viernes, 10 de julio de 2026

Tercera novillada nocturna del verano. El toro para Rafael de Paula ya sale en Madrid



Pepe Campos

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Jueves, 9 de julio de 2026. Tercera novillada nocturna del verano madrileño. Encierro de novillos de Toros de Brazuelas (encaste Domecq, diversas líneas). Desigualmente presentados. Primero discreto de trapío; el resto subieron en seriedad; sexto, alto y largo, destartalado. Mansos y nobles. Todos flojos.  Sin fuerza el primero y el quinto. Dos parados, segundo y tercero. Pastueño el cuarto. Remiso el quinto. Toreable el sexto. La mayoría se repucharon en el caballo, lo cual puede indicar falta de casta y de raza. El cuarto empujó en la primera vara en el caballo saliendo al capote y en la segunda vara (picotazo) salió suelto. El sexto, manso, salió suelto de las varas. Algo más de un tercio de entrada. Noche veraniega en espera de futuros cambios climáticos. 

Terna: Nacho Torrejón, de Casarrubios del Monte (Toledo); de almagre y oro; veintitrés años; dieciocho festejos en 2025; saludos tras un aviso y oreja tras aviso. Jorge Hurtado, de Coria (Cáceres), de blanco y plata, con cabos negros; veinte años; ocho festejos en 2025; silencio y silencio tras un aviso. Marco Polope, de Valencia, de grana y oro; veintidós años; un festejo en 2025; silencio y silencio. Los tres novilleros se presentaban en Madrid.

Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y se repucharon en la pelea por falta de fuerza y celo. Los hierros en general cayeron detrás de la cruz. Buen indicio. El primero salió disminuido de varas, en la primera se le aplicó metisaca. Al segundo se le barrenó. El tercero cambió a parado tras el segundo encuentro, en este se le administró la batidora. El quinto de condición mansa pidió en la segunda vara terrenos del cinco cercanos a su querencia: se le picó en el ocho alargándose la lidia. Al sexto en el segundo puyazo se le tapó la salida y se le pegó. Ilustrativa fue la suerte de varas del cuarto porque se demostró cómo un novillo que en la primera vara fue bravo, en la segunda mutó a manso. De ahí la importancia de la tercera vara, eliminada en la lidia actual.

En las novilladas nocturnas y en las corridas de toros fetén de San Isidro estamos viendo cómo sale un toro bravo preparado para la faena artística de muleta. Es un toro bravo prefabricado, al que se le han limado todas las condiciones fieras naturales. Digamos que es un toro —ayer noche, novillo— colaborador con el artista que se va a encargar de pasaportarlo al otro mundo. Si bien antes de que ocurra el fatal encuentro entre estoque y blandos del toro —ayer no tanto, pues hubo alguna buena estocada aparente— su matador se entretendrá en darle pases de toda guisa para mostrar al respetable su anhelo artístico y sus finas maneras. Así pues estamos acostumbrados a ver tarde tras tarde —ayer, noche— cómo sale de chiqueros un animal dócil, obediente y predispuesto a ser toreado según el gusto del torero al que le toque «enfrentarse». Aquí aparece una enorme contradicción, ya que normalmente el astado pensará que se verá sometido a un verdadero enfrentamiento, cuando en realidad se encontrará con la presencia de un ser que decide «perfilarse» ante él, es decir, el bóvido observará, a un lado, al humano, de perfil y, a otro lado, a un trapo rojo amplio (en la fase de muleta) que desde su extremo o pico le invita a irse por caminos abiertos, para volver a ser requerido después, desde lo espacioso, hacia otro terreno aun más despejado. Y así durante diez minutos. En una especie de ballet cómodo para él, en el que incluso dadas las holgadas comodidades que se le ofrecen puede ir a más en su deambular trotón por la arena. Hasta que suena un clarín, que le permite dejar de esforzarse en los toques a los que ha sido sometido, para entrar, tras muchas monsergas —trapazos— en el territorio previo a la estocada. La vida del toro bravo contemporáneo en el ruedo es esta, muy ocupada, de esfuerzos homogéneos, confortable en el fondo, en ocasiones, chic, sometida a deambulaciones, a desplazamientos y a circulaciones. Es requerido desde y para la belleza, y él, como buen actor, si los clones que le han metido [uf, qué habrá pasado ahí] responden, se muestra contento y cómplice en la obra de arte que torero y toro tienen que componer.
Ante este toro artista —aquél que idealmente se creía perfecto para el toreo utópico de Rafael de Paula— que hoy es de común lidia se le aplica una tauromaquia adaptada a pocas exigencias, una tauromaquia, digamos, ligera, etérea, rápida —pues siempre hay prisa—, dilatada y larga. Siempre leve. Esto nos remite a la obra maestra de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser (1984), en la que su autor cuenta ese contorno anodino de aquel mundo programado del este de Europa, donde sólo había salida y desahogo para el sexo. Un mundo planificado de perfil bajo, que hoy intuimos circula a nuestro alrededor, y que esconde una sensualidad. Una sensorialidad que ya enmascara la actual tauromaquia con su técnica de perfiles, lejanías, ligerezas y conforts. Un toreo a años luz de toda contundencia, de cuando había pocos pases, que eran fundamentales, cuando se llevaba detrás de la cadera al astado y a partir de ahí, la faena se intensificaba y se abreviaba, para bien de la pureza. Hoy un espejismo. Debido a que actualmente el toro bravo se ha convertido en un ser que carece de fuerza, aunque es todo voluntad. Una voluntad a medida del humano que le torea para que este se exprese y manifieste sus deseos y sus emociones, que le permita plantear sugerencias, mediante formas suaves, con lluvia de intuiciones, manifestación de sutilezas, y en definitiva, un enunciado de levedades. Decíamos que este tipo de toro de ahora, antes se pensaba como una idealidad para disfrutar del toreo exquisito de Rafael de Paula —un torero conceptual—, y hoy cuando sale —incluso en la plaza de Las Ventas— y es una realidad, no hay torero que lo toree con los planteamientos artísticos rotundos —tauromaquia clásica— de aquel Rafael de Paula, o de Curro Romero, aunque más regular este y más humano. O con los conceptos puros de Antoñete —lo hemos visto—, de Pepe Luis Vázquez hijo, de Curro Vázquez y de Pepín Jiménez. Antes, Gregorio Tébar. Después, César Rincón. Etc. Todos ellos también lo hicieron con el toro encastado verdadero.

 
Todo esto se ha perdido, se ha ido al garete. Hoy sale ese toro voluntarioso para un torero también afanoso, pero sin fe, sin creencia en la técnica del toreo profundo. Sino exponente de una tauromaquia transmoderna. De perfiles. De suavidades. Despegada. Poco comprometida. Y un toro afín. Se le llama toro bravo, pero no lo es. Se habla de esmerada técnica, si bien acabada en la banalidad. Mismos tiempos, mismos modos. Ese toro —anoche, novillo— lo vimos en la novillada en los ejemplares primero, cuarto y sexto. Los demás astados fueron un apunte que acabó en la nada. El mundo no es perfecto. Ahora debemos hablar de los novilleros que lidiaron la novillada de Toros de Brazuelas. Nacho Torrejón como mejor condición se le vio sentido del temple y cierta elegancia de su figura. Compone y aplica una tauromaquia transmoderna, al uso. Torea por fuera y despegado. Pico. Y muchos pases. En el primer novillo —un bendito— apuntó sin profundidad. Mató de una estocada en la suerte contraria. En el cuarto, el más toreable de la noche. De igual modo. La cosa se fue hacia menor temple y mayor encimismo. No encontró la distancia. Mató, de nuevo, de estocada en la suerte contraria. Jorge Hurtado, tuvo que pechar con el novillo moderno desrazado, sin fuerza y que se muestra parado. Desde este punto de vista quedó inédito. En sus dos novillos viendo el percal tomó la sabia decisión de irse a por la espada. Al segundo de la noche lo mató de media estocada baja en la suerte natural. Al quinto tras cuatro pinchazos y un descabello. A Marco Polope se le vio muy nuevo. Con poca pericia. Su primer novillo embestía a arreones. No le encontró ese punto en el que le hubiera respondido con transmisión. Estuvo al hilo del pitón, sin cruzarse. No dio el paso adelante. O no supo darlo. Mató en la suerte natural, de pinchazo y estocada. Al sexto, que tenía el inconveniente de embestir con la cara alta, no le pudo meter mano. Se le fue, no queremos decir que por su calidad. Mató en la suerte natural de estocada casi entera.
 

Responsabilidades



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En España, con la cultura democrática por estrenar, los propagandistas del rojerío, todavía más cortos que los de la fachenda, tratan de colocarnos la votación del Tribunal Constitucional sobre el decreto de alarma como si fuera el enfrentamiento, en 1937, de la Corte Suprema a Roosevelt (y a la opinión pública) en defensa del sistema constitucional. ¡Qué más quisiéramos!
    

Aquí los gobernantes arrestan ilegalmente a los gobernados, y no pasa nada, pues carecen de responsabilidad.


    De “responsabilidad” (la que presupone que lo arbitrario está excluido del gobierno, sometido a una instancia diferente ante la que responder) habla en 1787 Alexander Hamilton, partidario de que cualquier tribunal de justicia declare nulos todos los “actos  contrarios al sentido evidente de la Constitución”, pero Hamilton no piensa en Conde-Pumpido, a quien Hamilton le suena a corredor de autos y que ha votado a favor del gobierno en lo del decreto de alarma porque “la sentencia crea un grave problema político”. ¿Qué problema? ¿A quién?


    La responsabilidad política viene incluida de serie con la democracia y está vinculada al principio de representación. Pero en el Estado de Partidos, que es lo nuestro, prevalece el principio de identidad sobre el de representación, y el sistema proporcional hace de la responsabilidad política una tautología, cosa que ya sabíamos por quien lo advirtió en su día: “El consenso permite eludir la imputación de responsabilidades personales. Nadie responde en un consenso”.
    

El club memo-liberalio elude la evidencia con el mito de la representación nacional (el diputado-representante, no del elector, sino de toda la nación), disparate que incluso a Jouvenel se le hace “principio de todas las tiranías, sean cesaristas o jacobinas”. El gobierno, en fin, puede hacer pajaritas con la Constitución. Dicho por Madison: “La mera inscripción de los límites del poder en pergaminos no garantiza contra la concentración tiránica de todos los poderes en las mismas manos”.

 

[Julio, 2021] 

Viernes, 10 de Julio

 


Floresta matritense

Felicidades a Esteban

 

Tebi emergiendo de la cuajada
[C. Ruiz]



QUINCE AÑOS



jueves, 9 de julio de 2026

La selección de fútbol de Argentina adopta a un anciano y lo convierte en mascota: se llama Messi


jed.ai. master


Pepe Campos


En el primer mundo vivimos tiempos de geriatrización, cuya realidad se convierte en un problema para muchas sociedades, y no todas dan un buen ejemplo en la manera de tratar a sus personas mayores que trabajaron duro para que la vida hoy sea más llevadera para los jóvenes. Los problemas suelen traspasar fronteras y situaciones sociales, y la abundante existencia de gentes que viven más y mejor en el mundo de hoy se ha trasladado al deporte del fútbol. Ese deporte inventado por los ingleses allá por el siglo XIX, donde siempre ganaban los alemanes a lo largo del siglo XX, y que en la actualidad —en pleno desarrollo del siglo XXI— es gestionado por los argentinos (con el permiso de la FIFA, claro). ¿Y cómo están ejerciendo ese dominio los argentinos sobre el planeta fútbol —soccer en EEUU—? La respuesta es digamos sencilla: acudiendo a la gerontología y ubicando a su máxima estrella —Messi— en el centro de la práctica viva de la geriatría. Messi había vivido sus años de juventud en aquellos territorios donde Don Quijote había sido vencido por el Caballero de la Blanca Luna. Allí recibió clases oportunas de picaresca, aquella que le sirvió para hacerse una estrella mundial. Di Stéfano —un jugador total— definió en su día a Messi como un pícaro. No creo que hubiera envidia en ello, sino la mirada de la experiencia. En el fútbol un pícaro —pillo, astuto— puede sobrevivir si su equipo le protege, los contrarios hacen la vista gorda o le envidian y si las normas son laxas. El primer aspecto lo encontró en ese gran Barcelona que se construyó alrededor de la habilidad y buen fútbol de Messi. Messi era hábil y los demás jugadores del Barcelona trabajaban para él (hubo algún jugador díscolo y tuvo que emigrar). Acabado el botín, Messi tuvo que buscarse las habichuelas en Francia (en Francia no se vive la picaresca) y se le obligó a trabajar como a los demás integrantes de la plantilla del Paris Saint-Germain. El fracaso fue morrocotudo. Ahora bien, en la vida siempre pueden existir soluciones, pues si una puerta se cierra otra se abre, y el mejor remedio en tiempos de crisis y necesidad consiste en volver al origen, al hogar, y acudir a la protección de la familia. Ahí en ese instante de máxima emergencia en su carrera futbolística es cuando le surge el acogimiento por parte de sus colegas argentinos que poco antes de 2022 (Mundial de Catar) le comenzaron a diseñar un plan geriátrico de conservación, mantenimiento y puesta en escena.


Ese plan exitoso ha consistido en poner todo lo que fuera necesario a su servicio, sin fisuras, ni controversias. Entonces, usando en gran parte el modelo de su etapa catalana, se le rodea de una selección de jugadores —con su guardia pretoriana— que luchan en el terreno de juego por él hasta la extenuación y le liberan de todas las miserias del fútbol antiguo, como era aquello de correr, defender o trabajar. Si todo el mundo está de acuerdo, y se convierte en un buen vasallo, el plan puede ser perfecto, y así ha sido, aplicado en una época de normas relativas y cambiantes. Coincidiendo con el ascenso político y social de la gerontología. Nada mejor que creer en un anciano, apoyarle, suministrarle recursos y poner a su servicio a la juventud, que le tendrá como un modelo y le puede convertir en una ansiada forma de mascota. Messi ha mutado en talismán, en fetiche, en amuleto. Él pone de su parte —y no es poco— pues su pie izquierdo se mantiene vigente, y es capaz de poner centros para que los rematen sus servidores, además se muestra todavía avezado en darle zurriagazos al balón para meterlo en las mallas de las porterías de los equipos rivales, que son consentidores de esa puesta en escena mediante la ayuda mutua, la cooperación, el auxilio, la asistencia, el amparo, digamos, también, con la sugerencia de una subvención, pues algo habrá y puede que se reparta y llegue. La FIFA gestiona: Mundial en Catar, Dembelé deposita su mano en el hombro de Di María y llega el penalti. Después, fuimos testigos del reparto de los Balones de Oro. Mientras, hay una apuesta por la geriatría que se abre a un nuevo conducto de éxitos, a través del Mundial de EEUU —ahí estaba ya Miami—. En este Mundial 2026 y llegados los actuales eventos, de nuevo la familia: donde aparece su guardia pretoriana que en los encuentros reparte estopa y resguarda, al mismo tiempo, a la mascota. La mascota, a pesar del cansancio, responde, le pega duro al balón. Se la rodea de algodones y de normativas afines. Una apuesta geriátrica —que podría a priori no entenderse, ni venir a cuento— pero que está en consonancia con los tiempos que corren donde el calor se abre al beneficio económico —la hidratación—, al relativismo —el VAR— y al multiculturalismo —rivales exóticos— hasta que llegue la prueba de fuego —cuando toque jugar contra un verdadero equipo— que se intenta dilatar y que no suceda.


La dinámica expuesta está en curso y es posible que termine con el resultado idóneo. Un segundo campeonato consecutivo. Otros equipos quisieron ponerla en funcionamiento pero no encontraron consenso interno —Portugal, con Cristiano Ronaldo, a mayor distancia Colombia, con James—. En tanto, la mayoría de escuadras del Mundial 2026 se bate en un mundo más verdadero, si bien vislumbrando que en el futuro les puede llegar la fórmula exitosa argentina, mezcla de geriatría y mascotismo clásico. La FIFA, ojo avizor, cuida, cuidará, a todo su rebaño. Si entramos en la valoración de este Mundial de Fútbol tenemos que aceptar el éxito masivo de público —un público globalizado—. La inexistencia de auténticos duelos hasta la fecha. Algunos llegarán en la fase de cuartos. Planificado para que se produzcan en semifinales, seguramente en la final. Una demora que funciona en el mundial, pero no en las ligas nacionales (con poco interés, a excepción de la Premier), ni en la Champions (reformada para que se den pronto los enfrentamientos con contenido). Así, en la nueva Champions todo pasa por la lozanía y no existe espacio para la vetustez. De modo que podemos asegurar que la pauta triunfante de los últimos dos mundiales con su defensa de la ancianidad no cabe en el resto del planeta fútbol. El Mundial, tal cual, viene a ser sólo una isla, un territorio vetusto, y si algún aficionado deja de ver ahora su fútbol, su decisión sería la correcta, acertada y virtuosa. No se pierde nada. Ahora bien, digamos para terminar que el equipo de Francia atesora talento a espuertas con cinco jugadores de arriba fantásticos como Dembelé (el del dedito sobre el hombro de Di María dentro del área, en 2022), Doué (exquisito driblador, como se vio en el partido contra Paraguay), Mbappé (con toque y ambición), Olise (visión de juego) y Barcola (llegador). Inglaterra posee a un delantero centro clásico que marca goles, se asocia y trabaja (Kane), y ello podría darle el título (si las meigas o el fiferío lo permiten). Marruecos luce nervio, algo en detrimento en el mundo moderno. Noruega alinea a un pateador de época, con el don de la ubicuidad (Haaland). Y España sabe jugar al fútbol antiguo (centrocampismo) siendo por ello un fútbol moderno. Lo que pueda suceder de aquí al final (19 de julio) pasará y se moverá según los deseos e intereses del Poder, en este mundo viejo que parece hay que proteger en estos precisos momentos.  

El cuñadismo


John Barker Church


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Murió Aurelio Delgado, el cuñado de la Santa Transición, cuando todos los flabelíferos, si querían estar en la pomada, tenían que llevar el teléfono de Lito en el listín.

En España el cuñadismo fue consagrado por Cánovas, al preguntar en el Banco Azul quién era el pico de oro de la tribuna. “Maura, el cuñado de Gamazo”, le dijeron. Y replicó:

Pronto será Gamazo el cuñado de Maura.
Luego vendría el “boom” del cuñadismo, con un cuñado de cuñados, Serrano Suñer, el “Cuñadísimo”. Y, al final, Lito, príncipe de las tinieblas del suarismo.

Al lado del americano, el español parece un cuñadismo estéril. Alexander Hamilton cometió tráfico de influencias con su cuñado inglés, un tal Mr. Church, quien, a cambio de información financiera, consentía el cortejo del secretario del Tesoro a Angelica, su esposa, hermana de Elizabeth Hamilton. Mr. Church consiguió un escaño en Westminster y abrió un salón en Londres frecuentado por John Trumbull, el pintor que logró colocar dos obras en los billetes americanos: su “Declaración de Independencia”, en el de dos dólares, y su retrato de Hamilton, en el de diez.

Cuñado, hoy, es igual que facha, por la “gracia” francesa de Cabu (asesinado en el atentado contra “Charlie Hebdo”), que eligió como modelo de su “Mon Beauf” (pequeño burgués ridículo, sexista y vulgar) a su propio cuñado, objeto del odio de la élite progre al “pueblo traidor”.
La élite, explica Chantal Delsol, se separó del marxismo, pero conserva sus esquemas: ahora el proletariado son las mujeres, los homosexuales… En la lucha por la emancipación, el pueblo ya no es aliado, sino un adversario al que despreciar (el desprecio elevado al rango de virtud) e identificar con la extrema derecha. ¡Populismo! ¡Fascismo! Y quien no comulgue con estas ruedas de molino elitistas es “Mon Beauf”, un paleto apegado a su familia, a su piso y a sus pequeños placeres. O sea: “xenófobo, violento, machista, cazador, homófobo y de derechas”. ¡Un cuñado!

Así, todo.

 
 
 
[Enero, 2018] 

Jueves, 9 de Julio

 


El Gallinero

miércoles, 8 de julio de 2026

Subversión




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De pronto, en medio del muladar batueco que es la TV, el relumbrón de un documental de dos horas en el canal Historia sobre Alexander Hamilton, el inventor de la democracia representativa, esa cosa que nadie conoce en España pero que los liberales del Embassy lo mismo atribuyen a Dawkins (“¡un cretino!”, gritaba Gustavo Bueno), que a Ignatieff (el Erasmo de Mariano) que, llegado el caso, a Adolfo Suárez, el del aeropuerto.

Al “escocés” Hamilton lo ha salvado de la muerte civil la campana de Broadway: el éxito del musical que lleva su nombre lo rescató de las manazas de Obama, que en su lucha contra el ¿supremacismo? iba a retirarlo incluso de los billetes de diez dólares.
Washington es incomprensible sin Hamilton, que intelectualmente fue a Washington lo que Ratzinger a Wojtyła: “Washington no tiene hijos y Hamilton no tiene padres”, es la razón de esa “empatía” en el documental, bien salpimentado con dichos hamiltonianos, subversivos como tuits trumpianos para los españoles de hoy.

Una nación sin un gobierno nacional es un espectáculo penoso.
Es la prensa la que ha corrompido la moral pública.
Creador, simplemente por no ser de ningún Estado, del maravilloso “nacionalismo americano” (el patriotismo sería obra de otro “extranjero”, Tom Paine), Hamilton pelea como un león por su idea de la Unión, que pasa, dice, por que el gobierno federal corra con las deudas de todos los Estados. (“The economy, stupid!”, algo antes de que se le ocurriera a Carville.) Es lo que ahora, y para la Unión Europea, prometía el “petit” Macron en su campaña electoral: lo llamaba “mutualizar la deuda”; el domingo era elegido presidente de Francia en París y el lunes ya estaba en Berlín, capital del Reich, pidiendo la “mutualización”, ¡ay!, a frau Merkel, que casi lo mutualiza a él, con lo que ya ha comprendido que la UE no es una unión europea, sino un casinillo alemán.
Por algo Talleyrand pensaba que Hamilton era “el hombre que habría divinizado a Europa”.
 

[Julio, 2017] 

Miércoles, 8 de Julio

 


El sueño matritense

martes, 7 de julio de 2026

Los octavos echan a Brasil y el VAR aguanta a Argentina


Infantino tras el penal fallado por Messi 💔
@the_marcoli_boy


Francisco Javier Gómez Izquierdo


    El poderoso sector de mercaderes fenicios sacaba a Lamine Yamal y a Cristiano Ronaldo en pantallones y pancartas y se hacía lenguas sobre el legendario pasado del portugués y el tremendo futuro del español antes de un partido de octavos en el que disfruté por lo parejo de las fuerzas, por la técnica individual de los protagonistas, por la táctica de dos entrenadores sensatos y para mí aplicados y por la emoción latente durante los noventa minutos.


   A Lamine lo neutralizó Nuno Mendes con elegancia y poderío, dando sensación de impenetrable. Nuno Mendes resultó valladar y ariete, pues un proyectil de su zurda nos acongojó cuando lo vimos dirigiese hacia ¡menos mal! el larguero. Clave fue su lesión y clave fue la fatiga de Joao Neves y Vitinha sobre todo. Tres artistas que acaban de ganar la Champions con los esfuerzos y minutos que semejante labor supone.


    Si el partido hubiera acabado 0-0 y se decidiera por los puntos del boxeo, el ganador hubiera sido España pero el fútbol propicia kaos tan insospechados como incontestables y los cambios de De la Fuente -por siempre sea alabado-, derribaron con un gancho letal a Portugal en un último minuto inolvidable. Muy seria España en la que no debe ser detalle menor los Cero goles en contra. Espera Bélgica, a la que sólo vi un partido al principio contra Egipto y me pareció menos que Portugal e incluso inferior a Egipto.


   Egipto ha caído ante Argentina porque el VAR le ha puesto un pincho en el pescuezo al árbitro Letixier y ha anulado un gol a los africanos con esa trampa saducea que compromete a conveniencia, que es la cámara lenta. El mismo VAR que se escandaliza con una pisadita de hace cinco minutos cierra los ojos cuando el que pisó es pisado con parecida o mayor intensidad. Tras el 0-2 que debió ser 0-3 se lesionó el veloz Hassán, ovetense que hizo la mili en el Mirandés, Argentina fue cocinando bronca, Messi se retrasó para decidir como director porque en este equipo simeónico no lo hay y puso el 1-2. Empató con su talento natural y ya no cabía perdón para Egipto.


  Que Brasil haya pasado por el Mundial como si fuera Ucrania o Suecia nos entristece a los ortodoxos. Brasil se ha reducido a los chispazos de Vinicius. Chispazos que ante Noruega no saltaron mientras Haaland se mostraba como la criatura preferida de las musas del Gol... y  de los aficionados del Mundo que se inclinan hacia él por verle en débil compañía.


   Inglaterra, que además de delantero centro tiene a Bellingham en plan taladrador de redes, siempre decepciona pero la veo por encima de Noruega como veo muy superior a Francia ante Marruecos, pero de este enfrentamiento de cuartos los que temen son los parisinos todos, gane o pierda Francia. Lo mismo va a dar. Los quebrantos y me temo que los duelos van a ser morrocotudos.  

Pasaporte a la fama


Trotski

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Lo más humano del caso de Begoña Gómez fue cuando pidió al juez la devolución de su pasaporte (recuérdese el “Pasaporte a la fama” de Ford) para el tiempo del veraneo. Ya lo dice el Eclesiastés: hay un tiempo para todo. Y el españolejo cree que el tiempo de verano es para veranear. Y también cree que lo que se necesita para el veraneo, antes que un dinero de bolsillo, es el pasaporte.


Don José –dijo un día el gran bailaor Miguel Albaicín a Pemán: ahora se pone uno un sombrero ancho y una chaquetilla corta y se le da la vuelta al mundo sin pasaporte.


Para el rigodón de las votaciones que el selecto periodismo llama democracia, el gobierno prefiere repartir pasaportes al mundo hispánico, mejor que sombreros anchos y chaquetillas cortas, con lo cual, en casa del herrero, cuchillo de palo: la señora de La Moncloa está sin pasaporte, mas, como tiene dinero, no se quedará sin veraneo. “Madrid, en agosto y con dinero [no con pasaporte], Baden Baden”, dicen que dijo un día el marqués de la Valdavia, quien en realidad no dijo eso; dijo: “Madrid en agosto es ideal. Lo malo es que refresca por la noche”. Que eran las noches donde el calor lo ponía Ava Gardner (“en Madrid, si conoces la ciudad, la noche no acaba nunca”). Aquí, el único pasaporte que quisieron meternos en el bolsillo fue el que Ayuso inventó con el pretexto del Covid de Fauci, y era “para salvar la hostelería”. Hasta entonces, el único caballero (¡caballero, caballero!) con problemas de pasaporte en Madrid fue Trotski, arrestado por la policía bajo la acusación de falsificación de pasaporte, pues no había tenido la imaginación de ponerse un sombrero ancho y una chaquetilla corta.


La ficha está plagada de errores –confiesa a José María Carretero el futuro creador del Ejército Rojo–. Pon que soy cosaco, labrador, vagabundo y cuatrero. Procedo de una familia israelita ¡y no he montado a caballo en mi vida! Mi pasaporte está extendido a mi verdadero nombre, León Davidovich Bronstein. Trotski es mi seudónimo.


El Ejército Rojo, como orientación para los joveznos que no vivieron la “rave” propagandística del referéndum del 86, es el sueño de una noche de verano de esa Otan shakesperiana de "Teseo" Rutte e "Hipólita" Robles, que ya levantan en Holanda campos de prisioneros y que cuentan con los desfiles del Orgullo para anonadar al mundo y pedirnos más dinero.


Está uno lleno de amigos ricos que no valen para nada –anota Ruano en su diario–. Pedir dinero es alegre a los veinte años, pero a mi edad, aparte de que sería triste, ya no se sabe ni hacerlo. De tal modo se pierde la costumbre.


El escritor rondaba los 50, la edad en que mejor se escribe (según Baroja, porque va uno despidiéndose de la juventud), y en Washington acababan de firmarnos la Otan, estrella de este verano.


[Martes, 30 de Junio]

Martes, 7 de Julio

 


Ave María

lunes, 6 de julio de 2026

¡Y el Pichichi!


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


A estas alturas todos conocemos las reglas, y las cosas mundialistas apuntan a título para Argentina y a Pichichi (con Balón de Oro) para Messi, el Potele rosarino.


Nos lo olimos cuando anularon a Vinicius su segundo gol a Escocia, la de los once jugadores blancos. No fue el árbitro, sino el VAR, ingenio que es al fútbol lo que la IA es a la humanidad: su agente destructor. Porque, al contrario, por ejemplo, que el ajedrez, cuyas reglas son constitutivas (no hay árbitro), las reglas del fútbol son declarativas: las aplica un árbitro. Y los malos inventaron el VAR, artilugio que permite pasar del árbitro a la arbitrariedad, que siempre es política. Anular ese gol de Vinicius no fue decisión técnica, sino política, que el árbitro, pinche mejicano, aceptó, al contrario que el árbitro australiano del inexistente penalti de Kanté a Mbappé.


Con un equipo de destripaterrones por detrás (¡ay, aquel Brasil del 82!), Vinicius, el jugador con mejores estadísticas en Champions, no lleva mal Mundial (3 partidos, 3MVP, 4 goles, 0 tarjetas), pero los piperos insisten en canjearlo por Rodri y por Olise (¿el de Carreras o el de Mendy?). Contra Escocia, un platillo volante iba a abducir a Neymar mediada la segunda parte, razón por la cual trasnochamos arrullados por los trinos de los becarios de TVE, la Banda del Esférico, que hablan el pésimo español de la locutora que hace los quites. Luego el platillo resultó ser el VAR, y el abducido, un gol redondo de Vinicius. Con razón los que tuercen por España temen cruzarse con Argentina. Antes está Uruguay, en motín con Bielsa, maestro Ciruela del Relato español, con sus segurolos y sus gabilondos. Su estrella es Valverde, y para apagarla el cura riojano cuenta con Baena, al que pasean de alcahuete en alcahuete con su Cancionero para “telepollas” (Cela) insomnes. Lástima que en el Combinado Autonómico no haya jugadores del Real Madrid, pues, de salir mal la cosa, siempre podríamos culpar a Mourinho, que dice desear que los jugadores madridistas no lleguen lejos en el Mundial para poder disponer de ellos cuanto antes.


[Sábado, 27 de Junio]

En la muerte de Díaz Novoa



Francisco Javier Gómez Izquierdo


     La muerte de José Manuel Díaz Novoa me pilla en la Demanda donde la cobertura se reparte a cazos y a mi modesto móvil desde don pongo ésto, llega a cucharaditas.


   Servidor ya no estaba en Burgos cuando llegó Novoa, aquel señor que tanto admirábamos y que con Vega Arango y alguno más que no recuerdo pusieron en marcha la Escuela de Mareo. Nos cautivó el juego del Sporting cuando lo entrenó a final de los 70 y principios de los 80 y a mí me alegró cuando lo fichó el Burgos que no era el Burgos CF sino el Real Burgos que vestía de camiseta roja con una franja vertical parda a la altura de la tetilla.


    Del legado de Novoa en el Sporting no tengo aquí apuntes ni modo de buscar. Allí en Asturias le despedirán como merece y cronistas veteranos contarán bondades de un señor serio (serio, serio), formal y sobre todo discreto.

 

   Para mí queda una tarde de sábado o domingo en el 90 que me acerqué en tren a Sevilla para ver en el Sánchez Pizjuán y ante un equipo en el que jugaban entre otros Polster, Zamorano, Bengoechea..., una máquina acordeónica, equilibrada, alucinante para mí y el sevillismo presente que decía: "¿Es el Burgos o el Milán?".


   Era el Real Burgos rojipardillo de Elduayen, Villena, Gonzalo, Ayúcar, Juric... y sobre todo de Díaz Novoa. Ayúcar y Juric ensombrecieron el 1-0 de Polster con dos golazos combinativos dignos de Champions.


   No imaginan ustedes qué tarde tan formidable pasé. Aquella tarde y toda la semana presumiendo de mi equipo "Matagigantes". Inolvidable la victoria ante el Real Madrid con Juric en las vallas. De aquellos sensacionales días la culpa fue de Novoa con sus sensatos y sabios conocimientos de los secretos del fútbol.


    Se va un grande, un grandísimo hombre del fútbol español.  Un hombre que amaba este deporte como si fuera una vocación. Así me lo parecía.


    Descanse en paz. 

Lunes, 6 de Julio

 


El Gallinero

domingo, 5 de julio de 2026

Jefferson


Jefferson

Ignacio Ruiz Quintano
Abc
 

Cuando un pobre come raón ibicenco (antes, merluza cantábrica), uno de los dos está malo. Y lo mismo pasa cuando un comunista cita a un “Founding Father”: lo ha hecho Monereo, citando a Jefferson en el Parlamento, para pasmo intelectual de Pablemos y sus analfabetos.
 

¡Una Constitución debería durar lo que dura una generación!
 

Los comunistas, que fueron los primeros en traicionar sus propios cuentos, llevan cuarenta años de cucañistas del Estado monárquico, y en su tiempo libre juegan a la revolución, como quien juega al tresillo, en el Congreso.
 

Jefferson es un demagogo encabronado por la envidia al verdadero arquitecto de la nación americana, Hamilton, cerebro político, militar y económico de G. Washington. A Hamilton lo acusa de monárquico que quiere ser rey de América. Y a Washington (“carecía de ideas y de fluidez verbal”), de Rajoy chocho. Pero la demagogia sirve a Jefferson (terrateniente y esclavista) para ganar en la posteridad la batalla de la imagen a Hamilton (expósito y antiesclavista), quien, huyendo del parlamentarismo inglés y de la democracia asamblearia, crea con la Constitución del 87 la “democracia representativa”: las reglas de juego de la libertad política conquistada con el rifle (¡qué cosas, Lassalle!) por cada vecino (¡Segunda Enmienda!). Felizmente, Jefferson, en París, no participa en la Constitución, de la cual nunca ha entendido nada, y ¡en 1810!, en carta a un abogado virginiano, expresa la majadería que fascina a Monereo: la injusticia generacional que supone “gobernar desde la tumba”, y que lo ideal sería una Constitución cada 19 años.
 

Incapaz de concebir la democracia representativa cuya constitución se reduce a las reglas de juego (¡siete artículos!), Jefferson está, como buen demagogo, en la democracia ideológica que produce constituciones ideológicas: cartas socialdemócratas a los reyes magos más los dos huevos duros de Groucho que acostumbran pedir los chicos de Monereo. Lo que hoy tenemos en Europa.
 
[Octubre, 2017]  

¿Qué dice el NYT?


Muehlegg


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Que el “New York Times” repare en la devolución de unas medallas de Bellas Artes prueba que América vuelve por donde solía: al conquistador, al bandido, al bailaor y al torero, que son los “pedidos” que América hizo siempre a la inspiración española “¡A España le pedimos todo lo que sea fuerza o raza –le dijo a Pemán un productor de cine yanqui–. Comedias, no. Eso es cosa de matiz. Pero nos interesa mucho cuanto nos dé de conquistadores, bandidos, toreros, cante o baile!” La última vez que España salió en la prensa internacional por un par de medallas de oro fue cuando Juanito Muehlegg, aquel gol que le colaron a mi querida y futbolera Pilar del Castillo, devolvió las que se había llevado de Salt Lake City. Muehlegg era un esquiador y la cosa no pasó a mayores. Pero Camino y Tomás son toreros, y ahí el periódico católico patrocinado por judíos para chasquear a los protestantes cree haber dado con un hecho cultural, pues ya se sabe que la cultura pierde a los progres. “Eso no se lo espera uno de unos señores que matan toros”, dijo Bush al ver a Bono, el gamo de Iraq, huir al cuatro pies tendido por los arenales de la Mesopotamia. Y al cuatro pies tendido pretende Chacón, una ministra tan española que, según los castizos, si mordiera una esquina haría una taquilla de toros, huir ahora de Kosovo. Nuestros tercios huyen de las guerras y nuestros toreros devuelven sus lauros. Es natural que el NYT se haga un lío, pues “españolada”, que antes se traducía por “hombrada”, empieza a traducirse por “mariconada”, lo cual no es ni mejor ni peor; simplemente, embrollador. Para que lo entiendan en el NYT: según la publicidad, Tomás es al toreo lo que los Harlem Globetrotters al baloncesto, que sólo se exhiben en galas. ¿Es mezclable la actividad de los Harlem Globetrotters con la de Los Angeles Lakers? “En los mesones del centro es corriente ver a reyes y toreros comiendo gambas y tirando las cáscaras al suelo”, decía del Madrid de los 90 la corresponsal del NYT en la capital.

Domingo, 5 de Julio

 


Valle de Esteban

Azulea el camino, ladra el río

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera

 DOMINGO, 5 DE JUNIO


En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:


-Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.


Mateo 11, 25-30

sábado, 4 de julio de 2026

CCL Aniversario de los Estados Unidos de América. Euclides




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El 4 de julio, día de la fiesta americana, el algoritmo de Faceboock identificó “mensaje de odio” en la Declaración de Independencia… y la censuró.

    La Revolución americana es lo más subversivo que se despacha en el mundo: fue la única que se hizo por la libertad, una causa inconcebible (como la Segunda Enmienda que la sustenta) en Europa, donde todas las matanzas con buena prensa (Inglaterra, Francia, Rusia) se desataron con el pretexto de la igualdad. ¿Cabría mayor subversión hoy en España que una democracia (principio representativo en la sociedad política, principio electivo en el gobierno y principio divisorio del poder en el Estado)?

    La Declaración de Independencia es una cosa muy seria (a diferencia de la caricatura de la de los trileros catalanes): “Y en apoyo de esta declaración… comprometemos mutuamente nuestras vidas, nuestra hacienda y nuestro sagrado honor”. Ernest Gellner, sin embargo, sostenía (hablaba para adultos) que esa Declaración es “uno de los documentos más cómicos y ridículos que se han redactado, pues afirma algo totalmente absurdo, a saber, que sus opiniones, que para un 99 por ciento de la humanidad resultaban ininteligibles, eran realmente ‘evidentes por sí mismas’”. ¿Por qué? Según Gellner, porque Jefferson tomó su cultura inusitada tan por descontada que la confundió con la condición humana en general. Y según Bertrand Russell, porque Jefferson “se rige por Euclides”, ya que el XVIII fue una búsqueda de axiomas euclidianos en la política.
    
La democracia representativa, que sólo es la garantía de la libertad política, vive acosada desde su fundación por la Constitución Federal, ahora con la ayuda de la propia izquierda americana, invadida por la peste europea de la falsa igualdad. Y sucumbirá. Mientras, con los algoritmos amaestrados para censurar, es natural que en las redes Jefferson suene a Céline, Hamilton a Sade y Sánchez a Euclides, o sea a hueco, como El Astronauta, un máquina, dicen, del algoritmo.
 

[Julio, 2018] 

CCL Aniversario de los Estados Unidos de América. En busca de Alexander Hamilton




Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural


    Habría divinizado Europa.

    Lo dice el relaciones públicas, y tantas cosas más, de la Revolución francesa, Talleyrand, el mismo que, allá por 1830, ya con la cabeza extraviada, oye que llaman a su puerta y exclama: “¡Si es Robespierre, que no estoy!”

    –Considero a NapoleónFox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.
    
Alexander Hamilton puso nombre a la invención más ambiciosa para garantizar la libertad política: la “democracia representativa”.

    –La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios –explica Tom Paine–. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar todas las extensiones de territorio y de población. En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia.
   
En España, país de “demócratas de toda la vida”, no sé de la traducción de ninguna biografía de Alexander Hamilton.


    Cuando llegué a la Universidad, en el otoño de 1976, todo el mundo hablaba de democracia, y, sin embargo, no encontré a un solo demócrata. Peor: América, el país de la epopeya democrática de Walt Whitman, donde para hacer una leva sólo hay que decir “democracia” (dos veces salvaron a Europa con ese reclamo) era el enemigo a batir.

    La triunfadora Revolución americana, la de la libertad de Montesquieu, no se mencionaba siquiera, y toda la energía se nos iba en los fracasos de la Revolución rusa, despachada en finas lonchas estalinistas como sacadas de lo narrado por Yuri Dombrovski en “La facultad de las cosas inútiles”, y la Revolución francesa, la de la igualdad deRousseau, ideología productora de mentiras (Bastilla, Varennes), corrupción (Directorio) y militarismo (Napoleón).

    La libertad de Montesquieu es incompatible con la igualdad de Rousseau, y eso lo saben los rusonianos, que siempre la han combatido en Europa.

    En la Universidad española no te decían que la democracia cabe en los siete artículos de la Constitución federal del 87. O en los ignorados ensayos de “ElFederalista”. Tocqueville constituía una lectura “protofascista”. Ni palabra, tampoco, de los panfletos de Tom Paine, salvo en la parte de la Revolución francesa, obra, después de todo, de un abate, Emmanuel Sieyes, y la chusma, es decir, del fanatismo y la violencia (escenas de caníbales”, para Saint-Just), frente a la grandeza humanística de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, mezcla, políticamente, del lirismo lockiano de James Madison y el pragmatismo hobbesiano de Alexander Hamilton, cerebro político, económico y militar de George Washington, para quien redactó la Carta de Despedida de 1796, y que en la decadente era de Obama ha salvado su cabeza de los billetes de diez dólares únicamente por el éxito popular del hi-hop de Lin Manuel Miranda en Broadway. Hamilton, antiesclavista radical (Lincoln lo fue de conveniencia) desde su infancia en el Caribe, iba a ser sustituido por la abolicionista Harriet Tubman, que pasará a “ocupar” el puesto del trapisondista ex presidente Andrew Jackson en los billetes de veinte dólares
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Es inexplicable la poca atención que en América, hasta el musical de Miranda, ha prestado la industria del espectáculo a la figura (¡tan cinematográfica!) de Hamilton, hijo ilegítimo, siempre solapado en las listas de la popularidad por Jefferson, aristócrata y terrateniente, que, salvo por su amplia cultura, hoy sería un perfecto socialdemócrata europeo: populista (un día dijo que los granjeros eran el pueblo escogido por Dios, y al otro, que lo que necesitaban los colonos era leer la “Historia general de España” del padre Mariana), relativista (carecía de fe religiosa) y sentimental (amante, siendo esclavista, de la antigua esclava Sally Hemings, uno de cuyos hijos, Tom, iba por el mundo presumiendo de sangre presidencial). Jefferson es republicano (gobierno débil) y Hamilton, acusado de monárquico por sus enemigos, es federalista (gobierno fuerte). Todavía en una conferencia de 1982, el juez Antonin Scalia, nombrado por Ronald Reagan, invitaba a los conservadores a defender, con “los argumentos de Hamilton”, que el gobierno federal no es malo, sino bueno, y que el secreto está en utilizarlo sabiamente.

    Hamilton, hijo de escocés y francesa, no pudo ser presidente por no ser natural de América: viene del Caribe, aunque ha sido educado en la verdadera Ilustración, que es la escocesa (HutchesonHumeSmith).
    
Lector de Grotius, de Pufendorf, de Montesquieu, de Locke… –se declara, a los 17 años, en un panfleto.

    Para Carl Schmitt, Pufendorf es el epígono de Francisco Suárez en lo fundamental de la teoría del Estado, “y el propio contrato social de Rousseau no es más que una vulgarización de Pufendorf”.
    
Hamilton, arquitecto del Estado americano, llega a Nueva York (vivirá en el 57 de Wall Street) a los pocos meses del motín del té en Boston. Su teoría política se basa en sus clásicos griegos y latinos (DemóstenesPolibioPlutarco, leídos en sus lenguas originales) y en su experiencia militar.


En la reunión de Filadelfia para elaborar la Constitución presidencialista del 87 que sustituiría a la fracasada Constitución parlamentaria del 81, triunfa el proyecto de James Madison, que hace hincapié en “la felicidad del pueblo” (“felicidad”, la palabra más repetida por Paine en sus escritos, es, en la época, una forma de llamar a la libertad), sobre el de Hamilton, que hace hincapié en la fortaleza del gobierno (propone Presidencia y Senado vitalicios). En “El Federalista” defenderán juntos el mecanismo constitucional “checks and balances”, (¡la tercera ley de Newton!), controles y contrapesos, inspirado en Montesquieu, y que garantiza la libertad política de la nación. “Que la ambición vigile a la ambición y el ciudadano dormirá tranquilo”, resume Madison. Con el único fin de salvaguardar esa libertad, habían inventado la democracia representativa, que hacía posible la democracia en una “república geográficamente extensa”. La excepción histórica, el milagro político, la conjunción astral (cincuenta y cinco “semidioses” en Filadelfia, dirá Jefferson) de la libertad.
    
También la muerte, de héroe romántico, de Hamilton es cinematográfica: en un duelo (como su primogénito, Philip, y quizás para morir como él) con su rival político Aaron Burr, en un bosque de Nueva Jersey, porque el duelo es ilegal en Nueva York. Burr tira a matar. Hamilton, como su hijo, al aire.

    –Veo borroso –dijo.
    
Al recibir la noticia, Talleyrand, que había visitado a Hamilton en su puesto de secretario del Tesoro, donde creara el primer Banco de los Estados Unidos, recordaría su impresión ante la austeridad de aquel hombre que habría divinizado a Europa y que, tras sentar las bases del gobierno más poderoso (¡y vigilado!) del mundo, hacía cuentas a la luz de una vela, muerto de frío.


[Marzo, 201] 

Desde Burgos


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 

Es cosa probada que el fútbol tiene poder hipnotizador sobre las naciones cada cuatro años y a muchos nos gustaría que ese poder valiera para detener las guerras y hacer mejores a los hombres.
    El templo que era el fútbol, sin duda atractivo por imperfecto, entendible por cualquier cabeza humana, se ha llenado de mercaderes que saben mucho de TV, efectos especiales y perspectivas visuales. Presentan sus novedades en los Mundiales y en éste de América además de la consolidación del VAR y convertir en faltas graves las personas "baskistas" han decidido que los cuatro cuartos sean obligatorios, o sea reglamentarios, y han animado a los "referís" más pamplinas a sancionar aquéllo de los tres segundos en zona que a mí me sonaba a trafulla cuando de joven miraba el baloncesto. Por los tres segundos en zona, además de insospechadas carencias cayó Alemania ante Paraguay y por la misma nueva razón se anuló un gol a nuestro Cucurella que debió ser el primero ante Austria.


    Ando de feria en Burgos, muchos partidos no veo, y no tengo la relación de esas jugadas que público y locutores aceptan con tolerancia ovejuna, pero en el Croacia-Portugal se dieron lances que ese ojo de Dios en Televisión resolvió avizor en según qué lances enceguecido ante teatrales derrumbes.


   Llamativo "lo" de Alemania. Para mí también la caída de Holanda, selección por la que tengo querencia desde 1.974.  Todos vemos a Francia superior. España jugó con poderío ante Austria y me alegro del acierto de Baena en la izquierda. Baena es muy buen pelotero. Gasta mal encare, Simeone no le entiende, pero a mí parecer es jugador más completo que Nico Williams. Tío a tío, Portugal es temible. Capaz de ganar incluso a Francia pero le falta atrás más contundencia. La emoción y lo atractivo está en el lado izquierdo del cuadro donde espero una semifinal España -Francia. En el derecho, la Argentina de Messi va derribando los colosos que sibilinos estrategas han ido colocando en su caminar. Jordania, Argelia, la tremenda Cabo Verde... y espera Egipto para que Ancelotti se salude con Scaloni y Vinicius con Messi.

 

Sal por chanclas


Resano


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los expertos –un experto es cualquiera que no sea de la ciudad– miran al cielo en busca del fallo que ha convertido lo que debía ser una playa como la de Gandía en agosto, que era lo prometido por los calentólogos para esta Nochebuena en Madrid, en una cellisca digna del páramo de Masa, Burgos, en diciembre. “Preparados para la nevada”, rezaba la propaganda de la Comunidad, segura de que aquí no iba a caer un copo hasta la próxima glaciación. Con todas las miradas puestas en Copenhague, nadie vio acercarse al nublo. Este año, Madrid se lo ha jugado todo en Copenhague. Primero, con los olimpiólogos. Y ahora, con los calentólogos. ¿Navidad y nieve? Eso era así en el franquismo. Hoy sólo reconocen la Navidad cuatro gatos en la capital, pues Alicia Moreno se ha leído “Los errores científicos de la Biblia” y sabe que lo que se lleva es el solsticio de invierno, que no pertenece a nadie, salvo al viento. El que quiera Belén, que mire a la Esteban. El Belén niega el cambio climático con su disparate geográfico: pone ríos y nieve donde debían estar la palmera y la arena de Palestina. Pero nevó en Madrid... y ardió Roma. Los calentólogos son como aquel pícaro que don Pablos, el buscón, topó en el camino de Alcalá, que cabalgaba haciendo los planes para ganar Ostende para el Rey a base de secar con esponjas el mar. Eso, sí: “Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy honrada.” En la calle, todas esas madrileñas centenarias que tendrán lo menos noventa años, según la greguería de Helena Resano en un telediario, pedían ayer sal, pero en los almacenes municipales no había sal, sino chanclas. La sal saliniza el medio ambiente, protestan los “hippies”. La chancla, en cambio, además de ser respetuosa con la Naturaleza, que es el único respeto que hoy se cotiza, es el calzado que recomiendan los expertos para transitar por el abrasador desierto del cambio climático en diciembre.