Ignacio Ruiz Quintano
–Pero los matices –se oye, al fondo, la voz de Thomas Bermhard–, ¿quién los entiende hoy?
[Mayo, 2019]
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
–Pero los matices –se oye, al fondo, la voz de Thomas Bermhard–, ¿quién los entiende hoy?
[Mayo, 2019]
Hughes
Pura Golosina Deportiva
En menos de diez minutos, el Madrid metió tres goles, los tres de córner y fastidió la noche a tanto imbécil que estaría celebrando con el Rac1 pegado en la oreja, y quien dice Rac1 dice cualquiera radio. La remontada pudo suceder por tres cosas: porque Mourinho hizo cambios, porque se había tocado fondo y ya peor no se podía y porque no había siniestros árbitros españoles jodiéndolo todo. De todos modos, a mí ya me han jodido las celebraciones. No celebro el gol hasta que no lo veo en el marcador de la tele. He desarrollado un síndrome provocado por el VAR español.
El partido enseña muchas cosas. Salía Mourinho desoyendo la experiencia del último fin de semana. Así, Güler volvía al banquillo y Valverde al mediocampo, en mediocentro con Tchouaméni. Federico y Aurelien, pareja artística. La cosa fue tétrica desde el comienzo y ya en la primera jugada Bellingham hizo el asomo de querer ser él el que organizara, ganas que se le quitaron tras la primera bajada al pilón táctico del recibir.
La Roma jugaba extrañamente, con marcajes al hombre marca de Gasperini, el entrenador que lo fuera tantos años del Atalanta (contra el Atalanta fuimos felices por última vez, acabó la felicidad en aquella Supercopa europea).
Los aficionados del Olímpico hicieron un homenaje a Mourinho en pleno partido. En Roma fracasó, decían este verano los listos, algunos de ellos millonarios.
En el Madrid, sin Arda, Bellingham era muy central, Sol de una galaxia a oscuras, y aparecía o se dejaba ver mucho en defensa. Tenía mucha presencia.
Pasó que se lesionó el romano Koné, que Diomandé chutó malísimamente, pero chutó, al cuarto de hora, más o menos, y después de unos minutos sonrojantes del Madrid, con regalos repetidos en el mediocampo, la Roma marcó con tiro lejano de De Roon que tocó en alguien.
El gol no era injusto. En el Madrid no había centro del campo, y no era posible localizar a Valverde, que en esa posición tiene partidos en los que se disfraza de césped como Mortadelo.
El gol hacía daño psicológico, que no cundió porque Mbappé empató rápido con un tiro lejano también desviado por una chepa rival.
El empate le daba al Madrid una oportunidad, pero no había manera. No se podía enmendar nada porque no había capacidad. Era un problema de “pie”, como dicen ahora. No había pies blandos. No había apenas en el campo pies blandos, pies capaces de tocar la pelota de una manera redonda, blanda, suave. Salvo Belingham, todo eran pies toscos, picudos, rectangulares y todos corrían como pollos sin cabeza, en correcalles feo de ver. Los de la Roma y los del Madrid iban de un lado a otro, con el balón dando saltos...
Qué pensaría Courtois cuando la tenía (porque la tenía él) y veía por delante a Federico y Aurelien... Era Courtois el que hacía de Kroos, y así buscó a Cucurella, que controló y se fue directo a portería, obviando a un solitario Mbappé. Otra ocasión clarísima del Madrid de las que tiene varias en cada primera parte.
Diomandé lanzaba también latigazos eléctricos, regates centelleantes.
No había ni dos pases seguidos. Era un partido tartamudo y al rato la mente huía a la necesidad de comprar mañana una lechuga, mandarinas, leche y pechuguitas de pollo...
El realizador, acostumbrado al soporífero fútbol italiano, ayudaba con muchos planos del público. Muchos romanistas con los ojos claros, absurdo pensamiento en el que reparaba quizás por haberme machacado el algoritmo con los del “fenotipo”.
Soulé, zurdo en el extremo diestro, martirizaba a Cucurella, solo o con la ayuda de Tchouameni. Siempre es igual. Meten uno medio bueno ahí y el Madrid se desestructura. Si la liaba Soulé, qué no hará Lamine, al que le trucan hasta las imágenes.
A esas alturas de la primera parte (se perdía un poco la noción del tiempo), estaba claro que o los de la Roma eran muy buenos o alguien se estaba escaqueando de la presión.
El que construía era Courtois, pero no una vez ni dos. Era la salida de la pelota del Madrid. ¡El mediocentro era él!
La única gota de fútbol que hubo hasta el descanso fue una media vuelta con balón que se dio Bellingham; al superar a su rival fue como si coronara una montaña de los Alpes y se abriera un paisaje maravilloso. De ese gesto brotó fútbol, y lo saboreamos como una fruta exótica. El partido era como una sopa de pescado en la que metíamos la cuchara y solo había fideos, fideos, fideos...
Reavivados por la sensación, como el que recupera de repente un reflejo, hubo otro conato (que no Konaté) de fútbol en una última jugada de la primera parte, combinación ya clásica de contragolpe entre Bellingham y Vinicius, con origen en un esforzado y altamente productivo Diomandé.
Quizás era lo mejor de la primera parte que, a lo tonto, y con el horror de tener a Courtois de mediocentro organizador, había deparado, casi sin querer, un par de ocasiones muy claras del Madrid.
La segunda parte no introdujo novedad alguna. Era llamativa la negatividad futbolística que sobre sí atraía Dumfries. Se observaba la misma flotante inutilidad de todos los presentes, y el único cambio era quizás la situación de Vini, sacado de la banda izquierda donde poco hacía en ataque y menos en defensa. Esto fue un error de Mourihno, pues en el estado actual, sacar a Vinicius de la banda es extender el problema y de ahí vino el 2-1, de una pérdida suya en la media acompañada de la más aristocrática pasividad. Eso, más que el fallo, debió de irritar a Mou, pues fallos de ese estilo, para ser sincero, había habido unos cuantos antes.
Cuando el doble pivote pivotea (y el plumilla que esto escribe defendió el Emerson-Diarrá) el no-fútbol se extiende y exacerba la tosquedad de Konaté y Dumfries, y por ahí se forma una especie de banlieu donde el balón sufre y la República no termina de prender en los corazones.
Era el Madrid un desdoro muy serio y así llegó el 3-1, otra vez Malen tras convertir (tróspido correcalles) una ocasión de Bellingham en gol romanista.
Antes del gol ya calentaba Güler, que entró con el ‘tostao’ organizado. El 2-1 había sido un fallo ridículo de Vinicius, pero el 3-1 quizá fuera peor porque eso que llaman la “transición defensiva” fue una barbaridad; no es que el equipo se partiera, es que unos, los de arriba, se habían independizado. No aparecían ni en el plano. Faltaba Olímpico (o grados de amplitud, que diría Maíllo) para un paneo suficiente para permitir ver el inicio y el final de un equipo que más que roto estaba desmembrado y repartidas las partes en zonas alejadas del desierto.
Mourinho volvió con sus cambios al consenso general, producto de un año de prueba-error, de Güler en la media y Valverde al lateral del que nunca debió salir, con el añadido de Endrick, una bala humana, jugador macizo y duro como un perdigón.
Con Güler volvían a correr las manecillas del reloj. Quedaba media hora. Ese tictac es nuestro solo de Charlie Parker... Fue un goteo incansable de ocasiones. Una de Mbappé tras buena jugada de Diomandé, que gustó mucho; una de Endrick desbordando con altura por la banda derecha; gol de Mbappé anulado por fuera de juego por bien poquito...
Lanzado el equipo, Bernardo Silva entró por Tchouameni, como un chorrito más al chup chup.
Las nuevas remontadas tiene unas regularidades: quitar a algún titularísimo, meter un tocador, y añadir a Espí. Era el tercer hito y efectivamente, al poco, al instante, marcó el 3-2 recogiendo en el área un rechace tras remate de cabeza de Endrick.
El gol ya lo cantaba fuera de juego el locutor del Régimen, y al escuchar su voz introduciendo dudas en nuestra alegría reconocimos el síndrome. Le hemos cogido miedo a celebrar. La Liga Negreira ha matado muchas cosas, entre ellas la alegría del gol, que cantamos callando.
Y eso nos pasa en Europa, que cantamos acobardados, hasta que, poco a poco, redescubrimos la libertad del gol en una competición “con Estado de Derecho”.
Con 3-2 una voz interna celebraba ya la remontada. ¿Cómo es posible que ya lo supiéramos? Era un Madrid lanzado, una Roma acongojada y mórtimer, unos balones parados lanzados con el pie suave de geisha de Guler, y un bosque namibio para el remate, aunque no esperábamos que el rematador clave fuera el más bajito, Endrick, que estuvo colosal de extremo derecho y colosal de rematador. Suyo fue el 3-3.
Endrick, Espi, Güler... y no olvidemos a Diomandé. Una nueva generación le estaba abriendo a Mou esos ojillos de lechuza cana que se le están quedando.
Bellingham pudo marcar, y de verdad lo merecía, pues a todas acude, pero el 3-4 llegó en otro córner; Espi(alidoso), ariete con areté, abrió el área y Rudiger remató en la pequeña. Domeñó la euforia por su pasado romanista.
Todos sentíamos miedo, miedo del VAR, miedo de que un árbitro español lo jodiera todo. Hasta que nos fuimos convenciendo (azul la pena en los ojos del fenotipo latino) de que no, no podían fastidiarlo. Era Europa, el Madrid, y una noche de esas que hacen madridistas en todo el planeta y van liberando al club, poco a poco, cada día un poco más, del cepo ibérico.
Ante la deriva liberal del Consenso, yo iría acondicionando para Rivera el Palacio Real de Aranjuez.
[Julio, 2017]
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Una de las pocas novedades que me parecen acertadas del fútbol moderno es este sistema de partidos en el que cualquier enfrentamiento parece un desafío de pueblos en el día de fiesta mayor. Aquellos grupos donde se sabía de antemano qué dos equipos se iban a clasificar -las sorpresas eran escasas y ni siquiera sorprendían- han dado paso a que cualquier partido de Champions venga con un torrente de emociones que el aficionado goza, agradece y en verdad le permite abstraerse de éstos días tan antipáticos.
Llama la atención tantos goles en Champions. No se ha visto aún un 0-0 en las dos primeras jornadas y hasta parecen extravagantes los dos 3-4 del Inter y la Roma ante Brujas y R. Madrid ¡¡en Italia!!. Me da que el R. Madrid tuvo enfadados a sus aficionados durante casi todo el partido pero es cosa probada que una energía particular y exclusiva, una criptonita que sólo se expande por las piernas de los futbolistas de camiseta blanca en situaciones especiales apareció en el Olímpico para llevar al éxtasis a ésos aficionados que con el 3-1 en contra andaban haciendo listas de guillotinables. Esa vorágine de emociones que da el fútbol no tiene parangón porque la gozan y la padecen millones y millones de personas encantadas de mantenerse en el vicio. Con este modelo de Champions ¿usted cree que disfrutaron menos los noruegos del Bodo con el exiguo 1-0 ante el Borussia de Dortmound que los hinchas del PSG tras el 2-4 ante todo un City? ¿Y ese desconocido Sabah Baku doblegando al Slavia o el mismo Betis remontando lo que parecía una victoria del Oporto? Cada partido es ahora una fiesta, una final y si juegas contra uno de los favoritos es el no va más. Vean si no al Viking que se puso 2-0 ante el Bayern aunque luego la cosa quedara en un 3-3.
La segunda jornada ha sido propicia para los cinco nuestros. Me gustó el Atlético de Madrid donde Jhony Cardoso empieza a ser lo que se esperaba y Baena por fin tiene la confianza de Simeone. Se habla mucho de Barrios, pero Baena y Cardoso creo que son claves en el crecimiento de los colchoneros. El Barça está intratable, bien es cierto que aún no está claro por qué se anuló el que sería segundo gol del Galatasaray, pero la segunda parte fue arrolladora. El Villarreal se aprovechó de un Nápoles un tanto desorientado en defensa y el Betis tiró de casta acompañado de Fortuna para poder con el Oporto.
De dar crédito al Cis, los votos de Podemos salen de la abstención, no de los demás partidos. La abstención constituye el único enemigo serio de la partidocracia. Luego Podemos es hoy el mejor apoyo que podía encontrar el sistema.
[Agosto, 2014]
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
En lo de Carlson el mundo ha podido oír a Sir Jacob William Rees-Mogg (“político, empresario y locutor británico”), de confesión católica, justificar moralmente las bombas nucleares que se lanzaron, Hiroshima y Nagasaki, y las que están por lanzarse (la amenaza de la banda de Trump a Irán), pues aquí, como decía el fraile del cuento, todo es bueno para el convento, y llevaba una puta al hombro.
Rees-Mogg, está casado (se casó con su secretaria, Gillian Shakespeare), ha sido líder de los Comunes, y se expresa en el prestigioso acento RP u Oxford English, tan goloso hoy para los caricatos (en menos de un día el comediante Tony Lapidus ya tenía en el aire su versión cómica de la entrevista), lo mismo para hablarles a los criados que para argumentar sus barrabasadas belicistas con citas de un Santo Tomás de Aquino inédito que sólo debe de estudiarse en Oxford, de cuya universidad, cosa que mucho asombrara a Madame de Staël, fue expulsado el joven Locke, por haber rehusado adherirse a su doctrina servil (o el romántico Shelley, por un panfleto sobre el ateísmo), que colocaba al rey por encima de todas las leyes divinas y humanas. Sin embargo, el acento RP… ¡ay el acento!
–Mi querido amigo, somos británicos. ¡Podemos leer nuestra lista de la colada y los americanos piensan que están escuchando a Shakespeare! –decía el señor Sheffield en “La niñera” (CBS).
De la entrevista Carlsson/Rees-Mogg, este duelo de acentos: R-M: “La Segunda Guerra Mundial fue el clásico bien contra el mal”. C: “¿En qué benefició al Reino Unido?” R-M: “De no haber participado, estaríamos hablando alemán”. C: “¿A quién le importa? Hay mucha gente en Gran Bretaña que no sabe hablar inglés. Al menos el alemán sería un idioma europeo”.
En palabras de Foxá, la sangre azul –porque las venas azulean en las muñecas donde está el pulso de los cristianos, mientras se perdían en los brazos oscuros de los hijos del Desierto– bañó con sus hazañas y edificó toda la Edad Media. Las venas siguen azuleando en el pulso de los Rees-Mogg, que todavía se dicen cristianos, pero las hazañas guerreras las ceden a la carne de cañón plebeya.
Los oyes, y eliges quedarte a solas contigo y con tu ironía –si aún te queda–, como David Hume, en la descripción de su agonía que hacía Mellizo, conmovido por las palabras del filósofo mientras se moría, ejemplar y lentamente, de cagalera: “He disfrutado de un regalo de Dios: contemplar el mundo, entenderlo, amarlo y saber que irremediablemente, se labraba sus propios desastres y sus propias victorias. Gracias a mis libros y a mis partidas de damas en la taberna, he sido fuerte para estar a un lado. Y como sé lo que ha de ocurrir mañana, no me importa morirme hoy”. Y se murió, como un señor. Lo cual vale para las anunciadas votaciones generales.
[Martes, 6 de Octubre]
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Es cosa probada que la mayoría de los hinchas de cualquier club va a lomos de una irracionalidad que no se puede explicar. El cordobesista por ejemplo está convencido de que su equipo es favorito en cualquier partido porque sale a ganar, sale al ataque y si cuela la mitad de las ocasiones es seguro que se lleva el gato al agua. Así piensa el cordobesista porque el entrenador del Córdoba abraza esa teoría; la defiende ante los micrófonos con aplauso de locutores y críticos y en ella se perpetúa. Por contra, "los hijos del frío", que es como llaman de tiempo acá a los burgaleses, aprecian la concentración defensiva que empieza desde el delantero centro y se estremecen emocionados con un contraataque llevado como Dios manda. Los aficionados del Burgos saben que su plantilla es modesta y sólo le vale el trabajo a destajo. Los del Córdoba, con parecidos mimbres, se ven entre los mejores de Segunda y no entienden que la primera parte del Eldense-Córdoba no acabe 0-4, tras las ocasiones de las que se enorgullece Iván Ania. En Salmonetes... llevo, aficionado humilde, muchos meses amonestando a este hombre, del que admito sus buenas ideas, pero del que no entiendo su ceguera ante las limitaciones de sus peloteros a los que supone excelencias que la Naturaleza negó desde juveniles y la excesiva exigencia física a los medios Isma Ruiz y Diarra, que cualquier día griparán. Diarrá ya tuvo que parar ante el Eldense, el equipo que ha comprado Messi, del que me han mandado un vídeo "disfrutando" del triunfo de "su" equipo. El Córdoba en Elda debió ganar, pero Percan, el supuesto goleador, falló tres goles fáciles, como si te preguntan en clase cuántas unidades componen un par y estropeó dos transformados por querer apropiarse de la autoría de dos golazos que fueron anulados por no quedarse quieto y mirar cómo entraban; uno de Ghailan y otro de Eder García. Del 0-5 que temió todo el Pepico Amat y Messi en Miami, al 1-1. Ese gol de cada jornada buscando la espalda a una defensa que se planta en el círculo central a pesar de su lentitud. Carrerita y gol de Rastrojo, el bueno del Eldense. El bueno, bueno en verdad es Fidel Chaves, que este mes cumple 37 años y que jugó los 95 minutos para en el 94 marcar el 2-1 tras un penalti señalado de ésos a la moderna con que engañan los delanteros al VAR nada más sentir un roce. Me hubiera gustado ver a Fidel en un Betis, Sevilla, Real Sociedad... Siempre creí que en alguno de ésos explotaría, pero no, sólo en Elche pudo lucir parte del tremendo talento que tiene. Veinte goles en contra el Córdoba, pero Iván Ania no renegará nunca del sistema y el cordobesismo piensa que sólo es una mala racha.
El entrenador del Burgos, Sergio Francisco, maneja plantilla muy humilde. Lo sabe y de ahí su "bloque bajo", su mentalidad defensiva y los distintos ensayos en faltas, córners y la salida a la contra para pescar un golito o dos. A Pacheta le pasa lo que a Sergio Francisco y en El Plantío han estado Granada y Burgos a ver quién era capaz de mojar con las sayas hasta los tobillos. Poco antes de la media hora lo ha hecho Alemañ para los granadinos en una contra del veloz Rodelas y cierta desaplicación del lateral Brais, al que le falta acople. Dice el gran Ricardo de mi peña que le gusta la media Alcaraz, Gumbau, Alemañ, pero a mí me parece que lo que cosecha el Granada viene de los principios de solidaridad defensiva que machaca mi paisano José Rojo Martín, quizás el entrenador que mejor entiende la Segunda División. Del filial ha subido dos Flores, Juanjo y Alberto, jóvenes los dos y que no estuvieron hace un mes en El Arcángel. Alberto portero y Juanjo un central largo quizás un poco flaco que me ha gustado mucho. El VAR ha anulado un gol al Burgos, sería el empate, cuya explicación sólo se entiende si antes te drogan pero hay que reconocer la aplicación granadina en un amarrateguismo maguréguico, capaz de generar claras ocasiones a la contra. Ha tenido un penalti al final que ha fallado Jorge Pascual, pero el resultado ha quedado 0-1. Derrota de mis dos equipos en el puente del Pilar. Dos equipos que creo andan necesitados de casi lo mismo: de nueves que metan las ocasiones. El Córdoba la mitad de las muchas y el Burgos sus poquitas. ¡Ojalá Pacheta un día en cualquiera de los dos!
–Buena plaza, Córdoba –me dijo en Salas de los Infantes hace dos veranos.
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La Uefa de Ceferino, que tiene a la vista un Barcelona-Manchester City de Champions que estaría completo si lo arbitrara Ovrebo, el psicólogo noruego, va a echar un vistazo al Expediente Negreira remitido por el Real Madrid, por si su Comité de Ética, o como se llame el negociado, encuentra algo contra las indicaciones de Immanuel Kant, el filósofo de Königsberg, autor de una “Ética de la Razón Pura” (sic) que sólo Pablo Iglesias ha leído, y que es por la que se han de guiar los lebreles de Ceferino, que al final dirán que sí, pero que no, que Königsberg es hoy Kaliningrado, punto donde podría estallar la guerra europea entre otanejos y putinejos, y el deporte ha de estar separado de la política, por lo que casi trae más cuenta olvidar, que es la doctrina española de Louzán, personaje como escapado de un casting de “El Señor de los Anillos”, y Soto, el “pastor del ser” heideggeriano en el CTA, que reúne tres vocaciones maravillosas (abogado, árbitro y asesor tributario) que lo llevan a pedir el olvido para lo de Negreira. Si Perales pudo olvidar (“Podrán pasar los años / y olvidar los campos donde ayer jugué. / Pero jamás yo podré olvidar / aquel amor primero, / que fue sincero, que fue verdad”), ¿por qué no podremos olvidar nosotros?
–El caso Negreira es algo que debemos olvidar –susurra Fran Soto.
Este Soto es, en melifluo, nuestro Renan, que concibió la Nación alrededor del concepto de “olvido”: los miembros de la nación francesa han “olvidado” simplemente su diversidad cultural originaria, y esta bendita amnesia es lo que hace que la Francia de Renan sea lo que es.
–El francés medio sabe que bebe vino, tiene una condecoración y no sabe geografía.
Soto, parecidamente, quiere una Liga alrededor del concepto de “olvido”: los miembros de la competición española “olvidan” simplemente la diversidad arbitral del Negreirato, y esta bendita amnesia es lo que hace que todos finjamos que aquí hay competición. El poder de olvidar, decía el clásico, es más fuerte en las sociedades que en los individuos: cuando se decide por decreto de la autoridad olvidar lo de antes, quiérase o no, se olvida también lo de ahora. “Por eso Shakespeare llamó al olvido ‘monstruo de la ingratitud’.”
En el fútbol como en la política, el “putoamismo” en España corre por cuenta del PSC, que ha decretado “olvidar” el Negreirato, con la empatía susurrante en “Madrit” de los gallegos Louzán y Soto, que ya decía Pemán que para los gallegos el “poder” no es un sustantivo: “Es un verbo deslizante, es ‘lo que se puede’.” Cuando oyes a Soto decir que el caso Negreira es algo que debemos olvidar suena como esa joven Rosa Luxemburgo que sacado la cabeza en la Puerta del Sol para contarnos “las cosas que no entiendo versión capitalismo, osá, trabajar para otros”…
–Ya trabajar me parece una cosa innecesaria, osá. Podemos vivir del trueque, ¿por favor? Yo no he elegido nacer, osá. ¿Por qué tengo que pagar para tener un techo y mantenerme viva?
Después de oírla, ves las cosas de modo distinto. Ves a Rodri, el cerebro de España, decir sobre la corrupción de su City: “Yo confío en la impunidad de ese club que conozco muy de cerca”. Cielos, Rodri, educado en la culta Inglaterra, citando a Federico I Barbarroja, que sostenía que “omnia impune facere, hoc est regem ese”, que significa que “ser rey consiste en hacer todo impunemente”, y el City de Rodri era el rey de Inglaterra por la gracia del Pep, que compró a Haaland por menos de lo que el Madrid ha pagado por la pelambrera de Cucurella. Ves también que a Fran García, ahora en el Betis, vuelven a llevarlo al Combinado Autonómico. Ves que el patrocinio de la República del Congo desaparece de la ropa culé. Ves que a Vinicius le han desaparecido las tabletas pectorales como a Hazard, y ahora la cosa es que Mou haga jugar a Vinicius como hizo jugar a Hazard. En Brasil creen que el extremo fue abducido por los alienígenas (abducción anunciada para Neymar en el partido contra Escocia en el Mundial), y que lo han cambiado por otro que usa la taquilla de Vinicius, pero que no es Vinicius, del que, por lo visto, también nos tenemos que olvidar.
[Sábado, 3 de Octubre]