sábado, 7 de febrero de 2026

Casa de Beneficencia


Sombrero en la de Beneficencia


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


“¡Mira que criar toros para matarlos!”, rezongaban los ingleses para ponderar la barbarie de los españoles. “¡Pues mira que criar pobres para socorrerlos!”, les contestó Julio Camba. En efecto: los ingleses siempre han criado pobres para socorrerlos y los españoles siempre han criado toros para matarlos. De la mezcla de las dos aficiones surgió en Madrid, hace siglo y medio, la Corrida de la Beneficencia, cuya casa está en Las Ventas del Espíritu Santo, donde reina esa piola de la adulación que es el veterinario Ballesteros. “La Beneficencia –ha dicho el veterinario Ballesteros– ya no está para hacer dinero, sino para hacer historia.” Y este año, desde luego, la ha hecho. Pero con estos amigos de los toros, ¿para qué queremos enemigos como el hijo de Pérez, el guardia (Carod-Rovira, para el vulgo)? La samuelada del veterinario Ballesteros es para que la corran los boyeros, no los toreros, y esto lo sabían los aficionados hasta el punto de que, para llenar la plaza de Madrid, hubo que traer de gorra a las sanotas gentes de la sierra, con lo cual, ¿qué sentido tenía quitarle la corrida a TVE, que se ve en toda España, para dársela a Telemadrid, que sólo se ve en la sierra? “¡Oh, Demos, que en griego parece que quiere decir pueblo y en gallego quiere decir demonios...!”, hubiera suspirado Camba. Y ya que de gallegos hablamos, allí estaba él, el gallego de Pontecesures, en el palco real, con su crudillo de junio, de cháchara con la marquesa de Simancas y dando gracias a la política, que lo ha aupado tan alto, y aplaudiendo a Vicente Yestera, el banderillero que chafó el conteo que de choteo acostumbra hacer el público con las banderillas derramadas. Contar, como se sabe, es la habilidad del gallego de Pontecesures, aunque él siempre se queda en la quinta parte. Camba, precisamente, contaba de una comarca africana donde nadie sabía contar más que hasta cinco que, cuando por excepción lograba allí alguien contar hasta seis o siete, los ancianos de la tribu le ofrecían una chistera desfondada, que se habían encontrado un día en una playa, le colocaban un enorme paraguas en la mano, lo sentaban en un trono y lo proclamaban rey. Pero este gallego es republicano. 

Sábado, 7 de Febrero

 


El Cubanito I

Un desierto que llora mientras canta

 

 
 
 
 

 


 Imágenes de F.J.G.I.
 
 
 
 
QUISIERA ESTAR SOLO EN EL SUR
 
 
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
 
Luis Cernuda

viernes, 6 de febrero de 2026

Agua y caminos


El cocodrilo del Viso del Marqués de Santa Cruz



Francisco Javier Gómez Izquierdo


             No sé ahora, pero hubo un tiempo que los jubilados hacían corrillos tras las vallas de las obras y hasta echaban cuentas por si su Rafael o su Rafalita podrían comprar uno de los pisos que se levantaban. En este 2026 los jubilados miramos llover como si fuéramos vacas u ovejas del Valle de Alcudia, a las que he visto quietas como estatuas recibir sobre sus lomos la "pertinaz lluvia". Subí de Córdoba a C. Real el lunes por Montoro, y en Fuencaliente los terraplenes eran cascadas, en el valle de Alcudia se formaban inmensas lagunas entre oterillos; las vías por Brazatortas estaban amenazadas de ríos espontáneos por las descargas de las nubes, y Puertollano, bueno... los alrededores de Puertollano son como varios mares que así lo parecen incluso en agosto. Los alrededores de Puertollano es una alicatado salvaje del monte por esa fiebre por las placas solares que arrasa con todo lo más sagrado. Tengo claro que los que mandan y opinan por los teles nos toman por tontos y todos sus esfuerzos van dirigidos a seguir acrecentando la tontuna ciudadana, pero ¿no hay nadie que diga que esos campos inmensos de placas, ¡yo qué sé!, son reos de impacto ambiental? En eso del impacto medioambiental suelen basarse mucho los del ecologismo ¿no? De lunes a jueves estuve pendiente de Andalucía en general y de Cádiz en particular y cada vez que salían los alrededores de la Cartuja de Jerez por donde paso diez o doce veces al año se me caía el alma a los pies ¿Y Grazalema y toda su sierra, el pantano de Bornos, Arcos y sus pendientes, comarcas de mis excursiones? Agua y más agua. Agua dañina.


      Miré las previsiones y la tarde de ayer jueves la daban sosegada. Decidí cambiar de itinerario para bajar a Córdoba porque no me fiaba del río Montoro y las escorrentías de Sierra Madrona por lo que salí a la N-IV. De C. Real a Almuradiel pasando por Aldea del Rey, Calzada de Calatrava, el Viso del Marqués, donde recibe un cocodrilo en una rotonda que no había visto porque desde que hicieron la autovía a Puertollano este camino no "trae cuentas". El cocodrilo no se ha escapado del cercano embalse de Fresneda sino que es icono del pueblo disecado en su iglesia por haberlo traído don Álvaro de Bazán, el de Lepanto con Don Juan de Austria, desde el Nilo y el pueblo ha tenido a bien sorprender al viajero. En Almuradiel enganché con la Nacional IV y menos mal que el sol en su declinar hacía brillar el asfalto y podían verse los huecos, "buquetes", que dicen los de Cádiz, de la carretera. Muchos de ellos estaban anunciados con conos y señales pero se han ido multiplicando y se ve que no ha dado tiempo a ser advertidos por los operarios que no darán a basto, supongo. En La Carolina hay un agujero por el que quepo, y por Guarromán, Zocueca, La Crujía, va uno salvando obstáculos y procurando encajar los agujeros, algunos con diámetros de cubo de agua entre las dos ruedas. Cientos de agujeros rompeneúmaticos que pasando Andújar se presentan traidores y disimulados en un asfalto que parece infectado de un extraño sarampión.


     De Montoro a Córdoba está alquitranado recientemente y es cosa que se agradece, cuando tendría que ser lo corriente, pero en la bajada de Pedro Abad o en El Carpio, de donde se sale para Adamuz, tienes que regatear huecos como si fueras Lookman. De Lookman iba a hablar servidor y estos cuartos de Copa aguados, que han sido un jolgorio descomunal en Albacete a pesar de caer eliminado ante el Barça y donde los vascos Athletic y Real Sociedad, han pasado a semifinales  con más angustias que méritos, pero me he enredado, como me suele pasar, con los caminos del ministro que nos toma por tontos desde que se levanta hasta que se acuesta y después "t'ol día". No me da ya para extenderme con el mejor partido del Atlético de Madrid de la temporada. Tan buen partido, que no parecía el Atlético de Madrid. A Lookman lo tiene servidor como un gran desequilibrador, pero tan fino y lúcido como anoche no creo que sea todas las tardes. ¡Ojalá sí! Antes de aplaudir a Lookman me acerqué al puente romano de Córdoba a ver el agua, como lo que soy. Un jubilado escéptico.

Los intocables


Puente


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Ninguna estupidez política produce más ternura que la exigencia de responsabilidades a un Régimen diseñado para eludirlas y en un país que todavía anda esperando las de Annual.


Esta cultura política de la “responsabilidad irresponsable” (la voz “responsabilidad” la utilizó Alexander Hamilton en 1787) fue teorizada por Benjamin Constant, amante de Madame de Sataël, en “La responsabilidad de los ministros”. Constant luchó contra “los gobiernos abusivos, que sin ser fuertes eran vejatorios, absurdos en sus principios, miserables en sus acciones, gobiernos que tenían como resorte la arbitrariedad y como objetivo el empequeñecimiento de la especie humana”. Mas su obsesión, tan liberalia, de evitar el castigo a los ministros responsables convierte a Constant, a juicio de Trevijano, en el mejor intérprete de la moral contradictoria de las épocas de transición: admisión teórica de la responsabilidad política de los gobernantes e imposibilidad práctica de exigirla. En resumen: los liberalios conservaron del antiguo régimen la creencia de que el castigo de un hombre de gobierno causaba daño al rey, que era inviolable; pero adoptaron de los nuevos tiempos el principio de publicidad del proceso de responsabilidad, y Constant creyó resolver la contradicción limitando el castigo del ministro a su salida del gobierno, por pérdida de confianza de la mayoría acusadora.


Algunos infelices piden la dimisión de Puente, que históricamente estaría a la altura de las de Bismark o Necker, pues en el sanchismo se habla del ministro pucelano como de un Juan Antonio Bravo y Díaz Cañedo, ingeniero y abogado, creador de los Altos del Sil, y según Trevijano, “la mayor inteligencia que he conocido”. ¿Dimisión? El ministro contesta con veinte millones de “leures” para las víctimas, gesto españolísimo, cuya psicología está en aquel torero que “in illo tempore” se presentó en una radio que lo había injuriado y pidió ver al director, que salió a recibirlo, y lo que recibió fue una torta en la cara y “cinco mil pesetas” para el juicio de faltas.


Circula por ahí un video de la intervención de Blas Piñar en el debate de la Reforma Política. Piñar se declara, naturalmente, partidario de la “democracia orgánica”, y pide a los partidarios de la “democracia inorgánica” que tengan la decencia de plantear el preceptivo período constituyente que, por supuesto, jamás tuvimos, pues lo acordado por Washington y Bonn era el mejunje del Estado de Partidos, este Régimen de la “responsabilidad irresponsable” en el que chapoteamos. El mismo (“la Transición española”), ay, que Marco Rubio, el chico de Adelson, propone para Venezuela, el país de Francisco de Miranda, para mayor escarnio.


La responsabilidad política nace, en fin, con el principio de representación, vinculada desde sus orígenes a la democracia. De ahí que en España nadie la haya visto nunca, pues el sistema proporcional “elimina cualquier atisbo de representación” (Leibholz).


[Viernes, 30 de Enero] 

Viernes, 6 de Febrero

 


Valle de Esteban

Cochinillo

jueves, 5 de febrero de 2026

La fragilidad de la fe

 


Crucifijo
 Frágil

R. S. M.

Andanada 9


Andanada 9


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En esta Feria de San Isidro hay que hablar de Casa Calderón, que no es Casa ni es de Calderón, ese señor que manda en el callejón. Ocurre que, como en los casinos de los pueblos andaluces, hay en Las Ventas lo que se llamaría un “saloncito árabe”, que debe de estar bajo el 9, pues a su andanada ascienden cada tarde, a eso del segundo toro, los humos primordiales de las frituras, dado que en la plaza de Madrid, hoy, la manifestación que mejor revela el genio de la raza no es el toreo, sino la cocina. Ahí, por el módico precio de seis euros, lo dejan a uno ver los toros –muchas tardes, “las sardinas”– y oler las acedías. “¡De dónde vendrás!”, gruñe la típica esposa de progreso al fiel esposo reaccionario que llega a casa pasadas las diez. “¿De dónde voy a venir? ¡De los toros!” “¿De los toros... oliendo a acedías?” Equilicuá. Menos el miércoles de los “oles”, y porque a “la marquesa”, que diría Simancas, le dio por sentarse a cantarlos en su abono de la andanada, el 9 ha sido, más que un número árabe, la voluta andaluza de una gran fritanga de acedías cuyos humos lo ayudan a uno a recordar las razones que, comiendo acedías, precisamente, daba Villalón para sostener que los mejores toreros son los andaluces: “El toreo, además de una gran agilidad externa, requiere una gran agilidad interna... En el toreo, la máquina interna del raciocinio y del juicio, aceitada y engrasada por un ángel con una plumita de sus alas, tiene que llegar a moverse tan rápidamente que casi se convierta en instinto... Aquella llana sentencia de Lagartijo, ‘o te quitas tú o te quita el toro’, trocada de dilema en impulso, comprimida, incorporada a la sangre, es la esencia del toreo. Por eso son los andaluces los mejores toreros. Porque, según los filósofos, ‘los ángeles comprenden por presencia pura, y los hombres, por discurso racional’. Pero olvidan un término de la escala: los andaluces. Los andaluces comprenden por mitad y mitad.” Rodeado de acedías en lo alto de una andanada, un aficionado debe ser exquisito, descontentadizo y exigente hasta un límite corrosivo y destructor. Como Villalón.

Jueves, 5 de Febrero

 


El revés del espejo

miércoles, 4 de febrero de 2026

Casa Baltasar



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Uno de mis sueños de millonario es poder leer una tarde “Guerra y paz” en Casa Baltasar, calle de don Ramón de la Cruz, 97, así, según entras, a mano derecha, y a mano derecha otra vez, en la mesa que da a la ventana, mientras te vas poniendo lambistón con esos tocinillos de cielo que Carlos, el artífice de Casa Baltasar, sirve astutamente con un golpe de jerez, que es el vino que no lo hace ni éste ni aquel fabricante: lo hacen los dioses. Lo decía Villalón. Decía que la elaboración del jerez es una tarea mínima y andalucísima de “dejar hacer” a la Naturaleza; tarea negativa, de pereza y descanso. Y decía que el vino de jerez se hace solo, a sí mismo, bajo los arcos húmedos y catedralicios de las bodegas, en las largas siestas de las andanas. Primero, el mosto; luego, después de “desliado”, la añada; luego, el trasiego a las criaderas; luego, a la solera... “¿Cuál ha sido el esfuerzo del hombre en todo el tiempo? Nada: el gesto mínimo y soñoliento de trasegar con la cuba de una bota a otra. Labor andalucísima; un gesto, que es la labor de un año. Luego, ya en la nueva bota, durante meses, ‘dejarlo estar’... ¿Quiénes hicieron este vino de maravilla? Los dioses, nada más que los dioses...” Lo dicho: un golpe del vino que hacen los dioses sobre el tocinillo de cielo que hacen en Baltasar... y a leer “Guerra y paz”. Pero “Guerra y paz” sólo se deja leer después de que uno haya almorzado como un quinto, y aquí se almuerza –y se cena– como un quinto: guisos y potes asturianos, y ensaladas, y carnes, y lenguados, y quesos, y tortillas de bacalao... ¡Qué olor! Dicen que el olor es como la generosidad de las cosas impacientes de entregarse. Después de “Guerra y paz”, también le gustaría a uno poder cenar aquí unas sopas de ajo como las que en octavas reales recetó Ventura de la Vega y un buey asado como el que en hexámetros recetó el buen Homero. A lo mejor todo esto puede parecer demasiado literario, pero es que, bien mirado, al menos la mitad de la literatura –y de la filosofía– del mundo está influida por el hambre, que la gente bien llama apetito.

Miércoles, 4 de Febrero

 


Get The Water

martes, 3 de febrero de 2026

Estado funeral



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El Estado te matará por negligencia (aquel Estado cuyo factor de gobierno sea la corrupción), y te homenajeará por impudicia.


Para Espinosa (Benito, no Iván), donde reina la impudicia, gobiernan el deshonor y la desvergüenza: es una pasión subordinada a las de ambición y codicia. Rousseau la trató en sus “Fragmentos Políticos”, recogidos por Trevijano al analizar la pasión de inmoralidad política. Rousseau observa que, con la impudicia, “el oficio de ladrón público es talmente ennoblecido que todas las honestas gentes de la nación lo ejercen con dignidad, y llaman orgullosamente sus derechos lo que antes hubiesen llamado robos”.


La Transición –sostenía en 2000 el único hombre que la estudió– ha sido y es impúdica.


Impúdica, dice, en el cambio de ideas y de fortunas. En el exhibicionismo del crimen de Estado. En la falta de temor a la vergüenza y al deshonor tradicional. En la prevaricación de las altas magistraturas. En el enriquecimiento escandaloso de los dirigentes de las empresas privatizadas. En los espectáculos de gran audiencia “chismográfica”. Y la pasión de inmoralidad política busca subterfugios en el lenguaje para decorar la cruda realidad.


Fustel de Coulanges nos recuerda cómo los antiguos consideraban a los muertos seres sagrados y les otorgaban los más respetuosos epítetos: buenos, santos, bienaventurados. Para ellos guardaban toda la consideración que el hombre puede sentir por la divinidad que ama o teme; en su pensamiento, cada muerto era un dios.


En España, donde gracias a la Santa Transición podemos ser de todo menos antiguos, un tal Sánchez y un tal Bonilla han suspendido, por falta de consenso (ese cencerro del Régimen), el “funeral de Estado” (?) por los muertos del tren de Adamuz, que no es el de Gamoneda. Mas la lechuza de Hegel siempre levanta el vuelo al anochecer, y una biógrafa presidencial, que en el periodismo iba de Teresa Cabarrús y presumía de no saber quién fue San Pablo, se opone a una misa católica porque somos “un Estado laico” (?), a sabiendas de que, en el mundo liberalio de los roedores de Estado, “laico” garantiza que no aparezcan curas que puedan arrebatarles algún trienio. Nada de cruces, en una palabra. Si acaso una pirámide, grata a los masones, o una estrella, como la de la tumba de Heidegger en Messkirch.


El concepto de religión que usan estos tirillas es un invento liberalio: la distinción religioso-secular va acompañada de la invención de las dicotomías público-privado, religión-política e Iglesia-Estado (Cavanaugh). ¿Qué sentido de trascendencia ofrece el Estado? Se presenta a sí mismo como un proveedor burocrático de bienes y servicios que siempre está a punto de dar a sus clientes una buena relación calidad-precio, pero de hecho nunca lo hace; y luego, como el depositario de unos valores sagrados que de vez en cuando nos invita a dar la vida por él… ¡Es como si se nos pidiera dar la vida por la compañía telefónica! (MacIntyre).


[Martes, 27 de Enero]

Martes, 3 de Febrero

 


Sacramenia

lunes, 2 de febrero de 2026

Hughes. Real Madrid, 2; Rayo Vallecano, 1. Erectos los estambres


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

(Un poco tarde la croniquilla, pero aquí se cumple)


Había minuto de silencio dedicado a Lucien Muller y a Brad Branson. Lo sentí mucho porque no me acordaba de Brad Branson y fue a la vez revivirlo y ‘morirlo’. Me dio pena.


La finitud no evitó unos pitos del Bernabéu. “Se ha muerto Brad Branson y estos pitando”, pensaba yo. Eran pitos generales al equipo y luego unos muy concretos a Vinicius, que respondía con gestos de animación a la grada. Si le pusieran un disfraz como el de periquito del Español, veríamos que parte de su gesticulación por la banda tiene el histrionismo inofensivo de la mascota.


El Madrid salió con todo en el campo otra vez, pero sin la pelota y sin la intensidad. Para colmo, Bellingham se lesionó persiguiendo un pase de Mastantuono. Los hombres de fútbol inmediatamente confirmaron que se trataba de algo muscular, con esa seriedad que les provoca el cuádriceps y que sólo supera el ligamento.


Algunos jugadores se llevaban un silbidito, una raíz de silbidito. Asencio no. Asencio puede ser expulsado, dejar solo al defensa, provocar penaltis...


Se fue Bellingham , entró Brahim y el equipo no jugó ni mejor ni peor aunque el susto les animó o despertó un poco.


Ahí vino el gol, una maravilla de Vini, con pisadita loca y gran colocación. Ya había alguno pitando cuando el balón besaba “el fondo de las mallas”.


El gol dio alegría, un pressing picantoso, y minutillos de Guler, Vini y Mbappé; con la presión luego vino la mayor velocidad de la pelota (es que de verdad todo es mental, tenía razón Floro); estaba bien Vinicius y debo decir, aunque puedo estar entrando en el terreno de las desviaciones, que Huijsen también. Le veo más expeditivo, aunque la palabra se le queda un poco grande. Es como en el gimnasio cuando uno pasa de la mancuerna de tres kilos a la de cinco. Hay que aplaudirlo. Se adelanta más al defensa, apuesta más por sí mismo y supera líneas como (creo) nadie en la Liga española. Lo hace de manera tan fácil que no se advierte, pero en la presión tiene mérito lo suyo, como cuando hay trincheras y ha de salir un soldado a atravesar el frente. Él cruza el terreno de las balas como si nada, con flema lánguida y lechosa.


Huijsen incluso llegó a pisar área, llevado por su facilidad y un pase de Güler que le hizo delantero, pues Arda hace delanteros con sus pases.


Pero más allá de mi huijsenismo, la cosa fue decayendo. Mucha actividad de Camavinga lateral, sí, hay que reconocerlo, pero el tono se fue apagando (y esa actividad suya casi entristece por contraste, parece desaprovechada, inconexa, solitaria).


Al irse al vestuario los jugadores, el público pitaba, pitidos soberanos de gustarse ya, inconfundibles, de haberle cogido gustillo otra vez.


Ni los pitidos, ni la arenga de Arbeloa cambió nada, y el Madrid, con Ceballos por Asencio, salió aculadito, largo y blando y no tardó en llegar el 1-1, gol de De Frutos; Álvaro ganando a Valverde, él a Tchouameni.



@realmadrid

Había algo curioso. El Madrid tenía mejor mediocampo en la defensa que en el propio centro del campo: Valverde, Tchouameni, Huijsen y Camavinga, y por delante Güler, Brahim y Mastantuono, o sea, mediapuntas.


Como defensas no hay, se ponen los mediocampistas, y en el mediocampo se desparraman los mediapuntas, que los hay para regalar, y arriba, como en una tarta temblorosa, se pone a Mbappé, Vinicius (y a Bellingham cuando está). No es de extrañar la sensación de desmoronamiento y que eso tiemble como una infraestructura del PSOE.


Además, y volviendo a la psicología, se había perdido la alegría. El ánimo ya era xabialonsista. Un equipo de ratos, de momentitos, de poca fuerza, de poca convicción, con la única emoción del susto ante Courtois, esta vez un mano a mano con Ratiu.


El perseguidor de Ratiu, el que hacía de Valverde, fue Gonzalo, todo hay que decirlo.


Dominaba el Rayo, costaba un mundo robar (porque el balón es de alguien, no de nadie) y se oía “calienta David Alaba”.


Mbappé, a pase de Güler, como siempre, la llevó al larguero y el Rayo colaboró con la autoexpulsión de Pathé Ciss, que le hizo una entrada salvaje al pobre de Ceballos, que hacía de monocampista, levando él solo, y llevándolo bien, el centro del campo sobre el que flotaban los delanteros de antes más Rodrygo. Estuvieron los dos muy bien. Ceballos incluso pudo marcar en un tiro al palo y Rodrygo pidió la pelota cuando más quemaba.


Si el Madrid perdía, la Liga empezaba también a ponerse en chino, y se le notaba a Arbeloa, hundido en su gabán. El árbitro extendió un descuento de 9 minutos. Así, así... cantarían algunos, pero es verdad que hubo de todo y mucha pérdida de tiempo.


En el noventa y mucho, con el Madrid jugando a lo que más le gusta, a lo que al final le recordamos, consiguió un penalti sobre Brahim, otro patadón absurdo, y Mbappé, con la tensión en el rostro, lo marcó.


Había sido el Madrid de Alonso pero con el brote de una flor. No decimos que Arbeloa la tenga. Pero una flor se despetaló contra el Rayo en el minuto 97. Fue una introducción a la flor en lo peor del invierno.


La flor tiene estambre, corola, pistilo... Vayamos recordando. La flor es hembra, pero tiene una parte macha y es lo que nosotros podemos aportar. ¡Erectos los estambres!



@realmadrid

El tumor blanco


Infierno, Canto 15
Brunetto Latini aborda a Dante


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El vaticinio lo hizo don Santiago Bernabéu, que tenía estos fogonazos de magnesio:


La afición acabará siendo el tumor del Real Madrid.


Era su forma de presentar los peligros (y las trampas) de la exigencia. A Mourinho su asistente Rui Faria le pidió un día rebajar un poco la exigencia con la plantilla; al rato, Faria regresó al despacho de Mourinho y le ofreció su reconocimiento: “Claro que, si tú no fueras así, nosotros no estaríamos aquí”.


De la exigencia inteligente de Mourinho a la exigencia estúpida del pipero-masa, descrito por Ortega como individuo que nada sabe, pero que de todo opina. “No hay cuestión de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus opiniones”. Para Ortega, al pipero-masa que ruidajea la vida pública le preocupa tanto su bienestar (copas y copones) que es insolidario con las causas de ese bienestar, por lo que muestra una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia: “Estos dos rasgos componen la psicología del niño mimado”. El piperío es una guardería al cuidado de vejestorios mediáticos donde un chota de Janli puede rebajarse a llamar “pelota” a un entrenador que se le escapa.


Vuelve, pues, el proverbial encanallamiento español de una sociedad fracasada, donde la afición (si tomamos por tal al piperío) se convierte en el tumor que vaticinara Bernabéu, y eso que el suyo fue otro público, desde luego, señorial (en contraste con el actual), como demostró la noche del 0-5 en Chamartín (febrero del 74) ante el Barcelona de Cruyff (jugador desechado por Bernabéu, estando ya comprometido, “porque no me gusta su jeta”):


Me acuerdo de aquel partido –explicaría Bernabéu en sus memorias–. Recuerdo ese silencio sepulcral de los socios; nadie dijo nada, nadie chilló, nadie se quejó. Y me he preguntado muchas veces quién fue el que dijo “vamos a callarnos” y, además, le hicimos caso todos.


Compárese la grandeza de aquel silencio del público ante la deflagración de Cruyff en la Castellana con el estrépito pipero de la noche del Levante con motivo de la salida del banquillo de Xabi Alonso, alias “El Proyecto”, en cuyas viudas indias reconocemos el timbre de la voz de los radiofonistas y podcasters como Dante reconocía el timbre de la de Brunetto Latini en el humo fantasmal.


Vamos a ver: que tampoco el Leverkusen de Xabi era el Dinamo de Lobanovski. Y en el clavo ha dado Bale, el futbolista más inteligente (su inteligencia fue siempre un insulto para la torpeza mediática) que haya pasado por el Real Madrid: “Tienes que calmar los egos, y no necesitas hacer mucho trabajo táctico. Tienes estrellas en el vestuario que pueden cambiar los partidos en un abrir y cerrar de ojos”.


Como entrenador, Xabi apareció en la Castellana como aquel loco de la esgrima que medía ángulos y movimientos de la espada en el camino de Alcalá donde lo halló el Buscón de Quevedo, que lo tomó por encantador al verlo junto a una mula suelta, mirando un libro y haciendo unas rayas que medía con un compás:


Se me ofreció –explicó el personaje– una treta por el cuarto círculo con el compás mayor, continuando la espalda para matar sin confesión al contrario, porque no diga quién lo hizo, y estaba poniéndolo en términos de matemática.


“¿Es posible que hay matemáticas en eso?”, preguntó el Buscón. “No solamente matemática –contestó el esgrimista–, más teología, filosofía, música y medicina”. 


Vamos, lo que los piperos cultos, que no son más que ratones del pan, llaman “proyecto ilusionante”, pues por fin íbamos a jugar “con las armas” del Pep de Sampedor, el míster que recita a Martí y Poll, el vate de Roda de Ter. El proyecto, como vemos, era ilusionante, pero pasaba por el sacrificio de Vinicius y de Endrick, más el hundimiento físico de una plantilla de atletas condenada a ejercitarse con los videos de Eva Nasarre. Pero en Ratópolis los roedores más oportunistas del mercado decidieron aprovechar el dolor de las viudas indias de Xabi para patear a Florentino Pérez en el antifonario de Valverde, Bellingham y Vinicius, que ya hay que ser retrasado.


[Sábado, 24 de Enero]

Lunes, 2 de Febrero

 


España'78

domingo, 1 de febrero de 2026

Sentimiento en El Arcángel


Fondo Sur, anoche



El Coloso Adrián Fuentes
 en el tren el pasado 12 de enero

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Sigue Córdoba sumida en la pesadumbre adamuceña y es sentimiento que se ve y huele allá por donde vayas. El cordobesismo no podía faltar a la cita del reconocimiento y homenaje de "los muertos de Adamuz" y desde la Directiva, que invitó al partido ante el Valladolid al alcalde y a esos dos chavales de dieciséis años de Adamuz que volvían de pescar como si fueran personajes de aldea de novela de los 60 el domingo que se encontraron con "la tragedia" que hará inolvidable a su pueblo, hasta el Fondo Sur que desplegó una cartelón con un tren blanco fantasmal, tétrico, siniestro, estuvieron a la altura de lo que se esperaba.


       Me llamó mucho la atención el niño Julio cuando dijo que venían de pescar. "En domingo y seguro que sin cobertura en plena Sierra Morena", pensé al oírlo. Saltaron Julio y su amigo José, con el 10 del Córdoba -"ése es el dorsal más bonito en el fútbol", le chivé al hijo de diez años que llevó mi vecino de localidad- a ser aplaudidos por El Arcángel. Juric, el capitán pucelano les dio dos camisetas del Valladolid también con el número diez y Julio, con esas salidas noblotas que demuestra, se la puso encima de la cordobesa y lo mismo hizo su amigo José. ¡¡Dios quiera que no os maleen!! ¡¡Ojalá sigáis saliendo a pescar  durante cien años todos los domingos!!


       El partido empezó sentimental, siguió disputado y emocionante y acabó la primera parte con empate a uno y una jugada que al Director Deportivo del Valladolid, señor Víctor Orta, le pareció un despido improcedente. Pone el árbitro Manuel Ángel Pérez Hernández en el acta del partido que en el túnel de vestuarios "...el señor Víctor Orta se dirigió a mí en éstos términos: Por tus decisiones dejas a 30 familias en paro". La jugada en cuestión es una carrera del "Coloso" Adrián Fuentes en dirección a portería desde la derecha al que Juric entra por detrás y derriba, no está claro si con la suficiente fuerza para derribar un coloso. Pérez Hernández no lo dudó y el VAR no entró. Falta y roja directa. Ya saben que a mí me gustan así los árbitros. Que decidan ellos y no el aparatejo. Sinceramente creo que se necesita mucha fuerza para derribar a Fuentes pero todos estamos hartos de ver haciendo esparajismos y revolcándose como si los hubieran asesinado jugadores que sólo pudieron sentir suaves vuelos de leves plumas a los que "el sistema" hace caso...

 

    Con uno más, el Córdoba acosó y echó mano de Guardiola, un ariete que vistió de blanquivioleta. Celebró enloquecido -"¡por algo será!", pensé- los dos pepinazos con los que tumbó el portón del castillo pucelano, ese castillo al que Su Señor, el ínclito Víctor Orta ve ya rebajado de categoría. ¡Qué hombre más raro es éste! El año pasado por estas fechas andaba en el Sevilla CF amargando al sevillismo hasta tal punto que fue despedido tras varias manifestaciones peñistas, en junio junto a todo su equipo. En Sevilla cobraba 750.000 euros anuales, sueldo que seguro no cobra en Valladolid, pero ya se está currando la página de persecuciones, mientras se trae al medio jubilado Clerc, a un tal Erlien noruego, o a Sansiviero que tiene nombre gallego, cara de sueco pero es del Uruguay. Los trae y los presenta como si encontrara berros en manantial. Pucelanos, Victor Orta fue, pero ya no es. ¡Ojito con el!


    El Burgos-Leganés fue a las cuatro. El Burgos ganó como suele. Roe que roe. Partido hosco, Trabado, Feo a la vista... pero se gana. Ramis sacó en la segunda parte un fichaje propio de Víctor Orta. Uno de esos sudamericanos con extraños representantes y que recorren equipos sin dejar ningún recuerdo. Se llama Pablo Galdames y es uruguayo. A lo visto anduvo unos años por Italia. Luego un año al Vasco de Gama; al siguiente, a Independiente de Avellaneda. Como el amo del Burgos es argentino, con alguien habrá hablado, supongo y se lo ha traído a Ramis, al que le gustan los medios defensivos. El tiempo que jugó dio patadas, pero no al balón y no sé... mejor no me enredo. Al Leganés se le ganó de sendos cabezazos en el punto de penalty de los dos González burgaleses; David y Mario. 2-1. El gol del Leganés fue de preciosa volea de Óscar Plano que parecía definitivo para empatar, pero algo hay en el centro de la defensa del Leganés que todos los cordobesistas hemos temido. Es un factor que tendría que preocupar a Igor Oca, el arqueólogo-entrenador de la tierra de los pepinos pero veo que a este míster le gustan los jugadores con arrebatos raretes. Tal que Álex Millán en vez de... o Marvel en vez de...


     Burgos y Córdoba. 38 puntos. Arriba. Con "Los Güenos". Que sigamos uncidos.

Letrillas


Thomas Carlyle


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En mi barrio se va la luz unas tres o cuatro veces al día. Bueno, dicen que el socialismo real siempre fue eso: apagones, racionamiento –de momento, sólo de luz y agua– y unos ministros muy farrucos que, a nada que se les lleve la contraria, piden detenciones. Ahora, ¡robar!... “¡No voy a consentir que se acuse al PSOE de robar!”, ha dicho, con la vena de la frente bien hinchada, como dice Carlyle que le pasaba a Mahoma cuando se cabreaba, un concejal socialista que atiende por señor Iglesias. Y con razón. Resulta que el concejal de los guardias, señor Calvo ¡este hombre se llama como el encargado del Supersol de mi barrio!–, había acusado a los socialistas municipales de intentar “robar documentación”, con lo cual al señor Iglesias no le quedó más remedio que levantarse como una torre de coraje en defensa de sus señas ideológicas: apagones, racionamientos, ministros farrucos... lo que se quiera. Pero “robar”, mire usted, señor Calvo, no. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Desde un punto de vista estrictamente ideológico, con el real socialismo, en efecto, nadie que no sea socialista puede llegar a nada, hasta el punto de que, cuando los ministros no piden detenciones de quienes no llegaron a pegar a Bono, piden sanciones para los que lleguen a “derrochar” bienes. ¡El derroche! He aquí, precisamente, lo que escandaliza de Gallardón, a quien los chistosos de guardia llaman “Gay-ardón”, como queriendo dar a entender que Gallardón, además de un tecnócrata redomado, es melómano. Para mí, un melómano es un amigo de fabricarse su propia siringa, como aconsejaba el viejo verso griego del bucólico: “No es preciso, hijo mío, tener para cada cosa necesidad de otro. Es preciso que tú mismo te fabriques tu siringa.” Gallardón no ha hecho otra cosa que fabricarse su siringa desde que está en la política, lo cual molesta muchísimo a un tal Paco Pol, líder de un Club de Debates Urbanos, que va cantando contra Gallardón y su “Estado de Obras” unas letrillas sinsorgas que parecen escritas por Moncho Alpuente. Ya estoy viendo el próximo monumento de progreso en Madrid: “La sociedad civil a Paco Pol.” Y ahí va a estar hasta que San Juan baje el dedo.

Domingo, 1 de Febrero

 


Ratoncito Pérez

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios

 DOMINGO, 1 DE FEBRERO


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:


Bienaventurados los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados los mansos,

porque ellos heredarán la tierra.


Bienaventurados los que lloran,

porque ellos serán consolados.


Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,

porque ellos quedarán saciados.


Bienaventurados los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia.


Bienaventurados los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios.


Bienaventurados los que trabajan por la paz,

porque ellos serán llamados hijos de Dios.


Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Mateo 5, 1-12a

sábado, 31 de enero de 2026

Carvalho



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los del Madrid desean a un defensa central de nombre Carvalho, y los del Oporto, que son sus amos, han puesto el grito portugués, que es el de la exageración, en el cielo: “Los españoles –ha dicho el presidente Pinto– están habituados a ver a Portugal como un país de segunda y a comprar todo por el precio que quieren, y las cosas no son así: somos nosotros quienes fijamos el precio para hacer negocio con los españoles.” Ahí la tienen: la exageración lusitana. En este caso, a cargo del presidente Pinto, que se ha quedado en la época de la lucha de la peseta con el escudo. ¡Qué época, la de la lucha de la peseta con el escudo! Según Camba, al entrar en Portugal, uno se sentía ascendido en su categoría: de don Fulano pasaba a ser excelentísimo señor don Fulano; de tener cinco duros, pasaba a tener cinco mil reis. “Uno crece, se ensancha y se multiplica al llegar a Portugal. Así como en España todo tiende a reducirlo a uno, en Portugal todo tiende a ampliarlo.” Pero los portugueses consideran injustas todas las bromas que amistosamente suelen gastarles los españoles sobre su inclinación a aumentar la apariencia de las cosas, y la verdad, acababa por reconocer Camba, es que resulta muy difícil demostrarles que la aumentan. La aumenta el presidente Pinto, aunque todo indica que el presidente Pinto es uno de los últimos portugueses aficionados a aumentar la apariencia de las cosas. Desde lo de Figo, esta manía ha pasado a ser un distintivo de los catalanes, y no porque digan que lo de Figo fue un robo del Madrid: después de todo, es natural que a un catalán le parezca un robo pagar diez mil millones por un futbolista. Ahora, por ejemplo, les ha dado por decir que el mejor futbolista del mundo es Ronaldinho, y todo porque para ellos, en su exageración, el mundo son las Ramblas. No digo yo que Ronaldinho no sea “engraçadinho”, pero Camacho, que también parece bastante “engraçado”, si le dan a escoger, prefiere a Carvalho. “Ochoupal anda, coitado, / num triste desassocego, / porque morreu afogado / um rouxinol no Mondego...” 

Sábado, 31 de Enero

 


Lluvia madrileña

viernes, 30 de enero de 2026

Locos normales


@Cerni_report

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Se lo dijo Trump a Jonás, primer ministro noruego: “Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido más de ocho guerras, ya no siento la obligación de pensar puramente en la paz”. Y firmó la orden ejecutiva para la reapertura de los manicomios, más, se supone, el incendio de Persia, con sus sultanes lorquianos dentro.


Creo que nuestra sociedad está dirigida por gente loca con objetivos locos –decía John Lennon en la BBC del 68.


El dedito meñique de los liberalios nos ha traído a esta patocracia (Lobaczewski) bioleninista (Spandrell) que gozamos. Explicado por Spandrell, el bioleninismo es una variante del leninismo como forma particular de contratar personas para tu organización: un sistema de promoción del desperdicio social como fin último, que elimina la competencia en aras de la lealtad. Dado cómo funciona la sociabilidad humana, es un milagro, para Spandrell, que la competencia sea recompensada: “La misma razón por la que todas las amas de casa prefieren una niñera hondureña cuarentona a una ucraniana veinteañera”.


Una vez que entendí esto, dejé de preguntarme por qué la humanidad tardó tanto en desarrollar la ciencia y la industria.


Una forma rápida de entenderlo es la kermese de expertos en la TV del Régimen cascando sobre el penúltimo accidente ferroviario en el país de la Renfe (presidida por el autor de “El Potencial de las Variables Latentes en Modelos Explicativos del Uso de la Bicicleta”). Ante la peliaguda cuestión de “si la colisión fue entre trenes o contra la propia vía” (sic), el ojo al dato de “un dato importante: las ruedas de los trenes son una especie de cuadrado” (sic), con lo cual nos vamos a publicidad: “Mitos ancestrales y penes monumentales en la ‘locura’ no apta para menores de Marina Abramovic en el Liceo: ‘Es una nueva forma de arte’.” (Titular periodístico).


Trevijano incluyó en sus “Pasiones de servidumbre” la pasión de ser locos normales:


¿En qué régimen vivimos? Por su lenguaje idiotista, sus abisales silencios, su mitomanía, sus obscenidades, sus idolatrías, su culto a la deslealtad, su pérdida de memoria, sus diezmadas culturas, sus crímenes de Estado, su falta de justicia y sus indultos de gobierno, se reconoce al instante el régimen de vida, en manicomio estatal, de unos locos normales.


Cita a Santayana, para quien dos deidades, el Castigo y el Acuerdo, flanquean la locura normal y la mantienen dentro de sus límites. El Castigo, se nos dice, libera a la sociedad de sus locos individuales, para que la silenciosa paz de la indiferencia se instale en ella. El disentimiento de la opinión común constituye la locura personal, y se combate con la persuasión del Acuerdo, que es el método de la locura por consenso.


Si el disidente persiste en su locura extraviada, el Castigo sofocará su pensamiento y silenciará su expresión, en aras de la tranquilidad de la locura nacional y de los locos normales por pasión de consenso.


[Viernes, 23 de Enero] 

Viernes, 30 de Enero

 

El meme

jueves, 29 de enero de 2026

Hughes. Benfica, 4; Real Madrid, 2. Adiós al topocho


Como un niño


Hughes

Pura Golosina Deportiva


Un gran club, una gran afición, un gran palmarés. El Benfica hacía una exhibición antes del partido. El Estadio de la Luz se hacía un poco Metropolitano (menos luz, más tiniebla) y sólo faltaba el águila del club que bajara y se posara en el hombro de Vinicius.


El Benfica tenía auténtica skin in the game. El Madrid también, pero nos enteramos al final del partido. Su capitán era Otamendi, con la pinta conseguida de salir de un correccional de Bukele, y su entrenador Mourinho: la motivaçao estaba garantizada.


En el túnel de vestuarios, entre la gente, como un antiguo amor en medio de la avenida, aparecía Él. Mourinho, elegante y canoso bajo la lluvia, sosegado su espíritu de contradicción. Abrazó a Arbeloa, que parece un santo de Zurbarán.


El Madrid salió audaz, En los primeros minutos, casi dirigía Huijsen y Courtois era líbero. La construcción la completaba Güler. Ése era el triángulo de la lucidez, aunque lo que más pitaba era Asencio que, como llovía tantísimo, hacía tackling con aquaplaning: el aquatackling. Se le veía feliz como chiquillo.


Pero pronto vimos signos funestos: una ocasión del Benfica y pérdidas en los primeros intentos de Bellingham.


El Benfica jugaba en un 4-2-3-1 y los pivotes ya los hubiera querido Trump para su ICE.


La agresividad de unos y otros era distinta, y eso se vio en un balón aéreo entre Otamendi y Huijsen, dos masculinidades colisionaban y estaba claro quién se llevaba la peor parte.


Huijsen es holandés, holandés condenado a ser juzgado por ojos españoles.


Mourinho veía el partido con su estilo característico, como si bajara a pasear al perro y éste (el perro, el partido) parara a echar una meadita.


Lleva años Mou con equipos formados por jugadores desconocidos con nombres como Schjelderup, nombre de estornudo.


Al cuarto de hora, llegó un susto en forma de penalti. Hubo una polémica, en cuyo transcurso veíamos todo el rato a Otamendi sobre el árbitro. La consulta al VAR dio la razón al Madrid, pero ya había quedado claro el peligro de Sudakov y Prestianni, argentino pequeñito al que Courtois, poco después, le sacó con las yemas de los dedos un gol cantado.


El partido era serio, duro, intenso. Separaba a los hombres de los niños. Como esa categoría del sub23. Los de menos, apenas estaban, Mastantuono, por ejemplo, y sólo los mayores (Valverde, Bellingham, Asencio) se mantenían en pie. Guler luchaba con su calidad: un pase a Bellingham, un chut potente...


Al poco llegó el gol del Madrid. Se sintió que llegaba de la nada porque el pase lo daba Asencio, muy bueno, a la cabeza de Mbappé, que se lo había casi dictado. Fue un gran cabezazo. Antes del gol había tenido el Madrid unos segundos largos de toque, así que de la Nada absoluta no venía.


El 0-1 trajo su momento de euforia aprovechada para posesiones y combinaciones estériles y de ese optimismo precario se salió con un contragolpe enérgico del Benfica, muy mourinho. La jugada llegaba, como llegaría todo, por la izquierda madridista, la jurisdicción de Carreras, que saldrá en la foto como el culpable sin serlo del todo. Atacaba un benfiquista y Asencio, último hombre, decidió, sin sentido alguno, marcarse un aquatackling en el que quedó atrapado; no sólo eso: al querer incorporarse con su irritante brío, tropezó, de modo que le dio toda la ventaja al rival, que pasó al otro lado por donde llegaba Schjelderup, por supuesto solísimo. Su remate no lo hizo solo, pues Mourinho remataba con él en la banda.


Vinieron minutos de ahogo: Valverde, viendo el percal de Asencio, se hizo también líbero y cortó alguna jugada; Barreiro perdonó otro gol clarísimo en un córner (esos goles que lo son ópticos) y el Madrid entero ya daba señales de ahogo.


Mbappé lo intentaba con un individualismo de pingüino ante la montaña y se dolía, se tiraba al suelo. ¿Qué le habrá pasado? Se repetía la imagen intentado detectar el daño y el locutor Maldini repetía: ahí, ahí, como si supiera el frame exacto.


Mbappé se hizo el muerto un buen rato, como si diese lo mismo que estuviese o que no y a Vinicius no le importó porque, con el compañero yacente, siguió intentando su batalla contra el mundo. El Madrid era, pues, tan carajal arriba como abajo.


Por eso el 2-1, en el descuento de la primera parte, llegó de penalti injusto sobre Otamendi (que lleva la culpabilidad inscrita en la piel) pero no se sintió del todo inmerecido.


El Madrid se fue al descanso sin tener seguro su acceso al top 8 que sonaba topocho y así quedará: el topocho.


Del descanso el Benfica salió presionando muchísimo y en el Madrid todo lo planteaba Mbappé, cuya velocidad dejaba en evidencia al resto. A su pase cruzado como extremo derecho no llegó Vinicius.


El ritmo era similar y pronto llegó el 3-1, otro contragolpe, el del estornudo otra vez ante Asencio, que mucho ruido defensivo y pocas nueces. El pase había sido de Prestianni.


La defensa era criticable, pero el mediocampo ya había quedado reducido a nada.


Arbeloa dejó la penitencia zurbaraniana y movió el banquillo: Camavinga y Rodrygo, y el equipo quizás mejoró un poco, aunque el gol, el 3-2, tuvo algo de arranque sucesivo de genialidades: la evolución de Bellingham, Güler como siempre, y el remate perfecto de Mbappé, raso y ajustado, todo matemático.


Mientras Mou celebraba lo suyo poniendo los brazos como un Corcovado, el gol no se notó en el rostro de Arbeloa, cuyo trabajo consiste en parte en mantener los 90 minutos la misma cara, una forma de estoicismo facial. Da la impresión de que está concentrado en no mover un músculo, como cuando queremos no reírnos.


Dentro de lo que cabe entender como un proceso natural de maduración, Huijsen le arreó una hostia a Pavlidis (perdòn por el lenguaje, impropio de puragolosina, pero se hace por el bien del jugador).


El Madrid exhaló sus últimos hálitos pero en el infierno presionante lisboeta, se vio que Güler y Bellingham, ni nadie entre los demás, es capaz de adherencia a la pelota, de mantenerla, de tenerla, de quedársela un poquito, que es el primer fundamento futbolístico de la infancia. Cuando se empieza a jugar al fútbol, jugar bien es quedarse para uno la pelota. Luego ya llega el gol, pero es posterior.


Güler es pase, sin acarreo; y Bellingham es acarreo. Son un punto y una coma, una semipausa.


El Madrid iba otra vez, como tantos meses ya en Europa, detrás de la pelota, pero informe, sin forma, como una estela muriente tras la bola del cometa. Cómo será la cosa que en el 74 (lo apunté) Asencio intentó la jugada individual, movido por no sé qué extraordinario sentido de la autoestima o quizás como en ese estertor suicida del soldado que se ve solo en el campo de batalla.


Arbeloa salió de la contemplación ataráxica con una tanda de cambios rara: entraban Alaba, Cestero y Brahim, y el que se iba no era ninguno de los estelares sino Güler, que al irse lanzó su particular purqué: siempre yo.


De Arbeloa se podría decir lo que se dijo de Alonso: que no se atreve; aunque cuando Alonso se atrevió también se lo criticaron.


Estos cambios abrieron las puertas a un desastre distinto. Había cosas ya malas: Valverde de solucionador en todos los puestos, Courtois salvando goles, Mbappé con un individualismo como de afrancesado llegado a la España ajena de los Austrias. No era serio su personalismo, ni serio era el horror de Vinicius, del que ya vemos más su gesto enfadado de pez abisal que sus filigranas... Pero llegó un caos extrafutbolístico, una forma distinta de anarquía.


Primero Asencio fue expulsado por no medir, que es su gran dificultad. No mide. No es inmenso, sino inmensor.


Luego se autoexpulsó Rodrygo, de nuevo en el terreno de lo disciplinario.


Y al Madrid se le vieron de repente, tras unas semanas de felicidad pactada, los desperfectos, los de siempre y alguno más. Eran como humedades apareciendo después de la manita de pintura. Alguna humedad era Cara de Bélmez.


El Madrid de Arbeloa se queda, en pocos días, fuera de la Copa y fuera del Topocho. Parece que Zidane, lo que se dice Zidane, no es.


El Benfica, aunque ibérico, no jugaba por hacer la puñeta al Madrid. Lo hacía para clasificarse y en el descuento, contra nueve, en un córner, lo consiguió con un remate de su portero, que subió con más perplejidad que otra cosa. Eran las energías mourinhistas, vistas ahora desde el otro lado.