viernes, 15 de mayo de 2026

San Isidro en Glasgow

 

Abc, 15 de Mayo de 2002


Ignacio Ruiz Quintano

Abc

 

Mayo y Madrid, toros y goles. La tauromaquia: moralmente, indefendible; artísticamente, inatacable. Y el fútbol: moralmente, inatacable; artísticamente, indefendible. ¿Dónde están los tapices goyescos sobre la matanza del córner o los romances lorquianos sobre la medialuna del área? El «fútbol pasión» que venden el As y el Marca es tan anacrónico como el «amor pasión» que vendía Sthendal. Porque el fútbol, lo mismo que el amor, comienza siendo una pasión que termina convirtiéndose en una técnica, tal que la del Madrid para coleccionar Copas de Europa.

Como mito ejemplarista, Zidane hace hoy las veces de Don Juan. Zidane, igual que Don Juan, vale más si sabe que lo miran. Y a Zidane lo miramos todos porque, para el mirón que todos llevamos dentro, el fútbol es la manera más sencilla de proporcionarse una emoción por cuenta ajena. ¿Cómo evadirse esta noche del partido de Glasgow? El Madrid se juega la novena Copa de Europa, que es un número espléndido: en Oriente, la magnificencia se expresa con nueve regalos.

De lejos, esos alemanes del Bayer parecen fuertes y veloces. «Energía igual a masa multiplicada por la velocidad de la luz.» Con esa fórmula diabólica fue posible descrear al mundo —destejer al Universo como un cestillo de gitanos, que decía Foxá—, y es natural que a Del Bosque se le ponga cara de abominable hombre de los lunes de tanto cavilar para contrarrestarla. Sus dudas deben de ser terribles. ¿Rombo o doble pivote? ¿Guti o Morientes? Morientes es grande. Guti es pequeño. Los pequeños, más ligeros, son mejores para centrocampistas. Los grandes, más estatuarios, son mejores para maridos. Etcétera.

La grandeza del fútbol consiste en pagar por un espectáculo sin saber los nombres de los actores. Esto, que en los toros —y no digamos en el cabaret— constituiría un motivo muy serio de alteración del orden público, produce en el fútbol un aura de expectación suprema de que se valen los entrenadores para procurarse los seis elementos dramáticos que se requieren para la eclosión de una importancia. Y no es señalar al entrenador del Madrid, que ya la tiene: pasarán diez años, y la posteridad recordará a aquel señor tan modesto que convirtió a Casillas en el suplente de un César algo Borgia, por el veneno de los balones que le caen. Sea el detalle castizo que ayude a recrear en el Hampden Park la romería de San Isidro. ¡San Isidro en Glasgow!

Romeros de Madrid y boticarios de Leverkusen. La anarquía y el individualismo meridionalrd frente a la disciplina y la cohesión septentrionales. El plan merece un himno, pero, como no lo tenemos, habrá que desahogarse con un chotis, que, miren por dónde, es escocés. También dicen que Aznar ya ha puesto en marcha a sus rapsodas. No sé. El último que se ocupó del asunto fue Franco, que dijo a Pemán: «Usted, Pemán, que hace versos, ¿por qué no le hace una letra a la Marcha Real?»

Habíamos tenido a un almirante de maniobras en el Japón que el día de la despedida, a la hora de los brindis, no tuvo más remedio que arremeter con el «Corazón Santo / Tú reinarás». Franco no quería exponerse a más improvisaciones, y Pemán le sirvió la composición que concluye: «Gloria a la Patria / que supo seguir / sobre el azul del mar / el caminar del sol.» Este tamborileo de acentos agudos —seguir, azul, mar, caminar, sol— siempre le pareció a Pemán un hallazgo, pero no se logró que lo cantaran más que unas cuantas escuelas primarias.

Ahíto de copas y ayuno de himnos, el español, al final, sólo es un hombre perplejo: el murguista que toca por su cuenta porque en lo más serio de la sonata pierde el compás.

 

  

Montes


Juan de la Cruz


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


A solicitud de unas monjas, San Juan de la Cruz dibujó en un papel los caminos para llegar al monte de la perfección, que no es el magisterio del doctor Montes, como cree la izquierda madrileña y su Laica Cofradía de Progreso de los Tontos del Condón Africano. San Juan pintó a un lado un camino ancho y cómodo, pero que pierde su destino como el túnel catalán del Carmelo: el camino del espíritu extraviado. Al otro lado, uno que llega a la cima, pero con rodeos peligrosos y descansillos solicitados por flores y árboles de sombra: el camino del espíritu imperfecto. Y en el centro, estrecho, un senderillo de cabras, empinado, pero derecho, derecho hasta la cumbre. Es el “camino de la perfección”. El camino por el que San Juan quería llevar a las almas que él dirigía. Claro que, ¿cómo salir de este valle de lágrimas? “Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tus palabras, porque han visto mis ojos tu salud...” He aquí, según hemos sabido por los periódicos de estos días, las primeras palabras del canto del viejo Simeón, sobre quien tantos editoriales llevamos leídos. ¡Irse en paz! Precisamente esas “ansias infinitas de paz” son las que animan a la izquierda madrileña a proporcionarla a quienes a la edad del piadoso Simeón se dejen caer por sus servicios de urgencias con un proyecto de abandonar la vida poco claro: allí, al pobre Simeón le cantarán las diez de últimas –por ejemplo, las diez últimas ocurrencias progresistas de Carlos Fuentes sobre el Quijote– y se le convidará a contemplar la muerte “sub specie aeternitatis”, como los antiguos metafísicos contemplaban la vida. Los humoristas de progreso ya han reclamado para sí el mismo matarile que tuvo Copito de Nieve. ¡Ah! Y, junto al lecho, una Ramona samaritana o un entrenador de boxeo viejo (no sé yo si Sánchez Atocha estará lo bastante cascajoso). Si unos enanos y unos jorobados bastaron a Velázquez para algunos de sus cuadros, cualquier farsa bastará a un progre para organizar en Madrid un entierro de Sendero Luminoso: ya saben, esa luz al final del túnel que sale en los libros de la vida después de la muerte. 

San Isidro'26. Insufrible encierro juampedrero de Vellosino para los insufribles Castella, Luque y Miranda. El toreo en uve. Campos & Moore



PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Jueves, 14 de mayo de 2026. Sexto festejo de la Feria de San Isidro. Insufrible encierro de toros de Vellosino (ganadería remendona) de origen Domecq. Vellosino sustituyó a El Parralejo, ganadería contratada en primera instancia para el festejo. Con el cambio —se supone que del gusto de los toreros— la corrida se hundió. Lleno. Tarde primaveral fresca.


Toros de Vellosino (de procedencia Juan Pedro Domecq), cinqueños, flojos y mansos, discretos de trapío los tres primeros; el primero inválido; el segundo sin fuelle y descastado; el tercero muy descastado; el cuarto, alto y feo, lució crotales, le salvaban los pitones buidos; quinto y sexto, altos y largos; el quinto el mejor presentado y el sexto acucharado, sin un ápice de fuerza. Todos los astados fueron nobles desrazados en la línea del toro artista. 


Terna: Sebastián Castella, de Béziers (Francia); de coral y oro, con cabos blancos; veinticinco años de alternativa; cuarenta y ocho festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio. Daniel Luque, de Gerena (Sevilla), de lila y plata; diecinueve años de alternativa; treinta y tres festejos en 2025; algunas palmas tras un aviso y saludos tras un aviso. David de Miranda, de Trigueros (Huelva), de teja y oro, con cabos blancos; nueve años de alternativa; veintitrés festejos en 2025; silencio tras dos avisos y silencio.


Suerte de varas. No se castigaron mucho a los toros, que no lo necesitaban. Se picó como casi siempre trasero y caído, salvo excepciones. Elegimos como ejemplo de un tercio menos errático las varas al quinto toro, el animal que más posibilidades desarrolló en la muleta. Fue picado por Javier García «Jabato». En la primera vara, el toro entró al caballo al relance, fue situada la pica detrás de la cruz pero caída, el astado empujó, movió al caballo sin hacer pelea, salió al capote. La segunda vara también detrás de la cruz, sin estar cuidada su entrada, el astado no empuja y sale suelto.


En la vida el tiempo pasa y no nos damos cuenta. En los toros —metáfora de la vida— sucede lo mismo. Y de ayer a hoy, si te he visto no me acuerdo. La memoria es la capacidad más frágil que Dios ha otorgado al humano. De la mala memoria de la humanidad viven los gobiernos, y de la escasa memoria de los aficionados a los toros sacan provecho y gobierno los gestores de la tauromaquia. El miércoles pudimos presenciar una corrida de toros seria de la ganadería de Partido de Resina —antes Pablo Romero—, por su presentación, belleza de lámina, trapío, comportamiento indómito y pitones, que daban miedo. Por ahí empezaron los problemas de los matadores de toros de anteayer (con los Pablo Romero), pues se enfrentaron a unos pitones que punzaban la vista y daban que pensar, sin redondeces en sus puntas. Ayer, los toros de Vellosino tenían pitones, sí; si bien ya no producían sobresalto, ni pavor. ¿Y cómo es esto? Aparentemente eran astifinos, aunque no lo representaban. Puede que fuera porque no había peligro en estos toros, representantes del toro artista que ha quedado en toro noble y desrazado —flojo y obediente, sin empuje—. Todo un dilema al que el aficionado a los toros se enfrenta cada vez que aparecen toros en el ruedo de origen Domecq. Cierto es que no todas las ganaderías de esa procedencia han derivado en la bobería o en el simulacro del toro de carril. Aunque sí la mayoría de ellas. Merece la pena que ahondemos en lo expuesto y que hagamos un balance sobre las cabezas de los toros de ambas corridas: de las cuernas del ganado de ayer, comparadas con las de anteayer. Los toros de Vellosino eran un escaparate de perchas que daba la impresión de que si suspendíamos allí nuestro sobretodo no iba a ser agujereado, sino que colgaría con ligereza y arte. Ahora bien, si ese perchero correspondiera al de las testas de los Pablo Romero del miércoles, ya no habría garantía de que cualquier prenda colgada allí no fuera agujereada irremisiblemente, rajada y desguazada. En definitiva, como dijera Cantinflas, ¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario.


Los tres matadores de la terna de ayer difícilmente hubieran podido torear a los toros de Pablo Romero del miércoles como torearon ayer a los de Vellosino. Los toros de Pablo Romero no hubieran admitido el jarabe de pases que tomaron los astados de Vellosino. Los Vellosino (dinastía Domecq) recibieron una pócima de pases evolucionada correspondiente al toreo más moderno, aquél que consiste en torear —por parte del matador— con la muleta retrasada y formando una uve, que es lo que ve el toro según se le muestra la franela —o enorme pañosa con pico—, acto seguido el toro entra al cite del matador y es desplazado hacia las afueras, con el borde de esa grande tela, hacia las lejanías, para después tras ser desplazado volver a ser recogido en una nueva uve, que nunca llega a abrirse del todo porque el pase no dispone de remate, sin solución de continuidad, hasta que el matador decide dar el pase de pecho, no obligado, sino continuado y doblemente sellado. La tauromaquia en uve se perfila más y mejor en el toreo en redondo, y se diluye algo en el toreo al natural, porque entonces la uve se transforma en un telón que despide al toro y que le simula una conducción hacia la izquierda y sus afueras, con su pase de pecho. ¡Cómo no! De esta tauromaquia en uve falta un tratado. Si nos fijamos en cómo torean los dos toreros más veteranos de ayer y lo pasamos por escrito quedaría establecido el principio de dicho ensayo.

 

Pasemos a ello. Sebastián Castella toma a los toros más en corto y despliega una uve ligera, de corto recorrido, con ritmo, y resuelve que esa uve rodee su figura una y otra vez, siempre sin rematar los pases, pues le gusta mantenerse en una eterna uve. En un momento determinado la traza en sentido contrario, de manera invertida, por detrás, por la espalda, con sucesivos lances, para dejar finalmente al toro sumido en su bragueta. Es una tauromaquia en uve prestidigitadora, de toreo hacia atrás, perdiendo terreno y magnetizando al toro artista de procedencia Domecq. Por su parte, Daniel Luque emplea una uve poderosa, de trazo grueso, a veces, demasiado; es como si empleara rotulador, tomados de un mazo de rotuladores Made in China. Le ayuda a emplearse en esas rayas en uve que su propia figura es sólida. Afirma los pies en la arena, con el de la pierna de salida siempre hacia atrás, con mucha firmeza. El muletazo le sale subrayado hacia las afueras, con poderío, para después recoger al toro de manera poderosa, una y otra vez, en muchos pases, uno y el siguiente, sin rematar, hasta los pases de pecho finales. Luque da algo más de distancia al toro que Castella, pero puede torear en la misma cercanía que éste, y de manera invertida también por detrás y sin fin. Por su parte David de Miranda es todavía un aprendiz, y no sabemos si está en la asimilación de la tauromaquia de su apoderado Enrique Ponce, que consiste en descargar la suerte de manera permanente, menos en el primer pase —una contribución de Ponce a la tratadística taurina y recogida en video, al cual remitimos para poder hacernos una idea del futuro de Miranda—.


Ante los de Vellosino ayer, Sebastián Castella, toreó hacia atrás, con la muleta retrasada, despegado, tirando de pico y excediéndose en el metraje de la segunda de las faenas. Mató al primero de media, delantera, atravesada y perpendicular. Y a su segundo a la tercera, en el rincón, atravesada y delantera. Daniel Luque, toreó con esa tauromaquia suya que hemos descrito, por fuera, de perfil. En el quinto ligando esos pases. Mató de dos estocadas, al segundo toro, atravesada. David de Miranda, estuvo toda la tarde despegado, acumuló numerosos enganchones, y al final del sexto se centró en el toreo de perfil y de muleta retrasada. Mató de dos bajonazos.



Se recomienda «uve» como nombre de la letra que aparece en primer lugar en «verano» o «vacaciones», pero también se la llama «ve», «ve corta», «ve chica», «ve chiquita», «ve pequeña» o «ve baja» (RAE)


ANDREW MOORE


















FIN 

Viernes, 15 de Mayo

 


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jueves, 14 de mayo de 2026

Puñaladas traperas


Que te voten en Fuenteovejuna. Con "v"


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Si ayer mismo a cuenta del Cid de Teruel hablamos de las Taifas de Granada y Sevilla, mira por dónde en las paredes de  Córdoba "...y por de noche" han tomado asiento unos pasquines que no se sabe quién los ha pegado. Si los partidos políticos son en realidad una especie de taifas, dentro de cada parcialidad tienen lugar sus particulares guerras intestinas. Esas guerras, si se desvelan, las achacan al veneno y falsedades ajenas. "De los otros", saltan a una como fieras. Se pelea por puesto en la lista y así Doña Isabel Ambrosio, ex-alcaldesa socialista que fue primera en las votaciones anteriores, en esta ocasión ni aparece. Ella y alguna más. La puñalada trapera es expresión que nació en Andalucía. Concretamente en Úbeda, donde los Aranda y los Trapera rivalizaban en influencias. Unos dicen que un Trapera apuñaló en la iglesia de Santo Tomás en plena consagración a un Aranda; otros que fue en la plaza esperando la llegada de un obispo. El caso es que todos sabemos el significado de puñalada trapera.


        Esta mañana en el café había confusión sobre la autoría. "Han sido los otros partidos con guarrerías", dice Rafaé que luce barbita y le gusta el jamón en la tostada. "No. Han sido los de Isabel Ambrosio que la han apartao de tó", dice Falín mientras se unta con ajo crudo el pan. "No me gusta ninguno" remata el Fali que prefiere el Machaquito.


     No sé. Cualquier cosa es posible, pero el caso es que se hacen las cosas cada vez con más maldad.. Antier a mediodía llamaron a casa, al fijo, desde la Sanidad de la Junta para preguntar... y colgué. Luego me he enterado que es un lío trapacero de los de la Taifa de doña Isabel Ambrosio o de la alcaldesa de Fuenteovejuna, que es a la que ha preferido su jefa andaluza. ¡Menuda tropa! 

El monosabio


El monosabio Alicates


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En Madrid, la ovación de la Feria ha sido para un monosabio. Toro que embiste al caballo, picador que sale despedido al tendido y cuadrillas que toman el olivo. En el ruedo, tres personajes: un toro, un caballo y un monosabio que, para que no lo vea el toro, se tapa con el caballo y aguantan, “mono” y caballo, todas las avenidas de esa ola del campo de Guadalix que es un hernandezplá. La plaza, la primera del mundo, se viene abajo. Y es que esa plaza, con tal de pasar por entendida, se deja perder por cualquier detalle. Además, todo el mundo dio por hecho que el monosabio no sería un March, sino un pobre, y ya se sabe que, en tiempos de progreso, no hay nada más socorrido que un pobre para conducir a una muchedumbre hacia la emoción. A ese monosabio sólo le faltó brindar al cielo, que es el brindis que este año se lleva en las palestras madrileñas para granjearse el fervorín popular. Los brindis al cielo y la defensa del escaque del caballo a cargo de un monosabio han sido todas las ovaciones del público en lo que va de Feria. Y todavía está por relucir el monosabio mayor, Ballesteros, gerente de la plaza que, más que una plaza de toros, parece el decorado de la cárcel de “El expreso de medianoche”. Si tienes que recoger las entradas en el patio del desolladero, un escalofrío te recorre la espina dorsal, y no precisamente por el precio. Pero se ve que en la Comunidad de Esperanza Aguirre no hay otro que sepa de toros más –por eso lo de monosabio– que Ballesteros, el hombre de confianza del PP en Las Ventas desde los tiempos de Gallardón, que también querrá “modernizar” la fiesta. El día que el presidente iba a ser Simancas, Ballesteros arrojó la confianza por la ventana y, al grito de “¡yo no soy político, que yo soy un profesional, y además, ya era hora!”, se puso a las órdenes de la nueva situación, donde se mantuvo, impasible, hasta que el triunfo popular en las elecciones repetidas le devolvió el sentir vocacional. Allá Esperanza Aguirre con él, pero, hombre, que le pasen una escoba a la plaza. 



El monosabio, 1978

San Isidro'26. Pablorromeros duros de pezuña y tres tíos de respeto, Ferrera, Calita y Colombo, que ahí estuvieron. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Hoy tocaba la cita con los Partido de Resina, que ya llevaban la torta de años sin echar una corrida entera en Madrid, y la verdad sea dicha, esperábamos con  ansia ver a los toros de la divisa celeste y blanca cantando su temario en Las Ventas. Lo que hemos tenido ante nuestros ojos atónitos ha sido un maravilloso viaje en el túnel del tiempo, volando hacia aquel 8 de abril de 1888 en que se anunciaron en Madrid como procedentes de don Rafael Laffita y del Duque de San Lorenzo, en una tarde primaveral de aquel año tan lluvioso, los toros de don Felipe de Pablo Romero. Aquella tarde se vieron con esta ganadería tres coletas de renombre: Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, y eso que la divisa se estrenaba en Madrid, pero en aquella época los matadores de toros eran menos tiquismiquis que en la actual. Tras pasar una buena porción de años en manos de los Pablo Romero, decadentes, blandos y finales, los toros fueron a parar a las manos de Partido de Resina, y ahí llevan cerca de treinta años de esfuerzo por mantener y sostener esta casta única y corregir los muchos errores que con ella se cometieron en el pasado. Hemos visto con preocupación a los toros de Partido de Resina blandos como flanes, caedizos y parados y hemos visto cómo el trabajo de selección iba dando sus frutos en diversas plazas hasta llegar hoy a Madrid en la que estos toros venidos de otra época han sido duros de pezuña, exigentes, demoníacos a veces, cambiantes, duros y plenos de personalidad. Los de Partido de Resina nos han ofrecido una corrida llena de complicaciones, de dudas y de incertidumbres, una corrida a la que no se han apuntado Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, o sus equivalentes de la hora presente, pongamos Talavante, Roca y Gordito II, sino tres que pasaban por allí que suman 34 festejos, de los que 24 son de Antonio Ferrera, uno de Calita y nueve de Jesús Enríque Colombo. Un respeto para estos tres.


Los que van a los toros a buscar verónicas de alhelí hoy no han tenido su día, desde luego, porque hoy lo que había en el ruedo era una sucia trinchera en el Somme, barro y desesperación y tres hombres de luces trepando por los parapetos «dejado atrás todo lo placentero», como dijo el poeta. Ahí había seis enigmas, cada cual distinto de los otros, cambiantes y atentos, en cuya testuz llevaban marcada a fuego la palabra «miedo». Los toros de aquella remota tarde de 1888 aliviaron de la pesadez de la vida terrenal a diez caballos; los de hoy, vistas las trazas que se gastan los del castoreño, habrían dejado vacíos los establos del hipódromo de la Zarzuela y hubiera sido bueno ver su comportamiento frente a caballos sin faldas, si hubieran tenido la opción de meter el pitón en lo blando. Mañana está anunciada la ganadería de El Parralejo, toros tontos y previsibles para la sensibilidad contemporánea, pero hoy era la hora de los valientes y hoy no había apenas excusa para tomarla con los de oro, porque la prueba a la que fueron sometidos tuvo mucho de sobrehumana.


Plateadoro, número 2, fue el primero de la tarde y marcó la seriedad general que traía el encierro. Se desengañó de que le clavasen un hierro en la espalda sin poder hacer nada y acudió a la brega cuidadosa que le dio Antonio Ferrera, que en uno de sus arranques de originalidad mandó a los tres peones de la cuadrilla a poner un par de banderillas cada uno, cosa nunca vista. La cosa cambia de signo cuando tocan a muerte, porque a Ferrera le cuesta una barbaridad ir al sitio donde el exigente toro le demanda que se ponga. El cite desde afuera no es el plan de Plateadoro y Ferrera no quiere arriesgarse a meterse en un terreno de más complicación, por lo que pueda pasar. Estar ahí abajo con ese toro debió ser una experiencia de una descomunal intensidad, digamos esto en favor del torero, pero la verdad es que las contadas veces que se colocó bien, especialmente con la derecha, el toro respondió, incluso con cierta nobleza. Mató de estocada.


Alpargato, número 21, es otro toro muy serio, muy en el tipo. Empuja con fuerza en su primer encuentro con Alberto Sandoval y se desengaña un poco en la segunda entrada. No da facilidades a los de las banderillas y propicia un quite muy oportuno de Ferrera, muy atento toda la tarde en la dirección de la lidia, a Delijorge. Se encuentra con Calita, que quiso poner su saber y sus carencias frente al imponente toro y sus derrotes por lo alto y que no acertó con el estoque, dejando al final una estocada improvisada al encuentro.


Escribano, número 20, de gran presencia y aire agresivo, saludó a Colombo poniéndole el pitón a dos milímetros del pecho cuando estaba lanceando con el capote. Llega al relance al caballo de Israel de Pedro, que le da con ganas, y sale de ahí completamente parado. Parece que le ha dado un aire y nadie apuesta por que ese toro vaya a moverse. Colombo se lo piensa un rato antes de coger las banderillas y finalmente se dispone a colocar sus tres pares en los que el toro le aprieta de lo lindo hacia los adentros, al sentir los garapullos. Sorprendente cambio de humor del toro, que llega al último tercio en condiciones de tomar una primera serie con cierto buen aire, hasta que se le avinagra el carácter, acaso por constatar la deficiente colocación del venezolano, que bravamente porfió con el imponente bicho lo que sus fuerzas le permitieron, sin recibir más que hostilidad. Luego, un pinchazo bien agarrado y un descabello le sirvieron para poder irse al burladero.


Capotero, número 8, otro cárdeno bien serio y ofensivo, no dio señales de bravura en su relación con Borja Lorente y su penco, saliendo de naja como habríamos hecho los demás. Esta vez banderillearon los peones, a los que el toro no dio facilidades para cumplir su cometido. Para calibrar la dificultad digamos que, en la segunda pasada, un gran peón y rehiletero como es Ángel Otero pasó clavando un solo palo. En este toro y ante la incomprensión general Ferrera se esforzó en cumplir su cometido. Busca la colocación y sin prisas va labrando al toro pacientemente. Por momentos parece que el animal va a entrar al juego de Ferrera, bien colocado y jugándosela a veces, especialmente en los pases naturales que literalmente le va robando. Muchos no admiten el metraje de la faena y recriminan al matador. Una estocada acaba con el animal.


Alborotador, número 7, casi reedita lo de Alpargato. Sinceramente creo que la prueba a la que se ha sometido a Calita ha sido titánica. El toro toma una vara y se desengaña en la segunda, no ayuda en banderillas y llega con la cara levantada al último tercio, para que se vea que la labor de los picadores es una porquería cuando se trata de vérselas con toros que no son como los de todos los días. Con esos mimbres y su mejor voluntad, Calita aguanta las inciertas oleadas del toro y le deja una buena estocada.


Garrofo, número 1, es la guinda de esta interesantísima corrida. Podemos decir que es el epítome de la maldad en todos los tercios y también podemos decir que es el menos pablorromero de los seis de la tarde. Se declara enemigo del tercio de varas, con poca o nula intención de acudir. Las gentes silban a Pepe Aguado porque pisa la estúpida raya blanca y al final se consigue picar al toro casi de cualquier manera. Colombo toma los palos y tras varios infructuosos intentos decide entregarle las banderillas a la cuadrilla, cosa que nunca antes habíamos visto. Los peones hacen buena aquella coplilla de 1888, también con los de Pablo Romero:


Ambos a dos con los palos

Quedaron a altura igual

estuvieron malos, malos

pero mal, requetemal


y el presidente Rodríguez San Román, viendo el incontable número de pasadas en falso que se habían dado decide sacar el trapo blanco, con lo que crea la furia de la afición que continúa mientras Colombo estaba tratando de vérselas con el taimado cálculo de Garrofo, al que se quitó de encima con una estocada metiendo hábilmente el brazo.

 

Tremenda corrida de toros la de hoy en la que la palabra «dificultad»  presidió todos y cada uno de sus actos. Los toros de Partido de Resina ya no se caen y orgullosamente se descaran con el que se ponga delante. Nadie osó pensar hoy en pases cambiados por la espalda, manoletinas o bernardinas, porque hoy el juego era salvar la vida, porque hoy, en la ruleta de arena de miga de Las Ventas se jugaba con la dureza del toro cambiante y con personalidad, del toro imprevisible en su comportamiento, del toro que no da nada, al que todo hay que arrebatárselo, y a los estetas esto no les gustará, pero a los que somos simples aficionados a los toros, nos encantó esta aterradora corrida de toros.




ANDREW MOORE











ç










FIN

Jueves, 14 de Mayo

 


Grafitti



miércoles, 13 de mayo de 2026

El Cid de Sevilla... o de Teruel



  

SEVILLA

                                      DORADA CORTE DEL REY POETA MOTAMID

                               HOSPEDÓ A MIO CID EMBAJADOR

                                    DE ALFONSO VI Y LO VIÓ VOLVER

                               VICTORIOSO DEL REY DE GRANADA.

                                                      AÑO MLXXX


Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Un nota nacido en el barrio de los Pajaritos de Sevilla al que bautizaron como Juan Pedro y que  lleva tiempo con el nombre cambiado y ahora se hace llamar ¡ahí es nada! Yihad Sarasúa, montó un "algo", no se sabe si Cuadrilla, Banda o Partido, junto a un tal Mohamed Amar, nacido en Ceuta y vecino de Algeciras que dice ser mecánico de profesión, a lo que llamaron Partido Andalusí. Se han inscrito para que el próximo domingo les vote la gente mayormente musulmana y sus amistades, porque dicen, están marginados por los cristianos. Quieren normalizar el árabe, la histórica lengua de Al Andalus, construir cementerios para musulmanes, y ya en plan guerrero, el que se les da de más listo, el de los Pajaritos (a los presos de los Pajaritos se les conocía en las cárceles como "pájaros") el otro día puso un mensaje a la "nación andalusa con "s" " que me mandaron para picarme. Dice así, literal: "Vamos a cambiar la estatua de El Cid Campeador, por una de Al-Mutamid, el Vencedor, que es más sevillano que este señor de Teruel, ¡¡Viva Al Mutamid!!". Así, por escrito y sin  vergüenza.


        A mí ya hace muchos años que me llama la atención el poco apego que se tiene a la figura de El Cid en España, hasta el punto de que lo mientas y hay necios que se las dan de sabios que sonríen condescendientes y añadan "..ya, y Santa Teresa". O sea Franco, que uno no sabe qué tiene que ver una pelota vieja con una vieja en pelota. De la estatua de don Rodrigo Díaz, el de las luengas barbas en Burgos, plantada hace 70 años en la plaza de su nombre por Juan Cristóbal González, conoce toda la España que por allí pasa. A mí me llamó la atención hace años la que hay junto a la plaza de España en Sevilla, una donación para la Exposición de 1929 de  Anna  Hyatt Huntington, una gran señora de Massachussets que nació en el lejano 1876 y de cuyas peripecias indagué en su día. La estatua que hay en Valencia es una reproducción que hizo Juan de Ávalos de ésta sevillana. La original está  en la Sociedad Española de Nueva York, institución que fundó el marido de Anna Hyatt, enamorado el matrimonio de la Historia y la cultura de España. Pues sí.  Una americana enalteciendo al héroe no sólo en Nueva York. También en San Diego, San Francisco y Buenos Aires. Todos son el mismo monumento, gentileza de Anna Hyatt. No hay más. Bueno, en Vivar, donde suelo ir a comer con la cuadrilla, también han puesto una representación moderna que cierra la lista de homenajes al que en buena hora nació.


    Destruir el regalo de 1929, tres años para llegar a centenario, es la obsesión de Yihad Sarasúa, el pretencioso andalusí. Podría proyectar un monumento para Al Mutamid y respetar a ese Cid al que hace nacer en Teruel... pero no, en su abisal ignorancia enfrenta al Campeador con "su" pretendido Vencedor, desconociendo que Al Mutamid fue defendido por don Rodrigo Díaz cobrador de las parias sevillíes,  del ataque de la taifa de los ziríes de Granada instigados por el enemigo del Cid y favorito del Rey Alfonso, García Ordóñez, cobrador de las parias granadinas. El Cid defendió a Al Mutamid y juntos vencieron en la batalla de Cabra a Abd Allah y García Ordóñez. Dicen las crónicas que el ídolo de Yihad Sarasúa agasajó al buen Cid con la esplendidez y generosidad que en aquel tiempo se estilaba entre la morería, pero está claro que el tal Yihad no lo sabe.


       ...Pues el que quiere ser presidente de Andalucía, o por lo menos diputado, está empeñado en "echar a pelear a los que bien se quisieron".

Misterios


Martín Chirino con Esteban


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El árbol de la ciencia no prende en el CSIC. Una rama de ese árbol chirinesco ha vuelto a desprenderse sobre el jardín de la calle de Serrano, y la leyenda de la rama dorada de Frazer debe de estar embargando a Martínez A., el laico director. Frazer escribió “La rama dorada” para explicar la ley que regulaba la sucesión en el sacerdocio de Diana, puesto que sólo podía ocupar aquél que asesinara a su antecesor. Magia y religión. ¡Hummm! Pues será una casualidad, pero el autor de “El árbol de la ciencia” plantado en el CSIC es Martín Chirino, que acaba de lastimarse un pie bajo el peso de un hierro candente escapado del yunque como ánima salida del Infierno. ¡Ah, los herreros y alquimistas de Mircea Eliade! Después de todo, el árbol de la ciencia que saca los pies del tiesto de Martínez A. fue forjado por rumanos de Arganda del Rey. En fin, un misterio. Y otro misterio es el de Calderón (“me llamo Calderón y doy suerte”) en el aeropuerto de Nueva York. Ya su colega Laporta se las tuvo una vez tiesas –¡como que presumió galanamente de “gayumbos-endowment pad” ante los circunstantes!– con los guardias civiles en el aeropuerto de Barcelona. Pero Calderón ha ido más lejos, a Nueva York, desde donde la noticia de su retención corrió como la pólvora. O como Paquillo, que es más nuestro. (La pólvora, aunque parezca valenciana, es china.) Calderón se las echa de abogado y políglota, así que ningún peligro podía correr en manos de la policía más cinematografiada del mundo. Y entonces, encantadora, por “naif”, surgió la esposa telefoneando a Rubalcaba –¡cráneo privilegiado!– para salir del apuro. ¿Puede concebirse una reacción más española? Ahora mismo llamo a Rubalcaba, que para eso lo tenemos todos los domingos en el palco comiendo lunitas de jamón, y se van a enterar estos gilipollas gringos. Como si América funcionara como España, donde la gente puede ser detenida porque, “si el ministro pide detenidos, hay que detener a alguien”. ¿Por qué a Calderón, entonces? No sé. ¿Su fama de izquierdista devorador de oligarcas financieros alarmó en Wall Street? ¿Una camiseta de “Público” con el lema “Fuck Bush” en la Samsonite?... 

San Isidro'26. Excelente novillada de Montealto y campanazo de Álvaro Serrano, a quien ahora querrán echar a perder. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Si hoy en el palco hubieran estado sentados Fernández Serrano, «Madriles» y la señora o señorita María José, con las tragaderas que mostraron el pasado día 6 con el «walking dead» del Cuvillo, hoy habríamos visto lo menos cinco o seis vueltas al ruedo a los novillos de la excelente corrida que Montealto ha traído a Las Ventas. Como, por fortuna, ninguna de aquellas tres eminencias se sentaron en el palco de las orejas, la corrida tuvo, a cambio, el reconocimiento de la afición, superior al de aquellos funcionarios, cuando sacaron a saludar al mayoral de la ganadería una vez que Álvaro Serrano hubo abandonado la plaza a hombros y por la Puerta Grande.


Los seis pupilos que Montealto mandó hoy a Madrid vinieron a dejar muy alto el listón de esta ganadería de remoto origen juampedrero, lo cual viene a dar la razón a los que creemos en ese dicho que reza: «La buena mano del ganadero te arregla lo juampedrero». Vamos, que en 26 años los de Montealto han ido haciendo su propia selección y así hoy hemos podido ver en Madrid una importante corrida bien presentada, seria, y con una espléndida variedad de registros que van desde el toro de buen juego hasta el noble o el manso y con un innegable fondo de casta en su conjunto. Hastiados como estamos de ver animales tan previsibles como la salida del sol cada mañana, era un gusto constatar los diversos humores y caracteres de los Montealto: el primero, Camagueto, número 26, acosando a los peones a la salida de los pares y sacándolos literalmente de la plaza; el segundo, Enrejado, número 18, derribando al penco y a Pedro Geniz que iba encima y empleándose en la segunda vara; el tercero, Cartero, número 70, derribando también al penco y provocando una caída de latiguillo a Marcial Rodríguez; el cuarto, Flamenco, número 33, con cuajo de toro; el quinto, Académico, número 34, que rompe la vara del picador, se duele y no se emplea; y el sexto, Molinero, número 21, que mereció la vuelta al ruedo, si este galardón se otorga por petición pública, pero que fue negada por el palco, hoy tan estricto.


Comportamientos diversos en el ganado, bajo el prisma del interés. Y reconocimiento de la afición, que despidió con palmas a los cinco primeros y con una fuerte ovación al sexto. Y aunque no hubiera ocurrido el milagro de Álvaro Serrano, la tarde habría sido igual de entretenida, porque en el ruedo estuvo constantemente presente la emoción que da el toro en un espectáculo que, precisamente, se denomina «Los Toros». Y siempre que el toro sea un enigma, una incógnita que hay que despejar, una falta de certeza, las cosas serán adecuadas y hermosas, viriles y dificultosas, y cuando el toro sea una babosa colaboracionista asistiremos, como tantas tardes, a un decadente ballet sin sentido ni emoción.

 

Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear», que solamente sirven para tapar las deplorables actuaciones que nos echan cada tarde, como el que echa de comer a un perro. Con una actitud digna de elogio, actitud de novillero con ganas que le lleva a estar en quites, a mostrar la majeza de su capote, a querer que los que están en la piedra sentados se fijen en él, no ha permitido que la tarde se le fuera, como se les fue a los otros dos que le acompañaban en el cartel, y ha recibido el aplauso sincero y el reconocimiento del respetable, consiguiendo plenamente su objetivo: que todos hablasen de él. Y uno de sus grandes méritos de esta tarde consiste en no ser como todos, en mostrar su propia personalidad. Los que hemos visto a Tomás Bastos en otras circunstancias no reconocíamos en este torero envarado, anulado, a aquel Tomás Bastos que nos encandiló frente a novillos de José Escolar. ¿Qué fue de aquel torero de corte clásico? ¿Qué han hecho con él los dráculas taurinos convirtiéndole en este espantajo que hoy ha andado por Las Ventas? Con esto queremos significar que el riesgo que Álvaro Serrano tiene ahora es tremendo: se han fijado en él (¿y quién no en la tarde de hoy?) y tratarán de arrebatarle el corazón, el alma, tratarán de adocenarle explicándole que lo que hoy le ha hecho famoso: su colocación su toreo hacia adelante, su empeño en hacer lo decente, no debe hacerlo y que los modos son otros, como los que hoy han echado al sepulcro a Bastos en su deprimente despedida como novillero de Madrid, apenas aliviada por un postrero quite del perdón. En ello le va su vida como torero.


Además del ya reseñado toreo de capa, en el que Serrano ha ofrecido más variedad en lances que en todas las corridas que llevamos de feria, planteó dos faenas llenas de emoción a dos novillos de signo muy diferente. Su primero, Cartero, con aires de toro, cumplió en las dos varas que tomó y nos hubiera gustado verle en una tercera que el palco y Serrano nos hurtaron y que quizás, viendo el desarrollo del animal, no le hubiera hecho mal. En el tercio se pone a torear, bajando la mano, aguantando las constantes miradas del novillo, sacando muletazos de buen trazo por el derecho. El pitón izquierdo tenía otras condicionantes de menor afabilidad, con embestidas más brutas que fueron aguantadas con torería y entereza por Serrano, sosteniendo la posición a despecho de la impresión que daba el novillo de que se iba a parar en el centro de la suerte. En esa firmeza es donde se asienta su victoria sobre Cartero que, viéndose derrotado, opta por irse a terrenos más confortables para él. Faena complicada, por las propias complicaciones derivadas del carácter del novillo, que se remata con mucha torería rodilla en tierra antes de dejar una estocada suficiente. Cabe resaltar la impresión de que, con las imperfecciones que se le puedan achacar como novillero, su cabeza funciona en la cara del toro y sabe qué es lo que quiere hacer y cómo llegar a ello, especialmente en este toro que es el que mayores dificultades le trajo.


Su segundo fue Molinero, que no dio apenas de qué hablar sobre su encuentro con Héctor Vicente y su jaco, que marcaron hoy la excelencia en el tercio de varas por su buen hacer conjunto. Luego vino una soberbia brega de Caco Ramos y un no menos espectacular segundo tercio protagonizado por Jesús Aguado e Ignacio Martín, que dio paso a la faena de muleta de Álvaro Serrano. Empezó éste muy toreramente con ayudados por alto, rematados bellamente por abajo. Serrano se entendió perfectamente con el novillo: entendió su distancia y su exigencia de colocación, llegando ambos a un acuerdo que proporcionó hermosas series ligadas de mano baja en las que hubo naturales descomunales, hondos pases de pecho y, sobre todo, un concepto muy torero y muy personal en el que no hay tiempos muertos, por lo que la faena va desarrollándose a más, bien ensamblada y, acaso, ligeramente más larga de lo que debiera. Un final de trinchera y ayudado por bajo dio lugar a una estocada entera que para unos era contraria, para otros trasera, para otros atravesada y para otros la mezcla de varias de esas características, o sea que cada cual se quede con lo que le apetezca. La cosa es que el acero no fue de efecto rápido y cuando el toro se echó ahí estaba Ignacio Martín para levantarlo por dos veces, hasta que Serrano lo descabelló al borde del tercer aviso.


Una multitud de jóvenes acompañaron respetuosamente a Álvaro Serrano cuando daba la vuelta al ruedo y luego le sacaron a hombros hacia la calle de Alcalá mientras Tomás Bastos y Martín Morilla abandonaban la plaza cabizbajos.


El peligro que ahora corre Álvaro Serrano es terrible. Querrán cambiarle y echarle a perder, robarle su desparpajo y su decisión, anegarle en mantras y en ruedas de molino. Ojala eso no ocurra.




ANDREW MOORE


























FIN