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lunes, 30 de junio de 2014

Holanda y Costa Rica

  My Keylor is rich

Francisco Javier Gómez Izquierdo

México se clasificó para el Mundial con muchísima fortuna y con  algún jugador declarado en rebeldía. Llegaba a Brasil en precario y como en el primer partido ante Camerún un linier de apellido Clavijo le quitaba goles a pares y en el segundo ante Brasil sobresalió su portero apellidado Ochoa, desconocido hasta  para los expertos, el personal  inclinó el corazón por México. México ha tenido guardametas extravagantes en los Mundiales -recuerden aquel Campos multicolor- que cautivan al espectador por transmitir energía positiva -valga el argumento psicológico- y parecer simpaticotes.  

Perdonen el atrevimiento en día como hoy, héroe Ochoa y México llorando, pero a mí me parece que el arquero mexicano ha tenido mucha potra y más que parar le han tirado a dar. Lo veo poco reflexivo por alto y muy incómodo fuera de los tres palos, pero no me hagan mucho caso porque, como ya saben, a mi no me gusta ningún portero. Dicen que le llueven ofertas de grandes equipos, hasta del Atleti de Madrid, pero no acabo de creerlo.

      México tomó el mando del partido ante Holanda con un Herrera incansable. Inteligente trotador y alma, corazón y vida de un equipo que presiona conforme a lecciones bien aprendidas pero que no da los palos que reparten Chile y Brasil, por ejemplo. Los centroamericanos hacían daño desde lejos. Layún de francotirador. También probó Herrera -¡que bien ficha el Oporto!- desde veinte metros, y definitivamente Dos Santos colocó el disparo certero que su entrenador había planeado. El acoso sucedía en un infierno en el que Van Persie pegó un trago a una cantimplora llena de sal. Moribundo e incapaz como los náufragos del desierto que salen en las viñetas, el capitán holandés restaba en un equipo que lo fía todo a la inspiración de tres: la de Robben, Sneijder y la suya propia. No encuentro más tulipanes de exposición. Si acaso, el joven Depay. Con el 0-1, Van Gaal buscó soluciones, que es lo que se pide a un entrenador. Sentó a la estrella. Sacó a Depay. Probó a Kuyt de todo menos de portero y cuando el reloj galopaba tiró de Huntelaar en busca de balones altos. De Jong se había lesionado nada más empezar y la nueva posición de Blind tuvo que rectificarla. Robben volvió a arriesgar su reputación chupando. El equipo holandés se volcó ante Ochoa y a Sneijder le llovió un balón soñado. Ausente Van Persie, entre los dos arreglaron un problema con visos de prosperar.
    
Costa Rica eliminó a Grecia, pero sus jugadores ya no transmiten frescura ni descaro. El partido estuvo emocionante, pero el fútbol fue un despropósito como siempre que juega Grecia y nos encontramos el cabreado rostro de ese Karagounis eterno que lleva el balón como si fuera un arado, braceando tras una yunta invisible. Bryan Ruiz  estuvo muy vigilado y un tanto espeso, pero aún así se las arregló para firmar un gol de autor. El balón salió de su zurda recto y como subrayado y ante tanto arte a Orestes Karnezis, el ateniense, sólo le cupo mirar. Sokratis de Kalamata rememoró los estertores de la tradición helena en la agonía futbolística, pero esta vez los dioses estaban con Costa Rica y habían ungido a Keylor Navas. Este Keylor sí que es un buen portero. Tiene sus cositas, pero le sobra colocación, reflejos, presencia, autoridad y sobre todo concentración. Es de los mejores y merece seguir en el Mundial. Como Campbell, otro de mis jugadores favoritos,  que luchó hasta la extenuación y al que los locutores del canal Gol le reprocharon poca participación. Ya tengo dicho que cada cual ve el fútbol a su manera, pero si un punta es capaz de fijar a tres centrales, algo bueno tendrá, y si encima son diez novatos contra once veteranos, pues ya me dirá usted.