DOMINGO, 16 DE AGOSTO
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó:
-Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». Él le contestó:
-No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros.
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió:
-Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.
Mateo 15, 21-28
