martes, 18 de enero de 2022

¿Qué es una Constitución?


Trudeau

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Sólo los niños y los borrachos dicen la verdad, y Trudeau ha soltado una como un templo:


    –Sé que estamos limitando y atacando derechos fundamentales y que la Constitución no lo permite, pero vamos a seguir haciéndolo.
    

Jugando al abate Sieyes: ¿Qué es la Constitución? Todo. ¿Qué ha sido hasta hoy en el orden político? Nada. ¿Qué pide? Llegar a ser algo, lo cual no ocurrirá porque la época de las Constituciones pasó (lo que en el 76 García Pelayo ya le dijo al Rey en Venezuela).


    Una Constitución son las cuatro reglas de la democracia política, sistema de gobierno ideado para garantizar la libertad política colectiva que pone y depone gobernantes como fórmula para atenuar la indignidad de la obediencia. Debe ser, pues, un acto de libertad constituyente (nunca un pacto de poderes constituidos). Así surgió el milagro de la de Filadelfia, y desde entonces todo han sido revoluciones para volver al antiguo régimen. En realidad, nunca hubo otra Constitución que ésa. “La soberanía del pueblo americano, única que existe en toda la extensión de la palabra, y de la que las de la Europa no son más que un simulacro”, dice el cardenal Romo a nuestra Isabel II, a quien anticipa la sinvergonzonería política de Macrones y Trudeaus: “Para que subsista el simulacro del sistema representativo introducido en Europa aun en el miserable estado que está figurando en nuestra época, se necesita infringir su reglamento, y observar una práctica enteramente opuesta a su teoría”.
    

Lo que llamamos constituciones son cartas otorgadas que niegan la libertad colectiva a cambio de libertades individuales que te dan con la misma arbitrariedad que te quitan, juego que engorila a nuestros liberalios, que pasan de Stuart Mill a Scott Morrison, su nuevo ídolo, como del franquismo a la democracia.
    

El negocio del gobierno es, y debe ser, el negocio de los ricos, que lo obtendrán por las buenas o por las malas –dejó dicho el señor padre de Mill.
    

Una Constitución, lo dice Trudeau, es “loo roll”.

[Martes, 11 de Enero] 

Martes, 18 de Enero


 Espejo de Goya

lunes, 17 de enero de 2022

Ginger y Fred

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Vinicius y Benzemá. Ginger y Fred. “La pareja de Europa”, dijo Valdano, con los números en la mano. El Real Madrid-Valencia en un pareado.


    Con Vinicius volvió la alegría, nos cuenta Hughes, pero en la Televisora la noticia fue el penalti del Madrid, que no sé yo si es el segundo que le pitan este año, y lo hizo Hernández Hernández, un Matéu en rubichi que bien podía haberlo pitado (esto también lo cuenta Hughes) en el derbi madrileño de la temporada pasada, que decidió la Liga.
    

Todos los españoles maduros se tiñen de Hernández Hernández, un tinte rubichi de barbería con olor a loción anticaída de Azufre Veri. Hernández Hernández (diríamos HH, pero en el fútbol no hay otro HH que don Helenio Herrera, el de “Este partido lo ganamos sin bajarnos del autobús” en la Granada nazarí, como dicen los periodistas) arbitra con espejo, razón por la cual no sacó tarjeta a Daniel Wass, que repartió como Albelda: ante Wass, Hernández Hernández se siente Narciso en la fuente.
    

Al final del partido, los sacamuelas, que se pasan el partido contándote lo que estás viendo, no mencionaron lo mejor del partido, el gol de Vinicius (un gol que hubiera firmado Romario), y el Tucker Carlson a pie de banda del Bernabéu entrevistaba a Gayá: “¿No tenéis la sensación de haber sido robados con el penalti?” Y Gayá: “Hombre, no me gusta poner excusas cuando te meten cuatro…” Y el Carlson: “Pero el penalti no ha sido”. Y Gayá: “Ya, pero es que nos han metido cuatro, y no puede ser…”


    –Menos mal que Vinicius se ha dejado vacunar –me dice un amigo pipero, alucinado con el gol de Vinicius.
    

La masa, ahora mismo, es una mosca encerrada en un vaso lleno de humo: la tienen donde la querían los tetones de la política. Ahí está el falso, pero interesado, debate de barra de bar que los pasteleros del “Estado Compuesto” (la definitiva fragmentación territorial de España en marcha, sin más “hoja de ruta” que algún viejo mapa de carreteras Michelín) han organizado a cuenta de Djokovic y Nadal. En los colegios españoles hace muchos años que no se estudia latín y tampoco matemáticas, por lo que la lógica nacional está a la altura de la probidad patria. Mejor. Si estos patriotas de pecho de hojalata fueron coherentes, el año que viene se volverían contra el palco del Bernabéu para afearle a Florentino Pérez que fiche a Haaland en vez de a Morata, que a punto, por cierto, ha estado de fichar por el Barcelona, donde hubiera formado la delantera titular del Combinado Autonómico (Ferrán, Morata, Ansu), frente a los forasteros Mbappé, Haaland y Vinicius. El anticipo son Fred Vinicius y Ginger Benzemá.


    Si Zidane fue Nikinsky y fue Nureyev (depende del esteta futbolero que escojas), ¿por qué Vinicius no va a ser Astaire?
    Fred Astaire fue el hombre de los pies con alas: “Ni canta ni actúa, es delgado, calvo, pero baila un poco”, fue la primera impresión artística que sus descubridores sacaron del pobre Fred, que aún era Frederic Austerlitz. Luego el Ancelotti de turno le proporcionó frac, sombrero de copa y una treintena de parejas de baile: Ginger Rogers, Joan Crawford, Joan Fontaine, Rita Hayworth, Paulette Goddard, Joan Leslie, Lucille Bremer, Joan Caufield, Judy Garland, Jane Powell, Betty Hutton, Vera-Ellen, Leslie Caron, Petula Clark, Audrey Hepburn, Cyd Charisse... En realidad, Fred había comenzado a bailar con su hermana, hasta que ella se casó con un inglés. Fue, y éste fue su gran secreto, un perfeccionista: toda su vida se levantó diariamente a las cinco de la mañana para perfeccionar nuevos pasos.
    

Trabajo duro –respondió cuando le preguntaron qué era, para él, el arte.
    

Trabajo duro, pero con alegría. Que no es la alegría cursi de Ortega (“Se trata, señores, de cosas egregias que podríamos hacer juntos, que se resumen en esto: organizar la alegría de la República”, dijo Ortega apenas unos meses antes del “no es esto, no es esto”. Que es la alegría loca de Rafael el Gallo, el hombre que, cuando Ortega le confesó que era filósofo, contestó con su “Tié que haber gente pa tó”. La alegría, según Cañabate, que le entra al español cuando ve caminar, no a Ortega, sino al Gallo, que un día, sin venir a cuento, dijo:


    –Otro país que he visto es Holanda. Del mismo conozco Curaçao, que viene a ser para Holanda como Gibraltar para España.




ANCELOTTI FRENTE A XAVI


    La Supercopa de España, o Copa Rubiales, es un Carranza de la Federación en Arabia: si se gana no le importa a nadie, pero si se pierde vale por un dolor de muelas. El duelo es Ancelotti versus Xavi, el Aladino de Tarrasa. Carlo nos dijo: “Aparcamos el autobús delante de la portería e Ibra se pondrá delnte del autobús. Todos esperan que juguemos al tiquitaca, pero yo os digo que hemos venido a ganar”, cuenta Ibrahimovic, resumiendo la idea del tiquitaca que se gasta Ancelotti, que pasa de la posesión, y lo explica: “La posesión importa si todos los equipos juegan a lo mismo. Si rompes el modelo, puedes ganar a los mejores que lo sigan. Ahí está el 7-0 del Bayern al Barcelona. O el Leicester, que se puso en cabeza de la Premier con la peor estadística de posesión, aunque con la mejor de tiros a puerta”. 

[Lunes, 10 de Enero]

Los enanitos toreros



Alberto Salcedo Ramos


Hugo Martínez —39 años, 118 centímetros— bebe un nuevo buche de cerveza y empieza a enumerar las ventajas de los enanos: no se descalabran con los travesaños de las puertas, ni sufren cuando se agachan y, como si fuera poco, se libran de toparse cara a cara con Dennis Rodman, ese tipo tan feo.

Sus compañeros de juerga, enanos como él, largan la risotada. Uno de ellos le golpea la cabeza con la palma de la mano, otro lo empuja, los demás le piden que no les embrome la vida. Todos lucen achispados, felices. Martínez, a gusto en su papel picaresco, levanta las nalgas y las menea en forma chistosa. Después continúa su función.

Cuando se presenta un asesinato —dice—, un enano jamás es el primer sospechoso, así se encuentre al lado del cadáver con una pistola humeante en la mano. Además, como sus ojos están cerca del suelo, tiene muchas posibilidades de descubrir, al lado de una alcantarilla, aquel extraviado billete de 20 mil pesos que los seres normales no pudieron ver por andar englobados en las alturas.

Larry Plazas —16 años, 120 centímetros— le pide a Martínez que suspenda las payasadas, porque ya le duele el estómago de tanto reírse. Martínez lo amonesta con una mirada severa que, evidentemente, es fingida. Sonríe, le pellizca la mejilla. Luego se tambalea como borracho y dice que aún no ha mencionado la ventaja más grande de todas. En este punto se dirige a mí y me advierte que yo no lograría, ni en sueños, un momento de placer con Jennifer López. Lo máximo que conseguiría, si la viera, sería un autógrafo, o comprobar que soy más alto que ella.

En cambio yo, papá —exclama, con el rostro súbitamente enrojecido—, si me pongo junto a ella, le doy por el culo.

Sus secuaces vuelven a reír de un modo estridente. Uno de ellos opina que Hugo tiene tanta gracia que debería llamarse Chris Rock. Hugo, siempre chusco, le responde que está pensando en ir a una notaría para reemplazar su apellido Martínez por Norrea. Entonces todos comienzan a gritar en coro:

¡Hugo Norrea!

¡Hugo Norrea!

¡Hu-Gonororrea!

¡Hu-Gonorrea!

La escena tiene lugar en Mariquita, Tolima, un sábado por la tarde. Faltan tres horas para que los ocho enanos toreros del grupo El Gran Tin Tin comiencen su actuación. Así que mientras llega el momento definitivo, la cuadrilla aprovecha para dejarse caer unas cuantas cervezas entre pecho y espalda. El más sediento es Víctor Prieto —30 años, 135 centímetros—, quien le pide a Hugo, con un gesto teatral, que deje “la hijueputa vulgaridad”.

Marica, recuerde que a mí me llaman ‘Vulgarcito —le contesta Hugo, antes de volver a empinarse la botella de cerveza.

Todos siguen riendo a carcajadas en el patio de la señora Elinor Elles, dueña de la cantina de mayor tradición en el pueblo.

***

¿Por qué lanzar al ruedo a los enanos, precisamente a los enanos?, le pregunto a Ezequiel Vargas, dueño de El Gran Tin Tin. Estamos sentados en la sala de su casa, ubicada en la urbanización Arborizadora Baja, en el sur de Bogotá. Son las nueve de la mañana de un viernes cualquiera. Nos acompañan Jorge Ricaurte —26 años, 117 centímetros— y Serafín Zapata 35 años, 127 centímetros, los dos enanos que viven con Vargas, más conocido en el ambiente taurino con el remoquete de ‘el Curro’.

Vargas se pone a la defensiva y dice que no inventó el toreo bufo, una actividad más vieja que él. Lo que quiero saber, aclaro, es por qué se presume que una gavilla de novilleros diminutos resulta cómica. ¿Será porque nos parece risible el contraste entre su fragilidad y la dureza que se le atribuye a la tauromaquia? ¿O porque los necesitamos como chivos expiatorios de nuestra barbarie? ¿O porque suponemos que las anomalías ajenas son divertidas? Vargas admite que los toreros enanos generan un placer retorcido: la gente se ríe de sus desplantes caricaturescos, claro, pero también disfruta viéndolos arriesgar el pellejo frente a los cachos de un becerro. Noto que, como en el antiguo circo, el gozo es consecuencia del sacrificio. O, por lo menos, del peligro. Alguien debe inmolarse de vez en cuando para que la puñetera vida de todos los días tenga sentido. Es algo que está en la naturaleza de los seres humanos, qué le vamos a hacer. Bien dice el escritor Henry Stein que cuando un niño se planta en el baño mientras su padre se afeita, no es porque considere que ese ritual insulso valga la pena, sino porque abriga la esperanza de que el adulto se desbarate la cara con la cuchilla. Porque lo cierto es que el hombre invoca mucho los mandamientos cristianos, pero a la hora de la verdad le importa un pepino la suerte del prójimo. En el caso que nos ocupa —concluyo— los espectadores no sólo festejan la faena jocosa de los protagonistas, sino el hecho de que los enanos sean otros y no ellos.

Vargas se niega a cuestionar las motivaciones del público. Pero en cambio se siente obligado a defender su espectáculo hasta las últimas consecuencias. En principio están las razones económicas. Los enanos que no desafían la cornamenta de una vaca, los que no se contorsionan de manera estrafalaria sobre la barra de un bar, los que no se desnudan en las fiestas de despedida de solteros, los que no actúan como hazmerreír de ferias, son un cero a la izquierda, un yerbajo del rosal. Excluidos del mercado laboral, deben resignarse a ejercer, a ratos, oficios no calificados. Sus estudios son precarios, en parte por discriminación y en parte por la ignorancia de ciertos padres, que consideran una pérdida de tiempo darles educación. Ni siquiera cuentan, literalmente, como ciudadanos rasos, ya que los censos de población los desdeñan. La Asociación de Pequeños Gigantes de Colombia, creada hace tan sólo dos años, estima que en este país de 43 millones de habitantes, hay unos siete mil enanos.

¿Cuál es el destino de esos enanos?, se pregunta ‘el Curro’, dándose una palmada vehemente sobre la rodilla derecha. Para responder el interrogante, dice, nada mejor que recordar qué hacían y cuánto ganaban los miembros de su elenco cuando él los conoció. Jorge Ricaurte repartía hojas volantes para promocionar un negocio de brujería en el centro de Bogotá. Devengaba 12 mil pesos diarios. Ángel Leal —20 años, 115 centímetros— era vendedor ambulante de juguetes en las calles del sector 20 de Julio. En los días mejores no ganaba más de 10 mil pesos. Víctor Prieto se levantaba a las tres de la madrugada para ir al mercado de Corabastos a desgranar 100 libras de arveja, por la módica suma de 18 mil pesos. Javier Martínez —26 años, 125 centímetros— era blanco de la Policía, por andar traficando con discos compactos piratas. Su patrón, un mercachifle de cuello blanco, apenas le pagaba 10 mil pesos. Larry Plazas estaba sin empleo.

Hoy, como colaboradores de El Gran Tin Tin, reciben honorarios que oscilan entre los 60 mil y los 250 mil pesos por cada velada. Y cuentan con seguridad social porque están afiliados a la Unión de Toreros de Colombia. Cuando peor les va, hacen unas diez funciones al mes, pero durante las temporadas altas esta cifra se duplica. Para los enanos toreros —insiste ‘el Curro’—, los dividendos son palpables. Hugo Martínez, por ejemplo, vive en España seis meses al año, durante los cuales recorre las principales fiestas de su género en ese país. Con los ahorros de sus reiteradas expediciones, ha logrado construir su casa, ladrillo sobre ladrillo, en el barrio La Victoria, en el sur de Bogotá. Javier Martínez es el sostén de su familia, pues sus hermanos normales están desempleados. Laureano Páez —55 años, 135 centímetros— ha viajado por una docena de países. Y Víctor Prieto le ha regalado un techo a su madre, con lo cual consiguió, de paso, apartarla por fin de su marido alcohólico.

Jorge y Serafín, que habían permanecido callados durante todo este tiempo, dicen que los beneficios van mucho más allá de lo material. Incluyen también, según ellos, el respeto de la gente.

***

Dos horas antes de llegar a la plaza, los toreros del grupo salieron a recorrer Mariquita. El propósito era promocionar la corrida, atraer una mayor cantidad de público. Los enfiestados habitantes, en efecto, los vitoreaban y les abrían calle de honor, los recibían con carcajadas. Un solo enano es motivo suficiente para la curiosidad, pero ocho enanos juntos repartiendo adioses desde una camioneta sin carpa son ya el colmo de la rareza, el principio de la comedia. Inevitable preguntarse quiénes son, de dónde salieron, cuándo llegaron y para dónde van, cómo se conocieron y qué diablos se proponen, todas esas inquietudes que nadie se plantea frente a un tropel de personas comunes y corrientes. Los seres humanos son capaces de alquilar balcón para apreciar mejor los defectos de sus semejantes. Nada le produce al hombre tanto morbo y tanta hilaridad como la anormalidad de otro hombre. Por eso el circo es el escenario natural para burlarse del prójimo. Y para deshacerse de él entregándoselo a los leones. O a las vaquillas encrespadas como la que a esta hora, siete de la noche, acaba de saltar al ruedo. Se trata de un animal berrendo de carrera impetuosa, que en menos de un minuto se estrella dos veces contra la cerca.

Ángel le saca dos muletazos. Larry le ofrece el capote a la distancia, pero no se le enfrenta. Hugo le muestra la lengua desde el burladero. De pronto, la becerra embiste a Serafín y lo arrastra un par de metros. El público se agita: aplaude, chilla, se carcajea. La cuadrilla auxilia a Serafín y este se levanta del piso y se sacude las nalgas. Luego hace una voltereta en el aire.

Un rato después, la vaquilla pierde el último brío que le queda y jadea perezosamente recostada contra la valla. Pero en seguida agacha la cabeza y resopla con fuerza, hurga la tierra con las pezuñas delanteras, parece envalentonarse en un segundo aire. La amenaza se queda en el puro aspaviento, porque está claro que ningún poder de este mundo moverá a ese animal del punto donde se ha afincado. Entonces, los pequeños toreros se abalanzan en manada contra la novilla. Unos la jalan por el rabo, otros la trincan por los cachos, los demás se le cuelgan en el pescuezo y en el lomo. El público ruge, el animador se exalta. La vaca cae al suelo, dominada por los hombrecillos que están hincados en ella como sanguijuelas. En las graderías estalla una salva de aplausos.

Al final de la jornada, ya en el camerino, los enanos conversan sobre las cuatro horas de viaje terrestre que les esperan a continuación, para regresar a Bogotá esta misma noche. Dormirán muy poco, dicen, porque mañana temprano partirán hacia Yopal. Después vendrá un nuevo destino, y luego otro, y así. Luis Alberto Ballén, el conductor de la buseta que los transporta, estima que en el año 2006 han recorrido unos 10 mil kilómetros.

Ésa fue la vida que elegimos— señala, Serafín, alzando el pecho de manera solemne.

Todos están con los torsos desnudos y en calzoncillos bóxer. De repente, Hugo agarra una daga para cortar un hilo que se le salió a su chaqueta verde. Entonces me mira con sorna y lanza otra de sus bromas.

Huy, hermano, no se me ponga tan cerca. Recuerde que no hay nada más peligroso que un enano con navaja.

Los compañeros, como siempre, sueltan la risotada.

***

Irónicamente, Serafín y Jorge no alcanzan el timbre de la casa donde viven, la de ‘el Curro’. Cuando llegan de la calle, deben silbar fuerte para que les abran la puerta. Si los de adentro tienen la lavadora encendida o están oyendo música, no perciben la señal. En ese caso, a Serafín y a Jorge les toca acudir a la ayuda de cualquier transeúnte que les haga el favor de presionar el timbre.

Pese a los beneficios graciosos que menciona Hugo, ellos saben que no son, precisamente, tipos que anden por ahí tocando el cielo con las manos. La literatura rosa los ha idealizado bastante, personificándolos, a menudo, como débiles capaces del heroísmo más increíble. Pero este mundo no es Liliput, donde las criaturas minúsculas pueden sojuzgar a los gigantes como Gulliver. Y esta vida no es una quimera en la que a David se le permita derrotar a Goliat. La realidad prosaica de todos los días es que el pez grande se sigue comiendo al chico, que los vendavales se ensañan con los arbustos más enclenques.

A eso se refieren ahora Serafín y Jorge, mientras visitamos a Víctor en Corabastos. En un día como hoy, me explican, cuando no tienen compromisos con El Gran Tin Tin, cada quien aprovecha el tiempo a su manera. Víctor continúa madrugando a desgranar sus arvejas.

Lo que abunda en la cotidianidad —recalcan los tres compadres— son las desventajas: el estribo demasiado elevado del autobús, la silla alta del bar que les oprime el corazón, la curiosidad abrumadora de la gente. Para ellos todas las manzanas del árbol son remotas, prohibidas. Y las mujeres, inaccesibles. En este punto Jorge comenta que hace poco se separó de su esposa, Dayra Bulla, que mide 1,76. La humanidad produce a diario toneladas de esquelas románticas para justificarse en medio de la tormenta, pero alguien debería empezar a hablar de los amores que naufragan por los centímetros de más y por los centímetros de menos.

Para sobreponerse al mundo cabrón que les tocó en suerte, es que torean. Todos han recibido cornadas feroces, cierto, pero ése es el precio que deben pagar para demostrar que son capaces de derribar al novillo temible. Y para que todas las plazas de toros del mundo sean Liliput, ese país justo en el que los enanos pueden someter al más gigante.

[Enero, 2010]

 

Lunes, 17 de Enero

 

Valle de Esteban

Pino con luna

domingo, 16 de enero de 2022

“Familia y vida cotidiana de una elite de poder”


  

LOS MAESTRE


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

 Dicen que en los Ayuntamientos de Podemos uno nunca sabe si está en un pleno municipal o a la mesa de los novios en una boda en Salones Hiroshima.

 Para entender el ambientazo familiar en el Ayuntamiento de Madrid con la abuela Carmena, hay que leer “Familia y vida cotidiana de una elite de poder”, un estudio de Ana Guerrero sobre los regidores madrileños en tiempos de Felipe II, período de aristocratización del municipio.

 Don Luis Cueto Álvarez de Sotomayor, Sobrino Mayor de Cibeles y Campo de las Naciones, Gran Manitú de Pregoneros, Almotacenes, Alarifes y Porteros, ¿qué ha de envidiar del regidor Bernardo de Sosa, sobrinazo de doña Ana de Henao?

 Como los de ahora, eran de pocas lecturas (“ni siquiera de obras relacionadas con el desempeño de sus funciones”), pues lo suyo era “tejer esa red endogámica que conformaba la oligarquía concejil madrileña”.

 La partidocracia iba de los Alba a los Éboli, de cuyos juegos salió el poder municipal en Madrid que, de 1560 a 1606, se repartió entre las familias Vargas, Vozmediano, Mendoza, Fernández y Barrionuevo. Como hoy los Maestre.
 
Por quanto mi hijo queda tan pobre que con la hacienda que le dexo no podrá pasar, y que es abil para papeles, pido le haga merced de ocupalle...
 
Los Maestre se ennoblecen desde su posición privilegiada en el Ayuntamiento por la tea de Rita (“¡Arderéis como en el 36!”), portavoz municipal que presume de “partisana” (?) y que en virtud de la “libertad de expresión” que le otorga la alcaldesa, jueza de España, profanó un lugar de culto despechugada como la libertad de Delacroix, costumbre, la de mostrar los pechos, que chocó al mexicano fray Servando Teresa de Mier, que se encontró aquí a las chonis del 800 con ellos fuera y “con anillos de oro en los pezones”.

 –La familia que reza unida permanece unida –dijo el padre Peyton.
 
Rita buscando cargos con su tea como Diógenes hombres con su linterna. “Y para papá, Hacienda”. A ver, curas, esos cepillos.

 

[Martes, 15 de Septiembre de 2015] 

La enorme dificultad de ser pene moderno


 

Hughes

Abc
 
“No sería una estupidez decir que estoy enamorada del pene de Ernesto. Me gusta su forma pequeña, la forma acorazada de su glande, la manera que tiene de agarrarse al interior de mi cuerpo y hasta su sabor dulzón. Me enamoré de su pene porque no era violento. Porque desde la primera vez que nos acostamos su pene se ajustó a mí, se me mostró con toda su ternura y me embistió al ritmo que yo poesía. Por supuesto que luego me enamoré del hombre, y de la voz, pero cuando desde mi soledad de Barcelona pienso en el pene de Ernesto, mi pecho alberga cariño”.

Lo transcrito es el prólogo de Luna Miguel a una obra de Rosa Chacel. Me gusta. La autora es una poeta muy celebrada. Es una mujer siempre en la next generation. En cierto modo, entiendo este prólogo como la flor conseguida de tantísimos suplementos culturales y páginas de las secciones de cultura. Esto era, esto es: feminismo literario del hoy.
 

Es un canto al pene pequeño. No como se podría esperar, desde el amor clasicista por la armonía de lo recogido (no hay ninguna estatua de Miguel Ángel con pollón), sino desde otro punto de vista. La descripción del amado presenta un pene no violento, no agresivo, no amenazante, un pene civilizado, adaptativo, quizás un poco ganchudo, acorazado de forma (glandular) y dulzón. Como una fresa, una chuche fresita, una polla golosina y aunque deberíamos celebrar que Luna Miguel, con su poderío poético y sacerdotiso, revaloriza el pene no grande (no diremos pequeño) nos encontramos aquí con una trampa, una engañosa concesión.
 

El pene del amado es tierno, inteligente y considerado, el pene se ajusta a ella, así que no compremos demasiado pronto la transvaloración pollil de Luna Miguel, porque tiene truco. El pene es pequeño, pero sobre todo es empático. Es un pene que se adapta a ella, a sus formas, es un pene cojín, como un tercer cojón.
 

Hay aquí como un elogio de lo morcillón. De la plasticidad enamoriscada y de las posibilidades eróticas del claroscuro morcillil cuando la realidad, la cruda realidad, acaba siendo dual: todo o nada. Esa es la dialéctica de las relaciones. Pero si es nada, ¡qué desastre! Y si es todo, qué priapismo indirigible.


Pero lo importante, además de ese canto que se adivina a la ‘morcillonez’ es lo de después: “Me embistió al ritmo que yo pedía”. Ahí se nos habla de una petición atendida, de una dirección, de instrucciones. No es el ritmo conjunto del amor, la música de dos, ni de uno ni de otro, el tango indivisible, sino un pene que no solo es adaptativo y cordial, sino atento y regulado en su embestida.


Pero ¿no sorprende que aun diga ‘embestida’? Es un acto de cierta violencia contra algo, contra alguien, un movimiento que engloba, en el que algo se lanza entero. Embiste el toro, la embestida es la del toro, el hombre-toro yendo al bulto de la mujer que aquí no es bulto sin más pues le ordena la embestida. Ojo ahí. La embestida está pautada, sometida, regulada. Ella la ordena, la modula, la ciñe, mide la embestida, mujer-torera con su coño-muleta.

El feminismo literario acaba por tanto en lo taurino, en revivir el mito táurico y recorrerlo de nuevo. Luna Miguel es Europa, tendida evanescente y blanca, y su amado, Ernesto, es el toro raptador, el engendrador, el fertilizador. ¡El pene es táurico y la mujer es bulto pero sobre todo es torero!


¿No es posible imaginar a Ernesto resoplando en algún momento, ciego entre el bulto y el ardid de la fémina torera?


La ordenación de la embestida tiene mucha miga. Aquí el feminismo está redescubriendo el mediterráneo. Está toreando al hombre ‘literally’. El pene civilizado, culto, afectivo, adaptativo ha de ser luego capaz de embestida, es decir, ha de tener bravura. Y esa bravura se ordenará después por la mujer.


Que embista el toro. Mucho ojo a lo que está pidiendo Luna Miguel, faro generacional y sacerdotisa (me vengo de que no puedo decir poetisa): el pene ha de tener un primer momento civil, dulce y juguetón, como Woody Allen sonriendo a lo Hugh Grant, pero luego ha de conservar el momentum taurino. Ha de ser bravo. Y luego, en segunda derivada, no puede arrear sin más, ha de someter su empuje a lo que se le pida. ¡Sandwich de instinto! Bravura emparedada entre el pene cariñoso y el pene obediente. ¡Dificultad suma del hombre moderno!

La transvaloración inicial del pene parecía facilitar las cosas. Pero vemos que no.


La embestida sumisa… ¿no es eso el toreo? ¿Dirigir la embestida? La Polla-golosina, dulce y dialogante, ha de ser luego polla con reminiscencias de Zeus y de Apis, conservar la embestida solar en el circulo de la plaza.
 

Aunque Luna Miguel empieza su párrafo con algo democratizador, con el aprecio de la pequeñez simpática del pene (una consideración de su ternura: el pene humpty dumpty diciendo quiéreme, dame una ‘chance’), luego vemos que complica la cuestión. No es tan sencillo. No nos regalan nada. El feminismo acaba recreando el mito táurico solo que al revés. Lo reordena, en cierto modo. El hombre durante mucho tiempo ha querido embestir y torear, arrancar y ceñir. Mandar y templar. Ser instinto y ordenar la forma. Esto no se puede. No se puede ser toro y torero. El feminismo quiere reequilibrar las cosas y exige una polla con doctorado, una polla graduable, personalizada, con sentido del humor y sabor, en cierto modo una polla industrial, que sepa a peta zeta, que no agreda y no sea ingobernable. Quiere eso y a la vez una embestida limpia, definida, que el toro entre al trapo hasta que esté completa la faena.

 


Luna Miguel 

Domingo, 16 de Enero


 

Puerta Grande

"Éste fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él"

 DOMINGO, 16 DE ENERO

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le dice:

-Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora.


Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice:

-Llenad las tinajas de agua.


Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dice:

-Sacad ahora y llevadlo al mayordomo.
 

Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora». Éste fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.


Juan 2, 1-11

sábado, 15 de enero de 2022

Djokovic-Alí


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo de Djokovic en la Australia de Morrison, ese antiguo presidio sobre el cual parece cernirse “la tenebrosa noche del fascismo” anglosajón, es la versión postdemocrática de lo de Alí en la América de Johnson.
    

Alí, número “1” mundial del boxeo, puso en solfa el Complejo Militar Industrial, y encima tuvo la insolencia de declararse musulmán. Djokovic, número “1” del tenis mundial, pone en solfa el Complejo Boticario Industrial, y encima tiene la insolencia de declararse cristiano ortodoxo.
    

España, que ha redondeado una sociedad atroz, contribuye al espectáculo con la pancarta de “las normas son las normas”, que por algo somos el país que, después de dos estados de alarma ilegales, sigue, tan terne, con los mismos políticos y la misma Constitución.
    

Que “las normas son las normas” no nos viene de leer a Kelsen, sino de oír al cabo de la Guardia Civil que jugaba al tute con Camba. En una partida, salió el nombre de Guzmán el Bueno, y alguien comentó: “Ustedes dirán lo que quieran, pero eso de que Guzmán el Bueno ofreciera su propio cuchillo para que le degollaran al hijo, francamente, a mí me parece una barbaridad”. Y el cabo contestó: “¿Y qué iba a hacer el hombre? Seguramente su reglamento no le dejaba otro camino”.
    

Ahora que en las Facultades de Derecho sólo se enseña Legislación (¡y se nota!), viene un tenista serbio a cuestionarles a los paisanos de Javi Solana que una cosa son las leyes y otra cosa es el Derecho. De libertad no hablemos, pues los liberalios, que se engorilan con el cirujano de hierro Morrison, nos llaman amanerados, y, después de todo, ¿qué españolejo va a echar de menos lo que nunca ha tenido? 

El resumen de la teoría política que se despacha en los medios sigue siendo la que formularon Los del Río, números “1” mundiales con “Macarena” (¡los Clinton la bailaban como los Pinker!), cuando el referéndum de la Constitución europea:
    

No la hemos leído, pero votamos que sí porque lo hace la mayoría. Nosotros siempre vamos con la corriente.

[Sábado, 8 de Enero]

 


Sábado, 15 de Enero

 

Hijo de la Ciencia

viernes, 14 de enero de 2022

Como los tábanos


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Por agosto de los sesenta y setenta era tiempo de trilla y los chicuelos en la era nos entreteníamos en la caza del tábano. Los tábanos molestaban a la yunta y con la aguijada desde el trillo golpeábamos suavemente en la parte de la vaca en la que se disponían a morder para espantarlos. Cuando parábamos unos minutos de girar para que los mayores removieran la parva o echar un trago al botijo o a la bota según sexo o edad, servidor se atrevía desde el costado de la Pachona o la Redoma a cazar el tábano al que sujetaba con mucho cuidado -por las tripas, decíamos para que no mordiera- y le metía una pajita por el culo para soltarlo a continuación. El tábano se volvía loco y redoblaba la intensidad de su tabarra y la velocidad de un vuelo desquiciado. Se olvidaba de las vacas, los mulos o las burras y lo veía perderse entre cualquier zarzal o matorral. Jugábamos por ver a cuál perdíamos más tarde de vista, que era el que ganaba. A veces los íbamos metiendo vivos con cuidado en un frasco y mirábamos revolotear cinco o seis dípteros braquíceros que es como los llamaba Apolinar el de Saturio que era entomólogo con título y daba clase por Madrid, en un pasatiempo que escuchado hoy por algún charlapuñaos de los de las teles seguro que da con mi tara.
    

El tábano es insecto que los de capital confunden con abeja y aunque los de pueblo sabemos que es tardo en armar el ataque tememos su mordedura y conocemos su dañina solvencia ante cualquier clase de bestia. Al Atleti, no se por qué y que me perdonen los atléticos, se le ve en demasiadas ocasiones como tábano con paja en el antifonario. En tu fuero interno lo ves que tiene presencia, que es capaz de cualquier cosa, que hay talento; crees que está al nivel de las abejas reina, que no tiene que tener miedo a nadie, que está entre las mejores plantillas del mundo, que es el auténtico rival del Real Madrid en España en estos tiempos de peste, pero de repente ves al equipo hacerlo todo con precipitación, con prisa, arremolinado, chocando no se sabe contra qué... y te acuerdas de los tábanos de la era. Ves que ha descuidado su trono, el área propia, y se pierde en los caminos que llevan a la ajena como aquellos tábanos del verano en la Demanda burgalesa. Ves a Lemar, a Llorente, a Koke, De Paul... recibir el balón y parece que van a saltar un barranco en vez de cruzar por las pasarelas; dan la sensación de arremangarse y mirar hacia adelante, pero en realidad están ocupados en no perder la zona, en no abandonarla, en vigilar al que viene y en vez de jugar el balón, le dan unos pescozones que soliviantan al espectador.
    

La semifinal de ayer restó muchos espectadores, pero llamó la atención a los irreductibles y sobre todo a los del Athletic, que corroboraron que el Williams joven tiene más clase y tanta velocidad como el grande; que Marcelino es un extraordinario estratego con el balón parado y  va sacando talentos poco a poco sin darse tanta importancia como el Xavi del Barça, que se conforma con los partes de mejora habituales en sus comparecencias de prensa y ¡cómo no! que el Madrid no se descuide.

Invertebración de España


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Un siglo después de la “España invertebrada”, España sigue sin un hueso que echarse a la boca.


    –Hagamos de España un país fascista y vayámonos a vivir al extranjero –fue la media verónica de Foxá a su desánimo, que hoy sería la mejor respuesta a la matraca de Casado con su ley de pandemias.
    

Mas ¿a qué extranjero ir? ¿A la Francia de Macron, el bajito con problemas de autoestima que promete solemnemente “joder” a una parte de su propio pueblo (“J’ai très envie de les emmerder, donc on va continuer de le faire”)? ¿A la Alemania de Olaf, el führereso cuyos maderos caen sobre las abuelas como la Wehrmacht sobre Polonia? ¿A la Holanda de Espinosa, que lanza perros (pastores alemanes dignos del “¡mmm!” almudenés) contra los no vacunados? ¿A los antípodas, cuyos “cocodrilo dundee” han dado a Djokovic trato de Ilich Ramírez?
    

La “España invertebrada” fue una destilación orteguiana de Renan con gusano dentro, aquel “proyecto sugestivo de vida en común” que dio alas intelectuales a nuestro fascismo de garrafón, gusano cultivado luego, con la mejor intención, por Marías, que escribió todos sus libros a medias con Lolita, su mujer.
    

De vez en cuando, cuando iba a iniciar una sección nueva, Lolita se volvía hacia mí, con los dedos sobre la máquina de escribir, y me pedía: “Un titulito, por Dios”.
    

¿Y en qué consiste la invertebración? España, según Ortega, se arrastra invertebrada en su política y en su convivencia social. Vive entregada al imperio de la masa. La enfermedad española es más grave que la “inmoralidad pública”. Grave es que una sociedad sea inmoral. Pero es más grave que una sociedad no sea tal. Una nación es una masa humana organizada por una minoría de individuos selectos. Cuando la nación se niega a seguir a la mayoría directora (¡a los Garicanos y demás liberalios varios!), la sociedad se desmembra… y sobreviene la invertebración histórica. Un caso extremo de esta invertebración histórica, escribe en el 28, estamos ahora viviendo en España.

[Viernes, 7 de Enero] 

Viernes, 14 de Enero

 

 

Las normas son las normas

jueves, 13 de enero de 2022

El Contrataque


Eugenio Leal, "el mejor intérprete del contrataque"

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


      Es posible que el fútbol que viene sea inventar competiciones cortas y ponerles sellos de garantía Uefa, Fifa o Federación Nacional para disfrazarlas de importancia y enganchar a la juventud que tanta prisa tiene en los dedos que manejan las consolas. Quizás esto de la Supercopa es una prueba por ver como responde la incierta clientela quinceañera y las teles nos estén colando y cobrando como clásicos partidos que no dejan de ser copia vulgar de aquellos Carranzas setenteros y ochenteros.

 

El Kichi de Cádiz montó un experimento el pasado 2019 con el torneo de torneos y lo hizo femenino en exclusiva. El fracaso fue descomunal, pues se cree que no lo vio  ni la familia de las jugadoras. Es cierto que la decadencia del Carranza era un hecho, pero el Kichi lo acabó de rematar, aunque puso sobre aviso a los que entienden del negocio, Don Rubiales por ejemplo. Supongo que en Cádiz pagaron el Ayuntamiento y el club a pachas la ocurrencia del tío del carnaval. La ocurrencia de Don Rubiales no puede salirle costosa porque no es lo mismo cerrar negocios con jeques árabes que con los júligans de la liga de Doña Montero o Montera la ministra.
      

El Madrid-Barça de anoche dicen que es la semifinal de la Supercopa, pero en realidad es el partido imprescindible de la supercopa. El partido que quieren los jeques y los aficionados. Es seguro que en la semifinal de hoy y en la final las televisiones van a tener menos público. No debe ser bueno para el negocio, pero es mejor asegurar un Madrid-Barcelona que no arriesgarse a que las eliminatorias impidan que se enfrenten.
    

La verdad es que anoche vimos un buen partido. Para servidor, un poco raro. El Barça ha mejorado mucho de medio campo hacia adelante. Creo que le falta aún velocidad en el tradicional sobeteo del balón y que peca de momentos de exceso de confianza en alguno de sus centrocampistas, pongamos a Busquets por ejemplo. La defensa sigue siendo vulnerable y más contra equipos duchos en el contraataque como es el Madrid de ahora, Vinicius y Benzema mediante. Por fin, está bien visto el contraataque en España después de años de reprochárselo a grandes entrenadores que se han tenido que apañar con escaseces. El Madrid ya no presiona arriba, disfruta robando y lanzando a Vinicius, Benzemá, Asensio... que en un pispás te montan goles que hay días que hasta salen preciosos. ¡Qué bueno es Benzemá!
     

El mismo día de la gran interpretación del contraataque en la Arabia -Luis Aragonés decía que nadie como Eugenio Leal- destituyen a Álvaro Cervera, para los gaditanos gaditanos, "el Gafa". El Cádiz de Álvaro sufrió dominación continua desde la 2ªB, allá por el 2016 hasta antier mismo. Ha sido el mejor ejemplo del triunfo del contraataque. Un servidor lleva explicando estos siete últimos años la teoría de Álvaro: "Ellos que tengan el balón y nosotros los esperamos". Como Ancelotti, pero sin glamour. Esperaban Salvi, el albañil que aún sigue en la plantilla, Alvarito, la flecha del Rayo, Aitor el sprinter en el Sporting, Ortuño que anda en el Cartagena y ¡zas! cual Vinicius en pobre, resolvían, sentenciaban. El "saborío con el autobús en la portería t'ol rato" se plantó en Primera y alcanzó reconocimiento entre los fieles del Carranza. Superó la venta de sus mejores armas pero no ha podido superar el gafe que ha encasquetado el Kichi al cadismo. Es imposible salvarse sin ganar en casa. La maldición dice que  cuando el Cádiz gane en lo que llaman "nuevo Mirandilla" el triunfo no valdrá para nada. Ahí no hay contraataque que valga.

El honor militar


Araca, Vitoria

Jura de Bandera

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Nada de “Su Tumba son de Flandes las Campañas, / Y su Epitafio la sangrienta Luna”, que tanto fascinaba a Borges, nuestra lectura de entonces. Uno supo del honor militar en la Base burgalesa de Castrillo del Val un día del 86 que, estando de cuartelero, anuncié a la Compañía al sargento… y era un sargento primero.


    –¿Usted no me ve el triángulo en la bocamanga? ¡Apúntese un paquete, soldado!
    

El paquete fueron dos fines de semana en arresto. Como me sucedió en el felipato, con Narciso Serra de ministro y Laureano García de director general de la cosa, más la Otan recién estrenada, no pude acogerme a sagrado como víctima del franquismo. Me acuerdo de ello hoy que asciende a general el piloto, Reyes se llama, que hizo el porte de los restos de Franco desde Cuelgamuros hasta Mingorrubio. Los testigos de la escena comentan que, yendo de uniforme, se tapó con el helicóptero para no saludar militarmente al féretro (¡una “cobra” a un capitán general!), y que si eso vale un fajín.


    Los franceses (Lyotard y tal y tal y tal) dieron un tabarrón inmenso con que la posmodernidad acabó con los grandes relatos. Un “grande relato” era el del “Plus Ultra”, el hidroavión español que en enero del 26 despegó para cruzar el Atlántico con el comandante Franco, el capitán Ruiz de Alda, el teniente de navío Durán y el mecánico Rada: cubrió 10.270 kilómetros en 59 horas y media, amerizando en Buenos Aires, donde Gardel dedicó a la hazaña el tango “Madre Patria de mi amor”.
    

El porte de Cuelgamuros, en cambio, sería, con la teoría de Lyotard en la mano, pura posmodernidad: un “pequeño relato”, no por eso menos temerario, pues en el 89 un UH-ID fue derribado de un cantazo en la sierra Norte por un parado que recogía menta poleo en el campo y que huyó en un “Fiesta” rojo.


    –Le pondré “invicto”, porque como se pasó la vida peleando medio ejército con el otro medio, nunca ha sido vencido del todo –contestó Foxá a Millán Astray, que le pedía, para una arenga, un buen adjetivo para “ejército”.

[Jueves, 6 de Enero]  

Jueves, 13 de Enero

 

Valle de Esteban


Echar (se) la tarde

miércoles, 12 de enero de 2022

Efemérides


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


      Reconozco que me pilla en fuera de juego un cumpleaños, nada menos que cien, del Burgos C.F. en estos días de enero que la familia directa de servidor escogió fechas para morir.


    Pese a lo decaído del ánimo me atrevo a precisar -no se me tome en cuenta, pues lo que teníamos por cierto es hoy quimera- con los papeles que tengo que no es necesario presumir de rancio abolengo para ejercer con la nobleza que el rotundo nombre de Burgos luce. En La historia del fútbol en Burgos de Eduardo Munguía, el autor escarba hasta el 16 de agosto de 1902 donde por primera vez en un periódico burgalés, El Castellano, aparece una crónica con el título FOOT-BOLL, tal cual, donde el autor con el seudónimo Mínimo avisa: "No sé si se escribe con estas letras la palabra que sirve de epígrafe a las presentes líneas, pero escríbase como se escriba, lo cierto es que da nombre a un novísimo sport inglés, que unos cuantos jóvenes de buen humor han naturalizado en Burgos hace poco tiempo..." En la misma obra se habla de un reto en la prensa local del 27 de marzo de 1912 lanzado por el Burgos Foot-Ball Club a la Congregación Mariana, al parecer los dos equipos pioneros en la ciudad, es decir que ya había un Burgos futbolero en 1912. Continuando con mis papeles es en el Bar Arriaga del Espolón, el 11 de enero del 23 y no del 22, cuando se constituye la primera junta directiva de un Burgos que se toma como tatarabuelo del presente y que vestía como el Milán, camiseta roja y negra a franjas verticles y pantalón negro también. En septiembre de ese mismo año se fusionan el Burgos y otros dos equipos de la capital, el Castilla y el Laserna. En marzo del 25 se cambió el uniforme y pasó a vestir como el Real Madrid, todo de blanco y tras varias vicisitudes nos plantamos en mayo del 36, dos años antes de la Guerra Civil, donde desaparece el Burgos F.C. y sobre sus ruinas nace la Gimnástica Burgalesa.
    

Hasta el año 43 no se estrena el fútbol burgalés en competición nacional y es por eso que unos cuantos aficionados, entre los que me encuentro, por lo que consideramos a la Gimnástica Burgalesa el antecedente del Burgos C.F. Parece ser que el nombre de Gimnástica se asociaba con una fonda de dudosa reputación que movía a cachondeo a los rivales por lo que en el año 48 se decidió cambiar de nombre y bautizar al club como se le conoce: Burgos Club de Fútbol. Está documentado que harto de los viajes a las Asturias y Cantabria el Burgos se inscribió en la Federación guipuzcoana en 1950.
     

Tras muchos años en tercera, y las glorias de segunda y primera, el Burgos desapareció en el 83 y se refundó con el nombre de Real Burgos que también llegó a Primera. Volvió a desaparecer en el 93. Quintano Vadillo lo refunda otra vez como Burgos CF y se asciende a 2ª. Al no constituirse en SA, inexplicablemente, sufre un descenso administrativo en 2002 y penuria tras penuria hasta hoy, que se lucha para mantener la categoría sin dineros, como siempre, pero con mucho pundonor.
     

Está dispuesto en Burgos y al parecer nadie lo discute que el 11 de enero de 2022 es la fecha de fundación, pero si se quería presumir de antigüedad ¿por qué no aquél 16 de agosto de 1902 donde el tal Mínimo ruega a "los que no conozcan el sport aludido se pasen de seis a ocho por el Parral y allí verán en todo su apogeo las energías juveniles que se desarrollan al calor de una distracción tan higiénica como agradable y tan agradable como inocente..."?
    

Personalmente me quedo con el 3 de mayo de 1936, día que se institucionalizó la Gimnástica Burgalesa.

 

 

El honor municipal


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En Madrid el alcalde subasta los honores municipales como los curas las bulas papales, lo cual no hace de Almeida un Maquiavelo, como él quiere vendernos.
    

En tiempos de Maquiavelo lo que justificaba a los medios, según mi ensayista, no era el fin perseguido, sino el resultado feliz del método criminal empleado. El método empleado por Almeida con el comunista Don Luis Cueto Álvarez de Sotomayor, Gran Manitú de Pregoneros, Almotacenes, Alarifes y Porteros en la Oligarquía Concejil Madrileña, es el rancio pastel del 78.
    

No, es para los pajaritos –contestó su mamá al joven Santayana, que deseaba unas sobras de pastel.
    

La madre abrió la ventana y esparció las migas a los gorriones, que nunca le importaron nada. Jamás se había preocupado de asuntos municipales y no sabía de las quejas vecinales de la plaga de gorriones que expulsaban del barrio a otros pájaros más interesantes. Pero en su silencio sintió que había dado a su hijo una lección de justicia y de amor universal: negar la tarta a un hijo para dársela a los gorriones.


    –Era liberal en política –añade el filósofo.
    

Como Almeida con Don Luis Cueto Álvarez de Sotomayor: “Tú me apruebas el Presupuesto y yo hago Hija Predilecta de Madrid a tu amiga”, la del elogio a la manada de milicianos sudorosos (“¡mmm!”) violando a una monja sobre la confusión de un aviso espiritual de San Juan de la Cruz al alma con un consejo de la madre Maravillas a la mujer. Letras gordas e ideología hacen el resto.
    

Como buen liberalio, la componenda ha dejado con el antifonario al aire a Almeida, “mezquino” incluso para el viudo, el Poeta de la Experiencia a quien José Hierro llamaba “Señor de Almudénez”, pregonero del Corpus en Granada y autor de lo que el glorioso crítico García Posada ponderó como mejor verso de la literatura castellana, inspirado, precisamente, en la nueva “Hija Predilecta de Madrid”, con quien casó en Nuestra Señora Flor del Carmelo, obra de Miguel Fisac: “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi”.


    Eso es el Régimen.

[Miércoles, 5 de Enero] 

Miércoles, 12 de Enero

 

Valle de Esteban

La gallina negra

martes, 11 de enero de 2022

El honor nacional

Jaime I

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Los clásicos tenían por distintivo de la monarquía el honor nacional, y por distintivo de la república, el honor ciudadano, que los finolis llamaban virtud.


    El honor de España fue concebido y acuñado por un catalán (“retengamos este hecho”, dice Sánchez-Albornoz), Jaime I, en 1271, ante Gregorio X en el Concilio de Lyon, cuando se ofreció para una nueva cruzada.
    

Barones, ya podemos marcharnos: hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el  honor de España –se despidió.
    

Seis siglos y medio después, ante la guerra del 14, otro catalán, Cambó, proponía la no resistencia en caso de ser invadidos, pero Pablo Iglesias, simplón como un marmolillo, se plantó como lo que era, un marmolillo: “¡Hasta ahí podíamos llegar! En ese punto creeríamos llegado el momento de acudir en defensa del honor nacional.”
    

La República fundó la Orden de la República, “título ramplón y de rebotica”, a juicio de Madariaga, que propuso “Villalar” (“para echarle alas de victoria a aquella triste derrota”) o la “Orden de la granada” (“porque yo veía en la toma de Granada y el simultáneo descubrimiento un doble acontecimiento simbolizado por una granada lanzando sus granos al mundo”). En ambos casos Azaña, que tenía menos pudor que la popa de una cabra, exclamó: “¡Jamás!” En cuanto pilló el sillón, tiró al cesto el “Ciudadano de Honor”, otra creación de Madariaga.


    La ideología de los nihilistas de Dostoyevski era en esencia la negación del honor, y el modo más sencillo de atraer a un ruso era proclamar abiertamente el derecho al deshonor. Con eso la gente se les venía a montones: no quedaría nadie al otro lado.
    

Para el ruso, el honor no es más que una carga superflua. Yo pertenezco a la vieja generación y confieso que estoy a favor del honor, pero sólo por costumbre. Me gustan las viejas formas, pero sólo por pusilanimidad –dice Karmazínov, cuyo modelo para Dostoyevski fue su aborrecido Turguénev.
    

España y Rusia podrían tener en común el alma… y la corrupción.

[Martes, 4 de Enero]

Martes, 11 de Enero

 


Enmarcación

lunes, 10 de enero de 2022

La Liga del matasuegras


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Saltó la sorpresa en Las Gaunas, que ayer fue el Coliseo Alfonso Pérez de Getafe: Hazard, suplente. Y eso, con Vinicius de baja por “la Coviz”, que ahora hemos sabido que se propaga por los matasuegras típicos de la Nochevieja.


    –No hay que soplar trompetitas o matasuegras, porque echamos el virus al aire –fue el consejo de Corell, el Cajal de guardia en La Sexta de Iñaki López, que viene a ser hoy como la tertulia científica de Ortega y Gasset donde un discípulo de Cajal, el sabio Cabrera, presentó a Gecé a los sabios de la peña: “Palacios es el que fotografía los átomos. Moles, el que los pesa. Catalán y yo, los que investigamos su estructura”. (Palacios llevaba encima unas laminitas de papel bromuro que parecían fotos de cierres metálicos o de pasamanerías: “Estos son los átomos”).

 

 
    Esta Liga podría decidirla, pues, un matasuegras, y para evitarlo la Ciencia de La Sexta aconseja no soplar matasuegras (será una impresión, pero en fútbol nunca se contagian los malos), no abrazarse, mantener la distancia y lavarse las manos con gel, precauciones que, desde luego, trastocan el fútbol.


    Mantener la distancia implica la defensa zonal, al quedar científicamente condenada la defensa al hombre, de estilo italiano, si bien Ancelotti es italiano y no gusta de la defensa al hombre.
    

Ese método era perfecto para mi amigo Gentile –cuenta en sus memorias–. El entrenador le decía: “Tú da patadas a todo lo que se mueva. Y también a la pelota. Si le das a la pelota, bien también”. Gentile marcó a Zico, a Maradona, y fue una lapa.
    

Su entrenador con Italia era Bearzot. Un día llamó a Ancelotti para que saltara al campo y le dijo: “Marca al número diez”. Ancelotti saltó al campo en busca del número diez. “Vi al número tres, al número catorce, al número quince, pero no encontraba al número diez.” Pero Bearzot le gritaba desde el banquillo: “¡Marca al número diez!” Mas no lo encontraba. El motivo era que el número diez había sido sustituido sin que Bearzot se diera cuenta, y al final del partido la bronca fue para Ancelotti: “¡Te dije que marcaras al número diez!” El jugador quiso explicarle al entrenador que el número diez no estaba en el campo, pero con Bearzot era imposible discutir.
    

La supresión del abrazo por recomendación de la Ciencia obliga a no celebrar el gol, lo cual generará suspicacias entre los aficionados. Y lavarse las manos tras cada saque de banda con un gel que llevaría en el bolsillo el “linemán” tendría consecuencias imprevistas. El buen pipero recordará que Benito Floro, el entrenador del Queso Mecánico fichado en el 92 por Mendoza por un malentendido (“éste me pide un autógrafo”, se dijo al abrirle la puerta cuando venía a firmar el contrato). Floro era de la teoría de que más de la mitad de los goles tienen su origen en el saque de banda, y que quien dominase el saque de banda dominaría los partidos.
    

Sin Vinicius, el Madrid es un equipo de eso que se llama “romo en ataque”, pongas a Hazard o pongas a Asensio. Para poner a Hazard hay que descuajaringar el dibujo, como pasaba con Zidane. Con Zidane te quedabas sin extremo, pero dejabas toda la banda izquierda para Roberto Carlos. Con Hazard te quedas sin extremo, pero dejas toda la banda derecha para Lucas Vázquez, que es cine cómico, una cámara rápida. Y ataque rápido es otra cosa.


    –No podemos atacar más rápido –ha dicho Guardiola en Inglaterra hablando de su City–. No somos el Liverpool. Ellos son maestros en eso, nosotros no. No sabemos qué tenemos que hacer con eso. Sabemos que tenemos que conducir, conducir, conducir y jugar con el balón.
    

Conducir, conducir y conducir (acarrear, acarrear y acarrear) es lo que hace sin Vinicius el Madrid, que además ha de apencar con los árbitros que le envía el Equipo Médico Habitual, como el de Getafe, que en vez de un pito parecía soplar un matasuegras.
    

En Getafe jugó el Madrid un partido nefasto, en el peor sentido de la palabra: sobre el terreno, Hazard, Marcelo, Mariano, Isco… ¿Eso es serio? Al menos el Getafe jugaba con un joven y pujante Florentino, pues ya sabemos que Flores es un antimadridista cursi (el reverso de Luis Enrique), lo más cursi que se puede ser en este mundo, y querría redondear el escarnio. Flores se ha dejado barba de don Salustiano Olózaga, pero su Getafe es un equipo de mañas que repartió sin necesidad, aunque las tarjetas se las llevaron Rodrygo… y Ancelotti, la persona mejor vestida en el Coliseo. Ganar al Madrid es su mayor hazaña profesional.




 


Julio Palacios, el fotógrafo de los átomos

 

“UN MAL BICHO”


    Casanovas y Segurola son dos moralistas del futboleo español, pero en la pastoral dominical de Casanovas vibra de tal modo el tremendismo hispano que podría suscribirla el cardenal Segura: “Mal acaba lo que mal comienza. Cereza podrida. Mentalidad de niño. Mercenario que juega por dinero. Necesita un siquiatra. Su mala alimentación le provoca lesiones. Un mal bicho del que no se puede esperar nada bueno, incluida su boda secreta en un lugar desconocido. Sólo merece desprecio. Un tipo que no mira a los ojos y que miente más que habla. El club pagó por él lo que no valía y se marchará dejando atrás el fichaje más ruinoso de la historia”. Laus Deo.

[Lunes, 3 de Enero]