viernes, 2 de octubre de 2026

¿Niños? ¿Qué niños?

 

Havelock Ellis

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Lo que llamamos izquierda son esas cogitaciones de sonajero ante el culo partido de un niño de tres años tendido en un informe forense. Y lo que llamamos derecha es la que piensa lo mismo que lo que llamamos izquierda, sólo que después.


    –Hay que ponerse en el lugar de esta madre. A las personas conviene comprenderlas y luego está todo lo demás –dijo Rajoy, el del magistral manejo de los tiempos, cuando lo de Juana Rivas, Mariana Pineda de lo que llamamos izquierda, que rebosa de triunfal superioridad moral porque, como sugiere Dalrymple, es consciente de haber obligado al mundo a aceptar lo que, previamente, se estimaba como inaceptable.
    

–Han debido de leer la siniestra opinión de Havelock Ellis de que las perversiones sexuales, que él denominaba “simbolismos eróticos”, son lo que distingue al hombre de los animales y es su logro supremo, pues “representan la fuerza poderosamente plástica de la imaginación”.
    

Si tiramos de imaginación, que es la loca de la casa, las tertulias de los nihilistas en “Los demonios” de Dostoyevski serían catequesis del padre Mundina, comparadas con las deliberaciones de los ministros del gobierno que indultó a la madre del niño violado bajo su custodia.
    

En Cataluña escrachean a un niño de cinco años porque reclama un cuarto de sus clases en español, mientras en la pepera Ceuta corre el dinero para impartir religión islámica.
    

¿Niños? ¿Qué niños? Los niños, recuerda Illich, aparecieron en Europa junto con el reloj de bolsillo y los prestamistas cristianos del Renacimiento: son un invento de la burguesía.
    

–Los artistas pintaban al niño como un adulto en miniatura sentado en el brazo de su madre.
    

Nos sobrecogemos de asombro e incluso de espanto, avisa Cioran, cuando oímos a los hombres hablar de liberar al Hombre: “¿Cómo unos esclavos irían a liberar al Esclavo? ¿Y cómo creer que la historia, una sucesión de errores, pueda durar todavía mucho tiempo?”


    –La hora del cierre sonará pronto en los jardines de todas partes. 


[Diciembre, 2021]

Feria de Otoño'26. Interesante novillada de El Retamar y un Programa de mano que ni en la lendrera de Sol. Márquez & Moore

 



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Con una interesante novillada de El Retamar se ha dado comienzo a la Feria de Otoño 2026, con la significativa caída del cartel de Mario Vilau, herido recientemente, que era el que más interés daba al cartel de hoy, quedando la terna formada por El Mene, Nacho Torrejón y Sergio Rollón, que hoy se presentaba en Madrid con caballos.


Antes de seguir hagamos un pequeño apunte sobre tres cosas, antes de que se acabe la temporada, para que no se nos queden entre las teclas del ordenador: la primera es la deleznable elección del fotógrafo -ignoro su nombre y prefiero seguir ignorándolo- que ha ilustrado la portada de los programas en la temporada 2026. Creo que la portada del programa de hoy batía récords en cuanto a antiestética, mal gusto y fealdad. La segunda es dejar la constatación de que las pesadas techumbres metálicas que guarecían de la lluvia a las decenas de personas que se sientan de gañote en el callejón de Las Ventas han sido sustituidas por unas leves y traslúcidas cubiertas de policarbonato. Todo sea por el confort de esos frescales. La tercera es la patente evidencia de las pocas dotes para la equitación de nuestra querida doña Rocío, la gentil amazona que, vestida de Felipe II, despeja la plaza y encabeza el paseíllo en cada festejo. Esperamos no tener que contemplar algún día un desagradable accidente.


Los Núñez de El Retamar pusieron en la tarde lo que de bueno hubo. Su diverso surtido de comportamientos y de humores, su variedad y su seriedad nos alegraron el festejo, quedando bajo su autoridad la responsabilidad de apechugar con el peso de la tarde. Dos de ellos, Pampunoso, número 55 y Maestro, número 64 fueron despedidos con ovación en el arrastre y el sexto, Impagado, número 14, fue saludado con aprobación en su salida al ruedo de Las Ventas. Hubo en el ruedo capotes y muletas por el suelo, y la corrida se desarrolló en un lapso de dos horas y diez minutos, y al buen entendedor no hace falta explicarle más al respecto; también se pudieron contemplar las habituales reticencias y cucamonas de la panda de galloferos que aparecen brevemente en el ruedo encaramados en lo alto de una montura para no hacer la suerte con arreglo a las normas del arte cuando el toro o el novillo imponen cierto respeto.


En cuanto a los toreros hubo la voluntad de lucir a los toros y de dejarles a cierta distancia en la suerte de varas, por más que las triquiñuelas de los montados tendiesen a tratar de que esa arrancada de largo o a media distancia no se produjese, como suelen hacer.


A El Mene, de azul cielo y oro, ya se le vio desde el principio que se le iba a ir el toro. Es como si el animal llevase encima un letrero de neón con las palabras: «Me iré de este mundo sin saber qué es el toreo». A ese fin se aplicó concienzudamente El Mene, dilapidando la franqueza de las embestidas de Pampunoso, sin un plan de qué hacer en las ocho u ochocientas series con las que intentó conducir las vibrantes acometidas de un animal que pedía firmeza, claridad de ideas y colocación. Nada de eso obtuvo y a cambio recibió un pinchazo en la suerte contraria, que a quién se le ocurre poner a ese toro en la suerte contraria, y un espadazo en la natural. La ocasión ya se sabe que es calva como una bola de billar y El Mene la tuvo con su primero. Con su segundo pasó, como decía nuestro añorado Bombero, que el toro era peor y el torero era el mismo, con lo que el tiempo se fue pasando sin que Mene lograse cosechar un solo ¡ole!, ni un ¡bieeen!, ni siquiera unas palmitas de consolación. A este también le mató a la segunda.


Nacho Torrejón venía sin apoderado y con un vestido en el que sobre la seda de color rioja se hallaba bordada la producción anual de oro de las Nevada Gold Mines. Su primer novillo, Lechuguero, número 22, lo primero que hizo fue arrebatarle el capote, para ir centrando el tema, y luego tras un paso sin pena ni gloria por el catafracto, puso su personalidad sobre la arena de Las Ventas para desafiar a su matador. El toro era como para apostar en esa lucha, máxime si vienes sin apoderado, para poderle y justificar todo el oro del vestido, pero eso significaba jugársela con un enemigo incierto al que el novillero nunca acaba de someter. A este lo liquidó de estocada desprendida y descabello. Su segundo fue Maestro, que llega al último tercio desarrollando una bonita y vibrante embestida, ante la que Torrejón solamente puede poner su descolocación, su permanente descargazón de la suerte, su toreo de ceder el terreno que, sorprendentemente, llega a cierto público a quien encandila esa deplorable manera de torear basada en tener al toro en movimiento sin ton ni son, con lo que el novillero comienza a ser vitoreado en su labor. No aprovecha Torrejón las netas bondades del toro para componer una obra con enjundia, conformándose con los vítores de muchos que se habrán olvidado de él y de su labor antes de llegar a Manuel Becerra. Lo caza al segundo intento y saluda desde el tercio. La ovación fuerte es para el toro.


Sergio Rollón, de blanco y oro, dio una sensación de aceleramiento y cierta bisoñez. Su bagaje taurómaco hasta la fecha es bastante magro y de pronto se ha encontrado hoy en Las Ventas con más público de una sola vez que el que le haya contemplado en toda su carrera desde que es novillero. Anotemos entre lo bueno la estocada con que despenó a su primero, Pamplinas, número 54. Su segundo, Impagado, con presencia y hechuras de toro anduvo muy suelto de acá para allá y sin fijar, costó bastante lo de la pica por las pocas ganas de trabajar que manifestaba el piquero Pérez, y luego fue marcando sus dificultades ante la impericia de Rollón, que consiguió estar digno frente a la difícil prueba a que se le sometió. Mató de media estocada.



El Programa

[JRM]




ANDREW MOORE

















FIN

Viernes, 2 de Octubre

 


Cola de gato

jueves, 1 de octubre de 2026

Nacionalismos


No somos gallegos
Somos celtas

Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    En cuestiones de memoria histórica los franceses pueden ser tan farsantes como nosotros. Al analizar, por ejemplo, el colaboracionismo (generalizado) durante la ocupación alemana, se hicieron los sartreanos y catalogaron a los colaboracionistas según la diferencia entre malvados (que habían hecho el mal porque sí: gusto, capricho…) y canallas (que habían hecho el mal para sacar tajada), que es una guía que aquí podría aplicarse al golpismo catalán.

    Este golpismo no es nacionalismo, sino estatalismo: el gran taurino Companys no proclamó la independencia de Cataluña, sino la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica, o sea, la República federal que sueña el periódico global.

    Los anacoretas de Egipto estaban ebrios de Dios y los golpistas de Cataluña están ebrios de Estado.
    
Nacionalismo, en cambio, sería lo que antes llamábamos patriotismo, complicado, dicho por Pemán, “con un poco de filosofía”. O, dicho por Bobadilla, complicado “con literatura o cagarrutas de chivo”.

    Nacionalismo, en fin, sería aquel I Encuentro Luso-Español del 83, glosado por José-Miguel Ullán, que describe al poeta (ojo al acento) Fèlix Cucurull cargado de telegramas de covachuelas catalanistas para pedir la retirada de “español” del título de la merienda, petición apoyada por los representantes de la poesía gallega Pilar Vázquez y Manuel María.
    
–Cuando creía haberse llegado al acuerdo de poner “ibérico” donde antes rezaba “luso-español”, Pilar Vázquez alegó que los gallegos no eran ibéricos, sino celtas, quedando la cosa en I Encuentro de Poesía Peninsular.
    
Manuel María acusó en verso a la clase media de imitar “las modas que imponen en Madrid”, y ya todo eran denuncias: “Opresión de la literatura vasca, gallega y catalana; necesidad de no menospreciar el bable y el guanche; esbozo de imponer el término ‘insular’ para no desentenderse de las Azores, Canarias y Baleares; preocupación por las plazas adyacentes: Ceuta y Melilla”.

    Esto, en el 83.


[Marzo, 2018]

Jueves, 1 de Octubre

 


El gatoperro

miércoles, 30 de septiembre de 2026

La Vivienda


Añorando el pasado



Miedo al futuro ya presente


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Si mal no me he enterado, en la Puerta del Sol de Madrid se ha montado una especie de tibilorio para obligar al Gobierno a que la juventud pueda vivir en un piso a precios razonables. Asequibles, se dice ahora. Servidor, que lleva muy mal que lo tomen por tonto, sabe que esa grey, conducida por unos pocos avispados con suficientes holguras económicas y obsesionados en seguir enganchados a las ubres del Estado, está amolando las escasas perspectivas de los que aún se atreven a comprar piso, doblando el lomo sin misericordia. Tal que mi chico, que con 32 años está buscando algo "asequible" en Sevilla (paga una pasta de alquiler), a comprar entre dos y los dos con trabajo estable. Uno cree que para comprar piso alguien tiene que construirlos, y si se construyen, se genera cierta competencia que aminora el precio. Si no se construye es por la demonización de los constructores propiciada por los que hace quince años vinieron a arreglar lo que han convertido en desastre. "¡¡Que no se forren!! ¡¡Que no especulen!!" Aún recuerdo la persecución al Pocero y el recorte a sus promociones en Seseña, un secarral donde no iba a vivir nadie. Sólo gente pobre, un gueto para miserables. ¡Ya! El Pocero y todos los constructores van a ganar dinero, y si no, no construyen. Si no ganan "mucho dinero" no construyen, y al abrigo de los administradores a los que "untan" mudan la actividad, y de unos años para acá, en vez de alicatar cocinas y cuartos de baño, plantan gigantescos árboles blancos metálicos de tres brazos y alicatan el campo con esas horribles placas que es industria que da más dinero y se arriesga menos. Paga el contribuyente en la ventanilla del Estado. El mayor error de los acampados, infantilizados por "manejantes" perversos es creer que a los avariciosos les van a quitar el vicio. La Valentina, jubilada, se ha venido al pueblo desde Madrid pero no alquila su piso por miedo a que no le paguen y se le queden los okupas a los que tenga que pagar la luz, el agua y la comunidad. A mi chico se le va a encarecer lo que encuentre de segunda mano, si encuentra, porque los demandantes ya le auguro que van a ser muchos. Miedo me da la ley, que los que mandan quieran presentar como justa. Tan justa que a servidor y no a los buitres, le va a costar las perras.


     Cuando paseo por Burgos, Córdoba, Sevilla, Madrid, Barbate.. me fijo en las viviendas que se hicieron en tiempos de Franco, "las viviendas baratas" -hasta Doña Carmena dice que lo de la vivienda, Franco no lo llevaba mal-, y repaso las leyes a las que obligaba su Ministerio de la Vivienda; leyes que quieren recuperar ¿o no? los pseudorrevolucionarios de la Puerta del Sol. El suelo del Estado, créditos a constructores, compradores e inquilinos e incluso exenciones, planes oficiales, control férreo de precios... ahí está el alquiler de doña Maricarmen. Con su único sueldo de obrero de fábrica, mi proletario padre, que tuvo que sacar adelante a seis hijos nacidos de seguido, pudo comprar con mucho esfuerzo ¡claro está! un piso en Gamonal de 95 metros como el que ha disfrutado la señora Maricarmen, al parecer soltera, en el centro de Madrid. Mi padre... y los padres de mis amigos. Incluso servidor a finales de los ochenta, con intereses lobunos, pudo comprar piso y yo creo que hasta el 2011 cuando empezó esta facción excursionista a amargar al ciudadano que paga impuestos, la gente currante y responsable podía afrontar un alquiler, y si con trabajo estable, la adquisición de una vivienda. Desde que a mandar en España se dedican los más incapaces y de peores entrañas de los ciudadanos todo ha sido una carrera hacia el abismo de la miseria. Estos días, y con supina ignorancia, están dispuestos a acelerar. Mi chico y los de su edad y circunstancias, que se jodan y sigan pagando impuestos.  ¡¡Pesia tal!!

Monarquismo


 Maurice Duverger




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Mi monarquismo es un mero cálculo de probabilidades: históricamente, en España, con la Monarquía siempre se puede ser republicano, pero con la República nunca te dejan ser monárquico, y uno es de llevar la contraria.

    –Yo lo veo muy sencillo –dice Umbral que dijo Barreiros, el camionero, allá por el 74–. El Rey sucederá a Franco. Todo seguirá igual y aquí habrá una apertura con dos partidos: la derecha, que serán los requetés, y la izquierda, que será la Falange.
    
Acertó con los falangistas, que sólo tuvieron que cambiar el bigotillo de hormigas procesionales por la barbita de senderistas del krausismo. En lo de los requetés, si miramos a Casado y a Teo, se pasó de frenada Barreiros.
    
Mas aquí estamos, otra vez con la burra en el trigo, como en la mañana del 29 de enero de 1930, cuando la prensa liberalia abrió el proceso de la Monarquía, que es el de la Nación.

    –Seríais la guerra civil, si no fueseis la impotencia –había increpado, visionario, Maura a los republicanos en la cabecera del banco azul.
    
Porque la Monarquía no es un partido: es la Nación, ambos dejados de la mano de Dios en la Carta otorgada del 78, donde la derecha se hizo un ovillo con el nacionalismo. El pueblo más nacionalista de la tierra es el inglés, que aún está por dar un gobierno fascista. “La república de Cromwell fracasó porque el ‘common law’ sobrevivió”, leemos en el “Sir Matthew Hale”. Pero ¿a quién le cuenta uno esto? ¿A Maroto?
    
A la cuestión Monarquía o República, Robespierre respondió como Franco: “¡Instituciones!” Y uno fantasea con la única solución nunca probada: la Monarquía presidencialista, solución que “habría hecho soñar a Benjamin Constant”, según le dijo Maurice Duverger al conde de Barcelona, que le planteó el proyecto constitucional de nuestro más ingenioso pensador político.

    –Una Monarquía presidencialista es democrática. Una República parlamentaria es oligárquica.
    

Pues no es la Monarquía o la República, sino la democracia, es decir, la forma de Gobierno .


[Julio, 2020]

Miércoles, 30 de Septiembre

 



¿quién al gato no dice gato gato?

martes, 29 de septiembre de 2026

La voluntad de los imbéciles


Tucker Carlson


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Se asombraba el otro día Tucker Carlson de la ignorancia política de la actual gente bien inglesa. Lo descubrió en “una cena de alto nivel” en el Reino Unido con “personas inteligentes, muy bien educadas”.


–No tenían ni idea de nada. Creen lo que les han contado en la NBC. No saben qué está pasando. Es un vacío informativo. La ironía es que Internet estaba destinado a informarnos a todos, pero el resultado ha sido lo contrario: la gente sabe menos. De hecho, la gente sabe tan poco que, bueno, estamos al borde de una guerra nuclear.


Por los noticieros ingleses corren como “cardos rusos” (llámanse así esos matojos rodantes que amenizan las películas del Oeste) los bulos del separatismo galés, escocés e irlandés, a fin de preparar a la población para la vuelta a Bruselas, capital de la Europa de los Sacarinos, todos esos gobernantes no electos (directa y separadamente) que fantasean con las furgonetas de Zelenski para llevarnos a la guerra. Burnham y Macron parecen Sacarinos de los Rothschild, como Merz parece Sacarino de Larry Fink, y Sánchez, de Soros: inmigración a manta y guerras por la democracia, esa hoja de parra de la obediencia, pues para atemperar la indignidad de obedecer, a los que obedecen, que son los más, se les dice que ellos deciden quiénes mandan, que son los menos, pero todos sabemos que si los que obedecen decidieran realmente algo, no se les permitiría votar. La propaganda se ocupa del resto.


Y de la ignorancia política de la gente bien inglesa ante Tucker Carlson a la ignorancia política de la gente bien española ante la invasión de Ceuta, engullida por los cuatro estómagos (panza, bonete, libro y cuajar) del Consenso, con todas las instituciones del Reino metidas debajo de la cama: nuestra izquierda, que abreva de la inteligencia del gobierno, la atribuye a Putin (autor, en fin, del golpe catalán del 17), y nuestra derecha, informada por la intelectualidad liberalia, la atribuye a los descamisados Vinicius y Mbappé, que declinaron lucir una camiseta caballa en Elche, que es como si Jared Kushner y Steven Witkoff, los Oliver y Hardy trumpianos, se hubieran negado a ponerse las camisetas que Zelenski les ofreció en Kiev.


–¡Quiquiriquí! Cúmplase el destino. Hágase en mí según la voluntad de los imbéciles –exclamó el gallo al morir.


Hablamos del gallo que Sócrates había mandado sacrificar a Esculapio. Alfonso Reyes cita un cuento de nuestro Clarín que pinta a Critón, discípulo tonto e “idealista de segunda mano”, detrás de un gallo que trepaba las bardas para escapársele y le decía: “¿No comprendes que tu maestro hablaba en parábolas? ¿Que eso de sacrificar un gallo no era más que un modo pintoresco de hablar?”


Pero Critón no quiso entender de razones y alcanzó al gallo de una pedrada. 


[Martes, 22 de S eptiembre]

Martes, 29 de Septiembre

 


Jesuitas de Serrano

lunes, 28 de septiembre de 2026

Mártires del sistema

 

Víctor Fernández, padre


Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Hemos ido a Sevilla a ver el chico, y de paso, mi doña a los toros, por lo que el fútbol lo he tenido un poco aparcado, pero vi al Córdoba a la hora de comer y ¿qué quieren que les diga? Para mí que Iván Ania, víctima de la obsesión por el sistema -"innegociable"- perecerá mártir, pero ¡éso sí!, valiente, como aquél que con la cabeza bajo el hacha del verdugo repetía "piojoso, piojoso", cuando sólo se le pedía retirar el insulto. El equipo ha perdido calidad, forma física, velocidad y sobre todo la concentración necesaria para ejecutar con un mínimo de acierto... ¡¡ el sistema!!. En Valladolid se ganaba 0-1 nada más comenzar gracias a un gol misterioso en propia meta, salido de un jeribeque insólito de Miguel Rubio, un central que en el Burgos parecía de fiar. De Burgos fue al Granada de Primera y de ahí al Español. El resto de partido, salvo una o dos aproximaciones nada inquietantes a la portería pucelana, fue un continuo padecer de la parroquia cordobesista que se desplazó a Zorrilla y un mosqueo desalentador a los que lo veíamos por el televisor, como el que mi doña sintió poco después en la Maestranza viendo los bueyes atontolinaos que pusieron a Morante para que los toreara. ¡Un "m'ohon" los toros y otro el Valladolid-Córdoba. El Córdoba empieza siempre con un gol en contra porque es seguro que uno por lo menos encaja. Ya lleva 16, sólo aventajado por el menesteroso Ceuta que lleva 17, y las perspectivas son que en vez de uno van a ser dos porque ya tengo puesto que no se puede ir por agua con un coloño.

 El Valladolid me parece equipo flojo, decadente, de peloteros tórpidos y yo diría que encantados de estar en Segunda, sabiéndose de inferior categoría. Ese Valladolid donde salvo al pequeño Víctor Fernández, hijo de aquél Victor Fdez escurridizo y letal, basa su futuro en que Latasa, un nueve menos poderoso cada temporada, moleste mucho arriba y se aprovechen llegadores, tal que Arnu, un mocete que puede que prospere y que sólo tuvo que empujar sin marca un balón que le sirvieron también sin molestias dentro del área, o este Víctor que coló el segundo con muchas colaboraciones por omisión defensiva. Latasa en plan "lo tiro yo", ante Víctor, falló un penalty que no evitó un tercer gol de Barberá para desalentar a todo el cordobesismo que ve impotente, y mira que empezó la temporada ilusionado en contra de mi humilde parecer, como nos empujan a los sótanos de la clasificación equipos que no dicen nada.

 "El Burgos no tiene nada" se decía aquí después del 3-2 de El Plantío en la primera jornada. Cierto. También se ha debilitado la plantilla. Juega feo. El sistema es el simplismo del amarrategui que hoy llaman "bloque bajo", pero ahí está. Ganando a quien hay que ganar. A los de parecida condición. Ayer tarde, a la hora que Morante, Luque y Borja Jiménez desesperaban a los aficionados en Sevilla, el Burgos ganaba por uno a cero al Eldense de Messi, donde aún juega Fidel Chaves, un zurdo que no ha encontrado entrenador que le hiciera reventar. Gol de David González, mediocampista de la tierra. Bien. Poco a poco.

La guerra de los Rose



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La escandalera (maliciosa, pero ridícula) de las camisetas caballas de los empresarios valencianos de Boluda nos distrae de lo que uno quería hacer hoy aquí (“¡yo he venido a hablar de mi libro!”), que era del pésimo espectáculo del arbitraje español, que sólo tuvo un representante en el Mundial, Hernández Hernández, un canarión que parece sacado de la comedia de Arniches “¡Mecachis, qué guapo que soy!”, con un guaperas, Chito Vallares, “un pollo requetebién”, en palabras del propio Arniches, en traje de mañana y un pequinés atado con un cordón de cuero.


–Vete de aquí, me da igual que seas el capitán, te saco amarilla –le dijo a Vinicius, que lo había abordado para hacerle respetuosas objeciones con la misma formalidad que aquel padre Guépin, abad mitrado de Silos, que, paseando a la sombra de sus claustros románicos con unos amigos, sacó la conversación de cómo imaginaba cada uno el cielo. (“Yo –dijo el padre Guépin– me lo figuro como un eterno paseo, por los jardines del Paraíso, haciendo ‘respetuposas objecciones’ al Ser Supremo: Señor, ¿por qué hubo enfermedades? ¿Para qué hicisteis a los microbios? ¿Qué objeto tenía el planeta Júpiter?”). Y Hernández Hernández, un tipo convencido de que la estrella en el estadio es él, sacó amarilla a Vinicius, y eso que todavía no se sabía que Vinicius va de patriotismo español más o menos como los jefes de todos los partidos del Régimen.


La culpa es de Mourinho, que nunca ha querido mojarse en cuestiones políticas, por respeto, según él, al país que lo acoge, siendo extranjero. Por eso la Oposición pipera, que perdió las elecciones, quería a Klopp, que ha sido llegar a la Selección Alemana y montar un campo de instrucción como el de “La chaqueta metálica”:


–Me gustaría recuperar la bandera –fueron las primeras palabras de Klopp.


La bandera ¿para qué? “Para no dejar el orgullo a la gente equivocada”. Es el “Patriotismo Positivo” (?) de Klopp, otro Habermas con gorra. De haber ganado Riquelme, Raúl habría llamado a Klopp, y ahora la bandera del “Patriotismo Positivo” sería el Real Madrid y no la “Die Mannschaft”. Que con estas boludeces (la más gorda, la de la camiseta caballa) anda matando el rato el piperío, que pide para el domingo una Pitada Patriótica contra Vinicius en el derbi del “Estadio Riyadh Air Metropolitano”, donde, como todo el mundo sabe, la afición colchonera le tenía reservada una ovación. Eso es dar en el clavo: el mérito de la Pitada Patriótica podrán apuntárselo el calvo del Plus, que la tiene tomada con Vinicius como uno de esos taxistas plastas que te dan el viaje con Sánchez, y todos esos chisgarabises de la vida española que tratan de desatar en el Bernabéu la guerra de los Rose de Danny DeVito para tener al club en un grito.


Tres jugadores del Real Madrid habrían dicho “¡Jehová!”, con lo que eso significa en “La vida de Brian”. Pero ¿y la LFP? Cuando lo de Ucrania nos ponía en la pantalla de TV un rótulo: “No a la invasión”. ¿Qué invasión? (Porque en el mundo hay unas cuántas). Bueno, eso lo dejaban a nuestro libre albedrío. En lo de España, sin embargo, esa responsabilidad se deja en manos de unos futbolistas que, con Klopp, saltarían al campo con la “Oración fúnebre” de Pericles en la boca. Pero no está Klopp, pues perdió las elecciones. Está Mou, que ha de bracear en el flipante mundo de los Hernández Hernández, a quien al día siguiente hace bueno Gil Manzano, y a todos ellos, el Var, versión arbitral de la españolísima “marcha atrás”, que impide gozar el orgasmo del gol, que dirían Valdano o Hebrero San Martín. Marcha atrás, “Tiburón” es una película en la que un tiburón vomita gente hasta que abren una playa. Marcha atrás, “Viernes 13” es una película sobre un jugador de hockey mágico que cura a sus adolescentes para que puedan irse a casa desde el campamento. Marcha atrás, “Gol de Espí” es una película de alguien que vuela por ahí y que después de poner a gente en situaciones difíciles va y se esconde, o sea, “Supermán”. No estaría de más que alguien le susurrara al fanegas de Flick lo que Núñez a Cruyff sobre las Ligas de Tenerife.


[Sábado, 19 de Septiembre]

Corrida concurso o liempieza de corrales. He aquí la cuestión. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Ya nos advertía don Luis Fernández Salcedo en su «Verdad y mentira de las corridas concurso» (Unión de Bibliófilos Taurinos, 1974) de la diferencia que existe entre las de verdad, una corrida de concurso seria, con toros bien seleccionados según criterios genéticos, de comportamiento y de tipo de casa, de las de mentira: festejos anunciados como “de concurso” que en realidad son limpiezas de corrales o presentaciones de ganado mediocre.  Hoy en Las Ventas tocó más bien lo segundo, en esta corrida de toros a finales de la temporada con ganaderías que lidian poco o muy poco. Habían anunciado uno de Palha, que finalmente no vino y fue sustituido por otro de Partido de Resina, que además aportó el segundo sobrero, que por fortuna no salió a escena. El resto de las ganaderías anunciadas para hoy eran las de Saltillo,  Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán. El primer sobrero, que tampoco salió, corría a cargo de Saltillo. Hacemos hincapié en lo de los sobreros como cosa óptima, porque es muy común que en determinadas corridas de corte «torista» tengan reservados en la recámara toros de lo menos torista, de esos que alardean de su juampedrería, para ir limpiando los corrales y librándose de ellos como sea. La noticia que corrió como la pólvora desde el apartado fue que el de Saltillo era otro «Cazarrata», éste con el número 42, que nos lleva a aquél del mismo nombre y ganadería, número 45,  frente al que se las vio Sánchez Vara hace ya diez años, que parece que fue ayer.


Si algo hay que resaltar de la corrida concurso de hoy es la variedad de tipos y de comportamientos que se han podido contemplar en la plaza. Toros con personalidades diversas y, a veces, cambiantes que han mantenido el interés del espectáculo durante toda la tarde. Si alguien busca eso que ahora llaman «bravura enclasada», que vaya asco de término, no la hallará en la tarde de hoy. Si alguien busca la mera «bravura», la de don Luis Fernández Salcedo, tampoco, porque hoy se ha dado una corrida en la que ha primado la casta, el comportamiento cambiante, la mansedumbre, la personalidad o la incertidumbre. Problemas, problemas y problemas para José Carlos Venegas, ninguna corrida toreada el año pasado; Isaac Fonseca, un festejo en el año pasado, y Alejandro Chicharro, ocho festejos en 2025, el año de su alternativa, o sea, lo mismo de siempre.  Con los toreros también hubo sus cuitas, porque estaba anunciado Cristián Pérez, ninguna corrida en 2025 para no desentonar, que se cayó del cartel a causa de una recaída en la cornada que sufrió en Illescas a primeros de septiembre. Venegas entró en sustitución de Pérez.


Fue saludado con palmas Cazarrata en su salida al ruedo de Las Ventas por su trapío y su excelente lámina. Entró el toro con alegría al caballo por tres veces y huyó del mismo al sentir la puya también por tres veces, tomando una cuarta vara al relance, y dejando el paradigma de su posible bravura a la altura del betún. Pasó por los rehiletes sin pena ni gloria y cambió en el último tercio dejándose torear a cambio de sobreponerse a su imponente presencia. Venegas lo pasó por las dos manos, con más firmeza en las series a derechas, sin rehuir el otro pitón ni los adornos. Una estocada entera y buena puso en su mano una oreja que algunos, mezquinamente, le negaban.


Bellotito, número 17, fue el de Partido de Resina. Otro toro impecable de presentación en el tipo de la casa, algo estrecho de sienes. Acudió con presteza y de largo al penco sobre el que surfeaba Héctor Vicente, que se dedicó a tundir los lomos de Bellotito como si tuviera algo personal contra él en las tres entradas que le hizo en las que el de cuatro patas demostró más honestidad que el de dos. Muy deficiente el tercio de varas, como viene siendo habitual, y de poco interés el de banderillas, con el de Partido de Resina mirando a cualquiera que se moviese. Fonseca se plantó a ver qué se podía hacer con el toro y se encontró inerme ante su violencia. Una estocada entera y un aviso fueron el epílogo a su actuación.


Mariscador, número 7, de Castillejo de Huebra, fue el primero de los de Alejandro Chicharro, que se empeñó en pedir el cambio de tercio con dos entradas al caballo del toro, la que se fue suelto y la que se quedó a que le pegasen. Luego no vio las condiciones del toro, acaso el más «manejable» del encierro, si se nos permite esa expresión. Lo que consiguió Chicharro fue ir soliviantando al personal y los únicos aplausos que cosechó fueron al salir al ruedo tras el batacazo que se pegó al tomar el olivo huyendo de Mariscador, que le apretó lo suyo al sentir el hierro dentro de su cuerpo. Luego, con una estocada baja, dejó ya la cosa apañada.


El segundo de Venegas fue Uva-Larga, número 7, del Conde de la Corte, un toro de comportamiento bastante insólito en su manera de acudir al capote, donde echaba el freno y no pasaba, y al caballo al que acudió en cuatro ocasiones sin acabar de desarrollar una pelea basada en la bravura. Puso Uva-Larga las cosas complicadas a los banderilleros, que no había forma de entrar al toro por el pitón derecho, y ahí estuvo Raúl Cebadera, tercero de la cuadrilla, que clavó con torería y fue justamente ovacionado. En la muleta el toro volvió a sacar sus condiciones más inspiradas en la mansedumbre agresiva que en la bondad pabloaguadil. Venegas le dejó una estocada trasera y luego la cosa se complicó en lo del apuntillamiento.


Imaginario, número 16, de Pallarés, de buena presencia, se dejó torear a la verónica por Fonseca y acudió por cuatro veces al cite de Borja Lorente, que demostró que si se quiere, se puede hacer la suerte de varas de una manera digna y honesta. Si la tercera vara se le fue baja no fue por una premeditación del picador, que en todo momento movió al caballo con soltura y que cobró tres buenas varas que le valieron el aplauso del público. Parte del triunfo del toro se le debe al buen trabajo de Lorente y después a la exquisita brega de Raúl Ruiz. Fonseca comenzó dando distancia al toro, pero pronto lo dejó, enganchando algún natural estimable. Pinchazo, metisaca y estocada fueron sus argumentos toricidas. El toro fue despedido con palmas en el arrastre.


Para terminar, el de Valdellán, Huertano, número 37, manso encastado e incierto que para algunos fue el toro más singular de la corrida. Y eso que no era ningún top-model, y que le protestaron de salida por su figura poco agraciada. Fue Huertano ese toro con el que siempre querríamos ver a los que se enseñorean del escalafón, a quienes nunca veremos frente a algo como esto. Tras la ilusión de Lorente en el quinto, ahí vino El Legionario a volver a poner las cosas en su sitio en cuanto a la mala práxis en el tercio de varas, aumentado el espectáculo con la nula intención del toro en acudir a las invitaciones que se le iban haciendo. En banderillas volvió Iván García a dejar un apunte de su gran clase. En la muleta Huertano no dio ni una sola facilidad a Chicharro, que lo cazó a la tercera. Luego el animal se levantó tres veces cuando Óscar Reyes trataba de apuntillarle prendiéndole violentamente en una de ellas, sin consecuencias. 


Al término de la corrida los altavoces de la plaza comenzaron a emitir sus ya clásicos sonidos de ultratumba, y en la horrísona cháchara que salía de ellos fuimos incapaces de desentrañar las palabras que decían. Al parecer estaban dando los premios de la corrida concurso, pero entre aquel estruendo no nos enteramos ni de cuáles eran ni de a quién iban dirigidos, como nos pasa siempre.




ANDREW MOORE



















FIN