lunes, 2 de noviembre de 2026

Difuntos


Francesca


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Al hilo de la huesa de Lope de Vega, que a saber dónde andará, Julia Escobar ha sacado a colación una buena frase –las buenas frases son la verdad en números redondos– del entrañable Ramón Gómez de la Serna:
    
–En España no hay descanso para los muertos.
    
Con su corolario: “Y eso de la sepultura perpetua es una de las mentiras más absurdas”. ¿Quién se va a dejar aquí los ahorros en un ataúd de Gautier, París, con incrustaciones de marfil talladas en Italia por Guerrini?
    
Buen día, hoy, festividad de los Fieles Difuntos, para pasear la madrileña avenida de Daroca, que lleva a la Almudena (un paisaje del cual se sale, en que todo se empequeñece y se pierde: eso, nos dice Julio Torri, es la vida), y ojear en los escaparates los tarjetones de despedida, en fotocerámicas, que oferta el gremio lírico de la muerte, una vez que, “Gott ist tot!”, el Estado, dueño de la vida y de la muerte, interioriza como ramas de la seguridad social el aborto y la eutanasia.
    
Como por no discutir, Santayana llega a conceder que morir es algo horrible, igual que haber nacido es algo ridículo, con lo cual, aunque entrar y salir de este mundo no incluyera ningún dolor, podríamos aún decir lo que sobre ello dice la Francesca de Dante:
    
–Il modo ancor m’offende.
    
Es la manera lo que la estremece.
    
Nuestro filósofo (“católico estético”) ve en el miedo radical a la muerte amor radical a la vida, algo que enseña a cada animal a buscar comida y pareja, y a proteger su descendencia: la muerte puede ser amada por un espíritu desilusionado y fatigado, del mismo modo que, a pesar de ser nada –o, más bien, porque es nada–, debe ser odiada y temida por todo animal vigoroso.
    
A vueltas con la muerte, ponerse a bien con Dios, como hace un buen caballero que se pone un buen traje para cita mediana o importante: “Eso va siendo todo”, nos dejó dicho el más grande funebrista de esta Casa.
    
–La Muerte aún dice algo si la vemos de lejos.


[Noviembre, 2019]

El carácter es destino


Max Estrella


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los griegos decían que el carácter es destino, y todos sabemos que lo que decían los griegos iba a misa. El destino del Real Madrid, desde luego, es su carácter, y sin carácter es imposible encajar en este club. Por no irnos más atrás, la única diferencia entre Vinicius y Mbappé es el carácter: el primero lo tiene, pero el segundo no.


La prueba del carácter de Vinicius es una carrera exitosa en medio de una campaña de “mobbing” perverso como nunca se ha visto contra un deportista profesional, que además ingresa más de lo que gana, aunque el piperío cree que cobra de lo que el pipero se deja en la taquilla. Pura barbarie ibérica, que, como dijera Max Estrella, es unánime. En el país donde el Mono Burgos se quedó sin empleo por bromear con Lamine’2030 haciendo malabares en un semáforo, Vinicius da goles y alegría y, a cambio, ha recibido mordiscos en el cráneo, patadas en las canillas, un muñeco con su camiseta ahorcado en un puente, insultos de “mono” (¡también en TV!), cantos de “¡Muérete!”, linchamiento mediático, persecución arbitral, pitos de los piperos, un Balón de Oro birlado (no para otro artista, sino para un obrero del balón, o destripaterrones), censuras por sus celebraciones, por sus pelos y por sus novias, y ahora que cumple una condena a lo Papillón (cuatro partidos por un tirón de pelo del que la víctima no llegó a percatarse), como un Goicoechea de la vida que dejara el tobillo de Maradona con más flecos que la chaqueta de Búfalo Bill, la maldad española, hermana de la envidia y ambas hijas de la pobreza (no necesariamente económica), pregunta por qué ya no sonríe Vinicius, que, en efecto, no sonríe. Han ganado, y ésa es su victoria.


–Pues Fulano es negro y nadie se mete con él –se defiende el mugrilla que hace de mosca caída en la sopa.


Esta psicología la supo ver bien en la sociedad española Ruano, para quien el gran fantasmón de vida aburrida en un alma de cartón puede salvarse más fácilmente del odio de la chusma que el dandy (en números redondos, Vinicius es el gran dandy de la Champions), porque el dandy irrita lo no flexible, lo no imaginativo que hay en las masas desbordadas, y el que sea testigo de la estulticia general con su pupila irónica saca de quicio a la gran bestia que necesita volver al testigo a su condición etimológica griega: mártir.


–Rara vez la ironía, que es de genealogía patética, no termina en drama. Esto es como la sonrisa, que no es de la familia de la risa, sino de la estirpe del llanto.


A Vinicius lo han matado por Gato Risón (“¿Tú de qué te ríes? ¿No ves que estamos todos “jodíos”?). Los mequetrefes del Sistema lo apartaron del Clásico, donde el Barsita viene de ser apalizado en Champions por los suplentes del PSG, pero con el bálsamo de un árbitro del melifluo Fran Soto. El Barsita es el “Pou Pou” (de Poulidor, eterno segundón) del fútbol español, y querrá celebrar la vuelta en loor de multitudes de Puigdemont con una victoria para cerrar la Liga y dedicarse a la Champions a tiempo completo. El Dyango de los piperos, Klopp, ese fanegas del país de Merz que iba a traernos Riquelme si lo convencía Raúl, que habla alemán de la cuenca del Ruhr, anuncia que va con el Barsita, pues es culé, y es culé porque “el Real Madrid de Pepe daba leña”, y la que más daño le hizo al gusto fue la no patada con expulsión de Pepe a Alves en la Champions por el paisano (¡qué paisanaje!) de Klopp, Herr Wolfgang Stark. Pobre Klopp, al que la leña de Pepe no dejaba ver el bosque de Negreira. Pero, en fin, es dogma del Relato que en la corona de los “valors” culés está no dar patadas ni siquiera en la aceleración del pulso, como Hobbes definió la alegría. Claro que tampoco Vinicius da patadas, y lleva más expulsiones en España que el colombiano Bedoya en su historia.


–Y Kane ¿qué? ¿Otra vez Balón de Oro? –pregunta el abuelo de Majaelrayo.


Magnífico jugador, “totalmente Real Madrid”, como sabía Ancelotti. Únicamente tiene una pega: no huele los títulos. Pero, con la jubilación de Benzemá, hubiera divinizado, aún más, al Madrid. El carácter es destino.


[Sábado, 24 de Octubre]

La tierra y los muertos


El panteón familiar en el rincón antiguo del cementerio


Jean Palette-Cazajus


Ayer, día 1 de Noviembre, como todos los años, fui a florecer el panteón familiar. Lo hago siempre con una sensación de deber ineludible, sin duda movido por la conciencia de que durante el resto del año no honro la memoria de mis padres, de mis  antepasados, con la continuidad que merecerían. Lo hago también con una sensación de deber institucional, con la idea de que la existencia de los cementerios, de los panteones familiares, refleja cierto orden ineluctable de las cosas.

Mientras regresaba a mi casa, algo prieto todavía el corazón, no sé por qué me acordé de una tribu amazoniana que cuelga a sus difuntos de los árboles y los deja allí pudriéndose de manera harto poco apetecible. Hasta que sólo queden los huesos, entonces cuidadosamente pulidos y conservados en la choza. Hubo una época en que ciertos paleontólogos querían homologar la aparición en el hombre de la conciencia de la muerte con la de las primeras sepulturas. Como si la forma natural del “tratamiento” de los difuntos fuese la sepultura bajo tierra. Lógicamente, vemos que una misma diversidad caracteriza las maneras de deshacernos del grave “marrón” de los cadáveres y las maneras de socializar los vivos.

Si nos atenemos a las épocas históricas vemos que si el enterramiento une a los tres monoteísmos, las religiones orientales han privilegiado la cremación. Pero la historia de nuestros propios países está mostrando hasta qué punto la noción de cementerio y de sepulturas privadas o familiares es producto de la modernidad política y lleva camino de ser víctima de la posmodernidad. Durante siglos, nuestros difuntos fueron sepultados en el seno de las iglesias o en su proximidad, según la jerarquía social, mientras la humanidad ordinaria terminaba en la fosa común o el pudridero. El cementerio es, todo a la vez,  producto del higienismo moderno, de la democratización de las sociedades y de la dignificación progresiva del individuo occidental. Pero hasta en pueblo tan humilde como el mío, la inflada astracanada de algunos panteones coexiste con la conmovedora humildad de otros. La muerte será siempre más estatutaria que la vida.

Las flores, la tierra, los muertos, la memoria


Parece claro que la tradición occidental de la sepultura es inseparable del papel determinante ejercido por la agricultura y la ruralidad sobre nuestros valores y nuestra cultura. Hemos enterrado nuestros difuntos como enterramos nuestras semillas. Ellos fertilizaron la tierra y engendraron el trigo de la memoria y de la continuidad histórica. La modernidad fabricó la identidad de las grandes naciones europeas tal como la hemos heredado. Fue la que se fraguó a lo largo del siglo XIX y de la primera mitad del XX,  en el seno de sociedades todavía mayoritariamente rurales y donde la condición del campesino había mejorado notablemente. Los campesinos franceses sólo recuperaron en los años 1950 el nivel de vida truncado en 1914 por el estallido de la guerra.

El escritor Maurice Barrès, cuyo prestigio en su tiempo cuesta hoy imaginar, vivió entre 1862 y1923. Su madurez coincide con el auge de los nacionalismos y su fatal ignición en el primer conflicto mundial. Barrès formuló la nación de manera abrupta, escueta y mítica. “La Terre et les Morts”, la tierra y los muertos. También es autor de la que fue en su momento una novela de culto, “Les Déracinés” (1897), los desarraigados. El leitmotiv es obvio. En su momento aquel concepto de la nación se percibió como la antítesis de la famosa definición, contractual ella, de Ernest Renan (1823-1892). “La existencia de una nación es un plebiscito de todos los días […] las naciones no son eternas, empezaron un día, terminarán un día”. No necesito decir que, tras las dos Guerras Mundiales, se quiso ver en “La Tierra y los Muertos” la fórmula maléfica que azuzara a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Se quedó en obsoleto símbolo del nacionalismo etnicista y “reaccionario”.

Barrès, a quien se le vuelve a reconocer la complejidad y los matices que se le negasen durante su largo ostracismo, fue ciertamente el cantor de la nación orgánica y territorial. Vivió la anexión por Prusia de la Alsacia-Mosela como una mutilación física infligida al cuerpo de la nación francesa. Pero hace tiempo ya que los etnólogos nos han demostrado que ninguna tensión fronteriza se puede equiparar con las que caracterizan las relaciones entre grupos étnicos no territorializados, donde la alteridad genética se identifica con la hostilidad y el conflicto. Como decía Lévi-Strauss, en las sociedades tradicionales, el otro, por definición, es el piojo. Os remitiré a la obra que Régis Debray vino a presentar este mes de Junio, en Madrid, “Elogio de las fronteras”, Gedisa 2016.  “Demarcación y límite son condiciones necesarias de la civilización” dice el autor, recordando, por otro lado, la actual aparición de nuevas fronteras a cual más segregativa, como las de los fanatismos religiosos.

Maurice Barrès con... Juana de Arco. Compiègne, 1913


Recordemos el concepto de “englobamiento” tal como lo concibe Louis Dumont. En nuestras sociedades domina la configuración ideológica de los valores modernos, “englobantes” o sea prioritarios e inmediatamente conscientes. Pero siguen actuando en nuestro psiquismo muchos valores tradicionales. Lo hacen de una forma a veces inconsciente -porque los reprimimos o porque los niega la ideología dominante-, pero más activa de lo que se piensa, son los valores “englobados”. A mí me han educado en el respeto de la nación como adscripción voluntaria y contractual y valoro la definición de Renan. Pero tengo claro que “La Tierra y los Muertos” expresa una dimensión todavía constitutiva y sin duda inevitable, por presencia o por ausencia, de nuestras identidades. 

Ayer, mientras volvía de depositar mis crisantemos en el panteón familiar, sólo pude creer un instante en la ineluctabilidad y permanencia de las cosas, engañado por mi genealogía rural y mi obsoleto historicismo. Por toda una serie de razones, muchas de ellas seriamente socioeconómicas, la cremación de los cadáveres será pronto mayoritaria. Según dato que acabo de leer, en los próximos diez años, su porcentaje en España debería de rebasar los 70 %. Estoy convencido de que el irresistible éxito de la nueva práctica funeraria nos dice mucho, como causa y como consecuencia,  sobre las modalidades evolutivas de nuestras identidades, cultural o nacional. Nuestro entorno es sólo tecnología, virtualidad y agitación insecticida. La cremación industrial es pues la práctica adecuada para coronar nuestros muñones de existencias. Desaparecidos el paisaje, la sepultura y la memoria, desaparece el recuerdo de la muerte. Para el pueril “presentismo” actual, va sobrando la Tierra y van sobrando los Muertos.


Ernest Renan en su despacho

[Noviembre, 2016]

Lunes, 2 de Noviembre

 



Profesor de sollozo he dicho a un árbol
palo de azogue, tilo
rumoreante, a la orilla del mame, un buen alumno
leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca,
entre el agua evidente y el sol falso,
su tres de copas, su caballo de oros

domingo, 1 de noviembre de 2026

Amor constante más allá de la muerte*







Lauda de entrada


Ignacio Ruiz Quintano


Nadie muere si vivió de veras. Se mueren sólo los muertos. Si la vida es algo,
 no es de ningún modo nuestra vida, sino la vida nuestra en los demás.
 La inmortalidad es memoria. Temblor de primavera ausente,
 en el invierno del recuerdo. Milagro
.
César González-Ruano



    Al principio, según Mingote, la gente eran sólo dos.

    Nada convence como una buena hipótesis, y la de Mingote es una hipótesis magnífica. El resto bien podemos imaginarlo. Pero, de Pío Baroja a Rocío Jurado, ¿a dónde va toda esa gente que Mingote viene despidiendo desde hace cincuenta años?

    –Ya estoy despedido –apunta Ramón Gómez de la Serna en la lauda de entrada a su libro Los muertos y las muertas–. Tenemos que evitar que suceda lo que en las conferencias telefónicas, que las cortan cuando nos falta la despedida. Yo ya quedo despedido.
    
Se supone que, si Mingote acude a despedirte, es que uno va a ir al cielo.
    
–Al cielo iremos los de siempre –avisa un libro de Mingote.
    
Al cielo de Mingote, naturalmente, pero cielo al fin y al cabo, que es un cielo que todo el mundo se imagina con algo de vida en el campo o de veraneo en el Norte.

    Foxá contó una vez cómo el padre Guepin, abad mitrado de Silos, paseando por sus soleados claustros románicos con unos amigos, suscitó la conversación de cómo imaginaba cada uno al cielo.
 Todos expusieron sus visiones: conciertos sacros, espectáculos sin tedio, goces sin pecado...
    
–Yo –dijo el padre Guepin– me lo figuro como un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo “respetuosas objeciones” al Ser Supremo: Señor, ¿por qué hubo enfermedades? ¿Para qué hicisteis a los microbios? ¿Qué objeto tenía el planeta Júpiter?
    
Veraneo en el Norte o vida en el campo. El mejicano Julio Torri, precursor del texto breve –humor, audacia y perfección–, anotó en La vida del campo, inspirada en Villiers de l’Isle Adam:


M. M.

    “Va el cortejo fúnebre por la calle abajo, con el muerto a la cabeza. La mañana es alegre y el sol ríe con su buen humor de viejo. Precisamente del sol conversan el muerto y un pobrete –acaso algún borracho impenitente– que va en el mismo sentido que el entierro.

    ”–Deploro que no te calientes ya a este buen sol, y no cantes tus más alegres canciones en esta luminosa mañana.

    ”–¡Bah! La tierra es también alegre y su alegría, un poco húmeda, es contagiosa.

    ”–Siento lástima por ti, que no volverás a ver el sol: ahora fuma plácidamente su pipa como el burgués que a la puerta de su tienda ve juguetear a sus hijos.
    
”–También amanece en los cementerios, y desde las musgosas tapias cantan los pinzones.

    ”–¿Y los amigos que abandonas?

    ”–En los camposantos se adquieren buenos camaradas. En la pertinaz llovizna de diciembre charlan agudamente los muertos. El resto del año atisban desde sus derruidas fosas a los nuevos huéspedes.

    ”–Pero...

    ”–Algo poltrones, es verdad. Rara vez abandonan sus lechos que han ablandado la humedad y los conejos.

    ”–Sin embargo...

    ”–La vida del campo tiene también sus atractivos.”


M. M.

    Cuando muere un gran hombre, vino a decir Leon Bloy, siempre añade algo a la Vía Láctea. Y no pensaba en la pasarela de la popularidad. La popularidad, tiene para sí Mingote, no es nada.
    
–Es más importante el aprecio de la gente que importa, las personas de talento, los maestros, como Wenceslao Fernández Flórez, que estaba firmando en la Feria del Libro. Le llevé el primer tomo de sus Obras Completas para que me lo dedicara, y el maestro, amablemente, era muy amable, escribió una dedicatoria: “Con amistad y admiración a Antonio Mingoti”. O sea, me admiraba, pero no tanto como para aprenderse mi apellido. Se empezaba a perfilar nítidamente mi arrolladora personalidad.

    A Fernández Flórez, por cierto, no le hacía gracia alguna que la exhibición del ataúd donde el interesado va tendido, tan largo como es, sin hacer nada, ofreciera contraste tan agudo con la actividad, con el ajetreo circundante, que para el muerto tiene que resultar vejatorio.

    –La prisa de los demás, reveladora de vida, produce, sin duda, una especie de humillación en el difunto. A nadie le puede gustar, por lo menos en los primeros días, que le recuerden que ya no existe, y pasar inactivo, tumbado, entre la riada de apresurados chóferes que hacen sonar las bocinas, de vendedores clamorosos, de transeúntes diligentes, parece que es ir diciendo: “¡Fastidiarse, amigos, que yo me he asegurado ya la holganza!”
    
No creía arriesgado suponer que el muerto hubiese sentido la inquietud de la proximidad de la noche: el miedo a llegar al camposanto en sombras ya, cuando todo es allí más extraño y temible:

    –Si a uno lo dejan en su nicho con sol, parece que la instalación es menos impresionante; pero el difunto mejor bragado no puede menos de sentir terror, si toma posesión de su tumba entre tinieblas. Dígase lo que se quiera, la primera noche que se pasa en un cementerio, aunque se disponga de un buen panteón, no tiene nada de agradable. No es posible el descanso, se extraña todo y a cada instante se espera que ocurra algo tremendo.
    
La muerte moderna, tiene observado Octavio Paz desde su laberinto de la soledad, no posee ninguna significación que la trascienda o refiera a otros valores.

    –En un mundo de hechos, la muerte es un hecho más.


M. M.
   
Pero como es un hecho desagradable, la filosofía del progreso pretende escamotearnos su presencia: “En el mundo moderno todo funciona como si la muerte no existiera. Nadie cuenta con ella. Todo la suprime: las prédicas de los políticos, los anuncios de los comerciantes, la moral pública, las costumbres, la alegría a bajo precio y la salud al alcance de todos que nos ofrecen hospitales, farmacias y campos deportivos. Nadie piensa en la muerte, en su muerte propia, como quería Rilke, porque nadie vive una vida personal. Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios.”

    –La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida.
    
César González-Ruano, que sigue siendo el escritor al que mejor se le han dado los muertos, sabía que los muertos no se terminan nunca y tuvo la impresión de que se muere un poco en cada amigo que nos deja:
    
–La vida no es mucho más que eso: la fe de ella que dan quienes nos conocen. El día que nadie nos pudiera conocer seríamos como muertos sin enterrar. Vivimos en tanto que vivimos en alguien. Tiene sólo sentido la vida en tanto que alguien nos ama o nos estima. La muerte es el desconocimiento, la indiferencia. A los muertos los han querido, pero ya no los quiere nadie. Si alguien les siguiera queriendo en todo el vigor de la actualidad, de la realidad del amor, resucitarían.
   
 Si Ruano es el escritor al que mejor se le han dado los muertos, Quevedo es el escritor que más y mejor se ha encarado con la muerte.

    –Quevedo es el tremendo español, y por eso anda a vueltas como nadie con el tremebundismo de la muerte –dirá, en apoteosis de necrología, el gran Ramón de los muertos y las muertas–. Quevedo estuvo siempre ensayándose con la muerte.
    
En el Sueño de la muerte, la muerte avisa que eso –huesos descarnados con una guadaña al hombro– no es la muerte. Dice la muerte:


M. M.

    –Eso no es la muerte, sino los muertos o lo que queda de los vivos. La muerte no la conocéis, y sois vosotros mismos vuestra muerte: tiene la cara de cada uno de vosotros y todos sois muertos de vosotros mismos. La calavera es el muerto y la cara es la muerte; y lo que llamáis morir es acabar de morir, y lo que llamáis nacer es empezar a morir, y lo que llamáis vivir es morir viviendo, y los huesos es lo que de vosotros deja la muerte...
    
A Ramón lo estremece de Quevedo la proposición de que caminemos muertos para no dejar de vivir, como si nos diese la contraseña para pasar frente a todas las garitas en que la muerte vigila. Y se agarra al descomunal soneto en que Quevedo juega con toda la mitología griega del otro mundo: el alma en la laguna, orillados los recuerdos, Caronte aguarda.

    –Su mejor poesía –concluye Ramón su Quevedo– es esa en que habla de sus cenizas enamoradas, soneto con algo de epitafio de sí mismo: Amor constante más allá de la muerte.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado
.

    Mientras aguardaba a su boda con una viuda –¡nada que ver con Lisi!–, Quevedo tuvo la obsesión de expresar poéticamente, al hilo de Propercio, la idea de la pasión amorosa sobreviviendo a la fugacidad del cuerpo. El amor, que diera sentido a la vida, había de dar sentido a la muerte.
__________
*Prólogo para el libro de necrológicas  
Serán ceniza, mas tendrá sentido, de Antonio Mingote
Ediciones Luca de Tena, 2006



MM

El Real Madrid de la presente temporada 2026-2027, tras su regio partido ante el Barcelona el pasado 25 de octubre




Pepe Campos


Aparte de las actuaciones arbitrales (negativas) y de las exigencias del calendario (cuatro duelos de primer nivel a comienzos de temporada: Betis, Inter, Atlético y Barcelona), este nuevo Real Madrid de Mourinho plantea algunas incógnitas sobre su forma de juego. Interrogantes que se arrastran desde la retirada de Kroos en 2024 (nunca estuvo entre los tres mejores jugadores del mundo del ya devaluado Balón de Oro) y desde la salida de Modric en 2025. Desde entonces es notorio que los problemas que arrastra el Madrid consisten en que es un equipo que no tiene resuelta la generación del juego. El puesto del seis clásico, la de este tipo de jugador, en cualquier formación futbolística es clave para aportarle racionalidad, sencillez y equilibrio para que todas las líneas del conjunto se coordinen, pues la salida llana del balón hacia arriba ahorra esfuerzos y aporta tranquilidad. Al Real Madrid le falta ese futbolista específico que ocupe este puesto con solvencia. Como contraste podemos situarnos ante el Manchester City con Rodri (ahora con Anderson/Enzo), en el Paris Saint Germain con Vitinha o en el Barcelona con De Jong (anteriormente Busquets, ahora Rodri —mal ubicado en el campo por Flick, tropezando con Pedri, Fermín y Cubarsí—). Desde este planteamiento no se entiende la no contratación este verano de Rodri por parte del Real Madrid (hoy el mejor jugador del mundo en su puesto por la claridad que introduce al juego en la formación que esté). Esta decisión va a condicionar el desarrollo  de esta temporada y el futuro del equipo. Sobre este suceso se ha trasladado la versión de que Rodri tenía dudas a la hora de venir al Real Madrid. Pero no se ha explicado qué tipo de dudas eran esas. Sinceramente pienso que si Mourinho hubiera puesto toda la carne en el asador, apostando por el jugador, el fichaje se habría producido. Este lance es una rémora de inicio (y lo será toda la temporada) en la manera de jugar del bloque madrileño. Aparte está que este notable deportista se ha ido al equipo rival que parece funcionar, ahora más que nunca, como una máquina bien engrasada, a pesar de haber sufrido el imperial partido del Real Madrid, contra ellos, el pasado 25 de octubre.


Se podrá pensar que ni Kroos ni Modric eran jugadores que de manera natural ocuparan esa posición central del medio volante, pero su técnica personal (llevar el balón cosido al pie) más su versatilidad, visión de juego y compromiso les permitía situarse cerca de la medular y mantener el balón, esconderlo, repartirlo y dirigir el equipo con pautas para llevarle con criterio hacia adelante. El trabajo que no va a realizar Rodri en el Real Madrid (donde dispondría de espacio para ejercer su dirección/resituando bien a Tchouameni, a su lado) tendrán que llevarlo a cabo, al unísono, es decir, hacerlo con compenetración, cuatro centrocampistas: Valverde (no lleva el balón cosido) por la derecha, donde se le está utilizando de manera diferente a la de medio volante; Bernardo Silva, desde atrás (con buen manejo de balón y experiencia, pero sin la contundencia que exige la posición central por delante de la defensa); Tchouameni en el centro (con carencias si se le obliga a que se emplee fuera del pase muy en corto), y Camavinga (que no conduce el balón pegado al pie) por la izquierda, preferentemente, o por la derecha. Cuatro jugadores donde uno solo resolvería todas las tareas de cierre, apertura, ritmo y visión de juego. Además, Rodri hubiera aportado dos cuestiones fundamentales para el núcleo del juego, la de robar balones y, esencialmente, la de esconderlos ante los rivales, ya que dispone de una envergadura física que elude que se los quiten. En este sentido la escuadra blanca tiene jugadores que roban el balón como Camavinga y Valverde. También, que taponan el juego rival, como Tchouameni. Si bien a excepción de Bernardo Silva no dispone de un pelotero que guarde el balón al inicio de las jugadas. El ejemplo más evidente es ver cómo sufre Güler en esa faceta que le impide ocupar esa posición central de generar el futbol. Esa función la puede realizar Bernardo Silva, en espacios cortos, a todas luces un jugador que más arriba, como Güler, amplía el panorama, y que padece si se le coloca atrás. De ahí que el trabajo de un solo hombre —Rodri— hubiera ahorrado tanta solución táctica que es la que ahora tiene que encontrar Mourinho para el equipo.
A la hora de perfilar un posible equipo titular podemos entrar en el siguiente análisis, comenzando por la defensa en la que la labor de portero está resuelta por Courtois. Más Lunin, guardameta de enorme garantía cuando no esté el belga. En el lateral derecho, Valverde, si se decidiera a ser el mejor lateral del mundo sería el elegido. Al ser un futbolista comodín entrará y saldrá de esa posición según los encuentros. Dumfries aporta sacrificio táctico y recorrido ofensivo, sin la claridad del pase final. Algo que sí posee Trent, careciendo de la primera de estas cualidades, la de permanecer atento al juego del rival. Estos tres jugadores puede que alternen en el puesto de lateral que desde hace dos años —finalizada la época de Carvajal— está en proceso de asentamiento. La pareja de centrales parece que irá rotando entre Konaté/Rudiger y Huijsen (que jugará más a pesar de su menor contundencia —si bien va ganando en este faceta— al caracterizarse por la buena salida de balón y el uso de la pierna izquierda). Konaté destaca en la austeridad táctica y el juego aéreo, sin demasiado manejo del esférico. Rüdiger ofrece dinamismo, entrega, anticipación y dominio por arriba. Queda por saber cómo irá entrando en la defensa Militao tras sus lesiones reiteradas, que de ir fortaleciéndose se haría sin lugar a dudas con la titularidad en una posición donde la mayoría de centrales son diestros. El canterano Asencio siempre quedará como una buena solución de recurso y de última hora. En el lateral izquierdo, la concentración, la viveza, la buena lectura del juego y su excelente asociación dan clara ventaja a Cururella; mientras Carreras será un opción de relevo y de descanso, en un espacio en el que debe mostrarse con menores descuidos. La participación en este lateral de Mendy —enorme marcador— queda como un misterio en este curso.
En la línea del medio campo ya hemos comentado el galimatías que existe por la ausencia de un medio volante central clásico, de corte, con visión de fútbol y con despliegue por toda la zona media para la construcción del juego; apoyándose en la defensa y abriendo a los medios volantes, el derecho y el izquierdo. El lado diestro puede ocuparlo Güler por su capacidad de descubrir espacios vacíos y de dar el último pase asociativo al hueco en las diferentes demarcaciones del área rival, aparte su excelente manejo del cuero; sólo debe crecer en confianza y en el fondo físico. El lado izquierdo queda en propiedad de Bellingham con amplio despliegue defensivo y ofensivo por la zona media, intercambiando posiciones y una sorpresiva llegada a la línea de gol, la mejor de sus cualidades. Por su parte, Camavinga, siempre será un magnífico titular en ese volante izquierdo, una solución para la defensa y para la zona central. Su versatilidad y fuerza física son llamativas y, tal vez, no ha dado con el entrenador que sepa sacarle todo el fútbol que lleva dentro, que es mucho. Cierto que al ser un jugador muy valiente se carga de tarjetas, a cambio ofrece capturas de balón impensables y salidas con el mismo que rompen los partidos. Es un todo terreno a cuidar y a tener en cuenta. Valverde por el lado derecho puede jugar, como hemos comentado, en todas las posiciones. Y Bernado Silva, entre líneas, también, en una amplia gama de emplazamientos y con distintas funciones, más juego combinativo y dinámico, con micro pases y micro llegadas al gol. Por último, Thiago no parece contar con la confianza de Mourinho. Es un jugador que está por ver. Inédito.


En la delantera tenemos la novedad de Diomande que puede ocupar la demarcación de extremo derecho y de extremo izquierdo, con excelente regate y muy trabajador en tareas defensivas taponando la subida de los rivales. Su juventud y rapidez le avalan para ser un futbolista muy útil esta temporada, y las próximas, su natural driblin debería estar acompañado del pase de extremo, algo en lo que no parece estar a la misma altura como esa facilidad que sí posee en el desborde de defensas. En la derecha deberá competir con Rodrygo cuando éste se recupere de su lesión. Y en el extremo izquierdo con Vinicius, un jugador estigmatizado por la prensa buenista (la dominante en el panorama periodístico español) muy dañina con este extraordinario extremo que lo ha dado todo hasta ahora. Los extremos no pueden estar toda la vida regateando y regateando porque la velocidad es un potencial que mengua —en este sentido, sufren rachas, y con la edad declives— por eso tienen que buscarse una solución en su juego incorporándose hacia el centro de la media y de la delantera —media punta—. En este particular Amancio fue un driblador muy inteligente, supo pasar del siete al ocho, con su juego eléctrico y embrujado; también Juanito evolucionó del mismo modo. No digamos Blokhín en su faceta de extremo izquierda y dirigiendo el juego de aquel gran Dinamo de Kiev, un equipo irrepetible. Podríamos poner más ejemplos de extremos —el puesto más bello del fútbol—, de regateadores reconvertidos. En definitiva, Vinicius —a quien se le ataca con saña por ser generoso y valiente, y rebelde— tiene que ir recolocándose en este Real Madrid de Mourinho, su regate, extraordinario pase y su verticalidad no pueden caer en olvido. Al margen, Mbappé, en el centro o en todas las líneas de la delantera es intocable por su olfato goleador, principalmente. Espí es una garantía por ser un delantero centro a la vieja usanza. Endrick, lo tiene más complicado debido a que no hay puestos libres, si bien cumple siempre por su entrega. Y Brahim, un delantero diferente en espacios pequeños, pase en corto y canalizador de trastornos para abrir huecos y propiciar remontadas.


Así está el Real Madrid de José Mourinho a la altura del mes de noviembre, con la ocasión perdida de no haber contado con Rodri (a quien se le ahoga en el Barcelona) que hubiera tenido puesto en el equipo blanco en buena compañía de Tchuameni, Bernardo Silva, Valverde, Güler, Camavinga y Bellingham. Un Real Madrid que está obligado a recuperar la contundencia defensiva, la acomodación de Vinicius y, fundamentalmente, alcanzar un juego «sinfónico» en la medular.
 

Domingo, 1 de Noviembre

 


Leviatán

Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

DOMINGO, 1 DE NOVIEMBRE


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:


-Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Mateo 5, 1-12a 

sábado, 31 de octubre de 2026

El vicio



Don Juan y Calvo Serer

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La libertad es un vicio anglosajón que fuera de Anglosajonia no ha tenido el menor éxito, seguramente por falta, entre nosotros, de eso que el tertuliano llama “pedagogía”. Sólo hay que ver los análisis de las elecciones americanas, y es que en España casi te ponen mejores ojos si pides una caipiriña que si pides libertad.

Un ejemplo de pedagogía periodística con eso de que el Pisuerga pasa por Valladolid es Rafael Calvo Serer, propietario del diario “Madrid”,·que pasa a la posteridad, no por fundador de la Junta Democrática que le atribuye la Wiki, sino por autor de un artículo, en el 68, “Retirarse a tiempo: no al general De Gaulle”, que se lee como una invitación a marcharse a De Gaulle… y a Franco.

–España mantiene una semejanza de situaciones sociales y políticas con Francia. Si allí se presenta el problema de la sucesión de De Gaulle, también está planteado en España.

Para los arbitristas de la época la sucesión era una “república monárquica”, como la de De Gaulle, o una “monarquía republicana”, como la escogida, en la cual el rey reina, pero no gobierna. ¿Y qué era reinar?

–Asistir al juego, sin jugar.

Una tercera vía, la “monarquía presidencialista”, fue explorada por Don Juan en París con Maurice Duverger, que vio en ello “el sueño de Benjamin Constant”. Después de todo, “una monarquía presidencialista es democrática y una república parlamentaria es oligárquica”.

¿Qué “pedagogía” puede salir de las elecciones americanas? Para empezar, la del principio electivo, una de las tres patas de la democracia representativa, por el cual el pueblo designa la persona para la función ejecutiva de gobierno en el Estado.

–En elecciones legislativas, el diputante es señor del diputado. En elecciones ejecutivas, el mandatario es señor del mandante.

Otra cosa sería aprovechar las elecciones yanquis para publicitar aquí la literatura subversiva de “El Federalista” o los debates sobre la Constitución federal de Jonathan Elliot, que a esos lujos ya renunció uno hace tiempo.

 

[Noviembre, 2020 ]

Sábado, 31 de Octubre

 


Veleta

viernes, 30 de octubre de 2026

Turnismo y bipartidismo


A dos mil euros el selfi

 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La oligarquía de partidos-lapa en el Estado fue una imposición del ejército de ocupación a la Europa derrotada. Un sistema de control para la guerra fría: elimina la política (la conquista del poder) y la sustituye por el consenso (reparto del poder mediante pacto o corrupción). El pueblo no decide nada, pero se le vende que lo decide todo, y siendo necio, lo compra. Su necedad se nutre de la guerra cultural entre la Komintern de Willi Münzenberg y la CIA de Michael Josselson, con su plan de engorde para intelectuales (los famosos liberalios) de la socialdemocracia, donde militan todos (¡aquel Julián Andía de Tierno!).
    

–Y ahora, conectamos en directo con la guerra fría de la cultura –era un gag de la BBC.
    

Los ingredientes de la oligarquía de partidos son dos colas de león (coleo de derecha a izquierda) y muchas cabezas de ratón destinadas a la extracción de dinerales. Al colear de las colas por turno llaman bipartidismo, cuando ni siquiera sería turnismo, como el de la Restauración, que ya era malo, visto por Galdós: “Los dos partidos son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...”
    

Bipartidismo es otra cosa. La grandeza americana de los Founding Fathers fue admitir el fracaso de su primera Constitución, confederal y parlamentaria, y elaborar la de la Convención en Filadelfia, federal y presidencialista, de elección directa y separada, invento que al reducir a dos las opciones trae por consecuencia el bipartidismo, que es, como la mayoría absoluta (enemiga de la oligocracia), un distintivo de la democracia.
    

Bipartidismo y mayoría absoluta constituyen anomalías graves en la partidocracia, de sistema proporcional, que el Régimen, que está muy bien vigilado, se apresura a corregir, y ahí tenemos las obras maestras de Podemos y de Vox como tapagrietas del montaje, que han conseguido devolver al corral a las churras y las merinas que se habían desengañado del cuento, con lo que hablar aquí de bipartidismo es ignorar bajo qué régimen político se vive. El sistema proporcional, que disuelve la conciencia nacional, da por sentada la imposibilidad de la democracia.


    Sin presidencialismo, pues, no hay bipartidismo (ni división de poderes, claro). Pero ¿sería compatible con la Monarquía?


    –Una Monarquía presidencialista es democrática. Una República parlamentaria es oligárquica –concluyó el genial autor de la “Teoría pura de la República”, que en el 74 entregó al Conde de Barcelona un proyecto constitucional de Monarquía presidencialista (nada que ver con “la monarquía futurista” de Yarvin) que a Maurice Duverger, con quien lo consultó Don Juan, le pareció “que habría hecho soñar a Benjamin Constant”.


    Poco nos suben los impuestos.


[Junio, 2022] 

Viernes, 30 de Octubre

 


Quitameriendas (Colchicum montanum) que anuncia al otoño

jueves, 29 de octubre de 2026

Sin protestas



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En América, un ex votante demócrata, James Woods, advierte que el Estados Unidos de Nancy Pelosi será irrevocablemente un sistema de partido único (“si bien los demócratas se ríen de júbilo, incluso ellos pueden llegar a lamentar un sistema en el que sólo se escucha una voz”). Y en España, Capitán Bitcoin, una cuenta tuitera echa la cuenta de la vieja: 30.000 vacunas perdidas —sin protestas; comité de expertos fake —sin protestas; satélite de 200M€ perdido —sin protestas; 230.000 negocios quebrados —sin protestas; Sepe inoperativo 20días —sin protestas; crisis migratoria —sin protestas; desempleo juvenil del 40% —sin protestas…


    Bueno, en eso consiste el Sistema. En fútbol el Sistema, dice Ancelotti, es lo de menos: a él le gusta el 4-4-2 porque refleja la forma del terreno de juego, que es un rectángulo, pero en el Milán acabó inventando la formación en árbol de Navidad. Estas licencias no existen en la política. A los españoles se nos impuso el Estado de Partidos, y eso es para siempre.
    

En el Estado de Partidos no estamos representados (su propio creador presume de eliminar con él “todo vestigio de representación”), pues su función es la “integración de las masas en el Estado”, pastoreo del que se encargan los partidos para cerrar el paso a la democracia. Periódicamente, a derecha y a izquierda hay individuos que se descuelgan del sistema y, al pensar por libre, dejan de votar. Como la abstención es el único enemigo del Sistema, surgen Podemos a la izquierda y Vox a la derecha para devolver esos votos perdidos a la tolva estatal: basta con gritar demencialmente que viene el comunismo o que viene el fascismo para que los descarriados regresen a la hoguera campamental del Centro (¡la ilustración analfabeta del centro!), que es el Estado.
    

No es el fin de la Historia, que Hegel vio en Napoleón; Kojève (y el Ayuntamiento de Valencia) en Stalin; y el gamberrín de Fukuyama (con el no menos gamberrín de Aznarín), en los Bush. Es el fin de la Democracia. Sin protestas.


[Agosto, 2021] 

Jueves, 29 de Octubre

 


Las varas de Dios

miércoles, 28 de octubre de 2026

Dostoyevski



 

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Dostoyevski cumple hoy doscientos años.
    

Si la literatura fuera seria como la música, antes de sentarnos a escribir una novela, leeríamos, para coger ritmo, unas páginas de Dostoyevski (no como Stendhal, que leía el Código Civil, o los novelistas españoles, que leen editoriales de “El País”), y el Hado aprovecharía ese instante para quitarnos de en medio como a Wertheimer (“El Malogrado” de Thomas Bernhard), que se ahorcó porque tuvo la desgracia de oír al genio de Glenn Gould tocar en el Mozarteum las Variaciones Goldberg.
   

 –La fatalidad de Wertheimer fue haber pasado ante el aula treinta y tres del primer piso del Mozarteum en el momento en que Glenn Gould tocaba, en esa aula, la llamada “Aria”.
    

Nuestra fatalidad, pues, es no habernos detenido a tiempo a leer a Dostoyevski, que nos redime de este mundo garbancero, donde los pultofagónides de la Cultura nos comen como sabañones, con dos fogonazos de magnesio: el sueño de Dresde y el inquisidor de Sevilla.
    

Ante el cuadro de Lorrain en Dresde sueña Dostoyevski que Europa no sabe nada de su hombre futuro: “Se ha creado entre nosotros, en el curso de los siglos, un tipo superior de civilización: el de sufrir por el mundo. Ése es un tipo ruso. No somos más que un millar, pero toda Rusia no ha vivido hasta ahora más que para producirlo”.
    

Y en Sevilla, por boca del inquisidor, nos reduce a zampabollos (artófagos) de la servidumbre: la humanidad nunca buscó la libertad y nunca lo hará; es demasiado débil para soportarla. No busca libertad, sino pan, pero no el pan divino, sino el terrenal.


    –¿Ves estas piedras del desierto? Conviértelas en panes y detrás de ti correrá la humanidad como un rebaño agradecido. Pero tú –el Gran Inquisidor apabullando al Cristo– no quisiste privar al hombre de libertad y rechazaste la proposición, pues ¿cómo puede hablarse de libertad, razonaste tú, si la obediencia se compra con pan?
    

En vista de lo cual (¿puede el hombre vivir sin creer en Dios?), siempre nos quedará la horca de Wertheimer.


[Noviembre, 2021] 

Miércoles, 28 de Octubre

 


Setas de alcorque 

martes, 27 de octubre de 2026

Teoría de la Victoria



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En lo que arde París, el general americano de la Otan en Europa expone en Varsovia su “Teoría de la Victoria”, naturalmente sobre Rusia, que para los liberalios sería como la Victoria de Samotracia, sólo superada en belleza por el coche de carreras de Marinetti. ¿Por qué en Varsovia? Porque allí hay audiencia: está Sikorski, epígono, o así, del conde Donski, protagonista de la novela “Graf Donski” de Leopold von Sacher-Masoch (epónimo no consentido del “masoquismo”), con Rutte haciendo la V que Churchill tomara de la Holanda ocupada, donde la pintaban en las paredes (“vrijheid”, “libertad” en holandés).


Estamos ante un general americano del Aire (¡el mito americano de la Fuerza Aérea!), y su invento, resumido, es bien sencillo: si ellos vienen a nosotros, nosotros vamos a ellos, y entonces “Cata, catapum, catalum candela, arza pá arriba polichinela”, según fórmula de José Juan Cadenas, dandy, mezcla de Rochefort y Pierre Louis, y corresponsal de ABC en Europa.


Cuando Marx y Darwin se creía (“con inconcusa fe”, según el profesor Nicolás R. Rico) que “donde hay lucha ha de haber victoria”. Pero, desde hace medio siglo, aparte los codazos por entrar en las listas de las democracias liberales, ¿qué lucha ha habido en Europa? Preguntado Joe Kent, que sabe de guerra algo más que el general de la Teoría, contesta: “Lo veo como una locura. Me parece una visión estratégica muy inmadura. Nuestro objetivo es vencer a Rusia. Vale, ¿y eso qué es? ¿Qué significa?” Porque hasta ahora ni un solo liberalio belicista, valga la redundancia, nos ha hecho el dibujo de una victoria sobre la primera potencia nuclear del mundo. Lawrence Wilkerson, ayudante de Collin Powell, recuerda que en los 80 y 90 analizaban todas las simulaciones informáticas de la Otan, muy superior a la de hoy, contra el Pacto de Varsovia: avanzaban hasta un punto y alguien decía: “Bueno, señor, vamos a usar armas nucleares tácticas y eso indicará a los rusos que se acabó”.  Y Powell contestaba: “Si hacemos eso, nos van a hacer volar por los aires. Olvídalo”.


De los beneficios de la entrada de Inglaterra en la Gran Guerra tenemos una discusión bastante cómica entre Tucker Carlson y Jacob Rees-Mogg. Pero la realidad fue bastante chusca: una venada belicista de Churchill, que dijo que la guerra la liquidaría la flota británica en una tarde de batalla en el mar del Norte. Cuando se olieron la carnicería, recurrieron a un experto, Horacio Kitchener, gobernador de Egipto, para hacerse cargo de la cartera de Guerra, y le pidieron un informe que decía: la guerra no duraría una tarde en el mar del Norte, sino un mínimo de tres años en el continente y requeriría de al menos dos millones de hombres (disponían de ciento cincuenta mil) y el apoyo financiero de todo el imperio británico.


[Martes, 20 de Octubre] 

Martes, 27 de Octubre

 


Mr. Lobo

lunes, 26 de octubre de 2026

Hughes. FC Barcelona, 1; Real Madrid, 2. Otra vez Mourinho


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Era el once bonito, el que le gusta a la gente, aunque al final iba a ser la reivindicación del doble pivote y de la negritud más ansónida.




Antes del inicio, Lamine, con sus andares de trapero (de cantante de trap), le hacía el thumbs up a la cámara con la mano vendada. Oro, poderío. El Barça es un equipo como de pelotaris o de personas generosas que practican mucho la digitación.


En las bandas, Mou y Flick iban iguales: barba canosa, chupa de negro, pinta de divorciados o de aspirantes al papel de Bosch.


El Camp Nou, a medio acabar sus anillos dantescos, transmitía las habituales vibraciones de oscuridad y error. También allí los partidos son molto longos...


Veíamos en el Barça a Rodri, objeto de deseo en verano, y la verdad es que no tiene cara de jugador del Madrid.


El partido empezó con una sorprendente seguridad de Diomandé, muy fuerte ante los chicos de la Masía y muy fiable lejos del área, en controles y decisiones.


Güler llegaba en el 4, y Gordon, el prerrafaelita, en el 6. Tenía pinta de gran partido en ciernes.


Había sucesivas faltas sobre Bellingham. Nadie se atrevía a soñar con una amarilla y además calentaban al jugador, que hizo un partido memorable. No hay palabras, ni conceptos (panenkitas, os jodéis) para entender y valorar el partido monumental de Bellingham.


El Barcelona cargaba la intención presionante, esa avidez en los ojos de Fermín, por Huijsen, el gran riesgo del once de Mourinho. Mi adorado Dean empezó vacilante. Ahí le podían cazar, luego ya no.


El primer intríngulis del partido estaba en que el Madrid superara la línea del fuera de juego de Flick. Ese achique quee traumatizó a una generación entera con Sacchi era ahora un alambre por el que Guler trataba de llegar a Mbappé, que no parecía, de primeras, dulce en el toque.


Güler era el lanzador, el proyector, el Elon de nuestro camino al espacio, pero no sería yo un plumilla fidedigno si no hiciera constar aquí que pierde muchos balones. Arda daba un pase y perdía cuatro. Todo jugador necesita amor y olvidar pequeños detalles como este.


Pasaban los minutos. Diomandé era de lo mejor al principio. Llegaba, controlaba, se giraba, con esa facilidad de Michael Jordan y había vislumbres de comodidad en el partido. Pasado el arreón inicial, el Madrid dominaba el toro mecánico. Se notaba quizás en el rostro de Mourinho, que dejaba escapar un gesto de auténtico placer, de yonqui de la adrenalina.


Parecía ya desde muy pronto que en el medio había construido una de sus famosas jaulas. El equipo estaba bien colocado y funcionaba mucho el reojo. Cuando un equipo defiende bien hay mucho de eso. Tchouameni, por ejemplo, no le quitaba ojo a Pedri y Bellingham orbitaba cojonero alrededor de Rodri. Silva estaba muy bien en los robos. Ponía su experiencia y su talento en la intercepción.


El Barcelona llegaba por Gordon, que es bueno, pero no asusta con su cara de alcohólica de Bristol. La parte de Lamine caía dentro de la red mourinhesca y el Barcelona evacuaba por su lado.


Volvía a llegar el Madrid por Güler en el 17.


Había rachas invisibles, cambios de viento inexplicables, y el Barça se vino un poco arriba a los veinte minutos. Mbappé ponía mucha velocidad pero estaba torpe con la pelota y Güler seguía acusando los acosos de esquina oscura en la banda.


El que mejor estaba era Bellingham, al que el equipo buscaba por ser, no solo centro de todo, sino el más fiable en los controles. Daba pases de gran intención, se le veía lúcido, acertado. En cada partido hay un jugador que parece disponer de la visión cenital. Hay un dron y es suyo. Esta noche era de Bellingham.



@realmadrid


Al Madrid le faltaba eso. El pasecito final. El castillo estaba elevado y faltaba que se subiera el niño en lo alto.


Se lesionó Espart y salió Balde (nombres como de supermercados). En la grada aplaudían mucho al lesionado y entre los rostros, muy parecidos, muy similares, uno parecía ser Évole. Era curioso. Se llegaba a Évole no viendo a Évole sino eligiendo a Évole como el rostro más reconcentradamente común. Era como un decantado de facciones en las que florecía él.


Cucurella forjaba ya otro partidazo cubriendo a Lamine, muy ayudado por Diomandé y por Tchouaméni, que empezaba a comerse el centro del campo entero. En la jaula de Mou, el que domaba al león era él.


En el proceso físico inevitable que es toda defensa, se cometió una segunda falta sobre Lamine y había que ver sus caras y las de los demás cuando no hubo amarilla. ¿Dos faltas sin tarjeta? Eran la viva imagen de la consternación. De atropellos así está hecha la vivencia culé.


Ante una mole de tacticismo, músculos y reojos, el Barça intentaba la aproximación diagonal seguida de pepinazo lejano. En la puerta no estaba Courtois, pero la presencia de Lunin quizás reforzó la solidaridad general.


A la media hora ya fue aquilatándose el guano y Güler le puso un balón lujurioso a Mbappé, que lanzó alto uno de sus clásicamente fallidos remates acrobáticos.


El realizador mostraba, en la grada, en un mismo plano, a Rikjaard, a Koeman y a Jordi Cruyff y un escalofrío de temor y nostalgia subía por el espinazo. ¡Cuánto hemos pasado!


Gordon, con su cara de Robert Millar cuando era hombre o de sustituido demográfico, pudo marcar tras error, enésimo, de Güler, que ahí terminó de espabilar. Ay si esto lo hiciera Vinicius...


En esos momentos se cocinaba el partido. Tchouaméni ya parecía el mejor en el campo. Su dominancia era magnética. Como la de un buen árbol que por estar se apodera de un espacio.


Alguien osó hacer otra falta sobre Lamine, que empezó a irse del partido ante el atropello, incapaz de gestionar el trauma de tanta violencia... ¡tres faltas y ni una tarjeta!


Quizás fuera la primera jugada en la que el Madrid dio más de cuatro toques seguidos, y de ahí salió el gol. Silva abrió con clase, Diomandé centró al área y Mbappé marcó de rebote, única forma que tenía de hacerlo.


El gol a veces desordena. El Madrid estaba tan bien, tan compacto y ordenadito que la euforia era temible. Faltaban cinco minutos para el descanso, y el Madrid pudo marcar en dos llegadas muy peligrosas: típica de Mbappé con palo y offside y otra de Diomandé, solo, con la zurda. Lo que llaman la superficie de golpeo era la adecuada, aunque salió mal. Diomandé parece manejar todas las opciones y en cada intento no sabemos el porcentaje posible de acierto. Cada acción, dentro de un catálogo amplísimo, casi total, es recibida con absoluta sorpresa por el aficionado. Puede chutar fuera, puede clavarla por la escuadra. Hay algo estocástico en él por eso. Con él las expectativas habituales se multiplican, cuando recibe y se va, pues siempre se va, descapulla como una flor rabiosa nuestras expectativas, oh, tate, que este tío es otra cosa, y luego potenciada la fantasía, sus finalizaciones triunfan o no, pero hay ahí un balance rápido de posibilidades, de esperanza, que por lo que sea (estamos empezando) no es negativo, no decepciona, nos deja ansiosos de más, con hambre de Diomandé.


En el descanso, Tchouaméni y Bellingham ya se habían ganado el derecho a una ovación.


Lo de Bellingham, preclaro en ataque, brillante y responsable con la pelota, era en defensa un escándalo. Con absoluta humildad se ocupaba de Rodri, y su poder físico aparecía en el borde de las dos áreas. Su fútbol eran verticales de poderío; agresivo y pugnaz, era el primer organizador de la defensa y el organizador del ataque. Falló un claro dos contra uno, pero seguía buscando a Mbappé. Si Güler buscaba en largo, él lo hacía en corto. Era el que recibía, aguantaba, se iba con control o con zancada, esos regates suyos de 1500m obstáculos, pero era tan bueno o mejor en defensa. Su partido es de la densidad del de Redondo en Dortmund. Su centrocampismo inauguró algo, reivindicó una supremacía sobre la pareja Rodri-Pedri.


Su juego, como el de Tchouaméni, se cimentaba en una superioridad física. Su fútbol era de una versatilidad absoluta. Los tacles salvajes, al estilo de Valverde, los cuerpeos, juego de espalda, cargas, autopases, regates, pases al hueco, controles de pecho, como un gladiador cargado de armaduras, dagas, redes, contra leones sucesivos en un juego tan táctico como físico que iba de un área a otra, convertido en centro auténtico del Madrid, conector de todo, todo pasando por su cuerpo literalmente, físicamente. Fisicidad madridista, personalización total, liderazgo encarnado. Todos los choques, las descargas, los golpes los jugaba, los vivía plenamente. Alma del Madrid de Mourinho.


Hubo entonces un lance raro, un poquito negreiro. Cancelo le firmó con los tacos los gemelos a Diomandé, que expresó el dolor por vez primera (todo en él es inaugural). NO pasó nada, ni a ras arbitral ni videoarbitral. Ningún pinganillo se accionó.


De poder quedarse el Barça con diez se pasó al 1-1, Raphinha de tiro en un córner, quizá ensayado o enriquecido por Pedri.


El 1-1 entraba en lo esperado. El Barça iba a marcar. Ahí empezaba lo interesante para el Madrid. Cada momento de esta temporada es el sorbo lento de un vino que guardábamos. Asistimos a todo con una delectación otoñal, buscando los matices psicológicos de la obra mourinhal. ¿Aguantaría el equipo?


En otras ocasiones se habría deshecho como una sonrisa de Pedro Sánchez. Habría caído en un rápido plof. Casi lo temíamos cuando Dumfries sustituía a un Valverde, seguramente elongado por algún tacle defensivo espectacular, su mejor acción junto al disparo.


Faltaba pólvora arriba. El Madrid estaba a punto de recordar en eso a estos años pasados. El Barcelona presionaba con nueva avaricia y Dumfries, especialmente Dumfries, un jugador que parece llevar zuecos, era todo promesa para ellos.


Era el momento clave. El Madrid de Mou iba a decir en esos minutos de qué estaba hecho.


Y ahí se rehízo. Volvió a salir a la contra. Güler buscó a Dumfries, luego Diomandé hizo un gran slalom...


El Madrid estaba. Había consistencia en sus cuadernas. Solo crujía con alarma una, por la que se colaba el Barcelona en el reflujo de las contras del Madrid. Por Bernardo ya iban los Pedris. Estaba cansado. Su rostro rozaba la agonía. Y Mourinho, que se guardaba los cambios, puso rápidamente a Camavinga. Por fin.



@realmadrid


El Madrid salía por Dumfries, seguramente un logro del Barcelona. Era como ver un examen de conducir. A ver, muchacho, saca el coche del aparcamiento. Y era incapaz. Se estrellaba en la cal cada vez...


Entonces se produjo para mí un momento clave también de la temporada. O sea, en el momento clave llego un momento doblemente clave: Huijsen recibió un balonazo en la cara y esto fue su bautizo de camachismo. No solo no se quejó sino que probablemente terminó de espabilarle. El bueno de Huijsen necesitaba este partido y ese balonazo para romper a defensa de tronío en el Madrid.


Superado con mucho el minuto 80 de partido, el Barcelona recibió la primera amarilla en la martirial persona de Gordon, que verdaderamente no daba crédito.


Flick sacaba a los Barça toons y Mou no. El partido se afilaba, se tensaba. Partido bueno, minutos larguísimos. La salida del Madrid, ojo, era cosa de Lunin, Dumfries, Camavinga, Konaté...era como ver un carrito de bebé rondando una escalera mecánica. Sudores fríos, encogimiento de todo lo encogible. Y ahí, de una forma venturosa y perfecta, como si todos los fallos anteriores, los casis, los ay, los desencuentros por un centímetro, por una décima de todos estos meses cobraran sentido, el Madrid construyó una jugada para el recuerdo. Yo sé lo que hacía cuando Cristiano marcó el gol en el Nou Camp la liga aquella. Sé cómo era mi vida. Mis errores, mi inconsciencia. Mis esperanzas. Mis amigos. El tiempo reaparece y toma la forma de un cielo, el aire rosado y feliz de una tarde. Bellingham, que había luchado de todas las formas, bailó una suerte de claqué con virguería, ruleta y pase a Camavinga, que abrió a Güler, siempre presente en la banda, referencia constante ahí, ya hecho jugador adulto, y le devolvió el pase tan largo, con tanto efecto que de tan obtusángula no parecía una pared; llegar era un alarde, y Camavinga lo hizo y con un solo toque zurdo se libró de Cubarsí, como aquella vez Bale se libró de Bartra. No terminó ahí su jugada porque con la derecha buscó la santrada atrasada para Mbappé, que como la flecha que es llegó a la ramatada. El gal formó una tremolina de madridistas y Mou, por fin, se deslizó brevemente por el césped. Era el gol más importante en años. El Madrid volvía. La obra mouríñica tomaba la forma de algo compacto, bravo, lleno de espíritu y propósito.


El gol estaba ya en el márcador, pero cuando el árbitro pidió un momento se nos heló la euforia. No podíamos renunciar a esa alegría. Ya no... Pero no era el Var, era solo la megafonía: Si us plau, no llencin coxinills... Genocidio de gafas de colores, tristezas inencajables... pero el madridismo era feliz. Con esa euforia liguera que algunos, no sabemos por qué, casi preferimos, hecha de revancha, de reencuentro y de promesas. La gloria europea es una vulgaridad. Mourinho endereza épocas enteras. Te quiero, amigo, José. 



@realmadrid