jueves, 26 de febrero de 2026
Con Kipling en las trincheras
miércoles, 25 de febrero de 2026
Sombrereros
España vende naciones igual que John Thompson, un amigo del Dr. Franklin, vendía sombreros.
“John Thompson. Sombrerero. Hace y vende sombreros por dinero al contado”, más el dibujo de un sombrero, fue la primera inscripción que compuso el aprendiz de sombrerero para inaugurar su establecimiento. Así el título octavo, obra de aprendices del constitucionalismo, de la Constitución del 78, luego en manos de los arbitristas autonómicos como el cartel de Thompson en manos de sus amigos.
–La palabra “sombrerero” –dijo uno– es tautológica al hallarse seguida de las palabras “hace sombreros”, que demuestran el hecho de ser un sombrerero.
Y borró el término.
Un tercero observó que las palabras “por dinero al contado” eran inútiles, pues no era costumbre del lugar vender a crédito: todos los compradores esperaban pagar.
Y suprimió el término, quedando la inscripción en “John Thompson vende sombreros”.
Y la tachó. Tachó “vende”, y de paso, también tachó “sombreros”, al haber ya el dibujo de uno en el cartel. Con lo cual la inscripción quedó reducida en última instancia a “John Thompson” con la figura de un sombrero debajo.
“España”, y debajo, la figura de Cataluña (con su "ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república", obra de “botiguers” de la Rue del Percebe, como suvenir para los nostálgicos del 78).
En la América del Dr. Franklin que se alzó contra Inglaterra se prohibía a los súbditos, por una disposición aprobada por Carlos II, hacerse ellos mismos un sombrero con la piel obtenida en sus propias tierras.
La grandeza de la generación del Dr. Franklin no fue hacer la Constitución federal del 87, sino reconocer su equivocación con la Constitución confederal del 76.
[2017]
martes, 24 de febrero de 2026
A ver esas “manners”
Felicidades a Ana
y siempre celebraba su “no cumpleaños”
lunes, 23 de febrero de 2026
La última cena
domingo, 22 de febrero de 2026
Dos derrotas honrosas..., pero derrotas
Veteranos: Mantilla (Rácing), Ais Reig (árbitro serio que no ascenderá) y Atienza
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Si el Almería ya era el club de mayor presupuesto de Segunda con 32 millones, este invierno ha incorporado a Morcillo, el de zurda prodigiosa, y a Miguel de la Fuente, el 9 de los últimos años de Alavés y Leganés. Con su costosa plantilla esperó a ese Córdoba valiente que aplaude el periodismo nacional..., pero hay días que se sale mal al campo, como "abilordao", y al Córdoba le pasó eso precisamente contra el equipo más goleador. El tal Miguel se aprovechó de un malentendido de ésos que creíamos ya estaban enterrados, entre Xavi Sintes e Íker Álvarez y gol tonto al canto. Tres minutos después del tropezón, hacia el treinta y aún con la caraja, el zurdo Morcillo saca una falta y segundo gol de Alex Muñoz. A partir de ahí y toda la segunda parte el Córdoba se desperezó y dominó, tuvo ocasiones, el veterano portero del Almería Andrés Fernández que este 2026 cumple los cuarenta, paró como cuando juvenil, Percan -que se llama Diego Pertejo Canseco y es de León- por fin marcó un gol. En el minuto 77, 2-1. El Almería se aculó, el Córdoba hizo méritos, pero... de nada sirve lamentar ocasiones. En fútbol hay que marcar las que tienes e impedir las del contrario. Se acabó el partido con la sensación de que era el día que el Córdoba pudo dar el puñetazo en la césped, cosechar puntos y presentar credenciales para jugar el play off. Es evidente que no es tarde aún, pero las oportunidades, ¡ay, las oportunidades en fútbol!
Caprichos del calendario, el Burgos jugaba esta tarde en el Sardinero contra el otro equipo goleador y señalado por todos para conseguir el ascenso. Por delante del Rácing de Santander hay mayores presupuestos, pocos, pero es el equipo más hecho y estructurado. Lleva dos y ésta, tres temporadas acariciando la gloria, pero sus alegrías en ataque le condenaron en defensa y a pesar de que José Alberto López ha corregido algo el rearme defensivo de su "bloque alto", creo que sin la contundencia que se precisa, sigue con sus descuidos atrás y soportando goles y ocasiones claras ante un desarmado Ezkieta y lo que es peor con la sospecha de la afición cántabra que pase lo mismo que las dos últimas temporadas. El Rácing-Burgos ha sido un calco del Almería-Córdoba. Golazo de delantero listo además de talentoso con un zurdazo de categoría a los siete minutos de ese Andrés Martín que empezó a hacerse aquí en Córdoba y al que tanto aprecio. A partir del minuto 10, el Burgos, rompiendo con sus habituales comparecencias -ya se notó la transformación el anterior partido ante el Cádiz- empujó, dominó, tuvo ocasiones y hasta los locutores reconocieron que mereció al menos el empate. ¿De qué vale decirles que Íñigo Córdoba dejando atrás al único defensa se presentó sólo ante Ezkieta y tras driblarle se enredó con un pase atrás inapropiado del que aún se debe estar lamentando? Ya en el banquillo, reventado de tanto correr se quitó la camiseta y se tapó la cara para purgar a oscuras el pecado.
Creo que Almería y Rácing serán los ascensos directos (no pasará así para llevarme la contraria). Para mí son los más solventes a pesar de los quebrantos en sus porterías. 39 goles en contra lleva el Almería y 35 el Rácing. Cifras propias de la zona de descenso. El Zaragoza último lleva 40 y por ejemplo el Leganés décimocuarto, y Granada décimoquinto han encajado 28 y 32.
La Segunda es una montaña rusa y no hay resultados sorpresa. Cualquiera cosa puede pasar y esa cualquier cosa es la que buscan Burgos y Córdoba para el final de temporada. Mis dos equipos que caminan juntitos como si quisieran jugarse esa cualquier cosa para partirme el corazón.
La confianza del ministro
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Mi gremio depende de él. Me jubilé siendo él ministro. Nunca me han gustado las manifestaciones, pero asistí a varias contra este hombre y sus medidas, tanto las de por acción como por las de omisión... En sus comienzos como Señor Todopoderoso de Interior nos daba la impresión, a los funcionarios de prisiones, de que disfrutaba en el Congreso reprendiendo nuestras reivindicaciones y defendiendo al modo seráfico las ocurrencias de los Primeros Grados tramitadas por Asociaciones de Querubines. Llegué al convencimiento de que odiaba a mi colectivo. "Toda reclamación de un interno debe ser comunicada inmediatamente al Juzgado de Vigilancia" nos dieron un día por escrito. El funcionario sabe que los internos reclaman cosas muy raras. "Que en el paquete de Fortuna del colomato man salío papeles de pelódicos y ésto me pasó tamíen en la cárcel del Botafuegos". "Solicito me cambien el espejo de la celda porque me veo muy gorda" "Que necesito camisetas y calzoncillos del vestuario", "pol que no me pasan a mí po los permisos". El ministro se acampanaba en el Congreso y acusaba a mi gremio: "...la cadena penitenciaria se rompe por el eslabón mas débil, el del preso, y yo no lo voy a consentir", clamaba y se sentaba recibiendo aplausos de gentes que está claro que no saben lo que aplauden.
A mí me ha parecido el ministro de peores sentimientos para con nosotros "los boquis" y por lo que he ido observando con los "pikolos" su animadversión es semejante. El ministro ha hablado en muchas ocasiones de confianza y fulano, o sea Óscar, fue jefe de la UDEF "por tenerle confianza", "de José Ángel no hay policía que tenga nada que decir. De absoluta confianza. Si no existiera un policía así, habría que inventarlo". Confianza. ¡Ah, la confianza! ¿Cómo se llega a la absoluta confianza? ¿Y cómo en dos días se niega hasta el educado y simple saludo?
Voy mucho por Barbate y allí llegó en el 2018 un Tecol. que puso a muchos narcos delante de los jueces. Leí que diez mil detenciones y catorce mil toneladas de droga, pero al ministro no le inspiraba confianza el Tecol. David, alguien con el que sí tenía confianza le habló cosas del Grupo OCON de Barbate y en el 2022 lo deshizo, pero en el Congreso dijo que no había que tomar la decisión como una relajación en la vigilancia. Que se iba a perseguir con más eficacia lo que pasa en el Estrecho. ¡¡Ya, ya!! Ya se sabe lo que pasó en el 2024 en el puerto de Barbate. Y lo que está pasando en todas las calas y playas del Sur donde se aparcan las lanchas desde Almería hasta Huelva con tanta tranquilidad que cualquier día van a aparecer gorrillas pidiendo el euro.
Si al ministro le hablaron mal del Tecol David, creemos que sería alguien de mucha confianza, tal que el Óscar de las paredes llenas de euros -encontraron veinte millones pero se cree que tiene guardados otros tantos- o el DAO éste que a saber qué cosas contaba. Puede que hasta le hablara pestes de la mujer policía a la que acosaba. ¿Y cómo denuncia la afectada sin el temor reverencial que se le supone? ¿Y éso de que me diga ella si le he fallado, cómo se come? Entre los cuerpos con escalafón sabemos qué cosas son inconvenientes y el calvario que te puede tocar si pides justicia. El ministro fue Juez pero no se le nota. Cree en los soplos de su gente de confianza más que en las leyes. Y ésta no es presunción disparatada. Sólo hay que ver cómo se coló la ilegal amnistía en el Gobierno al que pertenece. Si hubiera sido Juez como el Derecho exige... pues, hubiera dimitido. Yo, que soy un mindundi, así lo hubiera hecho.
Las cárceles, la policía, el Derecho en general... De la degradación institucional participa activamente el ministro. Quedo a la espera de hasta dónde llega su...
Catástrofes
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Al volver a Madrid, donde todo sigue igual de menudo –qué pequeños somos y qué encogidos vamos–, cuesta reprimir cierta envidia general que produce el americanísimo espectáculo del “Katrina” a su paso por la tierra de Bush. “¡Qué diferencia con el tsumani que las navidades pasadas devastó el sureste asiático!”, exclama un editorialista de progreso, que concluye: “Es la cruz de una sociedad que suma tragedias a su pobreza.” Los progres han visto en la evacuación de Nueva Orleáns “la respuesta de una sociedad rica, avanzada y previsora, con capacidad de anticipación”. Y, acordándose del tsumani, suspiran: “¡Demasiadas diferencias!” Ya lo creo. Pero no con Asia, sino con Europa. El americano, decía Camba, que estaba allí de corresponsal, siente la necesidad espiritual de vivir en un ambiente catastrófico: “Las catástrofes han hecho tanto como los rascacielos para acreditar de genio de lo formidable al genio del pueblo norteamericano.” Cuando uno se convence en Europa de que en América hay las catástrofes más grandes del mundo, no está lejos de creer que todo lo demás también lo es, incluido el ciclista más grande del mundo, Armstrong, que tanta rabia da a ese pueblo de funcionarios perezosos que son los franceses. El americano necesita forjarse la ilusión de que es un hombre muy enérgico en un mundo terrible. ¿Cómo no van las autoridades a cultivar con especial esmero cualquier catástrofe que se presente? ¿Qué estímulo sería mejor para desarrollar la energía americana? En Madrid, cuando caen cuatro gotas, los periódicos no ven más que su aspecto literario. Pero en Nueva York, como descubrió Camba, lo único que interesa es el aspecto catastrófico. Leyendo los periódicos americanos uno se imagina que vive en un mundo terrible, lo cual resulta siempre halagador. América viene a ser así como el Gran Guiñol, dedicado a darle emociones fuertes al mundo. Si en el Metro neoyorquino los americanos se dan patadas y codazos unos a otros es para darle a la vida un carácter áspero, desagradable y enérgico, y para plantearla como una lucha. En el Metro madrileño, esas mismas patadas y codazos sólo sirven, en cambio, para transmitir el cabreo que se lleva porque se han acabado las vacaciones.
Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”
DOMINGO, 22 DE FEBRERO
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó:
-Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo:
-También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús:
-Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”.
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Mateo 4, 1-11
sábado, 21 de febrero de 2026
La catástrofe
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Los devotos de “La leyenda de la ciudad sin nombre”, donde Lee Marvin cantaba aquel himno de los “sin techo” que era “La estrella errante”, siempre hemos paseado por Madrid con el temor de que la tierra removida por Gallardón para sus túneles se abra un día a nuestros pies, y esto sería lo más parecido a un terremoto que los vecinos de este poblachón manchego se pueden hacer. Por eso lo de Haití escapa a nuestra imaginación, que encima se ve desasistida por el nuevo periodismo, que, huérfano de plumas, recurre a la cursilería pasada por el disparate para emocionar –la emoción es lo único que importa– con los flecos de la catástrofe. “Catástrofe humanitaria”, por supuesto. Lo dice todo el mundo, sin pestañear. Y no se trata de que se lean a Peter Sloterdijk, autor de las teorías más sugestivas sobre el concepto de catástrofe; nos contentaríamos con que no convirtieran los telediarios en una subasta de muertos en la lonja del pescado. Eso lo hacía Julio Camba en la guerra turca, pero en protesta porque no le llegaba el cheque del periódico. ¿Que no tenía dinero? Quitaba un cero a la cifra oficial de muertos, y su periódico perdía en interés y en ventas. ¿Que aparecía el cartero con el giro telegráfico? Añadía un cero a la cifra oficial de muertos, y su periódico se disparaba en interés y en ventas. Camba, en fin, inventó la forma de engañar al algoritmo de Google mucho antes de que existieran Google y, si me apuran, el algoritmo. La gente circula en los taxis que llevan la radio puesta con el corazón encogido: los funcionarios de la Onu cuentan cientos de miles de muertos, mientras que los funcionarios del gobierno haitiano los cuentan por decenas de miles, y entre todos contribuyen con su juego al mismo efecto mental que causara la inflación alemana, que hizo posible que todo disparate pasara por cosa corriente. Y lo peor no ha comenzado aún: toda la literatura de progreso sobre la injusticia poética que supone la coincidencia de la desgracia con la pobreza.
viernes, 20 de febrero de 2026
Carnes Tolendas
Vicente Llorca
Miércoles de Ceniza airado. La lluvia que viene de Portugal de nuevo.
En el pueblo, Juan Pa, el mozo que ahora lleva la panadería de su madre, ya no va al Carnaval. Se me queda mirando, entre escéptico y enfadado, cuando le pregunto. Hay algo de lógico en su retiro, advierto.
Juan Pa se ha pasado una década acudiendo a todas las fiestas que había en la provincia. Conocían los salones de baile más escondidos y las barras más oscuras. Cerraban el bar de la plaza y alguna mañana se lo encontraron meditando sobre el tiempo en los soportales del Ayuntamiento. Hay algo necesario en su desdén ahora.
Y en que no haya ido a Ciudad Rodrigo este año. De pronto, recuerdo las calles repletas, los ruidosos peregrinos que vienen de todas partes –sobre todo, de Cuéllar, Medina o Sigüenza, ignoro por qué–, los vasos llenos, las charangas y las carreras en la muralla, frente a los toros, y entiendo a Juan Pa, su agnosticismo.
Yo tampoco he ido. Corría un viento gélido que venía de la Serra da Estrela, llovía todos los días, veía los coches y los remolques desfilando por la carretera y no tenía ningún deseo de alcanzarlos. Una tarde había estado en la tienta del Bolsín Taurino en la plaza del Conde Rodrigo. Llovía también y el público llevaba las viseras de paño y botas de agua que denotaban su procedencia de las fincas de alrededor. (Un novillero de un pueblo remoto de Portugal había lidiado con cierto gusto la vaca de Sánchez Arjona que le correspondía. Estaba flaco como una lezna. “A este muchacho no le dan de merendar” le comenté a Ángel, un picador a mi lado. “No deben” respondió éste, que sin embargo merienda todas las tardes).
La otra mañana nos comentaron en el bar de la muerte de un paisano, alcanzado por un toro en la Plaza Mayor la madrugada anterior. De pronto todo el teatro cesó, por un instante, y la fiesta retornó a su origen trágico. La muerte ronda detrás de los disfraces, aunque a veces lo olvidemos.
Entonces recordé el romance sombrío, plagado de augurios, del pueblo de Monleón. (Monleón, al pie de la sierra, con su oscura torre de piedra sobre los montes, tiene algo sombrío todavía). Los mozos del pueblo, en el cantar tradicional, se preparan para ir a la corrida. A Manuel Sánchez, el hijo de la viuda, le niegan el remudo. La viuda –veñuda en la copla– ya es una figura sombría, preñada de una marca ominosa. El toro también lo es: es una figura mestiza, criada en la cercanía de las casas, lejos del salvajismo de las sierras.
Muchachos, no vayáis al toro.
Mirad que el toro es muy malo.
Que la leche que mamó
Se la di yo por mi mano.
Un augurio de muerte ronda el romance. Y al hijo de la viuda, tal como ésta demanda, lo traen a casa de los siniestros del carro colgando
Tres pañuelos tengo dentro
Y con este que meto son cuatro
Todo el romance está lleno de negras señales. (De alguna manera lo están también los vaqueriles, las navas donde pasta el toro, la plaza donde lo encierran).
Manuel Sánchez llamó al toro
Nunca le hubiera llamado
Y éstas se cumplen, fatalmente.
A la puerta la veñuda
Arrecularon el carro;
Aquí tenéis vuestro hijo
Como lo habéis demandado.
La viuda agorera saldrá al cabo de nueve meses por los vaqueriles, preguntando por el toro.
A eso de los nueve meses
Salió su madre bramando,
Los vaqueriles arriba,
Los vaqueriles abajo
El toro ya está enterrado, culmina el cantar. Y surge de nuevo un signo inquietante en los nueve meses que han transcurrido antes de que la madre oscura recorra los campos, reclamando a la figura de su anterior maldición. Los estudiosos analizarán las figuras del romance: la viuda agorera; los ocho años del toro; el plazo de los nueve meses… A mí me gusta recordar las señales del canto tal como surgen, en su fatal aparición. (Sigo la edición del P. Dámaso Ledesma –Una nota del Cancionero señala que “fue recogido en el pueblo de Robliza a Ramón Reyes”. Hay otra versión, más reducida, de Ramón Menéndez Pidal. Federico García Lorca recogería la anotación musical del primero).
Las fiestas de los pueblos son un rito jubiloso, a veces. De la mocedad, el disfraz, la renovación de la siembra en ocasiones. Pero también una invocación a la mala suerte, que ronda detrás de la fiesta. Surge de pronto en estos carnavales, en la plaza del pueblo. Esa madrugada culmina la farsa.
Cávia
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Cávia, con acento en la primera “a”, como el propio Mariano de Cávia lo escribía, y con eso evitaba lo que alguna vez le sucediera, y era que un teclista le pusiera el acento en la “i” y quedara la cosa en “Cavía”, que viene a decir “conejillo de Indias”, ¿y qué hace un conejillo de Indias en Zaragoza? ¡Ay, Zaragoza! El domingo murió el zaragozano Labordeta y anoche se entregó el “Cávia”, que en vida fue un escritor zaragozano, y desde hace noventa años, un premio madrileño. A Labordeta lo frecuenté por culpa de una época en que las tías andaban con la revolución pendiente y se pasaban la vida siguiendo a los cantautores como los buitres dacios a las legiones romanas. Y ahí estaba uno, quemándose las yemas de los dedos no con la yesca de Warren Beatty, claro, sino con el mechero encendido para escuchar “Arremójate la tripa / que ya viene el calor” en la voz endrinosa de Labordeta, que siempre me pareció uno de esos españoles a los que para parecer buenos les basta con fumar “Celtas”. Como personaje aprecio más a Cávia, que tenía algo en la cara, nos dice Ruano, de cangrejo cocido, y que por la calle podía parecer un relojero o un comerciante, haciéndose acompañar a las cervecerías y a los cafés por un criado. “Tenía mal beber”, recordaba de él el chinche de Benavente, pero hoy Benavente sólo es un Tom de Finlandia para pobres, y Cávia, el premio de ABC, donde Cávia sólo echó un par de firmas: al fundador se le escapó en vida, pero en el mismo día de su muerte supo atraparlo para siempre: “ABC a la memoria de Cávia”. Cávia era coñón (su padre era de Trespaderne, con lo que esa tierra significa) y la corriente literaria que alienta “el estilo ABC” es una cultura bachillera despachada en finas lonchas de sentido del humor, aun en los momentos del drama supremo, como son los casos de Camba o Fernández Flórez, Manuel Bueno, D’Ors, Luis Calvo, Foxá, Ruano, Pemán, Madariaga, Giménez Caballero o don Emilio García Gómez.
jueves, 19 de febrero de 2026
Casa Castro
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Pedro Castro es una de las grandes cabezas del socialismo hispánico. Llegó al Ayuntamiento de Getafe por una oferta de empleo. “Esto estará ya dao, ¿no?”, le dijo al funcionario que entregaba las papelas. “¿Cómo dice usted eso?”, protestó el funcionario, que, evidentemente, era un pobre hombre predemocrático. El caso es que Castro consiguió su empleíllo: a los seis meses ya era el delegado de la Ugt, y al año, el candidato a alcalde. Hasta hoy. “Mi madre tuvo un alcalde”, dice él, graciosamente. Alcalde de Hijosdalgo, alcalde de Casa, Corte y Rastro, alcalde del Crimen, alcalde de Obras y Bosques, alcalde de Alzadas, alcalde de Sacas, alcalde entregador de la Mesta, alcalde Mayor, alcalde Ordinario, alcalde Pedánico, alcalde de la Hermandad, alcalde de la Cofradía y hasta alcalde de Tresillo, por citar por entero a la numerosa familia alcaldesca de Fermín Caballero en “Los españoles pintados por sí mismos”. Pintado por sí mismo, Castro se ve hecho un Quevedo (otro que confunde las “Gracias y desgracias del ojo del culo” con el síndrome de Tourette), y así se lo ha dicho a Karmechu Marín en el periódico global en español, que es el de La Trini contra el Gómez de Madrid, con lo cual ya se ha ganado una calle en Getafe, Karmenchu Marín, digo, entre las de Kifa y Kindelán, si va por Karmechu, y si va por Marín, entre las de Marie Curie y la Marioneta, que aquí el Quevedo de Tomelloso, que a mí me cae muy bien porque es de mi mismo signo zodiacal, ya se las tiene puestas a La Lindo, a La Grandes y a La Montero, que ir a Getafe es como hacer cola en el lavabo de señoras del periódico global en español. “Buen esdrújulo sí haces; / buen caldo no lo he sabido: / más quiero una polla muerta / que mil pelícanos vivos”, escribió del pelícano el Quevedo verdadero, un Quevedo que yo vi ayer (domingo, para el lector) en los cuerpos del último día de piscinas: “Lo que pasó lo tiene la muerte; / lo que pasa, lo va llevando...”
miércoles, 18 de febrero de 2026
Hughes. Benfica, 0; Real Madrid, 1. Why?
Hughes
Pura Golosina Deportiva
El partido duró poco. Duró hasta que Prestianni se tapó la cara como un barra brava y dijo “mono”. Pero hasta entonces, fue el mejor partido del Madrid en Europa desde la última Champions. Fue eso: un Madrid de hechuras europeas.
Y fue según lo apuntado contra la Real. Muy pronto embridó el ímpetu previsible del Benfica y se vio que Tchouameni y Camavinga dominarían con nuevo despotismo la zona de tránsito del mediocampo.
Pero después, muy pronto, hubo otra cosa: se desplegó una forma de construir el juego desde atrás. Habíamos visto la salida con tres, lo hizo Xabi Alonso, pero los tres que se juntaban ahora --aunque pudiera caer por allí un Rudiger-- eran Trent, Huijsen y Güler bajando a recibir mientras Tchouameni, a la Casemiro, se iba un poco adelante. ¿Cómo lo dijo Arbeloa? ¿Hacia las “estructuras del rival”?
Había por tanto una línea imaginaria que unía a los tres, que se buscaban para ir cosiendo la jugada. Ninguno de los tres es Vitinha, pero con ellos la pelota rodaba de otra forma y los pases eran precisos y directos. Los toques tenían un propósito y el juego cobraba sentido desde el inicio.
Y así, a la altura del minuto siete, se desventó el Benfica y el Madrid comenzó a llegar, primero con un Mbappé a medio gas, luego con Güler de lejos y con una ocasión de Vinicius, tras larga combinación coral en la que Trent lanzó de nuevo a Valverde.
Después de esa fenomenal jugada, que fue cosa seria, la cara de Mourihno ya expresaba que sabía lo que iba a suceder (minuto 18). Vimos dibujado en su rostro, que tan bien conocemos, el destino del partido.
En defensa, el 4-4-2 se aposentaba en un bloquecito semibajo bueno, con suficiente espacio a los dos lados.
Trent era un espectáculo y añadió el populismo de una ruleta marcelesca.
El Benfica no inquietaba, sólo tiros largos, pero uno de ellos, peligroso, desviado, avieso, como si llevara dentro mourinhismo y otamendismo todo junto, lo atajó Courtois con una parada irreal en la que se corrigió a sí mismo o se acrecentó con un rebrinco y una mano baja y fuerte.
El Madrid tiene al mejor portero del mundo, la mejor banda derecha de Europa, y la mejor delantera. Con cinco del once mundial se aspira a Champions. Con seis, se gana.
Aunque esos tres del toque sulibeyaban, lo más evidente pasaba en la línea siguiente, donde Camavinga y Tchouameni mandaban, cortaban, barrían todo el juego como esos aspiradores pequeñitos que te ponen como un gancho en el dentista mientras maniobra el facultativo. Tchouameni, especialmente, hizo un partido memorable. “Oscuro en su brillantez” creo que lo definió el comentarista Maldini.
Mou tomaba notas en su libretilla, señal de que ya pensaba en el futuro, no en el hoy.
El Madrid daba completa seguridad asegurando su Macizo Central. Su centro era inexpugnable, como una ciudadela o una montaña que tuviera, como en las leyendas, un gigante dentro (Tchouaméni).
Y de esa solidez, que da ese gustito tan característico del Madrid europeo, ese gustito de ver al Madrid seguro y mandón y que es una sensación tan placentera casi como verlo desatado porque se sufre menos; de esa solidez salían los chispazos zurditos, casi adolescentes de Güler.
El Madrid podía salir a la contra pero también podía construirse en “posicional”, y era un disfrute ver cómo hundían poco al Benfica partiendo de los toques de Trent, Güler y Huijsen, y cómo, una vez llegado al último tercio, de Trent salían los pases a Valverde, de Huijsen la búsqueda de Carreras y en Güler se activaba su conexión con Mbappé.
Hay que precisar algo sobre Huijsen: fue el que más pases dio, con una precisión del 90% y una cuarta parte de ellos fueron pases hacia la zona de ataque. Además, estuvo bien en el corte y la anticipación. Huijsen es un fichaje de época y por supuesto se beneficia de tener al lado un central experto.
El realizador enseñaba el rostro de Rui Costa, mala cara, y la de Solari, que veía el partido como hay que verlo, como se ve el fútbol: echando la cabeza hacia atrás con gesto congelado de aprensión.
Pero no había nada que temer porque ahí comenzó la traca de fútbol del Madrid con ocasión de Mbappé tras intercambiar Trent y Valverde sus papeles, otra del mismo Mbappé tras respuesta geométrica del lado izquierdo (Vini, Carreras); otra tercera (no era su noche) tras colosal acarreo de Camavinga y aun hubo un par más, sumándose la zurda de Güler a la fiesta. Era un fútbol champán, un Madrid de escaparate.
Todo era euforia y regocijo, puro placer, pero con la espinita del gol, y nada más volver, Vinicius lo arregló con un chicharro por la escuadra, una auténtica caipirinha voladora que dejó mudo al estadio.
La clavó y se fue al córner a celebrarlo con un baile en el que parecía fecundar al banderín. Esto, por lo visto, molestó mucho (quizás en Potugal el banderín es algo con lo que no se puede bromear) y además de formarse una bronca de la celebración salió con una amarilla. Él respondió al árbitro con un why? que sustituye al purque de Mou en las preguntas pendientes del madridismo.
Why? ¿Por qué a Vinicius le pasan estas cosas? Además, en su baile no tocó el banderín con su péndulo de samba.
Y ahí fue cuando todo se acabó. Porque el diminuto Prestianni, tapado como un bandolero, le dijo mono, mono, y Vinicius corrió a pedir el protocolo, apoyado por Mbappé, que fue más capitán de lo que han sido muchos.
En un momento, Mourinho cogió a Vini, hablaron y la concentración emotiva se hizo casi imposible. Dos épocas, dos razones dialogaban... ¿con quién iría la prensa al siguiente o irían a la vez contra los dos?
El partido dejó de interesar y sólo teníamos ganas de ver la rueda de prensa y que alguien explicara todo eso.
Pero quedaba mucho aún. El Benfica metió cambios rápidos, no así el Madrid. Todo siguió parecido, aunque más equilibrado. Tchouaméni siguió sosteniendo todo. “Partido descomunal... en lo suyo, lógicamente”, insistía el comentarista parabólico Maldini.
Hubo una amarilla a Prestianni por tirarse al llegar al área. Qué joya el muchacho, qué canchero. Le faltó robarle al árbitro el pinganillo.
Cuando sacaban a Mou sentíamos un poco de pena por él y se vio claro que se autoexpulsó buscando o evitando algo.
Entró Pitarch, y hubo que entenderlo como promesa de continuidad en el toque, y de la grada cayeron mecheros, vapeadores, y una botella que impactó en Vinicius, al que todo le resbala. Se las veía con el patibulario Otamendi, que le enseñaba un tatuaje, probablemente el de la Copa del Mundo (menos mal que se lo tatuó ahí). De esa Copa del Mundo tendría tato que decir Mbappé que sólo se reía con sorna.
El partido acabó revelando la superioridad de Mbappé sobre todo y recordándonos que el Benfinca, Lisboa, Portugal son, pese a que a veces nos queramos ilusionar, tan ibéricos como los demás.

























