lunes, 23 de febrero de 2026

La última cena

 


Última Cena, de Veronese



Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Paolo Veronese, el Veronés para el día a día de la pintura, entre 1570 y 1580 pintó una “Última Cena” por encargo de la Escuela Veneciana del Santísimo Sacramento para la iglesia de Santa Sofía.


 La composición fue escandalosa: “Asimetrías deliberadas, marginación de Cristo, colores inusualmente oscuros, cotidianidad del entorno”… En la “Última Cena” de Veronés, que sitúa la mesa y la figura de Cristo descentrada, hay soldados alemanes, enanos y perros. Desde Trento, nos ilustra Barzun, el arte estaba sometido a censura, y la Inquisición llamó al pintor para que respondiera sobre su oficio.

“Pinto y compongo figuras”, se presentó Veronés ante el tribunal. Los jueces: “¿Sabes por qué compareces?” El pintor: “Sus señorías habían ordenado que se pintara una Magdalena en el cuadro en lugar de un perro. Yo dije que haría cualquier cosa, pero que no veía cómo era apropiada una figura de la Magdalena en ese lugar”. Los jueces: “¿Qué está haciendo San Pedro?” El pintor: “Trinchando el cordero”. Los jueces: “¿Y el que está a su lado?” El pintor: “Tiene un palillo con el que se limpia los dientes. Pinto como creo oportuno y mi talento me permite.” Los jueces: “¿Sabes que en Alemania y otros lugares infestados de herejía hay cuadro que se burlan de la Santa Iglesia Católica?” El pintor: “Eso está mal, pero yo sigo lo que han hecho mis superiores en las artes. En Roma, Miguel Ángel pintó al Señor, a su Madre, a los Santos y a las Huestes Celestiales desnudos, incluso a la Virgen María”. Visto lo visto, al final los jueces fallaron que el cuadro debía ser corregido, pero Veronés, haciéndose el loco, únicamente cambió el título de la obra, que en adelante se llamó “El banquete en la casa de Leví”.

Viene este cuento a cuento de la (mala) literatura periodística inspirada en la foto de la última cena de los futbolistas del Real Madrid, con sus asimetrías, sus marginaciones, sus colores inusualmente oscuros y su entorno de cotidianidades. Al fondo, en pie, Militao y un Carvajal como en demanda del cariño que según Benito el de la Purga Arbeloa no le da. Arbeloa humilla al viejo Carvajal en el banquillo, refunfuñan los mismos analistas que se amustiaron como los relojes dalinianos cuando Carvajal marcó el primer gol de la final de la Quince. Como Arbeloa pasa por ser el brazo mecánico del Club, el responsable de la humillación a Carvajal sería el Club, que le renovó automáticamente el contrato cuando el futbolista se rompió. Pero Carvajal aparece sonriente en la foto de la última cena, señal de que hay que abrir otro melón, y ese melón es Güler, que siendo el tirillas del equipo ofrece las mejores notas físicas de la plantilla. Entonces sale el ex director espiritual del muchacho y denuncia que Güler es víctima de “mobbing” en el vestuario y que los autores serían algunos jugadores de ego encampanado. El crédito del personaje se desvirtúa cuando en la misma conversación sostiene que “el Fenerbahce es un club más grande que el Real Madrid porque tiene un equipo de baloncesto que una vez ganó la Champions League”. Y en la foto de la última cena Güler aparece a un lado, sentado discretamente, entre Valverde y Huijsen, con Courtois, al fondo, con cara de “a ver si ahora tenéis lo que hay que tener para venir a pegar al niño”, o algo así, muy del periodismo de andar por casa, infradotado para la comedia… y para el drama. Lo que dio de sí esa última cena lo resumió Napoleón en un pispás:

Para volver de la tragedia a la comedia, no hay más que sentarse.

En Madrid, pues, tragedias griegas, y en Barcelona, lecciones de estética que nadie pide para dar continuidad al Relato, resumido (sin querer) en esa “boutade” ingenua del Pep cuando dice que el Barcelona de Messi, que coincide con el de Negreira, “jugaba de escándalo”. Y el de Flick, ya puestos, también. El Barcelona baila como Michael Jackson y el Real Madrid canta como Bad Bunny. Esto es así desde Cruyff, aquél que dijo: “Mourinho is a coach of trophies, not of football”. Y Mourinho:

Me encanta aprender de genios como Cruyff, pero aún tiene que enseñarme a perder una final de Champions por 4-0.
Con Mourinho, esa cena hubiera valido un San Valentín.



La otra cena del Veronés

Lunes, 23 de Febrero

 


El Jarama

domingo, 22 de febrero de 2026

Dos derrotas honrosas..., pero derrotas

 

Veteranos: Mantilla (Rácing), Ais Reig (árbitro serio que no ascenderá) y Atienza 


Francisco Javier Gómez Izquierdo


       Si el Almería ya era el club de mayor presupuesto de Segunda  con 32 millones, este invierno ha incorporado a Morcillo, el de zurda prodigiosa, y a Miguel de la Fuente, el 9 de los últimos años de Alavés y Leganés. Con su costosa plantilla esperó a ese Córdoba valiente que aplaude el periodismo nacional..., pero hay días que se sale mal al campo, como "abilordao", y al Córdoba le pasó eso precisamente contra el equipo más goleador. El tal Miguel se aprovechó de un malentendido de ésos que creíamos ya estaban enterrados, entre Xavi Sintes e Íker Álvarez y gol tonto al canto. Tres minutos después del tropezón, hacia el treinta y aún con la caraja, el zurdo Morcillo saca una falta y segundo gol de Alex Muñoz. A partir de ahí y toda la segunda parte el Córdoba se desperezó y dominó, tuvo ocasiones, el veterano portero del Almería Andrés Fernández que este 2026 cumple los cuarenta, paró como cuando juvenil, Percan -que se llama Diego Pertejo Canseco y es de León- por fin marcó un gol. En el minuto 77, 2-1. El Almería se aculó, el Córdoba hizo méritos, pero... de nada sirve lamentar ocasiones. En fútbol hay que marcar  las que tienes e impedir las del contrario. Se acabó el partido con la sensación de que era el día que el Córdoba pudo dar el puñetazo en la césped, cosechar puntos y presentar credenciales para jugar el play off. Es evidente que no es tarde aún, pero las oportunidades, ¡ay, las oportunidades en fútbol!

      Caprichos del calendario, el Burgos jugaba esta tarde en el Sardinero contra el otro equipo goleador y señalado por todos para conseguir el ascenso. Por delante del Rácing de Santander hay mayores presupuestos, pocos, pero es el equipo más hecho y estructurado. Lleva dos y ésta, tres temporadas acariciando la gloria, pero sus alegrías en ataque le condenaron en defensa y a pesar de que José Alberto López ha corregido algo el rearme defensivo de su "bloque alto", creo que sin la contundencia que se precisa, sigue con sus descuidos atrás y soportando goles y ocasiones claras ante un desarmado Ezkieta y lo que es peor con la sospecha de la afición cántabra que pase lo mismo que las dos últimas temporadas. El Rácing-Burgos ha sido un calco del Almería-Córdoba. Golazo de delantero listo además de talentoso con un zurdazo de categoría a los siete minutos de ese Andrés Martín que empezó a hacerse aquí en Córdoba y al que tanto aprecio. A partir del minuto 10, el Burgos, rompiendo con sus habituales comparecencias -ya se notó la transformación el anterior partido ante el Cádiz- empujó, dominó, tuvo ocasiones y hasta los locutores reconocieron que mereció al menos el empate. ¿De qué vale decirles que Íñigo Córdoba dejando atrás al único defensa se presentó sólo ante Ezkieta y tras driblarle se enredó con un pase atrás inapropiado del que aún se debe estar lamentando? Ya en el banquillo, reventado de tanto correr se quitó la camiseta y se tapó la cara para purgar a oscuras el pecado.

     Creo que Almería y Rácing serán los ascensos directos (no pasará así para llevarme la contraria). Para mí son los más solventes a pesar de los quebrantos en sus porterías. 39 goles en contra lleva el Almería y 35 el Rácing. Cifras propias de la zona de descenso. El Zaragoza último lleva 40 y por ejemplo el Leganés décimocuarto, y Granada décimoquinto han encajado 28 y 32.

     La Segunda es una montaña rusa y no hay resultados sorpresa. Cualquiera cosa puede pasar y esa cualquier cosa es la que buscan Burgos y Córdoba para el final de temporada. Mis dos equipos que caminan juntitos como si quisieran jugarse esa cualquier cosa para partirme el corazón.

La confianza del ministro


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


           Mi gremio depende de él. Me jubilé siendo él ministro. Nunca me han gustado las manifestaciones, pero asistí a varias contra este hombre y sus medidas, tanto las de por acción como por las de omisión... En sus comienzos como Señor Todopoderoso de Interior nos daba la impresión, a los funcionarios de prisiones, de que disfrutaba en el Congreso reprendiendo nuestras reivindicaciones y defendiendo al modo seráfico las ocurrencias de los Primeros Grados tramitadas por Asociaciones de Querubines. Llegué al convencimiento de que odiaba a mi colectivo. "Toda reclamación de un interno debe ser comunicada inmediatamente al Juzgado de Vigilancia" nos dieron un día por escrito. El funcionario sabe que los internos reclaman cosas muy raras. "Que en el paquete de Fortuna del colomato man salío papeles de pelódicos y ésto me pasó tamíen en la cárcel del Botafuegos". "Solicito me cambien el espejo de la celda porque me veo muy gorda" "Que necesito camisetas y calzoncillos del vestuario", "pol que no me pasan a mí po los permisos".  El ministro se acampanaba en el Congreso y acusaba a mi gremio: "...la cadena penitenciaria se rompe por el eslabón mas débil, el del preso, y yo no lo voy a consentir", clamaba y se sentaba recibiendo aplausos de gentes que está claro que no saben lo que aplauden.


A mí me ha parecido el ministro de peores sentimientos para con  nosotros "los boquis" y por lo que he ido observando con los "pikolos" su animadversión es semejante. El ministro ha hablado en muchas ocasiones de confianza y fulano, o sea Óscar, fue jefe de la UDEF "por tenerle confianza", "de José Ángel no hay policía que tenga nada que decir. De absoluta confianza. Si no existiera un policía así, habría que inventarlo". Confianza. ¡Ah, la confianza! ¿Cómo se llega a la absoluta confianza? ¿Y cómo en dos días se niega hasta el educado y simple saludo?


     Voy mucho por Barbate y allí llegó en el 2018 un Tecol. que puso a muchos narcos delante de los jueces. Leí que diez mil detenciones y catorce mil toneladas de droga, pero al ministro no le inspiraba confianza el Tecol. David, alguien con el que sí tenía confianza le habló cosas del Grupo OCON de Barbate  y en el 2022 lo deshizo, pero en el Congreso dijo que no había que tomar la decisión como una relajación en la vigilancia. Que se iba a perseguir con más eficacia lo que pasa en el Estrecho. ¡¡Ya, ya!! Ya se sabe lo que pasó en el 2024 en el puerto de Barbate. Y lo que está pasando en todas las calas y playas del Sur donde se aparcan las lanchas desde Almería hasta Huelva con tanta tranquilidad que cualquier día van a aparecer gorrillas pidiendo el euro.

 
     Si al ministro le hablaron mal del Tecol David, creemos que sería alguien de mucha confianza, tal que el Óscar de las paredes llenas de euros -encontraron veinte millones pero se cree que tiene guardados otros tantos- o el DAO éste que a saber qué cosas contaba. Puede que hasta le hablara pestes de la mujer policía a la que acosaba. ¿Y cómo denuncia la afectada sin el temor reverencial que se le supone? ¿Y éso de que me diga ella si le he fallado, cómo se come?  Entre los cuerpos con escalafón sabemos qué cosas son inconvenientes y el calvario que te puede tocar si pides justicia. El ministro fue Juez pero no se le nota. Cree en los soplos de su gente de confianza más que en las leyes. Y ésta no es presunción disparatada. Sólo hay que ver cómo se coló la ilegal amnistía en el Gobierno al que pertenece. Si hubiera sido Juez como el Derecho exige... pues, hubiera dimitido. Yo, que soy un mindundi, así lo hubiera hecho.


    Las cárceles, la policía, el Derecho en general... De la degradación institucional participa activamente el ministro. Quedo a la espera de hasta dónde llega su... 

Catástrofes


Lance Armstrong


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Al volver a Madrid, donde todo sigue igual de menudo –qué pequeños somos y qué encogidos vamos–, cuesta reprimir cierta envidia general que produce el americanísimo espectáculo del “Katrina” a su paso por la tierra de Bush. “¡Qué diferencia con el tsumani que las navidades pasadas devastó el sureste asiático!”, exclama un editorialista de progreso, que concluye: “Es la cruz de una sociedad que suma tragedias a su pobreza.” Los progres han visto en la evacuación de Nueva Orleáns “la respuesta de una sociedad rica, avanzada y previsora, con capacidad de anticipación”. Y, acordándose del tsumani, suspiran: “¡Demasiadas diferencias!” Ya lo creo. Pero no con Asia, sino con Europa. El americano, decía Camba, que estaba allí de corresponsal, siente la necesidad espiritual de vivir en un ambiente catastrófico: “Las catástrofes han hecho tanto como los rascacielos para acreditar de genio de lo formidable al genio del pueblo norteamericano.” Cuando uno se convence en Europa de que en América hay las catástrofes más grandes del mundo, no está lejos de creer que todo lo demás también lo es, incluido el ciclista más grande del mundo, Armstrong, que tanta rabia da a ese pueblo de funcionarios perezosos que son los franceses. El americano necesita forjarse la ilusión de que es un hombre muy enérgico en un mundo terrible. ¿Cómo no van las autoridades a cultivar con especial esmero cualquier catástrofe que se presente? ¿Qué estímulo sería mejor para desarrollar la energía americana? En Madrid, cuando caen cuatro gotas, los periódicos no ven más que su aspecto literario. Pero en Nueva York, como descubrió Camba, lo único que interesa es el aspecto catastrófico. Leyendo los periódicos americanos uno se imagina que vive en un mundo terrible, lo cual resulta siempre halagador. América viene a ser así como el Gran Guiñol, dedicado a darle emociones fuertes al mundo. Si en el Metro neoyorquino los americanos se dan patadas y codazos unos a otros es para darle a la vida un carácter áspero, desagradable y enérgico, y para plantearla como una lucha. En el Metro madrileño, esas mismas patadas y codazos sólo sirven, en cambio, para transmitir el cabreo que se lleva porque se han acabado las vacaciones. 

Domingo, 22

 



Morata de Tajuña

Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”

 DOMINGO, 22 DE FEBRERO


En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.» Pero él le contestó:


-Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.


Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo:


-También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.


De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús:


-Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”.


Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.


Mateo 4, 1-11

sábado, 21 de febrero de 2026

La catástrofe



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los devotos de “La leyenda de la ciudad sin nombre”, donde Lee Marvin cantaba aquel himno de los “sin techo” que era “La estrella errante”, siempre hemos paseado por Madrid con el temor de que la tierra removida por Gallardón para sus túneles se abra un día a nuestros pies, y esto sería lo más parecido a un terremoto que los vecinos de este poblachón manchego se pueden hacer. Por eso lo de Haití escapa a nuestra imaginación, que encima se ve desasistida por el nuevo periodismo, que, huérfano de plumas, recurre a la cursilería pasada por el disparate para emocionar –la emoción es lo único que importa– con los flecos de la catástrofe. “Catástrofe humanitaria”, por supuesto. Lo dice todo el mundo, sin pestañear. Y no se trata de que se lean a Peter Sloterdijk, autor de las teorías más sugestivas sobre el concepto de catástrofe; nos contentaríamos con que no convirtieran los telediarios en una subasta de muertos en la lonja del pescado. Eso lo hacía Julio Camba en la guerra turca, pero en protesta porque no le llegaba el cheque del periódico. ¿Que no tenía dinero? Quitaba un cero a la cifra oficial de muertos, y su periódico perdía en interés y en ventas. ¿Que aparecía el cartero con el giro telegráfico? Añadía un cero a la cifra oficial de muertos, y su periódico se disparaba en interés y en ventas. Camba, en fin, inventó la forma de engañar al algoritmo de Google mucho antes de que existieran Google y, si me apuran, el algoritmo. La gente circula en los taxis que llevan la radio puesta con el corazón encogido: los funcionarios de la Onu cuentan cientos de miles de muertos, mientras que los funcionarios del gobierno haitiano los cuentan por decenas de miles, y entre todos contribuyen con su juego al mismo efecto mental que causara la inflación alemana, que hizo posible que todo disparate pasara por cosa corriente. Y lo peor no ha comenzado aún: toda la literatura de progreso sobre la injusticia poética que supone la coincidencia de la desgracia con la pobreza. 

Sábado, 21 de Febrero

 


Policía montada

viernes, 20 de febrero de 2026

Carnes Tolendas



Vicente Llorca


Miércoles de Ceniza airado. La lluvia que viene de Portugal de nuevo.


En el pueblo, Juan Pa, el mozo que ahora lleva la panadería de su madre, ya no va al Carnaval. Se me queda mirando, entre escéptico y enfadado, cuando le pregunto. Hay algo de lógico en su retiro, advierto.


Juan Pa se ha pasado una década acudiendo a todas las fiestas que había en la provincia. Conocían los salones de baile más escondidos y las barras más oscuras. Cerraban el bar de la plaza y alguna mañana se lo encontraron meditando sobre el tiempo en los soportales del Ayuntamiento. Hay algo necesario en su desdén ahora.

 

Y en que no haya ido a Ciudad Rodrigo este año. De pronto, recuerdo las calles repletas, los ruidosos peregrinos que vienen de todas partes –sobre todo, de Cuéllar, Medina o Sigüenza, ignoro por qué–, los vasos llenos, las charangas y las carreras en la muralla, frente a los toros, y entiendo a Juan Pa, su agnosticismo.


Yo tampoco he ido. Corría un viento gélido que venía de la Serra da Estrela, llovía todos los días, veía los coches y los remolques desfilando por la carretera y no tenía ningún deseo de alcanzarlos. Una tarde había estado en la tienta del Bolsín Taurino en la plaza del Conde Rodrigo. Llovía también y el público llevaba las viseras de paño y botas de agua que denotaban su procedencia de las fincas de alrededor. (Un novillero de un pueblo remoto de Portugal había lidiado con cierto gusto la vaca de Sánchez Arjona que le correspondía. Estaba flaco como una lezna. “A este muchacho no le dan de merendar” le comenté a Ángel, un picador a mi lado. “No deben” respondió éste, que sin embargo merienda todas las tardes).


La otra mañana nos comentaron en el bar de la muerte de un paisano, alcanzado por un toro en la Plaza Mayor la madrugada anterior. De pronto todo el teatro cesó, por un instante, y la fiesta retornó a su origen trágico. La muerte ronda detrás de los disfraces, aunque a veces lo olvidemos.


Entonces recordé el romance sombrío, plagado de augurios, del pueblo de Monleón. (Monleón, al pie de la sierra, con su oscura torre de piedra sobre los montes, tiene algo sombrío todavía). Los mozos del pueblo, en el cantar tradicional, se preparan para ir a la corrida. A Manuel Sánchez, el hijo de la viuda, le niegan el remudo. La viuda –veñuda en la copla ya es una figura sombría, preñada de una marca ominosa. El toro también lo es: es una figura mestiza, criada en la cercanía de las casas, lejos del salvajismo de las sierras.


Muchachos, no vayáis al toro.

Mirad que el toro es muy malo.

Que la leche que mamó

Se la di yo por mi mano.


Un augurio de muerte ronda el romance. Y al hijo de la viuda, tal como ésta demanda, lo traen a casa de los siniestros del carro colgando


Tres pañuelos tengo dentro

Y con este que meto son cuatro


Todo el romance está lleno de negras señales. (De alguna manera lo están también los vaqueriles, las navas donde pasta el toro, la plaza donde lo encierran).


Manuel Sánchez llamó al toro

Nunca le hubiera llamado

Y éstas se cumplen, fatalmente.

A la puerta la veñuda

Arrecularon el carro;

Aquí tenéis vuestro hijo

Como lo habéis demandado.


La viuda agorera saldrá al cabo de nueve meses por los vaqueriles, preguntando por el toro.


A eso de los nueve meses

Salió su madre bramando,

Los vaqueriles arriba,

Los vaqueriles abajo


 El toro ya está enterrado, culmina el cantar. Y surge de nuevo un signo inquietante en los nueve meses que han transcurrido antes de que la madre oscura recorra los campos, reclamando a la figura de su anterior maldición. Los estudiosos analizarán las figuras del romance: la viuda agorera; los ocho años del toro; el plazo de los nueve meses… A mí me gusta recordar las señales del canto tal como surgen, en su fatal aparición. (Sigo la edición del P. Dámaso Ledesma Una nota del Cancionero señala que “fue recogido en el pueblo de Robliza a Ramón Reyes”. Hay otra versión, más reducida, de Ramón Menéndez Pidal. Federico García Lorca recogería la anotación musical del primero).


Las fiestas de los pueblos son un rito jubiloso, a veces. De la mocedad, el disfraz, la renovación de la siembra en ocasiones. Pero también una invocación a la mala suerte, que ronda detrás de la fiesta. Surge de pronto en estos carnavales, en la plaza del pueblo. Esa madrugada culmina la farsa.



2026 

Cávia



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Cávia, con acento en la primera “a”, como el propio Mariano de Cávia lo escribía, y con eso evitaba lo que alguna vez le sucediera, y era que un teclista le pusiera el acento en la “i” y quedara la cosa en “Cavía”, que viene a decir “conejillo de Indias”, ¿y qué hace un conejillo de Indias en Zaragoza? ¡Ay, Zaragoza! El domingo murió el zaragozano Labordeta y anoche se entregó el “Cávia”, que en vida fue un escritor zaragozano, y desde hace noventa años, un premio madrileño. A Labordeta lo frecuenté por culpa de una época en que las tías andaban con la revolución pendiente y se pasaban la vida siguiendo a los cantautores como los buitres dacios a las legiones romanas. Y ahí estaba uno, quemándose las yemas de los dedos no con la yesca de Warren Beatty, claro, sino con el mechero encendido para escuchar “Arremójate la tripa / que ya viene el calor” en la voz endrinosa de Labordeta, que siempre me pareció uno de esos españoles a los que para parecer buenos les basta con fumar “Celtas”. Como personaje aprecio más a Cávia, que tenía algo en la cara, nos dice Ruano, de cangrejo cocido, y que por la calle podía parecer un relojero o un comerciante, haciéndose acompañar a las cervecerías y a los cafés por un criado. “Tenía mal beber”, recordaba de él el chinche de Benavente, pero hoy Benavente sólo es un Tom de Finlandia para pobres, y Cávia, el premio de ABC, donde Cávia sólo echó un par de firmas: al fundador se le escapó en vida, pero en el mismo día de su muerte supo atraparlo para siempre: “ABC a la memoria de Cávia”. Cávia era coñón (su padre era de Trespaderne, con lo que esa tierra significa) y la corriente literaria que alienta “el estilo ABC” es una cultura bachillera despachada en finas lonchas de sentido del humor, aun en los momentos del drama supremo, como son los casos de Camba o Fernández Flórez, Manuel Bueno, D’Ors, Luis Calvo, Foxá, Ruano, Pemán, Madariaga, Giménez Caballero o don Emilio García Gómez. 

Viernes, 20 de Febrero

 


Valle de Esteban

El cristal oscuro

jueves, 19 de febrero de 2026

Casa Castro


El joven Castro


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Pedro Castro es una de las grandes cabezas del socialismo hispánico. Llegó al Ayuntamiento de Getafe por una oferta de empleo. “Esto estará ya dao, ¿no?”, le dijo al funcionario que entregaba las papelas. “¿Cómo dice usted eso?”, protestó el funcionario, que, evidentemente, era un pobre hombre predemocrático. El caso es que Castro consiguió su empleíllo: a los seis meses ya era el delegado de la Ugt, y al año, el candidato a alcalde. Hasta hoy. “Mi madre tuvo un alcalde”, dice él, graciosamente. Alcalde de Hijosdalgo, alcalde de Casa, Corte y Rastro, alcalde del Crimen, alcalde de Obras y Bosques, alcalde de Alzadas, alcalde de Sacas, alcalde entregador de la Mesta, alcalde Mayor, alcalde Ordinario, alcalde Pedánico, alcalde de la Hermandad, alcalde de la Cofradía y hasta alcalde de Tresillo, por citar por entero a la numerosa familia alcaldesca de Fermín Caballero en “Los españoles pintados por sí mismos”. Pintado por sí mismo, Castro se ve hecho un Quevedo (otro que confunde las “Gracias y desgracias del ojo del culo” con el síndrome de Tourette), y así se lo ha dicho a Karmechu Marín en el periódico global en español, que es el de La Trini contra el Gómez de Madrid, con lo cual ya se ha ganado una calle en Getafe, Karmenchu Marín, digo, entre las de Kifa y Kindelán, si va por Karmechu, y si va por Marín, entre las de Marie Curie y la Marioneta, que aquí el Quevedo de Tomelloso, que a mí me cae muy bien porque es de mi mismo signo zodiacal, ya se las tiene puestas a La Lindo, a La Grandes y a La Montero, que ir a Getafe es como hacer cola en el lavabo de señoras del periódico global en español. “Buen esdrújulo sí haces; / buen caldo no lo he sabido: / más quiero una polla muerta / que mil pelícanos vivos”, escribió del pelícano el Quevedo verdadero, un Quevedo que yo vi ayer (domingo, para el lector) en los cuerpos del último día de piscinas: “Lo que pasó lo tiene la muerte; / lo que pasa, lo va llevando...”  

Jueves, 19 de Febrero

 


Las Metamorfosis

miércoles, 18 de febrero de 2026

Hughes. Benfica, 0; Real Madrid, 1. Why?



Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

El partido duró poco. Duró hasta que Prestianni se tapó la cara como un barra brava y dijo “mono”. Pero hasta entonces, fue el mejor partido del Madrid en Europa desde la última Champions. Fue eso: un Madrid de hechuras europeas.


Y fue según lo apuntado contra la Real. Muy pronto embridó el ímpetu previsible del Benfica y se vio que Tchouameni y Camavinga dominarían con nuevo despotismo la zona de tránsito del mediocampo.


Pero después, muy pronto, hubo otra cosa: se desplegó una forma de construir el juego desde atrás. Habíamos visto la salida con tres, lo hizo Xabi Alonso, pero los tres que se juntaban ahora --aunque pudiera caer por allí un Rudiger-- eran Trent, Huijsen y Güler bajando a recibir mientras Tchouameni, a la Casemiro, se iba un poco adelante. ¿Cómo lo dijo Arbeloa? ¿Hacia las “estructuras del rival”?


Había por tanto una línea imaginaria que unía a los tres, que se buscaban para ir cosiendo la jugada. Ninguno de los tres es Vitinha, pero con ellos la pelota rodaba de otra forma y los pases eran precisos y directos. Los toques tenían un propósito y el juego cobraba sentido desde el inicio.


Y así, a la altura del minuto siete, se desventó el Benfica y el Madrid comenzó a llegar, primero con un Mbappé a medio gas, luego con Güler de lejos y con una ocasión de Vinicius, tras larga combinación coral en la que Trent lanzó de nuevo a Valverde.


Después de esa fenomenal jugada, que fue cosa seria, la cara de Mourihno ya expresaba que sabía lo que iba a suceder (minuto 18). Vimos dibujado en su rostro, que tan bien conocemos, el destino del partido.


En defensa, el 4-4-2 se aposentaba en un bloquecito semibajo bueno, con suficiente espacio a los dos lados.


Trent era un espectáculo y añadió el populismo de una ruleta marcelesca.


El Benfica no inquietaba, sólo tiros largos, pero uno de ellos, peligroso, desviado, avieso, como si llevara dentro mourinhismo y otamendismo todo junto, lo atajó Courtois con una parada irreal en la que se corrigió a sí mismo o se acrecentó con un rebrinco y una mano baja y fuerte.


El Madrid tiene al mejor portero del mundo, la mejor banda derecha de Europa, y la mejor delantera. Con cinco del once mundial se aspira a Champions. Con seis, se gana.


Aunque esos tres del toque sulibeyaban, lo más evidente pasaba en la línea siguiente, donde Camavinga y Tchouameni mandaban, cortaban, barrían todo el juego como esos aspiradores pequeñitos que te ponen como un gancho en el dentista mientras maniobra el facultativo. Tchouameni, especialmente, hizo un partido memorable. “Oscuro en su brillantez” creo que lo definió el comentarista Maldini.


Mou tomaba notas en su libretilla, señal de que ya pensaba en el futuro, no en el hoy.


El Madrid daba completa seguridad asegurando su Macizo Central. Su centro era inexpugnable, como una ciudadela o una montaña que tuviera, como en las leyendas, un gigante dentro (Tchouaméni).


Y de esa solidez, que da ese gustito tan característico del Madrid europeo, ese gustito de ver al Madrid seguro y mandón y que es una sensación tan placentera casi como verlo desatado porque se sufre menos; de esa solidez salían los chispazos zurditos, casi adolescentes de Güler.


El Madrid podía salir a la contra pero también podía construirse en “posicional”, y era un disfrute ver cómo hundían poco al Benfica partiendo de los toques de Trent, Güler y Huijsen, y cómo, una vez llegado al último tercio, de Trent salían los pases a Valverde, de Huijsen la búsqueda de Carreras y en Güler se activaba su conexión con Mbappé.


Hay que precisar algo sobre Huijsen: fue el que más pases dio, con una precisión del 90% y una cuarta parte de ellos fueron pases hacia la zona de ataque. Además, estuvo bien en el corte y la anticipación. Huijsen es un fichaje de época y por supuesto se beneficia de tener al lado un central experto.


El realizador enseñaba el rostro de Rui Costa, mala cara, y la de Solari, que veía el partido como hay que verlo, como se ve el fútbol: echando la cabeza hacia atrás con gesto congelado de aprensión.


Pero no había nada que temer porque ahí comenzó la traca de fútbol del Madrid con ocasión de Mbappé tras intercambiar Trent y Valverde sus papeles, otra del mismo Mbappé tras respuesta geométrica del lado izquierdo (Vini, Carreras); otra tercera (no era su noche) tras colosal acarreo de Camavinga y aun hubo un par más, sumándose la zurda de Güler a la fiesta. Era un fútbol champán, un Madrid de escaparate.


Todo era euforia y regocijo, puro placer, pero con la espinita del gol, y nada más volver, Vinicius lo arregló con un chicharro por la escuadra, una auténtica caipirinha voladora que dejó mudo al estadio.


La clavó y se fue al córner a celebrarlo con un baile en el que parecía fecundar al banderín. Esto, por lo visto, molestó mucho (quizás en Potugal el banderín es algo con lo que no se puede bromear) y además de formarse una bronca de la celebración salió con una amarilla. Él respondió al árbitro con un why? que sustituye al purque de Mou en las preguntas pendientes del madridismo.


Why? ¿Por qué a Vinicius le pasan estas cosas? Además, en su baile no tocó el banderín con su péndulo de samba.


Y ahí fue cuando todo se acabó. Porque el diminuto Prestianni, tapado como un bandolero, le dijo mono, mono, y Vinicius corrió a pedir el protocolo, apoyado por Mbappé, que fue más capitán de lo que han sido muchos.


En un momento, Mourinho cogió a Vini, hablaron y la concentración emotiva se hizo casi imposible. Dos épocas, dos razones dialogaban... ¿con quién iría la prensa al siguiente o irían a la vez contra los dos?


El partido dejó de interesar y sólo teníamos ganas de ver la rueda de prensa y que alguien explicara todo eso.


Pero quedaba mucho aún. El Benfica metió cambios rápidos, no así el Madrid. Todo siguió parecido, aunque más equilibrado. Tchouaméni siguió sosteniendo todo. “Partido descomunal... en lo suyo, lógicamente”, insistía el comentarista parabólico Maldini.


Hubo una amarilla a Prestianni por tirarse al llegar al área. Qué joya el muchacho, qué canchero. Le faltó robarle al árbitro el pinganillo.


Cuando sacaban a Mou sentíamos un poco de pena por él y se vio claro que se autoexpulsó buscando o evitando algo.


Entró Pitarch, y hubo que entenderlo como promesa de continuidad en el toque, y de la grada cayeron mecheros, vapeadores, y una botella que impactó en Vinicius, al que todo le resbala. Se las veía con el patibulario Otamendi, que le enseñaba un tatuaje, probablemente el de la Copa del Mundo (menos mal que se lo tatuó ahí). De esa Copa del Mundo tendría tato que decir Mbappé que sólo se reía con sorna.


El partido acabó revelando la superioridad de Mbappé sobre todo y recordándonos que el Benfinca, Lisboa, Portugal son, pese a que a veces nos queramos ilusionar, tan ibéricos como los demás.


 

Casa Castañares


Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, autor de
Oda a una castaña en el suelo


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Al hilo de “Opá, yo via jasé un corrá” y “Amo a Laura”, por citar a los novísimos de la poesía social española, nos encontramos en Madrid con Castañares, el poeta de los parquímetros. “¿Por qué una canción contra los parquímetros?”, le pregunta el periodismo especializado. “Porque no es justo que los barrios periféricos tengan que pagar por aparcar”, responde Castañares. Y se queda tan terne. Es lo que pasa cuando el poeta es sincero. En esta España lírica, la sinceridad unida al compromiso da una manera de hacer versos que los antiguos llamaban “coger una perra”, que es como se llama al modo de exigir y apremiar del niño. Castañares ha cogido el apremio de los parquímetros, que es coger la perra de lo social. Como antes Celaya, Otero o Lencero, Castañares trata de ser entendido por la masa, yendo de patas al vulgo sin vulgarizarse, reclamando la atención de la mayoría con estilo minoritario. Después de todo, el talento es lo más contrario al igualitarismo de todo cuanto hay. Y un talento verdaderamente prendado de la “perra social” siempre ha de incluir en sus obras guiños a la “enorme bota del cacique”. Castañares se ha encontrado con que en Madrid no hay más “enorme bota del cacique” que la de Gallardón, y puede que la de Cobo, aunque a Gallardón le pegan más los mocasines, y a Cobo, los borceguíes. Ahora, ¿cómo mete uno en una canción “el enorme mocasín del cacique”? Yo creo que, así como Otero daba todos sus versos por un hombre de paz –¿usted cambiaría a Zapatero por todos los versos de Otero?–, Castañares daría todos los suyos por un cacique de verdad. Su canción contra los parquímetros, que es la canción de la denuncia y del dolor humano, se queda coja sin las botas de un cacique. “Las líneas de colores no nos gustan; / las preferimos de blanco”, canta Castañares en un rapto de culteranismo a lo Góngora. Más adelante, inquiere: “¿Para cuándo parquímetros en La Moraleja?” Y esto es un rapto de popularismo a lo Lope. En la “República” de Platón a los poetas como Castañares se los coronaba de laurel y se los expulsaba de la ciudad por perturbadores de orden racional. Pero Castañares no abreva en Platón, sino en Sabina. 

Miércoles, 18 de Febrero

 


Mosquito

martes, 17 de febrero de 2026

Vivir del cuento


Mi Name Is Earl


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El españolejo asiste atónito al espectáculo de una súbdita socialdemócrata del “Estado Social y Democrático de Derecho” haciéndose millonaria en un concurso de TV por saberse el nombre, ¡Earl Morrall!, del MVP de la NFL del 68, cuando todo el mundo estaba en París lanzando adoquines, y la concursante ha agradecido la piñata con un estructurado discurso en defensa de los impuestos digno del Sloterdijk de “La Fiscalidad voluntaria”, ajeno, por tanto, al “No taxation without representation” de los Founding Fathers. El españolejo, que vio la película de John Turturro, habla de tongo, lo que nunca se sospechó de “Ruperta”, la calabaza de Kiko Ledgard en el “1,2,3” de Chicho Ibáñez Serrador.


Los “boomers”, desde luego, se sienten estafados, y se quejan en “X”. ¿Por qué ellos tuvieron que sufrir en el franquismo el Bachiller de don Pedro Sainz Rodríguez, que obligaba a memorizar la lista de los reyes godos, que no daban ni para tabaco, cuando en el sanchismo se ofertan diecisiete Bachilleres autonómicos que invitan a memorizar la lista de los MVP de la NFL, lo cual, en un Régimen de juglares y bufones como el nuestro, permite hacerse millonario en la TV, como Broncano?


Occidente, del que España constituye reserva espiritual, es una civilización que vive del crédito, que es decir del cuento, y el cuento, o el crédito, se acaba. China ordena a los bancos que reduzcan sus tenencias de bonos del Tesoro americano y Trump medita reducir al diez por ciento los intereses de las tarjetas a los “hillbillies” para intentar salvar el naufragio electoral de noviembre. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Pues, como diría Belmonte, degenerando. No se puede pasar impunemente en la Secretaría del Tesoro de Alexander Hamilton, autor del “Primer informe sobre el crédito público”, a Scott Bessent, ex socio de Soros, con quien algún mal rato hiciera pasar a la libra esterlina, y autor del discurso en Davos sobre la deconstrucción de la moneda persa para desatar primaveras de colores.


Talleyrand, ministro de Napoleón, visitó a Hamilton en su despacho de secretario del Tesoro y quedó impresionado por la austeridad del personaje, que, muerto de frío, hacía cuentas (el “excel” de la época) a la luz de una vela. Y escribió:


Considero a Napoleón, Fox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.


Pero a Europa, en vez de divinizarla, nos la han satanizado. Malos tiempos, pues, para aquellos que no se sepan el nombre de Earl Morrall. Y para los más audaces siempre está la posibilidad de buscar pepitas de oro en el océano de archivos de la Galaxia Epstein, verdadero rostro del Occidente triste, solitario y final. Musk promete pagar la defensa de aquél que dijere la verdad sobre esa especie de boudoir de Sade y fuere demandado por hacerlo.


[Martes, 10 de Febrero]

Martes, 17 de Febrero

 


Valle de Esteban

Pilates félido

lunes, 16 de febrero de 2026

En la muerte de Robert Duvall


El secreto de los McCann


He decidido irme de aquí para siempre.
Avísame si vienes.
De lo contrario, me iré por la mañana.
Dime qué tienes en mente.

Entrenador ¿para qué?


Macao / Chinchón


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Arrepentidos los quiere Dios… y el pipero de la esquina, que disfrazado de zampabollos pregunta a Arbeloa qué aprendió de Albacete y de Lisboa y si se arrepiente de algo, a lo que Arbeloa, vestido de salmantino luto, contestó como un teólogo de los de Salamanca:


No. El arrepentimiento es un callejón sin salida.


Espinosa, que era un portugués de Burgos (como Velázquez sería un madrileño de Portugal), condenó el arrepentimiento por considerarlo una forma vergonzosa de la tristeza.


En su análisis de la creación y la libertad, el teólogo alemán Gerhard Lohfink saca a colación una leyenda judía, posbíblica, sobre la vacilación de Dios sobre la creación; advierten a Dios que, si crea a los seres humanos, pecarán con toda certeza, y Dios replica que, mucho tiempo atrás, antes de haber creado nada en absoluto, había creado ya el arrepentimiento.


Pero Arbeloa es un salmantino renacentista, pues son los hombres del Renacimiento quienes nos dicen que su principio fundamental consistía en no arrepentirse de nada de cuanto hacían. En cualquier caso, ¿de qué va a tener que arrepentirse Arbeloa? ¿De haber alineado a Asencio y a Huijsen? ¿Acaso dejó sentados a Saliba y a Van Dijk? Cuando se arrepienta Xabi de haber echado a Endrick, pediremos a Arbeloa que se arrepienta de alinear a Mastantuono, que es el motivo por el cual los piperos dicen que el Real Madrid necesita un entrenador. Un entrenador ¿para qué?


Lo perentorio para este Real Madrid era un preparador físico, y Pintus ha aprovechado los “moscosos” de este febrerillo loco para montarle un carnavalillo de pilates a los futbolistas, que corren con máscaras, como si estuvieran en una ópera de la corte libertina del duque de Orleáns (invento de un fraile, el de bailar con máscaras, para favorecer las citas y los cuernos). Como la marmota de Punxsutawney en Pensilvania, que este año alarga el invierno seis semanas, el Madrid de Arbeloa en Lisboa decidió alargar la clasificación de Champions dos partidos y contra el Benfica de Mourinho, que compite en los deseos del piperío con los nombres de Émery, Scaloni, Tuchel… para el banquillo del Bernabéu en verano. De Émery se dice que es buen entrenador y mejor persona, pero que no se sabe explicar, justo lo que necesitan “los niñatos millonarios del vestuario”, como llama la Merma mediática a las estrellas del club. De Scaloni se ignora su rendimiento en un escenario ajeno a Messi e Infantino. Tuchel se peleó con Mbappé en el PSG. Zidane parece comprometido con la Francia de Macron. Klopp, bien mirado, fue un lúser en dos finales ante el Madrid, y cuando Salah se le puso farruco, se arrugó. Queda la opción del mejor, si el mejor es el que más cobra, es decir, Simeone, y yo de Flóper les gastaría esa broma a lo piperos: este verano, Simeone por Arbeloa, y su chiquillo, que ése sí que presiona arriba, por Vinicius. “Presión arriba y activación tras pérdida”, repiten los profesionales de la balonería, igual de cargantes que los profesionales de la tauromaquia, responsables todos de que uno acabe cogiendo asco al fútbol y a los toros (¡es abracadabrante el parecido del público de entendidos del Bernabéu con el público de entendidos de Las Ventas!). Tampoco estaría mal la broma de Lillo o Jémez. Y por lo serio, siempre nos queda el regreso de Mourinho, si campeonara en Champions con el Benfica, o el de Ancelotti, si campeonara en el Mundial con Brasil. En aras a la ley de propiedad intelectual, mi favorito sería Mourinho (¡nuestro rey Don Sebastián!), y que tuviera la ocasión de redondear “Os Mourinhiadas” como Camoes redondeó “Os Luisiades”; lo hizo exiliado en Macao, que para mí, gracias a Orson Welles, es Chinchón. Welles llegó a Chinchón en el 68 con Jeanne Moreau para rodar “Una historia inmortal”, y transformó Chinchón en el Macao del XIX por el procedimiento de llenar las calles de camareros de restaurantes chinos de Madrid. Pero a Valdanágoras le da pereza Mourinho. Y Benito, su sucesor en los arpegios pajaroideos de la TV, lanza su “puñaíco” de cizaña para que no le toquen el cocido: “Es acojonante que no se les pueda entrenar”. ¡La purga de Benito!


[Sábado, 7 de Febrero] 

Lunes, 16 de Febrero

 



¡Qué esfuerzo! ¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!

domingo, 15 de febrero de 2026

Hughes. Real Madrid, 4; Real Sociedad, 1. Niño gordito con gafas ve fútbol del bueno


@realmadrid



Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

Antes del partido hubo un gesto contra el cáncer infantil. Salían niños de la mano de los futbolistas y me llamó la atención uno que iba con el Madrid, vestido del Madrid, niño gordito y con gafas. Era la bondad hecha ser humano.


También había un recuerdo para Manolín Bueno, uno de los ejemplos morales del madridismo: ser Manolín Bueno, ser no bueno, sino manolinbueno para el Madrid, saber aceptar el banquillo y al que es mejor, como un Poulidor más resignado.


En el Madrid faltaban Bellingham y Mbappé. Cuando falta una estrella, el equipo juega mejor, cuando faltan dos, el equipo juega bien.


Salían Rudiger por Asencio y Trent, que demostró ser un jugador de otra categoría. Empezó pronto con un balón raso a Vinicius y al poco colaboró en el 1-0, un pase con rosca para Gonzalo, que demostró inteligencia porque sintetizó bien el desmarque, el remate y la colocación, o sea, el espacio del futbolista y el espacio de la pelota.


La silueta de Trent al dar el pase adquiría esa forma plástica, inclinada y flexible del gran futbolista. La vimos en Míchel y en Beckham.


El Madrid era simétrico, equilibrado, ligero... era lo nunca visto, sin duda por la colocación de nuevo de Valverde y Camavinga como interiores o contrafuertes del conjunto. En esos minutos iniciales, Huijsen mostró un fútbol superior, con gran animación del toque, con pases tensos, directos, que parecían valorar la milésima de segundo en su ejecución... ¿controla eso el fútbol de datos? Hay una ganancia de tiempo en cada pase, en recibirlo, pensarlo, ejecutarlo...


Yo, que soy calvinista-huijsenista cerrado y fanático, estaba disfrutando y sentía una euforia interior muy grande que tuvo que estar sintiendo él (olés interiores, exclamaciones mudas) y por eso entendí su error cuando cometió un penalti torpe que acabó en empate de Oyarzabal --el magnífico Oyarzabal--. Huijsen estaba crecido, recuperando autoestima y sitio, mandando, y quiso rubricar eso con una acción defensiva, con la, además, acción defensiva que podía hacerle ganarse al Bernabéu: el tackling o segada. Quiso ser Asencio, quiso barrer patifino pero expeditivo al rival, y midió mal porque no está hecho aún para eso. Fue un error derivado de la inexperiencia, pero más concretamente del subidón de fútbol que sentía y del querer enamorar al estadio con lo que más le gusta.


Huijsen, yo le diría: tú no te rebajes a ellos, ¡que se eleven ellos a ti!


Luego le pitaron, bárbaramente, pero hubo también, por fortuna, aplausos compensadores.


El partido era alegre y sin pausa y el Madrid salió del apuro muy pronto con un penalti sobre Vinicius que el mismo Vinicius marcó con saltito de la rana, beso al escudo y baile contoneante.


El locutor Martínez se quedó exponiendo una teoría moral algo irritante sobre el tirarse o no tirarse sobre la que luego volvió.


Güler coronaba un rombo racional en la media y la pregunta del agonías salía sola: ¿será Güler menos Güler sin Mbappé? Es como si perdiera su gadget.


El 3-1, un golazo de Valverde, llegó a la media hora tras una nueva combinación entre Trent y Vinicius. La jugada siguió su curso y cuando llegó a Valverde, al borde del área pero en el lado izquierda, sorprendió su maniobra, una media vuelta para colocarse él y luego colocar el disparo. Su giro era ya un poco el giro vitinhesco, el giro xaviano, y él lo hizo como un step back a lo Doncic para crearse el sitio desde el que tirar.


No sólo fue el gol. En su sitio de siempre, redescubrimos al Valverde llegador.



@realmadrid

El otro interior era Camavinga, con un partido tan bueno o mejor. Era noche de descubrimientos de América y caímos en la cuenta de que Camavinga es eso, ha sido siempre eso: un interior por la izquierda. Todo lo que apunta y no culmina, toda su exuberancia, todos sus excesos inacabados tienen sentido en ese carril ancho e intermedio del interior. Es un jugador para la parcialidad encarrilada, diagonal, omnicomprensiva del interior, para su ir y venir, su acarreo. Ese todocampismo parcial, hasta cierto punto. Si Redondo sentía que fuera del centro le tapaban un ojo, Camavinga se marea.


No sólo eran los interiores. El Madrid transmitía algo nuevo. Era capaz de sostener la atención, el juego. Era por primera vez continuo, sin caídas de tensión o atención e intuimos que era por una razón futbolística. “El fútbol es un estado de ánimo”, vale, pero ¿y si el estado de ánimo estuviera determinado, lo primero, por razones futbolísticas? El Madrid no se iba del partido, no sufría lagunas porque todos colaboraban sucesivamente: Trent y Huijsen daban electricidad al pase, los interiores mantenían la energía, Guler coronaba de sentido, Gonzalo corría solícito lo de todos... y todos estaban en su sitio, jugando de lo suyo, con una adecuada combinación de jugadores sin balón y jugadores con balón, de toques inteligentes y movimientos en consonancia.


En ese rato se produjo, a mi juicio, una de las acciones de la Liga cuando Vinicius, en nuevo duelo con Aramburu, le recortó tan secamente que el jugador perdió pie mientras él quedaba fijado en el suelo. Los viejos recortes patizambos de Garrincha eran homenajeados por Vinicius.


El juego era vistosísimo y la primera parte acabó con una combinación años ochenta de Trent, con pase largo a Valverde, que a su vez se la hizo llegar a Gonzalo. Falló dándola de tacón cuando hubiera bastado cualquier otra superficie del cuerpo.


Nada más regresar del descanso llegó el 4-1, penalti que lanzó de nuevo Vinicius tras otro penalti de Aramburu sobre él, añadiendo esta vez, al recorte seco, un caño añadido, con el intermedio de una pisada. Tardaremos años, si es que volvemos a ver, un jugador como él. Cuando en tan estrecho espacio un jugador se vale de tres suertes seguidas (recorte, pisada y caño) para superar al rival, al borde de la cal, en el límite, lo que pase luego ya no importa. Lo digo por el debate que el locutor Martínez prosiguió acerca de si se caía por el contacto o por tirarse. Esto no importa en absoluto. Igual que un peón de ajedrez puede permutarse alcanzada una cierta fila, cuando un delantero supera al rival en el área, cuando le ha ganado en buena lid el sitio, lo que pase luego, la forma de caer no importa. Como si quiere recitar el monólogo de Hamlet y derrumbarse así. No sólo era penalti, es que algunos penaltis son un derecho que ha ganado el delantero. “Colabora cayéndose”. Pues claro, asesino del fútbol, colabora porque después de semejante obra de arte, lo que no va a hacer Vinicius es dejarlo todo a la ley de la gravedad. La jugada requería un caer mínimamente teatral, igual que los saltadores afinan su entrada en el agua.


El juego del Madrid estaba basado en una gran simetría. El avance por un sector orientaba la defensa rival hacia allí y entonces se cambiaba el juego; y en cada cambio de juego se gana algo, se gana un poco de superioridad; así, como si fuera un cedazo, llega el espacio, meciendo hacia un lado y otro el juego hasta encontrar la pepita de oro.


Por la derecha lanzaba Trent, y por la izquierda Huijsen, que mostraba una inteligencia con Carreras. Por delante, ya se ha dicho, trituraban los interiores...


Para un degustador del fútbol de banda derecha, nostálgico de Míchel, la combinación Trent-Valverde parecía un summum del fútbol y por ello sorprendían, aunque no mucho, las insistencias con Carvajal, que entró junto a Alaba en el 58. El cambio parecía un premio a la superación y la reinserción deportiva, pero ilusionar tampoco es que ilusionara mucho.


El Madrid lanzaba bellas contras tocadas, lograba lo mejor de los dos mundos, el toquecito y la correría y en un momento dado, el realizador mostró a un niño en primera fila del estadio: gordito, con gafitas, con cara de bueno y decía hola con la mano... ¡era el mismo niño! Y ese niño gordito con gafitas maravilloso que decía hola (¡niño adoptable ahora que he roto a padre!) estaba siendo espectador de cosas únicas. Tanto, tan insólitas que el estadio, para espanto seguro del ruidobernabéu, empezó a cantar:


-Hola, Fondo Norte


-Hola, Fondo Sur


Estaban a un pase más de Trent de hacer la ola.


En el 72 llegó el descanso, bien pensado, para los interiores, que se antojan claves en lo que queda. Entraron Ceballos y Brahim a dejar sus buenos minutos.


En esa noche de florecimientos vimos otro lince blanco: una jugada de Güler conduciendo la pelota por fin: control, gambeteo, autopase, esprín, recorte y pase...


Había sido un día tan importante para el mediocampo del Madrid que Cestero entró a sustituir a Tchouameni.


Las lesiones (son de cristal) o las prelaciones (no sé si hay jerarcas pero sí jerarquías) podrán muy fácilmente arruinar el “no la toques ya más, que así es la rosa” vivido ayer. 



@realmadrid