lunes, 9 de marzo de 2026

Vini, vide... City


El City

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La Casa del Fútbol Europeo en Nyon, Suiza, es el Punxsutawney, Pensilvania, de la marmota Champions, con Butragueño, que es nuestro Bill Murray, chapoteando en el bucle temporal del Manchester City, que debe toda su fama, no a las orejonas ganadas, sino a las eliminatorias con el Real Madrid.


Si al salir del bombo la bolita “ve su sombra” porque el día es soleado y se mete de nuevo en el bombo, ello significa que el invierno durará seis semanas más. Y si al salir del bombo la bolita no ve su sombra porque el día está nublado, abandona definitivamente el calor del bombo (¿bolitas calientes?), y ello significa que el invierno ha terminado; vamos, que llega la primavera, y el Real Madrid, decía don Santiago Bernabéu, es ganar en primavera.


Real Madrid-Manchester City, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. El piperío camastrón, que todavía guarda luto por el Proyecto de Xabi, que quiso imponer el tiquitaca de zorcico en la Castellana, es pesimista, y no se ve ganando a nadie con el equipo de Arbeloa, poniendo al tronco de Haaland por delante de los dos mejores atacantes del mundo, Vinicius y Mbappé. El piperío camastrón se sienta en la terracita ayusera a echar cuentas: no tenemos laterales, no tenemos centrales, no tenemos director de juego, no tenemos extremo derecho y tampoco tenemos delantero centro, porque Gonzalo, el descubrimiento de Xabi, es bastante tronco, y Endrick, al ser brasileño, no gustaba al Guardiola de Tolosa y tuvo que irse a las chimbambas, a donde el técnico también quería enviar a Vinicius, que es quien luego nos ha salvado (con Courtois) la eliminatoria del Benfica de Prestiani, ese duendecillo de leyenda escandinava por el que acabaría “suicidándose”, quién nos lo iba a decir, Mourinho, cuya historia con el madridismo merecía mejor final (hasta su fiel John Obi Mikel se sintió decepcionado con el portugués). Por cierto, que, a efectos estadísticos, Vinicius aprovechó la ocasión para ser el primer futbolista en marcar en los dos partidos de una eliminatoria de Liga de Campeones contra un equipo de Mourinho, que en Lisboa se autoexpulsó del banquillo y en Madrid se negó a ver el partido en un palco del Bernabéu, en cuyo córner repitió Vinicius el bailón del Estádio da Luz que según los nuevos antropólogos desató la tormenta racista. Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi (“cruzo la desmedida realidad / de febrero por verte”), decían los poetas de la experiencia, pero si tú me bailas en el córner, cruzo la desmedida realidad humana y te llamo “mono”, dicen los lindos don diegos del post humanismo.


Para ser un jugador que el piperío camastrón quiere vender para comprarse a Rodri, los números redondos de Vinicius en Champions parecen sobrehumanos: treinta y dos goles, treinta asistencias y dos títulos en setenta y ocho partidos, aparte su participación directa en sesenta y dos goles. Todo esto contra el parecer del Homero del Negreirato, a quien no le cae bien Vinicius, y grita “¡piscinazo!” cada vez que lo derriban, como la otra noche cuando la entrada de Otamendi en el área; en la misma noche que al imperial Rudiger llamaba… Reiziger, que ya es llamar, sobre todo la atención del inconsciente.


El equipo no juega a nada y la vuelta con el City es en Manchester, repiten los piperos. Bueno, el equipo no toca, sino que acarrea el balón. Y si miras al banquillo, mejor no haces cambios. Aunque, bien mirado, ¿quién es el City? Como decía un tuitero, Febre, antes del sorteo “Groundhog Day” en Nyon, con el City ya no hay ni cosquilleo en el estómago:


A este paso, a Haaland no va a hacer falta ficharlo. Juega más en el Bernabéu que Mendy.


En cuanto a la vuelta en Manchester, tampoco hay que llamare andana, considerando la afición que tenemos: el miércoles, cuatro gatos portugueses en un rincón del estadio metían más ruido pitando a Vinicius que los Kikos de Argüello cantando el “Cómo no te voy a querer”. Y cuando no hay forasteros, de pitar a Vinicius ya se encargan los tribuneros. El alemán Klose confiesa haber dejado de jugar al fútbol “porque ya no lo reconocía”. Dicho queda.


Vini, vidi… y venci (¡con la gorra!) al City.


 [Sábado, 28 de Febrero]

El Cruyffismo de hogaño


El portero Busquets controla con el pecho en vez de con las manos



José Alberto


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Decía Johan Cruyff que no le importaba que le colaran cuatro goles si su equipo era capaz de marcar cinco. Cruyff era un genio a pesar de alguna que otra extravagancia que a servidor sin ir más lejos le parecían incomprensibles. Tal que cuando le preguntaron quién le parecía el mejor portero del mundo. "Jair, por lo bonito que suena su nombre", contestaba aquel portento. Los aficionados recuerdan sus guerras con los porteros que no sabían jugar al fútbol (Zubizarreta) y la inclinación que tenía por los que se atrevieran a regatear y pasaran en largo como si fueran líberos, empleo éste que ya no se lleva. A Busquets padre lo puso de ejemplo para el futuro y las recuas de discípulos que le han ido saliendo todo se les hace Carlos Busquets como primer mandamiento del pensamiento cruyffista.


Servidor, que como saben, es un simple aficionado, cree que además de un portero-jugador, laterales incisivos, técnica por arrobas y un físico de notable para arriba son precisas mas cosas que sólo Cruyff sabía interpretar.

 

    Este preámbulo viene a cuento del Rácing de Santander, 4 - Córdoba, 3, de ayer domingo, en el que dos entusiastas de Cruyff, José Alberto López e Iván Ania, compitieron en fanatismo. El Rácing no ascendió el año pasado por ser su defensa un coladero. Sigue siéndolo, pero esta temporada marca muchos goles -la máxima de Cruyff-,  y ya lleva 60, cifra que contrarresta los quebrantos de retaguardia, que no han sido pocos. Tantos como 39. Hay una diferencia de 21 a favor y creo que tiene el equipo un caminar rotundo que le va a llevar a Primera. José Alberto lanza flores a Iván para convencerle que va por buen camino, pero el cordobesismo ve que en 29 partidos el Córdoba tiene 41 puntos, 41 goles a favor y 41  en contra. Está en el puesto 11, justo en la mitad de la tabla, que es a lo que se puede aspirar con semejantes números tan equilibrados y que tanto engañan a los amigos de la estadística. La poca estima de Cruyff con los porteros la tiene también Iván Ania, que quitó de la titularidad a Carlos Marín ante el Racing precisamente en El Arcángel allá por septiembre y ayer le devolvió el puesto por cosas que no le gustaron de Iker Álvarez. Resultado: 1/ partido nefasto de Carlos propiciando un gol en una mala salida en un córner y otro por intentar regatear a Íñigo Vicente, uno de los jugadores más listos de Segunda. 2/ Los dos guardametas en el disparadero hechos flan.


       ¡¡Ojo!! El partido fue del Córdoba. Jugó como no se le ha visto en toda la temporada. Jugó para ganar, pero no se pueden regalar goles, ni dejar de vigilar al veloz Andrés Martín, el Pichichi de Segunda, al que sin lateral izquierdo enfrente se asigna su persecución a un Requena corredor de  medio fondo en el centro del campo. Dos goles coló el que fuera nuestro Andresito y hoy flamante Pichichi de la categoría. Seguirá siendo atractivo ver jugar al Córdoba, se ganarán partidos... pero nos seguirán marcando goles y se necesitarán cuatro y cinco para ganar.


  Luis Ramis no comparte en sus tácticas y métodos las alegrías de Iván Ania y José Alberto a los que hay que añadir a Rubí del Almería (53 goles a favor y 40 en contra) y Pablo Hernández en el Castellón, sino que nos recuerda a las pesadas hormigoneras de los Maguregui obsesionados con no encajar. 26 goles lleva en contra por 32 a favor, lo que le basta para estar a tres puntos del ascenso directo, aunque se espera que esté a seis si el Almería gana a la Cultural esta noche y suma 52. Se ganó al Mirandés sin sobresaltos y sin delantero centro. Ahora pone a Appin, un medio ofensivo, en vez de a Fer Niño o Mario y con un 4-4-2 que para mí es un 4-6 se va apañando. Los goles los mete David González, zurdo y que llevaría el 10 en los 70 y además es burgalés, detalle que se agradece. Lo que no gusta del Burgos es el juego que despliega. "Joé, tu Burgos -me dice un quinto de Montemayor que se sienta al lado en El Arcángel-, no juega ná y ahí está". Así es. "Menos jugaba el Oviedo la temporada pasada y ascendió", le contesto. "También es verdad..." 

La guerra



 Sir Alfred J. Ayer


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Técnicamente, guerra es una lucha armada entre unidades políticas organizadas, y guerra civil es una lucha armada en el seno de una unidad organizada.


    Ochenta años ya de la última guerra civil española, que iba camino de quedarse en otra fuente de divisas para Inglaterra, merced a los libros y documentales facturados por bandadas de hispanistas que viven de escribir de Franco como si fuera Paul Gascoigne.


    –La guerra civil española fue la primera batalla de la guerra mundial –dice el frescales de Paul Preston, que sabe que su nicho de clientes va por ese lado.


    Sofía Casanova se hartó de repetir en ABC lo que oyó decir al Lenin del 18 en Petersburgo: “Afirmados en Rusia, nos apoderaremos de España”.

    
La guerra civil fue una revolución aplastada por la contrarrevolución, y ahí está la cosa para quien la quiera comprender, que, desde luego, no es el Ludolfo Paramio de Podemos, un becario “black” cuyas concordancias intelectuales están a la altura de las gramaticales y que, para conmemorar el 18 de julio, se marcó un tuit (el morse de los politólogos) digno del profesor Cojonciano:

    
Esta noche hace 80 años, las mejores de nuestras abuelas y abuelos comenzaban a salir en alpargatas a luchar por los humildes y la libertad.

    
Esto es Lenin, el de “la libertad es un prejuicio burgués”, pasado por Heidi, cuyo abuelo, el Viejo Hessen, resultaría ser en España el capitán Lozano, abuelo de Zapatero, ese “drógulus” (criatura mitológica del absurdo salida de la imaginación del filósofo Alfred J. Ayer) que rompió el juguete para ver qué había dentro y se cargó el consenso sobre el cual se asentaba el pintoresco sistema político español que ahora hace agua.


    España quería vivir del consenso entre el falangismo y el comunismo como vive Inglaterra del armisticio entre Cromwell y el Parlamento: donde durante cuarenta años había comido un partido, durante otros cuarenta comerían cuatro. Y así fue la cosa... hasta que vino el “drógulus” de León.

P 

[Julio, 2016]

Lunes, 9 de Marzo

 



Amor a la madrileña

domingo, 8 de marzo de 2026

Ay la guerra


El Líder del Mundo Libre

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Nos vamos a la guerra con el líder del mundo libre, Sleepy Joe, que para celebrar San Francisco de Sales llamó en rueda de prensa “estúpido hijo de puta” a un periodista de la Fox que le preguntó por la inflación. Los demás periodistas callaron como tusos porque Sleepy Joe es el líder del mundo libre, cuyo pilar, dicho por Montesinos, es la prensa, y no vamos a tirar piedras a nuestro tejado.
    

No sé del covid, pero de la guerra (o mejor: de la discusión sobre la guerra) uno está vacunado desde lo de Iraq.


    –Iraq es el emplazamiento del Jardín del Edén. Aquí tenéis que andaros con pies de plomo… –fue la arenga del teniente coronel Tim Collins a la infantería británica en 2003, cuando el Movimiento Nueva Moderación de Blair, atacando por el Éufrates, y de Aznar, atacando por el Tigris, llevó la democracia de los Bush a Mesopotamia, que quiere decir Entre Dos Ríos, o sea, la Zentralidad que Pons trata de imponer en Polonia por encargo de Clarabelle Cow.
    

Otro militar británico, Nick Carter, jefe del Ejército, lleva años avisando de lo cerca que andamos de otra guerra mundial, y todos recordamos que la primera estalló por el incidente con un serbio.
    

Tenemos un único valor, el dinero, que mueve dos industrias: el narcotráfico y la guerra. Dejemos la retórica y vayamos a lo negro. Nietzsche supo sacar brillo a “la muerte de Dios” y profetizó las dos guerras del XX, aunque también profetizó que el XXI sería aún peor. Habrá guerra. No sabemos si Putin contará con algún Zhúkov, pero sí que nosotros no contamos con ningún Patton. El estratego del mundo libre es Milley, que llamó a los chinos para decirles que, si Trump ordenaba cualquier ataque, estuvieran tranquilos, que él los avisaría antes de actuar, lo que le valió seguir en su puesto con Sleepy Joe, a cuyas órdenes planificó la Huida de Afganistán, coronada con un dron que mató a siete niños que no eran los de Écija, como había vendido el Pentágono. ¿Y España? Bien, bajo las alas del general Reyes, as de la Aviación.

[Enero de 2022] 

Domingo, 8 de Marzo

 


Pernocta madrileña

Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis

DOMINGO, 8 DE MARZO 


En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:


-Dame de beber.


Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó:


-Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva.


La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó:


-El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.


La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Él le dice:


-Anda, llama a tu marido y vuelve.


La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice:


-Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.


La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». Jesús le dice:


-Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.


La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice:


-Soy yo, el que habla contigo.


En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?». Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come». Él les dijo:


-Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis.


Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Jesús les dice:


-Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos.


En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Juan 4, 5-42

sábado, 7 de marzo de 2026

Los muertos (y las muertas)



James M. Gavin


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La primera víctima de la guerra no es la verdad, que nadie acepta, sino la sensatez, hoja de parra de la inteligencia (la inteligencia es conocimiento de la ley de la causalidad), y luego vienen los muertos (y las muertas, en inclusión de Gómez de la Serna).
    

Creí con fe religiosa en un mundo platónico, eterno, donde las matemáticas lucían una belleza como los últimos Cantos del “Paraíso”, y al final vi que el mundo eterno es trivial y que las matemáticas son sólo el arte de decir la misma cosa con palabras diferentes –cierra Bertrand Russell su “Autobiografía”.
    

En los 50, dos inteligencias superiores, Russell y Einstein, intentaron aportar sensatez a un mundo de locos que fumaban sobre bombas nucleares como Bakunin acostumbraba hacerlo sentado en un barril de pólvora. La Guerra Fría era un concurso de “faroles” entre el Occidente, que tenía al Kremlin por malvado, y el Oriente, para quien la malvada era Wall Street. Ni Russell ni Einstein pedían a nadie que renunciase a ninguna de estas dos opiniones: “A lo que es preciso renunciar es a la creencia de que se pueden conseguir ambas cosas por medio de una guerra mundial”.


    El peligro eran los halcones de ambos bandos, que creían que el suyo podría conseguir la victoria en el sentido antiguo. “Norteamérica podría ganar una guerra abierta, pero yo no sé si ganaremos esta guerra fría”, declaró Dulles ante un Comité del Congreso. A la vez, Kruschef le decía por carta a Russell: “Yo creo que si el imperialismo desencadena una nueva guerra mundial, perecerá en ella”.


    Preguntado en el Comité Symington del Senado por los efectos, en muertos (y muertas), “si nos metiésemos en una guerra nuclear”, el general James M. Gavin respondió: “Los cálculos corrientes llegan hasta cifras de varios centenares de millones, dependiendo de la dirección en que soplase el viento”. En América, el primer día, sobre 150 millones, morirían 36.


    –Una “victoria”, a condición de que el número de muertos rusos fuese todavía mayor.

[Marzo de 2022] 

Sábado, 7 de Marzo

 



Alcorques madrileños

viernes, 6 de marzo de 2026

El factor Cheney




Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En América, “para salvar la Constitución”, los CheneyDick y Liz (papá e hija), votan por Kamala Harris, elevada por los medios a la leyenda de hija intelectual de Adlai Stevenson.


En los 248 años de historia de nuestra nación, nunca ha habido un individuo que represente una amenaza mayor para nuestra república que Donald Trump –dice el tipo que de la mano del juez Scalia, su compañero de caza, manipuló la Constitución para, sobre la base de información falsa, librar una guerra que dejó Iraq como un aparcamiento.


Dick Cheney es la encarnación siniestra del baile de máscaras en el bipartidismo americano: lo que era rojo ahora es azul, y lo azul, rojo. En palabras de Robert F. Kennedy Jr: “El Partido Demócrata de RFK y de JFK era el partido de las libertades civiles y la libertad de expresión. Hoy es el partido de la censura, los confinamientos y la coerción médica; está plagado de belicistas neocones, de representantes de las corporaciones… Es el partido de la guerra legal”. El partido, pues, de las elites, cuya auténtica rivalidad no tiene lugar entre la Facultad de Empresariales de Harvard  y la Facultad de Derecho de Yale, “sino entre éstas y West Point”, dicho por Sheldon S. Wolin, un pata negra de la izquierda académica que desde “el fraude electoral de Florida” en favor de Bush no le quitó el ojo a Cheney, “conocido evasor de la conscripción durante la guerra de Vietnam”, como todos nuestros belicistas.


El trajín de Cheney con Scalia para alterar la Constitución tuvo su intríngulis. El neocón ponía la voluntad de poder, y el juez, la artimaña jurídica. Scalia era originalista, y decía inspirarse en Hamilton para servirle a Cheney la figura del “ejecutivo unificado”, es decir, el poder inapelable. Para “vender” su doctrina presidencialista (un ejecutivo “en una sola mano” –“energetic”–), y que no se confundiera con la monarquía absoluta ni con la dictadura militar, Hamilton soltó un discurso de cinco horas en Filadelfia, sin éxito. Cheney, en cambio, sólo necesitó de un tarjetón de Navidad con una cita poética de Franklin: “Y si un gorrión no puede caer a la tierra / sin que Él lo note, ¿es probable que un imperio / pueda alzarse sin su ayuda?” El 11S hizo el resto, y todo fue ya “guerra contra el Terror”, con su rico folclore de la guerra preventiva (la guerra de anticipación, avisa Wolin, es el “Lebensraum” de la era del terrorismo).


A mis amigos demócratas, a mis amigos independientes y a los indecisos en estas elecciones: el voto por Kamala Harris es un voto por Dick Cheney, el arquitecto de todo lo que ha ido mal en Oriente Medio. Por eso me enfermó oír hoy a Cheney, pues tenemos personas que murieron en esas guerras por culpa suya –resume la situación la ex demócrata Tulsi Gabbard.


Una sierpe del Paraíso, el sociópata Klaus Schwab, anuncia silbando la llegada de una agencia digital preventiva que “arrestará a la gente antes de que cometan los crímenes”.


[Septiembre, 2024] 

Viernes, 6 de Marzo

 



Libros callejeros

jueves, 5 de marzo de 2026

La Grande Ilusión

Sir Norman Angell

© Galería Nacional de Retratos, Londres


Ignacio Ruiz Quintano

Abc

Las pérdidas achacables a “La Grande Ilusión” son, en resumen de Jacques Barzun, no menos de diez millones de muertos: lo mejor de la juventud europea de 1914, sacrificada por “las mentiras de sus padres”, en palabras de Kipling, padre con hijo muerto.


    Sobre un panfleto suyo de 1909, Norman Angell, economista, periodista y pacifista (¡Nobel de la Paz en el 33!), desarrolló un éxito editorial, “La Grande Ilusión”, con el que pretendía acabar para siempre con la guerra por la sencilla razón de que, económicamente, el vencedor estaba condenado a perder en la misma proporción que el vencido. La guerra había dejado de ser negocio. El escritor británico refutaba así el militarismo del general alemán Friedrich von Bernhardi, que en su libro “Alemania y la próxima guerra”, de 1911, anticipaba los argumentos de la “guerra preventiva” que hemos vivido en el XXI, y que conlleva el deber de alcanzar la supremacía abriéndose paso a sangre y fuego.


    –La tentativa de abolir la guerra no sólo es inmoral e indigna de la humanidad; es una tentativa de despojar a los hombres de su más alto atributo: su derecho de exponer la vida material en defensa de un objeto ideal.


    A Angell todos los periódicos le respondieron que el objeto del armamentismo era la defensa, no la agresión. Pero decir que “debemos prepararnos para la defensa”, contestaba él, equivale a afirmar que “alguien piensa en atacarnos”, lo cual equivale a declarar que “alguien tiene motivos para atacarnos”. Una tontería, pues la conquista se reduce a multiplicar por “x” y luego volver al resultado original dividiendo por “x” otra vez.


    La refutación absoluta de “La Grande Ilusión” fue la declaración de guerra del verano del 14. Para comenzar, recuerda Barzun, el “arte enemigo” debía prohibirse en el escenario, el museo y la sala de conciertos. Más aún: había que demostrar mediante libros académicos que los pensadores enemigos llevaban tiempo creando el carácter agresivo de su nación, y la Historia respaldaba la acusación; después de todo, los alemanes siempre habían sido invasores, los bárbaros que habían destruido el imperio romano. Por su parte, los alemanes tenían argumentos equivalentes: los franceses, aunque en decadencia, tenían el obsesivo propósito de dominar Europa Central.


    Con dos guerras mundiales a cuestas, Norman Angell tomó la decisión de canjear su pacifismo contable por la propaganda de la Otan, con lo cual sus lectores debieron de sentirse como C. Isherwood leyendo en California a los corresponsales de guerra en Europa: “Me hacen sentir lo que deben de sentir algunos vagabundos cuando un miembro del Ejército de Salvación te obliga a tomar himnos con la sopa”.


    Isherwood no había huido de Londres, sino del clima de guerra, “por el poder que da a todas las cosas que odio”:


    –Los periódicos, los políticos, los puritanos, los jefes de sección de los Boy Scouts, las solteronas despiadadas de mediana edad


 

 

Christopher Isherwood 

Jueves, 5 de Marzo

 



Pisando la dudosa luz del día

miércoles, 4 de marzo de 2026

Guerras Frías



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La corrupción es el gobierno del mundo, y lo de Sleepy Joe llamando “asesino sin alma” (aquí, música de Richard Cocciante) a Putin es una Guerra Fría comprada en los chinos, nunca mejor dicho.


    La oligarquía yanqui (a la oligarquía la llamamos república como Augusto llamó república a la monarquía, tiene dicho Yarvin) se va a una Guerra Fría de cartón piedra como complemento para disimular su Guerra Revolucionaria, que es la única guerra justa, según las tesis de Lenin y… Mao: la utilización de medios militares o no-militares es cuestión de circunstancias, “de la misma manera que se usan medios legales o ilegales para subir al poder”, y no vamos a mirar el taca taca de Sleepy Joe.


    En el Madrid del 62 recordaba Schmitt, sobre la Guerra Fría, que la distinción esencial (desaparecida después de la segunda guerra mundial), fundamento de conceptos básicos del Derecho internacional (guerra, paz, neutralidad), es la distinción de enemigo y criminal: según el Derecho internacional clásico, se lucha con un enemigo sin declararlo criminal. (Por el contrario, recibe consideración de igual para, una vez vencido, poder concluir una paz honrada).


    –Todo lo que se puede celebrar como progreso humanitario en la Historia del Derecho internacional se basa en esta distinción clásica. Hoy comprendemos muy bien que Talleyrand celebrase esta distinción con tanto entusiasmo y con tan gran pathos, en un memorándum de 1805, como el mayor progreso de la humanidad.


    “¿Asesino sin alma?” Putin tiene una imagen castizota de Chicote del polonio, al parecer moralmente inferior a esa imagen cosmopolita de Obama de jugador de dardos con el globo terráqueo y un Predator.


    Guerra fría, guerra caliente. La guerra revolucionaria está constituida, según Mao, en nueve décimos por la guerra fría, y sólo el último décimo, el decisivo, es guerra caliente. Porque el león no se cuida de las trampas ni la zorra de los lobos, fuerza será ser zorra para conocer las trampas y león para amedrentar a los lobos.

[20 de Marzo de 2021]

 

Miércoles, 4

 


Cabaret

martes, 3 de marzo de 2026

El Reloj del Apocalipsis



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En las llamadas “democracias liberales” (ni democracias ni liberales) las decisiones no las toman los elegidos, sino quienes pagan la elección, que bien que se cobran (y hacen bien) su libra de carne, que es la movida trumpiana que nos tiene poniendo en hora al segundo el Reloj del Apocalipsis (“hay muchos a los que no les conviene el Apocalipsis”, avisó, inmortal, Pitita), que evalúa las amenazas que se despachan en este mundo, que es como el barril de pólvora en que se sentaba Bakunin fumándose un cigarro para recibir a las visitas.


Por “Las crónicas del Armagedón 2015-2024” de Scott Ritter nos enteramos de lo cerca que estuvo de dar la campanada el Reloj del Apocalipsis el viernes, 13 de septiembre de 2024, de la que nos libramos porque Biden, Sleepy Joe, perdido en su niebla cerebral, acertó a dar con el “no” a las pretensiones de Starmer de dotar a Ucrania de misiles de largo alcance. Pues entonces, dice Ritter, habríamos muerto todos. “72 minutos. Es todo lo que se necesita para acabar con la vida tal y como la conocemos”.


Con la Caja de Pandora abierta, el Reloj del Apocalipsis debe de parecer hoy un reloj daliniano. Lo idearon en el 45 los científicos del Proyecto Manhattan, porque “no podían permanecer ajenos a las consecuencias de su trabajo”. Y en el 47 lo pusieron en marcha, con las agujas colocadas a siete minutos de la medianoche (hoy están a 85 segundos) y con el cometido de reflejar los cambios básicos en el nivel del peligro continuo en el que vive la humanidad en la era nuclear.


Para jugar con el Reloj del Apocalipsis, Trump, como buen casinero, ha sustituido cualquier control nuclear por una Junta de Paz que vendría a ser como “La paz perpetua” de Kant para Hannah Arendt, es decir, un “texto irónico”, si bien de una ironía menos refinada, y más próxima al Fernán Gómez de “Bombas para la paz”, de Elorrieta y Paso, cuando dice el “to be or not to be” de la película: “Menos pum y más pan”. Que es lo que en la elección presidencial pedían los “hillbillies”.


La ausencia de controles nucleares disparará la carrera armamentística, y por vez primera podría suceder que incluso El Vaticano, si quisiera, tuviera su propia bomba. Ocurre, también por primera vez, que nos gobiernan seres extravagantes que lo ignoran todo sobre la guerra, y que creen que al Armagedón se juega con drones “para rociar con orina ligera mezclada con fentanilo a los analistas que intentan fastidiarnos”, en palabras del ceo de una de las empresas más influyente del mundo en este negocio. En resumidas cuentas, les parece de pobres la idea de “destrucción mutua asegurada”: creen que una guerra nuclear se puede ganar, y que, por supuesto, la ganarían ellos, que para eso son los que pagan la elección y toman las decisiones.


Al fondo, la mueca mordaz del viejo Nikita: “Los supervivientes tendrían envidia de los muertos”.


[Martes, 24 de Febrero]

Tiempo de encajar goles


Kim Min Su. Cedido al Andorra por el Gerona 



       Francisco Javier Gómez Izquierdo


         "Fueraparte", el periodo de bajón que todos los equipos de fútbol profesional experimentan cada temporada, desde aquí llevamos subrayando en el Córdoba, también en las victorias, un sistema defensivo que estudiado por los rivales sin detenerse en demasiadas honduras, es fácil derrumbar. Al Córdoba le meten muchos goles. Cada jornada que pasa concede más ocasiones. Anoche ante el Andorra, llegó esa debacle que ronroneaba desde el partido del Almería y el 1-4 final pudo acabar muy bien en un 2-7.


     No voy a poner en duda los conocimientos tácticos y de preparación del entrenador Iván Ania. Tiene título y servidor no, pero me atrevo a decirle que con  zagueros lentos es difícil no quedar en evidencia si los medios y delanteros no presionan como exige una línea defensiva plantada en el centro del campo. Además de una técnica entre bien y notable, los jugadores han de presentarse en cada partido con una forma física de casi sobresaliente para que lo que se pretende, resulte. Los locutores de televisión elogian hasta la náusea "la propuesta de Ania"; su valentía, su siempre mirar a portería contraria, el sistema innegociable... todas esas patochadas huecas, elogiosas, halagüeñas... que, creo, tanto debilitan a nuestros jugadores y sobre todo al mismo Iván Ania.  Este hombre se empecina en el sistema y yo creo que dice a los suyos: "...nosotros a lo nuestro y que ellos se preocupen de nosotros". ¡Claro que se preocupan! José Juan Romero entrenador del Ceuta, y Carlos Manso, del Andorra, éste sobre todos, sabe que no hay que poner delantero centro contra el Córdoba. Al coreano Min-Su lo he nombrado aquí en dos o tres ocasiones. Lo que corre, su indefinida posición que le hace aparecer donde menos esperas, el suicidio de darle metros... y que es bueno, muy bueno, y jugará en Primera. El 19 de enero cumplió los 20 añitos. Bien, pues Iván Ania, como cada día plantó dos centrales que no marcaban a nadie porque tanto Lautaro como Cerdá -lo mismo hubiera dado con Justin u Olabarrieta- se encargan de abrir campo en las bandas para que Min-Su chospe en una especie de media punta que va de izquierda a derecha desconcertando a la pareja Alex Martí-Sintes, y hasta provocar acciones estrafalarias "voy-no voy" de los laterales Albarrán y Villarrasa que si iban a por Min-Su abandonaban la marca de los dos extremos. A la media hora, 0-3. Goles de Lautaro, Cerdá y Min-Su. El gol del coreano es lección de la que debe tomar apuntes nuestro míster. Le llega el balón hacia el círculo central, solitario en el hueco buscado entre centrales, encara y toca la pelota hacia el costado derecho de Sintes mientras se va por la izquierda en un sprint que deja en evidencia a todos los defensores blanquiverdes. En la segunda parte marcaría Le Normand un cuarto gol  y nuestro Alison -¿porqué no juega este chico si es el que mejor dribla, el más veloz, y el que más peligro crea en el poco tiempo que juega?- el 1-4 definitivo.


    El Córdoba está físicamente bajo mínimos, los rivales nos tienen superestudiados. Para que se hagan a la idea, ustedes saben que al Barça hay que sorprenderle en carrera desde el propio campo con tíos rápidos por el costado de Koundé que es el más lento. Es difícil hacérselo al Barça por su poderío en la presión y la calidad técnica de sus jugadores, pero el Córdoba no tiene calidad técnica ni, sobre todo, pulmones, para soportar lo que está por venir si nuestro entrenador sigue empeñado en creerse el ombligo de Segunda. El domingo a Santander, viene el Sanse y el 22 a Burgos. Veremos qué panorama se me presenta en El Plantío.


       Por cierto, con la que está cayendo en este comienzo de la Tercera Guerra Mundial, no sé si el nombre de Bahrain Victorious es muy conveniente haberlo añadido a El Arcángel.

Martes, 3 de Marzo

 


Acera madrileña

lunes, 2 de marzo de 2026

Un gol mortal




@realmadrid



@realmadrid


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Toda la culpa fue del gol. Un gol homérico. Pero un gol mortal, pues hizo explotar todo el rencor ontológico (individual y social) que llevamos dentro. Somos Occidente, una estrella podrida de la Galaxia Epstein.


En el “Amadeus” de Milos Forman, Salieri odia a Dios por haberle dado el genio al idiota (Mozart), y en el gol de Lisboa los gargajos odian a Dios por haberle dado el genio al negro (Vinicius), perseguido en su alegre negritud por una zarigüeya camuflada escupiendo hieles. Remató el espectáculo un árbitro francés tan malo que parecía español, Letexier, de profesión alguacil judicial. Su estupidez, al amonestar a Vinicius por marcarse un bailín a lo Roger Milla con el banderín del córner para celebrar su gol de bandera, y en la tormenta naufragó un patético Mourinho, “triste, solitario y final”, en trisagio de Osvaldo Soriano.


Monsieur Letexier fue seguido toda la noche en TV por Toño Matéu, el Escartín de Algimia de Alfara, y era como ver al loco de Bonafoux, Luis Bonafoux, de paseo por París con su criado, un tío más grande que Tchouaméni, que iba detrás salmodiando por encargo: “Ése que va ahí, el del paraguas verde, es Bonafoux, el gran Bonafoux, el formidable escritor Bonafoux…” Mateu no se hartó de decirnos lo bueno, lo guapo y lo francés que era el alguacil alguacilado en una decisión la más estúpida que uno recuerda: sancionar a Vinicius por meter un gol homérico, aprovechando que Vinicius lo celebraba bailando con el banderín del córner, que al parecer es una obscenidad ofensiva para el distinguido público benfiquista. Que la Uefa de Ceferino le enfunde a ese banderín un condón (póntelo, pónselo) ya.





La barbarie ibérica es unánime. Vinicius fue recibido en España con un mordisco del atlético Tachi en la cabeza (“ese lance no representa para nada mi forma de jugar”, manifestó Tachi), y en Portugal el premio por un gol homérico ha sido una tarjeta amarilla del alguacil Letexier, a quien le gusta Vinicius lo mimo que Neymar.


Una celebración obscena–protesta un Buda viejarras del miserable mundo de las letras (“sería ridículo que los periodistas, que no tenemos qué comer, tuviéramos convicciones”, decía un amigo de Bonafoux), que gusta de repanchingarse en la silla del barbero mientras un fígaro le hace el papo entre respetuosas objeciones futbolísticas y un limpia de color le hace los zapatos. “Homo homini lupus!”


Lo dijo Sonsoles, la hija de Ónega: "Franco tenía prohibido bailar", y nos reíamos. Bueno, pues aquí están los nietecillos gorditos del cardenal Segura y su pastoral contra el baile (“un círculo cuyo centro es Satanás”) llamando pecador a Vinicius. Nada es nuevo; cuatro años cumple este tuit de Romário de Souza Faria con motivo de otra “racistada” mediática contra Vinicius: “El swing es parte de la auteticidad, Vinicius Jr. La alegría es parte del fútbol. ¡Sigue bailando! Sigue celebrando la forma en que la felicidad toca tu corazón. Todo mi apoyo a Vinijr y todo mi rechazo a los que tratan de disfrazar el racismo. ¡No aceptamos! Baila, ViniJr.”


Sin la estúpida tarjeta amarilla del alguacil Letexier a Vinicius por bailar, el “guapo” borgiano no se hubiera gustado. A los “guapos” cantados por Evaristo Carriego, Borges los describe como máquinas de intimidar y de pelear; hombres sin más rasgos diferenciales que la seguridad de su brazo (o de su lengua) y, además, con una incapacidad perfecta de miedo. En el mismo partido, Vinicius se las tuvo más tiesas con Otamendi que con el cortico, pero Otamendi, ese Jordi Alba en sesión de calistenia, es canchero, y eso no saca de quicio al brasileño. El cortico de la remera en la boca es otra cosa y tira con cerbatana:


Le dijo al árbitro que llamó a Vini “hermano” (“maricón”, en rectificación posterior) y no “mono”.


Y Mourinho aprovechó para borrarse del Bernabéu despojándose de cualquier atisbo de grandeza: llamó “provocador” a Vinicius por el baile, defendió a su cortico y se autoexpulsó llamando prevaricador (“llevaba un papel”) al alguacil Letexier porque no amonestó a Aureliano ni a Carreras ni a Huijsen, que no hizo una sola falta. MVP en Lisboa: dentro, Aureliano; fuera, Mbappé, con más coraje que todos los capitanes juntos.

[Sábado, 28 de Febrero]




@realmadrid

Pluto y su pandilla



Pluto

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Que la justicia americana pida para un ciudadano americano diez años de cárcel (¡de cárcel americana!) por un meme tuitero nos lleva al aviso de Wolin sobre la censura de la protesta popular contra Superpoder, destinada a aislar la resistencia democrática, separar de la sociedad a las voces disonantes y acelerar el proceso de despolitización (resumido, aquí, en el consejo gallego de Franco: “Haga como yo, no se meta en política”). Es el modo de mantener vivo el temor hobbesiano.

 
    –A diferencia del terror nazi, el miedo hobbesiano afecta a una sociedad machacada con la protección y la seguridad. Nada ilustra mejor la manipulación del miedo que las invasiones de la privacidad autorizadas por la ley Patriótica, con el presidente en pose de “rey patriota”, que está “por encima de la política”, en lucha a muerte con terroristas.


    Volvemos a Romain Rolland, que en el fatídico 14 de la Gran Guerra acertó a ver que en “el guiso sin nombre que es hoy la política europea, el dinero es el trozo más grande”.


    –El puño que sostiene la cadena que apresa al cuerpo social es el de Pluto. Pluto y su pandilla.


    Tampoco dice que los que en el 14 se lucran sin pudor gracias a la guerra la quisieran: lo único que quieren (aquí o allá, poco importa) es enriquecerse, y se acomodan con igual facilidad a la guerra como a la paz, todo les viene bien. “No les atribuyamos vastos y tenebrosos planes! ¡No ven tan lejos! Sólo quieren enriquecerse. Los intelectuales, la prensa, los políticos son sus instrumentos”.


    –Los pueblos que se sacrifican mueren por ideas. Pero los que los sacrifican viven por intereses. Y, por consiguiente, los intereses sobreviven a las ideas. Toda guerra prolongada, por muy idealista que fuera en su origen, se convierte en una guerra de negocios.


    Así se explica el contraste entre la confraternización de los soldados en las trincheras y el odio de los intelectuales en los periódicos que saca de quicio a Rolland: “La guerra me parece odiosa, pero más odiosos son los que la cantan sin participar en ella”. Y exhibe una carta de 17 de diciembre de un soldado en la trinchera: “Los deseos de paz son intensos entre nosotros… Los periódicos dicen que es difícil moderar el ardor guerrero de los combatientes. De forma consciente o inconsciente, mienten. No os imagináis cuánto nos indigna esa charlatanería. Hablan de una guerra sagrada, pero no conozco más que una guerra, y es la suma de todo lo inhumano, impío y bestial que hay en el hombre; es un castigo de Dios y una llamada a la contrición para el pueblo que se entrega a ella. Dios envía a los hombres a este infierno para que aprendan a amar el cielo. Pero los entusiastas de la guerra, ¡que vengan! Puede que así aprendan a callarse…”


    La inteligencia, concluye Rolland, no es nada sin el espíritu, el espíritu que es el juez de la razón alucinada, el soldado que, en el Capitolio, recuerda al César triunfante que está calvo.
 

[Abril, 2023] 

Lunes, 2 de Marzo

 



Endowment pad

domingo, 1 de marzo de 2026

La ceguera perceptiva


 Horacio Kitchener

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc



    Melville, que había publicado “Moby Dick” en el bicentenario de “Leviatán”, en 1855 publica “Benito Cereno”, capitán español de un transporte de esclavos de Valparaíso a Callao. Los esclavos, arengados por Babo, se amotinan y ponen rumbo a Senegal. Se cruzan con un barco americano al mando del capitán Delano, que aborda al galeón español. Babo ordena a Cereno fingir que sigue al mando, y el capitán obedece, pero en su actuación mezcla frases enigmáticas y gestos extraños, que entienden todos los presentes menos Delano, y al español sólo le queda arrojarse al agua.

 
    -En 1938, “Benito Cereno” se elevó en Alemania a símbolo de la situación de la inteligencia en un sistema de masas -anota Carl Schmitt.


    La clave del relato es la ceguera perceptiva de Delano, causa de tantas catástrofes, como la que nos recuerda Douglas Macgregor, militar estadounidense de la rama ilustrada, sobre la entrada de Inglaterra en la primera guerra mundial, decisión tomada por una venada belicista de Winston Churchill, ídolo liberalio, que convenció al gabinete de que la guerra la ventilaría la flota británica en una tarde de batalla en el mar del Norte. ¿Qué sentido tenía decidir una guerra contra Alemania, Austria y Hungría mediante una batalla en el mar del Norte? El planteamiento era tan ridículo como los que ahora propone Garat, marinero de agua dulce, para enviar desgraciados a cazar osos en Rusia, pero, fiada de la genialidad churchilliana, Londres declaró la guerra a Berlín. Cuando se olieron la carnicería, recurrieron a un liderazgo profesional, y Asquith, primer ministro, tiró de Horacio Kitchener, gobernador de Egipto, para hacerse cargo de la cartera de Guerra. Queriendo parecer interesantes, aquellos idiotas reunidos pidieron a Kitchener un informe de la situación, y lo tuvieron: la guerra no duraría una tarde en el mar del Norte, sino un mínimo de tres años en el continente y requeriría de al menos dos millones de hombres (disponían de ciento cincuenta mil) y el apoyo financiero de todo el imperio británico. Los belicistas de bombín sólo disponían de la “boutade” de Churchill para derrotar a un enemigo, Alemania, que no lo era, y Kitchener hubo de acometer una campaña de reclutamiento para el matadero con la garantía de su imagen: “Britons wants you” (“Británicos, [Kitchener] os necesita”), modelo a partir del 17 del “I want you” del Tío Sam en América.


    Ningún pueblo europeo quiere hoy la guerra, pero todos sus gobiernos (clamorosamente más incompetentes que el inglés del 14) la anhelan como perros de caza, metáfora exacta de la representación en las “democracias liberales”, donde de Churchill hace Kaja Kallas. La esperanza es Trump, que un día parece Delano, y al otro, Cereno.


    -Zelenski siempre está pidiendo misiles. Oye, cuando empiezas una guerra, tienes que saber que puedes ganarla. No empiezas una guerra contra alguien veinte veces más grande que tú y luego esperas que te den misiles.

 

[Septiembre de 2025]