sábado, 11 de abril de 2026

Más allá de la contienda



Romain Rolland

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo menos importante en Romain Rolland es su Nobel de Literatura, piñata que no garantiza la inmortalidad, como sabemos por nuestro Echegaray. Nos dejó un juego de conceptos (contra el pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad) con que pretendía sacar a Gramsci de la cárcel de Mussolini y un consejo definitivo para cuando los tiempos se ponen interesantes: aprender a estar solos en el mundo, y si fuera necesario, frente al mundo, como él con “Más allá de la contienda”, un artículo que fue “piedra fundacional de la invisible iglesia europea”, en palabras de Stefan Zweig, su amigo y prologuista.


    –¡Oh, heroica juventud del mundo, con qué pródiga alegría viertes tu sangre en la tierra hambrienta! –arranca el escrito de Rolland, que le valió ser ultrajado por las elites de todos los países beligerantes, que proclaman convencidos que la causa de sus pueblos son la causa de Dios, de la libertad y del progreso.


    Rolland analiza la actitud de cristianos y socialistas ante la guerra (“¡una especie de diletantismo neroniano!”) y concluye que no había razón alguna para la catástrofe. Todos se califican mutuamente como bárbaros: Bergson acá, o allá Thomas Mann, que vindica con orgullo todos los hechos atribuidos a Alemania en “la guerra de la Kultur contra la civilización”, y define Kultur como “organización espiritual del mundo” que no excluye “el salvajismo sangriento”. Kultur “con una K mayúscula, rectilínea y de cuatro puntas, como un caballo de Frisia”, escribe a Rolland nuestro Unamuno.


    –Actualmente, T. Mann es un sombrero de Gessler, ante el que se tienen que inclinar todos para no ser perseguidos como neonazis –anota en su diario del 55 Schmitt (el sombrero de Gessler simboliza la necesidad de rendir un tributo, según leyenda del XIV, cuando Guillermo Tell se negó a inclinarse ante una birreta sobre una lanza por el corregidor suizo Hermann Gessler).


    La civilización europea es una máquina de moler, acababa de decir en Tokio (junio del 16) Tagore, reverenciado por Rolland: “Es una civilización de caníbales y crea el vacío a su alrededor. Es científica, pero no humana. En nombre del patriotismo, tiende sin pudor sus redes de mentiras. La Ganancia es el único dios al que adora. No durará para siempre”…


    Para Rolland, el rasgo más chocante de “esta epopeya monstruosa”, el hecho sin precedentes, “es la unanimidad a favor de la guerra en todas las naciones en contienda”. Observa a los metafísicos, los poetas y los historiadores librando combates singulares, con la cosa de que “la fatalidad de la guerra es más fuerte que cualquier voluntad”.


    –¡Nada de fatalidad! La fatalidad es lo que nosotros queremos. Y también es lo que no queremos con suficiente intensidad. Ni las elites intelectuales ni las Iglesias ni partidos obreros han querido la guerra. Pero ¿qué han hecho para impedirla? ¿Qué hacen para atenuarla?

 
    Avivar el incendio y echar su ramita al fuego.

 

[Marzo, 2023] 

Sábado, 11 de Abril

 


Valle de Esteban

Moai-sur-Mer

viernes, 10 de abril de 2026

Russell y la Paz Atómica



Russell lee el Manifiesto Einstein-Russell


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Con los fogonazos americanos en Hiroshima y Nagasaki, Bertrand Russell es la primera inteligencia en darse cuenta de la nueva situación: en una guerra nuclear ningún bando puede esperar la victoria, con lo que la única esperanza es evitar la guerra, y promueve un manifiesto para reclamar una manera de pensar que haga posible la evitación de la guerra, ésa que hoy jalean los Manolos del Bombo Liberalio.


    “Otra manera de pensar”, es la clave, no “prohibir las bombas”, pues en caso de necesidad volverían a fabricarlas: “Hay algo más fuerte que la autoconservación: el deseo de vencer al otro”. A Russell le había horrorizado escuchar a la señora Roosevelt proclamar que “era mejor la aniquilación de la raza humana antes que sucumbir al comunismo”.
    

El primer gesto surgió de la colaboración entre Einstein y yo. Einstein firmó en su última semana de vida.
    

Einstein y Russell no son el doctor Carballo y Dani Innerarity. Russell escribe a Eisenhower y a Kruschev: “Muy poderosos señores míos”. Acaba en la cárcel (en coche celular, no en taxi, como en ocasiones anteriores) por incitación a la “desobediencia civil”.
    

¡Qué vergüenza! ¡Un anciano de 88 años! –exclaman entre el público, y Russell se ofende porque no comprende qué tiene que ver la edad con la culpabilidad.


    Unos “Espías por la paz” averiguan los planes del gobierno inglés para actuar en caso de guerra nuclear. UK se dividiría en regiones, cada una con su propio gobierno y poderes autocráticos constituidos por un cuerpo de oficiales predesignado e instalado en Sedes Regionales de Gobierno subterráneas. Ellos decidirían la suerte de los demás ante la radiación, algo así como lo visto en las “raves” de Boris Johnson en Downing Street durante la pandemia.
    

El protocolo inglés para la guerra nuclear parece la base intelectual de las ideas políticas que seis hombres impusieron, con Suárez a los mandos (se dice pronto), ese método disolvente de la conciencia de España que es el Estado de las Autonomías.

[Marzo, 2022] 

Viernes, 10 de Abril

 


Honesto y andaluz

jueves, 9 de abril de 2026

Los "Pagapeos"


Olise. Quizás el jugador más en forma de la Champions


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        

        Al mover el otro día unos bultos en la casa del pueblo de mi doña apareció un libro que leí hace años, me encantó y no sabía dónde había dejado. Trata de la independencia de las naciones de América del Sur y está escrito por Francisco Herrera Luque, venezolano que describe con amenidad y maestría el sistema de castas que a principios del 1800 manejaba aquellos territorios. Mandaban los blancos y estos blancos se dividían en varias categorías: Los primus inter pares eran los blancos descendientes de conquistadores, criollos que se decían mantuanos porque sus mujeres tenían derecho a llevar manto por tratar a la Virgen María como si fuera prima suya, los blancos de orilla que eran casi todos los llegados de la península ibérica; los blancos isleños venían a ser los canarios además de los blancos vascos, que ésos debían ser la releche. Sólo los criollos podían asistir a misa a la Catedral de Caracas. Isleños, mestizos, negros... cada raza tenía su iglesia particular  y al echar el domingo de Resurrección una miradita a aquellos detalles que tanto me agradaron aparece La Candelaria ¡cómo no! para los canarios, Altagracia para los pardos-mestizos o San Mauricio para los negros. Las damas criollas se hacían acompañar a la Catedral por dos, tres, cuatro y hasta cinco esclavas negras jóvenes -cuantas más, mayor estatus- pero hasta entre aquellas empingorotadas señoras bullía alguna miseria y Herrera Luque documenta el caso histórico de una matrona mantuana aquejada de meteorismo -flatulencias sonoras- que al arrodillarse, como es de rigor, se acentuaba. Se resolvió el problema colocando a su lado una negrita a la que por cada cuesco del ama recibía la esclava un coscorrón, como si fuera ella la de la incontinencia. A la infeliz receptora de los capones se la conoció con el sobrenombre de la "Pagapeos" y así lo dejó escrito el cronista de Caracas, Aquiles Nazoa.


     Perdonen la licencia de aficionado con esta extraña muleta, pero para mí los cuartos de la Champions vendrían a ser como la  misa de Catedral en Venezuela allá por 1808, donde sólo entran los aristócratas. Entre estos exquisitos, los hay con ciertas debilidades que los veteranos llevamos tiempo detectando. No se nos toma en serio porque así ha de ser, pero el Barça no defiende bien, el Atleti además de irregular sorprende, Simeone mediante, con alineaciones y tácticas inmasticables; al Real Madrid le falta asentarse atrás y convencerse que teniendo en cuenta la plantilla, su futuro está en el contraataque;  Arsenal y Bayern -excepto Olise y Kane- han perdido fiereza. Al PSG yo lo veo un poco por libre. Luis Enrique sabe que tiene en su plantilla talento por arrobas y además de en la táctica confía en inspiraciones de Vitinha, Dembelé, Doué, Kvaratsjelia... Me huele bien el PSG.


       El entrenador Flick, con ese fanatismo por el sistema que servidor reprocha cada domingo a Iván Ania y que también aqueja a José Alberto López, entrenador del Rácing de Santander -estos dos entrenadores tendrían su lugar en la iglesia de la Candelaria o Altagracia- busca su particular negrita a la que coscorrenear en los árbitros, inclinación muy extendida entre esa élite que desprecia a los jornaleros del fútbol y que cree que a ella se le ha de pitar con otros respetos. El jubilado señor Mateu Lahoz, que siempre adoleció de valentía con los débiles y encogimiento con los fuertes, ayuda y alienta en esa confusión desde la tele, enredando en lo simple y dejando sin aclarar sus renegridas disquisiciones. ¡Cuánto daño ha hecho y está haciendo este hombre al fútbol! Se atreve a corregir con condescendencia insultante no sólo a Kovacs, que no lo hizo mal, sino también a Clement Turpin o Michael Oliver, dos colegiados a los que me parece, envidia en demasía y les acusa de no señalar o sancionar jugadas corrientes que el árbitro valenciano convierte en complejas con su extravagante mirar y lo que es peor, su doctrinario perverso para sus colegas de la liga española.

 

    No se sabe qué pasará en la vuelta, pero espero que todos los equipos dejen de echar mano de sus particulares negritas "pagapeos".

Militares y civiles





Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El liberalismo era el fin de la historia (Fukuyama), y el fin de la historia parece ser la guerra nuclear con la que, en aras del Nobel de la Paz, coquetean Trump y sus muchachos: Lindsey Graham y Bill Browder por la parte civil, y por la militar, Christopher Donahue, al lado de los cuales John Bolton es Lanza del Vasto, fundador de El Arca.


Esperamos el tiro de gracia europeo –nos dejó dicho Muray–. Ya no debería tardar demasiado.


La arrogancia es la marca del Imperio, que perderá la tercera guerra mundial, según Popper, porque elige a sus generales por su CI. Douglas Macgregor recuerda oportunamente la anécdota del general Leslie R. Groves, jefe del Proyecto Manhattan, que tarifó con Eisenhower por su falta de sensibilidad (quería alfombrar Japón de hongos nucleares), cuando, rodeado de generales, dijo que la bomba atómica no era un arma militar, sino política, y que debía estar siempre en manos de civiles, con lo que todos estuvieron de acuerdo.


Hace un par de años teníamos a un almirante hablando de pelear y ganar una guerra nuclear –dice Macgregor–. Ahora tenemos a Donahue.


Donahue, que recibió su cuarta estrella por su arquitectura de la épica huida americana de Afganistán, fue el cerebro de la contraofensiva ucraniana en el Dniéper, y su fanfarronería trumpiana (¡oh, qué “astucia de la Historia” tan hegeliana!) lo lleva a declarar en la prensa que él y su Otan tienen “el poder de fuego y la capacidad para invadir la región rusa de Kaliningrado en cuestión de días”, sin un Ike que le exija modales. Macgregor dice que un general que hiciera eso en Rusia caería accidentalmente de un séptimo piso en Moscú.


Militarones en los periódicos y civilones en los cuerpos de guardia. Según GalbraithTruman no tuvo otra opción con la bomba atómica: “De haberse resistido, se habría enfrentado a fuerzas muy superiores al poder presidencial.” Galbraith habló un día en la Casa Blanca contra la guerra de Vietnam, y Johnson le contestó que bien podía agradecerle cómo estaban conteniendo a los generales: “No tienes idea de lo que harían si no estuviéramos aquí nosotros para pararlos.”


No tienes idea de cuantísimos malos consejos he recibido en estos días –confesó JFK a Galbraith, hablando de la crisis de los misiles y de “los generales y liberales” que deseaban bombardear Cuba “y posiblemente más”, sin más apoyo para el presidente que el de su hermano Bob.


Preguntado en el Senado por los efectos, en muertos, “si nos metiésemos en una guerra nuclear”, el general James M. Gavin respondió en su día: “Varios centenares de millones, según la dirección en que soplase el viento”. En América, el primer día, sobre 150 millones, morirían 36. Para los “neocon”, una “victoria” –dirá Bertrand Russell–, “a condición de que el número de muertos rusos fuese todavía mayor”.


Más, como dijera T. S. Elliot, el mundo de los hombres vacíos no acaba con una explosión, sino con un suspiro.


[Agosto, 2025] 

Jueves, 9 de Abril

 



Sujeto constituyente

miércoles, 8 de abril de 2026

Guerra Fría


Eddie Rickenbacker


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Como Sansón envió trescientas zorras de colas incendiadas a recorrer los feraces labrantíos filisteos, así Putin envía dos aviones de misiles nucleares a sobrevolar el Guggenheim Bilbao. No es el I+D de Erkoreka (“No te equivoques, Erkoreka: la solución es el I+D”, le dijo a Erkoreka un empresario). Es la Guerra Fría.


Euskadi se lleva las bombas, y para Madrid, el arte –rabió Arzallus cuando el “Guernica” fue a parar al Sofidú.


En la visión schmittiana de lo político la Guerra Fría se burla de todas las distinciones clásicas entre guerra, paz y neutralidad, entre política y economía, entre militar y civil, entre combatiente y no combatiente.


Lo único que mantiene es la distinción entre amigo y enemigo, cuya estricta consecuencia constituye su origen y esencia.

Para no perderse en el mundo, que le viene grande, Obama escogió echarse de enemigo a Putin, infinitamente más listo que él (por no irnos a la hiriente comparación Lavrov/Kerry), prorrogando la Guerra Fría como se prorrogaban las eliminatorias del Carranza en las madrugadas de agosto en Cádiz.


Y, sin embargo, ¡qué oportunidad, este pavoneo putinero, para la política y el arte!


Políticamente, es la señal que esperaban los nacionalistas para exigir las transferencias de Defensa. Y artísticamente es la ocasión para quitar a Antoñito López de firmar manifiestos y ponerlo a pintar un “Guggenheim” que complete el “Guernica”. Por no hablar del invicto general Julio Rodríguez, que, ante la cámara de José Luis Cuerda como si fuera la de Leni Riefenstahl, debió marcarse un “dogfight” en el cielo bizcaitarra con los “Tupolev 160 Blackjack” de Putin. Pero está visto que Rodríguez no es Eddie Rickenbacker; sólo otro Alvarito Palmares, para quien la Aviación española era muy izquierdista, y ser izquierdista consistía en acostarse y levantarse tarde, no aplaudir en los toros cuando entraba el rey y pensar que “lo de Rusia es una experiencia interesante”.

No pasa el tiempo. 


[Octubre, 2016]

Hughes. Real Madrid, 1; Bayern, 2. mpotencia y paraneuer del Madrid


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Quizás sea algo personal, pero llegué al partido desfondado. El parón de selecciones me aleja mucho del equipo, y esta vez era un parón con expectativa ya de Mundial y de fichajes. Además, se perdió la Liga.


Así, todo en el comienzo me pareció rutinario, desventado y flojo. Ni el Himno me hacía sentir.


El once del Bayern, estupendo, me recordaba un poco al City por los tres mediapuntas rápidos tras el nueve. Pensé que ahí faltaba quizás un punto de elaboración (el de Musiala, ausente) y que era una oportunidad, pero el Madrid no llevó nunca el juego, no impuso nunca un mediocampo.


El inicio fue un despliegue de presión alemana y una ocasión clarísima de Upamecano a pase lujosísimo de Kane, con su cara cada vez más inglesa. Es como si fuera lo último que queda allí, En el Bayern parece un Bridgerton.


“Todo muy bien el Bayern, pero miedo, miedo, el del miedo, ¿quién es?”. Pronto se supo: Olise ya había aparecido a los cinco minutos. Olise es buenísimo, pero ¿es mejor que Robben? El fútbol moderno es la diagonal zurdo por la derecha, pero Endrick no está y Mastantuono no se atreve.


El Madrid quedó pronto metido en una jaula de jugadores rojos. Podemos pensar que es “nuestro estilo” (que nunca lo fue) o simple impotencia, y el primer acercamiento real fue un avance individual y absurdamente fácil (como todo en él) de Huijsen.


Hubo un detalle. Al empezar el partido, despejó un balón y comenzó a arengar a la grada, pero tras hacerlo, sonrió. Él mismo no se creía su actuación de Camacho.


Lo distinto por ver era Güler. Era lo que debía aparecer pronto para empezar a tejer fútbol latino o mediterráneo, que es lo que el Madrid solía oponer al Bayern, renovado una vez más ante el Bernabéu. Cada cierto tiempo aparece revolucionado, dándose vueltas conceptuales. Un poco más fuerte, un poco más mecánico. Una columna vertebral: Neuer, Kimmich, Kane, rodeada de potencia, velocidad y orden.


El Madrid llegaba corriendo. Güler vio a Mbappé a la altura del cuarto de hora; luego, de nuevo, Vinicius... Por momentos, en los momentos más optimistas, esto recordaba a algo ya vivido... un Bayern presionante y un Madrid a la contra... ¿quién sería Coentrao?


La presión alemana iba acompañada de posesión, pero no era la larga posesión rumiada de otros tiempos, sino un toque rápido y vivo que el Madrid observaba feliz en su pequeñez de Getafe de la Champions, bien metidido en el bloque bajo, pero no como un perro tranquilo a los pies del amo, porque Courtois no estaba. Estaba Lunin, que salvó un gol tras cantada de Thiago en el área pequeña (no es la primera). Falló Gnabry, con su pinta retro de Apollo, el amigo de Rocky.


Estaba Lunin y lo malo no es que estuviera sino que al mirar en sus ojos veíamos preocupación. Era él quien no se fiaba de los demás. En sus ojos, seamos sinceros, hubo miedo desde el principio.


El Madrid tenía espacio para correr, o eso parecía, pero en realidad era muy poquito, porque estaba achicado, así que salía con contras frenéticas, demasiado frenéticas, como si corrieran de sí mismos, como si huyeran de los problemas enormes de elaboración; contras que acababan como en velcro, con final de pelota de velcro porque daban en Neuer, titánico (y con los años, muchos ya, una ligera pinta de Bertín Osborne nibelungo).


Hubo una clara ocasión de Mbappe tras contragolpe dirigido por Valverde. Tuvo varias en realidad.


¿Y si presionara el Madrid? Lo intentó, y se vio que el Bayern podía resentirse, pero la presión fue desorganizada y tuvo que sostenerla Thiago después con su pressing como de perro que guarda un chalet.


El Madrid era bloque bajo no muy firme con un juego exterior, más que de banda, consistente en balones largos de Trent a Mbappé, y contras, cuando las había, demasiado nerviosas para un Mbappé fallón y un Vinicius irritante empeñado en tiros lejanos e idiotas, pues idiota era intentar sorprender desde ahí a Neuer.


La realidad es que el Madrid no jugaba cómodo, no podía ni sacar de banda, y así, presionado, llegó el gol, con robo, pase vertiginoso y final de Luis Díaz.


Tras el 0-1, Vini comenzó su candomblé particular y se esbozó una conexión Huijsen-Arda. Se activó Arda, la pidió, apareció. Algo es algo, sí. Crece, evoluciona, pero no domina un mediocampo. Vimos a Rodrygo en el palco, vestido como un árbol de Navidad o como alguien que ha decidido transicionar.


Lo dicho: todo triste. ¿No resume Rodrygo al Madrid desde la última Champions?


El Bayern era como un tornado de dibujos animados, yendo aquí y allá. El Madrid no. Era el bloque bajo con los dos puntas descolgados, como si los cuernos se hubieran alejado del toro, siendo Valverde, a ratos, el único que podía enlazarlos, o más bien recuperarlos, como cuando desde la Nave sacan la sonda para recoger al astronauta flotante y perdido.


Yo, lo siento, cuando veía a Mbappé sólo podía pensar en el Matcha Latte.


Yo en el descanso firmaba el 1-1, pero como a los 23 segundos marcó Kane, pues pasé a firmar el 2-1.


El Madrid sacó y no pudo ni combinar; en nada Olisé se la dejó a Kane y el Madrid fue demasiado blando, y dócil y poco serio. El 0-2.


Veíamos ya las negras fauces de la depresión. La temproada se iba, toda nadaplete, y del palco la reacción podía ser echar a Arbeloa y no sé, colocar a un periodista afín. Todo perdido y de ahí el Madrid sacó algo, su orgullo habitual e hizo valer la realidad de sus buenos jugadores, algunos de los mejores del mundo.


Trent fue, como pensábamos el verano, el lanzador de juego, o más bien de Mbappé.


El Madrid se rehacía, atacaba, como a golpe de riñón, y luego sufría agarrado a la silla del dentista los recitales de Olise por su banda, rompiendo a Carreras en posiciones como de street dance. Olise tuvo un par de diagonales dignas de Messi, aunque no es de gravedad baja sino alta, de zancada poderosa y elegante. Jugador-gacela. Güler luchaba con él con mucho tesón, pero se veía una diferencia de paso muy grande.


El Madrid tenía los mismos problemas en la salida de siempre, que Thiago no curaba. Ofensivamente, Thiago se inhibe como se inhibe Mastantuono, normal en jugadores de 18 años.


En el minuto 60, Vinicius se plantó o le plantaron ante Neuer, y falló, falló por el terror que genera Neuer, el mejor del Bayern. Ganó a los delanteros del Madrid, les comió la moral, y ellos nos la comieron a nosotros, y el gol vino, cuando llegó, no de un duelo, sino de un pase por la banda, única manera... y entonces recordábamos, proustianamente, sin querer casi, como algo muy lejano, brumoso y sentimental, el gol a Kahn, con Guti.


A Vini le pitaron tras su gran fallo y el partido dice algo o debería. El Madrid no puede supeditarse enteramente a unas figuras que fallan los mano a mano.


Entraron Militao y Belligham y algo mejoró el Madrid, volvió a haber ocasión de Mbappé, pero paró Neuer. Para Neuer. Para-noia del Madrid que no podía con él ni podía contra la presión. Ni hacerla bien ni superarla con solvencia. La presión es algo colectivo y modernísimo, y el Madrid está en un paso anterior a eso. Es algo en lo que el florentinismo, por lo que sea, no ha querido entrar.


Ocasiones al final hubo muchísimas. Quedó hasta sensación de gafancia cuando no de esterilidad.


En el 68 entró Musiala. Me recordó cuando, de muy pequeño, muy muy pequeño, vi salir del banquillo a Socrates.


En el Madrid entró Brahim, que lo borda en esos ratitos.


Y en el 73 llegó el 1-2, la mejor jugada como lateral puro de Trent en todo el año: carrera, desborde y pase perfecto, de alta gama, premium, de vida lujosa y con chicas de piernas muy largas. Fue el pase el que superó a Neuer, por fin, y Mbappé remató en el segundo palo.


El Madrid y el estadio se enrabietaron. Ah, el narcisismo de las nochecitas... En el Madrid corrían con denuedo, que diría un clásico. Pero luego acababan las cosas en chuts lejanos contra el muro, como intentó Brahim, sin sentido alguno.


Hubo más ocasiones de Mbappé y Vini, y habrá quien quiera ver en ello un casi, una mejoría, pero también podría verse la incapacidad de lo único que podía funcionar.


Incluso cuando se vino arriba, el Madrid pareció un equipo largo, improvisado y poco fiable. La plantilla no tiene sentido y cuando se desemboca en algo, al poco se siente que no es, que tampoco es...


El Bayern también pudo marcar, de sobra. Sufrió, pero no dejó de responder con meneítos colectivos. De todos modos, no parece que sea, como se dice, el mejor equipo de Europa, ni por supuesto el mejor Bayern que hemos visto. Ni el segundo, ni el tercero. 

Miércoles, 8 de Abril

 


Primavera tocinera

martes, 7 de abril de 2026

Los "enteraos"


Hans Kelsen


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En la dictadura, el “enterado” era el Jefe del Estado, que daba el visto bueno al cumplimiento de la pena de muerte. En la democracia, los “enterados” somos todos, representados en el prócer Pachi López, compendio de toda la moral y todas las lecturas del español medio o españolejo.


¿La “eutanasia” de Noelia? –dijo López en la sede de la soberanía nacional, como dicen los pazguatos–. Es absolutamente legal y me parece correcto.


La “eutanasia” de Noelia como apoteosis del Estado de Derecho liberal (el Estado como rey Midas que convierte en derecho lo que toca), que deja en jaculatoria infantil el “Yo, la Muerte” de Felipe II. Es la cultura de la muerte occidental, cuyo nihilismo europeo se resume en “la corta frase” nietzscheana, “Gott ist tot”, que para Heidegger significa que el Dios cristiano ha perdido su poder sobre lo existente. Dalmacio Negro atribuía las leyes de este nihilismo al humanitarismo, que justifica su propagación y financiación por el Estado: “Esas leyes simbolizan el triunfo del Estado, dueño de la vida y de la muerte, verdadero y único liberador, frente a la Iglesia; la victoria final de la cultura estatal (ahistórica) sobre la eclesiástica (vinculada a la tradición); de la Moral (de los valores, no la de las virtudes) sobre la Religión”…


La eutanasia limpió Alemania de locos, impedidos y enfermos incurables. El futuro se encargaría de devolvérselos en proporciones gigantescas.–anotó Penella de Silva en su alegato antinazista “El número 7”, convencido de que las cosas hay que decirlas a su debido tiempo y que, para un periodista, “su debido tiempo” debe significar mejor un segundo antes que un segundo después.


Mediáticamente, la “eutanasia” de Noelia en esta España loca parecía, ay, Sonsoles, una de aquellas grandes tardes isidriles en Las Ventas, en cuyo Patio del Desolladero se congregaba la crema de la sociedad (“¡los del clavel!”), servida al día siguiente en mundanales “negritas” por Suárez-Guanes en estas páginas. Los liberalios celebran el triunfo del Estado de Derecho liberal como “los del clavel” celebraron la Puerta Grande de Morante, ahora, en su jubilación activa, tentando con Bonilla miuras en Zahariche.


Juanma (“la eutanasia es un deresho”) es tan kelseniano como Pachi (“la eutanasia es la ley”). En una conversación con Carl Schmitt (“Mientras el imperio siga ahí”), Hold-Ferneck pregunta a Kelsen: “Si a un legislador que se ha vuelto loco se le ocurre la idea de ordenar, escuche usted, que cada domingo deben fusilarse diez personas, porque son pelirrojos o algo así… ¿es eso ley?”


Un día –cuenta Schmitt– Hitler se llevó a Popitz con él a la ventana y le dijo que sentía compasión por todas las criaturas. Decía que, en el fondo, era budista. Y todos quedamos impresionados.


    ¡Humanitarismo!


[Martes, 31 de Maro]

Martes, 7 de Abril

 


De sombra y sueño

lunes, 6 de abril de 2026

Domingo de Páscoa em Guarda


Guarda, Portugal


Vicente Llorca


Este domingo, la catedral está llena. Un gentío local se ha arreglado para la Pascua y aguarda, paciente, a que el coro culmine los cantos, finalice la lectura del Evangelio, el obispo de Guarda pronuncie un largo sermón, en el que todas las citas bíblicas aparecen susurradas con la “sh” con que el portugués termina todas sus frases. Ocupados los bancos, se han sentado en las escaleras de la entrada, una repisa sobre la capilla de la Anunciación, en los confesionarios de la nave lateral.


Se han vestido para el Domingo. En la comarca de la Beira Alta, esto quiere decir que han abandonado el negro impenitente de las cazadoras y las faldas y lo han cambiado por un gris ceniciento en la ropa, apenas menos oscuro que el tono habitual. Frente a mí, un feligrés serio, cercano al presbiterio, me impresiona por un momento. De tez curtida, que delata su procedencia de la sierra, se ha puesto un traje de un azul imposible, una corbata morada, una camisa añil como sólo pueden encontrarse en las tiendas añosas de la provincia. De las que aún queda alguna, escondida, en las calles de la ciudad alta. Atento, se adivina rígido, un tanto envarado por el traje al que no está acostumbrado. Su seriedad, su cuidado para asistir a la misa de Pascua resultan admirables, de pronto. Recuerdo de una antigua seriedad, a la que no piensa renunciar. Delante de la capilla en la que me he refugiado, en cambio, una mujer joven, seguramente angoleña, porta un traje amarillo pistacho, unas botas acharoladas relucientes que, a su manera, recogen la misma seriedad para la ceremonia.


Una larga tradición, que se manifiesta de repente, acompaña a estas gentes que asisten a la Misa de Resurrección. Un hilo remoto que se repite desde qué tiempos, qué capillas rurales, qué abadía medieval, qué regiones distantes desde los primeros días de la celebración. Y que hoy se reitera, en esta mañana luminosa en la Seo de Guarda.


En la lectura, entre las eses portuguesas, reconozco la acostumbrada cita del Evangelio de San Juan. En la que, tras el asombro inicial de María Magdalena y Simón Pedro, figura la frase terminal: “Pues no habían entendido aún la Escritura según la cual Jesús habría de resucitar de entre los muertos”. Una devoción provinciana, esta atención con trajes de domingo en la Serra da Estrela, antes de iniciar la procesión en torno a la plaza, que repiten una vieja demanda, la antigua espera. 

Tiros al pie


Reverendo Henry Weston Smith en Deadwood



Ray McKinnon

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En el fútbol, como en la política, todo es tiros al pie ("ad pédem litterae!", como dijo David Vidal) en España. Debe de ser nuestro sino. “Tiros a la barriga”, fue la consigna de Azaña en Casas Viejas. “Tiros al pie”, parece ser la consigna de los barandas del balompié.


Lo de la política no tiene remedio, pero de ello no se puede hablar. Lo del fútbol tampoco tiene remedio, pero se puede discutir. Somos el país donde el honorable Pujol no está físicamente para declarar en un juzgado, y, sin embargo, puede acercarse, tan terne, y en olor de santidad, a votar por Laporta en unas elecciones culés. La competición parece un Gamper de Hacendado, dicho en lenguaje tuitero, cuyas estrellas son los árbitros, ninguno de los cuales, por cierto, dio la talla para estar en el último, que fue el primero, Mundial de Clubes.


Sin el Real Madrid, que aporta los pinchazos de TV al espectáculo, nuestros trencillas tendrían que vivir de los calendarios que vendieran posando desnudos por Navidad. Bueno, pues el Real Madrid sigue siendo el equipo más perjudicado arbitralmente en las estadísticas. En la capital, el figurón del último derbi no fue Vinicius, con su doblete, sino un tal Munuera con su tarjeta roja a Valverde (uno de los protagonistas del campeonato), arbitrariedad (miente ferinamente en el acta sobre la situación del balón) defendida a coro por el orfeón de ratones de la Brunete mediática donde abreva el piperío. Ir al fútbol así en Madrid se hace como ir al boxeo en Nueva York en los años treinta.


La prueba del mal cuerpo que se le quedó al tal Munuera al tomar la decisión fue su trotecillo de Platero hacia la banda para darle una explicación a Arbeloa, con su aspecto entre Juan Ramón y el Santiago el Mayor de José Ribera con chupa de Louis Vuitton (para recibir al Bayern en el Bernabéu, ojalá una chupa de Buffalo Bill con las cabelleras de Mourinho, Guardiola y Simeone pinchadas en un cono). Que no había balón en la jugada, fue la explicación. Y a Arbeloa se le quedó cara de decir “I whis he would explain his explanation!” (palabras de lord Byron en la dedicatoria de su poema satírico “Don Juan” a Coleridge), pero se calló porque el tal Munuera, quizás llevado de su admiración a Messi, no sabe inglés, y habría sido expulsado por hablar lengua extraña, como le ocurrió a Bellingham con este mismo trencilla, que cultiva un “look” como de predicador de “Deadwood”, Henry Weston Smith (interpretado por Ray McKinnon en la serie de David Milch), pero sin la profundidad del Reverendo, claro.


Cuando leo las Escrituras, ya no siento el amor de Cristo como antes –dice en una escena el Reverendo a Calamity Jane (Robin Weigert).


Ay, ¿en serio? –responde Calamity–. ¡Qué lástima! ¡Únete al club de la mayoría!


El tal Munuera es, desde luego, bastante más simple que el Reverendo H. W. Smith, y la Uefa y la Fifa (o quien sea que esté obligado a defender el fútbol) debieran preguntarse cómo es posible que un equipo que comete dos faltas en un derbi (¡dos faltas!) reciba por ellas dos tarjetas, una amarilla y una roja (“una morena y una rubia”, como en “La verbena de La Paloma”) sin llevarse un simple apercibimiento de sus jefes, que siguen disparándose en el pie de su propio negocio, en manos de unos personajes con caras de historieta de Ivà.


¡La cara, ministro! ¡La cara! –gritaba, según una leyenda, un ministro a Fraga, que también era ministro, al salir corriendo, en pernetas, hacia los coches oficiales, ante la llegada de una excursión de monjas a la playa. Los ministros habían parado para darse un “cale”, y en la “huida” el prócer de Villalba se tapaba con las manos el marsupio.


Porque a ver con qué cara se explica que el segundo equipo que menos faltas comete en la competición sea el primero en expulsiones. Con su disparo al pie del espectáculo en el derbi, el tal Munuera no expresó un error, sino una tendencia. Y para rematar los tiros al pie del negocio, el Parón de Selecciones, con la franquicia culé de nuestro Combinado Autonómico.


 [Sábado, 28 de Marzo]

Domingo de Resurrección en Madrid, más de lo mismo en tarde espléndida y amena compañía



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Como hacía ya un puñado de años que no venía por Madrid una corrida de toros de Martín Lorca, la IA de Plaza1 decidió que el Domingo de Resurrección era la fecha indicada para traer, casi diez años después, a estos toros de los que nadie se acuerda y a los que nadie echa de menos. Imaginamos que la cuenta de resultados de Plaza1 no se habrá resentido mucho con la adquisición de los seis  martinlorca que, a la postre fueron cinco, pues el castañito se fue al averno para ser sustituido por un burraco de Carmen Valiente, que se corrió en sexto lugar. Lo que trajeron a Madrid desde El Castillo de las Guardas fue un encierro de buena presentación y con cierta tendencia caediza, toros de esos que no crean ni problemas ni emoción y que, si se da la ocasión, hasta pueden llegar a favorecer un triunfo, lo mismo que pueden provocar un saludable bostezo. El único que medio cumplió como toro de lidia en la cosa del jamelgo fue el quinto, ya que para el resto de los lidiados lo de la cosa equina se verificó solamente como imperativo legal, tal y como queda expresado en el Artículo 72.6 del Reglamento de Espectáculos Taurinos.


Para dar lidia, innecesaria lidia, y muerte a los pupilos de Martín Lorca se contrató al veterano Curro Díaz, casi veintinueve años de alternativa, al sevillano Rafa Sena, diez años de alternativa, y al queretano Diego San Román, cuatro años de alternativa.


Curro Díaz se vino, como siempre, arropado por el cariño de la afición madrileña, que admira en él sus innatas cualidades y conoce su falta de regularidad. Es torero que debería haber picado mucho más alto, pues posee lo que Dios da y no se puede aprender: gusto y majestuosidad, por más que su tendencia a la aflicción no le haya llevado de cabeza al Olimpo de los grandes. En su primero se gustó en dos trincherillas solemnes y quiso dejar su sello citando de frente al natural con pureza. Entre las condiciones del toro y las circunstancias del torero, apenas nos quedamos con esos apuntes. Mató de aquella manera y se vio abocado al uso del verduguillo. Mejores condiciones que el primero mostró el cuarto toro, Toledano, número 38, en la que de nuevo volvieron a ponerse de manifiesto los altibajos del toreo de Curro, que consiguió enhebrar alguna serie de empaque y señorío, mientras que en otras declaraba su falta de colocación, así como cierto abuso de ventajas. En algún momento se abandonó, dejando en el aire algún derechazo de óptimo trazo, recibiendo bastantes enganchones y componiendo una faena deslavazada, excesivamente larga y a menos en la que, como se dijo, hay algunos momentos de gran clase. Mató de estocada tendida y hubo quienes pidieron la oreja, ellos sabrán por qué. Dio una vuelta al ruedo.


Rafa Serna se anunció un par de veces en Las Ventas el año pasado, una de ellas para confirmar la alternativa que había tomado en 2017. En el primero de su lote se vio un brillante tercio de quites por parte del mejicano, que dejó un soberbio ramillete de gaoneras y a partir de ahí ya poco más, porque el toro Venteñito, número 47, tenía más de Flan Dhul que de Bos Taurus, y se pegó unos planchazos morrocotudos que quitaban la ilusión al más pintado. Intentó Serna al principio citarle con ortodoxia y buenas maneras, pero allí no había nada que rascar porque el alma del toro ansiaba reunirse con su Creador en el día de su Resurrección. La cosa toricida no fue lo que se dice brillante y Rafa Serna se retiró a la barrera arropado por el silencio de la cátedra. Su segundo fue Casero, número 14, que es el que más tuvo de toro ante el caballo de «Chocolate». Al inicio de la faena, Serna le castigó de manera harto innecesaria y después le dio distancia al toro, distancia que el animal agradeció. Ahí, en esa serie inicial, se produjo la breve fase de interés de la faena, que en seguida comenzó a ir a menos sin que los empeños del sevillano consiguieran hacer atractiva su labor. Si a eso le unimos la falta de colocación y la abundancia de enganchones, ya tenemos todos los ingredientes del gazpacho que llevó de nuevo a Rafa Serna a escuchar los sonidos del silencio de Las Ventas.


Y por último San Román, que derrochó ganas e ímpetu, arreando con toda su juventud. Ésa sería la parte buena. La otra es que se dedica a practicar este neotoreo mecánico y previsible, ayuno por completo del concepto de la colocación y abusando de manera desmesurada del toreo con el pico de la muleta. El señor don José Antonio Rodríguez San Román, que presidía el festejo, se dignó a sacar el trapo verde al tercero de la tarde, más vale tarde que nunca, y se corrió turno para que Diego San Román torease en primer lugar al anunciado como sexto, Tibetano, número 37, al que recibió en los medios a base de pedresinas: una, dos, tres… un festín de pedresinas sin ton ni son que entusiasmaron a la parte más turística del público. Luego llegó la hora de torear, cosa que el mejicano trató de hacer a base de los principios citados más arriba sumados a ciertos enganchones y la cosa iba cada vez un poco más a peor, porque el toro se iba desinflando en sus ímpetus a medida que avanzaba el largo, tedioso trasteo. Oyó dos avisos y mató a la última. Su segundo fue el sobrero, Francés, número 64, de Carmen Valiente, un toro de hermosa lámina que también se fue desinflando y que a algunos llegó a confundir pues no era el torero el que llevaba al toro a velocidad ralentizada, sino que era el toro, que no podía ni con los cuernos, que avanzaba penosamente tras el trapo encarnado. Nueva faena sin medida y esta vez media estocada que fue bastante para despenar a Francés y poner punto final a otra corrida de toros más, sin pena ni gloria, amenizada por la espléndida tarde y por la compañía.




ANDREW MOORE











FIN

Lunes, 6 de Abril

 



la primavera exacta de picotón de buitre

domingo, 5 de abril de 2026

Domingo de Resurrección


Pasión de Jesús
Morata de Tajuña, 2014




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    En la Pasión Viviente de Morata de Tajuña, Madrid, cuando de la oscuridad, en lo más alto, se aparece el Resucitado, la muchedumbre que en la noche del Jueves Santo abarrota la plaza Mayor (la plaza del toro y la plaza del Cristo en la maravillosa primavera española) estalla en ovación alegre, comunal y final, como la que en los títeres liberan los niños cuando el títere de la estaca apalea al diablo, que es otro títere.


    La resurrección de Jesucristo es el fundamento del mensaje cristiano.


    –Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido, y vuestra fe, lo mismo –escribe Pablo.

    
Para Ratzinger, la dialéctica que forma parte de la esencia del Resucitado es presentada en los relatos realmente con poca habilidad, “y precisamente por eso dejan ver que son verídicos”.

    
Si se hubiera tenido que inventar la resurrección, se hubiera concentrado toda la insistencia en la plena corporeidad.

    
“No conocer la corrupción”: ésta es la definición de resurrección.


    Con la Resurrección, el viejo modo humano de estar juntos y de encontrarse con Cristo queda superado. María, su madre, lo ve, y no lo reconoce. Para demostrar su corporeidad, Él, que una vez dibujó en el suelo un pez que luego borró, acepta un trozo de pez asado para comer. “¿Muchachos, ¿tenéis pescado?” Ha puesto pescado sobre las brasas, y los invita: “Vamos, almorzad”. Y entonces ellos saben que es Jesús. “Comiendo con ellos sal”, el sello de las alianzas.


    –Señor, ¿qué ha sucedido para que te muestres a nosotros y no al mundo? –es la pregunta que Judas Tadeo, en nombre de todos nosotros, le hace a Jesús en el Cenáculo.


    Mas ése parece ser el estilo divino: suscitar amor, no arrollar con el poder exterior. La victoria del amor, dice Ratzinger, será la última palabra de la historia del mundo.

   

 –Pues hace footing todo el año para poder lucir luego en la Cruz –me dicen del Cristo nuevo de Morata (¡Cristo de estreno!), que es pintor, en un balcón.


[Abril, 2014] 

Domingo de Resurrección

 






Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

 DOMINGO, 5 DE ABRIL


El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.


Juan 20, 1-9

sábado, 4 de abril de 2026

Sábado Santo


Las Huelgas Reales



Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    De todas maneras, dice Steiner, el nuestro (el de los judíos) es el largo día del sábado, con su “neutralidad metafísica” entre el sufrimiento, la soledad y el despilfarro impronunciable, por un lado, del Viernes Santo, y el sueño de liberación, de renacimiento, por el otro, del Domingo de Resurrección.


    La neutralidad de la Pasión es Pilato (“quid est veritas?”) frente a las querellas religiosas de los judíos; la neutralidad, políticamente positiva para Schmitt, del que se mantiene al margen:

 
Es la objetividad del protector del Estado que se encuentra bajo su protectorado, y frente a sus antagonismos políticos internos.

 
Él no quería, pero se sometió a la voluntad del pueblo. Ah, ¡vaya circunstancia atenuante! Y entonces, entrará en el reino de Dios, ¿sí o no?


    Pero ¿qué sabemos con certeza de Pilato?, pregunta el padre Andréi. Pues aún hoy no se sabe qué sentía él por Cristo. ¿La crucifixión? ¡Son cosas que pasan! El poder terrenal es complejo. El espiritual es más sencillo. No les gusta Cristo y lo arrestan, lo juzgan, lo condenan y lo ejecutan. Aunque condenar tampoco fue fácil. Faltó poco para que todo se fuera al garete.


    Tenemos, prosigue el padre Andréi, una legión de Pilatos, el típico funcionario medio: severo, pero no cruel; en los casos anodinos, es justo y muestra incluso principios; en los casos grandes, duda y tergiversa. Y acabó mal. ¿Obligado a suicidarse bajo Calígula? ¿Ejecutado por orden de Nerón? ¿Exiliado en Suiza y ahogado en el lago de Lucerna? (“En los Alpes hay una montaña que se llama Pilato. El Viernes Santo apareció allí una sombra enorme y todo el mundo se lavó las manos”).

 

Raulin, predicando una vez en Francia la Pasión, dixo: “Vosotros sois los que le crucificastes, aunque os llamáis chistianissimos, porque Pilato era francés y también lo serian los más de los suyos”. Al tiempo de la muerte de Raulin se juntaron más de veinte señores y abbades, y él, predicando en la iglesia “De Paraíso”, dio el ánima a Dios –se lee en el Floreto de un fraile dominico residente en Sevilla a mediados del siglo XVI.


[Marzo, 2018]