jueves, 16 de julio de 2026

Buridán


Jean Buridan


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Equidistante entre dos haces de heno, el tancredismo gallego (¿sube o baja?) de Mariano y el “leninismo amable” de Pablemos, el sanchismo de Snchz ha muerto de hambre, como el asno de Buridán, que será sustituido por el peronismo trianero de Susana Díaz, con pinta de poder comerse los dos haces a la vez.

Ahora, con las humanidades en fuga, los políticos ya no se dividen en sabios e ignorantes (Obama no le llega a Hamilton ni a la suela del zapato, y la venganza de Obama, ay, es retirar de los billetes de diez dólares la efigie de Hamilton y sustituirla por la de alguna dama de acrisoladas virtudes), sino en hábiles y torpes: Putin y Lavrov son hábiles, y por eso les han comido la sandía a Obama y Kerry, que son torpes.
Los políticos españoles están hoy a la altura de la literatura que producen, entre negritas de amigos y chascarrillos de pasillo, obra de ratones colorados que pasan por analistas sin haber leído una palabra de Marsilio o Maquiavelo, de Hamilton o Madison, de Sieyès o Montesquieu, de Paine o Bagehot, de Michels o Gramsci (¡de Gramsci, Errejón, que te conocemos, no de Laclau!), de Leibholf o de Schmitt.
El resultado es el aguachirle federal de Snchz o la sopa juliana (dicen que un tal Juliana, “gramsciano de derechas”, es su nuevo mentor) de Pablemos en un país que en lugar de gobierno tiene consenso (consenso es que Rajoy, para imponer una multa de aparcamiento a Mas, tenga que reunir a “los líderes” en La Moncloa), tótem y tabú, ese consenso, de un sistema agotado, razón por la cual dos oportunistas jóvenes como Pablemos y Rivera, viéndolos chapotear en la sopa primordial del consenso, nos parecen tan viejos como Gregorio López Raimundo o Nacho Camuñas.

Y para los verdaderos jóvenes queda que la democracia a la española es, como la vida en Shakespeare, un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa. La comanda del desayuno en el camarote de Groucho.
¡Y dos huevos duros!
 
 
[Diciembre, 2015] 

La final del Mundial de Fútbol de 2026. Y el tostón de «el mejor de la historia»


Cotorra argentina (Myiopsitta monachus) yacente en alcorque madrileño
Calle Montesa/Lista


Pepe Campos


Hemos escrito mucho sobre Messi y en torno a Argentina a la hora de analizar este mundial de fútbol de EEUU (Canadá y Méxito) de 2026. El domingo se celebrará la final entre España y Argentina. Ha llegado la hora de valorar lo que puede ocurrir en ese encuentro que a priori parece igualado. Se puede decir que para España enfrentarse al equipo argentino (y a Messi) introduce un factor de dificultad que contra Inglaterra no se hubiera dado. El equipo inglés, como se demostró en su semifinal con la escuadra sudamericana, iba a ser más asequible mediante un garantizado control del juego por parte de los jugadores españoles. Ahora bien, así las cosas en estos momentos, para España todo lo que pueda suceder se nos antoja de una evidente contrariedad, por diferentes motivos. Pasan por la presencia de la figura de Messi y por cómo entiende y practica el fútbol el conjunto che. No sirve hablar de la clara ayuda recibida por Argentina por parte de la FIFA (sus dirigentes son unos visionarios, y han apostado por un equipo ganador para sacar adelante sus propuestas mercantiles y estratégicas, alrededor del deporte del balón esférico). Según han ganado los argentinos a los ingleses en la semifinal, debemos pensar que no sólo tienen prerrogativa arbitral, sino que también poseen gestión. Un juego basado en la fe, en la lucha, en la entrega, en la estrategia, en saber ser favoritos hasta el último segundo de los encuentros y ganar con argumentos (o si no, sin ellos). Dominan todas las fases de la contienda, las extradeportivas y las emocionales, como sabemos: rodear al árbitro, sacar la falta en el momento oportuno, parar el partido cuando es conveniente, acelerarlo si es necesario, acertar en las ocasiones, repetir los esfuerzos, hundir al rival y pasar por encima de él. Todo lo que digamos es poco. Además han creado alrededor de su jugador estrella, Messi, un andamiaje de voluntad y confianza infinita. Una estructura que les ha funcionado, y en la que Messi —hay que reconocerlo— se ha mostrado firme y decisivo. Más sorprendente si nos fijamos en su edad (le hemos llamado anciano, creemos que lo es, si bien es un viejecito que se resiste a morir y que mata si no se le arrincona o no se le somete a un marcaje individualizado, ya que, mientras tenga un hálito de vida, liquida, despacha y se resiste). Hay que apreciar que a la picaresca consuetudinaria de este personaje debe añadirse, como virtud, su dominio del balón y su aparición en los encuentros en las fases claves y extremas.


Nuestra oposición a Messi, no es una negación, sino una matización. Vivimos en un mundo de experiencias definitivas y finales. De ese modo tenemos que padecer ese constante veredicto buenista de «el mejor de la historia», una y otra vez. La visión histórica de las personas hoy día es mínima: todo lo válido se reduce a lo que vivimos en este instante y se nos impone como mensaje mediático con componentes de verdad. Falta realizar un análisis sociológico sobre esta sensación social de estar viviendo lo que nunca nadie antes pudo vivir o sentir o pensar o realizar. Lo último es lo nuevo, lo mejor, y se convierte en algo eterno desde nuestro presentismo. No se entiende que hubo un antes y que existe un después. No merece la pena, en este instante, ir más allá en esta valoración, para comprender lo que se nos impone sobre quién es Messi o cualquier otra faceta o personaje. Aquellos que somos aficionados a la tauromaquia y podemos tener perspectiva histórica lo entendemos, fácilmente, si pensamos en lo que supuso no hace mucho el fenómeno José Tomás como el torero mejor de la historia. Y ahora toca con Morante de la Puebla. El sistema y sus acólitos, erre que erre, una tabarra, y no hay manera de mantener ningún tipo de conversación, ni de matización al respecto. Sobre Messi pasa lo mismo; pues se nos impone actualmente esa sentencia lapidaria del mejor de la historia. No importa que hubiera otros tiempos, equipos, jugadores, situaciones y contextos. Nada, o piensas que es el mejor de todos los tiempos o se es un ignorante. De modo inocente alguna vez he comentado que si Messi hubiera jugado en la posición de Beckenbauer a lo largo de toda su carreta, y, al revés, Beckenbauer en la de Messi ¿quién hubiera rendido de manera más idónea? No se tiene en cuenta tampoco el hecho de la evaluación del equipo en el que se juega y cómo este grupo responde en torno a una figura deportiva. Etc. Realmente pensamos que Messi es sin duda un gran jugador —no se puede negar— pero no por ello es el mejor de la historia. ¿Qué es lo que lleva a forzar eso? ¿Y Di Stéfano, por ejemplo, o Pelé, Puskas, Garrincha, Best, Cruyff, y todo el listado que queramos, incluidos futbolistas marginales —me viene a la mente Mágico González—? Si se es masa, este tipo de conversaciones no tienen sustento. Si se es gentío, es determinante reducir todo a una cosa —la dichosa cantinela del mejor de la historia— y dejar fuera de la charla y de la reflexión las infinitas matizaciones dialécticas que convierten a las aficiones —en este caso el fútbol— en un motivo de apuesta romántica. Los medios de comunicación y sus periodistas adláteres se encargan de ensuciar cada atisbo de pensamiento libre que pueda gestarse y genera independencia.


He visto todo el mundial a través de la plataforma DAZN y he quedado positivamente sorprendido. Los comentarios siempre se han ceñido a hablar de fútbol de manera equilibrada, sin centrarse en conversaciones vacías y polémicas, el rollo del Balón de Oro y lo del mejor de la historia, ¡dale molino!, como suele darse en las cadenas generalistas de televisión o en la prensa deportiva con un periodismo de muy poco nivel, desagradable, ignaro. Este domingo desaparece uno de esos programas que alimentan tales polémicas, y un día tras otro se centran en el galardón del Balón de Oro. Muy pobre discurso, pero que ha funcionado. Nos alegramos de su final; y suponemos que morirá este mismo domingo con las botas puestas hablando del Balón de Oro como si no existieran más temas ni compartimentos de razonamiento. Al adentrarnos en el análisis del partido de la final del Mundial de este domingo tenemos que imaginar la manera en la que pueden jugar ambos equipos. De España es notorio y hemos dicho que dispone de un equipo que se basa en el centro del campo. De jugadores que se mueven con soltura por la medular del terreno de juego. En este caso hay que volver a escribir sobre Rodri y su papel dentro de la selección española. Desde nuestro punto de vista es un jugador fundamental, ya que el juego de España pasa por sus pies, nace allí, y su movilidad por el césped es fundamental al condicionar el ritmo, los momentos y los terrenos por donde circulará la pelota. A su lado, algo más adelantado, tenemos a Olmo, un jugador de entrega que se posiciona a la perfección en espacios cortos y que tiene en la mente irse hacia delante elaborando juego asociativo y asistencias. Por el otro lado aparece Fabián, un centrocampista con físico, despliegue, corte y llegada. Incluso gol. Le ha ganado el puesto a Pedri, más fino, si bien escaso de físico. Entre Rodri, Olmo y Fabián se compone lo mejor de España. Están bien acompañados. Por detrás, los dos centrales, Cubarsí y Laporte, de buen juego aéreo, anticipación al juego rival y solvente salida del balón. Con ellos ya tenemos en disposición casi a la mitad del equipo. Faltan las alas. Por detrás, Cucurella, lateral izquierdo, muy diligente en adelantarse al juego del contrario e irse hacia arriba, dinámico y con lectura del partido. En el lateral derecho, Porro, un descubrimiento de este mundial. Férreo en defensa, asociativo en el centro del campo y llegador en ataque. Por delante de ellos, Lamine Yamal, un extremo derecho a pierna cambiada, pues su pierna buena es la zurda, que tiene desborde; pero lo mejor de él es la visión del juego, del espacio libre, para poner balones a los compañeros. En el extremo izquierdo, desarrollando un gran mundial, Baena, que cumple la función de falso extremo o cuarto medio. Muy trabajador y con buen pie (que todavía no ha sacado a relucir).

 

Nos falta hablar del portero, Unai Simón, un cancerbero clásico, con excelente colocación y un juego con los pies —que hoy se pide a los porteros—, digamos que correcto. Desde el banquillo muy buenos jugadores, como Llorente (lateral derecho, potente), Merino (centro del campo y delantera, oportunista), Pedri, si quedara fuera de la titularidad, Nico Williams (extremo izquierdo, hábil, que podría tener su momento), Yeremi Pino (extremo, también, driblador, con poca participación hasta ahora), Gavi (un todo terreno es posible disponga de una oportunidad en la final). Y más jugadores, si la cosa se pone fea. Aparte, para ganar a Argentina hay que tener el balón. Todo eso se conoce. Más saber sufrir si los argentinos se comportan a modo Uruguay o, simplemente, con sus propios genes competitivos que hemos resaltado. En plan táctico, no se debería descartar, si las cosas van favorables, tapar a Messi —bloquearle—, algo que no ha hecho ningún equipo, ni los ingleses, que le dejaron a su aire y le dieron protagonismo. En una selección seria se tendría que cuestionar el futuro de Tuchel, ya que obligó a recular a su equipo tirando la semifinal a la basura y no supo dar con el antídoto para tapar a Messi, ni a Lautaro, ni a De Paul. En fin, una gestión de Tuchel muy controvertida que se ajusta a su rol de entrenador autor, como lo son Guardiola, Klopp, Emery, y tantos otros del fútbol actual. El buenismo del fútbol. Muy ocurrentes, influyentes y caprichosos. No es el caso de De la Fuente, que ajusta la táctica según las cualidades de su jugadores (pensamos que lo hará). Ni de Scaloni, a quien hay que darle un grado de autonomía a partir de lo que diga Messi y que no se le presuponía. De la selección argentina hemos hablado en días pasados. Con Inglaterra ha crecido y ésta es su verdadera amenaza. A pesar de todo, España es favorita para ganar la final, y le ha llegado el preciso momento de demostrarlo. Si la suerte acompaña, lo evidenciará. Si no, se nos caerá encima el mundo, un orbe que es grande, pesado, tabarroso e insufrible. 

Jueves, 16 de Julio

 


Ojo de buey

miércoles, 15 de julio de 2026

James River Blues


Harry Croswell 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La ruidajera mediática de Elon Musk sobre la libertad de expresión en América (¿dónde, si no?) nos devuelve a los felices días de la ilusión, los de los Founding Fathers, cuando el periodismo (de estreno, como la nación) era pasión, “chantage” y hambre (hoy le falta la pasión).
    

Hablamos de James Callender, escocés, “traficante de escándalos”, que atacó a Washington, a Hamilton (reveló su adulterio con la señora Reynolds) y a Jefferson, su protector, a quien había hecho presidente denunciando la corrupción de Adams. Callender le pidió la dirección de Correos, Jefferson se lo negó y Callender reveló la relación del presidente –varios hijos– con su esclava Sally Hemings.
    

Callender, republicano, acabará en la cárcel por su panfleto antifederalista “The Prospect Before Us” bajo la Ley de Sedición promulgada por los federalistas para defenderse de los republicanos, contra la cual siempre estuvo Alexander Hamilton, cuya ilustración escocesa le movía a creer que sólo en un ámbito de libre intercambio de ideas puede acabar prevaleciendo la verdad.


    Jefferson, que iba a lo suyo, decidió escarmentar a la prensa con la antirrepublicana Ley de Sedición en la cabeza de Harry Croswell, editor que publicó que la difamación de Callender a Washington la había financiado Jefferson. A Croswell lo condenan con la legislación vigente, del gusto federalista, la Common Law británica, para la cual, en caso de difamación, no importa la verdad o la falsedad del escrito (libertad de prensa sólo significa ausencia de censura previa). En la Corte Suprema, la defensa de Croswell es asumida, de balde, por Hamilton, que en su brillante alegato (“nunca había oído algo tan grande”, dirá James Kent) expone su idea de que la investigación de la verdad es básica para determinar la condición injuriosa.


    –Si la libertad de prensa no sirve para la averiguación de la verdad, ¿para qué sirve?
    

Callender, citado como testigo, cayó en el viaje por la borda de un barco y se ahogó en las jeffersonianas aguas del río James.

 

[Mayo, 2022] 

Miércoles, 15 de Julio

 


Padre Faustino

martes, 14 de julio de 2026

Se busca a Firicel

 


Calle de Cartagena, Madrid

La democracia oscura


Juan Soriano


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La nula atención mediática que ha merecido en España el CCL aniversario de los Estados Unidos de América, compendio de todas las teorías políticas fantaseadas por los hombres civilizados desde Grecia, revela la proverbial incultura política del españolejo y sus políticos, sus profesores, sus periodistas y demás atlantes de un Régimen que los fetichistas de las palabras llaman “la democracia”, sólo otra forma de hablar entre nosotros.


We, the People… –dijeron los Founding Fathers, e inventaron la “democracia representativa”, pensada para la libertad e inspirada en Montequieu, y a los demás nos dejaron con la “democracia liberal”, pensada para la igualdad e inspirada en Rousseau, que es ésa que ahora te pide pena de cárcel por retuitear un video de RT.


El 78 arrancó aquí muy farruco con una cosa que los papafritas decían “democracia avanzada”, concepto creado por el comunista venezolano, hijo del 98, Pío Tamayo (“Pollito Pío”), y hemos llegado a esto que viene a llamarse “democracia oscura”, en atención a los “días oscuros” que sacó a relucir el otro día el Monarca, quizás pensando en el reinado de Witiza, oscuro e incierto, como saben los jugadores de mus (para aprender a jugar al mus, Mingote). “Oscurecer esta oscuridad, tal es la puerta de todas las maravillas”, leemos en Lao-Tse. O sea, el sanchismo, para nada inferior, en cuanto a oscurantimos, ni al rajoyismo ni al zapaterimo ni al aznarismo ni al felipismo ni al suarismo, los de la constitución chalaneada en un cuarto oscuro.


La experiencia de la teoría marxista del valor nos demuestra la importancia que puede tener la oscuridad para dar fuerza a una doctrina –avisó Sorel (Georges, naturalmente).


La oscuridad, pues, es la base del Estado de Partidos, en el cual todo es mentira, menos lo malo, y el españolejo está condenado a caminar por él como Quevedo por la poesía de Góngora, con linterna, “que nunca el infierno fue claro”. Votan como copulan: “¡Cuántas ganas tienen los jóvenes de hacer el amor! –se maravillaba Juan Soriano–. Pero después no quieren reconocer que eso sólo consiste en darse panzazos en la oscuridad”.


Seis presidencias duró la “democracia representativa” en América (Andrew Jackson, el ídolo de Trump, fue su caballo de Pavía), mientras que nuestra ingeniosa “democracia liberal” va ya por el séptimo presidente. Hilaire Belloc en “Europa y la Fe”: “Habrían de pasar cuatrocientos años para que Europa despertara del letargo en que se había sumido su espíritu, y este pasaje de la civilización plena del mundo romano a través de este período de simplezas a veces bárbaras se llama, con propiedad, la Edad Oscura”. Su característica principal es el recogimiento.


Volverán… Volverán los monasterios –fue la confidencia final de Octavio Paz a Ullán–. Otro día lo discutimos. Tengo que retirarme.


[Martes, 7 de Julio]

Martes, 14 de Julio

 


Consummatum est

lunes, 13 de julio de 2026

Las semifinales del Mundial de fútbol de 2026


A Infantino le gusta Messi, pero aquí nos quedamos con Mesa


Pepe Campos


Llegado el momento final de este controvertido campeonato puede aproximarse un escándalo atronador. Entramos en la última semana del mayúsculo evento futbolístico. La FIFA por encima del bien y del mal ha apostado —lleva tiempo en ello— por la Argentina de Messi (un ancianito bien resguardado por una pléyade de pretorianos que reparten estopa en el pasto, sabiendo lo que hacen, tirando la piedra y escondiendo la mano). Nadie duda de que los jugadores argentinos saben jugar al fútbol, pero además saben jugar a otras cosas y a ponerlas en el tapete. Y si no, si lo que sucede no les es favorable —hablamos de los cinco últimos años— ahí está el vetusto jugador que la comanda (buen pie izquierdo y excelente visión de juego) para decirle a los árbitros cómo deben comportarse (y eso que no sabe idiomas, pero conoce la lengua germanesca y domina sus tiempos, y en qué momentos). En este sentido Messi responde a un personaje que sabe adaptarse a todos los ambientes y situaciones (es su mejor baza), y con poco jarabe de pico controla cómo hacerse entender, ya que se mueve como los ángeles en los territorios de la autoridad y del autoritarismo. Frente a la consuetudinaria nobleza de la cultura anglosajona (inventora del deporte fútbol) siempre brava pero inocente, la idiosincrasia de Messi (detrás de él la cultura de la picaresca) incorpora comunicación no verbal (subrepticia pero no disimulada) que le hace ser un hombre con mando. Sólo necesita para imponerse el lenguaje de la mirada y ser respaldado por un grupo humano leal y fiel, e implacable, que recuerda en el terreno de juego a la actuación de Los siete magníficos de John Sturges. Leo Messi viene a ser un Yul Brynner con pelo. No merece la pena extendernos en el resto del elenco. Por otra parte, y esta es la verdadera clave, el perfil dialéctico de Messi es bajo, con lo que nos remite a Mr. Chance (Bienvenido Mr. Chance de Hal Ashby) porque es un hombre sencillo y calmado tocado por una varita mágica que le convierte en un Mesías del Vacío existencial, muy apropiado para los mejores tiempos de la historia en los que estamos en curso. Los tiempos del pensamiento blando y débil que arrebaña.


En pocos días veremos lo que vaya a suceder ante esta tesitura de si el poder fáctico se impone o no sobre lo poco que queda ya de naturaleza humana, que representa todavía aquello que nos hace creer en la vida aunque esta suela mostrarse, un día tras otro, mediante mandobles. El poder factual pretende crear una nueva realidad. Veremos si lo consigue con pleno éxito. Mientras, podemos introducirnos en un análisis futbolístico sobre las cuatro selecciones que han alcanzado las semifinales del mundial. Vayamos por orden, según méritos conseguidos en el terreno de juego:


En primer lugar estaría Francia, que posee una plantilla extraordinaria y una dinámica ganadora. Tiene una defensa potente donde destacan los dos centrales marmóreos (Saliba en el lado izquierdo y Upamecano en el derecho) con muy buena salida de balón. En los laterales, Koundé es una garantía muy firme, mientras Digne puede que sea el único lunar de la zaga. La media es más floja, pero resolutiva y de contención, con Tchouaméni y Rabiot en la sala de máquinas. A ellos se incorpora el talento de Olise, con su movilidad y visión de espacios. Por delante, la mejor vanguardia del campeonato: Dembelé, Mbappé y Barcola. Dembelé domina las dos piernas y el regate, y cae en la indolencia. Mbappé en plenitud, un jugador con toda clase de registros, veloz y de tiro imprevisible. Barcola, juventud. Francia dispone de un gran doce en el banquillo, como es Doué, un regateador nato, por si se ponen mal las cosas y hay que acudir al abrelatas. El equipo francés actual representa la imagen de una apisonadora que no alcanza nunca el nivel de juego brillante que se le otorga sobre el papel.


En segundo lugar, por méritos, estaría Inglaterra, que lleva varios años acariciando un título, pues tiene grandes jugadores aunque en numerosas ocasiones les entre la desazón, o sufran pájaras o desánimos emocionales. Si superan este aspecto psicológico pueden ser los ganadores de este campeonato. Atrás, en su retaguardia, nos encontramos con un portero intuitivo, dinámico, a veces, fallón; es decir, a Pickford. En la defensa, en el centro, a dos defensas similares a los de la zaga francesa (Guéhi y Konsa; si jugara Stones le daría el toque más inglés), y a dos laterales con proyección, James por la derecha (con jerarquía y temple) y a O’Reilly, vivo y muy activo. No es una línea con jugadores que sean intocables. Quiere decirse que las opciones del banquillo podrían aparecer. Sobre todo, Spence, en el lateral izquierdo, rápido y con llegada. Dominan el juego aéreo. En la línea media tenemos lo más clásico del fútbol inglés en Rice —todo organización y con buen tiro a puerta— y Anderson —versátil y pragmático—. Les acompaña Bellingham con enorme despliegue, más aún si pisa el área rival. En el extremo derecho, posiblemente el jugador más fino de hoy, Saka, que no ha llegado en plenitud aunque en cualquier momento la hace. En el extremo derecho (o izquierdo) también está Madueke, con regate y centro, que no llega a ser Olise. En el centro, Kane, el mejor delantero clásico del mundo, un ejemplo vivo del fútbol antiguo que es posible se pierda para siempre tras él. Por el lado izquierdo, Gordon, un jugador muy británico, de sacrificio y con desborde. Desde el banquillo muy buenos jugadores: Eze y Rogers.


Como tercer equipo nos quedamos con España. Una selección que prometía mucho hace unos meses, que no ha llegado en plena forma, si bien está respondiendo por encima del nivel que lleva mostrado. Y que va a más. Lo cual es ideal. En la portería, Unai Simón, un guardameta sobrio, nada espectacular, de la vieja escuela. En la línea defensiva dos centrales que se entienden a la perfección y que sacan el balón jugado con facilidad y criterio (Cubarsí y Laporte). En los laterales el dinámico Cucurella (que todavía no se ha lanzado a por todas) y Porro, hermético, que no olvida sus labores defensivas y que aporta un buen centro cuando se estira hacia el área rival. En el centro del campo, lo mejor de España. Rodri, un verdadero eje, que juega el balón con criterio, en el tiempo justo y es duro de pelar. A un lado Pedri, que a su visión de juego le resta su frágil condición física, y, al otro lado, Olmo, con vocación de enganche hacia el área rival. Trabajador y asociativo. Tiene pase y gol. En la delantera, Yamine Lamal, que no ha encontrado su verdadera dimensión física. Lo mejor de él, la visión de juego, posiblemente la mejor del campeonato. En el centro de la delantera, Oyarzabal, un superviviente del buen fútbol vasco, con olfato de gol, sacrificio y movilidad. Por último, en el extremo izquierdo, Baena, un futbolista con nervio, muy fuerte, y que suma llegada, visión y remate. En el banquillo, el mejor doce de este campeonato, Merino, que puede jugar en el medio campo y como delantero centro falso. Luego tenemos a Nico Williams, que no ha recalado en su mejor versión, a no ser que todo cambie a su favor. Y Fabián, todo pulmón y oficio, que no parece un futbolista del sur, sino de Centroeuropa.

 

Por último, Argentina. ¿Qué decir de Messi, su líder, su mascota? En estos años hemos hablado mucho de él. Sabe estar en el campo, se esconde y desaparece; aparece y es definitivo. Le favorece (de manera determinante) que hoy el fútbol es zonal. No hay severos marcajes. Ya no pisa el césped ningún Gentile. Este aspecto, lo aprovecha a la perfección. También se ve beneficiado por la existencia de cámaras de televisión. Pertenece al mundo de la imagen. Pie tiene, y muy buena visión. Si se le vigilara perdería, pero tiene la suerte de no ser vigilado. Cae bien. Pero Messi no es Messi sin su guardia pretoriana: De Paul es como su guardaespaldas, él sí que le vigila para que no le suceda nada y le abastece de balones, y le cubre sus deficiencias defensivas. No menos que MacAllister, que es como un grillete que se desplegara por el terreno de juego. Un cepo para jugadores contrarios y para el balón al que acoge y despide con violencia. Y Paredes, otro mediocampista duro y fatigador. O pasa la pelota o el jugador, los dos no. Por delante, Argentina luce a Julián (Álvarez), que tiene juego de presión, juventud y tiro a la escuadra. En la defensa, «Dibu Martínez», un portero que se las sabe todas. Las buenas y las malas. Dos centrales expeditivos Lisandro y Romero. Dominan las alturas sin ser altos. Dos laterales que suben, Molina y Tagliafico, y que sufren al bajar. En el banquillo, Nico González, guardia pretoriana y Lautaro, hombre sacrificado por el sistema argentino.


De los entrenadores: Deschamps (conservadurismo). De la Fuente (hombre de la casa). Tuchel (fútbol de autor) y Scaloni (lo que diga Messi).


Una última consideración final para aquellos que no tienen sentido histórico: el fútbol de hoy no es mejor que el fútbol de antes (debido a que han existido muchas épocas y diversidad de jugadores), y sobre todo porque el negocio a través del tiempo carcome y pudre la creación, en todas las actividades humanas. Hoy: pausas de hidratación, tarjetas, VAR, cámaras, cinco cambios (en la final de Qatar pisaron el césped 35 jugadores), un balón sin sebo. Hoy hay escuelas, antes había calle y descampados. Hoy hay balones de Oro, antes simplemente el honor y el mérito. Etcétera. 

El guante de Suzuki

 




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Desengáñate, los toros son marketing y glamour, repetía a todo el mundo el flautista Salvador Boix, cuando cambió la flauta travesera por el apoderamiento del segundo José Tomás, el del marketing y el glamour. La consigna hizo un daño a la tauromaquia que no está en los escritos, igual que se la está haciendo al fútbol tragaperras de la Fifa de Infantino, en cuyo Mundial americano, aparte Argentina, que está fuera de concurso, el marketing se lo ponen a Lamine’2030 (MVP ante Austria por un caño, contra los dos goles de Oyarzábal, dueño de un careto que no vende, y las dos asistencias de Cucurella, dueño de una pelambrera que en esta sociedad de “calbos”, comenzando por Infantino, resulta tan escandalosa como la salud en un hospital), y el glamour se lo dejan a Olise… hasta que fiche (“joalá” que no, como diría Ancelotti) por el Real Madrid, donde los ratones del Relato sacarán que si el “Snus”.

Tras que el niño era feo, le pusieron Doroteo –es el dicho montañés.

Para justificar la chapa que la Banda del Esférico (concepto, por cierto, inventado por Pemán en “Dime, poeta”, aunque a ver quién le explica eso a los becarios y becarias de Rivero), los panas dicen que Lamine’2030 y Olise tienen “un guante” en el pie izquierdo, aunque uno el único “guante” que ha visto en este Mundial es el de Suzuki, el portero mulato de Japón, hijo de ghanés y japonesa, que le sacó a Vinicius el gol del Mundial, o sea, otro “gol de Pelé”, que fue aquel gol que nunca entró, un gol fantasma o “vicegol”. De la jugada me quedé con Vinicius, por la diablura, y con Suzuki, por la nostalgia de Kevin Schwantz, el Pajarito que con una “Suzuki” nos amenizaba la vida en los 90 como Vinicius con un balón (¡no con un “esférico”, cabestros!)

Mientras me recreo con el “vicegol” de Vinicius ante Japón, me llegan ecos de la controversia Bielsa-Luis Enrique sobre entrenadores con videoteca (Bielsa, Xabi Jot Down Alonso) para comerle la oreja al futbolista y entrenadores sin videoteca, como el nuevo Luis Enrique, que sabe que los futbolistas no son opositores al Catastro. Por eso cobran lo que cobran.

[Sábado, 4 de Julio]

Lunes, 13 de Julio


La cola

domingo, 12 de julio de 2026

Tres selecciones europeas y Messi

 
El dedo tonto 
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo 
   
    En el Mundial de América tres son a mi parecer, las selecciones que salen a ganar por sentirse con más capacidades que sus rivales hasta esta finalización de los cuartos: Francia, España y en grado menor Inglaterra.


   Francia va de victoria en victoria sabedora de su formidable y sin igual delantera y presumiendo de una grandeur legionaria capaz de aplastar a cualquier rival retador.


  España no tiene los arietes tumbapuertas franceses pero su dominio es persistente, machacón, cansino... La iniciativa, el peso de los partidos es de los hombres de De la Fuente, sea por siempre alabado, que ha sido superior a las seis naciones con las que se ha enfrentado, cosa que no impide reconocer que ante Portugal y Bélgica la veleidosa Fortuna, una de las especias que más sabor regalan al fútbol se ha encaprichado del señor de Haro y le ha favorecido con la lesión de Nuno Mendes en octavos y la de Tielemans y sobre todo Courtois en estos cuartos.


   No sé cuánto de buen portero tiene Lammens, pero la rareza de intentar blocar en vez de despejar a los costados como es norma obligada en los guardametas actuales dio ocasión a Merino, convertido en el talismán de los últimos minutos, para lograr una victoria merecida.


  La semifinal Francia -España tendría que ser la final porque han sido los dos mejores equipos, pero los manejantes fiferos maquinaron una semifinal Brasil-Argentina a la que no llegó Brasil por deméritos propios. A Argentina se la protege a base de coartadas indecentes aportadas por ese Dios impío llamado VAR al que perversos advenedizos han incorporado con éxito incomprensible de crítica y público al mayor espectáculo del mundo.


   Hasta a mi admirado Turpin le han secuestrado el excelente conocimiento y recto proceder en la dirección de sus encuentros y se ha visto obligado a anular un gol correctísimo de Noruega ante Inglaterra por esa funesta divinidad que se pone pusilánime a conveniencia.


    Argentina no ha jugado mejor, un poner, que Marruecos o Portugal,  pero da la sensación de que Messi tiene tanto poder como el VAR y por eso todo el mundo desea fervientemente que Inglaterra pueda con Argentina (se volverá a hablar de Las Malvinas y tal y tal... como decía Jesús Gil) salvo los argentinos, claro está, y ¡Vaya por Dios! el Gran Jefe Infantino.
 

Sobre el Mundial de fútbol




Hughes



El Mundial está siendo un exitoso fracaso. Todo son críticas, pero la gente lo ve y habla de ello, que es tan importante como verlo.


Quizás este sea el primer Mundial que incorpora la complejidad de la globalización. Por ejemplo, en el Mundial de Qatar unos argentinos se hicieron famosos por cantar ante las cámaras el «escuchen, corre la bola… juegan en Francia pero son todos de Angola». Provocó cierto escándalo, pero ya no. Una diputada paraguaya se lo dijo a Mbappé, «africano colonizado que finge ser francés», y algo parecido salió de Chilavert, que matizó que en 1998 su Paraguay se enfrentó a una selección francesa, no africana.

Lo más extraordinario ha sido querer explicar la decadencia de Brasil por el auge del evangelismo. Son esas cosas que se encuentran en Internet. He llegado a leer, ante el comportamiento incívico de unos aficionados argentinos, que era culpa del «sionismo liberal» de Milei. Hombre, si las Barras Bravas, más viejas que el tango, son también culpa del «anglosionismo»…




Lo del evangelismo ignora la tradición de futbolistas brasileños religiosos. Los famosos atletas de Cristo. Por ejemplo, Donato, del Atlético y del Dépor. Los brasileños que se fichaban antes o salían nocturnos o salían formales. Pero en ambos casos eran muy técnicos. Los religiosos no eran unos troncos. Por ejemplo, Bebeto o el mismo Kaká, que era tan bueno, en el sentido de santurrón, que lo dejo la mujer (dicho por ella misma).

Esto del evangelismo permite culpar a la CIA de que ya no haya Pelés, pero la crisis viene de muy atrás. El futbolista brasileño clásico, que era la gran razón para ver el Mundial (El Mundial era ver a Brasil) era el llamado malandro, y su fútbol era el malandragem, como si aquí lleváramos la figura del pícaro al campo de fútbol pasando por la playa. El regate, la finta, el engaño, un fútbol de samba y capoeira y la alegría de vivir eran todo parte de una forma de ser del negro en tanto futbolista.




Esto entró en crisis hace ya tiempo. Tampoco hay nuevos Gilberto Gil, otro Caetano Veloso… En Brasil se debatía mucho sobre táctica. Sobre cuánto conceder para ganar a los europeos. Se europeizaba a los equipos. Surgían centrocampistas totales que sujetaban ellos solos la indisciplina de los demás: Dunga, Mauro Silva… se diría que Brasil ganó cuando ellos estaban. Quizás su última oportunidad fue en Rusia, cuando expulsaron a Casemiro.

Pero ya de hace tiempo se sentía que el malandro estaba en crisis. Neymar y Vinicius han sido los últimos representantes. Poner a Neymar como ejemplo de desnaturalización del brasileño es no entender nada o querer liarlo todo. A Neymar se le entendió mal en Europa, en Brasil se quejaban de que el arbitraje era sesgado desde un punto de vista cultural. Y qué diremos de Vinicius, cuyos problemas en España empezaron al bailar, bailando, que fue traducido bárbaramente como «hacer el mono». La defensa de Vinicius era, lo primero de todo, defensa de lo brasileño puro, o sea, de la sagrada diversidad del mundo. La incomprensión fue completa (uno de esos momentos en que uno, con dinero, emigra).



Hay algo cultural que se ha perdido en el fútbol brasileño. Algo relacionado con los clubes, su mezcla de empobrecimiento relativo y profesionalización. Entre la favela y la ciudad deportiva ha ocurrido algo.

El último futbolista de ese estilo quizás sea Estevao, el joven del Chelsea. Pero ya no destacan igual. Antes, los brasileños eran los únicos en incorporar sangre africana, pero ahora Europa la tiene también.



Las varias nuevas Francias
 

Esto nos lleva a la otra gran cuestión. Descartamos la religiosa-evangélica, pero nos queda la ‘africanización’, o como algunos interpretan: la Sustitución o Gran Reemplazo aplicado al fútbol o mejor, desvelado en el fútbol.

Lo que decía Chilavert: la del 98 era Francia, esta es África (por cierto, himno mundialista de Shakira que universalizo y llenó de jubilosa aceptación el «porque esto es África»).

La del 98 era la Francia «blanc, black, beur», blanca, negra y mora, que levantó no poca polémica. La que vendría después, la actual, es lo que Finkielkraut llamó la «black, black, black», aunque sobre esto habría algo que decir.




La Francia de Zidane campeona del Mundo en el 98 tenía jugadores de origen africano occidental, magrebí y antillanos como Henry o Thuram. La gran Francia anterior, la que le ganó a España una Eurocopa en los años 80, era la de Platini y tenía también un reflejo de inmigración. El mismo Platini tenía ancestros italianos, estaban los españoles Amorós y Luis Fernández, el africano Tigana, junto a franceses inequívocos como Giresse y Rocheteau, que parecían Truffaut y La Rochefoucauld.



Esa selección jugaba con cuatro medios maravillosos, los cuatro mosqueteros, y fue un canto del cisne tanto como de le coq porque Francia tardó en brillar colectivamente. En los 90 hubo grandes jugadores franceses, de un afrancesamiento físico total: Ginolá, Cantoná o Papin, que era un rematador napoleónico… Eran puramente franceses, tenían gestos de franceses, cara de franceses, en esos 90 eran como ver a Depardieu… (esa cara de los franceses como de degustar quesos o acabar de hacer un cunnilingus). Y en cierto modo, fueron un apogeo y un acabose. Luego, lo francés pasó a ser simbolizado por la maravillosa selección de Zidane, que convertía en fútbol exitoso la descolonización francesa.



Esa selección tenía un eje blanco: Barthez, Lizarazu, Petit, Deschamps, Dugarry… y una inmigración variada, hasta con el armenio Djorkaeff… La de Pogba-Kanté-Mbappé tenía a Lloris-Griezmann-Giroud pero la actual ya es más intensamente negra, la del black, black, black, aunque presenta una particularidad en la que reparó Steve Sailer: un tipo nuevo (nuevo en lo deportivo) mezcla de sangre subsahariana y norteafricana; por ejemplo, Mbappé, o el mismo Olisé, como el español Lamine Yamal… Es decir, los mejores jugadores jóvenes del mundo en la actualidad. Faltaría Dembelé, que está casi casi, porque es de padre subsahariano y madre mauritana, pero en la frontera sur. Son mezclas derivadas de la inmigración, aunque se hayan dado toda la vida en el continente africano.

Esto sería el black-beur, y viene a ser, en cierto modo, otra forma tricolor: aportación negra, magrebí y nurture europea. Quizás explica que estos futbolistas sean tan buenos. Juntan la mejor capacidad física, un talento que parece estar solo en la ribera mediterránea y una finura técnica y táctica europea.



Estos jugadores serían un producto complejo ya de la inmigración. Una ‘creación’ de la mezcla en segunda potencia.

Y es la ventaja futbolística de Francia, que no tienen Inglaterra ni Alemania.

Inglaterra caribeña
 

Inglaterra recibió futbolísticamente en los 80 (ídolos como John Barnes) a los primeros descendientes de la inmigración caribeña justo después de la Segunda Guerra Mundial. Y en la actualidad esto ha aumentado, pero la gran inmigración recibida por el derrumbamiento del Imperio británico fue la de India y Pakistán, países poco futbolísticos (hasta el punto de que en la India hay una gran colonia de forofos enloquecidos de la selección argentina, a la que prestan su capacidad para la divinización). O sea, Inglaterra ha tenido una inmigración menos aprovechable futbolísticamente, con aportaciones solo de origen caribeño. desde Cunningham hasta Bellingham, madridistas los dos, pasando por los Barnes, Wright, Cole o Paul Ince, que fue el primer capitán negro de la selección inglesa.




Inglaterra no ha hecho gran cosa desde el Mundial del 66, siempre puesto en entredicho (la corrupción de la FIFA es algo que algunos han descubierto ahora con la tarjeta que pidió revisar Trump). Los ‘nuevos ingleses’ ponen más difícil que vuelvan a aparecer los futbolistas alcohólicos autóctonos como Best, Gascoigne, Merson, etc (quedaba Grealish)… pero están mejorando la competitividad de los Three Lions.

Alemania y el desnortamiento
 

En el caso de Alemania, la crisis es de otro tipo. Durante años hubo jugadores turcos, hijos de los «trabajadores invitados» de Turquía: Scholl, Ozil, Gundogan… En la actualidad, la gran diversidad racial de la selección alemana (la mannschaft) expresa la apertura del derecho de ciudadanía para inmigrantes a principios del siglo XXI. Alemania es ya muy diversa, aunque tiene reductos de germanismo clásico como la portería. Un aficionado al fútbol ha visto en su vida muy pocos porteros en la selección teutona, que diría un deportivo: Schumacher, Oliver Kahn y Neuer, con el intermedio fugaz de un Bodo Illgner en el Mundial del 90.





El cambio demográfico alemán estuvo anticipado o redoblado por el cambio cultural que supuso el fichaje de Guardiola por el Bayern de Munich en 2013. Con aplicación alemana asumieron la idea del toque y aun intentan reencontrar su verdadero Ser futbolístico, pero la hipótesis es que lo están intentando hacer cuando el habitante ya ha cambiado. O sea, perdieron la ‘alemanidad’ futbolistica tocando y tocando la pelota y quisieron recuperarla, pero con un jugador que ya no es ‘el clásico alemán’. Musiala es maravilloso, pero no es Matthaus, ni Moller, ni Effenberg. Ni Sammer.
 

España y el estilo global
 

Más que la religión, más que la inmigración. Quizás el gran responsable del cambio cultural en las selecciones, de que los equipos perdieran su sello, fue la extensión global del toque, del tiquitaca, de lo que se supone es el estilo español. Ahí está el naufragio de Italia, que fue abandonando su catenaccio, cuando llegó a tenerlo asumido como estilo nacional, pragmático y un poco maquiavelista. En Brasil no salen Ronaldinhos, en Italia empiezan a no salir Chiellinis.




Uno de los popes del estilo, Juanma Lillo, la persona que se ha sentado muchos años junto a Pep, o sea, su segundo socrático, reconoció en una entrevista que esto había acabado con las singularidades del fútbol «suprimiendo muchas naturalezas», creo que decía eso exactamente. Es tal cual. El toque aplanó los estilos de cada país, lo homogeneizó todo hasta aburrirlo. Fue un pequeño exterminio cultural.




Esto es el principal agente globalizador del fútbol y es una ironía que España haya encontrado su estilo cuando se convertía en hegemónico. De hecho, fue la que contribuyó en mayor medida.



Pero no era el estilo de España. El de España era La Furia, aunque fuera una furia interpretada por furiosos de 1’60, y fue Clemente, el nunca comprendido Clemente, el que la llevó más lejos que nadie reforzándola físicamente. Su selección, llena de centrales, Alkorta, Camarasa… con Nadal, con Hierro, con Caminero, con un poderío físico que pocos equipos tenían, estiraba el tipo de futbolista español, lo llevaba a unos ciertos límites estéticos, lo sacaba de su estilo pretendido, rechazando por ejemplo a La Quinta, que era lo precruyffista, y era su forma dura, vasca y objetora de reinterpretar la Furia Españaola, inmortalizada para siempre en las lágrimas y la sangre de Luis Enrique en Estados Unidos.




Clemente entendió que estábamos en un callejón sin salida, intuyó que había que hacer algo.

Entre el 94 y el 98

Esa selección jugó en dos mundiales importantes. El de USA 94, que todos consideramos el último Mundial ‘antiguo’, de un mundo anterior y el del 98, donde ya todo había empezado a cambiar.

El del 94 lo ganó Brasil, con Bebeto y Romario, el del 98 la Francia multicultural de Zidane y el «blanc, black, beur».

Por volver a la crisis del fútbol brasileño: el anuncio de Nike con la selección de Brasil jugando en el Aeropuerto es, precisamente, del 98.



En esos años en que está tomando forma, digamos, la globalización del fútbol (ley Bosman, año 1995), España está en el experimento de Clemente, que es la radicalización de lo furioso, intentar algo con lo tradicional…

Ya sabemos lo que pasa después: Luis Aragonés se rebela contra el sistema amical mediático madrileño (Raúl y cía) y comete la genialidad total de nuestro fútbol: identificar el biotipo español con el juego de toque que estaba haciendo el Barça y que él iba a mediterraneizar un poco más, diría que mesetizándolo, haciéndolo un poco fútbol de campo, de era (ahí estaba lo manchego, en Iniesta…).



Pero no nos volvamos locos: eso venía de Holanda, del protestantismo, porque, está escrito, el fútbol total de Cruyff y Michels no era una manera precisamente meridional de pensar el fútbol, el conjunto y los espacios…

Por esa regla de tres, y volviendo a los inicios con Brasil: ¿diríamos entonces que nos desespañolizó el protestantismo a través del separatismo alejándonos de nuestro juego católico?  ¿Culparemos a la CIA, al «anglo» o incluso al sionismo internacional de nuestro estilo hoy campeón con el que España ha conseguido no perder sino encontrar El Ser futbolístico en plena globalización, cuando otros lo pierden y Brasil ya no es Brasil?

Habría mucho que hablar, pero nos hemos ganado, querido lector (usted mucho más), una pausa de hidratación.

 

 

[La Gaceta de la Iberosfera 

Correcciones


Pulitzer

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Entre los estudios básicos que Joseph Pulitzer prescribe para su Escuela de Periodismo está la literatura política.

Espero poder dar por sentado que se prestará especial atención a los famosos “Federalist Papers” de Hamilton
Ninguno de los que en el periodismo y la política se dicen “nosotros, los demócratas” saben hoy una papa ni de Pulitzer ni de Hamilton, cerebro político, militar y económico de George Washington, al que Obama, el huero, chirle y hebén Obama, quería retirar de los billetes de diez dólares para poner, tal vez al Papa Bergoglio (“In God We Trust!”), tal vez a los hermanos Castro. La presión feminista no reparaba siquiera en la leyenda homosexual del inventor –sin saberlo– de la “democracia representativa”, ahora indultado por Broadway, que obra con Hamilton como La Maestranza con el toro “Cobradiezmos”, merced al éxito del musical de Lin-Manuel Miranda, un García-Alix del hip-hop, flamante Pulitzer del teatro.

Tom Paine dividía en cuatro clases a los partidarios de la reconciliación con Inglaterra: interesados, en quienes no puede confiarse; débiles, que no pueden ver; prejuiciosos, que jamás verán; y acomplejados con un concepto de Europa más alto que el merecido, los peores, pues causarían a América más calamidades que los demás juntos.
Obama es de ellos, y si sus sinsorgadas hubieran sido proferidas por Bush todo el mundo pensaría que en alguna parte hay un pueblo al que este hombre está privando de un idiota.
Responsable directo del descalzaperros sirio, Obama anda en Europa diciendo que frau Merkel está “en el lado correcto de la historia” (la corrección histórica como rama más fascistoide de la corrección política). ¿De qué historia habla un tipo que en Viena pide perdón por no hablar el austriaco, o que proclama la superioridad del islam sobre la inquisición cordobesa (?) con la desfachatez que el crítico gastronómico del NYT posa en la Mezquita diciendo que desde allí dirigía Felipe II su imperio?
 

[Abril, 2016] 

Domingo, 12 de Julio

 



Los limones de Ribera

Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender

 DOMINGO, 12 DE JULIO


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:


-Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga.


Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó:


-A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno.

Mateo 13, 1-23

sábado, 11 de julio de 2026

Corazón roto

 



Brighton, UK

El Ejército




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Desde que Aznar quitó la mili (yo desfilé para Felipe González, con Serra al piano), no creo que el español sepa qué es un ejército.

    Millán Astray pidió para una arenga un adjetivo para “ejército”, y Foxá le dio “invicto”, pues aquí medio ejército, dijo, se había pasado la vida peleando contra el otro medio.

    Millán fue el militar que afeó a Primo de Rivera la intromisión del ejército en política nacional, mientras que Ortega fue el intelectual que pidió desde “El Sol” un gobierno militar para “acabar con estas farsas parlamentarias que tanto nos repugnan”.

    Oigo las risillas al recibir la noticia de que el gobernador de Texas, Abbott, desplegará tropas estatales para vigilar al ejército estadounidense que participe en las maniobras militares anunciadas para este verano. Sospecha Abbott (y el actor Chuck Norris comparte la suspicacia) que el verdadero objetivo del despliegue sea la confiscación de armas.

    Es la gran cultura republicana de la libertad en América, una aventura única y probablemente irrepetible.

    El republicanismo americano rompió radicalmente con su metrópoli: contra el parlamentarismo, la asamblea local; contra la iglesia oficial, las religiones sin clero; y contra el ejército, la libertad de autodefensa y el permiso de llevar armas, un ideal que el merlucismo europeo atribuye a Charlton Heston y la Asociación del Rifle.

    Muchas discusiones de Hamilton, Madison y Jay al promocionar su Constitución versan sobre los riesgos para la libertad de un ejército, y en la preparación de la guerra contra la corrupta Francia de Talleyrand, Washington y Hamilton fueron acusados de preparar una dictadura militar (la esposa del presidente Adams veía en Hamilton la reencarnación de Julio César).
    
El Gobierno dice que solamente son maniobras –explica Chuck Norris–. Pero no estoy seguro de que el término ‘solamente’ se corresponda con la realidad cuando lo usa el Gobierno.
    
Pero España vota a Rivera y hace chistes de Norris.

 

[Mayo, 2015]