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lunes, 13 de febrero de 2017

De Pamplona hay que volver

Atapuerca
Puerta Grande

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A Pamplona siempre hay que ir, pero lo importante de ir a Pamplona (a correr delante de San Fermín o detrás del Osasuna) es volver.

    Zidane ha vuelto de Pamplona en general vencedor, con una victoria de ésas que duele el cuerpo de verlas, por la fatiga que transmiten como espectáculo, como ocurre con las faenas de, pongamos por caso, López Simón, derechazo va, derechazo viene, que es como ver a un albañil poniendo ladrillos: cuentas los ladrillos, cuentas los pases, y no ocurre nada, salvo que éste acaba la faena y aquél termina la pared.

    –Había un torero tan malo, tan malo, que en vez de faenas hacía putadas –te dice el vecino de abono.

    Había un campo tan malo, tan malo, que en vez de fútbol te daban puntos.

    El caso es que en España, sin despeinarse, o sin desteñirse, ya sólo gana Mariano, ese soñador para un pueblo. (En España la vida sigue siendo sueño). ¿Cómo habría vuelto Mariano de Pamplona?
    
Zidane fue a Pamplona con su 3-5-2 y volvió con un 1-3.
    
El 3-5-2 de Zidane es un dibujo que usaba, no ya José Antonio Naya, sino Del Bosque (¡y en el que, por cierto, tanto le costó meter a Zidane!), con lo que su estudio corresponde, antes que a los cronistas, a Arsuaga, el “self-made man” de Atapuerca (un tipo que arranca las conversaciones con un “nosotros, los intelectuales”).

    Cuando Ciro Ferrara dice que Zidane “ya ha italianizado” al Real Madrid debe de referirse al 3-5-2, aunque para nosotros la italianización por antonomasia sea el 5-4-1 de Trapattoni, el amigo de Ratzinger. Ferrara habla de los equilibrios defensivos de Zidane con un entusiasmo sólo comparable al de los tertulianos del marianismo hablando de los equilibrios peperos de Mariano, que son en pequeñito como los que Mendoza, un personaje de la Guerra Fría, establecía a lo grande para sobrevivir al lado del Barcelona.

    –Con el Barcelona, para que todos seamos respetados por igual, hay que establecer el equilibrio del terror.
    
En Pamplona volvió a golear Cristiano, a quien el “Daily Mirror” sorprendió hace unos días en Madrid vestido de vampiro, con capa roja, en plena discusión pepera por la cultura de impuestos, y con peluca, ahora que en el Parlamento británico las han eliminado.
    
Desde la de Carrillo no había dado tanto que hablar en Madrid una peluca hasta que los del “Mirror” retrataron al delantero centro del Madrid, que empieza a tener cara de delantero centro, con todo lo que eso supone. La necesidad crea el órgano. ¡La vampirización del hombre por el cargo! Y la del futbolista por el puesto.

    No es el primer vampiro que el periodismo extranjero ve en el Madrid.
    
Y Ramos otra vez apareció como cuando Drácula sale de la oscuridad y pescó el gol como un plato de hígado en un remate de cabeza majestuoso de pura clase mundial –gritó un cronista en uno de esos goles postreros que tanta gloria han dado a Sergio Ramos, el “Sevilla” del Madrid (aquel “Sevilla” que nunca faltaba en la mili, y que te alegraba las imaginarias).
    
Zidane, pues, gana en Pamplona, tantas veces Barranco del Lobo para el Madrid, y con dos partidos menos se mantiene en lo alto de la cucaña de la Liga, habiendo revalorizado, de paso, la plantilla, según las cuentas de “Transfermarkt”, en las figuras de la clase media, Kovacic, Nacho, Varane, Casemiro, Lucas, Marcelo, Carvajal y… Mariano, otro Mariano, en esta marianísima España de muchas señales y pocos prodigios.


Arsuaga
El tío que mejor vive en España


EL “DÉJÀ VU” COPERO

    Vuelve el Día de la Marmota del fútbol español con la final copera del Barcelona, que quiere regalarse un Eisenstein en el Bernabéu, que es el Palacio de Invierno del ensueño culé. Este año, con el Alavés, al que viene de hacerle un Mariano liguero: la casualidad, que es la décima musa, ha querido que el 0-6 del Barcelona en Vitoria haya coincidido con el 95,65 de Mariano en Madrid. Pero el Eisenstein barcelonés tendrá que esperar, porque el Bernabéu… “está en obras”. Al ritmo de repetición de este Día de la Marmota absurdo y cansino, la única solución verdaderamente madridista, o a la altura de la institución, para el “déjà vu” copero será que el Real Madrid llegue anualmente a la final, y una vez allí, que el rival escoja el campo, comenzando por el Bernabéu.