domingo, 4 de octubre de 2026

Muralismo




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    De la mano de los gorrillas del marxismo “jondo”, la Andalucía espiritual se afianza en el realismo socialista, aquel espanto inventado por Gorki para, miren ustedes por dónde, amaestrar a los niños de un Instituto de Enseñanza Secundaria en Valencina de la Concepción, Sevilla, donde la Junta promociona un mural de guardias civiles y falangistas fusilando a los “republicanos” del 2 de Mayo de Goya bajo la bendición del cardenal… Spínola, datos históricos verificados por Cayo Lara, el de “Marx ya lo dijo tó”.
  
En arte, los niños son conservadores: juegos, fábulas, cuentos… (El guiñol y los títeres, nos recuerda Sábato, perpetúan los personajes de la antigua comedia italiana.)
  
Y el muralismo es la forma más artística de administrarle la papilla histórica a una comunidad infantil, como hizo el gobierno mexicano con “los tres grandes”, Orozco, Siqueiros y Rivera, fieramente combatidos por el gran Cuevas, a quien treintaidós empresarias del felipismo ofrecieron un almuerzo de homenaje en Madrid.

    –Cuando me preguntaron a los postres si yo era feminista, les dije claramente: “No. Yo soy mujeriego”.
  
Guardias civiles “afusilando” republicanos en el Arco de la Macarena, guardias civiles “jugando al pato” con los nadadores africanos… Es curiosa lo selectiva que resulta la compasión en un país donde tan pocos libros vende Schopenhauer, el filósofo que hizo de la compasión lo que Esteban Ibarra de la tolerancia: un oficio.

    Del carácter deportivo de la inmigración dan fe los gritos de “¡Barça! ¡Barça!” con que ayer asaltaron el muro de Melilla los subsaharianos, acaso con el recorte de “La Vanguardia” bajo el brazo: “De cada mil habitantes del planeta, uno es catalán”.

    Para gente tan ingenua, más disuasorio que las pelotas de goma sería los guardias civiles agitando el mural de Sevilla o alguno de esos artículos de prensa que con citas de la canción del Cola-Cao hacen del muro de Ceuta el Peenemünde del fascismo español.


[Febrero, 2014]

Domingo, 4 de Octubre

 



Don't Worry Be Happy

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos

 DOMINGO, 4 DE OCTUBRE


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:


-Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?


Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice:


-¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.


 Mateo 21, 33-43

sábado, 3 de octubre de 2026

Aquarius


Forme uniche della continuità nello spazio


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


La llegada del “Aquarius”, un barco de náufragos libios, a la Costa de Valencia ha producido más expectación mediática que los tres desembarcos que cambiaron dramáticamente la historia de España: el de Tariq en Tarifa, el de Colón en San Salvador y el de Carlos de Austria en Tazones.
Los náufragos libios huyen de un país liberado por Sarkozy con la ayuda de Zapatero, Carmen Chacón y Julito Rodríguez, que bombardearon a Gadafi para establecer en Libia “la democracia” que aquí nunca hemos tenido.

–Pienso que mejor sería (para Hispanoamérica) adoptar el Corán (como código político) que el gobierno de los Estados Unidos (la democracia), aunque es el mejor del mundo –escribió amargamente Bolívar a Belford Hinton Wilson, pero ya se sabe que los españoles sólo son bolivarianos para las comisiones.

El sanchismo es bolivariano en este reparto de náufragos que podemos permitirnos ahora que la economía está en manos de Nadia Calviño, que surge de la burocracia de Bruselas, esa laguna negra, como la Venus de Botticelli, y que es hija del hombre que inventó la TV en España, primero como secretario particular de Suárez en TVE, donde eran dos leones en lucha contra la Dictadura, y luego como valido de Guerra en TVE, época que Haro Tecglen resume en sus memorias con una frase de Calviño: “¡Que los echen a culatazos!” Se refería a unos becarios de Radio Cadena, encerrados porque, contra lo prometido, no les firmaban el contrato.
El buenismo hispano solucionó el problema del becario calviñista y solucionará el problema del náufrago libio, pues el náufrago, no el proletario, es el héroe del futuro que ya está aquí y que Boccioni, fundador del futurismo, plasmó en su futurista figura de Sao Paulo (“Forme uniche della continuità nello spazio”), que ya está tardando el ministro Huerta en colocar en el puerto de Valencia una copia en bronce para conmemorar la primera gesta del sanchismo.

Quedan las murallas de Jericó, que son las vallas de Ceuta y Melilla.

[Junio, 2018]

El entrepuente
Alfred Stieglitz 

Feria de Otoño'26. Gayumbada de los Lozano con el hierro de Alcurrucén y un público a la riojana para encumbrar a Urdiales como rey (de los cow-boys). Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


    Con Diego Urdiales se da la paradoja de que si no eres de la provincia de Logroño puedes juzgar su actuación y llegar a la idea de que en su labor ha estado mal, regular, bien o sublime, según los casos, pero si eres de la Comunidad Autónoma de La Rioja solamente se contempla como posible la última de las alternativas antes descritas. A tal fin, para poder pasear por la calle San Juan de Logroño sin que me apedreen, he compuesto, al final, un “Epílogo para riojanos” donde encontrarán lo que les gusta leer de su ídolo inspirándome un poco en el estilo sobrecargado del crítico oficial del diario El Mundo, famoso por su adjetivación. Ruego a los riojanos que desde aquí salten a dicho epílogo y no tengan en consideración lo que viene a continuación. Gracias.

Para el resto del personal digamos que hoy habían preparado una gayumbada de los Hermanos Lozano, a los que claramente se les ha ido la ganadería de las manos, con el hierro de Alcurrucén, encaste Núñez, como es bien sabido. Para que se cumplieran los designios establecidos habían contratado a Mario Navas, pero un percance ocurrido en Toro (Zamora) a finales de agosto hizo imposible su presencia en Madrid a confirmar la alternativa que le dio Luque en Valladolid hace un par de años. Si hubiera estado Navas, el aguacero que cayó en la lidia del primero se lo habría comido él, pero al ser sustituido por Christian Parejo, con alternativa confirmada en el San Isidro de 2024, el aguacero cayó sobre los 51 años de Diego Urdiales, de berenjena y oro. El Niágara se produjo tras el segundo tercio. Urdiales había podido pulsar el afecto que Madrid siente por él tanto cuando le hicieron salir a saludar al tercio tras el paseíllo, como cuando un enfebrecido público comenzó a jalear desaforadamente todos y cada uno de sus lances, pases, medios pases, intentos de pase e incluso enganchones. Daba la sensación de que la magia del Rioja se había infiltrado en las venas de media plaza que aplaudía todo lo que hiciera el faraón del Cidacos, fuera lo que fuera, sin atender a colocación y otros aspectos no menores. Verdaderamente la torería que emana de su figura ya le da medio aplauso, como atestiguan las excelentes fotografías del maestro Moore, pero el pase debe ser rematado, la colocación, la precisa, el viaje el correcto y la resolución del pase la deseable. A cambio, las sugestionadas gentes se explayaron en esos horribles ¡bieeeeen!, y otros sonidos que evocan a los croantes, aullantes y guturales sonidos de los Profundos, esos seres que relata H.P. Lovecraft en su narración «La sombra sobre Innsmouth» (1931) y que sustituyen al honesto y castizo ¡ole! Con la presencia del monzón se enfriaron un poco los ánimos, máxime porque los habitantes de los tendidos huyeron en tropel a la busca de lo seco, pero el Urdiales-state-of-mind retornó con idéntico vigor en el cuarto toro y ahí se vio claramente que muchos habían venido a ver el triunfo del de Arnedo y que no estaban dispuestos a que la realidad de lo que se contemplaba en el ruedo, la descolocación los medios pases, los enganchones, les estropeasen la fiesta. Entre todo ese marasmo seamos justos y reconozcamos que Urdiales dejó algún souvenir de mucha estima: un natural, dos verónicas, una trincherilla... Hoy no fue su día, por más que se quieran empeñar los hooligans, pero su acrisolada torería, su manera de estar en la plaza ahí están como un referente en el que pueden ir mirándose los jóvenes toreros.

Tras la muerte del primero, que era curioso ver cómo el cuerpo inerte arrastrado por las mulas se deslizaba por el empapado ruedo, los altavoces volvieron a hacer sus habituales cacofonías, de las que nada se entiende en las andanadas, y se esperó el tiempo prudencial hasta que los matadores estuvieron de acuerdo en continuar la corrida. A las siete, una hora después del inicio del festejo, salió el segundo, que le tocó en suerte a Fortes, a ese constante amagar y no dar de Fortes que recibió muy generosos aplausos del respetable en sus inicios por abajo y luego fue viendo cómo se le iba yendo el toro y cómo su labor se iba a menos, sin conseguir levantar pasiones, así que optó por dedicarse a hacer bernardas, a ver si con eso llamaba la atención de alguien, cosa que no ocurrió hasta que al entrar a matar el toro se puso a perseguirle, haciéndole atravesar la plaza a toda carrera, con el toro detrás, sin que cuatro capotes, cuatro, que se dice pronto, fueran capaces de hacerle un quite al matador, que entró en el burladero del 9 por los pelos.  Cuando le tocó el segundo turno puede decirse que ya apenas nadie le hizo caso y él mismo tampoco estaba en su mejor momento de motivación, por lo que su labor pasó completamente inadvertida. Se encenagó con el verduguillo.

Christian Parejo encandiló en las nocturnas del agosto madrileño a Pepe Campos, aunque hoy no ha dado esa talla de variedad, frescura y desparpajo que Pepe relataba en su crónica. De su faena al primero lo más relevante es el hecho de que brindó su labor a Mario Navas y de que fue volteado por dos veces, una en plena faena y la otra al entrar a matar, quedándose como prendido del pitón, ambas sin otras consecuencias que el susto y el porrazo. Al ir a salir el sexto la desbandada en los tendidos fue enorme, tras casi tres horas de nada y de humedad, y cuando comenzaron a verse las trazas del colorado cundió el desánimo en cuanto al posible resultado de su vis a vis con Parejo. Se encenagó con el acero. Cuando salíamos, volvía a chispear.

 


EPÍLOGO PARA RIOJANOS

En Las Ventas, bajo un cielo enloquecido y vengativo que descargó un apocalíptico aguacero, Diego Urdiales desplegó otra vez su torería sublime, clásica y embriagadora, transformando el anegado ruedo en un escenario de pureza tauromáquica mientras el agua torrencial convertía la arena en un anfractuoso y traicionero lago. Sus suaves verónicas, de añejo aroma, fijaron al abanto Afectivo con magistral destreza; y cuando el diluvio se desató con furia bíblica durante la faena de muleta, Urdiales, hierático e imperturbable, bordó naturales lentos, profundos y de una belleza sobrecogedora que desafiaron a los elementos. En el cuarto, de nuevo, Urdiales extrajo las embestidas con su sabiduría ancestral, dejando estampas inolvidables de clasicismo y de lentitud bajo los focos y el relente. Tan sólo los caprichosos aceros le negaron los trofeos que su arte deslumbrante merecía, mientras las ovaciones resonaron con justicia, entronizando a Urdiales como rey.

 



 

ANDREW MOORE

  



 

 
 
 
 



 
 

 
 

 

 
 
 

 

FIN 

Sábado, 3 de Octubre

 


El gatoblepas

viernes, 2 de octubre de 2026

¿Niños? ¿Qué niños?

 

Havelock Ellis

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo que llamamos izquierda son esas cogitaciones de sonajero ante el culo partido de un niño de tres años tendido en un informe forense. Y lo que llamamos derecha es la que piensa lo mismo que lo que llamamos izquierda, sólo que después.


    –Hay que ponerse en el lugar de esta madre. A las personas conviene comprenderlas y luego está todo lo demás –dijo Rajoy, el del magistral manejo de los tiempos, cuando lo de Juana Rivas, Mariana Pineda de lo que llamamos izquierda, que rebosa de triunfal superioridad moral porque, como sugiere Dalrymple, es consciente de haber obligado al mundo a aceptar lo que, previamente, se estimaba como inaceptable.
    

–Han debido de leer la siniestra opinión de Havelock Ellis de que las perversiones sexuales, que él denominaba “simbolismos eróticos”, son lo que distingue al hombre de los animales y es su logro supremo, pues “representan la fuerza poderosamente plástica de la imaginación”.
    

Si tiramos de imaginación, que es la loca de la casa, las tertulias de los nihilistas en “Los demonios” de Dostoyevski serían catequesis del padre Mundina, comparadas con las deliberaciones de los ministros del gobierno que indultó a la madre del niño violado bajo su custodia.
    

En Cataluña escrachean a un niño de cinco años porque reclama un cuarto de sus clases en español, mientras en la pepera Ceuta corre el dinero para impartir religión islámica.
    

¿Niños? ¿Qué niños? Los niños, recuerda Illich, aparecieron en Europa junto con el reloj de bolsillo y los prestamistas cristianos del Renacimiento: son un invento de la burguesía.
    

–Los artistas pintaban al niño como un adulto en miniatura sentado en el brazo de su madre.
    

Nos sobrecogemos de asombro e incluso de espanto, avisa Cioran, cuando oímos a los hombres hablar de liberar al Hombre: “¿Cómo unos esclavos irían a liberar al Esclavo? ¿Y cómo creer que la historia, una sucesión de errores, pueda durar todavía mucho tiempo?”


    –La hora del cierre sonará pronto en los jardines de todas partes. 


[Diciembre, 2021]

Feria de Otoño'26. Interesante novillada de El Retamar y un Programa de mano que ni en la lendrera de Sol. Márquez & Moore

 



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Con una interesante novillada de El Retamar se ha dado comienzo a la Feria de Otoño 2026, con la significativa caída del cartel de Mario Vilau, herido recientemente, que era el que más interés daba al cartel de hoy, quedando la terna formada por El Mene, Nacho Torrejón y Sergio Rollón, que hoy se presentaba en Madrid con caballos.


Antes de seguir hagamos un pequeño apunte sobre tres cosas, antes de que se acabe la temporada, para que no se nos queden entre las teclas del ordenador: la primera es la deleznable elección del fotógrafo -ignoro su nombre y prefiero seguir ignorándolo- que ha ilustrado la portada de los programas en la temporada 2026. Creo que la portada del programa de hoy batía récords en cuanto a antiestética, mal gusto y fealdad. La segunda es dejar la constatación de que las pesadas techumbres metálicas que guarecían de la lluvia a las decenas de personas que se sientan de gañote en el callejón de Las Ventas han sido sustituidas por unas leves y traslúcidas cubiertas de policarbonato. Todo sea por el confort de esos frescales. La tercera es la patente evidencia de las pocas dotes para la equitación de nuestra querida doña Rocío, la gentil amazona que, vestida de Felipe II, despeja la plaza y encabeza el paseíllo en cada festejo. Esperamos no tener que contemplar algún día un desagradable accidente.


Los Núñez de El Retamar pusieron en la tarde lo que de bueno hubo. Su diverso surtido de comportamientos y de humores, su variedad y su seriedad nos alegraron el festejo, quedando bajo su autoridad la responsabilidad de apechugar con el peso de la tarde. Dos de ellos, Pampunoso, número 55 y Maestro, número 64 fueron despedidos con ovación en el arrastre y el sexto, Impagado, número 14, fue saludado con aprobación en su salida al ruedo de Las Ventas. Hubo en el ruedo capotes y muletas por el suelo, y la corrida se desarrolló en un lapso de dos horas y diez minutos, y al buen entendedor no hace falta explicarle más al respecto; también se pudieron contemplar las habituales reticencias y cucamonas de la panda de galloferos que aparecen brevemente en el ruedo encaramados en lo alto de una montura para no hacer la suerte con arreglo a las normas del arte cuando el toro o el novillo imponen cierto respeto.


En cuanto a los toreros hubo la voluntad de lucir a los toros y de dejarles a cierta distancia en la suerte de varas, por más que las triquiñuelas de los montados tendiesen a tratar de que esa arrancada de largo o a media distancia no se produjese, como suelen hacer.


A El Mene, de azul cielo y oro, ya se le vio desde el principio que se le iba a ir el toro. Es como si el animal llevase encima un letrero de neón con las palabras: «Me iré de este mundo sin saber qué es el toreo». A ese fin se aplicó concienzudamente El Mene, dilapidando la franqueza de las embestidas de Pampunoso, sin un plan de qué hacer en las ocho u ochocientas series con las que intentó conducir las vibrantes acometidas de un animal que pedía firmeza, claridad de ideas y colocación. Nada de eso obtuvo y a cambio recibió un pinchazo en la suerte contraria, que a quién se le ocurre poner a ese toro en la suerte contraria, y un espadazo en la natural. La ocasión ya se sabe que es calva como una bola de billar y El Mene la tuvo con su primero. Con su segundo pasó, como decía nuestro añorado Bombero, que el toro era peor y el torero era el mismo, con lo que el tiempo se fue pasando sin que Mene lograse cosechar un solo ¡ole!, ni un ¡bieeen!, ni siquiera unas palmitas de consolación. A este también le mató a la segunda.


Nacho Torrejón venía sin apoderado y con un vestido en el que sobre la seda de color rioja se hallaba bordada la producción anual de oro de las Nevada Gold Mines. Su primer novillo, Lechuguero, número 22, lo primero que hizo fue arrebatarle el capote, para ir centrando el tema, y luego tras un paso sin pena ni gloria por el catafracto, puso su personalidad sobre la arena de Las Ventas para desafiar a su matador. El toro era como para apostar en esa lucha, máxime si vienes sin apoderado, para poderle y justificar todo el oro del vestido, pero eso significaba jugársela con un enemigo incierto al que el novillero nunca acaba de someter. A este lo liquidó de estocada desprendida y descabello. Su segundo fue Maestro, que llega al último tercio desarrollando una bonita y vibrante embestida, ante la que Torrejón solamente puede poner su descolocación, su permanente descargazón de la suerte, su toreo de ceder el terreno que, sorprendentemente, llega a cierto público a quien encandila esa deplorable manera de torear basada en tener al toro en movimiento sin ton ni son, con lo que el novillero comienza a ser vitoreado en su labor. No aprovecha Torrejón las netas bondades del toro para componer una obra con enjundia, conformándose con los vítores de muchos que se habrán olvidado de él y de su labor antes de llegar a Manuel Becerra. Lo caza al segundo intento y saluda desde el tercio. La ovación fuerte es para el toro.


Sergio Rollón, de blanco y oro, dio una sensación de aceleramiento y cierta bisoñez. Su bagaje taurómaco hasta la fecha es bastante magro y de pronto se ha encontrado hoy en Las Ventas con más público de una sola vez que el que le haya contemplado en toda su carrera desde que es novillero. Anotemos entre lo bueno la estocada con que despenó a su primero, Pamplinas, número 54. Su segundo, Impagado, con presencia y hechuras de toro anduvo muy suelto de acá para allá y sin fijar, costó bastante lo de la pica por las pocas ganas de trabajar que manifestaba el piquero Pérez, y luego fue marcando sus dificultades ante la impericia de Rollón, que consiguió estar digno frente a la difícil prueba a que se le sometió. Mató de media estocada.



El Programa

[JRM]




ANDREW MOORE

















FIN