sin puertas, cuentas sin pin, y ahora, Estados sin fronteras.

Ahí está el embrollo del separatismo catalán: el gran principio del materialismo histórico, según el cual toda sociedad pasa del estado feudal al estado burgués antes de acceder al estado proletario, ha sido invertido de tal manera que la sociedad catalana pasó del estado burgués al estado proletario y se dispone a acceder al estado feudal. ¿Qué hacer?
La solución estaba escrita. Si quieres que las mujeres vayan detrás de ti, ve tú delante de las mujeres, dijo Quevedo. Si quieres que los catalanes no se separen, déjalos sin fronteras, piensa Mariano, nuestro “magnus homo”, representación clásica del Estado europeo, cuando varios “magni homines” sustituían en el continente a la Respublica Christiana.

Pero, si un Estado es, esencialmente, un territorio cerrado y unificado, ¿qué es esto que está aquí? Pues, como yo lo veo, una máquina de extracción de impuestos.

Barcelona