jueves, 23 de mayo de 2024

Bale de fuego [Al hilo de Cristina Garmendia en Mediaset]


 Bola de fuego


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Un periódico que reparte la ética como Dios la belleza dice que con lo que vale Bale podría salvarse el CSIC.


    ¡Bale de fuego!


    Porque el CSIC parece la versión española de “Bola de fuego”, la comedia de Howard Hawks con guion de Billy Wilder alrededor de unos sabios vejetes que pierden la chola con la visita de Barbara Stanwyck, y no es señalar a la ex ministra Garmendia, aunque con ella, más la colaboración de su colega Martínez Alonso (A. en las tarjetas de visita) durante la “rave” zapateril, se acabó de perder el CSIC.

    
Los españoles sabemos de I+D por lo que dijo una noche electoral Ercoreca en TV:

    
Venía yo de Bilbao y un empresario me dio la receta: I+D, Ercoreca, I+D.

    
Cuando la ciencia era ciencia, I+D era lo que con las células nerviosas hacía Cajal, el Cavia del microscopio, en su modesto laboratorio madrileño, con alguna escapadilla a la casa de las señoritas putas, que diría el poeta Almafuerte, donde Luis Calvo (que es quien refiere el cuento) y otros calaveras, que tenían menos prisa, le cedían la vez.

    
Cuando la ciencia es política, el I+D es quitar la placa latina de Franco y poner un árbol de Chirino. Es invertir en preferentes (¡los sabios!) y es que la revista “Science” te pida la retirada de un artículo. Es sacar a mear en el árbol de Chirino al bacteriófago Jeremiah y es acumular quinquenios en el relato de las aventuras de la mosca Drosophilla.

    
A veces la ciencia es religión, y entonces el I+D es doña Carmen Vela en el Círculo de Bellas Artes llamando “teocracia” al gobierno de Rajoy.

    
A mí me cae simpático el CSIC porque de sus redomas salió la receta de la gula del Norte, pero no daría ni una bota de Bale por salvarlo.


    El Madrid es el club más rico porque hace inversiones como la de Bale, sin las cuales sería una cosa ruinosa como el CSIC.


    –¡Tratan a la ciencia como a una empresa! –se escandalizaban el otro día en Burgos unos sabios del Museo del Mono.

Cráneos privilegiados.


Agosto, 2013 

Toros de El Torero para Lorenzo, Téllez y David Galván, el amo de la tarde hasta por poncinas. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Poco ambiente el de hoy en Las Ventas a la entrada. Se ve que el cartel no volvió loco a nadie y todo el que tenía algo que hacer reservó este día para sus asuntos personales. La corrida de Toros de El Torero venía avalada por lo deprimente que fue la que echaron el año pasado, que ni siquiera pasó completa, o la del año 22 que fue un tostón y también devolvieron uno, o la del año 19, que lo mismo. Con esto ya se ve que la cosa de los toros no era, precisamente, un aliciente para irse volando por la calle de Alcalá abajo. Y para que se vea a las claras que la tauromaquia está reñida con el mundo de los adivinos y los videntes resultó que los que optaron por ir hoy a los toros tuvieron la recompensa de encontrarse con una interesante corrida de toros y con una filigrana que nació de las manos de David Galván, que junto a Álvaro Lorenzo y Ángel Téllez formaban la terna anunciada en los carteles.


La corrida de Toros de El Torero, cuyo propietario tiene nombre de fábrica de aceitunas, pues se denomina «Agropecuaria Campo Real, S.L.», tuvo algo que ver con la del año anterior en cuanto a lo desigual de su presentación. Ya se sabe que los buenos ganaderos siempre envían animales que parecen hechos con un molde en cuanto a su conformación, que no es el caso de hoy, pero a cambio echaron seis galanes de impecable presencia por delante, con unas cabezas que cada vez se separan más del cánon cornidelantero o acodado que se les presupone por su origen, presentando encornaduras veletas o bien puestas y de mucho respeto. La seriedad del primero de la tarde, Vistaalfrente, número 4, hizo que fuera ovacionado al salir a escena, la clase y el nervio del quinto, Espadachín, número 79, hizo que fuese fuertemente aplaudido en el arrastre y entre esos dos polos estuvieron el segundo, Vaticano, número 29, noble y algo tasado de fuerzas, el tercero, Frunceojos, número 5, que cumplió suficientemente en sus dos encuentros con Marcial Rodríguez, el incierto Embeodado, número 83, o el áspero sexto, Dardillo, número 64. Los toros de El Torero trajeron variedad de comportamientos y diversidad de estilos en los tres tercios para ir componiendo una entretenida tarde en la que brilló con el percal Juan Navazo, de la cuadrilla de Téllez, que en el sexto se arriesgó en un excelente y complicado par de banderillas, pleno de torería añeja.


En el saludo al primero de la tarde David Galván, de azul azafata y oro con cabos blancos, sufrió un desarme con destrozo completo del capote a las primeras de cambio. El toro acometió con fuerza al caballo de J.J. Esquivel y a la segunda, sabiendo lo que escuece la puya, se dio a la huida sin más miramientos. A la cosa de la muleta llega con nervio y brusquedad, dando importancia al insulso trasteo de Galván por sus condiciones ásperas y exigentes. Toro para trabajar, para mandarle mucho, que no halla enfrente los argumentos que le pueden hacer claudicar de sus intenciones, pues el toreo despegado y facilón que se suele aplicar al toro ovejuno aquí no consigue nada. La faena se va pasando como se pasa la vida, tan callando, sin que Galván acabe de ponerse netamente por encima del toro al que despacha de una estocada arriba que tumba al toro sin puntilla, no sin antes haber intentado esas absurdas manoletinas tan de moda en estos tiempos.


El cisco vino en su segundo, Embeodado, donde puso a todos de acuerdo. El toro, alto y enmorrillado, anduvo de acá para allá sin que Galván pareciera estar ni un poco interesado en él. Vio casi como un espectador más la triste pelea en varas que hizo el animal y desde la boca del burladero del 9 contempló sin mucho ánimo el tercio de banderillas, donde el toro puso sus dificultades, si bien en el último par parece que demostró algo de mejores condiciones. Puede decirse que el único de todos los que estábamos en la Plaza que vio las posibilidades de hacer algo con ese toro fue David Galván que, desde el inicio de su faena, no dudó en lo que quería hacerle al toro. Y lo que quería hacerle fue una especie de homenaje a Enrique Ponce de aire muy personal, de gran inspiración y ligereza, en una singular faena de tiempo medido puntuada a base de cuajados adornos: el pase de trinchera, el molinete, el hondo pase de pecho. Comenzó por poncinas llevando la muleta en la mano derecha, con el toro a la media altura, con mucho gusto y templando la embestida del toro. Palmas de estupor y de gusto en el inicio de faena. A continuación da distancia al toro y repite casi idénticamente lo mismo: cuatro con la pierna arqueada, una quinta muy larga y luego, todo torería, cambio de mano para el pase de trinchera de mano baja  y de corto y mandón recorrido. El toro ha cambiado y está en las manos de David Galván que va desgranando su faena al aire de su inspiración. Una serie con la derecha de enorme suavidad precede a un cambio de manos y a uno de pecho que es un cartel de toros. Con la izquierda el toro es distinto porque le cuesta arrancar y engancha el engaño, pero Galván supera ese bajón en la intensidad de la faena volviendo a dejar su huella en los remates por abajo en los que se desahogó con gran torería. En los medios remató su obra con unos doblones y, con el toro igualado y el estoque en la mano, optó por traerse al toro al tercio en el 9, perdiendo la ocasión de haber rematado su obra de manera perfecta y haber cortado las dos orejas. Entre tirones y distracciones para aparcar al toro pasó el justo ratito como para que las gentes se enfriaran y, cuando echó abajo a Embeodado de estocada arriba, la cosa se quedó en una solitaria oreja como reconocimiento a la inclasificable y hermosa faena que David Galván fue capaz de concebir, en un arrebato de intensa inspiración que a nadie dejó indiferente. Algunos insensatos aplaudieron al toro en el arrastre.


Álvaro Lorenzo, grana y oro con cabos blancos, sorteó el mejor lote de la tarde y tuvo la desdicha de que cayese en sus manos el tal Espadachín, que fue toro completo en varas y en banderillas y que llegó a la muleta con una vibrante embestida, con clase y codicia. El argumentario que presentó Lorenzo frente a ese buen toro fue de muy poca altura y así vio el toledano cómo su faena se iba despeñando en cada serie. Por el pitón izquierdo el animal estaba preparado para arreglarle la carrera a Lorenzo, que se vino sin apoderado, pero el magro resultado de un solo y estimable natural es muy magra cosecha para un oponente como el que tuvo la suerte, o la desdicha, de sortear. Su primero fue Vaticano, corrido en segundo lugar, o sea Vaticano II, que sacó más del Papa Francisco que de Benedicto XVI. El bicho hizo un esfuerzo ímprobo por derribar al caballo de Francisco Javier Sánchez, a base de riñones, sin conseguirlo. Acaso luego acusó ese sacrificio y blandeó un poco, siendo en cualquier caso de condición noble y nada aviesa. Lo ejecutó a base de dos pinchazos y un bajonazo.


Y Téllez, de blanco y plata, cuyas apariciones en Madrid se miden por jarros de agua del Manzanares tomada en La Pedriza en pleno deshielo, ni estuvo ni se le vio. Él tiene la moneda, porque le vimos hacerlo, y como tal la puede cambiar, pero mientras eso ocurre seguiremos esperando. En su primero literalmente no estuvo y en su segundo, peor, al intentar la senda del arrimón y del ¡ay! No tenemos prisa.




Galván por poncinas


ANDREW MOORE



 










FIN

Jueves, 23 de Mayo

 


Valle de Esteban

Primero Sueño

miércoles, 22 de mayo de 2024

Al hilo de Cristina Garmendia en Mediaset. Fábulas de las abejas




José Ramón Márquez


Me viene a la cabeza Margarita Salas, no a cuenta del piñazo que se metió el otro día cuando la lección conmemorativa de Eladio Viñuela, que hubo hasta quien sugirió que JAL* se pusiese en contacto con Íker Jinénez por si ahí había asunto para la Nave del Misterio, sino a cuenta de su fecunda empresa, que está convirtiendo, según se dice, al simpatiquísimo bacteriófago Jeremiah en el becerro de oro de la ciencia española.


Margarita, con una fortaleza casi más propia de Esparta que de Asturias, no ceja en su empeño de no abandonar su puesto como gran timonelesa de su laboratorio. Margarita, pese a hallarse en una provecta edad en la que muchos ya prácticamente ni saldrían de casa, relegados por absurdas normas administrativas a la condición de jubilados, no se resigna con que su destino esté regido por el inexorable paso del tiempo y, con sus más de catorce lustros a cuestas, se rebela con juvenil ardor ante esa injusta situación. Por ello sigue pidiendo Proyectos del Plan Nacional con el mismo ímpetu que si acabase de leer su tesis hace un par de meses, continúa dirigiendo con mano de hierro en guante de seda la fructífera Fundación Severo Ochoa y, además,  mantiene incólume el ansia de que la concedan el Premio Príncipe de Asturias a-lo-que-sea.


Me viene a la cabeza Margarita, como decíamos antes, al leer un informe del Tribunal de Cuentas sobre la ciencia española en el que se da una visión muy certera de lo que es la gestión de la ciencia en España, y al que lo único que le faltaría para ser perfecto es que la frialdad de los datos, de las pistas de auditoría, pudiera quedar ilustrada con nombres y apellidos, centros, laboratorios y demás.


Y claro, frente a las inapelables conclusiones del informe, Margarita y Jeremiah oponen la luz y la dicha de su éxito empresarial junto a Cristina Garmendia y Luis Blanco en sus empresas, X-Pol Biotech o Sygnis Pharma, que me lío con las fusiones,  y Genetrix, para demostrar que, al contrario de lo que dicen los agoreros, la investigación científica pública en España está orientada a la generación de innovaciones y no a la producción de estériles «papers» y que Margarita, Cristina y Luis junto con el elegante Jeremiah están dando una soberana lección a la totalidad de la comunidad científica hispana no sólo de lo que es la manera en que se produce el intercambio de conocimiento, sino también el ejemplo de un espléndido caso de éxito en el que se origina una fructífera relación entre el mundo empresarial y la ciencia pública.


Me queda la duda de en qué beneficia al sistema español de I+D+i el que, como a veces ocurre, la investigación que se ha hecho estrictamente a base de fondos públicos acabe transformándose en fecundas empresas, que ese birlibirloque jamás lo entendí. Hay viejos cuentos en el CSIC como el de que la patente de la Gula del Norte, del Instituto del Frío, se vendió por 1.000.000 de pesetas (6.000 €), o el de unos investigadores que creaban start-up’s para venderse a ellos mismos las cosas que ellos producían en sus propios laboratorios y que se sufragaban con los fondos del Plan Nacional. Estas cosas que se cuentan por ahí serán verdad o serán como la historia de la Chica de la Curva, pero me da que en todo este tinglado hay algo importante que se nos escapa a los que no estamos en el ajo.

Marzo, 2013

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*JAL  es Profesor Titular de Microbiología, divulgador científico
 y ha colaborado en Cuarto Milenio


Becerro de oro

El consenso



Al Swearengen viendo fregar a Jewel

 
 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El consenso del 78 fue la cortinilla sobre el pasado que Zapatero (sólo o en compañía de otros) descorrió en su gobierno.

    Merced al consenso del 78, todos los españoles eran antifranquistas, igual que el consenso del 45 convirtió a todos los alemanes en liberales, a todos los italianos en partisanos y a todos los franceses en resistentes.

    El símbolo de la ruptura zapateril del consenso del 78 es una ley estalinista de Memoria Histórica (el “padrecito” decretó dogma histórico, ya ven, que Espartaco liquidó el Imperio Romano) que Rajoy no ha derogado, dando así por bueno (“ante todo, que no nos llamen fachas”) que por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas.

    En virtud de esa cosa, en Logroño han cambiado, en mofa birlibirloquesca, la calle de José Calvo-Sotelo, asesinado por la escolta de Indalecio Prieto, por la calle de Leopoldo Calvo-Sotelo, “el marmolillo peatonal”, como lo llamara el hermano de Juan Guerra, y que, al decir de su esposa, sólo pasó una noche fuera de casa, la noche del 23-F.

    Como a José Calvo-Sotelo no lo pueden coger por Franco, lo cogen por Primo de Rivera, el dictador que no tuvo a nadie sobre quien ejercer su dictadura, pues sólo se le puso enfrente Unamuno, que se hizo republicano porque el Rey le demoró “sine die” una audiencia.

    –Hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos de pasión, con botes de lanza –decía aquel hombre–. No hay que razonar con ellos. Si tratas de razonar frente a sus razones, estás perdido.
    
Claro que, para colaborador de Primo, nadie como Largo Caballero (entre él y Prieto, por cierto, suman más golpes de Estado que toda Iberoamérica), que cebó a la Ugt con el pienso de la Dictadura.
    

Pero estos zapaterones del stalinismo historiográfico se valen de lo que tienen para borrar sus hazañas guerracivilistas, como en Deadwood cuando Al Swearengen mandaba a la renca Jewel fregar el suelo del “Gem Theater” para borrar la sangre que dejaban Dan Dority y Johnny Burns.


Septiembre, 2016 

Puerta Grande para el burgalés Jarocho con los novillos de Fuente Ymbro. Sospechamos que Ricardo Gallardo toca el piano. Pepe Campos


Puerta Grande de Jarocho, que es de Burgos y estuvo allí


PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas.


Martes, 21 de abril de 2024. Décimo festejo de la feria de San Isidro. Segunda Novillada. Algo más de tres cuartos de entrada. Tarde primaveral, fría.


Novillos de Fuente Ymbro, procedencia DomecqJandilla—, bien presentados, excepto el tercero, que, además, por inválido, fue devuelto; dieron juego, especialmente los tres últimos, encastados; todos mansos y nobles; cumplieron en el caballo pero saliendo sueltos. Un novillo de Villanueva (procedencia Núñez y Marqués de Domecq), corrido como tercero de la tarde, manso y noble.


Terna: Alejandro Peñaranda, de Iniesta (Cuenca), de gris piedra y oro, con cabos blancos, palmas tras un aviso y una oreja tras un aviso; veintiún años. Ismael Martín, de Zúrich (Suiza), de grana y oro, silencio y una oreja; veinte años. Jarocho, de Burgos, de berenjena y oro; vuelta al ruedo tras un aviso y dos orejas tras un aviso; diecinueve años; salió a hombros por la Puerta Grande.



Desde que comenzó el procedimiento de la tienta de reses bravas hacia la mitad del siglo XIX, se sabe que la selección de hembras y machos, en ese citado ensayo ganadero, cimenta la base de la futura línea de comportamiento que cada ganadero elige para sus toros. Desde entonces, y por dicha causa, la historia de las ganaderías y de la tauromaquia han vivido diversos momentos de esplendor, y también de decadencia. En este asunto nos interesa viajar en el tiempo y analizar lo que nos toca vivir hoy en día. Así, observamos que en los últimos años, debido a que la mayoría de las ganaderías tienen un origen genético de sangre Domecq, y que en esa prueba de la selección de reses, en los tentaderos, por influencia de los toreros denominados figuras —aunque no es algo nuevo— se escogen reses que garantizan toros venideros «que sirvan», sólo para la faena de muleta, para que esos «ases» del toreo triunfen, tarde tras tarde, desde ahí, parece como que el mundo de los toros está abocado a un ocaso o a un decaimiento.


Esta propuesta parte de que en esa denominada elección de astados —becerras— no se tiene en cuenta la pelea —hacia adelante— que los mismos pueden hacer ante el caballo, o no valorar al alza las encastadas reacciones de los bóvidos a la hora de recibir estímulos externos de lucha. De tal manera, desde el carácter de la sangre Domecq —más afín al tercio de muleta—, un elevado número de ganaderías ha ido incorporando en su naturaleza, en primer término, el bálsamo de la nobleza, de la dulzura y de la toreabilidad —duración y blandura en la embestida—; y, en segundo plano, tras lo anterior, el virus de la mansedumbre, de la flojedad y de la ausencia de raza y casta. Por ello, tarde tras tarde, estamos acostumbrados a ver el juego de las diferentes gamas de la sangre Domecq en los ruedos del orbe taurino, y en especial en Las Ventas —faro que visualiza el estado en el que se encuentra el producto ganadero—, bajo la pauta de la escasez de fuerzas, del escaso celo, de la desidia del animal —el toro— ante cualquier embestida. Es como ver el declive de una raza, de un mundo, de un universo.


En la tarde de ayer asistimos —de nuevo— a la lidia de los novillos de una ganadería que en los últimos tres años ha corrido numerosos ejemplares en la plaza de Madrid. Nos referimos a la ganadería de Fuente Ymbro, propiedad de Ricardo Gallardo. Tal vez, llegue la cantidad de entre sus toros y novillos lidiados a la cifra de un centenar. Si hacemos un balance del comportamiento de dichos astados, podríamos determinar que ha sido ascendente, en relación, en primer lugar, a la pelea que han tenido en la suerte de varas —aunque aquí, si bien han acudido con presteza, decididamente, deben mejorar, por no haber desarrollado peleas excesivamente bravas y poderosas—. Pero sobre todo han destacado en sus comparecencias, por la calidad y la pujanza de las embestidas, ante los engaños manejados por los toreros, y, en especial por la avidez en perseguir la muleta de los matadores a los que se han enfrentado, sin facilitar su labor y mostrándose en un registro donde tiene cabida, al mismo tiempo, la nobleza y la acometividad.


Desde lo que hemos expuesto, a partir de lo que hemos visto del juego de los astados de Ricardo Gallardo en la plaza de toros de Madrid, podríamos sospechar que «ha dado con la tecla» de saber seleccionar animales que ofrecen embestidas emocionantes, de ejemplares que mantienen movilidad en la arena, de novillos y de toros que dan espectáculo, llegando a conseguir el equilibrio entre la posesión de casta y la exhibición de lucha y entrega. Por lo tanto, desde estos planteamientos, deberíamos sospechar que el ciudadano Ricardo Gallardo, en el asunto de los toros, en los tiempos que corren, «toca el piano». Es decir, está dejando su huella en la memoria y en el corazón de los aficionados. Damos constancia de ello y deseamos que se mantenga en esta línea de acierto, y, aumente, si es posible, la exigencia; y no haga caso a las figuras, que se ve, que por la alegría con la que se manifiestan sus toros, no quieren verlos, es decir, para bien de la fiesta, no quieren torearlos. Es todo un dato de garantía de que está haciendo las cosas bien —esas tientas—, con cercanías a lo notable. Desde aquí, nuestra enhorabuena, pues los tres últimos novillos de ayer, por su vertiginoso y entretenido juego, fueron garantía de casta y de espectáculo. Y de éxito para los novilleros.


Cada uno de los novilleros de ayer tuvo su oportunidad. Podríamos decir que una doble oportunidad. Pues, en sus primeros novillos, se enfrentaron a la nobleza y a la bondad de los animales que les tocaron en este turno —incluido, el de Villanueva, de por sí, muy potable—. Y en los últimos novillos, cada uno, en este segundo caso, se las vio ante la emotiva acometividad de los ejemplares de Fuente Ymbro.


Alejandro Peñaranda, tuvo una actuación que fue de menos a más. En su primer novillo echamos de menos la frescura y el conocimiento que barajó la tarde de su presentación en esta plaza, el año pasado, por el mes de julio. Ayer le vimos algo perdido en ese utrero, al que no cogió el aire de una noble embestida por el pitón derecho, pues toreó por las afueras y no supo entrar en el territorio del temple, por empeñarse en una serie de enganchones en diferentes tandas. Le faltó dar un paso adelante, pues el novillo era claro. Además, le sobró el hecho de tirar el estoque para torear —una moda lamentable, que vemos se sucede—. Mató de un pinchazo en la suerte contraria y de una estocada, en la misma suerte, algo caída. Ante el excelente cuarto novillo, jabonero, dio en algunas ocasiones distancia, sin lograr mandar en las extraordinarias embestidas de Sacacuartos; el novillo le levantó, tras lo cual Peñaranda se ajustó más y logró algún natural que demostraba que sabe torear. Mató de una estocada delantera, desprendida, en la suerte contraria.


Ismael Martín, desarrolló una labor voluntariosa y entregada. En su primer novillo no logró acoplarse, no mandó en la embestida del mismo y se vio achuchado, sin correr suficientemente la mano. Mató de un bajonazo en la suerte contraria. En el quinto de la tarde, con las mismas armas que en su anterior enemigo, sin lograr mandarle ni torearle largo, acabó aguantándole en terrenos de proximidad, mostrando valentía y disposición. Mató de una estocada en la suerte contraria perdiendo la muleta.


Jarocho, fue el triunfador de la novillada; en su primer novillo —de Villanueva— no llegó a ajustarse a una cálida embestida por el pitón derecho, con ciertos enganchones corrió la mano a golpes, y se fue centrando a medida que avanzó la faena sin alcanzar un atisbo de temple. Lo mató en la suerte contraria de media estocada, algo caída. Su actuación en el último novillo, de embestida alegre y con pies, que iba de lejos, lució pundonor, y en la segunda parte de la faena, torería, donde se entretuvo en dar tres tandas al natural de enorme calidad, de trazo largo y mandón, hacia adentro, llevando al novillo metido en el engaño y sintiéndose en pases de enorme contenido clásico. Aquí convenció a la afición, que siguió ese toreo al natural con pasión y degustando el dibujo de cada uno de los inmejorables pases. Nos recordó a aquél Ángel Téllez de hace dos años. Mató en la suerte contraria de una estocada perdiendo la muleta. Pensamos que al estar cerca de él Fernando Robleño, puede ser un torero que no se pierda. 

Miércoles, 22 de Mayo

 


Valle de Esteban

Púrpura ardiente

martes, 21 de mayo de 2024

Serpientes



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Europeos preguntándose cómo hemos llegado del “Requiem” de Mozart al “Zorra” de Nebulosa. Muy simple: “Pedetemtim progredientes”, que diría Lucrecio, primero en emplear, nos dice Robert Nisbet, el término “progredientes”, de donde procede ese chicle de nuestros logreros que es la palabra “progreso”. De Mozart a Nebulosa se llega progresando gradualmente, mantra de la Ilustración, térmite o comején del Cristianismo.


Isabel, española de 17 años, multada con 1.800 euros por rezar en la calle Ferraz.


“Lo que Europa debe al Cristianismo” es un ensayo de Dalmacio Negro que a los liberalios se les hace bola por abundoso en conceptos que escapan a la “peperidad” en que viven, ese “Zeitgeist” setentayochista que el sábado les ofrece Nebulosa en la televisora del Estado, y el domingo, una urna para ir a votar al ministro del Covid, con su cara de enterrador de Lucky Luke, para cacique de Cataluña, cuya historia natural tanto recuerda a “The Natural History of Iceland”, uno de cuyos capítulos fascinaba al Dr. Johnson, que recomendaba aprenderlo de memoria, pues consistía en una sola frase:


En toda la isla no hay serpientes.


Con el cuento de que en Cataluña no hay serpientes, la Brunete mediática canta (de pago) a la derrota del independentismo con el triunfo de un partido socialista, sea eso lo que fuere, que levanta el puñito de jugar a los chinos “por el catalanismo y la España federal”. La balcanización de España es la forma setentayochista de resolver lo que Denis Gabor llama el “trilema”, hoy, de la humanidad: la posibilidad cierta de una guerra nuclear, la superpoblación de la tierra, y la más importante, una “era del ocio” para la cual la humanidad no conoce remedio.


Gabor no ve nada en nuestra evolución física y social que nos haya preparado para el ocio, y sugiere planes de condicionamiento que, en unas generaciones, compensen la herencia neurológica de millones de años. Quizás el confinamiento fue uno de ellos, y por eso el rebaño, agradecido, se restriega como el gato de una venta en las piernas filiformes de Illa. Si Nietzsche viviera hoy, antes que al exhausto caballo turinés, se abrazaría a cualquier súbdito español, no menos exhausto, que tiene Illas y Puentes por cocheros.


Se ve que el atractivo de ir a votar está en las colas: la cola del supermercado es la única trinchera donde el españolejo se muestra dispuesto a luchar. “Yo por la cola mato”. En América el cinismo va más lejos: la Junta Electoral de Georgia acaba de certificar el “pucherazo” electoral de 2020 contra Trump, lo que ilegitima la presidencia de Sleepy Joe, pero como salta a la vista que Sleepy Joe no es el presidente, los medios optan por ignorar la noticia que supone el fin de las instituciones que los Founding Fathers crearon para dos milenios y que no han llegado a los tres siglos. Extraño periodismo, incapaz de ceder a “la más noble y la más apasionada de las pasiones humanas”, que es la curiosidad.


[Martes, 14 de Mayo] 

La revolución religiosa de Koalemos (I)


“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes llenos de dudas” Bertrand Russell


Dalmacio Negro

“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes llenos de dudas”, decía Bertrand Russell. Es la causa del éxito de la revolución en marcha en Occidente, en realidad una contrarrevolución, para instaurar la religión de Koalemos. Un dios muy importante desde el origen de los tiempos, pero relegado a la oscuridad por otros dioses. Stultorum infinitus est numerus decían ya los sabios en la antigüedad, la población se ha multiplicado desde entonces y con la ayuda de los fieles al dios, cuyos sacerdotes son los políticos, aumenta la estupidez.[1] Si triunfase esta gran revolución contrarrevolucionaria, la humanidad tendría por fin una sola religión, la más adecuada la naturaleza humana pues  reinaría la paz perpetua y sería  feliz.                  

Lo que sigue son elucubraciones muy someras sobre tan interesante tema para intentar entender los grandes cambios que se avecinarían en un mundo donde  las redes sociales difunden universalmente la estupidez según Umberto Eco. La parte  del mundo llamado occidental parece estar ya en trance de devenir una tontosfera asentada además en la corrupción (del latín corrumpere, destruir completamente). Y es que la Historia está llena de sorpresas. Por eso es divertida, decía Ortega.

1.- “Vivimos en tiempos de locura colectiva”, escribe Douglas Murray al comenzar La masa enfurecida. Cómo las políticas llevaron al mundo a la locura.[2] El momento actual es mucho más revolucionario y universal que la Gran Revolución Francesa. Es tan anormal,[3] que ha devenido normal hablar del comienzo del reinado del Anticristo —la Jerusalén terrenal—, del Apocalipsis, de la Gran Tribulación o, simplemente, del fin del mundo. Contribuyen a estos pronósticos la pandemia real o supuesta o el mito cientificista del cambio climático en el que cree hasta el singular papa jesuita Francisco, “fascinado, dice Chantal Delsol, por la religión ecologista y el humanitarismo post cristiano”.

Pero, como advertía Polibio (200-118 a. C.), no se deben atribuir a intervención divina acontecimientos de los que cabe descubrir las causas que explican su origen y su fin. Es, pues, más pertinente relacionar el desconcierto existente con el hecho de que las sociedades democráticas que se consideran “liberales”,  están empezando a ser, o son ya, plutocracias oclocráticas gravemente estúpidocráticas, debido a la crítica autodestructiva de las costumbres, los usos, la historia, las tradiciones religiosas, morales y políticas por el individualismo hipermoderno heredero de la consigna de los jacobinos franceses que proclamaron 1789 —legalmente en 1792— el Año Cero de la nueva historia del hombre liberado del pasado. La combinación de las políticas “identitarias” del multiculturalismo de moda, que confunden las diferencias naturales con la “diversidad” —la colectivización de la idiotez— puede ser la mejor explicación del suicidio revolucionario de la civilización occidental al devenir multiconflictiva la sociedad multicultural desencadenando guerras intraestatales, de momento culturales.

2.- Voltaire fundó la filosofía de la historia pero no entendió su sentido profundo. Decía, que la estupidez  es «una enfermedad extraordinaria», propia de narcisistas incapaces de percibir su estupidez. Con la particularidad de que, como «no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás», es socialmente más peligrosa que el dominio de los malvados. Porque, la observación es también de  Ortega, “el malvado descansa algunas veces; el necio jamás”. Efectivamente, el tonto, personaje inconfundible con el inculto y el ignorante,[4] no tiene límites. Lo confirmaba Einstein: “La diferencia entre la estupidez y el genio consiste en que el genio tiene límites”. Constatación supercientífica por quien la hace, que excluye a la gente normal, que se guía por el sentido común, el mayor enemigo de la estupidez. Una razón para que intenten los estúpidos extirparlo cuando consiguen el poder, pues el estúpido es un egoísta intelectual intolerante, engreído y fanfarrón. De ahí la quinta regla del manualito de Cipolla —“la persona estúpida es la más peligrosa que existe”— acorde con Moreno Castillo.[5]

A los pesimistas Voltaire y Ortega les faltó añadir que los estúpidos, si tienen poder, se convierten fácilmente, sin darse cuenta, en canallas. Corrompen instintivamente la cultura —la peor de las corrupciones— para afirmarse en el poder, como está ocurriendo en este momento, en que los tontos encanallados pervierten a los niños argumentando que “los hijos no son de los padres”,[6] dándole la razón a Unamuno, para quien “el tonto es avieso, envidioso, mezquino”.  

3.- Se dice que la estupidez humana es una constante matemática. Observando su presencia en todas partes, Flaubert dictaminó en la novela inacabada Bouvard et Pécuchet,  que  “la estupidez es el enemigo”.[7] Realidad que suelen olvidar los historiadores: un dato importante en la historia es la lucha de Koalemos contra el sentido común como descubrió Hanlon algo tardíamente aunque no faltan antecedentes antiguos. No obstante, hay que distinguir la estupidez normal en la vida corriente, en la que todos hacemos tonterías, de la estupidez, mucho más grave, de las clases dirigentes. La primera, inofensiva colectivamente, puede ser un tema literario, teatral o del cine, que le ha dado rango de arte con Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy, Jerry Lewis, etc. La segunda es revolucionaria: convierte la simple estupidez, con la que hay que contar siempre, en una enfermedad sumamente contagiosa y peligrosa que destruye los pueblos que padecen gobiernos estúpidos infectados por la ideología como una forma mentis —“las ideas tiranizan al que tiene pocas” (Gómez Dávila)—, o, sencillamente, porque los estúpidos se han hecho con el poder aupados por la masa de necios con la colaboración, no infrecuente, de negociantes que se aprovechan de la estupidez ajena. El hombre-masa de Ortega es el individuo normal contagiado de estupidez dirigido por los avispados que explotan a las masas. “Los que más han favorecido y alimentado la Estupidez del pueblo son los que han sacado mayor provecho”, decía Jean Paul Richter en 1782.[8]

Decía Oliverio Cromwell: «Un hombre nunca va tan lejos como cuando no sabe a dónde va» y el gobierno de los estúpidos es una inversión revolucionaria de las jerarquías naturales. «El que es necio servirá al sabio» (Proverbios 11, 29). La inversión del orden jerárquico en la vida pública constituye la causa de que sea hoy la estupidez colectiva un fenómeno en expansión, descrito como infantilización por los preocupados por la difusión e intensidad del fenómeno en la vida corriente.[9]

4.- El mayor peligro de la estupidez (de stupidus, aturdido) consiste en que no es totalmente incompatible con ser “listo”, palabra de origen incierto que podría estar relacionada con la alemana List, astucia. «La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida, escribe Carlo M. Cipolla, es independiente de cualquiera otra característica de la misma persona».[10] “Toda forma de inteligencia tiene su forma de estupidez” decía Robert Musil. El estúpido puede ser inteligente, pero desconectado de la realidad, por ejemplo por la ideología[11] o las redes sociales, tiende a vivir en la irrealidad. Una causa frecuente es la vanidad, pasión frecuente en los políticos observó Thomas Hobbes. La soberbia es “un hada que satisface todos los deseos del idiota”, sentenciaba J. P. Richter. Pero, aunque el político no sea idiota, la vanidad desvía u oscurece con frecuencia la inteligencia y el inteligente vanidoso aspira a ser lo que no es y actúa estúpidamente  causando desastres colectivos.

Por otra parte, es una ley antropológica, que a los idiotas les gusta la compañía de idiotas. Y debido al gran número de políticos que requieren la democracia —¿existe tal cosa?— y la burocratización en los gobiernos estatistas —prácticamente todos— apoyados o elegidos por la masa de los estúpidos, cabe hablar hoy del predominio del “género idiota” en la vida política. A los carreristas políticos  listos o imbéciles de la demagogia que se presenta como democracia, no les importa promocionar a estúpidos manipulables o hacerse pasar ellos mismos por estúpidos, si les conviene para atraer a los tontos.  El resultado es que casi todos los gobiernos están en manos de demagogos, cuyo “secreto”, decía hace más o menos un siglo  el crítico del periodismo Karl Kraus, «consiste en hacerse tan estúpidos como su público para que se crean que son inteligentes como ellos». Lo que incrementa la estupidez ambiental.

Se suma que, en todo orden político, existe siempre, decía Wilfredo Pareto, una elite política y económica, una oligarquía, la forma real de todo gobierno como mostró Gonzalo Fernández de la Mora en La partitocracia.[12] Y puesto que el idiota (de idiotes, ιδιωτης) es el mejor amigo de sí mismo, la estupidez con poder político y cultural es muy rentable para las oligarquías económicas, sobre todo, si va unida a la falta de escrúpulos y a apelaciones emotivas al humanitarismo. Eso explica, por ejemplo, que los gobernantes herodianos y los innumerables lerdos que pueblan la tierra, promuevan o consientan la vesania del aborto —el mayor, con mucho, de los genocidios— y la eutanasia —otro futuro genocidio— por motivos humanitarios, que benefician sólo a los negociantes. Wer Menscheit sagt, will betrügen!, quien apela a la humanidad quiere engañar, decía Carl Schmitt.

5.- La decadencia de Europa, víctima del consenso político partitocrático entre las oligarquías, lo contrario del consensus omniun de Cicerón, el consenso social determinado por el êthos que unifica los pueblos, es innegable. “No hay nada que adoren más nuestras élites que el consenso: los gobernantes de la Europa institucional creen ciegamente en él, porque piensan que la política es una ciencia, denuncia inútilmente Chantal Delsol.  El cientificismo del consenso político partidocrático ha conseguido que estén casi todas las naciones europeas en manos de necios, gentes infantiles, incluso por su edad, sin que falten resentidos, malvados, delincuentes, que invocan el humanitarismo descrito por R. H. Benson en 1907 en la novela apocalíptica Señor del mundo.[13]

La decadencia europea suele compararse con la del Imperio Romano de Occidente. Se aducen diversas causas. Philippe Fabry sostiene, combinando las interpretaciones de Mijaíl Rostovtzeff y Montesquieu, que la causa principal fue la pérdida de la libertad. El principio,  ley o navaja de Hanlon —“no se debe atribuir a la maldad lo que es casi siempre consecuencia de la estupidez”—[14] podría completar la explicación.[15] La experiencia histórica enseña, que los hombres se vuelven estúpidos cuando decaen sus civilizaciones y la decadencia de la libertad pudo tener que ver con la intensificación de la estupidez colectiva. Ortega lo recordaba utilizando precisamente el ejemplo del Imperio Romano cuyas oligarquías dirigentes degeneraron en castas decadentes. Ocurrió en la URSS y está ocurriendo en la UERSS (Unión Europea de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

6.- No es difícil explicar por qué deviene la estupidez un fenómeno colectivo ni su intensificación. La frase mencionada más arriba stultorum infinitus est numerus está escrita nada menos que en el Eclesiastés (1, 15). Su traducción latina en la Vulgata de San Jerónimo es discutida. Pero coincide con la frase del pagano Cicerón stultorum plena sunt omnia, “todo está lleno de necios”, en la Epistola ad familiares (9. 22. 4). Asertos corroborados también por Albert Einstein con su autoridad: «Hay dos cosas infinitas: el Universo y la imbecilidad humana, pero yo dudo de la primera».  Lo prueba en este momento la intensidad de la politización impulsada por la ideologización —hasta “lo personal es político”—, que promociona la estupidez para sustituir a la religión, el antídoto por antonomasia contra la estupidez al preservar el sentido común. Pues la excepción que confirma la regla son justamente los fundadores religiosos de las civilizaciones, que, sabedores de lo que decían el Eclesiastés, Cicerón y otros sabios, querían cambiar la condición humana. No es raro que se haya convertido el psiquiatra, sustituto laico del confesor, en el médico de cabecera al migrar la fe en Dios al Estado y al mercado como dice Cavanaugh.

La politización, que sustituye la religión por la política, afecta en primer lugar a las clases dirigentes. Obnubiladas por “los anticuarios de la ideología” (Gregorio Morán) y el humanitarismo maternal de las bioideologías feministas —las mujeres como la clase oprimida según la fe marxista/leninista— empieza a ser tan evidente como la influencia de la propaganda, no menos humanitarista, y, cabría añadir, misericordiosa sin dejar de ser destructiva, de los media, el cuarto poder.Decía Gómez Dávila en uno de sus famosos escolios: «La compasión, en este siglo, es arma ideológica». Arma fácil de manejar hasta por los más estúpidos, la utilizan gobernantes y negociantes para atraer y convencer a las masas —el “ser social” del marxismo— que explotan. La compasión, que es sentimental, está bien, pero no es lo mismo que la caridad.

7.- Uno de los problemas de las “sociedades opulentas” (J. K. Galbraith) actuales consiste, efectivamente, en la alianza entre las élites políticas y económicas en la época en que La rebelión de las masas (Ortega) coincide con La rebelión de las elites y la traición a la democracia (Chr. Lasch).[16] Alianza que explica, que monopolice la política, no sólo el individuo manqué, que, decía Michael Oakeshott, empezó a tener popularidad y seguidores en la época moderna, cuando se constituyó el nuevo estamento de los políticos al afirmarse el Estado como la forma de lo Político, sino también el eterno estamento de los idiotas. Contra el primero, clamaba ya el jesuita Pedro de Ribadeneyra en su Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados. Contra lo que Nicolás Machiavelo y los políticos de este tiempo enseñan (1595). Contra el segundo, mucho más numeroso, atestiguaba Richter en el ensayo citado en que se hace pasar por portavoz de la Estupidez como “el remedio universal largo tiempo buscado contra todas las enfermedades”.[17]  “Los engendros han jugado un papel en nuestras revoluciones”, observó Chateaubriand.

[1] Coalemo, (en griego Κοάλεμος, en latín ​ Coalemus) era el dios griego de la estupidez. Hijo de la diosa Nyx (Nox en Roma), la diosa de la oscuridad, hija del Káos y muy temida por Zeus, protegía a los   imbéciles y los  tontos. Sus rivales decían que era mentiroso, astuto y malévolo.

[2] Barcelona, Península 2020. La primera frase del libro.

[3] Vid. G. Steingart, Das Ende der Normalität: Nachruf auf unser Leben, wie es bisher war. Munich, Piper Verlag 2011..

[4]El famoso sabio conde de Keyserling gustaba conversar con los pastores de Gredos y el Baztán, que consideraba entre los hombres más cultos del mundo.

[5]C. M. Cipolla,Las reglas fundamentales de la estupidez humana. Barcelona, Planeta 2013. R. Moreno Castillo, Breve tratado sobre la estupidez. Madrid, Fórcola 2018.

[6] ¿Son res nullius o bienes del Estado? Si son del Estado, ¿copula el Estado?

[7] Vid. P. de Tena, “Lugares comunes de la estupidez humana para reírse amargamente con Flaubert”. libertaddigital.com (27. XII. 2021). Estudios sobre la estupidez: Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam (1466-1536) es un clásico. R. Musil, Sobre la estupidez. Erdmann. Prólogos de F. Duque y R. Breeur. Madrid, Abada Ediciones 2018. H. L. Mencken, Prontuario de la estupidez humana. Barcelona, Martínez Roca 1992. A. Glucksmann, La estupidez. Ideologías del postmodernismo. Barcelona, 3ª ed. Península 1997. P. Tabori, Historia de la estupidez humana (1999). En Internet. G. Livraghi, El poder de la estupidez (1985). Barcelona, Crítica 2010. L. Jerphagnon, ¿La estupidez?  Veintiocho siglos de opiniones sobre la estupidez. Barcelona, Paidós 2011. J. P. Richter, Elogio de la estupidez (1782). Madrid, Sequitur 2012. R. Schack, Zeitalter der Idiotie. Wie Europa seine Zukunft verspielt. Berlín, Das Neue Berlin 2023. Peter Hahne, sin duda un nazi, incita a rebelarse contra la idiotez, de la que culpa a la ideología, en su librillo Ist das euer Ernst?!Aufstand gegen Idiotie und Ideologie. Colonia, Quadriga Verlag 2024. Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam

[8] Op. cit. P. 102.

[9] Vid. J. Benegas, La ideología invisible: Claves del totalitarismo que infecta a las sociedades occidentales. Independently Publiished 2020.

[10] Las reglas fundamentales de la estupidez humana. Barcelona, Planeta 2013. 1, p. 22.  

[11] La Asociación de matemáticos norteamericanos ha declarado racistas las matemáticas. Dreuz.Info.com (10. X. 2020).

[12] Reed.  Fuenlabrada, NSD Editores 2024:

[13] Madrid, Palabra, 3º ed. 2015. Es curioso que el papa Francisco recomiende este libro, publicado en 1907, que recuerda la religión de la Humanidad de Comte, una religión del sentimiento. Por ejemplo, el himno de la Nueva Fraternidad  —“Señor que habitas tierra y mares”…— combina sentimientos y emociones que exaltan el humanitarismo.

[14] Ph. Fabry, Rome. Du libéralisme au socialisme. Leçon antique pour notre temps. Paris, Jean-Cyrille Godefroy 2014. Rostovtzeff, Historia social y económica del Imperio Romano (1926). Madrid, Espasa Calpe 1981.

[15] R. Moreno Castillo apostilla con razón, que es más dañina la estupidez: «la estupidez es más dañina que la maldad porque es más fácil luchar contra la segunda (porque actúa con una cierta lógica), que contra la primera (que carece de ella). Con un malvado se puede dialogar e incluso convencerle de que podría ser mucho más feliz convirtiéndose en una buena persona. Un estúpido, en cambio, es invulnerable a los razonamientos. Si pudiéramos suprimir la maldad en el mundo sería un poco mejor. Pero si pudiéramos suprimir la estupidez, el mundo sería muchísimo mejor». Intr. p.18. La estupidez es como un pecado. Vid. H. Conrad Zander, “La estupidez es pecado”.

[16] Vid. W. T. Cavanaugh, Migraciones de lo sagrado. Dios, Estado y el significado político de la Iglesia. Granada, Nuevo Inicio 2021.

[17] Op. cit. P. 19
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Leer en La Gaceta de la Iberosfera

Feria del Toro de Vic-Fezensac. Desiguales Dolores Aguirre para Lamelas, Castaño y Gerpe. Reportaje gráfico de Andrew Moore


TERNA

Alberto Lamelas, silencio y silencio

 Damián Castaño, ovación y silencio

 Luis Gerpe, ovación y oreja



ANDREW MOORE

 




















FIN

Martes, 21 de Mayo

 


Mis hijos valen oro

lunes, 20 de mayo de 2024

La Concurso de Vic-Fezensac, con Vara, Chacón y Castilla. Por Andrew Moore

 



Feria de Vic-Fezensac

Corrida concurso

 Toros lidiados, en orden de su lidia:


1. Saltillo

2. Palha

3. Prieto de la Cal

4. Vega Texeira

5. Pages Milhain (toro ganador)

6. Conde de la Corte


 












TERNA

 SÁNCHEZ VARA, vuelta al ruedo tras aviso y oreja

OCTAVIO CHACÓN, silencio y silencio

JUAN DE CASTILLA, ovación y oreja con petición de la segunda














FIN