sábado, 6 de junio de 2026

Ay, España




Azorín

Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Que dice Zapatero que España es España.

    –Y cualquier cosa que pueda decir que perjudique a España, no saldrá de mi boca.
    
Parece un romance cantinero de José Alfredo Jiménez, pero es lo que piensa Zapatero, el político que más daño hizo a España después de Azaña.
    
Por ahí dejé la botella / donde me bebí tu amor, / alguien se quedó con ella / yo no sé pa’ qué la quiere, / ya me tomé lo mejor.
    
Zapatero vino con lo de la España "discutida y discutible" y se fue dando voces de “¡que te pego, leche!” a quien hablase mal de España.
    
A eso, que sólo son ladridos de perro cortijero, es lo que hoy se llama gravedad castellana.
    
Las dos palabras fundamentales de la escuela del 98 fueron “Frivolidad” (lo negativo) y “España” (lo positivo).
    
Lo que nosotros hemos combatido con más tesón, con más denuedo, ha sido la frivolidad –presumía Azorín.
    
¿Y qué es lo privativo de la frivolidad española?
    
Para Azorín, hablar sin estar enterado de un asunto.
    
A Zapatero le llevó ocho años en La Moncloa enterarse de qué iba España, que en su caso ha resultado ser la España Plural, ese concepto falangista que tan hondamente caló en el subconsciente del socialdemócrata hispano.

    –España es varia y es plural, pero sus pueblos varios, con sus lenguas, están unidos irrevocablemente en una unidad de destino en lo universal.
    
Que es lo que Zapatero, con menos lecturas que José Antonio, dijo a los catalanes cuando ya se iba: “España plural, sí, pero España”.

    La España de la sota de copas:

    –Tú eres la sota de copas, / muy bonita cantinera, / pero se te van los clientes.
    
Al patriotismo bullanguero y aparatoso (la gansada de La Roja, para entendernos), el 98 oponía (claro que con libros) un patriotismo serio, digno, sólido y perdurable al cual se llega sólo por el conocimiento minucioso de España.

    Al 98 les parecía delirio imaginar casos como el de Pedro Navarro, el general que combatió con los franceses contra España.

    Ay, España.


[Mayo, 2013]

La suegra


Omaha


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Zapatero, que hubiera merecido en su día un retrato del doctor Marañón, es ya como la suegra de la catástrofe.

Todo empezó con Zapatero –dijo Otegui, su hombre de paz.
Zapatero es el mejor presidente de la democracia –dice Pablemos, nuestro Mortadelo de la socialdemocracia, el estatismo y la movida federal.

Una de las pretendidas soluciones es la socialdemocracia –decía, ¡en el 35!, Primo de Rivera–. La socialdemocracia conserva, esencialmente, el capitalismo, pero se dedica a echarle arena en los cojinetes. Esto es un puro desatino.
En ese desatino andamos, con Zapatero de duende tutelar, que lo mismo se aparece a Rivera en casa de Margallo que a Leopoldo López en su celda o que a Pablemos en una caldereta de langosta… zapatera.

¡Crustáceos servidos en la mesa de Cronos!

Luis XIV –avisó Valéry, en cuestión de potestad, no ha poseído la centésima parte del poder sobre la naturaleza y los medios de divertirse de que disponen hoy tantos hombres de condición modesta.
Fumaroli ve que los ciudadanos de las partidocracias han pasado a ser, por círculos concéntricos, las aristocracias inmensamente privilegiadas de una humanidad proletaria que sueña con la suerte del más modesto entre nosotros, como las almas de Homero aspiran a la luz de los vivos.
¿Cómo respetará la Constitución un país que no acepta cheques bancarios?

Mientras Errejón aguarda, abrazado a su bequita, el beso de buenas noches de Evita, volvemos a lo de Primo de Rivera, en el 35, contra el federalismo que, como ahora, proponían todos “para evitar la catástrofe”:

Hay otro género de ungüentos, pródigos en España: las confederaciones. Todos parten del supuesto de que la unión de varios enanos es capaz de formar un gigante.

Si Zapatero es la suegra, Pablemos será la nuera, y el yerno, Julio Rodríguez, ese general inconcebible en el pellejo del coronel Taylor en Omaha: “En esta playa sólo van a quedar los muertos y los que van a morir, así que salgamos de aquí”.


[Junio, 2016]

San Isidro'26. Juampedrada de "rebotáos" para Uceda, Clemente y Aguado de borrajas (H2O). Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Hoy tocaban de nuevo los de Juan Pedro. Por si no hubo bastante con los de la Corrida de la Prensa del otro día, hoy otra taza de ricino así, por las buenas. Ésa era la actitud cuando bajábamos hacia a Las Ventas, pero luego, como se suele decir, «viene el toro y lo descompone». Y la descomposición consistió en que donde el día 28 de mayo hubo seis pobres jureles bondadosos, bobos, zompos y soporíferos que, por cierto, llevaron a su propietario al éxtasis ganadero, hoy, con el mismo hierro en el anca salieron otros seis que, sin ser la maldad personificada, crearon suficientes dudas e incertidumbres como para que el amo que los cría se fuera a su casa o a sus predios del Castillo de las Guardas triste y cabizbajo, porque él lo que quiere del ganado que cría es sumisión, sumisión y sumisión. Nadie vaya a pensar que la corrida fue una de ésas de las que se llaman «duras», que en los seis juampedros -o cinco más uno- de hoy no hubo casi nada que demostrara inteligencia por parte del ganado, ni tampoco andaban mirando al torero, cosa que tanto incomoda, ni prácticamente se comían a nadie, pero su falta de sumisión, demostrada en ciertas actitudes tales como levantar la cabeza o derrotar al salir del pase, no humillar lo necesario o la falta de homogeneidad en las embestidas, no era lo que venían buscando los que se anunciaron con este encierro, dando la suma de todas esas circunstancias el resultado de una tarde movidita.

 

Para despachar a los juampedritis se trajeron en este último Viernes de Cubata al veterano Uceda Leal de frambuesa, cuajado de oro, con cabos de oro y alamares de chorrillos largos; a Clemente, de grana y azabache, y a Pablo Aguado, de faja de madre y muchísimo oro. Ésta era la tercera comparecencia de Aguado en la Feria del 2026 y todavía no sabemos a qué ha venido.


Uceda quiso hacer lo suyo en el cuarto de la tarde, Baladuero, número 107. Brindó a la parroquia y se dispuso a vérselas con el colorado. Se lo sacó a los medios muy toreramente y dejó un pase de trinchera para quien estuviera atento y ahí la cosa comenzó a hacer aguas. Lo mismo si Uceda pilla este toro hace siete años, nos había dejado una interesante faena, pero dio la impresión de que el madrileño no quiso o no pudo soslayar las pocas complicaciones que el toro le planteó. El bicho se fue desfondando y, a su manera, el matador también. Media estocada fue suficiente para echar abajo al toro. 


Clemente lo intentó también en su segundo, Soldador, número 118. Inició su labor con unos «medios gayolos» en los que el toro planeó sobre él y en el último tercio se fue a terrenos del 6 a darle la réplica a este Soldador que primero le avisó dos veces y luego acabó cogiéndole. Hay que decir que Clemente en este toro se puso valientemente a hacer el esfuerzo de situarse donde los toros cogen, y que el conjunto de su labor hasta que fue retirado por las asistencias para llevarle a las manos de los Padrós, caló en los tendidos por su autenticidad basada en irse al pitón contrario y quedarse bien colocado. Le pasó al toro en series por la derecha y luego de uno en uno por la izquierda con bastante verdad, contando con que la condición encastada del toro aumentaba la sensación de riesgo, siendo la actuación de Clemente en este toro lo de mayor valía de todo lo visto en la tarde.


Hay personas que portan apellidos que son definiciones: «Novillo», «Rufián», «Carnero» o, en este caso, Aguado, que en este caso sería la condición del toreo de quien porta esa denominación. Seis toros ha tenido delante Pablo Aguado en la Monumental, para dejarnos aunque fuera una brizna de ese arte que aseguran que atesora y lo que nos ha dado han sido sopas con honda, con la honda preocupación de que su incompetencia con la muleta se ve aumentada de manera exponencial con el toro que sale en Madrid, que es tan distinto de todos los demás toros que verá en toda la temporada. Cuentan que el otro día, en Aranjuez y ante una renqueante bola de sebo, bordó el toreo y la impresión es que el que quiera verle y recrearse en las capacidades que le cantan, debe comprarse una moto y recorrerse la España vaciada, de pueblo en pueblo, como Diógenes con el candil, a ver dónde le echan las babosas que convengan a su decadente filigrana. La cosa de las herramientas tauricidas, tal y como quedó demostrado, tampoco son su fuerte. Pablo Aguado es H2O: incoloro, inodoro y, sobre todo, muy insípido.


Mención aparte merece el peonaje. Por la parte equina el único que estuvo a la altura de la plaza en la que se encontraba fue «Espartaco», que picó al tercero. Por la parte de la bipedestación reseñar la brega de Iván García al tercero y sus ganas de agradar con las dificultades que le puso el sexto y el coraje de Morenito de Arlés. Fernando Sánchez parece que está en horas algo bajas, aunque las gentes se han encariñado con él y le aplauden todo lo que hace.


La corrida fue remendada con un sobrero de Montalvo, que salió en segundo lugar, lo cual nos lleva a plantearnos por cuál será la razón de que el día que se jugaron los de Montalvo los sobreros fueran de Casa de los Toreros y de Fermín Bohorquez teniendo uno de Montalvo en el congelador. La tradicional opacidad que siempre rodea todo en el mundo de los toros no nos ayudará a conocer la respuesta al enigma.




ANDREW MOORE





















FIN

Sábado, 6 de Junio

 


Muhammad Alí

viernes, 5 de junio de 2026

Retratar a Zapatero




 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En lo que el pueblo levanta una estatua al Sabio de Hortaleza en el Wanda, el Estado de Partidos enriquece su belén con un marmolillo del tribuno Rubalcaba en el Congreso y un cuadro del minero Zapatero, al que va a retratar por 38.000 euros, que es la indemnización por dos casas y media bajo el volcán en La Palma.


    –A éste se lo debemos todo –comentó Felipe II al pasar ante un retrato de Fernando el Católico, el rey para quien Maquiavelo escribiera “El Príncipe”.
    

El Maquiavelo de Zapatero, al que también debemos bastante, es Suso de Toro, cazafantasmas de ese “fantasma lumínico” que es, para Ortega, el buen retrato español: el “aparecido como mediador entre el mundo de allá y el mundo de acá”.


    Anunciaba Rivera un viaje a Venezuela para vender derechos humanos, y le llamaban de La Moncloa los de Mariano para que antes de partir se pasara por la oficina de Zapatero, mediador entre lo de allá y lo de acá.
    

Zapatero tiene cara de lenguado, como la Gioconda, así que de ahí no va a salir ni el Inocencio X de Velázquez ni el Domingo Ortega de Zuloaga. “Un bobo solemne”, dijo el mismo Mariano, pero ¿cómo pintar eso?
    

Un bobo no es un tonto, como explicó aquí Ruano. El tonto es duro de corazón y de mollera. El bobo, variante noble del tonto, es tierno: hay en él un estado de pureza. El tonto mira hacia fuera y no ve hacia dentro, al revés que el listo, que ve hacia fuera y no se preocupa de mirar hacia dentro. Téngalo en cuenta el retratista, para no hacer una tontería (no es el tonto el que hace tonterías; las grandes tonterías las hace el listo).
    

El bobo, insiste Ruano, es poético, mientras que el tonto es realista, con un sentido práctico acusado, con un sentimiento urgente del triunfo que tiene también el listo: el tonto consuela sus fallos convencido de que se han cometido con él injusticias en contra suya.


    El bobo, en fin, no llora.


    –Todos caben en este mundo. Pero el mundo no cabe en todos.
    

¿Ven por qué Velázquez hubiera querido ser rentista antes que retratista?


[Noviembre, 2021] 

San Isidro'26. Yemas de Jandilla y un hueso de Santiago Domecq. En la Feria de los Avisos, De Justo ha puesto una caseta. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


La corrida de hoy era, según me dijo un señor, una «corrida de figuras». ¡Ah! ¿Y quién torea?, le pregunté, y ahí me enteré de que hoy me tocaba ver en Las Ventas a Emilio de Justo, Borja Jiménez y Víctor Hernández, lo cual me llevó a cavilar sobre qué entenderán algunos por eso de «figura», otro de esos términos devaluados que, a base de sobarlo, ya nada significa. Porque uno piensa en lo que se entendía antes por «figura» y cuesta mucho meter en esa categoría a Emilio de Justo, que da la impresión de no mandar ni en su casa, como para andar mandando en los despachos, aunque se ponga a pegar berridos, que es hoy por hoy lo que mejor se le da. Y los otros dos, pues lo mismo, que si se ponen un poco chulos los coge el empresario de turno y los cancela, como se dice ahora, y los carteles que compone el tal empresario ni se resienten ni se derrumban sin sus nombres pintados en ellos.


Sean o no lo que se dice figuras, lo que sí que consiguieron es que se pusiera un nuevo «No hay billetes» en esos huecos que hay a los lados de la Puerta Grande, señalados por un rótulo de cerámica que dice «Taquillas», lugar donde jamás se ha visto a tantos y tantos «grandes aficionados», amantes del gañote, de la cuchipanda y del «amón»; y aunque nos congratulamos y no dudamos de la veracidad de ese cartel, volvimos a observar en este nuevo lleno la existencia de buenos huecos en las andanadas, aunque es justo reseñar que en todos los burladeros del callejón no cabía ni un alfiler.

 

Otra de las características del particular mundo del toro, aparte de la afición al gañote antes referida, es la de la opacidad. Todo se sabe por dimes y diretes, por «me han dicho que» y por «parece ser que», pero sin un documento oficial que explique al aficionado si es verdad que para aprobar los cuatro de Jandilla que se aprobaron hubo que examinar y analizar a treinta toros, cosa que se comentaba en ciertos corrillos y que, de ser cierta, desbarataría la encomiable misión del veedor, sea éste quien sea. La cosa es que al final, tras tantas idas y venidas, solamente se pudieron salvar, como dignos de ser lidiados en la Monumental, a cuatro de Jandilla, que enlotaron perfectamente echando los dos de más presencia por delante y los dos más zapatuelos por detrás, y para completar la media docena precisa para el espectáculo se trajeron dos de Santiago Domecq.


Para ser justos, los de Jandilla no deberíamos mirarlos con los ojos de mirar a los toros, sino con los ojos del que elige los óleos para una pintura. Nadie en el entorno de esos toros tiene otro interés que el de crear y criar un «producto» que sea óptimo para que un torero pueda expresar su tauromaquia sin recibir por parte del toro otra cosa que apoyo, colaboración y sumisión. En ese sentido no es relevante, cuando se habla de este ganado, echar cuentas de cómo salieron, de cómo pelearon con el penco y el jinete o maturrango que le gobierna o de qué hicieron en el segundo tercio, porque nada de lucimiento en esas fases se ha buscado en estos toros, que son criados exclusivamente con la finalidad de ponerse a disposición del torero de turno para que con ellos pueda llegar a la creación de obras efímeras e inmarcesibles armados de su muleta. Ése es el plan, que se cumple hasta que llega Emilio de Justo y sortea dos yemas de San Leandro llamadas Opaco, numero 94, y Lacerado, número 93, y se comprueba que entre su festival de gritos, bramidos y berridos, es incapaz de aprovechar las inocentes, educadas tranquilas y nada exigentes embestidas de los toros para construir una obra mínimamente estimable. Lo que hemos visto esta tarde se denomina desperdiciar la oportunidad, porque los dos bombones que ha tenido la suerte de sortear han sido el mejor regalo que se podía haber encontrado, si tuviera algo que decir con palabras. Si el Opaco ha sido bueno, lo del Lacerado ha sido como para darle el Premio Nobel de la Paz, porque no creo que se haya visto en la Feria un toro más embestidor y repetidor que éste, que no ha dado muestras de cansancio ni de sofoco. Sin importarle las veces que el pobre Emilio le puso la muleta, acudió a todas sin un mal gesto, sin una mala cara, sin un derrote; incluso con el estoque dentro parecía que esperaba que le pusieran la muleta para ir a ella como los insectos van a la luz. A cambio de sus bondades para el último tercio los dos de Jandilla recibieron un baño de vulgaridad, falta de colocación, ventajismo y ausencia del más leve compromiso, yéndose ambos al otro mundo sin haber llegado a conocer qué es eso del toreo para lo que habían sido criados. Menudo chasco para ellos. A cambio, su percepción del mundo fue torturada por los constantes bocinazos y chillidos de un tío vestido de rosa mejicano y oro que fue tundiéndolos a pases, medios pases, trapazos, chicotazos y alguna trincherilla y el esperpento del final por poncinas a su segundo, todo muy por debajo de lo que las claras embestidas de ambos toros prometían. Los mató a base de descabellos, de forma impropia, un torero que lleva casi veinte años de alternativa al que parece que toda la fuerza se le va por la boca. Los dos toros fueron despedidos con palmas por aquellos que en el toro valoran sobre todo su carácter embestidor.


El Jandilla de Borja Jiménez, de púrpura y oro, fue Libélula, número 22, un jabonero hermoso y armónico que gustó porque entró fuerte al caballo de Tito Sandoval y, tomándolo por delante, lo derribó bellamente. En la segunda entrada lo intentó de nuevo pero sus fuerzas ya no eran las mismas. El toro demostró un buen tranco y disposición al galope en banderillas y todo se acabó cuando Borja Jiménez se dedica a castigar al toro por abajo, en el inicio, a base de doblones y con eso digamos que se carga al toro, que tras ese principio inexplicable ya no vuelve a ser el mismo. Lo intenta Borja en diversos terrenos y la cosa no sale, y mira que lo intenta que hasta le dan un aviso. Luego le salió una pintura, un sardo de Santiago Domecq que atendía por Piernasuelta, número 67, que se empleó en varas, fue bregado con soltura por Juan Carlos Rey y recibido en los medios con pases cambiados por Borja, que hoy no tuvo su día. En ningún momento vio la faena al sardo y anduvo como una tabla en el mar a merced de las olas. Por ningún lado se atisbó algo reseñable de su actuación que fue seguida con la frialdad que se merecía por un público estupefacto al que no se le iba de la cabeza la idea de que dentro de dos días le tenemos anunciado en Las Ventas para vérselas con 6 toros 6. Que Dios le coja, y nos coja, confesados.


Víctor Hernández, de lila y oro, se las vio con su primer Jandilla, Zorrero, número 70, protestado de salida por chico y que apenas conoció la declinación del verbo picar. No fue este el toro que le venía bien a Hernández, acaso porque su embestida es franca y no pone la emoción que falta para hacer singular el toreo del matador. La faena se desarrolla en las más previsibles líneas del neotoreo con todas las cosas inherentes a esa mixtificación, tales como el cite ventajista con el pico de la muleta, la falta de colocación y de remate y demás cosas harto conocidas que componen esta manera contemporánea de concebir el toreo que tanto detestamos. Su segundo fue Versado, número 51, que le arreó un tremendo volteretón según le comenzaba a lancear a la verónica. En varas el toro empujó con fuerza, brío y fijeza, metiendo los riñones y recibiendo lanzazos sin tasa de parte de Agustín Collado. En la segunda vara, igual de mal picado, sacó al caballo hasta el tercio a base de empujar. No tuvo suerte el toro en esto, porque su disposición merecía un mejor trato. Lidia bien Marcos Prieto con un terno muy poco visto de color carmesí y azabache y comienza su faena Víctor Hernández en chaleco, porque  la chaquetilla se la había destrozado el toro en la voltereta del principio. Su actitud en este toro es totalmente distinta a la del primero, volviendo a recordarnos a la personalidad del Víctor Hernández del año anterior, ésa que dicen que se inspira en José Tomás, y si bien opta por las cercanías demasiado cercanas y ahogadoras de la embestida desde el principio, bien es verdad que también plantea su faena con una buena colocación, dejando la pata adelantada y cayendo hacia adelante. Las cercanías que propone hacen que esté dando medios o cuartos de pase, pero la posición del torero, muy cruzado, y la fiereza del toro hacían emocionante lo que se estaba viviendo. Una nueva cogida no le amilanó. El torero remató su obra muletera sin refrendarla con el estoque, pero dejando buen regusto en la afición. Siempre hemos dicho que si el toro pone la emoción los defectos del torero se pueden pasar algo más por alto, sobre todo si hace un esfuerzo como el que hoy hizo Víctor Hernández.


En «toreabilidad» vencieron los Jandilla; en toro a secas la palma fue para Santiago Domecq. Con los 7 de hoy, si no me fallan las cuentas, ya llevamos 78 avisos en la Feria de San Avisos.




ANDREW MOORE
















FIN

Viernes, 5 de Junio

 


Gullit

jueves, 4 de junio de 2026

Shylok


Andréi Vishinski


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Las gansadas de Zapatero son como la “Filosofía de la historia” de Hegel, un libro, según Russell, sin la menor importancia por cualquier verdad que pueda contener, pero muy importante porque presenta un sistema de la historia de acuerdo con el cual se supone que se han desarrollado los acontecimientos históricos, algo que le gusta a la gente.

La fórmula es sencilla y los lectores piensan: “Ahora lo entendemos todo”. Si es falsa, no lo perciben.
A propósito del tabarrón catalán, Zapatero, uno de nuestros juristas más influyentes, ha dicho por radio (¡y sin escándalo de nadie!):
¿De qué se trata, de ser más español diciendo que la ley y punto, y se acabó?
¡Zapatero pidiendo a los oyentes el permiso de cortar su libra de carne de las entrañas de España!

Ihering diría que Zapatero es un Shylok sin Shakespeare. Porque es el espíritu de venganza y el odio los que impulsan a Shylok a pedir al tribunal su libra de Antonio. Pero las palabras que el poeta pone en sus labios son el lenguaje que el sentimiento del derecho lesionado hablará siempre, verdad a la que jamás llegará Zapatero.

Si se quiere saber –dice Ihering– cómo una Nación defenderá en un caso dado sus derechos políticos y su rango internacional, basta saber cómo el individuo defiende su derecho personal en la vida privada.
Hace un siglo avisaba Ortega de que el problema nacional planteado en 1917 (¡como en 2017!) “no consiste en que éstas o las otras gentes se hayan revuelto contra la autoridad del Poder público, sino en que, con tal motivo, hemos descubierto los españoles que el Estado carece de autoridad positiva para hacer frente a las fuerzas de la disgregación”.

Como Nación, España está hoy en otro orden (¡el nuevo orden mundial!), un orden Vishinski:

El camarada Vishinski llegó y lo puso todo en orden. No tengan miedo del derecho, dijo, nos llevaremos bien con él. Lo amputaremos sólo un poco. Y así lo hizo, con la satisfacción general.

El derecho como facultad de las cosas inútiles.


[Julio, 2019]

San Isidro'26. Fiesta de corrales para tarde de gayolas y la tauromaquia más pueblerina que concebirse pueda, con Garrido, Martín y Navalón (con perdón). Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Anteayer, el respeto, el miedo, la incertidumbre, y hoy, la fiesta, el jolgorio, la parranda. Así es esto de los toros, a los que también se conoce como «Fiesta». Pues para todos aquellos a los que les va la fiesta, hoy la tuvieron en diversas formas y manifestaciones. Lo primero una fiesta en los corrales, cuando el sanedrín veterinario decidió no dar el apto a la corrida que mandaba Lagunajanda, que como ya hemos visto unas cuantas de esos «ganaderos» tampoco vamos a derramar una lágrima por el hecho de que esos animalejos hayan tenido que retornar a Vejer con el rabo entre los cuartos traseros. Lo segundo, la fiesta de las sustituciones: ¿qué prefieres, que te corte la cabeza o que te pegue un tiro?, pues ésa era la duda existencial al saber que las posibles sustitutas eran o bien La Ventana del Puerto o bien Montalvo. Al final la cosa se decantó por Montalvo, que mandó a Madrid un encierro de esos que hacen que a un ganadero un poco escrupuloso se le caiga la cara de vergüenza; no es que entre el que más y el que menos pesaron hubiera una «horquilla» de 102 kilogramos; no es que los toros estuvieran herrados con saña y mala leche; no es que de las seis prendas que trajeron echasen dos a las tinieblas; es que lo que salió por chiqueros fue una troupe de payasos del Circo Price, no de éste de ahora, sino del que estaba en el mismo sitio donde tiene su sede el mentecato de Urtasun, que si fuera toro podría haber llevado en el anca los dos círculos concéntricos de Montalvo con todo merecimiento.


Madrid hoy perdió sus complejos y se reivindicó plenamente como la Primera Plaza de Toros de Pueblo del Mundo. Faltaron puestos con churros, berenjenas de Almagro y algodón de azúcar en la explanada, faltó una noria y unos coches de choque y una tómbola para que la recreación hubiese sido perfecta en lo que concierne al exterior de Las Ventas. En lo tocante al interior todo salió de forma adecuada a la tauromaquia más pueblerina y más de fiestas patronales que se pueda concebir. La disposición de los tres actuantes dio pie a la transmutación, con la ayuda eficiente y necesaria de los ocho toros que salieron por la puerta que custodia don Gabriel Martín, hoy más barquillero que nunca, de los que dos fueron retirados de la circulación por los bueyes siderales que pastorea el ingeniero señor Fernández. La pauta de que la tarde se desarrollaría en un tono de fiesta y jolgorio ya se vio desde el principio, cuando el sufrido portador del cartel, don Alejandro Polo, salió de su negociado portando su pesada herramienta de trabajo para anunciar al primer toro sustituto de la tarde, corrido en primer lugar, faltando en la tablilla el número 2 de los 625 kilos del animal. Observado el error sale un propio portando el número natural que sigue al uno, que es colocado en la tablilla de la que vuelve a caer y cuando don Gabriel se retira y observa el guarismo en el suelo, con su cartel sobre el hombro la emprende a patadas con el número, acaso como homenaje al Mundial de Fútbol que comienza en breve. Estos indicios, el del toro blando y lo del cartel ya nos pusieron sobre aviso de que hoy la cosa iba de jarana.


Para vérselas con los Montalvo contrataron a José Garrido, de visón y oro, a Ismael Martín, de grana y oro, y a Samuel Navalón, de blanco y oro.


El del número 2, el primer sobrero, era de Casa de los Toreros, que ya el nombrecito tiene guasa, y atendía por Laborioso, número 51. Esta ganadería aún no cuenta con antigüedad, pero viene avalada por su procedencia Juan Pedro DomecqTorrestrella, que es como si dijéramos una ostra Guillardeau del número 1 para los amantes del toro que va y viene y no estorba. Comprenda el sufrido lector que no le aburramos con las insustanciales evoluciones del toro en los dos primeros tercios, dado que lo único verdaderamente reseñable son las caídas o caidillas del semoviente. Cuando don Lamberto aporreó sus timbales tocando a muerte ahí se dispuso Garrido a mostrar a la parroquia sus mañas aprendidas en sus diez años de alternativa. Comenzó ¿cómo no? de rodillas, porque ésta de hoy fue tarde de muchas rodillas, y fue desgranando su colección de pases, más vistos que la Puerta de Alcalá, en los que tuvo la precaución de no colocarse bien para uno solo de ellos. El tal Laborioso estaba laborando a favor de obra, eso es que iba y venía, ni una mirada, ni un mohín, ni un mal gesto, y ahí seguía Garrido con sus muletazos descolocados y su cite de aquella manera, cosechando aplausos del público, que parecía que venían a los toros directamente de la Procesión de San Roque. Reseñemos la estocada de Garrido y la muerte brava de Laborioso que, un poco, le redime de su bobería. Una cierta parte del público pidió la oreja y el Presidente, como quien dice el alcalde de la pedanía, sacó el trapo blanco y santas pascuas. El castañito listón que hizo cuarto, Caprichoso, número 38, no tenía el afán correteador del primero. A este le recibió de rodillas a porta gayola, esta de verdad, de la que te pones de rodillas sobre la raya blanca, para contento de los que eso les gusta y luego comenzó su faena, de nuevo de rodillas, en el platillo por no variar. Si con el bueno dio la medida de su talento o de su disposición, con el malo la cosa no acabó de tener lucimiento, habida cuenta de que las trazas que desarrolló en el segundo no distaban de las mostradas en el primero ni apareció ningún propósito de la enmienda sobre lo ejecutado con anterioridad.


A Ismael Martín le echaron por delante a Caprichoso, número 30, primer Montalvo cuya lidia veríamos entera. Lo mejor de Martín es su disposición, sus ganas de estar a todo, desde sacar al toro del caballo toreando hasta entrar en quites, banderillas o lo que haga falta. Había saludado al toro también de rodillas con una larga cambiada. Con la muleta la cosa pierde intensidad aunque el torero quiso dar su emoción a la cosa empezando con pedresinas y luego poniendo en marcha un trasteo muy superficial que es rematado con una estocada tendida. Parece que está haciendo oposiciones a tomar el sitio que ya va dejando el Fandi, con sus mismas armas. A su segundo lo recibió de rodillas en «medios gayolos» y cuando le estaba pasando por verónicas el toro le propinó una fuerte voltereta. Luego, tras haber clavado su primer par de banderillas el Presidente/Alcalde pedáneo decidió echar al toro para que saliera un zambombo de Fermín Bohorquez que atendía por Haragán, número 42, ante el que se verificaron unos nuevos «medios gayolos» y después una media verónica de rodillas en el 10. Un par de banderillas en terrenos del 4 corriendo hacia atrás y clavando toreramente en la cara es lo mejor de toda la tarde, y aunque el par fue excelente nótese cómo éste no se aparta del aire fiestero y provinciano que teñía toda la corrida. Comienza su faena nuevamente de rodillas y desarrolla el temario con argumentos equivalentes a los del primero, para terminar en un festival de bernardinas a go-go, un pinchazo y una estocada.


Samuel Navalón sorteó a Pólvora, número 86, ante el que desplegó unos modos que no acertamos a clasificar, pero que están en la línea de lo que vemos todos los días de manera reiterativa. Su aportación a la tauromaquia de gache fue su exacerbada exhibición de testosterona, poniéndose a milímetros de los pitones del pobre toro, que ya nos gustaría ver a alguno hacerle eso a los de don Pepe Escolar, y luego un clásico final aldeano a base de bernardas antes de cobrar una estocada en la suerte contraria. El sexto y último salió casi a las nueve y media, casi a la hora de irnos a ver los fuegos artificiales, que para no ser menos que sus antecesores también recibió una porta gayola, esta también del tipo «medios gayolos», porque no veas si se puso alejado de la tal porta. Tras el ¡ay! Se volvió a plantar de rodillas para dejar un pase afarolado y también se fue a los medios a ponerse una vez más de rodillas para comenzar su faena, en cuyo transcurso se llevó una voltereta pasando con la izquierda: el toro se paró en medio del muletazo y el torero no se movió, resultando prendido sin consecuencias y siguió sus labor, larga labor, hasta que ya decidió pegar unas bernardas sin la ayuda del estoque, poco lucidas y trompicadas. Pinchazo y estocada.


Faltó en Las Ventas esta tarde un tío rifando un jamón por el tendido*, que es el único detalle pueblerino que se echó en falta hoy. Todo lo demás se cumplió perfectamente.

_______

* N del E.- Ahí queda la idea, para Amón. ("Amón" es como Pepe Brajeli, apoderado de Curro, llamaba al "jamón". Alternando en la barra, si tenía que ir al lavabo, dejaba el postizo dental sobre el plato para que en su ausencia nadie tocara el "amón")




ANDREW MOORE










FIN