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lunes, 15 de junio de 2026

La de Beneficencia'26. El cante de los poderdantes en "Singin' in the Rain". Márquez & Moore

 



A Joaquín Vidal,
en su abono del tendido bajo del 10,
 fila 6, asiento 17, en Las Ventas, 1999



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Antes la Corrida Extraordinaria de Beneficencia se celebraba un jueves, como el Corpus. Ahora ambos se celebran en domingo. Antes la Corrida Extraordinaria de Beneficencia la presidía un Rey. Ahora la preside el funcionario García-etcétera. Antes en la Corrida Extraordinaria de Beneficencia se anunciaban los triunfadores de la Feria, ahora el cartel está hecho desde antes de que empiece la Feria. Son pequeñas diferencias entre lo de antaño y lo de hogaño que, por más vueltas que le damos, no acaban de gustar mucho, verdaderamente. En lo que nunca ha cambiado la Corrida Extraordinaria de Beneficencia es en la asistencia a ella de un público especialmente fiestero y con ganas de diversión, aumentada por la cantidad de entradas que se regalan.

 

Para la Beneficencia de 2026 contrataron a Alejandro Talavante, apoderado por el empresario de la plaza de Las Ventas; a Roca Rey, apoderado por el hijo del antiguo empresario de la Plaza de Las Ventas, y a Víctor Hernández, apoderado por el anterior Gerente de la Plaza de Las Ventas, con lo que, más o menos, todo queda en casa.


Para la cosa del ganado decidieron quienes lo decidieran que se iban a traer un encierro de la ganadería de  Victoriano del Río, que ya sabemos todos que es propiedad de la sociedad limitada Medianillos Ganadera, y que es ganadería muy apropiada para el triunfo de los toreros: nos recuerda la señora o señorita doña Patricia Navarro, en un folleto que entregan a la entrada junto con el programa, que los toros Medianillos han propiciado hasta la fecha 20 puertas grandes en Madrid. Por centrar un poco el asunto diremos que hasta el día de la fecha no ha habido un solo torero que haya abierto la Puerta Grande de Madrid con los toros de José Escolar. Algo tendrán los unos y los otros que les hace diferentes. Por ejemplo, con los de Escolar estamos atentos a ver si alguno abre la boca durante las fases de su lidia y lo normal es que dicha apertura no se produzca y, sin embargo, los toros de Victoriano del Río, que no tienen empacho en mostrar sus lenguas jadeantes, en cambio se caen constantemente, tal y como hoy pasó, que los seis anduvieron cayéndose en mayor o menor medida durante las diversas fases de sus vidas públicas. A algunos nos gustan más los de Escolar, porque rechazamos por completo al toro que da pena, pero no cabe duda que muchos coletudos y muchos públicos prefieren la sumisa docilidad, en la que ellos mismos se ven retratados, a la imprevisible casta. Hubo dos toros hoy, el cuarto, Empanado, número 11, y el sexto, Gorrión, número 99, que entraron con vigor al caballo, metieron los riñones y empujaron con fe, haciendo peligrar la estabilidad de José Manuel Quinta y de Israel de Pedro: alguna traza de casta, que no han podido borrar de su podrido ADN, les llevó a hacer el esfuerzo de tratar de derribar a esos pencos forrados de faldillas dejándose prácticamente la vida en el esfuerzo, puesto que sus energías se resintieron significativamente tras su paso por el negociado de Equigarce, pero ese momento no lo vieron los ganaderos, que habían huido de su burladero para ponerse a salvo del chaparrón.


El chaparrón marcó por completo el desarrollo de la tarde. En ese sentido puede decirse que asistimos a dos corridas diferentes: la de los tres primeros, con calor y sequedad, y la de los tres últimos, que se dio con las normas de una naumaquia, más que con las de la tauromaquia de Montes.


El primero de la tarde ya marcó un poco la tendencia caediza del ganado. El señor González-etcétera lo mantuvo en el ruedo, acaso influido por las sabias admoniciones del veterinario don Juan Pedro de Miguel Rodríguez, y por allí anduvo el bicho yendo de acá para allá tras la muleta de Talavante que hizo más o menos  lo mismo que cuando las dos orejas pero sin tirar el espadín, que hoy no tocaba mostrar su «toreo lleno de matices» en palabras del crítico Nogales en el folleto de marras. En esta ocasión sus matices fueron, como otras veces, su falta de colocación y de remate de los muletazos y su ausencia de un mínimo compromiso, prefiriendo la ventaja a la verdad, tal y como viene haciendo desde su reaparición. Para más INRI el toro no era de los repetidores y como se le quedaba parado tras cada pase, dejaba bastante en evidencia las faltas de lesa tauromaquia que cometía el «triunfador» de la pasada Feria de San Isidro. Con la neojerga taurina en la mano podríamos decir que el toro adolecía de «falta de apoyo en las manos» y que eso condicionaba el desarrollo de su colaboración para el triunfo de Talavante que, cuando vio que aquello no acababa de arrancar le pegó un sartenazo infame con el que tuvo ocupados a los areneros en tapar los restos de la agonía de Comunero, número 125 durante un buen rato.


El segundo de la parte seca de la corrida fue Curioso, número 148. A este le podríamos achacar su «falta de entrega», que esto de la neolengua es una mina, a medida que los pases de Roca se iban desarrollando. Comenzó el hombre su labor de rodillas con pases cambiados que entusiasmaron al público y luego fue desarrollando una faena a menos del que, según la periodista Rosario Pérez, de nuevo en el folleto, se dedica a «escribir páginas en la historia (sic)» Esta vez las páginas las escribió con la tinta esa de James Bond, que no se ve lo que se ha escrito, porque aquello no llegó a ningún puerto, y aquí volvamos a desvelar el hecho de que el animal no estaba por repetir, lo mismo que el anterior, con lo que la truculenta propuesta del peruano se quedaba corita y sin andamiaje, porque ese toreo se sustenta en la condición repetidora del toro y si eso falla, el castillo de naipes se derrumba.


«La figura seca» según las palabras del revistero Bienvenida en el folleto es la de Víctor Hernández, que sorteó primeramente a Empanado, número 103, que es el primero de los de Victoriano del Río que se comportó como debía, es decir siendo obediente y repetidor. Brindó al Gerente de Las Ventas, imaginamos que por haberle metido en este cartel, y comenzó su labor a base de pases del Celeste Imperio hasta que en uno el toro le hizo un extraño y lo descompuso. Luego, al natural, que es lo suyo, sin dar el paso adelante, rodeando al toro, no consigue poner a rugir a Madrid. El toro tiene unas óptimas condiciones pero el torero decide no comprometerse, aplicando las normas de la neotauromaquia y dejando pasar otra nueva ocasión de hacerse notar con fuerza. Las gentes le vitorean, porque el público es fiestero y jubiloso, pero los argumentos de Hernández no son de peso. Acaba con la peste de las bernardas y tampoco está lo que se dice bien con la espada, y eso que la suerte suprema se le suele dar bien; y así, entre que si se muere el toro y que si Diego Valladar se lo levanta de entre los muertos, se va pasando el tiempo y cuando arrastran al bicho ni siquiera la hacen salir a saludar al tercio.


A partir de ahí comienza a llover, como si se abrieran los cielos, y se produce una desbandada general entre el público, quedando unos pocos y contumaces espectadores en los tendidos y con las gradas y andanadas llenas. Todos tenemos presentes grandes faenas que se han realizado bajo un diluvio (Curro Vázquez, Ureña, Antoñete, José Luis Moreno…), pero hoy no se ha dado esa circunstancia. Con el ruedo como una piscina los tres matadores han dado fin del toro que les correspondía a cada uno de la manera que les ha parecido idónea sin que haya apenas nada más que reseñar que el segundo toro de Víctor Hernández fue, de nuevo, apropiado para las intenciones del torero, pero con aquel barrizal tampoco era cosa de pedir peras al olmo. No acaba de dejar muy buena puntuación Hernández, al que más parece que le están robando el alma y que cada vez se aleja más de aquel Víctor Hernández que nos fascinó con su verdad el año pasado. 



A beneficio de inventario


ANDREW MOORE












Guernica


Victoria de Samotracia










FIN

lunes, 8 de junio de 2026

El Homenaje a Sánchez Mejías quedó en "Sinrazón", juguete en tres actos y prosa de Borja Jiménez. Márquez & Moore


Ni más ni menos, comedia en tres actos y en prosa
 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


En el año 1944 Carmen Laforet obtuvo el Premio Nadal con su novela «Nada», un relato de corte existencialista escrito por su autora a la edad de veinticuatro años. Hoy en Las Ventas Borja Jiménez nos ha dejado su particular enfoque de la nada a sus 34 años de edad y once de alternativa en una tarde para el olvido en la que no ha habido cosa alguna que saliera bien.


Hay que fijarse en las circunstancias que rodean la corrida, que hoy se dieron algunas que deben ser reseñadas: la primera fue el despeje de plaza que se verificó con un caballo blanco y otro caballo negro, acaso un guiño a la vieja Prusia, a aquella sentida estrofa de su himno que reza: «¡Prusiano soy!... Lo dice mi bandera/¿No veis que es blanco y negro su matiz?», o acaso es que viendo que el tordo un día iba a tirar a doña Rocío, que lo montaba a duras penas, decidieron hacer el escamoteo equino para tratar de evitar una desgracia. Donde estuvo a punto de haber una desgracia seria fue en la puerta de toriles cuando hubo un problema con un toro devuelto que se saldó sacando hacia la enfermería apresuradamente a un señor con un polo de color rosa que apareció por allí. Todas estas cosas hablan a las claras de que los hados para la tarde eran nefastos tanto como el bochorno de las caídas, el tener que apuntillar a un toro en el ruedo porque no se podía levantar, las pañoladas verdes que fueron la tónica de la tarde y todo el conjunto creó la fuerte sensación de que, paulatinamente, la corrida se iba yendo por el desagüe. 


Nadie crea que los inicios fueron adversos, excepto lo de los caballos prusianos, que al romperse el paseíllo se ovacionó calurosamente al diestro de Espartinas como apoyo a lo que estaba por venir, y vive Dios que necesitaba apoyo porque lo que se le presentaba era un tsunami del que le iba a ser imposible librarse.


Por centrar un poco el relato digamos que hoy se celebraba, nadie sabe por qué, la llamada «Corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías» Ciertamente nadie sabe por qué se planteó este in memoriam, porque Ignacio falleció en agosto del ’34 y aún quedan ocho años para el centenario, y había nacido en 1891, lo que tampoco nos da pistas sobre la oportunidad del recuerdo del audaz y valiente torero del que Lorca dejó escrito aquel emocionante verso que dice: «Yo canto para luego tu perfil y tu gracia/la madurez insigne de tu conocimiento».

 

Para homenajear al carismático Sánchez Mejías no se les ocurre otra cosa que montar una corrida de seis toros para un solo espada que ni es carismático, ni es audaz, ni se trata con intelectuales, al que la madurez insigne de su conocimiento se le da por supuesta, por decir algo, y que nos había dejado helados el pasado día 4 de junio con sus dos actuaciones, cuando mató uno de Jandilla y otro de Santiago Domecq sin arrancar una sola ovación del respetable. 


Borja Jiménez aterrizó en Madrid en la Feria de Otoño de 2023, cuando dio un golpe en la mesa, en corrida de Victorino Martín, en la que la frescura de sus planteamientos, la rotundidad de su toreo al natural y sus ansias de triunfar, despejaron cualquier tipo de dudas sobre este torero al que casi nadie esperaba con anhelo en aquella tarde, y esto lo hizo frente a una corrida de TOROS. La ecuación parece fácil de despejar: si has triunfado frente a toros a base de toreo de verdad y de colocación ¿por qué te vienes al cabo de tres años rodeado de chivos caedizos y con un planteamiento taurómaco de neotoreo por las afueras, de pico ventajista y de descolocación? Si has triunfado en Madrid y tienes algo de memoria de lo que hiciste, lo suyo es repetir la apuesta ganadora, tanto en el ganado como en la manera de torear y reverdecer aquel triunfo incuestionable que te aupó a los lugares principales del escalafón. El 8 de octubre de 2023 Borja Jiménez se presentó en Madrid con tres paseíllos en la temporada anterior; hoy se ha presentado con 61 festejos en la del año ’25. La diferencia que va de 3 a 61 se la debe por completo a la tarde del 8 de octubre, que debería ser la brújula que dirigiera su carrera. En vez de eso se ha dedicado al pajareo del neotoreo, que lo mismo está muy bien para ir sacando perras por los pueblos sin arriesgar mucho, pero cuando vienes a Madrid, que te ha dado lo que eres, no puedes ir con el planteamiento que irías a Granada, si quieres sobrevivir. Si quieres hacer una «gesta» sigue el consejo de «Gallito» y entre col y col coloca una lechuga, pero no te traigas debajo del brazo esos seis despojos que te has traído con los que no vas a rascar ni medio gramo de respeto desde que sus febles, caedizas anatomías asomen por la puerta del chiquero.

 

La ilusión de los que venían ilusionados se fue tornando en decepción al ver el festival de caídas y desplomes y cuando salió el novillo que hizo 3º bis, Apostante, número 77, también de Victoriano del Río la tarde tocó fondo, porque ese bicharraco jamás debió salir a Las Ventas donde hemos visto novillos con más cuajo que esa cucaracha negra débil y ridícula. No hay nada más que reseñar. Se nos pasó decir que los toros anunciados eran de Domingo Hernández y de Toros de Cortés, que salieron los seis anunciados y dos sobreros y, además, un remiendo de El Torero que hizo quinto con el que, al final de su insustancial trasteo dejó unos derechazos arrebatados que serían lo único medio interesante de la tarde. Las gentes le habrían dado algún trofeo, pero en este toro se atascó con la espada. Lo demás fue, como decíamos al principio, la nada: falsas portas gayolas, nada de capote, nada ganadera, nada de varas, nada de banderillas, nada de toreo, nada de estocadas: los hados funestos se cumplieron y, fatalmente, pasó lo que imaginábamos que pasaría.



Soledad, comedia en más de un acto



Sinrazón, juguete en tres actos y prosa


ANDREW MOORE
















Zaya, comedia en tres actos y en prosa


TELÓN

miércoles, 13 de mayo de 2026

San Isidro'26. Excelente novillada de Montealto y campanazo de Álvaro Serrano, a quien ahora querrán echar a perder. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Si hoy en el palco hubieran estado sentados Fernández Serrano, «Madriles» y la señora o señorita María José, con las tragaderas que mostraron el pasado día 6 con el «walking dead» del Cuvillo, hoy habríamos visto lo menos cinco o seis vueltas al ruedo a los novillos de la excelente corrida que Montealto ha traído a Las Ventas. Como, por fortuna, ninguna de aquellas tres eminencias se sentaron en el palco de las orejas, la corrida tuvo, a cambio, el reconocimiento de la afición, superior al de aquellos funcionarios, cuando sacaron a saludar al mayoral de la ganadería una vez que Álvaro Serrano hubo abandonado la plaza a hombros y por la Puerta Grande.


Los seis pupilos que Montealto mandó hoy a Madrid vinieron a dejar muy alto el listón de esta ganadería de remoto origen juampedrero, lo cual viene a dar la razón a los que creemos en ese dicho que reza: «La buena mano del ganadero te arregla lo juampedrero». Vamos, que en 26 años los de Montealto han ido haciendo su propia selección y así hoy hemos podido ver en Madrid una importante corrida bien presentada, seria, y con una espléndida variedad de registros que van desde el toro de buen juego hasta el noble o el manso y con un innegable fondo de casta en su conjunto. Hastiados como estamos de ver animales tan previsibles como la salida del sol cada mañana, era un gusto constatar los diversos humores y caracteres de los Montealto: el primero, Camagueto, número 26, acosando a los peones a la salida de los pares y sacándolos literalmente de la plaza; el segundo, Enrejado, número 18, derribando al penco y a Pedro Geniz que iba encima y empleándose en la segunda vara; el tercero, Cartero, número 70, derribando también al penco y provocando una caída de latiguillo a Marcial Rodríguez; el cuarto, Flamenco, número 33, con cuajo de toro; el quinto, Académico, número 34, que rompe la vara del picador, se duele y no se emplea; y el sexto, Molinero, número 21, que mereció la vuelta al ruedo, si este galardón se otorga por petición pública, pero que fue negada por el palco, hoy tan estricto.


Comportamientos diversos en el ganado, bajo el prisma del interés. Y reconocimiento de la afición, que despidió con palmas a los cinco primeros y con una fuerte ovación al sexto. Y aunque no hubiera ocurrido el milagro de Álvaro Serrano, la tarde habría sido igual de entretenida, porque en el ruedo estuvo constantemente presente la emoción que da el toro en un espectáculo que, precisamente, se denomina «Los Toros». Y siempre que el toro sea un enigma, una incógnita que hay que despejar, una falta de certeza, las cosas serán adecuadas y hermosas, viriles y dificultosas, y cuando el toro sea una babosa colaboracionista asistiremos, como tantas tardes, a un decadente ballet sin sentido ni emoción.

 

Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear», que solamente sirven para tapar las deplorables actuaciones que nos echan cada tarde, como el que echa de comer a un perro. Con una actitud digna de elogio, actitud de novillero con ganas que le lleva a estar en quites, a mostrar la majeza de su capote, a querer que los que están en la piedra sentados se fijen en él, no ha permitido que la tarde se le fuera, como se les fue a los otros dos que le acompañaban en el cartel, y ha recibido el aplauso sincero y el reconocimiento del respetable, consiguiendo plenamente su objetivo: que todos hablasen de él. Y uno de sus grandes méritos de esta tarde consiste en no ser como todos, en mostrar su propia personalidad. Los que hemos visto a Tomás Bastos en otras circunstancias no reconocíamos en este torero envarado, anulado, a aquel Tomás Bastos que nos encandiló frente a novillos de José Escolar. ¿Qué fue de aquel torero de corte clásico? ¿Qué han hecho con él los dráculas taurinos convirtiéndole en este espantajo que hoy ha andado por Las Ventas? Con esto queremos significar que el riesgo que Álvaro Serrano tiene ahora es tremendo: se han fijado en él (¿y quién no en la tarde de hoy?) y tratarán de arrebatarle el corazón, el alma, tratarán de adocenarle explicándole que lo que hoy le ha hecho famoso: su colocación su toreo hacia adelante, su empeño en hacer lo decente, no debe hacerlo y que los modos son otros, como los que hoy han echado al sepulcro a Bastos en su deprimente despedida como novillero de Madrid, apenas aliviada por un postrero quite del perdón. En ello le va su vida como torero.


Además del ya reseñado toreo de capa, en el que Serrano ha ofrecido más variedad en lances que en todas las corridas que llevamos de feria, planteó dos faenas llenas de emoción a dos novillos de signo muy diferente. Su primero, Cartero, con aires de toro, cumplió en las dos varas que tomó y nos hubiera gustado verle en una tercera que el palco y Serrano nos hurtaron y que quizás, viendo el desarrollo del animal, no le hubiera hecho mal. En el tercio se pone a torear, bajando la mano, aguantando las constantes miradas del novillo, sacando muletazos de buen trazo por el derecho. El pitón izquierdo tenía otras condicionantes de menor afabilidad, con embestidas más brutas que fueron aguantadas con torería y entereza por Serrano, sosteniendo la posición a despecho de la impresión que daba el novillo de que se iba a parar en el centro de la suerte. En esa firmeza es donde se asienta su victoria sobre Cartero que, viéndose derrotado, opta por irse a terrenos más confortables para él. Faena complicada, por las propias complicaciones derivadas del carácter del novillo, que se remata con mucha torería rodilla en tierra antes de dejar una estocada suficiente. Cabe resaltar la impresión de que, con las imperfecciones que se le puedan achacar como novillero, su cabeza funciona en la cara del toro y sabe qué es lo que quiere hacer y cómo llegar a ello, especialmente en este toro que es el que mayores dificultades le trajo.


Su segundo fue Molinero, que no dio apenas de qué hablar sobre su encuentro con Héctor Vicente y su jaco, que marcaron hoy la excelencia en el tercio de varas por su buen hacer conjunto. Luego vino una soberbia brega de Caco Ramos y un no menos espectacular segundo tercio protagonizado por Jesús Aguado e Ignacio Martín, que dio paso a la faena de muleta de Álvaro Serrano. Empezó éste muy toreramente con ayudados por alto, rematados bellamente por abajo. Serrano se entendió perfectamente con el novillo: entendió su distancia y su exigencia de colocación, llegando ambos a un acuerdo que proporcionó hermosas series ligadas de mano baja en las que hubo naturales descomunales, hondos pases de pecho y, sobre todo, un concepto muy torero y muy personal en el que no hay tiempos muertos, por lo que la faena va desarrollándose a más, bien ensamblada y, acaso, ligeramente más larga de lo que debiera. Un final de trinchera y ayudado por bajo dio lugar a una estocada entera que para unos era contraria, para otros trasera, para otros atravesada y para otros la mezcla de varias de esas características, o sea que cada cual se quede con lo que le apetezca. La cosa es que el acero no fue de efecto rápido y cuando el toro se echó ahí estaba Ignacio Martín para levantarlo por dos veces, hasta que Serrano lo descabelló al borde del tercer aviso.


Una multitud de jóvenes acompañaron respetuosamente a Álvaro Serrano cuando daba la vuelta al ruedo y luego le sacaron a hombros hacia la calle de Alcalá mientras Tomás Bastos y Martín Morilla abandonaban la plaza cabizbajos.


El peligro que ahora corre Álvaro Serrano es terrible. Querrán cambiarle y echarle a perder, robarle su desparpajo y su decisión, anegarle en mantras y en ruedas de molino. Ojala eso no ocurra.




ANDREW MOORE


























FIN