Follow by Email

viernes, 18 de octubre de 2019

El atasco

La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza;
 y todo principio, un simple expediente


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El atasco político de España es hoy el solapamiento de dos consensos. El consenso setentayochista, que no acaba de irse, en el que están Vox (de ahí su anacronismo) y los de las banderas en los balcones. Y el consenso separatista, que no acaba de llegar (pero que llegará, y para ganar, según el fatalismo histórico descrito por Ortega), en el que está la España oficial, esa España “ensoñada” del Consenso cuyos jefes se reúnen en La Moncloa, único rincón francés en este páramo madrileño, como decía Max Estrella. Francés, después de todo, es su estilo de vida, el de la Francia del Directorio que glosó Barras:
    
La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza; y todo principio, un simple expediente.
    
Un ejemplo es el ministro del Interior: con la Guardia Civil (¡lo que queda del Estado!) copada en Barcelona, el tal Marlaska se va de piscolabis al “Válgame Dios” en Chueca, “el sitio más alegre y donde más se abraza de Madrid”, el consabido abrazo francés de todos a todos que clausuró en el Campo de Marte la Gran Fiesta del Ser Supremo diseñada por el pintor David en honor de Robespierre. Por diseños y abrazos no va a quedar, con tal de no caer en el abrazo español, que es el abrazo de una hora, en Pinto, de Serrano a Pavía, derrotado en Alcolea, “llorando juntos los males de la patria”, ya que, herido en la cara, Pavía no podía hablar.
    
Este consenso separatista está expuesto en un editorial del periódico de las elites de junio de 2016. Rivera, el gallo de la veleta centrista, asintió: “Somos partidarios de un modelo federal en un espacio europeo liberal-demócrata (?)”.

    Para los energúmenos de la República era lo mismo ensamblar las piezas de un puzzle para formar un cuadro que coger un cuadro y hacerlo añicos para crear un puzzle. Roto el cuadro por el consenso setentayochista, el consenso separatista está ya en la recogida de añicos. La inacción de Sánchez sólo es el dilema del prisionero aplicado al cálculo electoral: el miedo da votos al poder.

Un solomillo Rossini

Jacob Rees-Moog
 
 
Hughes
Abc

Preguntado acerca de la posibilidad, antaño apuntada, de tener que comerse sus palabras, el conservador Jacob Rees-Moog dijo ayer que «este acuerdo me lo comería muy gustoso, es el Turnedó Rossini de los acuerdos». Lo cortés (ser brexiteer) no quita lo valiente (tener papilas gustativas), y el muy inglés Rees-Moog acudía a la gastronomía francesa para referirse a una exquisitez culinaria.

Estaba hablando un correligionario de Boris Johnson. ¿Es su nuevo acuerdo tan distinto al de Theresa May, rechazado entre protestas de indignación como si fuera un humeante y muy cuestionable «meat pie» local? Sí y no. Es sustancialmente lo mismo, pero con algunas mejoras. La primera, la eliminación del «backstop». No habría frontera entre la República e Irlanda del Norte. A cambio, pasa al puerto, una frontera marítima, e Irlanda del Norte continuaría en la órbita reguladora de la Unión Europea. La puerta de salida, eso sí, es más fácil. Si Irlanda quisiera abandonar podría hacerlo por su mera decisión, sin esperar a futuros acuerdos planteados por la UE. Tendría la iniciativa.

Otras novedades aplaudidas por los conservadores son la inmediata disponibilidad para suscribir nuevos tratados de comercio y algo relativo a las relaciones futuras entre el Reino Unido y la UE: un futuro acuerdo comercial exigiría «nivelar el campo de juego», es decir, igualdad de condiciones en materia laboral, fiscal o medioambiental. Pero esta armonización regulatoria pasa de estar prevista en el Acuerdo de Retirada (vinculante) a una Declaración Política (no vinculante).

Si lo conseguido por May fue rechazado varias veces (por Johnson el primero), ¿qué posibilidades tiene este acuerdo, no muy diferente, de pasar la votación del sábado en el Parlamento? Con 320 votos en los Comunes se aprueba. Los tories son 288, y considerando estricta observancia necesitarían 32 votos adicionales. Pero el DUP (los unionistas irlandeses) están en contra por esa nueva frontera comercial con el resto del Reino Unido, y los partidarios del no-deal encuentran inaceptable que aparezca de nuevo una futura armonización regulatoria que desvirtuaría el Brexit (Farage) y posibles ventajas competitivas.

Incluso hay quien piensa que Johnson cuenta con el «no» del Parlamento para abrirse a otro horizonte. Otros van más allá y sospechan que si los brexiteers votan «sí», lo harán para que expire la Ley Benn (que obliga a pedir a Europa una extensión) y luego poder votar en contra de la legislación de retirada, abocando todo finalmente al Brexit duro, sin acuerdo.

Viernes, 18 de Octubre


Más toros y menos conciertos

jueves, 17 de octubre de 2019

La pescadilla que se muerde la cola


Puro teatro

 La corcha en el burro

 Corderos. Categoría de macacos


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        ¿Por qué me parece a mí que este vandalismo en Cataluña no sorprende ni al menos informado de los españoles, que podría ser Estanislao, un tatarabuelo analfabeto de la Siberia extremeña al que sólo le preocupa la calidad anual de la corcha del algarrobo?

       No queda original el “esto se veía venir” de los charlapuñaos que se las dan de informadores y de los informados por semejante calaña incapaces de quitarse de droga tan perniciosa y a los que uno ve como figurantes imprescindibles de posiblemente la mayor farsa que se haya representado nunca en la Historia de España. Aquellos exquisitos preparativos en los libros de texto, aquellas familias avarientas que lo mismo gobernaban con un pringao que con su contrario, aquella ingenuidad egoísta de los penúltimos gobiernos engendraron un monstruo al que se ha alimentado con indisimulada perversidad. Y digo indisimulada porque los responsables de la criatura no han querido durante estos cuarenta años mirarla a la cara porque creían controlarla atiborrando sus pesebres.
     
Con varias quintas aleccionadas en el odio y la estupidez se consideró que todo estaba dispuesto para que varios actores principales muy bien pagados comenzaran la “ensoñación de independencia”, con unas alucinantes votaciones en las que valía votar diez veces para mayor gloria democrática y donde el destacado coro de quintos con sus abuelos interpretaron unos lloros e indignaciones que me llevaron a la película de “El Golpe” donde Robert Redford y Paul Newman en el garito de apuestas engañaban al que se creía capo de capos. La obligada detención y encarcelación de los no se sabe si sediciosos o rebeldes pretendía mantener el interés de una audiencia deudora, por lo general, y harta de tanta ridiculez, la de por ejemplo Talarrubias. Este tiempo como muerto era ideal para ir atizando desde las teles sobre todo un fuego que hornearía el asado que piensa devorar tanto soñador como al parecer vive en Cataluña.

     La sentencia, que no el desenlace ni el acto final, ha desparramado por las calles todo lo que los actores principales tenían programado para la ocasión. Las maneras de las estrellas son tan desafiantes como melindrosas, y sus intenciones, las del niño egoísta y malcriado que cada día nos muestran con sus gansadas. ¿Cómo y en qué condiciones vive Xavi, al que tanto admiro como futbolista, para luego salir con las cosas que dice? ¿Y Guardiola, al que pusieron de embajadora a la hermana no se sabe a cuánto el mes? Tíos, y tías, que no se me olvide, como estos son los participantes necesarios para ennoblecer un timo que se redondeará con el cumplimiento de la sentencia, pues no se nos ha de escapar que los condenados son los jefes de los funcionarios en la cárcel que están presos en un régimen, por lo que uno ha leído, de hotelera relajación. Al parecer el presidente Torra va a ese talego a pedir asesoramiento en sus decisiones. Como tenedor de las competencias penitenciarias, una de las próximas tendrá que ver con el tercer grado que permite todo el día libre, menos dormir en casa.
    
No dentro de mucho algún indiscreto preguntará por qué fulanito duerme en su casa y no en la cárcel. Para eso el libreto de la tragicomedia tiene respuesta legal: “...está de permiso. En tercer grado se pueden disfrutar hasta  48 días al año de permiso conforme al art. 47 de la LOGP”. ¿Y el que está condenado a seis meses por llamar tonta a su pareja, por qué no accede al tercer grado? "...¿ es que no sabes la alarma social que crean estos delitos machistas?"
    
Y se meten con uno, por decir que no vota.

San Ignacio de Antioquía



Nace entre años 30 al 35 AD, muere 107 AD
Fiesta: 17 de octubre

San Ignacio de Antioquía fue
discípulo directo de San Pablo y San Juan;
segundo sucesor de Pedro en el gobierno de la Iglesia de Antioquía; el primero en llamar a la Iglesia "Católica".

Sus escritos demuestran que la doctrina de la Iglesia Católica viene de Jesucristo por medio de los Apóstoles.

Condenado a morir devorado por los leones, fue trasladado a Roma y allí recibió la corona de su glorioso martirio el año 107, en tiempos del emperador Trajano. En su viaje a Roma, escribió siete cartas. Ya en el siglo IV, se celebraba en Antioquía su memoria el mismo día de hoy. (Del Oficio de Lectura, 17 Octubre)

Fuego ardiente de amor

La palabra "Ignacio" viene de "ignis" (fuego). San Ignacio decía que Cristo está en el pecho de los cristianos. De sobrenombre "Theophorus" (portador de Dios)

Ensoñaciones





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    No recuerdo una sentencia contraria a los intereses del Consenso, y de ahí que choque que las “cheerleaders” del Consenso se sorprendan ante la Sentencia del “Prusés”, cuyo golpe de Estado no figura en la lista de los estudiados por Gabriel Naudé, un señor muy serio, pues lo del Parlamento catalán fue una… “ensoñación”, como la de Dostoyevski en la pinacoteca de Dresde ante el cuadro de Lorrain o como la de Sánchez ante el cadáver de Franco
  
Sánchez es shakesperiano porque vive donde la confusión ha hecho su obra maestra: combate la corrupción “preveyéndola”, cree que Machado era de Soria y que Huesca linda con Aragón, y entre los ficus de La Moncloa se ve de Martin Sheen en la selva, bajo las aspas del helicóptero que es el ventilador, y cuando Morrison canta “This is the end…beautiful friend”, Sánchez ve el helicóptero de Fellini en “La dolce vita” llevando, en vez del Corazón de Jesús, a Franco, con Marlaska y Guirao (o Guirado), sentados uno en cada estribo, y a cola, el helicóptero de los paparazzi, con el chico de los Escolar como Mastroianni.
  
Como espectador, me reconforta saber que un jefe centrista, Rivera, que es nadador, y una jefa socialista, Calvo, que es jurisperita, piensan lo mismo de las sentencias (Franco, Prusés) del Supremo:

    –¡Es una victoria de la Democracia!
  
Otra victoria de éstas, y nos quitan, al fin, de ratificar listas de partido confeccionadas por un jefe y nos permiten votar a nuestro representante de distrito. Y con dos victorias, incluso podríamos aspirar a elegir, en votación directa y separada, al poder ejecutivo.

    Calvo consiguió con Bergoglio (Consenso de los Nominales) la separación Iglesia-Estado (de todos los muertos, para la Iglesia el alma y para el Estado el cuerpo). ¿Por qué no va a conseguir la separación (¡en origen!) de poderes (no de funciones) que sueña el españolejo en pinkis? En pinkis… o en puñetas. (La razón jurídica para la profanación de Cuelgamuros es que Franco “no separaba los poderes”).

Jueves, 17 de Octubre

Valle de Esteban

Por la tarde ves temblar
los cipreses con los pájaros,
mientras bordas lentamente

miércoles, 16 de octubre de 2019

La alfombra del Consenso



Hughes
Abc

En su artículo de ayer, Ignacio Ruiz-Quintano recordaba las palabras con las que Emilio Romero describía la Constitución del 78 (la-que-entre-todos-nos-dimos): un batido punk. Recetas marxistas, monárquicas, republicanas aptas para izquierdistas, fascistas, socialdemócratas, leninistas, democristianos… Todo cabría allí.

Por eso una “república catalana” es admisible en el orden constitucional para el Supremo (cómicamente, nos dice ahora el marianismo que había lagunas en el código penal -después, por cierto, de judicializar la respuesta, lo que plantea la pregunta siguiente: ¿lo dejaron a la justicia sabiendo que la justicia no tenía “herramientas”? ¿Lo hicieron a conciencia? ¿Lo sabían entonces o lo saben ahora?).

Pero más allá de lo que la Constitución admite o lo que a la Constitución “le cabe”, esto ilustra sobre un rasgo del modo de funcionamiento español desde entonces, el consenso. Ese gran batido punk de elementos cabe en una Constitución a condición de que no se cumpla. Por lo mismo, la manera idónea para formularlos es el consenso, la forma de que ideas contradictorias puedan ser proclamadas sin revelarse ese conflicto, o poponiéndose.
 
El consenso admite ideas contrarias en una falsa convivencia. La dialéctica las sintetiza, las transforma: el uno y su contrario en otra cosa. El consenso no, el consenso no hace ese trabajo “historico”. Así, se afirma la unidad de España y las nacionalidades proyectadas. Lo uno y su contrario, y pasan los años y ahí sigue la cuestión, agrandada.
 
El consenso además no jerarquiza nada. No hay valores más altos y otros menos. Es un acuerdo que consiste en estar de acuerdo y en soluciones provisionales. Por eso lo propio del consenso es el asenso (asentir) y no el disenso (palabra cuya frecuencia fue cayendo a lo largo de la Transición). No hay ni transformación superadora ni hay jerarquía, el consenso no jerarquiza.

El consenso se interpreta también como forma de concordia, aunque con fecha de caducidad (exige realimentación) y demasiado vaga. ¿Es consenso lo mismo que compromiso, que la aceptación concreta de acuerdos que incorporan la palabra dada, una obligación que se contrae? El compromiso acepta que puede darse no entre “amigos”, sino entre enemigos, entre personas con intereses contrapuestos. El compromiso exige un contrato, luz y taquígrafos, exigencias verificables… formaliza el resultado de un conflicto. El consenso lo ocultaría, como cuando se meten las cosas debajo de una alfombra. Alfombra de la mejor calidad, por supuesto.

El reparto


 Ortega y Gasset


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La unanimidad no es justicia, sino consenso: reparto.

    Visto por su gran propagandista en la España de los 60, el consenso político es “la placenta de las normas morales y los ordenamientos jurídicos”, y sólo es posible “cuando una ideología abdica de sí misma para adaptarse a la adversaria”:
    
O cuando el acuerdo no existe realmente y el texto aprobado se reduce a una rendición diferida o a un aplazamiento del conflicto.
    
Ya Santayana observó que la democracia instrumental, cuando se enamora de sí misma, exige y produce unanimidad, que los españoles llaman consenso.

    En este reino de igualdades y unanimidades, el consenso no es la voluntad general de Rousseau, ni el alma de las multitudes de Romains, ni la conciencia colectiva de Durkheim, ni el sano sentir del pueblo de Franz Gürtner... Es… ¡el consenso de la minoría sabia! (“los que saben”, dirían Los del Río). No mandan, pues, las leyes: manda el consenso, que aniquila la libertad de pensamiento y discusión. Es “el que se mueve no sale en la foto” de Guerra. De ahí que al juez del voto particular discrepante de Pamplona en la sentencia de “la manada” le cayera la del pulpo: con su actitud no ponía en riesgo la justicia, sino el consenso, piedra angular del Sistema, de modo que, según se ha dicho, incluso la resistencia mental al régimen político es considerada por la hegemonía cultural como delito de opinión. Mas para que puedan vivir tranquilamente estas estructuras convencionales (esto ya lo ve Ortega en el 14) es forzoso que el entorno se vuelva convención: si se introduce un germen de vida, la convención explota.

    Cánovas no habla de Restauración, sino de conciliación (“ni vencedores ni vencidos”), y Ortega le salta a la yugular:
    
Esta premeditada renuncia a la lucha, ¿se ha realizado alguna vez en otra forma que no sea la complicidad y el amigable reparto? “Orden”, “orden público”, “paz”...
    
Y para que no se altere el orden público se renuncia a atacar ninguno de los problemas vitales de España.

Ortega en el Teatro de la Comedia
Vieja y nueva política
23 de Marzo de 1914

Miércoles, 16 de Octubre

Valle de Esteban

El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

martes, 15 de octubre de 2019

"Punk"

 Johnny Rotten


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El español supo de su Constitución por una primicia de la revista “Cuadernos para el diálogo”. Uno no alcanzaba los 21 años requeridos para votarla, pero leía todo lo que hablara de ella. Un viejo escualo del periodismo escribió que la Constitución era como un artículo de Carrillo en “Mundo Obrero”, una conferencia de González en el “Club Siglo XXI”, un mitin de Fraga en Lugo y una intervención de Suárez en Televisión Española:
    
Todo esto batido es como “la Constitución punk”.
    
¿Punk? Aquellos, precisamente, eran los días de gloria de los Pistols. ¿Qué tenía que ver la movida de Sid Vicious con el consenso de Suárez, González, Fraga y Carrillo?

    La del 78, en efecto, no es una Constitución política (reglas del juego del poder político a secas, como la americana), sino ideológica (como la de la Segunda República, reglas de juego y jugadas revueltas), y su sentido de lo “punk” se pone de manifiesto en la sentencia del Supremo según la cual la proclamación de una República por un Parlamento dentro de una Monarquía es un acto contra el Orden Público (un invento sociológico de Napoleón, por cierto), mas no contra el Orden Constitucional, el del Consenso del Restaurante (el “esto te lo pongo yo” y “tú puedes poner eso otro” de Guerra y Abril en Casa Manolo), plasmado en una Constitución que, como supo ver el viejo escualo, puede ser interpretada “por cristianos, herejes, mormones, mamelucos, maurrasianos, marxistas, marcusianos y fascistas y cada uno de ellos podrá gobernar ‘constitucionalmente’”.
    
Triunfa, pues, la doctrina de la accidentalidad de las formas de gobierno: para el buen marxista, todos los regímenes burgueses son iguales, sean monárquicos o republicanos. Y para el buen centrista, gato blanco o gato negro no importa; lo importante es que cace ratones.

    –Ever get the feeling you’ve been cheated?–fueron las últimas palabras con los Pistols de Johnny Rotten, antes de ponerse la camiseta de “Yo sobreviví al tour de los Sex Pistols”.

    Pero la banda, no.

Martes, 15 de Octubre

Valle de Esteban

La rosa azul que alumbra y da el ser al cardo

lunes, 14 de octubre de 2019

En tercer grado

Carl Schmitt, a cuadros

Hughes
Abc
 
Durante meses, años, nos dijeron que tranquilos, que los tiempos se estaban midiendo, que había una estrategia de recursos, un delito de rebelión y un 155. La respuesta al Procés se demoró y judicializó y ahora llega la sentencia y resulta que el problema es… el código penal.

El Supremo, cuyas sentencias la semana pasada no se podían ni cuestionar según los centinelas spenglerianos del centro (o centrinelas), no considera que hubiera rebelión. No por falta de violencia, como se pensaba, sino por falta de instrumentalidad. No aspiraban a lograr de manera directa una independencia imposible, sino a negociar. Se trataba de un farol visible en la «contradicción» de proclamar «su propio espacio de soberanía y (…) reclamar la negociación con un ente soberano del que afirma haberse desgajado».

Pero esa negociación estaba prevista en el Libro Blanco, hoja de ruta del procés. La posibilidad, tras proclamarse la DUI, de romper o negociar. La contradicción fue siempre parte del Procés y la independencia tampoco quería decir necesariamente independencia. La DUI la podían querer para plantear un problema necesitado de solución. Es decir, el Supremo plantea una disyuntiva entre DUI y negociación que el propio Procés admitía.

La fiscalía describió una relación de instrumentalidad: para proclamar la independencia era necesario un referéndum previo, por irregular que fuese. Por eso había que votar. Impedirlo fue el gran arranque del rajoyismo que los marianistas no reivindican. Sin eso no había DUI, y dificultarlo reveló la acción de los mossos al servicio de la nueva legalidad. Por eso el 1-O tuvo tanta importancia. Era el hecho fáctico, físico, punto de realidad que impulsaba la fase seria, definitiva del proceso. También en el ámbito internacional. Ahí empieza a dañarse seriamente la imagen de España (¿Se estima este daño en la sentencia?).

Pero el Supremo considera que no buscaban decidir sino presionar, engañando a sus ciudadanos. Curioso parecer. Cada vez resulta más difícil creer que los ciudadanos nacionalistas actuaran engañados. Se supone que fueron enviados a recibir palos el 1-O. El «pueblo» se vengó días después, cuando exigió que los políticos proclamaran (con cara de susto) la República. Las masas mandando a los líderes. Las consecuencias: huida o prisión. Declarada la DUI, el pueblo no salió más. Los lazos amarillos podían interpretarse como mala conciencia: Junqueras y los demás hicieron su parte, el pueblo se quedó en casa. Después de la DUI habría siempre una negociación, y eran conscientes de ello. Por supuesto que lo sabían. Sus líderes fueron obligados a llegar a un cierto punto: la independencia declarada. La independencia no la querían para vivir de forma independiente, por supuesto que no. No todavía. No se trata de romper España, sino de seguir rompiéndola. La DUI era un objetivo en sí mismo, consciente y deseado, dentro de un proceso mayor que el Procés. Si el Supremo considera que en lo que pasó (la proclamación unilateral de una República, entre otras cosas) no hubo delito contra el orden constitucional, ¿hemos de entender que es un orden que admite todo eso?

Si esto fuera así, para tercer grado, el de España (sobre todo en Cataluña), y no el inmediato de Lledoners.

De aquellos Egos...



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Los Galácticos eran Egos dibujados por un argentino. De ellos salieron cuatro torres al final de la Castellana que marcan el techo de la capital de España. Gallardón y Flóper (y yo, ya puestos) las hubieran querido aún más altas, pero desde sus azoteas se ve la sierra de Madrid, y tampoco hace falta más.
   
 Esos Egos fueron Figo, Zidane, Beckham y Ronaldo, el jugador, por cierto, que mayor impresión ha dejado en Mourinho. Ni Cristiano ni Messi ni leches… ¡Ronaldo Luis Nazario de Lima! El Fenómeno.
    
¿Y Casillas?, preguntará algún pipero.

    Casillas no era galáctico; Casillas era de Móstoles. Tenía el récord de asistencias al Combinado Autonómico, y era un récord al alcance de Ramos, que se lo ha levantado.

    A los Galácticos les ha salido un Suetonio que es Roberto Carlos y que cuenta su estilo de vida en el vestuario blanco: básicamente, que hacían lo que les salía de los dídimos, lejos de la vida cenobita que el tonto contemporáneo espera de sus ídolos del balón.
    
Al balón aquellos Egos le daban los días de partido, y el resto del tiempo lo pasaban en un avión. Beckham vivía en Inglaterra y se entrenaba en Madrid, cuyo cielo podía competir con el de Atlanta en tráfico aéreo, y todo por el ir y venir de los Galácticos. Esa locura es hoy inviable: primero, porque no hay Galácticos (Hazard no sería digno ni de atarle a Ronaldo el borceguí), y luego porque serían denunciados por Greta Thunberg bajo la acusación de atentado al cambio climático.
    
¡Me estáis robando la infancia! –gritaría Greta en la terminal madrileña de los vuelos privados, y los Galácticos no podrían hacer nada.
    
A Greta le han robado la infancia Trump y esos tipos noruegos que le han quitado el Nobel de la Paz para dárselo al etíope Abiy Ahmed. Y la gente, hasta cierto punto, lo entiende. Pero… ¿con qué cara podría robársela Ronaldo? ¿Y Figo, que es portugués y creció con la imagen de Sor Lucía?
    
Los Galácticos son el pasado, y el presente es Lucas Vázquez. Oyendo a Roberto Carlos parece que en el vestuario de los Galácticos todos los días fuera el cumpleaños de Benjamín, aquel bético cuyas fiestas eran asaltadas de madrugada por la brigada moral de Lopera, en quien Joaquín creía ver a Jesucristo. También en Flóper veía Butragueño al Ser Superior, pero Flóper nunca, que se sepa, invadió un guateque galáctico. ¿Para qué? Jugaba más Figo en un banderín de córner que Hazard y Lucas Vázquez en las dos bandas.También a Cruyff le traía sin cuidado lo que Romario hiciera en la noche de Sitges... mientras metiera goles.

    Lo gracioso es que los Galácticos exigían un Gestor de Egos, pero Hazard y Lucas Vázquez, también.
    
Camacho, amigo de acostarse como en Burgos y de levantarse como en Cieza, les duró a los Galácticos una semana. Luxemburgo, el de los cuadrados mágicos en el campo, no les hacía madrugar, pero les quitaba el chato de vino y el tercio de cerveza, así que… ¡puerta!

    –Con Luxemburgo no bascula Cicinho –decía López Garrido, que era un político muy de ver bascular a Míchel Salgado entre medianoches de apio, medialunitas de ajonjolí y bocaditos de jamón en el palco.
    
Desde luego, el gran Gestor de Egos de los Galácticos fue Del Bosque, antes de su exaltación al marquesado. Por Roberto Carlos nos hemos enterado de que su gestión de Egos venía a ser una gestión de horarios, acomodando los horarios de los entrenamientos a los horarios de los “after hours”, como hiciera Menotti en el Barcelona en la época de Maradona y Cyterszpiler, para desesperación de Schuster, que debía entrenarse a la hora que él acostumbraba a acostarse.
    
A las siete de la tarde, se entrenaban los Galácticos con Del Bosque. A esa hora, tenía dicho don Eugenio d’Ors, en Madrid, o das una conferencia o te la dan. Por supuesto, son horas para artistas, no para un medio centro. Los centrocampistas de brega tienen un reloj biológico distinto al de los gambeteadores de profesión.

    En aquel tiempo había un catalán afincado en Madrid, don Ignasi Buqueras y Bach, que presidía una Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. La cosa, para aquella gente, era que en España viviéramos como en el cementerio de Viena, aunque los vieneses dicen que su cementerio es la mitad de grande que Zurich, pero el doble de divertido. ¡No va nada del huso horario de Camacho a las 7 de la mañana al huso horario de Del Bosque a la 7 de la tarde! El señor Buqueras diría entonces que lo del Madrid de Del Bosque, más que entrenar, era trasnochar. Y el caso es que de aquella cultura de los Superegos de Del Bosque viene el actual relajo de los Miniegos de Zidane. Bien mirado, es lo mismo que ha pasado en Hollywood.


El Gestor de Egos

LA ANSIEDAD DE COURTOIS

    Los gánsteres del cerco a Courtois lo acusaban de “ansiedad”, y no de la de Nat King Cole, precisamente, lo que ha llevado al portero a denunciar la falta de respeto que para los verdaderos ansiosos supone la campaña mediática desatada contra él. Para compensar, ha dejado caer una gran mentira: que el público del Bernabéu es “muy crítico”, como queriendo decir que es “muy entendido”. Qué mal lo debe de estar pasando, el hombre. Tampoco el capitán ha salido a defenderle de los piperos como Messi defendió a Dembelé, expulsado por Mateu por decirle cosas: “¡Si no sabe hablar!”, protestó el argntino. Como cuando Desnica, extremo sordomudo del Rijeka, fue expulsado en el Bernabéu… por insultar.

Peter Handke, un enemigo entrañable

  


Hermann Tertsch
Abc

El anterior gran hombre de las letras alemanas en recibir un Premio Nobel de Literatura, Günther Grass, me invitó en 1999 a Estocolmo a la ceremonia de la entrega. La recuerdo con mucho cariño a pesar de que años después y a raíz de su célebre libro de la piel de cebolla y la revelación de toda su hipocresía infinita nos distanciamos. Peter Handke, el ahora premiado, no me va a invitar a Estocolmo. Hace años, el diario «Frankfurrter Allgemeine» resumió como «Knapp an den Handgreiflichkeiten vorbei» («A punto de la violencia física») el encuentro que en la Fundación Carlos de Amberes de Madrid tuvimos Peter Handke y yo. Handke había escrito un librito indecente y yo se lo eché en cara. Él pretendía que lo que una mayoría veía y yo mismo denunciaba en su libro, una defensa cerrada del régimen nacionalcomunista de Serbia bajo Slobodan Milosevic, era una manipulación torticera. Pero al mismo tiempo que descalificaba nuestra interpretación, la confirmarba con una defensa cerrada del régimen de Milosevic. Y una banalización de sus atrocidades, como la matanza de Srebrenica, que resultaba insufrible. Como periodista que había pasado mucho tiempo en los pueblos arrasados y las carreteras sembradas de muertos en los Balcanes tenía yo aún muy recientes los traumas bélicos y las imágenes de todas aquellas víctimas de unas operaciones genocidas ordenadas y orquestadas por Slobodan Milosevic, no estuve yo precisamente templado. Él tampoco. Yo he dicho barbaridades de Handke y él me ha insultado a mí como poca gente lo ha hecho. Lo que es mucho decir.

Lo dicho, no estaré en Estocolmo con Handke. Aunque me parezca un escritor mucho más auténtico que Günther Grass, quien también fue su apreciado enemigo. Y me resulte entrañable en muchas facetas del personaje frágil, obsesivo, huraño, tierno y amoroso que ha generado su obra en un exilio prudentemente distante de las tierras de lengua alemana, especialmente de su Austria natal, con la que mantiene esa desafección casi obligada en las grandes plumas austriacas por su patria. En esto hay ese parentesco de almas, «Seelenverwandschaft», con el gran coloso austriaco Thomas Bernhard. Como lo hay en la severidad, en la brutalidad del corte de la frase y la palabra. Tiene un mérito añadido ese permanente crecimiento de Handke bajo la larga sombra de Bernhard.

Hoy, tan lejos de aquellos enfrentamientos, casi creo que hizo bien Peter Handke en ir al entierro de Milosevic. Hoy pienso que para él concluyó aquella apuesta provocadora. Y en estos lustros todo lo que de Handke me ha caído en las manos me ha reconciliado con él. He vuelto a ver a Handke sin aquel maldito libro, como cuando comencé a leerlo en el colegio después de que en 1970 irrumpiera en la literatura alemana como un ciclón. Frágil, amoroso con la palabra y la cadencia, siempre con una perspectiva de zozobra y asombro tan distinta de la Generación del 47. Entre sus cerca de cien libros hay de todo, en el sentido estricto. Pero hoy es uno de los Nobel más lógicos y poco discutibles en décadas.

Lunes, 14 de Octubre

Valle de Esteban

Los corretines del sendero

domingo, 13 de octubre de 2019

Corrida de la Hispanidad. Toros de saldo, sangre y público (nuevo, bullicioso y juvenil) de Caballero y grande espada de Colombo

[Segunda edición]

Sangre de Caballero

Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

 Repetición exacta de la cogida de San Isidro


Por el comportamiento típico de nuestros toros y nuestro encaste,
 se necesita toreros con mucho oficio y experiencia.
Nicolás Fraile

José Ramón Márquez


A las cinco de la tarde, la hora que cantó el poeta, partieron el alguacil y la alguacila en procesión de despeje de Plaza en este hermoso Día del Pilar, este Día de la Hispanidad, este Día de la Fiesta Nacional para el que no tuvieron otra ocurrencia que ir a comprar una corrida de Valdefresno, otra nueva taza de ricino lisarnasio que nos meten para el cuerpo quieras que no. Esto sólo puede tener dos explicaciones: o bien que la baratura y las facilidades de pago que ofrezca la razón social Ganadería Valdefresno S.L. sean tan beneficiosas que la empresa Plaza 1 no haya podido negarse al envite o bien que, imbuidos de un ardor patriótico encomiable y de un óptimo sentido de la oportunidad, los programadores hayan querido elegir para este señalado día una ganadería que ostenta en su divisa los hermosos colores de la enseña nacional. Vista la trayectoria de la Empresa uno tiende más a decantarse por la primera de las opciones, por la cosa mercachifle más que por la patriótica.

Como el aficionado, baqueteado en tantas tardes y en tanto maltrato, es un ser generalmente suspicaz, nos maliciábamos unos cuantos que esta última tarde de la temporada madrileña era la elegida para dar al conocimiento público al mítico Cordobán, número 37, que lleva más tiempo viviendo en los corrales que el propio Florito; Cordobán de Valdefresno,  el toro que ya estuvo en la Virgen de agosto, y antes en San Isidro con la de Ibán, y antes… pero se ve que, en un rapto de señorío, decidieron no reseñar a Cordobán dentro de un saldo ganadero en el que habría tenido un perfecto encaje dentro del surtido de todo a un euro que hoy han preparado como colofón a la temporada.

Para no andar perdiendo el tiempo digamos que la enésima lisarnasiada del año 19 ha sido blanda, mansa y con la tradicional ausencia de casta que se les presupone. Por delante salió una especie de trolebús, un bicho grande y destartalado como el Tiburón que interpretaba Richard Kiel en aquella película de 007 en la que le arreaba un mordisco al cable de un teleférico como si fuera un regaliz. El bicho, Cigarro, número 31, era como un carro de combate Leopardo 2E que se hubiese escapado del desfile de por la mañana, y tuvo su inmediato contrapunto con el segundo, Clavelero, número 51, que era la cabra de la Legión sin chapiri. Ahí está la ecuación lisarnasia descarnadamente, por si alguno la quiere aprender: la cabra venía por lo lisar y el trolebús venía de la parte nasio, ambos hermanados como siameses en el descaste y en la blandenguería aquélla que tanto molestaba al Fary. La única de las seis prendas que hoy se vieron en Madrid que tuvo algo que decir, al menos en el último tercio, fue el tercero, que también tiraba a lisar y que puso un buen puñado de embestidas por el lado derecho y una razonable incertidumbre por el izquierdo. Lo demás, bueyes. Carne de matadero.

Para el postrero festejo de la temporada, la Dombiana grey ajustó la presencia de Eugenio de Mora, Gonzalo Caballero y Jesús Enrique Colombo, que se vinieron a Las Ventas con sus vestidos azul pavo y oro, grana y oro con cabos blancos y purísima y oro, respectivamente.

Antes de seguir y para explicar ciertas cosas que vendrán después hay que hablar, si cabe brevemente, del público festivo y animado que hoy ocupaba la mayoría de las localidades, un buen batallón de jóvenes y muy jóvenes dispuestos a pasar una agradable tarde, a aplaudir a su ídolo, Gonzalo Caballero, y a divertirse sanamente con el espectáculo. Evidentemente la historia de Eugenio de Mora, el propio nombre de Eugenio de Mora nada decía a toda esa muchachada, y me temo que nada va a seguir diciéndoles si todo el trato que vayan a tener con el moracho va a ser el  breve conocimiento de esta tarde, porque la verdad es que no ha sido ni por el forro la tarde de Eugenio, ni por disposición ni por resultados. Le tocó matar tres toros por cogida de Caballero y salvo tres verónicas y una media que dio en el sexto, el resto de su actuación puede pasar por completo al mundo del olvido. Su paso por Madrid queda resumido en lo pesado que se puso con su primero, el trolebús, en la sarta de muletazos -ninguno bueno- que le avió a su segundo, abusando de la ventaja, del descoloque y de la triquiñuela y de la reiteración de esas mismas trazas en su labor con su tercero. En ése hizo un guiño a la cátedra con el capote, como antes se dijo, y se atascó con la cosa de la espada. Vino sin apoderado y se fue como había venido.

Gonzalo Caballero reaparecía en Madrid después de la cogida de San Isidro en aquella dura corrida de El Pilar y recibió la tradicional ovación que Madrid suele tributar a los que han pagado el tributo de la sangre. Su primero y único toro de esta tarde fue la sardina lisarnasia, un personaje canijo, anovillado, zancudo, ayuno de fuerzas e impresentable al que prácticamente no se picó. Tras brindar a Padrós, otro clásico, se dispuso a presentar sus argumentos y comenzó toreramente con estatuarios y pases del desprecio, andando al toro desde las rayas hasta el tercio y rematando con un pase de pecho, con los que cosecha sinceros aplausos. Ahí tenemos al Caballero que apuntó en San Isidro, más serio y centrado, menos atropellado que en otras ocasiones. El toro no da nada: en los primeros momentos gazapea y no permite hacer el cite, acaso por la distancia que Caballero le propone, pero al torero se le ve asentado, con sentido escénico de cara al tendido. La condición descastada del lisarnasio pide más mando del que Caballero parece atesorar y, por momentos, da la impresión de estar acompañando la embestida más que dirigiéndola. De igual manera que hizo en San Isidro, mediada la faena decide que ha llegado el momento del desmelene y ahí tira de cercanías, de demagogia con que ganarse a la parte más impresionable del tendido, que era la mayoría, y practica el invertido circular y las bernardas antes de perfilarse frente al 7 en la suerte contraria y repetir exactamente la estocada de San Isidro, la que le valió la cogida. Hoy ha entonado su particular “decíamos ayer” y ha vuelto a quedarse en la cara tras meter el estoque y, de nuevo, ha ofrecido sus muslos al canijo de Clavelero, número 51, para que hiciese con él lo que quisiera: tres buenas cornadas, un fuerte tabaco. Le llevan la oreja a la enfermería.

En el ambiente posterior a la cornada le toca salir a Colombo y él, con gran inteligencia, se da cuenta de que puede vendimiar en la viña de Caballero. Todos los que habían venido por él se han quedado huérfanos y, posiblemente, nunca hayan oído hablar de Colombo, pero él está dispuesto a cambiar las tornas. Lo primero que hace es poner banderillas, unos pares veloces, atléticos y más bien a toro pasado que cosechan sus aplausos. La parte mejor es que es él mismo quien coloca al toro, sin necesidad de usar a un peón de “gorrilla”, y que clava los dos palos, lo cual no es extraño, porque los pone con gran vigor. Después, se cruza el ruedo y se va a la enfermería a brindar al herido y ahí se acaba de ganar al público. Luego plantea la faena haciendo galopar al toro, dándole distancia, al estilo de lo de Perera del otro día, quedándose más bien por las afueras, y después, con dos tandas de redondos en los medios que el toro se traga y aunque la colocación del torero no fuese la óptima, templa mucho. Se cambia la muleta de mano y ahí el toro da más quebraderos de cabeza, quedando el animal por encima. Vuelta a la diestra para torear de manera algo eléctrica, con lo que la faena no acaba de cobrar vuelo y vuelta a no cruzarse y a abusar de la ventaja de retrasar la pierna. Tras unas manoletinas le deja al toro una estocada hasta la gamuza. Oreja, sin haber exprimido al toro. En su segundo, tras dos pares de igual jaez que los de antes, cae en la cara del toro al ir a quebrar en los medios y cobra una buena paliza a base de pisotones y trompazos. Tras unos momentos de recuperación, le quitan la chaquetilla, le riegan el cogote con agua, le dan un vasito de agua y, cojeando, vuelve a salir, quedando eximido de clavar el tercer par. En el rato que las asistencias han estado reanimando a Colombo al toro, Gañanito II, número 61, le ha dado tiempo a cavilar lo suyo y el reencuentro de toro y torero ya queda marcado por la falta de disposición del toro, por lo avisado y desconfiado que está y por las inequívocas ganas del venezolano de decir ¡aquí estoy yo!. Toreo como tal no hay, entre lo arisco y orientado del de negro y lo disminuidas que están las facultades del de oro. Aún así ensaya unas bernardas que encuentran eco en el público y se perfila para pinchar una estocada sin muleta. Después cobra una entera muy efectiva que provoca bastante derrame y las gentes piden con ahínco la oreja que el Presidente, don José Magán Alonso, no concede, con buen criterio. Colombo puede funcionar, da espectáculo y su clave es la espada, porque ahora mismo creo que hay pocos que maten con tanta seguridad como él, pero debería pulirse y atemperar sus ímpetus.

***
Se monta la mundial porque no le dan la segunda oreja a Colombo y ahí tenemos a ese zascandil al que han puesto de Gerente del Centro de Asuntos Taurinos, que en vez de estar en su burladero se dedica a ir de acá para allá, junto a la puerta de la enfermería tildando de “sinvergüenza” al Presidente. Lo mismo estaba bien que alguien pensase en retirar a este chico de un cargo que le va grandísimo.


Colombo, por colombinas

 Que los programadores hayan querido elegir para este señalado día
 una ganadería que ostenta en su divisa los hermosos colores
 de la enseña nacional, única razón para presentar
 semejante saldo lisarnasio

 Eugenio

 El de Mora

Tres verónicas y una media al sexto

 Gonzalo Caballero


Pena de bernardas

 Y pena de estocada


 Hoy ha entonado su particular “decíamos ayer”

 y ha vuelto a quedarse en la cara tras meter el estoque

y, de nuevo, ha ofrecido sus muslos al canijo de Clavelero


 para que hiciese con él lo que quisiera

  tres buenas cornadas, un fuerte tabaco

Le llevan la oreja a la enfermería

 Colombo, con gran inteligencia,
se da cuenta de que puede vendimiar en la viña de Caballero

 plantea la faena haciendo galopar al toro,
 dándole distancia, al estilo de lo de Perera del otro día

 cae en la cara del toro al ir a quebrar en los medios
 y cobra una buena paliza a base de pisotones y trompazos

 le quitan la chaquetilla, le riegan el cogote con agua,
 le dan un vasito de agua y, cojeando, vuelve a salir

  se perfila para pinchar una estocada sin muleta

Colombo puede funcionar, da espectáculo
 y su clave es la espada,
 pero debería pulirse y atemperar sus ímpetus

FIN

La honradez

ABC, 14 de Junio de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

  Bernard Shaw pensaba que la democracia se define como el sistema imaginado para que no puedan gobernar los que valen más que el votante. Y lo dijo. Con esto quiero decir que, a base de decir lo que se piensa, uno puede llegar a ser Bernard Shaw en Gran  Bretaña, pero no, pongamos por caso, jefe de prensa en España, o al menos ningún jefe de prensa ha alcanzado en España el reconocimiento que Bernard Shaw obtuvo en Gran Bretaña.

A estas alturas de la historia, todos convendremos en que no hay una definición de libertad que se corresponda exactamente con el uso lingüístico que en la calle se hace de ella. Tomemos, por ejemplo, la libertad de expresión, que es cosa que hoy ponen en peligro, se nos dice, los tiburones del océano financiero. Personalmente, no acierto a ver dónde está el riesgo. A mí me parece que la libertad de expresión, siempre que uno no tenga cosas nuevas que expresar, es una libertad al alcance de cualquiera, puesto que la que conocemos consiste en decir que uno puede decir todo lo que quiere  decir, y la verdad es que si uno quiere decir que puede decir todo lo que quiere decir, ¿quién le impide decirlo? Lo dijo Umberto Eco, el del premio: «¿Qué es un periódico, sino un producto en el cual las cosas dichas no son determinadas tan sólo por las cosas a decir, sino también por el hecho de que una vez al día debe decir lo suficiente para llenar tantas páginas?» Pues eso.

Aplicada al oficio periodístico, la libertad de expresión no tiene mayor valor apodíctico que la famosa  regla de oro en el toreo: «O te quitas tú o te quita el toro.» Acuérdense ustedes de la Nochebuena de 1836, cuando Larra se acordó de que los romanos, en sus famosas saturnales, trocaban los papeles de modo que los criados pudieran decir la verdad a sus amos. «Costumbre humilde —dice Fígaro—, digna del cristianismo.» Entonces miró a su criado y dijo para sí: «Esta noche me dirás la verdad. Come y bebe de mis artículos; sólo en esa forma, sólo por medio de esa estratagema se pueden meter los artículos en  el cuerpo de ciertas gentes

Podría decirse que la libertad de expresión no existe más que en los almuerzos que se organizan para hablar de la libertad de expresión. Aunque algunos espíritus sensibles la invoquen ante la alarma que les provoca leer, un suponer, la lista de países que limitan el acceso a Internet con el pretexto de proteger a la población de ideas subversivas, la libertad de expresión no es más que una expresión muy española. Un recurso gnómico, vamos, y en algunas bocas tan gongorino como aquél de «resolver el río en rosario de cuentas». Un modismo de conversación de buen tono, tal que «Estado de Derecho». Una frase hecha de tipo coloquial, tal que «¡Pues ha "quedao" buena noche!».

El hecho de que todos los taxistas te suelten lo de «¡Pues ha "quedao" buena noche!» no significa que la noche sea buena, sino que quieren trabar conversación. Y él hecho de que cualquier personaje suelte lo de «Estado de Derecho» cada dos por tres no significa que estén siempre prestos a enaltecer al Derecho público de Prusia, que es para lo que se inventó la expresión, sino que quieren adornar la conversación. Lo mismo ocurre con la libertad de expresión, si no se ve acompañada por la libertad de pensamiento. ¿Y qué van a decirnos del pensamiento que no sepamos?

Un bioquímico llamado Jack Drummond se hizo famoso por sostener que el pensamiento  desempeñaba un papel importantísimo en la alimentación del hombre, «y en algunos casos hasta puede llegar a sustituirla por completo». Pero las cosas han cambiado tanto que, si uno echa un vistazo a su alrededor, comprobará en seguida que lo que desempeña un papel importantísimo en el pensamiento del hombre es la alimentación, que en muchos casos lo sustituye por completo. Así  que, libertad —el derecho de todo hombre a ser honrado, la definió Martí—, ¿para qué? La honradez afecta de cintura para arriba, y la gente prefiere la honestidad, que afecta de cintura para abajo.

Jack Drummond

Un bioquímico llamado Jack Drummond se hizo famoso por sostener que el pensamiento  desempeñaba un papel importantísimo en la alimentación del hombre, «y en algunos casos hasta puede llegar a sustituirla por completo»