sábado, 21 de mayo de 2022

Un dedo de Estado


 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    He visto en una foto a Simancas, el Besteiro de Kehl (Alemania), señalar con el dedo (¡ah, aquel “dedo moreno” de Franco, que decía Pemán!) la puerta de salida a Paz Esteban, chivo expiatorio (los chivos expiatorios, escribe Jünger a Schmitt, no tienen nada de malo: “¡A cada cual su chivo expiatorio!”) del voyeurismo sanchista a los separatistas en el CNI. Obama tuvo pinchado el móvil de frau Merkel y se tomó como una chiquillada.
    

El de Simancas sólo es el dedo de la partidocracia española, podrida de trepas, charos y silogismos, donde la regla fundante que se respeta es que la derecha no moleste a la izquierda y que la izquierda no halague a la derecha, a partir de lo cual, 1978, “las libertades ya no serían conquistadas”:


    –La dictadura las concedía todas. Salvo, claro está, la libertad política.
    

Sánchez utiliza a Simancas para señalar la salida a los chivos expiatorios (“espiar” es otra cosa, aunque cualquiera sabe con esta gente) como Aníbal, al final de la primera guerra púnica, utilizó a los elefantes para pisotear a los mercenarios amotinados. Es natural. Es la “relación hobbesiana de peligrosidad”. Dice Hobbes: para los hombres por quienes se cree amenazado, el hombre es más peligroso que cualquier animal, así como las armas humanas son más peligrosas que las del animal.


    Simancas no ha leído a Hobbes, pero sabe que si se mueve no sale con su “dedo de Estado” en esa foto que, como parodia, supera en patetismo a la emotiva “Expulsión de Adán y Eva” de Masaccio, uno de los artistas fundadores de la belleza renacentista. Lo explica Trevijano en su “Ateísmo estético”:
   

 –Lo angustioso en el Adán y Eva de Masaccio, que no vemos en Miguel Ángel, no es el abandono de la felicidad natural que han dejado a sus espaldas, sino la despiadada soledad que les espera de frente.


    Entre el castigo de Dios por la culpa original que pintó Masaccio y el castigo de Sánchez por la culpa endosada que señala el dedo de Simancas hay la distancia que separa a la vergüenza de la abyección.

 

Expulsión de Adán y Eva

Masaccio 

San Isidro'22. Garcis como de granja para López, Talavante y Rufo, que con sus mismas mañas les merendó la cena de la Gatera Grande. Márquez & Moore

 


 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Si ayer fue el minuto de silencio fúnebre, hoy tocaba el aplaudimiento y salida al tercio nuestro de cada día. La cosa fue bastante tibia y en honor de Julián de San Blas, que se asomó un poco afuera de la boca del burladero y allí recogió los aplausos que le dieron los que se los dieron. Es verdad que el Julián estuvo el otro día bastante bien con un toro, pero hay quien ya está hablando de la faena del pequeñín de San Blas como si fuera la de Chicuelo con Corchaíto, que aquí se exagera mucho. Antes, a la entrada, unos jóvenes dentro de la plaza, repartían a mansalva pañuelos blancos patrocinados por una entidad bancaria, que debe ser donde guarda Julián los caudales, para ir poniendo la cosa en el buen camino y a favor de obra. Yo tomé el que me ofrecieron y lo guardé cuidadosamente pensando que ése, estando en mi poder, ya no podía caer en las manos de un desalmado. 

Antes de entrar, hoy sí, en la taquilla hay sendos letreros que avisan de que no hay billetes.
Con ese paisaje exacerbado por la apocalíptica visión de hordas sedientas de alcoholes destilados mezclados con cola o tónica, con gentes portando bolsas de llenas de bebidas, vasos de plástico, patatas fritas Lays, el Johnny Walker etiqueta colorada y el Beefeater, al puro estilo del botellón del parking del Fabrik, nos encontramos en el camino hacia la localidad y, al mirar por los alrededores echamos de menos a un buen número de abonados de los de todos los días que han preferido no acercarse a esta especie de sanfermines sin magras en tomate ni ajoarriero que hoy era la plaza de Toros de la Mugre, antes Las Ventas.
 

El think-tank empresarial decidió que para esta corrida de viernes de libaciones los toros idóneos eran los de Garcigrande, que son unos toros de los que te puedes olvidar por completo durante el desarrollo de los dos primeros tercios y dedicar ese precioso tiempo a escanciarte y trasegarte unos deliciosos cubatas sin preocuparte de lo que pasa en el ruedo y luego dedicar un ratito a contemplar lo de la muleta, que es a lo que vienen los toros y buena parte de los espectadores, antes de volver a iniciar de nuevo el ritual del cubata o el gin&tonic. El programa anunciaba Garcigrande y la ficha también, aunque al final salieron toros con los hierros de Garcigrande y Domingo Hernández, que ya sé que a nadie le importaba esto hoy, pero que digo yo que una vez que das la información lo suyo es darla bien. Entonces, por dejarlo anotado, que se sepa que todos menos el tercero eran de Domingo Hernández. Da lo mismo, porque ambos hierros proceden remotamente de cuando “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…” como nos indica hoy, de nuevo, el programa. Para muchos esto de Garcigrande/Domingo es de lo mejor que hay en el campo bravo y hay otros que no encontramos diferencia entre estos ganados y los de una granja porcina. En el caso de la granja porcina el papel del matarife sería propiedad de Julián, que se los va matando todos. La corrida, bien presentada en la cosa morfológica.


En cuanto a los toreros hoy estaban en el cartel los nombres de Juián López Escobar, Alejandro Talavante Rodríguez y Tomás Rufo Resino, que venía a confirmar la alternativa que le dio el mismo Julián en Valladolid el año pasado, y de paso a abrirle Plaza.
 

Se abre Rufo de capa y, cuando acaba de salir trapo, ahí tenemos ante nosotros  la carpa del Cirque du Soleil, que el toro le arrebata en seguida. Muchos creen que lo de un gran capote es por tamaño, pero si recordamos las verónicas que ha dado Curro Romero con aquella servilleta que usaba de capote, se entiende que la cosa no va de tamaño. Tercio de varas, en la que la primera es la puntita y la segunda es nada más y banderillas de porque si dan paso a la transformación del toro en animal de dulzura embestidora, porcina y bondadosa ante el que el diestro de Cebolla, que ni se entera de la distancia del toro, va desgranando una sucesión de pases de esos que se van olvidando según se están produciendo, tanto los que se dan con la mano derecha como los de la izquierda. Al ver las condiciones del toro, esa inocente máquina de embestir, la cara siempre colocada, el remate donde lo dejes, la disposición a volver a repetir incesantemente, nos entra la añoranza de lo que habría hecho hoy mismo con este toro un Frascuelo con sus 78 años, o un Pepín Jiménez, o un Gregorio Tébar, un Manolo Cortés… ponga usted el que quiera, toreros exquisitos, en comparación de los trapazos, las carreritas, el descoloque, la vulgaridad y los mil pases y ninguno bueno de este joven que viene de triunfar en Sevilla. Le cuesta igualar al toro, le da lo mismo la suerte natural que la contraria, que estos toros no son tiquismiquis, y cuando se abalanza sobre el bicho cobra una estocada trasera y caída. Cuando el toro dobla, ahí están el gerente Abellán y la alguacililla doña Rocío observando cómo se refugia en tablas el animal para expirar. Los de los pañuelos de regalo del banco piden la oreja. Se ve que les gustó.

 
Antes de salir el segundo, el aficionado J. nos refiere que tal día como hoy hace 51 años que, de la mano de su padre, el gran aficionado don J. (qDg,) entró en Las Ventas por vez primera, a ver la confirmación de Eloy Cavazos. Con el recuerdo, siempre presente, de todos los aficionados de una pieza que hemos conocido, de tantos como ya no están, esperamos la apertura del chiquero para que salga el toro. Mientras le llaman la atención al gerente Abellán por andar deambulando por el callejón como quien anda por un after-hour, sale el negrito y ya desde que asoma canta su condición más próxima al flan o al soufflé que a lo que se entiende por toro de lidia. En seguida asoma en sus morritos una lengüecita como de perro, para demostrar que sus fuerzas están tasadísimas. En varas, la primera es la puntita y la segunda nada más. Cuando se pega una carrerita lo único que le falta al bicho es un cencerro, tolón, tolón, para poner algo de musicalidad a su trote agónico. Toro de Movilidad Reducida (TMR) que besa el santo suelo todas las veces y que, acorde a lo que su amo le enseñó, se esfuerza en intentar ir, aunque esté exhausto. Con esa prenda que se va descomponiendo a ojos vista, Julián intenta el milagro, pero esto no es Lourdes y pronto decide cobrar una estocada muy contraria al sexto intento, sin julipié, que le quita al animal la poca vida que le quedaba.
 

Talavante está en un laberinto mayúsculo. A su conocida condición de camaleón del toreo, como el Zelig de Woody Allen apunta el aficionado D., se une la proximidad a esa pareja, a esos Butch Cassidy y el Sundance Kid que son Joselito y Martín Arranz, que le deben poner la cabeza como un bombo al pobre extremeño. La cosa es que esta reaparición del Tala está siendo más de olor que de loor, que no acaba de oler bien la cosa, vamos. El toro, como sus hermanos precedentes, puntita en la vara primera y nada más en la segunda. Luego, en lo de la muleta, sin sitio, sin ideas, sin planteamiento, ni nudo ni desenlace, un ir y venir de ventajeo y de dejar pasar el rato. Da Talavante hoy la misma impresión que en su anterior visita y deja flotando en el ambiente la pregunta de por qué habrá vuelto. Mata igual de mal que Julián en el precedente pero le gana en cinco intentos. Bajonazo.
 

El cuarto de la tarde es el único que sacó unos gramitos de personalidad. En varas la puntita en la primera y en la segunda nada más. Al no estar aguantando al toro sino haciendo un simulacro, de algún gen perdido de lo que tuvo el Duque de Veragua (que lo compró Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio a principios de los años 30) le salieron al animal los arrestos para derrumbar al aleluya en el que hacía dejación de sus funciones de picador de toros Salvador Núñez. Luego en un lío de quites y de descolocación de los toreros el toro se echa hacia Julián, que sale huyendo hacia el burladero con el capote en las manos. Julián el Poderoso en las fiestas de Velilla. Una vez todo sosegado, en el último tercio, Juli vuelve a dar otra nueva ración de su tauromaquia completa, basada en los principios más detestables de la forma de lidiar toros pastueños, adobada con una cierta verticalidad que ha adoptado últimamente y un aire como de seriedad y de estar imbuído de algo que sólo él conoce. Nadie puede negarle el esfuerzo que está haciendo últimamente cada vez que viene a este Madrid de sus pecados. Como es natural su propuesta plena de temple, ventaja, oficio y truco cala muchísimo en el tendido, especialmente porque el toro es de los que repite, y si no llega a fallar con el estoque le sacan a hombros. Le apuntamos un buen derechazo, para los que dicen que le tenemos hincha. Estocada trasera a la segunda intentona y deambular por la plaza tras el toro que se va barbeando tablas hasta chiqueros donde muere cuando le llega su hora. Hubo quien aplaudió al toro, para que se compruebe el nivel de desnortamiento en el que nos movemos.
 

Segunda salida de Talavante tras brasa de alta intensidad que le pega en la oreja Arroyo, con traje beige, desde el callejón. Con la Plaza a su favor tras la decepción orejera de Julián, se planta ante el toro al que se había picado con la puntita  en su primera entrada y con nada más en la segunda, Tala se hinca de rodillas, como vio ayer a Roca, a iniciar una faena de cosas diversas, como un disco de esos de grandes éxitos, un auténtico disparate de faena sin orden, sin sentido y sin discurso que pone de relieve lo perdido que está el torero. Como novedad remata con una manoletina citando con el pico, primera que vemos en la vida así ejecutada antes de atizar un bajonazo soltando la muleta y dar fin a su segunda actuación sin pena ni gloria.
 

Y ahora, tras la consabida huida de público al morir el quinto, aparece de nuevo con su vestido blanco Rufo a hacerse cargo del último al que Iván García picó con la puntita en la paletilla y nada más en su segunda entrada. Dos soberbios pares de Fernando Sánchez, tomando al toro en corto, dándole toda la ventaja antes de iniciar el cuarteo, clavando en la cara y saliendo andando constituyen lo más torero de toda la tarde. Ahí tenemos a Rufo con su toreo que huele a jara, a campo, campero que ni se sabe la de bichos que habrá toreado este en los campos, y que se ejecuta de manera moderna, según el cánon juliano, heredero del de Espartaco, basado en el temple y la ligazón, si el animal colabora. La faena que plantea Rufo es deslavazada, no es maciza, está hecha como de capítulos en los que hay enganchones, carreritas, pico, descolocación y pajareo. Mañana anuncian a este chico en Alcorcón y no creo que nadie se moviera al pueblo de los pucheros a verle. Aún así, con un público deseoso de tener algo que contar al cuñado, le piden la oreja tras una estocada baja tirando la muleta y cuando don García le otorga el trapo blanco, le abre la Puerta Grande de Madrid, devaluada Puerta Grande por dos faenas que antes de llegas a la boca del Metro ya se han olvidado. Bueno, nadie puede negar que hoy es un día grande para Tomás Rufo porque es el día que empató a Puertas Grandes con el inolvidable y querido Pepe Nelo y con Juli.

 


ANDREW MOORE

 

Un par de Sánchez, lo más torero que hubo en la tarde

 

LO DE LÓPEZ

 

Reunión de "taurinos", oveja muerta

 

Julián es como el Régimen:

un derechazo en toda la tarde y los revistosos del puchero

 cantando la faena de Chicuelo con Corchaíto


LO DE TALAVANTE

 


 

LO DE RUFO

 

Rufo, por la  GG (Gatera Grande)


Nadie puede negar que hoy es un día grande para Rufo

 porque es el día que empató a Puertas Grandes con

 el inolvidable y querido Pepe Nelo y con Juli

FIN

Sábado, 21 de Mayo

 


La risa del payaso

viernes, 20 de mayo de 2022

Carteristas


 

Plaza y Posada del Potro
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo
       
         ¡Válgame el Señor, vuelve a haber carteristas en Córdoba!
         

La prensa da cuenta estos días del elevado número de incidencias en la Judería y los patios por una actividad que se creía prácticamente desaparecida en la ciudad. Ya no estoy al tanto de la nómina cordobesa de esta práctica delictiva, pero me malicio que los carteristas florecidos este mayo no son naturales ni de las Margaritas, ni del Cerro ni de la Fuensanta. Ni siquiera de las Palmeras. Las mujeres que ofrecen ramitas de romero y leen la mano en la mezquita son pesadas pero no son carteristas.

No quiero que ustedes entiendan lo que servidor entendió cuando la señora del Kichi de Cádiz y parlamentaria en el palacio de San Telmo soltó aquéllo de "... en Andalucía no hay racistas. Los racistas son los que vienen de Despeñaperros p'arriba". No. Lo que intento decir es que los carteristas de Córdoba se marcharon hace tiempo en busca de las bullas de Madrid y Barcelona. "Aquí no se puede trabajar, señor funcionario. Cuando cumpla estos ocho meses me voy para Madrid. En una hora en la calle Preciados y sin bajar al metro hago el avío para toda la semana y uno no está tan expuesto". Así hablaba el señor de la gabardina color crema, alto, serio, limpio y con gafas de profesor por Cambridge que el viajero se encontraba en la antigua estación de trenes de Córdoba mirando sus mismos carteles y horarios, pero por detrás. Rafael daba el pego porque no tenía aspecto de maleante. Al contrario, daban ganas de preguntarle si necesitaba ayuda e incluso había incautos que le explicaban que el Directo no paraba en Lora del Río.
     

Estaban Rafael y, "fueraparte, no tengo ná que ver que él...,", la Margara, una auténtica artista en la especialidad. La Margara era y es, supongo que aún vive, gitana pura. Me decía que aprendió con cascabeles en la muñeca a base de sopapos de la abuela cuando le sonaban en las prácticas con la familia. A mí se me venía el Fagín del Oliver Twist cuando contaba sus andanzas por las ferias del mundo "alante". "H'entrao a pagar unos gramitos que me cogieron en un registro. Tuve que abandonar las carteras porque los payos no dejan que las gitanas nos acerquemos mucho. Recelan, ¿sabusté? y así es imposible. Ahora los que dominan las bullas, los metros, conciertos, el fúrbo y éso... son de por ahí lejos: búlgaros, de Croacia, albaneses, las gitanas rumanas que s'apañan como naide en el metro... De toas maneras ya la gente no lleva dinero en la cartera. Van a por los móviles c'aluego se venden mu bien, sabiendo dónde, ¡clarostá


     Los carteristas modernos son mucho más descarados que los de anteriores siglos y por lo general se aplican en rapiñar por territorios muy localizados. Metros y zonas turísticas de Madrid y Barcelona, sobre todo. Los mas prácticos se han hecho ambulantes y acuden allí donde se aseguran aglomeraciones. En la final de la Europalí completaron un mayo de extraordinaria actividad: patios de Córdoba, ferias de Sevilla y Jerez, multitudes embriagadas con la disculpa del fútbol y se espera que rematen en la feria de Córdoba a partir de esta noche. Muchos de estos enajenadores no saben que aquí se fundó una de las mas prestigiosas universidades de "su ciencia": la plaza del Potro con su posada, lugar en el que se juntaba toda clase de pícaros, rufianes y prostitutas a ensayar y practicar sus granujerías. "Cuatro agujeros del Potro de Córdoba" nombra Cervantes en el Quijote y los hace "...gente alegre, bienintencionada, maleante y juguetona..." que en memorable ocasión andaban junto "... a cuatro perailes (cardadores de lana) de Segovia y dos vecinos de la Heria (bribonería) de Sevilla".
      

En la plaza del Potro y su posada sitúa don Miguel a todas estas especies y como quiera que todas las modas vuelven, digo yo que no estaría de más que la policía rondara el santuario.
      

-¡Hombre, don Javier! -me saluda esta mañana uno del que no recuerdo su nombre frente al Santos de las tortillas en la esquina de la Mezquita.
     

¿Y si resulta que ha habido una reconversión del sector y no nos hemos enterado?

"Tó pal pueblo"

 


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Ése fue el ucase del hermano de Juan Guerra cuando, para celebrar un 23F, el gobierno de Gonzalón se apropió de Rumasa por la jeró: “Tó pal pueblo”. “Tó” eran las facturas, que todavía estamos pagando, y lo traemos a colación como parodia (todo es parodia en España) de la explicación que Alito, el juez de la Corte Suprema americana, da de su decisión sobre el aborto:


    –Es hora de hacer caso a la Constitución y devolver el asunto del aborto a los representantes electos del pueblo.
    

La Corte Suprema estadounidense no es un tribunal político, como los Tribunales Constitucionales europeos, que son poderes constitucionarios (constitucionario llamaba Sieyes al poder constituido que se arroga poder constituyente), ese sueño húmedo de la izquierda americana que llama a escrachear a los jueces, que en América es llamar a la guerra civil. Fuera de la vía del poder constituyente, en la Constitución, si lo es, no se puede entrar ni siquiera por vía de interpretación (llamada integradora).


    La Constitución está para proteger al individuo frente a la comunidad. Cuando Hamilton crea el Poder Judicial, avisa que será siempre el menos peligroso para los derechos políticos, pues no posee fuerza ni voluntad, sino únicamente discernimiento, y que la libertad general del pueblo no ha de temer amenazas mientras se mantenga aislado tanto del Legislativo como del Ejecutivo, a cuya independencia contribuye el carácter vitalicio de los jueces.


    Los padres fundadores se opusieron rotundamente a dotar a los jueces del poder para “crear” derechos, es decir, de usurpar la función de los legisladores, razón por la cual la Corte Suprema devuelve la decisión del aborto a los Estados: su Constitución, y esto se encargó de aclararlo Madison, no es “nacional”, sino “federal”, un sistema de equilibrios tan original que el propio Hamilton, aunque lo apoyó lealmente, no ocultó su escepticismo. Pero funcionó. Hasta hoy. Mañana, ya veremos. ¿Qué son los Founding Fathers al lado de la Frankfurter Schule?

[Viernes, 13 de Mayo] 

San Isidro'22. Yemas de San Leandro del Río para Manzanares, que ni quiere ni sabe; Roca, que ni roca ni rey; y Adrián, que departió con el Gerente. Márquez & Moore

 

Adrián, que confirmaba, de cháchara con Manzanares y Roca.

 Luego, en el callejón, echó la tarde con el Gerente de la Plaza

 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Hoy volvemos a la normalidad y nos encontramos con el minuto de silencio de casi todos los días, esta vez por Litri, fallecido ayer en Huelva. De Litri siempre me han gustado dos cosas: una es que le comprase a King Ranch España S.A la ganadería de Concha y Sierra por el hecho de que el hierro de la misma coincidía con las iniciales de su esposa, doña Conchita Spínola; la otra que cuando hicieron el filme “El Litri y su sombra” (Rafael Gil, 1959) se empeñaron algunos viejos aficionados añorantes de la antigua suerte de varas, la que se hacía con el caballo a cuerpo desnudo, en representar esa vieja y descarnada suerte de varas treinta años después de la implantación del peto. Seguramente que el hecho de que en esa producción estuvieran metidos Pepito Aguayo y Agustín de Foxá tuvo algo que ver en el rodaje de esos planos, que ahí están para quien los quiera ver.
 

A quien no le importarán esos planos ni, en general, nada de lo que tenga que ver con la suerte de varas con o sin peto es al ganadero de esta tarde, don Victoriano del Río, que anda el hombre empeñado a través de la sociedad Medianillos Ganadera S.L, propietaria de los derechos de hierro, divisa y antigüedad, en la creación de la mascota taurina perfecta, la que pasa de puntillas por los dos primeros tercios y, haya sido como haya sido su comportamiento, eclosiona en toro colaboracionista, servicial y amable en el último tercio. Es un buen planteamiento éste de don Victoriano para los tiempos que corren, lo que pasa es que muchas veces las cosas no salen como el hombre propone, como esta tarde en Las Ventas.

 
Lo mejor que nos ha traído Victoriano del Río es la conocida morcilla en el programa que nos informa diariamente que “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…” Parece que fue ayer y ya va para un siglo, aunque vista la reiteración con la que se informa de dicha adquisición es posible que aún haya muchos que no se han enterado.
 

Del ganado hay poco que decir para el que le gusten los toros: el segundo, Espiguita, número 138, abrió un fecundo debate entre los aficionados sobre si tenía en su genética más de cabra o de chivo. El cuarto, Soleares, número 149, nos llevó a analizar con detenimiento su estructura corporal para tratar de discernir dónde se hallaban los 599 kilos que proclamaba la tablilla, llegando a la conclusión de que esta vez el ojo de buen cubero de don Florencio el mayoral, podía estar siendo aquejado de macropsia. El quinto, por no aburrir, se llamaba Corchero, su número era el 26 y sus señas físicas las de un novillo. Sin ahondar más en lo dicho ya se puede comprender que la presentación en escalera del encierro de don Victoriano no ha sido en modo alguno la que se debería esperar del que algunos denominan “el mejor ganadero del momento presente”. Y si hablamos del comportamiento, pues reiteramos lo dicho antes, animales criados para la muleta, para no dar sustos y para ser siempre parte de la solución, nunca del problema, eso que ahora en las empresas denominan “facilitadores”.


Para dar lidia a las yemas de San Leandro del Río la empresa que gestiona los designios de la pocilga antes denominada Plaza Monumental de Las Ventas urdió la contratación de José María Manzanares, Fernando Adrián, que venía a confirmar la alternativa que le dio Julián de San Blas en Ávila hace nueve años, y Andrés Roca Rey. Dicen que colgaron el “No hay billetes” pero yo entré por la Puerta Grande a las siete menos tres minutos y a esa hora las taquillas estaban abiertas y el cartel no estaba. Lo que sí que había eran reventas ofreciendo todo el papel que quisieras. No hace falta ser consultor de McKinsey para darse cuenta de que el que aliviaba a Plaza 1 la presión económica del cartel de esta tarde era Fernando Adrián.
 

El primero del lote de Fernando Adrián se llamaba Amante y salió más bien bandido, y como señas diremos que llevaba el número 70 herrado en el costado y el pitón izquierdo escobillado. Fernando Adrián se dispone a comenzar su labor de rodillas para meter un pase cambiado y en seguida otro más. De rodillas no es tan fácil esconder la pata y por eso hay muchos toreros que cosechan unos aplausos sinceros mientras están de hinojos y luego lo echan todo a perder cuando se ponen de pie, y eso mismo es lo que le pasó al confirmante, que cuando se irguió comenzó a meter un recital de destoreo, de pata atrás, organizando un delirante y antiestético carrusel mitigado por la inocencia del bovino, que se merecía el hábito de los franciscanos por derecho propio, como quien dice “fratello toro”. El animal soportó con estoicismo el circo que le fue haciendo su matador y el momento cumbre llegó cuando hizo el cite del “borracho meando”, que consiste en arquear el tronco sacando hacia afuera el abdomen y echando hacia atrás los hombros: esto hay quien lo toma por “desmayo”. Tras unas desalmadas manoletinas se tiró a matar cobrando un bajonazo. En ese momento el aficionado R. nos refiere su visita a la tumba del santo Job, en Omán, patrón del aficionado.


Si lo de Fernando Adrián era el no saber, lo de J.M. Manzanares era directamente el no querer. Abúlico, fastidiado como ese trabajador que cree que hace un trabajo muy por debajo de sus posibilidades, harto de todo se acerca a la cabra Espiguita a dejar pasar el tiempo para que no le silben y a justificar la nómina con su vacile. Manzanares ni quiere ni puede y por no hacer, ni siquiera mata, que es lo suyo, dejando dos pinchazos y una estocada entera. Dicen que si el viento, pero yo he visto a César Rincón con un vendaval triunfar ante un sobrero de Moura, o sea que de eso nada.
 

Lo primero que llama la atención de Roca Rey es que siendo un cabeza de cartel como es, lleve esa cuadrilla que parece una redada. La palma se la damos hoy a Paquito Algaba que cuando vio que el toro se iba al picador que hacía puerta, se quedó mirando como el que mira pasar la Vuelta Ciclista sin menear el capote, y la alguacililla doña Rocío, que se aúpa de puntillas para mirar por encima de la barrera, lo mismo. La suerte de varas se produjo en el 4 y el Presidente Oliver cambió el tercio porque le dio la gana sin que Quinta se llegase a estrenar. Deja Roca una fantasía de capote por gaoneras. Luego, en la cosa muleteríl, despliega una enorme solemnidad en sus movimientos y le falla el toro, que se para entre pase y pase y deja hecha la foto-finish de la deleznable colocación del diestro, con lo que la faena baja de intensidad. Entre el trapazo y la parsimonia se pasa el rato, y hay quien culpa al cambio climático de los desvaríos del torero que para demostrar que en este toro ni es Roca ni es Rey, suelta un bajonazo de los que hieren al mirarlos.


Segunda Estación de Penitencia para Manzanares. Anima algo el funeral Fernando Adrián con unas saltilleras trompicadas y cuando le toca a Manza el muleteo, los veintitantos mil empiezan a bostezar ante la nada que se les presenta. Digamos en honor del maestro alicantino que caza muy bien al toro con un espadazo hasta la bola. Mientras Manzanares estaba en sus cosas, en el callejón departían amigablemente el Gerente del Centro de Asuntos Taurinos y Fernando Adrián.


Tras su conversación con el Gerente, sale Adrián a hacerse cargo de Corchero, número 26 que es el toro que da al encierro su carácter definitivo de esperpento. Con ese Corchero se demuestra que Adrián da el nivel de un aficionado práctico un poco avanzado y nada más. El aficionado J. sentencia: “Ya era malo de becerrista y no ha avanzado nada”. Corramos un velo espeso y reseñemos la estocada rinconera con la que se libra del novillote.


Inexplicablemente la gente se va de la Plaza a puñados, justamente cuando vuelve Roca a vérselas con Cóndor, número 109. Poner juntos a un peruano y a un cóndor es promesa casi segura de que algo puede pasar. A despecho de la cuadrilla de todo a un euro, comienza su labor de rodillas con un pase cambiado y derechazos y, ya erguido, uno por alto mirando al tendido. Luego decide continuar su faena como todos los días en todas las Plazas y ahí algunas voces le recriminan su colocación. Acaso el torero las escucha porque cambia su actitud y se esfuerza desde ese momento en armar la faena a base de ceñirse al toro, aguantar algunos parones, resolver situaciones complicadas a base de oficio y valor y exprimir algunos estimables muletazos dentro de su particular estética. Faena a más sin abusar de los conocidos trucos ventajistas, más bien metido en los terrenos del toro y en las cercanías a medida que avanza la labor. Mata de pinchazo hondo y descabello. Lo de Paquito Algaba con el
descabello es ya del género de las películas de Harold Lloyd.

 


Adrián por los suelos, como la tarde

 

ANDREW MOORE

 



LO DE MANZANARES

 




 

LO DE ROCA

 



LO DE ADRIÁN

 


FIN

Viernes, 20 de Mayo

 


Bandera con ciprés

jueves, 19 de mayo de 2022

La final de Trapp

    


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


      La final de la Europa League, la Europalí para todos, resultó mas bien sosota: "...la caló, el respeto mutuo, lo mucho que se jugaban..." Eso sería.  He seguido la trayectoria del Eintracht desde octavos y a pesar de la faena al Betis, me empezó a caer bien cuando vistió de blanco el Camp Nou, no por querencia hacia el Real Madrid, sino por padecer indigestión azulgrana con sus pesadas exquisiteces propias y sus desprecios casi delictivos hacia los esforzados afanes ajenos. Los que saben del asunto lo daban perdedor en octavos, cuartos y semifinales. Ante la final moderaron sus impulsos sentenciadores y se habló de igualdad y fuerzas parejas. A mí los del Eintracht me fueron ganando la voluntad, primero por el incisivo lateral Knauff, que por lo que dicen los locutores ni es lateral y además carece de técnica; por el zurdo Kostic, que lleva y centra la pelota con esa elegancia con la que los dioses del fútbol distinguen a los zocatos de los diestros, haciéndolos como más preferidos; por el austríaco Hinteregger, un central gigantón que no pudo jugar;  por Borré, que no lo hizo tan mal en el Villarreal, pero sobre todo por Trapp, el portero que coincidió en Barcelona con un paisano llamado Aitekin que hizo todo lo que estuvo en su silbato para destrozar su buen nombre.
     

Trapp, quizás no fue lo mejor de la final, pero en lo estrictamente futbolístico, sí. Lo más espectacular de la final de anoche estuvo en las gradas del Sánchez Pizjuán en una exuberancia de coloridas aficiones: azul moteado de naranja la escocesa y un blanco reventón la alemana. Aficionados que como no cabían todos en Sevilla, alguno tuvo que recogerse a dormir en los alrededores. Esta mañana en mi preceptiva caminata me he encontrado una docena de escoceses en la calle Alfaros. Luego destaco al señor Slavko Vincic, que tiene nombre de villano de película pero que me reconcilió con los buenos árbitros. Escasos, pero existen. Un tío nada pamplinoso, que ignoró las personales que han puesto de moda los tiempos modernos y que no acudió a la llamada del VAR por uno de esos hallazgos en el área a los que los Iturraldes son tan dados. Creo que estaba Hernández Hernández en el aparato.
    

Esta final estaba predestinada a ser una reivindicación de Kevin Trapp y con sólo dos paradas, descomunales, eso sí, lo que venía ya dispuesto se consumó. Los ayudantes del entrenador Glasner besaban, reían y parecían depositar toda su confianza en el cancerbero de Nuremberg antes de los lanzamientos, mientras con McGregor, su rival en la portería, con los cuarenta cumplidos no parecían querer cuentas ni las cámaras ni el realizador de la televisión que transmitía el encuentro. Todos marcaron menos Ramsey, el más famoso del Rangers dirán en Glagow. Trapp paró el penalty que valía una final dirán en el París de la Francia en el que jugó; lo mismo que en Barcelona donde padeció persecución por Aitekin y por supuesto lo mismito que dirán en la Alemania toda, orgullosa de la rehabilitación de un buen portero.
     

La final de ayer me recuerda que me tengo prometido a mí mismo asistir a un Celtic-Glasgow Rangers por ser uno de las tareas a cumplir por todo buen aficionado que se precie. Si les confieso que me sentaría junto a los del trébol de cuatro hojas entenderán que me alegro del triunfo del Eintracht, un club que se me ha hecho simpático en este 2022.
     Pues nada, enhorabuena y que disfruten festejando.

Aborto 2030


Max Stirner

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Las alegres comadres del 2030 (su Davos es nuestro Windsor) creen que en el mundo sobra gente, pero no ellas, y nos venden que la Corte Suprema de los Estados Unidos va a “revocar el derecho al aborto”, con lo que eso supone.


    Para evitarlo, Psaki, la portavoz Zanahoria del catolicón Sleepy Joe, partidario del aborto hasta el nacimiento (ya puestos, ¿por qué no hasta la mayoría de edad?), llama al “agitprop” en las casas de los jueces (“continue to encourage that outside of judges’ homes”). Si la cosa funcionó con los jurados del caso Floyd, ¿por qué no va a funcionar con los magistrados de la Corte Suprema? Bien mirado, John Marshall sólo ha habido uno.
    

La obsesión de la vida muere en nosotros como la obsesión de la muerte vive en Vallejo, el César equidistante entre Beethoven y Belmonte a quien Gerardo Diego atrapó en dos versos: “Vallejo, tú vives rodeado de pájaros agachados / en un mundo que está muerto, requetemuerto y podrido”.
     

Y él: “Haga la cuenta de mi vida / o haga la cuenta de no haber aún nacido, / no alcanzaré a librarme”.


    Si el aborto es un derecho humano, ¿qué es un derecho humano? Max Stirner (“la sinceridad del yo-en-bancarrota”): un derecho humano no es más que una concesión que los hombres se hacen unos a otros.


    –Si se reconoce a los recién nacidos el derecho a la existencia, ese derecho les pertenecerá; si no se les reconoce (espartanos y antiguos romanos), no les pertenecerá.
   

 “Homo homini lupus!” Hobbes, en su “De cive”: si el hecho de matar a un hombre es un crimen o no en función de lo que prescriba la ley, lo que nace en un parto es un ser humano o no, con lo cual ¿qué es un hombre?


    –Nadie duda de que será el Estado quien lo juzgue.
    

Pero los Estados Unidos de América no son un Estado, sino muchos Estados (no confundir con el “Estado Compuesto” que para lo que quede de España pastorean Sánchez y Feijóo, puesto ahí por eso, no porque Casado le pidiera a Dios que dejara a Ayuso calva). El fondo de la votación americana es la Federación.

[Jueves, 12 de Mayo]

San Isidro'22. Pedrazos de Yeltes, que tanto gustan en Francia, picados en la "suerte de Atienza" y dejados pasar por Chaves, Cortés y Colombo. Márquez & Moore




JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Hay que reseñar inmediatamente el hecho extraordinario de que hoy ni se ha guardado un minuto de silencio por nadie ni se ha sacado al tercio a saludar a nadie al romperse el paseíllo. Acaso hoy habría una conjunción astral o cosa así, pero el hecho es que hoy, ni silencios ni palmas. Al llegar a la localidad nos enteramos de que han quitado a Diego Carretero, que padece una lesión, y le han sustituido por Javier Cortés, o sea que la terna toricida queda ahora compuesta por López Chaves, el ya citado Cortés y Jesús Enrique Colombo. El ganado, de Pedraza de Yeltes, lo que permite a los redactores del Programa Oficial volver a insertar su famosa morcilla de que “Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua…”, por si aún hay alguno que no se haya enterado. Juampedreo salmantino por la vía de Aldeanueva.
 

El toro de Pedraza de Yeltes tiene la fama de que sólo le gusta Francia y constantemente lees reseñas de tremendas corridas de este hierro en los más diversos lugares de la Galia taurina. A lo más que se prestan, a veces estos toros, es a cantar sus bondades en el Señorío de Vizcaya, pero lo que ellos aman de verdad es el lío ese de la igualdad, la libertad y la fraternidad del país de Sarkozy, ese Pepito Aguayo de la política. Es por eso que nos vamos a la Plaza un poco contritos sabiendo que las mejores cosas de los Pedraza no serán contempladas por nuestros ojos, ya que hay una legión de aficionados franceses a los que no pueden defraudar. A lo mejor también es que en Francia pagan con euros más abundantes que los de los Carpanta de Plaza 1 y el ganadero, don Luis Uranga Otaegui, que es un industrial de tronío, y el representante, que es el matador de toros José Ignacio Sánchez, ya saben a qué dirección deben mandar sus cabezas de camada para no defraudar a sus fieles clientes. La cosa es que en seguida se afincó la mosca tras de la oreja al ver las condiciones blandurrias del primero de la tarde, Burreco, número 78, aunque por fortuna no fue ése el tono general de la corrida que finalmente se caracterizó por su seriedad, su falta de homogeneidad en la presentación, su pequeña chispa, menos chispeantes de lo que a uno le hubiese gustado, y en algunos casos su calidad para el último tercio.


Si queremos hablar de ese olvidado tercio de varas, al que apenas nadie atiende ya, tendríamos que el primero, el Burreco, no fue picado en el primer encuentro por Óscar Bernal, que le lanceó en la paletilla y, con agilidad felina, rápidamente colocó la vara en su sitio y que acudió solícito a por la segunda ración de puya donde apenas se le quebrantó. El segundo, Brigadier, número 41, entra con fuerza y empuja al aleluya mientras Marcial Rodríguez agarra el puyazo arriba y se emplea en taparle la salida, tal y como siempre hacen con los toros que se emplean. Acude de nuevo con ilusión el toro al segundo encuentro y de nuevo Marcial le coloca otro puyazo arriba. El tercero se llamaba Huracán, número 32, y también entra con alegría al jamelgo de José Palomares, que agarra una buena vara arriba y, como el toro se emplea, le tapa canónicamente la salida, lo que Cossío llama “la suerte del señor Atienza”. Acude Huracán alegre a la segunda cita recibiendo una vara trasera y vuelve el picador a la suerte de Atienza, que se ve que le va. Al cuarto, Mirador, número 14, Manuel Bernal le receta un puyazo bajo y rectificado que no le debió hacer gracia porque ni en éste ni en el siguiente se empleó ni cantó sus bondades. El quinto era Tontillo, número 10, que acude disciplinadamente al primer vis a vis con Israel de Pedro, donde se deja pegar sin más, de forma sumisa y, ya que había hallado ese nirvana, actúa de igual manera en  la segunda convocatoria, pero entrando al penco con menos ganas. Y por fin, el sexto, con el número 45, Bellito, que acude a la primera vara empujando y suspendiendo al caballo por los cuartos delanteros para, a cambio, recibir de nuevo la suerte de Atienza ejecutada por Gustavo Martos en la que aprovecha para pegarle con ganas. En la segunda entrada también metió los riñones el toro mientras el picador le atizaba con el chuzo.


Como se puede ver de ese breve resumen de los avatares relativos a la suerte de varas, se puede aventurar que los seis de Pedraza cumplieron o más que cumplieron sobre lo que es el tercio de varas de otras ganaderías de las que hemos ido viendo en estos días pasados y que cada cual ponga aquí los nombres ganaderos que le parezcan más adecuados.


Domingo López Chaves se vino a Madrid vestido de azul azafata y oro y queremos anotar eso porque lo más señalado de la tarde de López Chaves es lo bien vestido que venía. Recibió a su primero, Burreco, con esas verónicas de pegolete que decía el abuelo del aficionado V., que son las que se dan con los pies juntos. Tras su paso por la comisión equina el toro es una especie de muerto viviente o no-vivo, y eso que hoy veníamos por el tercio torista. El animal está demandando la extremaunción, pero curiosamente mantiene la boca cerrada aunque no puede ni con su alma. Ante esa prenda, López Chaves ensaya diversas posturas, que es como pretender invitar a ir de copas a un enfermo terminal, y luego ensaya una suerte de arrimoncillo con Burreco, como quien se lo hace a los toros de Guisando. Con un bajonazo libera al toro y al público del peso de contemplar a Burreco y luego se ve obligado a descabellar por veces V, que va en romano por ser número de muy fácil rima.

 
Apenas merece la pena demorarse en la labor de López Chaves con su segundo toro, Mirador. Le dio esos gritos tan propios del gremio de la albañilería, versión andamio, de ¡aahh! y ¡eehh!, así una y otra vez, pegó un descomunal tostón y no supo o no quiso explotar el filón del poquito de picante que tenía el animal, que el toro tampoco fue un Hércules y, además, se le colaba. Cuando le pareció oportuno, le atizó un bajonazo en los blandos y puso el letrero de FIN.


Javier Cortés siempre es la promesa de algo. Sus maneras elegantes y su forma de estar con el toro parecen presagiar lo bueno y luego, por lo que sea, no sale. Tras un brindis a una señora que deambulaba por el callejón ensaya un inicio de clasicismo con el que se saca el toro andando hasta los medios. Allí da distancia al toro, que es el toro de la corrida para el torero, y le cita de largo con limpieza de no ver enganchada su muleta, pero sin profundidad, sin la hondura que nace del compromiso y del riesgo. Cortés pone todos los huevos en la cesta del toreo lineal, sin ceñirse nunca al toro, prefiere dar pases a torear. Por segunda vez ensaya la distancia larga y por segunda vez el toro acude presto para que le eche afuera sin quebrantar su recta embestida. Se pasa la herramienta a la izquierda y de nuevo se quita de encima al animal y este le arrebata la muleta en una tarascada. Faena sin hondura y sin pasión, mecánica, termina con una nueva serie en la derecha y un final gourmet para aficionados de Madrid, con sus canónicas trincherillas. Actitud muy conformista la de Cortés, que remata su actuación de muy baja intensidad ante un toro muy interesante con una estocada atravesada. Su segundo, Tontillo, puso a las cuadrillas en guardia a la hora del banderilleo, y la cosa fue bastante agónica cuando Ramón Moya y Javier Gómez Pascual quisieron clavar las banderillas en su espaldar: dos banderillas en dos pasadas, tres banderillas en tres pasadas, tres banderillas en cuatro pasadas y, finalmente, cuatro banderillas de una en una en cinco pasadas. Magra cosecha. Como dijo el clásico “el toro es peor y el torero es el mismo”, y ahí está el torero abundando en sus modos rectilíneos y centrando sus miras en torear hacia afuera, y sigue, y sigue, y sigue, y la Plaza en un cariñoso ejercicio de contención le deja acabar su salmodia sin meterse con él hasta que se le ocurre lo de la estocada baja que acaba con el plomazo. En dos actuaciones Cortés ha tenido toros para dejar algo en el corazoncito de la afición, pero se va con lo puesto y con la carrera un poco más cuesta arriba.
 

Y ya como colofón, Colombo. Su primero es Huracán, un toro con mucho cuajo que, de salida, clava los pitones en la barrera junto al burladero del 6. Colombo banderillea al toro con mucha velocidad y pasándose, a la hora de clavar, del lugar donde se reúnen los pares buenos. En el tercer par hace el esfuerzo de querer reunir más en la cara, pero lo que más queda es la sensación de unos pares muy acelerados, muy atléticos y más bien poco certeros. Plantea su trasteo con argumentos de la misma significación que los de Cortés en el toro segundo, pero con menos arte, hasta lo de citar en los medios. Decide Colombo tirarse por la calle del toreo hacia afuera y bien despegado, por el callejón sin salida del toreo rectilíneo y de la cansina insistencia. Acaso el toro tenía más condiciones para la muleta de las que demanda el toreo de Colombo, al que se presume que puede brillar más con el toro más bronco donde saque a pasear su valor que con el toro de carril, que le deja bastante en evidencia. Sigue con lo del pico y lo de echar al toro hacia afuera y así va cundiendo la percepción de que el toro se va sin torear. Cuando se apresta a dar las bernardinas de cada día, el aficionado M. le espeta: ”¿Pero qué te hemos hecho nosotros?”, que es un buen resumen. Mata con eficacia de estocada desprendida y algo delantera. En su segundo, que Dios le perdone, nueva entrega de banderillas y luego faena deslavazada, sin ver la manera de solucionar las dificultades que el toro Bellito le ponía. A esas horas todo el pescado estaba vendido y, por lo menos, no se puso en plan pelmazo, antes el toro le arrebató la muleta de un cabezazo y Colombo salió de naja hacia el burladero acosado por el burel. Mata de estocada baja y cuando está descabellando el toro le da una voltereta fuerte. Y, una vez repuesto, con un descabello da por acabada esta entretenida y calurosa tarde de toros en Madrid.




ANDREW MOORE

 



LO DE CHAVES

 



LO DE CORTÉS

 


LO DE COLOMBO

 


FIN