lunes, 25 de mayo de 2026

Cinco equipos en dos puntos. Sobra uno

 
Zaragoza legendario, en mis papeles 
  

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 
        Si el sábado me preocupó el Osasuna de Lisci y Budimir, cuando Stuani provocaba faltas cerca del área del Elche, en un follón en el que nunca debió entrar el equipo navarro, ayer domingo ha sido al Huesca al que he querido dar ánimos para que no perdiera ante el Castellón. Camara, al que mi sobrino asiduo a Castalia ve tórpido y sólo músuculo y a mí me parece poderoso y oportunista, que es virtud que valoramos los aficionados veteranos, marcó a la hora en El Alcoraz. Es gol que escuché por la radio como antaño, siguiendo las vicisitudes de cada campo en jornada que deja en dos puntos, de 71 a 69, a cinco equipos de los que sobra uno para el play off. El Burgos es ahora el que está fuera, pero esperamos que se pueda en El Plantío con un Andorra que nada se juega en la última jornada y que Almería, Las Palmas, Málaga o Castellón, alguno de los cuatro, tropiece y no gane.

 
       David González, que es nacido en Burgos, lleva unas jornadas que Ramis no lo pone de titular, cosa que no le impide ser el máximo goleador del equipo desde lo más parecido a la posición del diez antiguo, porque jugar, juega todos los partidos saliendo a sustituir a Morante o Curro. No sé si por lesión o sanción ayer no estaba Curro, y David salió de inicio. A los seis minutos marcó un penalty clamoroso que hicieron a Fer Niño -¡cuánto hace penar este nueve a las defensas!- y antes de acabar la primera parte marcaría el 2-0 tras un despeje mejorable del veterano Badía a disparo de Appin. A mí Appin me parecía lo mejorcito del Burgos, pero después de la larga lesión volvió como acelerado y sin la precisión de la temporada pasada, pero tiene un punto impredecible que me gusta. En la segunda parte no hubo nada. Tampoco en Ipurúa, donde el Éibar había marcado otros dos goles al Córdoba, el segundo de ellos podría considerarse delictivo -para los asuntos de apuestas- pero creo que la defensa del Córdoba estaba en su acostumbrado carajal, alejada ya de toda esperanza, y el yerro de Álex Martín es más achacable a falta de concentración que a maldad. El Mirandés llega de modo increíble vivo a la última jornada y si gana al Leganés del arqueólogo Igor Oca... y el central Marvel, un tipo al que parece que alguien le tiene echado mal de ojo, como a Rubí, al que persigue un malditismo que servidor achaca a sus manías contra los dioses y que tiene mucho que ver con el poco rigor defensivo de sus equipos; si gana en Butarque, repito, se salva. Rubí quiere ser como J. Alberto el del Rácing de Santander al que meten muchos goles pero el cántabro dispone de una delantera que es una torrentera. No se percata Rubí de que el Deportivo de Antonio Hidalgo, un entrenador de una  practicidad obsesiva, ha ascendido por guardar las espaldas y procurando tapar al momento los portillos que generaba una plantilla no tan vistosa como la del Almería o el Rácing.


    Así como hay que reconocer el mérito de Sevilla, Alavés y sobre todo Levante por dominar un vértigo que los llevaba a Segunda junto a un Oviedo que ha pasado casi sin estar por Primera con un gran portero: Aarón Escandell, no queda sino certificar el descenso del Mallorca a pesar de Muriqui y el Gerona, al parecer uno de los filiales del Manchester City. No se sabe de quién es filial el Zaragoza. Al mando o desgobierno figura mucha gente extraña que desde hace cuatro años se ha preocupado ¡cómo no! de hacer una Romareda nueva. Un estadio digno de la Champions para poder asistir a los tristes derbys aragoneses que esperan en 1ª RFEF, o sea Tercera División. Contra el Huesca, otro descendido, el Teruel y el Tarazona.


     -No. El Tarazona del que salió el goleador del Córdoba Adrián Fuentes ha descendido a la 2ªRFEF
    

Funesto 26 que aparta los nombres de Pilar y Agustina para las aragonesas y los sustituye por el tercer nombre maño, Dolores, la de Calatayud, cuyo club, el Atlético Calatayud, está en la Regional Preferente, que queda mucha más cerca que aquellas eliminatorias continentales de la Recopa; la de Nayim ante un Arsenal que mire usted por dónde, puede ser Campeón de Europa antes de que acabe el mes. Pena, penita pena me da "lo" del Zaragoza. 

Entre Hansi y José





Ignacio Ruiz Quintano
Abc


El Madrid vive su momento Buridán, el escolástico que pasó a la historia de la filosofía porque su asno, equidistante entre dos haces de heno, murió de hambre por no decidirse por uno. Es un momento entre el modelo Hansi, ganador de dos ligas sin bajarse del autobús, propuesto por el antimadridismo, y el modelo José, aquel rocanrol añorado por el madridismo, decepcionado con el aurresku del hijo de Perico Alonso que hace un año nos vendieron como rocanrol. El temple y la humildad de Flick o la pasión y la jactancia de Mou, que sabe, como Corrochano, que aquí es modesto el que no puede ser otra cosa.


En las afueras gusta el temple de Flick, el hombre de Heidelberg, donde la mandíbula, que el fin de semana, mientras en Alemania enterraban a su señor padre, eligió celebrar en el carromato del triunfo, ornado de símbolos antimadridistas, su segunda liga consecutiva. “Recuerda que sólo eres un hombre”, susurraba en la oreja del general romano un criado asignado al efecto. “No creerás que has ganado tú las Ligas de Tenerife”, dicen que le dijo el Napoleón de las Ramblas al Tulipán que pedía un aumento. En cuanto a su machadiana humildad de “homo heidelbergensis”, ésta se ve en su torpe aliño indumentario, pues cualquiera que se lo cruce por la calle lo confundirá con un mecánico de la Volkswagen (el coche del pueblo) en paro, y, sin embargo, ya ven, dos ligas en dos años, a sólo dos ya de las levantadas por Cruyff, aquél que dijo: “Mourinho is a coach of trophies, noto f football”.
–Me encanta aprender de genios como Cruyff –contestó el aludido–, pero aún tiene que enseñarme a perder una final de Champions por 4-0.





Éste es el Mourinho que añora el madridismo, ahora que el vestuario es una topera y que la política de Estado no le va a permitir ganar en suelo español ni el partidillo de los jueves, por lo que su nicho de mercado deberá volcarse en la Champions y en el Mundial de Clubes, aunque sólo fuere por buscar respuestas a su mítico fado de los porqués: “¿Por qué? ¿Por qué Ovrebo? ¿Por qué Busacca? ¿Por qué De Bleeckere? ¿Por qué Stark? ¿Por qué siempre ellos? No sé si es por la publicidad de Unicef o por el poder que tienen en la Uefa. Ojalá algún día pueda obtener una respuesta”.






El mourinhismo es el sebastianismo del Madrid. Un mesianismo, dice la Wikipedia, que se traduce en “una inconformidad con la situación política vigente y una expectativa de salvación milagrosa, a través de la resurrección de un ‘muerto’ ilustre”. Al piperío conchaespinil, ese populacho beatón, sucio y feroz (“que alterna la exposición del Santísimo Sacramento con el culto de los toriles”, en visión de Eça de Queiroz) le tira más el Spandau Ballet de Klopp (un Flick pasado por “Los conceptos fundamentales del materialismo histórico” de Marta Harnecker) que la Amália Rodrigues (“ceniza y fuego”) de Mou. A Mbappé le duraría Klopp en el Bernabéu lo que Spandau Ballet le duró a Tessa en el Rock-Ola), que así es como acabaría todo, por dispersión.


–Así acaba todo –le dice en “Los Maia” Ega a un Carlos da Maia deprimido porque la Gouvarinho se le marcha a Sintra–. Como se acaban las grandes cosas: como eñl Imperio Romano, como el Rin, por dispersión, insensiblemente…


Explica Ancelotti en sus memorias que los equipos de Mourinho preparan tu muerte, y cuando estás cansado, te dan el tiro de gracia. ¿Por qué lo contrataron en su día? Para el italiano, la respuesta es sencilla: “Querían derrotar al Barcelona de Guardiola”. Hoy no se trataría de derrotar al Barcelona de Flick, que tampoco es ningún enemigo, sino al PSG de Luis Enrique.

Una mala noticia antropológica (Mbappé, “el cuarto delantero”, royendo a dientecillo suelto la moqueta del vestuario) y una buena noticia deportiva: Deschamps prescinde para el Mundial de Camavinga (para Deschamps, el mundo es Rabiot y diez más), quien así podrá descansar física y mentalmente para convertirse con Mourinho en el “Box to Box”, mitad Seedorf, mitad Redondo, que lleva dentro.


[Sábado, 16 de Mayo]

San Isidro'26. Los Alcurrucenes. Llevar la faena hecha desde el hotel. Campos & Moore



PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Domingo, 24 de mayo de 2026. Decimoquinto festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de Alcurrucén (origen Carlos Núñez). Bien presentados menos el tercero. Nobles. Cinqueños y mansos menos el sexto. Flojos 1º (inválido) y 3º. El primero acucharado y recogido de pitones. El segundo veleto y de suma nobleza. El tercero sin trapío, bajo, corto, chico, feo e inválido. El cuarto, cornivuelto, bajo, al límite en el trapío, muy noble. El quinto, un zapatito, tardo y remiso. El sexto, cornivuelto y noble, aunque sin empuje. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral camino del cambio climático. 


Terna: Fortes, de Málaga; de sangre de toro y oro, con cabos blancos; catorce años de alternativa; veintiún festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. David de Miranda, de Trigueros (Huelva), de blanco y plata; nueve años de alternativa; veintitrés festejos en 2025; oreja muy protestada tras un aviso y silencio tras un aviso. Víctor Hernández, de Los Santos de la Humosa (Madrid), de malva y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; dieciséis festejos en 2025; silencio y silencio tras dos avisos.


Suerte de varas. No se cuidó la entrada de los toros en la suerte, entraron a su aire. Mucho picotazo. Varas mal colocadas. Salieron sueltos a excepción de 1º (se repucha) y 4º (al capote). Varas traseras (1º, 3º y 5º). Todo esto influyó en el juego de los toros en la muleta. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto que fue el toro más seguido por la afición. Lo picó Agustín Collado. Ambas varas caen detrás de la cruz. En la primera el astado entró al relance y tras un picotazo salió suelto. En la segunda fue puesto en condiciones y empujó, pero salió suelto tras un picotazo; el picador intentó el metisaca. No fue ahormado.


De toda la vida cuando los matadores de toros se han diluido en el espesor de la tarde sin cumplir con las expectativas que llevaban los aficionados por verles, se ha producido una profunda decepción. Ayer la afición de Madrid vivió una enorme desilusión porque esperaba mucho de los tres matadores anunciados en el cartel con los toros de Alcurrucén. Más desencanto aún se produjo por lo que se concebía que podían haber dado de sí las figuras de Fortes y de Víctor Hernández. Ambos frustraron las esperanzas que el aficionado había depositado en sus actuaciones porque estuvieron muy lejos de lo que se pensaba eran capaces de alcanzar. Podríamos meter en este cóctel a la figura de David de Miranda, si bien mucho menos ya que no es un matador de la concepción del toreo que tiene en mente la plaza de Madrid. Y ¿por qué sucedió esto? Principalmente porque no estuvieron a la altura de lo que los toros desarrollaron en el albero, ya que ante toros nobles (sin demasiado empuje) no aplicaron faenas a la medida que esos astados exigían. No torearon en la función del toro que les tocó lidiar, sino que se empeñaron en imponer a los astados lo que ellos pensaban debía ser la faena en cada uno de los duelos (ante los seis toros). De toda la vida se ha dicho en estos casos que los toreros llevaban la faena hecha desde el hotel; es decir, no desarrollaron un trasteo idóneo a cada toro (que toros hubo, aunque con poca fuerza), sino que desplegaron una tauromaquia mecánica, preestablecida, prolongadísima en envites (lances y pases), aquella que acostumbran a poner en escena en las plazas de provincias y en los pueblos (gaches) donde pueden ser anunciados. Todos los toreros de ayer necesitaban el triunfo para pasar de la segunda división, en la que se encuentran, y poder optar a la ansiada Champions. Se quedaron muy lejos de esa promoción o «sorpaso», y por ello permitirán que las longevas figuras eternas que están por arriba (con veintitantos años de alternativa en muchos de los casos) permanezcan y consigan a corto y a largo plazo adocenar a la fiesta de los toros, per se.


Los toros de Alcurrucén que ayer salieron al coso de Las Ventas fueron toreables, de condición noble y permitieron el toreo. Cierto es que les faltó algo de empuje, de acometividad, de emoción. Este es un problema que atraviesa a la fiesta de los toros. Mucho toro noble, manejable, dócil, escasos de casta, de emoción. Aún así este toro bonancible, que ayer salió, permite un tipo de faena que no se le propinó. Al ser un astado escaso de fuerzas se le tenía que haber toreado en pocos pases, en pocas tandas, todas ellas concebidas desde una disposición de toreo clásico, bien hecho y rematado. Con la muleta cuadrada hacia la cuerna de los toros, con un viaje de la franela despacioso y hacia atrás, con las piernas del torero más frontales, mantenidas hacia delante; no escondidas. Con el torero colocado a una distancia sin ahogar a los morlacos; dejarles respirar para que vean con horizonte al matador y tener espacio para tomar el trapo, galopar hacia él o mantener un trote; no ser asfixiados; que corra el aire en el trasteo; que el torero esté cruzado con el burel, que no toree al hilo del pitón, ni abuse del pico, sino que lleve al animal metido en el centro de la muleta, con lentitud, con temple, con compás, con armonía; en pocos pases. Si el toro está limitado de fuerza, faenas de veinte o treinta pases, no de sesenta o más como ayer se sufrieron. Los tres matadores ahogaron a los toros y dieron una enormidad de pases. En la tarde sonaron seis avisos. Posiblemente pudieron ser muchos más. Algo falla en la tauromaquia cuando las faenas son tan largas. No tiene sentido. Aparte, esa colocación desacertada de los toreros ante los animales, con la muleta en uve, es decir, enseñando el pico de la misma al astado y haciendo un ángulo cerrado con el cuerpo del torero, para llevarle por las afueras, no hacia adentro, con las piernas de los diestros dispuestas hacia atrás, y bajo una composición del cuerpo de perfil. Así no se domina a los toros, ni se les templa, ni se les debe torear. A no ser que el astado ponga todo de su parte —como suelen esperar que haga— olvidando cualquier adaptación a sus características.


Si analizamos lo realizado por la terna ayer, debemos comenzar por Fortes. Desilusionó sobremanera. Se le esperaba especialmente porque en Madrid se le quiere. Toreó pecando, al poner la muleta en uve, desplazando al toro con el pico de la misma y situándose de perfil —una manía que tiene—. A su primer toro, muy noble, le dio una barbaridad de pases. Había poco toro y alargó el trasteo sin compasión. Perfilero, muy encima. Sí, hubo uno o dos pases bellos, pero el toreo no consiste en esa fragmentación, sino en una obra de conjunto. Toda su labor quedó desdibujada. Mató en la suerte contraria de un pinchazo y de un bajonazo. Con el cuarto toro de la tarde, noble, las cosas aumentaron: muchos más pases en la segunda raya del tendido nueve, más de perfil, más uve, abierto el compás, la pierna retrasada, por fuera, sin verdadera colocación. Parece mentira que un torero que tiene mucho valor se coloque con ventajas delante del toro. Mató de tres pinchazos en la suerte contraria y de una estocada baja perdiendo la muleta.


David de Miranda, viene a ser un torero como Sebastián Castella, con tendencia a las cercanías y al toreo por la espalda —ayer no abusó tanto de esto—. Y sobre todo parece ser un exponente del toreo giratorio, haciendo girar al toro alrededor de su figura mientras la pierna de salida va hacia atrás para permitir la ligazón, única clave de su toreo. Hay que reconocerle un sentido del temple –ayer no tanto—, una virtud que queda anegada entre tanto toreo por las afueras. La faena a su primer toro, en los terrenos del diez, no fue dominadora sino superficial, en redondo y al natural, aunque parte del respetable vio en ella el modelo de la perfección. Estatuarios iniciales y bernadinas finales. Mató de estocada baja en la suerte contraria. Se le concedió una oreja sin petición mayoritaria, y fue muy protestada. Al quinto le toreó con la franela en los medios en orientación a los tendidos seis y siete. Pases por bajo para comenzar. Muy encima en las tandas. El animal era tardo. Pies juntos. Por fuera, despegado. Manoletinas como cierre. Mató de un pinchazo en la suerte natural y de estocada caída y tendida en la suerte contraria.


Había confianza en ver a Víctor Hernández. Ilusión. Él no respondió en relación a como se le había valorado. Puede que se equivocara eligiendo animales de tan escaso poder. Su primero sin trapío y sin fuerzas. A Hernández se le vio acelerado. Mal colocado. Hizo un esfuerzo en balde porque es un torero que necesita un toro de poder y de transmisión. Anunciándose con el medio toro pierde frescura, verdad y contenido. Su carrera así puede correr peligro. Una esperanza que se pierde en la lontananza. Mató de una estocada desprendida perdiendo la muleta en la suerte contraria. En el último toro de la tarde, un astado noble y afín, aunque ausente de empuje, no midió bien el trasteo. Se extralimitó. Para comenzar no lo llevó a los medios, sino que lo molió a pases entre las dos rayas del nueve, sin fin. Abusó del pico. Aparentemente parecía bien colocado. Pero el encimismo lo tapaba. Al final se corrigió y llegó a torear decentemente al natural, pero era muy tarde. Mató de un estocada caída, tendida, en la suerte contraria y de un descabello. Su siguiente compromiso será con la corrida de Jandilla, si de nuevo hay mala selección del ganado a Víctor Hernández le perjudicará.


Como algo destacable vivimos un tercio de quites profuso en el segundo toro. Víctor Hernández y David de Miranda compitieron con el capote. Dos quites cada uno. Todos ellos livianos. El toro no permitía más. Chicuelinas, ganoneras y toreo vistoso. Parecía que aquello prometía una tarde para el recuerdo; no obstante quedó en puro espejismo.


Lo más notable del festejo fueron los dos pares de banderillas de Víctor del Pozo al quinto toro. Muy de verdad.








ANDREW MOORE























FIN 

Lunes, 25 de Mayo

 


Valle de Esteban

Mar y montaña

domingo, 24 de mayo de 2026

El móvil


Gallardon, Eure y Loir, Francia 1907


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Hace poco se llevaron al talego a unos caballeros que tenían una TV en la sierra donde recibían llamadas telefónicas para un concurso cuya ganancia consistía en aguantar las llamadas para que corriera el contador. Gallardón acaba de poner en marcha en Madrid un sistema por el cual, mediante una llamada de móvil a un número municipal, puede enterarse uno de cuánto va a tardar en llegar a la parada el autobús. La broma sale por diecisiete céntimos de euro, aunque tampoco es cosa de llevarse al talego a Gallardón, porque aquí, a diferencia de lo que ocurría en la sierra, no hay nadie aguantándote la llamada para estirar los céntimos. Es decir, que llamas y no es Cobo quien descuelga para darte todo el palique que pueda hasta que llegue el autobús con el propósito de colocarte en la cuenta una pila de euros. Podrían hacerlo, porque en Madrid, ahora mismo, la mies es mucha y pocos los segadores: nunca había estado esta ciudad tan indecentemente destartalada por las obras, y eso supone mucho dinero que de algún sitio tiene que salir: por ejemplo, de los pardillos que, impacientes por la demora del autobús a consecuencia precisamente de las obras, telefoneen al número dispuesto por Gallardón para cobrarles diecisiete céntimos por decirles cuánto tiempo de espera tienen por delante. Podrían hacerlo, pero no lo hacen, porque para arruinar Madrid, y estamos en el buen camino, hay métodos más rápidos, como, por ejemplo, el crédito. Al término del mandato gallardoní, Madrid deberá más que Alemania tras la guerra del 14, y los vecinos no habrán visto el menor beneficio. Madrid es hoy una ciudad más sucia y más maleducada que cuando la cogió Gallardón, que ha hecho del madrileño medio una especie de fantasmón en pantalones cortos –un “gesto de modernidad”, por cierto, si nos atenemos a lo que, a propósito del Papa, ha editorializado la prensa de progreso– con un manojo de pulseras de goma en una mano –la de Armstrong, la del racismo, la del 2012 y la de tonto contemporáneo–, y en la otra, el móvil de darle diecisiete euros al Ayuntamiento a cambio de las horas del autobús.

San Isidro'26. Darle una vuelta a esto del rejoneo. Campos & Moore

 


PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas.

Sábado, 23 de mayo de 2026. Decimocuarto festejo de San Isidro. Primera corrida de rejones. Cartel de no hay billetes. Tarde primaveral calurosa.

Toros de Ángel Sánchez y Sánchez, de sangre Murube-Urquijo, con los pitones desmochados, sin trapío, mansos, muy flojos, nobles, sin poder y rendidos. De poco juego. Todos iguales. Anodinos.

Toreadores: Andy Cartagena, de Benidorm (Alicante), traje campero gris, veintinueve años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; vuelta al ruedo y una oreja. Diego Ventura, de Lisboa (Portugal), traje campero, chaquetilla de coral aterciopelada y pantalón azul oscuro; veintisiete años de alternativa; cuarenta y cuatro festejos en 2025, silencio y una oreja. Guillermo Hermoso de Mendoza, de Estella (Navarra), traje campero, chaquetilla marrón y pantalón azul marino; siete años de alternativa; veintisiete festejos en 2025; silencio y silencio.



Como es tradición en este tipo de festejos del rejoneo la plaza de Las Ventas ayer estaba irreconocible, prácticamente, ningún aficionado a los toros de las corridas regulares se encontraba en su localidad. Allí, ayer, lucían palmito otra clase de personas que habían sido invitadas a la función. Mucha alma sencilla que pretendían pasar una tarde agradable aplaudiendo a los caballeros en plaza. Todo muy hermoso y digno de análisis sociológico, desde el cual entenderíamos mejor nuestra sociedad. Una parte de la sociedad amable. Digamos que en la historia del rejoneo hubo un crecimiento en expectativas y en resultados que fue evolucionando a lo largo del siglo XX. A finales de ese siglo y comienzos del XXI, la figura de Pablo Hermoso de Mendoza revolucionó la forma de torear acomodando el clavado de rejones a la técnica del toreo a pie. Los tres tercios creados por Antonio Cañero en los años veinte del pasado siglo, que se asemejaban al toreo de los coletudos, sufrieron una vuelta de tuerca con Hermoso de Mendoza, pues en sus momentos de esplendor parecía que sus caballos toreaban con capote o con muleta ofreciendo su cuerpo a los astados preparados para la ocasión. Aquí reside el problema del rejoneo actual, en el tipo de toro que se lidia que no posee ni una pizca de emoción, ni de un sentido de lidia, porque son animales vencidos y programados, como si hubieran nacido para cumplir su misión en un número de circo. El rejoneo avanzado el primer cuarto del siglo XXI necesita darle una vuelta a todo esto, porque si no el espectáculo que quieren alcanzar se les cae, se les difumina, se les diluye. Pues a pesar de que se quiera elegir un toro colaborador deben existir unos mínimos de raza, de trapío, de casta y de emoción. Lo mejor es que se volviesen a torear en las corridas de rejones toros de cualquier origen y ganadería y no quedarse apegados a la sangre Murube que no aporta a la función pública, de dominar toros desde los caballos, ningún interés, por no entrañar ni riesgo, ni emoción, ni sentido dominador. La actividad actual de la corrida de rejones es una gala modificada de las corridas de toreo a caballo de la edad moderna española, concretamente, del siglo XVII, si hablamos de situar arpones a los toros con un sentido de someterlos mientras se establecen para ello unas reglas taurómacas.

 
Las normas quedaron diseñadas en el siglo XVII, a partir de concebir el toreo de frente —un aspecto histórico mantenido en el rejoneo portugués a través de los siglos— porque los caballeros iban hacia los toros, atacando (el caballo invade el terreno del toro con éste parado); esperándole cuando el astado se arranca; de poder a poder, si ambos se reúnen con movimientos de partida al mismo tiempo; o recibiendo cuando el equino se adelanta a la embestida del burel si bien este reacciona en última instancia. Estas cuatro maneras de concebir las suertes parten de los orígenes cuando los toreadores eran nobles [que torearon y escribieron reglas de puño y letra —de ahí toda una tratadística clásica anterior a la del toreo de a pie: lo hemos señalado en todo momento, hemos insistido en ello: que introduce una rica manera de concebir la lucha entre las monturas y los astados, y que se trasladó posteriormente a la tauromaquia de a pie—]. Estas normas han sido pulidas y transformadas por los jinetes españoles y portugueses a través de los últimos cien años, hasta llegar a este acto actual de marco triunfalista, agradable, popular, denominado corrida de rejones, al que acude un tipo de público, como decíamos, angélico, inocente, ingenuo y no olvidemos que perteneciente a la población que sostiene nuestro país. En la progresión mantenida en el rejoneo han aparecido nuevos instrumentos, aparte del rejón —el instrumento inicial—, como las banderillas largas, las cortas y las rosas. Todo ha ido a favor de una divertimento en el que el factor toro no se ha tenido en cuenta y ha llegado, por lo visto ayer, a desaparecer, a no ser tenido en cuenta. Si esto es así, el rejoneo contemporáneo se caerá si no se restauran los principios, que no son otros que establecer verdad y belleza en el dominio de un toro fiero. Las preceptivas clásicas (siglo XVII, por ejemplo) no hablaban de que el toro debiera ser un simple colaborador; sino un elemento al que había que poder, porque desde ahí el caballero adquiría notoriedad, fama, aura de héroe, leyenda de hombre ilustre que gana celebridad a través de sus hazañas, en este caso a través de lidias de animales bravíos.

 
Hoy el elemento toro en este transformado show, de clavarle hierros a un animal vencido, ha llegado a un punto de no retorno, a no ser que se le pongan cotas, como, por ejemplo, no permitir tanto castigo a los astados. Debería existir una limitación de las clavadas. Sería el inicio de la regeneración del toreo a caballo. Y volver a la lidia del toro verdadero en puntas (en la tratadística del siglo XVII no existen insinuaciones de cercenar los pitones a los bóvidos lidiados), a pesar de que el caballo (ese animal realmente bello que despliega todo su saber en la tauromaquia) pudiera sufrir un deterioro; en evitarlo radica la maestría de su jinete, de su toreador (anterior al diestro, al torero) abastecedor de gran parte de los postulados taurinos vigentes hoy en día en la corrida de toros hispana, o española o andaluza, como queramos denominarla. Son los principios del valor, de la gallardía, de la prudencia, del honor, de la mesura, del riesgo, de la ayuda, de la belleza;  por qué no decirlo del arte taurómaco —ese entramado de leyes clásicas, de parar, templar, mandar y cargar la suerte— registrado por los nobles portugueses y españoles que toreaban en las plazas públicas reales (un ágora, un coso) ante todas las clases sociales; igualmente, como hoy. Ante un público deseoso de admirar, de emocionarse, de reconocer y de aprender de las enseñanzas más nobiliarias posibles. Sin toro no hay posible admiración. Puede darse la diversión. No lo neguemos. Aquél toro que dibujó idealmente María Eugenia de Beer en la preceptiva más famosa de las existentes, Exercicios de la gineta (1643) de Gregorio de Tapia y Salcedo, a pesar de su rusticidad, debe volver a la actividad del toreo a caballo, para reajustar sus reglas y acomodarlas a una verdad que ha difuminado el moderno rejoneo.


Al analizar la actuación de los caballeros de ayer tarde hay que empezar por el primer rejoneador,
Andy Cartagena. Todo su toreo responde a un intento de llegar al éxito de cualquier manera; sobre todo a base de poner la doma de sus caballos al servicio de su capricho, mediante cabriolas, piruetas, piafé, reverencias, sentadas, levadas, corbetas, saltos y todo tipo de pasos y ejercicios. Todo menos torear. Utilizó bellos equinos. En los rejones de castigo vimos a Felino, en banderillas largas y cortas a Cartago (hermoso caballo lusitano, perla, de enorme sensualidad), Baena, Pintas, Copo de Nieve y Bandolero; Pintas a la hora del rejón de muerte, un caballo de capa extraordinaria «appaloosa», moteada, cuyo origen reside en la tribu india norteamericana Nez Percé. Muchos de estas monturas sufrieron cornadas de los astados, con la suerte de que estaban muy cercenados de pitones y mermados de fuerza, y por ello salieron indemnes. Para restarle más fuerzas aún sus peones intervinieron constantemente. En definitiva una actuación populachera que no gustó a todo el respetable.


Diego Ventura, es la máxima figura actual del rejoneo, y hay que admitir que domina la monta y la puesta en escena. Su rejoneo es veloz, apasionado, impulsivo, como una inyección de testosterona en vena. Todo hacia la galería, aunque como decíamos sabe lo que hace; no obstante se excede. Se pone de los nervios en pos del triunfo. También montó maravillosos equinos. El clásico Guadalquivir para los rejones de castigo. En banderillas, el maravilloso Nómada, lusitano, muy torero. Bronce con esa manía de querer morder a los toros que creo hay que recriminar con toda severidad; algo indigno y fuera de lugar. Quírico y Lío. En los rejones de muerte Brillante. Diego Ventura rejoneó de manera irregular. Hay que valorarle que en el quinto astado recorrió el ruedo montando a Quírico lamiendo terrenos de tablas y llevando al toro pegado a su costado. Se dejó tocar las monturas. Dio a su manera espectáculo, cómo no, y divirtió a la concurrencia.


A
Guillermo Hermoso de Mendoza se le ha visto desposeído de la timidez que manifestaba en sus primeras actuaciones (seguramente este paso adelante no sea bueno para él porque le acerca al descaro de pedir el triunfo sin mérito como hacen la mayoría de sus compañeros). Mantuvo al torear cierto clasicismo heredado de su progenitor. Un clasicismo que el graderío de este tipo de corridas no llega a entender. Los caballos que montó fueron: para el rejón de castigo Jíbaro; en banderillas Ecuador que en el tercer toro toreó al quiebro de frente con soltura (lo más torero de la tarde). Mató con Quemarropa. En el último toro montó a Berlín con el que volvió a las hermosinas y culminó con Pasodoble. Fue el caballero más sobrio, menos atacado de espíritu.
 

 


 

ANDREW MOORE


 


 
 

 
 
FIN

Domingo, 24 de Mayo

 


Valle de Esteban

Campo a través

Paz a vosotros

 DOMINGO, 24 DE MAYO


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:


-Paz a vosotros.


Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:


-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.


Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:


-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.


Juan 20, 19-23

sábado, 23 de mayo de 2026

Comienza la Feria

 

 
Alud floral en San Pablo
 
 
 
Ventana en Santa Marina 

 
 
Comienza la Feria
 
F.J.G.I.

El bar de Mou


Moe

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En el “after hours” no se habla de la huelga de Méndez y Toxo (Yogui y Bubu para el vulgo), sino de Mourinho, con lo cual en el “after hours” de Pochete vuelve a sentirse uno como en el bar de Moe (así se escribe en los Simpson), que en Madrid, por culpa de Mourinho, debe leerse como bar de Mou. Decíamos ayer que a Comisiones y a Ugeté les pasa con Zetapé lo que al “As” y al “Marca” con Mou: creen haberlo llevado ellos al cargo. Sus editoriales y titulares sobre Mou son a menudo tan regocijantes como aquel “Medite Tojo” de la prensa española conminando al almirante japonés a cambiar su estrategia en la guerra del Pacífico. Medite Tojo, medite Mou y medite Zapatero, que necesita, el hombre, un Ribera que sea saludado por sus discípulos como el Giotto del nuevo franciscanismo marxista. En su corte de pelotas mediáticos sólo se cultiva el chafarrinón, y así no hay manera de captar la dimensión espiritual de la gran empresa zapateresca. ¿Y los trajes de ese hombre? Contaba Ruano cómo Louis Ferdinand de Prusia, llamado a futuro Káiser de Alemania, impresionó mucho a buena parte de la sociedad española con su vida de obrero de la Casa Ford en América. Zapatero está entre el Louis Ferdinand de Prusia en la Ford y el vendedor de coches en el concesionario de León, o sea, en jefe de planta de oportunidades de lo que el “Frankfurter Allgemeine Zeitung” tituló “Zapateros Modepüppchen”, refiriéndose a su gobierno de “Barbies”, que no parece lo más indicado para conducir una lucha obrera. En cualquier caso, las dirigencias (Evita, Evita) de las Comisiones y la Ugeté viven de él como las ventas del “As” y el “Marca” viven de Mourinho, de modo que las discrepancias sólo pueden ser formales. “¿Por qué no convoca a Pedro León?”, pregunta el “As”, que había apostado por él como titular. Y se monta un guirigay como si Pedro León fuera Diego de León, reputado como Primera Lanza del Reino. Mas sólo es eso: un guirigay. Como la huelga general. 

San Isidro'26. Sebastián Castella en el clímax del placer. Campos & Moore

 


PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 22 de mayo de 2026. Decimotercer festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de Victoriano del Río (origen Juan Pedro Domecq). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Flojos. Mansos menos el cuarto que en la primera vara salió al capote. El primero alto y largo, corniabierto y cornialto, muy flojo. El segundo, largo, cornivuelto, flojo. El tercero, abierto de cuerna y cornialto, noble. El cuarto, menos ofensivo, nobilísimo, perita en dulce, de carril y flojo. El quinto, noble y flojo. El sexto, noble. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral camino del verano. 

Terna: Sebastián Castella, de Béziers (Francia); de azul de almacén y oro, con cabos blancos; veinticinco años de alternativa; cuarenta y ocho festejos en 2025; silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos. Emilio de Justo, de Torrejoncillo (Cáceres), de ladrillo y oro, con cabos blancos; diecisiete años de alternativa; cincuenta y dos festejos en 2025; palmas tras un aviso y silencio tras dos avisos. Tomás Rufo, de Talavera de la Reina (Toledo), de azul medianoche y oro, con cabos blancos; cuatro años de alternativa; treinta y cuatro festejos en 2025; silencio y silencio.


Suerte de varas. A pesar de ser una corrida noble se les metió puya, su colocación fue baja; con metisaca (2º, 3º y 6º) para aminorarlos y, de los encuentros, salieron sueltos. Se acostaron en el peto (2º, 4º y 5º). Elegimos la descripción de la suerte de varas al cuarto para entender si se le debió dar la vuelta al ruedo. Fue colocado al caballo en las dos varas. Lo picó Manuel José Bernal. En la primera se arranca, la puya cae trasera y caída, el astado se acuesta en el peto, es tapado y sale finalmente al capote, al tiempo que pierde las manos. En la segunda vara, el picador rectifica, trasero, poco picado, sale de la vara de incógnito. En la faena de muleta respondió como una hermanita de la caridad.



En todas las profesiones (si hablamos de tauromaquia habría que derivarlo hacia el arte) hay momentos en los que los trabajadores (artistas) están en sazón, en su tiempo oportuno. Digamos que en el mundo tan trabajado de la tauromaquia este momento de la madurez se adquiría antaño cuando se rozaba el lustro o la década (casos extraordinarios) en el ejercicio del quehacer. Esto era antes cuando había que torear todo tipo de ganado o toros. Ahora, no es así, pues existe como un elixir de la eterna juventud que hace que los profesionales de la tauromaquia (artistas) puedan estar empleándose delante de los toros décadas, periplos de largo alcance, eternidades y matusalenidades. Ese elixir que torna jóvenes a los toreros añosos no es otro que torear toros pastueños, todos los que se pueda a lo largo de la vida taurina. Es un aspecto que se ha ido descubriendo y manifestando a lo largo de los últimos lustros. Y se está llegando a la conclusión que cuantos más toros de carril se toreen, más senilidad detrae el matador de esos toros. De ese modo toreando lo dúctil, lo feble, lo jubiloso; la jubilación del torero se aleja, se posterga, se dilata, se estira, se prorroga hacia la vida eterna. El elixir de la eterna juventud en el mundo taurino, la panacea, se ha encontrado y reside en torear el toro pajuno, un término que, a su vez, remite a la toreabilidad —la obsesión de la taurinidad, el meollo de todo—. Torear el toro de paja aporta curación y genes de eternidad a quien lo hace. La piedra filosofal taurina habita en la toreabilidad del toro. Si la tauromaquia estuviera bien vista se le daría el premio Nobel a esta deducción. Entendemos por qué se busca tanto la toreabilidad por parte de las figuras actuales y sus equipos —the staff—. Todas las figuras del toreo están adscritas al toro boyante o franco o claro —en denominación de antes—; en realidad, hoy hay que denominarlo toro de laboratorio, servido en bandeja, borrego o de pitiminí.

 
Ese medio toro o toro teledirigido está aportando, por ejemplo, a Sebastián Castella —que ha toreado muchos a lo largo de su trayectoria taurina— el don sagrado de la longevidad. Sólo hay que mirarle a la cara para darse cuenta y cerciorarse. Las estadísticas lo demuestran: lleva la friolera de veintitrés años de alternativa y para él todo acaba de empezar. Le tendremos en los carteles los próximos veinticinco San Isidros. Es una comprobación de que el toro toreable —que suele torear Castella— a él, particularmente, le transfiere enzimas juveniles. Juventud. Por eso esa pelea de todas las figuras de verse en los carteles de toros inofensivos donde encontramos a una pléyade de toreros que buscan permanecer en el mundo. Ahí tenemos a Talavante, a Morante, a Manzanares y a Perera. Otros están en ese camino, muy cerca, como Luque o De Justo. A cierta distancia, Ortega. En esa senda, Aguado. Rufo, un recién llegado. Etc. Todos quieren meter cabeza. No todos han podido recibir tanto elixir de toros boyancones como Castella. Por eso hay una pelea en apuntarse a lo blandengue, a lo endeble, a lo delicado. La rivalidad radica en eso, en acceder a lo toreable porque transmite perpetuidad. El toro que torean las figuras del momento presente (figurones del toreo, mandones, astros) es inflexible; es flojo pero no se derrumba; es débil pero se mantiene; embiste y obedece; se retroalimenta; no crea grandes problemas si bien permanece; está; no lucha sino que persigue detrás de algo, que suele ser un trapo; saca malas notas pero no se rinde; debería dimitir, no obstante cumple su misión porque para eso ha sido elegido. Es un toro chollo, no cuestiona y traslada esa ansiada longevidad al torero, porque, realmente, no molesta, y en esto estriba la temática.


Aparte, otra particularidad de la fiesta de los toros se refiere al clímax, al momento de exaltación, al punto de apoteosis, que suele alcanzarse de vez en cuando. Cuando la masa de repente se siente conducida a obtener placer, a rentabilizar su presencia en el espectáculo. Ayer ese clímax, ese orgasmo, se alcanzó en el cuarto toro. Ayudó el animal, representante supremo de la toreabilidad. Pero, también, coadyuvó que la tarde anterior fue nefasta, y los primeros tres toros de la corrida de Victoriano del Río parecían deparar otra tarde de negatividad. Y ahí surgió la llegada del elixir, del toro toreable, del astado del cual mana el líquido elemento reparador o sérum. Y
Sebastián Castella, un consumado artífice en floridas lo aprovechó. No a su primero, donde estuvo perfilero, pegapases, despegado, en definitiva, superficial. Una superficialidad que a Castella le asegura conservación. Lo mató de media baja en la suerte contraria. Al toro de la tarde —de vuelta al ruedo, protestada— le hizo «la faena Castella». En los medios y en la segunda raya del tercio del tendido del seis. Fue aquella faena que todos los aficionados pueden describir si se les reta a que narren cómo podría torear Castella: desde los pases cambiados por la espalda en los medios, hasta los naturales y redondos ligados con liviandad, sin desgaste, ni para el toro obediente, ni para él mismo, ni para el público, que puede salir fresco de la plaza, listo para ocuparse en cualquier actividad. Remató la faena con bernadinas por un solo pitón. Pases de la firma y media estocada insuficiente —o pinchazo hondo—, que derivó en los descabellos (ocho) para obtener el triunfo. ¡Qué lejos la lección de Carlos Escolar Frascuelo cuando en el festival en homenaje a Antoñete!, que en tesitura similar volvió a tomar el estoque y entró de nuevo a matar sin importarle que se le fueran detrás los aplausos. De igual modo le había sucedido a Aguado la tarde anterior, y le sobrevino a Emilio De Justo, posteriormente, en el quinto toro de ayer.


Emilio de Justo se mostró sin frescura toda la tarde —necesita más pócima de toreabilidad—. A su primero quiso torearlo con temple. Se vio desbordado en ocasiones. No se impuso en ningún momento. A pesar de ello dejó algún redondo que parecía conducir a algo. Algo rápido. Sin cruzarse. Remató con manoletinas. Mató en la suerte contraria de pinchazo caído trasero y media tendida y atravesada. Al quinto lo lidió con prisas y atropelladamente. Así fueron las verónicas. Fue poco a poco inutilizando al buen toro de Victoriano. La lidia fue trabajosa. Inició la faena de muleta con pases por bajo que quebrantaron al astado. Se situó por fuera. El toro tomaba el engaño y se derrumbaba en los pases de pecho. La labor se desarrolló en el tendido seis. Mató de tres pinchazos en la suerte contraria, más nueve descabellos.


Tomás Rufo, castigó mucho a sus toros. Con el primero, castaño, noble, dilató el comienzo del trasteo. Estuvo despegado. Alejado. Pierna retrasada. Enjaretó enganchones con el pico sin poder con el astado. Lo mató de una estocada baja en la suerte contraria. Al dar la estocada soltó la muleta y saltó al callejón. En el sexto, un toro de mayor poder y emoción, mantuvo la estrategia de la parsimonia, de torear muy por afuera, de emplear el pico, sin conseguir levantar aquello. En terrenos del cinco. Mató de dos pinchazos y media caída y atravesada en la suerte contraria. Poco elixir tomó ayer Rufo. Envejeció.
 

 
¿De dónde venimos? A dónde vamos?
 
  

ANDREW MOORE 

 



 

 

 
 

 
 



 
 

 
 Sébastien Turzack Castella
Una teoría del envejecimiento 
 
FIN