jueves, 21 de mayo de 2026

La moto amarilla


Francisco José I

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En Serrano, entre Juan Bravo y Padilla, para sacar las motos de la acera nueva, sobre cuyo falso granito se derramaba el aceite en el que chapoteaban las niñas de Serrano con sus “tod’s”, el Ayuntamiento ha dispuesto un aparcadero de motos en la calzada. El primero en llegar muy de mañana a ese aparcadero es un caballero duro y rollizo (nada que ver con el “rock and roll”) con su moto amarilla: se sube a la acera, se apea de la moto y, amorosamente, como si fuera una cabrita, la encadena a la señal indicadora del aparcadero. Si uno lo mira con cara de preguntar por qué, si el aparcadero está vacío, pone la moto en la acera, él te mira con cara de contestar: “Porque se me pone en los c...” ¡Un rebelde! ¡Un gesto subversivo contra la tiranía municipal! Es verdad que en el Vips de Velázquez hay otro aparcadero de motos que siempre está vacío porque todas están en la acera: son oficinistas liberales a los que se les caen los anillos si han de pasar por el aro de estacionar sus motonetas en el lugar indicado. El de Serrano, en cambio, con su raída moto amarilla, es único, y ésa es la gracia de su subversión. La única subversión que nos es dada en este Madrid donde los bolingas del “New York Times”, que antes veían a reyes y toreros pisando cabezas de gambas en los mesones de la Plaza Mayor, ahora ven a Zapatero haciendo con La Roja –ya hay que ser idiota para apasionarse con una cosa que se dice La Roja– lo que Franco, según ellos, hacía con el Real Madrid, con lo que demuestran que no saben nada del Real Madrid ni nada de Franco ni nada de Zapatero. ¿Estacionará como Dios manda su moto el de la moto amarilla si la Roja gana el Mundial? “Los Habsburgos en la pista”, tituló Foxá su artículo sobre el emperador Francisco José, que, desplazado por la guerra, daba vueltas en la pista del circo americano en La Habana. “Ya no sólo el león, rey de la selva, sino los emperadores de Europa, saltan por el aro.” Nunca lo haría el de la moto amarilla. 

Jueves, 21 de Mayo

 


Mirlos



miércoles, 20 de mayo de 2026

Morir en Noviembre


José Luis López Vázquez

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Como septiembre de uvas, noviembre ha venido cargado de muertos: Manolo Cano, López Vázquez, Lévi-Strauss, Francisco Ayala... Muertos venerables, por edad y por noviembre, cuyos muertos constituyen la aristocracia de la muerte. Manolo Cano fue el mejor gerente taurino que haya existido, y con él se va la mayor memoria de la tauromaquia del siglo veinte. López Vázquez fue el histrión inolvidable en el retablo de las maravillas de Berlanga: Quintanilla el de la serrería en “Plácido” y el sastre militar y eclesiástico en “El verdugo”. Lévi-Strauss fue el antropólogo gracias al cual Octavio Paz pudo escribir “Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo”, donde aprendimos cómo lamenta Lévi-Strauss la preferencia moderna por la vida afectiva (obamismo/zapaterismo): “Es un error creer que ideas claras pueden nacer de emociones confusas.” Pero en la Facultad de Periodismo unos profesores que parecían cobradores de tranvía (aquellos cobradores de tranvía madrileños que llevaban un saco de arena para combatir a los golfillos que se colaban arrojándoles puñados de arena a los ojos) nos tundieron de estructuralismo comunista, y todos acabamos tomando por pesados al pobre Lévi-Strauss y a sus indios “bella bella”. Entonces preferíamos leer a Umbral, que escribió de Francisco Ayala que Francisco Ayala parecía, humanamente, la sombra gris de sí mismo, con una voz que era la sombra de una voz y una prosa que era la sombra de una prosa; que escribió que era el profesor español mejor pagado en Estados Unidos (lo que él y otros le habían dicho), y se le cabreó mucho: “Los exiliados –concluye Umbral–, en general, no perdonaban, a su vuelta, que España hubiera seguido sin ellos, al margen de las intrigas de El Pardo. Querían no incorporarse a nosotros, sino implantarnos sus años veinte. Pero sus años veinte eran pura cretona.” Se nos muere el Madrid de nuestras abuelas y su gran gorrionismo urbano. Aunque toda la vida es una carrera, más o menos larga, para llegar a la muerte. 

San Isidro'26. Desigual novillada de Fuente Ymbro. Las afueras. Campos & Moore



PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Martes, 19 de mayo de 2026. Décimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de novillos de Fuente Ymbro (de procedencia directa de Jandilla, de encaste Domecq). Muy desigualmente presentados. Con falta de trapío, por pobreza de pitones, el 1º, 3º, 5º y 6º. El tercero muy terciado. Fueron protestados para obtener su devolución el 1º, 2º, 3º y 6º. Mejor presentados el 2º y 4º. Flojos. Mansos. El 5º tardo y remiso. El 6º con buen son. Muy buena entrada, rozando el lleno. Tarde primaveral camino de la bonanza. 


Terna: Pedro Luis, de Lima (Perú); de rojo violeta y oro, con cabos blancos; veinticinco años; dieciocho festejos en 2025; silencio y silencio tras dos avisos. Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat (Barcelona), de celeste claro y oro; diecinueve años; quince festejos en 2025; oreja y ovación. Julio Norte, de Salamanca, de celeste claro y oro; dieciocho años; dieciocho festejos en 2025; oreja protestada y oreja. Mario Vilau y Julio Norte hicieron su presentación en Madrid. Julio Norte salió por la puerta grande. Mario Vilau fue corneado durante la faena de muleta del quinto astado; la cornada fue de 15 centímetros en el muslo izquierdo; entró por su propio pie en la enfermería tras matar al novillo.


Suerte de varas. Los toros cumplieron en el caballo sin alharacas. Salieron sueltos de la suerte, a excepción del sexto que obedeció en la salida al capote. Mostraron falta de fijeza, el 1º y el 3º. Al segundo se le aplicó metisaca. Fueron puestos convenientemente al caballo, 2º, 4º y 6º. Empujó el 4º. Todos fueron picados mediante picotazo en la segunda vara, menos el 4º. Faltó pelea en las varas. Destacó Alberto Sandoval en el sexto al recibir al novillo tras ser puesto en suerte y cogerlo bien en ambas varas, colocó la pica en la cruz en la primera —la segunda cayó trasera—. La primera vara fue normativa, la segunda un picotazo. En una y otra vara el burel salió suelto.


Los que hemos vivido muchos años fuera de España sabemos que desde esa distancia las cosas se observan mejor cuando se mira hacia lo patrio. En el mundo de la tauromaquia la mirada externa recae en el tendido, en donde se sitúan los aficionados y los espectadores que siguen el espectáculo. Desde los tendidos, las gradas y las andanadas se pueden examinar de una manera idónea muchas cuestiones de la lidia, de la actuación de los matadores y del juego de los toros. Ayer nosotros sentados cómodamente en el tendido pudimos ver cómo los novilleros, en general, quisieron plantear la batalla desde «las afueras», como si quisieran buscar una perspectiva hacia el toreo y no entrar en los adentros del mismo. Podríamos interpretarlo como la búsqueda de una postura cómoda, foránea, distante, periférica, adyacente o adosada. Dependiendo de cómo se examine la colocación de los novilleros a lo largo de la lidia, principalmente durante las faenas de muleta, llegaremos a conclusiones sobre una mayor o menor autenticidad en la labor de los espadas o a que estos adoptaron un posicionamiento distante ante los novillos para lograr ser privilegiados espectadores de su propio quehacer taurino. En definitiva, los espadas se cruzaron poco ante sus oponentes, se limitaron en muchas ocasiones a torear por las afueras cuando tuvieron la muleta en la mano, a no dar un paso adelante definitivo que hiciera prender la llama de la pasión en los aficionados que en un muy buen número fueron a verles. Los novillos de Fuente Ymbro no tuvieron la presencia que Madrid exige, pero se dejaron torear y a partir de ahí los aspirantes a matadores de toros tuvieron su pequeña oportunidad para alcanzar un éxito.


La vida por las afueras puede ser un perfecto observatorio para otear, como hemos señalado anteriormente, o plantea un distanciamiento sobre el núcleo central de las cuestiones importantes; en este caso en el que estamos, al analizar lo sucedido en la novillada desde el tendido, desde afuera, se descubre un alejamiento del verdadero toreo cuando se ejecuta por fuera. Así las cosas hay que llegar a la conclusión de que si el torero se sitúa afuera de la suerte, contempla muy bien lo que sucede, lo que a él le va aconteciendo; pero queda ajeno a ser protagonista del dominio en la suerte, a tomar el toreo por los cuernos, a controlar la creación del toreo, a mandar sobre los astados que le toca someter o bien vencer o superar. Ayer, sin que la cuestión lindara lo grave, pues nunca nada en la vida es definitivo, los novilleros más punteros decidieron torear sin ajustarse a los novillos, sin echar la pata para adelante cuando era necesario —estar metidos en el centro de las suertes de muleta— ya fuese al natural o en redondo. Es una tesitura que se vive en todos los estamentos de la tauromaquia, si hablamos de cómo torean las figuras o cómo lo hacen los aspirantes a tomar el relevo en el escalafón. El toreo de hoy se basa fundamentalmente en no cruzarse, en torear despegado, por las afueras, dejando hueco entre matador y astado; y presidido el trazado de los lances y de los pases, en un alto porcentaje de ocasiones, en no cargar la suerte. A ello se une la ausencia de distancias entre el matador y los astados, alargamiento en demasía de las faenas, a no saber cerrar el trabajo, a no encontrarle un final adecuado; en resumidas cuentas, a ver que los toreros no se adaptan a las condiciones de los toros, a la hora de darles un espacio y de cruzarse ante ellos para imponerse o para darle profundidad a las suertes.

 

No es que todo esto sucediera constantemente ayer tarde en la actuación de los noveles novilleros, pero se percibieron todos estos defectos que recorre la tauromaquia actual; sobremanera en el abuso de la colocación superficial de los toreros en esas afueras descritas y analizadas. A esa perspectiva que transita la fiesta de los toros, que semeja a extrarradio, a aledaños, a arrabal; no a núcleo, a centro, a médula, a esencia, ni a corazón. Desde el tendido se detecta, se padece y desapasiona, el dominio en el toreo de las afueras. Pero vayamos por partes porque no todo fue malo, ni negativo; sino sintomático, revelador y crónico. Del torero peruano Pedro Luis el año pasado vimos un ramillete de naturales de auténtica enjundia, en ambas tardes que toreó en Las Ventas. Se observó que estaba por hacer, por desarrollar, por crecer. Visto meses después se percibe que técnicamente está evolucionado pero ha perdido frescura e identidad, y que se ha alejado de su potencialidad. Suele ocurrirles a muchísimos novilleros que debutan en Las Ventas, que primero muestran su singularidad y más adelante se diluyen en la trama de aprendizajes o enseñanzas que les salen al paso. Pedro Luis a su primer novillo, manso, flojo y manejable, intentó torearlo con suavidad en redondo en los primeros compases y no se acopló al natural más adelante. El novillo muy blando no le facilitó la tarea. Desacople. Mató de una estocada en la suerte natural. En el cuarto quiso ajustarse al natural, logrando al final de la faena naturales meritorios una vez cruzado y llevando al novillo atrás de la cadera, que no llegaron al público por ser su labor excesiva. Al menos dejó este sello propio in extremis. Mató de cuatro pinchazos en la suerte contraria y un descabello.


Mario Vilau, lo más positivo fue que debutó en Madrid «en novillero», no dejándose nada en el interior. Recibió a los novillos a porta gayola y veroniqueó desigualmente. Con la muleta a su primer novillo, manejable, lo toreó con buen concepto del temple, pero al abrir el compás se le quedaba la pierna de salida atrás. Dio distancia. El novillo tenía poco fuelle. Abrió mucho el compás y se tumbó al muletear. Pudo al astado. Ligó bien el natural con el de pecho. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el quinto sufrió una cogida —cornada de 15 centímetros— y aguantó con entereza. El novillo era tardo y remiso. Flojo. Le llevó en la franela pero el animal lo levantó, y luego se cerró en banda. Sin perder la cara al novillo mató de una estocada tendida en la suerte contraria.


Con Julio Norte surgió toda esa puesta en escena de las afueras comentada más arriba. Templó mucho a sus dos novillos. El lote más propicio. Ligó abundantemente. Redujo distancias. Toreó por la espalda y en la posición regular. Muy despegado. Sin cruzarse. Por las afueras y con la pierna retrasada. Tiene capacidad y temple. Los pases son largos. Pero atesora todos esos defectos que hemos señalado en el preámbulo de la crónica. Los males del toreo de hoy [no cruzarse, sin apreturas y periferia] del que se dice ser el mejor de la historia. Mató al tercer novillo de estocada delantera caída eficaz en la suerte natural. En el sexto de estocada en la suerte natural. 




ANDREW MOORE





















FIN

Miércoles, 20 de Mayo

 



Exteriorismo matritense II

martes, 19 de mayo de 2026

Un ratón colilargo


Tedros con un ser para la vacuna


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


España subida a una silla porque el gobierno, o lo que eso fuere, dice haber visto un ratón colilargo en la habitación. Así sorprendieron una vez a Benavente en su cuarto de Albarracín, adonde se había retirado a escribir: en batín y dando saltitos en lo alto de una silla, asustado por un ratón. Colilargo o lo que Krahe llamaría un burdo rumor (“No sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña”, etcétera).


Roer es quizás el ritmo de alimentación normal para nuestra especie (¡qué les vamos a contar a los empotrados en el Régimen del 78!), pensaba Marilyn Ferguson, la del “best-seller” ochentero de la New Age “La Conspiración de Acuario”. No estamos condenados a ser libres, como peroraba Sartre; estamos condenados a vivir con (y en muchas ocasiones como) las ratas, según demostró Michel Dansel en “Nuestras hermanas las ratas”, que son siempre las primeras en saltar del barco, razón por la cual la Guardia Civil desplegó en Canarias un dron de vigilancia sobre el buque fantasma de ese ratón colilargo y maromero, capaz de tocar tierra en el puerto haciendo rapel por un cabo. Si Uropa ha tenido el valor de atacar una pata de la triada nuclear en Rusia (junio del 25), ¿se va a achantar hoy por la cola de un ratón que amenaza con bajarse de un barco a hacer de cuerpo en espacio Schenguen para contagiarnos un virus de la ganadería Tedros?


Del hombre es un ser para la muerte de Heidegger al hombre es un ser para la vacuna de Tedros, de cuyo chiringuito se cayeron Estados Unidos (norovirus) y Argentina (hontavirus), curiosamente los dos países de donde zarparon los nuevos pangolines en viaje de crucero para echar de comer a los expertos. Si un experto dice que no se puede hacer, busca otro experto. Pero aquí tenemos tanta suerte que nos valen los mismos expertos y los mismos trajes y los mismos cuentos del año 20, gracias, entre otras cosas, a que Feijoo, nuestra Kamala, no pudo colocarnos su ley de pandemias. Vuelve Fernando Simón con chubasquero EPI y gorrito de quirófano, nuestro Bernard Rieux en este simpático Orán del 78. Si Camus quiso hacer con la peste una metáfora del nazismo, nosotros estaríamos haciendo con el ratón colilargo una metáfora del sanchismo, que doctrinalmente tampoco es peor que el zapaterismo, el aznarismo, el felipismo o el suarismo.


Lo divertido para saber del ratón colilargo que tiene a España subida a una silla es la prensa deportiva, encargada de llevar, camuflada entre el Clásico, la propaganda al obrerete. Sus cuentos son versiones bufas de “El buque fantasma”, y si era por llamar la atención, los guionistas de Tedros podían haber tenido las pelotas de programar para el “Hondius”, con yutuber incorporado, una travesía del estrecho de Ormuz.


[Martes, 12 de Mayo] 

Martes, 19 de Mayo

 



Exteriorismo matritense I

lunes, 18 de mayo de 2026

Los números del número 1



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Las consultas de pasillo, decían los viejos médicos, ni son buenas para el paciente ni son buenas para el bolsillo. No hablaremos, pues, del pasillo. El pasillo ya lo evitó Vinicius con sus dos goles en Cornellá, actuación rematada en redes con una media verónica de Benzemá: “N1”. A la butifarra liguera de Flick que le hagan pasillo Tebas, Louzán y Soto. Y hasta un “castellet”, pueden hacerle, con los cantamañanas Martínez y Benito el de la Purga de “castellers”, y en la cumbre, de “enxaneta”, Maldini, haciendo la aleta, que ellos son los Homeros de la “hestética” que el sátiro humanista Juan Luis Romero Peche estudió en su “Libelo contra los estetas”, del 99, un fenómeno de desvarío colectivo, el que comenzó con Guardiola, con reveladores matices, explica el ensayista, de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni se aprehende, pero que se ejerce con demagógico machamartillo).


Los “hestetas” son bípedos de hábitat difuso, pero siempre apoltronados en una orilla izquierda políticamente correcta. El “hesteta” considera artístico a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”.


Los “hestetas” son esas viudas de Xabi que, no habiéndose hecho enterrar con Xabi, como prometían, ahora van de pre-viudas de Klopp, alemán sobrevalorado, valga la redundancia, al que quieren meter en el vestuario del Real Madrid, hoy sumido en una pelea de almohadas, para que, en compañía de dos figuras hiperprogresistas como Mbappé y Tchouaméni, nos monte un partido socialdemócrata en Valdebebas.


Nuestro fútbol es de izquierdas –decía truhanescamente Pep en la apoteosis del Negreirato.


A ojos de Romero Peche, la perra que han cogido los piperos con Klopp sería enfermedad lírica, pelagra de navegar cultos, turbulencia a la violeta, tontuna sin más, hinchazón del gusto, fogatilla, abrevadero y pesebre, cultivo de parásitos, rizo rizado, fuero de bien vestidos patanes, minué espectacularmente bailado con la bragueta abierta, supuesto saber estar de la sosería, catequesis morfinómana, sofisticación y fraude, clinclín de cubitos de hielo ante un horizonte necio…


La “hestética” del “fútbol moderno” es teoría chiripitifláutica y praxis supercalifragilísticoespialidosa. Es cagalera de tontajos. Sublimación de taras, zapatos con alza. Imposición cojonera y dolencia neuropóllica. Es tedio. Es memez y neurosis. Es como un divorciado ligando, que novelea las sórdidas verdades que otra ya desveló. Es hache de Estética que se olvida (junto a los Donuts) el “definitum ingredit definitionem non debet”.


A los múridos del antimadridismo rampante sólo los ilusiona Klopp, “que haría correr a Vinicius y a Mbappé”, los dos niños mimados de Flóper, que tiene que aprender del PSG, del Bayern y del City a ganar Champions. ¿Cómo haría correr Klopp a Vinicius y a Mbappé? ¿Hablándoles en alemán? ¿Instruyéndolos en políticas de inmigración? ¿Poniéndoles los videos de las finales perdidas por Klopp ante el Real Madrid? 


Luego, donde la chusma mediática insiste en presentar a Vinicius como a un simple negro que come sandía por la caridad del Real Madrid, Benzemá ve al N1, impresión refrendada por los demás números. En la actual temporada, y eso incluye a Xabi y su Sebas Parrilla, Vinicius encabeza la tabla de presiones del equipo, muy por delante de Tchouaméni y, por supuesto, de Mbappé. También encabeza la de faltas recibidas (110), por las 41 de Mbappé. Y encabeza, por supuesto, la de goles producidos en el último lustro (cinco años, no cincuenta, como sostiene el ministro Urtasun) en Champions, con 58, por delante de Mbappé (53), Kane (43), Haaland (39), Raphinha (36), Julián (34), Dembelé (29) y Kvaratskhelia (27). Ojalá hubiera tenido estos números aquel Luis Miguel que en la tarde del 18 de Mayo del 49, en la plaza de Madrid, cuando todos estábamos boquiabiertos, cuenta Corrochano, “se lleva la mano diestra al pecho y luego yergue el brazo con el índice enhiesto”.


En el fútbol, como en la vida, es modesto el que no puede ser otra cosa.


[Sábado, 9 de Mayo] 

San Isidro'26. De nuevo Fuente Ymbro. Campos & Moore



PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Domingo, 17 de mayo de 2026. Noveno festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de Fuente Ymbro (de procedencia directa de Jandilla, de encaste Domecq). Bien presentados. Con buenas encornaduras y ofensivos. Mansos. Con nervio y casta. Destacó el tercero por ir al caballo de Javier Díaz con prontitud y salir al capote en la suerte de varas, aunque debajo del equino no tuvo fijeza en la pelea; la puya le cayó, respectivamente, muy trasera, y trasera y caída. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral agradable. 


Terna: Miguel Ángel Perera, de La Puebla del Prior (Badajoz); de verde botella y oro, con cabos blancos; veintidós años de alternativa; treinta y cinco festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. Paco Ureña, de Lorca (Murcia), de azul oscuro y oro; diecinueve años de alternativa; dieciséis festejos en 2025; ovación tras un aviso y silencio tras un aviso. Fernando Adrián, de Madrid, de celeste y plata; trece años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; ovación tras un aviso y saludos tras un aviso.


Suerte de varas. Los toros cumplieron en el caballo y no se les picó en exceso; a excepción del sexto que se le dio con fuerza y con metisaca. Al tercero, quinto y sexto les faltó fijeza en la pelea. Además recibieron metisaca, primero y segundo. No se cuidó ponerlos adecuadamente en suerte. Destacó Juan Melgar en el cuarto al colocar la pica en la cruz, este astado en las dos varas salió suelto.


De nuevo los toros de Fuente Ymbro dieron un excelente juego en la plaza de Madrid durante la Feria de San Isidro. No es la primera vez y esto se va convirtiendo en costumbre. Tuvieron al mismo tiempo nobleza y listeza, mansedumbre y casta, movilidad y aspereza. Para lidiarlos no estaban anunciados los espadas que se dice son figuras indiscutibles, sino una variedad de matadores de toros, cada uno con una trayectoria diferente. Todos ellos, digamos, juegan en la segunda división del mundo taurino vigente. El más veterano, Miguel Ángel Perera porque hace tiempo que perdió la condición de mandamás. En el caso de Paco Ureña debido a que nunca estuvo en la élite de la comodidad taurina. Por último, Fernando Adrián, podríamos decir que con sus Puertas Grandes en Las Ventas ha llegado a escalar o subir de la tercera división a segunda. Ahora que estamos al final de la liga futbolera viene a cuento esta comparativa respecto a la situación de los diestros anunciados ayer respecto a los toros que tuvieron en suerte sortear. Dado el juego interesante de los toros de Fuente Ymbro y de la importancia que hubieran otorgado a los espadas capacitados en torearlos, nos hubiera gustado ver delante de ellos a, por ejemplo, Talavante, Manzanares, Juan Ortega, Pablo Aguado o el mismo Morante, que son los toreros de primera división. Pero da la casualidad de que estos espadas considerados los mejores, prefieren anunciarse con lo placentero —por su condición de estrellas del toreo— como son los Núñez del Cuvillo, los Garcigrande o la retahíla de toros de los Puertos o similares. Cuando una ganadería promete emoción los toreros que pueden decidir torearla no la eligen, sino que prefieren ganaderías de pasividad. Entonces, en esos casos, les cae esta china —anunciarse con toros de casta, sin pertenecer a las vacadas duras— a los toreros que han bajado en cotización; a los que nunca la tuvieron pero lucieron una etapa de garra; y a aquellos que se les considera emergentes, o a los encubiertos o a los que están de incógnito. Ayer, como apuntábamos más arriba la corrida de Fuente Ymbro —que desarrolló nervio y casta— estuvo destinada a un primer matador que estuvo en su día y no está ahora; a un segundo matador que fue por su toreo pero que no se le reconoció en su momento; y, por último, a un torero que quiere estar, si bien no se confía en él.


Establecidas así las cosas debemos pasar al apartado del toreo. Leyendo en los viajes en metro hacia Las Ventas, como descubrimos días atrás, sentados en el trayecto, hemos dado con las manifestaciones de Domingo Ortega a Vicente Zabala (padre), en Hablan los viejos colosos del toreo (1976), al contestar a la pregunta de si «hoy se torea mejor que nunca», que como podemos observar ha sido siempre una preocupación —triunfalista— del mundo de los toros. La respuesta del maestro de Borox fue la siguiente: «Torear es el enfrentamiento del torero con el toro echándole el capote o la muleta adelante, para, a medida que el toro va entrando en la jurisdicción del torero, ir templándole, ir inclinándose sobre la pierna contraria, al mismo tiempo que ésta avanza hacia el frente, es decir, alargando el viaje del toro. Eso es torear y hoy desgraciadamente, suelo ver lo contrario: el perfil, la muleta retrasada; y de perfil para atrás, o lo que es lo mismo: destorean (destorear)». En fin, todo un cúmulo de conceptos clásicos, así, en conjunto sobrevenidos y que nos transportan al intríngulis de cualesquiera preocupación sobre el verdadero toreo. De tal manera que aplicado a los toros encastados de ayer (Fuente Ymbro) y de cómo se les debería haber toreado, no cabe otra que coincidir con Domingo Ortega y pensar que se les tenía que haber toreado «avanzando» o «hacia adelante», no en línea, no hacia atrás, porque en estos dos modos el toro gana la pelea. Y así ocurrió. Pongamos ejemplos puntuales. Miguel Ángel Perera toreó muy en línea, con la pierna retrasada en muchas ocasiones (recordemos que su carrera se ha desarrollado en esos posicionamientos: de cargar la suerte ni por el forro). De tal modo en su primer toro, por ejemplo, se vio desbordado y nunca se sintió ganador en la lucha entablada; dio muchos pases sin llegar a acoplarse ni entender la forma de plantear la batalla. Paco Ureña, quiso y no pudo con su primer enemigo, hizo el esfuerzo de cruzarse y es cuando le llegó lo mejor del trasteo, sin llegar a completar una faena dominadora porque el toro le venció a los puntos. Estuvo muy lejos de cuando Ureña cumplía al pie de la letra la regla de cargar la suerte. Por su parte, Fernando Adrián, digamos, concibe el toreo de perfil, con ligereza, con ligazón y hacia atrás; y en esta tesitura posiblemente ha vivido, vive y vivirá. Por lo tanto, a los toros de ayer —del ayer eterno, por su casta— es muy difícil plantearle la tauromaquia moderna —la que se dice es la mejor de todos los tiempos— consistente en el toreo de perfil y hacia atrás.


Entrados en mayor análisis sobre lo sucedido en la corrida de ayer, debemos insistir en que Miguel Ángel Perera dio muchos pases, también en su segundo toro, en el que se mantuvo en la postura de no cruzarse nunca, de muletear hacia las afueras, de hacerlo de manera mecánica, sucesiva, con la pierna retrasada, metiendo pico y despegado, cosechando como ante su primer astado una derrota, si medimos lo que fue el toro y lo que ofreció el torero. Mató a este animal en la suerte natural de pinchazo caído y pinchazo, más una estocada tendida, atravesada y trasera casi entera. A su primero lo mató de media estocada caída y atravesada en la suerte natural. 


Paco Ureña, como reseñamos más arriba, en su primero realizó un esfuerzo titánico por situarse él mismo en el terreno apropiado y cruzarse; le cabe la honestidad de haberlo intentado. Mató de un pinchazo soltando en la suerte natural y de una estocada en la suerte contraria. En su segundo toro se vio desbordado, con la mano derecha aguantó y llegó a correr la franela con cierta profundidad, aunque sin cruzarse, al natural se sucedieron los enganchones, volvió al toreo en redondo y logró una subida de tono, por templar los muletazos y llevarlos, a continuación con una bajada de tonalidad por no lograr mantener el nivel en la última tanda. Mató lamentablemente de un bajonazo en la suerte contraria.


Fernando Adrián, se vio inmerso en la influencia de la masa (de aficionados) porque en vez de desplegar su toreo veloz, ligado y perdiendo terreno, quiso hacerlo mejor, al escuchar críticas desde los tendidos —su comienzo de faena al tercero iba camino de la quinta puerta grande—. Quiso ralentizar su labor y darle profundidad, torear hacia atrás de la cadera, aportarle gusto, querer ser clásico, y la tarde se le comenzó a ir. Había templado los muletazos abriendo el compás. Fue recriminado. Escuchó a la masa. Se perdió en el trasteo. Finalmente volvió a su personalidad al torear en redondo, templado, rápido, con la muleta por detrás de la espalda y en posición preceptiva, ligando los pases. Lo mejor vino en los muletazos de cierre por bajo que tuvieron su recorrido templado y toreado. Pinchó en la suerte contraria en el primer intento, y se le fue el triunfo. Mató en la suerte natural de una estocada entera perdiendo la muleta. En el sexto, la faena se le fue diluyendo, comenzó con su mismo temple de siempre en los medios, pero aquello no prendía en el conventículo. Quiso subir el diapasón toreando al natural de perfil pero el burel se aburrió. Adrián macheteó y mató de una estocada atravesada haciendo guardia en la suerte contraria y siete descabellos.





ANDREW MOORE

















FIN

Lunes, 18 de Mayo

 


Frontón

Lunes, 25 de Mayo

 


Valle de Esteban

Señor Don Gato

domingo, 17 de mayo de 2026

Sigue el Burgos en la pomada

 
Mollejo 


Francisco Javier Gómez Izquierdo


     
            Se medía el Granada contra el Córdoba en la jornada 39 y contra el Burgos en la 40. Ambos partidos los perdió el equipo del gran Pacheta por uno a cero, pero con dos alineaciones muy distintas. Aquí en El Arcángel sacó cantera, dicen que emergente. En Los Cármenes puso de titular a Izan, la melena más sansoniana del fútbol español, y a Petit, el 9 que mas despista, pues es del Betis, en Nochebuena jugaba para el Mirandés y en Reyes para el Granada. A mí, el pelotero que más me gusta del Granada es José Arnáiz, un extremo talaverano que se destapó en el Valladolid, lo fichó el Barça y anduvo cedido en Leganés y Osasuna. Se estancó, pero tiene poso aún. Ayer mandó un misil al poste de Cantero. Otro "bueno" es Álex Sola, carrilero derecho vasco que creo valía para Primera, pero algún demonio le ronda a este chico por la cabeza para no durar ni en el Alavés ni en el Getafe y perder la titularidad en Granada. Le veo poderoso, desequilibrante, con personalidad, pero sí, tiene cosas de indisciplinado y mal carácter.


       El partido discurrió como suelen ser los partidos del Burgos: sosote, lleno de imprecisiones, sin ocasiones... y a la hora, Ramis me echó la sal en la mollera cuando cambió de una tacada a Curro, Íñigo Córdoba y ¡¡¡Atienza!!!. Dejó al siempre excitado Mollejo que fallaría un gol capaz de marcarlo un nene de seis años -tan es así que cuando lo sustituyó Mejía, los Cármenes le ovacionaron y le dijeron cosas preñadas de guasa andaluza- y por Atienza entró Galdames, un chileno que en las faltas a favor, coge el balón como si fuera Cristiano Ronaldo o Hugo Sánchez y exige "yo, lo tiro yo", con el consiguiente mosqueo de servidor y supongo que alguno de sus compañeros. Hubo una al borde del área que prometía y el tío se la pasó a los avioneros que volaban por encima de Sierra Nevada. "Por que no está Curro, las saca", apuntaron avergonzados los locutores cuando sacó otra desde el costado izquierdo al Padre Benito, que es el fantasma de Granada que sólo algún señalado es capaz de ver, y que Galdames distinguió entre el gentío del córner derecho. Así, con 0-0 se llegó al minuto 91 y de un carajal del central peso pesado Diaby, cedido por el Elche, y el portero Astralaga cedido por el Barcelona, se sacó el burgalés David González un preciso y precioso disparo desde 40 metros que valió tres puntos. Tres puntos que permiten creer en el play off. De la plantilla del Burgos, en mi humilde opinión sólo tendrían sitio en modestas plantillas de Primera, y no de titulares: Atienza, Lizancos y puede que Curro Sánchez. No hay mimbres, pero...


     El Córdoba tampoco tiene peloteros de Primera. Juega "mas bonito" que el Burgos, pero es mas vulnerable atrás. El Albacete mató las escasas perspectivas optimistas con dos goles en un  minuto aciago y aunque se hicieron méritos para ganar.., la verdad es que mejor así. Que mayo no es mes para que el cordobés pene con los sobresaltos que el Córdoba de Iván Ania nos presenta una jornada sí y otra también.


     El Rácing ha ascendido. Enhorabuena.. Detrás está la cabezonería de J. Alberto López y "su sistema" ayudado por otro alopécico, Chema Aragón, ése Monchi de 2ªB como le bautizaron Camello y Riquelme, que con el Mirandés convirtió cada temporada en un milagro. Ya saben la larga lista de los que allí hicieron la mili. Fué al Elche y a los dos meses dimitió por malos encuentros con Sarabia, un tipo que se las trae. Año sabático  y al Rácing de Santander para ésta 25/26 donde ha seguido pescando a bajos precios en apartados e inverosímiles lugares, tal que Guliashvilli, Puerta, Canales, o ése joven león, Manex Lozano, que tuvo la desgracia de caer lesionado. Tipos como éste Chema Aragón son los que mas admira servidor. El que ve al cadete y no lo pierde de vista hasta los veinte años.
 

La Moraleja


Rubalcaba


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Barcelona es una pelea de negros en un túnel del Carmelo: nunca sabremos cuántos son los negros, porque los han enterrado en hormigón. ¿Por qué en hormigón y no en los libros de Rubert de Ventós, que hubiera salido más económico? La respuesta la leeremos en el próximo libro de Rubert de Ventós. “¡De Ventós, De Ventós!”, recogen las psicofonías procedentes del estómago del túnel. Y en Madrid, ¿qué se oye? Madrid es un desconcierto de Gerardo Deniz: “Del salón en el ángulo oscuro / un fantasma hacía pipí.” El legendario delegado Méndez todavía no ha identificado a los fantasmas del Windsor cuando el viejo Rubalcaba, extraviados los ojos, trágico y darwiniano como el muñeco de la etiqueta de Anís del Mono, ha dirigido el foco de la lucha contra el fascismo hacia la urbanización de La Moraleja, donde han aparecido más noes de la cuenta. ¡Que cierren el barrio! Perímetro de seguridad en el Windsor y perímetro de seguridad en La Moraleja. Cautivo y desarmado el fascismo, las fuerzas de progreso seleccionan sus últimos objetivos. Como la sombra del padre de Hamlet cruza por la terraza del castillo de Kromborg, así las sombras de dos individuos cruzaron por el incendio del Windsor. ¿Neonazis? ¿Agentes de extrema derecha? ¿Militantes del PP tratando de salvar algún discurso de Aznar? ¿Vecinos de La Moraleja sacando de las cajas fuertes los noes del referéndum? Para que no se enfríe el asunto, Mario Gas quiere poner en el Español un recordatorio de “Las alegres comadres de Windsor”, pero Angelito Galarza pide tranquilidad. Desiderato: “Cómo estar tranquilo / sin llevar estándolo / la vida entera”. En cuanto a lo de La Moraleja, ¿qué hacer? ¿Enterrar la urbanización en hormigón? ¿Arrojar un saco de “polvos de gas” en el agua, para que las truchas se atonten y se dejen coger? Por otro lado, una vez dentro de la urbanización, ¿cómo distinguir la tribu progresista de los chilindrines, que han votado sí, de la tribu reaccionaria de los fustricucios, que han votado no? ¡Es que no conseguimos dejar de pensar en lo que ese hatajo de ricachones estaba tramando contra el pueblo!

San Isidro'26. El otro cantar del Cid (Dios le guarde). De regresos, de estancias y de llegadas. Campos & Moore





PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Sábado, 16 de mayo de 2026. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de La Quinta (de procedencia directa de Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma). Bien presentados aunque desiguales, tres cinqueños (4º, 5º y 6º). Primero, cuarto y sexto de bellas láminas, cuernas abiertas y cornialtos; nobles, mansos, sosos, distraídos, manejables a excepción del sexto, con nervio y genio; en general se acostaron en el caballo, lo que indica falta de entrega y fuerza. El segundo fue devuelto por inválido y sustituido por un ejemplar de José Manuel Sánchez, ganadería de mezclas de procedencia Domecq, cinqueño, basto, feo, manso, barbeó tablas, distraído, corretón y acucharado de cuerna. Primero y sexto dieron juego. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral menos fría. 

Terna: Manuel Jesús El Cid, de Salteras (Sevilla); de azul noche y oro, con cabos blancos; veintiséis años de alternativa; quince festejos en 2025; silencio y silencio. Álvaro Lorenzo, de Toledo, de caldero y plata; diez años de alternativa; once festejos en 2025; silencio y silencio. Manuel Diosleguarde, de Diosleguarde (Salamanca), de blanco y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; cinco festejos en 2025; ovación y saludos tras un aviso. Manuel Diosleguarde confirmaba la alternativa.

Suerte de varas. A los toros no se les pegó en el caballo, a excepción del cuarto y del quinto toro que se les dio con fuerza, al quinto con metisaca. Elegimos como ejemplo del planteamiento en varas la suerte realizada al quinto por Héctor Vicente. En la primera vara no fue puesto en condiciones al caballo, la pica cayó trasera y caída, el picador rectifica, el astado se acuesta y no muestra fijeza, sale de la suerte sin más. En la segunda vara tampoco es puesto en suerte, se le aplica fuerte metisaca y el animal sale suelto.



En la vida en general vivimos de recuerdos y de realizar comparaciones. Lo deseable sería vivir de acciones y en esas tareas se encuentran los emprendedores, los aventureros y, por antonomasia, los toreros. Los matadores de toros viven metidos en plena acción lidiando y matando toros, y cuando este momento de su vida desaparece no saben qué hacer con sus existencias. Conocemos multitud de ejemplos en los que los toreros cuando se retiran, porque los públicos se lo han sugerido o por la falta de contratos, inmediatamente comienzan a darle vueltas al retorno. Muchos de ellos emprenden este camino de vuelta que no suele ser exitoso, y por ello hacen bueno el dicho de que «segundas partes nunca fueron buenas». De todos es conocido el retorno de Manuel Jesús El Cid que cumplió una etapa brillante en la tauromaquia que podríamos llevar hasta el año 2008 (de 2000 a 2008). A continuación las cosas no le funcionaron de la misma manera, puede que fuera porque quiso refinarse (en la tauromaquia de comienzos del siglo XX, ha existido demasiado refinamiento, con toreros artistas que han marcado pautas). El Cid, un torero clásico, poderoso, cabal y dominador (con una mano izquierda prodigiosa), es posible que no estuviera contento con el reconocimiento que se le brindaba, sobre todo en su Sevilla natal. No en Madrid, donde era un referente de la tauromaquia más exigente. Todos queremos ser valorados, en la máxima extensión de los términos. El Cid no era reconocido a la altura que merecía. A él puede que esto le preocupara y emprendió el camino de acercarse a la montaña. Llegar y escalar ese promontorio en lo taurino significaba comenzar a neo-torear, es decir, entonces El Cid comenzó a ajustarse menos con los toros, a no cruzarse tanto con ellos, a emplear una técnica ligerita, de esconder, incluso, la pierna de salida al dar los naturales y los redondos. Esto venía a ser una traición a sus principios taurinos, pero le acercaba a lo que ejecutaban las figuras del toreo coetáneas a El Cid. No hace falta dar nombres. Pero ese camino hacia el reconocimiento le llevó hacia la decadencia en su tauromaquia.


Mientras El Cid se desnaturalizaba para realizar un toreo más agradable, más de figura, no dejaba de ser una infidelidad a sus conceptos y a sus virtudes. Era un pago que él, tal vez, quiso hacer para ser parte de ese grupo de líderes del toreo (figuras del toreo, figurones, les llaman algunos). Al tiempo que realizaba ese pago El Cid dejó de torear bajo los cánones clásicos sin entender que esa ortodoxia primigenia fue lo que le llevó a la cima y al pleno reconocimiento entre los buenos aficionados (no entre los taurinos). El Cid a lo largo de esas temporadas citadas había toreado con consistencia en Madrid y en Sevilla, de haber tenido mejor espada sus éxitos habrían doblado a los de cualquier torero de su época y de épocas anteriores, y ante toros de verdad, de las ganaderías de toros con casta (entre ellas la de Victorino Martín). En 2007 en Bilbao realizó una de las mayores gestas que un matador de toros ha conseguido en el último medio siglo del toreo. Lidió seis Victorinos con solvencia y rotundidad. En una de las mejores corridas de los últimos tiempos. Esto puede que le agotara; también, no verse validado por sus pares al nivel que lo merecía. Después vino ese peregrinar hacia la montaña del toreo superficial y querer matar las ganaderías febles. Cierto es que lo duro agota. Etc. Al cabo de los años El Cid se tuvo que ir y lo hizo con dignidad (Zaragoza, 2019). La afición guardó un grato recuerdo de su trayectoria y su valoración fue subiendo. Ahora bien, El Cid, en 2023 volvió a la lucha taurina, sin contratos, como si no hubiera sido nadie anteriormente. La comparación con el retorno de otros toreros de su etapa, en ventajas y en colocación en carteles, ha sido, digamos, sangrante. Da la impresión que torea para ganarse contratos en una lucha en solitario. Desde luego que no ha sido justo el trato recibido. No debemos ahondar más en ello. La cuestión ahora es —a la altura de 2026— analizar qué tauromaquia ha traído de vuelta El Cid. Y ahí está el problema, pues ha retornado con la técnica que empleara en sus últimos años en activo, aquella que les sirve a sus compañeros situados arriba del escalafón, pero no a él porque los toreros auténticos no pueden reinterpretarse buscando el agrado y la comodidad.

 
En las tres comparecencias que ha protagonizado Manuel Jesús El Cid en su vuelta a Madrid (una en 2023 y dos en 2026), no ha sido el matador al que se le recordaba con admiración. Sino algo muy liviano, de poco fuste. Creemos que los retornos de los toreros que forman parte de la historia de la tauromaquia debería ser para decir algo nuevo, para ejercer maestría, para dar lecciones, para ser un verdadero referente. No es fácil, somos conscientes. De lo que hemos visto en toros sólo han alcanzado ese grado de excelencia —posiblemente porque se habían dejado algo en el camino por decir— dos matadores, Antoñete y Manolo Vázquez, que hicieron crujir con sus lecciones el toreo anodino de su tiempo, en los años ochenta del siglo pasado. La comparación está ahí. Fue una lástima ver ayer a
El Cid en Madrid sin ángel. En un regreso sin registro, sin sello, sin mostrar la maestría que verdaderamente posee. A su primer toro, brozno, tras unos pases de tanteo le toreó hacia atrás con la intención de consentirlo y meterlo en materia, pero la cosa no funcionó, es decir se empleó despegado y mecánico sin encontrar respuesta en el tosco astado. Lo mató de bajonazo en la suerte contraria. En su segundo que era un burel distraído y soso, recurrió a la misma técnica de torear por fuera por si el astado se daba por enterado y sólo consiguió más desentendimiento del animal. A un toro manso lo intentó matar de cuatro pinchazos en la suerte natural; finalmente lo liquidó de media estocada atravesada en la suerte contraria.


Si el término regreso corresponde a la vivencia de El Cid actual, la palabra «estancia» o «permanencia» le corresponde a la situación que rumia
Álvaro Lorenzo. Ahí está Lorenzo, en una zona de confort de pocos contratos, con una tauromaquia neo-moderna hasta el infinito. Muy despegado siempre ante los morlacos, quiso pasarlos, a ambos, con la diestra. No llegó ni a entenderlos ni a conectar con dos animales sosos, si bien manejables a su modo. Cierto que pecaban de embestir con la cara alta —como todos sus hermanos—. Pero la medicina, al menos para estar por encima de ellos, pasaba por mayores apreturas y exposición. Que Lorenzo no empleó. Mató al tercero de estocada caída en la suerte contraria. Y al quinto de estocada baja, tendida, en la misma suerte contraria.


Lo mejor de la tarde vino por parte de la actuación del torero novel que confirmaba alternativa,
Manuel Diosleguarde, que mostró deseos, ganas y se le vio con cierta frescura en su «llegada». Tuvo un lote de toros más propicio. A su primero, un cinqueño con cuajo, le recibió con verónicas decentes, también en el quite. Con la muleta, aunque toreó con cierta prisa, logró enjaretarle algún pase estimable. Dos naturales de mérito. Casi consiguió meter en la faena al ejemplar de La Quinta. La faena fue corta, todo un logro. Mató en la suerte natural de pinchazo tendido y de estocada. En el último toro de la tarde, vino lo más interesante, pues el burel sacó genio, se podría decir que casta y desarrolló dificultades, pues por el pitón izquierdo se vencía; por ese pitón Diosleguarde le aguantó con entereza, lo más valioso de toda su actuación. En redondo toreó algo despegado, en una labor que fue a más y demostró compromiso y mayor ajuste en los muletazos finales, dos de ellos meritorios. Mató en la suerte natural de un pinchazo hondo y tres descabellos.

 




 

ANDREW MOORE



 



 


 
 
 
FIN