lunes, 6 de julio de 2026

¡Y el Pichichi!


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


A estas alturas todos conocemos las reglas, y las cosas mundialistas apuntan a título para Argentina y a Pichichi (con Balón de Oro) para Messi, el Potele rosarino.


Nos lo olimos cuando anularon a Vinicius su segundo gol a Escocia, la de los once jugadores blancos. No fue el árbitro, sino el VAR, ingenio que es al fútbol lo que la IA es a la humanidad: su agente destructor. Porque, al contrario, por ejemplo, que el ajedrez, cuyas reglas son constitutivas (no hay árbitro), las reglas del fútbol son declarativas: las aplica un árbitro. Y los malos inventaron el VAR, artilugio que permite pasar del árbitro a la arbitrariedad, que siempre es política. Anular ese gol de Vinicius no fue decisión técnica, sino política, que el árbitro, pinche mejicano, aceptó, al contrario que el árbitro australiano del inexistente penalti de Kanté a Mbappé.


Con un equipo de destripaterrones por detrás (¡ay, aquel Brasil del 82!), Vinicius, el jugador con mejores estadísticas en Champions, no lleva mal Mundial (3 partidos, 3MVP, 4 goles, 0 tarjetas), pero los piperos insisten en canjearlo por Rodri y por Olise (¿el de Carreras o el de Mendy?). Contra Escocia, un platillo volante iba a abducir a Neymar mediada la segunda parte, razón por la cual trasnochamos arrullados por los trinos de los becarios de TVE, la Banda del Esférico, que hablan el pésimo español de la locutora que hace los quites. Luego el platillo resultó ser el VAR, y el abducido, un gol redondo de Vinicius. Con razón los que tuercen por España temen cruzarse con Argentina. Antes está Uruguay, en motín con Bielsa, maestro Ciruela del Relato español, con sus segurolos y sus gabilondos. Su estrella es Valverde, y para apagarla el cura riojano cuenta con Baena, al que pasean de alcahuete en alcahuete con su Cancionero para “telepollas” (Cela) insomnes. Lástima que en el Combinado Autonómico no haya jugadores del Real Madrid, pues, de salir mal la cosa, siempre podríamos culpar a Mourinho, que dice desear que los jugadores madridistas no lleguen lejos en el Mundial para poder disponer de ellos cuanto antes.


[Sábado, 27 de Junio]

En la muerte de Díaz Novoa



Francisco Javier Gómez Izquierdo


     La muerte de José Manuel Díaz Novoa me pilla en la Demanda donde la cobertura se reparte a cazos y a mi modesto móvil desde don pongo ésto, llega a cucharaditas.


   Servidor ya no estaba en Burgos cuando llegó Novoa, aquel señor que tanto admirábamos y que con Vega Arango y alguno más que no recuerdo pusieron en marcha la Escuela de Mareo. Nos cautivó el juego del Sporting cuando lo entrenó a final de los 70 y principios de los 80 y a mí me alegró cuando lo fichó el Burgos que no era el Burgos CF sino el Real Burgos que vestía de camiseta roja con una franja vertical parda a la altura de la tetilla.


    Del legado de Novoa en el Sporting no tengo aquí apuntes ni modo de buscar. Allí en Asturias le despedirán como merece y cronistas veteranos contarán bondades de un señor serio (serio, serio), formal y sobre todo discreto.

 

   Para mí queda una tarde de sábado o domingo en el 90 que me acerqué en tren a Sevilla para ver en el Sánchez Pizjuán y ante un equipo en el que jugaban entre otros Polster, Zamorano, Bengoechea..., una máquina acordeónica, equilibrada, alucinante para mí y el sevillismo presente que decía: "¿Es el Burgos o el Milán?".


   Era el Real Burgos rojipardillo de Elduayen, Villena, Gonzalo, Ayúcar, Juric... y sobre todo de Díaz Novoa. Ayúcar y Juric ensombrecieron el 1-0 de Polster con dos golazos combinativos dignos de Champions.


   No imaginan ustedes qué tarde tan formidable pasé. Aquella tarde y toda la semana presumiendo de mi equipo "Matagigantes". Inolvidable la victoria ante el Real Madrid con Juric en las vallas. De aquellos sensacionales días la culpa fue de Novoa con sus sensatos y sabios conocimientos de los secretos del fútbol.


    Se va un grande, un grandísimo hombre del fútbol español.  Un hombre que amaba este deporte como si fuera una vocación. Así me lo parecía.


    Descanse en paz. 

Lunes, 6 de Julio

 


El Gallinero

domingo, 5 de julio de 2026

Jefferson


Jefferson

Ignacio Ruiz Quintano
Abc
 

Cuando un pobre come raón ibicenco (antes, merluza cantábrica), uno de los dos está malo. Y lo mismo pasa cuando un comunista cita a un “Founding Father”: lo ha hecho Monereo, citando a Jefferson en el Parlamento, para pasmo intelectual de Pablemos y sus analfabetos.
 

¡Una Constitución debería durar lo que dura una generación!
 

Los comunistas, que fueron los primeros en traicionar sus propios cuentos, llevan cuarenta años de cucañistas del Estado monárquico, y en su tiempo libre juegan a la revolución, como quien juega al tresillo, en el Congreso.
 

Jefferson es un demagogo encabronado por la envidia al verdadero arquitecto de la nación americana, Hamilton, cerebro político, militar y económico de G. Washington. A Hamilton lo acusa de monárquico que quiere ser rey de América. Y a Washington (“carecía de ideas y de fluidez verbal”), de Rajoy chocho. Pero la demagogia sirve a Jefferson (terrateniente y esclavista) para ganar en la posteridad la batalla de la imagen a Hamilton (expósito y antiesclavista), quien, huyendo del parlamentarismo inglés y de la democracia asamblearia, crea con la Constitución del 87 la “democracia representativa”: las reglas de juego de la libertad política conquistada con el rifle (¡qué cosas, Lassalle!) por cada vecino (¡Segunda Enmienda!). Felizmente, Jefferson, en París, no participa en la Constitución, de la cual nunca ha entendido nada, y ¡en 1810!, en carta a un abogado virginiano, expresa la majadería que fascina a Monereo: la injusticia generacional que supone “gobernar desde la tumba”, y que lo ideal sería una Constitución cada 19 años.
 

Incapaz de concebir la democracia representativa cuya constitución se reduce a las reglas de juego (¡siete artículos!), Jefferson está, como buen demagogo, en la democracia ideológica que produce constituciones ideológicas: cartas socialdemócratas a los reyes magos más los dos huevos duros de Groucho que acostumbran pedir los chicos de Monereo. Lo que hoy tenemos en Europa.
 
[Octubre, 2017]  

¿Qué dice el NYT?


Muehlegg


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Que el “New York Times” repare en la devolución de unas medallas de Bellas Artes prueba que América vuelve por donde solía: al conquistador, al bandido, al bailaor y al torero, que son los “pedidos” que América hizo siempre a la inspiración española “¡A España le pedimos todo lo que sea fuerza o raza –le dijo a Pemán un productor de cine yanqui–. Comedias, no. Eso es cosa de matiz. Pero nos interesa mucho cuanto nos dé de conquistadores, bandidos, toreros, cante o baile!” La última vez que España salió en la prensa internacional por un par de medallas de oro fue cuando Juanito Muehlegg, aquel gol que le colaron a mi querida y futbolera Pilar del Castillo, devolvió las que se había llevado de Salt Lake City. Muehlegg era un esquiador y la cosa no pasó a mayores. Pero Camino y Tomás son toreros, y ahí el periódico católico patrocinado por judíos para chasquear a los protestantes cree haber dado con un hecho cultural, pues ya se sabe que la cultura pierde a los progres. “Eso no se lo espera uno de unos señores que matan toros”, dijo Bush al ver a Bono, el gamo de Iraq, huir al cuatro pies tendido por los arenales de la Mesopotamia. Y al cuatro pies tendido pretende Chacón, una ministra tan española que, según los castizos, si mordiera una esquina haría una taquilla de toros, huir ahora de Kosovo. Nuestros tercios huyen de las guerras y nuestros toreros devuelven sus lauros. Es natural que el NYT se haga un lío, pues “españolada”, que antes se traducía por “hombrada”, empieza a traducirse por “mariconada”, lo cual no es ni mejor ni peor; simplemente, embrollador. Para que lo entiendan en el NYT: según la publicidad, Tomás es al toreo lo que los Harlem Globetrotters al baloncesto, que sólo se exhiben en galas. ¿Es mezclable la actividad de los Harlem Globetrotters con la de Los Angeles Lakers? “En los mesones del centro es corriente ver a reyes y toreros comiendo gambas y tirando las cáscaras al suelo”, decía del Madrid de los 90 la corresponsal del NYT en la capital.

Domingo, 5 de Julio

 


Valle de Esteban

Azulea el camino, ladra el río

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera

 DOMINGO, 5 DE JUNIO


En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:


-Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.


Mateo 11, 25-30

sábado, 4 de julio de 2026

CCL Aniversario de los Estados Unidos de América. Euclides




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El 4 de julio, día de la fiesta americana, el algoritmo de Faceboock identificó “mensaje de odio” en la Declaración de Independencia… y la censuró.

    La Revolución americana es lo más subversivo que se despacha en el mundo: fue la única que se hizo por la libertad, una causa inconcebible (como la Segunda Enmienda que la sustenta) en Europa, donde todas las matanzas con buena prensa (Inglaterra, Francia, Rusia) se desataron con el pretexto de la igualdad. ¿Cabría mayor subversión hoy en España que una democracia (principio representativo en la sociedad política, principio electivo en el gobierno y principio divisorio del poder en el Estado)?

    La Declaración de Independencia es una cosa muy seria (a diferencia de la caricatura de la de los trileros catalanes): “Y en apoyo de esta declaración… comprometemos mutuamente nuestras vidas, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor”. Ernest Gellner, sin embargo, sostenía (hablaba para adultos) que esa Declaración es “uno de los documentos más cómicos y ridículos que se han redactado, pues afirma algo totalmente absurdo, a saber, que sus opiniones, que para un 99 por ciento de la humanidad resultaban ininteligibles, eran realmente ‘evidentes por sí mismas’”. ¿Por qué? Según Gellner, porque Jefferson tomó su cultura inusitada tan por descontada que la confundió con la condición humana en general. Y según Bertrand Russell, porque Jefferson “se rige por Euclides”, ya que el XVIII fue una búsqueda de axiomas euclidianos en la política.
    
La democracia representativa, que sólo es la garantía de la libertad política, vive acosada desde su fundación por la Constitución Federal, ahora con la ayuda de la propia izquierda americana, invadida por la peste europea de la falsa igualdad. Y sucumbirá. Mientras, con los algoritmos amaestrados para censurar, es natural que en las redes Jefferson suene a Céline, Hamilton a Sade y Sánchez a Euclides, o sea a hueco, como El Astronauta, un máquina, dicen, del algoritmo.
 

[Julio, 2018] 

CCL Aniversario de los Estados Unidos de América. En busca de Alexander Hamilton




Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural


    Habría divinizado Europa.

    Lo dice el relaciones públicas, y tantas cosas más, de la Revolución francesa, Talleyrand, el mismo que, allá por 1830, ya con la cabeza extraviada, oye que llaman a su puerta y exclama: “¡Si es Robespierre, que no estoy!”

    –Considero a NapoleónFox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.
    
Alexander Hamilton puso nombre a la invención más ambiciosa para garantizar la libertad política: la “democracia representativa”.

    –La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios –explica Tom Paine–. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar todas las extensiones de territorio y de población. En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia.
   
En España, país de “demócratas de toda la vida”, no sé de la traducción de ninguna biografía de Alexander Hamilton.


    Cuando llegué a la Universidad, en el otoño de 1976, todo el mundo hablaba de democracia, y, sin embargo, no encontré a un solo demócrata. Peor: América, el país de la epopeya democrática de Walt Whitman, donde para hacer una leva sólo hay que decir “democracia” (dos veces salvaron a Europa con ese reclamo) era el enemigo a batir.

    La triunfadora Revolución americana, la de la libertad de Montesquieu, no se mencionaba siquiera, y toda la energía se nos iba en los fracasos de la Revolución rusa, despachada en finas lonchas estalinistas como sacadas de lo narrado por Yuri Dombrovski en “La facultad de las cosas inútiles”, y la Revolución francesa, la de la igualdad deRousseau, ideología productora de mentiras (Bastilla, Varennes), corrupción (Directorio) y militarismo (Napoleón).

    La libertad de Montesquieu es incompatible con la igualdad de Rousseau, y eso lo saben los rusonianos, que siempre la han combatido en Europa.

    En la Universidad española no te decían que la democracia cabe en los siete artículos de la Constitución federal del 87. O en los ignorados ensayos de “ElFederalista”. Tocqueville constituía una lectura “protofascista”. Ni palabra, tampoco, de los panfletos de Tom Paine, salvo en la parte de la Revolución francesa, obra, después de todo, de un abate, Emmanuel Sieyes, y la chusma, es decir, del fanatismo y la violencia (escenas de caníbales”, para Saint-Just), frente a la grandeza humanística de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, mezcla, políticamente, del lirismo lockiano de James Madison y el pragmatismo hobbesiano de Alexander Hamilton, cerebro político, económico y militar de George Washington, para quien redactó la Carta de Despedida de 1796, y que en la decadente era de Obama ha salvado su cabeza de los billetes de diez dólares únicamente por el éxito popular del hi-hop de Lin Manuel Miranda en Broadway. Hamilton, antiesclavista radical (Lincoln lo fue de conveniencia) desde su infancia en el Caribe, iba a ser sustituido por la abolicionista Harriet Tubman, que pasará a “ocupar” el puesto del trapisondista ex presidente Andrew Jackson en los billetes de veinte dólares
.
    

Es inexplicable la poca atención que en América, hasta el musical de Miranda, ha prestado la industria del espectáculo a la figura (¡tan cinematográfica!) de Hamilton, hijo ilegítimo, siempre solapado en las listas de la popularidad por Jefferson, aristócrata y terrateniente, que, salvo por su amplia cultura, hoy sería un perfecto socialdemócrata europeo: populista (un día dijo que los granjeros eran el pueblo escogido por Dios, y al otro, que lo que necesitaban los colonos era leer la “Historia general de España” del padre Mariana), relativista (carecía de fe religiosa) y sentimental (amante, siendo esclavista, de la antigua esclava Sally Hemings, uno de cuyos hijos, Tom, iba por el mundo presumiendo de sangre presidencial). Jefferson es republicano (gobierno débil) y Hamilton, acusado de monárquico por sus enemigos, es federalista (gobierno fuerte). Todavía en una conferencia de 1982, el juez Antonin Scalia, nombrado por Ronald Reagan, invitaba a los conservadores a defender, con “los argumentos de Hamilton”, que el gobierno federal no es malo, sino bueno, y que el secreto está en utilizarlo sabiamente.

    Hamilton, hijo de escocés y francesa, no pudo ser presidente por no ser natural de América: viene del Caribe, aunque ha sido educado en la verdadera Ilustración, que es la escocesa (HutchesonHumeSmith).
    
Lector de Grotius, de Pufendorf, de Montesquieu, de Locke… –se declara, a los 17 años, en un panfleto.

    Para Carl Schmitt, Pufendorf es el epígono de Francisco Suárez en lo fundamental de la teoría del Estado, “y el propio contrato social de Rousseau no es más que una vulgarización de Pufendorf”.
    
Hamilton, arquitecto del Estado americano, llega a Nueva York (vivirá en el 57 de Wall Street) a los pocos meses del motín del té en Boston. Su teoría política se basa en sus clásicos griegos y latinos (DemóstenesPolibioPlutarco, leídos en sus lenguas originales) y en su experiencia militar.


En la reunión de Filadelfia para elaborar la Constitución presidencialista del 87 que sustituiría a la fracasada Constitución parlamentaria del 81, triunfa el proyecto de James Madison, que hace hincapié en “la felicidad del pueblo” (“felicidad”, la palabra más repetida por Paine en sus escritos, es, en la época, una forma de llamar a la libertad), sobre el de Hamilton, que hace hincapié en la fortaleza del gobierno (propone Presidencia y Senado vitalicios). En “El Federalista” defenderán juntos el mecanismo constitucional “checks and balances”, (¡la tercera ley de Newton!), controles y contrapesos, inspirado en Montesquieu, y que garantiza la libertad política de la nación. “Que la ambición vigile a la ambición y el ciudadano dormirá tranquilo”, resume Madison. Con el único fin de salvaguardar esa libertad, habían inventado la democracia representativa, que hacía posible la democracia en una “república geográficamente extensa”. La excepción histórica, el milagro político, la conjunción astral (cincuenta y cinco “semidioses” en Filadelfia, dirá Jefferson) de la libertad.
    
También la muerte, de héroe romántico, de Hamilton es cinematográfica: en un duelo (como su primogénito, Philip, y quizás para morir como él) con su rival político Aaron Burr, en un bosque de Nueva Jersey, porque el duelo es ilegal en Nueva York. Burr tira a matar. Hamilton, como su hijo, al aire.

    –Veo borroso –dijo.
    
Al recibir la noticia, Talleyrand, que había visitado a Hamilton en su puesto de secretario del Tesoro, donde creara el primer Banco de los Estados Unidos, recordaría su impresión ante la austeridad de aquel hombre que habría divinizado a Europa y que, tras sentar las bases del gobierno más poderoso (¡y vigilado!) del mundo, hacía cuentas a la luz de una vela, muerto de frío.


[Marzo, 201] 

Desde Burgos


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 

Es cosa probada que el fútbol tiene poder hipnotizador sobre las naciones cada cuatro años y a muchos nos gustaría que ese poder valiera para detener las guerras y hacer mejores a los hombres.
    El templo que era el fútbol, sin duda atractivo por imperfecto, entendible por cualquier cabeza humana, se ha llenado de mercaderes que saben mucho de TV, efectos especiales y perspectivas visuales. Presentan sus novedades en los Mundiales y en éste de América además de la consolidación del VAR y convertir en faltas graves las personas "baskistas" han decidido que los cuatro cuartos sean obligatorios, o sea reglamentarios, y han animado a los "referís" más pamplinas a sancionar aquéllo de los tres segundos en zona que a mí me sonaba a trafulla cuando de joven miraba el baloncesto. Por los tres segundos en zona, además de insospechadas carencias cayó Alemania ante Paraguay y por la misma nueva razón se anuló un gol a nuestro Cucurella que debió ser el primero ante Austria.


    Ando de feria en Burgos, muchos partidos no veo, y no tengo la relación de esas jugadas que público y locutores aceptan con tolerancia ovejuna, pero en el Croacia-Portugal se dieron lances que ese ojo de Dios en Televisión resolvió avizor en según qué lances enceguecido ante teatrales derrumbes.


   Llamativo "lo" de Alemania. Para mí también la caída de Holanda, selección por la que tengo querencia desde 1.974.  Todos vemos a Francia superior. España jugó con poderío ante Austria y me alegro del acierto de Baena en la izquierda. Baena es muy buen pelotero. Gasta mal encare, Simeone no le entiende, pero a mí parecer es jugador más completo que Nico Williams. Tío a tío, Portugal es temible. Capaz de ganar incluso a Francia pero le falta atrás más contundencia. La emoción y lo atractivo está en el lado izquierdo del cuadro donde espero una semifinal España -Francia. En el derecho, la Argentina de Messi va derribando los colosos que sibilinos estrategas han ido colocando en su caminar. Jordania, Argelia, la tremenda Cabo Verde... y espera Egipto para que Ancelotti se salude con Scaloni y Vinicius con Messi.

 

Sal por chanclas


Resano


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los expertos –un experto es cualquiera que no sea de la ciudad– miran al cielo en busca del fallo que ha convertido lo que debía ser una playa como la de Gandía en agosto, que era lo prometido por los calentólogos para esta Nochebuena en Madrid, en una cellisca digna del páramo de Masa, Burgos, en diciembre. “Preparados para la nevada”, rezaba la propaganda de la Comunidad, segura de que aquí no iba a caer un copo hasta la próxima glaciación. Con todas las miradas puestas en Copenhague, nadie vio acercarse al nublo. Este año, Madrid se lo ha jugado todo en Copenhague. Primero, con los olimpiólogos. Y ahora, con los calentólogos. ¿Navidad y nieve? Eso era así en el franquismo. Hoy sólo reconocen la Navidad cuatro gatos en la capital, pues Alicia Moreno se ha leído “Los errores científicos de la Biblia” y sabe que lo que se lleva es el solsticio de invierno, que no pertenece a nadie, salvo al viento. El que quiera Belén, que mire a la Esteban. El Belén niega el cambio climático con su disparate geográfico: pone ríos y nieve donde debían estar la palmera y la arena de Palestina. Pero nevó en Madrid... y ardió Roma. Los calentólogos son como aquel pícaro que don Pablos, el buscón, topó en el camino de Alcalá, que cabalgaba haciendo los planes para ganar Ostende para el Rey a base de secar con esponjas el mar. Eso, sí: “Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy honrada.” En la calle, todas esas madrileñas centenarias que tendrán lo menos noventa años, según la greguería de Helena Resano en un telediario, pedían ayer sal, pero en los almacenes municipales no había sal, sino chanclas. La sal saliniza el medio ambiente, protestan los “hippies”. La chancla, en cambio, además de ser respetuosa con la Naturaleza, que es el único respeto que hoy se cotiza, es el calzado que recomiendan los expertos para transitar por el abrasador desierto del cambio climático en diciembre.

Sábado, 4 de Julio

 


Valle de Esteban

Mar de la siesta

viernes, 3 de julio de 2026

Segunda novillada nocturna del verano. La prueba del algodón



PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Jueves, 2 de julio de 2026. Segunda novillada nocturna del verano madrileño. Encierro de novillos de López Gibaja (encaste Domecq, a través de El Torero). Desigualmente presentados. Nobles y mansos. Flojos y manejables. De mejor juego los tres primeros. Primero, alto y pobre de pitones, destartalado. El segundo, con mayor cornamenta, con armonía que se dice ahora. El tercero, armado, feble. El cuarto, sin fijeza. El quinto, endeble, con menor recorrido en la embestida. El sexto, largo, sin fuerza. Un cuarto de entrada. Noche veraniega en interregno (corrió el viento) entre cambios climáticos. 


Terna: Cristian González, de Guijuelo (Salamanca); de azul marino oscuro y oro, con cabos blancos; veinte años; veintitres festejos en 2025; silencio y silencio tras aviso. Juan Alberto Torrijos, de Linares (Jaén), de lila y plata; veintiún años; nueve festejos en 2025; silencio y silencio. Jairo López, de Guadalajara (México), de corinto y oro, con cabos blancos; veintidós años; un festejo en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras aviso. Jairo López se presentaba en Madrid.


Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y salieron sueltos de los encuentros o se repucharon. Se les picó, según norma de los varilargueros, traseros, a excepción del primero (tras la cruz, algo caída la puya) y del sexto (en la cruz). Fueron mansos, se dolieron en banderillas. Tras las varas desarrollaron manejabilidad los tres primeros; el primero muy castigado; el segundo poseía acometividad en la que no se pudo desenvolver, acabó huyendo a chiqueros; el tercero, obediente; el cuarto, sin fijeza, necesitó ser ahormado; el quinto y el sexto, acusaron flojedad que se trasladó a un pobre juego en las embestidas, a menos. Como ejemplo elegimos la suerte de varas realizada por José Ney Zambrano al primero. En ninguna de las dos varas fue puesto en suerte. Los hierros algo caídos, cercanos a la cruz. En la primera vara, Ney le pegó duro. El novillo sale suelto. En la segunda le pega y le tapa la salida, y sale suelto.




Dos venenos supremos existen en la vida que la condicionan (seguro que hay muchos más), la afición al fútbol y la afición a los toros. El primero de ellos sólo da disgustos (se sea del Real Madrid o del Bayern o del Milán), aunque se piense que no. El segundo de ellos aporta civilización, contacto con la vida natural, con la visualidad del arte y la posibilidad de la dialéctica (pegar la hebra, por ejemplo, con todo tipo de seres). Ayer noche la empresa de Madrid decidió hacer la prueba del algodón a la afición taurina madrileña, y el ensayo salió positivo porque hubo menos asistencia de público, pero no demasiada. La plaza de Las Ventas presentó un buen aspecto, con muchos jóvenes que parece huyen del veneno futbolístico. Digamos que la novillada estaba programada a la misma hora que el partido España-Austria de la fase de dieciseisavos del mundial de fútbol de este año, 2026. El partido se jugaba en Los Ángeles (Estados Unidos) y se podía ver en la televisión pública (con la amenaza de las monsergas de sus plúmbeos comentaristas, algunos de ellos mediante kazoo en sus gargantas) o por la plataforma dazn (con periodistas conocedores del tema del deporte del balón redondo o pelota). Cierto es que hoy en día existe la posibilidad de ver ese encuentro de manera casi inmediata, una vez acabado, porque será repetido en innumerables ocasiones por ambas empresas de comunicación audiovisual. Desde este punto de vista asistir a la novillada era ver un espectáculo que nunca más se podrá volver «a sentir», y el aficionado que acudiera (pasando con aprobado la prueba del algodón) dejaba abierta la puerta a poder ver a posteriori ese partido trascendental de fútbol de la selección española, ya sea en modo resumen o de manera completa; o no ver nada si ese taurófilo fuese enemigo del deporte que enfrenta a dos cuadrillas «de once mozos en calzones cortos» como dijera en su día Enrique Tierno Galván. Puedo añadir a lo anterior que igual que ayer no vi en directo los goles de Porro y de Oyarzabal, en su día, en junio de 1978, me perdí en directo, sin que hubiera diferido, «el gol de Cardeñosa», porque el profesor de Literatura Española de la Universidad Complutense (Santos Sanz Villanueva, un buen profesor) situó el examen final (en la carrera de Historia) a la misma hora del Brasil-España del mundial de Argentina, que me quedé sin ver (en Brasil, jugaba Zico; en España, Juanito), y sobre todo no poder «festejar» el gol de Cardeñosa (fino, elegante y quebradizo jugador del Betis).


Pasando a lo taurino digamos que los novilleros de ayer noche, ante novillos dóciles, no dieron un paso adelante (es verosímil que estuvieran pensando en el fútbol) ni pase en condiciones. Los aficionados que asistimos al festejo (incluido el público joven, que lo había) y que no estábamos pensando en el fútbol, sino en los toros, no pudimos disfrutar de nada reseñable de lo sucedido en la novillada. Materia prima hubo (novillos toreables), pero algo ocurre en el panorama de formación de la novillería que no habla bien de su aprendizaje, pues mostraron todos los vicios del toreo neo-moderno, toreo despegado, por las afueras, en faenas largas, eternas, de pasajes semejantes, sin un plan, sin un por qué. Observamos un hábito (no nuevo) llamativo, consistente en advertir que los novilleros toreaban peor con la muleta en la derecha (en redondo) que con la muleta en la mano izquierda (al natural); y no obedecía a la condición de las embestidas de los novillos (uniforme por ambos pitones) sino a un desarrollo de la manía actual de hacer todo el toreo con la diestra, que nos lleva a pensar que de tanto uso y abuso se ha deteriorado sobremanera, pues se torea con ventaja y con monotonía. Así, el torero cita con la muleta retrasada, en uve, para llevar al animal que lidia hacia las afueras, si es posible con la superioridad que aporta el pico de la muleta, mientras la pierna de salida de los pases se retrasa, y sin que exista remate o final de muletazo en cada uno de los ensayos del pase en redondo, que se convierte en un lance con desplazamiento del toro (novillo), con la intención de alejarle de cualquier jurisdicción y de todo tiempo de «encuentro». En fin, un galimatías de posturas y de fines. Más aún si el matador decide tumbarse según da los lances, abriendo el compás, doblando las lumbares (en distintos grados) y extendiendo el brazo para escaparse por la tangente. Nos encontramos ante una nueva geometría. Difícil de poner en práctica, de poco riesgo taurino y muy aburrida en su contemplación. Esto llevado en numerosas tandas de muletazos permite a la afición «pegar la hebra» en los tendidos, y a que los animales lidiados se puedan rajar (así le ocurrió al segundo novillo, «Dálmata», que como su nombre indica era sagaz y obediente pero no demasiado tonto) e irse de naja a tablas o a chiqueros, finalizada su misión.


En el toreo al natural estuvieron más de verdad los tres novilleros, puede ser porque no se han viciado tanto a la hora de experimentarlo o porque con la muleta en la mano izquierda sea más complicado adoptar geometrías planas no euclidianas. Volvemos a pensar que en las escuelas taurinas se encuentra la respuesta a tanto empleo de vicios y de trucos. Si entramos en valorar la actuación de los novilleros de anoche, hay que comentar que Cristian González, quiso torear con temple pero muy despegado, con la derecha, normativo a la geometría explicada más arriba, con la izquierda, más ortodoxo, sin redondear los muletazos. Terrenos del seis y del siete. A su primer novillo le aplicó en ese plan, un inicio por bajo, siete tandas de muletazos y manoletinas finales. Lo mató de pinchazo en la suerte natural y de estocada baja y atravesada en la suerte contraria. Al cuarto novillo le recetó seis tandas de muletazos sin llegar a ahormarle, ni tirar de la embestida del animal (era lo que necesitaba su falta de fijeza) sino enganchones, afueras y pico. Lo mató de un pinchazo bajo en la suerte natural, más media estocada desprendida en la suerte contraria y diez descabellos.


Juan Alberto Torrijos, a su primer novillo de embestida alegre lo ahogó. El inicio por bajo en terrenos del ocho fue de excesivo castigo, y en las tandas (seis) la distancia del cite fue escasa. Al natural le salió un toreo más largo en el trazo. El novillo acusó el hostigamiento y se rajó. Lo mató tras buscarle en la querencia del tendido cinco de media caída y perpendicular en la suerte contraria, más una estocada casi entera perpendicular en la suerte natural. En el quinto un atisbo de buen toreo con el capote en una media y un recorte de recibo. El novillo muy flojo llegó quedado a la muleta. El toreo se le planteó en terrenos del seis muy encima con la muleta retrasada y enganchones por ambos pitones. El novillo cabeceaba y se defendía. Lo mató de tres pinchazos en la suerte natural, el tercero caído y cinco descabellos.


Jairo López fue todo voluntad. Participó en quites (zapopinas y de frente por detrás), y recibió a porta gayola al sexto (tiró el capote al pasar el novillo) y repitió con larga cambiada en terrenos del diez (se zambulló en la arena porque el astado se le vino encima). Con la muleta, a su primer novillo lo toreó en terrenos del ocho, el comienzo fue de rodillas en el platillo, le administró siete tandas, con la muleta en uve y por las afueras en redondo. Mejor planteamiento al natural pero muy encimista. Vuelve a derecha para destorear retrasado el engaño; el novillo finalmente le come el terreno. Lo mata de dos pinchazos y media tendida y caída en la suerte contraria y cuatro descabellos. En el sexto desplegó todo su toreo envarado en terrenos del nueve en cinco/ seis tandas. Inicio de rodillas. Después tumbado, despegado y empleando pico en el toreo en redondo. Al natural más ajustado (a veces enganchones) para sacar lo mejor de la tarde con el compás abierto, tumbado, con algún lance templado, más circular invertido y muleta arrojada a la arena. Lo mató de pinchazo y estocada caída y tendida en la suerte contraria. 


El contenedor de Exteriores. Ofertas del día

 


Lámpara Napoleón III



Sita en Calle de José Ortega y Gasset, antes Lista


Solanum tuberosum, traída de América por los conquistadores, de la
variedad voyager, comercializada por El Reino de las Patatas



Y como abalorios para el intercambio del que nos hablaron los cronistas, bolsos hobo, clutch, baguette, bucket, shopper o tote

Neumáticos


Galbraith


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los túneles de la risa, así llamados porque una risa tonta es la respuesta oficial a la pregunta de quién los va a pagar, han reducido en diez minutos los viajes al centro de la capital. ¡Diez minutos! Eso es bastante más de lo que los ingenieros de Briattore le están ganando al R-28 de Alonso, y tampoco se crean ustedes que los ingenieros de Briattore salen más baratos que los ingenieros de Mi Maleni, esa extravagancia del zapaterismo que viene dando a Madrid trato de “provincia traidora”, con lo que eso supone en tiempos de crisis. Contra la crisis, precisamente, el zapaterismo ha desplegado la vis cómica, como de túnel de la risa, del ministro Sebastián, dispuesto a reducir un diez por ciento el consumo de gasolina por el simple procedimiento de quitarse la corbata. Pero, ante la crisis, no nos esconderemos tras de las matas: ponemos a disposición de Gallardón el plan que Galbraith, hombre de progreso, a las órdenes de Roosevelt, hombre de más progreso todavía, puso en marcha en los Estados Unidos para reducir el consumo de neumáticos. Los japoneses habían bombardeado Pearl Harbour y se disponían a saquear las plantaciones de caucho de Malasia e Indonesia. En América necesitaban del caucho incluso para los condones de la tropa. Galbraith racionó los neumáticos, reservándolos para personal sanitario, transporte público y otras necesidades insoslayables. Al ir a entrar en vigor el edicto, Galbraith recibió una llamada personal de Roosevelt, que preguntaba, y esto no le entrará en la cabeza al laicazo de Zapatero, qué idiota de nacimiento había supuesto que los ministros del Señor no eran una necesidad esencial. ¿Acaso no había oído hablar de los baptistas del Sur y de su impacto político? En un par de días los ministros del Señor pasaron a ser de importancia esencial. Como medida complementaria, Galbraith impuso una velocidad máxima de treinta y cinco millas por hora en las carreteras del país para reducir el desgaste de los neumáticos. Todo el mundo estuvo de acuerdo, menos el gobernador de Tejas, que argumentó: “Doctor, aquí, en el Estado de Tejas, cuando se conduce a treinta y cinco millas por hora... ¡no se llega nunca!” 

Viernes, 3 de Julio

 


Valle de Esteban

como los ojos de las olas / como las hojas de los ojos

jueves, 2 de julio de 2026

Amanecer en la Milla de Oro

 













...

Del liberalismo a la madrileña

 


Club Liberal

"Nenikékamen!"


Rafael el Gallo


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La liberación del atunero de conveniencia “Alakrana” ha hecho gritar unánimemente a los españoles: “Nenikékamen!”, en la lengua del soldado de Maratón. Para nosotros, aquel soldado es María del Carmen Chacón Piqueras, “Carme Matamoros” para el mulá Omar, el loco de la moto, que la censura –le tapa la cara con un rombo– en su revista “InFight”. Ni cuando lo de Lepanto se había visto regocijo igual. “Nenikékamen!” Es decir: “¡Hemos ganado!” En Madrid, los autobuses municipales llevaban ayer un lazo rosa en el frontis. Suponemos que los tanques militares también. La alegría que entraba a los españoles al ver caminar por la calle a Rafael el Gallo les ha entrado al ver a Zapatero manejar el Estado de Derecho con la ayuda del sindicalismo vertical, cuyo lema contra los piratas del Índico, “Que no se aprovechen de la crisis”, es el mismo que, por culpa de la crisis, se va a utilizar contra los empresarios en las calles de Madrid. Ahora hay que deshacerse de los piratas, que son un marrón. Si se les hubiera pegado un telefonazo desde el bar “Faisán” en Mogadiscio, no estarían aquí. Pero están aquí y Zapatero no es Bush, que tenía un Guantánamo. La solución, una vez más, está en los toros. (Ortega: si quiere saber cómo está España, vaya a los toros.) Uno ha visto en Las Ventas a un toro de Hernández Pla pasar por debajo del peto del caballo como gato por gatera: presidía el Pajarita, y no lo echó al corral. ¿Pasaría Wally por debajo del peto del Código Penal? Porque el temor es que Wally, una vez en el banquillo, haga la pregunta de la Esfinge y Otegui, el hombre de paz: “¿Esto lo sabe el fiscal?” Nada, nada. Que Wally y su colega se marchen por debajo del peto. Total, con el Sitel de Rubalcaba, el gran tenebroseador, van a estar siempre localizados, por si tuvieran que firmar algún papel de barba. Y después, con una mopa y un cubo, a limpiar con María del Carmen Chacón las costas de Somalia como Pompeyo limpió las de Cilicia. ¡Y que nos quiten esta alegría! 

Jueves, 2 de Julio

 


Cucu

miércoles, 1 de julio de 2026

El negro de Telemadrid


Celestino y Cándido


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Con cuatro millones de parados (uno por cada jinete de este Apocalipsis españolazo y laico: Zapatero, Corbacho, Chaves y Méndez) al galope tendido, el sindicalismo de clase no ha encontrado mejor medio de protesta que dejar en negro a Telemadrid, que es la única TV que habla del paro en la España de ZP (Zimbabwe Paradise). A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar. Ahora que Aznar tiene todas las papeletas para comerse el marrón del Gal de Gonzalón, no estaría de más que Aguirre se comiera el del paro de Zapatero, el tipo que dice que lo peor de la crisis ya ha pasado, pero sólo para consolar al millón de parados a los que ya no alcanza la sopa. ¿Y si dejáramos en negro a Telemadrid? Dejaríamos a la derecha sin los actos del 2 de Mayo, y al madridismo, que viene a ser lo mismo, sin los goles del Bernabéu. Quien más, quien menos, todo el mundo pensaba que el resultado sería al revés, con el consiguiente disgusto para los culés del partido, como Zapatero, Garzón o Pepiño Blanco, que luego, ay, acabarían gozando a lo Joan Joel con el tablao del Bernabéu donde Casillas cantaba: “¿No hay quien me pegue un tirito / en mitad del corazón?” El fútbol futbolero del Barça es como el teatro teatrero de Pirandello: la trampa y el queso. La ratonera barcelonera apesta a literaturismo de viejo, a efectismo y truco aparente de José Luis el Brillante, a trasnochado naturalismo real. Pero los culés creen que sólo por haber ganado en el Bernabéu a un equipo de viejas glorias ha cambiado la tortilla, que es lo que, negándose a conducir el auto, le dijo el chófer a la marquesa el día que legalizaron al PCE: “¡Es que la tortilla ha ‘dao’ la vuelta!” “La tortilla habrá dado la vuelta –repuso la marquesa–, pero no olvide que yo sigo siendo el huevo.” Por eso, yo de culé no me quitaría todavía el braguero con que han andado todo el año: no parece aconsejable quedarse con la culera al aire, cuando el que viene por detrás es el Madrid. 

Miércoles, 1 de Julio

 


La Milla de Oro

martes, 30 de junio de 2026

España, 2026. Exterior de los Asuntos

 


Exterior de los Asuntos

Memento mori



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La oferta de libros en el escaparate de mi barbería es “El arte de la guerra”, de Sun Tzu, y “Memento mori”, de Téophilo Espinoza, prueba de que el barbero de la esquina tiene más contacto con el Mundo Real que todos los periodistas del Mundo Libre juntos.


La confianza en las noticias –dice la BBC– ha caído al mínimo histórico; en el Reino Unido, a un 30 por ciento.


El público cree que, viniendo de la BBC, el número real será mucho más bajo. Los chinos se burlan de nosotros porque vemos los noticiarios; ellos, pueblo práctico, saben que sólo son comederos de propaganda. El periodismo oficial siempre fue la rama del Poder que se ocupa de hacer que todos los atropellos del Estado (que en España es el Gobierno) parezcan un accidente. Un hombre sin información es un hombre sin opinión, reza su trisagio el liberalio, cuya libertad, dice, es como respirar. Pero, en palabras de Edawrd Sapir, lingüista germanoamericano, hay maneras corteses y descorteses de respirar (“There are polite and impolite ways of breathing”): nuestra respiración se altera con las malas noticias igual que con las buenas, por lo que nuestros gobiernos ya se ocupan de dejarnos sin noticias, cosa que suele atribuirse a los proverbiales bajos sueldos de los periodistas. JFK propuso una explicación del materialismo histórico, consecuencia, según él, del salario miserable que los propietarios del “New York Tribune” pagaban a Marx por su corresponsalía en Londres, que no era el de Starmer, al que acaban de enviar a la Torre.


Curiosamente, en el Mundo Libre la confianza en las noticias y la legitimidad de los gobiernos caen de la mano, como se aprecia incluso en España, esa isla del Mundo Libre. Oímos, por ejemplo, que los holandeses están construyendo campos de concentración para los rusos, pero aquí preferimos enredarnos con el pasaporte de Begoña, la del gerente de Soros en España, cuyos escritores se enfrascan en el concepto de “persona jurídica”. “A ver, abuelo, ¿qué es una persona jurídica?”, preguntaban los chuscos al amigo de Pemán en el casino. “Na, hijo –contestaba él–; una persona que no tiene educación ni vergüenza”.


Holanda, o como quieran llamarse, es el país de Rutte, el bedel de la Otan que fantasea con traernos a la UE, encadenados con la magia del Artículo Cinco, a los rusos que Napoleón, con medio millón de tiorros, y el pintor austríaco, con tres millones, no pudieron coger.


Los escritores a sueldo –avisó Madame de Staëldepravan la opinión pública más de lo que se depravaría cuando la única comunicación fuera la palabra y cada cual se formara su opinión a partir de los hechos.


Lo de Holanda nos compromete por la letra del “Wilhelmus”: “Un príncipe de Orange / soy, libre y valeroso / al rey de España / siempre le he honrado…”


[Martes, 23 de Junio]