jueves, 21 de mayo de 2026

Unai Émery, pentacampeón


Puesto, esta mañana, en el mercado de Barbate


Francisco Javier Gómez Izquierdo


   Por este tiempo suelo venir a Barbate a ver el despiece -ronqueo- del atún rojo, el más aristocrático de los "pescaos" y tuve que seguir la final de la Uefa por el móvil, que no es manera de ver una final.


    De mi inclinación sin fisuras hacia Unai Émery he dejado constancia aquí siempre que ha venido a cuento, y si en el fútbol hay sangre aristocrática, Unai la lleva por arrobas. Hermano, hijo, sobrino y nieto de futbolistas, su abuelo Antonio, de Fuenterrabía, paró toda su vida deportiva en el Real Unión, club fundador de la Liga con él en plantilla y club que ha comprado el bueno de Unai.


   Cuando Emery firmó por el Aston Villa me dije -"tontás" que tiene uno- : "éste es su equipo". Había visto hacía poco "Un juego de Caballeros", serie que contaba el nacimiento del fútbol en Inglaterra, o sea en el mundo. Repasé entonces los fundadores ingleses que fueron doce y donde no estaban ni Liverpool, ni Arsenal, ni los Manchesteres. Todo empezó con el Blackbourn Rovers (en la serie uno rico y otro pobre), Everton, Derby County,  Aston Villa.., allá por 1880.


    Cuando ayer vi a Emiliano Buendía ,un chico que anduvo por aquí con más pena que gloria, de Getafe a la Cultural Leonesa, en plan Benzema, recordé la copa de Europa que el año del mundial de España ganó el Aston Villa al Bayern de Rummenige y Hoeness. No recuerdo quién marcó el gol inglés -no me acuerdo de ningún jugador, bueno, de Morley sólo -pero sí que el portero del Villa se lesionó nada más empezar el partido y salió un chaval para certificar la nobleza de un club histórico.


   Es Unai pentacampeón de la Europalí, antigua copa de la Uefa y cuando ayer vi su corbata y camisa blanca asomando por un jersey de cremallera, supe que el atuendo era aristocracia pura. Aristocracia que no presume. Aristocracia que se admira sanamente. Como al atún rojo de almadraba.


    Enhorabuena al Aston Villa y sobre todo a Unai Emery, uno de mis héroes.

La moto amarilla


Francisco José I

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En Serrano, entre Juan Bravo y Padilla, para sacar las motos de la acera nueva, sobre cuyo falso granito se derramaba el aceite en el que chapoteaban las niñas de Serrano con sus “tod’s”, el Ayuntamiento ha dispuesto un aparcadero de motos en la calzada. El primero en llegar muy de mañana a ese aparcadero es un caballero duro y rollizo (nada que ver con el “rock and roll”) con su moto amarilla: se sube a la acera, se apea de la moto y, amorosamente, como si fuera una cabrita, la encadena a la señal indicadora del aparcadero. Si uno lo mira con cara de preguntar por qué, si el aparcadero está vacío, pone la moto en la acera, él te mira con cara de contestar: “Porque se me pone en los c...” ¡Un rebelde! ¡Un gesto subversivo contra la tiranía municipal! Es verdad que en el Vips de Velázquez hay otro aparcadero de motos que siempre está vacío porque todas están en la acera: son oficinistas liberales a los que se les caen los anillos si han de pasar por el aro de estacionar sus motonetas en el lugar indicado. El de Serrano, en cambio, con su raída moto amarilla, es único, y ésa es la gracia de su subversión. La única subversión que nos es dada en este Madrid donde los bolingas del “New York Times”, que antes veían a reyes y toreros pisando cabezas de gambas en los mesones de la Plaza Mayor, ahora ven a Zapatero haciendo con La Roja –ya hay que ser idiota para apasionarse con una cosa que se dice La Roja– lo que Franco, según ellos, hacía con el Real Madrid, con lo que demuestran que no saben nada del Real Madrid ni nada de Franco ni nada de Zapatero. ¿Estacionará como Dios manda su moto el de la moto amarilla si la Roja gana el Mundial? “Los Habsburgos en la pista”, tituló Foxá su artículo sobre el emperador Francisco José, que, desplazado por la guerra, daba vueltas en la pista del circo americano en La Habana. “Ya no sólo el león, rey de la selva, sino los emperadores de Europa, saltan por el aro.” Nunca lo haría el de la moto amarilla. 

San Isidro'26. Los Saltillo. Corridas que pasan factura y toros que pesan. Campos & Moore




PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de cinco toros de Saltillo (procedencia Marqués de Saltillo, antigüedad de 1845). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Cárdenos. Mansos. Distraídos. El primero fino y cornivuelto, noble. El segundo, de menos trapío, muy manso, corretón y sin fijeza. El tercero desentendido de la pelea, a menos. El cuarto abierto de cuerna, duro de roer. El sexto encastado, fino de lámina, cuerna abierta, con cara de listeza, embistió con emoción. Primero, tercero y sexto fueron aplaudidos en el arrastre. El quinto toro fue de la ganadería de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte y Atanasio Fernández, antigüedad de 1992), cinqueño, un toro feo, grueso, muy manso, no quiso caballo y se dolió en banderillas. Tres cuartos de entrada. Tarde primaveral con un ápice de calor. 


Terna: José Carlos Venegas, de Beas de Segura (Jaén); de blanco y oro, con cabos blancos; quince años de alternativa; ningún festejo en 2025; ovación y silencio. Juan Leal, de Paris (Francia), de azul cielo y oro, con cabos blancos; trece años de alternativa; cinco festejos en 2025; silencio y silencio tras aviso. Juan de Castilla, de Medellín (Colombia), de nazareno y oro, con cabos blancos; nueve años de alternativa; quince festejos en 2025; palmas tras aviso y silencio tras un aviso.


Suerte de varas. En general, a los toros no se les pico bien y se les pegó. Al primero metisaca y barrena. El segundo bien cogido en las varas por José Ney. Al tercero trasero y caído. Al cuarto trasero en la primera y metisaca en la segunda. El quinto realizó varias entradas en varas, recibiendo distintos picotazos por falta de fijeza. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto, el toro que mostró mejores condiciones en la faena de muleta. Teo Caballero en la primera entrada le pegó un lanzazo trasero fuerte y el astado es sacado al cabo. En las segunda el toro llega de lejos a la montura y el picador le coge (nuevamente) trasero, el burel sale al capote, y el picador se quedó con ganas de barrenar.


El esperado encierro de toros de Saltillo en cierto modo defraudó pues los astados no desplegaron un juego espectacular. Además, la primera decepción vino por no lidiarse completa la corrida. Hubo un remiendo que correspondió a un toro de Couto de Fornilhos, lidiado en quinto lugar, que fue un animal muy manso, tosco, incluso grosero, e impidió el bamboleo del toreo de Juan Leal. Los toros de Saltillo tienen leyenda y sus genes han saltado a otras ganaderías como ocurre con la línea Santa Coloma; incluso es una de las bases del ganado mexicano que ha derivado en ese toro serio y templado de allende los mares. La leyenda peninsular de los toros de Saltillo proviene de sus ejemplares míticos que pelearon con entereza en los caballos antaño (Caramelo, en Cádiz, en 1867, que recibió 27 varas) o permitieron triunfos sonados de espadas señeros (Granadino, en Santander, en 1926, toreado por Juan Belmonte). Recientemente se recuerda la vuelta al ruedo al ejemplar Asturdero, lidiado por Octavio Chacón en Madrid, en 2018; o el toro más legendario de comienzos del siglo XXI, Cazarrata, lidiado por Sánchez Vara en 2016, por su juego indómito, indócil y montaraz. En suma, Saltillo es una ganadería que aporta con sus toros historia, mitología y rigor, porque son astados bravos o renuentes, pero nunca insulsos ni bobalicones. Los toros de ayer de Saltillo (solo cinco) no añadieron nada nuevo reseñable para los anales de esta ganadería emblemática. Cierto. A pesar de todo hubo un fondo de severidad en ellos que es lo que hace que para matarlos se anuncien toreros modestos, poco conocidos, de escaso recorrido taurino. Éste es un aspecto que merece la pena que nos detengamos a reflexionar sobre él.


De acuerdo en que ayer la corrida no fue demasiado buena. Eso sí, hubo dos toros que pudieron tener mejores trasteos, el primero y el sexto. Además del tercero, que pudo haber tenido mejor recorrido en la lidia y en la muleta. Pero vayamos sin más preámbulos al meollo de la cuestión. Si los toros de Saltillo poseen leyenda, historia, mítica y dificultad, ¿por qué solo son toreados por toreros que están muy alejados de los primeros puestos del escalafón y de la fama? ¿Será por la dificultad de torearlos y poderles? Pensamos que sí. La fiesta de los toros ha tomado unos derroteros que son los que presenciamos. Los toros difíciles que pueden dar verdadera fama a sus matadores no son toreados por los espadas que suman más contratos, que prefieren anunciarse con lo más suave, fácil y llevadero. Todo este planteamiento se puede entender, pero entonces surge el asunto de cómo se debe valorar a los toreros modestos que pechan con lo más duro, difícil, complicado y, en ocasiones, desabrido, porque cuando las corridas no salen buenas en la lidia de este ganado duro, sobreviene el fracaso, la crítica y la caída en el ostracismo. La afición a los toros no suele tener memoria, iguala en el éxito y en el fracaso a los matadores que matan lo comercial o lo extremadamente dificultoso. Desde este punto de vista, esta peculiaridad de la potencia humana que gobierna y mide las experiencias de la vida: la de su fragilidad en el recuerdo humano [no me acuerdo si te he visto], valida la decisión de las figuras del toreo cuando prefieren torear lo más dúctil, porque existe un porcentaje mayor de éxito y nunca sobreviene el verdadero fracaso. Con el toro comercial se puede sobrevivir sin sonados éxitos y con actuaciones mediocres, tarde tras tarde. Con el toro dificultoso el fracaso está a la vuelta de la esquina y se hace patente, aparte del peligro que conlleva ponerse delante. Las corridas duras «pasan factura» a sus matadores, les van desgastando, y sus toros «pesan», por su «gravedad», por la fatiga que hacen pasar.

 

De ese modo el porcentaje de valor que posee un matador, con las corridas duras disminuye en progresión geométrica, mientras el aminoramiento del mismo con las corridas usuales (con el toro de carril) sólo resta (el valor) en progresión aritmética. Desde este punto de vista, el mérito de los tres matadores de ayer es enorme, por el solo hecho de anunciarse con Saltillo (al margen del juego de los toros) porque conlleva un debilitamiento, una «erosión» en las fuerzas, un agotamiento de las capacidades que lima el valor y acelera el envejecimiento de cualquier trayectoria taurina o carrera.


 Ayer Juan Carlos Venegas se presentaba a torear en Madrid sin haber toreado ninguna corrida en 2025 (serán muy pocas en toda su vida taurina). En su primero toro dio la sorpresa pues se le vio seguro y decidido. Ante un toro con buen son, pero listo, estuvo en la divisoria del acoplamiento. En ocasiones corrió bien la mano y llevó largo a Caramelo. En otras el astado equilibró la lucha al no dejarse torear y dificultar el manejo de la franela de Venegas. Alguno de los pases tuvieron verdadero mérito. Un éxito con este ejemplar de Saltillo (que pudo suceder y lo impidió la falta de rodaje de Venegas) hubiera sido un milagro. Tragó, aguantó y toreó en sus límites de lo posible. Mató de una estocada tendida y atravesada en la suerte natural. En el cuarto, un ejemplar en la línea de la renuencia que dan fama a los Saltillos, Venegas, muy poco toreado, estuvo a la deriva, pues no pudo con el toro. Aquí aparece la injusticia pues se le pasará factura a Venegas por no haber estado solvente con un toro que «pesaba», y que nos hubiera gustado ver en manos de, por ejemplo, de los que van a torear hoy, para comparar. Venegas mató en la suerte natural de una estocada casi entera, atravesada y tendida, más un descabello.


Juan Leal, no pudo poner en escena su toreo de cercanías y circulares. El toro de Saltillo no se lo facilitó. Tampoco el de Couto de Fornilhos. Al de Saltillo muy manso y distraído lo quiso torear en los medios. Se le salía de la suerte constantemente. Barbeaba la muleta y se desentendía de su mando. Finalmente, el toro tras recibir una estocada casi entera, delantera, caída, en la suerte contraria, se fue a morir al tres, a toriles, a la querencia, dejando la duda sobre si esos hubieran sido los terrenos más apropiados para meterle en vereda. En el quinto de Couto de Fornilhos, muy manso, Leal quiso hacer su toreo. Fue desarmado. Leal, despegado, quiso meterse en sus cercanías, pero ni a trancas ni a barrancas pudo conectar el torero galo con el toro portugués. Mató en la suerte contraria de estocada baja.


A Juan de Castilla se le vio sin confianza. Las cornadas le han ido mermando su seguridad. No está totalmente recuperado. En los dos toros hizo un esfuerzo por meterse en la tarea de torear. La lucha por conseguirlo se hizo más dramática en el sexto toro, de buena condición. En el tercero inició su labor con verónicas donde se vio esa limitación de posibilidades de Juan de Castilla. La faena de muleta comenzó de rodillas en los medios. Luego dio distancia al toro, pero no se hizo con su embestida, le falto frescura de ánimo. Estuvo maniatado por el recuerdo de sus percances recientes. Toreó con prisas, no corrió la mano en el terreno adecuado, se mantuvo por las afueras. No le salió saber enganchar al toro de delante hacia atrás, una característica de su toreo que no asomó en toda la tarde. Ni siquiera en los pases finales por bajo se impuso al Saltillo. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el sexto todo le costó un mundo. El toro era bueno pero «pesaba». Exigía. Había que entenderle y llevarle, disponer de valor y entrega, de coraje y suficiencia. A Juan de Castilla no le salió lo que pretendía, y estuvo alejado de lograr lo que el toro necesitaba. Mató de cinco pinchazos y de una estocada tendida en la suerte natural.




ANDREW MOORE






















FIN

Jueves, 21 de Mayo

 


Mirlos



miércoles, 20 de mayo de 2026

Morir en Noviembre


José Luis López Vázquez

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Como septiembre de uvas, noviembre ha venido cargado de muertos: Manolo Cano, López Vázquez, Lévi-Strauss, Francisco Ayala... Muertos venerables, por edad y por noviembre, cuyos muertos constituyen la aristocracia de la muerte. Manolo Cano fue el mejor gerente taurino que haya existido, y con él se va la mayor memoria de la tauromaquia del siglo veinte. López Vázquez fue el histrión inolvidable en el retablo de las maravillas de Berlanga: Quintanilla el de la serrería en “Plácido” y el sastre militar y eclesiástico en “El verdugo”. Lévi-Strauss fue el antropólogo gracias al cual Octavio Paz pudo escribir “Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo”, donde aprendimos cómo lamenta Lévi-Strauss la preferencia moderna por la vida afectiva (obamismo/zapaterismo): “Es un error creer que ideas claras pueden nacer de emociones confusas.” Pero en la Facultad de Periodismo unos profesores que parecían cobradores de tranvía (aquellos cobradores de tranvía madrileños que llevaban un saco de arena para combatir a los golfillos que se colaban arrojándoles puñados de arena a los ojos) nos tundieron de estructuralismo comunista, y todos acabamos tomando por pesados al pobre Lévi-Strauss y a sus indios “bella bella”. Entonces preferíamos leer a Umbral, que escribió de Francisco Ayala que Francisco Ayala parecía, humanamente, la sombra gris de sí mismo, con una voz que era la sombra de una voz y una prosa que era la sombra de una prosa; que escribió que era el profesor español mejor pagado en Estados Unidos (lo que él y otros le habían dicho), y se le cabreó mucho: “Los exiliados –concluye Umbral–, en general, no perdonaban, a su vuelta, que España hubiera seguido sin ellos, al margen de las intrigas de El Pardo. Querían no incorporarse a nosotros, sino implantarnos sus años veinte. Pero sus años veinte eran pura cretona.” Se nos muere el Madrid de nuestras abuelas y su gran gorrionismo urbano. Aunque toda la vida es una carrera, más o menos larga, para llegar a la muerte. 

San Isidro'26. Desigual novillada de Fuente Ymbro. Las afueras. Campos & Moore



PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Martes, 19 de mayo de 2026. Décimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de novillos de Fuente Ymbro (de procedencia directa de Jandilla, de encaste Domecq). Muy desigualmente presentados. Con falta de trapío, por pobreza de pitones, el 1º, 3º, 5º y 6º. El tercero muy terciado. Fueron protestados para obtener su devolución el 1º, 2º, 3º y 6º. Mejor presentados el 2º y 4º. Flojos. Mansos. El 5º tardo y remiso. El 6º con buen son. Muy buena entrada, rozando el lleno. Tarde primaveral camino de la bonanza. 


Terna: Pedro Luis, de Lima (Perú); de rojo violeta y oro, con cabos blancos; veinticinco años; dieciocho festejos en 2025; silencio y silencio tras dos avisos. Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat (Barcelona), de celeste claro y oro; diecinueve años; quince festejos en 2025; oreja y ovación. Julio Norte, de Salamanca, de celeste claro y oro; dieciocho años; dieciocho festejos en 2025; oreja protestada y oreja. Mario Vilau y Julio Norte hicieron su presentación en Madrid. Julio Norte salió por la puerta grande. Mario Vilau fue corneado durante la faena de muleta del quinto astado; la cornada fue de 15 centímetros en el muslo izquierdo; entró por su propio pie en la enfermería tras matar al novillo.


Suerte de varas. Los toros cumplieron en el caballo sin alharacas. Salieron sueltos de la suerte, a excepción del sexto que obedeció en la salida al capote. Mostraron falta de fijeza, el 1º y el 3º. Al segundo se le aplicó metisaca. Fueron puestos convenientemente al caballo, 2º, 4º y 6º. Empujó el 4º. Todos fueron picados mediante picotazo en la segunda vara, menos el 4º. Faltó pelea en las varas. Destacó Alberto Sandoval en el sexto al recibir al novillo tras ser puesto en suerte y cogerlo bien en ambas varas, colocó la pica en la cruz en la primera —la segunda cayó trasera—. La primera vara fue normativa, la segunda un picotazo. En una y otra vara el burel salió suelto.


Los que hemos vivido muchos años fuera de España sabemos que desde esa distancia las cosas se observan mejor cuando se mira hacia lo patrio. En el mundo de la tauromaquia la mirada externa recae en el tendido, en donde se sitúan los aficionados y los espectadores que siguen el espectáculo. Desde los tendidos, las gradas y las andanadas se pueden examinar de una manera idónea muchas cuestiones de la lidia, de la actuación de los matadores y del juego de los toros. Ayer nosotros sentados cómodamente en el tendido pudimos ver cómo los novilleros, en general, quisieron plantear la batalla desde «las afueras», como si quisieran buscar una perspectiva hacia el toreo y no entrar en los adentros del mismo. Podríamos interpretarlo como la búsqueda de una postura cómoda, foránea, distante, periférica, adyacente o adosada. Dependiendo de cómo se examine la colocación de los novilleros a lo largo de la lidia, principalmente durante las faenas de muleta, llegaremos a conclusiones sobre una mayor o menor autenticidad en la labor de los espadas o a que estos adoptaron un posicionamiento distante ante los novillos para lograr ser privilegiados espectadores de su propio quehacer taurino. En definitiva, los espadas se cruzaron poco ante sus oponentes, se limitaron en muchas ocasiones a torear por las afueras cuando tuvieron la muleta en la mano, a no dar un paso adelante definitivo que hiciera prender la llama de la pasión en los aficionados que en un muy buen número fueron a verles. Los novillos de Fuente Ymbro no tuvieron la presencia que Madrid exige, pero se dejaron torear y a partir de ahí los aspirantes a matadores de toros tuvieron su pequeña oportunidad para alcanzar un éxito.


La vida por las afueras puede ser un perfecto observatorio para otear, como hemos señalado anteriormente, o plantea un distanciamiento sobre el núcleo central de las cuestiones importantes; en este caso en el que estamos, al analizar lo sucedido en la novillada desde el tendido, desde afuera, se descubre un alejamiento del verdadero toreo cuando se ejecuta por fuera. Así las cosas hay que llegar a la conclusión de que si el torero se sitúa afuera de la suerte, contempla muy bien lo que sucede, lo que a él le va aconteciendo; pero queda ajeno a ser protagonista del dominio en la suerte, a tomar el toreo por los cuernos, a controlar la creación del toreo, a mandar sobre los astados que le toca someter o bien vencer o superar. Ayer, sin que la cuestión lindara lo grave, pues nunca nada en la vida es definitivo, los novilleros más punteros decidieron torear sin ajustarse a los novillos, sin echar la pata para adelante cuando era necesario —estar metidos en el centro de las suertes de muleta— ya fuese al natural o en redondo. Es una tesitura que se vive en todos los estamentos de la tauromaquia, si hablamos de cómo torean las figuras o cómo lo hacen los aspirantes a tomar el relevo en el escalafón. El toreo de hoy se basa fundamentalmente en no cruzarse, en torear despegado, por las afueras, dejando hueco entre matador y astado; y presidido el trazado de los lances y de los pases, en un alto porcentaje de ocasiones, en no cargar la suerte. A ello se une la ausencia de distancias entre el matador y los astados, alargamiento en demasía de las faenas, a no saber cerrar el trabajo, a no encontrarle un final adecuado; en resumidas cuentas, a ver que los toreros no se adaptan a las condiciones de los toros, a la hora de darles un espacio y de cruzarse ante ellos para imponerse o para darle profundidad a las suertes.

 

No es que todo esto sucediera constantemente ayer tarde en la actuación de los noveles novilleros, pero se percibieron todos estos defectos que recorre la tauromaquia actual; sobremanera en el abuso de la colocación superficial de los toreros en esas afueras descritas y analizadas. A esa perspectiva que transita la fiesta de los toros, que semeja a extrarradio, a aledaños, a arrabal; no a núcleo, a centro, a médula, a esencia, ni a corazón. Desde el tendido se detecta, se padece y desapasiona, el dominio en el toreo de las afueras. Pero vayamos por partes porque no todo fue malo, ni negativo; sino sintomático, revelador y crónico. Del torero peruano Pedro Luis el año pasado vimos un ramillete de naturales de auténtica enjundia, en ambas tardes que toreó en Las Ventas. Se observó que estaba por hacer, por desarrollar, por crecer. Visto meses después se percibe que técnicamente está evolucionado pero ha perdido frescura e identidad, y que se ha alejado de su potencialidad. Suele ocurrirles a muchísimos novilleros que debutan en Las Ventas, que primero muestran su singularidad y más adelante se diluyen en la trama de aprendizajes o enseñanzas que les salen al paso. Pedro Luis a su primer novillo, manso, flojo y manejable, intentó torearlo con suavidad en redondo en los primeros compases y no se acopló al natural más adelante. El novillo muy blando no le facilitó la tarea. Desacople. Mató de una estocada en la suerte natural. En el cuarto quiso ajustarse al natural, logrando al final de la faena naturales meritorios una vez cruzado y llevando al novillo atrás de la cadera, que no llegaron al público por ser su labor excesiva. Al menos dejó este sello propio in extremis. Mató de cuatro pinchazos en la suerte contraria y un descabello.


Mario Vilau, lo más positivo fue que debutó en Madrid «en novillero», no dejándose nada en el interior. Recibió a los novillos a porta gayola y veroniqueó desigualmente. Con la muleta a su primer novillo, manejable, lo toreó con buen concepto del temple, pero al abrir el compás se le quedaba la pierna de salida atrás. Dio distancia. El novillo tenía poco fuelle. Abrió mucho el compás y se tumbó al muletear. Pudo al astado. Ligó bien el natural con el de pecho. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el quinto sufrió una cogida —cornada de 15 centímetros— y aguantó con entereza. El novillo era tardo y remiso. Flojo. Le llevó en la franela pero el animal lo levantó, y luego se cerró en banda. Sin perder la cara al novillo mató de una estocada tendida en la suerte contraria.


Con Julio Norte surgió toda esa puesta en escena de las afueras comentada más arriba. Templó mucho a sus dos novillos. El lote más propicio. Ligó abundantemente. Redujo distancias. Toreó por la espalda y en la posición regular. Muy despegado. Sin cruzarse. Por las afueras y con la pierna retrasada. Tiene capacidad y temple. Los pases son largos. Pero atesora todos esos defectos que hemos señalado en el preámbulo de la crónica. Los males del toreo de hoy [no cruzarse, sin apreturas y periferia] del que se dice ser el mejor de la historia. Mató al tercer novillo de estocada delantera caída eficaz en la suerte natural. En el sexto de estocada en la suerte natural. 




ANDREW MOORE





















FIN

Miércoles, 20 de Mayo

 



Exteriorismo matritense II

martes, 19 de mayo de 2026

Un ratón colilargo


Tedros con un ser para la vacuna


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


España subida a una silla porque el gobierno, o lo que eso fuere, dice haber visto un ratón colilargo en la habitación. Así sorprendieron una vez a Benavente en su cuarto de Albarracín, adonde se había retirado a escribir: en batín y dando saltitos en lo alto de una silla, asustado por un ratón. Colilargo o lo que Krahe llamaría un burdo rumor (“No sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña”, etcétera).


Roer es quizás el ritmo de alimentación normal para nuestra especie (¡qué les vamos a contar a los empotrados en el Régimen del 78!), pensaba Marilyn Ferguson, la del “best-seller” ochentero de la New Age “La Conspiración de Acuario”. No estamos condenados a ser libres, como peroraba Sartre; estamos condenados a vivir con (y en muchas ocasiones como) las ratas, según demostró Michel Dansel en “Nuestras hermanas las ratas”, que son siempre las primeras en saltar del barco, razón por la cual la Guardia Civil desplegó en Canarias un dron de vigilancia sobre el buque fantasma de ese ratón colilargo y maromero, capaz de tocar tierra en el puerto haciendo rapel por un cabo. Si Uropa ha tenido el valor de atacar una pata de la triada nuclear en Rusia (junio del 25), ¿se va a achantar hoy por la cola de un ratón que amenaza con bajarse de un barco a hacer de cuerpo en espacio Schenguen para contagiarnos un virus de la ganadería Tedros?


Del hombre es un ser para la muerte de Heidegger al hombre es un ser para la vacuna de Tedros, de cuyo chiringuito se cayeron Estados Unidos (norovirus) y Argentina (hontavirus), curiosamente los dos países de donde zarparon los nuevos pangolines en viaje de crucero para echar de comer a los expertos. Si un experto dice que no se puede hacer, busca otro experto. Pero aquí tenemos tanta suerte que nos valen los mismos expertos y los mismos trajes y los mismos cuentos del año 20, gracias, entre otras cosas, a que Feijoo, nuestra Kamala, no pudo colocarnos su ley de pandemias. Vuelve Fernando Simón con chubasquero EPI y gorrito de quirófano, nuestro Bernard Rieux en este simpático Orán del 78. Si Camus quiso hacer con la peste una metáfora del nazismo, nosotros estaríamos haciendo con el ratón colilargo una metáfora del sanchismo, que doctrinalmente tampoco es peor que el zapaterismo, el aznarismo, el felipismo o el suarismo.


Lo divertido para saber del ratón colilargo que tiene a España subida a una silla es la prensa deportiva, encargada de llevar, camuflada entre el Clásico, la propaganda al obrerete. Sus cuentos son versiones bufas de “El buque fantasma”, y si era por llamar la atención, los guionistas de Tedros podían haber tenido las pelotas de programar para el “Hondius”, con yutuber incorporado, una travesía del estrecho de Ormuz.


[Martes, 12 de Mayo] 

Martes, 19 de Mayo

 



Exteriorismo matritense I

lunes, 18 de mayo de 2026

Los números del número 1



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Las consultas de pasillo, decían los viejos médicos, ni son buenas para el paciente ni son buenas para el bolsillo. No hablaremos, pues, del pasillo. El pasillo ya lo evitó Vinicius con sus dos goles en Cornellá, actuación rematada en redes con una media verónica de Benzemá: “N1”. A la butifarra liguera de Flick que le hagan pasillo Tebas, Louzán y Soto. Y hasta un “castellet”, pueden hacerle, con los cantamañanas Martínez y Benito el de la Purga de “castellers”, y en la cumbre, de “enxaneta”, Maldini, haciendo la aleta, que ellos son los Homeros de la “hestética” que el sátiro humanista Juan Luis Romero Peche estudió en su “Libelo contra los estetas”, del 99, un fenómeno de desvarío colectivo, el que comenzó con Guardiola, con reveladores matices, explica el ensayista, de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni se aprehende, pero que se ejerce con demagógico machamartillo).


Los “hestetas” son bípedos de hábitat difuso, pero siempre apoltronados en una orilla izquierda políticamente correcta. El “hesteta” considera artístico a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”.


Los “hestetas” son esas viudas de Xabi que, no habiéndose hecho enterrar con Xabi, como prometían, ahora van de pre-viudas de Klopp, alemán sobrevalorado, valga la redundancia, al que quieren meter en el vestuario del Real Madrid, hoy sumido en una pelea de almohadas, para que, en compañía de dos figuras hiperprogresistas como Mbappé y Tchouaméni, nos monte un partido socialdemócrata en Valdebebas.


Nuestro fútbol es de izquierdas –decía truhanescamente Pep en la apoteosis del Negreirato.


A ojos de Romero Peche, la perra que han cogido los piperos con Klopp sería enfermedad lírica, pelagra de navegar cultos, turbulencia a la violeta, tontuna sin más, hinchazón del gusto, fogatilla, abrevadero y pesebre, cultivo de parásitos, rizo rizado, fuero de bien vestidos patanes, minué espectacularmente bailado con la bragueta abierta, supuesto saber estar de la sosería, catequesis morfinómana, sofisticación y fraude, clinclín de cubitos de hielo ante un horizonte necio…


La “hestética” del “fútbol moderno” es teoría chiripitifláutica y praxis supercalifragilísticoespialidosa. Es cagalera de tontajos. Sublimación de taras, zapatos con alza. Imposición cojonera y dolencia neuropóllica. Es tedio. Es memez y neurosis. Es como un divorciado ligando, que novelea las sórdidas verdades que otra ya desveló. Es hache de Estética que se olvida (junto a los Donuts) el “definitum ingredit definitionem non debet”.


A los múridos del antimadridismo rampante sólo los ilusiona Klopp, “que haría correr a Vinicius y a Mbappé”, los dos niños mimados de Flóper, que tiene que aprender del PSG, del Bayern y del City a ganar Champions. ¿Cómo haría correr Klopp a Vinicius y a Mbappé? ¿Hablándoles en alemán? ¿Instruyéndolos en políticas de inmigración? ¿Poniéndoles los videos de las finales perdidas por Klopp ante el Real Madrid? 


Luego, donde la chusma mediática insiste en presentar a Vinicius como a un simple negro que come sandía por la caridad del Real Madrid, Benzemá ve al N1, impresión refrendada por los demás números. En la actual temporada, y eso incluye a Xabi y su Sebas Parrilla, Vinicius encabeza la tabla de presiones del equipo, muy por delante de Tchouaméni y, por supuesto, de Mbappé. También encabeza la de faltas recibidas (110), por las 41 de Mbappé. Y encabeza, por supuesto, la de goles producidos en el último lustro (cinco años, no cincuenta, como sostiene el ministro Urtasun) en Champions, con 58, por delante de Mbappé (53), Kane (43), Haaland (39), Raphinha (36), Julián (34), Dembelé (29) y Kvaratskhelia (27). Ojalá hubiera tenido estos números aquel Luis Miguel que en la tarde del 18 de Mayo del 49, en la plaza de Madrid, cuando todos estábamos boquiabiertos, cuenta Corrochano, “se lleva la mano diestra al pecho y luego yergue el brazo con el índice enhiesto”.


En el fútbol, como en la vida, es modesto el que no puede ser otra cosa.


[Sábado, 9 de Mayo]