lunes, 4 de mayo de 2026

El mosqueo con Mbappé



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En Sevilla (otra Sierra Morena arbitral) colapsó el mosqueo que el madridismo tiene con Mbappé, líder de los piperos: tiró un mano a mano al tercer anfiteatro y luego miró la hora y marchó al vestuario como a cambiarse para ir a la Feria, donde a nombre de “Laissez faire, laissez passer” tendría puesta caseta, lo que a juicio de los incautos no tiene perdón de Dios.


Puerta del Perdón es el nombre de los accesos a catedrales para devotos en busca de indulgencias por penitencias como la del Camino de Santiago, y en el fútbol, en modo secular, la del cutrerío liguero en el Bernabéu, donde, perdidos todos los títulos por el gatillazo de Xabi Alonso, el madridismo de campanario aprovecha ahora los partidos de la basura (a más de veinte puntos de la cabeza, el cuarto clasificado ha eliminado de la Copa y de la Champions al líder) para ajustar cuentas con sus demonios familiares, que son Camavinga y Vinicius.


El francés pidió perdón en redes por su expulsión en Munich. Y el brasileño pidió perdón en el césped sólo por existir, que a eso han reducido su vida la barbarie y la corrupción ibéricas. Vinicius lo hizo después de un gol de bandera al Alavés (¡un quite del perdón!), en el mismo partido que Mbappé hizo un gol de churro y fue elegido por ello MVP. Pero el debate ya venía servido, con todo el antimadridismo en el bando de Mbappé: echar a Vinicius (dos Champions) y hacer un equipo para Mbappé (cero Champions), con Deschamps de entrenador.


Contra el Alavés hubo Martes de Carnaval y la mugre pipera, nieta de la misma mugre pipera que pitaba a Juan Gómez Juanito, pitó a Vinicius cada vez que tocaba el balón y ovacionó a Mbappé cada vez que fallaba un gol, empujando al espectador neutral a hacerse culé por vergüenza ajena. Al final del partido, hubo silbatina general al equipo, y mientras Mbappé, “Hombre del Partido”, corría a esconderse en el vestuario, Vinicius ¡y Camavinga! se quedaron en el césped a cumplimentar al público, que tampoco merece otra ilusión que la de Mbappé compitiendo por el Pichichi con Muriqi mientras las maras mediáticas aprovechan la frustración ambiental para echarle pulgas a Arbeloa: por qué no juega el pobre Pitarch cuando vuelven Mbappé y Bellingham y por qué no juega el viejo Carvajal, que tiene que ir al Mundial.


Lo de Pitarch es broma, pero lo de Carvajal, ése con el que el joven Víctor Muñoz se ganó en Pamplona su regreso al Madrid, no. Ahí está esa solanera de comadres donde reluce el tinte de Cañete, “héroe” del Real Madrid-Odense del 94, comadreando que Arbeloa no pone a Carvajal porque es el futbolista que lo retiró: “A mí me da que el rencor caduca más tarde que el yogur”, es la frasecilla manchega muy Paulo Coelho que deja caer Cañete, haciendo buena la impresión que Pérez de Ayala tenía de esta clase de españolejos: “Sí, aquí somos como comadres que vivimos de la vida ajena a falta de la propia. Murmurando de todo. Ensayando el palillo de dientes en el nombre del amigo. Dando mordisquitos de ratón en…” Cañete con un mondadientes repasando la actualidad, que es la recena. Como diría Cela: un país encabronado por la envidia. Por eso es una bendición para el Real Madrid no tener jugadores españoles: primero por ser club universal, y luego por evitar los comadreos que alimentan al Combinado Autonómico y que tanto incomodaron cuando el mourinhismo. ¿Que qué fue el mourinhismo? Para los más jóvenes, y en palabras de sir Alex Ferguson: “Durante el tiempo de Mourinho en Madrid, seguía cada semana lo que estaba ocurriendo en España. El cautivador choque entre Mourinho y el Barcelona fue, para mí, como una serie emocionante, y esperaba ansioso cada nuevo episodio semanal. El Barcelona estaba en la cima del mundo, ¿y quién se atrevía a desafiarlo, sacrificando su propia reputación en el proceso? Sólo Mourinho. Fue como ir a la batalla con una espada pequeña para enfrentar a un ejército entero en plena fuerza”.


Con el gol, el viernes, del bello y setentero Bellerín, que es vegano (palabra india que significa “mal cazador”), todos supimos que esto ya sólo lo arregla Mourinho.

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[Domingo, 26 de Abril] 

Hughes. Espanyol, 0-Real Madrid, 2. Pericas miradas perdidas



@realmadrid

Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

De Arbeloa ya se puede decir que ha aportado algo nuevo. Lleva una prenda singular, una chaqueta inusual que parece una actualización deportiva de la castellana chaqueta teba.


Estos partidos sin interés deportivo del Madrid son, al final, una reunión de muy cafeteros. Se siente que nos hemos ido quedando solos con el equipo y que ante el televisor ya estamos los incondicionales. O los que no tienen otra cosa.


La alineación era alineación sin Mbappé, entonces sabíamos que sería funcional. Siendo x, y o z Mbappe, Vinicius o Bellingham, las alineaciones han sido:


a) si estaban las tres: disfuncional


b) si faltaba uno de ellos: funcional


c) si faltaban dos: muy funcional


d) si no había x, y o x: disfuncional otra vez.


Esta vez, Valverde hacía de falso 9, con lo que ya le hemos visto jugar de 2, de 5 y de 9, cuando su sitio está muy claro.


Igual que nosotros imitamos el gesto de un actor, el Español salió muy voluntarioso a intentar una presión alta que generó problemas en el Madrid, que sólo tenía la débil conexión Huijsen-Brahim. Luego fue imponiéndose el buen partido de Tchouameni, sus cortes y hegemonía, y por delante, las acciones y evoluciones no siempre trompicadas de Bellingham.


Por él llegó una ocasión que Vini mandó al palo.


Vinicius, que acabaría siendo la estrella del partido, estaba en esos momentos en otra cosa. Sus partidos son transformaciones, crisálidas, y en esos primeros minutos estaba discutiendo con el lateral del Espanyol los términos de la marca.


En el 22 le sacaron amarilla y luego, inmediatamente, a su lateral, El Hilali, una roja. Si viéramos el partido con los colores y escudos ocultos, hubiéramos ya adivinado que el arbitraje era español. Había algo inconfundible en ese arrebato tarjetero. Era como una dehesa, como el olor a ajillo que molestaba a la mujer de Beckham, como una guitarra flamenca... Era Gil Manzano, the one and only, al que el VAR tuvo que corregir la roja. No quedó la cosa ahí y luego fue el juez de línea el que le impugnó otra decisión.


En esos primeros minutos de formación del partido, se lesionó Mendy. Fue solo, corriendo. Una lesión rociojurado: sintió un crujido frío y seco y fue al suelo. Sus fibras son tan explosivas que ellas solas hacen crac. Se marchó sin tristeza, sin resignación, con una leve sonrisa incluso, la de quien recibe una visita esperada. Sentimos el privilegio de lo excepcional. ¿No somatiza Mendy, el portentoso Mendy, el sindiós del tardoflorentinismo?


Por él no entró Carreras, sino Fran García, que nos cae mejor. Nos ha ido ganando poco a poco, lo que dice mucho de todos.


El Madrid atacó espesamente y se iba sustanciando en saques de esquina de Trent no aprovechados.


Aun tenía vida el Espanyol y el realizador mostraba a un seguidor agitando optimista las lorzas. Cuando nos compramos una camiseta de un equipo, pensamos en los futbolistas pero acabamos pareciéndonos a la mascota.


Jugaba Thiago, bien en el robo, algo torpe en la entrega, y Brahim, con sus movimientos de foquita que no pegan mucho en el centro del campo.


Para que el Madrid empezara a andar fue necesario que Arbeloa ajustara la posición de Valverde y Bellingham: más a la derecha el primero, más arriba el otro, y sobre todo, que hubiera cambios y entraran Gonzalo y Mastantuono, más por el primero.


Quedó un equipo apañado: Tchouameni en el centro, Bellingham y Valverde de interiores, y Gonzalo haciendo de nueve de verdad, lo que dio esta vez sentido al ataque.


Lo dibujado se hizo realidad muy pronto: Valverde acarreó con potencia la pelota hasta Vini, que se fue al área, se apoyó en Gonzalo, y eliminó a tres rivales en un mismo amago antes de chutar con tino para el 0-1.


Vini estaba desatado y al poco llegó el 0-2. La dejada esta vez fue de Bellingham, un taconazo, y la obra de arte su golpeo: un exterior seco y alto, porque no fue trivela. No pareció venir de los tres dedos.


Bellingham jugó bien ahí y Gonzalo, sin hacer él mismo nada del otro jueves, dio seriedad, cuerpo, norte, tensión y propósito al juego. El 9 estructura y mejora a los demás igual que Thiago mejoró a los compañeros. Los cracks no necesitan más cracks, sino jugadores de rol, que desempeñan papeles eternos. ¡Alguien tiene que ser satélite!


El amor de los españolistas por su equipo se veía en las imágenes de señores en edad mordiéndose las uñas.


No consiguieron nada. Hubo más cambios. Mastantuono y Camavinga parecían dos jugadores en una unidad postraumática intentando reaprender el contacto con la pelota.


Su trauma fue siendo engullido por el trauma mayor del Español y en los últimos minutos ya sólo vimos imágenes de aficionados pericos con la misma mirada. Pericas miradas perdidas. 

Feria de la Comunidad. Novillos con movilidad, novilleros poco avezados. Pepe Campos





PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Domingo, 3 de mayo de 2026. Cuarta novillada de la temporada. Tercer festejo y último de la Feria de la Comunidad. Novillos con movilidad de Couto de Fornilhos (procedencia Atanasio Fernández). Bien presentados. Nobles. Mansos. Todos se dolieron en banderillas. Dieron juego. El primero encastado. El segundo y tercero con el cabeceo característico de este encaste. El cuarto, flojo y más parado al acusar la primera vara. El quinto flojo y soso. El sexto con trapío, algo flojo, con embestida para el triunfo. Un cuarto de entrada. Tarde primaveral fresca.


Seis novillos de Couto de Fornilhos 


Suerte de varas: volvemos a poner un ejemplo sobre la situación de la suerte, la llevada a cabo al encastado primero por el picador Iván García Marugán. Las dos varas caen detrás de la cruz, la primera caída, el novillo no estaba puesto en suerte. En la primera vara el novillo pelea y empuja, se le pica con metisaca y se repucha; en la segunda se le barrena, el astado pelea sin fijeza, se le tapa la salida, en tablas se sale de la suerte pero vuelve para derribar, puede que por la impericia del piquero.


Terna: Mario Arruza, de Mota del Cuervo (Cuenca); de azul noche y oro, con cabos blancos; de veinte años; veintitrés paseíllos en 2025; silencio tras aviso y silencio. Cristian González, de Guijuelo (Salamanca); de azul noche y oro, con cabos blancos; veintidós años; veinticuatro festejos en 2025; vuelta al ruedo por su cuenta tras un aviso y saludos. Juan Alberto Torrijos, de Linares (Jaén); de rosa y oro, con cabos blancos; veintiún años; nueve paseíllos en 2025; vuelta al ruedo por su cuenta y silencio. Mario Arruza y Cristian González debutaban en Las Ventas.


Ayer hubo novillos que se movieron y que pudieron permitir el triunfo de los novilleros (dos de ellos noveles en la plaza de Madrid). Pero los novilleros no supieron encauzar las embestidas de sus oponentes. En la actualidad existen muchos novilleros (algo que es bueno), algunos muy toreados, si bien no están lo suficiente preparados para dar el salto al escalafón superior. No se sabe cuál es el origen de tamaño problema, si la poca decisión de la juventud que hoy habita el mundo europeo (aunque debemos destacar que en los tendidos había muchos jóvenes, que asisten, repiten y se van aficionando) o bien la labor de las escuelas taurinas, porque los tres novilleros (según el programa han estado ligados a alguna escuela de tauromaquia). ¿Qué les dirán allí? Todo se convierte en un misterio que no se desentraña viendo lo que hacen los aspirantes a matadores de toros en sus compromisos mayores (y Las Ventas, es un compromiso superior que no hay que dejar pasar en vano). Hoy ya no hay capeas (o prácticamente han desparecido) porque la sociedad se asusta ante cualquier atisbo de aspereza, de rudeza, en la vida de los pueblos y de las gentes. Por esa razón sólo quedan —para aprender el oficio— las escuelas de tauromaquia, que obtienen resultados muy desiguales. Es un debate interesante, el hecho de la valía de los futuros matadores de toros, si los que regentan las diferentes escuelas mostraran (explicaran) a los aficionados la realidad, los problemas y las posibles soluciones. Ahí dejamos el estado de la cuestión en este singular mundo educativo de la fiesta de toros hoy.


Los tres novilleros de ayer, poco dijeron. Y hay que señalarlo, no esconderlo. Mario Arruza, ya talludito, en su primer novillo nada mostró con el capote. Con la muleta, inicio su labor con un tímido tanteo. Después, se le fue un novillo que se movía y que se prestaba a la fiesta; ahora bien, necesitaba de un dominio real con la franela, con su manejo, que no llegó. Toreó del tendido nueve al siete. Algún pase suelto le salió decente; pero al no ahormar en ninguna ocasión el novillo se le fue, y con ello una estupenda oportunidad para enseñar su mundo. Mató en la suerte contraria de estocada caída, desprendida, tendida y perdiendo la muleta. En el cuarto novillo de la tarde, más parado (acusó la primera vara) pero más noble, dio verónicas sin celo, y en la muleta, en los medios del tendido ocho, se entretuvo en una labor anodina, despegada e insulsa. Mató en la suerte contraria, de un pinchazo y de una estocada tendida.


Cristian González, al segundo novillo le recibió con verónicas y ya se veía que el animal metía la cara. El picador no lo masacró (José Ney Zambrano). La faena de muleta comenzó con pases de tanteo, estuvo despegado, sin domeñar las embestidas ni en redondo, ni al natural. Terminó con bernadinas por un solo pitón, el izquierdo. Lo mató en la suerte natural de estocada desprendida y atravesada. En el quinto, volvió a la tesitura de torear muy despegado, con enganchones, sacó algún pase pero sin llegar a ningún puerto. Mató de estocada en la suerte contraria, introducida con habilidad, pelín caída.


Juan Alberto Torrijos, no era nuevo. Comenzó con verónicas a pies juntos sin llevar toreado al astado, sino acompañando la embestida. Con la muleta, en el tendido siete, se mostró rápido, excesivamente despegado (característica de este novillero si recordamos su actuación del curso pasado); superficial, con falta de dominio. Los ayudados finales salieron muy enganchados. Mató en la suerte natural de estocada. En el último novillo de embestida noble y dulce, Torrijos renovó las prisas, el uso del pico y las cercanías para ahogar al animal. Mató de pinchazo en la suerte contraria, y con el novillo mirando a tablas le dio una estocada resolutiva.


 

Lunes, 4 de Mayo

 



Muro de Biodiversidad (?)



domingo, 3 de mayo de 2026

Goyesca del 2 de Mayo. Uceda, Cid y Cortés con "pilaricos" de los de nada que ver conn Goya. Márquez & Moore


 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Es harto conocido el hecho de que los disfraces de soldado romano que se usaron para la película «La caída del imperio romano» (Anthony Mann, 1964), producida por Samuel Bronston y rodada íntegramente en España, han seguido siendo utilizados a lo largo del tiempo en las más variopintas producciones, peplum y películas fantásticas, llegando su uso conocido hasta la conocida «Gladiator» (Ridley Scott, 2000) y aún más allá. Nos imaginamos, entonces, que los disfraces que se vienen utilizando en las llamadas corridas goyescas son las sobras del enorme guardarropía del filme «Sangre de mayo» (José Luis Garci, 2008) y que los atuendos que hoy lleva un mulillero los pudo haber portado en la ficción Manuel Galiana o Fernando Guillén. En estas «corridas de disfraces» la peor parte siempre les toca a los areneros que o bien parecen escapados del Gran Circo Mundial, caso de la Corrida Picassiana de Málaga, o bien huidos de un Belén viviente de los muchos que se dan por ahí, como pasa en la goyesca; les quitas el rastrillo y les pones en sus manos una gallina o un jarro de barro o un haz de leña y ya tienes caracterizados sin solución de continuidad a los que se acercan al portal a adorar a Nuestro Señor. En esto de la goyesca falla siempre la arenera, que va vestida de figurita masculina, cuando luciría más apropiadamente con su corpiño, su basquiña, su delantal y la redecilla. Se ve que no han caído en esto. Por lo demás, repetiremos lo de siempre: que sin media luna, perros de presa y caballos sin peto estamos a años luz de lo que vio Goya en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá.


Bueno, pues un nuevo 2 de mayo y una nueva corrida de disfraces más para celebrar la insurrección del pueblo de Madrid, esta vez con los toros de El Pilar, primera visita en la temporada madrileña de toros relacionados con el apellido «Fraile». Posiblemente lo de elegir el ganado de El Pilar para hoy sea un guiño a la heroica defensa de los zaragozanos contra el francés, porque otros grandes méritos no avalan en los últimos años en Las Ventas a la vacada de doña Pilar, si descontamos la durísima corrida del año 19 y la más «manejable» del año 22, en la que Javier Cortés pasó su particular quinario. Para despachar a los seis pilaristas trajeron a Uceda Leal, El Cid y Javier Cortés, con lo que se creó un muy atractivo cartel para el aficionado madrileño, que con este cartel en La Maestranza ya sabemos que no van ni los acomodadores, para que se vea el abismo que se abre entre las distintas aficiones.


Antes de seguir hablaremos brevemente del peonaje, que siempre se queda en el tintero. Por la parte de los picadores, como aún tenemos en nuestras retinas grabado el respetuoso enaltecimiento del tercio de varas contemplado hace tan sólo una semana en San Agustín del Guadalix, podemos despachar a los picacarne con nuestro más oprobioso desprecio, por el uso constante de ventajas, trapacerías y triquiñuelas sin tasa orientadas a destruir la suerte de varas, ejecutada esta de una manera harto repugnante. Tan solo Mario Benítez, de la cuadrilla de El Cid, justificó con decencia su condición de picador de toros. En cuanto a los de a pie tuvimos la apuesta segura en el buen hacer de Iván García, aunque hoy puso pares y nones, la torería con los palos de Rafael González y la sorpresa de Pablo Gallego, que recibió una cerrada ovación por sus recios pares al sexto de la tarde.
En cuanto a los toreros hoy se nos brindó la fortuna de poder ver tres personalidades distintas, tres toreros con su propia personalidad. Y esto hay que remarcarlo porque lo que habitualmente contemplamos es una cascada de señores que se parecen los unos a los otros, que son casi indiscernibles el que se llama Ramírez del que se llama González o del que se llama Peláez o del buenazo de López. Estos de hoy no. Estos de hoy marcan su sello y se les reconoce por sus modos y por sus formas, por cómo andan a los toros y por cómo se mueven. Luego las cosas salen frente al toro como hayan de salir, pero cuando Uceda, o Cid o Cortés están en el ruedo están «a su manera», que es una manera suya propia e inconfundible de la de los demás. Esto es algo que se viene echando mucho de menos.


Uceda nos dejó algunos retazos de si mismo, especialmente una media verónica en su primero y una estocada marca de la casa en ese mismo toro. Su carrera está hecha, tras casi treinta años de alternativa, y es buena ocasión para estos jóvenes que ahora se acercan a la tauromaquia que se fijen en él, porque cuando peinen canas, si perseveran en su afición, le recordarán con agrado. En su segundo, un colorado que les metió el miedo en el cuerpo a los peones desde el principio, dejó el recuerdo de unos doblones en el inicio, más precauciones de las deseables en el nudo y un inusual desbarajuste con el acero en el desenlace.


Manuel Jesús, El Cid, veintiséis años de su alternativa en esta misma plaza, vio desde el inicio las condiciones de su primer toro, Sospechillo, número 24. Le toreó divinamente con el capote y le llevó galleando al caballo donde estaba apostado el hermano de Espartaco. El pitón del toro era el izquierdo y ahí se enfrascó El Cid en el toreo al natural, tirando de su innegable oficio y sin acabar de dar el paso hacia adelante que hace el toreo grande. Las pocas veces que pisó el terreno adecuado la plaza rugió, pero su decidida falta de colocación le llevó por derroteros que se sostenían, como se dijo antes, en el oficio, no en la emoción. El resultado fue una faena excesivamente larga, con algunos momentos intensos, en la que el toro se aburre o se cansa o las dos cosas. Luego vino la ya proverbial falta de tino de M.J con el acero y el reconocimiento de Madrid a este torero que tantos momentos buenos ha dado a esta plaza. En su segundo brindó al público con esa especie de sombrero goyesco de dos picos y por un momento pareció que la cosa podía ser, cuando el toro se le vino con fuerza y le recogió impecablemente en un poderoso derechazo… pero al siguiente el animal le enganchó la muleta y desde ahí el signo de la faena, basada esta vez en la derecha, no logró tomar vuelo. Le clavó el estoque al bicho y luego acabó descabellando.


Javier Cortés torea muy poco para lo buen torero que es. Ves por ahí a gente que nada tienen que decir y que se hinchan a torear y este ilustre getafeño no consigue abrirse un sitio en las ferias. Dejó su sello por chicuelinas en un quite al segundo, dos chicuelinas de las de verdad, no culerinas de las de todo a cien, de las que se dan de frente y trayendo al toro hacia sí, rematadas con una media verónica. En su primero, nada reseñable, pero en su segundo, Niñito, número 23, ha dado una gran medida de sus capacidades, mostrando a las claras lo que nos estamos perdiendo por no ver anunciado más a menudo a este hombre que ya suma dieciséis años de alternativa. Desde el inicio, saliéndose torera y suavemente hacia el tercio, le plantó cara al de El Pilar en una faena por ambas manos, bien medida de tiempo, con tandas cortas y ligadas en la que las series por la derecha y los pases de pecho fueron sensacionales, imprimiendo una inverosímil velocidad a la embestida del toro, completamente mandado por la muleta de Cortés, siempre colocado en el sitio en el que se torea, y sin darse importancia, todo naturalidad. Faena a más que termina con fortísima ovación y que se queda en eso por el deplorable uso del acero, como tantas veces pasa. Con permiso de los cortesistas, creo que hoy ha firmado su mejor actuación en Las Ventas.

 

 

ANDREW MOORE

 


 
FIN

Michelito


Michelito Lagravere


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Michelito es un torerillo mejicano de once años que lleva a los comisarios de la corrección política a preguntarse: “¿Puede este niño matar a un toro?” Y claro que puede. ¿No pueden los jueces matar al cervatillo del “Cantar de los Cantares”? “Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo / sobre los montes de Beter.” Michelito, que admira a su papá y a Morante, es un niño prodigio, que es una de los modos de entrar en el toreo. Así lo hizo El Juli, y ahí sigue, de Joselito del canteo, en plan Ruiseñor de las Cumbres. Otra forma de entrar en el toreo es la de El Trianero, cirial de San Gonzalo, que en un parón de la procesión abordó al hermano César Cadaval, autor de “Azahar de San Gonzalo”, para hacerle la confidencia definitiva: “Don César, que mi sueño es torear en La Maestranza.” Que es el sueño de Cayetano, sólo que Cayetano, al contrario que Michelito, llegó al toreo tarde, y tiene prisa, lo que no es poco trabajo. “¡Se figuran vuesas mercedes que es poco trabajo hinchar un perro!”, decía el loco del cuento cervantino. Cayetano vino a Madrid en Beneficencia, espectáculo que solía reservarse a los triunfadores de San Isidro. Para que se hiciera a las distancias del ruedo, le prestaron durante dos tardes la plaza a puerta cerrada. Este año repetirá en Beneficencia, mas con la espina, otra vez, de Sevilla la mágica. ¿Mágica? Miguel Ángel Aguilar, el que protegía a ZP de la curruca periodística en la Asociación de Periodistas Europeos, cree haber visto a José Tomás salir el año pasado por la Puerta del Príncipe con tres orejas, y eso, desde luego, es magia. Parece natural, pues, que Cayetano sueñe con la Maestranza, cuyo empresario, Canorea, lee libros, pero no sólo de cuentas, y no será por manías por lo que deje fuera de Sevilla a un torero tan literario como Cayetano. “¿Para qué va usted a España?”, preguntó Heine a Gautier cuando éste se disponía a hacer su famoso viaje “tras los montes”. “Para verla, y no solamente para oírla”, contestó Gautier. “Hará usted un viaje incómodo e inútil –insistió Heine–, porque no la encontrará; no existe; la hemos inventado nosotros.” Luego está la España real, que es la de los victorinos. 

Recordando la «francesada»

 
El padre de Manuela Malasaña anavajando a un coracero francés
Cuadro de Eugenio Álvarez Dumont


Jean Juan Palette Cazajus 


En honor de estas efemérides, os propongo un breve extracto del capítulo XII de mi ensayo (pendiente de edición) titulado: «Españoles y Franceses. La historia, la nación, el “carácter”».

***


    De su larga estancia en España, también nos habló dilatadamente el futuro Barón-General Marcelin de Marbot (1782-1854), en sus apasionantes Memorias. Era entonces capitán de húsares en el Estado Mayor del mariscal Masséna, uno de los más brillantes representantes de aquella selecta cohorte de jefes militares que llegaron aureolados de gloria, pero fueron dejando poco a poco, en la trampa española, los jirones de su prestigio. Cuando no se dejaron arrastrar por la codicia y la desidia moral. Masséna, pronto consciente del callejón sin salida de la aventura ibérica y preocupado por el inexorable desgaste de sus efectivos, dirigió a regañadientes la Campaña de Portugal y la pasó acompañado hasta el final por su concubina, disfrazada de oficial. El caso es que Marbot, por su parte, demostró siempre una sorprendente lucidez, primero al desconfiar de las capacidades militares del ejército inicialmente enviado a Madrid e integrado por una mayoría de bisoños:


   
– Comparando los anchos pechos y robustos miembros de los españoles que nos rodeaban con los de nuestros débiles y raquíticos infantes, mi amor propio nacional fue humillado, y sin  prever los problemas que causaría la mala impresión que los españoles iban a concebir de nuestras tropas, lamenté vivamente que el emperador no hubiera enviado a la península alguno de sus viejos cuerpos de Alemania.

Más tarde, al comentar las jornadas del 2 y 3 de mayo de 1808, en cuya sangrienta represión no tuvo más remedio que participar, tampoco renunció a su habitual lucidez:

 
Como militar, tuve que repeler aquellos hombres que atacaban al ejército francés; pero no pude dejar de reconocer, en mi fuero interno, que nuestra causa era mala y que los españoles tenían razón al intentar rechazar a unos extranjeros que, tras llegar a España como amigos, querían destronar a su soberano y apoderarse del reino mediante la fuerza. Esta guerra me parecía pues impía, pero yo era soldado y no me podía negar a marchar sin ser tachado de cobardía […]. La mayor parte del ejército pensaba como yo pero tampoco podía negarse a obedecer.

Joachim Murat, el centauro emérito, que siempre se mostró más diestro con el sable de caballería que con el uso ponderado de las neuronas, había encabezado y ordenado la represión posterior al levantamiento popular. Tras los fusilamientos, no se le ocurrió otra cosa que declarar atolondradamente que aquellos días Dos y Tres de Mayo iban a señalar la sumisión definitiva de España al Emperador. A lo que el cubano Gonzalo O’Farrill, entonces ministro josefino de la Guerra, más por temor al vacío de poder que por verdadera adhesión napoleónica, le contestó que lo más probable era que aquellos acontecimientos presagiaran, al revés, su pérdida definitiva. Algo de lo que también parecía convencido otro oficial francés, Pierre Guingret, comandante en el 69 Regimiento de Infantería Ligera, que lo consignaba en sus memorias:

 
la ayuda extranjera aceleró la liberación de España, pero no podemos dudar de que, vista la manera con que los españoles se empeñaron en permanecer libres incluso bajo el yugo de nuestra esclavitud, ellos solos, a la larga, hubiesen terminado expulsándonos de su península

El joven vizconde de Naylies, aristócrata venido a menos y simple sargento en el 19 Regimiento de Dragones escribía por su parte: «Yo consideraba a los españoles como las heroicas víctimas de su patriotismo y de su entrega a la noble causa de su independencia. Los admiraba». En cuanto a Jean de Rocca, era un joven oficial de húsares que terminaría siendo el segundo marido de la gran escritora Madame de Staël, de la que hemos tenido, y volveremos a tener, varias ocasiones de hablar. Al llegar a España se mostró sorprendido por «el aire severo y reservado de los habitantes de todas las clases sociales», al mismo tiempo que apreciaba «en las miradas y la compostura de los castellanos, aquella gravedad  y dignidad que siempre los caracterizó». Pero también advertía, a propósito de muchos mariscales y generales, que «querían a todo trance abandonar una guerra irregular e impopular en el propio seno del ejército». Es difícil calibrar el impacto y la persistencia, en la memoria histórica, de aquella terrible realidad, la de unos años que vieron desmandarse en ambos bandos los peores instintos de la especie humana. Sin necesidad de que nos acordemos de Goya, la mayoría de los testimonios dejados por oficiales y soldados franceses que combatieron en España dan cumplida noticia de la terrible manera con que la plebe española se encarnizó con los soldados franceses caídos en sus manos, y de las no menos terribles represalias de éstos. Antoine-Laurent Fée, de cuyas memorias hablaremos más largo y tendido en páginas ulteriores, comentaba que:

 
    –
Crucifixiones, descuartizamientos, suspensión por todas las partes     del cuerpo, estrangulaciones lentas y graduadas, nada le faltó a     aquellas atrocidades. El fuego, el aceite hirviendo, la sierra, el hacha,     la soga, el puñal, el gancho, todo se empleó que propiciara una     muerte lenta

A continuación, se sentía obligado a especificar que «los franceses, en sus represalias, […] mataban pero no torturaban». Lo cual, desgraciadamente, no parece que se correspondiera con la realidad. Por su parte, el ya citado comandante Pierre Guingret no negaba las atrocidades francesas, pero les encontraba una explicación:


     –
Las mujeres, las muchachas halladas en descampado, se veían     obligadas a     saciar las pasiones más desenfrenadas para evitar la     muerte. Algunas incluso     eran degolladas por aquellos tigres […].     Los que cometían aquellas abominaciones eran algunos     miserables     salidos de los desechos gangrenados     de las grandes ciudades y     que el sorteo había introducido en las filas de los     valientes.     Aquellos seres ruines, libres de todo yugo, eran los que se     entregaban ciegamente a la ferocidad. Cuídense de confundir     aquellos bandidos atroces con nuestros verdaderos soldados. Los     hombres más crueles suelen ser los más cobardes

El coronel Vigo-Roussillon, entonces comandante, cuenta cómo le impusieron un día la terrible tarea de ejecutar, a bayonetazo limpio, a buen número de los varones de un pueblo toledano donde habían sido degollados ocho soldados franceses. Confrontado con el cabreo del rey José, lógicamente preocupado por el efecto de semejantes tropelías sobre el ya dudoso grado de adhesión de sus súbditos, el general responsable quiso cargarle el mochuelo a Vigo-Roussillon. Cuenta este que, previsor, había tenido buen cuidado en conservar la orden escrita de aquella barbaridad. A consecuencia de la escalada constante en la práctica de los horrores, dentro del conocido ciclo insurrección/represión, las tropas francesas se iban desgastando y consumiendo en constantes escaramuzas, emboscadas y desplazamientos. Por no hablar de otro orden de sufrimientos, más temidos aún por los soldados que los propios combates y que eran los infligidos por los rigores del clima. Y así, Vigo-Roussillon se indignaba de que...


     –
sin necesidad, los generales hiciesen marchar sus tropas, ¡a mediodía y en España! bajo calores mortales […] de modo que los caminos estaban sembrados de nuestros enfermos y nuestros heridos que arrastrábamos amontonados en carros, y que el calor, el hambre y la sed mataban en mucho mayor número que los combates. Y luego el emperador se extrañaba de que sus ejércitos formados –decía– por los mejores soldados del mundo, se derritiesen tan rápidamente en España.

 


 
Dagurrrotipos coloreados de veteranos napoleónicos
Hacia 1860

Domingo, 3 de Mayo

 


Valle de Esteban

Mayeo

Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí

DOMINGO, 3 DE MAYO


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:


-No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.


Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde:


-Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.


Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le replica:


-Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre.


Juan 14, 1-12 

sábado, 2 de mayo de 2026

Primer festejo de la Feria de la Comunidad. Carrusel de novillos madrileños para tres novilleros de la tierra. Los debuts en Las Ventas. Pepe Campos


 

PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 1 de mayo de 2026. Tercera novillada de la temporada. Primer festejo de la Feria de la Comunidad. Mezcolanza de novillos de diferentes ganaderías madrileñas. En general nobles y descastados, a excepción del sexto de El Retamar, manso encastado. Aparentemente tres cuartos de entrada. Tarde primaveral luminosa.

Seis novillos de diferentes ganaderías madrileñas. Diáspora. Un carrusel. El primero de Guerrero y Carpintero, manso, noble y sonso. El segundo de  Caras Blancas del Carpio, manso, avivado con las banderillas, con movilidad. El tercero de Hermanos Sandoval, con trapío, gacho de cuerna, flojo, manso, descastado y soso, muy protestado. El cuarto de Ayuso, con trapío, abrochado de cuerna, flojo, manso. El quinto de Ángel Luis Peña, alto (cara alta), largo, escurrido, manso, sin celo. El sexto de El Retamar, bien presentado, manso, encastado, tardo. Todos los toros (y ganaderías) de origen Domecq; a excepción del sexto, de El Retamar, de procedencia Núñez (curiosamente el que dio mejor juego).

Suerte de varas: por poner un ejemplo de la deriva de la suerte, la del encastado sexto perpetrada por el caballero Borja Lorente. En la primera vara, el novillo es puesto en suerte y la puya cae detrás de la cruz, el astado pelea sin fijeza, en vara larga y sale al capote. En la segunda vara no es puesto en suerte, cae la puya trasera, se le receta metisaca y sale suelto. Es decir, a menos con perjuicio.

Terna: David López, de Colmenar Viejo (Madrid); de burdeos viejo y oro, con cabos blancos; de veinticuatro años; cinco paseíllos en 2025; silencio y silencio. Álvaro Serrano, de Navas del Rey (Madrid); de verde botella y oro, con cabos blancos; veintidós años; veinticuatro festejos en 2025; ovación y ovación tras dos avisos. Joel Ramírez, de Madrid; de tabaco y oro; veinte años; quince paseíllos en 2025; saludos y silencio tras aviso.


Nos viene a las mientes, observando el cartel de las dos novilladas de la Feria de la Comunidad de Madrid, aquello del significado de debutar en las Ventas para un novillero o para cualquier otro lidiador que se presenta (que torea por primera vez) ante el duro público «venteño». Sabemos de esta experiencia tan significativa en la vida taurina de un matador de novillos (o matador de toros). Hemos visto muchas a lo largo de nuestra vida de aficionados. Es un momento esperado para el torero y degustado por el aficionado. Siempre se recordará. Casi nunca suele caer en el vacío. La primera vez tiene eso, que no se olvida o no debiera olvidarse. Sin hacer literatura, ahora, podemos recordar —porque los hemos visto— «debuts» esplendorosos de toreros que dejaron su sello el día que hicieron el paseíllo en Madrid por primera vez. El más señero del último medio siglo, el de Pepín Jiménez (en 1981), que levantó a la cátedra como un resorte desbocado por su principesca tauromaquia; o aquél de Juan Mora (por los mismas calendas) cuando demostró poseer el don de la sabiduría y de la métrica; o más adelante, el de Enrique Ponce, un niño con tauromaquia de viejo; o el de Luis de Pauloba, de un clasicismo inmejorable; o, finalmente, por irnos a otros territorios posibles y razonables, el de Manolo Carrión, que bordó el toreo, cortó orejas y celebró al mismo tiempo su retirada. Etc. En definitiva, un sinfín de debuts de novilleros hemos presenciado, como aficionados en Madrid, y siempre hemos estado alerta ante este momento trascendental. Nos hemos ilusionado sin menoscabo cuando el atisbo de lo nuevo podía deparar lo mejor. La esperanza es un medidor y un acicate.


Ayer tarde dos novilleros hacían su debut, Álvaro Serrano y Joel Ramírez. El tercer novillero David López, había debutado en agosto pasado. De él se recordaba cierta actitud al abordar el toreo al natural; y en esta su nueva cita —ya veterana— se le vio retroceder, sin el atractivo de ser novedad. En suma, ser nuevo (como toreador) sólo se vive una vez. Por este motivo, nos fijamos más en Joel Ramírez, que era novel y más joven, doble apuesta y doblemente ventajoso, si bien, a pesar de ello, no dejó huella indeleble tras su primer paso por Madrid, sino todo lo contrario; se le recordará por una apuesta encimista, por querer sacar provecho de sus oponentes o novillos a base de cercanías, cuando lo cercano es como la palabra amiga, que parece que se la reconoce, pero en realidad equivoca y engaña. Pero si hacemos honor a lo sucedido y destacamos a quien actuó como un verdadero debutante (que lo era), hay que hablar de Álvaro Serrano que persiguió el triunfo desde el primer momento y que dejó muestras de calidad, de deseos, de maneras, de talento, y, cómo no, de deficiencias. El fiel de la balanza se inclinó hacia lo positivo, hacia la parte que suma; en primer término porque demostró saber andarle a los toros, algo que no se aprende en los mentideros (tentaderos) donde calientan la cabeza a los aspirantes a matadores de toros, y en segundo término porque atesoró calidad en pases tan toreros como la trincherilla y el de la firma, realizados cuando era menester, una vez dominado —o en camino de dominar— a los astados que le tocaron en suerte. Y, en tercer término —el número tres es el que da sentido a la tauromaquia— porque toreó con temple y hacia atrás de la cadera en naturales de enjundia ejecutados a su segundo enemigo al que pudo con la muleta. La imperfección sobrevino en algo preocupante, en el uso de la espada. Cruz de tantos buenos toreros que pudieron haber sido y no fueron.


Entrados en el análisis de lo sucedido, hay que comentar que David López, estuvo toda la tarde rutinario, algo vulgar, sin llevar los pases más allá de lo reglamentario, sin acabarlos. Su primer novillo se dejaba y él no supo correrle la mano, ni templarle. La colocación no fue mala; sino el emprendimiento. Lo mató en la suerte contraria, de dos pinchazos y una estocada trasera en la que fue zarandeado por el toro. En el cuarto, estuvo tranquilo ante un novillo que se revolvía, él muy encima, sin correr la mano, en un toreo plano. Lo pasaportó de una estocada caída, desprendida y delantera en la suerte contraría, y dos descabellos.


Álvaro Serrano, ante un Cara blanca, que desarrolló movilidad tras las banderillas, mostró imposición «de muleta» y le comió el terreno, le pudo, le dominó, mostró actitud. Mató en la suerte contraria, de pinchazo y de estocada caída. Al quinto novillo le aplicó una excelente brega al llevarle al caballo en las dos varas. En la faena de muleta, a más, le fue corriendo la mano, le templó en una despaciosa trinchera, y al natural le enjaretó dos excelentes muletazos ligados con el de pecho, repitió la apuesta, más un muletazo por bajo caro, y el de la firma; después se cruzó al natural y ligó el natural y el de pecho, más otro de la firma, y culminó con ayudados por alto raros de ver, pues parecían kikirikíes, sin serlo, un apunte, un atisbo de calidad. Mató catastróficamente, de siete pinchazos en la suerte contraria y un descabello.


Joel Ramírez, a su primer novillo lo recibió de rodillas; era un manso sin fuerza, soso; poco pudo hacer; no se le puede valorar; lo mató de un bajonazo en la suerte contraria. En el último novillo de la tarde, que embestía hacia adelante con pujanza, quiso encelarlo con la franela de rodillas hacia los medios; después, muy encima, ante un animal tardo pero que respondía en el momento de la verdad, no pudo entenderle. Lo mató en la suerte contraria, de una estocada haciendo guardia, un pinchazo y una estocada trasera, más dos descabellos.


El excelente banderillero Raúl Ruiz fue corneado en el muslo derecho por el sexto novillo al poner un par de banderillas con gallardía (25 cm).

Metro


Ricardo III

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Cuando debíamos estar mirando al cielo para ver la estrella que guía a los Reyes Magos, el periodismo nos tiene con la cabeza metida en la basura del Metro. “¡Si esto no se arregla, / os va a comer la mierda!”, gritan los poetas de lo social que trabajan para la causa sindical. Y dicen que ya han sido identificados dos docenas de limpiadores que, en lugar de quitar la mierda, la ponían, en cumplimiento, a lo mejor, de algún secreto plan de la lucha de clases. Entre los identificados no está, de momento, Kiko Argüello, al que los comisarios de progreso le están haciendo un traje como el del mismísimo Ben Laden. Más sabe el progre por viejo que por progre, y han tenido que ser los frutos secos del progreso español quienes abrieran los ojos al mundo: el enemigo no es Ben Laden, que al fin y al cabo está contra Bush, sino Kiko Argüello. La presencia de Kiko Argüello en la plaza de Colón ha hecho que todas las viejas del régimen zapateril, como criadas histéricas a las que se les hubieran incendiado las faldas, en vez de envolverse en una manta, se echen a la calle dando gritos más desgraciados incluso que los de los poetas de lo social que trabajan para la causa sindical. Extra de película franquista, le llama culteramente una varona que tiene la cara como la bota de un cojo. Es la basura que estos días, aprovechando la huelga del Metro, se arroja contra el primero que pasa. ¿Dónde está el ministro de Cultura? Si ha arreglado lo del Thyssen o lo de los Bardem, que arregle lo del Metro. ¿No dice Bardem que quiere hacer de Ricardo III? Pues que haga de Heracles y que el ministro le encargue la cultísima misión de limpiar los establos de Augias, que van desde Plaza de Castilla hasta Portazgo. ¡Menuda representación para que un actor como Bardem sienta eso que un poeta canario de lo social denomina “la adrenalina del compromiso”! Al tiempo que uno va actuando, va limpiando. Al revés que ahora, con el canon, cuando, al tiempo que uno va limpiando, va actuando. En cuanto a lo de Ricardo III, lo que Bardem no sabe es que Shakespeare se basó en un texto de Tomás Moro, que era más católico que Kiko Argüello.

 

Sábado, 2 de Mayo

 


Madrid

viernes, 1 de mayo de 2026

Cruces de mayo, 2026

 

 

 
Cruz de mayo de Cañero y de los Padres de Gracia en Córdoba ultimando detalles el miércoles tarde

F.J.G.I.

Luminarias de Fontanarejo

 
 
  

Francisco Javier Gómez Izquierdo 

    De Córdoba, que éste fin de semana llenará sus calles como si fuera a acabarse el mundo alrededor de sus exuberantes cruces florales, vinimos ayer a los montes de Toledo para acompañar al suegro y ver cómo reciben la Primavera las gentes de Cabañeros. Hace años que no veníamos y mi doña tiene gusto  de escuchar "los mayos", esas serenatas que recorren el pueblo ante cruces más modestas que las cordobesas -aquí en vez de rosas y claveles se forran con el abundante cantueso del monte- entonadas "como toda la vida".


    En el cercano pueblo de Fontanarejo, al anochecer del 30 de abril, víspera de San Felipe y Santiago el Menor, el de Alfeo, apóstoles que hoy sacan en procesión celebran "Las Luminarias". A la puerta de todas las casas se apila romero y al toque de campana -9 de la noche - se prende. A los cinco minutos todo el pueblo es abrazado por humaredas de distintas intensidades, depende del romero verde o más seco, y lo que parece  fantasmal imagen es ancestral creencia de " quemar lo malo para que entre lo bueno".

 
  Luego a las brasas se le añaden unos leñitos y encima de una parrilla se pone lo que cada familia y amigos dispongan: chuletas de cordero, chorizo, morcilla, panceta.. Paro en la puerta del amigo Felipe, casado con Mari, burgalesa, con el que tomo una cerveza y una tapa de queso. A la "cenorra" no me quedo. 

Mestre


Joan Miró


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


“¡Mestre! ¡Mestre! ¡Socorro! ¡Que se llevan al mestre!”, gritaban unos discípulos de Miró en Roma cuando unos visitantes del artista, con el ánimo de comprobar su peso de hombre menudo, lo cogieron en brazos, ante el estupor del “mestre”. Y lo que son los tiempos: Mestre, hoy, es la gobernadora de Madrid, el sultanato de todas las manifestaciones de España. Por las cosas que ella viene diciendo no puede uno hacerse una idea definitiva de su programa: procedente del lugarcomunismo puro y duro, habla cual lorito real de la rama del progreso, que es la que la sostiene. A su lado, Méndez, el de antes, era el hijo de Minerva y de uno de los gigantes que quisieron escalar el cielo. (Lancemos aquí otro cubo de cohetes en honor del gobernador despedido.) Ni altisonancias ni imágenes, ni increpaciones ni tropos. Tampoco la sugestión de una habilidad o el regalo de una cuquería. Ni una sola frase rotunda, capaz de taladrar la indiferencia de la muchedumbre. “Frases aburridas, gastadas, insignificantes –temáticas– que algún día fueron gala de los artículos de fondo de los periódicos provincianos, pero que nadie pronuncia ya, que se han quedado sin sentido, huecas, cascadas, polvorientas, adormilantes, viven aún, como en un museo de vulgaridades, en el cerebro de...” Pues eso. Palabras acordeonadas, prensadas, copiosas e insistentes. Fetichista de una denominación: “Estado de derecho”. Braceemos en la hojarasca de sus tópicos: “En un Estado de derecho...” “Soy ciudadana de a pie...” “A los inmigrantes hay que abrirles los brazos...” “Los inmigrantes vienen a trabajar...” “Empeño mi palabra de mujer [al buey por el cuerno, al hombre por la palabra] en consolidar el trabajo de mi antecesor, que me parece que tiene un nivel de ética excelente...” “Me gustaría mejorar la seguridad de tal manera que camináramos más confiados por las calles...” ¿Más confiados? Será ella la desconfiada. Pocas cosas dan más confianza en la vida que caminar por las calles de Madrid, si se conoce la doctrina: abrazarse a los inmigrantes (o chocar las manos al estilo NBA) y cambiarse de acera únicamente si uno se encuentra, bien con un español, bien con un turista, que serían, por pura lógica, los transeúntes peligrosos.