martes, 16 de junio de 2026

Lo del Papa


León XIV con el cardenal de Sabiote


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Eugenio d’Ors, hijo de catalán y de cubana, grande glosador en esta Casa, fue una vez a Zaragoza, y al pie del vagón lo esperaba su amigo maño. “Vendrá a mi casa… Le convido a un cocido de familia…” Y murmuraba Xenius para sus adentros: “Las dos cosas que más me molestan: la familia y el cocido”. Para que nos hagamos una idea de lo que habrá pasado el Papa León en Madrid, donde animó a los jóvenes a casarse para hacer familia cristiana, que es como animarlos a comer cocido, plato que se lleva la mitad del salario de un temporil, razón por la cual el Papa recibió a los dos frailones de misa y olla de nuestro sindicalismo vertical, Fernández y Sordo (no confundir con Fernández Sordo, último ministro de relaciones sindicales de Franco).


¿Qué se entiende, hoy, por “familia cristiana”? El ministro de la Guerra trumpiano, Pete Hegseth, es un cristiano de la New Age que cree que la Biblia es un best-seller de Tarantino, y Normandía, un Disneylandia para papás machotes con niños de varias esposas, a los que ha llevado a la celebración del Día D vestidos de militares. “Hola, ésta es la esposa número tres, éste es mi hijo con la esposa número tres, ésta es mi hija con la esposa número dos, éste es el hijo que tuve con la esposa número tres mientras estaba casado con la número dos”… etcétera, en glosa, digna de Xenius, de un tuitero, nada que no supiéramos por el “Así muere la carne” de Samuel Butler.


El Estado es la extensión de la familia (“padre del pueblo, madre del pueblo, hijos del pueblo”) –avisó Max Stirner.


Ahí tenemos al Kissinger de Trump, Kushner, el yerno de América, que ha regalado a Ivanka, su esposa, una isla con refugios nucleares en Albania, para mantener viva a la familia, por si el patriarca-presidente se levantara con ganas de montarnos un apocalipsis a lo Mad Max. Según su biógrafo, Edmund Morris, cuando Reagan, convaleciente de un atentado, vio en el hospital “The Day After”, quedó tan impresionado que llamó a Gorbachov para decirle: “No vamos a tener una guerra nuclear”. Y suscribieron el tratado de limitación de armas. Pero Trump ve “Mad Max” y fantasea con un duelo a pepinazos atómicos, que para eso se ha reservado, en exclusiva, la doctrina del primer ataque, y en alguna conejera tendrán que esconderse los millonarios a contar chistes eróticos, como los florentinos de Bocaccio que huían de la peste negra.


Por lo demás, el viaje papal a España ha tenido el marketing y el glamour de aquellos anuncios del espumoso que cada año, por Navidad, nos traía a una estrella mundial (Margret, Welch, Bisset, Stone, Bassinger…) y la ponía a bajar una escalera, cosa la más difícil del mundo, y el anuncio se agotó porque se agotaron las estrellas. Lo del Papa ha sido como si Soros hubiera contratado a León XIV para su Anuncio 2030.


[Martes, 9 de Junio]