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sábado, 21 de junio de 2014

Generación


La generación del Rey ni siquiera es la de “la Movida”,
 suponiendo que aquello tuviera la menor relevancia



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En su Discurso de Proclamación, y como garantía de algo, el Rey apeló a su generación.
   
Pero la generación del Rey no es la de Normandía. Ni siquiera la de “la Movida”, suponiendo que aquello tuviera la menor relevancia (no lo creo).

    –La nuestra es la generación de la normalidad –me dice un amigo sólo un poco más joven que el Rey.

    Mi amigo llama “normalidad” a vivir de los padres hasta que se pueda vivir de los hijos y tiene de la monarquía una idea parecida a la que yo pueda tener de las guerras médicas.

    Chesterton razonaba que el catolicismo tenía que ser la religión verdadera si ha sobrevivido a los curas, y uno llegó el jueves a la conclusión de que el monarquismo es el mejor régimen si ha sobrevivido a los animadores monárquicos de TV en el día de la proclamación, no a los republicanos de Madina y Cayo Lara, que esos no van a ningún sitio, y si van a la Puerta del Sol a pegar cuatro voces, les sale Santos Juliá a pegarles una colleja “paisana”, pues de colleja, y “paisana”, son.
    
Que el sueño de la izquierda, históricamente, no fue la república, sino los soviets, recuerda ahora Juliá a unos mozos que nunca se atreverán con los dos tomos de los diarios de don Niceto Alcalá-Zamora, donde se explica eso y más.
    
La llegada al poder en Madrid de la generación del Rey ha coincidido con el entierro futbolístico en Brasil de la sardina (la sardina sería Xavi, su símbolo) para la generación del tiquitaca, con su falso buenismo y su falso 9.

    –El Rey debe ser servidor de la ejemplaridad –dijo el Rey, haciendo suyo el ideal de Gomá, un pensador (el pensador) de su generación, que es una generación que ha puesto el ideal de libertad en una bicicleta.

    Frente al yo y mi circunstancia de Max Stirner, el yo y mi bicicleta del español contemporáneo, que, en el sillín, se siente investido de una superioridad moral que le permite moverse sin sujeción a ningún código de circulación. Y a ver a dónde va el Rey con esta gente.