sábado, 29 de agosto de 2026

La llamada




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


En el descanso del Barça-Atlético, entre el “seny” de Luis Enrique y la “rauxa” de Simeone, Trump llamó a Mariano, que es como el padre de España.

Mariano hablaría en español (por chinchar a Mas y por hinchar el perro de los “midia” y la Academia con el bulo de la web en español de la Casa Blanca), y transmitiría a Trump los dicterios que le dedica el pueblo español, que tan malos ratos hizo pasar ya a Ronald Reagan y que, por culpa de Ortega, es de cultura germanófila, cosa de la cual el propio Franco, que no se veía nada ario, se quejaba a Pemán.
Germanófilos por machismo, por chulería –lo tranquilizaba Pemán–. Son germanófilos como corren delante de los toros en Pamplona. ¡Porque los alemanes les parecen unos tíos!
Si Zetapé agasajó a Obama con las “Capitulaciones de Santa Fe” (primero pensó en un grabado de Picasso de tres mil euros que no encontró), Mariano habrá agasajado a Trump con las memorias de Cebrián, para que vean los americanos lo que es montar en cuatro días una democracia en la barra (americana) del “Pigmalión”.

Y poco más podría ofrecer Mariano al emperador, con María Soraya, suponemos, al lado, tirándole de la manga para hacerse con el auricular “un momentín” y saludar a Steve Bannon. Si acaso, unas latas (latazos, más bien) de Consenso, que aquí nos sobra, y el truco para, aun teniendo muros (vallas de Ceuta y Melilla, que tampoco hay que ser Edwin Moses para saltarlas), presumir en alto de país sin fronteras, que yo creo que debe de ser verdad, o no le habrían retirado su pasaporte al chico de los Pujol.

¿Otras futesas? ¿Banalidades sobre tintes (el azul Rubén Darío de la barba de Mariano y el rubichi Ken del tupé de Trump)? No sabemos.

La pena es que el bulo del teléfono colgado estuviera ya quemado con la llamada de Trump a Turnbull, el primer ministro australiano, con lo bien que nos vendría hoy, para impresionar en el juicio a Mas, un “Mariano cuelga el teléfono al presidente de los Estados Unidos”.


[Febrero, 2017]

José Mourinho: "Yo no pertenezco a la tribu"





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    
Cuando mi hijo andaba por los 14 años, patinaba en Colón y tenía dos ídolos: Tony Hawk, el mejor “skater” del mundo sobre rampa, y el entrenador (¡un entrenador de fútbol!) del Chelsea, José Mourinho.

    
De Mourinho sabía uno por aquella tela de araña magnífica que fue, de pronto, su Oporto, y, para mí, ahí había quedado la cosa, hasta que el chavalerío madrileño del “skate”, liderado por un irlandés de Cork que se había hecho del Chelsea por Mou (¡mi primer mourinhista!), hizo que me fijara en el personaje.

    
¿Cómo puede ser que tu hijo venga cada día a casa con una multa de Gallardón (martillo de “skaters”) y un cuento sobre Mourinho?


    Y a Valdebebas, con el director de ABC, Bieito Rubido (albacea, por cierto, de los saberes del grande Arsenio Iglesias), y Tomás González Martín, fui para preguntarle únicamente eso a José Mourinho, el portugués “viril, seco, íntegro, profesional, competitivo y de una moral señorial” del que Hughes tiene dicho que es como un Nietzsche que se puede explicar en la escuela.

    
¿Cómo explica usted su fascinación sobre la juventud?


    Valdebebas huele a spa.

    
Uno espera dar con el campo de entrenamiento de la Compañía Easy en “Band of Brothers”, y resulta que el nido de águila de Mourinho es un spa mitad Redacción de periódico, con estantes para las noticias de los fichajes, y mitad oficina de Correos, con estantes para las cartas de los goles.


    Sala de jugadores, decorada con posters de estrellas madridistas en mueca y grito de “Apocalypto”.

    
Sala de ayudantes (Faria, Louro, Morais y Karanka), con actividad frenética, como de Houston en día de vuelo (la verdad es que en un rato vuelan a Granada).


    Y, al fondo, el despacho del jefe, ese tipo de “irresistible y agresiva brillantez”: periódicos portugueses e italianos (“en Italia me sentí muy amado”); una silueta de Mou con su dedo en alto (el dedo de Número Uno de Luis Miguel en Las Ventas); la fotografía de su llegada al Real Madrid (“aquí sí que era yo joven”); balones en lo alto de un armario; y humanizándolo todo, las fotografías familiares (esposa, hijos) y una Biblia.


    La Biblia (de tapas encarnadas) sobre la mesa de Mou.


    San Francisco jugaba con la Biblia a la ruleta: abría al azar una página y decía: “¡Así lo haremos!” Del mismo modo San Agustín dio con el texto que cambió su vida. Y Balduino, rey de los belgas, le contó a Ratzinger que en los momentos de apuro abría la Biblia y daba con la palabra que le indicaba el camino.

    
A don Santiago Bernabéu le hubiera vuelto loco (para bien) José Mourinho.


    Bernabéu decía que hablar de entrenadores era como hacerlo del sexo de las avispas. Su ideal era una mezcla de artista y científico. Y una figura sagrada.

    
A “pura filosofía” redujo Bernabéu el secreto del Madrid:

    
La Causa está por encima de todo. Cuando alguien traiciona la Causa hay que borrarlo definitivamente, sin contemplaciones ni sentimentalismos.

    
Dice Mourinho que sólo Florentino Pérez (“si quieres ser el más importante, tienes que entrenar al Real Madrid”) podía sacarlo de Italia y apuntarlo a la Causa. Ganar, ganar y ganar. Mourinho, o la voluntad de ganar. Entre empatar el Madrid y perder el Barcelona o ganar el Madrid y ganar el Barcelona, elige lo segundo. Que lo bonito, dice, no es entrenar al Madrid, sino ganar con el Madrid. Que él no ha venido aquí a ganar al Barça, sino a ganar con el Madrid, luego de haber aprendido a ganar en cuatro culturas diferentes. ¿Cómo jugar para ganar en cada país? Ése es el reto.

    
Mourinho persigue en su fútbol la emoción resultante de mezclar talento y corazón. Y presume de que, en sus manos, los futbolistas son mejores. En el alirón Casillas le reconoció el acierto de tanta exigencia. Y cuenta que Rui Faria le habló una vez de rebajar esa exigencia, y cómo al rato volvió y dijo: “Claro, que si no fueras así, nosotros no estaríamos aquí”.

    
“Aquí”. Los filósofos creen que existir no es otra cosa que la puesta en escena de una diferencia aquí-allí.

    
Mourinho defiende que quien trabaja aquí (donde Aquí es la Causa) tiene que ser un enamorado del fútbol y del Club.

    
Lo de Club ponlo con mayúscula, no se te olvide –decía Bernabéu a los periodistas.

    
Y si (como en su caso) uno no nace madridista, hay que absorber, insiste Mourinho, la historia y la cultura del Club y convertirse en un madridista. (Pienso en Pepe y en Cristiano). Por eso su ilusión es un estadio más festivo.


    Doce años de entrenador, ocho de ellos fuera de Portugal. Y feliz en Madrid. En familia. “Calladitos, como siempre hemos hecho.” Viviendo para el fútbol, mas no para el entorno del fútbol.


    –Yo no pertenezco a la tribu.

    
¿Católico? Sí. ¿Otra mejilla? Según. (El pacifismo cristiano del receptor de bofetadas se agota en el número dos, puesto que no hay tercera mejilla que ofrecer.)


    Manos grandes, muy masculinas.


    Uno va a ver a Mourinho con el prejuicio aquél de Richard Ford de que con los deportistas puedes estropearlo todo si les hablas en tu tono normal (les asustaría mortalmente, pues les demostraría que el mundo es más complejo de lo que les ha enseñado su entrenamiento).

    
Pero Mourinho domina la cortesía que habla de lo caballeresco, de las soberanías secretas de la sinceridad.

    
Si los jóvenes me reconocen es porque soy un joven de 49 años. Con fuerza. Con carácter. Y sin corrección política para esconder mis defectos.
    

Hay mourinhismo (blanco) para mucho tiempo, dicho sea para disipar el temor de Pedro Ampudia de que Mourinho pudiera ser un Ethan Edwards (“Centauros del desierto”) eternamente crepuscular, tras el que siempre se cierra una puerta.


[Mayo, 2012] 

Sábado, 29 de Agosto

 


Cerrado por Vacaciones
Nos fuimos a buscar el sentido de la Vida,
nos vemos con más fuerza el 1 de Septiembre

Rocanrol. Get The Water. Hoy, 18:30 PM. Into The Wild Festival.



@MarilynDiary



Wild hearts.
Open minds.
Unforgettable moments.





en la antigua finca de Chiddinglye: secuoyas gigantes, prados ondulados y claros escondidos en la frontera de West Sussex, a una hora de Londres

viernes, 28 de agosto de 2026

Quinta y última del verano madrileño. Christian Parejo nos hizo rejuvenecer medio siglo. Pepe Campos



Pepe Campos



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Jueves, 27 de agosto de 2026. Quinta corrida de toros (y última) del verano madrileño. Encierro de toros de Pedraza de Yeltes (encaste Juan Pedro Domecq —línea Aldeanueva—). Bien presentados, aunque desiguales en hechuras. Toros grandes, altos y largos, con buena encornadura. Primero, cinqueño, abierto de cuerna, con buenas perchas. Segundo, ofensivo y astifino, bien hecho. Tercero más terciado, bajaba en presentación. Cuarto, inválido, muy protestado. Quinto, enorme, alto, largo y hondo. Sexto, cinqueño, alto y largo. Nobles y mansos. Haciéndoles el trasteo por derecho desarrollaron embestidas templadas. Más de un cuarto de entrada. Noche de verano fresca.


Terna: Francisco José Espada, de Fuenlabrada (Madrid); de azul marino y oro; con cabos blancos; once años de alternativa; tres festejos en 2025, y uno en 2026; silencio tras un aviso y silencio tras aviso. Joaquín Galdós, de Lima (Perú); de perla y azabache; diez años de alternativa; siete festejos en 2025 y tres en 2026; silencio tras un aviso y silencio. Christian Parejo, de Chiclana de la Frontera (Cádiz), de rosa palo y oro, con cabos blancos; tres años de alternativa; cinco festejos en 2025 y ninguno en 2026; ovación tras aviso y oreja.


Suerte de varas: no se cuidó ponerlos en suerte para el caballo. En general se les picó con metisaca y se les tapó la salida. Más puyas caídas que traseras. Empujaron en el caballo, primero, quinto (en las dos varas) y sexto. Al segundo se le aplicó dos puyazos en la primera entrada. Con el quinto se utilizaron dos varas consecutivas en el primer encuentro (una de ellas se rompió). El picador Francisco Javier Fernández no tuvo reparo en hacerlo. Por el buen juego del sexto toro elegimos para ser descrita su pelea en varas practicada por José María González. Al tiempo de ponerlo en suerte para la primera puya, el toro se fue al caballo al relance, el hierro conducido por el picador se situó caído detrás de la cruz, se le dio metisaca, el toro empujó, sonó el estribo y salió al capote. Para la segunda vara fue mejor colocado, a tres o cuatro metros de la segunda raya, también en contraquerencia, el hierro fue situado del mismo modo, caído y tras la cruz, la reacción del toro fue salir de naja.

Buenos pares de banderillas de Iván García, Fernando Sánchez y Raúl Ruiz.


Todos los años cuando se acercan los festejos de verano en la plaza de Las Ventas se nos viene a la memoria (al recuerdo, ese bien que nos conduce en la vida) los festejos de cuando entonces, es decir, de cuando éramos jóvenes. En las tertulias taurinas de los bares madrileños, tras las novilladas y las corridas de toros, de manera permanente, en la época del ferragosto madrileño, se suele parlamentar de aquellos festejos de nuestra juventud, anteriores a la época de Chopera y en el mismo periodo de aquél empresario que levantó Madrid (Manuel Chopera) y lo puso en la cima de las temporadas taurinas. Antes, durante y después de la gestión de Chopera hubo carteles atractivos durante los meses estivales compuestos con toreros que buscaban el relanzamiento de su carrera y que toreaban, en esos envites, ganaderías de las llamadas duras (aquellas que las figuras no ven ahora ni en pintura). En las discusiones de esas veladas se hablaba, se habla, por parte de los aficionados más veteranos de aquellos toreros que triunfaban durante el verano y que reconducían su carrera, y que en ese momento nos regalaban con la mejor torería de su trabajado bagaje taurino.

 

Algo que era (lo que estamos contando) y es, cierto, aunque muchos otros aficionados (muy defensores del concepto «figura») solían o suelen desmentir; quiere decirse que negaban, y que niegan, que esos instantes de esplendor taurino fuesen reales. La memoria es muy caprichosa y egoísta, y manipulable; de hecho cuando llega el mes de julio siempre aparece la sorpresa de que «hace mucho calor», como si fuese la primera vez que sucede. El hombre es así, flaco de memoria. Si bien (podemos asegurar que) hubo un tiempo en aquellos veranos citados donde los toreros eran de raza, aunque modestos: puede ser, pero grandes toreros, con un planteamiento muy personal en su tauromaquia y con variedad en sus modos de exhibirlo. Sánchez Bejarano, Marismeño, Macareno, El Inclusero, Calatraveño, Raúl Sánchez o Sánchez Puerto, existieron. Y por qué no pensar en Joaquín Bernadó, Paco Ojeda o José Luis Palomar. Existieron y lo hicieron. Pero para demostrarlo tuvieron que ser contratados y poder medirse a las ganaderías duras de aquellos momentos. El Jaral, Luciano Cobaleda, Camaligera, El Pizarral, Cortijoliva, Prieto de la Cal o Jesús Trilla; y otras, que daban espectáculo genuino, verdadero y emocionante.


Muchos aficionados (y taurinos, es decir, los que viven de las figuras) niegan la memoria cuando les conviene porque siempre hay que defender al torero que manda (y si manda será por algo, ciertamente, y para lograrlo, es posible que mandaran antes o manden ahora cosas —antes en forma de sobres, ahora no sabemos, pues los tiempos cambian— a sus fieles publicistas, en forma de golosinas; puede que hoy en época de bonanza sólo sea el regalo de su voz o de sus promesas o de una evidencia mayestática pura. La verdad es que no sabemos cómo sucede este milagro de ver tirando del escalafón taurino a tanto matador de toros uniforme, insustancial, vacío, huero, sin alma, sin aportar sabor a su tauromaquia, sin preocuparse de la variedad, sin aplicarle nunca pasión torera; de no querer ser, de no querer demostrar, pero sí servir (ser útiles, consentir, condescender) al sistema vigente que sólo reserva sus prebendas para los (sus) elegidos (aquellos que valen para avenirse a la monotonía y no ambicionar). De este estado de las cosas mucha culpa la tiene el «aficionado» que se emociona con el «figureo», con el colorín y con lo cómodo. 


Otra parte de culpa la tiene el sistema (los empresarios, principalmente; también, los matadores de toros apáticos; los ganaderos de toros desrazados; y la crítica acomodaticia que se contenta con viajar y dormir en hoteles pagados, y preocupada de reñir al aficionado exigente, con un tipo de cronística al servicio del público orejero —léase en los medios generalistas o afines— y no con el fin de formar aficionados). No hay por qué extenderse en esto; es algo que se sabe pero no se quiere ni ver, ni reconocer. Mejor pasar a explicar lo que sucedió ayer noche. Ya que ocurrió que un torero, Christian Parejo, de pronto se sintió simplemente torero, y durante toda la función estuvo dispuesto a torear, a seguir las reglas más elementales de la tauromaquia (dar distancia a los toros, embarcarlos con verdad, cruzado, cargando la suerte y rematando los muletazos detrás de la cadera), sin olvidarse: de estar variado, en los lances, en los pases, en los adornos, y en los remates. De trasladar al público, su pasión y su torería. De darle alegría a la embestida de los toros, de buscarla y de encauzarla. Christian Parejo, ayer noche fue como un embajador del tiempo porque nos trasladó a aquella época añorada de toreros de verdad que querían serlo y demostrarlo. La consecuencia de todo ello es que nos regaló el elixir de la juventud y nos quitó a los aficionados veteranos medio siglo de encima. Salimos de la plaza de Las Ventas rejuvenecidos.


Christian Parejo, a su primer toro, el tercero de la noche, lo saludó —un toro ligero y templado al que había que entender— con lances al delantal y una buena media. No vimos en ello el preludio de nada. La cosa se fue construyendo poco a poco. Con la muleta en la mano sacó al toro, desde tablas al tercio de los tendidos ocho y nueve, con pases por alto con apostura. El toro necesitaba la muleta adelantada y mando. Parejo le dio distancia (lo mejor de su fresca actuación) y a media altura le sacó tres buenos redondos rematados con el de pecho. En la segunda tanda en redondo, hacia el final los muletazos le salieron más conseguidos. Al cambiarse la muleta de mano para torear sobre el buen pitón izquierdo del toro, mantuvo la apuesta de la distancia, pero le faltó mando. En los siguientes naturales consiguió muletazos de buen trazo y con aroma de toreo de verdad, más el de pecho como cierre. Ya ahí vino el repertorio de ayudados, molinetes, pases de la firma que cerraron esa parcela del trasteo. Remató luego la faena transmitiendo alegría, toreo bueno por bajo y buenos remates. De su labor es difícil ir describiendo los pases porque aplicó, no solo variedad, sino ingenio, atrevimiento y chispa. Mató en la suerte contraria de una estocada caída de sopapo y el toro huyó a tablas del tendido cinco, donde Parejo tuvo que emplearse en cinco descabellos. 


En el sexto de la noche (un toro de Pedraza de Yeltes, con temple, no fácil) es cuando el torero de Chiclana (nos pareció verle con mucho sabor de ese sur español) elevó el listón. Con el capote dejó una buena media. Y con la muleta inició su trabajo por alto, con cadencia y con tono pinturero; algo despegado, si bien con donosura. En el toreo con la derecha (en la segunda raya del tendido nueve) se fue creciendo en pases por abajo y de enjundia (aguantó con valor y quietud una tarascada del toro y fue la clave de su imposición sobre el mismo). Un cambio de mano y un pase de pecho fueron mayúsculos. Al natural, la muleta por delante, dos de ellos canónicos y buenos. Por abajo y el de pecho. En el tendido ocho, entre rayas, planteó un final con naturales de frente excelentes, todo con sabor y determinación. Con la pierna de salida donde debe estar, por delante, hacia adelante, al trazar el pase. Mató mal en la suerte contraria, de media caída y estocada contraria, tendida y perdiendo la muleta. La oreja ganada muy merecida.


Francisco José Espada, no pudo con su primer oponente de Pedraza de Yeltes, un toro que pedía ser conducido, al tener la tendencia de quedarse corto. Si se le llevaba con pulso mantenía la embestida, pero si no, la acortaba. La embestida del toro corta pero templada. El toreo de Espada (un apellido mal puesto) con empeño pero sin logro. La muleta retrasada. Le faltó gobierno sobre el toro, aunque no fuera fácil conseguirlo. Lució en los pases de pecho, algo que se suele ver mucho. Fue buscando el arrimón. Mató en la suerte contraria de pinchazo soltando y de media baja y atravesada, más dos descabellos. Ante el cuarto toro poco pudo hacer Espada pues fue un ejemplar inválido, muy protestado. La faena no pudo hacerla porque el animal perdía constantemente las manos. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y en la contraria de estocada caída y desprendida, más tres descabellos.


Joaquín Galdós, no estuvo en son de poderle a un primer toro suyo (el segundo de la noche) ofensivo. La faena fue de más a menos. No pudo conseguir pases templados que el toro tenía escondidos si el matador exponía. El astado poseía un buen pitón derecho, pero imponía. Mató en la suerte natural de estocada desprendida, algo caída. Ante el quinto de Pedraza inició su labor por bajo, y con la muleta retrasada no consiguió sacarle partido. El toro era un gigante (estilo Polifemo) y Galdós no pudo emular a Odiseo. Medios pases. Mató en la suerte contraria tras dos pinchazos y media baja atravesada, más dos descabellos. 


El Pino-Roble o Roble-Pino


Paco al pie del pino-roble


150 años lleva el pino en las entrañas del roble


Robles juntitos cuchicheando


Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Desde antes de la peste que vino de la China, vulgo pandemia, no había ido a ver el pino-roble de Canicosa de la Sierra, que en verdad es el roble-pino, pues fue antes el roble que el pino. Dicen los canicosos que no hay cosa igual en el mundo. Que es único. Que un roble que ya andará por los tres siglos se "empreñara" hace uno y medio de un pino albar y ambos sigan vivos para admiración de quien los mirare es fenómeno no sólo asombroso sino grandioso y sensacional. Llevé a Paco a ver los pinos y los robles de Vilviestre y Canicosa. A él, que dice pinus sylvestris y quercus robur sin pedantería y con la emoción que sólo unos pocos privilegiados están capacitados de sentir, como luego le pasaría ante el sabinar de Moncalvillo, sucumbió ante tanta belleza. "Ya me puedo morir", decía Paco en el robledal. Robles venerables los de Canicosa por edad, inquietantes porque parece que vigilan, eróticos y hasta pornográficos porque su sombra invita a placenteros retozos. Por aquí vio Nuño Salido las cornejas de mal agüero y el águila anunciadora de muerte de los Infantes de Lara y es circunstancia la del romance que a Paco le da un poco igual mientras no para de mirar y remirar el vigor del pino y la maternidad del roble. "Se está inclinando el sylvestris por la altura y puede abrir en demasía al roble. Seguro que lo dañará."


     Nada más salir de Canicosa por la carretera que lleva a Navaleno se ven robles que parecen platicar entre sí, unos como pelando la pava, otros quejándose del nocturno ululeo del búho entre sus ramas... y ancianos los más, que andan por los trescientos años, imponen con un silencio que procura abortar las malas intenciones "del hombre blanco", como dice Paco. Allí está el roble-pino... o el pino-roble, como ustedes quieran para darles paz y sosiego natural.

Floper, ostinato








Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Florentino Pérez es Floper para las redes sociales y “ostinato” para el tercer madridismo, o madridismo por él refundado, tras el madridismo primordial de Bernabéu y el madridismo caótico de Mendoza y Lorenzo (Sanz), más un “flashback” de madridismo pachanguero (de Pachá) a cargo de un senador de Massachusetts que era de Palencia.


    Dicho en lenguaje wikipédico, “ostinato” (del italiano “obstinamento”, o empeño en repetir lo mismo: zidanes y pavones) es una técnica de composición musical que caracteriza a esa melodía del florentinismo que mece a los piperos y que hipnotiza a los ases del balón.

    
Con un balón no posa Florentino Pérez desde el 2000. El fotógrafo, Ignacio Gil, que se ha venido con uno de la tienda del Real Madrid, insiste. Nada.


    Estamos en la sede de ACS en Chamartín, entre la iglesia de los Alemanes y las cuatro torres de la Ciudad Deportiva, Figo, Ronaldo, Beckham y Zidane, el hombre finalmente destinado a interpretar la melodía florentina con un toque de “rabab”.


    En la acera hay una puerta entreabierta de Cristina Iglesias, como de entrada de los fichajes y salida de los descartes, aunque no sé si será ésa la puerta por la que haya salido Mou, que se ha ido por su mujer, se nos dice, que su mujer no aguantaba más Madrid (desde luego, un Madrid, para ella, canalla y feo), y que ya sólo vive a gusto en Londres, donde Mou, se nos sigue diciendo, va a añorar mucho, mucho, mucho las instalaciones de Valdbebas, donde Floper tiene proyectado un Disney del Madrid, que tendrá su copia en Pekín, y no cuesta figurarse a los chinos haciendo su Pilates con un video de Rui Faria.

    
El ascensor que lleva a la planta presidencial tiene diseño de ojo de cerradura, como la marca de picar en las corridas de concurso, de modo que el viajero, al llegar, ya sabe que ha de pelear contra un peto.


    ¡Como para sacarle un titular a Florentino!


    Las alfombras tienen el corte más alto que el césped del Bernabéu (no me imagino a Xavi firmando aquí un contrato) y en la decoración hay un aire muy Pepe Cobo (seguro que aquí ha estado Pepe Cobo), con una arpillera de Millares en una estancia, las torres incendiadas de Poniente sobre la nieve de la sierra (¡a 31 de mayo!) en la ventana, y en la sala de juntas, un imponente Tàpies, el pintor que sabía posar con cara de indio tomando bicarbonato.

    
“Tàpies, ostinato”, tituló José-Miguel Ullán un texto-pretexto de aquel genio con “los pies en la tierra”.

    
Pues ni que decir tiene que en el colosal Tàpies del florentinismo, donde todo, como se ve, es “ostinato”, hay el pie y la cruz de Tàpies, que podrían ser el emblema de la presidencia madridista, entre el desconcierto (¡hacerse cruces!) por la marcha de Mou y la poligrafía de las pisadas de la Historia en el Bernabéu, donde cada huella tiene una fijeza abisal.

    
De Mourinho he aprendido exigencia e intensidad. Quizá se pasó con los jugadores, pero es que consigo mismo también lo es.

    
En la mesa de Mourinho había una Biblia y en la mesa de Floper hay una Memoria contable del club.

    
Se ha ido Mou y, en lo que vuelve (la juventud blanca cree en la segunda venida de Mou –“In Mou we Trust”– con el mismo optimismo que la juventud yanqui cree en la segunda venida de Jesucristo), el madridismo espera estrellas y mira a la chistera de Floper, que tiene un labio partido de estamparse, de niño, en una valla del Bernabéu al tropezar cuando corría para celebrar un gol.


    ¿Quién celebrará goles en el Bernabéu el año que viene?


    Neymar no viene “para no alterar el ecosistema económico del club”, la cantera se ha quedado en nacionalismo para pobres y el mercado es un zoco de los días de Marco Polo atestado de jeques árabes, magnates mongoles y plutócratas chinos.

    
En resumidas cuentas: hay chistera (¡oh, aquellos ojos espirales de la serpiente en “El Libro de la Selva”!), pero faltan conejos (blancos).


    –En el 2000 el Real Madrid estaba en quiebra y hoy “Forbes” nos señala como club más rico del mundo.
    

Floper habla del Real Madrid con la inmodestia (bendita sea la inmodestia, siempre que se hable del Real) del gran coleccionista que hubiera comprado un vagón arruinado del Orient Express y lo hubiera transformado en un  Burj Al Arab con encanto.

    El resto es cosa de Zidane.


[Junio, 2013] 

Viernes, 28 de Agosto



Una cuestión ontológica

 

jueves, 27 de agosto de 2026

Ese hombre



 Gerundio acompañado del Provincial y su comitiva,
 de sus Padres y Padrino, pasa a tomar al abito
 en un Convento de su Orden


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Un hombre con un cuchillo en la mano cae abatido al entrar a una comisaría de Cornellá al grito de “¡Alá es grande!” ¿Qué era ese hombre?

    La versión oficial del diario gubernamental fue un modelo de delicadeza:
    
Los mossos matan a un hombre que entró en una comisaría con un cuchillo y gritó “Dios es grande”.
    
En un periódico cuyos colaboradores pata-negra escriben “dios” con minúscula (fray Gerundio, libro de estilo de ese periódico, recomendaba la minúscula para nombrar las cosas pequeñas), ese “Dios” con mayúscula supone un reconocimiento de grandeza, pero deja caer la sospecha hacia el lado cristiano, como si ese hombre de Cornellá hubiera ido a la comisaría para protestar contra todos los plumillas cursis que se creen volterianos sólo por escribir “dios” en vez de “Dios”.
    
Dios, ya lo sabemos, es lo mismo que Alá, pero, por si acaso, ese hombre de Cornellá dijo Alá, y los mozos lo abatieron, lo que demuestra que es más fácil cruzar la valla de Ceuta con una motosierra y un puñín de cal contra los guardias civiles que entrar a una comisaría de Cornellá con un cuchillo contra los mozos de escuadra.

    ¿Qué tienen que decir en Proporciones Marlasca, los que quitan las concertinas de Ceuta, de los pistolones de Cornellá? Marlasca tiene un jefe, Sánchez, que felicita el Ramadán y llama “juerga gastronómica” a la Asunción. ¿Corre peligro Sánchez, si, con sus pintas, entra a una comisaría diciendo “As-salam aleikom”?

    Ese hombre de Cornellá ¿era blanco? La pregunta “no es baladí”: una feminista muy “bildu”, discípula de Susan Sontag, la filósofa de melena torda que descubrió que “la raza blanca es el cáncer de la humanidad”, repite en Twitter, “porque no os enteráis”, que “las feministas no nos defendemos de las violaciones de inmigrantes”, que lo suyo “es una guerra contra el hombre blanco solamente”.

    Entonces la pantalla amiga arroja una luz que oscurece más el camino:

    –La mujer del atacante de Cornellá declara que él quería suicidarse por ser gay.


[Agosto, 2018] 

Hughes. Real Madrid, 4-Real Sociedad, 1. Primeros logros de Mou



Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

El gusto de ver a Mou. La tranquilidad de tenerlo ahí. Igual que apetece ver películas de Bogart por verle fumar, llegar, poner cara de pocos amigos. La gabardina de Mourinho sería el suetercito que lleva sobre los hombros y quizás ese anillaco un poco gitano que luce como una promesa.


Es Mou, y Mou gusta por el mero hecho de ser él. Le vemos y sentimos el paso del tiempo. El gran país de las canas, la común ideología de las canas.



Pero era mi primera vez este verano y además de ver a Mou se vieron cosas, diría que bastantes.


Lo primero que se vio en el Madrid es una caja en el centro del campo: por abajo, Bernardo y Valverde; por arriba, Güler y Bellingham. Después, tacklings de Bellingham, segadas, piernas bien metidas, jugador por los suelos, y junto a él, la velocidad sobre la velocidad que añadía Valverde, también muy hecho al sacrificio.


Hay algo distinto en los futbolistas. Se percibe en Huijsen, incluso en Camavinga, que no era titular, y que de lejos tiene la determinación de un Davids. Los jugadores del Madrid dejan señales de una nueva determinación. Diríamos que la comedura de coco de Mou ya surte efecto.


Ya ha conseguido activar la intensidad, que los jugadores entren fuerte y jueguen rápido, como con instrucciones precisas, sencillas; el corazón del equipo lo pone en Jude y Valverde, los box to box, dos torrentes de fútbol que le dan al Madrid ritmo defensivo y eso que llamábamos dinámica. Valverde pone la velocidad a la velocidad. ¿Por qué no aceptamos que así es este Madrid y que está bien? El ataque aparecía cuando ellos robaban y el juego tenía el sentido de su estampida, de su ser impetuoso.


Cuando ellos robaban o interceptaban un balón, la espera en (digamos) bloque medio, se convertía en chispazo de fútbol, en verticalidades que nos querían sonar, que no eran las grandes contras mourinhistas aquellas, pero sí líneas de un fútbol más directo.


En esos minutos nos queríamos mentalizar, olvidar definitivamente el fútbol español, el toque Rodri-Pedri: el Madrid será orden y agitación, espíritu de zafarrancho.


Pero cuando eso quedaba claro, ese pacto de los frenéticos con Mourinho, pasó otra cosa: el Madrid inició unos minutos de toque, empujando a la Real en su área, y ahí vimos como una nueva ciencia del bloque bajo. El Madrid mostró una disposición a atacarlo mejor, con más paciencia.


Aquí se activaban los otros dos medios: Güler y sobre todo Bernardo, que subía inclinado hacia su habitual lado derecho. El viejo Madrid de las estrellas quedaba en la izquierda, y por la derecha brotaba uno distinto, bajito, trenzado, afecto a la pelota... Surgía otro Madrid que pasaba con más paciencia y que le abría a las estrellas (Vini, Jude, Mbappé) un horizonte.


El habitual atasco de ellos por la izquierda, ese fútbol sin espacio y puramente individualista, era aliviado por el surgimiento de otro frente en la derecha donde pisaba Bernardo, futbolista fabuloso, buscando a Güler, aun errático los primeros minutos. Por allí rompía o irrumpía Dummfries, jugador de enorme trapío y muy concentrado (tanto que es ceñudo, uno de los jugadores más ceñudos que se recuerdan).


O sea, al triángulo de las Bermudas de los dos últimos años en ataque estático (o, en tactiqués, bloque bajo) se le sumaba otra cosa posible, alternativa, remediadora, hecha de clase, pausa, y fútbol de espacios muy pequeños. O sea, se vislumbró, aun en formación, una nueva manera contra el bloque bajo. Por supuesto, la importancia de Bernardo Silva es absoluta. Se le tiene que ir mimando desde ya.


Ese otro polo de fútbol nuevo, distinto y complementario era el continente al que llevaban los pases de Kroos.


Había pocas llegadas aun y hubo una pájara, minutos en los que el Madrid esperaba y miraba, no descompuesto pero sí poco capaz del robo.


El temperamento mourinhista ya se nota, la primera conexión la ha logrado Mou con Jude y Valverde, convertidos los dos en los cigüeñales del Madrid. Su fútbol directo, franco, poco reflexivo e inmediatísimo, se realza, se aprovecha, cobra sentido en un todo que va cogiendo coherencia.


El gol llegó de una vertical típica valverdiana, en cuesta abajo, y Mbappé controló con uno de esos toques con los que, a la vez, alarga la jugada, supera al rival y prepara el tiro. Mourinho hace my bien en recordar y explicarle a la gente (pues la gente... ay la gente) que Mbappé es “histórico”. Igual que ha puesto nombre a lo que sufre Vinicius, trata de dar a Mbappé la importancia debida.


El Madrid se vino arriba con el gol, se sumó con un par de acciones Konaté, pletórico, gigante, armariesco, aunque luego cediera un rechace para el empate de la Real, sentido como una vuelta a las andadas de fragilidad de Huijsen, objetivo injusto del realizador televisivo, y de Carreras, sustituido en el descanso por un indiscutible Cucurella que reconecta el lateral con Marcelo.


Bellingham y Valverde habían puesto los robos, la intensidad y los lanzamientos de fútbol, pero faltaban Bernardo y Güler, y bien que aparecieron tras el descanso. Con Cucurella había un triángulo de salida muy serio junto a Huijsen y Bernardo Silva, y en el inicio mismo del juego estuvo el portugués seguro y tranquilo (jugador capaz de jugar andando) mejorada también su brega defensiva.


Güler dio muy pronto un pase de los suyos a Mbappé. Pases tan buenos que casi se le enredan al delantero entre las piernas, que le quieren llegar en el apogeo de la carrera. Esos pases dan relieve, dibujan su velocidad, que de otra forma queda perdida. Son como el boceto, el bosquejo de una forma.


El Madrid cogió la pelota, superó la presión de la Real y corrió. Y se vio que sobre lo del año pasado, conservado, aparecen otras cosas, estructuras nuevas que dan mayor riqueza y complejidad al equipo.


Mbappé marcó el 2-1 en una pared muy bonita con Bellinghan. Los dos en forma y comprometidos, líderes de alguna manera.


Pero fue el 3-1 el clímax de la noche. El Madrid robó, por Konaté, y al hacerlo tan arriba el fútbol se le hace peligro. Bellingham la cogió, buscó chutar, bregó, robó y asistió a Vinicius protegiendo el balón con su largo y fuerte pataje como de caballo.


En la segunda parte se vio claro que será el líder del equipo, uno de sus ejes o su centro. En él nace la delantera y se comprime la media. Se le vio ordenar, con gesto lleno de psicología, la defensa de Vini.


El gol (de Vini, en simple remate) fue emocionante por su lucha, su empeño y se vio en la cara de Mou, que se levantó enérgico y con algo de la vieja pasión (casi violenta). Mou la conserva sin necesidad de dejar a su mujer.


Jude, ovacionado, con sensaciones de su primer año, fue sustituido por Camavinga, que no lo hizo mal (convencido de que triunfa). Güler, que se había redimido con un buen segundo tiempo, dejó el puesto para el rapidísimo Brahim.


Aun saldría Espí, que ha caído de pie y Diomandé, que por la izuierda regateó con una ligereza de danzarín. Extremo africano, de posibilidades sorprendentes. El Madrid marcó el 4-1 tras una maravilla de Vini (el regateador dio paso al goleador que se rinde ante el pasador) con picadita suprema de Mbappé. Esa picadita nos hizo pensar, por caprichos de la mente ya machucha, en Esther Expósito.


Rota ya la Real, que mucho aguantó, los goles sirvieron para sumar estadísticas los de arriba. La cohabitación parece mejorada. Mourinho está haciendo algo que ni creíamos posible: Vini muy abierto, Mbappé participando , detrás Bellingham, o mejor, en todos lados Bellingham y Güler por la derecha o desde la derecha, donde siempre jugó Bernardo Silva, que ahora la saca tranquila, con flema absoluta, vitinhizándose. Ha logrado el primer milagro. No sólo cabían todos, sino que pueden brillar. Y (magia mourinhista) estando todos bien, casi felices, hacen nacer un conjunto. 

Jueves, 27 de Agosto

 


Villanueva

miércoles, 26 de agosto de 2026

Libido dominandi

 

Cuca Gamarra


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Dos ruedas de prensa (invento español de la época de Dato, nada que ver con el “Ojo al dato” de García) y dos fogonazos de magnesio que nos tienen ojipláticos (como a los vecinos de Ohio cuando John Holmes se quitaba el batín): Perico Sánchez, “el que siempre tenía razón” (como Stalin), y Cuca Gamarra, que se ve a sí misma como a Livia, la de Augusto, con el cesto de higos, pues atribuye su soltería a que su Poder cohíbe a los hombres, como ya barruntaba el gaditano Vargas Ponce, marino y satírico, en su “Proclama de un solterón”, de la que José-Miguel Ullán nos legó una cita: “Yo busco una mujer boca de risa, / guardosa sin afán, franca sin tasa, / que al honesto festín vaya sin prisa, / y traiga entera su virtud y gasa: / no sepa si el sultán viste camisa, / mas sepa repasar las que hay en casa: / cultive flores, cuide pollas cluecas, / despunte agujas y jorobe ruecas”.


    –La Constitución nos pide diálogo, no venganza –dijo en una rueda de prensa Sánchez, preguntado por el indulto a los golpistas, y parecía mirar de reojo a los de la Manada, mediáticamente aplastados por el “sano sentir del pueblo” (“gesundes Volksempfinden”) generado por la voluntad del Partido (“Gauleiter”) de Franz Gürtner.
    

Cada uno es responsable de sus actos –dijo en otra rueda de prensa Gamarra, preguntada por los atropellos a Abascal en Ceuta, algo que no llegó a decir Gonzalón cuando volaron el coche de Aznar, que se contentó con no visitarlo.
    

Es la “libido dominandi” agustiniana, concepto tomado por Voegelin para estudiar los secretos del instinto totalitario. La “libido dominandi” hace que Sánchez vea en la Constitución a Don Mendo y la “libido dominandi” hace que Gamarra vea en la algarada de Ceuta la ética de la responsabilidad de Weber, pero a la riojana.
    

Ya estamos en Haro, que se ven las luces –decían los riojanos en el tren (Haro fue la segunda ciudad, detrás de Jerez, con alumbrado eléctrico).
   

 “Metafísico estáis”, dice Babieca. “Es que no como”, contesta Rocinante. España.


[Mayo, 2021] 

Feria de Bilbao. La de Dolores Aguirre (con la muerte de Belmontito). Andrew Moore

 






ANDREW MOORE












Ferrera


Castaño

FIN