jueves, 28 de mayo de 2026

Rocanrol. Isle of Wight Festival 2026. Get The Water, 20 de Junio

 


Isle of Wight Festival 2026

[18-21 de Junio]




Get The Water

[20 de Junio]




El Festival de la Isla de Wight de 1969 se celebró del 29 al 31 de agosto de ese año en la ciudad inglesa de Wootton , en la Isla de Wight . El festival atrajo a una audiencia de aproximadamente 150.000 personas para ver actuaciones de artistas como Bob Dylan , The Band , The Who , Free , Joe Cocker , The Bonzo Dog Band y The Moody Blues . Fue el segundo de los tres festivales de música celebrados en la isla entre 1968 y 1970. Organizado por Fiery Creations, de Ronnie y Ray Foulk, se convirtió en un evento legendario, en gran parte gracias a la participación de Dylan, quien había pasado los tres años anteriores en un semi-retiro. El evento estuvo bien organizado, en comparación con el reciente Festival de Woodstock , y transcurrió sin incidentes. [Wikimedia Commons]







San Isidro'26. Gran corrida de Pedraza, y un Jarocho "con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en medio" Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ 


Muchas personas acaso no se habrán dado cuenta de que en la parte alta de la Puerta Grande de Madrid hay un gran letrero hecho con azulejos de hermosos colores, obra del ceramista Romero Mesa, en el que puede leerse la inscripción “Plaza de toros”. Bien es verdad que esa denominación se queda muchos días muy, muy corta e inexacta y que, a veces, preferiríamos que hubiese allí colocado un marcador electrónico que nos señalase con más precisión los otros usos cotidianos de la plaza, tales como “Granja de cochinos”, “Redil de cabras” o “Criadero de caracoles”, dependiendo del espectáculo que se diera cada día. En el día de hoy, por ejemplo, nada más apropiado para el frontispicio que el letrero original, porque hoy lo que ha habido en Las Ventas ha sido una entretenida, variada, peligrosa, emocionante, difícil y hermosa corrida de toros, de esos toros con los que ningún torero puede venir a contarte que «he estado muy a gusto», «me ha permitido realizar mi faena soñada», «me he sentido mucho», «me sentí muy de verdad», «conecté muy bien con el toro», «viví sensaciones únicas» o «lo he disfrutado una barbaridad», porque en esta tarde de hoy martes no había posibilidad alguna de disfrute ni placer, sino de desasosiego, incertidumbre, dificultad, escollos y contrariedades en los más diversos grados.


Antes de seguir haremos un pequeño apunte histórico referido a la ganadería de Pedraza de Yeltes, que es la que hoy se anunciaba en los carteles, recordando al paciente lector que en el San Isidro de 2025 esta ganadería soltó el más importante toro de la Feria, el gran Brigadier, número 2, al que le fueron hurtados los premios a que era acreedor, que eran todos, para dárselos a una especie de buey con erisipela llamado Frenoso, número 95, de Victoriano del Río. El Maligno nunca para en su obra de destrucción y aquí convenía ningunear las netas condiciones de bravura de aqel gran toro de Pedraza para enaltecer a un bóvido más acorde a los bastardos intereses de aquellos que odian de manera permanente y constante al toro bravo, al toro de casta, que manifiesta sus óptimas condiciones en los tres tercios y que muere de frente, sin quejas y con la dignidad intacta, proclamando el honor de su divisa.


Hoy Pedraza de Yeltes se presentó en Madrid con un impecable encierro que ha dado en la báscula venteña un promedio de 603,6 kilos. Seis toros serios, bien armados, bien comidos, lustrosos, vivaces y listos, con un indiscutible fondo de casta y con unos comportamientos variados y surtidos, en los que la palabra «respeto» es la que mejor define la impronta de su magnitud.


Acartelados para dar fin de este impresionante encierro se vinieron a Las Ventas Isaac Fonseca, José Fernando Molina y Jarocho. Como curiosidad digamos que frente a los 21.594 espectadores que concitó la novillada del día anterior, hoy solamente 19.098 almas tuvieron la fortuna de asistir a esta gran tarde de toros. Dejamos en manos de los pacientes sociólogos el caso para que traten de explicarnos esa circunstancia.


Volviendo al Brigadier del año pasado, digamos que ese inolvidable toro fue lidiado y muerto a estoque por Isaac Fonseca en la única corrida que toreó el año 2025, y aquí teníamos un año después a Isaac Fonseca, vestido de azul de almacén y oro -el hallazgo es de Pepe Campos-, frente a Buscadero, número 39, primero de la tarde. Mucha desconfianza, perfectamente comprensible, demuestra Fonseca con su primero, intentando tirar líneas por las afueras, cosa explicable por las condiciones del toro, sin acabar de dar el paso adelante hasta que en un momento se queda excelentemente colocado y le arranca al toro una espléndida serie que llega fuertemente al tendido. No puede o no quiere continuar en ese registro, con el que ha demostrado que el toro se entrega, y ya no hay más hasta la soberbia estocada con la que despenó al de Pedraza.


José Fernando Molina, o simplemente Molina, se vino a Las Ventas muy bien vestido de azul marino y oro y sorteó por delante a Tontillato, número 15, un colorado marca de la casa que se emplea frente a las faldillas con patas y se pone serio en el segundo tercio. Molina estuvo ahí aguantando las petrificadores miradas del toro y tratando de sacarle los pases, sin que la ayuda brindada por el toro para tal fin fuera digna de elogio. A fin de cuentas el toro no está ahí para ayudar a nadie. Lo mató sin más.


Jarocho venía a Las Ventas a cara de perro con sus 7 festejos en su primer año de alternativa. Puede decirse que él fue quien dio la vuelta a la tarde, que discurría sin dar enaltecimiento a los toros precedentes, cuando decidió poner a Dulce, número 60, de largo al caballo. El regalo que le hizo a Óscar Alba fue morrocotudo, porque los 624 kilos del toro, su longitud y su presencia no eran las señas que más podían apetecer al picador. El toro se arrancó con viveza al cite y se empleó como pelean los toros bravos en la primera vara; en la segunda ya se vio a las claras que Alba no deseaba que el animal se le arrancase a aquella distancia. Por desgracia para él, el toro lo hizo tomando una buena vara, en la que el piquero le clavó donde y como pudo. Con el gran ambiente que se creó tras el tercio de varas, vaya todo el mérito para el toro, éste se explayó en banderillas demostrando su clase y sus excelentes condiciones, su vibrante embestida, su bravura  y su altivez. Jarocho se fue al toro decidido a darle la batalla, cosa que hizo con gran hombría, sin rehuir la pugna en la que netamente se vio siempre al toro como vencedor. Ello no hizo amilanarse al joven burgalés, que mantuvo durante todo el emocionante trasteo la valerosa convicción en sus capacidades, y donde muchos otros hubieran puesto tierra por medio, él puso coraje, ganas y tesón en una pelea que perdió a los puntos con la máxima dignidad. Ovación para el encastado y bravo toro en el arrastre.


Volvió Fonseca, ahora con Hurante, número 45, que acudió al caballo a recibir los lanzazos de rigor y luego la delicada brega de Iván García. En el inicio de la faena de muleta le pegó una fuerte voltereta al mejicano, que en seguida volvió al tajo sin que sus mañas dejaran esta vez huella en la parroquia. Al entrar a matar se cayó, y el milagroso capote de Raúl Ruiz le libró de lo que ya se veía como una segura cogida, momento perfectamente captado por el objetivo del maestro Moore. Ya le puede regalar Fonseca una botella de mezcal del bueno al de San Fernando de Henares.


Molina sorteó en segundo lugar a Mironcillo, número 23, negro, listón y chorreado, que se abalanzó con todo su vigor intacto a derribar de manera estrepitosa a Curro Sánchez y su cabalgadura. Luego vino un desaguisado mientras los monos querían levantar al semoviente. Entonces, sin ton ni son, decidieron picar en chiqueros, donde el toro se abalanzó de nuevo a por Richi Romero y su mascota equigárcica. Muy mal el Presidente ordenando el cambio. Luego vino la vergonzosa, humillante y tradicional ovación al caballo cuando al fin fue puesto en pie. Ante la incomprensión de algunos en la solanera, Molina estuvo hecho un tío frente a las incertidumbres del toro. Tragó lo que no está en los escritos y trató de conducir la personal embestida del toro optando por sacar los muletazos de uno en uno, con exposición y avidez, a despecho de las intenciones del Pedraza. La papeleta era harto difícil.


En el sexto vimos, al fin picar. El milagro fue protagonizado por Juan Melgar frente a Hurón, número 41. Con una buena monta, moviendo al caballo como se debe, dejándose ver, provocando la firme embestida del toro, lanzando la vara de detener, haciendo la suerte como se debe hacer, Melgar puso en valor su oficio de picador de toros en las dos varas y se llevó una fuerte ovación cuando, orgullosamente, se retiraba de la plaza. Sin dudas, sin probaturas, Jarocho se plantó frente a Hurón «con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en medio» demostrando que a un toro serio se le puede comenzar decididamente por naturales, y en ese registro continuó en sus tandas, que a veces fueron desarrolladas de uno en uno, obteniendo muy buenos pases por trazo y colocación, con algún adorno y midiendo la duración de la faena para que no se convirtiese en la losa cotidiana.


Decir que Iván García se desmonteró tras sus pares es ya casi reiterativo, porque casi todos los días que trabaja, y son bastantes, lo hace.


Melgar


Jarocho


ANDREW MOORE




















FIN

Hay que ver


Abc, 21 de Febrero de 2001



Ignacio Ruiz Quintano


Fandango de Ricardo Bada a Jorge Luis Borges: «Parado frente al espejo / que un día albergó a Voltaire, / aventuro mi perplejo / sentimiento de ser viejo. / Pero Borges, hay que ver.»


Hay que ver, hay que ver. Como los campesinos franceses de antes de la Revolución, que apaleaban las charcas para callar a las ranas cuando iba a nacer el hijo de un gran señor, el Famoso Artículo de Goytisolo (voces de «¡qué ejemplo, qué ejemplo!») anunció el prólogo de Zapatero para las «Ficciones» borgianas. «Otra dimensión de lo real», lo titula Zapatero, para quien esas «Ficciones» son un ejercicio de «la más espléndida metafísica». Pero, ¿qué es una realidad metafísica? Afirmar a la buena de Dios que hay realidades metafísicas tiene la misma base racional que afirmar que el que hace crecer las flores es el Niño Jesús. Mas Zapatero da por entendido que Borges ha aportado a la literatura una «filosofía  del hombre, del mundo y del tiempo», y este entendimiento lo ha llevado a exhibir en su despacho de político, enmarcada como si fuera un ex voto, la entradilla de «Nueva refutación del tiempo», uno de los ensayos del libro «Otras inquisiciones». Siendo muy joven,  Zapatero los leyó todos, y «enfermó» de Borges. «Cuando uno ‘enferma de Borges’ —anota en su prólogo—, se pregunta por qué la gente sigue, seguimos, escribiendo.» Hombre, psicológicamente, por la misma razón que uno, si enfermara de Creutzfeldt-Jákob, seguiría devorando chuletones. Y científicamente, si es cierto que un herbívoro puede volverse loco, como parece, al comer piensos de carne, ¿qué no podrá volverse un político al nutrirse de metafísica borgiana?


Para el Círculo de Viena, la metafísica no era sino una rama de la literatura fantástica, y este aforismo se convirtió, al decir de Ernesto Sábato, en la plataforma literaria de Borges, que atrajo con ella a esa clase de lector que, como Zapatero, con pavor sagrado se arrodilla apenas  lee una palabra como «aporía», tomando por inquietud profunda lo que en general es un sofisticado pasatiempo. «Borges recorre el mundo del pensamiento como un ‘amateiur’ la tienda de un anticuario (...) Lo aflige la fugacidad del tiempo. Por temor, por repugnancia, por pudicia y por melancolía, se hace platónico (...) Teme a la áspera realidad, juega en un mundo inventado y se adhiere a las tesis platónicas (...) Sin embargo, hay una constante que tenazmente se reitera, tal vez por su temor a la dura realidad: la  hipótesis de que esta realidad sea un sueño.» Luego «el auténtico patrono de Borges es Parménides». Bien. Todos los borgianos son metafísicos. Zapatero es borgiano. Por lo tanto Zapatero es metafísico. Y Parménides, más que González, su patrono. ¿Dónde está el cambio? «Nada cambia», dijo Parménides, y con esta paradoja de buen italiano del sur pasó a la historia, haciéndonos ver, de paso, lo fácil que es sacar conclusiones metafísicas del lenguaje. Según Sábato, este ánimo lúdico conduce al eclecticismo, que en política se llama centro. Al rechazar el misticismo, parece laico, y al rechazar el materialismo, parece  moderno. Progreso y  cultura son sus palabras totémicas. Lo que en el  XIX se llamaba «eclecticismo», en el XX se llamó «posmodernidad». En ella, todo es igualmente válido y nada en rigor vale. Total que, venerado como filósofo, Borges viene a ser el Homero de la posmodernidad.


Hay dos categorías de lectores, según los hábitos adquiridos de leer por sí, como Zapatero, o de escuchar la lectura, como Aznar. Políticamente, esto significa que, si Zapatero llegara a la Moncloa, sólo cambiaría el bullicio  de las recitaciones del conde de Montecristo en los salones por el silencio de los ex votos borgianos en los despachos. Negro sobre blanco. Así que, visto el programa que Dragó ha dedicado a Aznar y leído el prólogo que Zapatero ha dedicado a Borges, el único cambio verdadero que se nos viene encima es el propuesto por el francés Roger de Sizif, miembro del Círculo Filosófico de Acción Contemplativa: la «stochocratie». Es decir, la lotocracia o democracia-loto, sistema que consiste en la designación de todos los cargos políticos por sorteo, con todas las bolitas del censo saltando para ofrecer su número al Destino.



«Cuando uno ‘enferma de Borges’, se pregunta por qué la gente sigue, seguimos, escribiendo.»

(Zapatero)

Jueves, 28 de Mayo

 



Brazos cruzados

miércoles, 27 de mayo de 2026

Paradigmas

          


Francisco Javier Gómez Izquierdo


            Un preso majarón que conocí a finales de los 90 -aún estábamos en la cárcel vieja de Córdoba- sabía dónde aparcaban los platillos volantes cuando venían a la Tierra y era un fanático de la palabra paradigma y paradigmático. Todo era un cambiar el paradigma; paradigmáticas las novias, paradigmáticos los toros y políticos con distintos paradigmas no le contestaban a un invento con sus detallados planos que les había enviado para hacer llover cuando se quisiera con muy poco coste. Aquel orate tenía problemas de convivencia con sus parejas y vecinos y lo mismo le daba pegar a los prójimos que quemarles la casa.


       -Yo soy bueno y me considero una eminencia, pero nadie me entiende. Civilizaciones vendrán que cambiarán el paradigma- no se cansaba de repetir Custodio "el paradigmático".


      Paradigma es palabreja que nunca me gustó. Me parecía jerga de estultos hasta que Custodio la convirtió en "changarrona" y me pareció un poco carnavalera. Ahora que el antiguo presidente Zapatero ha espantado a muchos discípulos -permanecen los fanáticos y yo creo que muchos deudos- me he acordado de los paradigmas de Custodio porque la semana pasada, en la misma fecha del huracán zapateril y estando servidor en Barbate, a uno de los mitos de Cádiz le ha pasado lo que a Zapatero. Le han cambiado el paradigma. El Subiela, que anda mucho por Barbate, iba a ser el maestro de ceremonias, nadie más a propósito que él, a petición de los que llevan los asuntos mollares del Carnaval de Cádiz, de otro homenaje a Juan Carlos Aragón, y van..., plantando su estrella en la plaza Fragela, la que está frente al Falla. J. Carlos Aragón es Dios en Cádiz. Sin ir mas lejos, mi chico lo idolatra, pero resulta que su segunda mujer, Paqui, se ha dirigido al Ayuntamiento a protestar porque dice que ya está bien de tanto reconocimiento con un tipo que maltrató física y psicológicamente. Le acompañó en la denuncia la primera mujer, Loli, que también tuvo lo suyo y lo cuenta en una carta. La tercera, Luisa, es la viuda que iba a participar en el homenaje. Aporta Paqui sentencia firme condenatoria y se queja con amargura, dolida fue a las radios y recibió a los periódicos, del silencio de los carnavaleros más prestigiosos "...todos lo sabían y lo han callado; el Kichi, su colega, lo sabía, y aún así cambió el nombre del colegio Andalucía y lo bautizó Juan Carlos Aragón; las mujeres del Palillero también lo sabían y miraron para otro lado; todos, todos en Cádiz lo sabían". El Kichi sólo ha sabido contestar que Paqui tiene razón. Su pareja Teresa, que tampoco es la primera, dice que el nombre de Andalucía era muy bonito para un colegio, y es que para sostener lo que se quiere aparentar es obligado cambiar de paradigma, porque hay principios que no se sostienen a poco que se fije uno. Juan Carlos Aragón "el Capitán Veneno" fue precursor y rotundo bastión de Andalucía Adelante ante las imposiciones de Pablo Iglesias que quiso colocar en Cádiz cuando lo de Podemos  a sus pretorianos. Llegó el coplero a explicar al de la coleta lo que significaba "malage" en un magnífico artículo con el que me reí mucho y que sirvió para separar un partido andaluz soberanista, anticapitalista y no se cuántas cosas más del metomentodo de Madrid. A todo el personal del partido  emergente, según cuentan estos días, los sesudos analistas políticos, les ha pillado lo de "Juancálo" con el paso cambiado, pero como son hábiles en disfrazar los paradigmas -cambiaron el nombre del Carranza y han cambiado la letra del himno de Andalucía. En vez de "..por España y la Humanidad", cantan ".. por los pueblos y la Humanidad"- por una vez han respetado la decisión de un Ayuntamiento de derechas que ha suspendido el homenaje y está claro que el genio, el ídolo, el mito, ya no va a tener estrella frente al Falla por muy excelentes que sean sus coplas.


     -"En shock y triste por lo de Juan Carlo Aragón". José Ignacio García, aspirante a presidente de la Junta de Andalucía desde Adelante Andalucía, ha dicho con fecha 24 de mayo de 2026 .

Facilidades


Cine fácil

Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    En el 83, cuando el Psoe ponía ojos de verlo todo por primera vez, un peneuvista, Marcos Vizcaya, con la autoridad de conocer a la “amachu”, propuso la eliminación del “desprecio de sexo” como agravante en el Código Penal.


    –Mantenerla significaría que un sexo merece más respeto que otro –argumentó Vizcaya, con su barba de hípster de Górliz.

    
Y suprimirla sería coger el rábano por las hojas –replicó el pepero Calero, con el argumento, entonces “franquista”, de que la mujer es más débil que el hombre, que puede aprovecharse para agredirla.


    –¡Galantería franquista! –bramó el socialista Granados, un Ábalos “avant la lettre”–. Hay por ahí una artista de variedades cuyo número consiste en arrastrar con los dientes un tren. No he tenido la fortuna de verlo, pero lamentaría encontrármela con actitudes discrepantes.

    
El sanchismo, que es zapaterismo con menos lecturas aún, recupera el feminismo “franquista” del sexo débil, y su ministro de Cultura, que puede convertir la Casa de las Siete Chimeneas en un asador, dispone que las películas dirigidas por mujeres lleven la póliza de “obras difíciles” (?) pensionadas con una subvención automática. El ministro, un tal Rodríguez, va de experto en Rousseau, pero de devoto de Montaigne, misógino más allá de cualquier consideración.

    
Para Rodríguez, “La diligencia”, “El padrino” o “El irlandés” son “obras fáciles”, y Ford, Coppola y Scorsese, tres facilones de facilidad heteropatriarcal, porque el cine les es tan fácil como a Mozart la música o a Capablanca el ajedrez, lo cual los hace indignos de los euros del contribuyente.

    
–En España se necesita la revolución del respeto –justifica Rodríguez su teoría con frasecica fácil de Don Suave, cuyos alumnos lo llevaron a ver una puesta de sol porque en Granada, le dijeron, salía un rayo verde de la Alhambra. Otro día amenazó con decir también él tacos, si Prieto no se reprimía. Prieto no se reprimió, y Don Suave estalló:


    –¡Cáspita, Prieto! ¡Cállate!

    Cáspita, Rodríguez.


[Febrero, 2020] 

San Isidro'26. Novillos de Mayalde ante la cátedra-parvulario de Las Ventas. Márquez & Moore

 



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Decíamos ayer, a propósito de la corrida de Partido de Resina, que «nadie osó pensar hoy en pases cambiados por la espalda, manoletinas o bernardinas, porque hoy el juego era salvar la vida», que es justamente lo contrario de lo que pasó hoy en la novillada del Conde de Mayalde, donde el límite de lo que se podía intentar hacer era el de la imaginación más o menos fecunda de cada uno de los novilleros acartelados. No se nos vaya a malinterpretar, que los guirlaches de Mayalde parece que, poco a poco, van sacando los pies del tiesto y hoy nos han deparado una interesante tarde de toros con muchos matices interesantes y, especialmente, la constatación de que los seis novillos han dejado su impronta en los dos primeros tercios, acosando a los banderilleros a la salida de los pares hasta sacarlos de la plaza, acudiendo con presteza y gallardamente a sus deprimentes vis a vis con los equinos de las faldillas y los zoquetes que a menudo van subidos sobre ellos y llegando al último tercio con ganas de embestir y más bien con muy pocas malas intenciones. Lo de la ausencia de malas intenciones se vio de manera clara cuando el debutante Julio Méndez quiso improvisar un pase por la espalda, estando de rodillas, y el novillo Babieco, número 7, demostró ante todos su supina ignorancia sobre la utilidad de esas dos vainas duras y consistentes que tenía a ambos lados de sus sienes.


Interesante novillada, pues, la del señor conde en la que tres novillos han sido despedidos con palmas y uno, el tal Babieco, ha merecido el honor de la vuelta al ruedo. Llama la atención la circunstancia de que si un toro es de ganadería torista o de capa gris sea casi obligatorio ponerle de lejos al caballo, independientemente de las condiciones demostradas por el animal, mientras que los demás toros que no están incluidos en la categoría anterior se pueden poner de cualquier manera, a cualquier distancia, como si eso de la distancia al caballo fuera parte de un determinado espectáculo que solamente se da en determinadas corridas. Hoy los de Mayalde demostraron que tenían intención suficiente de acometer hacia las ridículas faldas, pero eso no fue causa suficiente como para que se cuidase mínimamente la liturgia del primer tercio, travestido en nuestros días en una chocarrera y lamentable exhibición de lanzazos dados de cualquier manera y en cualquier sitio.


Desde el principio con Fortunito, número 46, se pudo ver que la novillada tenía su aquél. Cierto es que ahí había embestidas francas, pero también había ese punto de chispa, de veneno, que tan poco grato es a los coletudos. A los de plata se las puso firmes y al de oro,  que era Emiliano Osornio, le complicó las cuentas porque no acababa de fiarse de las trazas del novillo, que demandaba toreo y mando hasta que se hartó, de pura incomprensión, y volvió grupas. Osornio dejó en ese toro una pobre impresión, de estar muy por debajo del toro y sin muchos recursos. Su segundo fue Guardamonte, número 10, un novillo con cuajo y bizco del izquierdo que acudió con ánimo al desengaño de las faldillas salva-equino dando más de lo que recibió a cambio. Ese aire de familia en la tradicional manera de correr hacia el toro y de banderillear de «Pirri» nos quitó años de encima y esa evocación otoñal dio paso al último tercio en el que, por momentos, Osornio dibujó el mejor toreo que se vio en la tarde de hoy. El triunfo no fue para él, pero su actitud centrada, su manera de citar buscando la colocación, alguno de los naturales que dio y un pase de trinchera majestuoso fueron argumentos suficientes para apreciar lo bueno de Osornio, que se había quedado inédito en su primero.


Pedro Montaldo se las vio con Barrenero, número 21, y con Extranjero, número 49. De la vida pública de Barrenero lo más reseñable en la parte artística son las gaoneras que le dio Julio Méndez, con las que se presentó ante la cátedra -hoy un poco parvulario, todo hay que decirlo-. Atacó con vigor al caballo de Antonio Martín y no dio facilidades a los banderilleros, permitiendo a Iván García lucirse en un soberbio primer par, pura torería. Montaldo venía vestido de tabaco y oro con lo que se aumentaba su semejanza con un bicho palo (Medauroidea extradentata), vamos que tú le das una muleta al bicho ése y es tal cual Pedro Montaldo, que basa su estar en el hieratismo, la verticalidad, la unción, como si fuera un actor de esos de obras vanguardistas cuya actuación se basa en hacerlo todo muy pausadamente. Apenas nada se puede reseñar de este muchacho en sus dos toros, que si Barrenero tenía sus cosas, Extranjero estaba ahí para echar una mano, cosa que Montaldo no vio o no quiso ver. 


Y luego Julio Méndez, de Arenas de San Pedro, nuevo en esta plaza, que trajo una cosa buena y una mala. La buena fue su disposición, sus ganas de que se hablase de él, muy en novillero. Lo malo es su tauromaquia puesta al servicio del más espantoso neoespartaquismo que concebirse pueda. Si Osornio nos dejó en su segundo unas netas pinceladas de lo que es el toreo, Méndez dio un completo recital de lo que es el neotoreo o destoreo: esa tendencia basada en la ligazón y el temple en la que la colocación del matador, el viaje que describe el toro y la resolución del pase están supeditados a que el toro gire y gire en torno al matador. Las gentes, como ya sabemos, se extasían cuando el toro no se para y como este Babieco se tiró a por la muleta de Méndez cada vez que se la puso delante, la algarabía de los tendidos fue en aumento en cada tanda de la larga faena en la que el toro no sufrió el más leve quebranto, porque esa manera de acompañar los viajes no rompe al toro ni le incomoda. Resaltemos el inicio de faena de Méndez en donde le baja mucho la mano al toro propiciando dos fuertes volteretas y cómo el joven torero opta por ponerse de rodillas y reiniciar de esta manera el trasteo rematando por alto para no provocar otra nueva voltereta. Ahí es donde se produce el pase por la espalda del que hablábamos al principio y donde ya todos nos percatamos de que el novillo, que portaba el hábito carmelita en su capa, no quería conjugar en ninguna de sus variantes el verbo «matar». Méndez fue desgranando su insulsa tauromaquia de vaivén, a veces citando de lejos, más veces con la derecha y menos con la izquierda, sin alma ni arte, en una faena larga por demás que, inevitablemente fue rematada con las canónicas bernardas que Dios confunda y que llevaron al paroxismo a muchos de los espectadores. Estocada y dos orejas para el novillero y vuelta al ruedo para el toro, al que si fuera humano tildaríamos como de una buena persona.


En su segundo, Segurito, número 52, salió Méndez a por todas probando la porta gayola. Nueva voltereta de este segundo toro, que algo tiene Méndez que pone a los novillos a dar volteretas, y luego con el novillo en los medios enjaretó otra faena basada en lo mismo que la anterior, aunque el toro no era tan santo como el otro, que, sin duda, le habría valido una nueva oreja si llega a acertar con el estoque a la primera. Su próxima cita será su alternativa en Cáceres, donde su padrino Talavante le podrá dar un perfecto máster de cómo profundizar en esa insulsa tauromaquia de vaivén que le ha propiciado este triunfo de hoy con aroma a humo de pajas.


Luego, como viene siendo habitual, se lanzó una multitud de muchachos al ruedo a sacar al novillero por la Puerta Grande y entre todos ellos destacaban, por su hermosa inocencia, tres muchachas ataviadas con la falda tableada y el uniforme del colegio, que salieron encantadas junto a Méndez camino de la calle de Alcalá.







ANDREW MOORE




















FIN