sábado, 30 de mayo de 2026

El morabito de León




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Leo que el “chialé” de Zapatero en Eras de Renueva, León, se ha convertido en un centro de peregrinación popular. Algo así como la casa de Diocleciano en Split, Dalmacia; el monasterio de Carlos V en Yuste, Cáceres; o la casa del doctor Mateo en Lastres, Asturias.


Pero, ¿qué es lo que usted está viendo?


Yo veo lo que quiero, y allá usted si no ve nada


Es la conversación que Ramón Gómez de la Serna atribuye a los mirones de vallas (o mirones de obras), que es una rama de las clases pasivas exclusiva de España.


Así los mirones de la valla (tres metros de altura) del “chialé” de Zapatero, o sea, el morabito de León, donde el gran pacífico español podrá ejercer su influencia sobre la revolución pendiente, ésa que tuitea Pedro Jota, y para la cual, decía Talleyrand, sólo hacen falta dos tuberculosos inteligentes y quinientos imbéciles robustos.


Este morabitismo leonés alrededor del morabito que llegó al Poder investido de Lawrence de Eurabia impone por lo que tiene de justicia poética.


Como mujer, no tengo patria –dijo un día, solemne, Zapatero–. Como mujer, mi patria es el mundo.


Como mujer, su patria será el mundo; como morabito, en cambio, su patria es este “chialé” vallado hasta una altura pensada como para que los que están dentro no puedan salir y los que están fuera no puedan entrar.


El 20 de noviembre los parados valetudinarios del zapaterismo podrían hacerse transportar en parihuelas hasta el morabito de León y votar prosternados en señal de consumación.


Después, el cielo: esa vida muelle del ocioso entregado a su vocación intelectual.


Me veo sentado sobre una nube haciéndole dulces objeciones al Creador –contestó el benedictino Dom Guéranger cuando le preguntaron cómo concebía él la vida en el cielo.


Y el padre Guepin, abad mitrado de Silos, se lo figuraba (el cielo) como un eterno paseo, por los Jardines del Paraíso, haciendo “respetuosas objeciones” al Ser Supremo: ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?


Lo celestial del “chialé” de Zapatero serán las cenas para hablar de Borges con Gamoneda, y toda su ex pobreza a cuestas; con Guardiola, y todo su gandhismo de Sampedor en la levita; y con Elena Benarroch, y todas sus colas de castor al hombro, que en el invierno de León van a hacer falta.
Una vez Juan García “Mondeño” cambió la plaza de toros por el convento dominico en Caleruega, cuna de Santo Domingo, martillo de los albigenses (unos palurdos que Gustavo Bueno ha vuelto a ver en los “indignados” de la Puerta del Sol), y de todas partes la gente peregrinaba hasta allí en demanda del milagro del desespero. Mondeño no lo resistió y volvió al toro.


¿Volverá Zapatero al ruedo ibérico?


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[Septiembre, 2011]

San Isidro'26. Garcigrandes y Torrealtas, con Talavante de consentido de un presidente orejero. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

. Tras el bochornoso espectáculo vivido el jueves con los therian de Juan Pedro Domecq, la corrida de hoy casi podría haber pasado por cumbre torista. Quedamos a la espera de la siguiente cucharada de melaza juampedrera, que es un trágala que nos pone Plaza1 y que nos ha de llegar, sin que nadie lo haya pedido y si Dios no lo remedia, el próximo viernes.


Hoy, como decíamos, gran cumbre torista comparada con lo del día anterior, protagonizada por los seis de Garcigrande que se aprobaron por la mañana, más una tómbola de carne también de Garcigrande que iba de sobrero, más dos de Torrealta a los que hoy también les llegó su hora. Desde que vimos en la ficha al obeso de Garcigrande, Exiliado, número 89, ya estábamos relamiéndonos con la ilusión de que le tocase a Pablo Aguado, a ver qué era capaz de hacer él con esas 62,17 arrobas, y como a veces los sueños se cumplen, resultó que efectivamente ese animal que se hallaba en el rango de peso de un limosín, fue a las torpes manos de Aguado, aunque como dice el refranero «bien poco dura la alegría en la casa del pobre», porque sus caídas y caidillas desde su salida hasta su pase de consulta por el negociado equino, provocaron que el palco exhibiera el color verde que sacaba de nuestras ilusiones a Exiliado, quien partió, guiado por la parada de bueyes siderales del Ingeniero Aeroespacial don Gabriel Martín, a la Tierra de No Volverás.


La cosa del pañuelo verde se la achacamos y se la agradecemos por completo al celo veterinario de don Ignacio Ramón, hoy de servicio en el palco, que manifestaría sin duda su docta opinión sobre los febles y caedizos Arenisco, número 107, Frailón, número 56, y el ya dicho Exiliado, los cuales hallaron la horma de sus pezuñas en la pañolada cuyo color convenía a sus trazas, sin que el respetable se tuviera que desgañitar mucho, cosa que es de agradecer con el calor que hacía. 
Para dar fin de los Garcigrande se trajeron a Las Ventas a Morenito de Aranda, de azul marino y oro, para que no sea Talavante el que abre plaza; a Talavante, de burdeos y oro, y a Pablo Aguado, de oro y oro y más oro, todo el oro del Klondike en su vestido.


El primero tuvo algo de toro porque era un poco listo. Lo mismo no valía para altos estudios superiores, pero para toro un poco incómodo sí. Fue saludado casi en los medios, de rodillas, por
Morenito, luego recibió una vara y un leve picotazo y sin nada reseñable en banderillas se puso a las órdenes de la muleta de Morenito, que andaba un poco despistado por haber entrado en este cartel y con esta ganadería y pretendía ir de fino y estilista, cuando lo suyo es un toreo más de fiestas y de bota de vino de la Ribera del Duero. Mata de una estocada entera algo desprendida y muy efectiva.


El segundo era Guapito, número 87, que pasará a los anales de Las Ventas por ser el toro en el que la entrañable amazona doña Rocío ha amonestado a un monosabio que andaba jeringando al toro con su varita, allá en el tendido 3. Siempre hay una primera ocasión. El toro corretea por diversas partes de la plaza para que todos podamos comprobar cómo lleva de escobillado el pitón derecho, cosa que certifican las fotos de Moore. A saber qué les harán. El animal cumple en la primera vara y en la segunda se deja zurrar sin parecer que le importase mucho. Se aproxima Aguado al toro con su vestido de Fort Knox y con su capote enorme y le arrea unas verónicas low cost en las que se echa al toro para afuera y que ciertos visionarios subrayan con esos ¡bieeen! que nada dicen. Esperamos a Ambel a ver sus pares y nos deja con un par de narices, que sí, que primero clavó los dos palos y después ninguno, y luego quiere clavar una y no se clava, y al final ya puso el par. No fue su mejor día. Luego llega la parte muleteril y
Talavante se percata en seguida de que el toro no hace la noria, y como su tauromaquia hortelana necesita noria, aquello no marcha. Al no disponer del elemento esencial para su toreo, decide, generosamente, mostrar diversas cosas que se pueden hacer con la espada tales como dar un pinchazo o bien dar media estocada atravesada o bien descabellar.

 
El tercero es Arenisco, que se va al guano, y se corre turno para que salga Visitante, número 57, que hace una salida de tener más mili en los corrales que el jubilado Florito.
Aguado vuelve a desplegar sus metros cuadrados de tela para instrumentar esta vez unas verónicas de pegolete acompañando el viaje más que toreando y un bonito galleo por chicuelinas para llevar al toro al équido forrado de plástico donde le ponen la vara mientras él levanta la cara e inmediatamente se cae. En la segunda entrada recibe un picotazo buenista, pero eso no le impide volver a doblar sus manos, y eso debe ser, porque tal y como leí en un portal serio de información taurina debía adolecer de «falta de apoyo en las manos». Tras pasar por las manos de Iván García, que nuevamente vuelve a brillar con los palos, comienza el via crucis de Aguado, que se puede resumir en nada, nada y nada antes de cobrar dos pinchazos, un pinchazo atravesado y una estocada entera atravesada. Lo del atravesado es de lo fuera que se echa al herir, por si alguien no lo pilla.


Vuelve Morenito con otra disposición, sacada de su mente su anterior unción y dispuesto a ser más él. Entra el toro, Naviero, número 62, al penco y se le enreda el pitón con las faldillas, con lo que está tiempo y tiempo con el caballo intentando zafarse, casi como queriendo hacer una caricatura de aquél mítico toro Capitán, número 43, de Hernández Pla. A la segunda entra y sale sin más, y tras un quite guarripé viene el esperpento de las banderillas entre Pavón y Mellinas: dos al suelo, clava una, pasa en falso y ¡al fin! clava dos y clava dos. Morenito se va al calor del 5 a buscar aplausos sudorosos y allí se pone a lo suyo sobre todo por la derecha sin que la cosa fructifique. Ahí se tira un ratillo, para terminar entre el 9 y el 10 con una estocada entera algo caída mientras en la grada del 7 un tipo le arrea una patada en la cabeza a otro y se forma una tremolina hasta que la Policía Nacional con su grito de guerra: ¡cabayero, cabayero! irrumpe en la grada para llevarse a empujones al agresor

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El quinto, Frailón, se desvanece ante nuestros ojos, no sin antes haber explotado toda su fuerza en derribar al penco de Manuel Cid, y sale Curioso, número 41, de Torrealta, de albos pitones. Su paso por el negociado de Equigarce se resume en que primero empuja sin brío, aunque Manuel Cid le tapa salida, cayéndose al salir y después choca con el kevlar y luego se desploma, para finalmente salir de naja y volver a caer: he ahí las tres caídas de Curioso. Tras la estupenda brega de Javier Ambel llega Talavante el camaleón y se planta de rodillas a imitar el inicio de Roca Rey del jueves. Es que lo lleva en la sangre, como un Zelig del toreo. Luego lo mismo de siempre con la falta de interés y de pasión de siempre, incluyendo lo de tirar el espadín falso y la novedad de unos atrabiliarios cambios de mano. Se aprovecha bien del trote cochinero del toro y mientras se produce un nuevo conato de agresión en la grada del 7 él vuelve a tirar el espadín para dar lugar a un final amorcillado y aletargante, un gazpacho de pases sin sentido ni unidad. Cobra una estocada entera delantera y atravesada soltando la muleta que provoca una tibia petición de oreja devaluada que, solícitamente, es concedida por Rodríguez San Román «el Magnánimo» y protestada con fuerza por media plaza. Oreja inútil y pueblerina que suma una más a todas las olvidadas orejas de Tala.


Tras el toro gordinflas sale otro de Torrealta, Exitoso, número 35, que para no ser menos dobla las manos en la primera vara y aprieta algo más en la segunda. Iván García lo mueve con soltura y llega a la muleta de Aguado igual que todos los que aún quedábamos en la plaza, preguntándonos ¿por qué? Aguado ya piensa en irse al hotel a pegarse una ducha y quitarse los oros y como, además, no tiene nada que decir, y es un vino bastante aguado, le deja al toro una media suficiente que pone fin a un festejo que se hizo tolerable gracias a la compañía.

 



 

ANDREW MOORE

 



 
 FIN

Sábado, 30 de Mayo

 


Valle de Esteban

Camino de Santa Fe

viernes, 29 de mayo de 2026

Zapatero





Ignacio Ruiz Quintano
Abc


La última vez que Carlos Monsiváis pasó por España, nos dejó dicha una cosa que tenía bastante sentido: todos los políticos de Méjico tratan de ser personajes de culebrón, ese género de TV cuyo lenguaje está bien vigilado y acotado: «Apenas quinientas palabras.» Bien mirado, tampoco hacen falta más para moverse hoy por el mundo. Y cuando Fox triunfó en Méjico, Monsiváis era el único intelectual mejicano que había anticipado —y comprendido— el fenómeno: nadie sabe qué ideas tiene ese Fox, pero todos sabemos que tiene un rancho.


A lo mejor sólo es una aprensión, pero puede que aquí también les dé a los políticos por montárselo de personajes, no de culebrón, sino de «Gran Hermano», cuyo lenguaje, como hemos visto, aún está más vigilado y acotado que el del culebrón. De momento, ahí tenemos a Zapatero, cuya historia, por lo que se oye y se lee, parece sacada de alguno de aquellos cuentos que Rafael el Gallo solía hacer en la tertulia de Cañabate. Contaba una tarde el Gallo que él era muy amigo del señor obispo de Madrid: «Un día viene a verme uno de parte del obispo, a pedirme una corría. "Pero, ¿usté es torero?" "Yo, no, señor; yo soy zapatero, pero quiero ser picaor; creo que sirvo para eso, y me he ido a ver al señor obispo, que sé que es amigo de usté, me he arrodillado ante él, y le he dicho: Déme Su Ilustrísima un recao pa el Gallo, y que me saque de picaor en una corría... y aquí estoy, a ver si usted lo hace." Yo, claro, tratándose del obispo, pues, ¡qué iba, a hacer! Le di la corría, una corría de Miura, una moza, trescientos ochenta y dos pitones. Salió la corría de toros, bravísima; en cuanto veían un caballo, se iban pa él como un rayo, y ¡zas!, el picaor a la enfermería y el jaco al desolladero. La gente venga a pedir: "¡Caballos! ¡Caballos!" El recomendado del señor obispo estaba escondido en la cuadra; el contratista de caballos andaba loco buscándole; por fin, lo encuentra y le dice: "Pero, ¿qué hace usted ahí, hombre dé Dios? ¿No oye usted que están pidiendo picaores?" Y entonces él contesta: "¡Y a mí qué! ¡Mientras no pidan zapateros, que es mi oficio!"».


En la vida no hay ninguna respuesta general a la cuestión de lo que constituye una vida con sentido. Pero la política es otra cosa, y a muchas personas las excita el sentimiento de estar involucradas en una empresa grandiosa, incluso aunque no tengan ninguna responsabilidad por su dirección. ¿Acaso el gozo del ciempiés no es la encrucijada? Pues en la encrucijada felipista se ve que el que ha llevado el gozo al ciempiés socialista se llama —otro triunfo del nominalismo— Zapatero.


«Hay que volver a Tales de Mileto», decía el otro día Constantino Romero en su concurso de TV. Claro que, al lado del de Mercedes Milá, que triunfa mirando por encima de las tapias, el concurso de Constantino Romero, que triunfa mirando por encima de las gafas, no lo ve nadie, y la gente, que no sabe quién fue Tales de Mileto, prefiere identificarse con Zapatero, que tiene un aire entre Enrique Ponce y Landelino Lavilla, dos triunfadores tranquilos, que son los de moda, como el alcalde de Madrid, que dice que el objeto de la política municipal es «la persona», o como Zapatero, que dice que el objeto de la política socialista es «el ciudadano». Es una cuestión de halago. «Es literatura... ¡y lo entiendo!», se dice el lector de Gala. «Es política... ¡y lo entiendo!», se dice el elector de Zapatero, cuyo único compromiso político consiste en «la incorporación de todos los ciudadanos al mundo de la información».


Dice Aristóteles en su «Política» que cada cosa tiene dos usos, uno propio y otro impropio. «Unos zapatos pueden usarse, lo cual es su uso propio, o cambiarse, lo cual es su uso impropio.» El uso que nuestro Zapatero hace del mundo de la información es impropio de un compromiso político, pues no compromete a nada, salvo al uso de apenas quinientas palabras, aunque no se sepa qué significan, porque, a todo esto, ¿qué significa «sinergia», que no se les cae de la boca?


El Gallo

«Es literatura... ¡y lo entiendo!», se dice el lector de Gala. «Es política... ¡y lo entiendo!», se dice el elector de Zapatero, cuyo único compromiso político consiste en «la incorporación de todos los ciudadanos al mundo de la información» 

San Isidro'26. Seis jureles de Domecq viendo («bedroom eyes») pasar el tren, que era la mecedora de Urdiales. Márquez & Moore


El pico


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


La paremiología nos ofrece este aserto tan certero que reza: «Días de mucho, vísperas de nada», con el que se expresa lo corriente que es el hecho de que después de la abundancia no es raro que venga la necesidad. Ayer (miércoles para el lector) tuvimos un regalo en forma de tremenda corrida de toros y, para compensar, hoy tuvimos la nada taurina, pues estos pobres animales tan bondadosos, tan bobos, tan zompos que hoy salieron a Las Ventas apenas tenían nada que ver con las fuerzas desatadas de la naturaleza que hollaron ayer el ruedo proclamando las más incontrovertibles verdades del toro de lidia: la fuerza, el vigor, la casta, la bravura e incluso la mansedumbre. Hoy, como si vinieran de otro planeta, seis jureles de Juan Pedro Domecq fueron capaces de originar el mismo tipo de sopor que producen esos videos de pintura secándose que hay en YouTube y, si los asientos de la plaza fueran algo más cómodos, los ronquidos habrían superado incluso a los ¡bieeeen!, esos que tanto se estilan.


Como nos gusta siempre ir a lo positivo, diremos que lo mejor de la tarde fue la magnífica interpretación del himno nacional de España que ejecutó con unción y parsimonia la espléndida banda del maestro don Rafael Zahonero, y con esto se acabó lo bueno que nos deparó la tarde, en la que no ha existido el toro, que lo han cambiado por unos animalejos de mirada estúpida y perdida, esa mirada de Marilyn Monroe a la que se denominó «bedroom eyes», que evoca desvalimiento o vulnerabilidad; y en la que, salvo dos apuntes ínfimos, no existió el toreo, sustituido por ese vaivén como de mecedora que extasía a las buenas gentes y que tantísimo dista del toreo recio, verdadero y bien ejecutado, conforme a las reglas del arte, que se les hace a los toros.


En realidad más que una corrida de toros lo que hoy se dio en la calle de Alcalá 237 fue una amable kermesse con animales de ésas en las que se combina el ambiente de una feria con la exhibición, interacción o concurso de diferentes especies domésticas y de granja como en la Wendener Kirmes de Westfalia del Sur y otras que se dan en Alemania. Hoy se trataba de una kermesse centrada en bóvidos que exhibieron de manera incesante, ante los aplausos de la concurrencia, sus habilidades embestidoras, sus trotes alegres y despreocupados, sus mohínes de enfado al ser un poco hostigados, sus caiditas de slapstick y, sobre todo, su mirífica bondad, sus deseos de agradar y su disposición a acometer todas las pequeñas tareas y rutinas que se les iban encomendando a cada rato. No perderemos el tiempo en escribir el nombre de los seis manatíes que anduvieron hollando la arena de miga de Las Ventas, porque lo que deseamos es que su memoria desaparezca cuanto antes y con ella se borre de nuestra mente, de una manera absoluta, el denso sopor que nos ha ocasionado la contemplación de su absurda vida pública.


La ocasión para todo lo anterior venía dado porque hoy se celebraba la Corrida de la Prensa. Imaginen ustedes cómo está la prensa hoy día, para hacerse una pequeña idea de cómo fue la corrida de la prensa. Este año contamos con la presencia de SM el Rey, que estuvo acompañado por Victorino Martín en una barrera del 9 y ahí se pegaron la tarde, que lo mismo Victorino le explicó a Don Felipe la diferencia que hay entre esos peluches que había en el ruedo y lo que es el toro de Victorino, para que el monarca, que no es lo que se dice un gran aficionado, pudiera calibrar que esos mohínes, esos giros y esos tropezones, tan característicos del Bos Taurus Juampedrerus distaban una barbaridad del comportamiento de aquel toro bravo, Belador, número 121, cárdeno, encaste Albaserrada, ganadería de Victorino Martín, lidiado en esta misma plaza hace 44 años.


Para acompañar a los simpáticos animales en sus evoluciones y para estimular sus deseos de corretear contrataron a Diego Urdiales, que vino vestido con el terno de moda de este año, ese azul almacén que hace furor; a Roca Rey, de berenjena y oro, y a Bruno Aloi, que venía de blanco a abrir plaza y a confirmar la alternativa que le dio Roca Rey en Aguascalientes (Méjico) el año pasado.


Lo peor de la tarde fue Urdiales, porque sabemos que él tiene la moneda y no le dio la gana de sacarla para que se viese, prefiriendo poner su conocimiento al servicio del pajareo por las afueras y de esa ligazón en los pases que es tan cara a los públicos contemporáneos. Las condiciones de su toro -eran dos pero parecían el mismo- sin un mohín, ni una mirada, acudiendo presto y sin maldad al cite, bien merecían que el riojano hubiera mostrado un poco de generosidad para con la plaza y hubiera dejado dos lecciones de cómo y dónde se torea, pues él sabe esa materia. A cambio optó por el vaivén, el confort del pico, la posición en las afueras y, entre ese piélago de vulgaridad, camuflada en su elegante figura, dejó un par de buenas verónicas, un natural, un hermoso pase de trinchera y una soberbia estocada. No hubo más, pero las buenas gentes, felices de echar la tarde junto a su Rey, ondearon sus pañuelos sin una enorme convicción, pero que fue suficiente para que don José Luis González y González y González y González, tan comprensivo siempre, sacase el trapo blanco que ponía en manos del veterano torero de Arnedo primero una oreja y luego otra que le sirvieron para franquear la depauperada Puerta Grande de Madrid. Bien sabemos que esas orejas no valen ni para que se las lleve a El Perchas de la calle Laurel de Logroño que, como todo el mundo sabe hace unas deliciosas orejas picantes o rebozadas, y desde luego no son esas orejas las que quedarán en el recuerdo el día de mañana, cuando hablemos de Diego Urdiales.


De Roca poco hay que decir porque él tiene sus maneras, que rechazamos, pero lleva a las gentes a la plaza y ante eso, un respeto. Dio su pequeño mitin taurómaco en el que no faltaron cosas de rodillas, otras traídas por el espaldar y mucho trapo por aquí y por allá. Le vimos más espeso en el animal de la cara A y más suelto en sus modos en el de la cara B, en el que sacó más su personalidad. Otra oreja barata pasó a sus manos por la generosidad del susodicho y no sé si no andaba medio encolerizado con tantos que le negaban el pan y la sal. Allá él.


La corrida, por llamarla algo, se iba alargando y alargando y aquello nunca terminaba. A las 10 menos 19 minutos de la noche agarraba Bruno Aloi su muleta para comenzar su insulso trasteo, tiempo que empleamos en varias tareas de papiroflexia, creando aviones, pajaritas, aviones flecha y una bonita sombrilla con los restos del Programa Oficial número 27 de la temporada 2026. A las 10 menos 7 minutos dobló el juampedritis y salimos huyendo al bar a tomar un café solo doble que nos sacara del sopor, asombrados de haber sido capaces de aguantar tanto.


Hoy no trabajó Iván García, pero a cambio nos repitieron a «Pirri».



 Zompo y yo


ANDREW MOORE











Las tres edades, 1923








El rey de los cowboys, 1925


FIN 

Viernes, 29 de Mayo

 


Valle de Esteban

Fiebre primaveral

jueves, 28 de mayo de 2026

Rocanrol. Isle of Wight Festival 2026. Get The Water, 20 de Junio

 


Isle of Wight Festival 2026

[18-21 de Junio]




Get The Water

[20 de Junio]




El Festival de la Isla de Wight de 1969 se celebró del 29 al 31 de agosto de ese año en la ciudad inglesa de Wootton , en la Isla de Wight . El festival atrajo a una audiencia de aproximadamente 150.000 personas para ver actuaciones de artistas como Bob Dylan , The Band , The Who , Free , Joe Cocker , The Bonzo Dog Band y The Moody Blues . Fue el segundo de los tres festivales de música celebrados en la isla entre 1968 y 1970. Organizado por Fiery Creations, de Ronnie y Ray Foulk, se convirtió en un evento legendario, en gran parte gracias a la participación de Dylan, quien había pasado los tres años anteriores en un semi-retiro. El evento estuvo bien organizado, en comparación con el reciente Festival de Woodstock , y transcurrió sin incidentes. [Wikimedia Commons]







San Isidro'26. Gran corrida de Pedraza, y un Jarocho "con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en medio" Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ 


Muchas personas acaso no se habrán dado cuenta de que en la parte alta de la Puerta Grande de Madrid hay un gran letrero hecho con azulejos de hermosos colores, obra del ceramista Romero Mesa, en el que puede leerse la inscripción “Plaza de toros”. Bien es verdad que esa denominación se queda muchos días muy, muy corta e inexacta y que, a veces, preferiríamos que hubiese allí colocado un marcador electrónico que nos señalase con más precisión los otros usos cotidianos de la plaza, tales como “Granja de cochinos”, “Redil de cabras” o “Criadero de caracoles”, dependiendo del espectáculo que se diera cada día. En el día de hoy, por ejemplo, nada más apropiado para el frontispicio que el letrero original, porque hoy lo que ha habido en Las Ventas ha sido una entretenida, variada, peligrosa, emocionante, difícil y hermosa corrida de toros, de esos toros con los que ningún torero puede venir a contarte que «he estado muy a gusto», «me ha permitido realizar mi faena soñada», «me he sentido mucho», «me sentí muy de verdad», «conecté muy bien con el toro», «viví sensaciones únicas» o «lo he disfrutado una barbaridad», porque en esta tarde de hoy martes no había posibilidad alguna de disfrute ni placer, sino de desasosiego, incertidumbre, dificultad, escollos y contrariedades en los más diversos grados.


Antes de seguir haremos un pequeño apunte histórico referido a la ganadería de Pedraza de Yeltes, que es la que hoy se anunciaba en los carteles, recordando al paciente lector que en el San Isidro de 2025 esta ganadería soltó el más importante toro de la Feria, el gran Brigadier, número 2, al que le fueron hurtados los premios a que era acreedor, que eran todos, para dárselos a una especie de buey con erisipela llamado Frenoso, número 95, de Victoriano del Río. El Maligno nunca para en su obra de destrucción y aquí convenía ningunear las netas condiciones de bravura de aqel gran toro de Pedraza para enaltecer a un bóvido más acorde a los bastardos intereses de aquellos que odian de manera permanente y constante al toro bravo, al toro de casta, que manifiesta sus óptimas condiciones en los tres tercios y que muere de frente, sin quejas y con la dignidad intacta, proclamando el honor de su divisa.


Hoy Pedraza de Yeltes se presentó en Madrid con un impecable encierro que ha dado en la báscula venteña un promedio de 603,6 kilos. Seis toros serios, bien armados, bien comidos, lustrosos, vivaces y listos, con un indiscutible fondo de casta y con unos comportamientos variados y surtidos, en los que la palabra «respeto» es la que mejor define la impronta de su magnitud.


Acartelados para dar fin de este impresionante encierro se vinieron a Las Ventas Isaac Fonseca, José Fernando Molina y Jarocho. Como curiosidad digamos que frente a los 21.594 espectadores que concitó la novillada del día anterior, hoy solamente 19.098 almas tuvieron la fortuna de asistir a esta gran tarde de toros. Dejamos en manos de los pacientes sociólogos el caso para que traten de explicarnos esa circunstancia.


Volviendo al Brigadier del año pasado, digamos que ese inolvidable toro fue lidiado y muerto a estoque por Isaac Fonseca en la única corrida que toreó el año 2025, y aquí teníamos un año después a Isaac Fonseca, vestido de azul de almacén y oro -el hallazgo es de Pepe Campos-, frente a Buscadero, número 39, primero de la tarde. Mucha desconfianza, perfectamente comprensible, demuestra Fonseca con su primero, intentando tirar líneas por las afueras, cosa explicable por las condiciones del toro, sin acabar de dar el paso adelante hasta que en un momento se queda excelentemente colocado y le arranca al toro una espléndida serie que llega fuertemente al tendido. No puede o no quiere continuar en ese registro, con el que ha demostrado que el toro se entrega, y ya no hay más hasta la soberbia estocada con la que despenó al de Pedraza.


José Fernando Molina, o simplemente Molina, se vino a Las Ventas muy bien vestido de azul marino y oro y sorteó por delante a Tontillato, número 15, un colorado marca de la casa que se emplea frente a las faldillas con patas y se pone serio en el segundo tercio. Molina estuvo ahí aguantando las petrificadores miradas del toro y tratando de sacarle los pases, sin que la ayuda brindada por el toro para tal fin fuera digna de elogio. A fin de cuentas el toro no está ahí para ayudar a nadie. Lo mató sin más.


Jarocho venía a Las Ventas a cara de perro con sus 7 festejos en su primer año de alternativa. Puede decirse que él fue quien dio la vuelta a la tarde, que discurría sin dar enaltecimiento a los toros precedentes, cuando decidió poner a Dulce, número 60, de largo al caballo. El regalo que le hizo a Óscar Alba fue morrocotudo, porque los 624 kilos del toro, su longitud y su presencia no eran las señas que más podían apetecer al picador. El toro se arrancó con viveza al cite y se empleó como pelean los toros bravos en la primera vara; en la segunda ya se vio a las claras que Alba no deseaba que el animal se le arrancase a aquella distancia. Por desgracia para él, el toro lo hizo tomando una buena vara, en la que el piquero le clavó donde y como pudo. Con el gran ambiente que se creó tras el tercio de varas, vaya todo el mérito para el toro, éste se explayó en banderillas demostrando su clase y sus excelentes condiciones, su vibrante embestida, su bravura  y su altivez. Jarocho se fue al toro decidido a darle la batalla, cosa que hizo con gran hombría, sin rehuir la pugna en la que netamente se vio siempre al toro como vencedor. Ello no hizo amilanarse al joven burgalés, que mantuvo durante todo el emocionante trasteo la valerosa convicción en sus capacidades, y donde muchos otros hubieran puesto tierra por medio, él puso coraje, ganas y tesón en una pelea que perdió a los puntos con la máxima dignidad. Ovación para el encastado y bravo toro en el arrastre.


Volvió Fonseca, ahora con Hurante, número 45, que acudió al caballo a recibir los lanzazos de rigor y luego la delicada brega de Iván García. En el inicio de la faena de muleta le pegó una fuerte voltereta al mejicano, que en seguida volvió al tajo sin que sus mañas dejaran esta vez huella en la parroquia. Al entrar a matar se cayó, y el milagroso capote de Raúl Ruiz le libró de lo que ya se veía como una segura cogida, momento perfectamente captado por el objetivo del maestro Moore. Ya le puede regalar Fonseca una botella de mezcal del bueno al de San Fernando de Henares.


Molina sorteó en segundo lugar a Mironcillo, número 23, negro, listón y chorreado, que se abalanzó con todo su vigor intacto a derribar de manera estrepitosa a Curro Sánchez y su cabalgadura. Luego vino un desaguisado mientras los monos querían levantar al semoviente. Entonces, sin ton ni son, decidieron picar en chiqueros, donde el toro se abalanzó de nuevo a por Richi Romero y su mascota equigárcica. Muy mal el Presidente ordenando el cambio. Luego vino la vergonzosa, humillante y tradicional ovación al caballo cuando al fin fue puesto en pie. Ante la incomprensión de algunos en la solanera, Molina estuvo hecho un tío frente a las incertidumbres del toro. Tragó lo que no está en los escritos y trató de conducir la personal embestida del toro optando por sacar los muletazos de uno en uno, con exposición y avidez, a despecho de las intenciones del Pedraza. La papeleta era harto difícil.


En el sexto vimos, al fin picar. El milagro fue protagonizado por Juan Melgar frente a Hurón, número 41. Con una buena monta, moviendo al caballo como se debe, dejándose ver, provocando la firme embestida del toro, lanzando la vara de detener, haciendo la suerte como se debe hacer, Melgar puso en valor su oficio de picador de toros en las dos varas y se llevó una fuerte ovación cuando, orgullosamente, se retiraba de la plaza. Sin dudas, sin probaturas, Jarocho se plantó frente a Hurón «con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en medio» demostrando que a un toro serio se le puede comenzar decididamente por naturales, y en ese registro continuó en sus tandas, que a veces fueron desarrolladas de uno en uno, obteniendo muy buenos pases por trazo y colocación, con algún adorno y midiendo la duración de la faena para que no se convirtiese en la losa cotidiana.


Decir que Iván García se desmonteró tras sus pares es ya casi reiterativo, porque casi todos los días que trabaja, y son bastantes, lo hace.


Melgar


Jarocho


ANDREW MOORE




















FIN