martes, 9 de junio de 2026

La Tercera (y última)


Jeffrey Sachs


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Este largo verano del 26 pinta tan loco como aquel lejano verano del 14 que aniquiló la civilización europea. Con Trump atrapado en ese “Hotel California” (“You can check out any time you like / But you can never leave”) que es el Golfo Pérsico (imagen de Chas W. Freeman), el profesor Jeffrey Sachs, que no es un Niño Becerra de la vida, sostiene que Alemania (de la mano de los Usa de Cheney) hizo trampas otanejas con el acuerdo de reunificación, por el que se comprometía a no expandirse militarmente hacia el Este, y que ahora, de la mano de Merz, arrastra a Europa a una guerra mundial contra la mayor potencia nuclear del planeta. Esto ya lo veía venir el general Collin Powell: a Europa la mataría, no el ínfimo nivel moral e intelectual de sus líderes, sino el hecho biológico de que ninguno de ellos vivió, siquiera como niños, la última guerra.


La guerra tampoco es algo que quite el sueño al españolejo, empoderado con un botellín en la mano en su terracita de Ayuso. Todos los partidos del Régimen, sin excepción, son belicistas, y tan ferinos que al país se le cae la bandera del mástil, pero el españolejo, ese pez muerto que la corriente arrastra, ante la posibilidad cierta de acabar en una guerra ajena, de la que todo lo ignora, se pide otro botellín para trascender aquella explicación que nuestro Santayana (estoicismo abulense) da a su amigo Bertrand Russell sobre el asunto: la situación, admite, es verdaderamente mala desde un punto de vista militar, o para aquellos que están enfadados porque la guerra interfiere en sus maquinaciones políticas o privadas…


En cuanto a las muertes y pérdida de capital, no me importan demasiado. Los hombres jóvenes muertos se volverían viejos si viviesen, y no servirían para nada; después de no servir para nada durante algunos años, morirían de catarros, o enfermedades del riñón, o en la horca, o de viejos… ¿Es esto menos horrible?


Si Alemania, como teme Sachs, nos metiera en otra guerra mundial, sería la tercera (y la última), que no está mal. Desde luego, el Reloj del Apocalipsis está más cerca de las doce que nunca. Este fin de semana hemos sabido que Peter Thiel, que tiene la obsesión del Anticristo, ha levantado su tienda en los Usa y se ha ido con la música de Palantir a Argentina, destino de muchos millonarios que creen que a la Pampa no llegará el hongo nuclear. Herman Melville en “Chaqueta blanca”: “Nosotros, los americanos somos un pueblo peculiar, elegido, el Israel de nuestro tiempo”.


Pero el mito edénico del Nuevo Mundo, avisaba Fueyo en los 70, tiene su dialéctica, que es la diabolización de Europa como morada del Anticristo: la desfiguración satánica de Europa es uno de los motivos culminantes de la escatología milenaria de la baja Edad Media. Y el próximo 12 de agosto, eclipse total de Sol.


[Martes, 2 de Junio]