sábado, 23 de mayo de 2026
El bar de Mou
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En el “after hours” no se habla de la huelga de Méndez y Toxo (Yogui y Bubu para el vulgo), sino de Mourinho, con lo cual en el “after hours” de Pochete vuelve a sentirse uno como en el bar de Moe (así se escribe en los Simpson), que en Madrid, por culpa de Mourinho, debe leerse como bar de Mou. Decíamos ayer que a Comisiones y a Ugeté les pasa con Zetapé lo que al “As” y al “Marca” con Mou: creen haberlo llevado ellos al cargo. Sus editoriales y titulares sobre Mou son a menudo tan regocijantes como aquel “Medite Tojo” de la prensa española conminando al almirante japonés a cambiar su estrategia en la guerra del Pacífico. Medite Tojo, medite Mou y medite Zapatero, que necesita, el hombre, un Ribera que sea saludado por sus discípulos como el Giotto del nuevo franciscanismo marxista. En su corte de pelotas mediáticos sólo se cultiva el chafarrinón, y así no hay manera de captar la dimensión espiritual de la gran empresa zapateresca. ¿Y los trajes de ese hombre? Contaba Ruano cómo Louis Ferdinand de Prusia, llamado a futuro Káiser de Alemania, impresionó mucho a buena parte de la sociedad española con su vida de obrero de la Casa Ford en América. Zapatero está entre el Louis Ferdinand de Prusia en la Ford y el vendedor de coches en el concesionario de León, o sea, en jefe de planta de oportunidades de lo que el “Frankfurter Allgemeine Zeitung” tituló “Zapateros Modepüppchen”, refiriéndose a su gobierno de “Barbies”, que no parece lo más indicado para conducir una lucha obrera. En cualquier caso, las dirigencias (Evita, Evita) de las Comisiones y la Ugeté viven de él como las ventas del “As” y el “Marca” viven de Mourinho, de modo que las discrepancias sólo pueden ser formales. “¿Por qué no convoca a Pedro León?”, pregunta el “As”, que había apostado por él como titular. Y se monta un guirigay como si Pedro León fuera Diego de León, reputado como Primera Lanza del Reino. Mas sólo es eso: un guirigay. Como la huelga general.
San Isidro'26. Sebastián Castella en el clímax del placer. Campos & Moore
PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Viernes, 22 de mayo de 2026. Decimotercer festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de Victoriano del Río (origen Juan Pedro Domecq). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Flojos. Mansos menos el cuarto que en la primera vara salió al capote. El primero alto y largo, corniabierto y cornialto, muy flojo. El segundo, largo, cornivuelto, flojo. El tercero, abierto de cuerna y cornialto, noble. El cuarto, menos ofensivo, nobilísimo, perita en dulce, de carril y flojo. El quinto, noble y flojo. El sexto, noble. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral camino del verano.
Terna: Sebastián Castella, de Béziers (Francia); de azul de almacén y oro, con cabos blancos; veinticinco años de alternativa; cuarenta y ocho festejos en 2025; silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos. Emilio de Justo, de Torrejoncillo (Cáceres), de ladrillo y oro, con cabos blancos; diecisiete años de alternativa; cincuenta y dos festejos en 2025; palmas tras un aviso y silencio tras dos avisos. Tomás Rufo, de Talavera de la Reina (Toledo), de azul medianoche y oro, con cabos blancos; cuatro años de alternativa; treinta y cuatro festejos en 2025; silencio y silencio.
Suerte de varas. A pesar de ser una corrida noble se les metió puya, su colocación fue baja; con metisaca (2º, 3º y 6º) para aminorarlos y, de los encuentros, salieron sueltos. Se acostaron en el peto (2º, 4º y 5º). Elegimos la descripción de la suerte de varas al cuarto para entender si se le debió dar la vuelta al ruedo. Fue colocado al caballo en las dos varas. Lo picó Manuel José Bernal. En la primera se arranca, la puya cae trasera y caída, el astado se acuesta en el peto, es tapado y sale finalmente al capote, al tiempo que pierde las manos. En la segunda vara, el picador rectifica, trasero, poco picado, sale de la vara de incógnito. En la faena de muleta respondió como una hermanita de la caridad.
En todas las profesiones (si hablamos de tauromaquia habría que derivarlo hacia el arte) hay momentos en los que los trabajadores (artistas) están en sazón, en su tiempo oportuno. Digamos que en el mundo tan trabajado de la tauromaquia este momento de la madurez se adquiría antaño cuando se rozaba el lustro o la década (casos extraordinarios) en el ejercicio del quehacer. Esto era antes cuando había que torear todo tipo de ganado o toros. Ahora, no es así, pues existe como un elixir de la eterna juventud que hace que los profesionales de la tauromaquia (artistas) puedan estar empleándose delante de los toros décadas, periplos de largo alcance, eternidades y matusalenidades. Ese elixir que torna jóvenes a los toreros añosos no es otro que torear toros pastueños, todos los que se pueda a lo largo de la vida taurina. Es un aspecto que se ha ido descubriendo y manifestando a lo largo de los últimos lustros. Y se está llegando a la conclusión que cuantos más toros de carril se toreen, más senilidad detrae el matador de esos toros. De ese modo toreando lo dúctil, lo feble, lo jubiloso; la jubilación del torero se aleja, se posterga, se dilata, se estira, se prorroga hacia la vida eterna. El elixir de la eterna juventud en el mundo taurino, la panacea, se ha encontrado y reside en torear el toro pajuno, un término que, a su vez, remite a la toreabilidad —la obsesión de la taurinidad, el meollo de todo—. Torear el toro de paja aporta curación y genes de eternidad a quien lo hace. La piedra filosofal taurina habita en la toreabilidad del toro. Si la tauromaquia estuviera bien vista se le daría el premio Nobel a esta deducción. Entendemos por qué se busca tanto la toreabilidad por parte de las figuras actuales y sus equipos —the staff—. Todas las figuras del toreo están adscritas al toro boyante o franco o claro —en denominación de antes—; en realidad, hoy hay que denominarlo toro de laboratorio, servido en bandeja, borrego o de pitiminí.
Ese medio toro o toro teledirigido está aportando, por ejemplo, a Sebastián Castella —que ha toreado muchos a lo largo de su trayectoria taurina— el don sagrado de la longevidad. Sólo hay que mirarle a la cara para darse cuenta y cerciorarse. Las estadísticas lo demuestran: lleva la friolera de veintitrés años de alternativa y para él todo acaba de empezar. Le tendremos en los carteles los próximos veinticinco San Isidros. Es una comprobación de que el toro toreable —que suele torear Castella— a él, particularmente, le transfiere enzimas juveniles. Juventud. Por eso esa pelea de todas las figuras de verse en los carteles de toros inofensivos donde encontramos a una pléyade de toreros que buscan permanecer en el mundo. Ahí tenemos a Talavante, a Morante, a Manzanares y a Perera. Otros están en ese camino, muy cerca, como Luque o De Justo. A cierta distancia, Ortega. En esa senda, Aguado. Rufo, un recién llegado. Etc. Todos quieren meter cabeza. No todos han podido recibir tanto elixir de toros boyancones como Castella. Por eso hay una pelea en apuntarse a lo blandengue, a lo endeble, a lo delicado. La rivalidad radica en eso, en acceder a lo toreable porque transmite perpetuidad. El toro que torean las figuras del momento presente (figurones del toreo, mandones, astros) es inflexible; es flojo pero no se derrumba; es débil pero se mantiene; embiste y obedece; se retroalimenta; no crea grandes problemas si bien permanece; está; no lucha sino que persigue detrás de algo, que suele ser un trapo; saca malas notas pero no se rinde; debería dimitir, no obstante cumple su misión porque para eso ha sido elegido. Es un toro chollo, no cuestiona y traslada esa ansiada longevidad al torero, porque, realmente, no molesta, y en esto estriba la temática.
Aparte, otra particularidad de la fiesta de los toros se refiere al clímax, al momento de exaltación, al punto de apoteosis, que suele alcanzarse de vez en cuando. Cuando la masa de repente se siente conducida a obtener placer, a rentabilizar su presencia en el espectáculo. Ayer ese clímax, ese orgasmo, se alcanzó en el cuarto toro. Ayudó el animal, representante supremo de la toreabilidad. Pero, también, coadyuvó que la tarde anterior fue nefasta, y los primeros tres toros de la corrida de Victoriano del Río parecían deparar otra tarde de negatividad. Y ahí surgió la llegada del elixir, del toro toreable, del astado del cual mana el líquido elemento reparador o sérum. Y Sebastián Castella, un consumado artífice en floridas lo aprovechó. No a su primero, donde estuvo perfilero, pegapases, despegado, en definitiva, superficial. Una superficialidad que a Castella le asegura conservación. Lo mató de media baja en la suerte contraria. Al toro de la tarde —de vuelta al ruedo, protestada— le hizo «la faena Castella». En los medios y en la segunda raya del tercio del tendido del seis. Fue aquella faena que todos los aficionados pueden describir si se les reta a que narren cómo podría torear Castella: desde los pases cambiados por la espalda en los medios, hasta los naturales y redondos ligados con liviandad, sin desgaste, ni para el toro obediente, ni para él mismo, ni para el público, que puede salir fresco de la plaza, listo para ocuparse en cualquier actividad. Remató la faena con bernadinas por un solo pitón. Pases de la firma y media estocada insuficiente —o pinchazo hondo—, que derivó en los descabellos (ocho) para obtener el triunfo. ¡Qué lejos la lección de Carlos Escolar Frascuelo cuando en el festival en homenaje a Antoñete!, que en tesitura similar volvió a tomar el estoque y entró de nuevo a matar sin importarle que se le fueran detrás los aplausos. De igual modo le había sucedido a Aguado la tarde anterior, y le sobrevino a Emilio De Justo, posteriormente, en el quinto toro de ayer.
Emilio de Justo se mostró sin frescura toda la tarde —necesita más pócima de toreabilidad—. A su primero quiso torearlo con temple. Se vio desbordado en ocasiones. No se impuso en ningún momento. A pesar de ello dejó algún redondo que parecía conducir a algo. Algo rápido. Sin cruzarse. Remató con manoletinas. Mató en la suerte contraria de pinchazo caído trasero y media tendida y atravesada. Al quinto lo lidió con prisas y atropelladamente. Así fueron las verónicas. Fue poco a poco inutilizando al buen toro de Victoriano. La lidia fue trabajosa. Inició la faena de muleta con pases por bajo que quebrantaron al astado. Se situó por fuera. El toro tomaba el engaño y se derrumbaba en los pases de pecho. La labor se desarrolló en el tendido seis. Mató de tres pinchazos en la suerte contraria, más nueve descabellos.
Tomás Rufo, castigó mucho a sus toros. Con el primero, castaño, noble, dilató el comienzo del trasteo. Estuvo despegado. Alejado. Pierna retrasada. Enjaretó enganchones con el pico sin poder con el astado. Lo mató de una estocada baja en la suerte contraria. Al dar la estocada soltó la muleta y saltó al callejón. En el sexto, un toro de mayor poder y emoción, mantuvo la estrategia de la parsimonia, de torear muy por afuera, de emplear el pico, sin conseguir levantar aquello. En terrenos del cinco. Mató de dos pinchazos y media caída y atravesada en la suerte contraria. Poco elixir tomó ayer Rufo. Envejeció.
ANDREW MOORE
viernes, 22 de mayo de 2026
"I Love Mou"
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Viriato, Figo, Cristiano, y ahora, Mou, aquel Mou ninguneado en su día en Barcelona porque parecía por su don de lenguas el Doña Marina de Bobby Robson, sin que nadie reparara en que el listo era él. Mas la venganza es un plato que se come frío, y Mou ha puesto al mejor Barça de la historia en el brete de terminar el año en blanco. Viriato, Figo, Cristiano, y ahora, Mou. El carácter de estos pastores lusitanos gusta mucho en Madrid, por cuyas calles el chavalerío pasea con la camiseta del Inter. “I love Mou”. ¿Es Mou el hombre de la Décima? Queda la final del Bernabéu, donde yo creo que volverá a tener razón Lineker y ganarán los alemanes de Van Gaal, que es más alemán que Kant, pues el fútbol sigue siendo ese juego que juegan once contra once (salvo contra el Barça) y que ganan siempre... los alemanes. En contra de Mou está el día a día: su fútbol produce muermo. Pero en contra de Pellegrini están los días decisivos: Alcorcón, Lyon y Barcelona. Además, Mou cuenta con la noche del Camp Nou, donde Laporta se comportó como un paleto de Paco Martínez Soria: republicanote él, tiró a los forasteros al pilón activando el riego (¡su himno de Riego!), mientras en Madrid, sin señal del partido por un sabotaje a Telemadrid, nos venían a la memoria las palabras de doña Inés al escuchar en su celda de labios de Brígida el comienzo de la carta de amor de don Juan: “¡Santo Cristo, qué principio!” Por fas o por nefás, Telemadrid es como el galgo del tío Zaragoza, que cada vez que saltaba la liebre él se ponía a mear. A Zapatero, culé de conveniencia, el fundido en negro de Telemadrid le pillaría con el informe de S & P en una mano, y en la otra, la regadera de los brotes verdes de la ministra Salgado, erigida en el Lord Palpatine de la ruina española, que ya es una ruina en cinco idiomas, como diría el caballo de Calígula, que también fue senador, como Hipatia de Benidorm. Y el Hommer que todos llevamos dentro dice: “¡Otro botellín de Duff, Mou!”
San Isidro'26. Arte de las naderías. El concepto de las figuras se viene abajo. Campos & Moore
PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 21 de mayo de 2026. Duodécimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros del Puerto de San Lorenzo (1º, 2º y 3º) y de La Ventana del Puerto (4º, 5º y 6º). El Puerto de San Lorenzo de origen Lisardo Sánchez y Atanasio Fernández. La Ventana del Puerto de origen Domecq, en las líneas Jandilla y El Torreón. Mal presentados. Mansos. Flojos. Cinqueños quinto y sexto. Segundo y cuarto devueltos por inválidos; en su lugar se lidiaron, respectivamente, un ejemplar de José Vázquez (sangre Domecq) como segundo y un toro de El Freixo (sangre Domecq) como cuarto. El primero, inválido, sin trapío con pitones escasos. El segundo (José Vázquez) inválido, pobre de trapío. El tercero, mejor presentado, muy flojo. El cuarto (El Freixo) justo de trapío, terciado y muy flojo. El quinto, cornalón, corto, acarnerado y flojo. El sexto, anovillado, flojo, aunque sacó una punta de casta. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral entrada en calor.
Terna: José María Manzanares, de Alicante; de nazareno y oro, con cabos blancos; veintitrés años de alternativa; treinta y dos festejos en 2025; silencio y silencio. Juan Ortega, de Sevilla, de verde pistacho y oro, con cabos blancos; once años de alternativa; cincuenta y un festejos en 2025; silencio y silencio. Pablo Aguado, de Sevilla, de celeste y oro, con cabos blancos; ocho años de alternativa; treinta y un festejos en 2025; pitos tras tres avisos (toro al corral) y silencio.
Suerte de varas. En general, a los toros se les picó poco y mal. Se acostaron en el peto. Salieron sueltos del caballo. A pesar de la escasez de fuerzas recibieron metisaca 2º y 4º. Normalmente, las varas cayeron traseras. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto por ser el astado que sacó un mínimo de casta, aminorada por el castigo. No se cuidó la entrada en la suerte. Manuel Jesús Ruiz Espartaco recibió al toro en la primera vara con un lanzazo trasero y el toro salió suelto. De la misma manera le dio un lanzazo en el segundo puyazo, cuyo hierro cayó bajo.
Como decíamos ayer los toreros que se denominan (ellos mismos) figuras del toreo han decidido que no van a torear nunca en su vida taurina ningún toro de ganaderías duras o complicadas. Estos toreros (la mayoría de ellos autodenominados artistas) prefieren expresase de manera talentosa ante un ganado de lidia noble desrazado, dócil, obediente y flojo: de escaso trapío, con poca edad, de mínimos pitones (a ser posible todo esto, en su conjunto, tarde tras tarde, en todas las plazas del orbe taurómaco, incluida la de Madrid: Las Ventas; sin cansarse, sin perder la fe, siendo leales en todo momento a sí mismos, en este aspecto de cumplir los anteriores deseos). Para conseguirlo y programarlo cuentan con la aquiescencia de los aficionados a los toros que les apasiona el arte —después entraremos en este concepto— que a la mínima están con el «bienn» en la boca, con el «ole», si son más duchos, o con el «olé», si les gusta la tertulia de toros alrededor de unos finos y algo de cante. Aquí está la base taquillera, y la parafernalia en la plaza, cuando torean los diestros artistas. No olvidemos que el verdadero fundamento que sostiene todo este tinglado reside en que sus representantes (manager para los guiris) o apoderados (para la afición en general) son un poco de todo en el embrollo del mundo de los toros, ganaderos, empresarios, apoderados, e incluso aficionados, porque estos personajes son sobre todo amantes de la tauromaquia. No lo olvidemos. Sienten el toreo y trabajan para que sus pupilos, artistas consumados en el toreo de salón —el toro no es necesario—, puedan «expresarse», se sientan felices, «disfruten», y por extensión hagan la vida alegre al aficionado que paga religiosamente y sostiene el lío, porque este «fan» da la casualidad que es «un entendido en arte», es decir, en el arte en los toros.
¿Y qué es el arte en los toros? Pues, parece ser, si observamos lo que realizan y persiguen los toreros llamados artistas que consiste en torear sin toro, componer la figura delante de los astados, en trazar líneas sinuosas que puedan seguir los bureles de laboratorio que han seleccionado las ganaderías de postín para ellos. Una de estas ganaderías es ésta del Puerto de San Lorenzo —lidiada ayer en Madrid y odiada por la afición— en todas sus ramificaciones genéticas y fenotípicas. Existen muchas otras, todas ellas inoculadas con el virus Atanasio, el microbio Lisardo o el germen Domecq. Y ¿qué son estos organismos vivos invasivos celulosos? Pues son virus que adquiridos debilitan —algo así como el beriberi— y que obligan a obedecer a pie juntillas a quien lo padece —normalmente un toro bravo— de manera que es capaz de seguir un trapo incondicionalmente cuando alguien lo acciona por delante de él —sin entrar en normas, ni leyes— y este «naide» suele presentarse con trazas de señor vestido de luces y que dice ser artista. Y ¿qué arte es ese? Parece ser que es una habilidad muy parecida al arte del alambre o arte de la jeró, o torear con simulación o bajo simulacro. También puede desarrollarse componiendo la figura, tirando de adornos, situarse por las afueras, descomprometiéndose o banalizando el toreo. Viene a ser un alejamiento sobre las verdaderas reglas del torear. Si el toreo necesita un toro bravo. En el toreo de artistas solo se requiere un toro que haga de carretón —el toro de carril—. Si la tauromaquia precisa dominar al toro bajo las preceptivas de parar, templar, mandar y cargar la suerte; en el toreo de virtuosos sólo se demanda hacerlo despegado, metiendo pico, por las afueras y concibiéndolo hacia atrás. Pues el astado noble desrazado o artista lo permite, lo asume, lo asegura.
Por eso ayer El Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto en Madrid, para tres toreros artistas, que componen la (su) figura al torear; que no les afecta torear ni bien ni mal porque tienen de su parte a los aficionados que degustan el toreo de arte, y son llevados por los gestores o magnates de la tauromaquia que dominan la gestión de las plazas, la composición de los carteles, el devenir de las ganaderías, la tutela de las carreras de los espadas y controlan a la prensa genérica y nacional, a la de los portales y a la autonómica, a la televisiva y a la radiofónica. Nunca veremos a estos toreros ante toros de raza. A pesar de lo comentado llenan las plazas. Ilusionan. Y fracasan. Y mientras tanto su concepto de negocio, de arte, se muestra como un virus que corroe y condiciona el futuro de la fiesta de los toros. Ayer el concepto del toreo de artistas sin toro hizo aguas. Tocó fondo. Pero se sostendrá en el inmediato futuro porque se sabe que ese toro desrazado que no tiene poder, de vez en cuando, sale y se le dan pases y colaborará al corte de orejas. Etc. Ayer no fue. Otro día, sí será.
Ayer tarde a José María Manzanares se le vio desganado ante dos enemigos sin fuerza, ni trapío. Toreó por fuera, sin cruzarse y con enganchones. Fue desarmado. Abusó del pico. No se aburrió pues si cualquier animal mete la cara y aguanta una serie de muletazos su labor prende y obtiene el triunfo mayestático. Ayer no fue. Mató de dos estocadas bajas.
Juan Ortega toreó a un segundo toro inválido, sin ningún mérito. Mató de estocada baja. Con el quinto no pudo; acumuló numerosos enganchones y retrocedió en cuanto el animal apretó el acelerador. Mató de estocada casi entera en el rincón.
Pablo Aguado, toreó a su primer toro excesivamente despegado dándose pisto, cierto que vertical, pero por las afueras, sin cruzarse. El toro se agotó de recibir tanto pase. Mató de media atravesada insuficiente. En vez de volver a entrar a matar se fue a los veinte descabellos recorriendo el ruedo, hasta que le tocaron los tres avisos. En el sexto, el toro más interesante del encierro (lidiado primorosamente por Iván García), no pudo someterlo porque basó su tauromaquia en una suma de pico y enganchones: despegado y por fuera. Mató de un pinchazo hondo y de una estocada casi entera delantera.
ANDREW MOORE
Viernes, 22 de Mayo
jueves, 21 de mayo de 2026
Unai Émery, pentacampeón
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Por este tiempo suelo venir a Barbate a ver el despiece -ronqueo- del atún rojo, el más aristocrático de los "pescaos" y tuve que seguir la final de la Uefa por el móvil, que no es manera de ver una final.
De mi inclinación sin fisuras hacia Unai Émery he dejado constancia aquí siempre que ha venido a cuento, y si en el fútbol hay sangre aristocrática, Unai la lleva por arrobas. Hermano, hijo, sobrino y nieto de futbolistas, su abuelo Antonio, de Fuenterrabía, paró toda su vida deportiva en el Real Unión, club fundador de la Liga con él en plantilla y club que ha comprado el bueno de Unai.
Cuando Emery firmó por el Aston Villa me dije -"tontás" que tiene uno- : "éste es su equipo". Había visto hacía poco "Un juego de Caballeros", serie que contaba el nacimiento del fútbol en Inglaterra, o sea en el mundo. Repasé entonces los fundadores ingleses que fueron doce y donde no estaban ni Liverpool, ni Arsenal, ni los Manchesteres. Todo empezó con el Blackbourn Rovers (en la serie uno rico y otro pobre), Everton, Derby County, Aston Villa.., allá por 1880.
Cuando ayer vi a Emiliano Buendía ,un chico que anduvo por aquí con más pena que gloria, de Getafe a la Cultural Leonesa, en plan Benzema, recordé la copa de Europa que el año del mundial de España ganó el Aston Villa al Bayern de Rummenige y Hoeness. No recuerdo quién marcó el gol inglés -no me acuerdo de ningún jugador, bueno, de Morley sólo -pero sí que el portero del Villa se lesionó nada más empezar el partido y salió un chaval para certificar la nobleza de un club histórico.
Es Unai pentacampeón de la Europalí, antigua copa de la Uefa y cuando ayer vi su corbata y camisa blanca asomando por un jersey de cremallera, supe que el atuendo era aristocracia pura. Aristocracia que no presume. Aristocracia que se admira sanamente. Como al atún rojo de almadraba.
Enhorabuena al Aston Villa y sobre todo a Unai Emery, uno de mis héroes.
La moto amarilla
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En Serrano, entre Juan Bravo y Padilla, para sacar las motos de la acera nueva, sobre cuyo falso granito se derramaba el aceite en el que chapoteaban las niñas de Serrano con sus “tod’s”, el Ayuntamiento ha dispuesto un aparcadero de motos en la calzada. El primero en llegar muy de mañana a ese aparcadero es un caballero duro y rollizo (nada que ver con el “rock and roll”) con su moto amarilla: se sube a la acera, se apea de la moto y, amorosamente, como si fuera una cabrita, la encadena a la señal indicadora del aparcadero. Si uno lo mira con cara de preguntar por qué, si el aparcadero está vacío, pone la moto en la acera, él te mira con cara de contestar: “Porque se me pone en los c...” ¡Un rebelde! ¡Un gesto subversivo contra la tiranía municipal! Es verdad que en el Vips de Velázquez hay otro aparcadero de motos que siempre está vacío porque todas están en la acera: son oficinistas liberales a los que se les caen los anillos si han de pasar por el aro de estacionar sus motonetas en el lugar indicado. El de Serrano, en cambio, con su raída moto amarilla, es único, y ésa es la gracia de su subversión. La única subversión que nos es dada en este Madrid donde los bolingas del “New York Times”, que antes veían a reyes y toreros pisando cabezas de gambas en los mesones de la Plaza Mayor, ahora ven a Zapatero haciendo con La Roja –ya hay que ser idiota para apasionarse con una cosa que se dice La Roja– lo que Franco, según ellos, hacía con el Real Madrid, con lo que demuestran que no saben nada del Real Madrid ni nada de Franco ni nada de Zapatero. ¿Estacionará como Dios manda su moto el de la moto amarilla si la Roja gana el Mundial? “Los Habsburgos en la pista”, tituló Foxá su artículo sobre el emperador Francisco José, que, desplazado por la guerra, daba vueltas en la pista del circo americano en La Habana. “Ya no sólo el león, rey de la selva, sino los emperadores de Europa, saltan por el aro.” Nunca lo haría el de la moto amarilla.
San Isidro'26. Los Saltillo. Corridas que pasan factura y toros que pesan. Campos & Moore
PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de cinco toros de Saltillo (procedencia Marqués de Saltillo, antigüedad de 1845). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Cárdenos. Mansos. Distraídos. El primero fino y cornivuelto, noble. El segundo, de menos trapío, muy manso, corretón y sin fijeza. El tercero desentendido de la pelea, a menos. El cuarto abierto de cuerna, duro de roer. El sexto encastado, fino de lámina, cuerna abierta, con cara de listeza, embistió con emoción. Primero, tercero y sexto fueron aplaudidos en el arrastre. El quinto toro fue de la ganadería de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte y Atanasio Fernández, antigüedad de 1992), cinqueño, un toro feo, grueso, muy manso, no quiso caballo y se dolió en banderillas. Tres cuartos de entrada. Tarde primaveral con un ápice de calor.
Terna: José Carlos Venegas, de Beas de Segura (Jaén); de blanco y oro, con cabos blancos; quince años de alternativa; ningún festejo en 2025; ovación y silencio. Juan Leal, de Paris (Francia), de azul cielo y oro, con cabos blancos; trece años de alternativa; cinco festejos en 2025; silencio y silencio tras aviso. Juan de Castilla, de Medellín (Colombia), de nazareno y oro, con cabos blancos; nueve años de alternativa; quince festejos en 2025; palmas tras aviso y silencio tras un aviso.
Suerte de varas. En general, a los toros no se les pico bien y se les pegó. Al primero metisaca y barrena. El segundo bien cogido en las varas por José Ney. Al tercero trasero y caído. Al cuarto trasero en la primera y metisaca en la segunda. El quinto realizó varias entradas en varas, recibiendo distintos picotazos por falta de fijeza. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto, el toro que mostró mejores condiciones en la faena de muleta. Teo Caballero en la primera entrada le pegó un lanzazo trasero fuerte y el astado es sacado al cabo. En las segunda el toro llega de lejos a la montura y el picador le coge (nuevamente) trasero, el burel sale al capote, y el picador se quedó con ganas de barrenar.
El esperado encierro de toros de Saltillo en cierto modo defraudó pues los astados no desplegaron un juego espectacular. Además, la primera decepción vino por no lidiarse completa la corrida. Hubo un remiendo que correspondió a un toro de Couto de Fornilhos, lidiado en quinto lugar, que fue un animal muy manso, tosco, incluso grosero, e impidió el bamboleo del toreo de Juan Leal. Los toros de Saltillo tienen leyenda y sus genes han saltado a otras ganaderías como ocurre con la línea Santa Coloma; incluso es una de las bases del ganado mexicano que ha derivado en ese toro serio y templado de allende los mares. La leyenda peninsular de los toros de Saltillo proviene de sus ejemplares míticos que pelearon con entereza en los caballos antaño (Caramelo, en Cádiz, en 1867, que recibió 27 varas) o permitieron triunfos sonados de espadas señeros (Granadino, en Santander, en 1926, toreado por Juan Belmonte). Recientemente se recuerda la vuelta al ruedo al ejemplar Asturdero, lidiado por Octavio Chacón en Madrid, en 2018; o el toro más legendario de comienzos del siglo XXI, Cazarrata, lidiado por Sánchez Vara en 2016, por su juego indómito, indócil y montaraz. En suma, Saltillo es una ganadería que aporta con sus toros historia, mitología y rigor, porque son astados bravos o renuentes, pero nunca insulsos ni bobalicones. Los toros de ayer de Saltillo (solo cinco) no añadieron nada nuevo reseñable para los anales de esta ganadería emblemática. Cierto. A pesar de todo hubo un fondo de severidad en ellos que es lo que hace que para matarlos se anuncien toreros modestos, poco conocidos, de escaso recorrido taurino. Éste es un aspecto que merece la pena que nos detengamos a reflexionar sobre él.
De acuerdo en que ayer la corrida no fue demasiado buena. Eso sí, hubo dos toros que pudieron tener mejores trasteos, el primero y el sexto. Además del tercero, que pudo haber tenido mejor recorrido en la lidia y en la muleta. Pero vayamos sin más preámbulos al meollo de la cuestión. Si los toros de Saltillo poseen leyenda, historia, mítica y dificultad, ¿por qué solo son toreados por toreros que están muy alejados de los primeros puestos del escalafón y de la fama? ¿Será por la dificultad de torearlos y poderles? Pensamos que sí. La fiesta de los toros ha tomado unos derroteros que son los que presenciamos. Los toros difíciles que pueden dar verdadera fama a sus matadores no son toreados por los espadas que suman más contratos, que prefieren anunciarse con lo más suave, fácil y llevadero. Todo este planteamiento se puede entender, pero entonces surge el asunto de cómo se debe valorar a los toreros modestos que pechan con lo más duro, difícil, complicado y, en ocasiones, desabrido, porque cuando las corridas no salen buenas en la lidia de este ganado duro, sobreviene el fracaso, la crítica y la caída en el ostracismo. La afición a los toros no suele tener memoria, iguala en el éxito y en el fracaso a los matadores que matan lo comercial o lo extremadamente dificultoso. Desde este punto de vista, esta peculiaridad de la potencia humana que gobierna y mide las experiencias de la vida: la de su fragilidad en el recuerdo humano [no me acuerdo si te he visto], valida la decisión de las figuras del toreo cuando prefieren torear lo más dúctil, porque existe un porcentaje mayor de éxito y nunca sobreviene el verdadero fracaso. Con el toro comercial se puede sobrevivir sin sonados éxitos y con actuaciones mediocres, tarde tras tarde. Con el toro dificultoso el fracaso está a la vuelta de la esquina y se hace patente, aparte del peligro que conlleva ponerse delante. Las corridas duras «pasan factura» a sus matadores, les van desgastando, y sus toros «pesan», por su «gravedad», por la fatiga que hacen pasar.
De ese modo el porcentaje de valor que posee un matador, con las corridas duras disminuye en progresión geométrica, mientras el aminoramiento del mismo con las corridas usuales (con el toro de carril) sólo resta (el valor) en progresión aritmética. Desde este punto de vista, el mérito de los tres matadores de ayer es enorme, por el solo hecho de anunciarse con Saltillo (al margen del juego de los toros) porque conlleva un debilitamiento, una «erosión» en las fuerzas, un agotamiento de las capacidades que lima el valor y acelera el envejecimiento de cualquier trayectoria taurina o carrera.
Ayer Juan Carlos Venegas se presentaba a torear en Madrid sin haber toreado ninguna corrida en 2025 (serán muy pocas en toda su vida taurina). En su primero toro dio la sorpresa pues se le vio seguro y decidido. Ante un toro con buen son, pero listo, estuvo en la divisoria del acoplamiento. En ocasiones corrió bien la mano y llevó largo a Caramelo. En otras el astado equilibró la lucha al no dejarse torear y dificultar el manejo de la franela de Venegas. Alguno de los pases tuvieron verdadero mérito. Un éxito con este ejemplar de Saltillo (que pudo suceder y lo impidió la falta de rodaje de Venegas) hubiera sido un milagro. Tragó, aguantó y toreó en sus límites de lo posible. Mató de una estocada tendida y atravesada en la suerte natural. En el cuarto, un ejemplar en la línea de la renuencia que dan fama a los Saltillos, Venegas, muy poco toreado, estuvo a la deriva, pues no pudo con el toro. Aquí aparece la injusticia pues se le pasará factura a Venegas por no haber estado solvente con un toro que «pesaba», y que nos hubiera gustado ver en manos de, por ejemplo, de los que van a torear hoy, para comparar. Venegas mató en la suerte natural de una estocada casi entera, atravesada y tendida, más un descabello.
Juan Leal, no pudo poner en escena su toreo de cercanías y circulares. El toro de Saltillo no se lo facilitó. Tampoco el de Couto de Fornilhos. Al de Saltillo muy manso y distraído lo quiso torear en los medios. Se le salía de la suerte constantemente. Barbeaba la muleta y se desentendía de su mando. Finalmente, el toro tras recibir una estocada casi entera, delantera, caída, en la suerte contraria, se fue a morir al tres, a toriles, a la querencia, dejando la duda sobre si esos hubieran sido los terrenos más apropiados para meterle en vereda. En el quinto de Couto de Fornilhos, muy manso, Leal quiso hacer su toreo. Fue desarmado. Leal, despegado, quiso meterse en sus cercanías, pero ni a trancas ni a barrancas pudo conectar el torero galo con el toro portugués. Mató en la suerte contraria de estocada baja.
A Juan de Castilla se le vio sin confianza. Las cornadas le han ido mermando su seguridad. No está totalmente recuperado. En los dos toros hizo un esfuerzo por meterse en la tarea de torear. La lucha por conseguirlo se hizo más dramática en el sexto toro, de buena condición. En el tercero inició su labor con verónicas donde se vio esa limitación de posibilidades de Juan de Castilla. La faena de muleta comenzó de rodillas en los medios. Luego dio distancia al toro, pero no se hizo con su embestida, le falto frescura de ánimo. Estuvo maniatado por el recuerdo de sus percances recientes. Toreó con prisas, no corrió la mano en el terreno adecuado, se mantuvo por las afueras. No le salió saber enganchar al toro de delante hacia atrás, una característica de su toreo que no asomó en toda la tarde. Ni siquiera en los pases finales por bajo se impuso al Saltillo. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el sexto todo le costó un mundo. El toro era bueno pero «pesaba». Exigía. Había que entenderle y llevarle, disponer de valor y entrega, de coraje y suficiencia. A Juan de Castilla no le salió lo que pretendía, y estuvo alejado de lograr lo que el toro necesitaba. Mató de cinco pinchazos y de una estocada tendida en la suerte natural.
ANDREW MOORE

































































