jueves, 9 de febrero de 2023

Los moderados

Juan XXIII, el Papa Bueno


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Esta obscena servidumbre voluntaria no es pasotismo; es moderantismo.
    

El franquismo hizo del españolejo una máquina de obedecer, es decir, un moderado que en época de votación es cortejado por los logreros del centrismo de todo a cien.


    –Franciscus Franco Bahamonde, Hispanieae Moderator –es la traducción latina del título de autoridad franquista, “Caudillo de España”, que hace el Breve pontificio de Juan XXIII, “el Papa Bueno”, cuando lo del Valle de los Caídos.
    

“Moderatio”, aclara Fueyo, es el término latino de que se sirve Cicerón para traducir la suprema condición humana del “dominio de sí mismo”, el último gran ideal humanista de la cultura griega. “Es, humana y políticamente, el genio del orden”.
    

Ahora, en Madrid, los aspirantes al título de “Hispanieae Moderator” son Gabilondo, un frailón de misa y olla con carrillos de ardilla, y Edmundo (Bal), el cómico muecín que desde su alminar en Ventas convoca a los moderados para que acudan al cepillo centrista.
    

La moderación y un cielo despejado son Apolo y las Musas –dispone el sabio de Weimar, cuyo “Fausto” propone cambiar moderación por masturbación.
    

La moderación, que en Montesquieu es el “principio de la aristocracia”, en nuestros Faustos, que son fastos, de la Transición se impuso, dicho por su único pensador, como principio de mangancia cuando los extremismos de fondo pactaron la impunidad de sus desmanes: “Nada hay más moderado que los modales de los atados al poder con pactos secretos de inmoralidad política”.
    

Nuestros moderados nos han traído todas las libertades menos la importante, y llaman “exaltados” a quienes cometen, según ellos, el error de perturbar este desorden que es su consenso, un consenso que en nuestro nombre se ha tomado la libertad de separarnos de la única nación que tenemos, pues en ello estamos.


    Una lección vieja (mal aprendida, añade Santayana) dice que es vano acumular nuestros tesoros donde la polilla y el moho los destruyan, y donde los ladrones entren y los roben.


[Publicado el 27 de Marzo de 2021]

Jueves, 9 de Febrero

 


OK Corral

miércoles, 8 de febrero de 2023

El loco




 Rey Católico Don Fernando


 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para muestra, un botón: “El autor del ataque de Lyon presenta una psicosis con delirios paranoides”, tituló la agencia Efe (“Efe” de Falange al principio, y luego, “F” de Formación del Espíritu Nacional), la misma que despacha como fallecimientos los asesinatos milicianos del 36, como el del pobre don Melquíades Álvarez, “reo” de un republicanismo… centrista.

    –Estado psicótico con delirios paranoides de temática mística y religiosa (?) –fue el diagnóstico científico del atacante lyonés, un afgano con cuchillo.
    
Esto nos lleva al caso del Rey Católico Don Fernando, “herido de una cuchillada en Barcelona que le dio un loco, diziendo que muerto el Rey abia él de ser Rey”.
   
 –¿A mí, y por qué? –dijo, cayendo, el Rey, contra quien ya en el cerco de Málaga “salió un moro que decían santo”, y quiso matarlo.
   
 Cuenta estas cosas un fraile dominico, que hoy sería periodista de agencia (no firma las noticias), en su “Floreto de anécdotas y noticias diversas” recopiladas en Sevilla a mediados del siglo XVI.
    
El ataque al Rey Don Fernando ocurrió en Barcelona el 7 de diciembre de 1492, y no fue obra de moro, sino de payés: al bajar de la sala real del Palacio hablando con algunos de su consejo, acometióle con espada un “payés de remensa”. Mas lo noticioso no fue la herida, sino la cura: “Abiendo curado los çurujanos al Rey, y dándole çiertos puntos en la herida, parece que de turbados quedaron unos poquitos de cabellos dentro en la herida, y el Rey estaba cada día peor; un gran çurujano que allí bino determinó de le cortar los puntos, y mandó traer unas hormigas, y puestas de cabeça, sobre la herida, como mordían cortávales los cuerpos, y quedavan las cabeças, y así hasta con veinte hormigas, y en medio día estuvo junta la herida, y así sanó… En el trançe mostró la Reyna Cathólica gran coraçón, y acabado esto se retraxo y començó a llorar como mujer…”

    Qué pena que el periodismo de misa y olla del XXI, de la frailería de misa y olla del XVI imite sólo... la ortografía.
 
[Publicado el 6 de Septiembre de 2019]

Una Liga sórdida


 

Hughes

Abc

 

Quien después del Mallorca-Real Madrid viera unos minutos del Tottenham-City (DAZN), se llevaría una fuerte impresión. El fútbol español y el fútbol inglés ya no parecen el mismo deporte. La Premier se desarrolla con formas, velocidades y maneras que nada tienen que ver con la española, directa hacia la irrelevancia. No es sólo una cuestión de dinero, la Liga es un espectáculo tedioso, apenas tolerable para niños, que se caracteriza por los escándalos arbitrales, el deterioro del fútbol y la persecución de su mejor jugador, Vinicius, persecución que dejaremos en ‘cultural’, aunque a veces admitiría otro término.

Esos tres elementos coincidieron en Mallorca: Hernández Hernández, el árbitro, permitió un fútbol atroz con 29 faltas locales, constantes interrupciones y un marcaje patibulario a Vinicius, que regatea en un ecosistema hostil: es el jugador del continente que más faltas recibe.


Diez le pitaron en Mallorca, récord, de las muchas que le hicieron. Lo normal sería proteger a este extraordinario deportista, el más valorado de los que aquí juegan; sin embargo, se le ha convertido en problema y objeto de debate. Estamos ante una cuestión compleja: es futbolística, pues mermando a Vinicius se seca al Madrid; es económica, pues una Liga así, preparada para el bandolerismo, daña su activo y pierde proyección; y también cultural, pues revela cierto encanallamiento y una inversión de los valores donde pena lo excelente.

Porque esto ya lo hemos vivido. El fútbol, como pequeña política, se desarrolla en marcos ideológicos que ya fueron tema de batalla cuando Mourinho. El Madrid no podía competir si no los impugnaba. Ese Pep versus Mou disparó el interés de la Liga, pero el ‘antivinicismo’ la convierte en un espectáculo indecoroso de resentimiento estrictamente ibérico: antimadridista, cerril, autonomista... A tal fin, la Liga española ha pasado del dogmático tiquitaca al bilardista ‘pégale, pégale’. El baile de Vini se censura, el ‘pundonor’ de Gavi se exalta. Le han dado la vuelta a la tortilla conceptual. Es decir, haría falta otro Mou. Aquí, humildemente, se avisó en septiembre.

Miércoles, 8 de Febrero

 


Murfy


martes, 7 de febrero de 2023

Todo son pulgas

 

Tócala, Sam


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    A perro flaco, todo son pulgas. Por eso en España todos los gobiernos parecen gafes. El actual nos ha traído una erupción volcánica, una pandemia china y un parón del núcleo de la Tierra que hace presagiar una guerra nuclear porque Chamberlain patatas, por decirlo con la lógica de Bolaños, que en esa materia es nuestra Jane Fonda, que de momento no sale en los listados de “Hamilton 68”, pero que ha descubierto que sin racismo no habría cambio climático.


    –Ayer mismo la Ciencia nos dijo que el núcleo de la Tierra... –anunció Sánchez en el Parlamento–. Bueno, me voy a quedar ahí.


    Sánchez, cuya hegemonía se mueve “en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales” (Errejón), es el otanero más elogiado por sus jefes en Washington, que admiran su solanáceo ardor guerrero, explícito en sus andares de Tony Manero, hasta un punto en que los socialistas de Burgos se han visto en el brete de abolir en pleno municipal las armas nucleares. Y es que la misma chusma que hace un año acorraló a Djokovic en Australia porque “las leyes son para cumplirlas” (sonrisa sardónica de Griñán) pide palomitas para asistir en platea a una guerra nuclear.


    –Estamos al borde de la Tercera Guerra Mundial en Ucrania, y necesitamos un acuerdo de paz ahora mismo –ha dicho Trump, el único americano relevante, por cierto, que también se opuso frontalmente al crimen de Iraq.


    En este obscenario Nuland, oponerse a la guerra nuclear es el nuevo fascismo (trumpiano, por supuesto), y hasta el ministro de la guerra de Meloni opina, en el país del histórico gas mostaza en Abisinia, que un solo tanque ruso en Kiev sería el Final. Al final la “democracia liberal” se les quedó pequeña y avanzan hacia la “democracia nuclear”, donde según Schmitt cada persona tiene el derecho fundamental a por lo menos una bomba atómica, pues “sólo entonces seremos iguales”.


    ¿Y si el tanque ruso que dice el ministro italiano no llegara a Kiev? Bueno, las oportunidades de una preventiva y funcional guerra nuclear no se agotan en Kiev. En “El mito de la violencia religiosa”, Cavanaugh, uno de los teólogos más brillantes del momento, trae a colación el best-seller de Sam Harris, santón del “mainstream” neoyorquino, fundador del “Proyecto Razón”, un filántropo profesional que tira de maletín nuclear para solucionar “la absurdidad de la religión”.


    –Tócala, Sam.


    Al decir de Sam, la gente religiosa sólo entiende el lenguaje de la fuerza, y sólo habrá paz una vez que nuestros bombardeos la hayan vuelto razonable. “Es probable que la única cosa factible para garantizar nuestra supervivencia sea que nosotros asestemos el primer golpe nuclear. Sería un crimen inconcebible, pero puede que sea la única opción que tengamos, dadas las creencias de los islamistas”.


    –As time goes by.

[Martes, 31 de Enero]

Martes, 7 de Febrero

 


Corazón cubano

lunes, 6 de febrero de 2023

Charlapuñaos a troche y moche

 


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Cuando la "gente ignorante" encuentra entretenimientos peligra el dinero, la hacienda, la salud ... ¡bueno!, todo lo que suponga tranquilidad en el vecino! ¿Cómo hemos de considerar a un dominguero urbanita que en julio antes de cosechar y en día de viento prepara una barbacoa junto a un trigal reventón? Efectivamente, no es un dominguero gilipollas. Es una criatura insensata enemiga venenosa de la naturaleza y la humanidad. Tras el desastre mantendrá que le gusta el campo y que no pretendía hacer mal a nadie y menos al muerto del tractor o al bombero quemado. A todos nos hubiera gustado que el ignorante hubiera aprendido un poco de la experiencia y los básicos conocimientos de otros antes de aplicarse en sus insensateces, pero el ignorante es irreductible y de la certeza tal principio estamos convencidos los funcionarios de prisiones que siempre hemos preferido tratar a un malo, (un primer grado) que a un cerril de Enfermería.


     Lejos de mí la intención de dar clases de Derecho a quien se ha sacado la carrera de abogado, al que ha llegado a juez, o a esos ministros de la España que hablan y hablan sin parar de hablar y sin desenredar lo que siguen hablando. Cree servidor que el ciudadano tiene claro que un juez no puede condenar con penas superiores a las que están escritas en los artículos del Código Penal. También creo que el ciudadano distingue la irretroactividad de las leyes de su carácter retroactivo cuando son favorables al reo. Servidor cree que asuntos tan simples tendrían que conocerlos un ministro. Si no entran los conceptos por incapacidad intelectual, no estaría de más aparcar la soberbia y aprender y dejarse guíar por ejemplo "de cuando el Código del 95, el de Belloch, aquél que suprimió la redención y se planteó a los presos si preferían el Código viejo o el nuevo".  Aquel Código rebajó las penas en general, pero lo hizo sin el escándalo de este despropósito actual que no tiene ni pies ni cabeza, porque era más o menos equilibrado a pesar de que el asunto de la redención enredó lo suyo las liquidaciones de condena, un trabajo extra y peliagudo que soltó "el legislador" a los trabajadores penitenciarios. Los condenados preguntaban a funcionarios, educadores, juristas de las cárceles... si su redención de dos, tres ó cuatro años se perdía con la novedad; si como estaba preventivo desde marzo del 95 y el juicio lo tenía en junio del 96 qué ley ´correspondía aplicar; si uno podía acogerse al Código Nuevo con menor pena y pedir que le aplicaran la redención conseguida hasta el día de María Auxiliadora, patrona de los Salesianos, día de la entrada en vigor del Nuevo...


     Una de los apuntes más simples tenía que ver con el máximo de la pena a imponer. En el nuevo no superaba los 20 años de prisión contra los 30 del anterior del 73. Simpleza semejante es parecida a la comparación de la pena a los reos de violación en el Código anterior a éste de la Excelsa Ministra doña Irene Montero que dice "...Cuando la agresión sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de otros miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado con penas de prisión entre 4 a 10 años". El Código que se ha reformado castigaba entre 6 y 12 años a dichos reos. No es difícil entender que alguien condenado a 11 o 12 años  amparándose en el derecho constitucional de la retroactividad de la legislación favorable al reo solicite la reducción de la pena y el juez que lo condenó se vea obligado, porque así está escrito en la ley, a acceder a la pretensión. Si el de 12, con sus agravantes baja a 10, quizás al de 7 con sus atenuantes (un deficiente mental por ejemplo) se le quede la factura en cuatro y medio.


     Puede que lo anterior tenga las letras "mu gordas", pero creo que aclara mucho más que este barullo de insensatos que no para de hacer ruido.

El muñeco español


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El país que la política ha hecho invivible tiene a una estrella del fútbol, Vinicius, colgada en efigie de un puente, que es la imagen Ku Klux Klan que España ofrece al mundo amplificada por los “telepollas” (gran hallazgo de Cela) de la telebasura.


    –Es que Vinicius provoca.


    Vinicius es brasileño, veinteañero, religioso, burlador y bailón, alegría insoportable para una sociedad amargada y cafre, encabronada por la envidia del igualitarismo artificial, pero los “telepollas” quieren ver en él una especie de Indio Fernández, cuya “capacidad para provocar” tanto preocupaba a Juan Rulfo, que lo tenía por “hombre de reto”:


    –Se empeña en afilar a sus enemigos, y encantado con lo imposible quiere detener las aguas del río y obligarlas a devolverse.


    Espoleada por las protestas del extranjero, la Autoridad ha activado el protocolo del Captain Louis Renault en “Casablanca”, y procederá al arresto de los “sospechosos habituales”, que es el mismo que se activa para sucesos como el del “sacristán fallecido” en Algeciras: “caso aislado”, “la autoría es de un loco”, “hay que frenar el discurso de odio”… Como sea que llueve sobre mojado, Vinicius ha dicho sobre lo suyo que espera de las autoridades “un castigo de los culpables, no declaraciones oficiales”, pero es que Vinicius aún no se ha hecho a la idea de vivir en España. En Liverpool este futbolista viviría respetado como Dios, sin “boomers” como Pepito Reina, mítico gagman del Combinado Autonómico, que lo desafíen a vérselas en la calle (¡esos c…, con Rudiger!), lo cual haría que Endrick, negro y burlón como Vinicius, se replanteara su venida a la ciudad de los muñecos colgados donde la noticia del derbi es que no expulsaron a Ceballos, cuando el autor del gol de la fiesta fue Rodrygo. Vinicius también hizo el suyo, iniciando en el último minuto de la prórroga un slalom en su propio campo; a falta de épica en la jugada, los “telepollas” inventaron que Vinicius dedicó su baile a la afición forastera, que se encontraba en la otra esquina del estadio.


    –Lo del puente sólo era un muñeco y en el Bernabéu no expulsaron a Ceballos –justifican los redentoristas.


    Si la policía científica fue incapaz de identificar a un solo tenor racista en la montonera de videos cuando el derbi liguero en el Civitas, más difícil se le va a hacer localizar a los maleantes del linchamiento del muñeco.


    Ruano tiene contado aquí su hallazgo en los sótanos de unos grandes almacenes de una “Morgue” de maniquíes jubilados, unos revueltos con otros. El comerciante le dio a elegir. “¿De mujer?” “¡Hombre, claro!” Empezó a revolver hasta que dio con una muchacha casi entera; no le faltaba más que un pie.


    –Me la trajeron a casa. Envuelta en unos trapos, la llevé a Cuenca. Y la enterré en el jardín, con ternura y respeto. No pude cerrarle los ojos porque tenía una azul mirada fija, absorta; pero le puse un pañuelo en la cara para que no la hiriera la tierra.


    ¿Cómo se llega de la sensibilidad ruanesca con el muñeco del Sepu a la ruindad kukusklanesca con el muñeco de Valdebebas? Degenerando y por TV. El deporte, único escape de una sociedad servil, es la sentina de todas las frustraciones individuales. Para hacer de Vinicius un buen chivo expiatorio de los pecados de la comunidad (bastante primitiva, por cierto) primero hay que convertirlo en una suerte de Malcolm X, y de esto se encarga la TV, donde los “telepollas” juegan el papel de las feromonas que mueven a las langostas en las plagas.


    En lo estrictamente futbolístico, Vinicius no tiene la fortuna de Gavi, que según el locutor Martínez “tiene tanta intensidad en el campo y tanta intensidad cerebral (sic) que a veces no percibe los contactos”. Vinicius percibe los contactos… y se queja.


    –Esto es “furbo”: si regateas, te pegan.


    Además Vinicius conspira contra el Combinado Autonómico, pues es brasileño y le quita el puesto a Asensio, como conspiraba Mourinho trayendo a Modric antes que a Cazorlita o a De las Cuevas. Re-españolización del Real como pretexto: renovación de Nacho, Ceballos y Asensio, pero en París el gol lo empujó Vinicius, el del muñeco.


    Visto lo visto, en esta Copa diseñada para salvar la temporada culé, el Madrid debió entregar la cuchara en Cáceres y con los canteranos, para no verse obligado a arder en derbis y clásicos que le van a restar energía para su competición, que es la Champions. Los clásicos coperos sólo dan lustre publicitario al Barcelona, que sin ellos no saldría de los carteles para becerristas de la Europa League, amenizados, eso sí, por el nuevo “hit” de Xavi, “Que no se pare Gavi”, con música de Julio Iglesias: “Mañana por la mañana / Si no se rompe la noche / Haremos locura nuevas / Con el amor que nos sobre”…



Y la amarilla es... para Vinicius


TARJETA BLANCA


    En Portugal una mujer árbitro ha sido la primera en mostrar tarjetablanca en el fútbol. Su objeto es reconocer el fair-play de los protagonistas,y Catarina Branco tuvo a bien distinguir con ella a los médicos de los equiposcontendientes por su disposición a auxiliar a una persona desvanecida. Losmedios han saludado con regocijo la iniciativa para mejorar “el valor ético enel deporte”. La feminización del fútbol es imparable, y se cuentan los días quefaltan para que los equipos formen con, al menos, cinco mujeres de cuota. “Tarjetasblancas no ofenden”, contestó el ministro Calomarde al bofetón que le propinóla cuñada de Fernando VII.

 

[Lunes, 30 de Enero] 

"¡C...!"




 
 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La diversión de ir cada año a la misma playa es que uno sabe exactamente (con la exactitud de Bill Murray en “Groundhog day”) en qué piedra del arenal girará el caballero del bañador color mandarina en ese absurdo caminar de monos capuchinos enjaulados que emprenden los caballeros en las playas.

    Es la misma sensación “Groundhog day” que desde hace cuarenta años nos proporciona “la cuestión catalana”, ahora que Manos Limpias pide la detención de Arturo Mas por sedición, que es pedir peras al olmo.

    El olmo es el Código Penal (la verdadera ley política de una comunidad), que nos convierte en un país extraordinario, el único país de nuestro entorno cultural que elude el delito de sedición, pues para incurrir en él, si seguimos la ladina redacción del legislador, habría que tener bigote, llevar tricornio y gritar “¡Se sienten, coño!”, que, jurídicamente, no es lo mismo que “cony”, “recony” o “collons”, aun en boca de José Antonio Durán y Lérida, que es de Huesca.
 
Fray Servando Teresa de Mier cree descubrir “la tierra del coño” en Aragón, porque así como los demás españoles a cada palabra añaden un ajo redondo (“excepto los valencianos, que dicen ‘pacho’, y es nombre torpe de la oficina de la generación”), así los aragoneses dicen a cada palabra “co…”
 
Y esto es manera que llegando a una casa con boleta de alojamiento, el muchacho gritó a su hermana: "Co… anda, dile al co… de la madre que aquí está el co… del soldado".
 
El fraile, que ve que en otras tierras el co… va junto el ajo y la col, acaba preguntándose en sus memorias de mexicano desterrado (doscientos años ha) si no es un escándalo que el pueblo español no pueda hablar tres palabras sin la interjección de una palabra tan torpe, “cosa que no se ve en otra nación”.

    De los aragoneses concede que son valientes, y tan porfiados, que “así como un hombre clavando un clavo con la frente es un símbolo de vizcaíno, así clavándolo con la punta hacia la frente es de un aragonés”.
 
 

Lunes, 6 de Febrero

 


Lunch

domingo, 5 de febrero de 2023

Remembranzas trevijanistas XLI




MARTÍN-MIGUEL RUBIO ESTEBAN
Doctor en Filología Clásica


El Desnudo sobre un cojín verde, de Modigliani, expresa una belleza descriptiva intensamente emotiva. El cuerpo de una hermosa mujer morena, rebosante de vida y de melancolía, no pudo ser pintado con más delicadeza y respeto, según el maestro García-Trevijano. Su proporcionado cuello acerca la tristeza de la mejilla ovalada a la promesa indeterminada del seno redondo. El rosado del rostro y del lado derecho del cuerpo, se difumina en el dorado leonardesco de la luz que los baña por completo. Esta hermosa pintura transmite la emoción del embeleso. Amadeo Modigliani era consciente del ideal estético que buscaba. Y lo encontró en las formas clásicas del arte pictórico. “Intento formular con la mayor claridad la verdad sobre la vida y el arte, de la forma que la he experimentado ocasionalmente a través de la belleza de Roma, y como veo la conexión interna intentaré revelarla. En El violinista de Marc Chagall, el barbudo violinista de negros ojos desemparejados, con bonete y hábito rojo, cubriendo sus greñas y su desaliñado corpachón, ha dejado sobre el tejado blanco de una humilde cabaña, de tablones rojizos, el rastro purpúreo de su parada, para llevar a los caminos los aires de su mágico violín, acompañado del fiel zagal que tiende su gorra a una solitaria pareja de enamorados, acercándose por el recodo con el torso de la mujer desnudo. En este cuadro enriquecido de sentimientos arrastrados desde su infancia, Trevijano afirma que Chagall hace retornar a la vida la vieja leyenda del violinista sobre el tejado. Marc Chagall no era simplemente un pintor “naïf”. Tampoco un niño grande como su violinista. Su personalidad moral, su madurez humana y su talento mental, fueron tan grandes como su obra pictórica, aunque haya que amarla al verla, para entender por qué alcanza el grado de belleza artística inherente a la grandeza moral.

Carlo Carrà pintó en 1911, Los funerales del anarquista Galli, hoy en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Así lo describe García-Trevijano: “Sobre un pavimento rojizo cruzado de bandas de sombras azuladas, una confusa masa roja de agitadores, con banderas negras, es atropellada por policías a caballo. A un cielo con el disco solar anaranjado, lo estructura en círculos concéntricos, coloreados al modo de Delaunay. La novedad está en los rayos dorados, que inhieren la agitación humana, y en las medias circunferencias, radiadas en azul, que abrazan el anárquico tumulto”. Durante la década de los veinte, Carrá fundó el movimiento “Novecento”, cuyas ideas teóricas y formales dieron fundamento a la fría estética fascista: claridad en la composición y grandiosidad en la expresión. Un buen ejemplo de esta última fase de Carrá puede ser la pintura al óleo de un silencioso y misterioso busto blanco, La amante del ingeniero (1921), donde se manifiesta la tristeza del estilo nacional fascista, consagrado y oficializado por el Estado Total, con Mario Sironi, el pintor de los suburbios fabriles solitarios, durante su fase futurista.

Del mismo modo que el Sol naciente, de Monet, devino emblema del impresionismo, La città che sale, de Boccioni, se convirtió en paradigma del futurismo. Para Antonio García-Trevijano la sensacional tela en rojo, azul y blanco, un supuesto canto al avance de la urbanización de la ciudad, sobre la miseria de los suburbios, expresa en realidad la aniquilación de la vida humana, simbolizada en inmensos caballos y hombres desesperados que, huyendo de los barrotes de hierro de los encofrados, y del chorro de humo que los estrangula, se tiran despavoridos al río, donde un par de remeros intentan salvar restos de la desgracia. Una de las obras maestras del siglo XX, que inspiró el Guernica, de Picasso, puro Boccioni en el planteamiento de su famosísimo cuadro. También es magistral el cuadro Rissa in Galleria, de 1911. Ante el escaparate y la puerta de cristal de un Café iluminado con luz eléctrica que despide centellas casi blancas, y bajo el alto techo de la Galería exterior, dos mujeres se enzarzan a la greña en medio de una multitud bien vestida de damas y caballeros. La intención, según Trevijano, de ridiculizar a la burguesía bien pensante es tan clara, como la atmósfera vibrante con la que el puntillismo de Boccioni colorea de rojo, azul y negro a la muchedumbre agitada. Es fácil de imaginar lo que este portentoso pintor habría realizado si no hubiese muerto tan joven. Pues su capacidad innovadora, su maestría en la transmisión de sentimientos morales, ante la vorágine del industrialismo sin humanidad que expulsaba de la ciudad a sus asfixiados moradores, y su sinceridad artística son verdaderamente grandiosas y sublimes.

Alexei von Jawlensky realiza una obra maestra en Chica con peonias. La habitual dulzura rusa en el tratamiento artístico de la mujer, hace inconfundible el agradable fovismo de este óleo sobre cartón en rojos y negro sobre fondo verde. La última obra de Jawlensky, Meditaciones, refleja en el rostro humano la religiosidad de un sentimiento místico del mundo.

“¿Por qué” –se pregunta Trevijano– “la estética bolchevique de Malevich, Kandinsky y Klee, en lugar de ir al ostracismo, donde reposa empolvada la obra marxista, se ha convertido en paradigma del arte imperante en el capitalismo, siendo Carlos Marx muy superior, en el terreno de las ciencias sociales, a la de esos pintores en el mundo del arte?” El capitalismo ha convertido en genios supremos del arte occidental a tres pintores comunistas, que idearon y planificaron sus creaciones como método de la lucha de clases, para erradicar del alma todo germen de sentimiento individual de la estética, y sustituir ese placer subjetivista, con la satisfacción colectiva que debe producir la admiración de la diáfana geometría del universo o la indescifrable representación jeroglífica de la humanidad. El primer arte comunista fue perseguido por las propias autoridades comunistas cuando éstas asumieron responsabilidades de gobierno, y lo fue por razones prácticas y vitales. El ansia rupturista de los primeros meses de la Revolución con el pasado llegó a producir las ideas estéticas más peregrinas, aunque tuvieran también su belleza –lo absurdo puede ser bello. Así, el gobierno bolchevique encomendó a un colectivo de arquitectos de San Petersburgo en 1921 el diseño de pisos para familias de trabajadores. Los primeros planos que estos presentaron, tras seis meses de debates estéticos, fueron oníricos habitáculos entre las ramas de grandes árboles. La autoridad comunista respondió con la amenaza de fusilarles a todos si seguían con “esas bromas” y en dos semanas no presentaban lo que se les había pedido. La dura realidad de la vida terminó en cuatro años con los altos sueños estéticos de la Revolución. Pero, efectivamente, el arte abstracto conquistó Occidente y se arraigó aquí. Ítalo Calvino, en las páginas autobiográficas de su imprescindible Ermitaño en París, nos llega a decir que en una librería de Nueva York llegó a ver un libro abstracto para niños, Little Blue and Little Yellow, de un tal Leo Leonni, del que no se ha vuelto a saber, publicado por la muy prestigiosa editorial McDowell.

[El Imparcial]

Domingo, 5 de Febrero

 

Baño inglés

"Vosotros sois la sal de la tierra"

 DOMINGO, 5 DE FEBRERO

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos
.


Mateo 5,13-16

sábado, 4 de febrero de 2023

Eduardo Chillida, o el león en su invierno (Última entrevista)


[Publicado el 7 de Diciembre de 1998 ABC Cultural Número 368]

NO ME PREOCUPA LA VEJEZ; LO QUE ME FASTIDIA ES
 QUE SE ME OLVIDEN LAS COSAS






Desde las domésticas faldas del Igueldo reina Chillida como el Dios del Sinaí, a lo grande, y rodeado de sus horizontes donostiarras más íntimos: «inalcanzables, necesarios e inexistentes». Es el león en su invierno, todavía con media melena al viento y con los recuerdos ya «en la punta de la lengua», que es ese no saber si ver u oír las experiencias pasadas. «He estado trabajando. Tranquilo y solo. Y tratando de hacer, como siempre, pues lo que no sé hacer. Porque no creo que haya que hacer lo que se sabe hacer, sino lo que no se  sabe hacer. Lo que uno sabe hacer quiere decir que ya lo ha hecho, y eso no hay que tocarlo. Hay que hacer lo que no se sabe hacer»
 





Ignacio Ruiz Quintano
ABC Cultural

LUCE el sol, al fin, en San Sebastián, y el sol, que pierde materia a razón de millones de toneladas por minuto, le ha sentado bien a este Chillida leonino que pierde memoria a razón de no se sabe cuántos nombres propios por recuerdo, y que ahora se tienta la garganta y siente, con asombro, como que aquella materia ha sido absorbida y es energía. Lee y relee mucho. A sus poetas  y filósofos: materia y mente no son más que maneras convenientes de organizar  los acontecimientos, y la característica esencial de la mente es la memoria. (De Swift se cuenta que un día, cuando empezó a perder la memoria, «como quien se ancla en su íntima esencia invulnerable», se le oyó repetir: «Soy lo que soy, soy lo que soy.»)

He pasado un momento difícil. La garganta, y así. Un momento en que no podía ni hablar, en el sentido de decir lo que yo quería decir, ¿verdad? Digamos que he estado apartado de hacer manifestaciones espectaculares... En fin, encerrado en el  estudio con mis problemas.

(En un manuscrito iluminado para René de Anjou, rey  de Sicilia, hay una alegoría del Amor: una de sus pinturas muestra a un viajero, un caballero a caballo guiado por la Melancolía que tiene que abrirse paso a fuerza de espada para cruzar un puente  de madera enfrentándose a un adversario con armadura negra que representa  los problemas. Igual que De  Quincey,  Chillida piensa que descubrir un problema no es menos admirable –y es más adecuado– que descubrir una solución.)

Sí, para mí el trabajo es eso: un problema cada día. Y si se produce algo positivo es porque te metes en ese terreno en el cual no tienes mando, pero que aparece. En cuanto tú cierras las demás puertas y te quedas con ésa, surge la posibilidad de comunicar. Es una cosa bastante elemental. En el fondo, es lógica. Lógica pura. Yo estuve muchos años trabajando en una dirección, y de repente un día me di cuenta de que no era la mía. Fue hace mucho tiempo ya, ¿eh? Fue cuando yo cogí este tipo de razonamiento, porque me di cuenta de que era necesario dejar de lado todo lo que había hecho cada día. Cada día que tú haces una cosa, dejarla de lado y mirar hacia los lugares en los cuales puede haber otro tipo de aproximación a lo desconocido, a lo que yo no conozco, que es lo que me interesa. Lo que pasa es que últimamente, como he estado peor de salud, pues, claro, me he frenado bastante.

«La portería aún, araña parda»

(Con este sol que luce le tira el mar -«iVamos al Peine del Viento a dar un paseo!»-, y se encara al viento que corre como el navío de Pantagruel, tratando de encontrar en el aire las frases que el invierno anterior guardó congeladas.)

Ya lo creo que he leído en este tiempo. ¿Parménides...? Sí..., sí. ..sí... Bueno, he estado con san Juan de la Cruz. Me lo sé de memoria. Ahora lo he releído. A todos. Poetas y filósofos es lo que más me ha interesado toda la vida. Españoles y extranjeros. Trato de buscar correspondencias entre unos y otros. Por no trabajar, porque no puedo hacerlo como lo hacía antes. Así que he leído mucho. Siempre vas desechando cosas, claro. Hay algunos que han sido tus amigos y de repente se quedan atascados. Eso sí pasa. Claro, que yo, como tengo unas bajas de memoria tan especiales... iNo me salen los nombres! Me pasa con los nombres corrientes, con los de mis nietos... Es la edad. Tengo setenta y cuatro.
 

Peine del Viento
 
 
(Ya en La Concha, ante el Peine del Viento la obra predilecta de su memoria sentimental, sale a colación el fútbol «la portería aún, araña parda» y su época de portero de la Real Sociedad. «Ya no pones obstáculos de mano / al ímpetu, a la bota / en los que el gol avanza. Pide en vano, / tu equipo en la derrota, / tus bien brincados saques de pelota.» Acabó su carrera desarbolado, no por el viento de los goles, sino por un menisco «que tenía hecho polvo y que nunca me sanaron: un día, en Madrid, en un saque de puerta largo hacia la posición del extremo, me quedé clavado en el pico del área  y para siempre». Como en las Olímpicas de Montherlant, donde el portero sólo puede arrancarse los cabellos, como Aquiles, y aparecer ladeado en el suelo, como los soldados de Verdún.)

Sí, me acuerdo de las cosas que me han hecho polvo la vida. Hombre, en ese caso, el del fútbol, no fue malo. Porque estar con un menisco estupendo y jugando al fútbol con setenta y cuatro años no sería agradable, ¿no? Pero acabo de pasar una última etapa complicada... Y difícil de entender.

(Unos chavales abordan a Chillida para retratarse con él en su Peine del Viento,  y Chillida, tan contento, se presta a posar con ellos en brazos cruzados y alzando la barbilla, a lo portero antiguo: entre desafiante como el Platko de la oda de Alberti y risueño como el Zamora de Por fin se casa Zamora. «Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia / deportiva, tumbándote en el viento / para evitar victoria, / y un ventalle de palmas te aireó gloria.»)

¡El Peine del Viento! Estoy orgulloso de esta obra porque es una de las primeras. Mi primera visión como escultor es este lugar. Lo que ha producido este lugar es la visión que yo tenía de él de niño y desde mi casa. Luego, de novios, con mi mujer, también veníamos aquí a pasear. Era nuestro paseo romántico preferido.

(Del Peine del Viento a Zabalaga, el casón -1592- con prado donde reposan tantas «cosas» de las que podría derivarse el más honesto concepto de materia: ocupan espacio y muestran su existencia mediante las cualidades de dureza, resistencia e impenetrabilidad. Muchas aún no tienen nombre, pero son chillidas. «Ésa de ahí pesa sesenta y cinco toneladas. Acaban de colocarla. Tengo que buscarle un nombre.» Y las que faltan andan de tournée, la mayoría por Madrid.)
 

Portero de la Real Sociedad
 
 
Claro que me hace ilusión lo del Reina. Se estrenan obras de todos mis momentos, para que la gente vea lo que he hecho antes y lo que he hecho ahora. Pero yo no he intervenido en el montaje para nada. Confío en la gente que lo ha hecho, que sabe bien lo que hace. Hombre, para mí ha sido un honor. Y un premio. Sí, la verdad es que... ¡tengo tantas cosas! Tampoco es que me haya acostumbrado, ¿verdad? Porque, hombre, sí, es bastante raro lo que me pasó a mí. Yo fui el primero que ganó un premio... Y no sé ahora... Si es que no puedo decir estas cosas bien, porque se me olvidan los nombres. Fue en una de las capitales alemanas importantes... Está abajo y a la izquierda en el mapa... Bueno, yo recuerdo que hice unas cosas que no había hecho nadie allí, y me dieron el gran premio por algo que expuse en esa ciudad de cuyo nombre no me acuerdo ahora. En fin, yo sabía que me iba a pasar lo que me está pasando. Lo siento mucho, pero... Fue la primera vez que me daban un premio en Alemania, y el que más ilusión me hizo, porque fue el primero. El primero del que yo tengo conciencia, claro. Después, ¡ha habido tantos! Acordarse de todos es dificilísimo, y no hace falta tener la cabeza como la tengo yo ahora... Han sido muchísimos y en todas partes. Hombre, prefiero un premio a que me silben por la calle, ¿verdad?, pero  yo nunca he hecho las cosas para ganar premios, aunque empecé a ganarlos en la primera exposición que hice, y fue en esta ciudad alemana... ¡En el suroeste de Alemania!

(El hierro es el pan del Norte, y en el prado de Zabalaga hasta la yerba parece ferruginosa, como las criaturas retorcidas procedentes de «Forjas y Aceros de Reinosa», la barbacoa de Chillida. ChiIIida y sus Costillas de Hierro.)

¿El más chillida de todos los materiales? ¡El hierro! Un material, para mí, decisivo, porque yo con él he hecho muchas obras, y son las que más he expuesto y las que la gente más ha valorado. Y el material que más placer me causa al trabajarlo. Bueno, ahora ya estoy trabajando con dos chicos: les digo cómo tienen que hacerlo, y acabarán por hacerlo mejor que yo, pero, en fin ... ¡Como han trabajado conmigo... ! El hormigón también me gusta mucho. Las cosas que he hecho con hormigón tienen una envergadura especial delante del horizonte...

(Hay en Zabalaga cierto aire a Gretna Green, la aldea escocesa una vez famosa por sus casamientos de parejas fugadas que oficiaba el herrero. Encuentros de hierro y abrazos de hierro entre parejas de hierro.)

Bueno, eso del abrazo es muy propio de la escultura. No desde el punto de vista del abrazo físico, sino el hecho de la escultura. ¿Ves aquéllas de allá? ¿Son abrazos?

Y el horizonte.
 

Elogio del horizonte
 
 
Sí. Ése me ha interesado siempre. Ya sé que no existe. Pero, en fin, es importante, sí. Que esté ahí esa línea es importante, aunque no exista la línea, que no existe. Es cuestión de imaginación. El horizonte es inalcanzable, necesario e inexistente. De modo que no puede tener grandes virtudes, y únicamente nos toca por la grandeza que tiene, ¿verdad?, que es la grandeza de algo que no tiene dimensión. ¿Que por qué es necesario? Pues porque nos coloca en un entorno limitado. En todos los movimientos que hacemos estamos condicionados por el horizonte. Fíjate si tiene interés lo que aporta. Estoy yo mirando las montañas, y mira, todo eso son horizontes. En Gijón, cuando hice el Elogio del Horizonte, me planteé este problema muy en serio. Empecé a recorrer toda la costa, desde Bretaña hasta Finisterre, en coche, con mi mujer. En todos los lugares costeros en que parábamos, había fortificaciones. O sea, que eran lugares que habían sido utilizados con fines militares, para zurrarle al contrario. Fue una cosa que me chocó. Y llegamos hasta Finisterre, que fue donde por primera vez «vi» la escultura.

Y la gravedad.

Es muy importante, pero en función de los materiales. Porque la misma importancia que tiene la gravedad puede tenerla la levedad que casi desaparece en el espacio. Cuando el espacio es lo que te interesa, llegas a unos puntos en que la gravedad no tiene voto. No puede intervenir, vamos.

«El collage es una chapuza»

¿Y el juego de sus Gravitaciones?

No, de juego nada. Es muy serio. Viene de hace tiempo. Darle un título era muy difícil. Me puse a pensar en ello, y las mismas piezas te decían lo que era con toda claridad. Había hecho muchos collages. Pero siempre había tenido la sensación de que el collage tenía una cosa falsa. Que ponía los papeles unos pegados con otros. Eso era un disparate monumental. Me di cuenta y no volví a hacerlos. Un día me dije: «¿Eres imbécil? En vez de poner la cola donde la ponías antes, pon el espacio entre los papeles.» Lo hice, y cuando empecé, ya estaba. No tiene color la comparación, porque el collage es una chapuza. Un papel pegado con otro papel no tiene ningún interés. Entonces seguí con eso. Y han salido variantes, también. Algunas están colocadas ya en Zabalaga. Los papeles son libres, porque, estando colgados, se pueden mover. Otros, en vez de cuerdas, tienen una varilla, de la cual está suspendido el papel, que tiene dos caras, una por detrás y otra por delante, y el espacio sin ningún aditamento.

(Einstein: «Los filósofos juegan con las palabras como los niños con un muñeco.» En el mundo de Einstein, que viene a conducirse con arreglo a una suerte de Ley de la Pereza Cósmica, hay más individualismo y menos gobierno que en el mundo de Newton. «La vida finaliza definitivamente cuando el sujeto deja de tener efecto alguno sobre su entorno a través de sus acciones.»)

Claro que me ha interesado Einstein. ¿Estar de acuerdo? Bueno, los teóricos hablan del concepto, y yo, digamos, utilizando el concepto, me he encontrado con ellos, pero no en otros terrenos. He conocido a muchos filósofos y he ilustrado a Heidegger, y a Cioran, y a muchos otros, ¿verdad? Pensadores importantes. Pero, claro, eso ya pasó, desgraciadamente. Fue hace muchos años. Ahora ya no podría hablar con ellos como hablaba antes. Ahora se me olvidan las cosas. No me acuerdo de los nombres...

(Que la memoria es la madre de las musas, pero a Borges, sin embargo, le parecía monstruosa la posibilidad de que la memoria fuera infinita, y aclaró: «En ese caso, yo recordaría cada una de las circunstancias del día de mi vida, que son miles, según lo ha demostrado Joyce en el Ulysses.» Los bergsonianos creen que la memoria es justamente la intersección de mente y materia, y que los aparentes fallos de memoria no son en realidad fallos de la parte mental de la memoria, sino del mecanismo motor que pone la memoria en acción. Puesto a tener que hacer memoria, Chillida se agarra al tacto, no tanto un sentido como la verdadera interacción de los sentidos: el suyo es un alarde de percepciones táctiles y musculares agigantadas por el pavor al olvido, ay, como la lucha del hombre y el pulpo que describió Victor Hugo en Los trabajadores del mar, donde la blandura se nos aparece como horrible.)

El tacto funciona por los ojos, también. Y por el oído. La mano...

(El hallazgo de un esqueleto de australopitecino de 3,6 millones de años complica a los paleoantropólogos el misterio de nuestra andadura a pie: los evolucionistas sostienen que el momento clave fue el de la erección del cuerpo, cuando el tamaño del cerebro era aún muy pequeño, que permitió la liberación de la mano, con su significación decisiva para el conocimiento reflejado en la palabra «comprender», derivada de «prender» ...)

 ...Yo ahora estoy viendo esa escultura y sé cómo es, cómo se toca, lo que dice cuando la tocas. Ésa que está ahí. Y está ahí por eso. Yo, por la tarde, me suelo echar un rato ahí, en ese sofá. Echo la cabeza donde están los almohadones, y me gusta poner la mano encima de la escultura, así, por detrás. Acaricio esas formas. ¿Qué nombre tiene? No lo recuerdo ya. Pero sí recuerdo su forma. Mi mano la recuerda. La mano es muy importante. Tiene unas leyes que se imponen.

(Teoría de la visión de Berkeley: vemos un  campo plano, pero construimos un espacio táctil. La esfera aparece ante la vista como un disco plano; es el tacto lo que nos informa acerca de sus propiedades de espacio y forma. Un día, Apollinaire quiso lanzar, sin fortuna, un «arte del tacto»: nada que ver con el Teatro del Tacto -bufonada- de Marinetti. Que la relación de lo táctil con lo visual sólo quedó definida después de Cézanne, y para la física, que, impasible, avanza, la vista como fuente de nociones fundamentales sobre la materia parece resultar menos engañosa que el tacto. Y, sin embargo, todas nuestras concepciones de lo que existe fuera de nosotros han estado basadas en el tacto hasta Einstein, para quien no existía el hombre capaz de visualizar las cuatro dimensiones, excepto por medio de las matemáticas: «Ni siquiera somos capaces de visualizar tres.»)

La cuarta dimensión no me ha llamado la atención excesivamente. Yo no he andado dentro de la matemática. Yo he estado en las medidas que pueden ser entendidas y transmitidas a través de la sensibilidad. De la sensibilidad y de la comprensión de algunas cosas en un nivel en que te manifiestan algo que tú puedes recibir a través de las manos, de los ojos... A través de muchas cosas que no tienen que ver con la fuerza ni con el poderío, ¿verdad? Yo he hecho esculturas de considerables dimensiones. Y conozco a muchos escultores que no piensan más que en hacer cosas muy grandes. Pero muy grandes por fuera. Por dentro... tienen tamaño. Más vale decir dimensión que decir tamaño, ¿verdad?

¿Qué robaría de los escultores jóvenes?

¿De los jóvenes jovencitos, éstos que vienen a conocerse ahora? No demasiado, la verdad. Conozco a muchos, pero no veo nada así verdaderamente... Lo decorativo les hace mucho daño. A lo mejor si... Y el deseo de dimensiones muy forzadas, también les hace mucho daño. ¿Un consejo? Que se busquen problemas y que traten de resolverlos realmente. Eso es lo que los ayudaría más.


 
La neurociencia sospecha que estamos genéticamente predeterminados.

Sí. .., sí..., sí...

¿Asusta?

Sí..., sí... Verdaderamente, sí. Pero es para todos igual, ¿eh?

¿Y la vejez?

No, no, no. No me preocupa la vejez. Lo que me fastidia es que se me olviden las cosas.

(Sabe que no está bien creerse siempre una persona de alta tragedia con el Eclesiastés como libro de mesilla: «No hay nada nuevo bajo el sol. No existe el recuerdo de las cosas pasadas. Odié todo el trabajo que había hecho el sol, porque tenía que dejarlo a los hombres que me sucedieran.» Etcétera.)

Aún hay proyectos que me hacen ilusión. Lo del Tindaya, en Fuerteventura, tiene sentido para mí, si se puede hacer. Y después hay una cosa en Japón, que está en camino, que es una pieza de acero dentro de muros de hormigón que recoge el espacio y lo proyecta hacia el Fujiyama. Se llama Homenaje a Hokusai.

(Hokusai, ay, el maestro de las estampas Ukiyo-e, autor de Treinta y seis vistas del Fujiyama, mostrando los numerosos rostros de la montaña sagrada cuya diosa, adorada por los artistas, domina el paisaje.)

Es un lugar especial. Es el proyecto que más ilusión me hace. La obra está a medias, y yo no sé si al final la vaya acabar yo o la va a acabar otro, ¿verdad? ¡He tenido tantas cosas y lo he pasado tan mal! Pero en fin, por lo menos ya tiene una estructura. Allí los obreros trabajan muy bien.
 

La gran ola de Kanagawa  Hokusai 

Sábado, 4 de Febrero

 

 

Acertó la gaviota

viernes, 3 de febrero de 2023

La cafrería española

 


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    España es racista, pero su racismo es relativo, el peor de los racismos: un racismo que da igual, pues la palabra “relativismo” alude a “una escala móvil que produce lecturas diferentes en situaciones similares”.


    –Fue en un contexto de máxima rivalidad y duraron unos segundos –argumentó con relativismo jurídico la fiscalía madrileña su archivo de las denuncias por los cánticos contra Vinicius (“¡Eres un mono, Vinicius, eres un mono!”) en el Civitas, que abochornaron incluso a ese hombre con cara de molde del Monte Rushmore que es Pedro Sánchez.


    En España, el racismo es relativo, pero la cafrería es absoluta e impregna todos los gremios, pues constituye nuestro Zeitgeist. Según la doctrina oficial, la que despachan los medios, este Zeigeist responde a otro concepto alemán (¡y schmittiano!), “Herausforderung”, que contiene tanto el sentido de un “challenge” como el de una “provocación”. Vinicius provoca en el Civitas igual que Ayuso provoca en la Complu, donde tiene que salir al corte Eli, que hace de lateral derecho expeditivo para ganarse el cuarto de hora de gloria prometido por Andy Warhol, que aquí es Ferreras. Isi, Maffeo, Raíllo… ¡y Eli! (
Elí, Elí, ¿lama sabactani?), los héroes mediáticos del Callejón del Gato.


    La España cafre que grita “mono” a Vinicius en el estadio es la misma España cafre que grita “asesina” a Ayuso en la Universidad, es decir, la España de la sartén por el mango: el mango de la Revolución Pendiente con su aire amenazador y, sobre todo, grosero, “hijo del feísmo y de un rencor acumulado que encoge el alma y nos tiene a todos en una nerviosa provisionalidad”, como lo describiera Ruano.


    –La Uefa estudia una denuncia contra “el racismo anticatalán del Real Madrid” –tituló un periódico de Barcelona cuando Mourinho, víctima, por portugués, de la cafrería hispánica, que inspiró a Ricardo Bada uno de sus rizomas: “Seré racista, carajo. Mourinho, como su mismo nombre dice, es un morito, que se las da de Cristiano. ¿O es que nadie sabe portugués?”


    En esta sociedad encanallada por siglos de servidumbre voluntaria (y de la otra), uno puede levantar el meñique y negar que España sea racista con la cosa de que en “La Araucana” de Ercilla el protagonista es el toqui mapuche Caupolicán, y no el capitán español, con lo cual los cánticos contra Vinicius pueden ser, y citamos a la fiscalía, “desagradables”, ¿verdad?, pero no constituir delito, además de que la policía no pudo identificar a los tenores, “toda vez que el sistema de grabación del estadio no graba”.


    Racista era Darwin, que atribuía el éxito colonial a “la osada e insistente energía” de los ingleses. Y Voltaire, que ahí lo dejamos. Ni que decir tiene que los nazis eran racistas, si bien los americanos mantuvieron la segregación durante toda la guerra. Y Fidelón (padre gallego y madre libanesa) se hacía llamar “afrolatinoamericano” al tiempo que negaba la salida de Cuba a los negros (hasta el Mariel).


    España es cafre.

 

[Viernes, 27 de Enero]