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martes, 2 de mayo de 2017

La derecha




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El periodismo es opinión, en ningún caso criterio. Por eso el fenómeno Trump se le escapó al periodismo, que luego, para taparse, se inventó un Hitler (ésa es su idea de la democracia americana), y cien días después está desnudo: los únicos campos de internamiento en los Estados Unidos siguen siendo los que levantó Roosevelt para los japoneses en los 40. Pero en la socialdemocracia mariana, donde la derecha tiene status de suegra, los tertulianos, para seguir cobrando, deben seguir pasándose el porro antitrumpiano.

    –Cien días de Trump, cien amenazas a los derechos humanos –titula el periódico de nuestras “elites cosmopolitas”.

    Salvo que llamen derechos humanos a los impuestos, estos cursis están muy mal de la cabeza. Claro que, si tanto preocupan a estos cursis los derechos humanos, ¿han levantado el meñique para exigir el cumplimiento del artículo 16 de los Derechos del Hombre y del Ciudadano sobre la separación de poderes, aquí, con la música de fondo de la juez Alaya, cuando su “führer” Trump tiene una orden presidencial congelada por un juez federal porque el imán de Hawái aduce que su suegra, que es siria, no podría visitarlo?

    Si la derecha estuviera a los principios en vez de a los rebujitos de la Feria y a las exudaciones económicas del pulgón estatal, comprendería que la misión histórica de Trump está cumplida desde que evitó el triunfo de los Clinton y su “troupe”, origen de todo el odio que le profesa el establishment, que bien podría hacerle un Kennedy, a poco que un idiota se tome en serio las sugerencias mediáticas, o un Nixon, a nada que le encuentren una multa de tráfico sin pagar.
    
Lo impagable de Trump es cubrir la vacante de Scalia con Gorsuch, otro juez originalista (en España, el jurista de la derecha es Margüenda), que aplaza la hegemonía progre por un cuarto de siglo, y hacer una revolución fiscal que el marianismo oculta con censura de guerra.

    Pero el Consenso’78 prefiere jugar al Tamagotchi de Mariano, que es Pablemos.