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lunes, 17 de octubre de 2016

Hola, Palhas, adiós Temporada y hasta nunca Choperas

Hasta el rabo todo es toro
Al palha, que podía pasar por osborne, lo banderillearon en el rabo


José Ramón Márquez

No creo que nadie se llegase a enfadar el pasado día 12 porque se suspendiera la corrida que había programada y por que la retrasaran hasta el domingo 16. Muchos de los que se habían bajado hasta Ventas, sin hacer caso de lo desapacible de la tarde, aprovecharon para que les reintegrasen el importe de la localidad y poner punto final a la temporada con un ingreso, otros nos quedamos con la entrada para no perdernos este último acto de la grey Choperon's en nuestra Plaza, corrida de Palha para poner punto final a diez años de gestión de Las Ventas, seis toros portugueses con el hierro del "horror, terror y pavor" de nuestros abuelos estaban en los chiqueros de Las Ventas esperando a vérselas con Fernando Robleño, Arturo Macías y Alberto Aguilar.

Los toros de Palha tienen varias cosas que nadie puede quitarles, una es el mérito de llevar un siglo y medio en las manos de la misma familia, otra es lo incierto de su procedencia real, otra es la indefinición de su tipo zoomórfico. Creo que no hay nadie, incluido el propio ganadero, que sea capaz de definir el tipo de los Palha. Nadie será tan osado. Hay quien piensa que Palha tiene a sus toros a la antigua usanza, todos juntos y revueltos y que por ahí andan las vacas que vienen de Miura o de Concha y Sierra con las de Torrealta y las de Oliveira Irmaos, lo de Isaías y Tulio Vázquez con lo de Ibán y lo de Veragua y Trespalacios o lo de Domingo Ortega con lo de Belmonte y Pinto Barreiros... lo mismo que don Vicente José Vázquez hizo después de la guerra napoleónica, pero en la actualidad. Luego, el día que toca, se van a herrar los becerros con esos números imposibles: el 592, el 397, el 575 y luego les ponen la fecha de nacimiento por aproximación, a lo que salga. Sin ir más lejos los seis de hoy eran nacidos en el año 11, alguno en agosto del 11, y llevaban en la paletilla el guarismo 2. Curiosidades de las viejas vacadas que hacen que nadie se aburra, porque cada toro que va saliendo por chiqueros es una pura incertidumbre sobre su tipo, su capa o su conformación física. Son ésas las cosas que hacen que el aficionado espere con ganas cada corrida de Palha y que no se le ocurra irse a la taquilla a por los 8,90€ de la entrada a la primera de cambio; vamos, que aquí estamos dispuestos a soportar chuzos de punta a cambio de ver la incertidumbre de Palha, salgan como salgan. Y hoy salieron de dulce, la verdad. Hoy, tres toros para liarla y otro más que también. Y los otros dos con sus cosas en cuanto a dificultades,  pero también la mar de accesibles, nada de fieras rabiosas, pero nada de tontos de solemnidad. Tres de ellos despedidos en el arrastre con ovación y dos con palmas no es mala cosecha.

Lo primero que hay que decir es que los Palha han cobrado hoy más con los del castoreño y el penco camilla que lo que haya recibido toda la camada de Daniel Ruiz en toda la temporada. Daba cosa ver a esos hombretones desde la impunidad de sus cabalgaduras enfangarse a lanzazos con los espaldares de los touros y luego cambiar la puya por otra, por si se había perdido algo de filo, y volver con brío a la tarea de mechar la carne. A cambio los Palha ni abrieron sus bocas, ni se vinieron abajo, como debe ser para contento de la cátedra; pusieron sus dificultades a los banderilleros, demostraron su personalidad atendiendo a los capotes según y cómo y regalaron caras embestidas, de las que son capaces de poner a un tío en circulación si sabe aprovecharlas.

Como se dijo más arriba hubo tres de ovación. El primero, que le tocó a Robleño, fue uno de ellos. Al hombre no se le ocurrió otra cosa que irse a porta gayola y ahí, estado arrodillado, el toro le enganchó por la axila. El torero se despojó de su chaquetilla y se desabotonó el chaleco para estar más cómodo y de esa guisa tan poco torera se dispuso al trasteo de Saltillo II, número 592. El toro, exigente, no le dio facilidades y Robleño no estaba nada convencido de pisar el terreno que el toro le marcaba. Así la faena fue un tour-de-force entre el "aquí te espero" del animal y el "ahí no voy" del matador. Tan sólo hubo un momento fugaz, tres redondos casi al final de la faena en que se puede decir que Robleño toreó con verdad. Palmas para el toro en el arrastre y poco unánime aplauso en la vuelta al ruedo del matador, que dejó una estocada desprendida de buena ejecución.

El segundo, Saltillo I, número 587 le cayó en suerte a Arturo Macías. Lo de "suerte" no sé cómo se debe interpretar, porque el toreo basado en la testosterona y el valor de Macías no podía encontrarse con algo menos apropiado para él que esa terca manera de embestir humilladamente que trajo Saltillo I. La cosa es que a medida que avanzaba el trasteo más iban quedando en evidencia las carencias de Macías para hacer el toreo. Poco a poco se fue viendo a las claras que el toro se iba sin torear y que la voluntad y los arrestos aquí no servían para suplir lo que había que hacer: dar la distancia, citar adelante, cargar la suerte, traer al toro toreado, despedirle atrás y ligar con el siguiente. El toro estaba totalmente dispuesto a echar una mano con su bonita y vibrante embestida, nada tonta. Difícil ecuación, por lo visto, la que se le planteó al azteca. Este segundo también fue de ovación en el arrastre.

El tercero, un toro de gran trapío de sólo 466 kilos, fue recibido con ovación. Éste es el que le habría venido bien a Macías, pues era un toro con complicaciones ante el que había que juzgar otros aspectos distintos del trazo largo del muletazo e incluso de la colocación; el típico toro que les da buenos réditos a la mayoría de los toreros a cambio de que se atrevan a aguantar el chaparrón. Lo mismo que le habría servido al valor de Macías le sirvió a la tauromaquia deslavazada de Alberto Aguilar, que tapó su poco halagüeña actuación gracias a los derrotes, miradas y parones de Yegüero, número 575.

El cuarto, Cardinillo, número 384, tenía la capa característica de los Veragua de principios del siglo XX; en hechuras no era ni parecido a ninguno de los cinco restantes. Se fue corriendo hacia el picador que hacía puerta y allí se le picó, luego anduvo correteando sin hacer demasiado caso a los capotes, después le pusieron las banderillas de aquella manera, quedando una enredada en el bordón de la cola durante un buen rato. El momento estelar ocurrió cuando al fin se soltó de tan curioso lugar, que muchas personas aplaudieron la caída del rehilete más que si hubiesen visto a Sánchez Mejías poner uno de aquellos pares suyos por los adentros. El toro cambió de manera radical al llegar al último tercio y allí Robleño tiró de oficio y lo despachó de una estocada casi entera algo caída.

Cuando salió Bojador, número 397, Macías debía ya haber rumiado el toro que había dejado escapar anteriormente. Las condiciones de este quinto eran acaso más acordes a lo que es su manera de ser torero, pues la embestida fuerte del toro podía poner en valor las habilidades del matador. El toro pedía mucho mando y mucha colocación. Digamos que era toro para Marcial Lalanda o para Domingo Ortega más que para estas tauromaquias light de principios del siglo XXI en las que ni se puede ni se manda. Como el toro tiene su personalidad bien acusada y el torero no es capaz de imponerse al toro, de nuevo Macías anda aperreado.

En sexto lugar salió Quita-sustos, número 375. Fue objeto de una primorosa brega por parte de Iván García, saludada por la afición con la más rotunda ovación de la tarde, en la que acaso Alberto Aguilar haya descubierto la óptima condición del toro por el pitón izquierdo. Sin dudarlo se va al toro y comienza su trasteo por la zurda guiando sus largas embestidas; Aguilar vuelve a no estar bien colocado y a pasarse el toro lejos, pero el torero deja la muleta en la cara y consigue ir enhebrando los pases unos con otros. El animal no cesa de acudir y así se va componiendo una faenita de poca entidad hecha bastante sobre la ventaja; lo intenta brevísimamente por la derecha, donde hay que trabajar más y, en seguida, vuelve a la zurda hasta que el Aguilar consigue enganchar una buena serie de tres, bien colocado, el medio pecho, la pata adelantada y a continuación un torerísimo pase del desprecio de pura inspiración. Ahí tenía que haber acabado su faena -faena netamente a mas hasta ahí-, pero le indican que siga, emborrona lo anterior con más de lo del principio y se atasca con el verduguillo después de una estocada trasera de esas que parten el libro y el cuajar y que si llegan a matar lo hacen de septicemia. Poca cabeza y poco sentido escénico del torero y poco seso el de los apuntadores. El toro se fue al desolladero acompañado de la ovación del respetable.

Con esta interesante corrida se pone punto final a la época de los Choperita, para nosotros los Choperon's Father & Son, en Madrid. Tomaron la Plaza con 20.000 abonos, la sueltan con 6.000 menos: esa dilapidación de lo recibido debería ser lo suficiente para juzgarles. No han sido unos buenos empresarios para Madrid. Vayan con viento fresco y, por favor, no vuelvan a la Calle de Alcalá número 237 más que como espectadores.

La redada de Palha

Crania ibérica

La cátedra

La vuelta al ruedo por el morro

Robleño a porta gayola

El embroque

El atropello

Benlliure palhatino

Adiós Madrid

domingo, 16 de octubre de 2016

Festival de Chinchón. Privilegio (real) de callejón

 Torre sin iglesia e iglesia sin torre
El birlibirloquesco sindiós del cambio climático republicano

Fundi
Espectador.- Un poco baja la estocada
Fundi.- Tú sí que estás bajo

Abellán
Espectadora.- ¿Me das la chaqueta?
Abellán.- No.

Román
La tauromaquia "rocarrey" (es decir, la antitauromaquia)
 con fartons

Román
Pero a los públicos les gustan más los fartons que los toros

Probablemente la plaza más bonita del mundo

El donativo

PD.-El organizador explica el éxito en Radio Morata: "Con buena p... bien se f..."

lunes, 26 de septiembre de 2016

Cuatro del Conde de la Maza, de aquella manera, y una purrela de estafermos

José Ramón Márquez

Hoy sí que nos las prometíamos felices con la corrida del Conde de la Maza. Ya se sabe que en esto de los toros se vive mucho de las ilusiones que te haces, más que de los resultados, y la verdad es que el paladeo de esas ilusiones, mientras duraron,  ya no hay quien te las quite por más que luego te aplaste la inmisericorde realidad. O sea, que cuando te vas a la taquilla por la mañana y ves ahí la L y la M y la corona y los colores encarnado y negro te compras la entrada con un gustillo que no asoma cuando lo que ves es, pongamos por caso, las marcas ganaderas de Garcigrande o del Cuvillo. Por si alguno no se ha enterado, hoy en Madrid había anunciada una corrida de toros de los Herederos del Conde de la Maza, con la que veníamos fantaseando desde que se anunció hace casi un mes. Luego, lo que en realidad hemos tenido ha sido un informal concurso o pasarela de ganaderías porque, además de los que figuraban en el cartel, han salido animales de El Risco, El Cortijillo y del Conde de Cabral.

Llama la atención que en estos tiempos en que toda la información fluye de manera vertiginosa por tantos medios siga habiendo ese agujero negro que son los corrales de Las Ventas, cuya seña de identidad es la más neta opacidad. A mediodía nos enteramos de que se han rechazado dos toros del Conde y de que los han sustituido por dos Torrestrella de El Risco, ganadería de la Unión. Nada sabemos sobre qué es lo que la ciencia veterinaria apreció en los dos expulsados y a nadie se le ocurre abrir un Portal de la Transparencia Veterinaria Venteña en el que los profesores que desempeñan su labor en el análisis de los animales puedan explicar a la afición qué diablos les pasaba a los dos toros rechazados. Lo digo en este caso particular porque precisamente el atractivo mayor de la tarde era la ganadería y sienta bastante mal que te quiten casi la mitad de los toros sin más explicación. Acaso, viendo las hechuras tan anovilladas del primero de la tarde, Draculero, número 42, la cosa fuese por lo de la conformación zootécnica, esa jaculatoria que siempre usan los veterinarios en Sevilla contra Victorino para sacar pecho a su costa y obligarle a traer un toro más.

Los cuatro del Conde, lidiados al principio de la corrida, han salido poco parejos y, lo que es peor, blandos. La verdad es que esperábamos toros de más poder, de más  hondura y de más presencia, acorde a su origen Villamarta, que quedaba acreditado perfectamente por las capas, castaño, negro mulato o negro listón y por las inconfundibles cabezas, astiblancas y bien desarrolladas. El primero, como se dijo antes, fue un  toro de escasa presencia, tapada algo por la cabeza, que si derribó al picador Francisco Plazas fue sólo porque agarró muy mal el puyazo dejando que el toro se fuese a los pechos del aleluya. En el primer encuentro estuvo a punto y en el segundo hizo lo mismo y fue al suelo. El segundo de los del Conde, Milanero, número 60, acudió al caballo cuando quiso y se paró en la muleta. El tercero, Cocinosito, número 4, no regaló nada a su matador, fue un toro manso, exigente y serio frente al cual nos hubiese gustado ver a algún torero mucho más placeado, sin que esto sea un desdoro para la actuación de Alberto Lamelas, como luego se dirá. El cuarto y último de los del Conde, Limpio, número 24, fue un toro muy complicado, muy mirón y muy certero: lanzó un derrote limpísimo al gemelo de Rubén Pinar al inicio del trasteo de muleta; parecía que se había trompicado el toreo, y sólo él se enteró de que llevaba el puntazo, hasta que comenzó a aflorar la sangre. Toro muy difícil este Limpio, fue el que estuvo más en la línea de lo que habíamos venido a ver. Los dos estafermos de El Risco vinieron, se dieron unas vueltas por la Plaza declarando de manera patente sus problemas motrices y en seguida pasaron a ser pastoreados por los bueyes de Florito, volviendo a la oscuridad de los chiqueros a recibir la muerte que merecían. En su lugar salieron uno de El Cortijillo, Musiquero, número 41, colorado chorreado, estrecho de sienes y de pésimas intenciones que buscaba el pecho del torero como un minero busca oro con su batea, y otro del Conde de Cabral toro muy fino, descarado y de bonitas hechuras que atendía por Caldereta, número 14 que se paró lo suyo en el último tercio.

El saldo ganadero que se acaba de reseñar fue despachado por Rubén Pinar, Alberto Lamelas y Sergio Serrano, que venía a confirmar la alternativa que le dio Antonio Ferrera en la Feria de Albacete de 2009. Dos, seis y cuatro actuaciones es el bagaje que aportaban respectivamente los tres matadores en la temporada del año pasado.

Rubén Pinar no se llegó a confiar en ningún momento. A su primero le recibió de muleta como se recibe a alguien a quien odias: tundiéndole por bajo se lo sacó hasta el tercio y allí el animal se paró. No es extraño. En ese toro tiró líneas, buscó la distancia más próxima y no se cruzó ni una vez. En su segundo ocurrió lo que se dijo antes del puntazo en la corva. Pinar dio la sensación de que en todo momento estaba cogido, hasta que el toro lo volteó estando el torero descubierto: el toro le ve en medio del pase y le caza sin más miramientos. Saludó una ovación de las de 'pecunia doloris' y atravesó el ruedo con su cuadrilla hacia donde Padrós para rebañar unos aplausillos, cuando lo suyo es que hubiese marchado a la enfermería por el callejón, como siempre se ha hecho.
 
Alberto Lamelas hizo dos esfuerzos notables en esta tarde en cada uno de sus toros. En el mansurrón colorado que hizo tercero estuvo porfiando, sobando al bicho aguantando lo suyo ante una prenda que ignoraba la declinación del verbo humillar. A este le robó literalmente una desgarrada serie de naturales: quedándose en el sitio,  sin rectificar, echándole la muleta al hocico y dando el medio pecho sacó tres y uno de pecho que ha sido lo mejor de todo el septiembre taurino de Las Ventas. En su segundo, que literalmente le quería arrancar el corazón de cuajo, se plantó firme y torero y en vez de abreviar con el estoque se esforzó en justificar su papel aguantando las tarascadas del Cortijillo con hombría y firmeza y recibiendo un volteretón sin consecuencias. Faena de entrega, sin el lucimiento amanerado de eso del arte, hecha de valor y de entereza. Deja buen cartel.

Lo mejor de Sergio Serrano fue el saludo por verónicas a su segundo, lances mecidos, ganando un pasito, trayendo al toro toreado y rematando con la media. Recibió sinceros aplausos. En su primero, toro muy protestado, no dijo nada en un trasteo muy largo con obsequio presidencial de minutos extra antes del aviso. Su segundo acaso era para haber aprovechado las diez o doce embestidas sinceras que el animal tenía antes de pararse. En este segundo presentó el torero unos modos más reposados que en su primero.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Anda, anda con los lagunajandas y adiós al verano en plena incuria comunal

La mugre en el tendido


José Ramón Márquez

Lo de Lagunajanda era la famosa crónica de una muerte anunciada. La verdad, para qué negarlo, es que sólo con que veamos la palabra "Domecq" en un cartel ya nos entran los sudores fríos y el cólico miserere, de lo baqueteados que andamos con esas seis letras, que más que un apellido conforman una invocación al Maligno, taurinamente hablando. Y, como no podía ser de otra manera, los Lagunajanda, Sociedad Limitada propiedad de doña María Domecq Sáinz de Rozas, no defraudaron en complacer las nulas esperanzas que en ellos habíamos depositado. Por supuesto que además de los cuatro resentidos de retorcido colmillo también se sentaron en las piedras venteñas, exquisitamente sucias en esta particular ocasión, los consabidos viajeros provenientes del Oriente para quienes las palabras Domecq y Lagunajanda no significan absolutamente nada: los pobres, para una vez en su vida que iban a ir a los toros, se habrán llevado una impresión bastante poco halagüeña de lo que es en sí el llamado toro de lidia. No creo, sinceramente, que vayamos a hacer grandes aficionados entre ellos.

Estos Lagunajanda de divisa encarnada y blanca como la de la casa matriz se hierran con un escudito como el que perteneció a Veragua, el de la casa matriz, en el que han sustituido la uve de Veragua por la jota de joróbate. Es una forma de propaganda subliminal, para que nadie se llame a engaño, para que nadie se ponga a pedir la hoja de reclamaciones de la casta, la fuerza, la fiereza o de la acometividad. Lo malo es que, con absoluta certeza, los lagunajandas que salieron por las puertas simétricas que custodia un señor disfrazado de barquillero, eran las materias taurinas soñadas por los tres matadores que se anunciaron. Lo malo es que los tres coletas del cartel de esta última corrida del verano en Madrid habrían firmado por encontrarse con seis animales del comportamiento de los lagunajandas, compendio de nulas intenciones, supina bondad y dotes de toreabilidad, por usar el palabro del taurineo.

Repaso de albañilería

Los japoneses en el estercolero

Los japoneses ya se han ido

Porque los seis galanes que se vinieron, en su último viaje, desde Vejer de la Frontera, regalaron sus embestidas y sus trotes, se esforzaron lo suyo en no crear problemas graves a sus matadores, sabedores acaso del momento complicado que pasan en sus carreras, colaboraron lo suyo y ni por ésas las cosas salieron. El más interesante de los Lagunajanda, para que se vea que se hace un esfuerzo en reseñar cosas positivas, fue el cuarto, Lavandero, número 67. El pobre, de grata estampa y buen trapío, andaba con las fuerzas muy tasadas, pero en algún recoveco de su ADN quedaba algún rastro de bravura. Esto se vio cuando se arrancó con gran fijeza y alegría al caballo en el que iba subido Héctor Vicente. El Lavandero metió la cabeza y apretó lo suyo romaneando con las fuerzas de que disponía, con el rabo enhiesto. Mientras, Héctor Vicente le señaló un picotazo -la consabida sangre para un análisis- y retiró la vara y el toro se estuvo un rato empujando al caballo con fijeza aunque, como se dijo, sin recibir castigo. Lo sacaron y hubo quien pidió que se pusiera al toro de largo -aficionados ilusos-, que es lo que casi todos, excepto los orientales, queríamos. A cambio el toro fue al relance, sin cite, con alegría de nuevo, y aunque no apretó como en la anterior entrada, se quedó medio aquerenciado cerca de los faldones del penco hasta que se lo llevaron de allí a capotazos. Esto es lo más próximo a lo que nos gusta de todo lo que hoy se vio en la Plaza de Todos los Vientos, como la llamaban los viejos aficionados.

Para enfrentarse al regalo de los Lagunajanda -y no se quiera ver en ese sustantivo el más leve asomo de ironía- se vinieron a Madrid Iván Vicente, cinco corridas en 2015, Eduardo Gallo, una corrida en 2015, y Esaú Fernández, once corridas en 2015.

Si del primero de Iván Vicente, Oceanador, número 9, llegamos a decir que era la tonta del bote estaríamos insultando gravemente a Oceanador, pues dicho personaje mitológico no pudo llegar a tener menos ideas, ni buenas ni malas, menos intención y menos capacidad de aprendizaje de las que presentó este toro, al borde de los cinco años. Oceanador era la versión robotizada del carretón, ansioso de colaborar, deseoso de ir desde donde le dijeran hasta donde le llevaran, amable y obsequioso. Lo que se dice un "mandao". No fue suficiente su innato afán de echar una mano para que Iván Vicente armase un trasteo con el que decir "¡aquí estoy yo!" y Oceanador se fue al otro mundo, lo mismo que los orientales que se salieron del coso a su muerte, sin llegar a conocer lo que es el toreo. Los amigos de Iván Vicente, que los tiene y de los buenos, le jalearon el trasteo a base de ¡bieeen!, pero aquello era por cosa del cariño más que de lo que el madrileño iba poniendo en su texto. Las trincherillas, pase estimadísimo en la actualidad, fueron jaleadas como obras de arte también a base de ¡bieeen!. Su segundo fue el Lavandero del que hablamos más arriba y, para completar lo que de él se dijo, añadiremos que en el trasteo toreó bastante más el toro al torero que viceversa y que el bicho acabó rajándose o aburriéndose y volviendo grupas de su matador. Lo mejor de Iván Vicente la manera en que se tiró a matar a este Lavandero. Tuvo la mala pata de pinchar, pero las tres veces se tiró en rectitud y haciendo bien la suerte hasta que cobró la única estocada de la tarde digna de tal nombre.

Paseo

Lo de Gallo es un sinvivir. Los viejos del lugar recordaban el sanisidro de hace diez años, en que se anunció con una corrida de lagunajanda que acabó siendo lagunarremiendo. Por entonces Gallo era un valor sobre el que algunos apostaban, basándose en su solvencia como novillero, pero su carrera no ha conseguido cobrar vuelo. En 2012 firmó una seria tarde que hizo concebir ciertas esperanzas, pero por la razón que sea él ha optado por no asumir el riesgo de ejecutar el toreo y así le va. Hoy tuvo la ocasión, pues sus dos toros -oponentes no se puede poner, en honor a la verdad- le regalaron los mimbres con los que si hubiese tenido esa decisión podría haber dejado una actuación de enjundia. En su primero tiró de oficio para traer y llevar al animal de acá para allá en una faena de tentadero, faena campera sin ambición, y en su segundo volvió a tirar de oficio para torear como un témpano de hielo, como un bloque de mármol, con la más denodada frialdad y la más exasperante falta de pasión que concebirse pueda. Toreo de todas las ventajas, hecho con oficio y verticalidad y aprovechando la estúpida condición de los toros, acaso orientado a un esteticismo ful que no va a ningún lado.

Y Esaú. Nos trajo desde Sevilla dos porta gayola, una larga de rodillas, una pedresina y un circular invertido. En la parte seria, toreo fueracacho, ventajismo, pico y codilleo con un aire más bullidor y alegre que el de sus dos compañeros de terna, sin dejar ni medio verso del que acordarse el día de mañana.

La suciedad de la Plaza hoy era extrema. Baste decir que los japoneses trajeron unos cubrealmohadillas con los que proteger sus vestimentas; en cuanto al suelo y las escaleras más parecía que estuviesen al cuidado de la anciana alcaldesa de Madrid que del Fernández, el de la Cifu. Del trapo encarnado y amarillo hecho jirones que hay sobre la Puerta Grande ya ni hablamos. Penosa incuria.

Las cosas de rocarrey

Al tajo
El barquillero espera

Premonición del otoño

Los benhures por si cae algo

Descalzaperros

Gran Hermano

Lo de cada día

Inicio del Español-Real Madrid

lunes, 12 de septiembre de 2016

Ninguno de los sanmartines sacó en Las Ventas los argumentos más deseados por los devotos de la Santa más taurina

Luz al final del túnel

José Ramón Márquez

Este año la generosa Empresa, cuyos días están ya contados al frente de la Monumental de Madrid, nos ha programado tres corridas de toros en septiembre, y ésa es una buena noticia, porque, querámoslo o no, siempre preferimos al toro antes que al novillo y al matador de toros antes que al novillero. El año pasado nos dieron dos y dos y este año tres y una, por lo que de aquí a la Feria de Otoño tendremos solamente corridas de toros: la de San Martín de hoy, la de Lagunajanda del domingo próximo y la del Conde de La Maza para cerrar septiembre. Para que se vea que no somos cicateros en el elogio, vaya aquí el nuestro para Choperon's.

Pañuelico

El segundo domingo de septiembre del año pasado pusieron una de Moreno Silva que fue de largo la mejor corrida de la temporada en Madrid. A raíz de eso se ganaron los saltilllos sevillanos el alto honor de aparecer en San Isidro 2016 con lo que tuvimos el disfrute de que el inolvidable Cazarrata fuese contemplado por la Plaza entera y por los que miran los toros por la televisión, para que cada cual saque sus conclusiones de acuerdo a su gusto y al carácter de su afición. Este año, como se dijo más arriba, se han traído para el segundo domingo de septiembre una de San Martín, la ganadería que fue de Pepe Chafik, actualmente santacolomas cacereños un poco enmarañados de saltillo; un caramelo para los aficionados golosos. Y la verdad es que debe haber pocos aficionados golosos porque ante la convocatoria de los de San Martín la hinchada extranjera, que todo lo ignora de Santa Coloma y de Chafik, ganaba por goleada al elemento nacional, más interesado en permanecer en su casa o en la parcela que en ir a Las Ventas, las cosas como son.

La uña nuestra de cada día

El encierro que presentaron los hermanos D. Alberto y D. Amadeo Hornos Valiente, propietarios de la vacada desde el año 2010, algo disparejo de presencia, anduvo entre las 42 arrobas y media del más chico y las casi 55 del más grande, con cuatro toros por encima de las 50. El más chico, Logroñés, número 46, negro bragado meano, fue protestado de salida por su poca presencia tapada un poco por la cabeza y el tipo más bien asaltillado; en ese tipo salió también el número 40, Patera, negro entrepelado bragado meano, lidiado en quinto lugar, aunque con más plaza y más romana. El resto, más bien en la ortodoxia santacolomeña, con más peso y volumen del que a ese encaste le es propio, pobre de cabeza el primero, seña muy de la casa, estrecho de sienes el segundo y con cuajo el tercero y el quinto. Los que con más claridad ofrecieron sus condiciones de "toreabilidad" fueron acaso los tres primeros, aunque bien es verdad que ninguno de los sanmartín puso sobre la arena de Las Ventas los argumentos más deseados por los devotos de la Santa más taurina: ni fueron un dechado de casta ni anduvieron con esa inteligente viveza propia del encaste, ni plantearon problemas de imposible solución a sus matadores; más apagados que vivos y más tontos que listos, los sanmartines sacaron en algún momento un chispazo de casta o un fugaz galope y se murieron cinco de seis a prudente distancia de las tablas, a las que se negaron a acudir, pero pese a ello, el balance resulta algo magro y cuesta lo suyo dar el aprobado al conjunto ganadero. En descargo del ganado digamos también que contra ellos se perpetraron unas deplorables lidias, que no hubo el más mínimo interés por parte de la gente coletuda (¿postizuda?) en poner a los toros al caballo ni en tratar de lucirlos, que la distancia a la que se trató de plantear las faenas fue casi siempre encimista, siendo estos animales de suyo galopadores, y que la práctica abusiva de esa metástasis del toreo que consiste en no cruzarse con el toro tampoco ayudó en nada, siendo algunos de ellos exigentes en cuanto a la colocación del matador, que si se medio cruzaba aquél el bicho acudía, pero que cuando el cite era de por las afueras el funo se desentendía de la cosa.

Paseo

Para acabar con las vidas de los de San Martín de acuerdo a las normas del arte taurómaco se vinieron a Madrid Luis Antonio Gaspar "Paulita", Manuel Jesús Pérez Mota y Antonio Martín Domínguez "Nazaré". De los tres el que más mili lleva es Paulita, que está a punto de cumplir sus primeros tres lustros como matador de toros, nueve años de alternativa tiene Pérez Mota y siete Nazaré.

Desde el principio de su faena al primero ya se vio que en el ánimo de Paulita no estaba el escribir hoy una página del Cossío. Desconfiado y ventajista, nunca se acabó de creer que el toro no se comía a nadie por lo que tomó muchísimas más prevenciones de las que el animal demandaba. Es cierto que el bicho le apretó un poco cuando lo paró de capote, pero en seguida se vio que las condiciones de la res no eran de carácter avieso, sino más bien tirando a algo soso. Paulita no le dio fiesta al toro y dio por momentos la impresión de que estaba toreando más el toro que el torero. Carreras, dudas, mala colocación y demás artilugios del toreo menos interesante señalaron la olvidable actuación del torero aragonés. En su segundo, Vinagrero, número 27, siendo el toro más aplomado, parece que el torero quiso hacer un poco más de esfuerzo que en el primero sin que las cosas le saliesen acorde a sus deseos.

Pérez Mota  venía excelentemente vestido, que eso ya es un notición, sin espumillones, sobrio y muy torero, de azul marino. Por momentos en su primero pareció que podría echar a rodar su tarde en el buen camino, pero sus decisiones de ponerse más encima del toro de lo que acaso éste pedía y de no ponerse donde se torea frustraron las posibilidades de lucimiento. Al final de la faena unos naturales de frente sacados de uno en uno son lo mejor de la tarde; eso y la estocada al primero, que la hace tomando en corto al toro, la mano de la espada cerca del corazón, marcando los tiempos con lentitud y atacando de manera rectilínea para dejar una estocada entera algo atravesada de la que no muere el toro. Muy buena ejecución de la suerte suprema la de Pérez Mota en su primero. En su segundo la faena no llega a cobrar vuelo en ningún momento. Pérez Mota lo intenta, e incluso intenta sin fortuna los naturales del toro anterior sin pena ni gloria. Es prendido feamente al entrar a matar y eso desata el delirio de unos treinta y cinco espectadores que sacan el pañuelo, lo cual unido a los anónimos silbidos, la proverbial lentitud caracolesca de los Ben-Hur de la mula y demás cucamonas, y la falta proverbial de criterio del señor Presidente, don Julio Martínez, más interesado en la poesía  que en la tauromaquia, que sin duda recibiría el soplo de Eato, musa de la poesía lírica:

"Y siendo yo Presidente/
de este aburrido festejo/
¿debo hacer caso al consejo/
de "Madriles", mi asesor/
sacando el pañuelo blanco/
y regalando al torero/
la oreja del buen Patera/
y, con el golpe que lleva,/
sienta así menor dolor?",

por lo que in-extremis, cuando la tracción de las mulas comenzaba a jalar de la honda, sacó don Julio el pañuelo que rebajaba un poco más la calidad de los trofeos que se obtienen en Madrid.

Y Nazaré trajo a Madrid sus maneras bullidoras y alegres. No es que se apartase mucho del camino trillado por el que transitan prácticamente todos, pero lo hace con alegría y desparpajo; por lo menos no se pone solemne como si estuviese vendiendo el arte eterno e imperecedero. Lo mejor de su actuación fue lo rápidamente que vio que el pitón mejor del sexto era el izquierdo. Prácticamente sin probaturas se fue a los medios y desde allí citó decididamente con la zurda a una distancia muy santacolomeña. El toro se fue y le pegó el muletazo como pudo, cuando tuvo que echar a correr para buscar el siguiente muletazo ya se vio que la faena no cobraría vuelo, como así fue.

Emocionante muestra de solidaridad la de los Ben-Hur de la mula cuando al ver que los 4, literalmente 4, monos que hoy estaban de servicio no eran capaces de levantar al penco, derribado por el sexto, acudieron prestos a la tarea de tracción y empuje del équido forrado, formando una simpática joint-venture de los que se lo curran con los semovientes.

Rizos

 Carpintería Fernández el de la Cifu

 Torero bien vestido

 La oreja que nadie pidió

 Don Julio, como es poeta, cuando se siente en el palco sólo hace lo que le peta

 Cuatro monos

 Once monos y benhures

Último sanmartín

lunes, 5 de septiembre de 2016

Los últimos (aficionados) de El Álamo: buena corrida concurso, con Chacón aporreando la puerta de Madrid


José Ramón Márquez

«Los toros son del pueblo», dice una voz al fondo de la sala… «los toros pertenecen al pueblo», responde airado otro, y resulta que el pueblo no está para toros, que el pueblo anda preocupado con el birlibirloque de tener que elegir entre preparar la cena de nochebuena o ir a depositar el papelito en la urna. El pueblo anda confuso y no hace caso de los toros ni aunque le pongan la entrada a precio único de 22 leures, desde la barrera a la última fila, sin sol ni sombra, y con la facilidad añadida de que cada diez que vayan con una camiseta igual sólo pagan 5 por cabeza. Eso a veinte minutos de Madrid, con ganado de La Quinta, Partido de Resina, Victorino Martín, Murube, Dolores Aguirre y, perdónalos Dios mío, La Reina (la otra mitad es El Tajo). Corrida de concurso a las puertas de Madrid y entrada minúscula, próxima a ese intrincado 1/6 que proclamaba ayer el cronista de Las Ventas en el Aplausos, la revista taurina, que vocea Simón por esas Plazas.

El pueblo está como que pasa, preocupado por la gobernanza, y el aficionado, como esas pelusas que se forman en las esquinas de las habitaciones en casas de poco aseo, se encuentra, se arremolina y hace banda para disfrutar de las idas y venidas del ganado que tendría que haber propiciado una entrada de mucho más fuste.

En el inicial cartel estaba anunciada Miura, pero se cayó, imaginamos que por falta de zootecnia. A por A, cambiaron a las asas por la corona y trajeron un toro de Victorino, con lo que el cambio fue bien aceptado, y si hubiesen traído uno de Isaías y Tulio Vázquez, que también hierra con una A, tampoco hubiésemos protestado. Para despachar esa selecta colección de ganaderías pusieron en el cartel los nombres de Juan Bautista, Octavio Chacón y Morenito de Aranda.

De los toros diremos, en el orden de salida, que el de La Quinta, algo regordío, puso de su parte hasta que se hartó. A éste lo recibió de capa con gusto Juan Bautist, una, dos tres verónicas y de pronto se debió de dar cuenta de que las daba al revés de como le han enseñado, o sea bien, por lo que las dos últimas las dio a la manera moderna escondiendo la pata, para que cada cual se quede con lo que más le guste. El trasteo fue soso como soso fue el toro, que se fue al Valle de Josafat sin pena ni gloria.

El segundo fue el de Victorino, cara de rata, tipo zancudo, terciado, con ideas preconcebidas. El recibimiento de capa de Chacón fue emocionante, con el animal comiéndose literalmente las telas y con el torero flexionando la pierna, dominador. Una oleada de embestidas rabiosas dejó el Victorino y Chacón no se amilanó. Tomó una vara con presteza y no quiso acudir a la segunda y a partir de ahí cantó su condición mansa, ante la cual Chacón puso de manifiesto bastante solvencia. El toro, pese a su mansedumbre, exigía y el matador no se amilanó.

El tercero era el de Partido de Resina, un pablorromero negro de imponente presencia, serio y con arrobas. La condición del toro fue mansa y huidiza y ante él el pobre Morenito, ayuno del oficio preciso no fue capaz ni de sujetarle, ni de plantearla la pelea en los terrenos del toro ni de nada digno de reseña. Lo  mismo el hombre estimó que no era momento para poner nada en ese asador o lo mismo es que ni se imaginaba cómo hacerlo. La cosa es que el Moreno anduvo detrás del bicho y el animal toreó bastante más que el torero. Hubiese sido muy interesante ver a ese animal en manos más dispuestas o más solventes, pues bien es sabida la debilidad que tenemos por los toros mansos con casta. Durante la lidia de este toro el doctor Moncholi nos mandó a un propio armado de un micrófono preguntándonos si alguno de nosotros éramos don José Luis Algora, luego pensamos que hubiese sido bueno haber seguido la broma y haber concedido una entrevista ful, para entretenimiento de los telespectadores.

En cuarto lugar un retinto de La Reina que trajo lo que el hombre contemporáneo espera del toro de lidia: embestidas de vaivén y pocas complicaciones. El pupilo de Pepito Veragua cumplió tal y como se esperaba y el francés le atizó el manual del toreo contemporáneo, el toreo incorpóreo diríamos, de pé a pá. Bien es verdad que, como señalaba el aficionado X, Juan Bautista ha adquirido más oficio, pero lo pone al servicio de la tauromaquia menos interesante que concebirse pueda. Cuando se le afeó lo poco interesante de su actuación, acaso picado el torero en su amor propio, pegó tres naturales que fueron lo mejor que dejó en El Álamo.

En quinto lugar salió un pavo de Dolores Aguirre, un tío. Chacón se puso firme frente a él, aguantando coladas y echando la muleta por delante en redondos de mando y encaje sin afligirse lo más mínimo ante la seria presencia del burel. Valiente y decidido, planteó la pelea de manera denodada con la cabeza fría, con valor y entereza. En conjunto, muy interesante la tarde de Chacón que pide a gritos un sitio en Madrid.

Y para finalizar un Murube con poco tipo de Murube, pero de seria presencia y romana. Propició una preciosa caída de latiguillo al picador, que cayó perfectamente por la tabla del pescuezo del caballo sin que este fuese al suelo y luego ahí estuvo a ver si morenito se decidía a darle fiesta, pero Morenito, como es bien sabido, va más bien por la cosa del arte y él lo que quería era haber estado en Valladolid con las cabritillas mejor que en El Álamo con el toro que mete miedo. Además mató mal y ni siquiera rebañó la típica orejilla pueblerina.

El premio al mejor toro se lo dieron al de Dolores Aguirre, ganadería que no sabemos qué fin va a tener una vez desaparecida su dueña, (qDg).

Las bandas de música son de menor entidad cuanto más asemejan sus acordes a los de la música moruna. En El Álamo tres personas atacaron con ímpetu las notas de los más variados pasodobles e incluso del popular “Paquito el Chocolatero” y esos sonidos evocaron, en este final del verano, tardes perezosas en el jardín del hotel Minzah de Tánger y en el ajetreo de la medina de Marraquech.

viernes, 12 de agosto de 2016

Feria de Begoña. Tarde de quintos en El Bibio

La espada mexicana de Adame

El callejón

La pluma

El Cid

Fernando Sánchez

El educador de los públicos

Los mayorales

La mano izquierda de El Cid

Esa mano

Robleño

Adame

La masonería

La puntilla

La cartera

El Guernica

La presidencia

El cigarrito

La pena mora

El sartenazo