miércoles, 30 de septiembre de 2026
martes, 29 de septiembre de 2026
La voluntad de los imbéciles
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Se asombraba el otro día Tucker Carlson de la ignorancia política de la actual gente bien inglesa. Lo descubrió en “una cena de alto nivel” en el Reino Unido con “personas inteligentes, muy bien educadas”.
–No tenían ni idea de nada. Creen lo que les han contado en la NBC. No saben qué está pasando. Es un vacío informativo. La ironía es que Internet estaba destinado a informarnos a todos, pero el resultado ha sido lo contrario: la gente sabe menos. De hecho, la gente sabe tan poco que, bueno, estamos al borde de una guerra nuclear.
Por los noticieros ingleses corren como “cardos rusos” (llámanse así esos matojos rodantes que amenizan las películas del Oeste) los bulos del separatismo galés, escocés e irlandés, a fin de preparar a la población para la vuelta a Bruselas, capital de la Europa de los Sacarinos, todos esos gobernantes no electos (directa y separadamente) que fantasean con las furgonetas de Zelenski para llevarnos a la guerra. Burnham y Macron parecen Sacarinos de los Rothschild, como Merz parece Sacarino de Larry Fink, y Sánchez, de Soros: inmigración a manta y guerras por la democracia, esa hoja de parra de la obediencia, pues para atemperar la indignidad de obedecer, a los que obedecen, que son los más, se les dice que ellos deciden quiénes mandan, que son los menos, pero todos sabemos que si los que obedecen decidieran realmente algo, no se les permitiría votar. La propaganda se ocupa del resto.
Y de la ignorancia política de la gente bien inglesa ante Tucker Carlson a la ignorancia política de la gente bien española ante la invasión de Ceuta, engullida por los cuatro estómagos (panza, bonete, libro y cuajar) del Consenso, con todas las instituciones del Reino metidas debajo de la cama: nuestra izquierda, que abreva de la inteligencia del gobierno, la atribuye a Putin (autor, en fin, del golpe catalán del 17), y nuestra derecha, informada por la intelectualidad liberalia, la atribuye a los descamisados Vinicius y Mbappé, que declinaron lucir una camiseta caballa en Elche, que es como si Jared Kushner y Steven Witkoff, los Oliver y Hardy trumpianos, se hubieran negado a ponerse las camisetas que Zelenski les ofreció en Kiev.
–¡Quiquiriquí! Cúmplase el destino. Hágase en mí según la voluntad de los imbéciles –exclamó el gallo al morir.
Hablamos del gallo que Sócrates había mandado sacrificar a Esculapio. Alfonso Reyes cita un cuento de nuestro Clarín que pinta a Critón, discípulo tonto e “idealista de segunda mano”, detrás de un gallo que trepaba las bardas para escapársele y le decía: “¿No comprendes que tu maestro hablaba en parábolas? ¿Que eso de sacrificar un gallo no era más que un modo pintoresco de hablar?”
Pero Critón no quiso entender de razones y alcanzó al gallo de una pedrada.
[Martes, 22 de S eptiembre]
lunes, 28 de septiembre de 2026
Mártires del sistema
La guerra de los Rose
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La escandalera (maliciosa, pero ridícula) de las camisetas caballas de los empresarios valencianos de Boluda nos distrae de lo que uno quería hacer hoy aquí (“¡yo he venido a hablar de mi libro!”), que era del pésimo espectáculo del arbitraje español, que sólo tuvo un representante en el Mundial, Hernández Hernández, un canarión que parece sacado de la comedia de Arniches “¡Mecachis, qué guapo que soy!”, con un guaperas, Chito Vallares, “un pollo requetebién”, en palabras del propio Arniches, en traje de mañana y un pequinés atado con un cordón de cuero.
–Vete de aquí, me da igual que seas el capitán, te saco amarilla –le dijo a Vinicius, que lo había abordado para hacerle respetuosas objeciones con la misma formalidad que aquel padre Guépin, abad mitrado de Silos, que, paseando a la sombra de sus claustros románicos con unos amigos, sacó la conversación de cómo imaginaba cada uno el cielo. (“Yo –dijo el padre Guépin– me lo figuro como un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo ‘respetuposas objecciones’ al Ser Supremo: Señor, ¿por qué hubo enfermedades? ¿Para qué hicisteis a los microbios? ¿Qué objeto tenía el planeta Júpiter?”). Y Hernández Hernández, un tipo convencido de que la estrella en el estadio es él, sacó amarilla a Vinicius, y eso que todavía no se sabía que Vinicius va de patriotismo español más o menos como los jefes de todos los partidos del Régimen.
La culpa es de Mourinho, que nunca ha querido mojarse en cuestiones políticas, por respeto, según él, al país que lo acoge, siendo extranjero. Por eso la Oposición pipera, que perdió las elecciones, quería a Klopp, que ha sido llegar a la Selección Alemana y montar un campo de instrucción como el de “La chaqueta metálica”:
–Me gustaría recuperar la bandera –fueron las primeras palabras de Klopp.
La bandera ¿para qué? “Para no dejar el orgullo a la gente equivocada”. Es el “Patriotismo Positivo” (?) de Klopp, otro Habermas con gorra. De haber ganado Riquelme, Raúl habría llamado a Klopp, y ahora la bandera del “Patriotismo Positivo” sería el Real Madrid y no la “Die Mannschaft”. Que con estas boludeces (la más gorda, la de la camiseta caballa) anda matando el rato el piperío, que pide para el domingo una Pitada Patriótica contra Vinicius en el derbi del “Estadio Riyadh Air Metropolitano”, donde, como todo el mundo sabe, la afición colchonera le tenía reservada una ovación. Eso es dar en el clavo: el mérito de la Pitada Patriótica podrán apuntárselo el calvo del Plus, que la tiene tomada con Vinicius como uno de esos taxistas plastas que te dan el viaje con Sánchez, y todos esos chisgarabises de la vida española que tratan de desatar en el Bernabéu la guerra de los Rose de Danny DeVito para tener al club en un grito.
Tres jugadores del Real Madrid habrían dicho “¡Jehová!”, con lo que eso significa en “La vida de Brian”. Pero ¿y la LFP? Cuando lo de Ucrania nos ponía en la pantalla de TV un rótulo: “No a la invasión”. ¿Qué invasión? (Porque en el mundo hay unas cuántas). Bueno, eso lo dejaban a nuestro libre albedrío. En lo de España, sin embargo, esa responsabilidad se deja en manos de unos futbolistas que, con Klopp, saltarían al campo con la “Oración fúnebre” de Pericles en la boca. Pero no está Klopp, pues perdió las elecciones. Está Mou, que ha de bracear en el flipante mundo de los Hernández Hernández, a quien al día siguiente hace bueno Gil Manzano, y a todos ellos, el Var, versión arbitral de la españolísima “marcha atrás”, que impide gozar el orgasmo del gol, que dirían Valdano o Hebrero San Martín. Marcha atrás, “Tiburón” es una película en la que un tiburón vomita gente hasta que abren una playa. Marcha atrás, “Viernes 13” es una película sobre un jugador de hockey mágico que cura a sus adolescentes para que puedan irse a casa desde el campamento. Marcha atrás, “Gol de Espí” es una película de alguien que vuela por ahí y que después de poner a gente en situaciones difíciles va y se esconde, o sea, “Supermán”. No estaría de más que alguien le susurrara al fanegas de Flick lo que Núñez a Cruyff sobre las Ligas de Tenerife.
[Sábado, 19 de Septiembre]
Corrida concurso o liempieza de corrales. He aquí la cuestión. Márquez & Moore
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Ya nos advertía don Luis Fernández Salcedo en su «Verdad y mentira de las corridas concurso» (Unión de Bibliófilos Taurinos, 1974) de la diferencia que existe entre las de verdad, una corrida de concurso seria, con toros bien seleccionados según criterios genéticos, de comportamiento y de tipo de casa, de las de mentira: festejos anunciados como “de concurso” que en realidad son limpiezas de corrales o presentaciones de ganado mediocre. Hoy en Las Ventas tocó más bien lo segundo, en esta corrida de toros a finales de la temporada con ganaderías que lidian poco o muy poco. Habían anunciado uno de Palha, que finalmente no vino y fue sustituido por otro de Partido de Resina, que además aportó el segundo sobrero, que por fortuna no salió a escena. El resto de las ganaderías anunciadas para hoy eran las de Saltillo, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán. El primer sobrero, que tampoco salió, corría a cargo de Saltillo. Hacemos hincapié en lo de los sobreros como cosa óptima, porque es muy común que en determinadas corridas de corte «torista» tengan reservados en la recámara toros de lo menos torista, de esos que alardean de su juampedrería, para ir limpiando los corrales y librándose de ellos como sea. La noticia que corrió como la pólvora desde el apartado fue que el de Saltillo era otro «Cazarrata», éste con el número 42, que nos lleva a aquél del mismo nombre y ganadería, número 45, frente al que se las vio Sánchez Vara hace ya diez años, que parece que fue ayer.
Si algo hay que resaltar de la corrida concurso de hoy es la variedad de tipos y de comportamientos que se han podido contemplar en la plaza. Toros con personalidades diversas y, a veces, cambiantes que han mantenido el interés del espectáculo durante toda la tarde. Si alguien busca eso que ahora llaman «bravura enclasada», que vaya asco de término, no la hallará en la tarde de hoy. Si alguien busca la mera «bravura», la de don Luis Fernández Salcedo, tampoco, porque hoy se ha dado una corrida en la que ha primado la casta, el comportamiento cambiante, la mansedumbre, la personalidad o la incertidumbre. Problemas, problemas y problemas para José Carlos Venegas, ninguna corrida toreada el año pasado; Isaac Fonseca, un festejo en el año pasado, y Alejandro Chicharro, ocho festejos en 2025, el año de su alternativa, o sea, lo mismo de siempre. Con los toreros también hubo sus cuitas, porque estaba anunciado Cristián Pérez, ninguna corrida en 2025 para no desentonar, que se cayó del cartel a causa de una recaída en la cornada que sufrió en Illescas a primeros de septiembre. Venegas entró en sustitución de Pérez.
Fue saludado con palmas Cazarrata en su salida al ruedo de Las Ventas por su trapío y su excelente lámina. Entró el toro con alegría al caballo por tres veces y huyó del mismo al sentir la puya también por tres veces, tomando una cuarta vara al relance, y dejando el paradigma de su posible bravura a la altura del betún. Pasó por los rehiletes sin pena ni gloria y cambió en el último tercio dejándose torear a cambio de sobreponerse a su imponente presencia. Venegas lo pasó por las dos manos, con más firmeza en las series a derechas, sin rehuir el otro pitón ni los adornos. Una estocada entera y buena puso en su mano una oreja que algunos, mezquinamente, le negaban.
Bellotito, número 17, fue el de Partido de Resina. Otro toro impecable de presentación en el tipo de la casa, algo estrecho de sienes. Acudió con presteza y de largo al penco sobre el que surfeaba Héctor Vicente, que se dedicó a tundir los lomos de Bellotito como si tuviera algo personal contra él en las tres entradas que le hizo en las que el de cuatro patas demostró más honestidad que el de dos. Muy deficiente el tercio de varas, como viene siendo habitual, y de poco interés el de banderillas, con el de Partido de Resina mirando a cualquiera que se moviese. Fonseca se plantó a ver qué se podía hacer con el toro y se encontró inerme ante su violencia. Una estocada entera y un aviso fueron el epílogo a su actuación.
Mariscador, número 7, de Castillejo de Huebra, fue el primero de los de Alejandro Chicharro, que se empeñó en pedir el cambio de tercio con dos entradas al caballo del toro, la que se fue suelto y la que se quedó a que le pegasen. Luego no vio las condiciones del toro, acaso el más «manejable» del encierro, si se nos permite esa expresión. Lo que consiguió Chicharro fue ir soliviantando al personal y los únicos aplausos que cosechó fueron al salir al ruedo tras el batacazo que se pegó al tomar el olivo huyendo de Mariscador, que le apretó lo suyo al sentir el hierro dentro de su cuerpo. Luego, con una estocada baja, dejó ya la cosa apañada.
El segundo de Venegas fue Uva-Larga, número 7, del Conde de la Corte, un toro de comportamiento bastante insólito en su manera de acudir al capote, donde echaba el freno y no pasaba, y al caballo al que acudió en cuatro ocasiones sin acabar de desarrollar una pelea basada en la bravura. Puso Uva-Larga las cosas complicadas a los banderilleros, que no había forma de entrar al toro por el pitón derecho, y ahí estuvo Raúl Cebadera, tercero de la cuadrilla, que clavó con torería y fue justamente ovacionado. En la muleta el toro volvió a sacar sus condiciones más inspiradas en la mansedumbre agresiva que en la bondad pabloaguadil. Venegas le dejó una estocada trasera y luego la cosa se complicó en lo del apuntillamiento.
Imaginario, número 16, de Pallarés, de buena presencia, se dejó torear a la verónica por Fonseca y acudió por cuatro veces al cite de Borja Lorente, que demostró que si se quiere, se puede hacer la suerte de varas de una manera digna y honesta. Si la tercera vara se le fue baja no fue por una premeditación del picador, que en todo momento movió al caballo con soltura y que cobró tres buenas varas que le valieron el aplauso del público. Parte del triunfo del toro se le debe al buen trabajo de Lorente y después a la exquisita brega de Raúl Ruiz. Fonseca comenzó dando distancia al toro, pero pronto lo dejó, enganchando algún natural estimable. Pinchazo, metisaca y estocada fueron sus argumentos toricidas. El toro fue despedido con palmas en el arrastre.
Para terminar, el de Valdellán, Huertano, número 37, manso encastado e incierto que para algunos fue el toro más singular de la corrida. Y eso que no era ningún top-model, y que le protestaron de salida por su figura poco agraciada. Fue Huertano ese toro con el que siempre querríamos ver a los que se enseñorean del escalafón, a quienes nunca veremos frente a algo como esto. Tras la ilusión de Lorente en el quinto, ahí vino El Legionario a volver a poner las cosas en su sitio en cuanto a la mala práxis en el tercio de varas, aumentado el espectáculo con la nula intención del toro en acudir a las invitaciones que se le iban haciendo. En banderillas volvió Iván García a dejar un apunte de su gran clase. En la muleta Huertano no dio ni una sola facilidad a Chicharro, que lo cazó a la tercera. Luego el animal se levantó tres veces cuando Óscar Reyes trataba de apuntillarle prendiéndole violentamente en una de ellas, sin consecuencias.
Al término de la corrida los altavoces de la plaza comenzaron a emitir sus ya clásicos sonidos de ultratumba, y en la horrísona cháchara que salía de ellos fuimos incapaces de desentrañar las palabras que decían. Al parecer estaban dando los premios de la corrida concurso, pero entre aquel estruendo no nos enteramos ni de cuáles eran ni de a quién iban dirigidos, como nos pasa siempre.
ANDREW MOORE
domingo, 27 de septiembre de 2026
Ana Rosa
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
¿No fuiste amigo de Juan Rulfo?», preguntó un periodista a José Luis Cuevas. «¡Cómo no!», contestó el monstruo más narciso de Méjico. Y se puso a contar el primer encuentro: «Había llegado yo al aeropuerto, donde iba a tomar un avión para ir a un encuentro de intelectuales en Yucatán. Eso fue a principios de los sesenta. Y allí se dice que se gestó la idea del "boom". Pues bien, llego yo al aeropuerto y entonces veo a un hombre, ¿verdad?, de pequeña estatura, muy magro, que se acerca y me dice: "Te voy a ayudar a llevar .tu equipaje. Toma mi maleta, que es más pequeña". Yo le dije: "Pero señor, por favor, ¿cómo va usted a hacer eso?" Pero él fue enérgico: "Ten". Y me dio su maleta, al tiempo que tomaba mi equipaje y avanzaba... Yo iba corriendo detrás de ese personaje al que no conocía. Los dos estábamos yendo a Yucatán. Ya en el avión, le pregunté: "¿Pues y usted quién es?" Y él me respondió: "Yo escribía. Soy Juan Rulfo". Me quedé muy sorprendido. A partir de entonces, fuimos amigos inseparables.»
Quiere decirse que con tipos como Juan Rulfo cuesta mucho vender libros.
El libro es hoy la combinación de dos actividades vulgares, pero honradas: la vanidad y el comercio. «Veo las dos cosas, la poesía y los negocios, como actividades organizadoras, llevadas a cabo por el "Yo" en respuesta a un mundo caótico. Me veo a mí mismo errando por el mundo y transformando lo que veo en dinero y poesía.» (John Barr, consejero financiero de Wall Street y presidente de la Asociación de poetas más antigua de los Estados Unidos, en «The New York Times».) Cambiar el alma por la psicología no merma el contenido espiritual de la literatura comercial, que, como la literatura mística, no es sino expresión de una época, de una moral y de um tipo de vida. Por eso el caso de Ana Rosa, víctima de lo que Brecht denominaba «negligencia básica en cuestiones de propiedad intelectual», no va a poner en peligro el Siglo de Oro que venimos dándonos.
Al contrario que en la época de Shakespeare, hoy no vende la obra, sino la firma, y la de Ana Rosa ha vendido cien mil ejemplares. Su error, pues, no fue firmar, sino vender. ¿Cuántos intelectuales no han alcanzado su título por el simple procedimiento de poner su firma al pie de un manifiesto? Pero los manifiestos son de balde, y no pasa nada. En cuanto a la literatura, la pega es que, si uno no presenta TV, no vende libros, y si uno no vende libros, ¿para qué los va a escribir? Además, si uno escribe, ¿de dónde saca tiempo para presentar? Surge entonces la necesidad del «negro» —los americanos, como hemos visto más arriba, dicen el «Yo»—, un eslabón más en la cadena de montaje de la industria literaria.
El libro es el hongo cultural de la política del «enrichissez-vous»: Nuestra educación pública era un hidalgo hambrón con migas en la barba.
Enseñaba a leer, pero luego no daba qué leer. Entonces se conjuraron los políticos —quienes, por cierto, nunca devuelven los votos obtenidos con los discursos que no escriben, y produjeron una consigna: «¡Hay que leer!». El público, perplejo, se preguntaba: «¿Qué es lo que hay que leer?» La TV respondía: «Ahí están nuestros presentadores. ¿Les gustan sus trajes? ¿Sus chistes? ¿Su campechanía? Pues léanlos, léanlos.» Y la mayoría de la gente leyó como nunca había leído, dándole la razón a Julio Camba: la cultura no aminora la estupidez de nadie. «Puede aminorar el entendimiento, eso sí, pero nunca la estupidez, para la que constituye, en cambio, un instrumento precioso.»
Sólo quienes permanecieron en el analfabetismo son capaces hoy de enjuiciar cualquier asunto sin lugares comunes ni ideas de segunda mano. Consciente, sin embargo, de la imposibilidad para un país de mantenerse en pleno analfabetismo, Camba propuso un ideal para España: «Mientras no se descubra un procedimiento para que sean los analfabetos quienes escriban, que el arte de leer se convierta en una profesión y que sólo puedan ejercerlo algunos hombres debidamente autorizados al efecto por el Estado.» ¿Por qué privar de libros a los lectores de Ana Rosa? Que les pongan una póliza.
Yo os aseguro que los publicanos y las prostitutas se os han adelantado en el camino del Reino de Dios
DOMINGO, 27 DE SEPTIEMBRE
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-¿Qué opináis de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él le contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?
Ellos le respondieron: "El segundo". Entonces Jesús les dijo:
-Yo os aseguro que los publicanos y las prostitutas se os han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan, predicó el camino de la justicia y no le creisteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; vosotros, ni siquiera después de haber visto, os habéis arrepentido ni habéis creído en él.
Mateo 21, 28-32
sábado, 26 de septiembre de 2026
Rod Stewart
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Aplazada por la Otan la tercera guerra mundial (por falta de munición, según Sleepy Joe, y había que ver en esa cumbre de Vilna la mala cara de Sánchez, “warrior” nato, aunque ya la arrastraba así desde el “debate” en Atresmedia, donde también se quedó sin munición), marchamos a pasar la noche al Wizink, donde el mago Copperfield intentara una vez echar a volar con Polanco, esta vez para ver a Rod Stewart.
Rod, que de joven fue sepulturero, es ahora un boomer rockero a quien por su aspecto en la calle confunden con Teresa Ribera, la ministra que se ha hecho mundialmente famosa por la estupidez de recorrer en bicicleta cien metros, escoltada por vehículos blindados, que parecía el Viático, para acudir a una cumbre climática a la que había viajado en jet privado. Bien por Rod, el único caballero de su edad con pantalones en Madrid, donde todos los viejales deambulan en gayumbos, y bien por Ribera, que haciendo el canelo en la bici se creía la musa de un video de “I Don’t Want To Talk About It”, que este progresismo (“el paganismo de los imbéciles”, lo llamó Baudelaire) es por lo que les vota la gente en épocas estúpidas como la nuestra.
Las épocas estúpidas son un decir de Ortega, musa periodística de “El Sol”, “Crisol” y “Luz”, que vivió en una de las más interesantes. El filósofo se había comprometido a poner medio millón de pesetas del año 32 para salvar “Luz”, pero llegado el momento intentó que lo pusiera Azaña a cambio de unos halagos. “Ortega padece ahora un azañismo in tenso y calenturiento”, anota Azaña: “Que yo soy el mejor de los políticos descubiertos por la República, y ha preguntado muchas cosas de mí: si trabajo mucho, si soy terco… En fin, informes. ¡Y le conozco hace veinticinco años! Asegura que la adhesión del país hacia mí aumenta, pero con frialdad, sin entusiasmo, y que hay que elevar la temperatura…”
–Eso proviene de que no soporta la estupidez –le explica Amós Salvador, amigo ateneísta y confidente de Azaña, a Ortega.
Y Ortega aprovecha para ofrecerle “Luz”, que con quinientas mil pesetas se salvaría la situación, y que “Luz” se inclinaría a seguir a don Manuel Azaña en vez de seguir a don José Ortega, que reconoce no tener condiciones para la política práctica “y que la idea de sentarse en el banco azul le horroriza”. Era la primavera de 1932. En 1942, un economista, Schumpeter, tuvo la curiosidad de estudiar un extraño fenómeno: el de la gente inteligente actuando como estúpida al contacto con la política. Apartó a un lado la cháchara de abstracciones absurdas con que los europeos arropan el concepto de democracia (soberanía popular, voluntad general, Estado de Derecho…), y concluyó que en política el listo se vuelve tonto porque le sale gratis.
Esto, desde luego, explicaría la nueva politología andante, mas no el radiante parecido de la ministra Bicicleta con Rod Stewart.
[Julio, 2023]
Rod Stewart en Madrid
P
viernes, 25 de septiembre de 2026
Nobel
Harold Pinter
Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural
Dicen los periódicos al uso que es esencial leer a Pinter, el del Nobel, para saber qué nos parece el mundo. A uno, que no ha leído a Pinter, el mundo le parece un lugar extraordinario, opinión seguramente compartida por todos los lectores de Pinter, ¿o cuántos de ellos tienen intención de abandonarlo (al mundo, no a Pinter) voluntariamente?
Tiene que haber algo más interesante en ese Pinter que lo que dicen los periódicos al uso.
El elogio del auténtico pinteresquismo lo sirven sin rodeos los muchachotes de “Rebelión”, entre cuyos frutos secos surge la opinión según la cual “este premio [el Nobel] a Harold Pinter restablece de golpe [‘de golpe’: otro triunfo progresista del nominalismo] el prestigio del Nobel”. ¿Por qué? Nada es absurdo en este comediante del absurdo “comprometido con los pueblos” que es Pinter: por encima de cualquier obra, destácanse de él algunas de sus majaderías sobre el socorrido asunto del “embargo cubano” –¡ah, la Corte del Rey Sol y Menores a Buen Precio: los turistas pagando por entrar, los cubanos muriendo por salir!– y, por supuesto, su firme oposición a la “política de rapaz agresividad del gobierno de Bush”.
Paul Auster, el Xuxo de Toro de Brooklyn, tiene dicho que Bush “representa lo mismo que Le Pen”, lo cual, viniendo de un judío, puede parecer humor negro, pero sólo es otra estupidez para la enciclopedia de la estupidez –su nuevo libro– canjeable por números para el próximo sorteo de la piñata del Nobel, ése que ahora, con Pinter, ha recobrado su prestigio. Mientras el Día de la Liberación llega, este esnob escapado de la papelera del Tom Wolfe de los sesenta mata el rato escribiendo estupideces para su enciclopedia de estupideces y jugando al tresillo con los socios del Pen Club.
“Pen Club. ¿Qué quiere decir eso? –se preguntaba Thomas Bernhard, que nunca ganó el Nobel, en sus conversaciones con Kurt Hofmann–. Son una pandilla de bobos. Son tipos que están en todas las salsas y, dos veces al año, se pasan una semana en algún lugar bonito, totalmente para nada. Y, a costa del Estado, consiguen su camita de cinco estrellas. Todo espantoso.”
A Paco Rabal, en Mérida, haciendo el “Marco Antonio” de Shakespeare, los chiquillos se le acercaban y le preguntaban: “¿Usted de qué hace? ¿De Marlon Brando?” Es lo que deberían preguntar hoy los periodistas cada vez que se acercan a estos farsantes de la intelectualidad literaria cuyo único peligro, aparte la sinvergonzonería moral de que presumen, se encuentra en la banalización del mal que representan.
[2005]
Andrew Moore, Premio Cecilio, del Club Cocherito de Bilbao, por un pase de pecho de Urdiales en Vista Alegre
J.R.M.
El Club Cocherito de Bilbao, decano de los clubes taurinos, fundado en 1910 ha concedido su premio «Cecilio» a la mejor fotografía de las Corridas Generales de Bilbao a una instantánea de Andrew Moore, publicada en la revista francesa Toros, que se edita en Nimes. La imagen fue tomada en la plaza de Vista Alegre el día 27 de agosto y capta en un elegante blanco y negro un pase de pecho de Diego Urdiales, en el que resalta poderosamente el clasicismo de la composición de Moore, tan acorde con el estilo del torero riojano, en un elegante juego de simetrías, con una gran fuerza expresiva.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Análisis espectral de la estupidez
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La corrupción es el factor de gobierno del Consenso, el “que con tanto trabajo nos dimos todos” en el 78. ¿Por qué? Nos lo revela el ministro de la Renfe, un filósofo pontífice, pues los filósofos contemporáneos, al decir de sir Alfred J. Ayer, pueden dividirse en dos clases: los “pontífices” y los “artesanos”, por razón no de su opinión, sino de su actitud. Así, el filósofo artesano es Wittgenstein, y el filósofo pontífice, Hegel, a cuyo nombre hay que arrimar ahora el del ministro pucelano Puente, que ha encontrado para la corrupción una fórmula tan genial como la que el vienés Otto Bauer, correligionario suyo, inventó para el “derecho de autodeterminación”:
–Mientras la estupidez y la codicia existan, habrá corrupción.
De la estupidez de los que estaban, unida a la codicia de los que llegaban, surgió el Consenso’78 en un país donde, apenas medio siglo antes, el dictador Primo de Rivera había tenido que sacar una nota para todos los españoles rompiendo su noviazgo con una señorita de Madrid porque ésta había jugado a la Bolsa y podía pensarse que lo había hecho con más datos que cualquier otra señorita que no estuviera a punto de casarse con el jefe del Gobierno. ¿Cómo pasó España de los escrúpulos nupciales de Primo de Rivera a la franqueza tuitera de Puente, nuestro “homme locomotif”, que como buen brahmán del Consenso tiene compasión por el tigre que lo devora: la estupidez? (Con la codicia del español –el buen europeo–, en cambio, pasaría un poco como con la codicia de los indios –los buenos salvajes– de Colón: la facilidad con que se desprendían de chucherías de oro hizo pensar al almirante que la ignoraban).
En su “Análisis espectral de la estupidez”, trae a colación Sloterdijk la figura del psicoanalista Ernst Weiss, que habla, “apoyándose en Nietzsche”, de una “voluntad de noche” entendida como una tendencia general regresiva (“de apagar la luz, de tumbarse, de estupidez”).
–A los ojos de los tontos, Dios también lo es. El pueblo quiere un dios tonto. Un dios que entendiera la química o la teoría de la relatividad no le gustaría. Lutero decía: “Deus stultissimus”. La frase podría ser de Hitler, si éste hubiera sabido latín.
En Weiss ve Sloterdijk una especie de eco de Charles Richet, Nobel de medicina, que cambió el “Homo sapiens” del sistema linneano por su “Homo stultus”: un mono, decía, puede aprender a jugar al críquet como los ingleses, pero el hombre (hablaba sobre los escombros de la primera guerra mundial) no comprende que la paz es preferible a la guerra. ¡La estupidez cardinal de la guerra!
–La guerra no me parece tan importante por los muertos y las ruinas. Los recién nacidos suplen a los muertos y las ruinas serán reconstruidas por ellos. Pero hay una horrible realidad que ya no se podrá apagar por nada en la eternidad de los tiempos: el luto.
Richet piensa en los supervivientes y se siente humillado de pertenecer a esta especie vulgar de hombre.
[Julio, 2025]
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Voluntad de noche
Tucker Carlson y Mike Pence
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Con un “Análisis espectral de la estupidez” encabezó Sloterdijk un excurso de su exitosa “Crítica de la razón cínica”, sobre una cita de Charles Richet: “Somos tanto más estúpidos en nuestras acciones cuanto menos ignorantes somos”.
Richet, ilustrado y racista (valga la redundancia), teoriza la estupidez tras la experiencia de la primera guerra mundial, por lo que el cinismo surge en su ensayo como “una manera de luto” ante una sociedad humana “incapaz de comprender la guerra como una estupidez cardinal”. Después de eso, el “Homo sapiens” del sistema linneano es sustituido por el “Homo stultus”. Los animales, dice, siguen siendo, con mucho, más listos: un mono puede aprender a jugar al críquet como los ingleses; pero el hombre no comprende que la paz es preferible a la guerra.
–Y cuanto más se está dotado de inteligencia tanto más inclinado estará uno a ahogarse en un mar de estupidez.
A las tesis de Richet une Sloterdijk los aforismos del psiquiatra Ernst Weiss: allí donde Richet citaba el “mundus vult decipi” (el mundo quiere ser engañado), Weis tira de Nietzsche y su “voluntad de noche”, entendida como tendencia general regresiva (“de apagar la luz, de tumbarse, de estupidez”), y ésta es, concluye Sloterdijk, la que tiene que tener en consideración el psicólogo de masas cuando quiera hablar de fascismo. Y aclara Weis:
–A los ojos de los tontos, Dios también lo es. El pueblo quiere un dios tonto. Un dios que entendiera la química y la teoría de la relatividad no le gustaría. Lutero decía: “Deus stultissimus”. La frase podría ser de Hitler, si éste hubiera sabido latín.
Regresé a estas páginas al ver el espectáculo de Tucker Carlson presentando el “casting” republicano de candidatos a la Casa Blanca. Carlson es el eco de un periodismo extinguido, basado en la hoy inexistente libertad de expresión entendida como la concurrencia de todas las opiniones para, en el contraste, dar con la verdadera.
–Nadie es castigado por mentir –explicó Carlson a su audiencia–. Las personas sólo son castigadas por decir la verdad. Cuando algo es claramente falso, no representa una amenaza para nadie. Lo que da miedo y provoca una respuesta son las cosas verdaderas. ¿Qué delitos se castigan? Los de pensamiento. Pensar cosas equivocadas, tener creencias equivocadas, decir palabras desaprobadas. Y esas palabras siempre son ciertas. Siempre son verdad.
Contrastados con la inteligente independencia de un periodista (tiene pinta de ser el último), todos los políticos se desempeñaron en el plató como profesionales de la estupidez, plenos de “voluntad de noche”, lo que nos hace pensar que la gran democracia americana ha sido reducida a una tramoya de máscaras que no nos dejan ver al director.
–En tiempos oscuros, el ojo empieza a ver –justifica Biden la vuelta a sus exquisitas bombas de racimo.
[Julio , 2023]
martes, 22 de septiembre de 2026
1848
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Quienes sitúan en las revoluciones de 1848 el antecedente histórico del actual descalzaperros europeo no van desencaminados. Este nuevo 48 nos pilla con los alemanes al mando, cuyo canciller (en realidad, un capataz de BlackRock) ha tenido un sueño: inscribir su nombre, Merz, en la “Germania” de Tácito, como vencedor de lo que sea, con su “cara de manzana tonta en un árbol”, como lo pinta Lawrence Wilkerson, sólo que esta vez el final del 48 será más inclusivo, pero menos resiliente y sostenible que el del 800.
De Merz se cuenta que allá por 2004 perdió su portátil como un Hunter Biden cualquiera; lo encontró un sin techo, que lo devolvió a su propietario. Merz se lo agradeció con un ejemplar de su propio libro “Sólo sobrevivirán quienes cambien: el fin de la ilusión de prosperidad. Trazando un rumbo para nuestro futuro”, apunte que consignamos por si Tácito quiere incluirlo en las notas de su nueva “Germania”, aunque tampoco constituye un comportamiento de gente de derechas extraordinario: tuve una vecina que cada mañana vaciaba de publicidades su buzón y las entregaba al mendigo de la esquina.
–El objetivo ruso es desestabilizar el sistema de valores de lo que llamamos Occidente –dice Merz, muy campanudo, para arrastrarnos a la guerra, y lo dice tan convencido que una diputada holandesa, licenciada en Historia y Periodismo, las dos patas del saber occidental contemporáneo, pide en la TV que ataquemos ya.
Pero atacar ¿con qué? A trescientas mil cartas enviadas a alemanones en edad militar para apuntarse “al ataquerrr” de Chikito en defensa de nuestros valores sólo respondieron afirmativamente doscientos cincuenta y tres, lo que da una idea del arraigo de esos valores. En 1911, un kantiano, Hans Vaihinger, dejó claro en su filosofía del “como si”, o ficcionalismo, que lo que estos tipos de la guerra entienden por valores no valen ni para tacos de escopeta: como no sabemos que sean falsos, hay que tratarlos “como si” fueran verdaderos.
Políticamente, todos los valores europeos son deducciones del Estado de partidos (en el cual todo es mentira menos lo malo), en tanto que último grado de desarrollo del espíritu público. De esta lógica absoluta, Merz deduce la “democracia a la alemana” como Hegel dedujo la monarquía prusiana o Fukuyama el fin de la historia, que era la democracia a la americana, algo que nunca existió. En palabras de Jack Matlock: “Estados Unidos no es una democracia pura. Esa palabra no aparece en nuestra Constitución, ni en nuestra declaración de independencia, ni en nuestro juramento de lealtad. Lo que crearon nuestros fundadores fue una república y nunca ha cumplido los requisitos de lo que se diría que es un país gobernado por el pueblo. Y de hecho, Estados Unidos es una república controlada esencialmente por una oligarquía”. Liberalios a luchar, liberalios a morir.
[Martes, 15 de Septiembre]












































