Hughes
Pura Golosina Deportiva
He vuelto Mourinho. Después de unos meses de trabajo actoral y de una estudiada mezcla de realismo y prudencia, Mourinho ha vuelto.
A medida que sea necesario, irá volviendo más. Podríamos observar una relación directa entre los problemas deportivos (que nos dijo y sabíamos que iban a llegar) y sus apariciones.
¿Tiene razón Mou o no tiene razón?
La tiene toda.
Pero vayamos al partido.
Lucía bonito (dentro de lo que cabe) el Metropolitano. “Ambiente de fútbol”. Ambiente ponen, el fútbol ya si eso...
Lo primero que llama la atención es que el narrador se calle mientras suena íntegro el himno a capela. Pensé que no iba el sonido, pero era la reverencia periodística.
En el once, “los mismos cabrones de siempre”, que diría JB. Tres años después, el mediocampo lo llevarían Fede y Tchoua, que al menos ya se han ahostiado juntos.
(Discutir sobre los centrocampistas del Madrid, igual que sobre los delanteros del Madrid, no merece la pena. Son coordenadas del florentinismo en su rama deportiva. No se puede tener el florentinismo con lo bueno y sin lo malo. Quizás pudo haber sido posible, pero si no lo ha sido después de 25 años, sólo cabe resignarse ya).
(¿De qué se puede discutir entonces, oh, plumilla? De cómo se maneja lo que tiene, dentro, también, de un marco de realismo. Vini y Mbappé son activos del Madrid y hay que exprimirlos. “Deportarlos” era algo que no hacían ni en el antiguo y soviético Dinamo de Kiev).
Primer balón para Güler, patada, y el de negro (el entrenador) pidiendo tarjeta para él. Ése era el mundo de País de las Maravillas en el que nos adentrábamos...
Bellingham ganaba sus duelos en el medio, no así Güler, como si el partido aun fuera demasiado para él.
El Madrid esperaba en su campo y el poco peligro del Atlético llegaba por su banda derecha. En el gráfico de los pases colchoneros, la figura resultante era como una punta disparada al espacio justo entre Vinicius y Cucurella, espacio amplio al que el Atético se dirigió inteligentemente.
En el gráfico de los pases del Madrid, la figura geométrica apuntaba, como si le saliera un cuerno hacia ese lado, a la zona en la que coincidían Vini, Mbappé y Bellingham. No llegaron a tropezar como en otros tiempos, pero respiraban el mismo aire.
Lo del Atleti era un logro, lo del Madrid un vicio.
Por el otro lado, Güler jugaba como sobre ascuas y Dumfries daba sus toques sucios, bastos, estocásticos. Dumfries hace algunas cosas bien y otras mal, Siempre las mismas, y siempre radicalmente bien y mal.
El Madrid se vio pronto que tenía dificultades constructivas, por decirlo finamente. No eran Demóstenes con la pelota ni Valverde ni Tchouameni y enfrente había un equipo serio.
El argentinismo del Atlético se ha olvidado: el Cuti, Giuliano... ¿se acuerda la gente de la ardiente polémica entre Argentina y España en la final? Apostamos entonces a que no llegaría viva al derbi. ¿se imaginan lo que dirían los soy-madridista-de-toda-la-vida-pero-me-van-a-obligar-a-hacerme-del-Atleti ante el Cuti?
Además está Baena, el angelito...
Una pequeña novedad es que Mbappé se tiraba un poco a la izquierda, como le gusta a Zidane. Eso hacía que Vinicius se metiera en el espacio entre la izquierda y el centro, y era como meterse en el forro de algún bolsillo interior del juego por el que se perdió como un bonometro...
El Madrid se apelotonaba por donde los tres tenores y por la derecha había una tundra o una tunda que le daban a Güler cuando osaba intentar jugar.
En el banquillo miraba el ardor Julián Álvarez, exquisitamente ausente, tan ausente que parecía sentado en el metro.
Tchouameni recuperaba lo que perdía, no así Güler. Fueron interesantes sus recuperaciones ‘altas’, arriba, en presiones puntualísimas que el Madrid lanzó a la defensa local. Es una gran habilidad que el Madrid tendrá que explotar.
Por una de esas le llegó el balón a Vini, que chutó de lejos en lo que quizás fue el único acercamiento (aunque no fue cerca) del Madrid, alrededor del minuto 25.
El mejor en ese rato del partido, lo juro, era Huijsen.
Hubo un rato en la primera parte, a la altura de la media hora, en que el Madrid subió líneas y simeonizó un poco al Atleti. Ahí hubo algo valorable. Vislumbres de algo serio, conjunto y unitario.
Pero esos minutos fugaces pasaron y el Madrid se resintió del esfuerzo. El equipo volvía a trozos: el bloque, antes; Arda y Jude, luego, y delante, Vini y Mbappé. Tres niveles salariales, tres niveles de correr. No se partía pero se elongaba.
El Madrid estaba a punto de hacer crac, de romperse. Vinicius perdía un balón y se quedaba quieto, y esto provocó en Mourinho gestos de una ira ya visible.
Minutos de cierto sufrimiento. Llegaba el Atlético y el Madrid se quedaba sin balón y sin cohesión. Puedes quedarte sin balón y convertirte en una tortuga o un gremlin mojado, pero el Madrid se queda sin balón y se hace largo y blando como un vientre dado de sí después de una larga comida.
A quedarse sin balón y al hacerse demasiado largo le sigue (conocemos la secuencia), no poder salir de su área. Ah... el bloque bajo convertido en una mazmorra de la que no salir.
Aún habría, en esa situación, una cualidad posible: el mourinhismo del Inter, la pasión agónica y masoquista por el bloque bajo, bien conocida en la historia de la 14ª.
En ese instante de déjà vu (déjà vu es una palabra con extremos cambiados), algo pasó. Quizás no fuera mucho, pero sí algo. Mbappé robó una pelota a la altura del medio campo y rabioso se fue con la pelota. Le tuvieron que parar con una falta que recibió amarilla, y el coro cholista rodeó al árbitro como si fuera a dar un canutazo.
Es reconfortante comprobar que año tras año, y son muchos ya, el Atlético sigue fiel al su mezcla de marrullería, salvajismo ocasional y teatralidad.
Pero es fútbol, de cuando se decía que era un “deporte viril”, y en el mediocampo había una batalla. Se oían golpes como espadones, pero eran las tibias chocando. Hubo un lance entre Bellingham y otro jugador del Atlético, del que por supuesto salió tarjetado el madridista, y cuando supimos que el involucrado era el famoso Cuti, no hizo falta ni ver la repetición. Tampoco nos sorprendió que Bellingham pidiera el VAR. Se podía ir uno a la cocina corriendo a por palomitas para disfrutar en la moviola una de terror... efectivamente: un pisotón en la pierna del inglés... cholismo puro, cholismo tradicional, del mismo Cholo, que en alguna tersa pierna rubia dejó alguna vez los tacos impresos.
El árbitro, que llevaba un bigotito que nada tenía que ver con el de Ramos Marcos, regresó del ‘visionado’ y deshizo la tarjeta del inglés para imputársela al llamado Cuti, perdonándole así la vida.
Protestó el banquillo del Madrid, todos, de pie, indignados, salvo un hombre: Mourinho, que sentado observaba la protesta misma, más que lo protestado, el surgimiento quizás de un sentir común.
Güler pegó un chut lejano en el 38 y eso fue el ataque del Madrid en la primera parte. No tuvo su tarde Güler, aunque cada vez que cogía la pelota recibía un poco de chimichurri local. Baena especialmente. “Se desespera”, decía el locutor, cuando a Baena le pitaban la falta. Incómodo él e incómodo el equipo, Güler se fue al centro a intentar mover el pesado barco del Madrid, pero sin conseguir gran cosa.
Después llegó el lance entre Kang-In y Valverde, consistente en que el primero pisó como una colilla el tobillo de Valverde, que al doblarse formó un ángulo de 90 grados. Esto no lo supimos por la televisión, que pasó por el asunto como si nada. Claro está que el tobillo de Valverde demostró una tendencia a la espectacularidad y el dramatismo que un jugador del Madrid, que el tobillo de un jugador del Madrid, no se debería permitir. Yo espero mañana el artículo de Ignacio Camacho: populismo tobillero en Chamartín: la convivencia y buen nombre del fútbol español, y la historia del Madrid, hecha de articulaciones honradas y crujientes, lo último que necesitan son numeritos y fingimientos. A ver, ¿te han roto el pie? ¿puedes andar? Pues lo demás sobra. ¡El señorío empieza en el astrágalo!
Kang In se ganaba así su estrella en el estadio. El Cholo, estaba claro, iba a acabar teniendo coreanos en el equipo...
De la primera parte sacábamos dos conclusiones: el Madrid, que era el de siempre, resistió como pudo cuando iba a romperse, con reacciones muy pobres pero voluntariosas de Vinicius y Mbappé ; la otra era que sólo mediando homicidio podría haber tarjeta roja para los locales, y eso estando el VAR por la labor.
La segunda parte empezó con detalles feos. Hubo trifulca en el descanso, señal de que el arbitraje había sido polémico, algo que un espectador televisivo no comprendería del todo.
El balance defensivo del Madrid ya era en plan talgo: un vagón... otro vagón... el vagón cafetería...
Y hubo una contra, la contra, que llevó Güler y que Mbappé y Vini cegaron en parte al ir corriendo a parecida zona.
Todo eso ya lo habíamos visto, pero “esta vez será diferente”, nos decíamos, aferrados a nuestro respeto por Mou, cuando en el 49, un balón largo sobrevoló la no precisamente acorazada media del Madrid (se han quedado sin chips antiaéreos); buscando la carrera de Giuliano, el hijísimo, que al ganar el sitio a Huijsen, recibió un incomprensible abrazo de impotencia que se quiso deshacer y se deshizo pronto, tarde ya, pues el atacante rodaba por los suelos muriendo una muerte cinematográfica.
Ay, mi Huijsen, maravilloso jugador que pese a su gran mejoría abre una grieta de juventud y blandura en la defensa que tendría que ser capaz de asegurar el cero en la puerta.
¿Empezó fuera el abrazo? No hubo mucho análisis en la retransmisión. No insistieron en ello. Pero la acción era un contraste demasiado grande entre el instinto vivo de Giuliano y el instinto muerto, reflejo incontrolado, de Huijsen, que abrazó al jugador un poco como quien abraza la almohada al dormir. Cuando Huijsen se quiso dar cuenta, estaba ya atrapado en una viñeta en la que el dibujante terminaba el penalti, el portero, el marcador, la expulsión, otra visita aciaga al Metropolitano...
Faltan quizás mejores medios, pero no faltan medios. Lo que sí falta es un defensa bragado más.
Marcó Grimaldo y al minuto siguiente llegaron los cambios. La adaptación a estar con diez ocultará que Mou sentó a Vini en el 53, sin escándalo alguno. Aprovechaba el desastre para dar ese paso.
Se equivocó al ordenarlos y los reajustó. Valverde del medio a la derecha, y en esas llegó el 2-0, por la banda dañada de Cucurella, aunque ya no con Vinicius. Pase de Giuliano y gol de David.
Que Giuliano Simeone te fabrique dos goles yo creo que es para hacer la conjura de invierno ya, en septiembre.
Entró Julián, pitado. Por comparación, no pitaron tanto a Vinicius. Yo creo que hasta los del Atlético ya se están cansando de Vini...
El Madrid estaba grogui. Con Tchouameni solo en la media era imposible salir. Era como darle el primer monólogo de la obra a un mudo. Estaba estrangulado el Madrid, incapaz de salir.
¿Cuál era la solución? Pues Camavinga...
Luego salió, más tarde, Bernardo, que parece juega en otro plano psíquico.
Lo mejor de esos minutos fue Diomandé. Regateó, presionó, recuperó y se plantó ante el portero y fue como si en su exuberancia aun no contara con el recurso de la picadita, que seguramente pronto hará suyo.
El Madrid sacaba potencia. Un equipo mayoritariamente negro. Un equipo de fútbol con jugadores modernos pero con algo antiguo. Es un equipo negrísimo que podría presionar y no presiona porque arriba hay una casta de cracks, una cosa antigua, como del siglo pasado que arrastra Florentino.
Así que era un Madrid paradójico, como siempre, pero Yan Diomandé se ganaba algo más que un aplauso. Su frescura ha de destrozar por dentro a Vinicius, que necesita volver a ser él, pero... ¿cómo va a volver a ser él si se ha cambiado la cara? Confieso que a veces esto me da terror. Me pongo en la piel de Vinicius y sufro.
Ese Madrid tremendo dejó otro rastro de lo que tiene y en el 89 marcó el 2-1 de cabeza por Rudiger. Cuando van todos a rematar parece eso un rebote de los Houston Rockets. Son tremendos. Ahí el Madrid tiene goles esperando...
Y no olvidemos una de las noticias del día: Tchouaméni no es Vitinha, cosa que ya sabíamos, pero cada vez que presiona arriba roba. Y si él, Valverde y Bellingham lo hacen tan bien... ¿por qué no hacerlo más?
Con muy poco, el Madrid metió miedito en el Atleti, y el Cholo se convertía en mascota haciendo gestos a la grada. Al pitar el árbitro con bigotito el final, se fue dando brincos de felicidad al vestuario, mientras su colega de profesión le pedía a alguien que, por favor, imprimiera dos imágenes. Conocíamos de alguien cuyo ayudante viaja con impresora bajo el brazo. Su nombre es Donald Trump. También lo hace Mourinho.
Con ese papel entró en la rueda de prensa y quedó inaugurada la nueva temporada. Donde Alonso cayó (mal caído), Mou da comienzo a algo.











































