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domingo, 9 de mayo de 2021

Orquídeas silvestres

 

Abc, 13 de Febrero de 2002


Ignacio Ruiz Quintano

El cura de Valverde* ha vuelto a Valverde dejando la palabra  “outing” en boca de la gente bien, aunque, si yo fuera gente bien, haría con el  “outing” lo que el Gobierno ha hecho con el Protocolo de Kioto, que es enviarlo a las Cortes y que sean los diputados quienes debatan la utilidad del Protocolo de Kioto como los marcianos del chiste debatían la utilidad del tricornio. ¿Para qué servirá el Protocolo de Kioto?

Suena al Japón heroico y galante de Gómez Carrillo, donde un profesor universitario decía a los turistas: No aseguren ustedes que conocen Kioto... Ustedes no han puesto los pies en el Shimabara; ustedes no han saboreado una copa de saké en compañía de nuestras mujeres maravillosas. No pueden, pues, saber ustedes lo que es el noble Japón antiguo. ¿Y qué decir de las flores? Cerezos sonrosados, whistarias suntuosas, peonias carnadas, iris esbeltos, arces metálicos y el místico loto, la flor de Buda.

“Trotsky y las orquídeas silvestres”, se titula un delicioso ensayo autobiográfico de Richard Rorty, uno de los pensadores más entretenidos de nuestro tiempo. Rorty, que es estadounidense, goza de un doble privilegio: la izquierda lo acusa de  “complaciente” y la derecha de  “irresponsable”. Y en ese ensayo suyo hay una exposición maravillosa de la extraña influencia de las flores en la evolución —política, filosófica, sexual— de las almas comprometidas, que siempre viene bien para que los no filósofos entendamos fenómenos tan complejos como el  “outing” del cura de Valverde o el  “feeling” del Protocolo de Kioto. Rorty, en efecto, creció con el compromiso público de pensar que la gente decente era trotskista y que las buenas personas serían oprimidas mientras el capitalismo no fuera superado. En cuanto a su compromiso privado, éste se centró en el Tíbet hasta que en las montañas del noroeste de Nueva Jersey descubrió las orquídeas silvestres: “Estaba seguro de que nuestras orquídeas silvestres, nobles, puras, castas y estadounidenses eran moralmente superiores a las llamativas e híbridas orquídeas tropicales que se exponían en las floristerías”.

Al mirar hacia atrás, Rorty sospecha que en todo ello debía de haber un montón de sexualidad sublimada, y que su deseo de aprender todo lo que había que saber sobre las orquídeas estaba ligado a su deseo de comprender las palabras difíciles del libro “Psycophatia sexualis”, de Richard von Krafft-Ebing. Sin embargo, a los quince años, consciente, además, de que había algo dudoso en ese interés por flores socialmente inútiles, se temía que Trotsky no habría aprobado su interés por las orquídeas.

Y Rorty, el liberal convertido en socialdemócrata por el aire de Virginia, escapó de los matones que lo golpeaban regularmente en el patio del colegio —“matones que de algún modo se desvanecerían una vez el capitalismo fuera superado”— para  trasladarse  a la Universidad de Chicago. Anhelaba un marco intelectual o estético que le permitiera fundir en una sola imagen realidad y justicia. ¿Qué entendía por realidad?  “Aquellos momentos wordsworthianos en los cuales —especialmente en presencia de ciertas orquídeas de raíz coralina y de las más pequeñas y amarillas “lady slipper”— me había sentido tocado por una inspiración”. ¿Y por justicia?  “Aquello por lo que luchaba Trotsky: la liberación de los débiles de la opresión de los fuertes”. Buscaba, dice Rorty, un camino para ser al mismo tiempo un intelectual esnob y un amigo de la humanidad, un ermitaño solitario y un luchador justiciero: “Me hallaba muy confuso, pero razonablemente seguro de que en Chicago averiguaría cómo los mayores se las arreglaban para solucionar el problema que yo tenía.

El cura de Valverde no es el de Dolores, que decía discursos que daban calor y echaban chispas. Tampoco parece un escolástico enredado en la analogía del agua caliente, la cual, no siendo naturalmente caliente, puede ser perfectamente natural que, en determinadas condiciones, se vuelva caliente, etcétera. Su artículo  “Dios habla de muchos modos” es menos escandaloso que el tratado  “Dios es amistad” de San Aelredo de Rievaulx, abad y consejero de Enrique II de Inglaterra. De hecho, va de la  “deconstrucción” de Derrida a la rosa de Becaud, que es como ir del Salomón del Eclesiastés al Salomón del Cantar. O sea, a contramano. Como el Protocolo de Kioto.

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* José Mantero, cura de Valverde, Huelva,

 primer sacerdote que se declaró homosexual en España

 


 Richard Rorty

 

 Rorty anhelaba un marco intelectual o estético que le permitiera fundir en una sola imagen realidad y justicia. ¿Qué entendía por realidad?  “Aquellos momentos wordsworthianos en los cuales —especialmente en presencia de ciertas orquídeas de raíz coralina y de las más pequeñas y amarillas “lady slipper”— me había sentido tocado por una inspiración”. ¿Y por justicia?  “Aquello por lo que luchaba Trotsky: la liberación de los débiles de la opresión de los fuertes”

Los muertos y las muertas. Irene Gutiérrez Caba



IRENE GUTIÉRREZ CABA
1930-1995

Irene Gutiérrez Caba se fue con la reputación intachable de gran dama de la escena española, donde consiguió su primer éxito absoluto en 1963, como actriz principal en la comedia Los derechos del hombre, de Alfonso Paso. Dijo una vez: “Lloro cuando termino una obra y tiemblo cuando voy a estrenar la siguiente.” La crítica alabó siempre su realismo, su sencillez, su naturalidad y su sensibilidad. López Sancho aclaró: “El naturalismo mal entendido de estos años más cercanos ha degradado no poco el arte de la interpretación teatral. Se toma el descuido, la insuficiencia en la dicción, el descuido en la actitud, frecuentemente por naturalidad. Irene jamás se equivocó. Ella siempre vio muy claro que en el teatro la naturalidad no es lo mismo que la naturaleza. Sabía muy bien la gran diferencia que existe entre la acción y la representación.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Domingo, 9 de Mayo

 

levántate para que oigas aullar
al perro asirio

"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos"

 DOMINGO, 9 DE MAYO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.


Juan 15,9-17

sábado, 8 de mayo de 2021

Alemania ad portas!


Botho Strauss: Un debate alemán

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En los Estados de Partidos todo es mentira menos lo malo, y circula por las redes un video de Alemania donde lo malo es tan gordo que parece “fake”: un ciudadano de bicicleta “lee la Constitución alemana” en una plaza pública. Entre la modesta audiencia, una pancarta subversiva: “Paz, Libertad, Democracia”. Entonces, unos policías como castillos de Herrenchiemsee (el castillo de la convención constitucional) caen como búfalos sobre el feble lector, lo reducen en el suelo y le muestran la senda constitucional de la nación de frau Merkel.
    

Lo de Alemania no es Constitución, sino Ley constitucional (nuestro modelo): no salió de un poder constituyente macerado durante un periodo de libertad constituyente, sino de la imposición de un ejército de ocupación. Se trata de una ley transitoria (el pueblo alemán, aunque derrotado, conserva su fuerza constituyente para sacarla a relucir un día), y, sin embargo, su autor, además de un llamamiento a la “democracia militante”, incluyó una “cláusula de eternidad”, concepto, el de eternidad, que pirra al espíritu alemán. Ese autor fue un ídolo de nuestro Sánchez Agesta, Theodor Maunz, nazi tremendo que en el 49 llamaba a la democracia militante (él sabría lo que fuera eso), y en el 43 había dispuesto la “Forma y derechos de la policía” según lo cual la policía no tiene más ley que la voluntad del jefe.
    

La salvajada de los cuatro castillos de Herrenchiemsee contra el lector constitucional del video puede ser una vuelta a la doctrina policial Maunz; o, en atención al nazismo de Maunz, un intento de reprimir la difusión de su obra; o una mezcla de ambas cosas, como es costumbre alemana desde el ensayo de Botho Strauss, en el 93, “El canto creciente del macho cabrío”.
    

Al manifiesto intelectual del 46 sobre la inocencia de Europa ante el nazismo (la Europa como “parte preciosa del universo” de Valery) sólo respondió Benda: Europa es responsable de la catástrofe y el nazismo no fue derrotado por la sociedad que lo vivió.

[Sábado, 1 de Mayo]

Los muertos y las muertas. Gabriela Ortega



GABRIELA ORTEGA
1915-1995

Gabriela Ortega, hija de Enrique Ortega, El Cuco, y de Gabriela Gómez Ortega, hermana de Joselito, nació un 15 de Agosto en la Casa de sus tíos los toreros Rafael el Divino, Fernando el Teórico y Joselito el Gallo. Hermana de Rafael Ortega, Gallito, y de José Ortega, Gallito Chico. Sobrina política de Ignacio Sánchez-Mejías, esposo de Dolores Gómez, hermana de su madre. Prima de Manolo Caracol. Bailaoras Ortega: Rita, Rosario y Carlota, hijas de José Ortega, El Águila. Tuvo, pues, Gabriela el genio para unir el compás de los bailes flamencos a los poemas –especialmente a los poemas de resonancias taurinas–, consiguiendo ventear un aire jondo que no ha podido imitar nadie. El arte de Gabriela Ortega es singular, dijo Gerardo Diego, que impuso a Gabriela la Medalla de Oro en el Arte de la Interpretación en presencia de Foxá, de Marañón y de Mingote. Murió en la miseria.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Sábado, 8 de Mayo

 

una mosca llorona en los muebles cansados
yo no sé qué leyenda fatal quiere verter:
una ilusión de orientes que fugan asaltados;
un nido azul de alondras que mueren al nacer

viernes, 7 de mayo de 2021

Córdoba en Mayo. Tinte, 9. El patio de siempre

 




 

       Ana, propietaria del patio de la calle Tinte, sigue bien de salud. "Ya no me subo a la escalera, ni me entremeto en el naranjo. Ésta hace lo que le voy diciendo..." Y señala a una mujer sin edad sentada a su lado que asiente con la cabeza e imagino sonríe tras la mascarilla. La calle Tinte, corta, angosta y esquinada no hay cordobés que no la sitúe de inmediato. "La del patio de la abuelilla" dicen y allí, a Tinte, 9 acuden los cordobeses y los autobuses de excursionistas a los que les da tiempo a pasear mas allá de San Basilio, cita obligada del que llega a Córdoba por mayo. Está  recogido, auténtico, vistosón... Como siempre.
        

"Nos llevaron a uno escondido de una abuelilla cerca de una comisaría. Nos gustó más que los de San Basilio ...". Ése es. El de Tinte, 9.

F.J.G.I.

Todo un señor, el señor Llaneza

 


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Cuando en el 2006 el Villarreal jugó las semifinales de Champions con este mismo Arsenal de anoche la quinta de mi chico andaba en los 12-13 años. Por entonces, un servidor se esforzaba en hacerla comprender que los niños españoles tendrían que hacerse del "Submarino" como lo fueron del Athletic de Bilbao los de antes de los 80."...El Villarreal cree en el fútbol base, sabe tratarlo, tiene ojeadores inmejorables, como el Ajax, les decía, y para remate al frente de todo está el hombre que más sabe y mejor entiende el fútbol en España: José Manuel Llaneza".
       

Todos ustedes saben que José Manuel Llaneza llegó al Villarreal a mediados de los 90 con el equipo luchando por salvarse del descenso a 2ªB y que no se sabe si fue él quien convenció al señor Roig para comprar el club o fue el señor Roig quien lo compró con la condición de que Llaneza se encargara de todo. En el "todo" entraba tanto lo deportivo como lo económico. La ilimitada confianza del empresario en aquel hombre es lección poco estudiada en los manuales universitarios para gestores, pero a mí por ejemplo me dejó maravillado como después me cautivaría el Monchi del Sevilla; dos señores que no despilfarran y a los que se les han de perdonar las pocos yerros por la rentabilidad de sus muchos aciertos.
      

El Villarreal no va arrastrar nunca la historia del Athletic, el Madrid o el mismo Arsenal del que se deshizo anoche, pero la inspiración de Llaneza le llevó a contratar como entrenador al genuino heredero de los pioneros del balompié hispano: Unay Emery, nieto del portero del Real Unión que encajó el primer gol de la Liga española y al que ya saben cuánto admiro, no sólo es legendario por nacencia sino por lo que es capaz de hacer si no lo incomodan o faltan al respeto.
        

"Estudié con un portero que tuvo el Burgos. Gorospe se llamaba..." Chulo un servidor le salió a don José Manuel con un "...Gorospe, Chufi, Aguilera,Vallejo, Valdés..." "Joé, estás peor que yo". "Ya sabe usted que en el Burgos jugaron Emery padre y el Emery al que queremos otra vez campeón de la Europalí."


         ¡¡Cuánto me alegro por los dos!!

 


 El Burgos de Martín Gorospe Osinalde, portero

 


 Emery a las órdenes de Terrazas en el Burgos

Azares madrileños


Ockham

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Vas a Correos a enviar a tu ex los papeles del divorcio y vuelves con un resguardo de voto en las elecciones madrileñas como los que despachaba Sleepy Joe en Wisconsin.


    Lo peor no es que, siendo abstencionario de toda la vida, Correos te registre como votante; lo peor es que en la cola puedes coincidir con algún paciente del doctor Esquerdo que envía balas de Cetme y navajas de Ockham a los ministros.
   

 –Poder cambiar de pareja y no encontrártela nunca más –define Ayuso la “libertad a la madrileña”, justo el día que Olona va a un restaurante y se da de bruces con su ex.
    

Hoy, vivir en Madrid es como vivir en un bombo de lotería que gira del bracillo de un niño de San Ildefonso. Ahora entiendo a ese personaje de Dostoyevski que probaba su fortuna abriendo un libro al azar y leyendo en la página de la derecha los tres primeros renglones:
    

Tout est pour le mieux dans le meilleur des mondes possibles.
    

A mí un día, en vez del “Cándido” de Voltaire, me salió una empresa de Varsavsky que te saca el ADN y lo que haya alrededor: el tú y tus circunstancias, que no es una idea de Ortega, sino de Stirner. Sólo has de comprar un kit de su tienda online y escupir como Simeone en un tubito como el que Collin Powell, ante el arrobo de Ana Palacio, mostraba en la Onu para ir a la guerra de Mesopotamia; luego vas a Correos, mandas de vuelta el tubito, te llevas un resguardo de voto obsequio de la Casa de Correos (propiedad no del Estado, sino del Gobierno, aclara Wikipedia), y en 6-8 semanas puedes acceder a tu cuenta y empezar a investigar tu ADN, que es como yo descubrí que mi haplogrupo paterno se remonta a un hombre que vivió hace menos de 17.000 años, tiempo a todas luces insuficiente para la eclosión de una elegancia.


    ¿Qué sería de aquella jueza que ordenó la exhumación de Dalí por una demanda de paternidad de alguien que no buscaba dinero (“sólo una sonrisa en mi madre”), pero que rompió la cadera mitocondrial de Gala, “principio y fin de todas las cosas”?

[Viernes, 30 de Abril] 

Los muertos y las muertas. Elena Quiroga



ELENA QUIROGA
1921-1995

Elena Quiroga, hija de los condes de San Martín de Quiroga, fue una autora culta en el océano del realismo social. En el frente de Carmen Laforet y Ana María Matute, combatió por cambiar la manera de ver lo femenino. (Está dicho que un sentimental no es más que alguien que tiene sentimientos y que no se toma la molestia de inventar otro modo de expresarlos.) Ganó el Nadal de 1950 con Viento del Norte, con resonancias de aquel “obispo de las letras” que fue doña Emilia Pardo Bazán: “Marcela nació en el Pazo y su madre, soltera y de mala fama, murió poco después de abandonarla. A pesar de su desgracia, sólo la vieja que se hizo cargo de ella la trató con cariño. Los demás en el Pazo la tienen por maldita y no pocas desgracias le son adjudicadas. Hasta que don Álvaro, el amo, pone los ojos en ella.” Fue la segunda mujer, tras de Carmen Conde, en ingresar en la Real Academia. Dedicó su discurso a Álvaro Cunqueiro.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Viernes, 7 de Mayo

 

Skyline

jueves, 6 de mayo de 2021

Champions inglesa

    


¡Qué tío más grande!

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Dice mi compadre Paco Contreras que no me atreva a pronosticar que la liga la gana el Atleti porque entonces seguro que no la gana. La final R. Madrid-PSG que un servidor veía en Estambul la ha desbaratado la armada británica que como en pasados siglos ha arremetido en las semifinales con mucha mayor fortaleza, pertrechos y sobre todo estrategia.
         Un gran equipo de fútbol no lo es por tener formidables jugadores. La excelencia del conjunto llega cuando esos jugadores admiten y se someten a una autoridad ante la que por lo general intuyen les va a ser provechosa. Disciplinar el esfuerzo y la resistencia física además de barajar y colocar -"posicionar" se dice en la parla balompédica- con inteligencia a los once hombres en el terreno de juego es imprescindible con el apretado calendario del fútbol de este siglo.
     

Guardiola, al que los años le han vuelto más cauto y más estudioso de los sistemas defensivos, ha sacrificado sus alegrías tiquitaquescas que tanto hipnotizaban en aras de una mayor firmeza defensiva y millones mediante ha encontrado en Stones y Rubén Días sobre todo, dos colosos que ni el de Rodas. Contra ellos ha topado el PSG de Neymar que en el encuentro de vuelta, evidenciando esa mala costumbre que tiene el brasileño de desquiciarse cuando su equipo va perdiendo, más pareció cosa suya que orden de Pochettino su bajar a recibir para el que sus pulmones no están preparados y que tanto alteró la zona defensiva de Diallo y Kimpembe. Guardiola no necesita ya delanteros puros. Se vale de mediapuntas que asfixian para que los mediocentros roben y la transición sea lo más eléctrica posible. Foden, Mahrez, De Bruyne... no son tan virgueros como Neymar, Di María y Mbbappé, cuya ausencia restó de atractivo la vuelta de la semifinal, pero son demoledores y tienen la Champions entre ceja y ceja.
      

Tuchel, incomprendido por la plantilla del PSG y al parecer sobre todo por Mbbappé, ha modelado un conjunto granítico en Londres donde prima el orden defensivo y la solidaridad en la presión adelantada. Arriba no tiene lo que tenía en París, y quizás Werner, Havertz y Mount no decidan a la primera como los grandes, pero el Chelsea crea muchas ocasiones y las intervenciones de Pulisic, cuya no titularidad sorprendió ayer, son tan letales como pueden ser las de Benzemá en un Real Madrid que anoche llegó necesitado de oxígeno como paciente de COVID y se plantó en Stamford Bridge con mucha vulnerabilidad en los costados.  Con un mediocentro como Kanté, que anoche parecía reunir en su menudo cuerpo la fuerza y contundencia de cuatro Casemiros, la intimidación de Rudiger y Christiansen y "alguna caerá" de los hombres de arriba, el Chelsea tiene el 50% de posibilidades de ser campeón de Europa de nuevo.  ¡Ojalá sea así!

Los avis

 


Karl Kraus

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Cuando una civilización siente que su final se acerca, manda a llamar a los curas, nos dejó dicho Karl Kraus, traducido en España por el cura Aguirre.
    

Cuando La Sexta, que viene a ser la civilización del Konsenso español, siente que una partida electoral se le tuerce, manda a llamar a los “avis”, que son como sus curas civilones. Cataluña impone al Konsenso español sus humoristas payeses, sus trajes-uniformes de luto-Simeone… ¡y sus “avis”!, de los que tiran en Madrid como Corleone tiró del “avi” siciliano para poner orden en un juicio.
    

Para el Konsenso, que es la negación del conflicto, los tres “avis” escogidos para adormilar la crispación son el toledano Marina, la valenciana Cortina y el madrileño Arsuaga, arquetipos de una condición catalana y preciosa que reciben el nombre de “avis”, cuya función, según Fernández Flórez, es segregar sobre aquella cuestión que se les asigna la sugestión de su patriarcalismo:
 

El hilo de sus canas ata más reciamente que el alambre, porque los “avis” irradian una respetabilidad irresistible sobre las ideas que defienden, sobre el grupo que acaudillan, sobre la ciudad en que viven, sobre su sastre, sobre su bastón.
 

Arsuaga saca euros de Atapuerca y suelta uros (nombre de Julio César al feroz “bos primigenius”) en la Demanda.
    

Un día me presentaron a Arsuaga, pero no sé ni qué quería –me dijo, en Salgüero, mi amigo Melquiades, maestro esquilador.
    

La ética Cortina es como la María Ostiz de “la intelectualidá”, y un día propuso la censura para controlar las redes sociales.
    

Y Marina es el filósofo de “educación para la ciudadanía”, es decir, de la propaganda del Konsenso. Para que haya ciudadanía ha de haber ciudadanos y, si se les impone una asignatura con ese nombre (sin otro objeto que sustituir la moral social con valores políticos), esa asignatura es falsa.
    

¿Filósofos? El que piensa, nos dice Stirner, no difiere del que cree más que en que cree mucho más que este último, el cual piensa, en cambio, mucho menos en su fe.

[Jueves, 29 de Abril]

Los muertos y las muertas. Manuel Vázquez




MANUEL VÁZQUEZ
1930-1995

Manolo Vázquez, madrileño de origen hidalgo, que firmaba siempre by Vázquez, fue galeote de la factoría Bruguera, donde creó a Anacleto agente secreto, a las hermanas Gilda, a la abuelita Paz, a Angelito, a Tío Vázquez y a las familias Cebolleta y Churumbel. “Mis lectores son niños, pero hay una idea equivocada de la infancia: los niños son malos, crueles, traviesos, petardistas... Así me gustan, porque yo soy así.” Una vez le buscó a una de las hermanas Gilda un novio que era centauro, pero la censura se lo tachó porque iba desnudo. Francisco Ibáñez se inspiró en Vázquez para crear uno de los personajes de su Rue del Percebe: “Fue uno de los precursores de la ecología, ya que fue de los primeros en tomar contacto con el monte, aunque fuese para huir de todos aquellos a quienes debía dinero.” Murió de ese giro rápido, patético e insensato de la muerte ruanesca del café con leche, la muerte de los que se despiertan y dejan medio tazón sin poderlo terminar con vida.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Jueves, 6 de Mayo

 

La oveja perdida y recobrada

miércoles, 5 de mayo de 2021

Córdoba. Calle Trueque. San Lorenzo

 



 




       Francisco Javier Gómez Izquierdo

Ayer tarde nos acercamos a mi patio favorito. El que cuida Rafael en la calle, uno diría más bien calleja, del Trueque. El patio ya no concursa. Pertenece a la Asociación de los Amigos de los Patios, pero Rafael es quien lo atiende y conserva para que cada primavera podamos contemplar cómo las flores gozan reventando junto a la serenidad placentera de los dos iconos del barrio de San Lorenzo: Rafael y su pozo abrazado por rosas del color de su nombre. Sabemos que ambos arrastran muchos decenios pero no nos atrevemos a poner edad. Todos los mayos se nos muestran igual: espléndidos y arreglados con la cautivadora sencillez que gastan los más elegantes.


      -Éste año no traes gente de tu tierra -me dice Rafael socarrón e incansable explicador de los misterios de la floración.

Mamen


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El ucase de la campaña madrileña es de Mamen Mendizábal en un tuit:


    –Ni con balas ni con cuchillos ensangrentados os vais a cargar la democracia. Somos muchos más en el lado de las ideas.
    

¡Balas! ¡Cuchillos ensangrentados! (¿Dinarama?) ¡Democracia! ¡Ideas! ¡Crania ibérica! Balas y cuchillos son el fascismo, y la democracia, en esa cabeza, será la escudilla, y las ideas, los rótulos de los telediarios.
    

Mussolini fue a la Fiat y preguntó de qué lado cargaba ideológicamente el personal. Agnelli le describió las distintas taleguillas. “E fascisti?”, preguntó el Duce.


    –Fascisti siamo tutti, Eccellenza –contestó Agnelli.
    

El fascismo, aquella cosa, según el Duce, imposible de exportar, se ha convertido en la estrella de “la inteligencia española”, cuya incapacidad para deducir ideas universales a partir de los propios hechos locales es escandalosa.


    –¿Por qué la mejor biblioteca de pensamiento sobre libertad y justicia no necesita tener un solo libro español posterior al XVII?
    

A quienes se preguntan por qué, en teoría política, España no ha creado desde el XVII nada que mereciera ser incorporado al pensamiento universal: contemplen en el columnismo, a izquierda y a derecha, la “Democracia Dinarama” de Mamen.
    

Lejos de nosotros la funesta manía de pensar. Miranda, el único español que entendió a Montesquieu, murió en una ergástula gaditana, aunque su nombre pervive en el Arco de París. Donoso, autor, para Schmitt, de la frase más extremada del siglo XIX (“llega el día de las negaciones radicales y de las afirmaciones soberanas”), yace bajo el “odio metafísico”. Ortega tiene “La rebelión de las masas”, pero, lo uno por lo otro, también tiene “La España invertebrada”. De tres siglos, pues, sólo nos queda Santayana (al que Ortega nunca citó), que en realidad es useño, a quien debemos la distinción entre democracia formal y democracia material.


    –Hagamos de España un país fascista y vayámonos a vivir al extranjero –pudo decir Foxá en un momento como éste.

[Miércoles, 28 de Abril] 

Los muertos y las muertas. Manuel Gutiérrez Mellado



MANUEL GUTIÉRREZ MELLADO
1912-1995

Manuel Gutiérrez Mellado era cadete de la Academia de Zaragoza, dirigida por el general Franco, cuando el centro fue clausurado por el sectarismo inútil de Azaña. Gutiérrez Mellado escuchó la célebre arenga en que Franco exaltó el significado del supremo valor castrense de la disciplina, tanto más excelso cuando más radical es la íntima disconformidad con las órdenes que el soldado se ve compelido a cumplir. Del 23 de Febrero el general comentó: “¿Cómo podía consentirse ver a un guardia civil con vaqueros y guantes negros de espuma en las manos?” Felipe González, que presidía el Gobierno de España, reveló que, en una conversación mantenida con el general, éste le había dicho: “Las cosas estarán tranquilas en España, y mientras tanto hay que tener cuidado, cuando todos los que tuvimos algo que ver con la Guerra Civil hayamos desaparecido.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Miércoles, 5 de May0

 

Con azúcar

«¡VIVE L’EMPEREUR!» (Por primera y sin duda última vez)


Juan Juan Palette-Cazajus


Al señorío imperial de mi amigo Rogelio R.,

 vilmente asesinado por la Covid 19
                                               




Napoleón en el lecho mortuorio. H. Vernet


         .
    
El 5 de mayo de 1821, a las 5h49 de la tarde, hoy hace doscientos años, moría en Santa Elena Napoleón Bonaparte. Los testigos son unánimes: en su lecho mortuorio Napoleón había recobrado los rasgos del joven Bonaparte. Por mi parte tengo el profundo deber de aportar mi granito de arena a esta excepcional efeméride. Porque es muy dudosa la posibilidad de que me espere otra oportunidad de hacerlo, porque no puedo negar cierta proclividad bonapartista –que no napoleónica
  por más que distante y perpleja cual cumple a un pesimista vocacional y, más que nada, porque no tengo la más mínima duda de que cierta historia, francesa pero también occidental, no verá el horizonte de 2121.
 

Sólo les pido que dediquen unos minutos a pensar en un dato cronológico fundamental: entre la toma de la Bastilla y Waterloo transcurrieron 26 años. Son casi 46 los que pasaron desde la muerte de Franco. Para que se hagan una idea.... La densidad atómica de los acontecimientos ocurridos durante aquellos 26 años es la que sirve normalmente para nutrir hasta cebarlos varios siglos de los rutinarios. Mucha gente se ha venido llamando «César» o «Alejandro». Sin duda cada vez menos, me temo. Pero es dudoso que algún padre se atreviera alguna vez a ponerle a su hijo «Napoleón» de nombre usual. Es así porque algo permanece vivo de ese hombre entre nosotros y lo sabemos irrepetible.
 

Pocos españoles sabrán quién fue el navarro Xavier Mina Larrea (1789-1817) que por muy joven que muriera duró sin embargo dos años más que nuestro meteórico período de referencia. Bastante más conocido fue su tío el general Espoz y Mina, sin duda el liberal más facha y mala bestia de la historia, pero el llamado «corso terrestre de Navarra», la primera guerrilla antifrancesa, fue organizada  y capitaneada por  aquel sobrino de 19 años. Espoz sólo heredó el mando cuando Mina cayó en manos de los franceses en cuyas mazmorras se hizo muy revolucionario. Regresó a España en 1814. Tío y sobrino se lanzaron entonces a la fracasada intentona constitucional y antifernandina del 25 de septiembre de 1814, en Pamplona. Ambos tuvieron que cruzar precipitadamente la «muga» y acabaron encarcelados en Pau. Xavier Mina terminó recalando en el sur de los Estados Unidos y de allí pasó a México donde se unió a los insurgentes por la independencia. En la Luisiana, Mina se enteró de que por allí también andaba José Bonaparte y el trono contra el cual se había levantado en España, se lo ofreció para México al hermanísimo. El joven Mina acabó fusilado por los realistas.




Granadero Taria. Circa 1860


José Bonaparte le contestó a la oferta de Mina : «Conserven la forma republicana como un don del cielo. Sigan el ejemplo de los Estados Unidos. Busquen entre vuestros conciudadanos a un hombre más capaz que yo de desempeñar el gran papel de George Washington». En otros tiempos, Joseph le había escrito a su hermano: «No se conoce a esta nación. España es un león que la razón conducirá con un hilo de seda, pero que ni un millón de soldados reducirán por la fuerza de las armas». En lo de la razón comprobamos todos los días que José andaba excesivamente optimista, pero ya no estaba para nuevos sustos. Joseph era el primogénito del clan, un año mayor que Napoleón. Siete años después nació Lucien que fue embajador en Madrid y era el inicialmente presentido para ocupar el trono español. Fue decisivo su papel en el golpe de estado del 18 de Brumario (9.11.1799), cuando un Napoleón demudado y apocado a punto estaba de rajarse. Pero Lucien iba por libre y terminó siendo el antisistema del clan. Los tres primeros tenían «la rabia de revolucionar», según un ministro borbónico. Los cinco restantes, dos hermanos y tres hermanas, fueron chupópteros con escaso o ningún talento si exceptuamos el muy erótico de Paulina.  
 

Los tres fueron hombres nuevos en una época radicalmente nueva. Fueron revolucionarios y republicanos sinceros, aventureros químicamente puros, fueron angélica y suntuosamente ávidos y amorales. Arrojados militantes de la nueva aristocracia del mérito: la gloria y la riqueza ya no se heredan, se conquistan. Fueron los prototipos de una nueva especie, grande y aventurera al principio. Especie que evolucionó hasta quedar hoy reducida a un genotipo corrupto. Joseph terminó siendo el ricachón de la familia. Tras Waterloo, embarcó en Royan para los Estados-Unidos en el bergantín «El comercio», acompañado por su edecán español Unzaga y no sin antes haber suplicado vanamente a su hermano que embarcase en su lugar. Adquirió miles de hectáreas de tierras y se convirtió en un laborioso gentleman farmer.   
 

Pero hasta la primera campaña de Italia, fue el jefe indiscutible de la familia. Ambos hermanos se dedicaron durante años a un tipo de actividades que no hay más remedio que calificar de mafiosas. Digamos «mafiosas-revolucionarias» para situar mejor el contexto. Especularon con los llamados «bienes nacionales» procedentes de las incautaciones revolucionarias, que ellos trataban de comprar con «assignats», una moneda de papel vertiginosamente depreciada, para luego revenderlos contra buenos dineros contantes y sonantes. Parece que también llegaron a traficar con porcelanas robadas procedentes del guardamuebles real. «Pourvu que cela dure!» exclamó, dicen, Letizia Ramolino, la sagrada «mamma» del clan, resumiendo de antemano aquel póquer histórico y precario en que si no ganabas siempre más, lo perdías todo: «¡A ver lo que dura esto!». Nada más parecido a un «capo» exitoso que aquel Napoleón exultante, dirigiéndose a su hermano el día de su coronación: «Joseph, si notre père nous voyait!». En versión sonora, con el acento ítalocorso que gastó toda su vida.



Lancero Dreuze. Circa 1860


Haber sido robespierristas, les pasó factura después de Thermidor y al volver de la campaña de Italia, Bonaparte no tenía ni un pantalón de uniforme decente.  Se lo regaló una hispanofrancesa guapísima, resultona, cautivadora, listísima -
podría seguir- la  cinematográfica Teresa Cabarrús, más conocida como Madame Tallien o Nuestra Señora de Thermidor, la que además puso de moda el sensualísimo estilo femenino «neogriego» de la época. Al joven Bonaparte lo tenía alelado pero ella, ni p… caso. Aquel día, además en público, Teresa dijo algo como: «¡Estará contento, general, ya no tiene que andar con el culo al aire!». Ya sabéis lo descaradas y deslenguadas que son las españolas. Bonaparte no se lo perdonó. Teresa Cabarrús era muy amiga de Rosa de Beauharnais, 10 años mayor. Bonaparte terminó casándose con ésta, apodada «la vieja» por sus hermanas, y la rebautizó Josefina. Por lo del pantalón y por promiscua, que así era el corso, la Cabarrús fue vetada en la corte.
 

Con el Imperio no desaparece el régimen republicano. La Ley orgánica del 28 de Floreal del año XII (18 de mayo de 1804) lo dice claramente: el nuevo emperador lo es de la República Francesa. Y así el verdadero himno del régimen fue el «Chant du Départ», himno republicano donde los haya, que a mí casi, casi me gusta más que la Marsellesa y cuyo estribillo es «La République nous appelle / Sachons vaincre ou sachons périr / Un français doit vivre pour elle / Pour elle un français doit mourir». Cierto que al final, terminaría imponiéndose otro himno, «Veillons au salut de l’Empire», un bodrio cursi y servil. Quien proclamara el imperio era todavía el flaco Bonaparte y quien lo terminó perdiendo, un Napoleón casi rechoncho. Si con el amigo Rogelio nos encantaba parar simbólicamente en el Café Bonaparte de Saint Germain des Prés, más reticencia nos habría dado sentarnos en el «Napoleón».


De modo que la instauración del Imperio para nada fue una restauración vergonzante de la monarquía. Francia seguía siendo republicana en el fondo pero imperial en la forma. Aunque no negaré que aquí sería necesario afinar el pensamiento. El Imperio no pretendía copiar la monarquía, menos aún añorarla,  sino al revés extirparla de las memorias y diremos de entrada que lo consiguió yo diría que en un 90 %. Napoleón tarareó toda su vida la vieja canción falangista, ésa de «No queremos reyes idiotas que no sepan gobernar».  Siempre despreció a los Borbones, fuesen franceses o españoles. Pero compartía la opinión de J.J.Rousseau, unos decenios antes, de que la república ideal, la que soñaba Robespierre, sólo podía ser un régimen para dioses, o al menos para pueblos particularmente ilustrados y virtuosos pero todavía inexistentes. Era perfectamente consciente de que no se cambia la condición humana sólo con retóricas y en una sola generación, que la guillotina no es la mejor solución institucional y que mucha gente en Francia, por falta de instrucción o cualquier otra razón, añoraba y necesitaba unas dosis de sacralización del poder con algo de parafernalia y pomposa visibilidad.



 Se llamaba Fauveau y cargó en Waterloo. No lo contó

 

Hace pocas semanas en Facebook, una respetable señora estaba empeñada en (de)mostrar la diferencia entre monarquía y república. Usaba una argumentación filosófica de tanta altura como sutileza dialéctica: por un lado una foto del rey Felipe VI, ataviado con uniforme de gran gala y todos los aditamentos protocolarios, entre bandas, collares y grandes cruces, por otro, una foto de Pablo Iglesias, con camisita de cuadros arremangada. Napoleón se acordaba de aquellas señoras perennes cuando le pidió a Jacques-Louis David que dedicara 61 m² de superficie pictórica a las pompas y circunstancias de su consagración. Él se cuidó muy mucho de gastar corona y ciñó laureles áureos.
 

La consiguiente nobleza imperial fue intragable. Se precipitaron tras el hueso y los titulitos todos los «parvenus» de la Revolución, toda la caterva de especuladores enriquecidos. Entiendo que con estos sonajeros Napoleón consiguiera efectivamente tener a esa gentuza, económicamente imprescindible, controlada y atada muy corta. Pero creo que en el ejército, aquella pandemia de duques y príncipes que el emperador se sacaba de la chistera, digo, del bicornio, terminó haciendo estragos. Pensemos en los mariscales «españoles»: Soult, no sólo depredador de cuadros de Murillo sino también duque de Dalmacia; Junot, duque de Abrantes; Masséna, Duque de Rivoli y príncipe de Essling; Michel Ney, duque de Elchingen; Victor, duque de Belluno, e incluso Suchet, duque de la Albufera -¡toma ya!- aunque éste fuese el más justo y mejor administrador de todos los enviados a España. Los celos y resentimientos del inestable Ney por estarles subordinado, le llevaron a sabotear en ocasiones cruciales la estrategia militar de Masséna y Soult en Portugal y Andalucía.
Las terribles penalidades de la campaña de Rusia engrandecieron a sus protagonistas. Napoleón logró regresar escoltado por un «batallón sagrado» constituido por 300 oficiales de alto rango cuyo único mérito era disponer todavía de un caballo (en Rusia, en una sola noche murieron 30 000). Al revés, la «casta» napoleónica en España, absolutamente desconcertada y desbordada por un país tan insólito e inextricable como la propia situación en que quedaron atrapados, terminó siendo muy mediocre. El excelente memorialista, baron-general de Marbot era explícito: «Esta guerra me parecía impía, pero yo era soldado y no me podía negar a marchar sin ser tachado de cobardía […]. La mayor parte del ejército pensaba como yo pero tampoco podía negarse a obedecer...». Masséna dirigió toda la campaña de Portugal a regañadientes y acompañado de campamento en campamento por su concubina disfrazada de oficial.



Húsar Moret. Circa 1860


¿Y Waterloo, claro? Sólo la legendaria mala fe de los ingleses puede hacerles creer que vencieron a Napoleón en Waterloo. Como siempre, fueron carroñeros oportunistas. El ejército imperial hacía tiempo que se había derretido en los hielos de Rusia y evaporado en las sartenes de Andalucía. Y eso que poco faltó para que en la Batalla de las naciones, la de Leipzig, (16/19. 10.1813), con un ejército imberbe y una absoluta penuria de caballos, Napoleón venciera a unos ejércitos que duplicaban el suyo. «Vi a sus soldados, parecen niños» le había dicho Metternich en Dresde. Que volatilizada la Grande Armée en las estepas heladas y las parameras castellanas fuese capaz de reconstruir un ejército en pocos meses, mostró la eficacia de la administración napoleónica. Durante la fatídica Campaña de Francia, en 1814, casi resucitó  Bonaparte y con un muñon de ejército, a 1 contra 5, sin caballos ni cañones suficientes, no paró de infligir derrotas tácticas a unos Aliados siempre acojonados y que sólo por la inercia del número terminaron encontrándose en París. En Montereau, literalmente al pie del cañón, Bonaparte ayudó a los sirvientes a apuntar las piezas. Su bisoña caballería hizo inesperadas heroicidades minutos después de que Pajol, su general se mesara los cabellos: «Este hombre ha perdido la cabeza para mandarme cargar con semejante caballería».
 

Cuando el gordinflas, mezquino y gotoso Luis XVIII se enteró de que Napoleón había desembarcado en Provenza para la imposible aventura de los Cien Días le encargó detenerle a Ney, entretanto vendido a los Borbones. Ney le dijo al pusilánime monarca: «Os lo traeré encerrado en una jaula de hierro». En cuanto se encontró frente al Emperador, como todos, corrió a abrazarlo. Pero pronto se vino abajo y acudió a Waterloo tarde y sin ganas. La suma de errores cometidos aquel día –otra vez a uno contra dos, que algo de importancia tendrá es para llevarse las manos a la cabeza. Varios fueron culpa de Ney, como aquella absurda carga de caballería, sin duda la más espectacular de la historia con la de Murat en Eylau, en realidad un desastroso e intempestivo suicidio. En cuanto a Napoleón, narcotizado todo el día, le pasó factura su ausencia en España. Así se habría enterado de que los ingleses, preservándola detrás de aquellos españoles y portugueses casi desaparecidos de los relatos británicos de la Peninsular War, habían tenido tiempo de instruir, foguear y curtir una temible infantería.


Además superiormente armada y equipada, porque mientras los franceses hacían turismo invasivo por Europa, con más estragos todavía que los que invadían hace poco el Madrid de Isabel Ayuso, los ingleses estaban en plena revolución industrial. La Revolución y el Imperio retrasaron ésta medio siglo en Francia. Curiosamente quien la culminó fue el sobrino, el autoproclamado Napoleón III, «el pequeño» según Víctor Hugo.
 

Los Borbones regresaron a Francia en los furgones de los ejércitos invasores. Duraron 15 años. Es mucho o poco según se mira. Luis XVIII (1814/15-1824) y Carlos X (1824-1830) reinaron sobre un país exhausto y sonado. Ambos eran los hermanos menores del guillotinado Luis XVI. Todo en ellos olía a sepulcro. Carlos X fue el Fernando VII francés. Quiso reinar con la bandera flordelisada como si no hubiera habido Revolución. Derrocado en 1830, le sucedió con la bandera tricolor Louis-Philippe I, de la casa de Orleans, rey constitucional y último monarca francés.




 Louis-V. Baillot (1793-1898) último superviviente  de Waterloo


Realmente necesarias y esenciales para la construcción del individuo, sólo hubo dos verdaderas mutaciones (mejor que revoluciones) históricas: la francesa y la femenina. Ambas con los desmadres propios de la deficiente condición humana. Si la segunda no acompañó en su momento la primera fue porque, paradójicamente, ni los revolucionarios ni Napoleón se interesaron por otra mujer que no fuera cocinera y paridera. El Código Napoleón quedó lastrado por la testosterona corsa.
 

Pero hoy permanecen los prefectos, los liceos, las grandes escuelas, los museos, el sistema de tribunales, el Banco de Francia, La Legión de Honor, la centralización administrativa, el Consejo de Estado, el Tribunal de Cuentas, por supuesto el Código Civil o Código Napoleón, el amor a un Estado firme, unitario y tutelar y lo que me dejo en el tintero. La Francia actual sigue siendo en muchos aspectos más estructuralmente napoleónica que republicana.
 

Napoleón Bonaparte restableció en 1802 la esclavitud, abolida por la Revolución. Emmanuel de Las Cases recogió su posterior arrepentimiento en el Memorial de Santa Elena, pero no le buscaremos disculpa alguna. Ha sido «el» argumento de los oponentes a esta conmemoración. No insistieron, que era lo habitual, en las víctimas de las constantes guerras, más de 700 000 franceses y 2 000 000 de sus adversarios. Sin duda porque todas eran blancas y europeas. La oposición a la conmemoración fue liderada por la rama francesa de la ideología Woke, condenada a hacer más estragos en Francia que en EEUU por obvias razones demográficas.
 

Recordaremos que conmemorar no es lo mismo que celebrar. Como ocurre con todo organismo vivo, el despilfarro energético y semántico del Imperio napoleónico lo condenaba a la brevedad. La grandeza trágica y ontológica de Napoleón lo debe todo a su fracaso. Napoleón vencedor habría sido cosa tan temible como terrible. «Usted no aprendió a despreciar la vida de los demás y la suya propia cuando es necesario. Un hombre como yo poco se preocupa por la vida[…] Mi dominio no sobrevivirá al día en que dejaré de ser fuerte y por consiguiente temido […] Debo permanecer grande, glorioso y admirado» le dijo a Metternich en la famosa entrevista de Dresde, el 26 de junio de 1813. Y Metternich le contestó: «Ojalá pudieran oírle los franceses». Pero Francia era su amante ideal: «Me acuesto con ella; nunca me falla, me regala su sangre y sus tesoros». Fue la derrota final y la santidad adquirida en la reclusión de Santa Elena las que crearon la leyenda y le infundieron al personaje la grandeza de Prometeo y la tragedia de Sísifo. Siguió latiendo muchos años en las campiñas francesas el rumor de que Napoleón no había muerto y volvería para traer la igualdad y la justicia. La vida de Napoleón fue la mejor demostración de que la condición de la plenitud del Ser es su inevitable finitud.
 

Nuestra particularidad como hijos de grandes y viejas naciones occidentales es que nuestro ser incluye vitalmente una dimensión histórica. Sin ella nos convertiríamos en zombis. Quienes quieren arrebatarnos el ser, saben muy bien lo que hacen. Ya nunca desenvainaré el sable de caballería ligera, modelo 1882, último usado por los húsares de mi familia.  Al menos sirvan estas notas para comprender por qué hoy, excepcionalmente,  gritaré, «Vive l’Empereur!».




Uno de mis mis bisabuelos. Sable, modelo 1882 



La Marche Funèbre de Napoléon

martes, 4 de mayo de 2021

Córdoba, en el centenario del concurso de patios

 

Patio de la calle Guzmanes


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Ayer abrieron los patios y los cordobeses pasean por ellos sin bulla y extrañados por la ausencia de gentes extranjeras. Confiesan que echan de menos la alegría de sus primaveras de siempre y se sienten un poco solos porque no van a llegar las visitas de todos los años.
       

En mayo de 1921 se celebró el primer concurso de patios con la intención municipal de cohesionar, alegrar e ilusionar a las muchas decenas de cordobeses que compartían lavadero, cocina y cuadra en las abundantes casas de vecinos de cada barrio y que tenían la agradable y fresca costumbre de rivalizar entre sí con balcones, ventanas, arriates... Regaban con agua del pozo al atardecer y tras la tarea, sentábanse todos a la sombra de su limonero lunero a tocar las guitarras y espantar las penas con "jondura" a base de gazpacho y de Montilla ó Moriles.
     

En este mayo se cumplen 100 años desde que un patio que al parecer quedaba en las lindes de Santa Marina y San Agustín, en una Calle que llaman Empedrada y que ni los más cordobitas te saben situar, recibió 100 pesetas de premio mayor.  Muy cerca del patio ganador de hace cien años -juran que aún queda una pequeña parte que una señora mantiene a puertas cerradas- vimos ayer éste de la calle Guzmanes que concursa desde hace tan sólo tres años (2019) y que por las circunstancias sanitarias y lo escondido de su calle no ha sido aún muy visitado. Es moderno pero reúne todas las características que conformaban los patios de hace 100 años.

Comunismo o libertad

 

 Parada de Autobús

Mascarilla obligatoria

Cruce de carreteras Chinchón / Titulcia

Esta mañana

Las mulas del Boe


 Peter Bogdanovich

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La República, escribe Cuartero aquí, en junio del 36, nació de la protesta contra una dictadura que ya no existía…


    –La República es la revolución en la Gaceta” [hoy, Boe], con añadiduras en la calle si la “Gaceta” se queda corta… Un programa que se resume en esta conclusión: “Delenda est Hispania!”… (Alusión al “Delenda est monarchia!” de Ortega en “Crisol”)
    

Como la República vino de la protesta contra la dictadura muerta de Primo, la Democracia viene de la protesta contra la dictadura muerta de Franco. España es hoy una guardarropía con Iván Redondo, el del vellocino craneal, de cerillera, y donde los fantasmas pintarrajean para matar el rato páginas del Boletín Oficial del Estado, pues en España nunca legisló la Nación, sino el Estado, que siempre ha sido el gobierno, cuyo gamberrismo llega al extremo de embutir en el preámbulo de una Ley Orgánica un libelo contra el partido que juega el papel de oposición. ¡Las mulas del Boe! (Cuatro mulas dice un cortesano que se hubieran necesitado para cargar las cartas y documentos escritos por Felipe II hacia 1590).
    

Se ve que el aseo personal que Rabelais resolvía con un polluelo, o el ex ministro de Pulpí, de niño, con un canto del río, resuélvenlo estos brutos con las hojas del Boe, que a esto debía referirse Suárez, el del aeropuerto, cuando al presentar, como jefe del Movimiento, en junio del 76, el asociacionismo político, decía que “todos los ciudadanos deben participar en el poder del Estado”.
    

Hablando de brutalismo, un amigo mío tenía su oficina en Torres Blancas, el edificio brutalista de Oíza declarado monumento no sé si por su cercanía al Rock-Ola. En la oficina había una recepcionista digna de una película de Bogdanovich, y un mensajero se enamoró tan perdidamente de ella que en el skay rojo del pasamanos de la escalera, elemento distintivo del edificio, anotó su declaración de amor y su número de teléfono, por lo que fue despedido de su trabajo.

Desde luego, trae mejor cuenta emporcar el Boe.

[Martes, 27 de Abril] 

Los muertos y las muertas. Vicente Zabala



VICENTE ZABALA
1937-1995

Vicente Zabala murió en accidente aéreo cerca de la ciudad colombiana de Cali. Su amigo y director Ansón escribió: “Nada le impresionaba más que la vieja frase del temor y el temblor taurinos: ‘El toro que lo ha de matar está ya comiendo hierba.’ Era un conversador indeclinable, de sigilosos párpados y fatigada memoria. Su casticismo no era nostálgico. Era un hombre de otro tiempo: ‘Soy un periodista de renta antigua.’ Su vocación por la medicina le hacía conocer a fondo las enfermedades y sus remedios. Pensaba envejecer parapetado tras las barricadas de sus pastillas interminables. Dios no lo ha querido así para congoja de sus hijos, para tristeza imborrable de sus amigos. Desde el silencio de Dios, Vicente Zabala, compañero del alma, compañero, retornará como siempre a la soledad de los campos, donde el toro eleva ya un mugido inmenso para amedrentar a las sombras, a la noche, a la muerte que llega.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Martes, 4 de Mayo

 

Valle de Esteban

 y he cogido las dobles amapolas
que ni son portuguesas ni españolas


lunes, 3 de mayo de 2021

Estirando


 

Hughes

Abc

La campaña del 4-M, que cabe calificar de atroz, no iba a acabar pacíficamente y hoy hemos tenido que ver un vídeo electoral de Ciudadanos que nos mostraba a Edmundo Bal corriendo.


Edmundo Bal, el autor de la distancia Bal (metro y medio), ha tocado la batería, ha ido en moto, ha llevado gorra, y ahora le tocaba correr, una actividad que tenemos asociada ya al dinamismo salutífero de los políticos. Frente al golf reposado de los americanos (oh, Donald, ¡líder del mundo libre en Mar-A-Lago!) aquí va más el jogging o running.
 

Hemos visto a Edmundo Bal trotar en mallas, mallas a una altura extraña, por debajo de las rodillas, como si fueran mallas-pirata; y trotar PAU arriba, PAU abajo… pero además le hemos visto hacer estiramientos. Ha aprovechado un árbol para estirar. ¿Por qué? ¿Por qué se han demorado en ese innecesario detalle? ¿Qué nos quería decir con eso el marketing electoral?
 

El mensaje estaba ahí. De hecho, su correr ha sido puro relleno. Su zancada, extrañísima (una zancada sui generis, la Edmundo Bal de las zancadas) cedía protagonismo, parecía sólo un mero acompañamiento al hecho fundamental de estirar. Invertía los términos: lo importante era estirar, correr era un trámite.


En ese vídeo, el hecho clave era hacer estiramientos. Se exalta, pues, la flexibilidad del candidato. Se destaca esa capacidad. No el aguante, no la rapidez. Nunca habíamos visto eso. Un vídeo en el que se presume del estiramiento, como si estuviesen seguros de que esa cualidad será apreciada especialmente por los centristas. Es un vídeo dirigido a un segmento: los runners, pero no a todos los runners, sino a lo que estiran bien, a los que estiran metódicamente. A los que saben que la flexibilidad de las fibras y miembros es un atributo fundamental.


Si Ciudadanos muriera mañana, ¿no sería poético? ¿No sería hasta bello? Acabar con un homenaje a la flexibilidad del centrista, con una apelación a los más grandes elongadores.
Es el vídeo, el acto más bello del centrismo, y más coherente. Han llevado, ahora sí, lo suyo a las últimas consecuencias. A lo físico. Nunca habríamos imaginado a Suárez estirando los abductores. Pero Bal sí, Bal ha demostrado ser un centrista perfecto, acreditado, flexible y con unas fibras en su punto. Más que un arquetipo. Un ejemplo humano vivo de centro. Con cuerpo de centro. Con aptitudes físicas de centro.


Y esto tiene que tener un efecto. No se hace un vídeo así sin más:


-Elonga, Edmundo, elonga, que se vea bien cómo andamos de fibras.