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sábado, 28 de diciembre de 2019

Inocentes

Rafael Dieste


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En el Día de los Inocentes resurge la escena, narrada por José-Miguel Ullán, del coruñés Rafael Dieste contemplando en Rianxo el paso de una niña y una vaca. Y la explicación de Gabriel Zaid: la niña era la inocencia; la vaca era la mansedumbre.
    
Y la inocencia no ocultaba su particular firmeza: ese dejarse guiar por lo que viene detrás. Mientras que la mansedumbre tampoco consistía en seguir por seguir a la mocosa, en plan bestia, sino en dejarse llevar por el ritmo del corazón.
    
De la inocencia rianxeira a la inocencia edénica, que era el estado del hombre antes de la Caída. ¿La Caída? Para que lo entienda la romántica ministra de solsticios mandilones: el Cambio Climático de la Biblia.
   
 –Romántico es el que cree en la caída del hombre, pero no en el pecado original –dejó dicho Maeztu en “El Sol”, donde Beatriz Galindo, que firmaba la “Crónica femenina”, defendía la inocencia del hombre primitivo, indiferente ante el desnudo integral de la mujer emancipada que Galindo proponía, si bien se contentaba, para empezar, con ir acortando las faldas y estirando los escotes.
    
“Spectacle ridicule et terrible” fue para Tocqueville ver la seguridad e incapacidad para percibir las cosas con que hablaban los ricos del “Ancien Régime” sobre “la mansedumbre e inocencia del pueblo” cuando 1793 estaba creciendo ya bajo sus pies.

    –Tiene el pulso de un inocente –dijo a Víctor Manuel la enfermera de Bautista cuando la movida en la Sociedad de Autores.
    
De la inocencia científica de Bautista a la inocencia bíblica de Bergoglio, que en una reciente tertulia con jesuitas comparó a Trump, el único presidente americano que (todavía) no ha matado a un solo inocente, con Herodes Antipas, que hubiera sido “cover” de “Time” por su matanza.
    
¿Matanza de Herodes? ¡Hummm! ¿Población de Belén? ¿Mil? ¿Niños varones de hasta dos años? ¿Diez? ¿Escaqueados (como el propio Jesús)? ¿Tres? Quedan siete niños. ¿Qué matanza de inocentes es ésa?, se quejaba, con razón, el tetrarca de Galilea.