jueves, 7 de mayo de 2026

Mingorance



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Rafael Herrero Mingorance es el hombre que más ingenio haya visto uno tirar por la ventana, seguramente a sabiendas de que tampoco en el periodismo el ingenio sirve de nada. Él, primero, había sido psicólogo. Y antes que psicólogo, novillero. Una noche me contó cómo toreando en una plaza de carros riojana tuvo la mala suerte de pinchar hasta los tres avisos, y cuando estaba plenamente resignado y encontraba la voluptuosidad de la resignación advirtió, a contraluz, que en los tendidos arreciaban el silencio y unos oscuros lutos pubianos como boinas de atrapar murciélagos: ocurría que la batuta protestante la llevaban en aquel pueblo las mujeres, y su forma de avergonzar al diestro consistía en levantarse las faldas para mostrarle sus ceños. ¿De luces, Mingorance? Era ultraísta, y de madrugada, en los bares de la Gran Vía donde nos servían coñac y pulpejo de sandía, era, además, aquello que Ramón vio en otro poeta, es decir, el sonámbulo de la ciudad andando por los aleros como si anduviese por un camino del campo y oyese las esquilas perdidas. Tenía en el aspaviento algo de dibujo animado que recordaba al malvado Pierre Nodoyuma (sin Patán). También tenía mucho talento para el exceso surrealista, y sabemos que son los excesos los que conducen a la sabiduría. Andaba por la ciudad como ramonianamente anduvo Galdós: como un gran paleto español, testigo castizo en el gran pleito ibérico, ese litigio que no acaba y que siempre tiene incidencias, reclamaciones, últimas instancias. Nadie quiere a Madrid como lo quiere el paleto, dijo una vez Víctor de la Serna en su loa del paleto: “El paleto es trabajador, leal, decente, conservador, valeroso y soñador. Le gustan los toros y el cante, y no es demasiado aficionado a los viajes. Y es, además, muy listo.” Yo creo que nunca he querido a Madrid como lo quise con Mingorance. 

Historia, toros y autenticidad



BIBLION


Cual Jesús del Gran Poder cargando con el madero, vengo cruzando por todos los endiablados semáforos de la destartalada, la inhóspita Plaza de Colón. Voy doblando bajo el peso de unos cuantos ejemplares del libro que Juan Salazar y sus socios de la espléndida  ̶ en las tres acepciones de la palabra recogidas por el DRAE ̶  editorial Letras de Almagre, me  acaban de editar.


Me adentro por el paseo de Recoletos donde tropiezo con las casetas de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. Voy desfilando a lo largo de los interminables estantes tapizados de libros venerables, repletos de rancias encuadernaciones, de badanas, marroquines y piel de Rusia, guarnecidos de un sinnúmero de lomos dorados y solemnes. Según voy progresando a lo largo de la muralla impresa, ya no son solamente los ejemplares que llenan mi mochila los que lastran mi espinazo y fatigan mis rodillas, es el peso cósmico de la historia del libro, es su abrumadora presencia física la que se impone y me anonada. Es también el sentimiento de su sustancia anacrónica, de su inminente obsolescencia y de su vertiginosa inutilidad.
Voy cruzando ahora por Cibeles. La minusculez y la inanidad de la producción personal que me lastima la espalda me clavan su evidencia en la cerviz. El sentimiento de una desesperante futilidad. Infinitésima botella a la mar sin playa donde encallar.

 
Jean Juan Palette Cazajús 

 

 

 

Jueves, 7 de Mayo

 



El misterio de la vida

miércoles, 6 de mayo de 2026

Loa y elogio de la antigua taberna


Vicente Llorca


“El derribo del Muro supuso el final a esa tendencia tan alemana de obedecer ciegamente al Estado”

Rainer W. Fassbinder


La ciudad cada vez nos es más ajena. La otra mañana, camino de la Plaza de Santa Ana, tuve una cierta nostalgia por volver a entrar en Lhardy, el colmado de la Carrera de San Jerónimo. La portada seguía igual, parecía, y recordé que Lhardy era un lugar habitual de parada antes de bajar a los tabancos de la calle de la Cruz y sus alrededores. Siempre era una parada solitaria. Las citas tenían lugar más abajo y el viejo restaurante era el paraje, entre mostradores de vidrio y vitrinas historiadas, donde te detenías, sobre todo en invierno, y en un taburete o de pie frente a la mesa de las bebidas, tomabas un caldo caliente, un hojaldre de anchoas, y leías la prensa, antes de enfrentarte a la tertulia y la insurrección que aguardaban en la plaza. Luego, a la salida, le apuntabas a la cajera en la puerta lo que habías consumido- que siempre incluía dos copas de manzanilla- y pagabas.


Al entrar, el otro día, intenté por costumbre dirigirme al taburete del fondo, sobre la puerta de las cocinas, en donde solía refugiarme del tráfago de la entrada. Pero, para mi sorpresa, vi que una fila de desconocidos estaba esperando en el pasillo, y que un severo acomodador los sentaba de tarde en tarde en unas sillas en fila, según iba llegando su turno. La cajera de la entrada había desaparecido y también, observé un momento, las torres de cristal de donde sacabas los profusos hojaldres. (Y, desde luego, el surtidor de cobre donde te servías el caldo invernal). Alineados en orden frente a la barra los turistas contemplaban fijamente un punto en la pared, que a mí se me escapaba.


No me quedé, por supuesto. Si algo entrañable había en Lhardy – aparte de la leyenda familiar de que ya la abuela encargaba los callos allí, y nuestra madre los hojaldres era el placer del antiguo caos. El que te hacía vagar por la sala, adquirir un taburete improbable, esconderte frente a la cocina, y abrir de manera aleatoria los muebles vítreos con las agujas de ternera, las anchoas o el consomé del grifo– frente al cual siempre había cola. Que la factura consistiera en tu sincera comunicación a la atenta cajera, no hacía sino añadir una certeza más a lo que siempre habíamos sospechado: no existe orden sino en el caos. Y debemos huir como de la peste del estado y sus idólatras.


(Que además un camarero ya viejo fuera de Lumbrales, y con él entablara conversación sobre el estado de la montanera de aquel año, no deja de ser un azar aleatorio. Ni que la severa cajera me preguntara a veces por el pronóstico de la cosecha de esa primavera. Ella, a despecho de su ibérica firmeza, era de un pueblo de La Sagra, me confesó una mañana). Pero sólo el azar impredecible posibilita los encuentros. Y el vagabundeo entre las mesas. Y la insólita economía de las tabernas clásicas: lejos de las leyes del mercado, los turnos para la comida, la tiranía de las estadísticas sindicales.



Lhardy

 

Cayó el Atleti


Maguregui

   

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Hago constar que estaba convencido de que el Atleti se clasificaba y que el arma secreta del Cholo iba a ser Álex Baena de titular. Como casi siempre, me equivoqué, y a la ausencia en el Arsenal de Zubimendi, mediocentro solución al que quisieran de novio todos los grandes equipos de Europa, se sumó la antipática jeta del almeriense en el banquillo. Téngase por detalle menor el de Álex Baena y aceptemos, por evidente, el mermado estado físico de varios jugadores colchoneros y en particular el de Julián Álvarez, llamado a ser elemento decisorio. Además, puede que sea sensación particular, pero hay partidos en los que todos los, digamos peloteros de clase, fallan pases fáciles, pierden balones tontos, intentan cosas raras... y éso es lo que me pareció desde el comienzo del Arsenal-Atleti. Griezzman tocaba con poses de pase de ballet, Julián la daba larga, Lookman la dejaba corta y entre imprecisiones variadas ambos equipos fueron como arando en grava hasta el último minuto de la primera parte, cuando Gyokers, el grandullón sueco se coló entre los centrales y provocó un lío que aprovechó Saka. Arteta y Simeone, en pareja sintonía, plantearon el partido "a la Maguregui" que es como decíamos cuando veíamos la cerrazón del Rácing del Santander, pero mientras Arteta tenía al Gyokers molestón fijador de centrales, Simeone dejó a Sorlock, noruego sosias del sueco en el banquillo, en día que Julián andaba con pie dolorido. Simeone sabrá, pero creo que hay partidos en los que no se debe jugar estando medio de baja. Sí. Si la necesidad aprieta, pues se echa mano, pero en la cancha los que estén a tope.


     Vuelvo a Álex  Baena. "Fueraparte" la sensación que transmite de tío borde, creo que es jugador que tendría que haberse hecho fijo en las alineaciones del Atleti. No hay otro como él: técnico, inteligente, llegador... No acaba de convencer al Cholo y éso ha ido en detrimento del Atleti. Lo sacó a la desesperada, cuando los que empezaron heridos iban cayendo, y en ese rato vimos que ¡qué pena no ser titular!


    No sé cómo resultará el Mundial, pero la mayoría de los buenos jugadores está hecha cisco y es que no se puede jugar tantos partidos por temporada.


     En fin. Pasó el Arsenal, como pudo pasar el Atleti, con un fútbol architáctico, ultramarrategui y pobre con la sensación de que caerá en la final, aunque esto último habrá que verlo. 

Un milagro


David Hume


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El presidente del Madrid, ese señor pintoresco que da mazo de suerte y, a veces, conferencias, ha pasado por la Pontificia de Comillas para proclamar su “votofobia” proverbial (“nuestro modelo es complejo y perverso, porque luego todos los socios deciden cada cuatro años quién dirige el club y con su decisión pueden poner en peligro muchas firmas de contratos ya apalabrados”) y para revelar un milagro médico: “Había un niño al que le quedaba un mes de vida y pidió ver a Roberto Carlos. Roberto lo hizo encantado y estuvo una hora con él jugando al balón y hablando. Al día siguiente (?), el director del hospital dijo que, fruto de la emoción, el niño vivió trece meses más (!).” A quienes, arrellanados en el sofá de la Fox, nos empapamos diariamente de “House” y de “Anatomía de Grey”, nos ha dejado estupefactos la revelación del señor pintoresco que da mazo de suerte, porque, señores, estamos hablando de un milagro, y de un milagro médico, atribuido a Roberto Carlos, que no es un chamán, sino el carrilero zurdo de un equipo de Madrid, sede del hospital anónimo cuyo director, si dijo eso, debe de estar hecho un mesmerista tremendo. Llegados a este punto, deberían manifestarse todos los personajes de la cultura sanitaria oficial, desde el consejero Lamela hasta el doctor Montes, que como buen laico habrá leído “Un discurso sobre los milagros”, de Thomas Chubb, y “Una investigación libre al interior de los poderes milagrosos”, de Conyers Middleton, por citar a un par de laicazos dieciochescos de categoría. Ahora permítasenos tirar de Hume, que por su inteligencia no fue lo que se dice un progresistón, para discutir el milagro desde una postura escéptica. Hume define los milagros como violaciones de las leyes de la naturaleza cuya aceptación origina un choque de dos fuerzas: la de la experiencia previa en contra y la de los testigos a favor. Pero estos testimonios a favor, incluido el de un señor pintoresco que da mazo de suerte, nunca prevalecerán sobre el cumplimiento de la ley de la naturaleza. Para entendernos: ningún número de testimonios favorables será nunca suficiente para contrarrestar toda la experiencia que nos dice que Capello no sabe jugar al fútbol.

Miércoles, 6 de Mayo

 




Cerveza y Evangelio

martes, 5 de mayo de 2026

Cambio de mano


Toro de Escolar en San Agustín



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Si el Imperio lleva, seguidos, dos césares dementes, es que el poder cambió de mano. Ya lo ha avisado Schwab, glande parlante del globalismo de “el agua no es un derecho humano”, en el “India Today”: “El mundo ya no será dirigido por superpotencias como los Estados Unidos; lo será por el Foro Económico Mundial y sus partes interesadas: BlackRock, Bill Gates y el resto de la elite global”. El Estado, pues, ya no es la marcha de Dios a través del mundo, como nos vendían los hegelianos. El Estado es San Dimas a través de las Corporaciones, como nos estafan los liberalios, cuyo único propósito al demoler el Estado es ocupar su lugar para hacerse cargo de la caja, cosa que el ceo de Palantir no se cansa de anunciar.


En Occidente, el viaje del poder ha ido de la Iglesia al Estado y del Estado a la Corporación con la bendición de todos los peces gordos. El Estado arrebató el poder a la Iglesia con el pretexto de poner fin a la “violencia religiosa”, ese mito estudiado por W. T. Cavanaugh, y propagado, al comienzo de la modernidad, por los Hobbes, los Locke y los Rosseau, y ahora, por los Shklar, los Rawls y los Fukuyama, que dan por verdadero que un conflicto sobre creencias religiosas entre católicos y protestantes originó un sinfín de guerras religiosas que sólo solucionó el surgimiento del Estado secular, pasando por alto que hubo católicos que mataban a otros católicos, luteranos que mataban a otros luteranos, y a menudo, colaboracionismo católico-protestante: la Francia católica de Richelieu al lado de la Suecia luterana en la Guerra de los Treinta Años, más la mitad de esos años empleados en la batalla Habsburgos/Borbones, las dos grandes dinastías católicas de Europa. La realidad, mostrada por Tilly, fue otra cosa: decir que los Estados nacientes ofrecían a sus ciudadanos protección contra la violencia es ignorar el hecho de que el Estado mismo creaba la amenaza y luego cobraba a sus víctimas por apagarla.


El éxito europeo del Estado-Nación fue su capacidad para extraer recursos de la población: sus impulsores dieron con la máquina de hacerlo, sabiendo contener, a la vez, los esfuerzos de esa población por resistirse a la extracción.


Arrebatar al Estado esa capacidad es la gran conquista de la Corporación, cuyo poder dejó de ser invisible. La Corporación es “persona legal” desde 1844, cuando la Corte Suprema la coló por la Enmienda 14, planteada para otorgarle la ciudadanía al “objeto-esclavo”. La Corporación lo quiere todo y lo quiere ya: por eso, como el Estado en su día, promueve todas las guerras que asolan el mundo, con las víctimas ensimismadas en los espectáculos guionizados de las nieblas de Biden y el “pressing catch” de Trump para el mundo muerto de la TV. En verano, la recesión, y en otoño, la gran depresión con “backstage” para el hongo nuclear.


[Martes, 28 de Abril]

Por Mayo

 




F.J.G.I.

     Desde los patios cordobeses que ayer abrieron sus cancelas en esta Primavera del 26 tan reventona...

   ...los mejores deseos para el Atlético de Madrid en la noche de Londres.

Martes, 5 de Mayo

 



Pradera de siega diferenciada (?)

lunes, 4 de mayo de 2026

Rachas


Lizancos, fichado del Lugo


Francisco Javier Gómez Izquierdo


           Hace unas doce jornadas de la Segunda División, mi Burgos y mi Córdoba rondaban a un punto o dos del play off colocados estratégicamente en los puestos 7, 8 ó 9,y decía servidor que los dos podían entrar porque la Segunda es como es, pero que no veía mata para tanto tomate. Al Córdoba le acudió entonces esa pájara que les llega a los ciclistas cuando menos se espera y se descolgó hasta hacernos temer que cayera en ese furgón de cola del que no prosperan Cultural, Zaragoza, Huesca y Mirandés. Fueron siete encuentros desesperantes de los que más vale no recordar episodios calamitosos en El Arcángel como el 1-4 ante el Andorra o el 0-2 ante el Sanse. El 4-0 en El Plantío, el peor partido de la crisis, desmoralizó a todo el cordobesismo. Con un punto de veinticuatro poca esperanza puedes transmitir. Llegó abril, se ganó en Cádiz y todo son victorias. Cinco seguidas. Quince puntos de quince. Ya no da para alcanzar el Málaga sexto, pero queda claro que algo le ha pasado al Córdoba de Iván  Ania en  febrero y marzo. Es posible que el míster, en el que he detectado ciertas supersticiones que me callo, acuse a marzo completo de nefasto y no sólo a los idus que asesinaron a Julio César. El Córdoba siempre gana al Castellón y es cosa harto curiosa que disgusta a mi sobrino Héctor, hincha de los que gritan en Castalia, y como resulta que Adrian Fuentes nuestro " Haaland de los chinos", apodo que me salió hace unas jornadas cuando falló lo que uno no se puede explicar, y que voy a poner aquí con todo el cariño, porque Fuentes, a pesar de sus limitaciones técnicas, es imprescindible en el equipo por el terror que transmite al rival y el contento a los cordobeses cuando alza una centésima la vista y empieza a correr como los búfalos o bisontes que vimos en Ronaldo Nazario sobre todos, en el Haaland actual o ese Lukaku que no sé en qué cuitas anda metido, se soltó con varias cabalgadas de las que dos fueron goles. Tremendo favor al Burgos que jugaba en San Sebastián, pero el Burgos, sin Lizancos, lesionado, ¡cuánto le hecho de menos!, es aguantar el 0-0 y esperar. Con Lizancos el plan era el mismo pero había como más confianza y optimismo en lo que pudiera pasar en cualquier momento. En Anoeta no pasó casi nada. 0-0. Jesús me dijo al poco de empezar que el Burgos parecía "la naranja mecánica" vestido a la holandesa, y como recordé que era de Huelva le contesté que  jugábamos como el San Roque de Lepe.  Alguno de los fijos, David González y Morante, así a bote pronto, acusan síntomas de la pájara colectiva que asaltara al Córdoba por marzo y aunque Atienza se multiplique por cuatro y Cantero pare demasiados balones comprometidos, pienso que el Burgos está incluso mejor clasificado de lo que dice el potencial de su plantilla. El Córdoba está en plan de ganarlo todo, pero ningún rival de los que queda es de arriba con lo que no ayudaría al Burgos que el domingo se ve en El Plantío con el Almería, duelo que puede determinar un futuro que servidor ve... pues de nuevo a ambos, Córdoba y Burgos, de la mano en Segunda para la 26/27. 

El mosqueo con Mbappé



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En Sevilla (otra Sierra Morena arbitral) colapsó el mosqueo que el madridismo tiene con Mbappé, líder de los piperos: tiró un mano a mano al tercer anfiteatro y luego miró la hora y marchó al vestuario como a cambiarse para ir a la Feria, donde a nombre de “Laissez faire, laissez passer” tendría puesta caseta, lo que a juicio de los incautos no tiene perdón de Dios.


Puerta del Perdón es el nombre de los accesos a catedrales para devotos en busca de indulgencias por penitencias como la del Camino de Santiago, y en el fútbol, en modo secular, la del cutrerío liguero en el Bernabéu, donde, perdidos todos los títulos por el gatillazo de Xabi Alonso, el madridismo de campanario aprovecha ahora los partidos de la basura (a más de veinte puntos de la cabeza, el cuarto clasificado ha eliminado de la Copa y de la Champions al líder) para ajustar cuentas con sus demonios familiares, que son Camavinga y Vinicius.


El francés pidió perdón en redes por su expulsión en Munich. Y el brasileño pidió perdón en el césped sólo por existir, que a eso han reducido su vida la barbarie y la corrupción ibéricas. Vinicius lo hizo después de un gol de bandera al Alavés (¡un quite del perdón!), en el mismo partido que Mbappé hizo un gol de churro y fue elegido por ello MVP. Pero el debate ya venía servido, con todo el antimadridismo en el bando de Mbappé: echar a Vinicius (dos Champions) y hacer un equipo para Mbappé (cero Champions), con Deschamps de entrenador.


Contra el Alavés hubo Martes de Carnaval y la mugre pipera, nieta de la misma mugre pipera que pitaba a Juan Gómez Juanito, pitó a Vinicius cada vez que tocaba el balón y ovacionó a Mbappé cada vez que fallaba un gol, empujando al espectador neutral a hacerse culé por vergüenza ajena. Al final del partido, hubo silbatina general al equipo, y mientras Mbappé, “Hombre del Partido”, corría a esconderse en el vestuario, Vinicius ¡y Camavinga! se quedaron en el césped a cumplimentar al público, que tampoco merece otra ilusión que la de Mbappé compitiendo por el Pichichi con Muriqi mientras las maras mediáticas aprovechan la frustración ambiental para echarle pulgas a Arbeloa: por qué no juega el pobre Pitarch cuando vuelven Mbappé y Bellingham y por qué no juega el viejo Carvajal, que tiene que ir al Mundial.


Lo de Pitarch es broma, pero lo de Carvajal, ése con el que el joven Víctor Muñoz se ganó en Pamplona su regreso al Madrid, no. Ahí está esa solanera de comadres donde reluce el tinte de Cañete, “héroe” del Real Madrid-Odense del 94, comadreando que Arbeloa no pone a Carvajal porque es el futbolista que lo retiró: “A mí me da que el rencor caduca más tarde que el yogur”, es la frasecilla manchega muy Paulo Coelho que deja caer Cañete, haciendo buena la impresión que Pérez de Ayala tenía de esta clase de españolejos: “Sí, aquí somos como comadres que vivimos de la vida ajena a falta de la propia. Murmurando de todo. Ensayando el palillo de dientes en el nombre del amigo. Dando mordisquitos de ratón en…” Cañete con un mondadientes repasando la actualidad, que es la recena. Como diría Cela: un país encabronado por la envidia. Por eso es una bendición para el Real Madrid no tener jugadores españoles: primero por ser club universal, y luego por evitar los comadreos que alimentan al Combinado Autonómico y que tanto incomodaron cuando el mourinhismo. ¿Que qué fue el mourinhismo? Para los más jóvenes, y en palabras de sir Alex Ferguson: “Durante el tiempo de Mourinho en Madrid, seguía cada semana lo que estaba ocurriendo en España. El cautivador choque entre Mourinho y el Barcelona fue, para mí, como una serie emocionante, y esperaba ansioso cada nuevo episodio semanal. El Barcelona estaba en la cima del mundo, ¿y quién se atrevía a desafiarlo, sacrificando su propia reputación en el proceso? Sólo Mourinho. Fue como ir a la batalla con una espada pequeña para enfrentar a un ejército entero en plena fuerza”.


Con el gol, el viernes, del bello y setentero Bellerín, que es vegano (palabra india que significa “mal cazador”), todos supimos que esto ya sólo lo arregla Mourinho.

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[Domingo, 26 de Abril] 

Hughes. Espanyol, 0-Real Madrid, 2. Pericas miradas perdidas



@realmadrid

Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

De Arbeloa ya se puede decir que ha aportado algo nuevo. Lleva una prenda singular, una chaqueta inusual que parece una actualización deportiva de la castellana chaqueta teba.


Estos partidos sin interés deportivo del Madrid son, al final, una reunión de muy cafeteros. Se siente que nos hemos ido quedando solos con el equipo y que ante el televisor ya estamos los incondicionales. O los que no tienen otra cosa.


La alineación era alineación sin Mbappé, entonces sabíamos que sería funcional. Siendo x, y o z Mbappe, Vinicius o Bellingham, las alineaciones han sido:


a) si estaban las tres: disfuncional


b) si faltaba uno de ellos: funcional


c) si faltaban dos: muy funcional


d) si no había x, y o x: disfuncional otra vez.


Esta vez, Valverde hacía de falso 9, con lo que ya le hemos visto jugar de 2, de 5 y de 9, cuando su sitio está muy claro.


Igual que nosotros imitamos el gesto de un actor, el Español salió muy voluntarioso a intentar una presión alta que generó problemas en el Madrid, que sólo tenía la débil conexión Huijsen-Brahim. Luego fue imponiéndose el buen partido de Tchouameni, sus cortes y hegemonía, y por delante, las acciones y evoluciones no siempre trompicadas de Bellingham.


Por él llegó una ocasión que Vini mandó al palo.


Vinicius, que acabaría siendo la estrella del partido, estaba en esos momentos en otra cosa. Sus partidos son transformaciones, crisálidas, y en esos primeros minutos estaba discutiendo con el lateral del Espanyol los términos de la marca.


En el 22 le sacaron amarilla y luego, inmediatamente, a su lateral, El Hilali, una roja. Si viéramos el partido con los colores y escudos ocultos, hubiéramos ya adivinado que el arbitraje era español. Había algo inconfundible en ese arrebato tarjetero. Era como una dehesa, como el olor a ajillo que molestaba a la mujer de Beckham, como una guitarra flamenca... Era Gil Manzano, the one and only, al que el VAR tuvo que corregir la roja. No quedó la cosa ahí y luego fue el juez de línea el que le impugnó otra decisión.


En esos primeros minutos de formación del partido, se lesionó Mendy. Fue solo, corriendo. Una lesión rociojurado: sintió un crujido frío y seco y fue al suelo. Sus fibras son tan explosivas que ellas solas hacen crac. Se marchó sin tristeza, sin resignación, con una leve sonrisa incluso, la de quien recibe una visita esperada. Sentimos el privilegio de lo excepcional. ¿No somatiza Mendy, el portentoso Mendy, el sindiós del tardoflorentinismo?


Por él no entró Carreras, sino Fran García, que nos cae mejor. Nos ha ido ganando poco a poco, lo que dice mucho de todos.


El Madrid atacó espesamente y se iba sustanciando en saques de esquina de Trent no aprovechados.


Aun tenía vida el Espanyol y el realizador mostraba a un seguidor agitando optimista las lorzas. Cuando nos compramos una camiseta de un equipo, pensamos en los futbolistas pero acabamos pareciéndonos a la mascota.


Jugaba Thiago, bien en el robo, algo torpe en la entrega, y Brahim, con sus movimientos de foquita que no pegan mucho en el centro del campo.


Para que el Madrid empezara a andar fue necesario que Arbeloa ajustara la posición de Valverde y Bellingham: más a la derecha el primero, más arriba el otro, y sobre todo, que hubiera cambios y entraran Gonzalo y Mastantuono, más por el primero.


Quedó un equipo apañado: Tchouameni en el centro, Bellingham y Valverde de interiores, y Gonzalo haciendo de nueve de verdad, lo que dio esta vez sentido al ataque.


Lo dibujado se hizo realidad muy pronto: Valverde acarreó con potencia la pelota hasta Vini, que se fue al área, se apoyó en Gonzalo, y eliminó a tres rivales en un mismo amago antes de chutar con tino para el 0-1.


Vini estaba desatado y al poco llegó el 0-2. La dejada esta vez fue de Bellingham, un taconazo, y la obra de arte su golpeo: un exterior seco y alto, porque no fue trivela. No pareció venir de los tres dedos.


Bellingham jugó bien ahí y Gonzalo, sin hacer él mismo nada del otro jueves, dio seriedad, cuerpo, norte, tensión y propósito al juego. El 9 estructura y mejora a los demás igual que Thiago mejoró a los compañeros. Los cracks no necesitan más cracks, sino jugadores de rol, que desempeñan papeles eternos. ¡Alguien tiene que ser satélite!


El amor de los españolistas por su equipo se veía en las imágenes de señores en edad mordiéndose las uñas.


No consiguieron nada. Hubo más cambios. Mastantuono y Camavinga parecían dos jugadores en una unidad postraumática intentando reaprender el contacto con la pelota.


Su trauma fue siendo engullido por el trauma mayor del Español y en los últimos minutos ya sólo vimos imágenes de aficionados pericos con la misma mirada. Pericas miradas perdidas. 

Feria de la Comunidad. Novillos con movilidad, novilleros poco avezados. Pepe Campos





PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Domingo, 3 de mayo de 2026. Cuarta novillada de la temporada. Tercer festejo y último de la Feria de la Comunidad. Novillos con movilidad de Couto de Fornilhos (procedencia Atanasio Fernández). Bien presentados. Nobles. Mansos. Todos se dolieron en banderillas. Dieron juego. El primero encastado. El segundo y tercero con el cabeceo característico de este encaste. El cuarto, flojo y más parado al acusar la primera vara. El quinto flojo y soso. El sexto con trapío, algo flojo, con embestida para el triunfo. Un cuarto de entrada. Tarde primaveral fresca.


Seis novillos de Couto de Fornilhos 


Suerte de varas: volvemos a poner un ejemplo sobre la situación de la suerte, la llevada a cabo al encastado primero por el picador Iván García Marugán. Las dos varas caen detrás de la cruz, la primera caída, el novillo no estaba puesto en suerte. En la primera vara el novillo pelea y empuja, se le pica con metisaca y se repucha; en la segunda se le barrena, el astado pelea sin fijeza, se le tapa la salida, en tablas se sale de la suerte pero vuelve para derribar, puede que por la impericia del piquero.


Terna: Mario Arruza, de Mota del Cuervo (Cuenca); de azul noche y oro, con cabos blancos; de veinte años; veintitrés paseíllos en 2025; silencio tras aviso y silencio. Cristian González, de Guijuelo (Salamanca); de azul noche y oro, con cabos blancos; veintidós años; veinticuatro festejos en 2025; vuelta al ruedo por su cuenta tras un aviso y saludos. Juan Alberto Torrijos, de Linares (Jaén); de rosa y oro, con cabos blancos; veintiún años; nueve paseíllos en 2025; vuelta al ruedo por su cuenta y silencio. Mario Arruza y Cristian González debutaban en Las Ventas.


Ayer hubo novillos que se movieron y que pudieron permitir el triunfo de los novilleros (dos de ellos noveles en la plaza de Madrid). Pero los novilleros no supieron encauzar las embestidas de sus oponentes. En la actualidad existen muchos novilleros (algo que es bueno), algunos muy toreados, si bien no están lo suficiente preparados para dar el salto al escalafón superior. No se sabe cuál es el origen de tamaño problema, si la poca decisión de la juventud que hoy habita el mundo europeo (aunque debemos destacar que en los tendidos había muchos jóvenes, que asisten, repiten y se van aficionando) o bien la labor de las escuelas taurinas, porque los tres novilleros (según el programa han estado ligados a alguna escuela de tauromaquia). ¿Qué les dirán allí? Todo se convierte en un misterio que no se desentraña viendo lo que hacen los aspirantes a matadores de toros en sus compromisos mayores (y Las Ventas, es un compromiso superior que no hay que dejar pasar en vano). Hoy ya no hay capeas (o prácticamente han desparecido) porque la sociedad se asusta ante cualquier atisbo de aspereza, de rudeza, en la vida de los pueblos y de las gentes. Por esa razón sólo quedan —para aprender el oficio— las escuelas de tauromaquia, que obtienen resultados muy desiguales. Es un debate interesante, el hecho de la valía de los futuros matadores de toros, si los que regentan las diferentes escuelas mostraran (explicaran) a los aficionados la realidad, los problemas y las posibles soluciones. Ahí dejamos el estado de la cuestión en este singular mundo educativo de la fiesta de toros hoy.


Los tres novilleros de ayer, poco dijeron. Y hay que señalarlo, no esconderlo. Mario Arruza, ya talludito, en su primer novillo nada mostró con el capote. Con la muleta, inicio su labor con un tímido tanteo. Después, se le fue un novillo que se movía y que se prestaba a la fiesta; ahora bien, necesitaba de un dominio real con la franela, con su manejo, que no llegó. Toreó del tendido nueve al siete. Algún pase suelto le salió decente; pero al no ahormar en ninguna ocasión el novillo se le fue, y con ello una estupenda oportunidad para enseñar su mundo. Mató en la suerte contraria de estocada caída, desprendida, tendida y perdiendo la muleta. En el cuarto novillo de la tarde, más parado (acusó la primera vara) pero más noble, dio verónicas sin celo, y en la muleta, en los medios del tendido ocho, se entretuvo en una labor anodina, despegada e insulsa. Mató en la suerte contraria, de un pinchazo y de una estocada tendida.


Cristian González, al segundo novillo le recibió con verónicas y ya se veía que el animal metía la cara. El picador no lo masacró (José Ney Zambrano). La faena de muleta comenzó con pases de tanteo, estuvo despegado, sin domeñar las embestidas ni en redondo, ni al natural. Terminó con bernadinas por un solo pitón, el izquierdo. Lo mató en la suerte natural de estocada desprendida y atravesada. En el quinto, volvió a la tesitura de torear muy despegado, con enganchones, sacó algún pase pero sin llegar a ningún puerto. Mató de estocada en la suerte contraria, introducida con habilidad, pelín caída.


Juan Alberto Torrijos, no era nuevo. Comenzó con verónicas a pies juntos sin llevar toreado al astado, sino acompañando la embestida. Con la muleta, en el tendido siete, se mostró rápido, excesivamente despegado (característica de este novillero si recordamos su actuación del curso pasado); superficial, con falta de dominio. Los ayudados finales salieron muy enganchados. Mató en la suerte natural de estocada. En el último novillo de embestida noble y dulce, Torrijos renovó las prisas, el uso del pico y las cercanías para ahogar al animal. Mató de pinchazo en la suerte contraria, y con el novillo mirando a tablas le dio una estocada resolutiva.


 

Lunes, 4 de Mayo

 



Muro de Biodiversidad (?)



domingo, 3 de mayo de 2026

Goyesca del 2 de Mayo. Uceda, Cid y Cortés con "pilaricos" de los de nada que ver conn Goya. Márquez & Moore


 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Es harto conocido el hecho de que los disfraces de soldado romano que se usaron para la película «La caída del imperio romano» (Anthony Mann, 1964), producida por Samuel Bronston y rodada íntegramente en España, han seguido siendo utilizados a lo largo del tiempo en las más variopintas producciones, peplum y películas fantásticas, llegando su uso conocido hasta la conocida «Gladiator» (Ridley Scott, 2000) y aún más allá. Nos imaginamos, entonces, que los disfraces que se vienen utilizando en las llamadas corridas goyescas son las sobras del enorme guardarropía del filme «Sangre de mayo» (José Luis Garci, 2008) y que los atuendos que hoy lleva un mulillero los pudo haber portado en la ficción Manuel Galiana o Fernando Guillén. En estas «corridas de disfraces» la peor parte siempre les toca a los areneros que o bien parecen escapados del Gran Circo Mundial, caso de la Corrida Picassiana de Málaga, o bien huidos de un Belén viviente de los muchos que se dan por ahí, como pasa en la goyesca; les quitas el rastrillo y les pones en sus manos una gallina o un jarro de barro o un haz de leña y ya tienes caracterizados sin solución de continuidad a los que se acercan al portal a adorar a Nuestro Señor. En esto de la goyesca falla siempre la arenera, que va vestida de figurita masculina, cuando luciría más apropiadamente con su corpiño, su basquiña, su delantal y la redecilla. Se ve que no han caído en esto. Por lo demás, repetiremos lo de siempre: que sin media luna, perros de presa y caballos sin peto estamos a años luz de lo que vio Goya en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá.


Bueno, pues un nuevo 2 de mayo y una nueva corrida de disfraces más para celebrar la insurrección del pueblo de Madrid, esta vez con los toros de El Pilar, primera visita en la temporada madrileña de toros relacionados con el apellido «Fraile». Posiblemente lo de elegir el ganado de El Pilar para hoy sea un guiño a la heroica defensa de los zaragozanos contra el francés, porque otros grandes méritos no avalan en los últimos años en Las Ventas a la vacada de doña Pilar, si descontamos la durísima corrida del año 19 y la más «manejable» del año 22, en la que Javier Cortés pasó su particular quinario. Para despachar a los seis pilaristas trajeron a Uceda Leal, El Cid y Javier Cortés, con lo que se creó un muy atractivo cartel para el aficionado madrileño, que con este cartel en La Maestranza ya sabemos que no van ni los acomodadores, para que se vea el abismo que se abre entre las distintas aficiones.


Antes de seguir hablaremos brevemente del peonaje, que siempre se queda en el tintero. Por la parte de los picadores, como aún tenemos en nuestras retinas grabado el respetuoso enaltecimiento del tercio de varas contemplado hace tan sólo una semana en San Agustín del Guadalix, podemos despachar a los picacarne con nuestro más oprobioso desprecio, por el uso constante de ventajas, trapacerías y triquiñuelas sin tasa orientadas a destruir la suerte de varas, ejecutada esta de una manera harto repugnante. Tan solo Mario Benítez, de la cuadrilla de El Cid, justificó con decencia su condición de picador de toros. En cuanto a los de a pie tuvimos la apuesta segura en el buen hacer de Iván García, aunque hoy puso pares y nones, la torería con los palos de Rafael González y la sorpresa de Pablo Gallego, que recibió una cerrada ovación por sus recios pares al sexto de la tarde.
En cuanto a los toreros hoy se nos brindó la fortuna de poder ver tres personalidades distintas, tres toreros con su propia personalidad. Y esto hay que remarcarlo porque lo que habitualmente contemplamos es una cascada de señores que se parecen los unos a los otros, que son casi indiscernibles el que se llama Ramírez del que se llama González o del que se llama Peláez o del buenazo de López. Estos de hoy no. Estos de hoy marcan su sello y se les reconoce por sus modos y por sus formas, por cómo andan a los toros y por cómo se mueven. Luego las cosas salen frente al toro como hayan de salir, pero cuando Uceda, o Cid o Cortés están en el ruedo están «a su manera», que es una manera suya propia e inconfundible de la de los demás. Esto es algo que se viene echando mucho de menos.


Uceda nos dejó algunos retazos de si mismo, especialmente una media verónica en su primero y una estocada marca de la casa en ese mismo toro. Su carrera está hecha, tras casi treinta años de alternativa, y es buena ocasión para estos jóvenes que ahora se acercan a la tauromaquia que se fijen en él, porque cuando peinen canas, si perseveran en su afición, le recordarán con agrado. En su segundo, un colorado que les metió el miedo en el cuerpo a los peones desde el principio, dejó el recuerdo de unos doblones en el inicio, más precauciones de las deseables en el nudo y un inusual desbarajuste con el acero en el desenlace.


Manuel Jesús, El Cid, veintiséis años de su alternativa en esta misma plaza, vio desde el inicio las condiciones de su primer toro, Sospechillo, número 24. Le toreó divinamente con el capote y le llevó galleando al caballo donde estaba apostado el hermano de Espartaco. El pitón del toro era el izquierdo y ahí se enfrascó El Cid en el toreo al natural, tirando de su innegable oficio y sin acabar de dar el paso hacia adelante que hace el toreo grande. Las pocas veces que pisó el terreno adecuado la plaza rugió, pero su decidida falta de colocación le llevó por derroteros que se sostenían, como se dijo antes, en el oficio, no en la emoción. El resultado fue una faena excesivamente larga, con algunos momentos intensos, en la que el toro se aburre o se cansa o las dos cosas. Luego vino la ya proverbial falta de tino de M.J con el acero y el reconocimiento de Madrid a este torero que tantos momentos buenos ha dado a esta plaza. En su segundo brindó al público con esa especie de sombrero goyesco de dos picos y por un momento pareció que la cosa podía ser, cuando el toro se le vino con fuerza y le recogió impecablemente en un poderoso derechazo… pero al siguiente el animal le enganchó la muleta y desde ahí el signo de la faena, basada esta vez en la derecha, no logró tomar vuelo. Le clavó el estoque al bicho y luego acabó descabellando.


Javier Cortés torea muy poco para lo buen torero que es. Ves por ahí a gente que nada tienen que decir y que se hinchan a torear y este ilustre getafeño no consigue abrirse un sitio en las ferias. Dejó su sello por chicuelinas en un quite al segundo, dos chicuelinas de las de verdad, no culerinas de las de todo a cien, de las que se dan de frente y trayendo al toro hacia sí, rematadas con una media verónica. En su primero, nada reseñable, pero en su segundo, Niñito, número 23, ha dado una gran medida de sus capacidades, mostrando a las claras lo que nos estamos perdiendo por no ver anunciado más a menudo a este hombre que ya suma dieciséis años de alternativa. Desde el inicio, saliéndose torera y suavemente hacia el tercio, le plantó cara al de El Pilar en una faena por ambas manos, bien medida de tiempo, con tandas cortas y ligadas en la que las series por la derecha y los pases de pecho fueron sensacionales, imprimiendo una inverosímil velocidad a la embestida del toro, completamente mandado por la muleta de Cortés, siempre colocado en el sitio en el que se torea, y sin darse importancia, todo naturalidad. Faena a más que termina con fortísima ovación y que se queda en eso por el deplorable uso del acero, como tantas veces pasa. Con permiso de los cortesistas, creo que hoy ha firmado su mejor actuación en Las Ventas.

 

 

ANDREW MOORE

 


 
FIN

Michelito


Michelito Lagravere


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Michelito es un torerillo mejicano de once años que lleva a los comisarios de la corrección política a preguntarse: “¿Puede este niño matar a un toro?” Y claro que puede. ¿No pueden los jueces matar al cervatillo del “Cantar de los Cantares”? “Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo / sobre los montes de Beter.” Michelito, que admira a su papá y a Morante, es un niño prodigio, que es una de los modos de entrar en el toreo. Así lo hizo El Juli, y ahí sigue, de Joselito del canteo, en plan Ruiseñor de las Cumbres. Otra forma de entrar en el toreo es la de El Trianero, cirial de San Gonzalo, que en un parón de la procesión abordó al hermano César Cadaval, autor de “Azahar de San Gonzalo”, para hacerle la confidencia definitiva: “Don César, que mi sueño es torear en La Maestranza.” Que es el sueño de Cayetano, sólo que Cayetano, al contrario que Michelito, llegó al toreo tarde, y tiene prisa, lo que no es poco trabajo. “¡Se figuran vuesas mercedes que es poco trabajo hinchar un perro!”, decía el loco del cuento cervantino. Cayetano vino a Madrid en Beneficencia, espectáculo que solía reservarse a los triunfadores de San Isidro. Para que se hiciera a las distancias del ruedo, le prestaron durante dos tardes la plaza a puerta cerrada. Este año repetirá en Beneficencia, mas con la espina, otra vez, de Sevilla la mágica. ¿Mágica? Miguel Ángel Aguilar, el que protegía a ZP de la curruca periodística en la Asociación de Periodistas Europeos, cree haber visto a José Tomás salir el año pasado por la Puerta del Príncipe con tres orejas, y eso, desde luego, es magia. Parece natural, pues, que Cayetano sueñe con la Maestranza, cuyo empresario, Canorea, lee libros, pero no sólo de cuentas, y no será por manías por lo que deje fuera de Sevilla a un torero tan literario como Cayetano. “¿Para qué va usted a España?”, preguntó Heine a Gautier cuando éste se disponía a hacer su famoso viaje “tras los montes”. “Para verla, y no solamente para oírla”, contestó Gautier. “Hará usted un viaje incómodo e inútil –insistió Heine–, porque no la encontrará; no existe; la hemos inventado nosotros.” Luego está la España real, que es la de los victorinos.