Andalucía, la eternamente vencedora.
[Diciembre, 2018]
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
Andalucía, la eternamente vencedora.
[Diciembre, 2018]
PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Viernes, 9 de octubre de 2026. Feria de Otoño. Novillada sin picadores. Gran Final del XIV «Camino hacia las Ventas». Encierro de erales de Guadajira (encaste Domecq, procedencia Marqués de Domecq). Bien presentados. Mansos (se dolieron en banderillas) y nobles. Algunos lucieron crotales. Primero, tercero y cuarto, excelentes. Segundo y quinto, también, ideales. El sexto, con mayor nervio, movilidad y con alguna tecla que tocar para ser dominado. Justos de fuerza y boyantes, todos fueron de largo a los cites. Tres cuartos de entrada. Tarde perfecta de otoño.
Terna: Joaquín Manzur, de Reynosa (México); de azul cielo y oro; veintitrés años; silencio tras un aviso en sus dos erales. Israel Guirao, de Valencia, de blanco y oro; dieciocho años; silencio tras dos avisos y oreja. Marco Peláez, de Apizaco (México), de malva y oro; con cabos blancos; dieciocho años; saludos tras un aviso y silencio.
Los novilleros de ayer que llegaron a la final del certamen «Camino hacia Las Ventas» de 2026 han aprendido a torear en escuelas taurinas, según parece. Es un aspecto que significa que el presente ha traspasado una línea roja respecto a tiempos de antaño que no tiene vuelta atrás. Antes, en esos tiempos lejanos de la tauromaquia se aprendía, principalmente, en las capeas, en el contacto que establecían los futuros toreros (maletillas) con el ganado que se lidiaba en las fiestas de los pueblos. Un ganado no seleccionado, no elegido, sino representativo de la condición natural de la vida de aquellos momentos, una vida auténtica pero áspera, en una época de esfuerzos y de temores, de alegrías y de pesares. Eran momentos en los que un halo espiritual daba cobijo a una civilización que pensamos asemejaba ser vieja porque lo era. Esta apariencia, reflejo de una realidad, aportaba a los hombres de aquellos días rigor y les exigía coraje porque había que oponerse a la dureza de la vida antigua. Esto fue así durante mucho tiempo (a pesar de la Revolución Francesa y todo eso). Ese rico mundo antiguo de los toros, en torno al aprendizaje y sus enseñanzas, está bien reflejado, por ejemplo, en la obra del escritor y crítico taurino Antonio Díaz-Cañabate, en su Historia de una taberna (1944) y en Paseíllo por el planeta de los toros (1970). Con su lectura podemos apreciar que en el entramado de las capeas los futuros matadores salvaban la vida ante asilvestrados animales y se iban haciendo lidiadores según resolvían embestidas, comportamientos y dificultades, al tiempo que pulían un estilo propio para torear. Es posible que ya existieran dinastías, tentaderos y comodidades, pero lo usual era enfrentarse a la brusquedad del oficio ante animales imprevisibles delante de un público fiero o feroz (en la novelística taurina existen muchos títulos que tratan esta temática). Eso fue el ayer lejano. De ahí salían toreros hechos, recios, sin finuras pero con personalidad. En el recuerdo Gregorio Sánchez y Andrés Vázquez, toreros largos y de aguante; que como maestros, lo fueron de pedagogía antigua, con su verdad y su crudeza. Todo eso fue un tiempo ya desaparecido.
Hoy no hay capeas, sino certámenes de novilladas donde los aspirantes a futuros matadores compiten delante de animales (erales, en el caso de las novilladas sin picadores) nobles, mansos o bravos, y, sobre todo, previsibles. Los toreros para hacerse no tienen que ir a los pueblos en busca del momento idóneo a la hora de dar un lance o un muletazo, y recibir un revolcón o una cornada; y ser descubiertos por los gerifaltes del mundillo. Actualmente la dificultad consiste en que los profesores (entre los que habrá psicólogos) elijan o no a un aspirante o a otro para que se enfrente a un animal en un certamen, y a partir de ahí pueda disponer de nuevas oportunidades para ser seleccionado y mantenerse en esa pelea que conlleva destacar. Lo hará ante erales o novillos que pertenecen a una nueva generación de ganaderías (las del presente) que crían astados nobles, sin raza, sin casta, y con obediencia, ante los cuales es muy difícil decir algo nuevo cuando se les torea: parecen ser originados para que los toree Morante de la Puebla, con un tipo de toreo que sólo él posee, pues tiene el don de la transmisión a base de temple y estilo, y es su secreto. En definitiva, la tauromaquia está entrando en un círculo concéntrico que no deja ninguna salida, pues se ha conseguido crear un animal (el nuevo toro de lidia) que no plantea dificultades a la hora de lidiarlo ni de torearlo. Viene a ser el final (la consecuencia) de la evolución que está tomando nuestra civilización donde todo consiste en lograr el confort, en tener buena vida, en sentir sensaciones, en dejarse llevar, en no esforzarse y en verlas venir. En todo esto, la vida actual, se puede decir, ha mejorado sobre la antigua, plagada esta de sudores y de sinsabores. Hoy se viaja, y, si no, se huelga. En nuestro hoy no se aprende mediante el sacrificio ni el sufrimiento, se aprende mediante la ciencia infusa de lo etéreo, de lo dócil, de la facilidad. Así para estos tiempos de bonanza y bienestar la tauromaquia no tiene otra que crear ese toro, ya no artista, sino «excelente», correligionario del carretón. La perita en dulce. Y los toreros deben encararse a él, en sus comienzos, a través de certámenes, en una lucha amable, de circunstancias favorables, y a ser posible con un público receptivo y consentidor.
Esto es lo que sucedió en la novillada de ayer: una tarde apacible, erales a modo, novilleros correctos y un público «voyeur». La cuestión es que todo este asunto habría cosechado un mejor resultado si los profesores de los obedientes novilleros de las escuelas taurinas de cada uno de ellos les hubieran enseñado a sus alumnos que, con ese animal tan bonancible al que se iban a medir, si se cruzaran e intentaran torear con concepto curvo y rematado (clasicismo belmontino) el respetable entraría en el espectáculo y en el olé. Pero esto no sucedió, pues esa lección pareció que no le ha sido explicada a ninguno de los tres novilleros de ayer tarde. Torearon sin cruzarse en ningún instante y plantearon las faenas por las afueras, de manera reiterada. De ese modo es muy difícil emocionar. Se tenga temple o no. Se intente esto, aquello o lo de más allá. Los tres novilleros torearon de manera correcta pero sin esa verdad que aporta la cercanía concebida desde el riesgo. Torearon a la verónica y al delantal. Hicieron quites. Ensayaron chicuelinas, gaoneras y tafalleras. Iniciaron las faenas por bajo, por alto y por la espalda. Las remataron con ayudados o con manoletinas. Dieron pases en redondo y al natural. Variedad hubo. También a la hora de matar, bien, regular y mal. Digamos, que faltó el toreo canónico.
De los tres actuantes, Joaquín Manzur, estuvo pulcro, despegado y sin saber conectar con el respetable. Puso en escena lo que ha aprendido y puede mejorar. Israel Guirao, mostró más conocimiento, también en ser consciente de no cruzarse, en una faceta que debería subsanar. Por último, Marco Peláez, en algún momento quiso acompasar su toreo, tirar de pellizco, aunque sin la virtud del mando.
Lo más torero del encierro fue el extraordinario par de banderillas que se marcó el subalterno Jesús Robledo «Tito» en el tercer eral. Y lidió con solvencia, Raúl Cervantes, al primer astado.
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La bicha del Régimen es la abstención.
–Todo es un bucle donde nadie nos da explicaciones –dijo el otro día en un concierto Dani Martín, ex de El Canto del Loco, a su público–. Yo os animo a que no votéis a nadie. A nadie. A nadie. A nadie.
¿A nadie? “¡Fue Nadie quien te cegó!”, le grita Ulises al cegado Cíclope en el momento decisivo de su intento de huida de la cueva. Sloterdijk cree que, con esta exclamación, Ulises, maestro de la autoconservación inteligente, alcanza la cumbre de la presencia de espíritu. Sloterdijk es alemán, y en Berlín, en tiempos de Guillermo II, corría un dicho que se atribuía, según Madariaga, “al” capitán de la guardia a caballo del emperador: “Primero es el emperador; luego, su capitán de la guardia de a caballo; luego, su caballo: después, nadie, después nadie, y después, nadie. Y luego el capitán de la guardia de a pie”.
Por un instante creímos ver en Dani Martín, con su “abstenerse”, a nuestro Diógenes de Sínope (“autónomo e irónico”, dice Soterdijk). “Peligrosas palabras”, tituló la prensa oficial, y como “peligroso” es palabra causal, en seguida llegó el desmentido de Dani Martín, un folio de arrepentimiento como el de los acusados en los procesos de Moscú: “Cuando cometo un error, me gusta pedir perdón. Si hay algo necesario en este Estado de Derecho es ir a votar, así que quiero pedir disculpas por mis palabras equivocadas”. Bujarin necesitó de menos palabrería para, “con plena libertad”, confesar “haber envenenado todo el trigo de Ucrania”.
–¡Es la abstención, James Carville!
Vivimos en un Estado de partidos, donde todo es mentira menos lo malo (“Por el consenso normativo, los partidos transfieren al partido en el gobierno 'el derecho de no oponerse' a su acción legislativa. Y por el consenso expeditivo, la oposición comunica al gobierno su intención de no trabar los decretos que no merezcan su conformidad pública”). Para Trevijano, el modo coherente de vivir aquí es la abstención: “La manera útil de estar presente en la ciudad, la forma digna de participar, críticamente, en la oposición a lo público, cuando los gobernados, por la condición antidemocrática del régimen que los gobierna, no pueden intervenir en la cuestión decisiva de la libertad: la formación del Poder”. La naturaleza y el alcance del Poder político están decididos de antemano en el Estado de partidos.
–La abstención –explica Trevijano– es enemiga de los partidos de integración de las masas en el Estado (no de los de representación: Usa e Inglaterra). Aquí, una participación inferior a la mitad del censo priva a los partidos de su potencial integrador, en virtud del cual se justificó su conversión en órganos estatales, y dejan de ser necesarios al Estado y devienen enemigos mortales de la sociedad. No pierden legitimidad, pues nunca la tuvieron, sino eficacia.
Los españoles, concluye, acuden gozosos a las urnas porque en ellas se hacen funcionarios por un día.
[Diciembre, 2025]
Ghailan con el Europa
Francisco Javier Gómez Izquierdo
Se plantó el Burgos en Almería con la humildad y aplicación acostumbrada. En el calentamiento daba miedo el banquillo almeriense, como pasara aquí en Córdoba, donde se sentaban Embarba, Miguel, Morcillo, del que no entiendo sus suplencias, Álex Sola, un carrilero extraordinario del que me habían contado algún que otro chispazo que ha corroborado en la celebración del trabajado triunfo ante el Burgos en la noche del sábado, no por el choque de su BMW contra coches aparcados, si no el abandono del vehículo en plena vía al que regresó a recoger lo que fuera para volver a abandonarlo a la carrera. Que si detenido, que si el triple de la tasa... ¡Qué cosas se ven! Karrikaburu, con el 7 del Burgos que llevara Juanito y al que también pillaron en una parecida el otro día, marcó el 0-1 en el minuto 38 tras meritoria jugada de Llabrés por la izquierda. A estos dos, más Forés y quizás Vencedor los voy viendo con mejores ojos. Aguantó con disciplina y hasta pudo ampliar el marcador el Burgos, pero la verdad es que fue muy dominado y García Pimienta, un entrenador que me parece bastante mas serio que Rubí, otro de esos fanáticos del sistema que ignoran la importancia de la defensa en segunda división y que tantas frustraciones ha repartido en Almería, tiró de triple cambio: Miguel, Chirino y Embarba -plan B de todo buen entrenador, tal que Pacheta en San Sebastián con cuatro cambios a la vez o tres en Córdoba y dar la vuelta al marcador- para que al final en el 78 Cypenga, un tipo eléctrico que remata rápido y vistoso lo que le sirvan con elegancia, y en el 86 Miguel, de trallazo creo que tapable, rubricaron un 2-1 dando la sensación, a mí al menos, de que esta temporada igual sí que asciende a Primera la mejor plantilla de Segunda.
Y anoche, con bocata de tortilla a esperar al Tenerife. Ya se sabe que el rival del Córdoba de Iván Ania, cualquiera que sea, va a marcar uno o dos goles por lo menos, por eso cuando a Eder García el VAR le concedió el golazo en el minuto tres que el señor Ojaos Valera no vio -pasó por el VAR para el gol fantasma- dije al presidente de mi peña que aún faltaba el gol de ellos. Y vino. Al cuarto de hora en uno de esos carajales típicos de la defensa aniana. Pero ayer el Córdoba estuvo "combinativo", fabricó jugadas vistosas, pases con sentido tras desmarque, movimientos entrenados... Sí, bien entrenados. Yo creo, en mi modesta opinión, que la fluidez llegó por la irrupción en el once de Ghailan, un flaco que ha llegado de 1ª REF, y que el primer día que lo vi me pareció pataleto. Ayer demostró que su zurda tiene categoría, que ve rápido el desmarque, que si llega a línea de fondo centra donde debe estar el nueve y hasta está capacitado para ponerla en la cabeza de ese mismo nueve para que sólo tenga que empujar como ayer a Percan y que incomprensiblemente falló. Es muy zurdo y también él echó fuera un gol de absoluta simpleza; de empujar sólo, pero... Ghailan fabricó el 2-1 que culminaron entre Bri y Percan, pero la trasera del Córdoba es frágil y Ranos, un desconocido alemán-armenio empató a dos. Miedo entre el respetable hasta que Isma Ruiz, el más querido por sus demostradas virtudes, empalmó un trallazo para el 3-2 definitivo. "Los partidos del Córdoba no son aburridos porque siempre hay goles", me dice Esteban desde Burgos. Cierto. En las primeras ocho jornadas 13 goles a favor y 18 en contra. Sólo el Ceuta ha encajado tantos. Los mismos 18 goles. ¿No va a tener remedio esta sangría? ¡¡Ah!! En la segunda parte, Álvaro Cervera, otro entrenador serio y formal, puso con el 29 a Daniel Fernández, zurdo por derecha de 18 años. Me pareció jugador espectacular. De regate más que llamativo; gentes con influencias ya le tendrán en la agenda. Buena noche ayer. Vimos asomar el talento de Ghailan y Dani Fernández. ¡Ojalá progresen mas que adecuadamente!.
imagen: Ghailan con el Eu
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Para entender la política manicomial que padecemos en Occidente, el alemán Eric Voegelin promocionó en los 30 el término “pneumopatología”, acuñado por Schelling, para designar las enfermedades espirituales de naturaleza pneumopática, no psicopática: es el espíritu, no el alma el que enferma.
–El mundo occidental atraviesa un proceso de descomposición cuya causa es la secularización del espíritu –dirá Voegelin, que no cree que pueda combatirse una fuerza satánica (que haberla, háyla, y nos lleva a la guerra) sólo con moralidad y humanidad, “pues lo satánico no es sin más lo moralmente negativo, lo repulsivo, sino una fuerza y, ciertamente, una fuerza con un gran poder de atracción”.
Décadas más tarde, el polaco Andrzej Lobaczewski tomó de un científico húngaro el término “patocracia” para designar la “ponerología política” (estudio del mal) en el sistema soviético, en seguida copiado (¡y perfeccionado!) por las oligarquías liberales de Occidente, como avisó (“la UE es la nueva URSS, un monstruo que debe ser destruido antes de que se consolide como un Estado totalitario”) Vladimir Bukowski, sin el éxito de Catón con Cartago.
–Lo que viene, viene, y cuando llegue, nos encontrará a la altura de las circunstancias –resume Thomas Mann este cruzarse de brazos ante lo inexorable.
No fue Hitler, sino la corrupción generalizada de la sociedad (moral, intelectual y espiritual) la que determinó el fin de Weimar. Las iglesias, que estaban obligadas a defender la dignidad humana, padecían la misma corrupción que la sociedad: también ellas habían perdido el contacto con la realidad.
De una sociedad corrupta, dice Voegelin, no puede brotar ninguna elite (“no nos interesa la realidad, tenemos otros valores”) capaz de preservar el orden.
La “pneumopatología” conlleva la pérdida de la primera realidad (la real) para situarnos en la segunda realidad (la imaginaria), realidad paralela creada por la ideología, donde hoy nos tienen viviendo a todos.
–La segunda realidad es una construcción que nace del deseo del “más allá” en esta vida. El rechazo de percibir lo real no es resultado de la ignorancia, sino fruto de la voluntad deliberada de no comprender. Cuando se toma conciencia de que las fantasías son irrealizables, surgen los arrebatos de ira.
En “Hitler y los alemanes”, Voegelin niega el carácter “inhumano” del Führer; era, dice, absolutamente humano, aunque su humanidad estaba enferma o perturbada por una “pneumopatología” que hace que la imagen falsa de la realidad sustituya a la auténtica realidad. Surge así el conflicto entre las dos realidades, reflejado en la construcción de sistemas forzosamente falsos, pues ningún sistema puede representar la realidad, lo cual obliga al engaño. ¡La voluntad de engañar! El resultado del conflicto no es la estafa, sino la mentira, con el fin de hacer pasar la segunda realidad por la primera.
De ahí que en el corrupto Estado de Partidos todo sea mentira menos lo malo.
[Junio, 2024]
Ignacio Ruiz Quintano
Abc
La “boomer”, que sería la mía, es una generación porcuna, con arreglo a la descripción que Jean Clair, académico de la Francesa y ex director del Picasso de París, nos dejó de la socialdemocracia:
–Comemos, dormimos como animales en una granja próspera y bien surtida: comer y dormir, sexo, ¡la granja de Occidente!. No hay ninguna emoción en las vidas de la mayoría de los ciudadanos del mundo próspero, y eso se refleja en el arte: a lo máximo que aspira es a ser divertido.
La generación “boomer” vivió de los padres hasta que pudo vivir de los hijos, y en Europa su legado para los nietos es un futuro reducido a una guerra de exterminio: el Estado los secuestrará en las calles para llevarlos en una camioneta, esposados, a la picadora de carne en el frente.
–¡Pero a mí que no me toquen la pensión!
Dice Chas W. Freeman Jr. que Donald Trump “ha captado correctamente el ‘Zeitgeist’ de la época, el espíritu de nuestro tiempo, que es genocida”, cuando, nada menos que en la tribuna de la Onu, “básicamente está declarando su intención de cometer un genocidio contra el pueblo de Irán, y la gente se queda ahí sentada y no dice nada. ¿Por qué no dicen nada?”
Lo anticipó Trey Yingst, que es como el Broncano de la Fox: “Hola, chicos. Buenos días. Acabo de hablar con el presidente Trump sobre la situación con Irán. Le dice a Fox que está en modo de tomar una decisión: ‘Si llega el momento, hago volar por los aires a toda la nación, más les vale comportarse’.” Las formas, desde luego, no las ha sacado Trump de leer “La educación de Henry Adams”, y le pegan más a un Tony Soprano que a un JFK, aunque tampoco el tiempo, la época, merezca otra cosa.
Todo son señales, en efecto, de que los ricos desean una nueva limpieza de pobres, que son legión y comen como limas. ¡La guerra como “igiene del mondo”! Lo explicaba el otro día Sir Jacob William Rees-Mogg, “un fantasma loco”, como decía Santayana que es un inglés cuando deja de ser reservado y religioso: los plebeyos, venía a decir el Sir, deberían estar alistándose en masa para sacrificarse con el honorable propósito de salvar a los ricos.
–Necesitamos recuperar el Deber y el Labio Superior Rígido –resume el Sir.
Mas no será la hambruna (peligran hasta las patatas) lo que desate la Revolución. En su “Primavera revolucionaria”, Christopher Clark recuerda que la geografía del hambre en 1845-47 y la geografía de la revolución de 1848-1849 son totalmente diferentes. “A lo largo de la historia, es la mansedumbre de los más pobres lo que, sin duda, sorprende, no su disposición a desafiar las condiciones que los empobrecen: la regla general es que el empobrecimiento tiene más probabilidades de dejar a la gente ‘sin palabras’ que de inducirla a una acción concertada.”
Por eso el “boomer” duerme tan tranquilo.
[Martes, 29 de Septiembre]
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Ayer, día 3, se cumplieron nueve años del fallecimiento de Victorino Martín y hoy tenemos en Las Ventas una corrida de Victorino Martín, ganadería favorita de Madrid, a la que siempre se espera con expectación. Otra corrida de cárdenos que nos echamos al coleto y que nos deja un sabor algo agridulce por lo justo de las fuerzas de los dos primeros toros, pero que ha ido componiendo un crescendo en cuanto a dificultades y casta, que es lo que siempre buscamos en esta vacada. Digamos que los tres primeros toros han sido los que menos problemas han planteado a la terna, y los tres últimos, como si la cosa hubiera sido elegida de esa manera, los que han mostrado más personalidad y más mal genio. El resultado ha sido un entretenido festejo en el que ha habido de casi todo, desde pañuelos verdes demandando la devolución del segundo, Gardacho, número 101, hasta ovaciones al arrastre de ese mismo toro y del siguiente, Mitotero, número 3 y palmas al 59, Verdadero, que hizo quinto.
El paso de los victorinos por las manos del escuadrón de caballería ha sido, también, variopinto. El primero, Verdadero, número 89, cantó la gallina en el primer encuentro con la puya y se medio justificó en la segunda. El segundo, Gardacho, le hizo un regate a Pedro Iturralde en la primera cita, haciéndole marrar, y no dejando un gran recuerdo por su falta de fuerzas. El tercero, Mitotero, aprueba su paso por las manos de Vicente González si le examinan en un colegio privado y suspende cum laude si le juzga cualquier profesor del Ramiro, de cuando yo iba al Ramiro. El cuarto, Borracho, número 92, sufre las malas artes de parte de Briceño, que le quiere cobrar lo que sea que le debiese, sin que la pelea del toro sea épica, sino más bien a la retirada. El quinto, Verdadero, número 59, toma una emocionante vara de manos de Cristian Romero, en la que aprieta con fuerzas estando por dos veces a punto de derribar y es lanzado al relance a la segunda sin pena ni gloria, desatando la justa furia del respetable. El sexto, Plazuelo, número 22, cobra lo justo en dos puyazos de Tito Sandoval en los que se deja pegar sin más. A la vista de lo anterior no es descabellado decir que, en general, el encierro ha tendido más hacia la casta y la mansedumbre que hacia la bravura en el primer tercio.
La terna que contrataron para esta «domenica pomeriggio» estaba compuesta por Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez. Se daba la circunstancia de que ayer, día 3, se cumplían los treinta años de la alternativa del torero madrileño, que treinta años no son nada, y los más memoriosos recordarán que ése fue el histórico día en que Curro Romero, padrino de alternativa, frenó en seco los ímpetus de Uceda que se abalanzaba a abrazarle, tendiéndole la mano educadamente para darle un apretón de manos, hecho mil veces recordado en tertulias y tabernas como nunca visto y prodigioso. En homenaje a la celebración, Uceda se vino vestido impecablemente de blanco, con un precioso vestido muy similar al de aquel día, con el chaleco de oro cuajado de chorrillos largos de barriletes, pura elegancia.
El primero fue saludado con palmas al hollar la arena de miga de Las Ventas, por su impecable presencia. Uceda le recibió torerísimamente, sacándoselo a los medios sin una duda, sin un enganchón, burlando las tarascadas del toro con su capote y dejándole plantado en los medios con una torera media verónica. Lo mismo pasó con el segundo, lo primero la ovación y después Paco Ureña recetándole la firmeza de su capote y dejándole parado en los medios. En el tercero la cosa cambió, porque Borja se encontró con un aluvión de enganchones y topetazos en su capote, no consiguiendo llevar al toro más que hasta el tercio, donde lo dejó por imposible.
El lote de Uceda, como el del resto de la terna, se compuso de un toro que dio facilidades y otro que no. El de las facilidades fue el primero, Verdadero, pero ahí Uceda Leal no se encontró consigo mismo o no halló la corriente que le pusiera en comunicación con el toro, y el resultado de su encuentro no fue digno de pasar a los anales. El toro ni busca ni tiene maldad, pero Uceda no fue capaz de llegar a desarrollar sus temas frente a él. Su segundo, en cambio, era otra cosa: en banderillas canta a las claras que por el derecho no quiere nada y Uceda lo ve en seguida iniciando su labor ya con la mano en la zurda, tanteando las posibilidades del toro y sacando una soberbia serie de naturales plena de encaje, de mando, de temple y de torería, una perfecta sinfonía del toreo al natural que no tiene continuidad por las condiciones aviesas del toro y las dificultades que fue desarrollando. Lo intentó por el derecho para certificar que por ese pitón nada había que hacer y se perfiló a matar, recibiendo un tantarantán sin llegar a clavar y, a la segunda intentona, dejó la mejor estocada que se ha visto en esta temporada en la Monumental de Las Ventas por su colocación, por la lentitud de la ejecución, por la perfecta forma de marcar los tiempos, por la manera de hacer la cruz y de vaciar la embestida, por la colocación del estoque y por la rapidez en causar sus efectos letales.
El toro «bueno» de Ureña, pizarra y oro, fue el protestado segundo, cuyas posibilidades vio claramente el murciano, que brindó a la plebe. La parte mala es que el trasteo se tenía que verificar a la media altura para evitar la caída del animal, que si le ataca y le baja la mano se arma la mundial; la parte buena es que la calidad de la embestida del toro permitió a Ureña componer una obra muy completa en la que brillaron las cosas que siempre echamos de menos, como son la colocación, la cargazón de la suerte, la verticalidad, la torería frente al toro incluso en los tiempos muertos, el mando, la ligazón, la manera de agarrar el palillo de la muleta... lo que casi nunca vemos, en fin, en una faena a más que se remata al natural plena de garbo y maestría y que se emborrona con un pinchazo y un golletazo, que ya sabemos el refrán ese que dice que vale más un golletazo en la mano que cien buenas estocadas volando. Con el quinto se puso a la plaza en contra por su deficiente responsabilidad en cuanto al tercio de varas y como las condiciones del toro no tendían hacia lo halagüeño, tras el épico segundo tercio, abrevió su labor dejando media estocada que sirve.
De verde botella y oro se nos vino Borja Jiménez, a quien esperamos con ahínco recordando su actuación del 8 de octubre de 2023, por si se le cruza el cable y le da por volverlo a hacer, aunque la cosa apunta a que se ha pasado al lado oscuro, engatusado por esos Palpatine y Darth Vader taurinos que son Julián Guerra y Matilla y que aquello que nos encandiló y le puso en circulación hace tres años no lo volveremos a ver en esta vida. Su toro «bueno» fue el mejor de la tarde y su trasteo, que al lado de lo que acabábamos de ver a Paco Ureña estaba más próximo al suspenso que al aprobadillo, fue calando en las buenas gentes a las que les encanta practicar el vitoreo. Borja compuso una faenita ligera, de poca armazón y poco significado, con algunos naturales que podríamos reseñar si no vinieran detrás de los de Ureña y antes de los de Uceda, faena sin un final en la que deja una estocada entera y eficaz, ejecutada de zambullón, que puso en su mano la oreja de Mitotero. En su segundo, que era un catálogo de dificultad y de malas intenciones abrevió sin doblarse con el toro, sin tratar de castigarle mínimamente, de machetearle o de lidiarle: se ve que si el toro no es para dar pases y más pases ya no le interesa. Estocada tras pinchazo y fin.
La tarde ha sido también tarde de peones: Juan Carlos Rey, Iván García y Fernando Sánchez han dejado sobrados motivos para enorgullecerse de su oficio de toreros de plata.
***
Con esta entretenida tarde de toros doy por terminada mi temporada 2026. Para la segunda parte de la Feria de Otoño y para el esperpento del día 12 de octubre, reaparición en Madrid tras su retirada del Joker de la Puebla, les dejo con la autorizada pluma y el excelente criterio de Pepe Campos.
ANDREW MOORE
Para gente tan ingenua, más disuasorio que las pelotas de goma sería los guardias civiles agitando el mural de Sevilla o alguno de esos artículos de prensa que con citas de la canción del Cola-Cao hacen del muro de Ceuta el Peenemünde del fascismo español.
[Febrero, 2014]
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy hemos asistido en las Ventas a una sesión de MBA taurino de la que los jóvenes que se aproximan a la plaza en los últimos tiempos deberían sacar enseñanzas que les servirán, si perseveran en su afición. Lo primero hay que hablar de la impresa, que tuvo la ocurrencia de programar para este viernes esta corrida inexplicable en la que, con el señuelo de los toros de Victoriano del Río, echaron mano de lo que había por ahí para componer un cartel de bastante escaso interés en el que la entrada registrada obedece al abono cautivo más que a la expectativa que la tarde despertaba. Recordemos, antes de seguir, que Victoriano del Río este año ha andado vendiendo toros para los pueblos y para encierros por el campo, lo cual nos lleva a maliciarnos que parte de la camada se le ha quedado en la finca para el próximo ejercicio. Ahí suponemos que la impresa, que atiende por el nombre de UTE, habrá conseguido un precio más que asequible para la adquisición de los toros, y que don Victoriano del Río habrá aprovechado para soltar hoy seis prendas que no son de las que habitualmente se entiende por «los toros de Victoriano del Río». La buena noticia al respecto es que la corrida ha sido muy variada y ágil, seria y bien presentada, con movilidad y, como debe ser, con dificultades. La segunda parte, en lo relativo a la impresa, es lo de la elección de la terna: terna low-cost con un Emilio de Justo que va descendiendo escalones en lo que parece ser el lento ocaso de su carrera, un Víctor Hernández a quien se ve más perdido que un pulpo en un garaje y un Marco «Ugly» Pérez que venía a confirmar la alternativa que le dio el Gordito II en Nimes hace algo más de un año, sin que su nombre y sus gestas hasta ahora hayan sido grabadas en mármol. Esto nos lleva, dentro de este breve MBA de andar por casa, a considerar la poca estrategia del apoderado de «Ugly» de traerle a confirmar en este otoño, a doce días del final de la temporada, en vez de esperar un poco y preparar una confirmación de más postín en San Isidro, que, aunque no le rodasen bien las cosas en esa tarde, al menos le sirve para usar el señuelo de Madrid y conseguir algunos contratillos por ahí, mientras que el efecto de su posible triunfo de hoy habría quedado muy mitigado de cara a contratos, y qué decir tras su paso de puntillas por Las Ventas de esta tarde... La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice.
El único toro de los de Victoriano del Río que salió con un comportamiento acorde a lo que se esperaba de la ganadería de Victoriano del Río fue el primero, Despreciado, número 102, serio y bien armad...o que regaló estupendas embestidas, viaje largo y, sobre todo un pitón izquierdo de categoría. Este fue el toro de la alternativa, toro que hace bueno aquel dicho de Juan León (1778-1854) de que «hay toros que se llevan en un minuto todo el dinero de la temporada».
Con este toro, en algo menos de diez minutos, dio Marco Pérez la medida de su incapacidad, refrendando la pobre impresión que ofreció en la tarde de su presentación y despedida de novillero en Las Ventas. Anotemos un airoso quite por navarras y tafalleras como único activo del salmantino, que fue incapaz de ver las cualidades del toro, que las había cantado en el quite de Emilio de Justo y en la brega de Rafael González, de aprovechar sus posibilidades y de dejar en Madrid el sello de su capacidad como torero. Bien al contrario lo que ofreció nuestro «Ugly» fue un repertorio pueblerino, una secuencia de pases con olor a fritanga de churros y a procesión de la Virgen, una epopeya rural sin orden ni plan que hizo que la plaza le fuera volviendo la espalda, a medida que avanzaba su toreo de mulas y besana. Lo malo es que, probablemente, él estaba en la idea de que lo iba haciendo estupendamente, como atestigua el hecho de que a la muerte del toro, despedido este con una fuerte ovación, salió a recoger más pitos que palmas desde el tercio con cara de no entender nada. Sin duda hoy ha tenido Pérez enfrente a los dos toros de más presencia de todos cuantos ha toreado a lo largo de su aún breve carrera. Su segundo fue Ebanista, número 10, negro listón que recibió unas buenas varas de Alberto Sandoval, único picador que cumplió con decoro su función en toda la tarde. Este toro era la antítesis del primero, toro duro y exigente, de los que piden el carnet, que se fue haciendo el amo a medida que las habilidades del matador no eran capaces de plantearle una pelea de tú a tú. El toro toreó más que el torero y cuando se dio cuenta de que al otro lado del trapo había un muñeco que lo movía, su actitud cambió, haciéndose más dura su embestida y más peligrosos los envites. Marco Pérez estuvo a merced de las circunstancias y tuvo a la plaza con el corazón en un puño, porque la eventualidad de la cogida era más que una promesa. Lo mató de pinchazo y estocada de gran efectividad. A Emilio de Justo hay muchos espectadores que le aprecian y que le mandan recados llamándole por su nombre: «¡Emilio, haz esto...!, ¡Emilio, haz lo otro...! Y Emilio, elegantemente vestido de azul marino y todo el oro robado del Tesoro de Villena, incluso con esas admoniciones no llegó a ver clara su labor con su primero, Gorrión, número 116, y eso que Chacón lo bregó con maestría enseñando a su maestro las teclas del toro, pero él más bien prefirió transitar por los manidos senderos de la descolocación, la ventaja y el «fuerismo» que por los del encaje, la verdad y la posición donde mana el toreo. «¡Así no, Emilio, así no!», le increpaba un ATS desde lo alto de la Andanada, pero Emilio hacía oídos sordos y se justificaba con la solvencia que le dan sus casi veinte años de alternativa para andar sin decir nada y sin hacer el ridículo, dando sus pases de vaivén en el centro del ruedo y dejando pasar el tiempo, hasta que se cumplió la hora de la estocada y del aviso a su larga, trivial, labor. Su segundo, serio y profundo, fue Tallisto, número 114, toro que no daba facilidades, que para eso tiene enfrente a un tío que debe saber cómo manejar esa situación. El manejo de Emilio en este segundo consistió más bien en una repetición de los argumentos de poca ambición manifestados en el primero, la exhibición de un oficio más que suficiente y, entre medias, una tanda de redondos que levantó algo los ánimos del público, mientras duró. De Justo sabe que tiene aseguradas al menos dos o tres tardes en Madrid el año próximo y no parece apetecerle hacer alardes en este final de temporada si no lo tiene clarísimo. Con pinchazo y estocada se despidió de Madrid por este año.
Víctor Hernández está en un laberinto y se le nota. Tiene maneras demostradas y tiene una mano izquierda tocada por la divinidad, pero su carrera está atascada sea por lo que sea. Al verle en el callejón rodeado de El Víctor y Abellán recordamos aquél cuento de Ignacio Ruiz Quintano de uno que se llevaba a El Prado a un dependiente de Pinturas Borreguero para que le explicase las tonalidades y los pinceles empleados por Velázquez en Las Meninas. Su primero, Bochornoso, número 37, era el más feo de la corrida en lo tocante a toros. Fue bien banderilleado por Marcos Prieto, que siempre tiene la manía de tomar el olivo, lo que resta torería a su labor. Intentó Hernández el toreo a distancia, quizás sin gran convicción y después fue la cosa a menos sin que la emoción del trabajo del alcarreño llegase al tendido. Se atascó bastante en la cosa toricida. Su segundo fue Coplero, número 36, otro serio toro en esta tarde de toros, ante el que de nuevo Víctor Hernández no fue capaz de hacerse notar, acabando con él al segundo descabello.
Al margen caben aún dos notas de servicio interior: primeramente reiterar la fealdad de las fotografías que ilustran el programa. La de hoy probablemente sea la peor de toda la temporada, y eso que la cosa está reñida. La segunda es que la impresa ha tenido a bien adquirir una nueva chaquetilla para el señor que porta el cartel con las señas de los toros. La hombrera de la anterior, desgastada por los kilos del cartel, le daba al hombre un innecesario aire de pordiosero, acrecentado por la tristeza de su mirada. Ya que han cambiado las techumbres de los burladeros de gañote, lo mismo podían pensar en un cartel menos pesado, a ver si se le alegra un poco la cara al portador.
ANDREW MOORE