jueves, 5 de noviembre de 2026

Tebidiario. La Tinaja




¿Cómo se siente uno?










Triste, solitario y final

Fetichistas



James Harrington

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La casualidad, que es la décima musa, nos lleva a escribir en martes y trece del 14 de abril, Día del Santo Fetiche, por el advenimiento (que no conquista) de la segunda República.


    –Anda, paga tú, que hoy es tu santo y cumpleaños –dijo Curro Fetén, genial crítico taurino, a un gafe que se le pegó en el bar un martes y trece.
    

Los más fetichistas de aquella República liberal (no democrática, por su dependencia de la forma parlamentaria de gobierno) son quienes se la llevaron por delante, socialistas y comunistas.


    –Désenos cierto número de hombres, sean veinte, e inmediatamente haremos una república –escribe Harrington, el ideólogo del republicanismo inglés que en Roma se negó a besar los pies del Papa.
    

Como república deliberativa, su “Oceana” (Inglaterra) sería una aristocracia natural (inteligentes y virtuosos al mando), y lo explica: veinte hombres (si no son todos idiotas y quizás aunque lo fueren) nunca pueden hallarse juntos sin que haya cierta diferencia entre ellos, de modo que una tercera parte sean más listos, o menos necios que los demás; estos, por el mutuo conocimiento, se destacarán, y como los ciervos que tienen mayores astas, guiarán al rebaño. ¡La aristocracia natural!
    

Nuestros carneros izquierdistas creen que la república viene de la guillotina, pues ignoran que al caer en el cesto la cabeza del rey la chusma no grita “¡Viva la república!”; grita “¡Viva la nación!”


    Y la República americana degeneró, por corrupción, en una oligarquía que hoy, según Lee Smith, ve su relación con China como un escudo y una espada contra sus propios compatriotas: como los Treinta Tiranos de Atenas, los nuevos oligarcas desprecian el sistema político.
    

–A la oligarquía la llamamos república y Augusto llamó república a la monarquía –tercia Curtis Yarvin, tildado de jacobita porque, nostálgico de Augusto, de Isabel I y de Luis XIV, ve en una monarquía humeana “el único escape concebible del espectáculo de mierda total que estamos condenados a habitar para siempre”.


[Miércoles, 14 de Abril ]

Hughes. AEK, 2-Real Madrid, 3. Sólo falta Vinicius

 
 @realmadrid
 

Hughes

Pura Golosina Deportiva


 
“The original queen is AEK”, con esta declaración tan extraña en el fútbol (somos las reinas), el Madrid era recibido en otro infierno griego.

Minuto de silencio emocionante en memoria de Jesús de Miguel. Morir en un contraataque ...

Mou asomaba en la banda, cada vez más él. A Mou le está rejuveneciendo el Madrid, al contrario de lo que suele pasar.

El Madrid rotaba, pero de verdad: los centrales, Valverde, Güler y Tchouaméni fuera del once, que dependía de Camavinga en la cimentación y Bernardo en la construcción. El partido, no es de extrañar, nació descontrolado, un poco de culo, y ya muy pronto tuvo Courtois que hacer un paradón.

La intensidad del AEK era muy seria. A veces como madridista sorprende la energía que genera el Real Madrid. Es una renovable en sí mismo.

Diomandé estaba en la derecha y Vinicius en la izquierda. Las comparaciones iban a ser odiosas.

Ya pronto, en el minuto 11, marcó el AEK con golazo de Koita. Una diablura de extremo sobre el nido del Cucu. Yo creo que el 90% del madridismo se dedicó a buscar a Vinicius en la repetición. ¿Estaba ayudando? No.

El Madrid estaba blandito, perezoso, sin entrar del todo en faena, como con medio cuerpo fuera de la ducha, demorando el chorro helador.

Esta sensación de sí y no se remataba con las apariciones individualistas de Mbappé, enredado en la falta de espacios.

En el 18, Courtois ya le paró otra a Jovic, un jugador del que aun hoy cuesta saber qué fue, y probablemente qué sea. ¿Le llegó a pitar el Bernabéu? Tanta frialdad no dejó ni recuerdos. Jovic ha prosperado en Grecia, vecina balcánica. N se puede ir muy lejos.

Le hubiera gustado montar el lío por esas tierras a Güler, pero no estaba. Su labor creativa se añoraba pero fue sustituida por el acarreo como de cartero de Bernardo Silva y luego por la aparición de Bellingham.

El peligroso del AEK era Gacinovic, que por fortuna se fue apagando como un mecherito de esos de publicidad (”Talleres Eusebio”) que daban antes.

El Madrid apareció en ataque con un centro de Diomandé a Kilian. El equipo no estaba aun puesto en el sitio. Parte de la culpa era de Camavinga, excesivamente volandero, pero esto mejoró y Camavinga acabó haciendo un gran partido. Podría decirse que hasta un partido extraordinario, difícil de ver en otros mediocampistas. La energía de ese jugador es asombrosa. El proyecto de encauzamiento de su juego es una obra ingenieril y psicológica de primera magnitud que va a intentar Mourinho.

Un poco antes de la media hora el Madrid ya estaba en el partido. Presión activada, encajonamiento del rival y un lento atornillamiento que daba sus frutos: chut de Vinicius, gol en offside de Bellingham y, en el 31, el 1-1, taconazo del antedicho tras buen pase de Cucu. La jugada había nacido en una gran salida del juego de Rudiger, que a la vez alejó el peligro y creó un contragolpe. Bueno era el inicio que permitió al Madrid, ya hecho o formado, proyectarse en un espacio y mejor fue la finalización, un taconazo de medio lado de Bellingham, con una finura absoluta, en la estela zidanesca que ha emprendido. Llevó con una bella rotación la pelota al otro palo y su cuerpo no perdió nunca la compostura.


El gol hizo eclosionar (una palabra así merece), un fútbol supremo del inglés. Le pedían que se hundiera en los pivotes, error impaciente que cometemos, pero con el gol, en el área, de llegador, creció como mediapunta, como si la ausencia de Güler le redimensionara. Esto está pasando y va a pasar en el Madrid. Bellingham se agigantó.

Su fútbol era esforzado, humilde, indiscriminado, versátil; dirigía, pasaba, controlaba y todo lo hacía con una elegancia aun mayor. En Atenas Bellingham parecía un dios griego, un David o un Apolo de clasicismo conmovedor. Se hacía importante y a la vez se hacía hermoso, una envergadura erguida que se afina piernas abajo.

Ya sabemos que Bellingham es una navaja suiza y marcó, pasó, robó y también distribuyó, y la creación de fútbol se repartió entre los centrocampistas, casi de forma alícuota. Camavinga llevó mucha pelota y dirigió a su modo al equipo. Bernardo hacía diagonales de cartero que no se equivoca de buzón, Camavinga era verticalizador y Bellingham, una vez en la corona, buscaba a las bandas, como en un pase exterior que le dio a Dumfries y que en la retransmisión despertó un gemido de placer de Valdano. Exteriores se pegan bastantes, pero el de Bellingham era diferente. ¿No dejaba un pequeño vacío en el pecho, como de forma que queremos apresar y no se deja, un anhelo melancólico pequeñísimo y a la vez una ligera euforia? Queríamos ver más.

La centralidad de Bellingham, decisión de Mourinho, está devolviendo al Madrid a la belleza, una belleza difícil porque ha de labrarla el propio Bellingham en su mole muscular, en su juego de fuerza, inglés, generoso y noble...

Brillaban ahí él, Camavinga y Cucurella, y por esos andurriales penaba Vinicius, pues un poquito alma en pena se nos ha quedado. Jugador sin ego, quizás esto sea la forma de integrarlo de nuevo en lo colectivo. Vinicius ya no es un problema. Su presencia ya no se siente como un duelo de divas con Mbappé. Puede estar mal, pero ya no es un pavo real o un gallo dibujando a picotazo su territorio.

El AEK se había deprimido. Los cánticos ya eran un mantra desapasionado.

El Madrid había entrado en calor con el gol pero también con la presión. Diomandé era un Camavinga bis y hasta quisimos ver a Vini presionar.

No tenía la noche Mbappé, que repetía sin éxito el salto de la rana.

Dumfries llegaba por su banda y en un par de ocasiones convocó al remate a Vinicius, que fue capaz de cruzarse el área para ello. Esto se celebra como cuando un deprimido abandona la cama y es capaz de cruzar el pasillo para ir a la cocina. Vini preocupa y da un poco de pena. Para algunas tribus africanas, las máscaras son el alma de otra persona. Ponerse una máscara es migrar de identidad y Vinicius cambió la expresión de su cara. Ese chico no se encuentra en el espejo.

El Madrid, que había empezado flojo, acababa la primera parte dominador.

Un reto del equipo era que las parejas, las sociedades valdanistas cuajaran. Dumfries y Diomandé tenían que congeniar (con Dumfries no es fácil), también Bernardo y Camavinga.

Camavinga parecía más inspirado en el primer toque. No controla y toca y vuelve a tocar. En el mismo toque la pisa y la devuelve al juego. Sus primeros controles eran buenos. Sonará exagerado, pero el partido de Camavinga quizás fuera la mayor noticia del partido. Hay que ver sus números, sus kilómetros, la cantidad de subidas y bajadas que hizo...

Bellingham estatuario, Camavinga incansable, como un perro genial que persiguiera el frisbi y, al llegar a tenerlo, se lo volviera a lanzar él mismo... y el tercer portento era Diomandé que penetraba en la banda con un surtido de regates zigzaguante. Encara al rival, traza una diagonal, corrige y cambia de sentido, entonces amaga, hace el contra-amago, y cuando va a salir, se gira, da media vuelta, y vuelta a empezar... en cada lance dibuja algo, una firma endiablada hecha de varias trayectorias...

Y volvía a brillar en la defensa. En alguna jugada le comía el lateral a Dumfries. Sucede que el lateral a veces se meta donde el extremo y le quite espacio, lo que no es tan habitual es que el extremo desplace del sitio al lateral.

Pero en el 51, ay, el Madrid se rompió. Era importante ese instante y Mou salía del banquillo.

Era un hito del partido, al que siguió otro: A Mbappé, por fin, le salía un arriquitaun y su pase posterior lo remató, con mucho peligro, Cucu.

Vinicius se quiso arrancar, pero a primeras del slalom se dejó la pelota. Si eso hubiera sido el Bernabéu, ya le habría caído una pitada wagneriana.

Los extranjeros del AEK, de gran diversidad, le protestaban al árbitro haciendo el mismo gesto grecolatino.

Cucurella hacía otro partidazo. Bueno en ataque y correoso en defensa, pesadísimo para el rival. Defensivamente, Cucu parece la tercera cuñada de Homer.

El juego fluctuaba un poco demasiado. El AEK había caído físicamente, pero con los cambios cogía oxígeno justo cuando el Madrid empezaba a resentirse. La forma de resentirse la conocemos: se alargaba.

Necesitaba cambios el Madrid y entraron Endrick y Valverde. Acierto pleno. Aportaron energía suficiente, aunque el juego no se recuperó del todo, no se cohesionó. Fue un partido resuelto en modalidad de correcalles.

Vinicius, por fin, se fue de alguien, igual que de Walker la noche del City.

El Madrid ya tenía piernas y potencia, pero nunca juntó del todo al equipo. El balance defensivo era malo y así llegó el 2-1 (Pilo): de tenerla Mbappé en el área ajena se pasó al gol en la propia.

El fantasma de la derrota ya se paseaba como la chica guapa que anuncia el round en el boxeo cuando el Madrid empató. Bellingham lanza a Dumfries, que se la pone a Mbappé, llegando como en Barcelona, para rematar. A Mbappé el minimalismo le sienta bien.

Justo antes, Mou iba a sacar a Espí, pero se lo guardó. Tenía a Endrick, que empezó a trabajarse la banda. Su efecto a esas alturas de partido es devastador. La defensa que no estaba rota la termina de romper. Las revienta.

Como la derecha ya era un cañón, Mourinho cambió la otra: Carreras y Brahim, y un poco después Espí, demorado.

Endrick rompía por fuera, chutaba por dentro, sacaba los corners y pasaba “al espacio” de Mbappé, que tiró al larguero.

Mourinho le ha encontrado el sitio a Endrick, Pero eso ya lo tenía, Mou le ha encontrado el momento. Entrará a los 70 minutos para saltar todo por los aires.

Tiene recursos Mourinho, que entre desmontar a los neogalácticos y la ultima ratio de Espí, encuentra el intermedio de Brahim, el acelerador, y Endrick, el reventador de partículas.

Era una asedio el Madrid. Presionaban como leones; acogotados los otros, Y así se repitió el guion de Roma (objetivar el azar, domar lo extraordinario). En el descuento, Valverde robó al borde del área y tardó nanosegundos en armar el disparo. Le pegó como si le diera una leche a alguien. Un ímpetu violento, un arrebato. Ese es su estilo, ya le vamos conociendo. El balón, por supuesto, cogió una pequeña trayectoria alevosa y cuando llegó a las gradas, la enaguas de la reina de Europa, Endrick ya derribaba, abraza y besaba a Valverde. Se tendrán que conocer. Podrían ser la banda derecha en la próxima rotación, que ya no son rotaciones sino combinatorias felices de Mourinho.

 

@realmadrid 

Jueves, 5 de Noviembre


Si hacemos estas cosas, Madrid nunca estará a la altura de París o Roma, ni siquiera a la de Barcelona.

[Totalmente, el añadido de arriba es un pegote de mal gusto]


 

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Pasó por la vida como una tormenta

 
 Tebi
 
10/07/2011- 04/11/2026 
 
 
 
[Hound Dog. Canción con que lo habrá recibido su amigo Trico en el Cielo de los Perros] 

La araña


Lady Hale


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si en Londres salió la juez Hale (“remainer”) a leer el papel del Brexit con una araña en la solapa, en Madrid podía haber salido el juez Requero (pepero) a leer el supremo aval de Franco con un cuervo al hombro.

    
En consideración a los ciudadanos que todavía levantan una ceja ante las decisiones de los jueces diremos que la cosa judicial no es un poder (afortunadamente); es una autoridad, en el mejor de los casos; y siempre una rama del mando. En Inglaterra, Monarquía parlamentaria, el mando está en el Parlamento, y en España, Estado de partidos, el mando está en el consenso. A Franco no lo saca (¿habrá “ejecución póstuma”, como con Cromwell?) Sánchez; a Franco lo saca el consenso.

    
En el puesto de Lady Hale, sólo un juez sacó los pies del tiesto, Coke, inmortal por decir (¡cuando el mando estaba en la Corona!) aquello de que “el Common law protege al Rey”, contra lo cual se revolvió como una hidra Jacobo Estuardo, gritando:

   
 –¡Esta afirmación constituye traición: el Rey protege al Derecho, no el Derecho al Rey!

    
Coke se desmayó, pero entró en la Historia.


    De Lady Hale se habla porque lleva una araña en la solapa. No es mal comienzo, si tenemos en cuenta que la justicia es, básicamente, literatura. La araña teje y los fabulistas “textan”: ahí está la tertulia de la araña y la abeja que monta Swift en la biblioteca de Saint James en Londres. Barthes recuerda que “texto” procede de “textus”, participio pasivo de “texo” (tejer): le fascina la hipótesis freudiana de que las mujeres aprendieron a tejer al cruzar los pelos del pubis para hacer con ellos un pene fetiche.


    ¿Y el cuervo? A mí me gusta por Poe, que lo convirtió en el “icono emblemático” de la necromancia, y por Heinrich, el zoólogo que descubrió su capacidad para el engaño, pues el cuervo finge esconder sus provisiones en un lugar para luego ocultarlas en otro. Como nosotros.


    –Entre nosotros –dice John Gray–, los mejores mentirosos son los que se mienten a sí mismos.
    

Ahora mismo, los españoles.


[Septiembre, 2019] 

Miércoles, 4 de Noviembre

 



Esto
sucedió entre dos párpados; temblé
en mi vaina, colérico, alcalino,
parado junto al lúbrico equinoccio,
al pie del frío incendio en que me acabo.

Resbalón alcalino, voy diciendo,
más acá de los ajos, sobre el sentido almíbar,
más adentro, muy más, de las herrumbres,
al ir el agua y al volver la ola.
Resbalón alcalino
también y grandemente, en el montaje colosal del cielo.

¡Qué venablos y harpones lanzaré, si muero
en mi vayna; daré en hojas de plátano sagrado
mis cinco huesecillos subalternos,
y en la mirada, la mirada misma!
(Dicen que en los suspiros se edifican
entonces acordeones óseos, táctiles;
dicen que cuando mueren así los que se acaban,
¡ay! mueren fuera del reloj, la mano
agarrada a un zapato solitario).

Comprendiéndolo y todo, coronel
y todo, en el sentido llorante de esta voz,
me hago doler yo mismo, extraigo tristemente,
por la noche, mis uñas;
luego no tengo nada y hablo solo,
reviso mis semestres
y para henchir mi vértebra, me toco.

César Vallejo

martes, 3 de noviembre de 2026

Orgía de muertes

 Cementerio de Adamuz
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


No sé por qué hace quince días, el 24 de octubre, me dio por ir a Adamuz de mañana. Fui a tomar café, pasear por el pueblo y comprar un cupón al cuponero que dio lecciones a los políticos el último 18 de enero, el día de la muerte en los trenes. Cuando aquella tragedia estábamos en El Arcángel, viendo cómo Larrubia marcaba un gol de tres puntos para el Málaga ascensor. No vi al cuponero en ese foro de bares y supermercado de Adamuz y a pesar de no ser aficionado marché con cierto desasosiego que a lo visto se estaba incubando.
   El miércoles 28 de octubre a las nueve, la hora de la tragedia trenera repetida en Urda, el pueblo del Cristo en barca, tomaba café en la cantina del pueblo donde nació mi doña en los montes de Toledo y allí explicaba cómo tendría que recoger al hijo el jueves en la estación de C. Real y llevarle el domingo a que cogiera un AVE a Barcelona donde debía estar un mes en el hospital San Pau por labores que le son propias. Ya tenía los billetes. Todo al traste. Al final avión desde Sevilla y olvido total por un tiempo de trenes entre Madrid y Sevilla, camino muy frecuentado por el chico.

 
   No he tenido ánimo de poner nada de los empates de Córdoba y Burgos. Los vi por el móvil, que no es modo mientras un desasosiego me atenazaba la voluntad.


  Esta mañana me llega la muerte de Jesús de Miguel, uno de esos currelantes del área a los que se agradece su esfuerzo, insistencia, dedicación... virtudes para clubes modestos, pero virtudes. Hay muchos como De Miguel a los que se agradece su inquebrantable compromiso.

 
   He sentido la obligación de hacer una mención en Salmonetes... pues este chico, aunque madrileño, descendía de Navahermosa, al Norte de los Montes de Toledo, zona ésa de padres trinitarios. Hablaba de él esta mañana tomando café con uno de Ventas con Peña Aguilera que conoce a la familia y ¡Pam! nos ha llegado la noticia fatal. En el Castellón, al que siempre gana el Córdoba, era el complemento ideal de Medunjanin, zurdo de clase formidable que con 41 tacos y la compañía de De Miguel ascendieron al equipo.

 
  Mañanas, tardes y noches de difuntos en los que apatece el café y que tan amargo nos ha salido este 2026.

 
   Descansen todos en paz.

Un ejército hegeliano


Barbar W. Tuchman




Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Mientras el ministro de la guerra inglés pide a los ingleses acaparamiento de efectivo, agua y latas de escabeche, el canciller alemán, cuando Audi emigra a América, dice que su mayor preocupación no es la economía alemana, sino el impacto de Rusia en Alemania, y no tiene cara Merz de estar al tanto del sueño de Dostoyevski en Dresde ante el cuadro de Lorrain.


–Si la mayoría de los hombres, las mujeres y los niños del mundo van a morir abrasados a causa de las bombas atómicas, la génesis de esa aniquilación seguramente deberá buscarse en las bocas de los cañones que hablaron en agosto de 1914 –avisa Barbar W. Tuchman en “Los cañones de agosto” (1962), del que el presidente Kennedy entregó un ejemplar al primer ministro británico Macmillan para que los dirigentes mundiales evitaran cometer los errores que condujeron al estallido de la Gran Guerra.


Tuchman recuerda que el año 1914 estaba envuelto en un aura que hacía que todo aquel que la percibiera sintiera compasión por la humanidad. Como ahora (salvo en España, donde la única preocupación nacional es qué dama de honor ocupará la vicepresidencia del gobierno –¿Yoli, Cayetana, Montse?– después de las votaciones de noviembre, el mes de los muertos).


Cuando los liberales ingleses llegaron al gobierno, colocaron de secretario de la Guerra a Richard Haldane, abogado y filósofo (había estudiado en Gotinga, por lo cual sería acusado luego de germanófilo), y era de tal modo las dos cosas que cuando los elementos militares del Gabinete le preguntaron qué clase de ejército preveía él, contestó:


–Un ejército hegeliano.


La conversación terminó en este punto, anotaría en sus memorias. Y de la incompetencia criminal de 1914 como tragedia a la incompetencia criminal de 2026 como farsa, según el célebre aviso de Marx sobre una lectura del filósofo predilecto de Haldane: “Hegel dice, en alguna parte, que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se repiten dos veces. Pero se olvidó de agregar: la primera, como tragedia, y la segunda, como farsa”.


¿De dónde saca hoy Merz un “ejército hegeliano” para sus cosas? En Hegel, lo Ideal y lo Real son dos aspectos del mismo Ser, que es el Absoluto. Lo Ideal, para Merz, sería que los marines le hicieran el trabajo, pero no van a hacerlo, pues están ocupados recogiendo los pedazos del Globo Terráqueo de Eisenhower que el manazas de Hegseth ha hecho añicos al llevárselo a su despacho. Así que a Merz sólo le queda lo Real, que es que pidió trescientos mil voluntarios y sólo se han presentado doscientos cincuenta. Volvemos a “Los cañones de agosto”:


–En el Almirantazgo, jugaron al bridge después de la cena. Un correo entró una caja roja. Churchill sacó una llave de su bolsillo y la abrió, sacó una hoja y leyó una sola línea: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia”. 


[Martes, 27 de Octubre]

Martes, 3 de Noviembre

 


Otro Madrid es posible

lunes, 2 de noviembre de 2026

Hughes. Racing, 0; Real Madrid, 3. La unidad de destino está conseguida


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Santander tenía que confirmar lo de Barcelona. Estábamos casi seguros, pero había que certificarlo y, efectivamente, el Madrid ya es un equipo fiable. Ya todo es Mourinho en el Madrid. Cuando salen los futbolistas por el túnel, al fondo aparece su mirada desconfiada. Los ojos alerta de Mou velan el Madrid como un búho.


Hubo antes del partido dos minutos de silencio, por Urda y por Todos los Santos. En pocos sitios como en Santander podría ser tan respetado el silencio.


Antes del partido, la cámara del árbitro, gran innovación de la Liga, nos mostraba el diálogo o más bien la gesticulación entre los capitanes y ahí descubríamos el cargo de “representante de campo”, que iba a ser Tchouameni.


El Madrid salía con los de Barcelona con Trent donde Valverde y volvieron a hacer un partido sobresaliente.


Con Huijsen, Trent, Güler y Bernardo Silva lo raro hubiera sido que la pelota no rodara. Güler y Bernardo se buscaban muy pronto, como dos amigos eligiendo asientos en el autobús.



@realmadrid


Y muy pronto hubo una gran jugada de Diomandé en el extremo de la que salió cojo. ¿Qué le pasa a Diomandé? No volvimos a ver la repetición de lo que pareció una entrada al tobillo. Le estaban dando el Pack Traumatológico de Bienvenida a la Liga. El árbitro no pitó nada, aunque luego no fue dañino para el Madrid.


Estuvo Yan unos minutos cojeando y el juego pasó a la combinación derechista entre Guler y Trent, una zurda clínica para una diestra sedosa.


Güler se buscaba la vida desde la banda mejorando la de los demás. Le puso un balón-dron personalizado a Mbappé, que inmediatamente después se ganó un penalti tras un regate en el área que acompañó con algo de dramatización. Munuera pitó y Mbappé marcó el 0-1. No pudo pararla Julen Aguirrezabala, no confundir con Kepa Arrizabalaga.


En todas las primeras partes, Güler hace algo (regalar un balón) para recordarnos que es un chiquillo, y siempre ha de ser Courtois el que lo remedie.


El Racing aun lo intentaba con mucho optimismo, a mi juicio demasiado. Destacaba Iker Vicente, un jugador que tiene un aire a Chaves Nogales.


En el Madrid había cohesión, la asabiyah conseguida. La unidad encontrada en Barcelona ya es un hecho. Los jugadores ya están unidos por hilos invisibles que mira Mourinho con aire taciturno. Los entrenadores van todos de negro, pero no todos, es más, ninguno, puede lograr esa mirada.



@realmadrid


Había algún detalle de caerse las lágrimas. Por ejemplo, Huijsen presionaba en posición de extremo zurdo. A la vez, iniciaba la salida de la pelota yéndose casi al córner izquierdo, detrás de donde estaba Kroos. Desde esa lejanía abre el campo, gana ángulo suficiente. La sensación es que con esa apertura y con su capacidad para el pase, el Madrid se ha construido una vía nueva, ha ampliado el aeropuerto para sacar la pelota.


De él vino el 0-2. Desde muy lejos conectó con Mbappé, en el mediocampo, de nueve clásico por fin; controló de espalda, la pasó a Güler, de frente, que con un toque, pensado quizás antes de que el mismo Mbappé diera el suyo, buscó a Bellingham en “el espacio”. Bellingham rompió la defensa como si saliera de un biombo de papelillo, y ante el portero hizo su clásica picadita, la elevó como en los dibujos “Campeones” (o Capitán Tsubasa), y marcó el 0-2.


Ojo a Huijsen: presionante y anticipativo en el extremo zurdo, constructor detrás de donde partía Kroos, y entre medias, un central flexible y concentrado.


El Madrid tenía la pelota, iba de banda a banda, y presionaba. Diomandé perseguía a su rival hasta el lateral. Ataca como si no fuera con él, pero defiende como algo personal. En ambos casos, con sentido del duelo. Todo se le hace uno contra uno y el porcentaje que gana en defensa es mayor que el del ataque, siendo el jugador que más regatea de Europa.


De esa facilidad pasmosa dio muestras en el 0-3. Antes se diría un “zapatazo”, pero es que no es eso. Marcó un gol de lejos, un tiro seco, pero tampoco seco; un tiro con curva, pero tampoco. Le pegó para empezar de forma sorprendente. Igual que es una centella en el regate, armó el disparo muy rápido, volcando el cuerpo, sin abrirse, para controlar la trayectoria de la pelota quizás con algún abdominal. Un tiro muy fuerte y muy suave, rápido y fino, armado casi sin espacio, con una mecánica o biomecánica que no entendemos bien aún porque a casi todos nos sorprendió el tiro.


Todos hacían gestos de asombro, pero él mostraba su particular falta de autoconciencia. Sonreía entre incrédulo y travieso.


Los de arriba tenían su gol, así que Güler buscó marcar. A su juego, normalmente altruista, le ponía toppings de egoísmo.


Antes del descanso hubo un contragolpe de 3 contra 2 que entre Kilyan y Güler consiguieron fallar. Los 2 vs. 1, 3 vs 2, 4 vs 3, por lo que sea, se le resisten al Madrid. Quizás sea un morbo por lo clamoroso. O se colapsan en la sencillez. Puede que sea una secuela psicológica de estos años y que con los meses se vaya aclarando.


A Tchouameni se le descubre todos los años. Está volviendo a ocurrir. Él mismo se creció y se animó a chutar de lejos, y más lejos que fue la pelota, que impactó en la tierna faz de un niño pequeño al que casi mata.


El realizador, con buen criterio, se iba interesando por el estado del niño. Tenía eso más interés que el partido. El Madrid aculado ya atrás y jugando a la contra pero con el cuchillo flácido.


¿Eran indolencias lo que asomaba por el campo? Mou se quejaba, e iba arrancando las malas hierbas con miradas fulminantes.


Con poco que hicieran estaban arriba. Mbappé, con ese slalom suyo de follador swingueante, como si nada, tiró al palo.


Diomandé también lo intentó desde fuera. Se veía a los padres protegiendo a sus hijos.


Era y seguiría siendo hasta el final un derroche de ocasiones.


Lo mejor, dada la gafancia, era mantener la puerta a cero, cosa que pudo arruinarse también de haberse pitado una mano de Tchouaméni en el área.



@realmadrid


Primero se pitó, pero luego el árbitro empezó a escuchar a gente. Hablaba con los futbolistas, con lo que hubiera al otro lado del pinganillo y mientras, Mou lo miraba todo imperturbable, como un Buda saudoso y con mala leche, el árbitro, tras muchas deliberaciones, admitió irse a ver el penalti en la pantalla.


Tchouaméni tocaba la pelota y ésta contactaba en su mano. Apareció el concepto “mano natural”; una mano quieta, abajo, discreta, sin vida propia. Quien tuviera la mano alegre, un poquito tonta, haría penalti siempre. Qué homofobia el fútbol. Tiene razón Bellerín... La mano al aire sería calificada además una mano “no natural”.


Munuera, no contento con las charlas que llevaba, que le faltaba pedirle informe al Consejo de Estado, se fue a explicarle al entrenador local la decisión. O sea, era un homenaje al derecho administrativo. El entrenador, de negro, hacía que no con la cabeza durante el partido. Iba disfrazado de nihilista en Halloween.


No contentos con el “mano natural”, en la narración televisiva alguien dijo “es un play the ball”.


La gente se encabronó un poquito. Santander se hizo un poquito más Pamplona y cayó un mechero. El árbitro activó el protocolo de seguridad. Más protocolos en un partido que en los trenes...


Se disfrutaba de cosillas. El gran Trent controla la pelota y la deshace, como si recogiera copos de nieve. No es que “mate” la pelota, es que la abre como a una pelota de trapo, la abre y la desentraña. La pelota le hace plof. Estos controles tan definitivos son hasta demasiado buenos y a veces lastran de estatismo al propio Trent, esclavo de sus inmovilizaciones de la pelota.


De repente, algo pasaba en la grada. tenían que atender a alguien... Había más peligro en la grada que en el campo.


Entraron Camavinga, Brahim, y luego Endrick por Diomandé, que al irse le dio la camiseta a un recogepelotas. Al pasar por la banda, con el torso desnudo, las chicas de la grada se miraron nerviosas y se hicieron, sin hablar, la misma pregunta de Georgie Dann.


En esos minutos, hubo ocasiones para arreglar el goal average. Pero eso son cosas que haría el Barcelona. Bellingham se puso otra vez zidanesco (deja vus finales de los 90), y Mbappé irritante. La última contra que desperdició rozó lo disciplinario.



@realmadrid 

Difuntos


Francesca


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Al hilo de la huesa de Lope de Vega, que a saber dónde andará, Julia Escobar ha sacado a colación una buena frase –las buenas frases son la verdad en números redondos– del entrañable Ramón Gómez de la Serna:
    
–En España no hay descanso para los muertos.
    
Con su corolario: “Y eso de la sepultura perpetua es una de las mentiras más absurdas”. ¿Quién se va a dejar aquí los ahorros en un ataúd de Gautier, París, con incrustaciones de marfil talladas en Italia por Guerrini?
    
Buen día, hoy, festividad de los Fieles Difuntos, para pasear la madrileña avenida de Daroca, que lleva a la Almudena (un paisaje del cual se sale, en que todo se empequeñece y se pierde: eso, nos dice Julio Torri, es la vida), y ojear en los escaparates los tarjetones de despedida, en fotocerámicas, que oferta el gremio lírico de la muerte, una vez que, “Gott ist tot!”, el Estado, dueño de la vida y de la muerte, interioriza como ramas de la seguridad social el aborto y la eutanasia.
    
Como por no discutir, Santayana llega a conceder que morir es algo horrible, igual que haber nacido es algo ridículo, con lo cual, aunque entrar y salir de este mundo no incluyera ningún dolor, podríamos aún decir lo que sobre ello dice la Francesca de Dante:
    
–Il modo ancor m’offende.
    
Es la manera lo que la estremece.
    
Nuestro filósofo (“católico estético”) ve en el miedo radical a la muerte amor radical a la vida, algo que enseña a cada animal a buscar comida y pareja, y a proteger su descendencia: la muerte puede ser amada por un espíritu desilusionado y fatigado, del mismo modo que, a pesar de ser nada –o, más bien, porque es nada–, debe ser odiada y temida por todo animal vigoroso.
    
A vueltas con la muerte, ponerse a bien con Dios, como hace un buen caballero que se pone un buen traje para cita mediana o importante: “Eso va siendo todo”, nos dejó dicho el más grande funebrista de esta Casa.
    
–La Muerte aún dice algo si la vemos de lejos.


[Noviembre, 2019]

El carácter es destino


Max Estrella


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los griegos decían que el carácter es destino, y todos sabemos que lo que decían los griegos iba a misa. El destino del Real Madrid, desde luego, es su carácter, y sin carácter es imposible encajar en este club. Por no irnos más atrás, la única diferencia entre Vinicius y Mbappé es el carácter: el primero lo tiene, pero el segundo no.


La prueba del carácter de Vinicius es una carrera exitosa en medio de una campaña de “mobbing” perverso como nunca se ha visto contra un deportista profesional, que además ingresa más de lo que gana, aunque el piperío cree que cobra de lo que el pipero se deja en la taquilla. Pura barbarie ibérica, que, como dijera Max Estrella, es unánime. En el país donde el Mono Burgos se quedó sin empleo por bromear con Lamine’2030 haciendo malabares en un semáforo, Vinicius da goles y alegría y, a cambio, ha recibido mordiscos en el cráneo, patadas en las canillas, un muñeco con su camiseta ahorcado en un puente, insultos de “mono” (¡también en TV!), cantos de “¡Muérete!”, linchamiento mediático, persecución arbitral, pitos de los piperos, un Balón de Oro birlado (no para otro artista, sino para un obrero del balón, o destripaterrones), censuras por sus celebraciones, por sus pelos y por sus novias, y ahora que cumple una condena a lo Papillón (cuatro partidos por un tirón de pelo del que la víctima no llegó a percatarse), como un Goicoechea de la vida que dejara el tobillo de Maradona con más flecos que la chaqueta de Búfalo Bill, la maldad española, hermana de la envidia y ambas hijas de la pobreza (no necesariamente económica), pregunta por qué ya no sonríe Vinicius, que, en efecto, no sonríe. Han ganado, y ésa es su victoria.


–Pues Fulano es negro y nadie se mete con él –se defiende el mugrilla que hace de mosca caída en la sopa.


Esta psicología la supo ver bien en la sociedad española Ruano, para quien el gran fantasmón de vida aburrida en un alma de cartón puede salvarse más fácilmente del odio de la chusma que el dandy (en números redondos, Vinicius es el gran dandy de la Champions), porque el dandy irrita lo no flexible, lo no imaginativo que hay en las masas desbordadas, y el que sea testigo de la estulticia general con su pupila irónica saca de quicio a la gran bestia que necesita volver al testigo a su condición etimológica griega: mártir.


–Rara vez la ironía, que es de genealogía patética, no termina en drama. Esto es como la sonrisa, que no es de la familia de la risa, sino de la estirpe del llanto.


A Vinicius lo han matado por Gato Risón (“¿Tú de qué te ríes? ¿No ves que estamos todos “jodíos”?). Los mequetrefes del Sistema lo apartaron del Clásico, donde el Barsita viene de ser apalizado en Champions por los suplentes del PSG, pero con el bálsamo de un árbitro del melifluo Fran Soto. El Barsita es el “Pou Pou” (de Poulidor, eterno segundón) del fútbol español, y querrá celebrar la vuelta en loor de multitudes de Puigdemont con una victoria para cerrar la Liga y dedicarse a la Champions a tiempo completo. El Dyango de los piperos, Klopp, ese fanegas del país de Merz que iba a traernos Riquelme si lo convencía Raúl, que habla alemán de la cuenca del Ruhr, anuncia que va con el Barsita, pues es culé, y es culé porque “el Real Madrid de Pepe daba leña”, y la que más daño le hizo al gusto fue la no patada con expulsión de Pepe a Alves en la Champions por el paisano (¡qué paisanaje!) de Klopp, Herr Wolfgang Stark. Pobre Klopp, al que la leña de Pepe no dejaba ver el bosque de Negreira. Pero, en fin, es dogma del Relato que en la corona de los “valors” culés está no dar patadas ni siquiera en la aceleración del pulso, como Hobbes definió la alegría. Claro que tampoco Vinicius da patadas, y lleva más expulsiones en España que el colombiano Bedoya en su historia.


–Y Kane ¿qué? ¿Otra vez Balón de Oro? –pregunta el abuelo de Majaelrayo.


Magnífico jugador, “totalmente Real Madrid”, como sabía Ancelotti. Únicamente tiene una pega: no huele los títulos. Pero, con la jubilación de Benzemá, hubiera divinizado, aún más, al Madrid. El carácter es destino.


[Sábado, 24 de Octubre]

La tierra y los muertos


El panteón familiar en el rincón antiguo del cementerio


Jean Palette-Cazajus


Ayer, día 1 de Noviembre, como todos los años, fui a florecer el panteón familiar. Lo hago siempre con una sensación de deber ineludible, sin duda movido por la conciencia de que durante el resto del año no honro la memoria de mis padres, de mis  antepasados, con la continuidad que merecerían. Lo hago también con una sensación de deber institucional, con la idea de que la existencia de los cementerios, de los panteones familiares, refleja cierto orden ineluctable de las cosas.

Mientras regresaba a mi casa, algo prieto todavía el corazón, no sé por qué me acordé de una tribu amazoniana que cuelga a sus difuntos de los árboles y los deja allí pudriéndose de manera harto poco apetecible. Hasta que sólo queden los huesos, entonces cuidadosamente pulidos y conservados en la choza. Hubo una época en que ciertos paleontólogos querían homologar la aparición en el hombre de la conciencia de la muerte con la de las primeras sepulturas. Como si la forma natural del “tratamiento” de los difuntos fuese la sepultura bajo tierra. Lógicamente, vemos que una misma diversidad caracteriza las maneras de deshacernos del grave “marrón” de los cadáveres y las maneras de socializar los vivos.

Si nos atenemos a las épocas históricas vemos que si el enterramiento une a los tres monoteísmos, las religiones orientales han privilegiado la cremación. Pero la historia de nuestros propios países está mostrando hasta qué punto la noción de cementerio y de sepulturas privadas o familiares es producto de la modernidad política y lleva camino de ser víctima de la posmodernidad. Durante siglos, nuestros difuntos fueron sepultados en el seno de las iglesias o en su proximidad, según la jerarquía social, mientras la humanidad ordinaria terminaba en la fosa común o el pudridero. El cementerio es, todo a la vez,  producto del higienismo moderno, de la democratización de las sociedades y de la dignificación progresiva del individuo occidental. Pero hasta en pueblo tan humilde como el mío, la inflada astracanada de algunos panteones coexiste con la conmovedora humildad de otros. La muerte será siempre más estatutaria que la vida.

Las flores, la tierra, los muertos, la memoria


Parece claro que la tradición occidental de la sepultura es inseparable del papel determinante ejercido por la agricultura y la ruralidad sobre nuestros valores y nuestra cultura. Hemos enterrado nuestros difuntos como enterramos nuestras semillas. Ellos fertilizaron la tierra y engendraron el trigo de la memoria y de la continuidad histórica. La modernidad fabricó la identidad de las grandes naciones europeas tal como la hemos heredado. Fue la que se fraguó a lo largo del siglo XIX y de la primera mitad del XX,  en el seno de sociedades todavía mayoritariamente rurales y donde la condición del campesino había mejorado notablemente. Los campesinos franceses sólo recuperaron en los años 1950 el nivel de vida truncado en 1914 por el estallido de la guerra.

El escritor Maurice Barrès, cuyo prestigio en su tiempo cuesta hoy imaginar, vivió entre 1862 y1923. Su madurez coincide con el auge de los nacionalismos y su fatal ignición en el primer conflicto mundial. Barrès formuló la nación de manera abrupta, escueta y mítica. “La Terre et les Morts”, la tierra y los muertos. También es autor de la que fue en su momento una novela de culto, “Les Déracinés” (1897), los desarraigados. El leitmotiv es obvio. En su momento aquel concepto de la nación se percibió como la antítesis de la famosa definición, contractual ella, de Ernest Renan (1823-1892). “La existencia de una nación es un plebiscito de todos los días […] las naciones no son eternas, empezaron un día, terminarán un día”. No necesito decir que, tras las dos Guerras Mundiales, se quiso ver en “La Tierra y los Muertos” la fórmula maléfica que azuzara a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Se quedó en obsoleto símbolo del nacionalismo etnicista y “reaccionario”.

Barrès, a quien se le vuelve a reconocer la complejidad y los matices que se le negasen durante su largo ostracismo, fue ciertamente el cantor de la nación orgánica y territorial. Vivió la anexión por Prusia de la Alsacia-Mosela como una mutilación física infligida al cuerpo de la nación francesa. Pero hace tiempo ya que los etnólogos nos han demostrado que ninguna tensión fronteriza se puede equiparar con las que caracterizan las relaciones entre grupos étnicos no territorializados, donde la alteridad genética se identifica con la hostilidad y el conflicto. Como decía Lévi-Strauss, en las sociedades tradicionales, el otro, por definición, es el piojo. Os remitiré a la obra que Régis Debray vino a presentar este mes de Junio, en Madrid, “Elogio de las fronteras”, Gedisa 2016.  “Demarcación y límite son condiciones necesarias de la civilización” dice el autor, recordando, por otro lado, la actual aparición de nuevas fronteras a cual más segregativa, como las de los fanatismos religiosos.

Maurice Barrès con... Juana de Arco. Compiègne, 1913


Recordemos el concepto de “englobamiento” tal como lo concibe Louis Dumont. En nuestras sociedades domina la configuración ideológica de los valores modernos, “englobantes” o sea prioritarios e inmediatamente conscientes. Pero siguen actuando en nuestro psiquismo muchos valores tradicionales. Lo hacen de una forma a veces inconsciente -porque los reprimimos o porque los niega la ideología dominante-, pero más activa de lo que se piensa, son los valores “englobados”. A mí me han educado en el respeto de la nación como adscripción voluntaria y contractual y valoro la definición de Renan. Pero tengo claro que “La Tierra y los Muertos” expresa una dimensión todavía constitutiva y sin duda inevitable, por presencia o por ausencia, de nuestras identidades. 

Ayer, mientras volvía de depositar mis crisantemos en el panteón familiar, sólo pude creer un instante en la ineluctabilidad y permanencia de las cosas, engañado por mi genealogía rural y mi obsoleto historicismo. Por toda una serie de razones, muchas de ellas seriamente socioeconómicas, la cremación de los cadáveres será pronto mayoritaria. Según dato que acabo de leer, en los próximos diez años, su porcentaje en España debería de rebasar los 70 %. Estoy convencido de que el irresistible éxito de la nueva práctica funeraria nos dice mucho, como causa y como consecuencia,  sobre las modalidades evolutivas de nuestras identidades, cultural o nacional. Nuestro entorno es sólo tecnología, virtualidad y agitación insecticida. La cremación industrial es pues la práctica adecuada para coronar nuestros muñones de existencias. Desaparecidos el paisaje, la sepultura y la memoria, desaparece el recuerdo de la muerte. Para el pueril “presentismo” actual, va sobrando la Tierra y van sobrando los Muertos.


Ernest Renan en su despacho

[Noviembre, 2016]

Lunes, 2 de Noviembre

 



Profesor de sollozo he dicho a un árbol
palo de azogue, tilo
rumoreante, a la orilla del mame, un buen alumno
leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca,
entre el agua evidente y el sol falso,
su tres de copas, su caballo de oros

domingo, 1 de noviembre de 2026

Amor constante más allá de la muerte*







Lauda de entrada


Ignacio Ruiz Quintano


Nadie muere si vivió de veras. Se mueren sólo los muertos. Si la vida es algo,
 no es de ningún modo nuestra vida, sino la vida nuestra en los demás.
 La inmortalidad es memoria. Temblor de primavera ausente,
 en el invierno del recuerdo. Milagro
.
César González-Ruano



    Al principio, según Mingote, la gente eran sólo dos.

    Nada convence como una buena hipótesis, y la de Mingote es una hipótesis magnífica. El resto bien podemos imaginarlo. Pero, de Pío Baroja a Rocío Jurado, ¿a dónde va toda esa gente que Mingote viene despidiendo desde hace cincuenta años?

    –Ya estoy despedido –apunta Ramón Gómez de la Serna en la lauda de entrada a su libro Los muertos y las muertas–. Tenemos que evitar que suceda lo que en las conferencias telefónicas, que las cortan cuando nos falta la despedida. Yo ya quedo despedido.
    
Se supone que, si Mingote acude a despedirte, es que uno va a ir al cielo.
    
–Al cielo iremos los de siempre –avisa un libro de Mingote.
    
Al cielo de Mingote, naturalmente, pero cielo al fin y al cabo, que es un cielo que todo el mundo se imagina con algo de vida en el campo o de veraneo en el Norte.

    Foxá contó una vez cómo el padre Guepin, abad mitrado de Silos, paseando por sus soleados claustros románicos con unos amigos, suscitó la conversación de cómo imaginaba cada uno al cielo.
 Todos expusieron sus visiones: conciertos sacros, espectáculos sin tedio, goces sin pecado...
    
–Yo –dijo el padre Guepin– me lo figuro como un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo “respetuosas objeciones” al Ser Supremo: Señor, ¿por qué hubo enfermedades? ¿Para qué hicisteis a los microbios? ¿Qué objeto tenía el planeta Júpiter?
    
Veraneo en el Norte o vida en el campo. El mejicano Julio Torri, precursor del texto breve –humor, audacia y perfección–, anotó en La vida del campo, inspirada en Villiers de l’Isle Adam:


M. M.

    “Va el cortejo fúnebre por la calle abajo, con el muerto a la cabeza. La mañana es alegre y el sol ríe con su buen humor de viejo. Precisamente del sol conversan el muerto y un pobrete –acaso algún borracho impenitente– que va en el mismo sentido que el entierro.

    ”–Deploro que no te calientes ya a este buen sol, y no cantes tus más alegres canciones en esta luminosa mañana.

    ”–¡Bah! La tierra es también alegre y su alegría, un poco húmeda, es contagiosa.

    ”–Siento lástima por ti, que no volverás a ver el sol: ahora fuma plácidamente su pipa como el burgués que a la puerta de su tienda ve juguetear a sus hijos.
    
”–También amanece en los cementerios, y desde las musgosas tapias cantan los pinzones.

    ”–¿Y los amigos que abandonas?

    ”–En los camposantos se adquieren buenos camaradas. En la pertinaz llovizna de diciembre charlan agudamente los muertos. El resto del año atisban desde sus derruidas fosas a los nuevos huéspedes.

    ”–Pero...

    ”–Algo poltrones, es verdad. Rara vez abandonan sus lechos que han ablandado la humedad y los conejos.

    ”–Sin embargo...

    ”–La vida del campo tiene también sus atractivos.”


M. M.

    Cuando muere un gran hombre, vino a decir Leon Bloy, siempre añade algo a la Vía Láctea. Y no pensaba en la pasarela de la popularidad. La popularidad, tiene para sí Mingote, no es nada.
    
–Es más importante el aprecio de la gente que importa, las personas de talento, los maestros, como Wenceslao Fernández Flórez, que estaba firmando en la Feria del Libro. Le llevé el primer tomo de sus Obras Completas para que me lo dedicara, y el maestro, amablemente, era muy amable, escribió una dedicatoria: “Con amistad y admiración a Antonio Mingoti”. O sea, me admiraba, pero no tanto como para aprenderse mi apellido. Se empezaba a perfilar nítidamente mi arrolladora personalidad.

    A Fernández Flórez, por cierto, no le hacía gracia alguna que la exhibición del ataúd donde el interesado va tendido, tan largo como es, sin hacer nada, ofreciera contraste tan agudo con la actividad, con el ajetreo circundante, que para el muerto tiene que resultar vejatorio.

    –La prisa de los demás, reveladora de vida, produce, sin duda, una especie de humillación en el difunto. A nadie le puede gustar, por lo menos en los primeros días, que le recuerden que ya no existe, y pasar inactivo, tumbado, entre la riada de apresurados chóferes que hacen sonar las bocinas, de vendedores clamorosos, de transeúntes diligentes, parece que es ir diciendo: “¡Fastidiarse, amigos, que yo me he asegurado ya la holganza!”
    
No creía arriesgado suponer que el muerto hubiese sentido la inquietud de la proximidad de la noche: el miedo a llegar al camposanto en sombras ya, cuando todo es allí más extraño y temible:

    –Si a uno lo dejan en su nicho con sol, parece que la instalación es menos impresionante; pero el difunto mejor bragado no puede menos de sentir terror, si toma posesión de su tumba entre tinieblas. Dígase lo que se quiera, la primera noche que se pasa en un cementerio, aunque se disponga de un buen panteón, no tiene nada de agradable. No es posible el descanso, se extraña todo y a cada instante se espera que ocurra algo tremendo.
    
La muerte moderna, tiene observado Octavio Paz desde su laberinto de la soledad, no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores.

    –En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más.


M. M.
   
Pero como es un hecho desagradable, la filosofía del progreso pretende escamotearnos su presencia: “En el mundo moderno todo funciona como si la muerte no existiera. Nadie cuenta con ella. Todo la suprime: las prédicas de los políticos, los anuncios de los comerciantes, la moral pública, las costumbres, la alegría a bajo precio y la salud al alcance de todos que nos ofrecen hospitales, farmacias y campos deportivos. Nadie piensa en la muerte, en su muerte propia, como quería Rilke, porque nadie vive una vida personal. Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios.”

    –La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida.
    
César González-Ruano, que sigue siendo el escritor al que mejor se le han dado los muertos, sabía que los muertos no se terminan nunca y tuvo la impresión de que se muere un poco en cada amigo que nos deja:
    
–La vida no es mucho más que eso: la fe de ella que dan quienes nos conocen. El día que nadie nos pudiera conocer seríamos como muertos sin enterrar. Vivimos en tanto que vivimos en alguien. Tiene sólo sentido la vida en tanto que alguien nos ama o nos estima. La muerte es el desconocimiento, la indiferencia. A los muertos los han querido, pero ya no los quiere nadie. Si alguien les siguiera queriendo en todo el vigor de la actualidad, de la realidad del amor, resucitarían.
   
 Si Ruano es el escritor al que mejor se le han dado los muertos, Quevedo es el escritor que más y mejor se ha encarado con la muerte.

    –Quevedo es el tremendo español, y por eso anda a vueltas como nadie con el tremebundismo de la muerte –dirá, en apoteosis de necrología, el gran Ramón de los muertos y las muertas–. Quevedo estuvo siempre ensayándose con la muerte.
    
En el Sueño de la muerte, la muerte avisa que eso –huesos descarnados con una guadaña al hombro– no es la muerte. Dice la muerte:


M. M.

    –Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda de los vivos. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte: tiene la cara de cada uno de vosotros y todos sois muertos de vosotros mismos. La calavera es el muerto y la cara es la muerte; y lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es empezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte...
    
A Ramón lo estremece de Quevedo la proposición de que caminemos muertos para no dejar de vivir, como si nos diese la contraseña para pasar frente a todas las garitas en que la muerte vigila. Y se agarra al descomunal soneto en que Quevedo juega con toda la mitología griega del otro mundo: el alma en la laguna, orillados los recuerdos, Caronte aguarda.

    –Su mejor poesía –concluye Ramón su Quevedo– es esa en que habla de sus cenizas enamoradas, soneto con algo de epitafio de sí mismo: Amor constante más allá de la muerte.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado
.

    Mientras aguardaba a su boda con una viuda –¡nada que ver con Lisi!–, Quevedo tuvo la obsesión de expresar poéticamente, al hilo de Propercio, la idea de la pasión amorosa sobreviviendo a la fugacidad del cuerpo. El amor, que diera sentido a la vida, había de dar sentido a la muerte.
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*Prólogo para el libro de necrológicas  
Serán ceniza, mas tendrá sentido, de Antonio Mingote
Ediciones Luca de Tena, 2006



MM