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viernes, 28 de noviembre de 2014

75 años de ciencia (y paciencia) en España. Todo lo que usted creía saber (y no sabe) del CSIC



José Ramón Márquez

Decían el otro día, el 24 de noviembre, que ése día se cumplían los setenta y cinco años de la fundación del Consejo, del CSIC. La verdad es que nunca los del CSIC han sentido un gran aprecio por el Procedimiento Administrativo Común, que a fin de cuentas muchos de los que lo pueblan son científicos, como aquel que dice rock-stars de la investigación, y ante la potencia de sus pensamientos la minucia ésa de la Administración Pública no es más que un estorbo latoso que no cesa de interferir para que apenas se llegue a la obtención de esos fecundos resultados que, de no ser por tanto obstáculo, tendrían a España situada en el primer lugar de la investigación mundial.

Viene eso a cuento de que la Ley que crea el organismo se publicó tal día como hoy, 28 de noviembre de 1939, «Año de la Victoria». Franco creó el CSIC con fecha 24 de noviembre de 1939, pero la Ley de creación fue publicada el 28 del mismo mes y año, y ésa debería ser administrativamente la fecha de su creación. En dicha Ley se puede leer lo siguiente:

«El Consejo Superior de Investigaciones Científicas estará bajo el alto Patronato del Jefe del Estado y Caudillo de España […] », aunque años más tarde,  para sacudirse esas molestas pulgas decidieron quitar la inscripción del edificio principal en el campus de Serrano, que igual la podían haber dejado ya que nadie sabía lo que ahí ponía, aunque es verdad que a un montón de demócratas de toda la vida la palabra “Franco” les molestaba una barbaridad. El texto, que quedó oculto bajo una tapadera, reza así, por si alguien quiere intentar su traducción:

PERVEST • SCIENTIIS  DICASTERII • AC • BIBL •
SUPR • CONS • VICTOR AEDES • FRANCO • ITEM •
FRANCISCUS • FRANCO INSTIGANTE • ANNO • V •
INSTAUR • CURAVIT FELICITER • ERECTAE
M • DEC • MCMXXXIX  M • DEC •MCMXLIIII

También se podían leer en aquel rancio Boletín Oficial del Estado, en el que se refunden en el CSIC todos los centros dependientes de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, los de la Fundación de Investigaciones Científicas y Ensayos de Reformas así como los creados por el Instituto de España y los Centros Investigadores del Ministerio de Instrucción Pública no vinculados a la Universidad, otras cosas que suenan bastante contemporáneas, tales como que el Consejo nace para «crear un contrapeso frente al especialismo exagerado y solitario de nuestra época, devolviendo a las ciencias su aire de sociabilidad», sin renunciar al concurso de las Reales Academias y de la Universidad, la cual «ha de considerar a la investigación como una de sus funciones capitales», ya que el órgano fundamental del apoyo e impulso a la tarea de la producción científica «debe ser el Estado». Nada nuevo hay, burla burlando, entre lo que se decía en aquel remoto «año de la Victoria» y lo que hoy día pueda proclamar a los cuatro vientos cualquier dirigente autonómico o nacional en un mitin dominguero. Claro es que no faltará quien diga que el CSIC vino a cercenar el potencial investigador hispánico, cuyo ilusorio país de Pin y Pon sería la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), y de manera ucrónica nos darán la monserga de que si no hubiese sido por la desaparición de la JAE, en la hora presente España dispondría de un potentísimo sistema de ciencia, tal y como lo tienen en Alemania o en el Reino Unido, como si no nos conociésemos.

Y ¿qué nos ha dado el CSIC en estos sus primeros setenta y cinco años de vida, día más, día menos? Pues en primer lugar una imponente arquitectura, que fue la que hicieron Fisac  o Fisac y Vallespín en el momento inicial, arquitectura «aferrada a lo clásico» en palabras del propio arquitecto y que va evolucionando con él a lo largo del Campus de Serrano, los edificios de Edafología y Ecología, el Instituto de Óptica,  con su bar de estilo informalista,  el imponente tambor de ladrillo de la Iglesia del Espíritu Santo… todas esas obras que junto al Instituto Rockefeller y el Archivo Histórico Nacional conforman uno de los más hermosos y sosegados paisajes de la ciudad de Madrid. Eso por la parte del arte, y por la parte humana, desde luego, la ingente cantidad de personas que se han ganado honradamente sus jornales gracias al Consejo. Sagas familiares enteras, primos, abuelos, padres ocupando los puestos más diversos y acuñando esa expresión de tan rancia raigambre hispánica que internamente distingue en la casa entre «los del Consejo» (como quien dice «los del pueblo») y los forasteros, aves de paso.

Aparte de esas dos cosas importantes, no cabe duda de que también habrá por aquí o por allá sus investigadores señeros, y afirmamos rotundamente que los hay, pero junto a ellos -y de estos hay muchísimos más- están aquellos que con un proyectito más sobado que la Visa Black de Rodrigo de Rato van acumulando sexenios en la paz interior de a quien nada se exige y cuyo valor científico se da por supuesto, como en la Mili. Investigadores funcionarios que detestan el procedimiento administrativo es una mezcla intrigantemente hermosa, que da lugar a situaciones más propias de la revista La Codorniz que del Max Planck Gesellschaft, por no salir de Europa.

Y luego no podemos hablar del CSIC sin hablar del bacteriófago. Ese delicado Jeremiah que Margarita Salas ha legado al mundo como su obra capital y que goza de igual salud que su creadora. Cuando Franco inventó el Consejo, Margarita  tenía un añito y hay quien dice que, al igual que los monos de Gibraltar, ligados a la soberanía británica sobre la Roca, Margarita Salas y su alter ego Jeremiah son los manes protectores del Consejo y que mientras ella tenga fuerza para ponerse su batita blanca y seguir mandando en su laboratorio, nada malo le puede ocurrir a este Consejo Superior de Investigaciones Científicas que inicia su andadura hacia su año setenta y seis devolviendo ciento por uno a la sociedad, en este caso a la rutilante estrella que es el brillante Científico Titular  y europarlamentario don Pablo Echenique Robba.

lunes, 29 de julio de 2013

El cuchillo de postre de Atapuerca



Casa Arsuaga
José Ramón Márquez

Es que no falla. Cuando llegan los calores, hacia julio, pasado San Pedro, no hay año que no asome Arsuaga a vendernos la moto de la Gran Dolina. Parece mentira, pero año tras año, cada vez una cosita. Lo último, lo del cuchillo de tres centímetros, cuchillo de postre, cuchillo de untar mantequilla, que ha aparecido tras remover la torta de hectómetros cúbicos de tierra. Un ínfimo cuchillo de tres centímetros que no constaría como cuchillo ni siquiera para los avezados oficiales de inmmigración estadounidenses, que ha aparecido entre toneladas y toneladas de tierra burgalesa. Un cuchillo ínfimo que viene a demostrar que los antiguos hombres que habitaron por la zona de Ibeas ya untaban la mantequilla y pelaban la fruta, a la espera de que Colón trajese la alubia de América, que a cambio de las Leyes de Burgos el nuevo mundo nos proporcionó las alubias de Ibeas.

Otro de estos años Arsuaga presentó unos huesos roídos que a su leal saber y entender significaban que los antiguos burgaleses eran de tendencias antropófagas y que, a falta del lechazo de Casa Antón, no le hacían ascos a hincarle el diente a su prójimo. Como aquel que dice ‘mata a un cochino y verás a tu vecino’, uno se imagina a aquellos paleoburgaleses, con el hambre que pasarían aquellas criaturas, viendo al prójimo como Charlot al otro buscador de oro en La quimera del oro, en una premonición gloriosa de lo que milenios más tarde llegaría a ser el cochinillo asado de Casa Coque, en Humanes de Madrid.
En realidad, lo que Arsuaga nos demuestra con sus chinitas en el camino, con este rosario dosificado anualmente de descubrimientos sensacionales, es que aquellos tipos eran tan españoles como cualquiera, acuciados por las dos grandes inquietudes del español: el alimento (desde la fames Calagurritana hasta el Hidalgo del Buscón), y el piso (desde los que encontraron esta cueva de protección oficial hasta los de los deshaucios). A su modo, Arsuaga también sigue en lo mismo. Por la parte del alimento, que lo digan, si quieren, los de Casa Ojeda; y por la parte del pisito, que ahí está para estupefacción de las venideras generaciones la cristalina ‘Catedral del Mono’ asentada en el solar donde estuvo acantonado el Regimiento Ligero de Caballería Acorazada España número 11, Sic obvia frungit, mi regimiento.

miércoles, 10 de julio de 2013

Tocando el guitarrón de la Ciencia en el pasillo del Metro

Ojo avizor 

José Ramón Márquez

Esta mañana, en un bar, antes del encierro de Pamplona, hojeo el ABC y allí sale triste y magullado el CSIC, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, o mejor aún Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas, lamentándose la institución entera por boca de Emilio Lora, su presidente, de que les faltan dineros y de que la Ciencia perece ante la falta de grasa, lana en México.
 
Una de las cosas que parecieron óptimas en el nombramiento de Emilio Lora fue el hecho de que la vida -en este caso ese mandarín galaico llamado Mariano- pusiese en las manos del eminente Doctor una segunda oportunidad, como en aquel programa de Paco Costas en la TV en que un tío se metía un piñazo en una curva con el coche por hacerlo mal y luego, tras los consejos del experto, se repetía la misma situación de la que salía airoso, trazando a la perfección la curva con escuadra y cartabón.

 A Emilio Lora le sacó de la dirección del CSIC aquel troll llamado Zapatero para poner en su lugar a Martínez, cuya gran aportación al avance de la ciencia fue conseguir instalar, sin que se viniese abajo, un Chirino en el campus de Serrano; aquel Doctor Martínez, que venía avalado por su chau-chau y por su origen progresista de vietnamita o ciclostil.

Pensábamos que la segunda venida de Lora Tamayo serviría para afrontar con mayor decisión los grandes problemas que arrastra el CSIC, pero la verdad es que apenas puede decirse que salvo el natural trileo de nombres, éste le quito, éste le pongo, apenas haya habido acciones decididas para encarar con firmeza la necesaria regeneración de un sistema bastante poco eficiente y excesivamente burocratizado. Ese canto de demandadero que Lora entonaba esta mañana en las páginas del ABC viene a ser la palmaria demostración de que se ha instalado en el victimismo del ‘dame argo, payo’, tradicional huida hacia adelante con la que salvar un poco los muebles ante la parroquia. Y conste que uno es partidario de que a la Ciencia se la dote de recursos, que es dinero siempre bien empleado,  aunque a veces parezca lo contrario.

Porque lo que se echa de menos en esta segunda venida de Lora Tamayo es su ausencia de decisión en atacar los grandes problemas troncales de la institución, asumiendo, cosa que nadie ha hecho, que el principal problema del CSIC se deriva de la propia condición administrativa del cuerpo científico, de esos científicos que son funcionarios de carrera de los cuerpos propios del Consejo: Científicos Titulares, Investigadores Científicos y Profesores de Investigación.

 He ahí la primera gran falla de un sistema que en vez de fomentar la feroz competencia, permite que se establezcan unas escalas funcionariales que favorecen el patente hecho de que, al lado de algunas valiosas cabezas, haya un número significativo de  investigadores que llevan veinte años o más con la misma monserga, que ni hacia delante ni hacia detrás. Parece que una medida incuestionable de eficiencia sería la laboralización de todo el personal científico y la vinculación de la existencia de esa relación laboral con la institución a la obtención de óptimos resultados, publicaciones, papers, patentes y demás parafernalia.

Y siendo algo extravagante en nuestros días ese caduco modelo curentero de investigador/funcionario, no lo es menos el modelo de crecimiento adoptado por la Institución, que consiste bien en que cuando hay un grupo de Investigadores con suficiente poder, se desgajan de un determinado Instituto para que les creen a ellos uno ad-hoc o bien en que si retorna a España un investigador prestigiado, le crean su Centro para que lo pastoree.

Veamos a modo de demostración de lo primero la línea clara que prácticamente cubre tres cuartos de siglo y que nos lleva desde el Centro de Investigaciones Biológicas -Cajal, Marañón, Ferrán-  al Centro de Biología Molecular -Ochoa, Eladio Viñuela, Mayor Zaragoza-, al Centro Nacional de Biotecnología (Martínez, again) y, en luminosa huída hacia adelante, al nasciturus Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias, centro que tenía Martínez preparado en Alcalá de Henares (años 2000) que, hasta donde sabemos, está parado por la cosa de los recortes. Frente a eso, sirva como contramodelo mucho más eficiente el que se practica en Alemania, donde la Sociedad Max Planck para la Promoción de las Ciencias controla de manera muy eficaz tanto la creación de nuevos institutos como la pervivencia de los antiguos, siempre relacionado lo uno y lo otro  con la obtención de resultados medidos de manera muy estricta. Para ejemplo de la eficiencia de la Max Planck baste con comparar el número de Premios Nobel que han desarrollado en ella sus investigaciones.
 
Y lo tercero, por no aburrir, es el consustancial mamoneo. El mamoneo que permite que ancianos que han traspasado con muchas creces la edad máxima de jubilación sigan pidiendo y obteniendo proyectos del Plan Nacional, el mamoneo que permite que  la investigación que se ha hecho estrictamente a base de fondos públicos acabe transformándose en fecundas empresas, que ese birlibirloque jamás lo entendí, el mamoneo de que haya investigadores que crean start-up’s para venderse a ellos mismos las cosas que ellos mismos producen en sus propios laboratorios y que se sufragan con los fondos del Plan Nacional, el mamoneo de que existan Fundaciones vinculadas a Centros de Investigación que se utilizan como gatera de contrataciones de personal sin pasar filtros de equidad y creando compromisos a la Administración, que se ve obligada a contratar a aquellos por sentencias de los Tribunales de lo Social.
 
Todo esto lo conoce, sin duda, Emilio Lora, y a remediar todo eso es a lo que debería haber encaminado sus pasos de manera firme, especialmente porque ha tenido la segunda oportunidad de la que se hablaba al principio. Es cierto que resulta más sencillo ponerse en el pasillo del Metro con el guitarrón de la Ciencia a ver si consigue que los viandantes le echen unas monedas que usar la necesaria cirugía, pero a fin de cuentas también se debe considerar el aspecto humano, puesto que su futuro más o menos inmediato, cuando le destituyan, será el de retornar a su Instituto como Funcionario Investigador.

martes, 26 de marzo de 2013

Fábulas de las abejas



José Ramón Márquez

Me viene a la cabeza Margarita Salas, no a cuenta del piñazo que se metió el otro día cuando la lección conmemorativa de Eladio Viñuela, que hubo hasta quien sugirió que JAL* se pusiese en contacto con Íker Jinénez por si ahí había asunto para la Nave del Misterio, sino a cuenta de su fecunda empresa, que está convirtiendo, según se dice, al simpatiquísimo bacteriófago Jeremiah en el becerro de oro de la ciencia española.

Margarita, con una fortaleza casi más propia de Esparta que de Asturias, no ceja en su empeño de no abandonar su puesto como gran timonelesa de su laboratorio. Margarita, pese a hallarse en una provecta edad en la que muchos ya prácticamente ni saldrían de casa, relegados por absurdas normas administrativas a la condición de jubilados, no se resigna con que su destino esté regido por el inexorable paso del tiempo y, con sus más de catorce lustros a cuestas, se rebela con juvenil ardor ante esa injusta situación. Por ello sigue pidiendo Proyectos del Plan Nacional con el mismo ímpetu que si acabase de leer su tesis hace un par de meses, continúa dirigiendo con mano de hierro en guante de seda la fructífera Fundación Severo Ochoa y, además,  mantiene incólume el ansia de que la concedan el Premio Príncipe de Asturias a-lo-que-sea.

Me viene a la cabeza Margarita, como decíamos antes, al leer un informe del Tribunal de Cuentas sobre la ciencia española en el que se da una visión muy certera de lo que es la gestión de la ciencia en España, y al que lo único que le faltaría para ser perfecto es que la frialdad de los datos, de las pistas de auditoría, pudiera quedar ilustrada con nombres y apellidos, centros, laboratorios y demás.

Y claro, frente a las inapelables conclusiones del informe, Margarita y Jeremiah oponen la luz y la dicha de su éxito empresarial junto a Cristina Garmendia y Luis Blanco en sus empresas, X-Pol Biotech o Sygnis Pharma, que me lío con las fusiones,  y Genetrix, para demostrar que, al contrario de lo que dicen los agoreros, la investigación científica pública en España está orientada a la generación de innovaciones y no a la producción de estériles «papers» y que Margarita, Cristina y Luis junto con el elegante Jeremiah están dando una soberana lección a la totalidad de la comunidad científica hispana no sólo de lo que es la manera en que se produce el intercambio de conocimiento, sino también el ejemplo de un espléndido caso de éxito en el que se origina una fructífera relación entre el mundo empresarial y la ciencia pública.

Me queda la duda de en qué beneficia al sistema español de I+D+i el que, como a veces ocurre, la investigación que se ha hecho estrictamente a base de fondos públicos acabe transformándose en fecundas empresas, que ese birlibirloque jamás lo entendí. Hay viejos cuentos en el CSIC como el de que la patente de la Gula del Norte, del Instituto del Frío, se vendió por 1.000.000 de pesetas (6.000 €), o el de unos investigadores que creaban start-up’s para venderse a ellos mismos las cosas que ellos producían en sus propios laboratorios y que se sufragaban con los fondos del Plan Nacional. Estas cosas que se cuentan por ahí serán verdad o serán como la historia de la Chica de la Curva, pero me da que en todo este tinglado hay algo importante que se nos escapa a los que no estamos en el ajo.
_________________________________
*JAL  es Profesor Titular de Microbiología, divulgador científico
 y ha colaborado en Cuarto Milenio.

Becerro de Oro

viernes, 25 de enero de 2013

Amy Martin: "En lo que me dedico lo que observo alrededor es una tremenda endogamia"

 Boticario Albareda, impulsor del CSIC

LAS INQUIETUDES DE AMY MARTIN

Si uno se fija sólo en los libros va a crear para los abuelos, y resulta que los abuelos están muertos y no nos van a leer...


Alameda y Alonso, empleados del CSIC

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Toda la ciencia de España en un chiste

José Ramón Márquez

Se cuenta este chiste:

Un directivo es despedido de una empresa. Coincide en el despacho con su sucesor, mientras recoge sus cosas, y le dice:

-Yo no te voy a enseñar nada del negocio que tú no sepas, y lo particular de esta compañía lo aprenderás en seguida. Te dejo en este cajón tres sobres numerados para que hagas uso de ellos en los momentos de crisis, que irán llegando.
El nuevo directivo no hace mucho caso a aquello, enardecido por su nuevo puesto, y se pone a su tarea.  Al cabo de unos meses retorna al despacho desesperado tras una tensa reunión; de repente, recuerda los sobres. Se va al número 1, lo rasga, extrae un papel y lee:

‘Échame la culpa a mí’

Se le ilumina el semblante y rápidamente se pone a seguir tan sabio consejo; rearma entonces su estrategia a base de denostar a su antecesor y de hacer ver los ímprobos esfuerzos que él tiene que hacer día a día para conseguir resultados, pese a la nefasta herencia recibida.

Se pasa la crisis y nuestro directivo continúa su labor hasta que, al cabo de un tiempo, se produce una segunda crisis que le lleva de nuevo recordar los sobres que tiene en el cajón. Abre entonces el sobre número 2  y lee:

‘Échale la culpa a tu gente’

Agarrado como un náufrago a una tabla el hombre comienza a denostar de sus empleados, de las zancadillas que le ponen, de lo difícil que es trabajar teniendo una cuadrilla de inútiles al lado, que más que ayuda son entorpecimiento.

Cuando al cabo de un tiempo se produce la tercera crisis el hombre va, confiadamente, a por el sobre número 3, donde cree que estará la solución a sus cuitas. Lo rasga y en el papel pone:


‘Prepara tres sobres como los que yo te di y entrégaselos a tu sucesor’

***

Viene este chistecillo a cuenta de la Ciencia. El otro día salía en ABC un informe en el que se daba noticia de la pésima situación financiera del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el que se tiraba del sobre número 1 echando las culpas de la situación a los anteriores –Carlos Martínez y Rafael Rodrigo- y a la transformación del organismo en Agencia, invención vendida como el bálsamo de fierabrás para llegar a la excelencia científica. De libro, aunque todo el mundo sabe que aquí es complicado el uso del dichoso primer sobre, dado que el actual Presidente, Emilio Lora, ya fue visir antes que el visir, o sea que fue presidente con anterioridad a que Martínez encandilase a Zapatero con aquello de que la ciencia iba a sustituir al ladrillo como motor de la economía, o sea que Lora no puede aducir desconocimiento de un organismo en el que puede decirse que él está desde la cuna. El informe suena a huída hacia adelante, primera crisis al año del nombramiento, para apaciguar un poco al levantisco rebaño. Ahora, dado que ya han tirado del primero de los sobres,  quedamos a la espera de la apertura del segundo, en el que se criticará la calidad de los investigadores, del propio sistema nacional de ciencia o hasta de la falta de colaboración de las ratas de los animalarios.

Y lo mismo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) donde la historieta de los sobres se tiñe con la las características de un canto a la amistad y al agradecimiento: María Blasco, la actual directora del CNIO, estaba en el CSIC cuando Mariano Barbacid la llamó para que trasladara un proyecto que estaba desarrollando en el CSIC,  con dinero del CSIC,  al CNIO. A la Blasco aquello le pareció estupendo y estuvo dando la lata por todos lados porque se quería llevar no sólo el proyecto sino también la totalidad del personal adscrito al mismo, pagado, claro está, por el CSIC. Al final aquello se apañó con una especie de convenio. Ahora, sin embargo, Blasco enarbola el sobre número 1 y entonces Barbacid ha pasado, a los ojos de ella, de ser un gran investigador mundial a un vulgar hacedor de insostenibilidades, a quien se culpa de la actual situación del Centro merced a un ambicioso programa de desarrollo de fármacos que no era parte de las actividades normales del centro… y cuyo Investigador Principal es Barbacid.

Claro que Barbacid tampoco es un ejemplo de agradecimiento: se lo trajo Aznar, que creó para él el CNIO. A ese centro destinaron una pila de dinero como para enterrar las pirámides y cuando ganó Zapatero dijo el amigo a los 11 segundos -algunas fuentes dicen que fue a los 4- que se alegraba muchísimo de esa elección porque los del PSOE serían muchísimo más sensibles para con la ciencia que los anteriores, y entre esos anteriores también se encontraba Emilio Lora, a la sazón Presidente del CSIC.

Luego, ya que estamos enfrascados en el apasionante mundo de la ciencia, no queremos que se nos queden en el tintero dos o tres fruslerías como la cosa esa de la Fundación CSIC, que disfruta de un pisazo en Príncipe de Vergara de donde ya han desahuciado a Javier Rey sin la conmiseración de ningún perriflauta, para dar aposento a César Nombela, aunque el cambio tampoco sirva hasta la fecha para que nadie sepa a ciencia cierta a qué se dedica la tal Fundación; y hablando de fundaciones ¡cómo no traer a escena a Margarita Salas!, presidenta de la Fundación Severo Ochoa y Académica de la lengua de los de la recua que dio en visto bueno a que en el diccionario figurase la palabra ‘almóndiga’. La vieja dama, a sus setenta y cuatro años recién cumplidos, sigue sin conseguir el Príncipe de Asturias a lo que sea, pero mantiene incólume su ilusión investigadora y, como si se tratase de una recién doctorada, sigue solicitando y recibiendo fondos de proyectos del Plan Nacional de I+D+i y proyectos Intramurales -eso existe, aunque parezca una invención-, a una edad en que sus contemporáneos llevan lustros jubilados; bueno, y para que además se vea su empuje, anda la mujer con una ilusión que no la cabe en el cuerpo ahora que se ha metido también en el mundo del lío bursátil, las altas finanzas y las cosas de las acciones, que se ha comprado una empresa en Alemania a pachas con la ex ministra Cristina Garmendia, para que se enteren de una vez los germanos de lo que es una secuenciación y una amplificación del ADN chipén, lo que se dice una cosa bien hecha, y no las chapuzas que se ven por ahí.
Esperemos que entre tanto lío mundano no deje Margarita abandonado al simpático Jeremiah, el Bacteriófago que tanta fidelidad ha demostrado siempre por su ama y creadora y que, al menos, le invite a acompañarla al campus de las Lagunillas, ahora que a su colección de honoris causa la viuda de Eladio Viñuelas va a añadir también el de la Vniversitas Giennensis.

viernes, 7 de septiembre de 2012

martes, 26 de julio de 2011

Los 7 jinetes del Alzheimer

-Estos son los factores que aumentan el riesgo de sufrir Alzheimer:

1. Baja educación (19%)
2. Tabaquismo (14%)
3. Inactividad física (13%)
4. Depresión (11%)
5. Hipertensión de mediana edad (5%)
6. Obesidad mediana edad (2%)
7. Diabetes (2%)

Click

jueves, 21 de julio de 2011

jueves, 26 de mayo de 2011

Otra vez sin premio en el rasca-rasca de los Príncipe de Asturias


José Ramón Márquez

Dies irae. La Marquesa Margarita Salas, marquesita de Canero lo mismo que hay las marquesitas de Bargas, ha sido de nuevo postergada por el inicuo jurado del premio Príncipe de Asturias. Creo que es la novena o la décima vez que opta al simpático galardón, de cuya entrega lo más sobresaliente es la estupenda banda de gaiteros que interpreta, con el recio sonido de tan ancestral instrumento, la canción que cantábamos los borrachos, ahora elevada al rango de himno autonómico.

De nuevo Margarita y su fiel bacteriófago, el manso Jeremiah, han sido dejados en la cuneta por la falta de sensibilidad de un jurado venal que ha preferido premiar a los neurólogos Joseph Altman, Arturo Alvarez-Buylla y Giacomo Rizzolatti con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2011. Neurólogos, ¡bah! ¿Qué es el sistema nervioso frente a la belleza, a las proporciones, a la elegancia de Jeremiah? Apenas nada. Ahora tienen los eminentes investigadores tema de estudio con los nervios de la pobre Marquesa, que no comprende por qué no la dan a ella el galardón a cambio del cual ella daría un brazo, si tal fuese necesario. España nunca reconoce a los mejores. Muchos se van a la tumba sin recibir el justo homenaje de sus conciudadanos. Personas como El Fary o Perico Delgado, que han conocido el éxito en vida, es de lo que menos hay entre nosotros. A nadie importa el sufrimiento de esta anciana que, con la ilusión de una colegiala, ha removido Roma con Santiago para seguir obteniendo Proyectos de Investigación, a una edad a la que sus contemporáneos se aburren en los centros de día. A nadie importa la pena que corroe a Jeremiah, soportada con elegante estoicismo, mientras repite con Séneca: “Solamente la virtud es elevada, sublime, y nada hay grande sino aquello que al mismo tiempo es sereno”.

sábado, 7 de mayo de 2011

El teléfono de Bin Laden

Abdul-Hamid


-Muerte de Bin Laden: todo empezó con una llamada de teléfono.

Barcepundit

(Abdul-Hamid, el ex sultán de Turquía, se había opuesto siempre a la instalación del teléfono en Constantinopla, porque temía que los revolucionarios lo utilizasen para conspirar contra él.
JULIO CAMBA)

martes, 26 de abril de 2011

Adiós a la máquina de escribir

-La última fábrica de máquinas de escribir que todavía existía, en la India, ha cerrado.

Barcepundit

martes, 12 de abril de 2011

sábado, 9 de abril de 2011

Juramento de Hipócrates


Juro por Apolo médico y por Asclepio y por Higia y por Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndoles por testigos, que cumpliré, según mi capacidad y mi criterio, este juramento y declaración escrita:

Trataré al que me haya enseñado este arte como a mis progenitores, y compartiré mi vida con él, y le haré partícipe, si me lo pide, de todo cuanto le fuere necesario, y consideraré a sus descendientes como a hermanos varones, y les enseñaré este arte, si desean aprenderlo, sin remuneración ni contrato.

Y haré partícipes de los preceptos y de las lecciones orales y de todo otro medio de aprendizaje no sólo a mis hijos, sino también a los de quien me haya enseñado y a los discípulos inscritos y ligados por juramento según la norma médica, pero a nadie más.

Y me serviré, según mi capacidad y mi criterio, del régimen que tienda al beneficio de los enfermos, pero me abstendré de cuanto lleve consigo perjuicio o afán de dañar.

Y no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida, ejerceré mi arte pura y santamente.

Y no castraré ni siquiera (por tallar) a los calculosos, antes bien, dejaré esta actividad a los artesanos de ella.

Y cada vez que entre en una casa, no lo haré sino para bien de los enfermos, absteniéndome de toda mala acción o corrupción voluntaria, pero especialm ente de trato erótico con cuerpos femeninos o masculinos, libres o serviles.

Y si en mi práctica médica, o aun fuera de ella, viere u oyere, con respecto a la vida de otros hombres, algo que jamás deba ser revelado al exterior, me callaré, considerando como secreto todo lo de este tipo.

Así, pues, si observo este juramento sin desatenderlo, séame dado gozar de mi vida y de mi arte con buena reputación para siempre entre los hombres todos; mas, si lo violare con perjurio, sucédame lo contrario a ello.

Versión castellana de Manuel Fernández Galiano
Catedrático de Griego de la Universidad Autónoma de Madrid

miércoles, 16 de marzo de 2011

Psicología y psicólogos


Francisco Javier Gómez Izquierdo

-¿Es provechosa la Psicología?

-Tan provechosa como la Toxicología. Una herramienta que bien utilizada produce mucho bien y agradecidos reconocimientos.

-¿Y los psicólogos son de fiar?

-Tan de fiar como los venenos. Los hay beneficiosos, pero la mayoría son harto dañinos.
Parece ser que una jefaza de Barcelona presume de ser psicóloga sin ninguna vergüenza, y la prensa afea sus ínfulas como si ser psicóloga diera calidad a la persona y no sirviera de prevención a las amistades y conocidos. La Psicología mal estudiada y peor entendida, como ocurre con algunos de los que viven de ella, lleva haciendo un daño irreparable, desde que el laicismo sustituyó a los curas por gente sin oficio ni habilidades a los que buscar ocupación. Entre los de mi entorno se maneja una estadística de la que no se hace eco ese periodismo que cuenta las mujeres asesinadas y los fumadores muertos con aplicación y sin descanso. Dice la misma que cada día se suicidan diez personas en España. Ocho hombres y dos mujeres. De esos diez muertos diarios, al menos siete han visitado un psicólogo...

-¿Quiere usted decir que los psicólogos matan?

-No, lo que quiero decir es que los psicólogos no curan, que se les mueren más que a los oncólogos y que tienen una metodología disparatada. En un juicio, un informe psicológico puede subir o bajar la condena de un delincuente tres o cuatro años sin la menor base científica. Un simple ejemplo que ha creado jurisprudencia es aleccionador: “...si metes 24 puñaladas es enseñamiento, pero si 25 es enajenación mental y tienes menos pena. Si apuñalas, métele 50.” El número de puñaladas lo cito de memoria, pero los delincuentes tienen claro cómo quitarse pena gracias a la sabiduría de los psicólogos. En Andalucía, patria europea del fracaso escolar y de la abulia estudiantil, si un colegio quiere alcanzar categoría y aumentar la dotación pecuniaria de la Consejería de Educación, precisa contratar a un psicólogo. No voy a explicar lo que precisa el psicólogo, además de la titulación, para ser contratado...
Que los alumnos aprendan es secundario, a la par que intrascendente.

domingo, 6 de marzo de 2011

Solo ante la célula

Doctor Bacterio


José Ramón Márquez


"¡Contaminación! ¡Contaminación!", claman los investigadores. ¡Contaminación en los cultivos! Desde hace meses, en las diversas salas de cultivos del Centro de Biología Molecular, las células dejan de crecer, se vacuolizan y aparecen unos misteriosos puntos negros flotando en el medio, que no parecen crecer de la manera típica, rápida, de las bacterias. ¿Hemos dicho bacterias? ¿Habrá alguien que ose culpar al inocente de Jeremiah, el bacteriófago, de tener arte o parte en esto?

Es cierto que a Jeremiah lo que más le gusta es devorar golosamente, con delectación de buen connoisseur, las bacterias que le echa la marquesa Margarita Salas, pero no debe haber sombra sobre él en estos momentos atribulados en los que las células sucumben como por arte de magia. No creo que en toda la comunidad científica haya alguien con tan mala sangre como para buscar una relación entre el buenazo de Jeremiah, que a estas alturas es ya un dandy, y lo que está ocurriendo con las células, aunque la envidia podría dar lugar a interpretaciones equivocadas.

Algunos apuntan a que el problema podría estar en el aire. Dicen que quizás el aire limpio, el aire normal que respiran las gentes, podría acaso ser la fuente de los problemas para las células. ¿Y eso? Quizás porque el aire llegue a las células filtrado a través de un calcetín usado o a través de unas esteras o serones toledanos, emponzoñándose entonces de tanta inmundicia como la que roza y volviéndose pútrido justamente al llegar al contacto de los cultivos celulares; lo cierto es que de las bombas de vacío emerge un aroma putrefacto, como una premonición.
Sin embargo, ese mismo aire, incluso lleno de miasmas, es nutricio y benéfico para los organismos superiores, para el bacteriófago Jeremiah y para toda la troupe de sus cuidadores, devotos servidores de tan exquisita e inteligente criatura, que con el cinismo que le dan sus años y su larga vida, tan sólo espera mansamente en su dorada jaula la llegada del premio Príncipe de Asturias, última estación anterior a su bien merecido descanso.

Y ante esta situación, solo ante el peligro de la contaminación, como tantas otras veces le ha pasado ante tantos otros peligros ciertos, un hombre solo. Manuel, Manolo, Nemrod el pescador; Manolo, el del tridente; Manolo, el aniquilador de los mares armado como Neptuno con su snorkel y su meyba; Manolo, el científico más brillante desde la posguerra, según él; Manolo, el científico con más proyectos, según el; Manolo, el científico que más dinero lleva al Centro, según él; Manolo, el científico que no tiene ni idea de lo que está pasando, según todos, pero que como Escarlata O’Hara ya pensará algo. Manolo el del Autobombo, venteando el viento, como los ciervos en la berrea, a ver si le da el tufo de por qué le están palmando las células y por qué diablos todo esto huele tan mal.

jueves, 24 de febrero de 2011

El sexo oral mata más (hombres) que el tabaco

Prohibición es la solución.

-Leire*, en tus manos encomendamos nuestro discurso.

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*Ministra de la Salud del Reino de España. Porque sí.

miércoles, 23 de febrero de 2011

La pesebrera científica

José Ramón Márquez

La ciencia en España… D. Santiago Ramón y Cajal tuvo que costearse de su propio bolsillo el importe del viaje y la estancia en Estocolmo cuando fue a recoger el premio Nobel. Claro que desde entonces las cosas han cambiado un montón. Yo escuché hace años al que hoy es Presidente del Consejo de Ministros en un mitin con científicos, cuando ni en su más tremenda borrachera podía soñar que le tocaría la pedrea electoral, dos o tres días antes de las bombas de Atocha, que él apostaba por la ciencia una barbaridad y que para él la cosa científica era lo chipén. Luego el hombre salió elegido Presidente, con el estruendo de aquellas bombas en los tímpanos, lo mismo que el premio Nobel se alimenta del invento de su patrocinador, y la ciencia siguió siendo lo mismo de siempre, pero ya con Ministerio ad hoc y con cuota femenil, trabajo resuelto. A eso debe ser sin duda a lo que se quería referir Rodríguez en el mitin aquél ante tan docta concurrencia.

Ahora viene el tío Paco con los recortes y a dos mil quinientos investigadores, directores de centros de investigación, sufridos becarios con mujer e hijos al borde de la emancipación, mileuristas, contratados de proyectos, posdoctorales y toda esa faunilla variopinta de la ciencia hispana se les ha ocurrido, en vez de inventar la vacuna contra el cáncer -es un decir-, preparar una carta en la que alertan al orbe de los dramáticos efectos que tales recortes puede traer. El primero y muy principal parece ser que es el recorte del 90% en la oferta de plazas fijas que ofrece el CSIC, lo cual es cierto que crea una gran inquietud a quien, no siéndolo aún, aspira a ser funcionario científico, fauna que al lego le genera el mismo estupor que la de los funcionarios músicos o la de los funcionarios bailarines.

Es fama que en ocasión similar, hace ya largos años, el Presidente Clinton también presentó un programa de recortes a la ciencia, pero entonces la carta que recibió llevaba al pie las firmas de los presidentes de las grandes corporaciones y compañías, indirectos beneficiarios de la ciencia, lo mismo de la pura que de la aplicada, y eso es precisamente lo que más se echa de menos aquí, donde la ciencia aparece frecuentemente como una mera forma de buscar una salida profesional digna y poco más, como reclaman esos 71 profesores de investigación, 68 catedráticos de la Universidad, 3 directores de centros y unos 2.358 jóvenes científicos, pero parece como que a las grandes empresas españolas les da lo mismo.

Claro que en esto de la ciencia también hay excepciones. Al igual que tuvimos a Cajal, ahí tenemos ahora la perseverancia de la Marquesa Margarita Salas, creada marquesa por el Rey lo mismo que Del Bosque. Margarita es la mamá del bacteriófago Jeremiah, esa simpatiquísima y traviesa criatura que acompaña a su creadora desde hace luengos años. La científica Margarita es la humilde coleccionista de títulos y honores -tengo entendido que en la Academia ejerce como censora, pero aún no ha censurado el rótulo con faltas de ortografía que tiene colgado en la verja de la docta casa-, la dama de inmaculada bata blanca que pese a sus setenta años y pico sigue al pie del cañón en el Centro de Biología Molecular, que dicen que tiene muchísimo más ímpetu que casi todos los becarios y los posdoctorales, y por ello no hay nadie que sea capaz de convencerla de lo oportuno que sería para una dama de su edad retirarse a disfrutar del merecido descanso junto al buenazo de Jeremiah y esperar lánguidamente a ver si por fin la dan el ansiado premio Príncipe de Asturias de lo que sea, o que creen especialmente para ella el de la Insistencia.

lunes, 17 de enero de 2011

Puteando a los pingüinos

José M. Guardia
Barcepundit

-Por lo visto, los anilllos les complican el nado, con lo que llegan a las zonas de cortejo y alimentación más tarde que los no anillados; para cuando llegan ya no queda papeo y las pingüinas más buenorras están todas pilladas. Vamos, lo que les pasa a muchos humanos en las noches de marcha...

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domingo, 2 de enero de 2011

Los catorce momentos científicos de 2010

* Primer ojo biónico * Chips dentro de células * Millones de toneladas de agua en la Luna * Fusión nuclear controlada más cerca * Vida sintética * Primer transplante de cara completa * La “bacteria arsénica” de la discordia * El superfotón se hizo realidad * El neonato agujero negro * Mapa detallado de materia oscura * Gliese 581G, el primer planeta en zona habitable, o no * Primer transplante de corazón artificial permanente a un niño * R 136a1, la estrella de mayor masa jamás encontrada * Ikaros funcionó

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