domingo, 1 de noviembre de 2026

Amor constante más allá de la muerte*







Lauda de entrada


Ignacio Ruiz Quintano


Nadie muere si vivió de veras. Se mueren sólo los muertos. Si la vida es algo,
 no es de ningún modo nuestra vida, sino la vida nuestra en los demás.
 La inmortalidad es memoria. Temblor de primavera ausente,
 en el invierno del recuerdo. Milagro
.
César González-Ruano



    Al principio, según Mingote, la gente eran sólo dos.

    Nada convence como una buena hipótesis, y la de Mingote es una hipótesis magnífica. El resto bien podemos imaginarlo. Pero, de Pío Baroja a Rocío Jurado, ¿a dónde va toda esa gente que Mingote viene despidiendo desde hace cincuenta años?

    –Ya estoy despedido –apunta Ramón Gómez de la Serna en la lauda de entrada a su libro Los muertos y las muertas–. Tenemos que evitar que suceda lo que en las conferencias telefónicas, que las cortan cuando nos falta la despedida. Yo ya quedo despedido.
    
Se supone que, si Mingote acude a despedirte, es que uno va a ir al cielo.
    
–Al cielo iremos los de siempre –avisa un libro de Mingote.
    
Al cielo de Mingote, naturalmente, pero cielo al fin y al cabo, que es un cielo que todo el mundo se imagina con algo de vida en el campo o de veraneo en el Norte.

    Foxá contó una vez cómo el padre Guepin, abad mitrado de Silos, paseando por sus soleados claustros románicos con unos amigos, suscitó la conversación de cómo imaginaba cada uno al cielo.
 Todos expusieron sus visiones: conciertos sacros, espectáculos sin tedio, goces sin pecado...
    
–Yo –dijo el padre Guepin– me lo figuro como un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo “respetuosas objeciones” al Ser Supremo: Señor, ¿por qué hubo enfermedades? ¿Para qué hicisteis a los microbios? ¿Qué objeto tenía el planeta Júpiter?
    
Veraneo en el Norte o vida en el campo. El mejicano Julio Torri, precursor del texto breve –humor, audacia y perfección–, anotó en La vida del campo, inspirada en Villiers de l’Isle Adam:


M. M.

    “Va el cortejo fúnebre por la calle abajo, con el muerto a la cabeza. La mañana es alegre y el sol ríe con su buen humor de viejo. Precisamente del sol conversan el muerto y un pobrete –acaso algún borracho impenitente– que va en el mismo sentido que el entierro.

    ”–Deploro que no te calientes ya a este buen sol, y no cantes tus más alegres canciones en esta luminosa mañana.

    ”–¡Bah! La tierra es también alegre y su alegría, un poco húmeda, es contagiosa.

    ”–Siento lástima por ti, que no volverás a ver el sol: ahora fuma plácidamente su pipa como el burgués que a la puerta de su tienda ve juguetear a sus hijos.
    
”–También amanece en los cementerios, y desde las musgosas tapias cantan los pinzones.

    ”–¿Y los amigos que abandonas?

    ”–En los camposantos se adquieren buenos camaradas. En la pertinaz llovizna de diciembre charlan agudamente los muertos. El resto del año atisban desde sus derruidas fosas a los nuevos huéspedes.

    ”–Pero...

    ”–Algo poltrones, es verdad. Rara vez abandonan sus lechos que han ablandado la humedad y los conejos.

    ”–Sin embargo...

    ”–La vida del campo tiene también sus atractivos.”


M. M.

    Cuando muere un gran hombre, vino a decir Leon Bloy, siempre añade algo a la Vía Láctea. Y no pensaba en la pasarela de la popularidad. La popularidad, tiene para sí Mingote, no es nada.
    
–Es más importante el aprecio de la gente que importa, las personas de talento, los maestros, como Wenceslao Fernández Flórez, que estaba firmando en la Feria del Libro. Le llevé el primer tomo de sus Obras Completas para que me lo dedicara, y el maestro, amablemente, era muy amable, escribió una dedicatoria: “Con amistad y admiración a Antonio Mingoti”. O sea, me admiraba, pero no tanto como para aprenderse mi apellido. Se empezaba a perfilar nítidamente mi arrolladora personalidad.

    A Fernández Flórez, por cierto, no le hacía gracia alguna que la exhibición del ataúd donde el interesado va tendido, tan largo como es, sin hacer nada, ofreciera contraste tan agudo con la actividad, con el ajetreo circundante, que para el muerto tiene que resultar vejatorio.

    –La prisa de los demás, reveladora de vida, produce, sin duda, una especie de humillación en el difunto. A nadie le puede gustar, por lo menos en los primeros días, que le recuerden que ya no existe, y pasar inactivo, tumbado, entre la riada de apresurados chóferes que hacen sonar las bocinas, de vendedores clamorosos, de transeúntes diligentes, parece que es ir diciendo: “¡Fastidiarse, amigos, que yo me he asegurado ya la holganza!”
    
No creía arriesgado suponer que el muerto hubiese sentido la inquietud de la proximidad de la noche: el miedo a llegar al camposanto en sombras ya, cuando todo es allí más extraño y temible:

    –Si a uno lo dejan en su nicho con sol, parece que la instalación es menos impresionante; pero el difunto mejor bragado no puede menos de sentir terror, si toma posesión de su tumba entre tinieblas. Dígase lo que se quiera, la primera noche que se pasa en un cementerio, aunque se disponga de un buen panteón, no tiene nada de agradable. No es posible el descanso, se extraña todo y a cada instante se espera que ocurra algo tremendo.
    
La muerte moderna, tiene observado Octavio Paz desde su laberinto de la soledad, no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores.

    –En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más.


M. M.
   
Pero como es un hecho desagradable, la filosofía del progreso pretende escamotearnos su presencia: “En el mundo moderno todo funciona como si la muerte no existiera. Nadie cuenta con ella. Todo la suprime: las prédicas de los políticos, los anuncios de los comerciantes, la moral pública, las costumbres, la alegría a bajo precio y la salud al alcance de todos que nos ofrecen hospitales, farmacias y campos deportivos. Nadie piensa en la muerte, en su muerte propia, como quería Rilke, porque nadie vive una vida personal. Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios.”

    –La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida.
    
César González-Ruano, que sigue siendo el escritor al que mejor se le han dado los muertos, sabía que los muertos no se terminan nunca y tuvo la impresión de que se muere un poco en cada amigo que nos deja:
    
–La vida no es mucho más que eso: la fe de ella que dan quienes nos conocen. El día que nadie nos pudiera conocer seríamos como muertos sin enterrar. Vivimos en tanto que vivimos en alguien. Tiene sólo sentido la vida en tanto que alguien nos ama o nos estima. La muerte es el desconocimiento, la indiferencia. A los muertos los han querido, pero ya no los quiere nadie. Si alguien les siguiera queriendo en todo el vigor de la actualidad, de la realidad del amor, resucitarían.
   
 Si Ruano es el escritor al que mejor se le han dado los muertos, Quevedo es el escritor que más y mejor se ha encarado con la muerte.

    –Quevedo es el tremendo español, y por eso anda a vueltas como nadie con el tremebundismo de la muerte –dirá, en apoteosis de necrología, el gran Ramón de los muertos y las muertas–. Quevedo estuvo siempre ensayándose con la muerte.
    
En el Sueño de la muerte, la muerte avisa que eso –huesos descarnados con una guadaña al hombro– no es la muerte. Dice la muerte:


M. M.

    –Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda de los vivos. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte: tiene la cara de cada uno de vosotros y todos sois muertos de vosotros mismos. La calavera es el muerto y la cara es la muerte; y lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es empezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte...
    
A Ramón lo estremece de Quevedo la proposición de que caminemos muertos para no dejar de vivir, como si nos diese la contraseña para pasar frente a todas las garitas en que la muerte vigila. Y se agarra al descomunal soneto en que Quevedo juega con toda la mitología griega del otro mundo: el alma en la laguna, orillados los recuerdos, Caronte aguarda.

    –Su mejor poesía –concluye Ramón su Quevedo– es esa en que habla de sus cenizas enamoradas, soneto con algo de epitafio de sí mismo: Amor constante más allá de la muerte.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado
.

    Mientras aguardaba a su boda con una viuda –¡nada que ver con Lisi!–, Quevedo tuvo la obsesión de expresar poéticamente, al hilo de Propercio, la idea de la pasión amorosa sobreviviendo a la fugacidad del cuerpo. El amor, que diera sentido a la vida, había de dar sentido a la muerte.
__________
*Prólogo para el libro de necrológicas  
Serán ceniza, mas tendrá sentido, de Antonio Mingote
Ediciones Luca de Tena, 2006



MM

Domingo, 1 de Noviembre

 


Leviatán

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

DOMINGO, 1 DE NOVIEMBRE


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:


-Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Mateo 5, 1-12a 

sábado, 31 de octubre de 2026

El vicio



Don Juan y Calvo Serer

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La libertad es un vicio anglosajón que fuera de Anglosajonia no ha tenido el menor éxito, seguramente por falta, entre nosotros, de eso que el tertuliano llama “pedagogía”. Sólo hay que ver los análisis de las elecciones americanas, y es que en España casi te ponen mejores ojos si pides una caipiriña que si pides libertad.

Un ejemplo de pedagogía periodística con eso de que el Pisuerga pasa por Valladolid es Rafael Calvo Serer, propietario del diario “Madrid”,·que pasa a la posteridad, no por fundador de la Junta Democrática que le atribuye la Wiki, sino por autor de un artículo, en el 68, “Retirarse a tiempo: no al general De Gaulle”, que se lee como una invitación a marcharse a De Gaulle… y a Franco.

–España mantiene una semejanza de situaciones sociales y políticas con Francia. Si allí se presenta el problema de la sucesión de De Gaulle, también está planteado en España.

Para los arbitristas de la época la sucesión era una “república monárquica”, como la de De Gaulle, o una “monarquía republicana”, como la escogida, en la cual el rey reina, pero no gobierna. ¿Y qué era reinar?

–Asistir al juego, sin jugar.

Una tercera vía, la “monarquía presidencialista”, fue explorada por Don Juan en París con Maurice Duverger, que vio en ello “el sueño de Benjamin Constant”. Después de todo, “una monarquía presidencialista es democrática y una república parlamentaria es oligárquica”.

¿Qué “pedagogía” puede salir de las elecciones americanas? Para empezar, la del principio electivo, una de las tres patas de la democracia representativa, por el cual el pueblo designa la persona para la función ejecutiva de gobierno en el Estado.

–En elecciones legislativas, el diputante es señor del diputado. En elecciones ejecutivas, el mandatario es señor del mandante.

Otra cosa sería aprovechar las elecciones yanquis para publicitar aquí la literatura subversiva de “El Federalista” o los debates sobre la Constitución federal de Jonathan Elliot, que a esos lujos ya renunció uno hace tiempo.

 

[Noviembre, 2020 ]

Sábado, 31 de Octubre

 


Veleta

viernes, 30 de octubre de 2026

Turnismo y bipartidismo


A dos mil euros el selfi

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La oligarquía de partidos-lapa en el Estado fue una imposición del ejército de ocupación a la Europa derrotada. Un sistema de control para la guerra fría: elimina la política (la conquista del poder) y la sustituye por el consenso (reparto del poder mediante pacto o corrupción). El pueblo no decide nada, pero se le vende que lo decide todo, y siendo necio, lo compra. Su necedad se nutre de la guerra cultural entre la Komintern de Willi Münzenberg y la CIA de Michael Josselson, con su plan de engorde para intelectuales (los famosos liberalios) de la socialdemocracia, donde militan todos (¡aquel Julián Andía de Tierno!).
    

–Y ahora, conectamos en directo con la guerra fría de la cultura –era un gag de la BBC.
    

Los ingredientes de la oligarquía de partidos son dos colas de león (coleo de derecha a izquierda) y muchas cabezas de ratón destinadas a la extracción de dinerales. Al colear de las colas por turno llaman bipartidismo, cuando ni siquiera sería turnismo, como el de la Restauración, que ya era malo, visto por Galdós: “Los dos partidos son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...”
    

Bipartidismo es otra cosa. La grandeza americana de los Founding Fathers fue admitir el fracaso de su primera Constitución, confederal y parlamentaria, y elaborar la de la Convención en Filadelfia, federal y presidencialista, de elección directa y separada, invento que al reducir a dos las opciones trae por consecuencia el bipartidismo, que es, como la mayoría absoluta (enemiga de la oligocracia), un distintivo de la democracia.
    

Bipartidismo y mayoría absoluta constituyen anomalías graves en la partidocracia, de sistema proporcional, que el Régimen, que está muy bien vigilado, se apresura a corregir, y ahí tenemos las obras maestras de Podemos y de Vox como tapagrietas del montaje, que han conseguido devolver al corral a las churras y las merinas que se habían desengañado del cuento, con lo que hablar aquí de bipartidismo es ignorar bajo qué régimen político se vive. El sistema proporcional, que disuelve la conciencia nacional, da por sentada la imposibilidad de la democracia.


    Sin presidencialismo, pues, no hay bipartidismo (ni división de poderes, claro). Pero ¿sería compatible con la Monarquía?


    –Una Monarquía presidencialista es democrática. Una República parlamentaria es oligárquica –concluyó el genial autor de la “Teoría pura de la República”, que en el 74 entregó al Conde de Barcelona un proyecto constitucional de Monarquía presidencialista (nada que ver con “la monarquía futurista” de Yarvin) que a Maurice Duverger, con quien lo consultó Don Juan, le pareció “que habría hecho soñar a Benjamin Constant”.


    Poco nos suben los impuestos.


[Junio, 2022] 

Viernes, 30 de Octubre

 


Quitameriendas (Colchicum montanum) que anuncia al otoño

jueves, 29 de octubre de 2026

Sin protestas



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En América, un ex votante demócrata, James Woods, advierte que el Estados Unidos de Nancy Pelosi será irrevocablemente un sistema de partido único (“si bien los demócratas se ríen de júbilo, incluso ellos pueden llegar a lamentar un sistema en el que sólo se escucha una voz”). Y en España, Capitán Bitcoin, una cuenta tuitera echa la cuenta de la vieja: 30.000 vacunas perdidas —sin protestas; comité de expertos fake —sin protestas; satélite de 200M€ perdido —sin protestas; 230.000 negocios quebrados —sin protestas; Sepe inoperativo 20días —sin protestas; crisis migratoria —sin protestas; desempleo juvenil del 40% —sin protestas…


    Bueno, en eso consiste el Sistema. En fútbol el Sistema, dice Ancelotti, es lo de menos: a él le gusta el 4-4-2 porque refleja la forma del terreno de juego, que es un rectángulo, pero en el Milán acabó inventando la formación en árbol de Navidad. Estas licencias no existen en la política. A los españoles se nos impuso el Estado de Partidos, y eso es para siempre.
    

En el Estado de Partidos no estamos representados (su propio creador presume de eliminar con él “todo vestigio de representación”), pues su función es la “integración de las masas en el Estado”, pastoreo del que se encargan los partidos para cerrar el paso a la democracia. Periódicamente, a derecha y a izquierda hay individuos que se descuelgan del sistema y, al pensar por libre, dejan de votar. Como la abstención es el único enemigo del Sistema, surgen Podemos a la izquierda y Vox a la derecha para devolver esos votos perdidos a la tolva estatal: basta con gritar demencialmente que viene el comunismo o que viene el fascismo para que los descarriados regresen a la hoguera campamental del Centro (¡la ilustración analfabeta del centro!), que es el Estado.
    

No es el fin de la Historia, que Hegel vio en Napoleón; Kojève (y el Ayuntamiento de Valencia) en Stalin; y el gamberrín de Fukuyama (con el no menos gamberrín de Aznarín), en los Bush. Es el fin de la Democracia. Sin protestas.


[Agosto, 2021] 

Jueves, 29 de Octubre

 


Las varas de Dios

miércoles, 28 de octubre de 2026

Dostoyevski



 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Dostoyevski cumple hoy doscientos años.
    

Si la literatura fuera seria como la música, antes de sentarnos a escribir una novela, leeríamos, para coger ritmo, unas páginas de Dostoyevski (no como Stendhal, que leía el Código Civil, o los novelistas españoles, que leen editoriales de “El País”), y el Hado aprovecharía ese instante para quitarnos de en medio como a Wertheimer (“El Malogrado” de Thomas Bernhard), que se ahorcó porque tuvo la desgracia de oír al genio de Glenn Gould tocar en el Mozarteum las Variaciones Goldberg.
   

 –La fatalidad de Wertheimer fue haber pasado ante el aula treinta y tres del primer piso del Mozarteum en el momento en que Glenn Gould tocaba, en esa aula, la llamada “Aria”.
    

Nuestra fatalidad, pues, es no habernos detenido a tiempo a leer a Dostoyevski, que nos redime de este mundo garbancero, donde los pultofagónides de la Cultura nos comen como sabañones, con dos fogonazos de magnesio: el sueño de Dresde y el inquisidor de Sevilla.
    

Ante el cuadro de Lorrain en Dresde sueña Dostoyevski que Europa no sabe nada de su hombre futuro: “Se ha creado entre nosotros, en el curso de los siglos, un tipo superior de civilización: el de sufrir por el mundo. Ése es un tipo ruso. No somos más que un millar, pero toda Rusia no ha vivido hasta ahora más que para producirlo”.
    

Y en Sevilla, por boca del inquisidor, nos reduce a zampabollos (artófagos) de la servidumbre: la humanidad nunca buscó la libertad y nunca lo hará; es demasiado débil para soportarla. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.


    –¿Ves estas piedras del desierto? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño agradecido. Pero tú –el Gran Inquisidor apabullando al Cristo– no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición, pues ¿cómo puede hablarse de libertad, razonaste tú, si la obediencia se compra con pan?
    

En vista de lo cual (¿puede el hombre vivir sin creer en Dios?), siempre nos quedará la horca de Wertheimer.


[Noviembre, 2021] 

Miércoles, 28 de Octubre

 


Setas de alcorque 

martes, 27 de octubre de 2026

Teoría de la Victoria



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En lo que arde París, el general americano de la Otan en Europa expone en Varsovia su “Teoría de la Victoria”, naturalmente sobre Rusia, que para los liberalios sería como la Victoria de Samotracia, sólo superada en belleza por el coche de carreras de Marinetti. ¿Por qué en Varsovia? Porque allí hay audiencia: está Sikorski, epígono, o así, del conde Donski, protagonista de la novela “Graf Donski” de Leopold von Sacher-Masoch (epónimo no consentido del “masoquismo”), con Rutte haciendo la V que Churchill tomara de la Holanda ocupada, donde la pintaban en las paredes (“vrijheid”, “libertad” en holandés).


Estamos ante un general americano del Aire (¡el mito americano de la Fuerza Aérea!), y su invento, resumido, es bien sencillo: si ellos vienen a nosotros, nosotros vamos a ellos, y entonces “Cata, catapum, catalum candela, arza pá arriba polichinela”, según fórmula de José Juan Cadenas, dandy, mezcla de Rochefort y Pierre Louis, y corresponsal de ABC en Europa.


Cuando Marx y Darwin se creía (“con inconcusa fe”, según el profesor Nicolás R. Rico) que “donde hay lucha ha de haber victoria”. Pero, desde hace medio siglo, aparte los codazos por entrar en las listas de las democracias liberales, ¿qué lucha ha habido en Europa? Preguntado Joe Kent, que sabe de guerra algo más que el general de la Teoría, contesta: “Lo veo como una locura. Me parece una visión estratégica muy inmadura. Nuestro objetivo es vencer a Rusia. Vale, ¿y eso qué es? ¿Qué significa?” Porque hasta ahora ni un solo liberalio belicista, valga la redundancia, nos ha hecho el dibujo de una victoria sobre la primera potencia nuclear del mundo. Lawrence Wilkerson, ayudante de Collin Powell, recuerda que en los 80 y 90 analizaban todas las simulaciones informáticas de la Otan, muy superior a la de hoy, contra el Pacto de Varsovia: avanzaban hasta un punto y alguien decía: “Bueno, señor, vamos a usar armas nucleares tácticas y eso indicará a los rusos que se acabó”.  Y Powell contestaba: “Si hacemos eso, nos van a hacer volar por los aires. Olvídalo”.


De los beneficios de la entrada de Inglaterra en la Gran Guerra tenemos una discusión bastante cómica entre Tucker Carlson y Jacob Rees-Mogg. Pero la realidad fue bastante chusca: una venada belicista de Churchill, que dijo que la guerra la liquidaría la flota británica en una tarde de batalla en el mar del Norte. Cuando se olieron la carnicería, recurrieron a un experto, Horacio Kitchener, gobernador de Egipto, para hacerse cargo de la cartera de Guerra, y le pidieron un informe que decía: la guerra no duraría una tarde en el mar del Norte, sino un mínimo de tres años en el continente y requeriría de al menos dos millones de hombres (disponían de ciento cincuenta mil) y el apoyo financiero de todo el imperio británico.


[Martes, 20 de Octubre] 

Martes, 27 de Octubre

 


Mr. Lobo

lunes, 26 de octubre de 2026

Hughes. FC Barcelona, 1; Real Madrid, 2. Otra vez Mourinho


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Era el once bonito, el que le gusta a la gente, aunque al final iba a ser la reivindicación del doble pivote y de la negritud más ansónida.




Antes del inicio, Lamine, con sus andares de trapero (de cantante de trap), le hacía el thumbs up a la cámara con la mano vendada. Oro, poderío. El Barça es un equipo como de pelotaris o de personas generosas que practican mucho la digitación.


En las bandas, Mou y Flick iban iguales: barba canosa, chupa de negro, pinta de divorciados o de aspirantes al papel de Bosch.


El Camp Nou, a medio acabar sus anillos dantescos, transmitía las habituales vibraciones de oscuridad y error. También allí los partidos son molto longos...


Veíamos en el Barça a Rodri, objeto de deseo en verano, y la verdad es que no tiene cara de jugador del Madrid.


El partido empezó con una sorprendente seguridad de Diomandé, muy fuerte ante los chicos de la Masía y muy fiable lejos del área, en controles y decisiones.


Güler llegaba en el 4, y Gordon, el prerrafaelita, en el 6. Tenía pinta de gran partido en ciernes.


Había sucesivas faltas sobre Bellingham. Nadie se atrevía a soñar con una amarilla y además calentaban al jugador, que hizo un partido memorable. No hay palabras, ni conceptos (panenkitas, os jodéis) para entender y valorar el partido monumental de Bellingham.


El Barcelona cargaba la intención presionante, esa avidez en los ojos de Fermín, por Huijsen, el gran riesgo del once de Mourinho. Mi adorado Dean empezó vacilante. Ahí le podían cazar, luego ya no.


El primer intríngulis del partido estaba en que el Madrid superara la línea del fuera de juego de Flick. Ese achique quee traumatizó a una generación entera con Sacchi era ahora un alambre por el que Guler trataba de llegar a Mbappé, que no parecía, de primeras, dulce en el toque.


Güler era el lanzador, el proyector, el Elon de nuestro camino al espacio, pero no sería yo un plumilla fidedigno si no hiciera constar aquí que pierde muchos balones. Arda daba un pase y perdía cuatro. Todo jugador necesita amor y olvidar pequeños detalles como este.


Pasaban los minutos. Diomandé era de lo mejor al principio. Llegaba, controlaba, se giraba, con esa facilidad de Michael Jordan y había vislumbres de comodidad en el partido. Pasado el arreón inicial, el Madrid dominaba el toro mecánico. Se notaba quizás en el rostro de Mourinho, que dejaba escapar un gesto de auténtico placer, de yonqui de la adrenalina.


Parecía ya desde muy pronto que en el medio había construido una de sus famosas jaulas. El equipo estaba bien colocado y funcionaba mucho el reojo. Cuando un equipo defiende bien hay mucho de eso. Tchouameni, por ejemplo, no le quitaba ojo a Pedri y Bellingham orbitaba cojonero alrededor de Rodri. Silva estaba muy bien en los robos. Ponía su experiencia y su talento en la intercepción.


El Barcelona llegaba por Gordon, que es bueno, pero no asusta con su cara de alcohólica de Bristol. La parte de Lamine caía dentro de la red mourinhesca y el Barcelona evacuaba por su lado.


Volvía a llegar el Madrid por Güler en el 17.


Había rachas invisibles, cambios de viento inexplicables, y el Barça se vino un poco arriba a los veinte minutos. Mbappé ponía mucha velocidad pero estaba torpe con la pelota y Güler seguía acusando los acosos de esquina oscura en la banda.


El que mejor estaba era Bellingham, al que el equipo buscaba por ser, no solo centro de todo, sino el más fiable en los controles. Daba pases de gran intención, se le veía lúcido, acertado. En cada partido hay un jugador que parece disponer de la visión cenital. Hay un dron y es suyo. Esta noche era de Bellingham.



@realmadrid


Al Madrid le faltaba eso. El pasecito final. El castillo estaba elevado y faltaba que se subiera el niño en lo alto.


Se lesionó Espart y salió Balde (nombres como de supermercados). En la grada aplaudían mucho al lesionado y entre los rostros, muy parecidos, muy similares, uno parecía ser Évole. Era curioso. Se llegaba a Évole no viendo a Évole sino eligiendo a Évole como el rostro más reconcentradamente común. Era como un decantado de facciones en las que florecía él.


Cucurella forjaba ya otro partidazo cubriendo a Lamine, muy ayudado por Diomandé y por Tchouaméni, que empezaba a comerse el centro del campo entero. En la jaula de Mou, el que domaba al león era él.


En el proceso físico inevitable que es toda defensa, se cometió una segunda falta sobre Lamine y había que ver sus caras y las de los demás cuando no hubo amarilla. ¿Dos faltas sin tarjeta? Eran la viva imagen de la consternación. De atropellos así está hecha la vivencia culé.


Ante una mole de tacticismo, músculos y reojos, el Barça intentaba la aproximación diagonal seguida de pepinazo lejano. En la puerta no estaba Courtois, pero la presencia de Lunin quizás reforzó la solidaridad general.


A la media hora ya fue aquilatándose el guano y Güler le puso un balón lujurioso a Mbappé, que lanzó alto uno de sus clásicamente fallidos remates acrobáticos.


El realizador mostraba, en la grada, en un mismo plano, a Rikjaard, a Koeman y a Jordi Cruyff y un escalofrío de temor y nostalgia subía por el espinazo. ¡Cuánto hemos pasado!


Gordon, con su cara de Robert Millar cuando era hombre o de sustituido demográfico, pudo marcar tras error, enésimo, de Güler, que ahí terminó de espabilar. Ay si esto lo hiciera Vinicius...


En esos momentos se cocinaba el partido. Tchouaméni ya parecía el mejor en el campo. Su dominancia era magnética. Como la de un buen árbol que por estar se apodera de un espacio.


Alguien osó hacer otra falta sobre Lamine, que empezó a irse del partido ante el atropello, incapaz de gestionar el trauma de tanta violencia... ¡tres faltas y ni una tarjeta!


Quizás fuera la primera jugada en la que el Madrid dio más de cuatro toques seguidos, y de ahí salió el gol. Silva abrió con clase, Diomandé centró al área y Mbappé marcó de rebote, única forma que tenía de hacerlo.


El gol a veces desordena. El Madrid estaba tan bien, tan compacto y ordenadito que la euforia era temible. Faltaban cinco minutos para el descanso, y el Madrid pudo marcar en dos llegadas muy peligrosas: típica de Mbappé con palo y offside y otra de Diomandé, solo, con la zurda. Lo que llaman la superficie de golpeo era la adecuada, aunque salió mal. Diomandé parece manejar todas las opciones y en cada intento no sabemos el porcentaje posible de acierto. Cada acción, dentro de un catálogo amplísimo, casi total, es recibida con absoluta sorpresa por el aficionado. Puede chutar fuera, puede clavarla por la escuadra. Hay algo estocástico en él por eso. Con él las expectativas habituales se multiplican, cuando recibe y se va, pues siempre se va, descapulla como una flor rabiosa nuestras expectativas, oh, tate, que este tío es otra cosa, y luego potenciada la fantasía, sus finalizaciones triunfan o no, pero hay ahí un balance rápido de posibilidades, de esperanza, que por lo que sea (estamos empezando) no es negativo, no decepciona, nos deja ansiosos de más, con hambre de Diomandé.


En el descanso, Tchouaméni y Bellingham ya se habían ganado el derecho a una ovación.


Lo de Bellingham, preclaro en ataque, brillante y responsable con la pelota, era en defensa un escándalo. Con absoluta humildad se ocupaba de Rodri, y su poder físico aparecía en el borde de las dos áreas. Su fútbol eran verticales de poderío; agresivo y pugnaz, era el primer organizador de la defensa y el organizador del ataque. Falló un claro dos contra uno, pero seguía buscando a Mbappé. Si Güler buscaba en largo, él lo hacía en corto. Era el que recibía, aguantaba, se iba con control o con zancada, esos regates suyos de 1500m obstáculos, pero era tan bueno o mejor en defensa. Su partido es de la densidad del de Redondo en Dortmund. Su centrocampismo inauguró algo, reivindicó una supremacía sobre la pareja Rodri-Pedri.


Su juego, como el de Tchouaméni, se cimentaba en una superioridad física. Su fútbol era de una versatilidad absoluta. Los tacles salvajes, al estilo de Valverde, los cuerpeos, juego de espalda, cargas, autopases, regates, pases al hueco, controles de pecho, como un gladiador cargado de armaduras, dagas, redes, contra leones sucesivos en un juego tan táctico como físico que iba de un área a otra, convertido en centro auténtico del Madrid, conector de todo, todo pasando por su cuerpo literalmente, físicamente. Fisicidad madridista, personalización total, liderazgo encarnado. Todos los choques, las descargas, los golpes los jugaba, los vivía plenamente. Alma del Madrid de Mourinho.


Hubo entonces un lance raro, un poquito negreiro. Cancelo le firmó con los tacos los gemelos a Diomandé, que expresó el dolor por vez primera (todo en él es inaugural). NO pasó nada, ni a ras arbitral ni videoarbitral. Ningún pinganillo se accionó.


De poder quedarse el Barça con diez se pasó al 1-1, Raphinha de tiro en un córner, quizá ensayado o enriquecido por Pedri.


El 1-1 entraba en lo esperado. El Barça iba a marcar. Ahí empezaba lo interesante para el Madrid. Cada momento de esta temporada es el sorbo lento de un vino que guardábamos. Asistimos a todo con una delectación otoñal, buscando los matices psicológicos de la obra mourinhal. ¿Aguantaría el equipo?


En otras ocasiones se habría deshecho como una sonrisa de Pedro Sánchez. Habría caído en un rápido plof. Casi lo temíamos cuando Dumfries sustituía a un Valverde, seguramente elongado por algún tacle defensivo espectacular, su mejor acción junto al disparo.


Faltaba pólvora arriba. El Madrid estaba a punto de recordar en eso a estos años pasados. El Barcelona presionaba con nueva avaricia y Dumfries, especialmente Dumfries, un jugador que parece llevar zuecos, era todo promesa para ellos.


Era el momento clave. El Madrid de Mou iba a decir en esos minutos de qué estaba hecho.


Y ahí se rehízo. Volvió a salir a la contra. Güler buscó a Dumfries, luego Diomandé hizo un gran slalom...


El Madrid estaba. Había consistencia en sus cuadernas. Solo crujía con alarma una, por la que se colaba el Barcelona en el reflujo de las contras del Madrid. Por Bernardo ya iban los Pedris. Estaba cansado. Su rostro rozaba la agonía. Y Mourinho, que se guardaba los cambios, puso rápidamente a Camavinga. Por fin.



@realmadrid


El Madrid salía por Dumfries, seguramente un logro del Barcelona. Era como ver un examen de conducir. A ver, muchacho, saca el coche del aparcamiento. Y era incapaz. Se estrellaba en la cal cada vez...


Entonces se produjo para mí un momento clave también de la temporada. O sea, en el momento clave llego un momento doblemente clave: Huijsen recibió un balonazo en la cara y esto fue su bautizo de camachismo. No solo no se quejó sino que probablemente terminó de espabilarle. El bueno de Huijsen necesitaba este partido y ese balonazo para romper a defensa de tronío en el Madrid.


Superado con mucho el minuto 80 de partido, el Barcelona recibió la primera amarilla en la martirial persona de Gordon, que verdaderamente no daba crédito.


Flick sacaba a los Barça toons y Mou no. El partido se afilaba, se tensaba. Partido bueno, minutos larguísimos. La salida del Madrid, ojo, era cosa de Lunin, Dumfries, Camavinga, Konaté...era como ver un carrito de bebé rondando una escalera mecánica. Sudores fríos, encogimiento de todo lo encogible. Y ahí, de una forma venturosa y perfecta, como si todos los fallos anteriores, los casis, los ay, los desencuentros por un centímetro, por una décima de todos estos meses cobraran sentido, el Madrid construyó una jugada para el recuerdo. Yo sé lo que hacía cuando Cristiano marcó el gol en el Nou Camp la liga aquella. Sé cómo era mi vida. Mis errores, mi inconsciencia. Mis esperanzas. Mis amigos. El tiempo reaparece y toma la forma de un cielo, el aire rosado y feliz de una tarde. Bellingham, que había luchado de todas las formas, bailó una suerte de claqué con virguería, ruleta y pase a Camavinga, que abrió a Güler, siempre presente en la banda, referencia constante ahí, ya hecho jugador adulto, y le devolvió el pase tan largo, con tanto efecto que de tan obtusángula no parecía una pared; llegar era un alarde, y Camavinga lo hizo y con un solo toque zurdo se libró de Cubarsí, como aquella vez Bale se libró de Bartra. No terminó ahí su jugada porque con la derecha buscó la santrada atrasada para Mbappé, que como la flecha que es llegó a la ramatada. El gal formó una tremolina de madridistas y Mou, por fin, se deslizó brevemente por el césped. Era el gol más importante en años. El Madrid volvía. La obra mouríñica tomaba la forma de algo compacto, bravo, lleno de espíritu y propósito.


El gol estaba ya en el márcador, pero cuando el árbitro pidió un momento se nos heló la euforia. No podíamos renunciar a esa alegría. Ya no... Pero no era el Var, era solo la megafonía: Si us plau, no llencin coxinills... Genocidio de gafas de colores, tristezas inencajables... pero el madridismo era feliz. Con esa euforia liguera que algunos, no sabemos por qué, casi preferimos, hecha de revancha, de reencuentro y de promesas. La gloria europea es una vulgaridad. Mourinho endereza épocas enteras. Te quiero, amigo, José. 



@realmadrid

Gozar del lujo



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Se llama Isidro, nació en Daimiel, es trencilla y una noche, en el Sinaí del Bernabéu, ante las televisoras del mundo entero, convocó a los capitanes del Real Madrid, Valverde, y del Villarreal, Foyth, para leerles las Tablas de la Ley (¡las Tablas de Daimiel!) del arbitraje a la española (o a la gallega, porque lo “dirige” un tal Fran Soto):


–Como capitanes, gozáis del lujo de que yo os pueda dar explicaciones.


Desde luego, este Isidro es menos modesto que el lord Bayron que dedicara su poema satírico “Don Juan” a Coleridge con las famosas palabras “I whis he would explain his explanation!” (es decir, que le gustaría que le pudiese explicar su explicación, pero como queriendo decir que ya le gustaría).


–Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo os la voy a dar –pregona Pepe Isbert desde el balcón del Ayuntamiento en “Bienvenido Mr. Marshall”.


El lujo de Isidro es el lujo de la España de los Botejara pasada por el Régimen que nos gobierna. Una España pequeñaja y chula que da isidros modernos, muy distintos de aquellos isidros antiguos que venían a la capital por San Isidro y pagaban a los chulos que les cobraban por ir por la acera de sol. Víctor de la Serna se estrenó en ABC con una loa a aquellos paletos: “El paleto, ay, da de comer a Madrid. Y de beber. Y le envía no sólo sus harinas y alubias, o sus anisados y espumosos, o sus fresas y perdigochas. El paleto le envía además a Madrid la sangre joven y oxigenada que sostiene los trabajos duros y ‘una cierta cerrada guardia moral’ que preserva acaso a Madrid de muchas podredumbres”.


–El paleto es de vista larga, filósofo, socarrón, quietista, pero con repentinas proyecciones universalistas en que se le achica el mundo a fuerza de ambición.


Hoy, a Madrid, el paleto sólo envía árbitros con la autoestima de Elon Musk. La cultura de campanario propia del Régimen de las Autonomías ha acabado con las proyecciones universalistas del paleto, que ve en el Real Madrid, el único universalismo que le queda a España, un molino de viento, y en el molino de viento, un gigante contra el que cargar. Isidro se infatúa ante un par de futbolistas como un gallo Claudio: “Gocen como capitanes del lujo de mis explicaciones, que me huelgo de verlos gozar”. ¿Y qué contestaron los capitanes?


–¡Gozo tanto al decir no! –fue el lema de una asociación de jóvenes yanquis que en los 80 levantaron la bandera de la virginidad.


Entonces Vinicius se enredó en el pelo de un adversario con tal brutalidad que el adversario no se enteró del incidente (no queremos pensar dónde estaríamos si el brasileño empuja a Isidro como Gardelito Fernández al árbitro Jablonski en el City-PSG), y a Isidro se le acabaron las explicaciones. El Régimen que en ocho años nunca expulsó a Luis Suárez le metió cuatro partidos, cuatro, al negro de la plantación rebotado. Si tuvieran que fusilarlo, apuntarían a las piernas, para que le doliera más. La España ratonera, y su corte de curitas con boqueras, no descansa. A Vinicius (cuyos rivales ven amarilla cada dieciséis faltas, mientras que los de Lamine’2030 sólo necesitan tres) le comunican su condena una hora antes de jugar un importante partido europeo, cosa que no se hizo ni con Luis XVI, a quien la Convención concedió dos de sus tres deseos, pero al menos lo dejaron cenar (dos alas de pollo, un biscuit cocido y un vaso de vino de Málaga), cosa que los “estadodederechistas” de la Federación no han concedido a Vinicius en Roma. Mala gente. Cuando se trata del Real Madrid, los covachuelistas del fútbol español no se quitan los manguitos, y hacen ajustes de horarios y de viajes como los sorches hacíamos en la mili los estadillos de las guardias, de manera que al Madrid siempre le toque la tercera imaginaria. Es una vergüenza, pero es España, que cierra por abajo un continente corrupto hasta los tuétanos. Somos el no país que inventó el no cine de Javier Aguirre, las no asistencias de Pedri y las no rabonas de Lamine’2030. Una risa trágica.


–El gato ya no se esconde: lleva la cola fuera… 


[Sábado, 17 de Octubre]

Lunes, 26 de Octubre

 


Macarena a la madrileña

domingo, 25 de octubre de 2026

Un voto en blanco



Buridán y el voto en blanco

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El TC declaró inconstitucionales los confinamientos consensuados por socialistas y populares, por lo que populares y socialistas, en lugar de entregar sus actas e ingresar voluntariamente en un Centro de Rehabilitación Democrática, resolvieron cambiar de TC, y en la votación para “legitimar” el chalaneo la diputada popular Doña Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos, que, al revés que Barras, habla bien y vota mal, votó… “en blanco”.
    

El voto en blanco no es el chaleco blanco de Robespierre ni el desaparecido derecho de resistencia del pueblo (¡hasta aquí lo mucho de tonto y lo poco de soberano que es el pueblo!); significa, simplemente, que aceptas el sistema, pero que, entre un haz de heno y otro haz de heno, no sabes con cuál quedarte, como le pasó al asno de Buridán.
    

Pero los partidejos se rigen por la ley de hierro de la oligarquía estudiada por Michels en la socialdemocracia alemana (y puesta a prueba –con éxito, con lo cual se silenció– por Bujarin en el comunismo soviético). Esa ley se resume en que los intereses que representan los partidejos son los que convienen a sus jefes, y el jefe del PP ha incoado a su diputada rebelde un expediente disciplinario por desobedecer el mandato imperativo expresamente prohibido por la Constitución, circunstancia que en su día ya tuvo en cuenta Margarita Robles, nuestra jurista más alta, para sacudirse una multa de su partido por votar contra Rajoy cuando el mandato era la abstención, y a este chamarileo llaman nuestros Hamilton “democracia representativa”.
    

En el Estado de Partidos, un Estado dentro del Estado, los partidos son a la vez “órganos del Estado, legisladores y representantes de sí mismos bajo el pretexto de integrar (nunca ‘representar’) a las masas en el Estado”.
    

Anticipado por Schmitt en el 63: “La época de la estatalidad ha llegado a su fin. No merece la pena perder el tiempo con ello”. Históricamente, el aburrimiento y el cansancio suelen ser las fuerzas de la implosión, todavía peor que la revolución.


[Diciembre, 2021]

Adnane Ghailan. Brote blanquiverde.

 

 
Adane Ghailan
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     
         Pueden ustedes comprender que lejos de molestar la vanidad de servidor por presumir como un imposible que el Córdoba pudiera mantener a cero la portería, mi yerro de agorero me complace y hasta reconozco que ayer en la segunda parte en El Arcángel ante el Éibar pasé muy buen rato porque el equipo de Ania jugó bien. Atractivo en parla cursi. Es la segunda jornada sin gol en contra...¡bueno!.., hubo uno en la primera parte de Martón que el tiquismiquis del VAR anuló por la puntita de la bota -literal-, menudencia inapreciable al ojo humano e incluso al del águila perdicera. Gol que si se lo anulan a tu equipo te acuerdas de quien no debes. El Éibar se presentaba con bajas importantes. Sin los centrales Arbilla, su gran capitán, y Elguezábal, que lo fuera del Burgos hasta el 2024. Faltó también Álvaro, un lateral derecho que suele ser titular y a mí siempre me ha gustado desde sus tiempos de El Plantío. Eché de menos alguno más, como el negrito del Athletic Adu Ares, o Iván Gil, el de los goles, que salió ya tarde en la segunda parte. Guruceta, el más virguero a mi parecer, tampoco empezó el partido. A pesar de las bajas el equipo vasco intimidó en los primeros minutos, tuvo tres jugadas francas pero por primera vez en la temporada el Córdoba me pareció suelto, dinámico, combinativo..., virtud ésta a la que ha contribuido sobre todos Adnane Ghailan, reciente aparición entre lo titulares de Iván Ania llegada del Europa y al que le estarán, supongo, saliendo novias por generación espontánea. Lo ves andar y correr y parece torpe, "pataleto", pero no es lento, es astuto, ve rápido el presunto movimiento del compañero para que nosotros veamos fútbol "de categoría". Ayer asistió en los dos goles, robó por anticipación inteligente varios balones y se compaginó fenomenalmente con Eder García, la otra clave de este aparente rebullir del Córdoba al que le puso el primer gol tras triangulación de equipo bueno de Primera División. Del tercer elemento y al que considero importante para lo de cero goles en contra, creo que es Juan Gutiérrez, central a la antigua como los que chocaban sin miedo sus cabezas contra aquéllos nueves rocosos como resulta el Martón del Éibar. Esperpéntico el árbitro, que llegó a expulsarlo por la doctrina de San Ginés que quien tiene cara de bruto lo es..., por la mirada, no sé, el caso es que tras una jugada en la que se la tuvieron tiesas Martón y Juan, el juego continúa y a los 20 segundos de la caída de Martón que no vio el señor Gordillo Escamilla de espaldas, éste se volvió arrebatado por el alarido del delantero y lo expulsó. Expulsó por sospechas, sin ver. El no va más ya de la modernidad. Le llamó el VAR, claro, y le dijo que no hay brutalidad, que es discusión menor, no hay agresión... etc. Lo pongo porque acabo de escuchar el esclarecedor diálogo que delata a un árbitro que sanciona no por lo que ve, si no por convicción moral. Como la de algún juez que servidor se sabe y a los treinta años de sufrir condena un sospechoso, aparece el ADN del verdadero culpable.


     Bueno... no nos metamos en terrenos pantanosos y me limito a destacar, a mi modesto parecer, el mejor partido de la temporada del Córdoba, mientras esperamos al que se supone mejor de la jornada. Atentos a la defensa de Flick.