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jueves, 22 de agosto de 2019

miércoles, 21 de agosto de 2019

Todos muertos

Comarca Odra-Pisuerga, lugar de vacceos y turmogos

Pastiches

ABC, 29 de Marzo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Vituperar el Cubo de Moneo y vitorear el Oscar de Almodóvar constituye una contradicción radicalmente posmoderna, que viene a ser —lo  posmoderno, no la contradicción— el primer estilo global específicamente americano. De hecho, sin la necesaria homologación americana de sus famas, ni Almodóvar habría podido recoger su Oscar ni Moneo habría podido diseñar su Cubo, aunque, al final, Cubo y Oscar formen una parte esencial del mobiliario de una posmodemidad madrileña. ¿Qué? ¿Se imaginan ustedes que Ortega, para quien la estética era una  cuestión política, hubiera  previsto algo así cuando dijo que «hay también un logos del Manzanares»?

  Ortega, en realidad, trataba  de explicar desde la modernidad un arte nuevo que, por su ruptura con el arte romántico, dividía al público en dos: los que lo entendían y los que no lo entendían. La  medida de  entendimiento del arte romántico era el sentimiento que despertaba —la obra no interesa en cuanto tal, sino por el goce narcisista que procura—, y el público así educado sólo entendía aquello con lo que podía identificarse sentimentalmente. Mas en el arte nuevo la obra reclamó la  atención por ella misma, no por lo que representaba, y el público se sintió rechazado. «No la entiende y la  rechaza.»  Cierto que aquí no hubo lugar siquiera  a la discusión, porque a la modernidad, que era  una cultura elitista, de oposición, se la llevó por delante, casi sin que se nos diera tiempo para entenderla, la posmodernidad, que es una cultura vulgar, de acompañamiento, impuesta por un consenso digno de insectos. Se ha dicho que la compensación de la derrota política de la generación de los sesenta es el hedonismo cínico engordado en el «boom» consumista de los ochenta, lo cual que la posmodernidad, atrapada en su propio «kitsch», sería una especie de bufonada ecléctica con dos  obras maestras: la histeria —una exageración de la emoción— y el pastiche.

El gran teórico del pastiche es el teórico de la cultura Fredric Jameson, que llegó al posmodernismo intrigado por la arquitectura. Después de todo, el posmodernismo es una cultura dominada por la lógica espacial, y la arquitectura posmoderna, en su afán de halagar el gusto de un público que no puede tener gusto, consiguió apropiarse del término -y de las obras- antes que las demás artes. Alusiones y retrospectivas son el juego arquitectónico del posmodernismo, donde lo nuevo no consiste sino en el parasitismo lúdico de lo viejo, o lo que Jameson llama pastiche, definido como una parodia inexpresiva, sin impulso satírico, de los estilos del pasado. El pastiche, pues, es el sello posmoderno de la música, de la pintura, de la literatura  y, por supuesto, del cine y de la  arquitectura, o si lo prefieren, del Oscar de Almodóvar y del Cubo de Moneo, por traer a colación los dos  decorados más vistosos del posmodernismo madrileño.

 La cosa es que, así como en la naturaleza la estampa de muchos animales es debida a la  supervivencia por selección sexual de los colores y formas más atractivos para la vista, en la  posmodernidad el diseño de los pastiches también es debido a la supervivencia por selección cultural —la cultura constituye hoy nuestra segunda naturaleza— de los materiales y contenidos más  «sublimes histéricos» para el gusto. Y el caso es que, igual que el Hotel  Bonaventure de Los  Ángeles, tan eficazmente descrito por Jameson, se ha  transformado en el símbolo del posmodemismo universal, el Cubo de Moneo, tan satíricamente expresado en la cabeza del Van Gaal que sacan en Las noticias del guiñol, bien podría transformarse en el símbolo del posmodernismo local, que no se queda sólo en una tendencia artística que se agota en Moneo o Almodóvar, sino que representa un fenómeno social basado en la ostentación desenfrenada y «kitsch» de una clase media —el  pastiche  de las  clases— que celebra como espectáculo el entrecruzamiento, la mezcolanza y el batiburrillo. Todo esto no es ni bueno ni malo, y personalmente la única pregunta que cabe hacerse desde un punto de vista posmoderno es si en esa mezcla de omnipotencia e impotencia que parece el  Cubo de  Moneo habrán dejado sitio para un  bar.

 El gran teórico del pastiche
 es el teórico de la cultura Fredric Jameson,
 que llegó al posmodernismo intrigado
 por la arquitectura.
 Después de todo, el posmodernismo es 
una cultura dominada por la lógica espacial,
 y la arquitectura posmoderna, en su afán
 de halagar el gusto de un público que no puede
 tener gusto, se apropió del término

 Fredric Jameson

Miércoles, 21 de Agosto


Soy lo prohibido,
 soy la aventura que llegó

martes, 20 de agosto de 2019

La mano de Moeckel

Victorinos en Bilbao

Yin y Yang

Winston & Clementine


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Copado por las fuerzas periodísticas del Yin, el heteropatriarcado Yang se bate en retirada, y este agosto apenas hemos visto conquistas en la playa. Bien mirado, es el triunfo de la abstinencia que proclamaban (“¡Gozo tanto al decir no!”) las catequistas de Oklahoma en los 90, copiada (mal, muy mal) por la inclusiva Carmen Calvo (y Calva), pensionada con una vicepresidencia del gobierno español.
    
–Hay que acabar con el estereotipo del amor romántico: es machismo encubierto.
    
Carmen Calvo (y Calva) es lo más parecido que conozco al Chino de Leganés, que una vez, en la andanada de Las Ventas, se dirigió a Dragó en los siguientes términos: “¡Eh, tú! ¡El de los libros! ¡Que sepas que yo no he leído ningún libro y sé más de todo que tú!” Es el mismo Chino que en un banquete platónico alrededor de una fuente de “pollejo” (pollo y conejo asados a la diabla) sorprendió a los comensales con una revelación que, como ocurre con las de Calvo (y Calva), nadie le había pedido:

    –Yo no soy romántico. Yo soy más de follar.

    El problema del Chino es que las putas le decían que tenían novio, y los socialistas, que la prostitución es “una sinergia del patriarcado con el capitalismo liberal”, en fórmula de Calvo (y Calva). Algo debe de haber de eso, porque el sinvergüenza de Gabo justificó la revolución cubana (el hamponato de los Castro y su medio millón de vagos, hoy, del partido comunista) porque “había putas” en La Habana vieja, antes de los campos de reeducación para “mariconsones” (“el trabajo os hará libres”) en Guanahacabibes.
    
Hasta que nuestros liberalios descubrieron “Don Angelo”, el amor romántico era una causa liberal. Churchill fue romántico. Cuando él era el único personaje en el mundo que luchaba contra los nazis (esto nunca se dice bastante), aún tenía humor para entrar en casa saludando con un guau-guau a Clementine, que le respondía con un miau. En las cartas ella firmaba con el dibujo de un “pussie”, y él, con el de un “pig”.

Salidas a Villavicio

Estación de Autobuses

Martes, 20 de Agosto

(En la ventana oscura
la lluvia sonreía...
Tamboril de dulzura.
Gong de monotonía).

lunes, 19 de agosto de 2019

Un mundo para Greta

Burdeos

Putos hippies




Hughes
Abc

Más allá de la inmensa broma que es Ërase Una vez en Hollywood, jamás podremos olvidarnos de Cliff Booth, el gran papel de Brad Pitt, el papel que merecía, un símbolo para nuestra generación que seguirá lanzándonos su luz durante años. Como esos neones (imitación de luces más antiguas) que encendían sus rosas y azules cuando la noche de Hollywwod empezaba a caer.

Este año, sí

Glenn Gould


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Era el mantra culé del primer partido de Liga antes de Cruyff: “Aquest Any, Si!” Dos meses más tarde, el mantra adquiría una variación otoñal: “Aquest Any, Tampoc!” Con Zidane, el Madrid ha hecho suyas esas variaciones culés que matan a los piperos como las Variaciones Goldberg mataron (de hecho se ahorcó) a Wertheimer, “El Malogrado”, una vez que las escuchó tocar al genio de Glenn Gould.
    
La fatalidad de Wertheimer fue haber pasado ante el aula treinta y tres del primer piso del Mozarteum en el momento en que Glenn Gould tocaba, en esa aula, la llamada “Aria”.
    
Ojo, pues, con las variaciones culés.

    El club anunció en mayo que el objetivo número uno para esta temporada es la Liga, y eso significa que el fracaso en la Liga no podrá taparse con el triunfo en la Champions. ¿Cuál es el plan? Zidane, cuyo plan es que no hay plan. El lunes dice: “Que Bale se vaya, y si es mañana, mejor”. Los flabelíferos lo explican: “Qué genio es Zidane, que pudiendo quedarse con Bale, uno de los cinco futbolistas mundiales más cotizados (antes de que él volviera al banquillo), lo echa, por golfista (golfista para el periodismo es igual que golfo)”. Pero el martes dice Zidane: “Bale se queda, y tal y tal y tal”. A lo que los flabelíferos añaden: “Qué genio es Zidane, que pudiendo echar a Bale, un futbolista completamente devaluado (tras su vuelta al banquillo), se lo queda y lo pone de titular”. 

Así que por el lado de la crítica no se va a conseguir mucho: todos piensan lo mismo que Zidane, sólo que después, y Zidane piensa por su famoso Visitante Nocturno, que desde luego no trabaja en la tienda del Real Madrid, donde hay que vender camisetas, y las camisetas de los jugadores gratos a Zidane ya las compraban nuestros abuelos. Ramos, Marcelo, Modric-Kroos, Benzemá, Lucas Vázquez… ¿Quién no guarda una camiseta suya en la casa del pueblo? Nuevos, no hay, si lo que buscan ustedes es ilusión. Los cincuenta mil millones de pesetas del verano se han ido en refuerzos para el Castilla de Raúl. De haber caído Joao Félix en Valdebebas, estaría hoy aprendiendo a hacer el “aguanís” con Raúl en el Castilla, y por testigo la selecta crítica, que aplaudiría la genialidad de Zidane. ¡Con la que le liaron a Mourinho porque un día no convocó a Pedro León! Hasta un editorial del periódico de las elites mereció la decisión, que engendraba violencia. ¡Un motín popular por Pedro León!
    
El Madrid presentó el sábado su candidatura a la Liga ante el Celta de Iago Aspas, el Bombardero de Moaña, ídolo de Rajoy. Un Madrid descansado, después de un año de reposo absoluto, y con seis meses de preparación para ensamblar los movimientos Modric-Kroos, que suenan a Pirri-Zoco, y también los Modric-Lucas Vázquez y Modric-Benzemá. No es lo prometido, pero funcionó, con goles de Benzemá, Kroos y Lucas Vázquez, que ya pasa por ser el Bill Murray de este “Groundhog Day”, y que arrancó la competición tuiteando una versión del “lucharemos en las playas” de Churchill para felicidad del piperío:
    
El trabajo no se negocia y la ilusión ni tocarla. 5ª temporada en el primer equipo y 12ª en el club. Vamos juntos. Vamos con todo. Hala Madrid. Los Sueños No Tienen Limite.
    
No tienen límite los sueños de Lucas Vázquez y en ese detalle basó en Vigo su “¡Este Año, Sí!” el madridismo, que además tiene la oportunidad de gozar con Kubo en el Castilla, con Ceballos en el Arsenal o con Llorente en el Atlético, hasta la hora de poder hacerlo con Hazard, futbolista, en cualquier caso, que, como dijo el clásico, puede haber llegado demasiado tarde a un mundo demasiado viejo.
    
Cris, descansa, porque el que marca la diferencia eres tú –dice Cristiano que le decía Zidane, cosa que al parecer tiene dicha a todos los jugadores que jugaron el sábado: se llama “gestión de egos”.
    
Se puede hacer como Klopp, coger un tronco como Salah y tratar de convertirlo en un crack, y se puede hacer como Zidane, coger un crack como Bale y tratar de convertirlo en un tronco. A mí me gusta más el primer modelo: pasar de buey a toro es más arduo que pasar de toro a buey. Pero comprendo que a la muchedumbre le guste más el segundo, por lo que tiene de demagogia. De ahí el comité de recepción que tuvo Bale en Valdebebas el día de la “rentrée”. Por “golfo” (que para la chusma es igual que “golfista”). Y el sábado fue el más grande (¡lo que es, coño, lo que es!) en Vigo. ¿Cómo acabará la temporada? “I have a dream!” Con Raúl diciendo que si el Castilla no ha ascendido es porque el club no le fichó a Joao Félix.

Chulo de toriles vestido de barquillero

TOROS Y FÚTBOL

    Los arbitristas del fútbol, como los de los toros, justifican su existencia proponiendo nuevas reglas. Para salvar la tauromaquia terminal, en vez de echar toros de lidia a Ponce y a Julián, que juegan al toro de granja, la autoridad taurina cambió en Madrid dos cosas: el vestido del chulo de toriles, que antes iba de torero y ahora va de barquillero, y los caminos de retirada para los caballos de picar, modelo copiado por la autoridad futbolística para agilizar el juego, cuyos protagonistas podrán abandonar el partido por el límite más cercano, en lugar de hacerlo entre los dos banquillos. Otra regla que según los arbitristas animará las tardes de plomo es la que permite a los porteros bailar en los penaltis el “moonwalk”.

Tinto de Verano (Folletín ecológico canicular) Capítulo 4. Andarse por las ramas

Goya
Andarse por las ramas

Jean Juan Palette-Cazajus

«Trazas de la noche. Brilla una estrella, solitaria. Preparada para lejanas eucaristías. Allá los destinos se están agrupando, perplejos, inmóviles. Caminamos, lo sé, hacia mañanas extrañas» (De un poema de Michel Houellebecq)

Este folletín empezó algo atolondrado. Pero cada día que pasa me hace sentirme más temerario e irresponsable. Porque el reto de mantener una leve distancia bienhumorada para hablar de cuestiones tan serias y polémicas tiene difícil lidia. Lo comprobábamos en el pasado episodio donde se trataba de mostrar que ni el concepto de catástrofe ni las modalidades que de ella nos pueden estar esperando tienen mucho que ver con lo que neomilenaristas apocalípticos y paleosarcásticos reaccionarios piensen al respecto. La trascendencia del tema reclamaba la pintura de un lienzo de ambicioso tamaño. Y esto no pasa de una relajada acuarela de verano. Incluso así el boceto resultó un tanto árido. Pero si esta excursión veraniega tiene un mínimo interés será el de proyectar un breve chorro de luz sobre los tópicos y las zonas de sombra de una temática que vertebrará los próximos decenios.

«A partir del momento en que adviene, toda realidad resulta haber sido posible desde siempre». Me tomo la libertad de modificar, para transformarlo en axioma, el final de la cita de Bergson con que cerrábamos el tercer capítulo. Pocos filósofos supieron hablar del tiempo y de la “duración” con la sutileza con que lo hiciera el autor de «El pensamiento y lo moviente». Pero su labor adoleció -o prescindió- de todo anclaje en la historicidad. Sería un inmenso error interpretar la frase de Bergson como una referencia a una infinitud aleatoria de lo posible. Al revés, el filósofo nos habla en realidad de la inexorable restricción histórica del campo de los posibles. Él mismo nos lo decía: la alternativa, en los días anteriores al 4 de julio  de 1914, era entre guerra imposible y guerra probable. Es decir bastantes más probabilidades de que tocase la catástrofe que no el Gordo de Navidad. En nuestra experiencia concreta, realidad e historicidad se confunden. Nunca sabremos en qué medida nuestra agentividad histórica es consciente o inconsciente, ni en qué medida la parte que creemos consciente no es habitualmente pura ilusión. Pero lo que no ofrece lugar a dudas es que cada una de las decisiones o de los procesos humanos que “propulsan” el flujo continuo de la temporalidad histórica, lo hace descartando definitivamente del campo de los posibles todo el repertorio de las alternativas que fueron ignoradas o desechadas.

Dicho de otra manera: aquí, y tratando de no aburrir demasiado, no creemos en ninguna forma de “teleología” metafísica pero sí, de alguna manera, en la realidad de algunas formas de “teleonomía”. Es decir que las leyes de lo viviente fueron las que, desde los orígenes, limitaron las posibilidades abiertas al acontecer humano. Pero en algún momento que no podemos dedicarnos a fechar ahora -sin duda el neolítico- el horizonte de lo posible era todavía como las frondas de un árbol cuyo ramaje es a la vez amplio y finito. A partir del momento en que elegimos “andarnos” por una rama concreta, siempre nos veremos inducidos a proseguir a través de nuevas ramificaciones a su vez irrevocables que nos abocan a ir descartando inexorablemente el ramaje restante y con él las alternativas posibles. De modo que señalar la evidencia de que todo nuevo estado de la realidad es irreversible equivale también a recordar que nunca nada de lo que debimos o pudimos hacer ayer podrá hacerse hoy, y nada de lo que debimos o pudimos hacer hoy podrá hacerse mañana.

Durante muchos cientos de miles de años, es decir más del 99% de nuestra historia, los humanos fuimos exclusivamente cazadores/recolectores. Hasta fechas recientes, en todo el orbe, sobrevivían unos pocos cientos de miles. La supervivencia es ahora agonía cuando no cacería como en el Brasil homínido de Bolsonaro. Las evidentes singularidades de aquellas culturas fueron y siguen siendo determinadas por su entorno natural pero Lévi-Strauss se encargó de mostrar a lo largo de toda su obra cómo, más allá de aquellas singularidades locales, había un substrato de invariantes universales. La arqueología mostró que el neolítico vino acompañado inicialmente por una disminución de la estatura de los humanos y el surgimiento de numerosas dolencias. La salud de los cazadores-recolectores era buena, su equilibrio demográfico casi perfecto por más que  el nivel de violencia fuese notablemente mayor de lo que cierto “buenismo” trató de convencernos hace años. Y así el título del conocido libro del gran etnólogo Marshall Salins (n.1930), «Stone age economics» (1974), tuvo literal traducción española pero se convirtió en francés en «Edad de piedra, edad de abundancia». No se trata aquí de apuntarse a un rousseauísmo rezagado. El mito del “buen salvaje” fue un extravío sistemáticamente demostrado por la labor etnológica. Solo quería recalcar que la universalidad de ese modo de vida durante tanto tiempo mostró hasta qué punto el elenco de las posibilidades humanas  quedaba, al fin y al cabo, muy restringido desde un principio.

En todo caso la persistencia del mito del “buen salvaje”, hoy por ejemplo entre tantos sectores “alternativos” de la militancia ecologista, confirma que un profundo “malestar en la cultura” - hablando como el viejo Freud -bien parece haber sido la característica axial en la conciencia de la modernidad. Nosotros los occidentales modernos fuimos efectivamente la antítesis absoluta del modo de vida de los cazadores-recolectores. Fuimos la cultura de la ruptura, lo seguimos siendo en todos los aspectos y en todos los sentidos. Donde hubo, durante cientos de miles de años, un modo de vida universal, bifurcamos, a partir del siglo XVIII, hacia un excepcional y definitivo cuello de botella, primero filosófico luego, en pocas generaciones, tecnológico. Occidente entró en la Edad del Fuego, la era de la combustión, la era de las energías fósiles de la que todavía no hemos salido. Ninguna locomotora ni barco de vapor mostró realmente eficiencia satisfactoria antes de 1840. De modo que si las culturas de cazadores-recolectores abarcan más del 99% de la historia humana, menos del 0,02%, apenas dos siglos, corresponden a la cultura de la combustión. ¡Ojo al dato! diría “Butanito”.

Y a lo largo de este ínfimo 0,02%, el crecimiento de la sustancia tecnológica fue resultando exponencial. Leo los resultados de un reciente trabajo publicado en la canónica revista «Nature», que compara la actual situación climática con anteriores episodios de la historia. Como el “óptimo climático” medieval entre los años 800 y 1200, o la “pequeña edad del hielo” que siguió, entre 1300 y 1850. Se usaron 700 indicadores metodológicos que confirmaban que aquellos pasados episodios fueron esporádicos y nunca afectaron de manera sincrónica el conjunto del globo. Ahora, observan, es el 98% del globo, el que vive el episodio más caluroso en 2000 años, con subida espectacular a partir de 1950. Me entero en otra fuente seria que desde la misma fecha de 1950, el tráfico aéreo se ha multiplicado por 250.

No me surge de las tripas un pronto militante a lo Greta Thundberg. Estas cifras, azarosamente surgidas entre las infinitas posibles, únicamente pretenden recordar que el pensamiento ecológico es solo un elemento fundamental del pensamiento global o, como prefiero decir, ecuménico, y supone una revolución de la práctica intelectual solo comparable a lo que fuera la renacentista. Es el retorno al pensamiento complejo, a la necesidad de manejar nuevamente un saber universal si se quiere volver a entender algo del latido del mundo. Donde el papel de los especialistas -aquellos «que saben cada vez más sobre cada vez menos» decía mi  antiguo profe de filosofía- deberá ser necesario pero subalterno. Tras siglos de reduccionismo político, el pensamiento ecuménico obliga muestras neuronas a cambiar de ritmo y de modo de funcionamiento. Deberán renunciar al compás soporífero que brotaba del caduco motor de dos tiempos, con su émbolo conservador, su émbolo progresista y una peligrosa tendencia a embalarse para convertirse en reaccionario o apocalíptico. Unas configuraciones vitales e intelectuales cuyo constante involucramiento en la guerra política las redujo a un estado raquítico únicamente basado en emociones primarias, credulidad y odio, simplismo ideológico y antagonismo político.

El pensamiento ecuménico se interesa por la climatología, la geografía, la biología, la agronomía, la etología, la genética, la sociología, la filosofía, por citar algunas de las disciplinas movilizadas. Hay que volver a considerar el mundo como algo de lo que nada se sabe a ciencia cierta, muy lejos de las pasadas certezas y dogmatismos. Nadie se apresure a leer en mi descripción las pruebas de un talante idealista. El propósito, aquí, es puramente expositivo, heurístico como se dice en jerga filosófica. Por supuesto que el mundo está lleno de fósiles, jóvenes y viejos, incapaces de extraerse de las antiguas simplezas,  que tratan de instrumentar a todo trance el pensamiento ecuménico y de retrotraerlo al servicio de polvorientas obsesiones. Por supuesto que la tentación más generalizada es la de reducirlo a un dogma simplón y portátil, un nuevo fetiche capaz de estructurar las vidas disgregadas y de  proporcionar una nueva brújula a las tropas huérfanas de militancia.

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos», se lee en Mateo 5.3 . Sin duda una de las frases más catastróficas de la historia humana. La invocación a la justicia, a la igualdad, a la libertad ha servido en demasiadas ocasiones para legitimar y redimir las carencias intelectuales y las miserias personales. Esto ya no debería ser posible con el pensamiento ecuménico cuya militancia ideal necesita apoyarse en los baluartes del saber. Aquel militante ya no puede contentarse con ser un santo cretino. Como San Agustín, el portador del pensamiento ecuménico se erige en pregunta para sí mismo. Como él, proclama: “Quaestio mihi factus sum”. Pero la palabra que mejor lo define podría ser la teutónica y heideggeriana “sorge”, en español “cuidado”, en su doble acepción de “cuidar” y de “preocuparse”, ante la precariedad de la vida humana y sus incertidumbres frente al porvenir. Como para Heidegger, “die sorge”, el “cuidado”, se convierte en el  necesario modo de ser del hombre en su relación con el entorno y con el porvenir. Una vital atención prestada al «Dasein», al «Ser-ahí», el propio y el del mundo.

Se oye entonces la voz de un lector benévolo: -«¡Diablos! ¡El propio Heidegger! Me convierto a la fe verdadera. Acabaremos en un plis plas con irónicos, sardónicos e incluso sarcásticos de la grey oscurantista». Desengáñese el complaciente lector. Si me deja terminar una disertación témome que algo plúmbea, pocos motivos le quedarán para el entusiasmo.

Recuerdo desde la niñez un chiste particularmente malo. Hasta que descubrí su potencial heurístico: están trabajando dos pintores y el uno le dice al otro, «agárrate bien de la brocha, que me llevo la escalera». ¿Penoso, verdad? Pues ésta es, ni más ni menos, la mejor definición posible de la inteligencia humana. Una estructura puramente autoportante que cuelga en el vacío. La inteligencia humana piensa poder colgar de su propia actividad con resultados tan dudosos como la posibilidad de que el pintor del chiste lograra agarrarse a la propia brocha. La inteligencia humana es probablemente un excepcional error, un accidente o un tumor de la evolución. Las tres palabras son igualmente apropiadas. Es absolutamente innecesaria para la evolución de la especie, sin duda incluso contraproducente. La fe en el triunfo de la inteligencia humana es tan irracional, indemostrable e ilusoria como cualquier otra modalidad de la fe. Mi alegato a favor del pensamiento ecuménico era en el fondo una coquetería aristocrática, el último farol de un hidalguillo feneciente que sabe que tiene el porvenir a sus espaldas. Lo más probable es que ya se esté produciendo una serie de mutaciones adaptativas de donde está emergiendo una nueva especie -aquella a la que pertenece Isabel Díaz Ayuso- encantada con el dióxido de carbono, el ruido y los atascos, de cuyas neuronas se están borrando el recuerdo y la necesidad  de los paisajes preservados, de las ciudades a escala humana, del silencio y de una vida acompasada al ritmo de los cuerpos. Como en todo proceso de especiación, pronto se volverá imposible la reproducción entre los representantes de la nueva especie y los últimos ejemplares de la rama moribunda.

Lunes, 19 de Agosto


rayendo el musgo que tus lomos viste

domingo, 18 de agosto de 2019

Cinismo y destino

ABC, 22 de Marzo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Todas las mayorías absolutas buscan siempre la idolización de sus propios postulados, aunque en el mumdo contemporáneo existe un único postulado, que es el cinismo, con cínicos, eso sí, que son pura peana, cínifes que te zumban a los oídos, todo bulla y nada sustancia. El cinismo clásico significaba el escándalo del rechazo  —Diógenes contra la «globalización» del gran Alejandro—, pero el cinismo contemporáneo sólo significa la disponibilidad permanente del trepa. Y el caso es que, si los «hooligans» del felipismo enterraron a Montesquieu, los «hooligans» del aznarismo parecen  empeñados, no se sabe por qué, en enterrar la Revolución Francesa, siquiera en los términos  «derecha» e «izquierda», esas metáforas espaciales sin las cuales no hay lugar para hablar de polí-tica en el bar. Igual que aquellos librepensadores dieciochescos que, al llegar a la conclusión de que el librepensamiento conducía a la guillotina, se hicieron bienaventurados e inauguraron la era victoriana, nuestros cínicos, al haber concluido que la libre discusión conduce al paro, se vuelven magos para dejar de lado el uso de la razón y, en volandas, como el ex novio de Claudia Schiffer,  darse un garbeo por la era del limbo político, que es el centro, un término que gusta a la nueva clase media: al rechazar el misticismo, asume un aspecto laico; al rechazar el materialismo, condena las movidas como groserías plebeyas.

Lo dijo Giménez Caballero de la Argentinita, que bien podría ser hoy la idolización del postulado centrista: «En la Argentinita nuestra burguesía ve —cada voltereta alegre por el aire que da— como un trozo cancanesco y cañí de sí misma. Ve esta burguesía la danza de su gravedad terrible puesta en loco juego, sin desdoro alguno para esta gravedad. Porque quien la baila es una loca, pero virgen.» Y la Argentinita, azorada: «¡Por Dios! Si yo no tengo cultura...» «No importa. ¿Qué literatos prefiere  usted?» «No le contesto. Es peligroso referirse a vanidades...»  Sí, señor. Vanidades. Es dificil dar con un término más centrista para referirse a lo que los medios de comunicación llaman humanidades. Y que no se diga por decir, que este fin de semana, en un concurso de recaudación de fondos para el reino animal, los besugos de un programa de TV que alcanzó las cumbres de la sátira a base de mortificar a una ministra de Cultura que ignoraba la profesión de Santiago Segura hanhecho  suicida a Atahualpa, geógrafo a Tito Livio y sastre a Bayeu, pasando por alto la sabia recomendación de Groucho de mejor callarse y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Una vez más, sin embargo, se nos dirá que lo visible desea comerse a lo relevante, y que lo que se pone en trance de desaparición es la realidad. «Desaparece la realidad, y esto es lo que fascina a la  gente.» Bien, desaparecidos los términos «derecha» e «izquierda», porque «España es de Centro», ¿cómo conseguiría un guía madrileño describirle a un turista marciano las diferencias mentales entre la gente que oye misa en los Jesuítas, la gente que cena en La Ancha y la gente que juega al mus en  Casa Braulio? Por otro lado, uno no entierra la terminología de la Revolución Francesa como quien  entierra la sardina del Carnaval, salvo que, puestos a arrojar lastre, arrojemos por lastrón la lógica. Después de todo, si ya no hay que hablar de derecha ni de izquierda, ¿para qué vamos a hablar de partidos? Y si ya no hay que hablar de partidos, ¿para qué vamos a hablar de democracia liberal?  Al final, resulta que habríamos llegado a donde quería llevarnos un general que hablaba a lo Zaratustra: "Ahora se habla dedemocracia, pero nosotros ya la conocimos. Fueantes de la invasión francesa y de las Cortes de Cádiz. Y aquí no dio resultado. Cuando otros van hacia la democracia,  nosotros ya  estamos de vuelta. Pero estamos dispuestos a sentarnos en la meta para esperar a que regresen.» Delirio y destino, por decirlo como lo dijo María  Zambrano, para quien rara vez en un  pueblo, o en una cultura, coincidieron los que se expresan con los que mandan. «Los que mandan, mientras  lo hacen, ni se expresan, ni miran con simpatía que otros lo hagan por ellos.»

María Zambrano
Rara vez en un  pueblo, o en una cultura,
 coincidieron los que se expresan
 con los que mandan.
 «Los que mandan, mientras lo hacen,
 ni se expresan, ni miran con simpatía
 que otros lo hagan por ellos.» 

Domingo, 18 de Agosto

Raíces y puntas

"He venido a prender fuego a la tierra"

DOMINGO, 18 DE AGOSTO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra.

Lucas 12,49-53

sábado, 17 de agosto de 2019

Ponce, torero... de épocas


 Época 2019 en El Mundo

Época 2010 en El Mundo

Una figura del toreo tiene que mandar
Curro Fetén

Voladores

Jersey de sacar a los perros del shock que les producen los voladores



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    España en fiestas es tiempo de voladores, como llaman en el Norte a esos cohetes del Sur que suben el cielo como Lucas Vázquez la banda, haciendo la cabra, y terminan en un ruido que vuelve locos a los perros.
    
En Santander, por Santiago, “Harry”, el teckel de unos amigos, se quedó en casa con el balcón abierto porque sus amos salieron a cenar. Al poco estallaron en la ciudad unos voladores y “Harry”, anonadado, se arrojó por el balcón y cayó al bar de abajo previo rebote en un toldo que amortiguó el talegazo. Un camarero reconoció a “Harry”, pero el perro, todo susto, no se dejó atrapar, y corrió, despavorido, calle abajo. Cruzó la terraza donde cenaban sus amos, que lo vieron como una exhalación. “¿Has visto?” “Sí, es igual que ‘Harry’” Entonces llegó el camarero que lo seguía: les gritó “¡Es ‘Harry’! ¡Es ‘Harry’!”, y allí mismo les dio el relevo de la carrera. “Harry” corrió y corrió, como un diablo corría, en dirección al puerto, donde al oler el agua se tiró de cabeza como si estuviera en llamas y necesitara apagarse. Un turista madrileño que paseaba por el lugar y que vio la escena se lanzó vestido al mar, rescató a “Harry” y lo entregó a sus amos.

    Un caso parecido he vivido en un pueblo del Norte con los voladores de San Roque. A media tarde, el “armero” del pueblo disparó una andanada de voladores, que es su forma de decir que los vecinos están contentos, pero el perro, con el susto, se soltó del amarre y se refugió en unos ultramarinos donde el gato, que dormitaba sobre el saco de las fabes, saltó sobre unas turistas gallegas a las que casi saca los ojos y que luego, con ensalmos, sacaron al perro del shock. “Son los putos voladores”, decían, “hay que envolver al perro con algo de ropa hasta que se calme”, y una se quedaba en sostén por arroparlo con su camiseta.
    
No es uno Greta, la Sor Lucía (Dos Santos) del Mainstream, pero si prohíben en la procesión del Carmen tirar al agua flores porque dañan al mar, ¿no pueden prohibir tirar voladores al cielo que dañan a los perros?

Sábado, 17 de Agosto


Miller's Crossing

viernes, 16 de agosto de 2019

Mesa de Agosto

 Les navajes


 Les fabes

 El arroz con almejes

 El arroz con menudillos

 El golondro
(La Reguerina)

La cabre de altura
(Parroquia de Collia, municipio de Parres)

Siglo de Oro

ABC, 15 de Marzo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Víctor Ríos seguirá siendo una teoría con barbas, pero ya no será el nuevo jefe de la diplomacia  española, porque el partido de Trillo, por nombrar a quien públicamente advirtió del riesgo de tamaño exceso, ha  salido de las elecciones generales con  mayoría absoluta, que, desde luego, constituye otro exceso, si bien hay un proverbio de William Blake según el cual el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría. Ya veremos, aunque, de momento, «The Economist» ha dado por inaugurado  en España otro Siglo de Oro. Con razón en la misma noche electoral, y ante las cámaras de TV, el propio Trillo invitaba a una nueva florescencia poética en que el soneto cabal, apretado, conceptuoso, se construya como en los tiempos áureos, pasando de la locura formal al recato íntimo, a la frase  encuadrada, al regusto clásico, unido a la vibrátil gracia moderna.

Ya sabemos que, al menos de nuestro Siglo de Oro, los ingleses siempre se han ocupado más que  nosotros, a pesar de que este asunto también intentó plantearlo Azaña en  su  día,  cuando  dijo:  «La prueba de que España ha dejado de ser católica es que el catolicismo español no produce hoy ni una sola figura comparable a las grandes figuras que produjo en los siglos XVI y XVII.» Agotado el  catolicismo, había que probar el laicismo, que, por  cierto, tampoco las dio. Así  que la cosa sigue siendo dar con un credo y con una actividad que permitan producir grandes figuras, y ésta, al parecer, es la idea que en un sistema político basado principalmente en un consenso de tipo «recuento  de cabezas» (democracia electoral) anima a la gente a participar. Al fin y al cabo, si a la mayoría de la gente no le excitara el sentimiento de estar involucrada en una empresa grandiosa, aunque después  no tenga ninguna responsabilidad en su dirección, nadie perdería un domingo de su vida en la cola de votar, y con la sorpresa de la votación del último domingo bien se puede decir que la orgía de dos siglos de ciencias exactas ha terminado.

Y a todo esto, ¿qué dicen los perdedores? De entrada, su pecado, como el de Satán, ha sido un error  de perspectiva. La idea de que el azar, y no la filosofía, pueda ser lo que determina nuestro destino ha deprimido a nuestros intelectuales, que parecen embargados por un  sentimiento de desconcierto y de  carencia de hogar. «¿Qué va a ser de nosotros en el Siglo de Oro?» La relación entre manifiesto e inteligencia no es como la relación entre la sopa y el buey, lo cual que una cosa es firmar un manifiesto y otra cosa es explicar el  mundo, y ahora ni siquiera aciertan a explicar un vuelco electoral. En el mejor de los casos se contentan con decirse que al idealismo, el que las  cosas fueran  como quisiéramos, se contrapone el utilitarismo, el que las cosas fueran según nos conviene, como  dando a entender con ello que la palabra «útil» indica un sistema de valores carente de nobleza,  belleza, altruismo y trascendencia, sólo que en política únicamente el individuo tiene deseos que satisfacer y por tanto preferencias que revelar, sin que nadie pueda escoger por él sus fines y nadie tenga capacidad para discutir sus gustos. En cuanto al idealismo, si lo propugnan los firmantes de manifiestos, ¿en qué consiste?

Con los firmantes de manifiestos ocurre lo mismo que con los ejecutores de hipotecas. Gente seria,  como las personas mayores de Saint-Exupéry. En el curso de la vida tenemos muchas vinculaciones con mucha gente seria.

  Vivimos mucho con personas mayores. Las hemos visto muy de cerca. Y tampoco hemos  mejorado excesivamente nuestra opinión. Cuando encontramos alguna  que nos parece un poco lúcida, le  mostramos el dibujo de la boa digiriendo un  elefante. Pero siempre responde: «Es un  sombrero.»  Entonces no le hablas ni de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Te colocas a su  alcance. Le hablas de  bridge, de golf, de política y de corbatas. Y la persona mayor se queda  muy satisfecha de haber conocido a alguien del  Siglo  de Oro.

Antoine de Saint-Exupéry

La idea de que el azar, y no la filosofía,
 pueda ser lo que determina nuestro destino
 ha deprimido a nuestros intelectuales,
 que parecen embargados por un sentimiento
 de desconcierto y de carencia de hogar.
 «¿Qué va a ser de nosotros en el Siglo de Oro?»

Viernes, 16 de Agosto


Fuera de servicio

jueves, 15 de agosto de 2019

Zapatero & Garrido

Zapatero

Garrido

Zapatero

Dime luna de plata
Qué pretendes hacer
Con un niño de piel, ah, ah
Hijo de la luna...

Le dicen que tienen novio

@quiquepeinado
Isabel Díaz Ayuso no está bien.


@NachoRaggio
Lo dice un tipo al que las putas le dicen que tienen novio.

Haro



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Reconforta saber que al volver a Madrid tendremos un gobierno. O una “gobernanza”, en la neolengua de los zánganos. Antes que la anarquía, hasta un sabañón de becas, como Errejón, con su jeta de zarigüeya. Pero será Ayuso, y ya se ve Haro.
    
Ya estamos en Haro, que se ven las luces –decían los riojanos del tren.
    
Haro fue la segunda población española (después de Jerez de la Frontera, donde las papas se comen “entera”) con alumbrado eléctrico. En el Calendario Zaragozano, que es la Wiki culta, el boticario Aguirre refiere que en septiembre de 1890 pusieron faroles de arco voltaico que daban una luz vivísima, con carbones de retorta que tenían unos muelles automáticos para que se acercaran lo justo, a medida que se gastaban.

    Ayuso, tampoco es cosa de hacerse ilusiones, no es Boris Johnson: no tiene la formación humanística ni la energía dionisiaca del tory despeinado, aunque ¿quién tiene eso hoy en España? Los dos son periodistas, pero ¿qué columnista en activo se acerca aquí escribiendo al gamberro inglés? Además, Madrid no es Londres, “la vaca gorda” de Churchill que Cifuentes prometió traerse a Alcorcón.
    
Ayuso es la cara amable de la socialdemocracia en un país donde no hay otra cosa: economía de derechas, cultura de izquierdas y gobierno en el medio (que no es lo mismo que en el centro, donde, por otra parte, está todo gobierno). Promete bajar los impuestos porque no es Trump, en cuyo caso sería una infame promesa populista, y proclama su fe en las Autonomías (cuya intrahistoria le es desconocida) y en el escudo de Novillo y en el himno de García Calvo para Madrid, nombre que designa, a la vez, capital, autonomía, provincia, región y hasta club de fútbol, el Real Madrid. Mas en agosto y con las luces de Haro a la vista no pediremos a Ayuso lo que nadie pidió a Leguina (“la Comunidad de Madrid es una región metropolitana”) ni a Tierno (“¡Madrid ha dejado de ser capital!”) ni a Gallardón (“Madrid es centro del Estado”) por sus disparates. A ver qué le deja hacer el “gang” liberalio.

La Patrona

Nuestra Señora


Dios te salve, Reina, Madre y Capitana. Eres tú nuestra vida, eres nuestra Esperanza, y a tus plantas, Señora, se arrodilla Triana. Nuestro puerto perdimos, nuestra nave naufraga sin rumbo en las tinieblas de este valle de lágrimas, en el que suplicantes nuestras voces te llaman. ¡Oh¡, Misericordiosa, vuélvenos tu mirada y lleva nuestro barco con brisa de bonanza a Jesús, navegante de tu divina entraña. Capitana clemente, dulcísima Esperanza, siempre Virgen María, luz que guía Triana. Por ella y por tus hijos, Madre de Dios y Santa, ruega para que un día podamos echar anclas en el puerto que Dios nos promete como segura Patria. Amén, Amén.

Jueves, 15 de Agosto


Casa resplandeciente

miércoles, 14 de agosto de 2019

El ismo nacional

ABC, 8 de Marzo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El nacionalismo enriquece el costumbrismo, pero envilece la convivencia. La gente puede suponer que el nacionalismo es un ismo que ha debido de existir siempre, pero, en realidad, ni se originó como ismo, es decir, como idea, ni existió antes del Renacimiento. Según el esquema clásico, una nacionalidad es un  grupo deseoso de hacerse con el control de la conducta de sus miembros; si la nacionalidad obtiene el poder de respaldar sus aspiraciones, se hace nación; y si la nación consigue la sobranía, es un Estado. El Estado nacional no destrozó la unidad de civilización romana con las ideas, sino con la pólvora, aunque Arzalluz dice ahora que una nación se hace con la raza y el lenguaje.

Al margen  de lo del lenguaje, que como base de la nacionalidad fue un descubrimiento nada menos  que jacobino, al hablar de nacionalismo hablamos de  creencias, no de.ideas.Y como buen «modisto de la fílosofia», como lo llamó VasconcelosOrtega distinguía dos dominios: el de las ideas y el de las creencias. Las creencias están en la raíz del alma, y cambian mucho menos que las ideas. De hecho, no cambian, y por eso ha podido decirse que lo que define a una comunidad es su creencia en  algo falso. Bien mirado, cualquiera puede creer en algo verdadero, pero hay que ser nacionalista  para creer en un mito nacional. Descifrar  el mito nacional tampoco aclara nada, ya que, como demostró Lévi-Strauss, todo desciframiento de un mito es otro mito.

El mito nacional vive de la creencia en la excelencia superior de un grupo cuyo miembros han de someter su inteligencia a  las «boutades» que pronunciaron en el pasado unos hombres mayormente  ignorantes, llámense Sabino Arana o Pompeyo Gener. La nación viene a convertirse así en un club exclusivo basado en el sentimiento, ya que la razón no puede determinar la calidad de miembro de club exclusivo. Allá ellos, si no fuera porque las falsas creencias, para asentarse, precisan del fanatismo, y el fanatismo suele ser  incompatible con la democracia.

 La palabra «democracia» tiene  hoy tantas definiciones como sentimientos favorables asociados a  ella,  pero, a la hora de la verdad, significa lo que decidimos que signifique. En una palabra, la  democracia es una declaración de principios. «Estos son  mis  principios —dijo Groucho en un rapto de posmodernidad—.  Si  no le gustan, tengo otros.» Un demócrata es, pues, un hombre que cambia  de opinión, de lo que se deduce que puede haber tantos demócratas como hombres. Pero un  nacionalista es un hombre que cree, y sólo hay dos modelos de creyente: el religioso y el nacionalista. No en vano Bernard Shaw hizo que los católicos quemaran a su santa Juana por protestante, y los ingleses, por nacionalista.

Convencionalmente, los creyentes nacionalistas suelen dividirse en moderados y radicales. Los  radicales son quienes, por su afición a perseguir a los desarraigados, menean el nogal, en tanto que  los moderados se limitan a recoger las nueces de la nacionalidad. Se dirá  que, en el  fondo, es más  el  ruido que las nueces, pero el ruido siempre da miedo.

Miedo, por ejemplo, a que algunos radicales, viéndose en minoría, abatan a tiros a un número suficiente de desarraigados para convertirse en  mayoría.Y la única manera de superar el terror es practicar el valor. A este  propósito, la tradición árabe proporciona un cuento verdaderamente  edificante. El de un rey que, al saber que la Peste se avecinaba a su pueblo, montó su  caballo y fue a  la gran puerta de la muralla para impedir que entrara a hacer estragos. Ella le dijo que Dios la  había  enviado para  llevarse cuatro mil almas. El  rey condescendió con una condición: «Está bien. Pero sólo cuatro mil. De haber más muertos, te mato.» Desde una torre el rey iba contando los cadáveres, que rebasaban por miles la cifra convenida.Y esperó a la Peste en la puerta de la ciudad, donde,  furioso, le reprochó haber matado a cuarenta mil personas. A punto de ser decapitada, la Peste aclaró: «Yo sólo me he llevado a cuatro mil de acuerdo con mi promesa; a los demás, los mató el  Miedo».



 Los católicos la quemaron por protestante,
 y los ingleses, por nacionalista


La palabra «democracia» tiene  hoy
 tantas definiciones como sentimientos favorables
 asociados a  ella,  pero, a la hora de la verdad,
 significa lo que decidimos que signifique 

Miércoles, 14 de Agosto


Último viaje

martes, 13 de agosto de 2019

Aristócratas

Agapito Marazuela

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ayer me crucé en la playa a un conde que en “meyba” mandarina era igual que yo. De hecho, iba tan preocupado como yo por el plan sanchista de cargarse a la vuelta del veraneo los títulos nobiliarios, que, después de todo, lo único que va a conseguir es lo que ya advirtió Camba en su día: hacer los títulos más largos, al tener que añadir un “Ex” al título eliminado. ¿Por qué, entonces, el sanchismo de Pedro Iván Sánchez Redondo incurre en semejante rufianada? Porque tiene el “chic” de lo francés y porque políticamente el sanchismo se reduce al casposo folclor republicano, con su secularización de cementerios y su supresión de títulos nobiliarios.
    
Esto, en la izquierda. Pero en la derecha tampoco tienen clara la ortegada según la cual la sociedad humana es aristocrática siempre, “quiera o no”, por su esencia misma, hasta el punto de que es sociedad en la medida en que sea aristocrática, y deja de serlo “en la medida de que se desaristocratice”. Precisamente contra este sentido aristocrático de la sociedad se produce “La rebelión de las masas”, libro de cabecera de Maroto, ideólogo del PP, en Sotosalbos, huyendo, cual Melibeo, del suelo natal, para meditar pastoriles cantos al son del blando caramillo segoviano de Agapito Marazuela.
    
Como partido de masas en un Estado de Partidos, la razón de ser del PP consiste en “integrar las masas en el Estado”, y cuando vio que Vox colocaba tan ricamente (¡tan orteguianamente!) a un marqués de portavoz parlamentario mandó a cantar el “Tant que ça ira, ça ira, ça ira / les aristos / a la lanterne… Tant que ça ira, ça ira, ça ira / les aristos / on les pendra”…, hasta que Sánchez con su guillotina de Samson y Maroto con su librillo de Ortega decidieron a Casado a agenciarse para portavoz… ¡a una marquesa!, dejando a los flabelíferos colgados del flabelo.
    
Quise comentar estas cosas con el conde de la playa, pero era su día de “power walking” y no pude seguirle. Esperaré a que haya de llevar su mochila de “Ex” a la espalda.

Tucker Carlson

ABC
Hughes


Martes, 13 de Agosto

Valle de Esteban

Las hebras de oro puro que la frente
cercan en ricas vueltas, do el tirano
señor teje los lazos con su mano,
y arde en la dulce luz resplandeciente

lunes, 12 de agosto de 2019

Posibilidades Neymar





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La llegada de Neymar al Madrid zanjaría la discusión futbolística, pues redondearía la estrategia de Zidane, que no tiene ninguna: balones a Hazard y Neymar. El entrenador, encantado, pues se ahorraría el centro del campo que tampoco tiene. Y Ramos, lo mismo: él siempre se ha creído en posesión del maravilloso “passing shot” de Koeman (hizo grande a Stoichkov), y disfrutaría de lo lindo con el patadón a la olla de las Kardashian, como dice Hughes, un marmitón donde borbotearían dos peloteros de primera, uno, Hazard, y “fueraserie”, el otro, Neymar, que limitaría, de paso, los daños causados por el Error Joao Félix, cuyo precedente sería el Error Cruyff cometido por Bernabéu cuando en un hotel de La Coruña rompió el trato con el Ajax porque el agente del holandés pedía una propina y porque, admitiendo que era un genio el futbolista, resulta que al patriarca blanco (¡aquello era un heteropatriarcado!) no le gustaba “su jeta”.

 ¡La jeta de Cruyff! Y, sin embargo, le entusiasmó la de Stielike, con su bigote de cartero de Maguncia en bicicleta. Stielike trajo carácter al Madrid, donde no había otra cosa, pero Cruyff enseñó a ganar al Barcelona. ¡Que el pipero de hoy no tenga que escuchar con Joao Félix el silencio del 0-5 que el pipero de ayer hubo de escuchar con Cruyff en la noche del 14 de febrero del 74, cuando el fútbol pasaba por ser el opio del pueblo que repartía el franquismo, un partido por TV a la semana y en blanco y negro, frente a lo de ahora, que hasta un juez es obligado a ponerse a dirigir el tráfico de intereses entre la Liga de Tebas y la Federación de Rubiales, el Sindicalista, que va de Walesa del espectáculo con su cabeza caupolicana, su aquí mando yo y su usted no sabe con quién está hablando. El juez, que tendrá su rutina de vida de juez, nos quita de fútbol los lunes, que es día de recogida, pero nos lo permite los viernes, que es día de salida.
    
Lo que no sabemos es qué piensa el juez de lo de Neymar al Madrid, operación que tiene en contra al periodismo de Madrid y de Barcelona. Si Neymar viene a Madrid, a ver cómo el periodismo madrileño pone en “negro sobre blanco”, por decirlo en tertulianés, cuanto ha dicho de Neymar durante su etapa culé, y a ver cómo el periodismo barcelonés pone en “blanco sobre negro” cuanto ha dicho de Neymar… una vez vestido de blanco Neymar. El espectáculo Fake News sobre Neymar empequeñecería el desplegado sobre Trump, y estaríamos, en lo periodístico, ante la Liga más divertida del mundo. La sensatez en este asunto la puso en su día ni más ni menos que Dani Alves, que dijo:
    
Somos profesionales, no aficionados. Nos enamoramos de los sitios en función de lo que vivimos en el sitio. Yo soy aficionado del Bahía y del Sao Paulo. Lo que he vivido en el Barcelona me hace amarlo, como amé al Sevilla, pero que no me cuenten películas, no somos aficionados.
    
Yo de Neymar, para ir por la Castellana, cambiaría mis camisetas con frases de Paulo Coelho por otras con estos pensamientos de Dani Alves, antes de que al fallar mi primer gol, Zidane, que no me quiere, y los piperos, que piensan lo mismo que Zidane, sólo que después, me hagan un Bale, contra quien los colosos del periodismo, vigilantes de la moral pública, siguen lanzando sus fatuas porque el galés sigue jugando al golf sin hablar el español de Seve Ballesteros. “Mobbing” a Bale y “mobbing” a James, quizás porque amenazan la posición de Lucas Vázquez, tótem zidaní de un equipo que sin Cristiano gasta en goles menos que los rusos en catecismos. Queda por ver, en cualquier caso, si Neymar es capaz de decir “no” al Madrid por tercera vez, cosa que no pudo hacer Mourinho:
    
Tenía tomada la decisión. El contrato no estaba firmado, pero había tomado la decisión. Había decidido irme al Madrid. No había ido en dos ocasiones y era la tercera oportunidad. Decirle no al Madrid una vez es difícil, dos es muy difícil y tres es imposible –dice en un documental Mourinho para explicar por qué no viajó a Milán tras la final de Champions en el Bernabéu: “Si hubiera vuelto a Milán, creo que no me habría ido al Madrid”.

    A Neymar no se le va a adorar en Madrid, pero que repare en las palabras de Alves y en la situación de Bale, que se va a ir del Madrid sin amor, pero con un saco de Copas, más dinero de bolsillo y un swing de golf muy superior al que trajo. Es verdad que está lo futbolístico: con Neymar, Hazard, Vinicius, Marcelo y el “gorrón” de Benzemá, el sector izquierdo del Real va a parecer el bar del Palace en plena Gran Guerra europea, pero ahí es donde entra Zidane con su licor de egos. O Pogba, claro. Pogba entra al bar del Palace y toda la peña (menos Benzemá, “of course”) se levanta a cantar la Marsellesa, como en el bar de Rick en Casablanca.



LA COBRA DE MESSI

    Que Messi le haga la cobra a Griezmann constituye un acontecimiento planetario. Hombre, Messi no es un argentino con la educación de Adolfo Bioy Casares, a pesar de lo que nos venda la propaganda para elevarlo sobre Cristiano. Messi es parco en palabras (yo hablo en el campo, mis palabras son mis goles, etcétera), cosa, por cierto, que también es Mariano, Mariano Díaz Mejía, el del Madrid, a quien le han quitado el dorsal (el “7”, nada menos) para dárselo a Hazard y todavía no ha abierto la boca. Griezmann ha costado un Perú, o medio Perú, teniendo en cuenta la chequera culé), y que no le hable el tótem del equipo sólo tiene una explicación: Messi no es (y su carrera indica que nunca lo será) campeón del mundo.


Tinto de Verano (Folletín ecológico canicular) Capítulo 3: "Por un catastrofismo ilustrado"

Acqua alta
Venecia

Jean Juan Palette-Cazajus

-«Οὐ γὰρ ἀγγέλοις ὑπέταξεν τὴν οἰκουμένην τὴν μέλλουσαν, περὶ ἧς λαλοῦμεν» /«Porque [Dios] no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando». Hebreos 2.5.

-«Quiero vivir para ver los efectos del calentamiento climático. Va a resultar que todo esto es una chorrada» (Homer Simpson)
Terminábamos el  Cap. 2. de nuestro folletín estival con la evocación de una  hermosísima palabra, la «oikouménē» de los griegos, que, en principio, venía a significar el conjunto de las tierras habitadas, si bien los helenos tendían a considerar los “bárbaros” como exteriores a la “οἰκουμένη”. Es decir que para ellos la palabra tendía a restringirse a las tierras regidas por la Ley y el Logos. Es interesante observar que, más tarde, usada en las Escrituras Cristianas, la palabra hará más bien referencia al futuro Reino de Cristo, al reino mesiánico, como podemos comprobar en la Epístola paulina a los Hebreos: la Ley y el Logos habían quedado sustituidos por la fe y la escatología.

El viejo concepto de “ecúmene” fue rescatado y actualizado por el geógrafo, filósofo y orientalista Augustin Berque (n. 1942), en uno de los libros más sugerentes con que haya tropezado jamás: “Ecúmene, introducción al estudio de los medios humanos”, publicado en 2000 y del que no hallo posible traducción española. Berque nos recordaba de paso que en la Antigüedad el concepto de «oikouménē» era inseparable de su antónimo, el “ἔρημος”, (“erêmos”), que designaba el mundo hostil e inhabitado. Hoy no queda en el mundo palmo de tierra sin remover ni poblar. Por esto, si el concepto de “Ecúmene” debe volver a ser esencial, será sólo en la medida en que defina un mundo regido por el pensamiento “ecuménico”, entendido como sinónimo del pensamiento “ecológico”. Estamos hablando del reto de reconstruir un logos, lo apuntábamos la última vez, “naturalmente” capaz de englobar la totalidad de los entornos humanos y de acabar con la insularidad de las categorías rutinarias del conocimiento, ya sea la política, la economía o las ontologías de la razón y de las emociones.

Este tercer tinto de verano empieza, me temo, pelín indigesto. No me extenderé, pues,  sobre la tradicional oposición entre naturaleza y cultura, tan inseparable de cierto momento del pensamiento de la modernidad y que ya quedó en su momento muy relativizada por gente como Claudio Lévi-Strauss (1908-2009) antes de ser definitivamente torpedeada por los trabajos, pioneros e insoslayables, de Philippe Descola (n.1949), su discípulo más aventajado [N1]. La cultura era lo humano, lo frágil y efímero; la naturaleza era lo telúrico, lo inmutable, lo implacable. Hoy la conciencia humana de la finitud se cierne sobre las dos categorías y las confunde en una misma incertidumbre. Diríamos que el concepto de “ecúmene” resume admirablemente la nueva situación. Por esto concluí el último episodio hablando de “catástrofes ecuménicas”. La expresión pretendía anticipar que la noción de catástrofe ecológica no debía considerarse desde la perspectiva “cinematográfica”, desde la visión del “show” catastrófico a que nos tiene acostumbrado Hollywood. Bueno será recordar que Hollywood tampoco inventaba nada y que la visión espectacular de una catástrofe final es un puro producto del imaginario judeocristiano: Armageddon, Valle de Josafat, Apocalipsis con sus jinetes y demás Juicios Finales. A lo cual habría que añadir un tardío concepto derivado, el de Revolución como “Gran Víspera”, tal y como sigue empañando todavía los cerebros de algunos botarates.

Formo parte de la gente que convive sin el menor aspaviento con la idea de que el ser humano es un animal como los demás. (Con los discrepantes, podemos quedar cualquier otro día para un debate de fondo). Cada especie es portadora de un etograma diferente y la mayor e inconmensurable particularidad del nuestro es sin duda la conciencia de la muerte. Sin ella no habría poesías de San Juan de la Cruz, ni teoría de la relatividad, ni tampoco habríamos inventado a Dios para achacarle la responsabilidad de nuestra creación. Pero nuestra animalidad fundamental es también causa de que dicha conciencia de la muerte sea menos evidente de lo que creemos. Es en realidad borrosa y atenuada. De lo contrario la vida se nos haría de todo punto imposible. Otra característica de nuestra animalidad fundamental es nuestra capacidad de adaptación. Mejor dicho quizá, capacidad de resignación o de conformidad. O incluso de ceguera. En tanto que especie evolutiva, por definición inconsciente de su destino y ajena a él, no tenemos ningún motivo para considerarnos más lúcidos que los lemmings y los topillos que se reproducen masiva y alegremente cuando abundan los recursos y mueren igual de masiva y alegremente cuando estos escasean.

Esta capacidad humana de adaptación prácticamente “a lo que sea” es efectivamente de naturaleza estrictamente animal y se puede definir, a contrario, como una prueba del carácter fortuito y siempre azaroso de la inteligencia humana. Digamos que de las catástrofes, lo único que sabemos todos, lo mismo los ecolopesimistas que Homer Simpson y la docta asamblea del bar de Moe, lo mismo que sus esforzados discípulos carpetovetónicos, es sólo un  nombre y un concepto. Un concepto con unos contornos bien definidos pero en absoluta desconexión con los fenómenos que trata de denotar. Porque, en la realidad, las catástrofes advienen entre dos extremos absolutos: la explosión  y la adaptación. Cuando hablo de explosión, sugiero efectivamente una bomba corriente y moliente, que atiente y ensangriente. La bomba es la repentina expansión de una energía máxima en un lapso y un espacio lo más concentrados posibles. Por esto su explosión es la ilustración de la catástrofe en su absoluta pureza físicoquímica y también la forma extrema de su dimensión simbólica y espectacular. Por algo ha sido siempre el arma emblemática de los fanáticos y apocalípticos de cualquier laya.

En el otro extremo, hay acontecimientos catastróficos, es decir básicamente indeseables e indeseados, que pueden hipotecar o modificar el porvenir de sociedades enteras, pero resultarán a la postre metabolizados por nuestra capacidad animal de adaptación hasta convertirse en alguna forma de normalidad.  Recapacitemos sobre la vida en Europa durante los años de la Gran Peste Negra, entre 1348 y 1361, que se llevó al menos una tercera parte de la población europea. La gente bailaba y cantaba más que nunca. O bien piénsese en las pasadas dos grandes guerras mundiales. Ejemplo éste particularmente interesante puesto que abarca toda la amplitud del espectro de la catástrofe tal como tratábamos de sugerirlo: desde la explosión, literal en estos casos, hasta una difícilmente imaginable capacidad de adaptación humana. En el fondo, polémicas aparte, el temible concepto de catástrofe ecológica sirve sobre todo para concentrar la luz y la reflexión sobre temáticas muy complejas, perspectivas objetivamente alarmantes y decisiones muy complicadas. La culpa no es del concepto si luego siempre proliferan los iluminados.

Personalmente, formo parte de quienes se toman absolutamente en serio los informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), o Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Se usa la sigla inglesa IPCC, cuando GIEC –la sigla habitual en francés– también debería serlo en España. Este folletín nada tiene que ver con un informe científico, su intención apuntaba incluso a cierta ligereza estival (lamento de veras el fracaso) pero necesitamos ponernos serios durante un instante: El IPCC/GIEC reúne a 195 países organizados en 3 grupos de trabajo en los cuales trabajan miles de climatólogos, agrónomos, biólogos y expertos varios. La escritura de cada parte de un informe consta de 4 borradores sucesivos, redactados con riguroso acatamiento a los protocolos científicos establecidos en materia de investigación, experimentación y falsabilidad de las pruebas. Los borradores son releídos, revisados y comentados en 4 ocasiones. A partir del segundo borrador cualquier persona que acredite capacidad y competencia en una de las temáticas consideradas puede acceder al estatuto de relector. Y por supuesto, a nadie se le ocurre descartar las posibilidades de errores. Enfrente, “qual piuma al vento”, el “pensamiento” de Homer Simpson y demás cofrades de la secta de irónicos, sardónicos y sarcásticos, resulta un tanto ligero. Más que ligero, penosillo.

Por el lado de la sucursal española se considera, además, que los problemas ecológicos son la última patraña ideada por la perfidia izquierdista  para colar de matute su congénita propensión totalitaria y conculcar una vez más las sagradas certezas. Algo de razón tienen y la recuperación por la militancia radical de la temática ecológica es lo peor que le podía pasar a ésta y puede llevar a su peligrosa desnaturalización. Se trata aquí de la última muestra de un problema canónico en la historia de la izquierda, el de la inversión entre medios y fines. Militar deja de ser un medio al servicio de un fin para convertirse en una finalidad “endotélica”, una meta interior que sirve para apuntalar la propia vida y conseguir “sentirse alguien”. Afán de protagonismo pero -¡ay!- más aún de antagonismo. De allí la escalada del esperpento en sectores de la militancia ecologista o feminista, inseparable de la indigencia discursiva. En cualquier caso, el árbol de la escoria no debe usarse como coartada para tratar de tapar el espeso bosque de los problemas cardinales. Frente al tsunami de los datos, de la experiencia, de la reflexión, tras mudarse del bar de Moe a Casa Pepe, el avatar mesetario de Homer Simpson exhibe patéticos neologismos del tipo de “ecobuenismo”  o “feminazis”, aderezados con su guarnición de adjetivos denigrantes. Quien adjetiva demasiado -¡si lo sabré yo!- muestra su incapacidad para conceptuar. Desde que Platón usara la palabra en el “Fedón”, aquella enfermedad se conoce como “misología”, el odio al ejercicio de la razón.

En el primer capítulo algo conté de la influencia que sobre mí ejercieron André Gorz e Iván Illich.  No me dio tiempo a hablar de un tercer mosquetero de mi educación ecológica, Jean-Pierre Dupuy (n.1941), más joven que los anteriores, ingeniero de minas y filósofo, largo tiempo profesor en Stanford, discípulo de Iván Illich, René Girard, John Rawls, Gunther Anders. Un poco como en el caso del texto de A. Berque citado al principio, un libro suyo me marcó profundamente « Pour un catastrophisme éclairé. Quand l'impossible est certain» (2002). Tampoco parece que haya traducción española. El título era programático: «Por un catastrofismo ilustrado. Cuando lo imposible es cierto». Me fascinó la audacia, la sutileza y complejidad de la reflexión, anclada en la teoría de los juegos, en los procedimientos reflexivos de la contrafactualidad, en los terrenos de las profecías autorealizadoras y autodestructivas. La obra encaraba la catástrofe como “la irrupción de lo posible dentro de lo imposible”. Inspirada, en parte, por el 11 de Septiembre de 2001, se abre con una referencia a los comentarios del filósofo Henri Bergson (1859-1941), el 4 de agosto de 1914, día de la declaración de guerra de Alemania a Francia: «¿Quién habría pensado que una eventualidad tan aterradora pudiese efectuar su entrada en el mundo de la realidad con semejante facilidad? […] En días anteriores, la guerra aparecía como probable y al mismo tiempo imposible,  una idea compleja y contradictoria que persistió hasta la fecha fatal». 

 La catástrofe ecuménica es la que “reputada imposible, entra en la realidad con facilidad aterradora”. Para Dupuy la única posibilidad de evitar la catástrofe consiste en actuar como si estuviéramos absolutamente seguros de su inexorabilidad, tratando de cumplir así la paradoja de la profecía autodestructiva, que poníamos a prueba en el último episodio y así enunciada por Hans Jonas en «El principio de responsabilidad» [N2]: «La finalidad de la profecía de la desgracia consiste en evitar su propia realización. De modo que mofarse a posteriori de los alarmistas porque lo peor no ha ocurrido sería el colmo de la injusticia».

Tema de la semana para reflexionar en la playa: «Conforme la realidad va emergiendo, imprevisible y nueva, su imagen se refleja en el pasado indefinido. Desde siempre esta realidad venía siendo posible. Pero sólo en el momento preciso en que advino, esa realidad empezó a haber sido posible desde siempre». (Henri Bergson. “Las dos fuentes de la moral y de la religión”. 1932)


N1. Descola, Philippe. “Más allá de naturaleza y cultura”. Amorrortu 2012 (Edición original, “Par-delà nature et culture”, 2005)
N2. Editorial Herder 1995. (Edición original, “Das Prinzip Verantwortung”1979