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viernes, 17 de febrero de 2017

Lucas


 Estatua de Lucas

 La fuente de Lucas

Alberto, Lucas

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     Gamonal, el populoso barrio de Gamonal, como dicen los periodistas de Burgos, se levantó a partir de finales de los 60 con brazos de todos los pueblos de la provincia para dar casa a los obreros de las fábricas del Polo, a los que la patronal llamaba productores en las nóminas, y la clandestinidad sindicalista, proletarios. De la parte de Atapuerca y los Juarros bajó mucho personal a trabajar de peón en las obras y de la Santa Cruz de esta última comarca, una rama de los Pineda, con su progenitor Germán a la cabeza, hizo mezcla, levantó tabiques y abrió regolas en muchos de los edificios que forman Gamonal.

       Germán y la Quica compraron el piso para la familia en lo que se conocía como La Tesorera, al comienzo de la Barriada Militar, por entonces la frontera de Burgos-Burgos, con el pueblo de Gamonal. Agustín y Lucas, dos de los, no estoy seguro de si siete ú ocho hijos de Germán, subían la frontera casi todas las tardes para juntarse con los chicos de su pueblo: el Gaitu, Juan Ángel, Angelito... y con los mozuelos  que rondábamos el Moral y el AINCAR fuimos haciendo cuadrilla. Agustín  y Lucas, obreros de la construcción que merecían haber vivido en tiempos del Renacimiento, eran los únicos, junto a Alberto el frutero y Melquiades, que trabajaba en las piscinas, que ganaban dinero y encima tenían coche, con lo que además de pagarnos más de un clarete nos llevaban gratis a las fiestas de los pueblos. Seguimos siendo amigos porque, a pesar de matrimonios, hijos y distancias, los de aquella cuadrilla de los 70 llevamos casi medio siglo sentándonos juntos todos los años a comer las veces que haga falta y nos vamos contando nuestras alegrías, sobre todo, y ¡mecachis en la mar!, nuestras penas.
      
Agustín Pineda, el Fari, de Farias, la pareja de mus como no volverá a haber otra, de Carlos, se nos fue de repente en una noche de Reyes. Como se fue Carlos, un año después. A los dos los echamos de menos. Uno de los que más es Lucas, con el que no hay vez que nos veamos que no me cuente cosas de su hermano y el mío. La última, hace una semana cuando subimos, porque nos conviene a los dos por nuestros achaques, de nuevo desde la Tesorera hasta la calle Eladio Perlado, ésa que da nombre a aquel gobernador que gobernaba Burgos cuando llegó el Polo, Germán, la Quica y sus hijos.
     
El achaque de Lucas se llama Párkinson y lleva años haciéndole frente como le enseñan los que saben del mal. Lucas, como dice el Gaitu con toda la razón del mundo, es uno de esos artistas que aletargaron su genialidad por ocuparse en buscar la necesaria mantenencia, pero siempre hemos sabido que era un manitas de mucha categoría. Nos hacía carros de madera, labraba piedras, adecentaba las fuentes de Santa Cruz y hasta se presentó con una al lado de la cantina, ante la mera insinuación de un día que el alcalde dijo lo bien “que parecería una fuente en la plaza”. Participó en competiciones de campaneros ideando un sistema para tocar las campanas del pueblo desde  su casa y en el juego de la rana fue un atinadísimo lanzador por los pueblos de la provincia. Quería la presidenta de la Asociación del Párkinson una obra curiosa que recordara la lucha que llevan los asociados. Lucas, sin dar voces al pregonero, proyectó un boceto y se lo enseñó a una de las pocas autoridades que reconoce. Por supuesto, la idea fue aceptada de inmediato, porque era proyecto echo con un corazón limpio y sin el mínimo interés particular. Como casi todas las cosas que hace Lucas.
     El 21 de diciembre pasado el alcalde inauguró la escultura de Lucas para que Burgos recuerde a los valientes en la enfermedad en el camino que va de Gamonal a Villímar. Soltero empedernido, como su hermano Agustín, me consta que se emocionó y sigue emocionándose con el cariño de los suyos “...estuvieron todos mis hermanos y mis sobrinos” “...ése día me tocó la lotería”; con el de los amigos “...mira las fotos con Alberto y Gaitu”; con el del pueblo, que acudió devoto como si fueran a una romería.

      Yo también he ido, Lucas, amigo.