¿No hay en El Vaticano un Iván Redondo que haya leído el Evangelio?
[Abril, 2019]
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
¿No hay en El Vaticano un Iván Redondo que haya leído el Evangelio?
[Abril, 2019]
Sus Otanidades Felipe y Guerra en Moscú
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Agarrados, como estamos, al “triste rabo de Europa” (así nos vio Antonio Machado en sus versos a Grandmontagne), si uno vivió el troleo socialista del 86 con el referéndum Otan de Gonzalón, es imposible luego tomarse en serio nada de una organización que puede ser dirigida hasta por un Solana, y no cualquier Solana: el Solana que en las redadas policiales en la sede de la Junta Democrática suplicaba (sin éxito, como el democristiano “Sor Citroën”) ser conducido, “como los demás”, a presencia de Saturnino Yagüe en la Puerta del Sol; el pilarista y becario de la Fulbright que llegó a ministro de Cultura sin saber distinguir los números ordinales de los números partitivos; el Lutero con piñata “Carlomagno” que redactara las “50 razones para decir no a la Otan”.
–Rusia ataca Mariúpol con fósforo blanco letal e ilegal para vengarse de Eurovisión –titula un medio liberalio.
En el 99, por estas fechas, la Otan de Solana atacó de noche Yugoslavia, sin permiso de la Onu, con uranio empobrecido, y tan a ciegas que acabaron dándole a la Embajada china, no sabemos si para vengarse de Eurovisión, celebrado aquel año en Jerusalén, y ganado por Charlotte Nilsson con “Llévame a tu cielo”, en representación de Suecia, país que con Finlandia se apunta ahora a la Otan, circunstancia que podría aprovechar el sanchismo para pedir la adhesión al Tratado de Ceuta, Melilla y Canarias.
–Estados Unidos nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la Otan se harían con Canarias –tiene dicho Otero Novas, el Bolaños (sólo que con lecturas) de Suárez.
Los veteranos del 86 nos imaginamos, pues, la Otan como un negocio que depende menos de sus directores (ahí está Solana, y para el futuro no descartemos a Sánchez) que de sus enemigos (ahí está Rusia). La condición de “enemigo”, como la de “fascista”, no la elige uno, sino los demás.
–¿Cómo mantener viva la distinción entre amigo y enemigo en una situación nuclear de aniquilación que desdibuja a la vez la distinción entre guerra y paz?
[Mayo, 2022]
Vicente Llorca
La había encontrado en unas páginas del formidable Roumeli, el libro de viajes por las montañas del norte de Grecia de Patrick Leigh Fermor, el errabundo escritor inglés que había viajado a pie antes de la Segunda Guerra desde Amsterdam hasta Estambul. Y que, asentado durante unos años en Rumanía y el Egeo, había protagonizado luego una paciente resistencia griega a los nazis y la novelesca captura del general alemán Kreipe en las alturas de una Creta ocupada.
Terminada la guerra, y su trabajo como agente británico, se había asentado en el Peloponeso, en una aldea de nombre homérico: Kardamyli. Desde donde emprende al menos un par de regresos melancólicos por la Europa de los Balcanes que él había conocido antes. El más triste, desde luego, un retorno a Valaquia para reencontrarse con su antigua amante, la princesa Balasa Cantacuzene con la que había vivido algún verano tórrido entre una isla griega, el palacio de los Bibiesco y la aristocrática mansión de los Cantacuzene en Baleni, en la antigua Moldavia. (“La laberíntica mansión aún permanecía y era un lejano refugio, muchas millas distante de cualquier lugar: de belleza, inteligencia, originalidad y amabilidad”, había anotado en sus recuerdos. Ella a su vez le había escrito antes para comentarle de la desaparición de la mansión. Y de todos sus habitantes). Nada de aquello resta a su regreso, en una devastadora posguerra socialista. Y su antigua y exquisita amante rumana pervive ahora –junto con su hermana, la encantadora Helene Donici- en un triste ático de la ciudad de Duviosa, un suburbio de corte soviético, dando algunas clases de inglés y francés.
Algo menos melancólico era el recuento de una Grecia, que él conocía bien, que efectúa en este libro, Roumeli. Era una descripción de los agrestes parajes de los montes de Kravara y de sus arriscados habitantes, los pastores sarakatsáni que contemplaban el llano, abajo, -y las campañas bélicas que culminaron con el derrocamiento del rey Jorge- con un cierto escepticismo, desde su precaria habitación entre las peñas. Que sólo cabras, lobos o águilas grises frecuentan. O los escasos monjes que perviven entre las cumbres -y las ruinas- de los monasterios de Meteora.
Pero en algún momento Leig Fermor había regresado a Atenas. Y en la ciudad, que le había entusiasmado en tiempos, había percibido los signos de su desvanecimiento, detrás de una modernidad que igualaba todos los escenarios. Apenas ninguna de las antiguas tabernas, o los tabancos de comida del barrio de Plahka, pervivían. Y en su lugar se habían alzado unos establecimientos modernos, amplios y ordenados, que las filas de turistas asediaban, en pos de una comida supuestamente griega. “Cada vez que regreso -apuntaba en otra página- es para encontrarme con la desaparición de otro ramillete de cafés, tabernas, restaurantes y librerías; lugares que hasta el momento parecían tan firmes como pirámides”. Pero, bajando a continuación hacia la costa del Peloponeso, advertirá que en los pueblos -de los que ha realizado una idílica descripción con anterioridad, generalmente en torno a la reunión que en la caótica taberna sobre el puerto tenía lugar a las tardes- se están transformando también. Y en lugar de la ruidosa taberna surgen ahora unos locales luminosos, ocupados por los viajeros del continente y redecorados con los restos de unas barcas que ya no salen del muelle. Los antiguos y apergaminados bebedores de ouzo han sido arrinconados, comenta. Y, aunque esta transformación es aún incipiente, la lucidez del escritor alcanza a dibujar un escenario que los años venideros no harán sino confirmar. Los horrores de la guerra y la ocupación alemana aún se recuerdan en los Balcanes. Pero, apunta: “Sería triste que Grecia siguiera el camino de Italia y el sur de Francia”. Para añadir: “Dejemos que sus dirigentes vean lo que los últimos cinco años han hecho de la costa sur de España. Y que tiemblen”.
En otro lugar, más adelante, seguirán las formidables páginas sobre las montañas del norte, sus altivos habitantes, el recuerdo de la larga ocupación turca. O una velada inolvidable en una aldea camino de Albania, donde el hijo del pastor entona una lenta canción que al inglés le parece que nombra, sin aquél saberlo, toda una larga historia. La historia heroica, triste, terca y ruinosa de la formidable Grecia, cuya melancolía ya había advertido en las páginas anteriores.
Y no culpemos más de lo de Guzmán el Bueno a los benimerines, como impone la Comisión de la Verdad, ya que al chico lo mató el infante cristiano Don Juan, hijo de Alfonso X el Sabio y nieto de un rey santo, Fernando III, según el “Compendio de historia de España”, 1890, de Moreno Espinosa. “Hispania Aeterna!”
[Julio, 2018]
–Al verraco yo le metía una cesta de vendimiar por la cabeza y no se movía.
[Febrero, 2014]
Lo que pides a Burgos para tu cumpleaños en Amazon
Lo que te llega a Madrid
Knocking on Heaven's Door
Hughes
Pura Golosina Deportiva
Vi el partido en diferido. Cuando lo veo así, paso las típicas tardes huidizas en que trato de no ver nada, ni hablar con nadie. Esta vez me pilló en una residencia de ancianos, y fue más fácil. No ponían el partido, ni había transistores. Cuando yo esté (si llego), por favor, que tengan Movistar. No sé si me llegará la pensión. Yo creo que no. Me consolaría ver al Madrid, aunque de fondo siguiera Carlos Martínez...
Mou rotó, y no estaban los del toque, Arda y Bernardo (que se mordía las uñas, un poco nervioso, señal buenísima), pero a cambio entró Trent, que es un escándalo. De tan bueno que es se hace problemático. Lleva las medias a media altura, y con esas piernas finas, en mi cerebro tardoochentero se me figura un Gordillo con toque de Michel. Ese lado gordillesco, de correr la banda, que no es lo suyo, se le notaba más hoy. Estaba mejor Trent porque todos están mejor. Mou ha conseguido la espabilación general.
El equipo le buscaba mucho al principio. Hubo un pase excelente, pero excelentísimo de Huijsen. Eran los dos mejores ‘tocadores’, eso que se dice ahora, los jugadores “con pie”, como si los otros tuvieran muñones. Se supone que en esa categoría lisiada estaba Camavinga, que estuvo estupendo. Camavinga está centradísimo, entra y sale de las jugadas con las ideas más claras, y si uno mira de lejos recuerda más un Davids que al mismo Camavinga dubitativo del año pasado.
Camavinga es un caso extremo de clarificación, de la clarificación de roles que ha logrado Mourinho. Él y quizás Bellingham, algo previsible en el entrenador que tuvo a Lampard.
De esos minutos de tanteo con Trent fuimos pasando a otros de aparición de Bellingham, cuya corpulencia y braceo no se han visto desde Redondo.
Pronto el Madrid estaba en la posición que uno espera en casa: atacando el dichoso bloque bajo, o sea, como un escultor ante el bloque de mármol. Presionaba el Madrid arriba y el público malaguista, que había y mucho, celebró con olés salir del área, todo un hito.
El Málaga, con un fascinante Izan Merino, tiene en sus jugadores algo muy representativo. El conjunto boquerón, creo que se decía antes, como a los de Ceuta les llaman caballas.
Pasado el cuarto de hora, llegó el primero, un golazo de Bellingham, hecho un talgo: recoge la pelota, se va de uno, de otro, y coloca. Alguien pidió falta pero los jugadores malacitanos parecían infantes a su paso labrado.
¿Por qué a veces malagueño y otras malacitano?
Si yo fuera de allí, de la ciudad del paraíso, creo que preferiría malacitano. Antonio Banderas, con su bolsito de señor, se hacía malagueño.
En el 1-0 hubo un instante de duda arbitral, de posible VAR, y en Mou asomó una divertida cara de ira sofocada a duras penas.
Mourinho y sus suetercitos luciendo ese ligero descuelgue pectoral, de la tetilla, ese otoño pectoral... pero ¿qué sentiríamos si Mou fuera en plan De la Fuente? Creo que su sabiduría exige eso, estar así.
Hubo una jugada espectacular en la que el Madrid tuvo, digamos, rutilancias galácticas: Trent pegó un patadón, pero hasta los despejes le salen geniales y se convirtió en un pase que Mbappé controló casi perfectamente. O sea, cualquier pedrada de estos jugadores, uno u otro la salvan, la remedian, la aurifican...
Se ve también ahí que el Madrid, como equipo, está afilando el cuchillos de los contragolpes.
Era un sopapo tras otro y en el 25 llegó el 2-0, Bellingham llegando de cabeza al rechace de una acción de Mbappé, algo que veremos muchísimo. Jude va a ser el coche escoba de mucho de lo que produzca, deje, suelte, se le caiga a Mbappé...
La finura, los del pie, eran Trent y Jude, sin olvidar a Huijsen, que dará alegrías a los que apostamos por él. Si lo hubiéramos hecho de verdad, o sea, poniendo dinero, creo que veríamos un pellizco este año.
Y de Trent llegó el tercero, que se fabricaron él y Mbappé, en paredes sucesivas: toma, dámela luego, pónmela así, algo que hace mucho Mbappé, ponerle el balón al que le tiene, a su vez, que ponerle el balón, activar a sus asistentes...
Marcó el gran e histórico Mbappé y en el palco lo celebró Ester Expósito, su novia y, más importante, sobrina del tron, aunque las miradas del cronista, que rara vez se desvía del fútbol (su profesionalidad o, en este caso, su amateurismo es un sacerdocio), se fueron a la amiga, asomando el eros añejo o machucho.
Menos mal que Mbappé no sabía “atacar los espacios”, como se llegó a leer (el castigo neuronal a la larga de leer estas cosas...).
Vimos a Vini tapando banda, ayudando al lateral, vislumbres de su posible etooización.
Con 3-0 a la media hora, ¿habría tensión? ¿se relajaría el Madrid? La idea de mantener la excelencia, la voluntad, si uno se fija, ya nos choca, nos parece una cosa como prusiana y decimonónica, un vestigio de otra economía de las cosas.
Otro Madrid se hubiera ido desdibujando, entreteniendo, entrado en una larga pájara o en un correcalles, pero el de Mourinho mantuvo un grado aceptable de compacidad (de ser compacto) y un ánimo combativo.
Los mediocentros, los pivotes, el 6 y el 8, Valverde y Camavinga, se iban convirtiendo, se están convirtiendo en otra cosa. No es el toque lo suyo, es el tacle, el tackling. Son como dos segadoras locas, dos sierras mecánicas sueltas en el medio campo, cortando todo. Brillan en eso, pero cuanto más brillan más subsumidos están en el conjunto, en el todo, como si entregaran su individualidad, sus veleidades, sus pinitos de antes, a la idea del entrenador.
La primera parte se cerró con una odisea de Brahim que, como casi siempre, casi llega. Parecía un vespino napolitano dando pequeñas arrancadas y frenazos.
La segunda fue otra cosa, todo más flojo, pero todo en su sitio. Sólo hubo un par de instantes en que Camavinga hico una cosa rara, como si volviera al pasado y, con él, nos quisiera meter a todos. En la mente de Camavinga, en su concentración, está la temporada. Si Mourinho domina esa cabeza, si centra a ese chico, ¿qué se le puede resistir?
En el Madrid hubo todo el tiempo una buena circulación sin manierismo, hija quizás no tanto del toque como de la buena colocación. Y siguió habiendo presión. Belligham parece el más interesado, quizás egoístamente porque es quien más saca de ella; por ejemplo, su tiro al palo en la segunda mitad. Sería un golpe maestro de Mou: “Mira, Jude, si presionas como un loco, si de alguna forma haces de intermedio y transmisor entre las dos segadoras locas de detrás y los de arriba, si lo consigues, si los contagias, el 51% de lo que obtengamos será para ti, para tus goles”.
Así, el Bellingham goleador sería compatible con el más abnegado mediocampista, una cuadratura del círculo que podría lograr Mou o José, como muchos mourinhistas han decidido llamar a Mourinho.
Hubo cambios. Vamos confiando motrizmente en Diomandé, locomotrizmente en él. Es más bailarín que tarugo, desde luego. Deja una maravilla un día, otra al siguiente...
Salió Valverde con aplauso de Tchouameni (el realizador parece, por fin, de Real Madrid TV) y entraron Bernardo y Güler, que marcó el cuarto tras gran asistencia de Vinicius. Yo creo que todos dedicamos el gol al torturador comentarista Maldini, que había dedicado su jornada laboral a repetir la frase “no le sale nada a Vinicius”.
Pero este año, el fútbol no acaba con el partido. El fútbol sigue en las ruedas de prensa. Mourinho habla y en cada frase pule la obra y nos va entrenando a todos. Cada cosa que dice es un concepto. Ahora meteré esta croniquilla, que ya se ha hecho muy larga, y me iré a la cama (es tarde ya) con pinganillo para escucharle. Las palabras del míster me llevarán al orden y luego, dulcemente, al sueño.
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Arrancó la Liga (¿quién lo diría?), donde toda la ilusión del madridismo está puesta en José Mourinho, dueño de eso que Paula llamaba “personalidá”. “In Mou We Trust!”
Con la Liga tebana le pasa a uno lo mismo que a Jardiel con las chicas de Hollywood, que nunca sabía si habían pasado por la acera veinte mujeres o la misma mujer veinte veces, y del perezón que nos produce semejante descalzaperros competitivo sólo nos rescata la acreditada personalidad de Mou.
Ruano le dio muchas vueltas al fenómeno de la personalidad, para llegar a la conclusión de que el papel que nos dan los otros en la gran comedia humana influye de una manera enorme y es muy difícil ir contra él. Con frecuencia, explicaba, encontramos también cómodo jugar varios y opuestos papeles a gusto de cada público. Unos nos quieren porque “han descubierto” que tenemos un fondo infantil y tierno. Otros nos admiran porque somos complicados y diabólicos. El camino más corto suele ser no llevar la contraria. Nadie perdona haberse equivocado. Habrá que ser infantil y demoníaco según entre qué público estemos. En el caso de Mou, infantil con la prensa y demoníaco con los negreiros, que ahí siguen todos, tan ternes, como el dinosaurio de Monterroso.
–Bueno, bueno, pero entonces ¿qué es la personalidad?
–¿La personalidad? Yo creo, amigo mío, que es una versión. Una versión que dan los otros, y que el ser humano, más o menos, acaba por aceptar.
¿Xabi Alonso no tenía personalidad? No, Xabi Alonso tenía leotardos y unas New Balance como las del pepero Casado, y así no se puede dar rienda suelta a una personalidad. Por Ihering sabemos que el mundo romano, de donde venimos, no estaba hecho para los caracteres débiles, mientras que hoy (y esto lo dice Ihering) “el derecho los protege desde el nacimiento a la muerte, como si fuéramos seres inválidos”. En el Derecho romano antiguo quien se encuentra oprimido es porque se ha dejado oprimir y quien ha sido engañado es porque se ha dejado engañar: un hombre nunca debe dejarse engañar ni oprimir, y esa idea constituye la esencia profunda del sentimiento jurídico romano.
–A una personalidad que llegaba a imponerse se le consentía lo que nunca se hubiera permitido a los demás.
Hay que tener mucha personalidad para aceptar sin tirar el templete un arranque liguero como el que el Sistema le ha organizado al Madrid: cuatro partidos en trece días, con la pretemporada todavía haciéndoles bola a los futbolistas, que hay que ver a ese Vinicius, que volvió de las vacaciones hecho un Hazard. Cuatro partidos en menos de dos semanas obliga a los jugadores a dormir en el autobús, y a Mourinho, a convertirse en un Steve Jobs, de cuyos ingenieros, atropellados por los horarios, se divorciaban, víctimas del estrés, todas las esposas, conocidas en sociedad como “las viudas de Apple”. Aquí serían “las viudas de Valdebebas”, y tampoco estoy muy seguro de que una modesta Liga española valga la pena de un divorcio. (Recordemos lo que Ronaldo le dijo famosamente a Florentino: “Presidente, si yo estuviera casado con una mujer como la de Figo tampoco saldría de casa”).
–Chicos, quiero confesarles algo –dijo Guardiola hecho una Rocío Jurado (“Se nos rompió el amor / de tanto usarlo”) a sus discípulos en el City–: estoy divorciado de la mujer más hermosa de su planeta, mi esposa, mi ex esposa. La amo muchísimo, pero perdimos la pasión. En sus vidas, hagan lo que hagan, háganlo con pasión. No quiero buenos jugadores, quiero jugadores con pasión.
Total, que Vinicius, para estar bien, tiene que dejar el pan, pero no a la novia, que este año tenemos puestas todas las esperanzas futbolísticas en el “locurón” para la vista de esa línea de ataque Mbappé, Vinicius y Diomandé. ¡Diomandé! Como diría Churchill, “la democracia es llamar a Diomandé por teléfono a las cinco de la mañana y que sea Mourinho cantándole ‘Je t’aime… moi non plus’ en el perfecto francés de Gainsbourg”. Lo demás, sólo literatura mala de esos fosfenos del antimadridismo, que diría Escohotado, que la ciencia pipera cataloga en valdanos, relaños, maldinis y demás yerbas.
[Sábado, 22 de Agosto]
La pena es que el bulo del teléfono colgado estuviera ya quemado con la llamada de Trump a Turnbull, el primer ministro australiano, con lo bien que nos vendría hoy, para impresionar en el juicio a Mas, un “Mariano cuelga el teléfono al presidente de los Estados Unidos”.
[Febrero, 2017]
DOMINGO, 30 DE AGOSTO
En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y dijo a Pedro:
-¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios.
Entonces dijo a los discípulos:
-Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Mateo 16, 21-27
Hay mourinhismo (blanco) para mucho tiempo, dicho sea para disipar el temor de Pedro Ampudia de que Mourinho pudiera ser un Ethan Edwards (“Centauros del desierto”) eternamente crepuscular, tras el que siempre se cierra una puerta.
[Mayo, 2012]