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martes, 11 de agosto de 2009

EL CRIMEN DEL DÍA...

...15 de Noviembre de 1858


Gaceta de Madrid

Lérida.—Hoy a las doce del día han sufrido la última pena en garrote vil los hermanos Antonio y Buenaventura Rubió, naturales del pueblo de Bell-lloch, a quienes sentenció la comisión militar como reos de los asesinatos que tan conmovida tuvieron esta población durante el último invierno; cinco de sus cómplices han presenciado la ejecución, y van a sufrir por el resto de sus días la condena en uno de nuestros presidios de África, pues aunque tres de ellos habían sido condenados también a la pena capital por el Consejo de guerra, lo han sido a la inmediata por el Tribunal Supremo.

Los hermanos Rubió han manifestado desde que fueron puestos en capilla la mayor serenidad y sangre fría, negándose al principio a recibir los auxilios de la religión; pero esta mañana se han reconciliado y en los últimos momentos han manifestado ambos estar arrepentidos de sus crímenes y perdonar a cuantos les hubieren ofendido.

Los cinco restantes, Pablo Inglés, alias Pastor, de Capilol; Serapio Ramón, alias Martín; Ramón Armengol, alias Grabil; José Aguilá, alias Lerradó, y Mariano Gallinat, alias Bassetes, han sido conducidos al lugar de la ejecución con túnicas y birretes negros, y la han presenciado sentados en banquetas iguales a las de los ajusticiados y con argolla en el cuello; pero su descaro ha escandalizado aún a las persona más despreocupadas, y ha sido recibido por todos los espectadores con un sentimiento de horror indecible; con tanto más motivo cuanto que alguno de ellos era señalado por la opinión pública como el principal autor de los crímenes que han dado lugar a la formación de esta ruidosa causa.

La concurrencia ha sido inmensa, pues era tal el interés que estas ejecuciones habían excitado, que los pueblos de estas cercanías han quedado desiertos, y Lérida estaba llena de forasteros.

Se dice que hoy o mañana serán conducidos los reos a sus destinos, acompañados por los mozos de la escuadra, y puede asegurarse que lo serán por la execración pública, pues si bien los que han ido a comparecer ante el tribunal de la eterna Justicia han inspirado la compasión que da el pecador arrepentido, los restantes han provocado con su cinismo y desvergüenza un sentimiento de reprobación general.

¡Quiera el cielo que este espectáculo sirva de escarmiento y sea el último que venga a llenar de consternación a este pacífico vecindario, donde eran en otro tiempo tan raras las ejecuciones, y donde en pocos años hemos tenido el sentimiento de verlas sucederse con frecuencia y de presenciar tres veces distintas la muerte de dos hermanos a la par, cosa notable en los fastos criminales!