martes, 24 de marzo de 2026

La sociedad abierta



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La catástrofe trumpiana sólo acelerará lo que Erriguel describe como la deconstrucción antropológica y cultural de las sociedades occidentales al ritmo marcado por los grupos de interés y sus cámaras de resonancia universitarias, cuya misión institucional consiste, según él, en reescribir, troquelar y adecentar el pasado para adaptarlo a las consignas del día.


Con una uniformidad coreográfica digna de un festival norcoreano, el sesgo ideológico de las facultades de humanidades es claro: favorecer el proyecto mundialista de la popperiana “sociedad abierta” y derribar cuanto se le oponga.


En el mito de la “sociedad abierta”, si tienes dinero (sin dinero, no te abren ni el cementerio), puedes salir a potear y codearte en la barra con Cheroki o Binzobas comentando su régimen abierto, como quien se encuentra con Popper y Lorenz en conversación al amor de la lumbre sobre “El porvenir está abierto”. Entretanto, el pueblo, de una sensibilidad superior, permanece atento a sus pantallas, donde los tertulianos (de lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior) le venden la guerra por la liberación femenina en Persia, que es una guerra “religiosa” de la pastora Paula White, la “Susurradora de Trump” (“Decirle no al presidente Trump sería decirle no a Dios. Cuando camino por la Casa Blanca, Dios camina por la Casa Blanca. Tengo todo el derecho y la autoridad para declarar la Casa Blanca territorio sagrado, pues estoy allí y donde estoy es sagrado”), contra el ayatolá Jamenei.


Para no distraernos de la espiritualidad de la misión, el periodismo censura toda la información sobre la guerra. Quince días ha tardado el New York Times en hacerse una pregunta profana: “What Would We Think Iran Hit an american school?” Sólo “L’Obervatore Romano” consideró periodísticamente interesante publicar en su portada información gráfica de las tumbas del centenar y medio de niñas muertas por dos “tomahawks” en la escuela. ¿Qué fue de las instituciones de representación europea, cuando Europa era el eje del mundo y tan orgullosa estaba de ellas? Primero: el Vaticano. Segundo: la Cámara Alta inglesa. Tercero: la Academia francesa. Y cuarto: el Estado Mayor prusiano.


Eso era Europa para el ciudadano medio alrededor del 1900 –recuerda Schmitt–. Cuando se publicó mi escrito, en 1923, sólo quedaba una en realidad, el Vaticano.


Hegseth sostiene que “no hay ateos en las trincheras” y Ted Cruz pide un “contrataque teológico” contra la línea de Roma. Hegseth fue presentador de la Fox, donde recurrieron al “photoshopeo” estalinista para escamotear la gorra de golf de cincuenta dólares de Trump en la honra fúnebre a los primeros caídos llegados a la Base Aérea Dover. No van a parar hasta que Tucker Carlson acepte calzarse unos Florsheim.


[Martes, 17 de Marzo]

Martes, 24 de Marzo

 


Valle de Esteban

Mandato de las flores silvestres

lunes, 23 de marzo de 2026

Hughes. Real Madrid, 3; Atlético, 2. Un derbi muy vivido


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Vi el partido en un bar de barrio de los que Espinosa de los Monteros llamaría obrerismo y además rodeado de colchoneros, con su habitual nihilismo. Completaba la visión del mundo de la semana: antiamericanismo, antitrumpismo, antisionismo y antimadridismo.


Dejar a Thiago era una machada, y ya salir con Carvajal y Fran García una torería, pero es que Arbeloa llevaba una chaquetilla años ochenta. Tras la camisa de cuadros de Pep, algo se mueve en los banquillos. Algo que no conmueve a Simeone y su black on the outside cause black is how I feel on he inside...



@nocontextfooty





Unloveable solía ser el juego del Atleti, ahora con mucha calidad. Hubo un brioso inicio con intercambio de presiones. El Madrid sorprendía con energía y buen toque. Thiago se movía mucho. Ha sido como meter una grúa en el centro del campo. Empiezan con él los movimientos de tierra. Se mueve dentro del partido, en sus tripas, pero a la vez con una cierta distancia, quizás por no participar mucho del sobeteo de la pelota. Pases a un toque, a dos, entregas rápidas y algún error. Esto lo señalará la gente, pero Thiago se movía por el partido más granítico con ligereza, propósito y un feliz entusiasmo que parece llevar dentro, y además muy pensado.


El Madrid estaba bien. Jugaba bonito, y el estilete era Valverde, que pudo marcar de nuevo echándose la pelota a correr como un jugador de campo más que de calle, jugador de era o de predio o de pampa. Tiró al palo en otro momento de estar en la espuma del fútbol.


Vinicius, por comparación, parecía un poco más lento. También sabemos que el motor se le va calentando (¿cuánto de ese calentamiento no es también cabreo?). Además, tenía enfrente a Llorente, el vitamínico atleta-influencer del Atlético, con envidiable melena de camomila. En una de sus carreras una voz rasgó el ambiente cargado del bar:


-Maaaaaaquinaaa


Era un colchonero que cargaba en ese primer “ma” todo el madrileñismo posible.


Pudo marcar el Madrid, pero lo hizo el Atleti en una salida rápida en la que Carvajal se dejó olvidado a Lookman. Hubo ahí un buen toque del temible, élfico y filial Giuliano. Y aun pidió más el atletismo en otra rápida ocasión en la que Carvajal, ya sin balón pero por poco, arrasaba a Llorente.


Esto trajo mucha cola en el bar y hubo minutos y minutos de comentarios sardónicos, conspiranoicos y amargos.


Tras el ir y venir del principio, el Madrid iba afrontando el clásico bloque bajo que exige finura y desborde de alguien, piececitos sacacorchos. Lo intentaba Güler, sin llegar, y a Valverde, sin espacio, no le dejaban armar su tiro... Iba a ser (tenía que ser) el pequeño Brahim, cuando, ya en la segunda parte, se deslizó por el área e hizo una maniobra con un regate tan rápido que se ganó el penalti. Contra el bloque bajo, lo único útil ahí era redoblar lo bajo, lo bajito: Brahim, su centro de gravedad y sus miniaturas.


Empató Vini de penalti y el Madrid cogió una confianza de la que tiró Valverde para presionar, robar, y colocar con el exterior en una jugada en tromba personal.


Ya estaba papá encima de mamá, y entonces Arbeloa quitó a Pitarch para dejar en la media a Brahim. Esto a mí me pareció malo y sentimos, creo, que al irse Pitarch se iba el talismán del Madrid, la misteriosa razón de su bonito dinamismo.


Esta sensación aciaga sobrevino cuando Molina clavó un golazo digno de Valverde. Cargó todo el tiro en los ojos. Antes de chutar miró mucho el balón y el sitio de remite, se le agrandaron los ojos, como si bebiese las cosas por allí. Ese chut pareció entrar primero por lo ocular.


Mi compañero de mesa colchonero (por ese azar de quienes comparten un asiento en el tren) había aprovechado para ir a mear con paso renqueante, cojo como un defensa del Madrid, y al volver me tocó explicarle lo que se había perdido. “Vaya mala suerte”. Todo son penurias...


En cada falta del Madrid había mucho lamento:


-¿Esto qué es? ¿Un homenaje a Chú Norris?


Y un madridista, con flema de zarzuela:


-Ha sido for-tu-i-to


Me gustaría vivir más tiempo en Madrid, y vivir más Madrid (aunque sin ganas de Madrid con ganas... porque Madrid es sobre todo una desgana) para desarrollar mi tesis: hay un acento madrileño madridista y otro acento madrileño colchonero.


Me podía la empatía con los de mi alrededor y yo hacía eso tan típico y cobardón de darles la razón sobre el árbitro. Les concedía todas las tarjetas (mi guerra es otra, me decía a mí mismo) pero cuando marcó Vinicius, cuando hizo su jugada de firma, tras evolución sedosa y medianera de Trent: área, regate hacia dentro, otro toque más y chut ajustadísimo; cuando la pelota entró mi puño se cerró poderoso e instintivo como el de Alcaraz tras anotarse un punto extenuante. Me salió el forofo.


El Madrid pudo haber tenido un final de partido fácil, entraron Camavinga y Belingham, pero Valverde fue expulsado por una entrada dura ma non troppo que, por supuesto, yo no discutí.


El Madrid quedó con diez y luchó pero algunos dejaron la sensación de estar fuera de tono. Ver a todos los cracks en el campo no me tranquilizó ni me ilusionó. Muy al contrario. Yo me he enamorado un poco del centro del campo B: Thiago, Manuel Ángel, Güler y Mastantuono: pequeñitos, jovencísimos... Y que me perdone el dios del fútbol, pero el correr de Bellingham me devolvió sensaciones de pereza y depresión, mientras que en el paso de Thiago veo o quiero ver sorpresa, desconcierto y maravilla (”¿hacia dónde corre este muchacho?”).


Arbeloa, con su cazadora Take on me, ha dado un cambiazo al Madrid, pero la impresión es que ha sido, por lo que sea, como en una reacción química feliz, por la aparición de los jóvenes. Si desaparecen, quizás vuelvan los vicios. Como diría Perales: que jueguen los niños, que alcen la voz... 

Juanito del Siglo XXI


Federico Valverde



Curro Romero corta la coleta a Juan Gómez Juanito



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El mejor resumen del Real Madrid-Manchester City del miércoles lo hizo Ruud Gullit ocho días antes, al confesar que a él ya no le gustaba el fútbol y que había dejado de verlo: “Vi el Arsenal-Chelsea, ¡qué partido de fútbol más horrible! Veo jugadores intentando crear saques de esquina, intentando crear saques de banda; veo recogepelotas listos para darles toallas a los jugadores. El fútbol se ha vuelto horrible. Estoy esperando a jugadores que vuelvan a enfrentarse a defensas. ¡Echo de menos la alegría! Ya no disfruto del fútbol. Todos con ‘tareas’ en el campo. ¿Dónde están los futbolistas que regatean? ¿Dónde están los futbolistas con pelotas? ¿Por qué todos pasan? ¡Pasan! ¡Pasan! ¡Pasan!”…


Si hablamos de Champions, los futbolistas que regatean están en el Madrid: Vinicius, que nos salvó a base de regates la repesca con el Benfica de Mourinho. Y los futbolistas con pelotas también están en el Madrid: Valverde, que medio nos ha salvado a base de pelotas los octavos con el City de Guardiola. (¡Arbeloa poniendo su cono de gorro a Guardiola y a Mourinho!) Los piperos llevan toda la temporada queriendo vender a Vinicius y a Valverde porque, a su entender, que no es muy grande, Vinicius y Valverde se cargaron a Xabi Alonso y su proyecto de lo que Gullit llama “tareas para todos” y mucho pasar, pasar y pasar, como una corteza de torrezno en la boca de un viejo sin dientes.


Valverde fue el elefante en la cacharrería de Guardiola, al que se le ha quedado cara de anticuario: ya es el entrenador que más veces ha palmado con el Madrid en Champions (media docena). La pitada de la noche en el Bernabéu fue para Guardiola cuando el speaker cantó su nombre al dar las alineaciones. ¿Por qué le pitan? Pues a Guardiola le pita el Bernabéu por la misma razón que todos los demás estadios pitan a Vinicius: porque le teme. Guardiola dirige el proyecto futbolístico más grande (económicamente) de Europa. Lo explicó Pochetino (“el que viene en nombre del Señor”) cuando lo largaron del PSG: “A mí, si pierdo, me echan, y a otros, si pierden, les fichan media docena de jugadores”. ¡Haber estudiado!



Guardiola en su Noche Negra


Guardiola se trajo estudiado al Madrid de Arbeloa, el de salmantino luto, y se proponía cloroformizarlo con su pasar, pasar, pasar, mas no contó con las pelotas de Valverde, el presunto Fletcher Christian del vestuario “The Bounty” de Xabi “Bligh”. ¿Que Xabi era un plasta del fútbol? Desde luego, tiene pinta de haber hecho de su vida un rondo de tuya-mía. Pero Valverde ha servido a Bielsa, que es un Xabi Alonso pasado por Ernesto Laclau, y está casado con Mina Bonino, que, según el propio Valverde confesó ante Valdano, le tiene en casa como Guardiola le tendría en el campo, loco con las correcciones.


Guardiola ganó en el Bernabéu la posesión, que para él es como para Gramsci la hegemonía, pero perdió media eliminatoria por no controlar el factor Valverde, esta vez imprevisible en su juego como un Kopa, el genio de la imprevisibilidad, ahora que en Polonia están manufacturando un magno documental sobre la figura del Napoleón del Fútbol. Arbeloa nombró a Valverde el “Juanito del Siglo XXI” (y eso que Arbeloa no vio al mejor Juanito, que fue el del Burgos de Viteri), por su imprevisibilidad de juego… y de carácter. La única mosca en la sopa de la Gran Noche fue el penalti fallado por Vinicius y que no se atrevió a tirar Valverde, al que habría que obligar a tirarlos; lo único que tiene que hacer es ponerle a su pata de mula un video de Neeskens. Valverde, el uruguayo que se graduó como madridista el día que tumbó en el Manzanares a Morata, que se iba solo hacia el gol, había ganado en su noche, como capitán, el sorteo de campo; hizo un “hat-trick” (único centrocampista del Madrid, con Pirri, que lo ha logrado en competición europea) en la portería de los No Goles (la portería de los Goles es la del Fondo Sur) y estaba obligado por la fortuna a tirar el penalti que era el último clavo en el ataúd del City, que no está muerto y podría, oh, tragedia, resucitar en el Etihad. Sería caer en octavos, es decir, regresar a los tiempos donde nos cogió Mourinho, cosa que por nada del mundo debe pasar.


[Sábado, 14 de Marzo] 



@Fissyy7


Madrid abre con Cuadri. "Eso le pasó a Noé". Márquez & Moore




JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Arranque de la temporada en Madrid en la recién estrenada primavera. Lo primero, el tradicional minuto de silencio, anunciado por las tradicionales cacofonías, que esta vez tuvo el formato de una especie de Paracuellos en el que quedaron englobados todos los fallecidos desde el último minuto de silencio que se dio, hermanados todos ellos por el hecho de su fallecimiento. El paseíllo lo dieron los matadores de toros Pepe Moral, Damián Castaño y Gómez del Pilar, bien conocidos todos ellos de la afición madrileña, y el ganado al que habrían de enfrentarse se vino a los madriles desde Trigueros, lo cual sólo puede significar que los toros eran de Cuadri. Cualquiera que sea un poco observador se percatará de manera inmediata, viendo esa combinación de toros y toreros, de cómo, una vez más, se vuelve a cumplir el primer principio de la termodinámica taurina, aquél que reza: “a toro grande, billete pequeño”.

 

Cuadri venía de lidiar seis toros el día anterior en Villaseca de la Sagra, que junto a los seis de Madrid le suponen doce toros de saca, para alivio de la cuenta de resultados del señor ganadero que en dos días ha retirado una docena de morlacos de la circulación, con lo que comen esos animales, y que de los de Madrid había cuatro cinqueños que llevaban ya más habas en sus cuatro estómagos que lo que las normas básicas de la economía dictan como óptimo. La presencia de la corrida ha sido un poco decepcionante, por poco pareja y desigualada. Bien es verdad que ha salido uno que era una pura definición de lo que es el tipo que se espera de la ganadería de Cuadri, el quinto, Berlinés, número 24 fue un bello ejemplar, puro trapío, y además fue el que mejor cumplió en varas de un encierro que, por lo general, tuvo un comportamiento de más a menos, descastado, áspero y complicado, lo que se suele decir que no iban dispuestos a regalar nada.


Pepe Moral nos obsequió con la primera porta gayola de la temporada -vendrán muchas más- y a punto estuvo la cosa de salirle fatal cuando el toro Curandero, número 40, de 668 kilogramos se frenó donde menos convenía, haciendo pasar un susto morrocotudo al matador y a la parroquia. Luego el descomunal toro se desfondó y acabó ofreciendo sus embestidas de una en una, siendo jaleados por el público algunos de los pases que obtuvo el sevillano, que se encenagó con los aceros y a punto estuvo de oír el tercer aviso. En su segundo dejó unas recias verónicas de tú a tú en el principio de su relación con Curtidor, número 32, y una buena estocada en el fin de su breve trato.


Damián Castaño se esforzó de lo lindo con Timonero, número 40. Le quiso lucir en varas y luego le planteó la faena con valor y decisión, robándole literalmente los muletazos al Cuadri: uno para ponerle en marcha y otro para llevarle toreado a despecho de las intenciones del toro. Sólo admitía esos dos, porque cuando trató de enhebrar el tercero, el toro le dijo a las claras que nones a base de trompicones. Se apreció el esfuerzo de Castaño y se reconoció el valor de los muletazos que sacó donde otros muchos habrían huido, aunque el pésimo y tradicional mal uso del estoque le privó de algún galardón. El segundo de su lote fue el antes citado Berlinés, toro de mucho cuajo que acudió por tres veces al cite de Cristián Romero, sin una alegría desbordante, todo hay que decirlo, pero acudió y digamos que cumplió en varas. Los primeros cites de Castaño al toro, su figura de torero añejo, el brazo izquierdo ligeramente plegado, la montera calada, fueron una golosina para estos ojos cansados de ver vulgaridad, pero cuando el toro manifestó su falta de interés por entregarse a esa bella composición, avisando por los medios de los que disponía, Castaño decidió alargar el brazo y entonces se rompió la magia del instante anterior y hasta el más ignorante de los que nos sentábamos en los tendidos comprendió que aquello tocaba a su fin. De nuevo la espada, usada de cualquier manera, no fue certera.

 

Gómez del Pilar había estado el día anterior con tres de Cuadri en Villaseca y, por lo que cuentan los que estuvieron, tuvo más fortuna en su actuación del sábado que en la de hoy, en la que sorteó a Bronceado, número 19, de menguadas fuerzas y de clara querencia hacia los adentros, toro soso e incómodo que veía el paraíso cuando miraba hacia tablas y que no quería saber nada del espacio exterior, el que le llevaba hacia los terrenos de afuera. Lo mató sin gloria y escuchó un aviso. En su segundo, Pantanoso, número 2, se formó la tremolina a costa del picador Sangüesa, que le pegó de lo lindo al toro, formándose un bochinche fenomenal contra el varilarguero, griterío que no cesó cuando el hombre se situó para la segunda vara, montando con buen arte. El toro se echa a por el caballo, haciendo un extraño regate al entrar en jurisdicción y partiendo la vara de detener, con lo que la enemiga contra Sangüesa crece y el griterío le acompaña ya hasta que se retira, tras una tercera entrada del toro al caballo. Luego el estado de opinión tan desabrido que se había creado acompañó a Gómez del Pilar durante el resto de su trasteo, en el que lo intentó por ambos pitones sin que diera la impresión de que la mayoría le estuviera haciendo mucho caso, e incluso fue despedido con algunos incomprensibles silbidos al retirarse del ruedo. Ya lo dijo Rubén Blades: «Eso le pasó a Noé».





ANDREW MOORE











FIN

Lunes, 23 de Marzo

 


Valle de Esteban

La higuera

domingo, 22 de marzo de 2026

Centrojás Atienza y el fútbol espectáculo


Después, los que no han jugado calientan a las cuatro



Expectación




Francisco Javier Gómez Izquierdo


  Hará unos 25 años los compañeros del módulo 12 me propusieron a un tunante argentino para llevar un punto de venta del economato. Parlero, presumido, canoso, peronista de apellido italiano, se coscó rápido de mis devociones futboleras y un buen día me regaló Las memorias del Míster Peregrino Fernández, de Osvaldo Soriano.


   En los últimos partidos del Córdoba de Iván Ania e incluso en los de los tiempos de bonanza, me han venido a la magín las andanzas de aquel míster que estaba convencido de haber inventado el fútbol espectáculo. El tal Peregrino sustituyó a un Orlando el Sucio que colocaba a sus jugadores para aguantar el 0-0. Recuerdo la frase del narrador: "Terminamos siete partidos a cero". Semejante carencia era un insulto para la esplendidez argentina.


  Con la llegada de Peregrino Fernández los defensas se fueron al paro y vuelvo a recordar (lo he leído varias veces): "...ponía siete delanteros y conseguía partidos 6 a 5, 4 a 7 y llegó a perder 12 a 8 en una final cuando entrenaba en Australia".


  Del por qué relaciono al Peregrino Fernández de Osvaldo Soriano con Iván Ania tiene fácil explicación tras las últimas goleadas que convierten en espectaculares a los otros. 19 goles en contra tras el 4-0 de esta tarde en El Plantío en seis encuentros seguidos parece exceso sacado del libro en cuestión.


   Ramis no es ningún Orlando el Sucio. Defiende con presión trabajada, asfixiante... Agobia, no te deja... pero para hacer eso se precisa buen físico y el equipo lo tiene; solidaridad de los once, y la hay; conceptos claros sobre la importancia de no encajar y la plantilla los tiene aprendidos.


   Los entrenadores amarrateguis agradecen infinito a tipos como Atienza, un 5 a la argentina, un centrojás (centro half) obsoleto para Peregrino Fernández, que si Iván Ania tiene a bien escuchar el parecer de este humilde aficionado que acaba de sentarse en Gamonal a escribir soliviantado estas letras, es oportuno que mire cómo se mueve, cómo vigila el juego, cómo se coloca, con qué facilidad roba... y lo importante que resulta en Segunda ser práctico. Atienza parece desgarbado, pataleto, agónico cuando se remanga los calzones pero... ¡¡qué jugador!! Todo un centrojás de ésos que disgustan a los modernos Peregrinos.

 

  ¿Y eso de poner a calentar a los que no han jugado al final? ¿Ha visto sus caretos? ¿Por qué manda esas cosas? No venga con explicaciones peregrinas... ¿Qué está pasando con el Córdoba?


  Deseaba el triunfo de mi Burgos por la dinámica, pero no esperaba esto de mi Córdoba.



Osvaldo Soriano

Moratoria de lo cotidiano



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La nao “Meteoro” en el Mar Negro es la avanzadilla del sanchismo para la guerra de Ucrania (la nao “Santa María” en el Golfo –“no es moco de pavo”, informó “El País”– fue la avanzadilla del felipismo para la guerra… del Golfo), que empezará el primero de febrero, festividad de San Claro, con la Luna Nueva, que luce muy bien para las tropas en la nieve. Con eso, y con las anotaciones de puño y letra de Lenin al “De la guerra” de ClausewitzPutin podría tomar Kiev sin despeinarse, como Sánchez tomó Madrid en los estados de alarma. Ilegales, pero los tomó, que no otra cosa es la soberanía.
    

La guerra no es sino la prosecución de la política por otros medios –dice Clausewitz, que quiere decir (dicho por quien mejor pensó el poder) que la política es y sigue siendo su “cerebro”, pues la guerra (“última ratio” de la agrupación según amigos y enemigos) no posee ninguna “lógica propia”.


    Al recibir en el 83, un año antes de morir, el premio de la Paz de los libreros, Manès Sperber, que había hecho surfing en todos los totalitarismos del siglo XX (hasta con Willi Münzenberg, que hoy no daría ni para becario del departamento de censura y propaganda de las Big Tech), planteó una pregunta que impresionó mucho a Marquard (un centrista del “justo medio” de Aristóteles): “¿Cómo fue posible que en el siglo XX los seres humanos estuvieran preparados psíquicamente para dos guerras mundiales?” Y su respuesta fue:


    –Estas terribles guerras no fueron sólo terribles, sino que al mismo tiempo fueron deseadas, de un modo terrible, como una descarga de lo cotidiano.
    

Para Sperber, la insatisfacción con lo cotidiano generaba la fascinación hacia esa “moratoria de lo cotidiano” que es la guerra. Ya fue su tesis en el 38, con su “Análisis de la tiranía”, silenciado por nazis y comunistas, según el cual la tiranía (de derechas y de izquierdas) triunfa porque promete también una liberación del peso de la cotidianidad burguesa: la irrupción antiburguesa del gran estado de excepción. 

[Enero, 2022] 

Hacia doscientos cuarenta años de Constitución americana




Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

El Imparcial


Hace unos doscientos cuarenta años, algunos americanos, recién salidos del Imperio Británico y, por ello, con toda la legitimidad para llamarse ellos mismos americanos, por ser la primera nación libre de América, que pensaban en términos nacionales, a pesar de no existir aún ninguna institución nacional, sostenían que los problemas que aquejaban a la jovencísima Confederación exigían una revolución en el gobierno. Reactivaron el proceso político que, entre 1765 y 1776, había dado origen al movimiento revolucionario. Ya en 1785, en la Conferencia de Mount Vernon, los delegados de Virginia y Maryland habían resuelto sus disputas fronterizas y sus derechos de navegación. Virginia propuso entonces la celebración de una convención en Annapolis, Maryland, en septiembre de 1786, con el fin de resolver los problemas comerciales de un país “indefinido”, que no pasaba de ser una amalgama de estados que se habían separado a través de una sangrienta guerra solidaria del Imperio Británico y cuyas reglas éticas y carácter nacional derivaban de distintas ramas del protestantismo que habían levantado las primeras comunidades coloniales, algunas, aunque casi independientes del Imperio, tenía un concepto teocrático de la vida en comunidad. Sólo hay que recordar a la colonia de Plymouth, y a los diferentes líderes político-religiosos que se diseminaron por todo el territorio colonial, como Mr. Maverick, John Winthrop, John Cotton, Roger Williams, John Daven Port, William Penn, y muchos más.


Aunque sólo acudieron a Annapolis delegados de Virginia, Nueva York, Delaware, Pensilvania y Nueva Jersey, estos aprovecharon la oportunidad para redefinir la agenda política americana. Propusieron la celebración de una nueva convención en Filadelfia en 1787, «para adaptar la constitución del gobierno a las exigencias de la Unión».


El 21 de febrero de 1787, el Congreso de la Confederación aprobó esta propuesta, pero su resolución, más limitada y centrada en la revisión de los Artículos, entraba en conflicto con el mandato de Annapolis. De los 74 delegados de 12 estados (Rhode Island se negó a participar), solo 55 asistieron a la Convención en algún momento. Algunos de los más grandes políticos americanos no estaban allí. El gruñón John Adams era ministro de América en Gran Bretaña y el muy revolucionario Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia, era, asimismo, el ministro americano en Francia. La Revolución había desterrado el término “embajador” del léxico político por tener un abyecto tufo monárquico. Luego, cuando los americanos han ido perdiendo el frenesí revolucionario, han vuelto a incorporar el odiado término monárquico. Lo mismo les ha pasado a los rusos años después de su Revolución.


El genial John Jay, coautor de The Federalist Papers y el negociador del tratado de París (1783), tampoco pudo participar en la confección de la Constitución porque era el secretario de Asuntos Exteriores de la Confederación en la ciudad de Nueva York. Patrick Henry, uno de los más influyentes y valientes defensores de la Revolución, se quedó en Virginia porque no le interesaba la política nacional, aunque más tarde afirmó: «Me olía a gato encerrado». Cuatro espíritus egregios que, sin duda, hubieran matizado mucho los propósitos de Alexander Hamilton, la principal cabeza en el establecimiento del texto constitucional. Siendo ya buena aquella proeza política, pudo haber sido incluso mejor. Aquel comité constitucional careció de cuatro grandes revolucionarios, y se nota. Es seguro que Jefferson hubiera introducido la Constitución con una Declaración de Derechos Humanos, pero la posibilidad de introducir Enmiendas en la misma es a la larga un sistema mucho mejor que permite la actualización continua de esta Carta Magna.


A la Convención asistieron cinco tipos de delegados. En primer lugar, los «héroes nacionales» George Washington, de Virginia, y Benjamin Franklin, de Pensilvania, aportaron prestigio, lo que garantizaba que los americanos escucharían con imparcialidad las propuestas de la Convención. Franklin ya pasaba de los ochenta años, era muy amigo del whisky, y el alcohol le hacía parlanchín. Pero Washington, presidente de la Convención, la quiso envolver en un aparato de silencio y misterio. Todas las sesiones tenían lugar a puerta cerrada, y los miembros de la Asamblea habían jurado por su honor que no revelarían lo más mínimo de los debates, y desconfiando Washington de la lengua del viejo Franklin, había encomendado a dos delegados que le acompañaran todas las noches a casa, los cuales de paso empujaban su silla de ruedas, que ya en aquella época precisaba para desplazarse.


En segundo lugar, «los teóricos del gobierno», como James Madison de Virginia, James Wilson de Pensilvania y Alexander Hamilton de Nueva York, aportaron ideas que la Convención utilizaría para elaborar sus propuestas. En tercer lugar, los «estadistas veteranos», como John Dickinson, de Delaware, y Roger Sherman, de Connecticut, aportaron su experiencia (uno de los dos toques de realidad de la Convención). En cuarto lugar, los «defensores de los intereses locales», como William Paterson, de Nueva Jersey, y Luther Martin, de Maryland, expresaron las preocupaciones de los estados (el otro toque de realidad que necesitaba el idealismo revolucionario). Finalmente, la mayoría de los delegados —hombres discretos como John Blair, de Virginia, y Jakob Broome, de Delaware— se convirtieron en la base para alcanzar el consenso y el compromiso.


Entre el 25 y el 28 de mayo, los delegados eligieron a su presidente, George Washington, y a su secretario, William Jackson, de Georgia, y aprobaron el reglamento. Desde el 29 de mayo, cuando Edmund Randolph, de Virginia, presentó las resoluciones conocidas como el «Plan de Virginia», hasta el 14 de junio, los delegados de los estados grandes se impusieron en casi todas las cuestiones. El Plan de Virginia esbozaba un gobierno nacional con poderes legislativo, ejecutivo y judicial supremos, separados, tal como lo requería el pensamiento de Montesquieu: la América revolucionaria estuvo más influenciada por Montesquieu que por Locke, que sí había tenido éste mucha importancia en la época colonial, siendo el filósofo de moda. El 15 de junio, los delegados de los estados pequeños contraatacaron, respaldando el Plan de Nueva Jersey de William Peterson, que no era más que una reformulación de los Artículos de la Confederación que otorgaba más poder al Congreso. El 19 de junio, la Convención reafirmó el Plan de Virginia, pero los delegados de los estados grandes y los de los estados pequeños se enfrentaron durante semanas por la representación en el Congreso. Los delegados de los estados pequeños luchaban por la igualdad de los estados en el Congreso; los delegados de los estados grandes exigían una representación basada en la población. Este conflicto se prolongó hasta el 16 de julio, cuando la Convención adoptó el Gran Compromiso o Compromiso de Connecticut. Este Compromiso combinaba el Plan de Virginia (criterio de población) y el Plan de Nueva Jersey (criterio de igualdad), creándose así un Congreso bicameral: una Cámara de Representantes por población y un Senado con igualdad por estado. Si una nación se constituye por ciudadanos y territorios se impone que en sus máximas instituciones de poder estén representados tanto los ciudadanos como los territorios.


Del 19 al 26 de julio, los delegados examinaron minuciosamente el plan, retocándolo y ajustándolo, y luego suspendieron la sesión durante una semana. Durante el receso, Randolph preparó el primer borrador de la Constitución, basándose en los consejos de Wilson. Los delegados se reunieron de nuevo el 6 de agosto. Durante las siguientes cinco semanas, abordaron los problemas que habían pospuesto, como la elaboración de un método para elegir al presidente y al vicepresidente. También adoptaron compromisos para apaciguar a los estados esclavistas. Del 10 al 12 de septiembre, el Comité de Estilo y Estructura redactó el borrador final de la Constitución (asignando esta tarea a Gouverneur Morris, de Pensilvania, el gran amigo de Alexander Hamilton, a quien éste escribió una carta en la que por vez primera aparece la expresión “representative Democracy”, diferenciando la Democracia Americana de la Democracia Clásica). Entre el 12 y el 17 de septiembre, los delegados llevaron a cabo la última fase de revisión. El 17 de septiembre de 1787, 37 de los 40 delegados presentes votaron a favor de aprobar y firmar la Constitución, y de remitirla al Congreso de la Confederación. Aquellos americanos habían llevado a cabo la mayor hazaña política desde la Democracia Ateniense. 

Domingo, 22 de Marzo



Valle de Esteban

Angelito de la Higuera

Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre

 DOMINGO, 22 DE MARZO


En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo:


-Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.


Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Sólo entonces dijo a sus discípulos:


-Vamos otra vez a Judea.


Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo:


-Tu hermano resucitará.


Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo:


-Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?


Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:


-¿Dónde lo habéis enterrado?


Le contestaron: «Señor, ven a verlo».


Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:


-Quitad la losa.


Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó:


-¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?


Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:


-Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.


Y dicho esto, gritó con voz potente:


-Lázaro, sal afuera.


El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:


-Desatadlo y dejadlo andar.


Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.


Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

sábado, 21 de marzo de 2026

Primavera en la charca




Ignacio Ruiz Quintano

Abc


España es una demonarquía, o gobierno de las ranas, dice Alejandro Sawa en lo de Valle-Inclán, y lleva más razón que un santo, que es lo que fue SawaBiden, es un decir, nos ve como san Agustín a los donatistas: sentados como ranas en nuestra charca, croando “somos los únicos católicos”. Pero nosotros, no ya como católicos, sino como ranas, dejamos bastante que desear. Ya es primavera en la charca, y el gadejo, como llaman los cubanos a las ganas de joder, nos convierte en “cacouacs”, como llamaban los franceses a los “philosophes”, por su croar.


Croando su amnistía, el afrancesado Bolaños (La Moncloa, único rincón francés en este páramo madrileño, decía también Max Estrella), no es un “philosophe”; sólo otra rana, pero tan “cacouac” como esos juristas que hacen que se oponen a la amnistía con el cuento de que la amnistía acaba con la separación de poderes, y no: precisamente porque nunca ha habido separación de poderes es posible esa amnistía.


Afrancesada por La Fontaine y relatinizada por Fenelón, la fábula de Fedro (“Las ranas y los toros”) va de unas ranas asustadas en su pantano viendo luchar a dos toros por una novilla blanca: saben que el perdedor será desterrado y querrá reinar en el pantano, aplastándolas a ellas. Es la descripción exacta de la situación de la España del 78 (“¡homologarnos con Europa!”) en el mundo, donde pintamos lo mismo que la blanca doble en el dominó. Si nos dicen país de rojos es porque toros y ranas comparten la querencia por la rojez de la muleta y la amapola.


Al sol de la charca, cuando todo en Europa es ilusión de guerra, la novilla blanca sería Ucrania, y los toros, América… y Alemania. El toro militar frente al toro económico. Los demás, ranas de charca, como nosotros, y restos de animalario en un almacén de taxidermia de la Guerra Fría: el viejo oso ruso, la vieja raposa inglesa que decía León Felipe, el “coq” de la coquetería francesa..., todo tan obsoleto, al decir de Emmanuel Todd, como el boomer Brzezinski, “uno de esos polacos absurdos que, a través del odio a Rusia, aseguraron la grandeza de Alemania”.


Obsesionado con Rusia, Brzezinski no vio venir a Alemania. No vio que el poder militar estadounidense, al expandir la Otan a los países bálticos, estaba forjando un imperio para Alemania, inicialmente económico, pero ya político.


Para Todd, “la verdadera pregunta histórica actual que nadie se hace”, y él lo hacía en 2014, es la siguiente: “¿Aceptarán los estadounidenses ver esta nueva realidad de una Alemania que los amenaza y, en caso afirmativo, cuándo?”


Cuando conocemos, dice Todd, la inestabilidad psicológica que caracteriza históricamente la política exterior alemana, y su bipolaridad, en el sentido psiquiátrico, en su relación con Rusia, resulta bastante preocupante.


Soy consciente de que hablo con dureza, pero Europa está al borde de la guerra con Rusia y ya no tenemos tiempo para ser civilizados y tranquilos.


Idus de marzo. Diez años ha.


[Marzo, 2024]

“Póngame en la misma celda con Bobby Fischer”

 


Bobby Fischer y Boris Spassky


Frederic Friedel

El 13 de julio de 2004, Bobby Fischer fue detenido en Japón por portar un pasaporte estadounidense inválido. Así comenzó una odisea de nueve meses bajo custodia japonesa. Uno de los partidarios que lucharon por su liberación fue el ex campeón mundial Boris Spassky, a quien Fischer había destronado treinta años antes. Spassky, fallecido la semana pasada, llegó incluso a escribir una carta personal al presidente George Bush pidiendo ser encarcelado en la misma celda que Fischer. “Y dennos un tablero de ajedrez”, añadió.

En 2004, Bobby Fischer fue detenido en el aeropuerto internacional de Narita, en Japón, por intentar abandonar el país con un pasaporte estadounidense inválido. Intentaba tomar un vuelo con destino a Filipinas cuando fue arrestado por funcionarios de inmigración japoneses. El gobierno estadounidense le había revocado el pasaporte al considerar a Fischer un fugitivo: era buscado por violar las sanciones económicas impuestas a Yugoslavia, al haber disputado allí una partida de ajedrez en 1992 contra Boris Spassky.

Los cargos contra Fischer consistían en haber infringido las sanciones económicas de Estados Unidos contra Yugoslavia al disputar ese encuentro, desobedeciendo una orden oficial de “Cese y Desista” que le prohibía participar en actividades comerciales con dicho país, según un decreto presidencial emitido por George H. W. Bush.

Seguir leyendo: CLIC


[Mayo, 2025]


La carta

Sábado, 21 de Marzo

 


Arte en movimiento

viernes, 20 de marzo de 2026

El penalti de la guerra



Aznar

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Al “¡Cierra tu Byron y abre tu Goethe!” de Carlyle, respondemos hoy: “¡Cierra tu Innerarity (Dani) y abre tu Vico (Giambattista)!” Hazlo por las conclusiones de “La ciencia nueva”, donde profetiza: “Los pueblos libres buscan sacudirse el yugo de sus leyes y quedan sometidos a monarcas. Los monarcas buscan fortalecer su posición envileciendo a sus súbditos con todos los vicios de la disolución, y los disponen para soportar la esclavitud a manos de naciones más fuertes. Las naciones buscan disolverse, y lo que queda de ellas huye a los montes en buscan de refugio, donde, como el ave fénix, resurgen otra vez”.


    En el Estado de Partidos, los “monarcas” de Vico son los partidos del Consenso, que se apropiaron, por la jeró (“de la ley a la ley”, en caló), de la soberanía y la ejercen sin medida. Con la Nación disolviéndose como un terrón de azúcar, Aznar, el hombre que entregó a Cataluña las últimas competencias de Educación, desciende de su Mount Rushmore para prometer a sus votantes que si en Navidad echan la papeleta en la talega pepera, España tendrá “menos naciones” que las prometidas por Sánchez.


    Aznar es un bergsoniano que espera siempre a que se deshaga el azúcar. Pero lo que este Hombre de Estado manifiesta es que en España el sujeto político no depende de la Constitución, que no hay (puedes confinar a la población ilegalmente y sin consecuencias), sino de los partidos, como en la “democracia liberal” que él llevó a Iraq con unos modales por los que no va a pedir perdón, porque la “guerra preventiva” (ahora copiada por los rusos) es como tirar un penalti, y “abortar es como ponerse tetas (Bibiana Aído) y “la vida es como un toro” (Jesús Janeiro).


    Lo del penalti no viene en mi Clausewitz, pero en “El Nomos de la Tierra” cita Schmitt el artículo del Tratado de Versalles que criminaliza a Guillermo II bajo la rúbrica “Penalties”, y quién sabe. La duda nos lleva al “Penalti, plátano y ducha” de José-Miguel Ullán, poeta al que intentó entender Aznar, que glosa el rito del portero argentino Goycoechea ante la tanda de penaltis: dentro de un círculo formado por su equipo, haciendo piña, en el centro del campo, “orinaba todo, todo lo que podía”, y luego, constituido bajo los palos en “guardián del boquete”, no había pelotón que lo “afusilara”.


    La guerra de Iraq, pues, fue, con paradiña en las Azores, un “panenkazo” (de Panenka) de Cheney y su “Democracia S. A.”, y de ahí que ahora los periódicos deportivos, que vienen a ser los únicos que hojea la clase obrera, gasten más tinta en “informarnos” de la guerra de Ucrania que de los partidos de la Champions. Pajita a pajita dábamos por confirmadas dos verdades: que el Barça, pagador, era la víctima de un tal Negreira y que la guerra de Ucrania había comenzado en 2022, y no.


    –La guerra no comenzó en febrero del año pasado, comenzó en 2014 –ha dicho Stoltemberg.


    Eso significa que hay que ponerse a orinar todo lo que podamos.

 

[Febrero, 2023] 

Viernes, 20 de Marzo


Valle de Esteban

Guirnaldas