viernes, 29 de mayo de 2026

Zapatero





Ignacio Ruiz Quintano
Abc


La última vez que Carlos Monsiváis pasó por España, nos dejó dicha una cosa que tenía bastante sentido: todos los políticos de Méjico tratan de ser personajes de culebrón, ese género de TV cuyo lenguaje está bien vigilado y acotado: «Apenas quinientas palabras.» Bien mirado, tampoco hacen falta más para moverse hoy por el mundo. Y cuando Fox triunfó en Méjico, Monsiváis era el único intelectual mejicano que había anticipado —y comprendido— el fenómeno: nadie sabe qué ideas tiene ese Fox, pero todos sabemos que tiene un rancho.


A lo mejor sólo es una aprensión, pero puede que aquí también les dé a los políticos por montárselo de personajes, no de culebrón, sino de «Gran Hermano», cuyo lenguaje, como hemos visto, aún está más vigilado y acotado que el del culebrón. De momento, ahí tenemos a Zapatero, cuya historia, por lo que se oye y se lee, parece sacada de alguno de aquellos cuentos que Rafael el Gallo solía hacer en la tertulia de Cañabate. Contaba una tarde el Gallo que él era muy amigo del señor obispo de Madrid: «Un día viene a verme uno de parte del obispo, a pedirme una corría. "Pero, ¿usté es torero?" "Yo, no, señor; yo soy zapatero, pero quiero ser picaor; creo que sirvo para eso, y me he ido a ver al señor obispo, que sé que es amigo de usté, me he arrodillado ante él, y le he dicho: Déme Su Ilustrísima un recao pa el Gallo, y que me saque de picaor en una corría... y aquí estoy, a ver si usted lo hace." Yo, claro, tratándose del obispo, pues, ¡qué iba, a hacer! Le di la corría, una corría de Miura, una moza, trescientos ochenta y dos pitones. Salió la corría de toros, bravísima; en cuanto veían un caballo, se iban pa él como un rayo, y ¡zas!, el picaor a la enfermería y el jaco al desolladero. La gente venga a pedir: "¡Caballos! ¡Caballos!" El recomendado del señor obispo estaba escondido en la cuadra; el contratista de caballos andaba loco buscándole; por fin, lo encuentra y le dice: "Pero, ¿qué hace usted ahí, hombre dé Dios? ¿No oye usted que están pidiendo picaores?" Y entonces él contesta: "¡Y a mí qué! ¡Mientras no pidan zapateros, que es mi oficio!"».


En la vida no hay ninguna respuesta general a la cuestión de lo que constituye una vida con sentido. Pero la política es otra cosa, y a muchas personas las excita el sentimiento de estar involucradas en una empresa grandiosa, incluso aunque no tengan ninguna responsabilidad por su dirección. ¿Acaso el gozo del ciempiés no es la encrucijada? Pues en la encrucijada felipista se ve que el que ha llevado el gozo al ciempiés socialista se llama —otro triunfo del nominalismo— Zapatero.


«Hay que volver a Tales de Mileto», decía el otro día Constantino Romero en su concurso de TV. Claro que, al lado del de Mercedes Milá, que triunfa mirando por encima de las tapias, el concurso de Constantino Romero, que triunfa mirando por encima de las gafas, no lo ve nadie, y la gente, que no sabe quién fue Tales de Mileto, prefiere identificarse con Zapatero, que tiene un aire entre Enrique Ponce y Landelino Lavilla, dos triunfadores tranquilos, que son los de moda, como el alcalde de Madrid, que dice que el objeto de la política municipal es «la persona», o como Zapatero, que dice que el objeto de la política socialista es «el ciudadano». Es una cuestión de halago. «Es literatura... ¡y lo entiendo!», se dice el lector de Gala. «Es política... ¡y lo entiendo!», se dice el elector de Zapatero, cuyo único compromiso político consiste en «la incorporación de todos los ciudadanos al mundo de la información».


Dice Aristóteles en su «Política» que cada cosa tiene dos usos, uno propio y otro impropio. «Unos zapatos pueden usarse, lo cual es su uso propio, o cambiarse, lo cual es su uso impropio.» El uso que nuestro Zapatero hace del mundo de la información es impropio de un compromiso político, pues no compromete a nada, salvo al uso de apenas quinientas palabras, aunque no se sepa qué significan, porque, a todo esto, ¿qué significa «sinergia», que no se les cae de la boca?


El Gallo

«Es literatura... ¡y lo entiendo!», se dice el lector de Gala. «Es política... ¡y lo entiendo!», se dice el elector de Zapatero, cuyo único compromiso político consiste en «la incorporación de todos los ciudadanos al mundo de la información» 

San Isidro'26. Seis jureles de Domecq viendo («bedroom eyes») pasar el tren, que era la mecedora de Urdiales. Márquez & Moore


El pico


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


La paremiología nos ofrece este aserto tan certero que reza: «Días de mucho, vísperas de nada», con el que se expresa lo corriente que es el hecho de que después de la abundancia no es raro que venga la necesidad. Ayer (miércoles para el lector) tuvimos un regalo en forma de tremenda corrida de toros y, para compensar, hoy tuvimos la nada taurina, pues estos pobres animales tan bondadosos, tan bobos, tan zompos que hoy salieron a Las Ventas apenas tenían nada que ver con las fuerzas desatadas de la naturaleza que hollaron ayer el ruedo proclamando las más incontrovertibles verdades del toro de lidia: la fuerza, el vigor, la casta, la bravura e incluso la mansedumbre. Hoy, como si vinieran de otro planeta, seis jureles de Juan Pedro Domecq fueron capaces de originar el mismo tipo de sopor que producen esos videos de pintura secándose que hay en YouTube y, si los asientos de la plaza fueran algo más cómodos, los ronquidos habrían superado incluso a los ¡bieeeen!, esos que tanto se estilan.


Como nos gusta siempre ir a lo positivo, diremos que lo mejor de la tarde fue la magnífica interpretación del himno nacional de España que ejecutó con unción y parsimonia la espléndida banda del maestro don Rafael Zahonero, y con esto se acabó lo bueno que nos deparó la tarde, en la que no ha existido el toro, que lo han cambiado por unos animalejos de mirada estúpida y perdida, esa mirada de Marilyn Monroe a la que se denominó «bedroom eyes», que evoca desvalimiento o vulnerabilidad; y en la que, salvo dos apuntes ínfimos, no existió el toreo, sustituido por ese vaivén como de mecedora que extasía a las buenas gentes y que tantísimo dista del toreo recio, verdadero y bien ejecutado, conforme a las reglas del arte, que se les hace a los toros.


En realidad más que una corrida de toros lo que hoy se dio en la calle de Alcalá 237 fue una amable kermesse con animales de ésas en las que se combina el ambiente de una feria con la exhibición, interacción o concurso de diferentes especies domésticas y de granja como en la Wendener Kirmes de Westfalia del Sur y otras que se dan en Alemania. Hoy se trataba de una kermesse centrada en bóvidos que exhibieron de manera incesante, ante los aplausos de la concurrencia, sus habilidades embestidoras, sus trotes alegres y despreocupados, sus mohínes de enfado al ser un poco hostigados, sus caiditas de slapstick y, sobre todo, su mirífica bondad, sus deseos de agradar y su disposición a acometer todas las pequeñas tareas y rutinas que se les iban encomendando a cada rato. No perderemos el tiempo en escribir el nombre de los seis manatíes que anduvieron hollando la arena de miga de Las Ventas, porque lo que deseamos es que su memoria desaparezca cuanto antes y con ella se borre de nuestra mente, de una manera absoluta, el denso sopor que nos ha ocasionado la contemplación de su absurda vida pública.


La ocasión para todo lo anterior venía dado porque hoy se celebraba la Corrida de la Prensa. Imaginen ustedes cómo está la prensa hoy día, para hacerse una pequeña idea de cómo fue la corrida de la prensa. Este año contamos con la presencia de SM el Rey, que estuvo acompañado por Victorino Martín en una barrera del 9 y ahí se pegaron la tarde, que lo mismo Victorino le explicó a Don Felipe la diferencia que hay entre esos peluches que había en el ruedo y lo que es el toro de Victorino, para que el monarca, que no es lo que se dice un gran aficionado, pudiera calibrar que esos mohínes, esos giros y esos tropezones, tan característicos del Bos Taurus Juampedrerus distaban una barbaridad del comportamiento de aquel toro bravo, Belador, número 121, cárdeno, encaste Albaserrada, ganadería de Victorino Martín, lidiado en esta misma plaza hace 44 años.


Para acompañar a los simpáticos animales en sus evoluciones y para estimular sus deseos de corretear contrataron a Diego Urdiales, que vino vestido con el terno de moda de este año, ese azul almacén que hace furor; a Roca Rey, de berenjena y oro, y a Bruno Aloi, que venía de blanco a abrir plaza y a confirmar la alternativa que le dio Roca Rey en Aguascalientes (Méjico) el año pasado.


Lo peor de la tarde fue Urdiales, porque sabemos que él tiene la moneda y no le dio la gana de sacarla para que se viese, prefiriendo poner su conocimiento al servicio del pajareo por las afueras y de esa ligazón en los pases que es tan cara a los públicos contemporáneos. Las condiciones de su toro -eran dos pero parecían el mismo- sin un mohín, ni una mirada, acudiendo presto y sin maldad al cite, bien merecían que el riojano hubiera mostrado un poco de generosidad para con la plaza y hubiera dejado dos lecciones de cómo y dónde se torea, pues él sabe esa materia. A cambio optó por el vaivén, el confort del pico, la posición en las afueras y, entre ese piélago de vulgaridad, camuflada en su elegante figura, dejó un par de buenas verónicas, un natural, un hermoso pase de trinchera y una soberbia estocada. No hubo más, pero las buenas gentes, felices de echar la tarde junto a su Rey, ondearon sus pañuelos sin una enorme convicción, pero que fue suficiente para que don José Luis González y González y González y González, tan comprensivo siempre, sacase el trapo blanco que ponía en manos del veterano torero de Arnedo primero una oreja y luego otra que le sirvieron para franquear la depauperada Puerta Grande de Madrid. Bien sabemos que esas orejas no valen ni para que se las lleve a El Perchas de la calle Laurel de Logroño que, como todo el mundo sabe hace unas deliciosas orejas picantes o rebozadas, y desde luego no son esas orejas las que quedarán en el recuerdo el día de mañana, cuando hablemos de Diego Urdiales.


De Roca poco hay que decir porque él tiene sus maneras, que rechazamos, pero lleva a las gentes a la plaza y ante eso, un respeto. Dio su pequeño mitin taurómaco en el que no faltaron cosas de rodillas, otras traídas por el espaldar y mucho trapo por aquí y por allá. Le vimos más espeso en el animal de la cara A y más suelto en sus modos en el de la cara B, en el que sacó más su personalidad. Otra oreja barata pasó a sus manos por la generosidad del susodicho y no sé si no andaba medio encolerizado con tantos que le negaban el pan y la sal. Allá él.


La corrida, por llamarla algo, se iba alargando y alargando y aquello nunca terminaba. A las 10 menos 19 minutos de la noche agarraba Bruno Aloi su muleta para comenzar su insulso trasteo, tiempo que empleamos en varias tareas de papiroflexia, creando aviones, pajaritas, aviones flecha y una bonita sombrilla con los restos del Programa Oficial número 27 de la temporada 2026. A las 10 menos 7 minutos dobló el juampedritis y salimos huyendo al bar a tomar un café solo doble que nos sacara del sopor, asombrados de haber sido capaces de aguantar tanto.


Hoy no trabajó Iván García, pero a cambio nos repitieron a «Pirri».



 Zompo y yo


ANDREW MOORE











Las tres edades, 1923








El rey de los cowboys, 1925


FIN 

Viernes, 29 de Mayo

 


Valle de Esteban

Fiebre primaveral

jueves, 28 de mayo de 2026

Rocanrol. Isle of Wight Festival 2026. Get The Water, 20 de Junio

 


Isle of Wight Festival 2026

[18-21 de Junio]




Get The Water

[20 de Junio]




El Festival de la Isla de Wight de 1969 se celebró del 29 al 31 de agosto de ese año en la ciudad inglesa de Wootton , en la Isla de Wight . El festival atrajo a una audiencia de aproximadamente 150.000 personas para ver actuaciones de artistas como Bob Dylan , The Band , The Who , Free , Joe Cocker , The Bonzo Dog Band y The Moody Blues . Fue el segundo de los tres festivales de música celebrados en la isla entre 1968 y 1970. Organizado por Fiery Creations, de Ronnie y Ray Foulk, se convirtió en un evento legendario, en gran parte gracias a la participación de Dylan, quien había pasado los tres años anteriores en un semi-retiro. El evento estuvo bien organizado, en comparación con el reciente Festival de Woodstock , y transcurrió sin incidentes. [Wikimedia Commons]







San Isidro'26. Gran corrida de Pedraza, y un Jarocho "con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en medio" Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ 


Muchas personas acaso no se habrán dado cuenta de que en la parte alta de la Puerta Grande de Madrid hay un gran letrero hecho con azulejos de hermosos colores, obra del ceramista Romero Mesa, en el que puede leerse la inscripción “Plaza de toros”. Bien es verdad que esa denominación se queda muchos días muy, muy corta e inexacta y que, a veces, preferiríamos que hubiese allí colocado un marcador electrónico que nos señalase con más precisión los otros usos cotidianos de la plaza, tales como “Granja de cochinos”, “Redil de cabras” o “Criadero de caracoles”, dependiendo del espectáculo que se diera cada día. En el día de hoy, por ejemplo, nada más apropiado para el frontispicio que el letrero original, porque hoy lo que ha habido en Las Ventas ha sido una entretenida, variada, peligrosa, emocionante, difícil y hermosa corrida de toros, de esos toros con los que ningún torero puede venir a contarte que «he estado muy a gusto», «me ha permitido realizar mi faena soñada», «me he sentido mucho», «me sentí muy de verdad», «conecté muy bien con el toro», «viví sensaciones únicas» o «lo he disfrutado una barbaridad», porque en esta tarde de hoy martes no había posibilidad alguna de disfrute ni placer, sino de desasosiego, incertidumbre, dificultad, escollos y contrariedades en los más diversos grados.


Antes de seguir haremos un pequeño apunte histórico referido a la ganadería de Pedraza de Yeltes, que es la que hoy se anunciaba en los carteles, recordando al paciente lector que en el San Isidro de 2025 esta ganadería soltó el más importante toro de la Feria, el gran Brigadier, número 2, al que le fueron hurtados los premios a que era acreedor, que eran todos, para dárselos a una especie de buey con erisipela llamado Frenoso, número 95, de Victoriano del Río. El Maligno nunca para en su obra de destrucción y aquí convenía ningunear las netas condiciones de bravura de aqel gran toro de Pedraza para enaltecer a un bóvido más acorde a los bastardos intereses de aquellos que odian de manera permanente y constante al toro bravo, al toro de casta, que manifiesta sus óptimas condiciones en los tres tercios y que muere de frente, sin quejas y con la dignidad intacta, proclamando el honor de su divisa.


Hoy Pedraza de Yeltes se presentó en Madrid con un impecable encierro que ha dado en la báscula venteña un promedio de 603,6 kilos. Seis toros serios, bien armados, bien comidos, lustrosos, vivaces y listos, con un indiscutible fondo de casta y con unos comportamientos variados y surtidos, en los que la palabra «respeto» es la que mejor define la impronta de su magnitud.


Acartelados para dar fin de este impresionante encierro se vinieron a Las Ventas Isaac Fonseca, José Fernando Molina y Jarocho. Como curiosidad digamos que frente a los 21.594 espectadores que concitó la novillada del día anterior, hoy solamente 19.098 almas tuvieron la fortuna de asistir a esta gran tarde de toros. Dejamos en manos de los pacientes sociólogos el caso para que traten de explicarnos esa circunstancia.


Volviendo al Brigadier del año pasado, digamos que ese inolvidable toro fue lidiado y muerto a estoque por Isaac Fonseca en la única corrida que toreó el año 2025, y aquí teníamos un año después a Isaac Fonseca, vestido de azul de almacén y oro -el hallazgo es de Pepe Campos-, frente a Buscadero, número 39, primero de la tarde. Mucha desconfianza, perfectamente comprensible, demuestra Fonseca con su primero, intentando tirar líneas por las afueras, cosa explicable por las condiciones del toro, sin acabar de dar el paso adelante hasta que en un momento se queda excelentemente colocado y le arranca al toro una espléndida serie que llega fuertemente al tendido. No puede o no quiere continuar en ese registro, con el que ha demostrado que el toro se entrega, y ya no hay más hasta la soberbia estocada con la que despenó al de Pedraza.


José Fernando Molina, o simplemente Molina, se vino a Las Ventas muy bien vestido de azul marino y oro y sorteó por delante a Tontillato, número 15, un colorado marca de la casa que se emplea frente a las faldillas con patas y se pone serio en el segundo tercio. Molina estuvo ahí aguantando las petrificadores miradas del toro y tratando de sacarle los pases, sin que la ayuda brindada por el toro para tal fin fuera digna de elogio. A fin de cuentas el toro no está ahí para ayudar a nadie. Lo mató sin más.


Jarocho venía a Las Ventas a cara de perro con sus 7 festejos en su primer año de alternativa. Puede decirse que él fue quien dio la vuelta a la tarde, que discurría sin dar enaltecimiento a los toros precedentes, cuando decidió poner a Dulce, número 60, de largo al caballo. El regalo que le hizo a Óscar Alba fue morrocotudo, porque los 624 kilos del toro, su longitud y su presencia no eran las señas que más podían apetecer al picador. El toro se arrancó con viveza al cite y se empleó como pelean los toros bravos en la primera vara; en la segunda ya se vio a las claras que Alba no deseaba que el animal se le arrancase a aquella distancia. Por desgracia para él, el toro lo hizo tomando una buena vara, en la que el piquero le clavó donde y como pudo. Con el gran ambiente que se creó tras el tercio de varas, vaya todo el mérito para el toro, éste se explayó en banderillas demostrando su clase y sus excelentes condiciones, su vibrante embestida, su bravura  y su altivez. Jarocho se fue al toro decidido a darle la batalla, cosa que hizo con gran hombría, sin rehuir la pugna en la que netamente se vio siempre al toro como vencedor. Ello no hizo amilanarse al joven burgalés, que mantuvo durante todo el emocionante trasteo la valerosa convicción en sus capacidades, y donde muchos otros hubieran puesto tierra por medio, él puso coraje, ganas y tesón en una pelea que perdió a los puntos con la máxima dignidad. Ovación para el encastado y bravo toro en el arrastre.


Volvió Fonseca, ahora con Hurante, número 45, que acudió al caballo a recibir los lanzazos de rigor y luego la delicada brega de Iván García. En el inicio de la faena de muleta le pegó una fuerte voltereta al mejicano, que en seguida volvió al tajo sin que sus mañas dejaran esta vez huella en la parroquia. Al entrar a matar se cayó, y el milagroso capote de Raúl Ruiz le libró de lo que ya se veía como una segura cogida, momento perfectamente captado por el objetivo del maestro Moore. Ya le puede regalar Fonseca una botella de mezcal del bueno al de San Fernando de Henares.


Molina sorteó en segundo lugar a Mironcillo, número 23, negro, listón y chorreado, que se abalanzó con todo su vigor intacto a derribar de manera estrepitosa a Curro Sánchez y su cabalgadura. Luego vino un desaguisado mientras los monos querían levantar al semoviente. Entonces, sin ton ni son, decidieron picar en chiqueros, donde el toro se abalanzó de nuevo a por Richi Romero y su mascota equigárcica. Muy mal el Presidente ordenando el cambio. Luego vino la vergonzosa, humillante y tradicional ovación al caballo cuando al fin fue puesto en pie. Ante la incomprensión de algunos en la solanera, Molina estuvo hecho un tío frente a las incertidumbres del toro. Tragó lo que no está en los escritos y trató de conducir la personal embestida del toro optando por sacar los muletazos de uno en uno, con exposición y avidez, a despecho de las intenciones del Pedraza. La papeleta era harto difícil.


En el sexto vimos, al fin picar. El milagro fue protagonizado por Juan Melgar frente a Hurón, número 41. Con una buena monta, moviendo al caballo como se debe, dejándose ver, provocando la firme embestida del toro, lanzando la vara de detener, haciendo la suerte como se debe hacer, Melgar puso en valor su oficio de picador de toros en las dos varas y se llevó una fuerte ovación cuando, orgullosamente, se retiraba de la plaza. Sin dudas, sin probaturas, Jarocho se plantó frente a Hurón «con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en medio» demostrando que a un toro serio se le puede comenzar decididamente por naturales, y en ese registro continuó en sus tandas, que a veces fueron desarrolladas de uno en uno, obteniendo muy buenos pases por trazo y colocación, con algún adorno y midiendo la duración de la faena para que no se convirtiese en la losa cotidiana.


Decir que Iván García se desmonteró tras sus pares es ya casi reiterativo, porque casi todos los días que trabaja, y son bastantes, lo hace.


Melgar


Jarocho


ANDREW MOORE




















FIN

Hay que ver


Abc, 21 de Febrero de 2001



Ignacio Ruiz Quintano


Fandango de Ricardo Bada a Jorge Luis Borges: «Parado frente al espejo / que un día albergó a Voltaire, / aventuro mi perplejo / sentimiento de ser viejo. / Pero Borges, hay que ver.»


Hay que ver, hay que ver. Como los campesinos franceses de antes de la Revolución, que apaleaban las charcas para callar a las ranas cuando iba a nacer el hijo de un gran señor, el Famoso Artículo de Goytisolo (voces de «¡qué ejemplo, qué ejemplo!») anunció el prólogo de Zapatero para las «Ficciones» borgianas. «Otra dimensión de lo real», lo titula Zapatero, para quien esas «Ficciones» son un ejercicio de «la más espléndida metafísica». Pero, ¿qué es una realidad metafísica? Afirmar a la buena de Dios que hay realidades metafísicas tiene la misma base racional que afirmar que el que hace crecer las flores es el Niño Jesús. Mas Zapatero da por entendido que Borges ha aportado a la literatura una «filosofía  del hombre, del mundo y del tiempo», y este entendimiento lo ha llevado a exhibir en su despacho de político, enmarcada como si fuera un ex voto, la entradilla de «Nueva refutación del tiempo», uno de los ensayos del libro «Otras inquisiciones». Siendo muy joven,  Zapatero los leyó todos, y «enfermó» de Borges. «Cuando uno ‘enferma de Borges’ —anota en su prólogo—, se pregunta por qué la gente sigue, seguimos, escribiendo.» Hombre, psicológicamente, por la misma razón que uno, si enfermara de Creutzfeldt-Jákob, seguiría devorando chuletones. Y científicamente, si es cierto que un herbívoro puede volverse loco, como parece, al comer piensos de carne, ¿qué no podrá volverse un político al nutrirse de metafísica borgiana?


Para el Círculo de Viena, la metafísica no era sino una rama de la literatura fantástica, y este aforismo se convirtió, al decir de Ernesto Sábato, en la plataforma literaria de Borges, que atrajo con ella a esa clase de lector que, como Zapatero, con pavor sagrado se arrodilla apenas  lee una palabra como «aporía», tomando por inquietud profunda lo que en general es un sofisticado pasatiempo. «Borges recorre el mundo del pensamiento como un ‘amateiur’ la tienda de un anticuario (...) Lo aflige la fugacidad del tiempo. Por temor, por repugnancia, por pudicia y por melancolía, se hace platónico (...) Teme a la áspera realidad, juega en un mundo inventado y se adhiere a las tesis platónicas (...) Sin embargo, hay una constante que tenazmente se reitera, tal vez por su temor a la dura realidad: la  hipótesis de que esta realidad sea un sueño.» Luego «el auténtico patrono de Borges es Parménides». Bien. Todos los borgianos son metafísicos. Zapatero es borgiano. Por lo tanto Zapatero es metafísico. Y Parménides, más que González, su patrono. ¿Dónde está el cambio? «Nada cambia», dijo Parménides, y con esta paradoja de buen italiano del sur pasó a la historia, haciéndonos ver, de paso, lo fácil que es sacar conclusiones metafísicas del lenguaje. Según Sábato, este ánimo lúdico conduce al eclecticismo, que en política se llama centro. Al rechazar el misticismo, parece laico, y al rechazar el materialismo, parece  moderno. Progreso y  cultura son sus palabras totémicas. Lo que en el  XIX se llamaba «eclecticismo», en el XX se llamó «posmodernidad». En ella, todo es igualmente válido y nada en rigor vale. Total que, venerado como filósofo, Borges viene a ser el Homero de la posmodernidad.


Hay dos categorías de lectores, según los hábitos adquiridos de leer por sí, como Zapatero, o de escuchar la lectura, como Aznar. Políticamente, esto significa que, si Zapatero llegara a la Moncloa, sólo cambiaría el bullicio  de las recitaciones del conde de Montecristo en los salones por el silencio de los ex votos borgianos en los despachos. Negro sobre blanco. Así que, visto el programa que Dragó ha dedicado a Aznar y leído el prólogo que Zapatero ha dedicado a Borges, el único cambio verdadero que se nos viene encima es el propuesto por el francés Roger de Sizif, miembro del Círculo Filosófico de Acción Contemplativa: la «stochocratie». Es decir, la lotocracia o democracia-loto, sistema que consiste en la designación de todos los cargos políticos por sorteo, con todas las bolitas del censo saltando para ofrecer su número al Destino.



«Cuando uno ‘enferma de Borges’, se pregunta por qué la gente sigue, seguimos, escribiendo.»

(Zapatero)