Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Sábado, 15 de agosto de 2026. Corrida tradicional de la festividad de la Virgen de la Paloma, aunque nocturna. Cuarta corrida de toros del verano madrileño. Encierro de toros de Araúz de Robles (encaste mixto de Parladé-Gamero Cívico —Samuel Flores—, más Gamero Cívico —Juan Guardiola—, sobre Saltillo; refrescado con Juan Pedro —vía Salvador Domecq—). Bien presentados, sin redondear las hechuras el quinto y el sexto. Grandotes. Nobles y mansos, menos el primero, veleto y astifino, que fue bravo en la primera vara, con menor empuje en la segunda, y le faltó la prueba de la tercera vara. El segundo, abierto de cuerna, con genio. El tercero, veleto y astifino, sin aparatosidad, encastado. El cuarto, largo, de menos cara, tardo y descastado. El quinto, veleto del derecho, pitón que se astilló en el caballo, encastado. El sexto, veleto, destartalado, manejable. Rozando el tercio de entrada. Noche de verano agradable. Llovió antes del festejo.
Terna: Javier Cortés, de Madrid; de blanco y plata; dieciséis años de alternativa; cinco festejos en 2025, y cinco en 2026; silencio y silencio. José Garrido, de Badajoz; de azul zafiro y azabache; diez años de alternativa; once festejos en 2025 y cinco en 2026; silencio y silencio. Antonio Puerta, de Cehegín (Murcia), de blanco y oro, con cabos blancos; once años de alternativa; un festejo en 2025 y ninguno en 2026; aplausos y silencio. Antonio Puerta confirmaba la alternativa.
Entre los tres matadores de toros de la noche de ayer sumaban diez festejos en este año de 2026.
Suerte de varas: fueron puestos convenientemente en suerte para el caballo. El cuarto se salía de la suerte. Hierros traseros que hicieron sangrar mucho a los astados —se les recetó metisaca—. Salieron sueltos de los encuentros el tercero, el cuarto, el quinto y el sexto. Al ser uno de los toros que se va a valorar para premio como mejor toro de la temporada describimos la pelea en el caballo del primer astado de nombre Carpintero, cinqueño, de 559 kilos. La suerte fue ejecutada por el picador Juan Pablo Molina. La primera vara se realizó en terrenos del tendido ocho. El astado acudió al caballo a una distancia de cuatro metros de la segunda raya. La puya cae trasera, el toro empujó fuerte, se le barrenó y suena el estribo, sale al capote con buen son. Se le volvió a poner en el mismo terreno, si bien ante las protestas para que la suerte fuera ejecutada en contraquerencia se le vuelve a situar, empleándose para ello varios capotazos, y el toro vuelve a quedar en el mismo terreno. Acude a la llamada del picador desde la mima distancia que en la primera vara, de nuevo la puya trasera, no empuja como en la primera, suena el estribo, y sale al capote dejando la impresión que obedecía más al castigo recibido que a la llamada de la tela. El empuje y el temple del toro en la muleta fueron extraordinarios.
La empresa nos convocó para presenciar la corrida tradicional de la festividad de la Virgen de la Paloma (en Madrid) por la noche, bajo luz artificial, a la misma hora que se vivía lo más fetén de la verbena situada en La Latina. Los toros son fiesta pero también rito que requiere la comparecencia de sol y moscas para que el suceso de sus lidias se pueda disfrutar a plena luz con todos los sentidos dispuestos para percibir los estímulos externos —sobre todo para que la inspección ocular sea verdaderamente verificable—. A la altura del año que estamos bien merece que la corrida por motivo de la Asunción de la Virgen se celebre por la tarde, en horario español, por aquello del adelanto horario, a las siete. Pero vivimos tiempos de comodidades y de querer rehuir (mansedumbre) cualquier tipo de esfuerzo, cuando el ánimo y la energía son la base de todo empeño civilizatorio —como antaño reproducía el mundo de los toros en los ruedos —. Podemos argüir todo lo que queramos, pero no deja de ser una realidad que la sostenibilidad que se cree alcanzar con querer dar toros sin sol —como el sucedáneo de las plazas cubiertas— nos llevará por el camino que conduce al sumidero. Es decir, al desagüe lo taurino. No solo se debería recuperar el horario de toda la vida, sino la importancia del cartel, en día tan señalado.
Ayer noche, la corrida de Araúz de Robles la despacharon tres toreros que sumaban (suma total) diez festejos este año de 2026, y nos encontramos ya avanzado el verano. No se entiende el criterio de la empresa a la hora de confeccionar el festejo de ayer (como ninguno de los del mes de agosto) y no queremos decir que los espadas contratados no merezcan una oportunidad (pero no los tres al mismo tiempo). Da la impresión que quieren ahorrar en honorarios de manera pertinaz. No quisiéramos dar a entender que el dinero no sea importante, pero también lo es hacer bien las cosas, con sentido. Ayer la empresa ahorraba (con un tercio de entrada ganó dinero), para luego el 12 de octubre (fecha tradicional de las retiradas de Morante de la Puebla) despilfarrar. Tampoco queremos quitarle el mérito a Morante, ni decir que no tenga que ganar limpiamente lo que merece, sino que debe existir un equilibrio en los gastos y en los carteles que se confeccionan en Madrid. Y ningún criterio razonable lleva a pensar que las tres corridas de toros del mes de agosto madrileño (que podían ser más) poseen un peso en el calendario taurino para que aficionados, matadores y la propia fiesta de los toros salga beneficiada. Lo de ayer no tenía lógica y en el «resultado artístico» se reflejó el escaso cuidado tenido por la empresa en contratar a los toreros.
Podríamos pensar que en la empresa de Madrid existen personas trabajando todo el año en la labor de llevar la plaza y componer los festejos —a no ser que la fiebre hispánica del veraneo, también a ellos, que tienen un buen trabajo, les ataque o les seduzca —muy español— y se encuentren tumbados a la bartola o viendo corridas de toros en otras ferias y en otras plazas; dedicados al absentismo laboral —la holganza— porque lo que les peta es el disfrute de la temporada. Podría ser. Pero más bien será que quieren ahorrar en la programación taurina del verano, y no son capaces o no quieren acartelar a matadores de toros que puedan dar el salto y ascender en el escalafón. O es que nos estamos quedando sin matadores de toros solventes. No obstante, seguramente los hay y si existen deben ser contratados. La empresa está fracasando en esto y alguien debería señalárselo. En la cuestión de lo realizado por la terna de ayer noche, hay que empezar por hablar de Antonio Puerta. Ayer confirmó la alternativa tras once años sin haber toreado o hacerlo escasamente. Tuvo la fortuna de tocarle en suerte, en su confirmación, uno de los toros que van a entrar en la puja del mejor toro del año en Madrid. Estuvo digno, si bien no pudo estar a la altura del reto. Le faltó profundidad. No sabemos si por carecer de «la puesta a punto» que dan los contratos o por ausencia de calidad. Más bien será lo primero.
A este primer toro, Carpintero, Puerta lo recibió con buenas verónicas acompasadas, no perfectas. Inició la faena de muleta sacando al toro por bajo, entre el ocho y el nueve, en un buen comienzo, llevando y consintiendo al toro. Desde los medios frente al ocho y al nueve citó al toro con la diestra, el toro se arrancó y le regaló embestidas templadas con transmisión, los primeros pases fueron decentes. En la segunda tanda con la derecha el matador se tumba y los muletazos, y su cierre, van a menos. Al tomar la muleta con la izquierda la labor sube de calidad. Antonio Puerta se tumba al natural y el toro pide más. Algún muletazo fue completo y los adornos rezumaron, pero como la faena no tomaba vuelo, Puerta no vio el final de la misma que se diluyó entre intentos de derechazos y ayudados hacia el tercio. Pinchazo en la suerte natural y estocada en la suerte contraria. En el sexto de la noche, no se confió ante un toro manejable, en un quiero y no puedo, y sin completar los pases se le fue la tarea, con punteos en la muleta en el natural, y cierre apresurado con la diestra. Mató en la suerte contraria de pinchazo caído y estocada caída, más dos descabellos.
Javier Cortés, un torero del gusto de Madrid, que pechó con el peor lote y con el que no se sintió a gusto. Con su primer toro no pudo resolver el genio del ejemplar de Araúz. Quiso aplicarle suavidad a los muletazos, sin llegar a entrar en la pelea que le llevara a encontrar la distancia y el método de hacerse con la embestida del morlaco. No le encontró el punto. Se fueron desentendieron ambos. Mató en la suerte contraria de pinchazo y media caída. En el cuarto —segundo astado cinqueño del encierro—, el descaste del bóvido salió a relucir, y tras unos apuntes de tanteo por parte de Cortés, el toro se rajó en terrenos del seis. Mató en la suerte contraria de dos pinchazos y una estocada media caída.
José Garrido, no mostró acierto ni confianza en la parte mollar de su trabajo, es decir, en las faenas de muleta, debido a que sus dos astados tenían problemas que resolver. Los dos toros tuvieron empuje y Garrido planteó el trasteo desde las florituras y el acompañamiento. Inicios de faena vistosos pero cortando el viaje de los toros, cuando pedían ser conducidos de inicio a final. Muy poco mando en los muletazos, que salían enganchados o incompletos. Sus dos toros fueron ganándole la pelea. Curiosamente el tercero se rajó al final de la faena ante la falta de domino que necesitaba. Murió tras pinchazo hondo en la suerte natural. A este toro le había toreado Garrido con temple a la verónica, no siempre apretado. En el quinto la ausencia de mando dominó todo el trasteo. El comienzo fue improcedente con muchos tirones por bajo. El toro pedía firmeza y sosiego y no se le aplicó. Murió de golletazo en la suerte natural.
Lo mejor del festejo, aparte del juego de Carpintero, fue que no se escucharon avisos. Noticia de titular.
Steve McQueen