lunes, 18 de mayo de 2026

Los números del número 1



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Las consultas de pasillo, decían los viejos médicos, ni son buenas para el paciente ni son buenas para el bolsillo. No hablaremos, pues, del pasillo. El pasillo ya lo evitó Vinicius con sus dos goles en Cornellá, actuación rematada en redes con una media verónica de Benzemá: “N1”. A la butifarra liguera de Flick que le hagan pasillo Tebas, Louzán y Soto. Y hasta un “castellet”, pueden hacerle, con los cantamañanas Martínez y Benito el de la Purga de “castellers”, y en la cumbre, de “enxaneta”, Maldini, haciendo la aleta, que ellos son los Homeros de la “hestética” que el sátiro humanista Juan Luis Romero Peche estudió en su “Libelo contra los estetas”, del 99, un fenómeno de desvarío colectivo, el que comenzó con Guardiola, con reveladores matices, explica el ensayista, de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni se aprehende, pero que se ejerce con demagógico machamartillo).


Los “hestetas” son bípedos de hábitat difuso, pero siempre apoltronados en una orilla izquierda políticamente correcta. El “hesteta” considera artístico a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”.


Los “hestetas” son esas viudas de Xabi que, no habiéndose hecho enterrar con Xabi, como prometían, ahora van de pre-viudas de Klopp, alemán sobrevalorado, valga la redundancia, al que quieren meter en el vestuario del Real Madrid, hoy sumido en una pelea de almohadas, para que, en compañía de dos figuras hiperprogresistas como Mbappé y Tchouaméni, nos monte un partido socialdemócrata en Valdebebas.


Nuestro fútbol es de izquierdas –decía truhanescamente Pep en la apoteosis del Negreirato.


A ojos de Romero Peche, la perra que han cogido los piperos con Klopp sería enfermedad lírica, pelagra de navegar cultos, turbulencia a la violeta, tontuna sin más, hinchazón del gusto, fogatilla, abrevadero y pesebre, cultivo de parásitos, rizo rizado, fuero de bien vestidos patanes, minué espectacularmente bailado con la bragueta abierta, supuesto saber estar de la sosería, catequesis morfinómana, sofisticación y fraude, clinclín de cubitos de hielo ante un horizonte necio…


La “hestética” del “fútbol moderno” es teoría chiripitifláutica y praxis supercalifragilísticoespialidosa. Es cagalera de tontajos. Sublimación de taras, zapatos con alza. Imposición cojonera y dolencia neuropóllica. Es tedio. Es memez y neurosis. Es como un divorciado ligando, que novelea las sórdidas verdades que otra ya desveló. Es hache de Estética que se olvida (junto a los Donuts) el “definitum ingredit definitionem non debet”.


A los múridos del antimadridismo rampante sólo los ilusiona Klopp, “que haría correr a Vinicius y a Mbappé”, los dos niños mimados de Flóper, que tiene que aprender del PSG, del Bayern y del City a ganar Champions. ¿Cómo haría correr Klopp a Vinicius y a Mbappé? ¿Hablándoles en alemán? ¿Instruyéndolos en políticas de inmigración? ¿Poniéndoles los videos de las finales perdidas por Klopp ante el Real Madrid? 


Luego, donde la chusma mediática insiste en presentar a Vinicius como a un simple negro que come sandía por la caridad del Real Madrid, Benzemá ve al N1, impresión refrendada por los demás números. En la actual temporada, y eso incluye a Xabi y su Sebas Parrilla, Vinicius encabeza la tabla de presiones del equipo, muy por delante de Tchouaméni y, por supuesto, de Mbappé. También encabeza la de faltas recibidas (110), por las 41 de Mbappé. Y encabeza, por supuesto, la de goles producidos en el último lustro (cinco años, no cincuenta, como sostiene el ministro Urtasun) en Champions, con 58, por delante de Mbappé (53), Kane (43), Haaland (39), Raphinha (36), Julián (34), Dembelé (29) y Kvaratskhelia (27). Ojalá hubiera tenido estos números aquel Luis Miguel que en la tarde del 18 de Mayo del 49, en la plaza de Madrid, cuando todos estábamos boquiabiertos, cuenta Corrochano, “se lleva la mano diestra al pecho y luego yergue el brazo con el índice enhiesto”.


En el fútbol, como en la vida, es modesto el que no puede ser otra cosa.


[Sábado, 9 de Mayo] 

Lunes, 18 de Mayo

 


Frontón

domingo, 17 de mayo de 2026

Sigue el Burgos en la pomada

 
Mollejo 


Francisco Javier Gómez Izquierdo


     
            Se medía el Granada contra el Córdoba en la jornada 39 y contra el Burgos en la 40. Ambos partidos los perdió el equipo del gran Pacheta por uno a cero, pero con dos alineaciones muy distintas. Aquí en El Arcángel sacó cantera, dicen que emergente. En Los Cármenes puso de titular a Izan, la melena más sansoniana del fútbol español, y a Petit, el 9 que mas despista, pues es del Betis, en Nochebuena jugaba para el Mirandés y en Reyes para el Granada. A mí, el pelotero que más me gusta del Granada es José Arnáiz, un extremo talaverano que se destapó en el Valladolid, lo fichó el Barça y anduvo cedido en Leganés y Osasuna. Se estancó, pero tiene poso aún. Ayer mandó un misil al poste de Cantero. Otro "bueno" es Álex Sola, carrilero derecho vasco que creo valía para Primera, pero algún demonio le ronda a este chico por la cabeza para no durar ni en el Alavés ni en el Getafe y perder la titularidad en Granada. Le veo poderoso, desequilibrante, con personalidad, pero sí, tiene cosas de indisciplinado y mal carácter.


       El partido discurrió como suelen ser los partidos del Burgos: sosote, lleno de imprecisiones, sin ocasiones... y a la hora, Ramis me echó la sal en la mollera cuando cambió de una tacada a Curro, Íñigo Córdoba y ¡¡¡Atienza!!!. Dejó al siempre excitado Mollejo que fallaría un gol capaz de marcarlo un nene de seis años -tan es así que cuando lo sustituyó Mejía, los Cármenes le ovacionaron y le dijeron cosas preñadas de guasa andaluza- y por Atienza entró Galdames, un chileno que en las faltas a favor, coge el balón como si fuera Cristiano Ronaldo o Hugo Sánchez y exige "yo, lo tiro yo", con el consiguiente mosqueo de servidor y supongo que alguno de sus compañeros. Hubo una al borde del área que prometía y el tío se la pasó a los avioneros que volaban por encima de Sierra Nevada. "Por que no está Curro, las saca", apuntaron avergonzados los locutores cuando sacó otra desde el costado izquierdo al Padre Benito, que es el fantasma de Granada que sólo algún señalado es capaz de ver, y que Galdames distinguió entre el gentío del córner derecho. Así, con 0-0 se llegó al minuto 91 y de un carajal del central peso pesado Diaby, cedido por el Elche, y el portero Astralaga cedido por el Barcelona, se sacó el burgalés David González un preciso y precioso disparo desde 40 metros que valió tres puntos. Tres puntos que permiten creer en el play off. De la plantilla del Burgos, en mi humilde opinión sólo tendrían sitio en modestas plantillas de Primera, y no de titulares: Atienza, Lizancos y puede que Curro Sánchez. No hay mimbres, pero...


     El Córdoba tampoco tiene peloteros de Primera. Juega "mas bonito" que el Burgos, pero es mas vulnerable atrás. El Albacete mató las escasas perspectivas optimistas con dos goles en un  minuto aciago y aunque se hicieron méritos para ganar.., la verdad es que mejor así. Que mayo no es mes para que el cordobés pene con los sobresaltos que el Córdoba de Iván Ania nos presenta una jornada sí y otra también.


     El Rácing ha ascendido. Enhorabuena.. Detrás está la cabezonería de J. Alberto López y "su sistema" ayudado por otro alopécico, Chema Aragón, ése Monchi de 2ªB como le bautizaron Camello y Riquelme, que con el Mirandés convirtió cada temporada en un milagro. Ya saben la larga lista de los que allí hicieron la mili. Fué al Elche y a los dos meses dimitió por malos encuentros con Sarabia, un tipo que se las trae. Año sabático  y al Rácing de Santander para ésta 25/26 donde ha seguido pescando a bajos precios en apartados e inverosímiles lugares, tal que Guliashvilli, Puerta, Canales, o ése joven león, Manex Lozano, que tuvo la desgracia de caer lesionado. Tipos como éste Chema Aragón son los que mas admira servidor. El que ve al cadete y no lo pierde de vista hasta los veinte años.
 

La Moraleja


Rubalcaba


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Barcelona es una pelea de negros en un túnel del Carmelo: nunca sabremos cuántos son los negros, porque los han enterrado en hormigón. ¿Por qué en hormigón y no en los libros de Rubert de Ventós, que hubiera salido más económico? La respuesta la leeremos en el próximo libro de Rubert de Ventós. “¡De Ventós, De Ventós!”, recogen las psicofonías procedentes del estómago del túnel. Y en Madrid, ¿qué se oye? Madrid es un desconcierto de Gerardo Deniz: “Del salón en el ángulo oscuro / un fantasma hacía pipí.” El legendario delegado Méndez todavía no ha identificado a los fantasmas del Windsor cuando el viejo Rubalcaba, extraviados los ojos, trágico y darwiniano como el muñeco de la etiqueta de Anís del Mono, ha dirigido el foco de la lucha contra el fascismo hacia la urbanización de La Moraleja, donde han aparecido más noes de la cuenta. ¡Que cierren el barrio! Perímetro de seguridad en el Windsor y perímetro de seguridad en La Moraleja. Cautivo y desarmado el fascismo, las fuerzas de progreso seleccionan sus últimos objetivos. Como la sombra del padre de Hamlet cruza por la terraza del castillo de Kromborg, así las sombras de dos individuos cruzaron por el incendio del Windsor. ¿Neonazis? ¿Agentes de extrema derecha? ¿Militantes del PP tratando de salvar algún discurso de Aznar? ¿Vecinos de La Moraleja sacando de las cajas fuertes los noes del referéndum? Para que no se enfríe el asunto, Mario Gas quiere poner en el Español un recordatorio de “Las alegres comadres de Windsor”, pero Angelito Galarza pide tranquilidad. Desiderato: “Cómo estar tranquilo / sin llevar estándolo / la vida entera”. En cuanto a lo de La Moraleja, ¿qué hacer? ¿Enterrar la urbanización en hormigón? ¿Arrojar un saco de “polvos de gas” en el agua, para que las truchas se atonten y se dejen coger? Por otro lado, una vez dentro de la urbanización, ¿cómo distinguir la tribu progresista de los chilindrines, que han votado sí, de la tribu reaccionaria de los fustricucios, que han votado no? ¡Es que no conseguimos dejar de pensar en lo que ese hatajo de ricachones estaba tramando contra el pueblo!

San Isidro'26. El otro cantar del Cid (Dios le guarde). De regresos, de estancias y de llegadas. Campos & Moore





PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Sábado, 16 de mayo de 2026. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de La Quinta (de procedencia directa de Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma). Bien presentados aunque desiguales, tres cinqueños (4º, 5º y 6º). Primero, cuarto y sexto de bellas láminas, cuernas abiertas y cornialtos; nobles, mansos, sosos, distraídos, manejables a excepción del sexto, con nervio y genio; en general se acostaron en el caballo, lo que indica falta de entrega y fuerza. El segundo fue devuelto por inválido y sustituido por un ejemplar de José Manuel Sánchez, ganadería de mezclas de procedencia Domecq, cinqueño, basto, feo, manso, barbeó tablas, distraído, corretón y acucharado de cuerna. Primero y sexto dieron juego. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral menos fría. 

Terna: Manuel Jesús El Cid, de Salteras (Sevilla); de azul noche y oro, con cabos blancos; veintiséis años de alternativa; quince festejos en 2025; silencio y silencio. Álvaro Lorenzo, de Toledo, de caldero y plata; diez años de alternativa; once festejos en 2025; silencio y silencio. Manuel Diosleguarde, de Diosleguarde (Salamanca), de blanco y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; cinco festejos en 2025; ovación y saludos tras un aviso. Manuel Diosleguarde confirmaba la alternativa.

Suerte de varas. A los toros no se les pegó en el caballo, a excepción del cuarto y del quinto toro que se les dio con fuerza, al quinto con metisaca. Elegimos como ejemplo del planteamiento en varas la suerte realizada al quinto por Héctor Vicente. En la primera vara no fue puesto en condiciones al caballo, la pica cayó trasera y caída, el picador rectifica, el astado se acuesta y no muestra fijeza, sale de la suerte sin más. En la segunda vara tampoco es puesto en suerte, se le aplica fuerte metisaca y el animal sale suelto.



En la vida en general vivimos de recuerdos y de realizar comparaciones. Lo deseable sería vivir de acciones y en esas tareas se encuentran los emprendedores, los aventureros y, por antonomasia, los toreros. Los matadores de toros viven metidos en plena acción lidiando y matando toros, y cuando este momento de su vida desaparece no saben qué hacer con sus existencias. Conocemos multitud de ejemplos en los que los toreros cuando se retiran, porque los públicos se lo han sugerido o por la falta de contratos, inmediatamente comienzan a darle vueltas al retorno. Muchos de ellos emprenden este camino de vuelta que no suele ser exitoso, y por ello hacen bueno el dicho de que «segundas partes nunca fueron buenas». De todos es conocido el retorno de Manuel Jesús El Cid que cumplió una etapa brillante en la tauromaquia que podríamos llevar hasta el año 2008 (de 2000 a 2008). A continuación las cosas no le funcionaron de la misma manera, puede que fuera porque quiso refinarse (en la tauromaquia de comienzos del siglo XX, ha existido demasiado refinamiento, con toreros artistas que han marcado pautas). El Cid, un torero clásico, poderoso, cabal y dominador (con una mano izquierda prodigiosa), es posible que no estuviera contento con el reconocimiento que se le brindaba, sobre todo en su Sevilla natal. No en Madrid, donde era un referente de la tauromaquia más exigente. Todos queremos ser valorados, en la máxima extensión de los términos. El Cid no era reconocido a la altura que merecía. A él puede que esto le preocupara y emprendió el camino de acercarse a la montaña. Llegar y escalar ese promontorio en lo taurino significaba comenzar a neo-torear, es decir, entonces El Cid comenzó a ajustarse menos con los toros, a no cruzarse tanto con ellos, a emplear una técnica ligerita, de esconder, incluso, la pierna de salida al dar los naturales y los redondos. Esto venía a ser una traición a sus principios taurinos, pero le acercaba a lo que ejecutaban las figuras del toreo coetáneas a El Cid. No hace falta dar nombres. Pero ese camino hacia el reconocimiento le llevó hacia la decadencia en su tauromaquia.


Mientras El Cid se desnaturalizaba para realizar un toreo más agradable, más de figura, no dejaba de ser una infidelidad a sus conceptos y a sus virtudes. Era un pago que él, tal vez, quiso hacer para ser parte de ese grupo de líderes del toreo (figuras del toreo, figurones, les llaman algunos). Al tiempo que realizaba ese pago El Cid dejó de torear bajo los cánones clásicos sin entender que esa ortodoxia primigenia fue lo que le llevó a la cima y al pleno reconocimiento entre los buenos aficionados (no entre los taurinos). El Cid a lo largo de esas temporadas citadas había toreado con consistencia en Madrid y en Sevilla, de haber tenido mejor espada sus éxitos habrían doblado a los de cualquier torero de su época y de épocas anteriores, y ante toros de verdad, de las ganaderías de toros con casta (entre ellas la de Victorino Martín). En 2007 en Bilbao realizó una de las mayores gestas que un matador de toros ha conseguido en el último medio siglo del toreo. Lidió seis Victorinos con solvencia y rotundidad. En una de las mejores corridas de los últimos tiempos. Esto puede que le agotara; también, no verse validado por sus pares al nivel que lo merecía. Después vino ese peregrinar hacia la montaña del toreo superficial y querer matar las ganaderías febles. Cierto es que lo duro agota. Etc. Al cabo de los años El Cid se tuvo que ir y lo hizo con dignidad (Zaragoza, 2019). La afición guardó un grato recuerdo de su trayectoria y su valoración fue subiendo. Ahora bien, El Cid, en 2023 volvió a la lucha taurina, sin contratos, como si no hubiera sido nadie anteriormente. La comparación con el retorno de otros toreros de su etapa, en ventajas y en colocación en carteles, ha sido, digamos, sangrante. Da la impresión que torea para ganarse contratos en una lucha en solitario. Desde luego que no ha sido justo el trato recibido. No debemos ahondar más en ello. La cuestión ahora es —a la altura de 2026— analizar qué tauromaquia ha traído de vuelta El Cid. Y ahí está el problema, pues ha retornado con la técnica que empleara en sus últimos años en activo, aquella que les sirve a sus compañeros situados arriba del escalafón, pero no a él porque los toreros auténticos no pueden reinterpretarse buscando el agrado y la comodidad.

 
En las tres comparecencias que ha protagonizado Manuel Jesús El Cid en su vuelta a Madrid (una en 2023 y dos en 2026), no ha sido el matador al que se le recordaba con admiración. Sino algo muy liviano, de poco fuste. Creemos que los retornos de los toreros que forman parte de la historia de la tauromaquia debería ser para decir algo nuevo, para ejercer maestría, para dar lecciones, para ser un verdadero referente. No es fácil, somos conscientes. De lo que hemos visto en toros sólo han alcanzado ese grado de excelencia —posiblemente porque se habían dejado algo en el camino por decir— dos matadores, Antoñete y Manolo Vázquez, que hicieron crujir con sus lecciones el toreo anodino de su tiempo, en los años ochenta del siglo pasado. La comparación está ahí. Fue una lástima ver ayer a
El Cid en Madrid sin ángel. En un regreso sin registro, sin sello, sin mostrar la maestría que verdaderamente posee. A su primer toro, brozno, tras unos pases de tanteo le toreó hacia atrás con la intención de consentirlo y meterlo en materia, pero la cosa no funcionó, es decir se empleó despegado y mecánico sin encontrar respuesta en el tosco astado. Lo mató de bajonazo en la suerte contraria. En su segundo que era un burel distraído y soso, recurrió a la misma técnica de torear por fuera por si el astado se daba por enterado y sólo consiguió más desentendimiento del animal. A un toro manso lo intentó matar de cuatro pinchazos en la suerte natural; finalmente lo liquidó de media estocada atravesada en la suerte contraria.


Si el término regreso corresponde a la vivencia de El Cid actual, la palabra «estancia» o «permanencia» le corresponde a la situación que rumia
Álvaro Lorenzo. Ahí está Lorenzo, en una zona de confort de pocos contratos, con una tauromaquia neo-moderna hasta el infinito. Muy despegado siempre ante los morlacos, quiso pasarlos, a ambos, con la diestra. No llegó ni a entenderlos ni a conectar con dos animales sosos, si bien manejables a su modo. Cierto que pecaban de embestir con la cara alta —como todos sus hermanos—. Pero la medicina, al menos para estar por encima de ellos, pasaba por mayores apreturas y exposición. Que Lorenzo no empleó. Mató al tercero de estocada caída en la suerte contraria. Y al quinto de estocada baja, tendida, en la misma suerte contraria.


Lo mejor de la tarde vino por parte de la actuación del torero novel que confirmaba alternativa,
Manuel Diosleguarde, que mostró deseos, ganas y se le vio con cierta frescura en su «llegada». Tuvo un lote de toros más propicio. A su primero, un cinqueño con cuajo, le recibió con verónicas decentes, también en el quite. Con la muleta, aunque toreó con cierta prisa, logró enjaretarle algún pase estimable. Dos naturales de mérito. Casi consiguió meter en la faena al ejemplar de La Quinta. La faena fue corta, todo un logro. Mató en la suerte natural de pinchazo tendido y de estocada. En el último toro de la tarde, vino lo más interesante, pues el burel sacó genio, se podría decir que casta y desarrolló dificultades, pues por el pitón izquierdo se vencía; por ese pitón Diosleguarde le aguantó con entereza, lo más valioso de toda su actuación. En redondo toreó algo despegado, en una labor que fue a más y demostró compromiso y mayor ajuste en los muletazos finales, dos de ellos meritorios. Mató en la suerte natural de un pinchazo hondo y tres descabellos.

 




 

ANDREW MOORE



 



 


 
 
 
FIN 

Domingo, 17 de Mayo

 


Maleza de alcorque

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos

 DOMINGO, 17 DE MAYO


En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:


-Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.


Mateo 28, 16-20

sábado, 16 de mayo de 2026

El monumento


Arquitecto Repullés


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


“No sólo se trata de tributar una acción de gracias al cielo por la milagrosa salvación de los Reyes, sino de consignar de manera permanente los nombres de las víctimas, señalando el sitio en que cayeron heridas, como se marca en el campo cuando ocurre una desgracia. A más de esto, que, a no dudar, el Ayuntamiento de una población católica y monárquica, Corte de los Reyes, verá con gusto, la Villa tendrá para su ornato un monumento más que, por sí y sus accesorios, embellecerá aquella parte de la misma necesitada de ello.” Es la explicación que daba Repullés, su arquitecto, sobre el Monumento Conmemorativo del 31 de Mayo de 1906, así llamado en gracia a la ninguna complicación que deben predominar siempre en todos los nombres que a diario han de correr de boca en boca. Pero al monumento los madrileños en seguida comenzaron a llamarlo “Monumento de la bomba” y “Monumento del Morral”. El monumento se levantó por iniciativa de egregias damas que tuvieron presente la exclamación de una de las víctimas, cuando, moribundo, dijo a la dama que lo consolaba: “¡Señora!, si cuando se comete un asesinato en el campo se marca el sitio con una cruz para pedir a los caminantes recuerdo y oraciones, ¿no se hará lo mismo ahora con nosotros?” Repullés procuró traducir los sentimientos de las señoras iniciadoras con los afectos de gratitud a Nuestra Señora del Amor Hermoso y de recuerdo a las víctimas pertenecientes a tres clases sociales: aristocracia, ejército y pueblo. El monumento recibió críticas feroces: “La composición es ramplona; está al alcance de un oficial de confitería. Es un reflejo del falso arte francés de pacotilla usado por el jesuitismo universal que hace exclamar a las devotas elegantes ¡qué lindo! ¡qué bonito! ¡qué distinguido! Si la ejecución es antiartística, la filosofía es una equivocación. Creen sus iniciadores que el monumento hace recordar a las víctimas... No han previsto que perpetuaban también el crimen y el recuerdo del criminal.” Todas estas cosas, en fin, vienen dadas en un rico folleto con que Casa Ciriaco, desde cuyo tercer piso actuó hace cien años Morral, obsequia a sus comensales en estas fechas de centenario y madrileñismo. 

San Isidro'26. Hubo toros para el clasicismo de Urdiales, la verdad de Fortes y el triunfalismo de Adrián. Campos & Moore

 

 
 

PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 15 de mayo de 2026. Séptimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de El Torero (de procedencia directa de Juan Pedro Domecq). Bien presentados, cinqueños, notables de cabezas, nobles; cumplieron en el caballo aunque sin pelear a lo grande, salieron sueltos de la mayoría de las varas a excepción del primero muy castigado en sus dos citas con Manuel Quinta, el sexto derribó en su primera vara empujando, en la segunda se repuchó; la mejor virtud de la corrida fue la movilidad, la peor la falta de fuerzas. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral fría. 

Terna: Diego Urdiales, de Arnedo (La Rioja); de verde hoja y oro, con cabos blancos; veintiséis años de alternativa; nueve festejos en 2025; silencio y ovación. Fortes, de Málaga, de rubí y azabache; catorce años de alternativa; veintiún festejos en 2025; saludos y oreja. Fernando Adrián, de Madrid, de lila y plata; doce años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; oreja sin petición y muy protesta tras un aviso y oreja tras un aviso.

Suerte de varas. A excepción del primer toro —al que se le dio cera— la corrida fue cuidada en el caballo. Los toros cumplieron sin salirse de madre. Elegimos como ejemplo de la pelea media habida y del empleo de la pica, la labor de Pedro Iturralde en el tercer toro, un bello ejemplar berrendo en negro que desarrolló nobleza y bondades en la muleta. En la primera vara no fue puesto convenientemente al caballo, la pica cayó detrás de la cruz, algo caída, el toro se repucha. En la segunda vara sí fue puesto con ortodoxia al caballo, la vara cayó algo trasera y el toro salió suelto. Iturralde no le castigó, ni barrenó. A este toro en la lidia, al ser puesto en suerte en el tercer par, Curro Javier le toreó con el capote de manera primorosa en un lance largo y templado mostrándole al matador las posibilidades del astado.

 

Uno en la vida intenta ser trapero del tiempo e ir aprovechando todos los minutos que las fases de cada jornada deparan. Ayer, en el día del patrón de Madrid, el mejor medio para llegar a la plaza de los toros de Las Ventas era el metro. En un tramo del trayecto fui sentado y leyendo, tenía entre mis manos el libro de Vicente Zabala (padre), Hablan los viejos colosos del toreo (1976), y en la entrevista final que realiza —el que fuera insigne crítico— al matador de toros Antonio Bienvenida, a quien se le llegó a denominar «torero de Madrid», contestaba Bienvenida a la pregunta sobre la posible fidelidad a un estilo de torear del siguiente modo: «No sabes lo difícil que es torear con sosiego y sin violencia, con orden, haciendo las cosas a su tiempo, buscando la armonía, creando belleza para que llegue a espíritus sensibles y mentes inteligentes». Leído; y visto posteriormente en la figura de
Diego Urdiales que en la corrida del día de San Isidro, de este frío mes de mayo, quiso mostrarnos lo que es el clasicismo. Hay que adelantar que, de inicio, no quiso ver a su primer enemigo de El Torero, de nombre «Buscón»; si bien intentó resarcirse a continuación, del desaguisado que le preparó a ese su primer toro de nombre quevedesco —al que aniquiló en varas—, al medirse después a su segundo astado de nombre «Batallador», castaño listón albardado, bello y feble animal. A este toro acarnerado Urdiales salió totalmente decidido a torearle.

 

 Lo cuidó sobremanera en la lidia marcándole al picador Luciano Briceño las formas y los tiempos tras ponerlo él mismo en suerte —aún así Briceño, siguiendo esa genética de todo picador de aminorar las fuerzas de cualquiera astado, en la primera vara en la cruz le aplicó dos metisacas, y fue abroncado por Urdiales e inmediatamente corregido; en la segunda vara, también depositada en la cruz, Briceño se ciñó a un picotazo—; la lidia siguió con máximos cuidados en banderillas, previamente hubo un quite a la verónica del maestro de Arnedo de sabor clásico sin que llegara a redondear nada. Las pausas, el ritmo, los terrenos estaban siendo atendidos por el matador. Por su condición de manso —de las dos varas salió suelto— y sin fuerzas, la faena se decidió en el tercio del tendido seis, para que el toro empujara al límite de su capacidad. Un inicio de faena breve en el que destacó un pase de la firma seco, después suaves redondos con un sublime trincherazo, acto seguido el toreo al natural donde llegó lo mejor, a cuentagotas, tres naturales largos y templados, a la altura adecuada, el torero perfectamente colocado, cruzado, a la distancia justa, dos naturales más y otro pase de la firma; el toro cambia, pues estaba en el «limes» de su escaso poderío, y en uno de los naturales de mano baja se cae; en los últimos muletazos con la derecha iba corto, un gran cambio de mano, la faena estaba en su confín. Una magnífica estocada —aunque sin aguantar el estoqueador todo el tramo de la suerte— finiquitó al astado que había sido lidiado y toreado bajo las normas del viejo clasicismo. Un gusto. Un ejemplo.


El segundo torero destacado de la tarde fue
Fortes, aunque bajo otros parámetros que podríamos denominar de la sinceridad, del deseo, de la afición y del compromiso. De igual modo que Urdiales, Fortes no estuvo demasiado bien con su primer astado, pues a un toro que había que saber tocarle las teclas adecuadas para ahormarle —el toro protestaba o rebuscaba— le planteó la faena de perfil —una característica y una rémora en el toreo de Fortes—. Esta faena se basó en la mano derecha y desde el inicio no se resolvieron los problemas. Sin tocar la mano izquierda lo mató en la suerte natural de una estocada caída tendida. El toro le había atropellado en dos fases y recibió una cornada de la que se sobrepuso. En su segundo toro la cosa cambió. La faena fue planteada en el tendido nueve, en la segunda raya; ahí se sucedieron momentos excelsos y situaciones de desacople. Si nos vamos a lo excelso, que es lo que queda en el recuerdo, no podemos olvidar un primer pase ayudado que continuó en forma de toreo al natural muy templado, largo, bello, eterno y sentido, y que caló en el cotarro. A medida que avanzó la faena los naturales fueron excepcionales, de enorme belleza; a ello le sucedía, en ocasiones, el desajuste. Le sucedieron dos naturales de frente con ritmo. Seguidamente un ayudado a compás, y un kikirikí sublime. Verdad y torería, y —ahora— sin estar perfilado. Mató en la suerte natural de estocada baja.


Por último, debemos hablar de
Fernando Adrián como una apuesta del más denodado triunfalismo. Si la empresa fuera inteligente todas las tardes debería contratar a Fernando Adrián, una especie de garantía del más intrépido optimismo orejero. Adrián es la máxima garantía del corte de orejas y de las salidas por la puerta grande. Pero los empresarios le ponen poco. Es una lástima. Adrián parece llegado de un viaje a través del tiempo, como representante de aquel triunfalismo incansable del lustro 1966-1971 en la plaza de Las Ventas (cuando, principalmente, El Cordobés, y toda esa época), donde en cinco años hubo noventa y una salidas por la Puerta Grande en Madrid. Sólo Adrián desde 2023 suma cuatro puertas grandes. De haber toreado más haciendo pareja con Talavante el número de puertas grandes en Madrid serían elevadísimas. Para llegar a esas noventa y una de aquel consagrado lustro todavía faltan unas cuantas. Hay que contratar a Adrián. También a Talavante. Adrián en su primer toro —excelente— estuvo ligero, veloz, despegado, en redondo y al natural ¡qué importa!. Dio espaldinas (muleta sacada por la espalda). Todo sea por la oreja que consiguió sin haber petición, ya que el presidente se sumó al triunfalismo. En su segundo toro —boyante e incansable— volvieron las prisas y las afueras, en redondos y en naturales, con más espaldinas y pases de pecho ligados que enardecieron al tendido cinco. El tendido Adrián. Mató de estocada en la suerte contraria. El toro tardó en doblar. Adrián cosechó en total, dos avisos, dos orejas —una de ellas regalada— y la salida por la puerta grande.

 


 

ANDREW MOORE

 



 


 



 

 
 
 

 
 
Fernando Adrián, el Puertas 
 
 
FIN

Sábado, 16 de Mayo

 


Esteban y el toro

viernes, 15 de mayo de 2026

San Isidro en Glasgow

 

Abc, 15 de Mayo de 2002


Ignacio Ruiz Quintano

Abc

 

Mayo y Madrid, toros y goles. La tauromaquia: moralmente, indefendible; artísticamente, inatacable. Y el fútbol: moralmente, inatacable; artísticamente, indefendible. ¿Dónde están los tapices goyescos sobre la matanza del córner o los romances lorquianos sobre la medialuna del área? El «fútbol pasión» que venden el As y el Marca es tan anacrónico como el «amor pasión» que vendía Sthendal. Porque el fútbol, lo mismo que el amor, comienza siendo una pasión que termina convirtiéndose en una técnica, tal que la del Madrid para coleccionar Copas de Europa.

Como mito ejemplarista, Zidane hace hoy las veces de Don Juan. Zidane, igual que Don Juan, vale más si sabe que lo miran. Y a Zidane lo miramos todos porque, para el mirón que todos llevamos dentro, el fútbol es la manera más sencilla de proporcionarse una emoción por cuenta ajena. ¿Cómo evadirse esta noche del partido de Glasgow? El Madrid se juega la novena Copa de Europa, que es un número espléndido: en Oriente, la magnificencia se expresa con nueve regalos.

De lejos, esos alemanes del Bayer parecen fuertes y veloces. «Energía igual a masa multiplicada por la velocidad de la luz.» Con esa fórmula diabólica fue posible descrear al mundo —destejer al Universo como un cestillo de gitanos, que decía Foxá—, y es natural que a Del Bosque se le ponga cara de abominable hombre de los lunes de tanto cavilar para contrarrestarla. Sus dudas deben de ser terribles. ¿Rombo o doble pivote? ¿Guti o Morientes? Morientes es grande. Guti es pequeño. Los pequeños, más ligeros, son mejores para centrocampistas. Los grandes, más estatuarios, son mejores para maridos. Etcétera.

La grandeza del fútbol consiste en pagar por un espectáculo sin saber los nombres de los actores. Esto, que en los toros —y no digamos en el cabaret— constituiría un motivo muy serio de alteración del orden público, produce en el fútbol un aura de expectación suprema de que se valen los entrenadores para procurarse los seis elementos dramáticos que se requieren para la eclosión de una importancia. Y no es señalar al entrenador del Madrid, que ya la tiene: pasarán diez años, y la posteridad recordará a aquel señor tan modesto que convirtió a Casillas en el suplente de un César algo Borgia, por el veneno de los balones que le caen. Sea el detalle castizo que ayude a recrear en el Hampden Park la romería de San Isidro. ¡San Isidro en Glasgow!

Romeros de Madrid y boticarios de Leverkusen. La anarquía y el individualismo meridionalrd frente a la disciplina y la cohesión septentrionales. El plan merece un himno, pero, como no lo tenemos, habrá que desahogarse con un chotis, que, miren por dónde, es escocés. También dicen que Aznar ya ha puesto en marcha a sus rapsodas. No sé. El último que se ocupó del asunto fue Franco, que dijo a Pemán: «Usted, Pemán, que hace versos, ¿por qué no le hace una letra a la Marcha Real?»

Habíamos tenido a un almirante de maniobras en el Japón que el día de la despedida, a la hora de los brindis, no tuvo más remedio que arremeter con el «Corazón Santo / Tú reinarás». Franco no quería exponerse a más improvisaciones, y Pemán le sirvió la composición que concluye: «Gloria a la Patria / que supo seguir / sobre el azul del mar / el caminar del sol.» Este tamborileo de acentos agudos —seguir, azul, mar, caminar, sol— siempre le pareció a Pemán un hallazgo, pero no se logró que lo cantaran más que unas cuantas escuelas primarias.

Ahíto de copas y ayuno de himnos, el español, al final, sólo es un hombre perplejo: el murguista que toca por su cuenta porque en lo más serio de la sonata pierde el compás.

 

  

Montes


Juan de la Cruz


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


A solicitud de unas monjas, San Juan de la Cruz dibujó en un papel los caminos para llegar al monte de la perfección, que no es el magisterio del doctor Montes, como cree la izquierda madrileña y su Laica Cofradía de Progreso de los Tontos del Condón Africano. San Juan pintó a un lado un camino ancho y cómodo, pero que pierde su destino como el túnel catalán del Carmelo: el camino del espíritu extraviado. Al otro lado, uno que llega a la cima, pero con rodeos peligrosos y descansillos solicitados por flores y árboles de sombra: el camino del espíritu imperfecto. Y en el centro, estrecho, un senderillo de cabras, empinado, pero derecho, derecho hasta la cumbre. Es el “camino de la perfección”. El camino por el que San Juan quería llevar a las almas que él dirigía. Claro que, ¿cómo salir de este valle de lágrimas? “Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tus palabras, porque han visto mis ojos tu salud...” He aquí, según hemos sabido por los periódicos de estos días, las primeras palabras del canto del viejo Simeón, sobre quien tantos editoriales llevamos leídos. ¡Irse en paz! Precisamente esas “ansias infinitas de paz” son las que animan a la izquierda madrileña a proporcionarla a quienes a la edad del piadoso Simeón se dejen caer por sus servicios de urgencias con un proyecto de abandonar la vida poco claro: allí, al pobre Simeón le cantarán las diez de últimas –por ejemplo, las diez últimas ocurrencias progresistas de Carlos Fuentes sobre el Quijote– y se le convidará a contemplar la muerte “sub specie aeternitatis”, como los antiguos metafísicos contemplaban la vida. Los humoristas de progreso ya han reclamado para sí el mismo matarile que tuvo Copito de Nieve. ¡Ah! Y, junto al lecho, una Ramona samaritana o un entrenador de boxeo viejo (no sé yo si Sánchez Atocha estará lo bastante cascajoso). Si unos enanos y unos jorobados bastaron a Velázquez para algunos de sus cuadros, cualquier farsa bastará a un progre para organizar en Madrid un entierro de Sendero Luminoso: ya saben, esa luz al final del túnel que sale en los libros de la vida después de la muerte. 

San Isidro'26. Insufrible encierro juampedrero de Vellosino para los insufribles Castella, Luque y Miranda. El toreo en uve. Campos & Moore



PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Jueves, 14 de mayo de 2026. Sexto festejo de la Feria de San Isidro. Insufrible encierro de toros de Vellosino (ganadería remendona) de origen Domecq. Vellosino sustituyó a El Parralejo, ganadería contratada en primera instancia para el festejo. Con el cambio —se supone que del gusto de los toreros— la corrida se hundió. Lleno. Tarde primaveral fresca.


Toros de Vellosino (de procedencia Juan Pedro Domecq), cinqueños, flojos y mansos, discretos de trapío los tres primeros; el primero inválido; el segundo sin fuelle y descastado; el tercero muy descastado; el cuarto, alto y feo, lució crotales, le salvaban los pitones buidos; quinto y sexto, altos y largos; el quinto el mejor presentado y el sexto acucharado, sin un ápice de fuerza. Todos los astados fueron nobles desrazados en la línea del toro artista. 


Terna: Sebastián Castella, de Béziers (Francia); de coral y oro, con cabos blancos; veinticinco años de alternativa; cuarenta y ocho festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio. Daniel Luque, de Gerena (Sevilla), de lila y plata; diecinueve años de alternativa; treinta y tres festejos en 2025; algunas palmas tras un aviso y saludos tras un aviso. David de Miranda, de Trigueros (Huelva), de teja y oro, con cabos blancos; nueve años de alternativa; veintitrés festejos en 2025; silencio tras dos avisos y silencio.


Suerte de varas. No se castigaron mucho a los toros, que no lo necesitaban. Se picó como casi siempre trasero y caído, salvo excepciones. Elegimos como ejemplo de un tercio menos errático las varas al quinto toro, el animal que más posibilidades desarrolló en la muleta. Fue picado por Javier García «Jabato». En la primera vara, el toro entró al caballo al relance, fue situada la pica detrás de la cruz pero caída, el astado empujó, movió al caballo sin hacer pelea, salió al capote. La segunda vara también detrás de la cruz, sin estar cuidada su entrada, el astado no empuja y sale suelto.


En la vida el tiempo pasa y no nos damos cuenta. En los toros —metáfora de la vida— sucede lo mismo. Y de ayer a hoy, si te he visto no me acuerdo. La memoria es la capacidad más frágil que Dios ha otorgado al humano. De la mala memoria de la humanidad viven los gobiernos, y de la escasa memoria de los aficionados a los toros sacan provecho y gobierno los gestores de la tauromaquia. El miércoles pudimos presenciar una corrida de toros seria de la ganadería de Partido de Resina —antes Pablo Romero—, por su presentación, belleza de lámina, trapío, comportamiento indómito y pitones, que daban miedo. Por ahí empezaron los problemas de los matadores de toros de anteayer (con los Pablo Romero), pues se enfrentaron a unos pitones que punzaban la vista y daban que pensar, sin redondeces en sus puntas. Ayer, los toros de Vellosino tenían pitones, sí; si bien ya no producían sobresalto, ni pavor. ¿Y cómo es esto? Aparentemente eran astifinos, aunque no lo representaban. Puede que fuera porque no había peligro en estos toros, representantes del toro artista que ha quedado en toro noble y desrazado —flojo y obediente, sin empuje—. Todo un dilema al que el aficionado a los toros se enfrenta cada vez que aparecen toros en el ruedo de origen Domecq. Cierto es que no todas las ganaderías de esa procedencia han derivado en la bobería o en el simulacro del toro de carril. Aunque sí la mayoría de ellas. Merece la pena que ahondemos en lo expuesto y que hagamos un balance sobre las cabezas de los toros de ambas corridas: de las cuernas del ganado de ayer, comparadas con las de anteayer. Los toros de Vellosino eran un escaparate de perchas que daba la impresión de que si suspendíamos allí nuestro sobretodo no iba a ser agujereado, sino que colgaría con ligereza y arte. Ahora bien, si ese perchero correspondiera al de las testas de los Pablo Romero del miércoles, ya no habría garantía de que cualquier prenda colgada allí no fuera agujereada irremisiblemente, rajada y desguazada. En definitiva, como dijera Cantinflas, ¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario.


Los tres matadores de la terna de ayer difícilmente hubieran podido torear a los toros de Pablo Romero del miércoles como torearon ayer a los de Vellosino. Los toros de Pablo Romero no hubieran admitido el jarabe de pases que tomaron los astados de Vellosino. Los Vellosino (dinastía Domecq) recibieron una pócima de pases evolucionada correspondiente al toreo más moderno, aquél que consiste en torear —por parte del matador— con la muleta retrasada y formando una uve, que es lo que ve el toro según se le muestra la franela —o enorme pañosa con pico—, acto seguido el toro entra al cite del matador y es desplazado hacia las afueras, con el borde de esa grande tela, hacia las lejanías, para después tras ser desplazado volver a ser recogido en una nueva uve, que nunca llega a abrirse del todo porque el pase no dispone de remate, sin solución de continuidad, hasta que el matador decide dar el pase de pecho, no obligado, sino continuado y doblemente sellado. La tauromaquia en uve se perfila más y mejor en el toreo en redondo, y se diluye algo en el toreo al natural, porque entonces la uve se transforma en un telón que despide al toro y que le simula una conducción hacia la izquierda y sus afueras, con su pase de pecho. ¡Cómo no! De esta tauromaquia en uve falta un tratado. Si nos fijamos en cómo torean los dos toreros más veteranos de ayer y lo pasamos por escrito quedaría establecido el principio de dicho ensayo.

 

Pasemos a ello. Sebastián Castella toma a los toros más en corto y despliega una uve ligera, de corto recorrido, con ritmo, y resuelve que esa uve rodee su figura una y otra vez, siempre sin rematar los pases, pues le gusta mantenerse en una eterna uve. En un momento determinado la traza en sentido contrario, de manera invertida, por detrás, por la espalda, con sucesivos lances, para dejar finalmente al toro sumido en su bragueta. Es una tauromaquia en uve prestidigitadora, de toreo hacia atrás, perdiendo terreno y magnetizando al toro artista de procedencia Domecq. Por su parte, Daniel Luque emplea una uve poderosa, de trazo grueso, a veces, demasiado; es como si empleara rotulador, tomados de un mazo de rotuladores Made in China. Le ayuda a emplearse en esas rayas en uve que su propia figura es sólida. Afirma los pies en la arena, con el de la pierna de salida siempre hacia atrás, con mucha firmeza. El muletazo le sale subrayado hacia las afueras, con poderío, para después recoger al toro de manera poderosa, una y otra vez, en muchos pases, uno y el siguiente, sin rematar, hasta los pases de pecho finales. Luque da algo más de distancia al toro que Castella, pero puede torear en la misma cercanía que éste, y de manera invertida también por detrás y sin fin. Por su parte David de Miranda es todavía un aprendiz, y no sabemos si está en la asimilación de la tauromaquia de su apoderado Enrique Ponce, que consiste en descargar la suerte de manera permanente, menos en el primer pase —una contribución de Ponce a la tratadística taurina y recogida en video, al cual remitimos para poder hacernos una idea del futuro de Miranda—.


Ante los de Vellosino ayer, Sebastián Castella, toreó hacia atrás, con la muleta retrasada, despegado, tirando de pico y excediéndose en el metraje de la segunda de las faenas. Mató al primero de media, delantera, atravesada y perpendicular. Y a su segundo a la tercera, en el rincón, atravesada y delantera. Daniel Luque, toreó con esa tauromaquia suya que hemos descrito, por fuera, de perfil. En el quinto ligando esos pases. Mató de dos estocadas, al segundo toro, atravesada. David de Miranda, estuvo toda la tarde despegado, acumuló numerosos enganchones, y al final del sexto se centró en el toreo de perfil y de muleta retrasada. Mató de dos bajonazos.



Se recomienda «uve» como nombre de la letra que aparece en primer lugar en «verano» o «vacaciones», pero también se la llama «ve», «ve corta», «ve chica», «ve chiquita», «ve pequeña» o «ve baja» (RAE)


ANDREW MOORE


















FIN