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lunes, 23 de julio de 2018

Los uros de Arsuaga

 Uro
Animal útil al hombre por su fuerza, por su carne y por su leche (El Juanito)


En Salgüero de Juarros proporcionan las señas de la punta de míticos bicornes que Arsuaga (el de "nosotros, los intelectuales") cría aquí como hubieran querido hacer los hermanos Lutz y Heinz Heck
 ("eliminando lo anterior") cuando Goering montó su ganadería en el Bosque de Białowieża (Polonia)






Fotos: R.S.M.

Lunes, 23 de Julio


Rosa por las veletas

domingo, 22 de julio de 2018

Fabio




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Españolito que vienes al mundo te guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarte el corazón, y a Fabio McNamara ya se lo han helado las dos.

Lo de las heladas es lo que lleva al dictadorzuelo Sánchez, un presidente que nadie ha votado (las tiranías, recuerda Gray, empiezan como festivales de los deprimidos), a decir que Machado es soriano.

¡Loca! ¡Drogadicto! ¡Cómo están las cabezas!
Asombra comprobar que esos piropos que en los 80 las beatas fachas de la calle de la Palma (uno vivía en el número 38) dirigían al Fabio de la Factory de Casa Costus son los mismos que las beatas progres dirigen al Fabio del Valle de los Caídos, Ángel Caído, ¡ay, Jesús!, de la Movida, ocasionando en este país de palurdos encabronados un tumulto como el de Sodoma, con arreglo a la maldición del hermano del sevillano Juan Guerra: “El que se mueve, no sale en la foto”. Es decir, en la colaboración, en el twitter, en la tertulia.

En la parábola de Dostoyevski el Gran Inquisidor le dice a Jesús en Sevilla que la humanidad es demasiado débil para soportar el don de la libertad:
Hemos corregido tu obra, fundándola en el “milagro”, el “misterio” y la “autoridad”. Y los hombres se alegran de verse otra vez conducidos como un rebaño y libres del don abrumador que los atormentaba.
De Sevilla, precisamente, me envía Alfredo Valenzuela, subrayado, este párrafo de las memorias de Carlos Luis Álvarez, el Cándido carbayón: “Como en el franquismo se había escrito bien (Pemán, Foxá, Herráiz, Sánchez Mazas, Serrano, Montes y por ahí seguido), la libertad se identificaba con la ignorancia. Los que no sabían escribir tuvieron su gran oportunidad hasta hoy”.
Ahí está explicado el desierto literario (¡y todos los demás desiertos!) de la Santa Transición, que nos tiene como moscas en un vaso con su ir y venir del antifranquismo franquista al franquismo antifranquista.

La democracia –dirá Cándido– va a acabar siendo un lujo monárquico.

Y eso, Fabio, ay dolor, que ves ahora, ha sido.

Domingo, 22 de Julio


Ahogada entre las yedras

"Vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma"

DOMINGO, 22 DE JULIO

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo:

-Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Marcos 6, 30-34

sábado, 21 de julio de 2018

Un Taxi



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Con Montero por montera, Cervantes, que da nombre a un Instituto que persigue el español en el mundo (lo demostró Alberto Buela hace un año en Santo Domingo de la Calzada), pues de perseguirlo en España se ocupa el propio gobierno.
Mas a quienes dicen que este gobierno es el infierno diremos que, para Rimbaud, lo pavoroso del infierno no es el fuego, sino que allí no suene nada (“plus aucun son”), y todos los nombramientos de Sánchez nos suenan: Rosa María Mateo, García Montero
Granada era una corza / rosa por las veletas.
Sin votar, ya tenemos un ministro de Cultura que no sabe hablar el español y un director del Cervantes que, “a ver / haber”, no sabe escribirlo, pues es poeta de un solo verso (“Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi”), que inspiró una copla popular: “Almudena, mi Almudena, / ¿dónde vas, triste de ti? / Voy a ver si cojo un taxi / que me ha fallado Luis”.
Como Rubén, Montero tiene horror a la pobreza, y en los parnasillos lo llamaban cariñosamente El Trepa, pues, yendo de ateo, matrimonió en la parroquia madrileña de Nuestra Señora Flor del Carmelo, obra de Fisac, y “pegó” un Pregón del Corpus en Granada, de mayor relevancia económica que teológica, si se tiene en cuenta lo que Gustavo Bueno explicó a Hughes: la Iglesia topó con Galileo por el atomismo (¡no por el geocentrismo!), que dificultaba el dogma de la transustanciación, y temía la negación del Corpus Christi, esencia del catolicismo.
Pero un día el ministro Ordóñez dejó de considerar el Corpus como fiesta obligatoria. “Esto es la revolución”, pensé. ¡Y no se han dado ni cuenta!
Montero, en fin, “inquieta gelatina, coco poroso” (Ullán), es hombre de Régimen y poeta de la Experiencia (“poesía social”, cuando Franco), y si todas las anacreónticas de Horacio o Catulo no son más que “la poesía de unos tiempos en que el vino estaba barato”, el verso del señor de Almudénez, como decía José Hierro, no es más que la poesía de un comunista de café a quien el Estado paga los taxis.

Sábado, 21 de Julio


Y los arcos rotos donde sufre el tiempo

viernes, 20 de julio de 2018

El Jalifa



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Si decimos que en España lo que falla es el habitante no es a humo de pajas. Don Claudio Sánchez-Albornoz, por ejemplo, siempre dijo que con la República acabó la Revolución de Octubre (Largo y Prieto).
Ella y la “vehementia cordis” que Plinio atribuía ya a los españoles.
Ahora la “vehementia cordis” del sanchismo podría desenterrar a don Claudio, que está en el claustro gótico-cisterciense de la catedral de Ávila (¡la cuna de Casado!), bajo un hermoso epitafio: “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”.
Jean Palette nos recuerda la “vehementia cordis” que vio un paisano suyo, Bartolomé Joly, limosnero del rey de Francia, de visita en 1603 con uno del Císter: “Entre ellos los españoles se devoran, prefiriendo cada uno su provincia a la de su compañero, y haciendo por deseo extremado de singularidad muchas más diferencias de naciones que nosotros en Francia”.
Es su conversación ordinaria. Y si aparece un castellano entre ellos, vedles ya de acuerdo para lanzarse todos juntos sobre él, como dogos cuando ven al lobo.
España, según el 78, se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, pero eso son tautologías, pleonasmos y solecismos ideológicos, pues ningún Estado es individual, ningún Estado es democrático (la democracia no es una forma de Estado, sino de gobierno) y ningún Estado carece de leyes.
En realidad España es un protectorado de Cataluña, con Puigdemont de Alto Comisario, y Sánchez, de Jalifa. ¡Pedro el Jalifa!, llegado al mando por un golpe de Estado de Partidos (lo de Hitler en Weimar) para poner en marcha el programa filantrópico de Soros, sapo Simpson de todas las fábulas en este jardín de infancia.
El Jalifato petrino blinda su “izquierdismo” con sinsentidos que hagan imposible la crítica e impone la nueva “lingua franca” (Scruton) de las humanidades, el galimatías, que ve en los “Principia” de Newton un manual de violación (Harding) o en e=mc2 una ecuación sexualizada (Irigaray). 

“Eleuterómanos” somos.

Resurrección



Hughes
Abc

Fabio Mcnamara ha sido tachado de loco y enfermo por sus últimas manifestaciones sobre el Valle de los Caídos.

Habría que recordar, para empezar, que el Valle de los Caídos es un lugar relacionado con la Movida. Los Costus tienen una serie de pinturas con el tema del Valle. En uno de los cuadros sale Tino Casal con la gran cruz de fondo. Es una cruz kitsch, un Valle kitsch, no político, trascendido por el humor y el arte. Mcnamara conoce bien esas pinturas. El Valle y la cruz como lugar de profundas resonancias místico-poperas. Fueron la llegada al Valle de los Caídos de los divos, el color, el pop, quizás la primera revisión de ese lugar. Luego vendría la revisión política sucesiva. Pero los Costus fueron quizás los primeros.


Las manifestaciones de Mcnamara son más ambiciosas. Los de TV3 se fueron al Valle el día 15 a retratar españolazos y el resurgir del fascismo, tema que les obsesiona demasiado como para pensar que hay algo de deseo en ello. Allí se encontraron a Mcnamara envuelto en una bandera española con el águila de San Juan. Alguien le avisó para que la ocultara: era delito su exhibición. La manifestación contra la exhumación de los restos de Franco adoptó, para ser legal, la forma de la peregrinación. Algo parecido hizo Mcnamara, que no se opone a lo que él llama la “Ley de Revancha Histórica” por motivos políticos sino religiosos. Mcnamara habló de otra cosa, Mcnamara habló de la Resurrección de Franco. ¿Es delito creer en Franco como Enviado de Dios? ¿Es delito en un país con libertad religiosa creer que formó parte de una Guerra Santa que menciona Mcnamara? Apoyar a Franco o incluso hablar bien de Franco será delito, ¿pero creer en un Franco divinizado lo es? ¿Qué le pueden hacer a Mcnamara además de llamarlo loco? Encerrarle en tanto loco, supongo. Mcnamara retoma ‘seriamente’ aquella historia de Vizcaíno Casas: “Y al tercer año resucitó”, en la que Franco volvía a la vida y encontraba “el pastel” de sus sucesores y designados. Esa mezcla suya de Costus + Vizcaíno Casas es mucho más ambiciosa.


Mcnamara habla de la Resurrección como:

1) Broma y ridiculización de lo que él llama “las rojas” y de la “Ley de Memoria Histórica”. Critica su vivir-en-Franco, la actualidad de Franco, el meter miedo, el Franco-Chollo y el Franco-Asustaviejas (“Franco nos comía vivas”), la revitalización constante del franquismo como forma de política. Por eso la TV3 iba al Valle de los Caídos. Se vive en-Franco y contra-Franco, todos desde-Franco. ¿Qué es, si no, esa expectativa de franquismo de la izquierda? La exhumación es el paso definitivo en la necrofilia franquista actual. Ese vivir contra-Franco desde-Franco que hacen los socialistas (los otros al menos se tapan). Tocar sus restos, mover sus restos. Acceder (¡sin confesarlo!) a la reliquia.

2) La Resurrección como aspiración. Su forma de protesta adopta la forma de la “Guerra Santa” y de la “Cruzada”. Hay que ir al Valle de los Caídos “para que Franco resucite”. La Ley de Memoria Histórica convierte en delito la exhibición de parafernalia y cualquier acto político, ¿pero y lo religioso? Gran paradoja. La Ley actual, estas leyes que limitan los márgenes políticos e históricos, sólo le dejan una vía posible: la espiritual, es decir, la nacionalcatólica. La peregrinación de creyentes para que un acto sobrenatural ocurra. El Franquismo es delito o estigma, ¿pero refugiarse en la fe esperando su venida? ¿También es delito? Con esta contradicción, Mcnamara revela el profundo absurdo de esa legislación y sitúa en la religión la última libertad. Esto es una provocación altísima en el mundo liberal.

3) En otros momentos, para Mcnamara “Franco no ha muerto, Franco Vive”. El Franco de Mcnamara es como un Franco Elvis. Un Franco sobrenatural y popular a la altura del Mito creado por los Antifranquistas PostMortem, que nacería de la propia vulgarización de su figura. Esa vulgarización lo acercaría al pop. Una creación distinta que el artista captura de la constante manipulación histórica y política. O sea, del debate actual y de la negación de los pseudofranquistas más la reafirmación de los antifranquistas, todos desde-Franco, de ese continuo debate, Mcnamara destila un Franco eterno y nuevo ya con el anticuerpo, contra esas leyes, un nacionalcatolicismo posterior, protestón, más bien homosexual (se dirige a los españoles, pero también íntimamente, a “las mariquitas”, “rojas” “mamarrachas” o “antiguas”), fervoroso, inofensivo, disidente. Un nacionalcatolicismo de performance, teatralizado e insumiso. Es la mezcla del Sagrado Corazón de Jesús y de un disco con Miguélez. El Franco Elvis de Mcnamara permite anticipar un Franco fuera del Valle de los Caídos, el Franco del después, “liberado” de la carne y el templo, un Franco desparramado y fantasmal. Pero esto es una advertencia a los efectos boomerang de la vulgarización absoluta y a la simplificación grotesca de procesos y figuras históricas. De ese aplanamiento, el genio pop de Mcnamara intuye el Franco Elvis.

Mcnamara va más allá de lo que fueron los Costus, a los que ese paisaje les interesaba como a cualquiera que no sea un talibán. Mcnamara se salta a la torera las prohibiciones (legales, políticas, de todo tipo) y en un gran salto con varios tirabuzones se acoge, de forma vindicativa y a la vez piadosa, al nacionalcatolicismo. En la biografía de Mcnamara hay cierta coherencia: Transición-plenitud-Movida-Vuelta a Cristo-Vuelta al Nacionalcatolicismo.

¡Mcnamara hace la Transición al revés! ¡Mcnamara hace la Destransición! Hace de su biografía una vuelta al origen (la belicosidad santificada, la guerra civil). El nacionalcatolicismo del artista Fabio Mcnamara es una forma suprema de chunga y de libertad que, en este caso concreto, revela el absurdo completo de la ley actual y de la que se prepara.

Al (Anti)franquismo postmortem y necrofílico actual, Mcnamara le amenaza con la resurrección y a la “deslocalización” de los restos sin honor alguno, responde con un Franco Elvis. En el momento en que la Ley se apodera de “los restos”, y con ellos de la Política y de la Historia, Mcnamara habla del Espíritu.

En el momento justo en el que PSOE habla de tocar a Franco, de acceder a su materialidad, ¡Mcnamara habla de la liberación de su espíritu mediante su resurrección! Pero no es tanto el espíritu de Franco, no nos quedemos con eso, es la liberación del Espíritu. Hacer a Franco, es decir, a la Historia, inaprehensible para el gobierno. Habla de una forma de libertad que GENIALMENTE en ese caso concreto adoptaría la forma nacionalcatólica. Pero su “nacionalcatolicismo” es una vía de escape contra el proyecto de Verdad única gubernamental.

La Libertad adopta en Mcnamara diversas formas. Y ésta es una de ellas.

Por esto le han llamado loco, drogadicto o enfermo. Pero tiene un sentido profundo y desde luego muy divertido. Los beneficiarios del Franquismo, sus herederos y mamandurrios, callan, y el que protesta es el libérrimo Mcnamara al que en el asunto le va otra cosa.


Viernes, 20 de Julio


Un pálido ramo de simientes

jueves, 19 de julio de 2018

That’s why they all are billionaires and all got elected president




The Bushes got us into all kinds of messes. The first one killed the economic miracle that Reagan had fashioned. The second one screwed up the Middle East, where Iraq and Iran beautifully were engaged in killing each other for years, and he got us mired into the middle of the muddle. Clinton was too busy with Monica Lewinsky to protect us from Osama bin Laden when we had him in our sights. Hillary gave us Benghazi and more. And Obama and Kerry gave us the Iran Deal, ISIS run amok, America in retreat. All to the daily praise of a media who now attack Trump every minute of every day.

So let us understand a few things:

NATO is our friend. They also rip off America. They have been ripping us off forever. We saved their butts — before there even was a NATO — in World War I. They messed up, and 116,456 Americans had to die to save their butts. Then they messed up again for the next two decades because West Europeans are effete and so obsessed with their class manners and their rules of savoir faire and their socialist welfare states and their early retirements that they did not have the character to stand up to Hitler in the 1930s. Peace in our time. So they messed up, and we had to save their butts again. And another 405,399 Americans died for them during World War II. And then we had to rebuild them! And we had to station our boys in Germany and all over their blood-stained continent. So, hey, we love those guys. We love NATO.

"Foe"

Hobbes


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A Trump (¿dijo “would” o “wouldn’t”?) le van los periodistas con trampas fariseas·(“saduceas”, decía, con ingenio, Torcuato Fernández Miranda), o sea, que caes en ellas tanto diciendo sí como diciendo no, y de ahí el malentendido de llamar a la Unión Europea… “foe”, que tiene a los liberalios en cola en el Salón de los Potos (“Epipremnum aureum”) de Margarita Robles para alistarse voluntarios para la guerra.

Borrell, el único ministro con plan de estudios liberal, aclaró que ese “foe” no significa “enemigo”, sino “competidor”, pues el liberalismo, según aviso de Carl Schmitt, intenta disolver el concepto de enemigo, por el lado de la economía, en el de un competidor, y por el lado del espíritu, en el de un oponente en la discusión.
Schmitt es un genio del pensamiento porque da con la diferencia de “la política” y “lo político”, cuya distinción específica es la distinción de amigo (“Freund”) y enemigo (“Freind”). Los pueblos se agrupan en amigos y enemigos, entendiendo por enemigo sólo un conjunto de hombres que, eventualmente, se opone a otro conjunto análogo. La Guerra Fría (que se burla de todas las distinciones clásicas: guerra y paz, militar y civil, política y economía) rescata la palabra germánica “foe” de su letargo de cuatro siglos para usarla junto a “enemy”, que la había llevado al desuso.
Why, truly, your great Enemy is the Spaniard –grita Cromwell–. He is a natural enemy. The enemity is put into him by God.
Ningún pueblo puede apartar de sí la distinción entre amigos y enemigos con una declaración de amistad universal. Si un pueblo tiene miedo de los riesgos de la existencia política, otro pueblo aparecerá asumiendo su protección y determinando como protector quién es el enemigo.

El “protego ergo obligo” es el “cogito ergo sum” del Estado.
Hobbes, de lectura maravillosa para la playa, dice escribir su “Leviatán” para recordar a los hombres la “mutual relation between Protection and Obedience”, que tan mal llevamos los europeos.

Salón de los Potos (“Epipremnum aureum”) de Margarita Robles

Jueves, 19 de Julio

Valle de Esteban

Sin palabras

miércoles, 18 de julio de 2018

Cumbre



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Marx sería muy listo, pero de su época lo único que queda es la visión de Tocqueville según la cual Estados Unidos y Rusia dominarían hoy el mundo.
Los politólogos de ahora no ven venir nada porque hace falta mucha inteligencia para predecir el futuro mediante la observación del movimiento profundo de los acontecimientos políticos en el presente. Decían que el Mundial lo ganaría Inglaterra, “porque juega como Guardiola”, y lo ganó Mbappé, pues Mbappé es a la Francia del 18 lo que Pelé al Brasil del 70, dando lugar al “moonwalker” de Manu Macron en Moscú, especie de Chiquito de la Calzada bailando “Billie Jean”, pero inmortalizado por el fotógrafo de Putin como la nueva “Forma Única de Continuidad en el Espacio” de Boccioni, un modo desesperado de compensar la ciática espirituosa de Juncker, el presidente, que (tampoco) nadie ha votado, de la Unión Europea, esa socialdemocracia que añora su salsa: la Guerra Fría.
Mitt Romney, que llama a Rusia nuestro “enemigo número uno”, no se da cuenta de que es el siglo XXI –fue la lección moral de Obama (“This is my last election –confía a Medvédev–. After my election I have more flexibillity”) en 2012.

Los politólogos pensaban forrarse con Trump, y nos anunciaron una Gran Depresión (superior a la del 29, en palabras de Poli Krugman, Nobel de Economía), la Guerra Total de los árabes por el traslado a Jerusalén de la embajada americana y, desde luego, la Tercera Guerra Mundial (nuclear, por supuesto) con Corea del Norte. Pero ¿qué nos encontramos en Helsinki? Una de “diálogo”, esa papilla socialdemócrata que nos brindan los “analfabetos culturales locuaces” (en jerga de Buela), donde cada uno dice lo que el otro quiere escuchar, pero quien habla no cree lo que dice.

¡Ah, no! ¡Nada de palabras! ¡Queremos Crimea!
Si Trump no va a la guerra por Crimea, será porque Putin tiene un video. Y si Pedro Sánchez es moroso de la Otan, será porque su hermano hizo la carrera de maestro Ibarbia en el país de Putin.

Liberté, Egalité, Mbappé

 Campos Elíseos

Jean Juan Palette-Cazajus

Mola el título, ¿verdad? A fuer de honrado, confesaré que se lo acabo de robar a la emisora France-Culture que, celebrando el evento con su docto estilo propio, así encabezaba, este pasado lunes, una emisión especial sobre historia y fútbol. De modo que mientras me iba desperezando, en la mañana del lunes de Gloria, me acordé de pronto de que yo era campeón del mundo (¡!!!). Bajé las escaleras de mi dormitorio levitando y embargado por un difuso sentimiento de superioridad aristocrática que, la verdad sea dicha, no resistió la prueba del espejo: no había amanecido ni más alto, ni más guapo,
 ni -¡ay!-  más joven.

Superada la terrible frustración inicial, debo decir que no me apasiona el futbol. Hablar de 4.4.2 o de 2.4.3.1, si es que existen semejantes dispositivos tácticos, me suena a física cuántica. Ver un partido al lado del amigo Pepe Campos, riguroso analista donde los haya, me produce la misma sensación de inferioridad intelectual que solemos experimentar quienes nos picamos de filosofía cuando alguien nos viene a decir que Hegel le resulta transparente. Por no hablar de la admirable manera de hablar de fútbol con que nos suele maravillar Francisco Javier Gómez Izquierdo. A mí, lo que me gusta de verdad, es el rugby, al que considero deporte “schopenhaueriano”, el de la voluntad con estética y de la virilidad con ética. Pero la reciente y catastrófica gira veraniega -3 partidos, 3 derrotas- de los “Bleus” en tierras de los intocables “All Blacks” neozelandeses me había tocado -más si cabe- una moral, últimamente prendida con alfileres.


 Brigitte y Pogba

De modo que por éstas y otras oscuras y personales razones fui incapaz de encender la tele durante este Mundial para ver aunque fuese un solo partido de los “Bleus”, de los  “mancos”, como llamamos los fans de rugby a los futboleros. ¡Ni siquiera la final! Si me perdonan la cursilería, diré que viví separado del Mundial por un verdadero abismo existencial. Es más, tropezando, a punto de acostarme, con una retransmisión diferida de la final, la única conclusión que pude sacar, desde mi ignorancia, fue que quienes parecían jugar al futbol eran los croatas. Ciertamente, más injusta fue la derrota francesa frente al “enemigo hereditario”, en la semifinal de Sevilla 1982.

Admitiré, sin embargo, que, si no soy capaz de perder un minuto en contemplar un partido de la liga francesa, la liga española me suscita mucho mayor interés.Y no solamente por la querencia masoquista y estetizante que me une desde la adolescencia al único club que ha tenido la torería de mantener en castellano el nombre de su deporte. También porque el fútbol en España constituye, en mucha mayor medida que en Francia, un vínculo social y un factor de identidad. Mejor dicho, desgraciadamente, de “identidades”. Donde mejor se comprueba que la mayor fuerza de un vínculo entre unos es la que adquiere cuando es también un vínculo contra otros. Curiosamente la jerarquía de la liga española suele reflejar con casi total analogía la jerarquía de las “nacionalidades” y la realidad de sus problemas y “fracturas”. Es el drama de todas las identidades inciertas y artificiales que se nutren de la famosa frase de Montaigne en sus “Ensayos” (III, 13, 1065). La repetiré porque apuesto que la habéis olvidado, por más uso y abuso que hice de ella hace algún tiempo: «La semejanza une menos de lo que separa cualquier diferencia», («La ressemblance ne fait pas tant un comme la différence fait autre»). No puedo resistir completarla con un refrán africano, creo que de Malí, que acabo de descubrir: «Basta que dos personas se odien para que el odio se extienda a toda la humanidad»

 En la escalinata del Elíseo

Barthélémy Joly, consejero y limosnero del Rey de Francia, viajó largamente por España entre 1603 y 1604 y esto contaba en la relación de sus andanzas: «Entre ellos los españoles se devoran, prefiriendo cada uno su provincia a la de su compañero, y haciendo por deseo extremado de singularidad muchas más diferencias de naciones que nosotros en Francia, picándose por ese asunto los unos con los otros y reprochándose el aragonés, el valenciano, catalán, vizcaíno, gallego, portugués los vicios y desgracias de sus provincias; es su conversación ordinaria. Y si aparece un castellano entre ellos, vedles ya de acuerdo para lanzarse todos juntos sobre él, como dogos cuando ven al lobo». En Francia, no hay clubes con identidad local tan afirmada, quitando sin duda el Olympique de Marsella. Ni mencionaré al turbio, mercenario e ¿islamista ? «Qatar Saint-Germain». Puede ser por la falta de palmarés y el tipo de financiación, pero parece evidente que aquello refleja ante todo la historia jacobina unitaria sobre cuya base se construyó la modernidad del país. Y es cierto que la gente se reúne sin reservas ni reticencias alrededor de la selección nacional. 

Si no vi ningún partido durante el torneo, contemplé las celebraciones con cierta curiosidad sociológica. Me pareció que, tanto el domingo por la noche como el lunes, para recibir a los “bleus”, las “banlieues” se habían desplazado en masa a los Campos Elíseos. En Francia las clases medias considerarían como una desgracia que alguno de sus vástagos quisiera dedicarse al fútbol. Tanto ellas como las “banlieues” consideran que la práctica del fútbol es cosa de las segundas. La prensa española ha destacado los incidentes y destrucciones que salpicaron la celebración. La francesa apenas si los relató. Fueron los “rutinarios”. Dado lo acontecido durante los últimos años se podía temer lo peor al amparo de tales concentraciones. Todas las fuerzas del orden estaban movilizadas y los esfuerzos y la tensión requeridas tuvieron que ser agotadores. En otras ocasiones parecidas proliferaban las banderas argelinas, marroquíes, palestinas o de parecida laya, en actitudes claramente desafiantes. Esta vez eran casi totalmente ausentes. Resultaba incluso llamativa la profusión de banderas tricolores en manos de quienes no se las esperaba.  Tal vez porque la realidad innegable de la “anti Francia”, del “enemigo interior”, como tuvo Manuel Valls el valor de nombrarlo, había optado por quedarse en casa.

 Marsellesa en la escalinata

La verdad, me puse pelín nervioso ante el entusiasmo casi histérico de mucha gente joven. Me atrevo a considerar que Francia -y no sólo Francia, por supuesto- tiene historia y cultura suficientes para sobrevivir con dignidad sin la necesidad de alardear de títulos balompédicos. Sabedor del atroz analfabetismo circundante, no tengo dudas de que muchos de los que se desgañitaban viven de espaldas a la historia del país y de su cultura. Y no me refiero exclusivamente a los que proceden de fuera. Ciertamente esta vez, a diferencia del desastroso Mundial surafricano de 2010, los jugadores “se portaron bien”. Alardearon de patriotismo, y demostraron férreo espíritu de grupo, destacando los portavoces, Griezmann y Pogba. Hasta el punto -no sé si por influencia de la pareja presidencial que acampó en el vestuario a partir de las semifinales- que les dio a veces por lanzar vivas a la República, la última ocasión con el entrenador Deschamps en la escalinata del Elíseo, antes de entonar la Marsellesa. A pesar de tanta verbena, no me arriesgaré a aventurar la hipótesis de que la parte “sana” de las “banlieues” haya avanzado en el proceso de integración. En absoluto conviene sacar conclusiones sociológicas de este estilo de celebraciones. Puestas a significar algo, su carácter efímero de sarpullido, de “fuego de paja”, como se dice acertadamente en francés, puede revelar todo lo contrario de lo que dicen las primeras impresiones. O incluso cosas muy otras e imprevisibles. Hoy martes 17, ha vuelto la calma, y con ella -business as usual- los problemas aparcados. 

El tópico de la Francia mestiza lo invocó sobre todo la prensa extranjera, particularmente la española. En esta ocasión, a diferencia de lo ocurrido en 1998, políticos y periodistas franceses procuraron no pillarse los dedos con el vidrioso tema. En 2005, siete años después del triunfo de 1998, habían ardido las “banlieues”. Desde entonces se han venido amontonando los acontecimientos trágicos. «¡Francia eterna y universal, sólo movida por la fuerza de las ideas, siempre capaz de reunir a sus hijos más diversos en la consecución de un ideal común, aunque sea un mundial de balompié!»: Frase recién improvisada para vosotros ¡regalo de la casa! Puedo confeccionaros cien parecidas. No os quepa la más mínima duda, los fanáticos visionarios de la utopía sin fronteras usarán el argumento en los próximos días: «Los aceptáis cuando se llaman M’Bappé o Pogba pero los rechazáis cuando llegan en patera».  Dicho sea de paso, M’Bappé, Pogba y los demás nacieron en Francia. No llegaron a lo que son “gracias” al origen exterior de sus padres sino gracias a la atención educativa y deportiva que, desde la infancia, recibieron en Francia. Por definición y en ningún caso extensible al África entera. Durante toda la modernidad Francia ha peleado con una imposible cuadratura del círculo: conciliar la continuidad de su identidad como nación y su pretensión universalista. Tan imprudente exhibicionismo moral viene cavando su propia tumba. A poco que se intente cerrar la puerta, braman los aprovechados acusando a Francia de traición de los propios ideales, de hipocresía o de duplicidad. La presión externa ya es irresistible. “Aporía” dice el DRAE es un “enunciado que expresa o que contiene una inviabilidad de orden racional”. Aporía insalvable es la de quienes pretenden difuminarse en un muy dudoso universal y mantener una identidad histórica y cultural.

 Macron cuidando la reelección

Para concluir: lo único positivo, para mí, de la prematura eliminación de España fue evitarme la  dolorosa eventualidad del “corazón partío” en algún momento. El llamado biculturalismo suele ser generalmente un pufo donde la persona incriminada no domina ninguna de las dos culturas, ni la de origen ni la adquirida, o peor, y es lo más frecuente, pasa olímpicamente de las dos. Pero cuando alguien se lo toma en serio la cosa resulta menos divertida. Hay que lidiar constantemente con la suspicacia de los puristas imbéciles de ambas tribus. Son siempre mayoría. En cuanto a la ventaja proporcionada por el privilegio intelectual de la mirada distante, del “regard éloigné”, que decía el maestro Lévi Strauss, queda anulada por el insuperable sentimiento de absoluta soledad.

Campeones
¿También yo?

Miércoles, 18 de Julio


Mi almario está musgoso

martes, 17 de julio de 2018

Langostas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Las masas se mueven como las langostas en las plagas, a ritmo de feromona, y a la ola de republicanismo desatada en España por la lectura de Plutarco sigue en el extranjero una ola de monarquismo mediático, desatada por los prestigiosos Fake News con motivo de la visita de Trump a Inglaterra, y todo para cargar al presidente americano con el mochuelo protocolario de la reina inglesa, que debe entrenar más con su guardia de honor la ceremonia que tan bien desempeñaba su esposo, Felipe de Edimburgo.
Con los laboristas ingleses poco podemos progresar, Eulogio. “Su Majestad” por aquí, “Su Majestad Británica” por ahí, “Su Graciosa Majestad por allí”, el “Gobierno de Su Majestad” por acullá, la “Oposición de Su Majestad”… ¡Qué repuñeta y qué carajo jorobado de Su Majestad! ¿Dónde está la Majestad? Así no es posible. Porque ocurre que estos tíos dicen esto de corazón y no por recurso.
Es la carta que en julio del 48 escribe el energúmeno de Prieto, hoy en proceso de santificación socialista, a su amigo Urréjola para explicarle que no hay manera de que la Onu condene a Franco (“y eso que Martínez Barrio movió a la Masonería y yo usé de todos los resortes en mi mano, que no son pocos”, pero “¡es que ha triunfado el cabrón del hombre, amigo Urréjola!”) y otras cosillas interesantes por los tiempos que vivimos, como la diferencia socialista entre decir algo de corazón y hacerlo por recurso.

Dejémonos de República por el momento, Eulogio. En el chico de Estoril (Don Juan) se ha grabado ya la cosa de que necesita al Partido Socialista, y está encantado de tenerlo como partido suyo y de darnos una amplia participación en el poder, al estilo laborista inglés. Pero lo manejaremos bien. Es un infeliz, fuertote y guapo mozo, pero nada más. Quiere reinar. Y no nos dará demasiado quehacer. Más adelante ya veríamos lo que se presentaba como oportunidad. Pero ahora es un instrumento magnífico para una simpática situación de libertad que por él nos llegaría.

Martes, 17 de Julio


Cancioncilla del primer deseo

lunes, 16 de julio de 2018

Viva el mestizaje, pero pongan a Rabiot


El otro Chiquito




Hughes
Abc

Acabado el Mundial, quedan los titulares. Y el sesgo.

Francia ha ganado el Mundial considerando la posesión del balón como algo secundario o incluso como algo a despreciar. Querían el espacio porque tenían a Mbappé. Pero los titulares y los comentarios saltan sobre eso y le regalan la “gloria” a Croacia, se celebra a Modric y se le pide el Balón de Oro.

Quedan los titulares sobre la “Francia mestiza” la “Francia multicultural”. Eso sí. Queda la contabilidad racial (que sólo se utiliza escandalosamente para el fútbol) pero no su fútbol. Queda el jugo político conveniente (incompatible con el éxito del incómodo Mundial ruso) del “mestizaje” pero una especie de soterrado desprecio a la aportación de los “mestizos”. Es como si del partido al análisis se saltase una derivada intermedia. Nos quedamos con el triunfo de la armonía multirracial, pero se menosprecia inevitablemente el modo de ganar la Copa.

Ganan jugadores de color, pero su fútbol… su fútbol queda despachado como aportación muscular. Ahora mucha “Francia Mestiza”, pero a Deschamps le han estado criticando todo el Mundial por no llevar a Rabiot, blanquísimo y elegantísimo medio francés del PSG. Un jugador “con pie”.

Hay algo curioso en esto. A Pogba, por ejemplo, se le sigue llamando jugador de “músculo”. Lo tiene, claro, pero además de eso tiene cualidades técnicas innegables. Es un buen pasador, tiene un alto porcentaje de acierto en el pase corto, regate, disparo con las dos piernas y juego aéreo. Pero queda reducido como jugador de músculo, defensivo. En Pogba se aprecia ese extraño sesgo. Se celebra el “mestizaje” pero ¿cómo se analiza su real contribución futbolística, su explosión de posibilidades, sus nuevas fronteras? Pogba es difícil de definir, de colocar. ¿Qué es Pogba? Un mediocentro no es, ¿mediapunta? Quizás. ¿Un interior? Un jugador nuevo y raro tiene dificultades para ser posicionado y apreciado. Con Pogba y Rabiot se aprecia un curioso sesgo. En ellos se conccreta. Se menosprecia al primero, se reclama al segundo, la necesaria aportación cultural del segundo. El estilo. La costumbre. El fútbol canonizado en el que difícilmente entra Pogba. Viva el “mestizaje”, pero pongan a Rabiot.

Y la gloria se le concede a Modric y Griezmann, cuando es Mbappé el que ha cambiado Francia y el que ha dominado el Mundial por su influencia. Mbappé y luego la pareja Kanté-Pogba. Con Rabiot y Payet no hubiera ganado el Mundial Deschamps.

La misma prensa que celebra la multirracialidad como éxito juzga de un modo curioso las “otras” formas de jugar al fútbol. Todo lo que se sale del fútbol canonizado es “estrategia”, “resultadismo”, o “músculo”. El fútbol que hacen los jugadores de otra raza es menospreciado como una mera aportación de músculo o físico. Recordemos el “atletas” de Pep.

Otro jugador que ha sufrido en mayor medida esta mirada algo neocolonial ha sido Neymar. El fingidor, el engañador cuyo fútbol imaginativo y burlador fue desacreditado por completo tuvo que ver ayer por la televisión cómo Griezmann se dejaba caer en la falta que dio lugar al primer gol. Acción sobre la que se pasará con delicadeza.

Así que seguirán unas horas los titulares sobre “mestizaje” mientras el Mundial queda archivado como anomalía táctica, pobreza futbolística, mundial tristón y mientras los títulos individuales se piden para los Modric o Griezmann, representantes del fútbol-canon que nunca pierde.

Madrid preconciliar

Calle de Lista

Campeón incontestable. Francia

 En Francia hay jardines que parecen campos de fútbol

  "Deschamps tiene muy bien ensamblados todos los elementos"
Un argentino en la mina


Francisco Javier Gómez Izquierdo

 Es sabido que el fútbol lo ve cada cual a su manera y lo cuenta como le parece, pero a mí me da la impresión de que a los sesudos cronistas y locutores de la final de Rusia les ha entrado como coraje el que Francia haya ganado el Mundial. He visto el partido en la mina y nada más empezar los que hablaban por la tele y sobre todo Camacho recriminaban el carácter defensivo francés impuesto por Monsieur Deschamps y aplaudían con entusiasmo la disposición croata. A Monsieur Deschamps se le ha juzgado con una desconsideración tan exagerada como injusta porque a mí me parece y lo he puesto aquí antes de alcanzar su apoteosis, que no se le puede acusar de desconocer lo que lleva entre manos ni exigirle que su selección juegue como a los circunstanciales locutores Kiko y Camacho les apetece.  Monsieur Deschamps cuenta con un centro del campo elástico, vigoroso y con suficiente técnica como para no envidiarla. Con Kanté, Matuidi y un Pogba hoy sensacional más la confianza de los cuatro baluartes tras los que se parapeta Lloris, otro que faltaba por caer en el pestífero virus del guardameta, ha formado un bloque impenetrable desde el que salen como centellas dos elementos destructores -Mbappé y Griezmann- que aseguran el triunfo en cualquier batalla. Monsieur Deschamps sabe de la excelencia de sus hombres y como conoce como nadie el modo de alcanzar su mejor rendimiento ha entendido de modo muy acertado que lo más adecuado era trabajar el contraataque. Lo ha hecho de manera brillante, incluso concediendo una tarde, la de Argentina, al gusto de lo políticamente correcto. Ha alcanzado el campeonato y no cabe más que felicitarlo, porque de aquí en un año sólo recordaremos que Francia es campeona del Mundo.
      
Nada más empezar el partido se vio cómo  Croacia se esforzaba en el acoso y derribo de una resistencia francesa que disimulaba en tres cuartos y se empleaba con contundencia de medio campo hacia atrás. “..como  pierdan la pelota le va a ir a Mbappé o Griezmann y la lían seguro”. Y la han liado. La táctica era ésa: robar el balón con terreno en el que retar al sprint a Lovren y Vida. El triunfo se puso de cara gracias a ese punto de suerte que se precisa y que acompaña siempre a los campeones: una falta que no fue, un penalty que nunca o casi nunca lo era antes del VAR (el VAR falsea  el espíritu del fútbol) hasta pasar a la sensación de una poderosa superioridad gala. Croacia, acaparadora de la mayoría de los afectos, parecía más que era y en cada pérdida de sus medios temblaban los corazones de sus adeptos de siempre y los de los circunstanciales.
     
Escribo un poco cansado y quiero dejar constancia como resumen que creo que ha ganado la mejor selección; que sólo le ha hecho sombra Bélgica; que Griezmann me ha parecido el futbolista mas importante de los franceses y por tanto del campeonato. Que no se ha conocido Mundial tan calamitoso para los porteros. Hoy, y en día tan señalado, era para que Subasic hubiera andado mucho mas ágil de reflejos en los goles de Pogba y Mbappé y ¡ay! ¡cómo ha manchado Lloris la brillante hoja de servicios a la que sólo  faltaba el último sello!
      
No me olvido del magisterio de Modric, de la casta de Perisic, de las explosiones de Mbappé, del extraordinario comportamiento de Poga y sobre todo de la inteligencia y la clase de De Bruyne, junto a Griezmann, los dos mejores futbolistas del Campeonato del Mundo en Rusia.

Lunes, 16 de Julio


Mi coral en la tiniebla

domingo, 15 de julio de 2018

Trump, la Reina... y el Periodismo

@ManhattanManOne

Como entretenimiento para este domingo les propongo comentar el monumental error cometido por el servicio de protocolo y ceremonial británico que todo el mundo ha atribuido a una falta de respeto de Trump hacia la Reina de Inglaterra.

"Y la verdad se volvió verdadera". En la muerte de Claude Lanzmann

 Claude Lanzmann

Jean Juan Palette-Cazajus

Pusimos el listón demasiado alto: todos nacemos humanos en tanto que ejemplares de la especie. Pero sólo unos pocos llegan a ser realmente humanos en el sentido con que hemos tratado de etiquetarnos, es decir en tanto que soñados seres en cuya construcción jamás pasaremos de los cimientos. Claude Lanzmann, nacido en 1925 y fallecido el pasado 5 de julio, era uno de ellos. Su única debilidad -pero mis fobias no pretenden ser objetivas - fue tal vez la inquebrantable admiración y amistad, jamás rozadas por la duda, que le unió a Jean-Paul Sartre. Por ello tal vez su biografía bien parece la ilustración escolar de la más mediática tesis filosófica alumbrada por el autor de "El Ser y la Nada": La "existencia" precede a la "esencia". Pocas veces como en el caso de Claude Lanzmann una existencia humana se ha perfilado así como la construcción obstinada de un destino. Un destino excavado a ciegas, puro producto de la voluntad. Porque en el caso de Lanzmann no fue tanto el hombre el que se forjó un destino cuanto el destino el que terminó forjando al hombre.

Habrá quien no sepa quién era Claude Lanzmann. Los demás saben que fue el autor de una película mítica: “SHOAH”, estrenada en 1985. Muchos son los que conocen su existencia, pocos han tenido la oportunidad o el valor de enfrentarse a la realidad monumental y devastadora de sus nueve horas y media. Lanzmann no soportaba que calificaran su obra maestra de "documental". La película, montada sobre la base de 400 horas de testimonios y confesiones, le requirió 12 años de documentación, de localización de supervivientes y verdugos, de rodajes y montaje. Sólo se puede calificarla de mausoleo, de grandiosa conmemoración de "La destrucción de los judíos europeos" como reza el título de la monumental recopilación reunida por el historiador Raul Hilberg y publicada en 1961. Su lectura constituyó el tramo inicial del camino de Damasco para Lanzmann, convertido a partir de entonces en primer apóstol del genocidio hebreo. Hoy cualquiera que opine sobre el exterminio nazi de los judíos, aunque no haya visto la película, aunque ignore la existencia de su autor, lo hace, sin saberlo, en el marco reflexivo impuesto a la conciencia colectiva por el aura de esta suma esencial.
 
 Lanzmann resistente, hacia 1944

Pero Lanzmann, autor de una obra maestra sobre la peor pulsión de muerte que conocieran los siglos, fue además el artífice de su propia vida, intensa, libre e indómita. Tuvo una manera especial de ser "nada menos que todo un hombre" habría dicho Unamuno. Por parte de padre, su abuelo paterno llegó a Francia procedente del "shtetl", la judería, de Minsk en Bielorrusia. La abuela era judía letona. Sus abuelos maternos procedían de Kichinev, hoy llamada Chisináu y capital de Moldavia, entonces conocida como Besarabia. Pero su madre nació en el barco que llevaba la familia de Odesa a Marsella mientras huían de los frecuentes pogromos. Es decir que confluyeron en la sangre de Lanzmann todas las juderías de los confines orientales de Europa. Sus padres se casaron según la más rancia tradición hebrea, en un matrimonio apañado por la casamentera. El padre era hombre culto e inteligente, pero la madre pidió el divorcio cuando Lanzmann era muy niño. Mujer voluntariosa, independiente, "emancipada" como decían entonces, se consideraba atea y la repateaba todo lo que oliera a tradiciones y rituales hebraicos. De modo que Lanzmann no recibió la más mínima educación que lo vinculara a la comunidad de origen. Paradójicamente, esa madre, valiente hasta lo inconsciente, tenía -según su hijo- físico de "judía paradigmática", lo que no le impedía llevar imprudente vida social en el París de la "Ocupación". Hasta que un día, en la Ópera, su nuevo compañero, el poeta franco-serbio Monny de Boully, que entendía el alemán, oyó cómo un oficial nazi le decía a un compañero: -"Vaya pinta de judía que tiene esa mujer".  A lo que el otro contestó: -"¡Cómo va a haber judíos aquí!".

Refugiado con su padre y su hermano en Clermont-Ferrand, ciudad del centro de Francia perteneciente a la zona llamada entonces "no ocupada", por tanto considerada menos peligrosa para los judíos, Lanzmann, con 17 años organizó un pequeño núcleo de resistentes en su instituto, auspiciado por el Partido Comunista. Mientras tanto el padre militaba en la "Francia libre" fiel a De Gaulle. Ni el padre ni el hijo sabían de las actividades del otro. Enterado el padre e incapaz de que el hijo renunciara a su peligrosa opción, le pidió que él y su grupo se integrasen a su "maquis" con la promesa de recibir un cargamento de armas inglesas. Ya pertrechado el grupo, el Partido Comunista pidió a Lanzmann que él y sus chavales abandonaran el maquis gaullista y regresasen a la obediencia comunista. Incapaz de traicionar a su padre, Lanzmann se distanció del "Partido" lo que tal vez lo salvó de la consternante ceguera que caracterizara a su admirado Sartre.
 
 Lanzmann, Simone de Beauvoir y Sartre en 1967

Una de las consecuencias indirectas de "Shoah" fue que permitió revelar no solamente el desconocimiento casi total, por aquellos años, de la terrible realidad a la que habían sobrevivido los escasos retornados de 1945, sino sobre todo la indiferencia rastrera de la gente hacia ellos. Simone Veil (1927-2017), sin duda la mujer más admirada y querida en la Francia del último medio siglo, "panteonizada" por Emmanuel Macron hace dos semanas, contaba que tras su milagroso regreso de Auschwitz-Birkenau y Bergen-Belsen, la gente le decía: -" ¡Si nosotros también lo hemos pasado mal, faltaba la mantequilla, la harina...!". El propio Lanzmann, prototipo del judío "asimilado" desconocia las proporciones de la catástrofe y en 1947 se fue tan pancho a la universidad de Tubingen a estudiar filosofía alemana y dar clases de cultura francesa. Aprovechó para colarse en la RDA donde sobrevivió algún tiempo a duras penas logrando que no lo detuvieran. De su experiencia sacó unos artículos que se atrevió a mandar a "Le Monde", encantado de publicar aquellas primerísimas noticias sobre lo que ocurría detras del recién estrenado "telón de acero".

1952 será un año esencial en la vida de Lanzmann. Conoce a Sartre y Simone de Beauvoir y pronto se convierte en colaborador y miembro del comité de redacción de los famosos "Tiempos modernos". Asumirá la dirección de la prestigiosa revista a partir de 1986, tras la muerte de la ilustre pareja. 1952 supone también el inicio de una intensa relación amorosa con Simone de Beauvoir que durará 7 años. Contaba Lanzmann que, tras su primera noche con la Beauvoir, le preocupaba la reacción de Sartre. Pero ante la evidente felicidad de la escritora -dice- el filósofo le renovó su amistad, agradeciéndole, de alguna manera, los servicios prestados. Pero 1952 fue también el año en que Lanzmann inició su camino de Damasco con motivo de un viaje al recién parido Israel. La experiencia fue desestabilizadora y Lanzmann regresó  a París embargado por la incapacidad de escribir cosa alguna sobre ella. Sartre le sugirió esperar a que las cosas se decantasen, luego podría plasmarlas en un libro. Tampoco aquello fue posible y sólo en 1972 se decidió Lanzmann a rodar una película, inmediatamente polémica, "¿Pourquoi Israel?", un poco sobre las mismas bases que usaría más tarde para rodar "Shoah". ¿Por qué Israel?": Lanzmann nunca dejó de plantearse la pregunta y de preocuparse por la legitimidad del estado hebreo al mismo tiempo que no dudaba de su absoluta necesidad y nunca cejó en una defensa a ultranza y sin matices. Su pasión compleja y contradictoria por Israel lo colocó en una inestable ambigüedad.  Por un lado su dimensión atea y laica, sus absolutos parisianismo y francesidad, por otro la nostalgia de una educación religiosa que no recibió, la ignorancia de una lengua, el hebreo, que no aprendió, con la consiguiente sensación de vivir en los márgenes de su comunidad. Le agradaba tanto como le dolía su excesiva "asimilación". Judío en Paris, era un francés en Tel Aviv.
 
 Fotograma de Shoah

En 1958, Lanzmann reeditó a mayor escala su hazaña de la RDA. Consiguió colarse, desde China, en Corea del Norte  con un grupo de turistas americanos, discípulos entusiastas y estúpidos del inefable Noam Chomski. Allí cayó enfermo lo que no fue óbice para que iniciara un romance con Kim Kim-Sun, su agraciada enfermera en Pyongyang. Se la estuvo jugando pero se contentaron con expulsarlo. El año pasado, en 2017, presentó en Cannes "Napalm", una película  que vuelve sobre aquel romance. La enfermera tenía, debajo de un pecho delicioso, -Lanzmann dixit- una fea cicatriz negra. A su pregunta contestó: "napalm".

Lanzmann rodó diez películas, varias de ellas procedentes del ingente material acumulado durante la realización de "Shoah". La última de ellas "Cuatro hermanas" recién estrenada el día anterior a su muerte. Sobre "Shoah" me encantaría hilar unas puntadas originales y estupendas pero todo supo decirlo él, mejor y en su momento. Empezando por el episodio de la caída en el camino, que, en este caso, no fue de Damasco sino de Polonia:

- «De repente vi un letrero en la carretera que decía: "Treblinka". Fue un choque absoluto. Jamás  pensé que un pueblo llamado "Treblinka" pudiera seguir existiendo [...] a partir de entonces me puse a rodar como en estado de alucinación. [···] La verdad se había vuelto verdadera".

- «[La Shoah]» es un acontecimiento que no ha terminado, que sigue sin encontrar su fin. En este sentido tenemos derecho a decir que es una cesura y de cierta manera la vara con la que todo se mide hoy. Es el patrón de todo, de todas las reivindicaciones, de todas las comparaciones.»

- «En la raíz de "Shoah" no está la memoria, no está el recuerdo, está más bien lo que yo llamo lo inmemorial, es decir el presente».

- «Aquellos protagonistas [de la película], yo no los llamo supervivientes porque no debían haber sobrevivido. Vuelven luego de traspasar el umbral del crematorio, [...] son la voz de los muertos, son retornados del más allá.[...] Por esto no dicen "yo" siempre dicen "nosotros"; no es lo mismo».

- «"Shoah" es otra forma de sepultura. En este sentido podemos decir que es la construcción de una tumba».
 
 Con Sartre y Beauvoir

En "Shoah" no hay una sola imagen de archivo porque no existen. Las conocidísimas imágenes rodadas por los americanos no proceden de campos de exterminio por la sencilla razón de que no había ninguno en Alemania. Todos estaban en Polonia. Había tres millones de judíos en Polonia antes de la guerra por sólo medio millón en Alemania. Los muertos filmados tras la liberación de los campos de concentración alemanes, por John Ford y otros, son recientes muertos de tifus en las terribles condiciones del final de la guerra. No hay ningún judío entre ellos. Hoy la obra maestra de Lanzmann brilla en el firmamento. Pero su terrible austeridad, su implacable verdad ascética fueron borradas en su momento por el éxito planetario de "La lista de Schindler", de Spielberg, en 1993. Entonces Lanzmann hizo un comentario aristotélico que superó todo lo que hubiese podido decir el propio Estagirita porque demostró y demolió la pusilanimidad mentirosa de toda ficción, sobre todo cuando es cinematográfica:

- «Lloramos viendo "La lista de Schindler". De acuerdo. Pero aquellas lágrimas son una manera de disfrutar, son un alivio, son  una catarsis. Mucha gente me ha dicho: "Yo no puedo ver su película, porque viendo "Shoah" no hay forma de llorar».

Ciertamente, "Shoah" es un desierto pétreo para las emociones gratificantes, las que halagaban la buena conciencia de los espectadores de la película de Spielberg,  las mismas que animan el dolorismo de los antitaurinos. "Shoah" es la aridez del desconsuelo y de la desesperanza, es la seca y cegadora vigencia de la pulsión asesina, apenas adormilada en las conciencias. La película es el mayor homenaje jamás tributado a la dignidad de la palabra humana. Una palabra que vehicula la muerte y dice, como Simone Veil, que "nunca hemos salido de la Shoah".
 
 Lanzmann y Simone Veil en un memorial de la Shoah hacia 1985

Pero no quiero terminar sin confesar que lo que más me gustaba de Lanzmann, era el personaje. Le encantaban las mujeres y fue un incansable seductor. Parece que ellas se lo devolvieron con creces. Las encantaba su apabullante presencia física, las fascinaba su naturalidad, su descaro, también las seducía su inagotable mala fe, su ilimitado ego. El hombre fue erigiéndose en propietario exclusivo e irritante de la memoria del Holocausto. Era con frecuencia exasperante, insoportable. Pequeñeces miles, vilezas ninguna. Su amor de la vida era infinito. Siguió fabricándose un destino hasta el último momento. En 2009, le faltó calificativos a una crítica apabullada por su última jugada, una obra maestra literaria publicada bajo el surrealista título de "La liebre de Patagonia". Se trata de una voluminosa autobiografía donde se puede leer: "No me siento ni hastiado ni desengañado del mundo. Si tuviera que vivir cien vidas, sé que no me cansarían".

Poco antes de morir Lanzmann insistía: "Nunca me he curado de la muerte. Lo que más me escandaliza es la necesidad de morir. Ni me gusta la música, ni me gusta morir. Esto es lo que podréis decir de mí". Aquel judío fue un hombre niestzscheano.

Pd. A punto de terminar este intento de necrológica, descubro que una militante feminista radical enumera circunstancias en que Claude Lanzmann se habría comportado como un acosador sexual. Nada me une a las cabezas resentidas que usan la palabra "feminazis". Nada me une tampoco a las cabezas resentidas que tratan de que el camello de la realidad entre por el ojo de la aguja del fanatismo militante. Wait and see.
 
En Cannes el 19 de mayo
Le quedan 47 días

La Final

Pogba
Biarritz


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De corazón, en la Final de esta tarde en Rusia, uno iba con Croacia, por Modric, cuando de pronto estalló un tuit de Chelsea Clinton (“¡¡¡Croatia!!!”, sin más), y nadie puede tener el corazón donde ponen su cartera los Clinton, aun tratándose de Chelsea, mezcla, el angelote, de Karina y Carmen Calvo.
Pero de cabeza uno debe ir con Francia, que trae el centrocampismo-decatlón (¡el futuro!), con Kanté, Pogba y Matuidi, como antídoto del tiquitaca (¡el pasado!), esa polilla refrita en lamparilla que echó a volar un día Luis Aragonés, porque lo había mamado en los rondos de entrenamiento de Marcel Domingo en el Manzanares, y que murió este junio en Moscú, fusilada en una tanda de penaltis rusa.

Yo entiendo el fútbol como una combinación entre espacio y tiempo –insiste Xavi, ex cerebro de España, un abecé de la relatividad como abecé del tiquitaca.
Los futuristas querían meter en el cubismo la cuarta dimensión, el tiempo, pintando el dinamismo de los cuerpos, y les salió una carrera de sacos hacia el disparate, exactamente igual que los futbolistas de Hierro con su fútbol de limpiaparabrisas en el Mundial, donde el mismo periodismo que condenó “por prehistórico” el contrataque madridista de Mourinho (por cierto, que sigue ostentando los mejores registros de goles y puntos de la Liga española) descubre en Rusia la belleza futurista de la velocidad (Mbappé) en… ¡el contragolpe!
¿Contragolpe? Yo lo llamo aprovechamiento de espacios-tiempos.
La corrección es de Xavi, asesor moral de la Federación de Rubiales, que busca para el nuevo Combinado Autonómico un futbolista nuevo, “mitad monje, mitad soldado” (eslogan de “La Lupa”, revista del nacionalismo italiano), poniéndose en manos de Luis Enrique, mundialmente marcado en la cara por el codo de Tasotti.
Ese derramamiento de sangre por España –leemos– es el que esperamos de Luis Enrique como seleccionador.
En cuanto a la Final, la historia, decía Perón, es una p…, va siempre con el que paga más.