PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de cinco toros de Saltillo (procedencia Marqués de Saltillo, antigüedad de 1845). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Cárdenos. Mansos. Distraídos. El primero fino y cornivuelto, noble. El segundo, de menos trapío, muy manso, corretón y sin fijeza. El tercero desentendido de la pelea, a menos. El cuarto abierto de cuerna, duro de roer. El sexto encastado, fino de lámina, cuerna abierta, con cara de listeza, embistió con emoción. Primero, tercero y sexto fueron aplaudidos en el arrastre. El quinto toro fue de la ganadería de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte y Atanasio Fernández, antigüedad de 1992), cinqueño, un toro feo, grueso, muy manso, no quiso caballo y se dolió en banderillas. Tres cuartos de entrada. Tarde primaveral con un ápice de calor.
Terna: José Carlos Venegas, de Beas de Segura (Jaén); de blanco y oro, con cabos blancos; quince años de alternativa; ningún festejo en 2025; ovación y silencio. Juan Leal, de Paris (Francia), de azul cielo y oro, con cabos blancos; trece años de alternativa; cinco festejos en 2025; silencio y silencio tras aviso. Juan de Castilla, de Medellín (Colombia), de nazareno y oro, con cabos blancos; nueve años de alternativa; quince festejos en 2025; palmas tras aviso y silencio tras un aviso.
Suerte de varas. En general, a los toros no se les pico bien y se les pegó. Al primero metisaca y barrena. El segundo bien cogido en las varas por José Ney. Al tercero trasero y caído. Al cuarto trasero en la primera y metisaca en la segunda. El quinto realizó varias entradas en varas, recibiendo distintos picotazos por falta de fijeza. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto, el toro que mostró mejores condiciones en la faena de muleta. Teo Caballero en la primera entrada le pegó un lanzazo trasero fuerte y el astado es sacado al cabo. En las segunda el toro llega de lejos a la montura y el picador le coge (nuevamente) trasero, el burel sale al capote, y el picador se quedó con ganas de barrenar.
El esperado encierro de toros de Saltillo en cierto modo defraudó pues los astados no desplegaron un juego espectacular. Además, la primera decepción vino por no lidiarse completa la corrida. Hubo un remiendo que correspondió a un toro de Couto de Fornilhos, lidiado en quinto lugar, que fue un animal muy manso, tosco, incluso grosero, e impidió el bamboleo del toreo de Juan Leal. Los toros de Saltillo tienen leyenda y sus genes han saltado a otras ganaderías como ocurre con la línea Santa Coloma; incluso es una de las bases del ganado mexicano que ha derivado en ese toro serio y templado de allende los mares. La leyenda peninsular de los toros de Saltillo proviene de sus ejemplares míticos que pelearon con entereza en los caballos antaño (Caramelo, en Cádiz, en 1867, que recibió 27 varas) o permitieron triunfos sonados de espadas señeros (Granadino, en Santander, en 1926, toreado por Juan Belmonte). Recientemente se recuerda la vuelta al ruedo al ejemplar Asturdero, lidiado por Octavio Chacón en Madrid, en 2018; o el toro más legendario de comienzos del siglo XXI, Cazarrata, lidiado por Sánchez Vara en 2016, por su juego indómito, indócil y montaraz. En suma, Saltillo es una ganadería que aporta con sus toros historia, mitología y rigor, porque son astados bravos o renuentes, pero nunca insulsos ni bobalicones. Los toros de ayer de Saltillo (solo cinco) no añadieron nada nuevo reseñable para los anales de esta ganadería emblemática. Cierto. A pesar de todo hubo un fondo de severidad en ellos que es lo que hace que para matarlos se anuncien toreros modestos, poco conocidos, de escaso recorrido taurino. Éste es un aspecto que merece la pena que nos detengamos a reflexionar sobre él.
De acuerdo en que ayer la corrida no fue demasiado buena. Eso sí, hubo dos toros que pudieron tener mejores trasteos, el primero y el sexto. Además del tercero, que pudo haber tenido mejor recorrido en la lidia y en la muleta. Pero vayamos sin más preámbulos al meollo de la cuestión. Si los toros de Saltillo poseen leyenda, historia, mítica y dificultad, ¿por qué solo son toreados por toreros que están muy alejados de los primeros puestos del escalafón y de la fama? ¿Será por la dificultad de torearlos y poderles? Pensamos que sí. La fiesta de los toros ha tomado unos derroteros que son los que presenciamos. Los toros difíciles que pueden dar verdadera fama a sus matadores no son toreados por los espadas que suman más contratos, que prefieren anunciarse con lo más suave, fácil y llevadero. Todo este planteamiento se puede entender, pero entonces surge el asunto de cómo se debe valorar a los toreros modestos que pechan con lo más duro, difícil, complicado y, en ocasiones, desabrido, porque cuando las corridas no salen buenas en la lidia de este ganado duro, sobreviene el fracaso, la crítica y la caída en el ostracismo. La afición a los toros no suele tener memoria, iguala en el éxito y en el fracaso a los matadores que matan lo comercial o lo extremadamente dificultoso. Desde este punto de vista, esta peculiaridad de la potencia humana que gobierna y mide las experiencias de la vida: la de su fragilidad en el recuerdo humano [no me acuerdo si te he visto], valida la decisión de las figuras del toreo cuando prefieren torear lo más dúctil, porque existe un porcentaje mayor de éxito y nunca sobreviene el verdadero fracaso. Con el toro comercial se puede sobrevivir sin sonados éxitos y con actuaciones mediocres, tarde tras tarde. Con el toro dificultoso el fracaso está a la vuelta de la esquina y se hace patente, aparte del peligro que conlleva ponerse delante. Las corridas duras «pasan factura» a sus matadores, les van desgastando, y sus toros «pesan», por su «gravedad», por la fatiga que hacen pasar.
De ese modo el porcentaje de valor que posee un matador, con las corridas duras disminuye en progresión geométrica, mientras el aminoramiento del mismo con las corridas usuales (con el toro de carril) sólo resta (el valor) en progresión aritmética. Desde este punto de vista, el mérito de los tres matadores de ayer es enorme, por el solo hecho de anunciarse con Saltillo (al margen del juego de los toros) porque conlleva un debilitamiento, una «erosión» en las fuerzas, un agotamiento de las capacidades que lima el valor y acelera el envejecimiento de cualquier trayectoria taurina o carrera.
Ayer Juan Carlos Venegas se presentaba a torear en Madrid sin haber toreado ninguna corrida en 2025 (serán muy pocas en toda su vida taurina). En su primero toro dio la sorpresa pues se le vio seguro y decidido. Ante un toro con buen son, pero listo, estuvo en la divisoria del acoplamiento. En ocasiones corrió bien la mano y llevó largo a Caramelo. En otras el astado equilibró la lucha al no dejarse torear y dificultar el manejo de la franela de Venegas. Alguno de los pases tuvieron verdadero mérito. Un éxito con este ejemplar de Saltillo (que pudo suceder y lo impidió la falta de rodaje de Venegas) hubiera sido un milagro. Tragó, aguantó y toreó en sus límites de lo posible. Mató de una estocada tendida y atravesada en la suerte natural. En el cuarto, un ejemplar en la línea de la renuencia que dan fama a los Saltillos, Venegas, muy poco toreado, estuvo a la deriva, pues no pudo con el toro. Aquí aparece la injusticia pues se le pasará factura a Venegas por no haber estado solvente con un toro que «pesaba», y que nos hubiera gustado ver en manos de, por ejemplo, de los que van a torear hoy, para comparar. Venegas mató en la suerte natural de una estocada casi entera, atravesada y tendida, más un descabello.
Juan Leal, no pudo poner en escena su toreo de cercanías y circulares. El toro de Saltillo no se lo facilitó. Tampoco el de Couto de Fornilhos. Al de Saltillo muy manso y distraído lo quiso torear en los medios. Se le salía de la suerte constantemente. Barbeaba la muleta y se desentendía de su mando. Finalmente, el toro tras recibir una estocada casi entera, delantera, caída, en la suerte contraria, se fue a morir al tres, a toriles, a la querencia, dejando la duda sobre si esos hubieran sido los terrenos más apropiados para meterle en vereda. En el quinto de Couto de Fornilhos, muy manso, Leal quiso hacer su toreo. Fue desarmado. Leal, despegado, quiso meterse en sus cercanías, pero ni a trancas ni a barrancas pudo conectar el torero galo con el toro portugués. Mató en la suerte contraria de estocada baja.
A Juan de Castilla se le vio sin confianza. Las cornadas le han ido mermando su seguridad. No está totalmente recuperado. En los dos toros hizo un esfuerzo por meterse en la tarea de torear. La lucha por conseguirlo se hizo más dramática en el sexto toro, de buena condición. En el tercero inició su labor con verónicas donde se vio esa limitación de posibilidades de Juan de Castilla. La faena de muleta comenzó de rodillas en los medios. Luego dio distancia al toro, pero no se hizo con su embestida, le falto frescura de ánimo. Estuvo maniatado por el recuerdo de sus percances recientes. Toreó con prisas, no corrió la mano en el terreno adecuado, se mantuvo por las afueras. No le salió saber enganchar al toro de delante hacia atrás, una característica de su toreo que no asomó en toda la tarde. Ni siquiera en los pases finales por bajo se impuso al Saltillo. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el sexto todo le costó un mundo. El toro era bueno pero «pesaba». Exigía. Había que entenderle y llevarle, disponer de valor y entrega, de coraje y suficiencia. A Juan de Castilla no le salió lo que pretendía, y estuvo alejado de lograr lo que el toro necesitaba. Mató de cinco pinchazos y de una estocada tendida en la suerte natural.

ANDREW MOORE
FIN