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jueves, 23 de mayo de 2019

Márquez & Moore. San Isidro'19. Seis parladés bobos para despedir al último torero clásico y recibir al rey del 'pressing catch'



Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore


Para torear bien, el toro tiene que tener ritmo
Juan Pedro Domecq Morenés

Madrid le pegó una ovación de lujo a El Cid


José Ramón Márquez

En esto de la afición a los toros la memoria es algo muy importante. La memoria que nos transmitieron nuestros abuelos, que alcanzaron a ver a Gallito, y la memoria propia nutrida de tantas tardes sentados en la piedra berroqueña. Por eso es que cuando hoy se ha iniciado el paseo y ha comenzado a caminar Manuel Jesús El Cid, vestido de  azul y oro, tras de los alguaciles en el que dicen que será su último paseíllo en un San Isidro, no estábamos viendo caminar hacia la Presidencia a un torero más, como tantas tardes, pues lo que caminaba era la memoria de las dieciséis o diecisiete faenas inolvidables que nos ha dejado en usufructo, muchas de ellas en San Isidro, en las que, contra todo el mainstream, ha reivindicado la tauromaquia a la que bajo ningún concepto queremos renunciar: la de hacer correr al toro en el viaje largo, la del mando, la de la inmutable ley del toreo al natural, la del toreo sin trampa ni cartón, la de los victorinos y los hernándezpla, la que va de arriba abajo, la de la bamba de la muleta y hacia adentro y la pierna hacia adelante… Y mientras asistíamos a la perversión del toreo en esa línea oscura que nació inocentemente de Damáso, se fortaleció y tomó carta de naturaleza en Espartaco y floreció en Julián de San Blas, ese estilo de toreo cuyo valor esencial es el temple, ahí hemos tenido a El Cid reivindicando, la última vez en otoño de 2013, la tauromaquia esencial, la de parar y mandar, la de templar y cargar la suerte, la tauromaquia vertical y recia que nadie apenas practica y que es denostada a poco que tengan ocasión por los pelmazos de lo escrito-televisivo-radiofónico, pues no se ajusta a lo que dicen que se estila. Manuel Cid, torero de bache en el que le metieron con gran fortuna los que no soportaron su independencia, torero que no ha hecho ascos a compañeros ni a ganaderías, torero de Madrid nacido en Salteras.

Y junto a El Cid, López Simón y Roca Rey y los toros de Parladé en el primer cartel de “No hay billetes” de lo que llevamos de Feria, que el mérito del cartelito es por completo responsabilidad de Roca Rey, no vaya a confundirse alguien.

De lo de Parladé baste con decir que ostentaban divisa negra, de negro luto por la casta, por la acometividad, por la bravura, por todo lo que debería distinguir al toro de lidia del toro de granja. Recordemos que en enero se anunció que ya dejaban de herrar reses con el hierro de Parladé, así que la corrida de hoy es, posiblemente, la última que veamos con ese hierro, y visto lo visto es lo mejor que puede pasar porque a fin de cuentas ¿para qué andar mancillando el viejo hierro? Para herrar bichos como los de esta postrera corrida, mejor dejarlo colgado de un clavo. Sin entrar en muchas honduras diremos que la falta de fuerzas y la bobería han sido las principales notas de los seis Parladé de la despedida y cierre. El primero se fue al suelo antes aún de entrar al caballo, y lo de entrar al caballo es un decir, porque hoy la verdad es que apenas se ha picado, con lo que eso significa para el buen entendedor. El segundo era eminentemente un buey, un buey a la busca de una carreta o un arado. El tercero parecía un villancico pues cae y cae y vuelve a caer y es enviado de vuelta a la mazmorra para ser sustituido por uno de Mayalde. El cuarto era el típico tío feo que siempre hay en cualquier reunión. El quinto era gordo, grande, débil, badanudo y manso; en palabras del aficionado C. era como esos toros souvenir que venden en la Plaza Mayor para los turistas, negro y con pitones blancos. El sexto, que no era un dechado de vigor, estaba dotado de esa tontería congénita que es tan del gusto de algunos. En realidad el único que por morfología, por hechuras, por pitones y por remate parecía un auténtico juampedro fue el que no había criado don Juan Pedro, es decir el castaño del Conde de Mayalde. O sea que, visto lo visto, no derramaremos ni una lagrimita por la extinción del prescindible hierro de Parladé.

Madrid le pegó una ovación de lujo a El Cid y los que habían venido a ver a Roca ni se enteraban de por qué, ni falta que les hacía saberlo. En su primero Manuel Jesús puso en marcha sus modos de los últimos tiempos, tan distantes de los que le han hecho grande. Siempre hemos dicho que el toreo de El Cid sólo admite la verdad, que cada vez que se ha querido ir a la mixtificación que impera no ha sido capaz de vencer ni de convencer, que él no es torero de cuchufletas y que cada vez que ha intentado practicar esas cucamonas del neotoreo ha quedado muy al descubierto el engaño y no ha sido capaz de conectar con el tendido. A El Cid se le demanda colocación, firmeza, mando, y clasicismo y todo lo que salga de eso es perder el tiempo. En su segundo hizo galopar al toro para recibirle con la derecha sin acabar de estar metido con el toro, compuso una faena “aseada”, y esto es algo que no debe tomarse como elogioso, y en un fulgor enhebró un natural, un solo natural, de los que hacen soñar. Fue despedido con cariño y esperemos que en otoño, en su despedida de Madrid, nos deje como legado su última gran faena, que nos debe una, aunque no mate.

López Simón venía muy concienciado de lo que sea. Se ve que su apoderado le había leído bien la cartilla para que abandonase su introspección psicológica de los últimos tiempos,  y ahí estuvo desde el principio entrando a quites y queriendo dejar claro que él no venía a Las Ventas como un comparsa entre la historia de El Cid y la promesa de Roca Rey. A López Simón le ha ido de perlas en su vida taurina venteña la táctica del 1+1, lo de cortar una oreja en cada toro y asegurar la salida a cogote de capitalista. Hoy ha parecido que lo trataba de intentar, pero la condición mansurrona, boba y desprovista de peligro de su segundo ha hecho fracasar su estrategia. En su primero estuvo haciendo cositas por la espalda, como para competir con Roca en su tauromaquia lumbar y planteó un trasteo de muy poca enjundia en el que trajo y llevó al toro de manera rectilínea, en ese toreo en paralelo que postulan por ahí, y como el cacho de tonto del toro no le acuciaba con cosas desagradables como parones, miradas o derrotes y se tragaba toda la farfolla que le echaba el de Barajas, el hombre fue echando el rato, pero lo que le dio la oreja fueron las bernardas, las imprescindibles bernardas de cada tarde, que dio la impresión de que muchos se despertaron de la modorra con las bernardas y ya una vez despertados, lo suyo era pedir la oreja. Otra oreja olvidable cuyo mérito pertenece casi por completo al bobalicón de Numerario, número 20, que a estas horas estará transformado en dos medias canales dentro de una cámara frigorífica. Su segundo era muy manso. Lo recibió frente a chiqueros haciendo el cuerpo a tierra, pero el toro no quería líos. Acabó huyendo de López Simón cuando le vio con la franela y fue a buscar abrigo en las tablas del 7. Allí se fue el matador a dar una pequeña sinfonía de medios pases y de chicotazos pegado a la barrera, a ver si aquello funcionaba. Mi opinión es que si el bicho hubiese tenido el mínimo fuelle como para que le sacase tres bernardas lo mismo le habían dado otra oreja, pero como el animal no tenía vigor para eso, se echaron a perder las ilusiones de López. Al recibir el hierro se fue del 7 andando en sentido contrario al de las agujas del reloj hasta chiqueros y recaló en el 1 donde fue cazado con la cruceta.

Y ya, por fin, Roca, que es al que la mayoría de la gente había venido a ver. A su primero de verdad, el de Mayalde le quiso torear por la espalda casi de salida y el resultado fue que el toro le prendió y le zarandeó, le rompió el vestido y nos dejó a la vista el traje de buzo “anticornadas” que porta debajo de los oros. El tejido vale una pasta, pero es de probada efectividad pues después de estar el torero prendido, lanzado por los aires y zarandeado el parte habla de sólo seis centímetros que no impiden continuar la lidia, o sea que la cosa funciona. En este primero, sea por lo que sea, no acabó Roca de decir “¡aquí estoy!” y nos dejó la olvidable sensación de un toreo verbenero y vulgar, trayendo y llevando al Carcelero, número 17, sin pena ni gloria y sin acudir a sus afamados pases dorsales, que es lo que la mayoría de sus fans habían venido a ver. En su segundo, tras el paso por el dispensario, ya no se veía el buzo de teflón y, mirado por el lado derecho, recordaba a Christopher Lee en “La momia” (Terrence Fisher, Hammer Productions. 1959) Tras un cero pelotero en la cosa del capote, que lleva un capote que parece que le ha robado la carpa al Circo Mundial, la inexistencia del tercio de varas y un divertido tercio de banderillas en que los peones, como un homenaje a los tertulianos de la radio, dejaron las cosas blanco (las banderillas) sobre negro (el toro), Roca comenzó a dar a sus fans lo que habían venido a ver y esto principió con tres pedresinas que pusieron Las Ventas como una olla express y luego el más perfecto recital de neotorero que pueda concebirse donde Roca demostró que tiene unas óptimas condiciones para hacer el toreo bueno, pero que no le da la gana hacerlo y que si toreando por las afueras, a base de una impresionante muñeca, a base de pensar en la cara del toro, a base de ligazón es capaz de volver loca a un Plaza, para qué se va a esforzar en tomar otra senda. Roca organizó, con la connivencia del cacho bobo de Maderero, número 22, un lío monumental basado en la técnica, para nada en el mando ni en la colocación, que puso de acuerdo a muchísimos. En cierto modo Roca dio lo que la mayoría había venido a ver y no dejó pasar la ocasión de escanciar su vino de pitarra con generosidad, que no todo en la vida ha de ser Vega Sicilia, creando un ambiente festivo muy grato. Podemos reseñar la primera tanda de naturales como lo mejor de su labor, sin ser para tirar cohetes, aunque lo que funcionó de veras fue el ensamblaje de la faena, toda ella cosida, sin tiempos muertos, mantenida en el mismo tono desde el principio hasta un fin marcado por el inevitable tributo a las pestilentes bernardas, por supuesto, y una magnífica estocada arriba hasta la gamuza tomando al toro en corto que es, sin lugar a dudas, lo mejor del conjunto de su actuación.
Le esperamos con los de Adolfo, a ver cómo es capaz de poner en marcha esto de hoy teniendo enfrente a toros.


Manuel Jesús Cid, El Cid, de azul y oro
Pinchazo, media y dos descabellos (palmas)
Pinchazo hondo (aviso, saludos)

no estábamos viendo caminar hacia la Presidencia a un torero más,
 como tantas tardes, pues lo que caminaba era la memoria de las dieciséis
 o diecisiete faenas inolvidables que nos ha dejado en usufructo,
 muchas de ellas en San Isidro, en las que, contra todo el mainstream,
 ha reivindicado la tauromaquia a la que bajo ningún concepto
 queremos renunciar

 la de hacer correr al toro en el viaje largo, la del mando,
 la de la inmutable ley del toreo al natural, la del toreo sin trampa ni cartón,
 la de los victorinos y los hernándezpla, la que va de arriba abajo,
 la de la bamba de la muleta y hacia adentro y la pierna hacia adelante

A El Cid se le demanda colocación, firmeza, mando, y clasicismo
 y todo lo que salga de eso es perder el tiempo

De lo de Parladé baste con decir que ostentaban divisa negra,
 de negro luto por la casta, por la acometividad, por la bravura,
 por todo lo que debería distinguir al toro de lidia del toro de granja

Alberto López Simón, de azul marino y oro
Estocada baja (aviso, oreja)
Pinchazo hondo y descabello (palmas)

lo que le dio la oreja fueron las bernardas, las imprescindibles bernardas
 de cada tarde, que dio la impresión de que muchos se despertaron de la modorra
 con las bernardas y ya una vez despertados, lo suyo era pedir la oreja

Otra oreja olvidable cuyo mérito pertenece casi por completo al bobalicón
 de Numerario, número 20, que a estas horas estará transformado
 en dos medias canales dentro de una cámara frigorífica

 Para herrar bichos como los de esta postrera corrida, mejor dejarlo
 colgado de un clavo. Sin entrar en muchas honduras diremos que
 la falta de fuerzas y la bobería han sido las principales notas de
 los seis Parladé de la despedida y cierre

 Andrés Roca Rey, de canela y oro
Estocada baja (aplausos)
Estocada (dos orejas y salida por la Puerta Grande)

 el toro le prendió y le zarandeó, le rompió el vestido

 y nos dejó a la vista el traje de buzo “anticornadas” que porta 
debajo de los oros

 RoboCop, de Paul Verhoeven, trata temas amplios, como la manipulación mediática,
 la resurrección, la gentrificación, la corrupción política, la privatización,
 el capitalismo, la masculinidad y la naturaleza humana
(Wikipedia)

 En este primero, sea por lo que sea, no acabó Roca de decir “¡aquí estoy!” 

 y nos dejó la olvidable sensación de un toreo verbenero y vulgar,
 trayendo y llevando al Carcelero, número 17, sin pena ni gloria y sin acudir 
a sus afamados pases dorsales

Tras un cero pelotero en la cosa del capote, que lleva un capote
 que parece que le ha robado la carpa al Circo Mundial,
 la inexistencia del tercio de varas y un divertido tercio
 de banderillas

 Roca comenzó a dar a sus fans lo que habían venido
 a ver y esto principió con tres pedresinas que pusieron Las Ventas
 como una olla express y luego el más perfecto recital de neotorero
 que pueda concebirse

 Dime si no lo que piensas
o crees tú que es el toreo
-Parar, mandar y templar
¿Y qué entiendes tú por eso?
¡Hombre! lo que tú, supongo
Supones mal Baldomero

 Lo difícil, lo arriezgao,
y lo grande y lo perfeto
es que el torero no pise
nunca al toro su terreno

¡Y venga cortar orejas
pa amenizar el festejo!

Jueves, 23 de Mayo

Valle de Esteban

Una vil pesadumbre, solemne en su aspaviento
suntuoso, ubica el pavo: gran sultán en exilio

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Cómo hemos llegado a esto?

¿Penas o risas?


Francisco Javier Gómez Izquierdo

      No. Les juro que no me las quiero dar de trascendente o exquisito cuando digo que ni me educaron ni estoy preparado para soportar tanta desvergüenza, tanta mala educación y tanto jeta subvencionado como padecemos. Rectifico en lo de padecer por no ser apropiado ya que de modo incomprensible los desatinados forman legiones por doquier y con la coartada de las votaciones, lo deshonroso y lo injusto se ha hecho costumbre en España.

    Puede que esté equivocado, pero creo que las votaciones se controlan educando a los votantes desde benjamines -así la extraordinaria implantación del nacionalismo y los diversos y curiosos sectarismos-; se los fanatiza en mayor o menor grado a partir de juveniles con profesores universitarios escogidos de entre los más doctrinarios y al resto de la población se la entontece con “el tele”, quizás la sustancia estupidizante más destructora del siglo. La “paguita” también tiene su aquél, pero dejemos los charcos para otro día.
    
Ni siquiera el no participar en la evidente degeneración a la que dicen democracia, reduce el descorazonamiento  que me ha asaltado esta mañana al ver en la prensa el Congreso, “¡¡sacrosanto lugar de la soberanía!!”, nos decían, asaltado por golpistas, presuntos delincuentes, faltones orgullosos de serlo, buenistas ruinosos y todo tipo de desagradecidos con esa Hacienda Pública que les permite vivir como Epulones. Lo triste y desmoralizador es que están ahí porque los españoles los han votado libremente, dicen, y por lo tanto, toda la ignominia y la indignidad que soportemos se considerará solicitada por los afectados 
     
Uno, simple observador de los acontecimientos, tiene entre ceja y ceja aquella LOGSE y sus distintas ramificaciones por pervertir inclinaciones infantiles, el infausto 11-M que sacó lo peor de muchas personas arrastradas por rabadanes atentos a una batuta dicen algunos que mefistofélica, y sobre todo estoy convencido de que hay gente tan mala que ni siquiera lo sabe.

     Está demostrado que la gente más mala es la que exige del rigor de la ley en lo tocante a los derechos y su nulidad en los deberes. Por cierto, el Vallina, histórico atracador y uno de los fundadores de la COPEL, ha vuelto a la cárcel por vender “rebujito” en Cádiz. A Vallina nunca se le hubiera permitido recibir un teléfono en una salida a diligencias. La chulería de los presos de ayer con los móviles no tengo claro si es sancionable por la Junta de Régimen de la prisión, por el Código Penal o por el Civil. El Vallina seguro que lo sabe.

Morodo

Dios no abandona al buen marxista
E. Tierno


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El espectáculo del Congreso es un Cecil B. DeMille malo y pequeñito filmando el espectáculo chino del solapamiento de consensos: el consenso del 78, que no se acaba de ir, y el consenso separatista, que no termina de cuajar, aunque esté llamado a ganar.

El orteguismo que nos lleva arranca de una frase de Mommsen (“la historia de toda nación y sobre todo de la nación latina, es un vasto sistema de incorporación”) que Ortega completa: “Es también la historia de su decadencia”.
La historia de la decadencia de una nación es la historia de una vasta desintegración.
España es producto de la Historia, pero Ortega dijo que era producto de la Voluntad, y la ortegada la compró todo el mundo, de José Antonio a Companys pasando por Prieto. La estupidez y la codicia han hecho el resto, de modo que hoy no hay pájaro que no esté convencido de poder decidir a mano alzada, como en una junta vecinal, el porvenir de la Nación.
La “historia de una vasta desintegración” es uno de los troyanos con que salió de Casa Manolo la Constitución’78, uno de cuyos mandarines éticos fue Morodo, uno de los dos leones, junto con Bono, del tiernismo o secta de Tierno, el profesor madrileño que se decía de Soria y que en los 50 colaboraba, como todo dios, en los “Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura”, que pagaba la CIA, firmando Julián Andía (“seudónimo de un conocido intelectual español, que por residir en España no puede firmar sus ensayos”).

La importancia setentayochista de Morodo venía de ser amigo y vecino de bloque de Suárez, quien lo nombró su contacto en la Oposición Democrática, que, por cierto, no era ninguna de las dos cosas. Ahora lo relacionan, con su hijo, en la mamandurria del petróleo venezolano, como unos Annan (Kofi y Kojo) cualesquiera.
El 78 fue la consagración de la cultura del toque. Volvemos a Curro Fetén, que una noche llamó “colegas” a Paco de Lucía y a un sablista del Sacromonte. El guitarrista levantó una ceja:

Porque los dos vivís del toque.

Márquez & Moore. San Isidro'19. Gran dureza de El Pilar y tremenda cogida de Gonzalo Caballero



Crónica de José Ramón Márquez

Fotos de Andrew Moore


Mi premisa es que el triunfo no tiene nada que ver con el éxito
Moisés Fraile




 Miremos al torero en el ruedo -solamente en el ruedo-
 pensando en nuestra España
José Bergamín



José Ramón Márquez

La primera cosa que debe ser reseñada es el retorno del señor don Gonzalo de Villa Parro al palco de la Monumental, tas el bochinche orejil del otro día con Perera. Flanqueado por la veterinaria doña Begoña y por el matador Madriles, don Gonzalo se aposentó a las siete menos cinco sobre el terciopelo de la silla curul desde la que, guiado por su albedrío y su propia voluntad de obrar, exhibe los pañuelos blancos que a él le vienen en gana a despecho de otras circunstancias, que, total, las cosas son para disfrutarlas, ¡a vivir, que son dos días! y lo que se han de comer los gusanos que lo disfruten los humanos. De momento parece que al hombre le molestó que en el 7 aparecieran unas hermosas pancartas que pedían su destitución y no tuvo otra ocurrencia que la de enviar a dos guardias a abrir diligencias al tendido, ante la rechifla general y la bronca innecesariamente suscitada por el que debería guardarse su orgullito y hacer guardar el orden público.

En cierto momento acaso pensaría don Gonzalo, si su conciencia le da para eso, que un buen número de los que estaban sentados por aquí y por allá, de los que acuden a Las Ventas constantemente y no se pierden un festejo, andan promoviendo un escrito dirigido al Jefe Superior de Policía de Madrid para que libre a la Fiesta, en virtud de sus atribuciones, de la presencia de don Gonzalo en el Palco de Las Ventas, con el fin de procurar que se dignifique la labor del palco en el que se sentaron don Juan Font o don Juan Lamarca y que aquél no siga degradándose en su prestigio con la prescindible presencia de don Gonzalo, que si gusta del espectáculo taurino bien podría comprarse una entrada, como hacemos los demás, y desde su localidad sacar el pañuelo cuanto le plazca. Bueno, a ver si prospera la iniciativa y se recogen muchas firmas y así podamos ver pronto a don Gonzalo fuera del Palco y de comentarista del Canal Toros, que ahí seguramente haría un buen papel.

Para este martes 13 (lo del 13 es por el número de la Legislatura que hoy se ha inaugurado) la dombiana grey estimó como lo más oportuno comprarle a don Moisés Fraile seis pupilos de esos que hierra con el 3’141592653589793238462643383279 5028841971693993751058209749445923078164…, y así hasta el infinito, con el fin de enviarnos el mensaje cifrado de que las cosas de los Fraile van a seguir viniendo a Las Ventas hasta que las ranas críen pelo. Ahí tenemos, pues, de nuevo la letra Pi, pi por doña Pilar, la ama. Y nosotros, ansiosos por que nos traigan la Ka (Ka, la deidad) de doña Carolina Fraile, que es la única Fraile a la que compraríamos una bula, nos quedamos lo mismo que otros años, a verla venir. Bueno, pues en recompensa por la impresentable corrida que El Pilar mandó a Madrid el año pasado para la llamada “Corrida de la OTI”, Domb optó por dar otra nueva oportunidad al ganado que viene del Puerto de la Calderilla, lo cual ya indica a las claras que el precio del mismo no debe pagarlo el francés en billetes morados sino más bien en monedillas de ésas de acero recubierto de cobre, y vive Dios que acertó el francés, pues contra todo pronóstico la corrida de El Pilar ha dejado en bastante buen lugar el pabellón de don Moisés y doña Pilar, para demostrar una vez más que a los toros nunca se debe acudir con aprioris. Comentaba el aficionado A. a la salida del festejo que, juntando todos los toros de El Pilar que ha visto en su larga vida de afición, no conseguía que le saliesen seis como los seis de esta tarde: Dulcero, Medicillo, Medicino, Jacobero, Canastero y Guajiro, herrados con el 109, el 153, el 106, el 77, el 154 y el 103, respectivamente.

Bien es verdad que la salida de Dulcero nos hizo poner un poco en guardia, porque en las carreras de calentamiento previas a su paso por el penco guateado ya se pegó un planchazo, y remató con otro al salir de la primera vara de las que le puso Curro Sánchez, pero puede decirse que toda la debilidad que mostraron los seis del 3’14 acabó ahí y que incluso ese mismo Dulcero en el tercer tercio ya parecía otro. Así que sin más ambages podemos hablar de una corrida seria, dura, con mucho que torear, incómoda para el torero, mirona, remisa a dejarse matar y como prueba baste echar cuentas de los capotes que han andado rodando por el suelo, de las carreras agónicas de algunos de los de oro y algunos de los de plata hacia el puerto seguro de la barrera, o de la imprecisión en la cosa de las banderillas y de todas las que se iban al suelo, que eso ayer no pasaba con los guirlaches de Mayalde. En el primero, por ejemplo, cuando don Gonzalo sacó el trozo de tela blanco para cambiar el tercio, había cuatro banderillas diseminadas por la arena y otras cuatro diseminadas por diversas partes de la anatomía del toro; y con el tercero, Medicino, lo mismo, que la cosa no estaba para florituras. El tercero entró cuatro veces al caballo, las cuatro cuando él quiso y de las cuatro se largó cuando a él le dio la gana, porque he ahí otra de las claves de la tarde que ha sido la demostración del libre albedrío de los toros para hacer más o menos lo que les daba la gana sin que las lidias sirviesen de manera eficaz para hacerse con ellos. Decía el típico malpensado que Fraile había echado esa prueba de fuego a estos tres de esta tarde porque eran de la parte magra del escalafón y que, seguramente, el que hay preparado para José Tomás en su festival anual, este año en Granada, seguramente no sacará las características de los de hoy, así que hemos quedado emplazados para comentar eso una vez que se haya dado el citado festival.

La terna que contrató Domb para echar la tarde con los de El Pilar estaba compuesta por Juan del Álamo, José Garrido y Gonzalo Caballero, el primero sin apoderado y los otros dos con un par cada uno.

A Juan del Álamo, que debe conocer bien este ganado por cosas de paisanaje, la cosa le cogió con el pie cambiado y cuando los toros le demandaban mando, poder y colocación, él se empeñaba en plantear el trasteíllo infumable de todas las tardes, ése que le hacen al toro bobo. Si el animal pedía tres muletazos de poder, él se empeñaba en organizar su trasteo a base de pico, de carrerita y de paso atrás, y los bichos, que no eran nada de tontos, se le subían a la espalda y le toreaban más ellos a él que él a ellos. Eso sin contar que, a la primera de cambio ya estaba Juan del Álamo con los pies por alto recibiendo un porrazo nada más que el primer toro le vio descubierto o los cien metros lisos que se pegó con el toro detrás cuando el primero sintió el hierro en el interior de su cuerpo. En su descargo digamos que no debía ser nada grato estar por ahí, en las inmediaciones de los tres que le tocaron por la cogida de Caballero, pero también debemos puntualizar que todo el mundo se habría puesto netamente de su parte, con el material que tenía enfrente, si en vez de ese toreo despegado y pueblerino hubiese propuesto algo más serio, de más poder y enjundia, si hubiese tratado de torear en vez de dar pases, no de parar relojes ni de poner a la banda a soñar, sino simple y llanamente de torear. Al cuarto de la tarde le pegó lo que la aficionada T. describió como “estocada subcutánea” y al sexto lo recibió con unas gallardas verónicas y su media verónica, ganándole el terreno, que fue sin lugar a dudas lo mejor de toda la tarde de Juan del Álamo. En su primero se pegó una vuelta al ruedo porque le dio la gana.

José Garrido también resultó atropellado, fue en el segundo, Medicillo, al que cambió el viaje en medio del pase quedándose él en medio de la trayectoria del animal. Su faena podemos resumirla en que fue dando pases donde pudo y que no pudo con el toro. También se vio en la tesitura de tener que pegarse un buen sprint hacia las tablas. En su segundo, todo lo que había que torear lo toreó el toro, que atendía por Canastero, un tío.

Y Caballero, a quien sólo vimos en un toro, presentó una inusitada cara de torero con algo que decir y compuso la que ha sido la mejor actuación que ha tenido en Las Ventas desde aquel remoto día en que le vimos sin caballos en una matinal. Serio, nada atropellado, con claridad de ideas, no dejando que los impulsos atropellen a la razón, Gonzalo Caballero ha presentado argumentos de peso en esta tarde, desde el torero inicio de la faena por estatuarios, el toreo en redondo en una tanda de mucho sabor, la sinceridad de los naturales y la rotundidad del pase de pecho; Gonzalo Caballero ha sido la gran sorpresa de la tarde y ha sido estupendo verle mientras ha mantenido la cabeza fría, si bien luego, al final de la faena, ha querido volver a sus cosas más vulgares, al encimismo, y ha dejado el tono serio y torero que traía en su faena hasta ese momento, cuando ha cedido a dar dos innecesarios invertidos y a la peste de las bernardas, antes de entregarse a vida o muerte a una de esas estocadas de triunfo o hule, en la que salió hule. Esperemos que la recuperación de la cornada sea pronta y podamos verle anunciado de nuevo, pues ha sabido a poco lo que hoy nos dio.

Conviene reseñar los dos buenos pares de Chacón al quinto y decir que en una corrida de tantas emociones y lances, cuando moría el sexto parecía que la vuelta al ruedo aquella de las siete y pico de la tarde había sido hacía ya meses.

Que para ver y entender
esas verdades toreras
lo que hace falta tener
son buenas entendederas
José Bergamín

 Gonzalo Caballero, de grana y oro. Herido al entrar a matar al tercero

"Mandar" es "cargar la suerte";
"templar", "tenderla" en su centro;
y "parar" es "rematarla"
y "recogerla" a su tiempo
J. B.

 compuso la que ha sido la mejor actuación que ha tenido en Las Ventas
 desde aquel remoto día en que le vimos sin caballos en una matinal

Se entera el torero. Se entera el toro
_____________

Parte médico
"Herida por asta de toro en cara externa tercio medio del muslo izquierdo, con una trayectoria ascendente de 25 cm. que produce destrozos en músculo tensor de la fascia lata, vasto externo e isquiotibiales y alcanza cara posterior del fémur contusionando el nervio ciático, alcanzando isquion. Es intervenido bajo anestesia general en la enfermería de la plaza. Se traslada al Hospital La Fraternidad. Pronóstico: Grave. Firmado: Máximo García Leirado".
________________

 contra todo pronóstico la corrida de El Pilar ha dejado
 en bastante buen lugar el pabellón de don Moisés y doña Pilar

 DulceroMedicilloMedicinoJacoberoCanastero y Guajiro,
 herrados con el 109, el 153, el 106, el 77, el 154 y el 103

 corrida seria, dura, con mucho que torear, incómoda para el torero,
mirona, remisa a dejarse matar

 y como prueba baste echar cuentas de los capotes que han andado
 rodando por el suelo

Juan del Álamo, de caña y oro.
Estocada (aviso, petición y vuelta, con protestas).
 Estocada caída y descabello (silencio)
Estocada caída (silencio)

 cuando los toros le demandaban mando, poder y colocación,
 él se empeñaba en plantear el trasteíllo que le hacen al toro bobo

 En su descargo digamos que no debía ser nada grato estar por ahí,
 en las inmediaciones de los tres que le tocaron
 por la cogida de Caballero

¡A lo negro, maestro!

 Al Guernica voy

  José Garrido, de azul marino y oro
Pinchazo y estocada (aviso, silencio)
Tres pinchazos y estocada chalequera (pitos)

Del Guernica vengo

Miércoles, 22 de Mayo

Valle de Esteban

¡Ay que el cielo, ay que el viento, y la nube 
que se van con el pavo real!

martes, 21 de mayo de 2019

Baroja



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ante la politología andante, hay que preguntarse por qué España sólo ha dado un pensador político desde Donoso Cortés, y entre medias, Pío Baroja, que no es pensador, sino observador, pero el único intelectual que ha aguantado el paso del tiempo, por dos razones: su astucia aldeana para “leer” la realidad y su independencia (vivía, mal o bien, de sus novelas, no del toque, que en España siempre es al “Estao”).
Baroja vuelve un día a la plaza de Oriente, a recordar la tarde de la revolución del 31 en esa plaza:
La Reina Victoria Eugenia estaba en Palacio, sola con sus hijos, sin defensores, rodeada de una turba curiosa. Todos los fieles la habían abandonado, comenzando por su marido. ¡Qué miseria!
Baroja, poco entusiasta de las muchedumbres, miraba a la turba con recelo. Menos mal, dice, que los jefes no tenían la técnica violenta que luego adoptarían “por imitación de los rusos y los alemanes”.

La gente pensaba en la revolución como una fiesta.
Unos meses antes, Ortega había invitado a Baroja para hablar en la redacción de la “Revista de Occidente”. El filósofo le dice que “la vida de la Monarquía es cuestión de meses” y que quienes tengan “sentido político” (logreros, para el vulgo) deben estar atentos.
Le dije lo que pensaba: una revolución en España sería algo horroroso, que uniría la esterilidad y la pedantería con crueldades horribles. Añadí que ya sabía que nadie me iba a llamar a mí, y que yo tampoco pensaba intervenir en nada.
Pero Ortega quiere regenerar España (¡Huid de los regeneracionistas!) con un cambio mágico.

Yo auguraba algo muy malo, y acerté. No tiene mérito. Pero pienso en la contradicción que se vería entre Ortega y yo: él, conservador y autoritario, pensando en tumbar una Monarquía; yo, individualista y crítico, deseando que la Monarquía se sostuviera, o todas las posibilidades de ser escritor independiente se vendrían abajo.
¡Independencia mental!
Ortega venía del “Estao” de Hegel, y Baroja, de la ética de Montaigne.

En la muerte de Niki Lauda


Márquez & Moore. San Isidro'19. La novillada fue un regalo que mandó Mayalde a los toreros





Crónica de José Ramón Márquez

Fotos de Andrew Moore


El conde-de-mayalde es bajo de agujas y fino de cabos,
pero con cara y remate suficientes para pasar la criba de los reconocimientos
torosdelidia.es


Cántico


José Ramón Márquez

Acaso por encontrarnos en pleno proceso electoral gusta que se lidie en Madrid una corrida del Conde de Mayalde, el alcalde de Madrid que puso en marcha el proyecto de la M-30 a la que tanto debemos los aficionados como referencia:

-Mira, ése está toreando desde la M-30…

Por supuesto que el actual propietario del viejo título no es el que ocupó el sillón del alcalde en la Plaza de la Villa, el que formó la vacada a base de ganado de Sepúlveda y que al final de su vida, en los ochenta de la Movida, se echó en brazos de la cosa juampedrera como hicieron tantos y tantos. Actualmente la ganadería pertenece a Rústicas El Castañar y su tema es, como antes se dijo, la cosa juampedrera a tope, aunque dicen tener unas escurriajas de Contreras que han mezclado con Juampedro, a ver qué sale, por si suena la flauta y sale Baltasar Ibán, que me parece que no sale. La verdad es que el esmero que han puesto en lo juampedrero es encomiable porque hay que ver lo juampedros que eran los novillos que mandó el señor conde, don Rafael, hoy a Las Ventas, que a excepción del tercero, cariavacado y basto, los otros cinco sacaron esas hechuras de lo que en el mundillo se denomina “toro bonito”, que más o menos viene a significar que ni por cabeza, ni por hechuras, ni por intenciones existe la promesa del drama en la presencia de esos animales. 

El programa oficial transforma a Mazarambroz, el pueblo toledano próximo a Sonseca donde se crían los condesos, en Zarambroz, que ésas son las cosas del programa, que siempre trae entretenimiento para el que no se acabe de emocionar con lo que pasa en el ruedo. Pues desde ese ignoto y desconocido pueblo fantasma de Zarambroz se vinieron a Madrid los seis pupilos de don Rafael más uno de sobrero, que así hay que venir a Madrid, con sobreros y todo, y no lo digo con sarcasmo de ningún tipo. Y, como se dijo antes, cinco zapatos, alguno con sus pitoncitos algo gachos, con unas caritas de buenos que te daba ganas de llevártelos al Retiro a echar la tarde, con unas hechuras de ésas que dicen de embestir, y vive Dios que embestían, que el señor conde lo que cría es máquinas de embestir, como si estuvieran controlados con un ordenador: ni media mirada, ni un mal gesto, ni una protesta… que le ahogabas al pobrecillo, pues él a tragar; que le decías ¡vente! desde lo largo, pues él se venía; que le dejabas ahí tirado como el que tira una bolsa de Matutano al suelo, pues él se recolocaba y se quedaba en disposición de que se le diera otro mantazo; que les picaban mal y les lidiaban peor, no importa, que ellos tenían una generosísima capacidad de olvido y perdón y no tomaban en consideración las perrerías de las que eran víctimas. 
Puede decirse que, en cierto modo, la novillada fue un regalo que mandó Mayalde a los toreros, dos de ellos sin apoderado, que en innumerables ocasiones en sus ensoñaciones habrán fantaseado con que les salga en Madrid un toro que les meta la cara. Hoy han salido cuatro o cinco, según lo miremos, que la cosa no está como para ponerse a discutir, y ahí se han ido los pobres animales a que los transformen en medias canales y le manden sus rabos a Toribio, sin que los augurios que contenían sus condiciones se transformasen en éxitos de los que abren puertas, y si hubo uno que se llevó una generosa oreja puede darle las gracias más al que inventó las bernardinas, que son las que le dieron la oreja, que a su labor frente a las óptimas condiciones del toro.

La terna estaba formada por Rafael González, que es el que tiene apoderado, y Marcos y Fernando Plaza, que son los que no tienen apoderado.

Al primero, Andaluz, número 15, lo recibió Rafael González de capa con soltura y gusto tras la chorrada de la porta gayola, lo picó Borja Lorente de pena, lo lidió Jarocho de aquella manera, y llegó al último tercio con los firmes propósitos de acudir al cite siempre solícito, de no dejar de poner todo de su parte, de no echar una mirada que pudiese estorbar, de no dar un solo cabezazo. Nada de lo que tan mal le hicieron le influyó en modo alguno, incluida la faenita que fue desgranando Rafael González, pues este prototipo de novillo soñado no tenía otra motivación en su vida que el ir, e ir, e ir y ahí enfrente estaba el pobre de Rafael tratando de armar algo coherente con ese material, cosa que no consiguió, porque el soufflé no subía. Que tras tener en sus manos ese novillo sólo saludase una ovacioncita desde el tercio a costa de las bernardas del final es una buena medida del fracaso del intento de González en dejar una tarjeta de presentación o de abrir una mínima grieta en el granítico corazón de la cátedra. Con su segundo, Chorlito I, número 5, también de magnífica condición Rafael González presenta de nuevo idénticos modos: lo recibe de largo, igual que al primero pero con menos sinceridad, y en seguida comienza a recitar el cansino tema del neo-toreo, de lo que les enseñan, agravándose la cosa por las condiciones tan a favor de obra del novillo. De nuevo recurre a las bernardas que Dios confunda y entre eso y una estocada hasta la gamuza, arriba y de rápida efectividad, ahí tenemos a Rafael González paseando una oreja alrededor del anillo de Las Ventas. Mucha ilusión no le haría la oreja, porque al pasar por el 10 le faltó el tiempo para lanzársela a un señor y deshacerse de ella. En este cuarto toro Jarocho puso banderillas dando ventajas toreramente al novillo.

Marcos es hijo de Maximino Pérez, inteligente empresario a quien desde hace más de tres lustros le tengo profetizado que será algún día empresario de Las Ventas. Su primero, Atrevido, número 32, era un zapato del cual lo que más llamaba la atención era su aspecto de animal servicial y amable. Es difícil reseñar algo de la actuación de Marcos salvo el hecho de ser un muchacho bastante alto. En su segundo se oyó perfectamente a Domingo Siro gritarle desde la tronera del burladero: “¡eso es!”, lo cual nos lleva a pensar que algo estaría haciendo bien, visto desde la óptica de los profesionales, aunque, sea lo que sea, los que estábamos en la piedra no llegamos a darnos cuenta de qué. Esperemos que, una vez cumplida la ilusión de Marcos de verse anunciado en Las Ventas, su padre le explique ciertas cosas.

A Fernando Plaza le tocó el garbanzo afroamericano, que fue el tercero. El toro recordaba una barbaridad al segundo, pero lo que en Atrevido era armónico y bien traído en Entrador, número 17, era más picassiano, incluida su fea cara de vaca. De salida parecía un perezoso por su manera de andar cansina y sin ánimo, cuando recibió la caricia del acero en la espalda arreó con fuerza empujando violentamente las faldillas del penco, saliendo suelto cuando se hartó. En la segunda vara fue pronto y se empleó empujando. Mientras estaban banderilleando a Entrador, y mientras Ferrnando Plaza bebía agua en un vasito, desde el callejón Fundi se dedicaba a darle consejos o ánimo. El novillo no era tan claro como los que habían salido antes y los que vendrían después. No es que fuese el leviatán, pero era de una condición menos tontorrona, menos lanar, que los otros. Plaza se dedica a ahogar al toro con insistencia, al cual se enrosca en muchos pases mal trazados y a muchos nos deja la duda de cómo habría sido el novillo si su matador le hubiese dado más aire. El último capítulo de la vida de Entrador se desarrolló tirando coces mientras esperaba a que la media estocada que tenía dentro hiciese su efecto. En el sexto es donde se han visto los mejores momentos de la tarde y donde el buen entendedor verá que en Fernando Plaza hay algo que bien cuidado y bien regado lo mismo podría servir para hacer de él un torero. El novillo, herrado con el 26, atendía por Estafador y su condición fue coherente con la del resto de sus hermanos que le habían antecedido, Fernando Plaza vuelve a los modos de su primero, ahogando al novillo, sin nada que resaltar, si acaso lo vulgar que está, hasta que, de pronto, en un fulgor inesperado asoman dos naturales muy puros, muy macizos, encajados y hechos a base de riñonada, que netamente llegan al tendido y a partir de ahí dentro del descalzaperros que es la faena que el hombre trata de enhebrar, parece que por momentos quiere hacer asomar una personalidad que no es la anodina imagen de sí mismo que venía dando. Por momentos aflora la promesa de que ahí hay mimbre con el que hacer un torero y el final de su trasteo sirve para dejar un óptimo sabor de boca y las ganas de ver de nuevo a este joven madrileño.

No se nos puede pasar reseñar lo bien que estuvo con los palos Miguel Martín de la cuadrilla de Marcos, que se llevó una merecida ovación mientras Fernando Sánchez, que parece que ya quiere vivir de su fama, se sumó a ella porque le dio la gana. Tampoco debemos dejar pasar el hecho de que en la asesoría presidencial de la cosa del arte se encontraba Joselito Calderón, y de que la visión del palco poblado todo él solamente por tres únicos ocupantes, sin uno solo de los habituales que van de gañote, era como una viva imagen de la desolación.

El pájaro en la mano

la cosa juampedrera a tope, aunque dicen tener unas
 escurriajas de Contreras que han mezclado con Juampedro,
 a ver qué sale, por si suena la flauta y sale Baltasar Ibán,
 que me parece que no sale

 Rafael González, de gris plomo y plata
Pinchazo y media atravesada (saludos). Estocada (oreja)

 Fernando Plaza, de malva y oro
Media estocada y descabello. Aviso (silencio). Estocada. Aviso (silencio)

 El post sanchismo

 Marcos, de verde hoja y oro
 Estocada (palmas). Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio)

 Plaza, de la Escuela José Cubero ‘Yiyo’, es hijo
 del subalterno Fernando José Plaza

 Fernando Plaza haciendo de Talavante
El que imita a un camaleón tiene cien años de parón

 “Te ofrecen cosas que son indignas. No valoran
 lo que supone jugarse la vida”
Rafael González

"Para torear en esta plaza hay que romperse y yo ahora estoy roto" 
Rafael González

 "Si eres igual que todos no vales para nada"
Rafael González

 La peste de las bernardas

 "Para llegar, hay que ser diferente"
Rafael González

 Rústicas El Castañar

 Banderillero de Apolo

 Marcos es hijo del empresario taurino Maximino Pérez

 se oyó perfectamente a Domingo Siro gritarle desde la tronera
 del burladero: “¡eso es!”, lo cual nos lleva a pensar que algo
 estaría haciendo bien


 "No tengo más por delante"

"Todo dependía de Madrid"