miércoles, 14 de octubre de 2026

Semiólogos





Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Que lo de Podemos va en serio lo dicen los semiólogos, que son los primeros en oler estas trufas.

    –La moda transforma lo insignificante en significativo –avisa el semiólogo Lozano, que tanto dadaísmo nos dio en Periodismo.

    Y los radiofonistas de la Ser completan el dictamen: “Camisa desabrochada, mangas remangadas y corbata hacen de Pablo Iglesias un Robert Redford (ya suponemos que con alzas) interpretando a un periodista en la redacción a la hora del cierre”, que es la idea de periodista, de redacción y de hora de cierre que tienen en Barrio Sésamo.

    Podemos, pues, va en serio, ¿y qué familia de dos o más miembros va a decir no a los dos o más sueldos de renta básica que le corresponden por el mero hecho de votar a Podemos?

    Aquí es donde la vieja política dibuja una sonrisa sardónica. La pensión universal, piensa, es una idea navideña, pero utópica, pues se necesita dinero y nadie sabe cómo sacarlo. Pero si Martin Cooper hubiera pensado que para hablar por teléfono hacía falta un cable, no habría inventado el móvil (viendo al capitán Kirk usar su pinganillo en “Star Trek”).

    ¡Transformar lo insignificante en significativo!

    El Cooper que Pablo Iglesias necesitaba para ponerle a cada español una pensión es Monedero, el más viejo de la guardería, con su cara de español nacido para ministro del Interior, que es esa cara de autoritarismo dentro de un orden (¡el orden es mío!) que tenemos tan vista en Fraga o en Azaña.
 
Monedero tuvo, por viejo, la grande ocurrencia: nos dejamos de euros, que son alemanes y cuesta un huevo ganarlos, y nos montamos nuestra propia moneda, que bien podría llevar la cara (muy Simpson) de Villarejo, su perfil más numismático.

    ¿Dónde están aquí los antisistema?

    De dar crédito al Cis, los votos de Podemos salen de la abstención, no de los demás partidos. La abstención constituye el único enemigo serio de la partidocracia. Luego Podemos es hoy el mejor apoyo que podía encontrar el sistema.


[Agosto, 2014] 

Miércoles, 14 de Octubre

 



desnudo un gigante, sopló el caracol

martes, 13 de octubre de 2026

Berreas ("desde este instante queda abolido el Concilio de Trento")

 


En los Montes de Toledo  (J.A. Renedo)


Francisco Javier Gómez Izquierdo


   Coinciden los bramidos en los Montes de Toledo con la llamada a las votaciones del Alfa de los políticos de España, queriendo asemejar "el canto de amor desesperado" del ciervo, que es el berrido anual, vital, natural, reproductivo... al que tengo el privilegio de asistir a finales de los septiembres y principios de los octubres, "cuando sienten humedad en el lomo"..., con un vocerío infernal al que se quiere hacer pasar por Filípicas de Demóstenes o Catilinarias de Cicerón. Lo pone en el Eclesiastés: "Infinito es el número de los tontos", una de las frases más ciertas y más de  mi gusto que explican casi todo. Servidor, que intenta huir como puede del acoso de los falsos predicadores, porque no quiere ser "pepa" doliente ni consentidora, se refugia en el fútbol y en libros escritos a ser posible antes de la Guerra Civil, que a partir del 36 todo parece contaminado y ando con Luis Montoto, al que busqué por vivir mi chico junto a esa calle de Sevilla, y mira por dónde coincide el primer bramido del Alfa, en Dos Hermanas, pueblo que es casi barrio sevillano donde es fama que los alcaldes son capaces de cualquier cosa. Dice Luis Montoto que en contra del parecer del padre de una muchacha, un monterilla encumbrado por arte de birlibirloque en tiempos de la Gloriosa (1868), casó a escondidas a ésta y a su pretendiente. La pareja sucumbió a la llamada del amor y la hija dijo al padre que la casó el alcalde. Preguntó el progenitor al alcalde no creyendo semejante desatino y el alcaldito lo confirmó. El padre, no tan ayuno de saberes como el interlocutor le dijo que sólo valía el matrimonio que Dios instituyó y el Concilio de Trento reguló. Más jaquetón que necio, el inusitado mandamás soltó al atónito vecino que "...desde este instante queda abolido el Concilio de Trento". Buen sitio Dos Hermanas para tomar el relevo a la Berrea de los venados. Paciencia, Señor.

Con acento RP


Hiroshima


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En lo de Carlson el mundo ha podido oír a Sir Jacob William Rees-Mogg (“político, empresario y locutor británico”), de confesión católica, justificar moralmente las bombas nucleares que se lanzaron, Hiroshima y Nagasaki, y las que están por lanzarse (la amenaza de la banda de Trump a Irán), pues aquí, como decía el fraile del cuento, todo es bueno para el convento, y llevaba una puta al hombro.


Rees-Mogg, está casado (se casó con su secretaria, Gillian Shakespeare), ha sido líder de los Comunes, y se expresa en el prestigioso acento RP u Oxford English, tan goloso hoy para los caricatos (en menos de un día el comediante Tony Lapidus ya tenía en el aire su versión cómica de la entrevista), lo mismo para hablarles a los criados que para argumentar sus barrabasadas belicistas con citas de un Santo Tomás de Aquino inédito que sólo debe de estudiarse en Oxford, de cuya universidad, cosa que mucho asombrara a Madame de Staël, fue expulsado el joven Locke, por haber rehusado adherirse a su doctrina servil (o el romántico Shelley, por un panfleto sobre el ateísmo), que colocaba al rey por encima de todas las leyes divinas y humanas. Sin embargo, el acento RP… ¡ay el acento!


–Mi querido amigo, somos británicos. ¡Podemos leer nuestra lista de la colada y los americanos piensan que están escuchando a Shakespeare! –decía el señor Sheffield en “La niñera” (CBS).


De la entrevista Carlsson/Rees-Mogg, este duelo de acentos: R-M: “La Segunda Guerra Mundial fue el clásico bien contra el mal”. C: “¿En qué benefició al Reino Unido?” R-M: “De no haber participado, estaríamos hablando alemán”. C: “¿A quién le importa? Hay mucha gente en Gran Bretaña que no sabe hablar inglés. Al menos el alemán sería un idioma europeo”.


En palabras de Foxá, la sangre azul –porque las venas azulean en las muñecas donde está el pulso de los cristianos, mientras se perdían en los brazos oscuros de los hijos del Desierto– bañó con sus hazañas y edificó toda la Edad Media. Las venas siguen azuleando en el pulso de los Rees-Mogg, que todavía se dicen cristianos, pero las hazañas guerreras las ceden a la carne de cañón plebeya.


Los oyes, y eliges quedarte a solas contigo y con tu ironía –si aún te queda–, como David Hume, en la descripción de su agonía que hacía Mellizo, conmovido por las palabras del filósofo mientras se moría, ejemplar y lentamente, de cagalera: “He disfrutado de un regalo de Dios: contemplar el mundo, entenderlo, amarlo y saber que irremediablemente, se labraba sus propios desastres y sus propias victorias. Gracias a mis libros y a mis partidas de damas en la taberna, he sido fuerte para estar a un lado. Y como sé lo que ha de ocurrir mañana, no me importa morirme hoy”. Y se murió, como un señor. Lo cual vale para las anunciadas votaciones generales.


[Martes, 6 de Octubre]

Corrida de la Hispanidad'26. Morante de la Puebla elige torear toros artistas. Campos & Moore

 




PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Lunes, 12 de octubre de 2026. Corrida del Día de la Hispanidad. Quinta corrida de toros si la relacionamos con el ciclo de la Feria de Otoño. Encierro de toros de Garcigrande (encaste Juan Pedro Domecq), (1º, 2º y 5º) y de Núñez del Cuvillo (encaste Domecq, Núñez y Osborne), (3º, 4º y 6º). Discretos de presentación; en la linde segundo, cuarto y el quinto. Mejor presentados primero y sexto. Nobles y mansos. Todos flojos. El primero de embestida pastueña. El segundo, flojo y cómodo. El tercero, pobre de presentación, moribundo. El cuarto, flojo y anovillado. El quinto, flojo, corto y encogido. El sexto, mejor presentado, soso. Lleno de no hay billetes. Tarde de otoño fantástica.

Terna: Morante de la Puebla, de La Puebla del Río (Sevilla); de verde botella y oro; veintinueve años de alternativa; cuarenta y nueve festejos en 2025, y cuarenta y siete en 2026; silencio y saludos tras un aviso. Héctor Gutiérrez, de Aguascalientes (México); de blanco y plata; cinco años de alternativa; un festejo en 2025 y cinco en 2026; saludos y silencio. Aarón Palacio, de Zaragoza; de blanco y oro; un año de alternativa; veintiséis festejos en 2025 y dieciséis en 2026; un año de alternativa;  saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Aarón Palacio confirmaba la alternativa.

Suerte de varas: muy pobre. Un simulacro. La mayoría de los toros no fueron colocados al caballo sino de compromiso. Se les picó a base de picotazos traseros, y salieron sueltos de los breves y ligeros encuentros. Mejor picado el sexto, por Manuel Quinta; la primera vara la toma al relance, situada detrás de la cruz, el picador le pega y el toro se acuesta y sale suelto; en la segunda vara, puesto en suerte y el toro va, la puya cae detrás de la cruz y el picador le aplica metisaca duro y el toro se repucha.

Morante de la Puebla, ayer, como mandamás del toreo actual, podía elegir ganadería para torear sus toros. Y así lo hizo. Eligió astados de Garcigrande y de Núñez del Cuvillo, para más señas, sus favoritos. Así ha ido desarrollándose su temporada e incluso las últimas. Todos sabemos que estos son toros de un perfil cómodo que aportan facilidad, el camino más sencillo para obtener los éxitos. Con esos animales puede Morante quedarse muy quieto cerca de ellos, a una distancia no exagerada del bóvido, y componer un toreo de contenido estético. También puede pasarse a estos bureles a medio palmo de la faja y dejar la impresión de máxima exposición. Sabemos que otros toreros que torean lo mismo no le han cogido el tranquillo a tales animales de tal guisa y no torean con tanta proximidad. Morante de la Puebla, sí, y por eso los elige. Es su toro, el que le gusta, y con él pone en escena su tauromaquia de corte clásico, en la que además de pararse él (a animal parado y después viniéndole en trote predecible), templa, manda, bien colocado, sin la pierna de salida retrasada, remata los pases con largura o detrás de la cadera, y los va ligando uno detrás de otro, con profusión, según el fuelle y la obediencia del astado. Ese toro le obedece porque es noble, claro, franco y boyante. Todo al mismo tiempo. A su vez, si observamos, se ve que es un toro flojo de extremidades, que tropieza con ellas en la arena y se cae, acto seguido se levanta. Sumemos a lo anterior el calificativo de ser un toro blando porque se duele en el castigo y por eso no necesita de la suerte de varas, sino sólo de uno o dos picotazos. Cierto que como no todos los animales son iguales, en ocasiones alguno sale algo más fuerte y entonces se le puede pegar un poco más en el caballo para reducirle el genio. Como el temperamento es una cualidad libre es posible que este toro se manifieste altivo, díscolo e indisciplinado. Y ahí aparece el maestro con su receta de pases para limarle ese carácter altanero, punteado, arrogante, petulante, en última instancia jactancioso, que de vez en cuando exterioriza ese toro de procedencia Juan Pedro Domecq que ha sido concebido para ser artista —embestir con belleza— y ser reducido por un torero virtuoso representante de las bellas artes, un virguero de la pericia, de la destreza, de la maña, del acabado. 


En toda esa faceta artística se muestra holgado Morante, y otros artistas —hay muchos— no logran alcanzar tal dominio. Algunos se le acercan un poco, lo hemos visto recientemente, caso de Diego Urdiales. Ahí existe una comparativa que no ha sido excesivamente pulsada por el empresariado taurino. Una coyuntura pensamos no demasiado exhibida en el contemporáneo arte de los toros. Como alternativa se ha buscado la opción de que Morante vaya acompañado de Juan Ortega y Pablo Aguado, una comparativa artística que ha ido declinando y en la que Morante es vencedor. Se ha manifestado esta competencia con ese toro que se llama artista y que podemos definir de bien hecho, bonito, de pitones que caben en la muleta, buen embestidor —que coloca la cara sobre el trapo que le ofrecen, de manera adecuada—, obediente, manejable, previsible —hasta donde un animal lo pueda ser, pues no sabemos lo que opina, ni su capacidad de respuesta—. Con ese astado de ganaderías que poseen el encaste Domecq y que apuestan por darle continuidad al toro artista, con ese toro mercantil y comercial —que no todos los toreros son capaces de domeñar o de saber componer la figura cuando pasa— Morante de la Puebla es un gran artífice, y es clásico, porque sigue las reglas de la tauromaquia sin negarlas. Con ese toro artista descrito, y que el aficionado sabe qué significa, Morante lo ha bordado en Sevilla y ha recorrido toda España mostrando su arte. En los últimos años con regularidad. Hace alguna década con discontinuidad, todo hay que decirlo. O no había encontrado la tecla con la que interpretar convenientemente esa partitura. O ese toro no había evolucionado a esa toreabilidad perseguida —o uniformidad en el trato— y conseguida en estos próximos tiempos. En fin, nos movemos en un intrincado planteamiento de conceptos y de filosofías taurinas. Antes a este toro toreable —o perita en dulce, o, en términos más añejos, la tonta del bote— se decía que poseía casta buena (alejado de la casta mala); hoy ha evolucionado hacia la casta toreable, es decir, ha tendido hacia la nobleza sin raza, sin nervio, sin genio. 


Existen otros tipos de toros, y todos lo sabemos. Los toros que no son artistas sino animales con la condición de lo indómito, la de no dejarse hacer, la de ser renuentes a la obediencia: a no ser que el matador de toros les aplique el verdadero programa que lleva al dominio, a través de una exposición y una valentía al límite y que les someta a su voluntad. Es decir, una técnica que no se basa sólo en acompañar simplemente al toro en su camino, sino que lo desvíe de sus apetencias desordenadas y violentas, de querer coger al hombre —al matador— que lo va sometiendo bajo la fuerza del mando, con un tipo de temple, no bonito, sino a la velocidad que el animal demande según su fortaleza; con la suerte cargada el torero, el remate atrás del pase o en prolongación —si es lo adecuado— para doblegar la acometividad fiera del animal. El aficionado sabe de qué va esta vaina y se vio anteayer en el coso madrileño (corrida de Adolfo Martín). Con esos toros, las cercanías, las quietudes, el encajamiento (y el asunto de pasarse al toro por la faja) cobran otras dimensiones diferentes, y la técnica a emplear no puede ser la misma. Sí las reglas, pero no el método. Y la firmeza del matador aparece como un componente esencial para conseguir los fines. La estética se descompone y la belleza cambia de cara. La belleza es sustituida por la sinceridad. Una tauromaquia planteada con otro toro que cobra otra dimensión. En esta órbita, en esta magnitud, se encuentra la plaza de Madrid. Donde hay preferencia por la tauromaquia con el toro con poder. El toro que no elige Morante de la Puebla para torearlo. De ahí las desavenencias entre parte de la afición madrileña y la estética por la que se conduce la fiesta de los toros en estos tiempos que podríamos denominar de modernos. Para muchos aficionados Morante ayer tarde con su toro toreable de Núñez del Cuvillo estuvo muy bien, excelente y dio naturales caros y raros de ver en el orbe taurómaco. Para otros aficionados, el toro era la tonta del bote, el toro artista, que sacó —por eso de la cuota de animalidad— un poquito de genio, de malas maneras, porque hizo ascos a la muleta de Morante de la Puebla, y este no supo limar esa destemplanza y el trasteo le fue saliendo irrelevante, trabado y tartamudo; en definitiva con muchos enganchones.


Morante en su primer toro poco hizo o poco pudo hacer, según se valore. En su segundo (el que hemos descrito) puso voluntad y tesón, con resultados baldíos. Aarón Palacio, que confirmaba la alternativa, en su primer astado estuvo solvente, y ante un toro boyante compuso una faena en la que demostró que sabe torear y conoce toda la técnica. Falló con la espada y se quedó sin premio. En el último, un toro más soso, parece como que el bache sufrido por Morante le afectó y no apretó el acelerador para obtener el triunfo. Aarón Palacio tiene condiciones y se le abre la perspectiva de encajar en el negocio taurino. Por su parte, el torero mexicano Héctor Gutiérrez que también sabe torear, anduvo algo despegado y no sacó a relucir ese toreo en círculo que posee y toda la gama de pases por bajo donde alcanza un gran nivel. Mató de manera eficaz a sus toros, siendo esto una sorpresa, aunque en el quinto apuntó al rincón de Ordóñez. 



Morante de la Puebla
Pase del dron



Leonardo da Vinci
Máquina voladora



ANDREW MOORE



























FIN

Martes, 13 de Octubre

 


Nina Hagen

lunes, 12 de octubre de 2026

Pésima jornada la del Pilar



  Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Es cosa probada que la mayoría de los hinchas de cualquier club va a lomos de una irracionalidad que no se puede explicar. El cordobesista por ejemplo está convencido de que su equipo es favorito en cualquier partido porque sale a ganar, sale al ataque y si cuela la mitad de las ocasiones es seguro que se lleva el gato al agua. Así piensa el cordobesista porque el entrenador del Córdoba abraza esa teoría; la defiende ante los micrófonos con aplauso de locutores y críticos y en ella se perpetúa. Por contra, "los hijos del frío", que es como llaman de tiempo acá a los burgaleses, aprecian la concentración defensiva que empieza desde el delantero centro y se estremecen emocionados con un contraataque llevado como Dios manda. Los aficionados del Burgos saben que su plantilla es modesta y sólo le vale el trabajo a destajo. Los del Córdoba, con parecidos mimbres, se ven entre los mejores de Segunda y no entienden que la primera parte del Eldense-Córdoba no acabe 0-4, tras las ocasiones de las que se enorgullece Iván Ania. En Salmonetes... llevo, aficionado humilde, muchos meses amonestando a este hombre, del que admito sus buenas ideas, pero del que no entiendo su ceguera ante las limitaciones de sus peloteros a los que supone excelencias que la Naturaleza negó desde juveniles y la excesiva exigencia física a los medios Isma Ruiz y Diarra, que cualquier día griparán. Diarrá ya tuvo que parar ante el Eldense, el equipo que ha comprado Messi, del que me han mandado un vídeo "disfrutando" del triunfo de "su" equipo. El Córdoba en Elda debió ganar, pero Percan, el supuesto goleador, falló tres goles fáciles, como si te preguntan en clase cuántas unidades componen un par y estropeó dos transformados por querer apropiarse de la autoría de dos golazos que fueron anulados por no quedarse quieto y mirar cómo entraban; uno de Ghailan y otro de Eder García. Del 0-5 que temió todo el Pepico Amat y Messi en Miami, al 1-1. Ese gol de cada jornada buscando la espalda a una defensa que se planta en el círculo central a pesar de su lentitud. Carrerita y gol de Rastrojo, el bueno del Eldense. El bueno, bueno en verdad es Fidel Chaves, que este mes cumple 37 años y que jugó los 95 minutos para en el 94 marcar el 2-1 tras un penalti señalado de ésos a la moderna con que engañan los delanteros al VAR nada más sentir un roce. Me hubiera gustado ver a Fidel en un Betis, Sevilla, Real Sociedad... Siempre creí que en alguno de ésos explotaría, pero no, sólo en Elche pudo lucir parte del tremendo talento que tiene. Veinte goles en contra el Córdoba, pero Iván Ania no renegará nunca del sistema y el cordobesismo piensa que sólo es una mala racha.


     El entrenador del Burgos, Sergio Francisco, maneja plantilla muy humilde. Lo sabe y de ahí su "bloque bajo", su mentalidad defensiva y los distintos ensayos en faltas, córners y la salida a la contra para pescar un golito o dos. A Pacheta le pasa lo que a Sergio Francisco y en El Plantío han estado Granada y Burgos a ver quién era capaz de mojar con las sayas hasta los tobillos. Poco antes de la media hora lo ha hecho Alemañ para los granadinos en una contra del veloz Rodelas y cierta desaplicación del lateral Brais, al que le falta acople. Dice el gran Ricardo de mi peña que le gusta la media Alcaraz, Gumbau, Alemañ, pero a mí me parece que lo que cosecha el Granada viene de los principios de solidaridad defensiva que machaca mi paisano José Rojo Martín, quizás el entrenador que mejor entiende la Segunda División. Del filial ha subido dos Flores, Juanjo y Alberto, jóvenes los dos y que no estuvieron hace un mes en El Arcángel. Alberto portero y Juanjo un central largo quizás un poco flaco que me ha gustado mucho. El VAR ha anulado un gol al Burgos, sería el empate, cuya explicación sólo se entiende si antes te drogan pero hay que reconocer la aplicación granadina en un amarrateguismo maguréguico, capaz de generar claras ocasiones a la contra. Ha tenido un penalti al final que ha fallado Jorge Pascual, pero el resultado ha quedado 0-1. Derrota de mis dos equipos en el puente del Pilar. Dos equipos que creo andan necesitados de casi lo mismo: de nueves que metan las ocasiones. El Córdoba la mitad de las muchas y el Burgos sus poquitas. ¡Ojalá Pacheta un día en cualquiera de los dos!


     –Buena plaza, Córdoba  –me dijo en Salas de los Infantes hace dos veranos.

Pasión de olvidar


Ovrebo


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La Uefa de Ceferino, que tiene a la vista un Barcelona-Manchester City de Champions que estaría completo si lo arbitrara Ovrebo, el psicólogo noruego, va a echar un vistazo al Expediente Negreira remitido por el Real Madrid, por si su Comité de Ética, o como se llame el negociado, encuentra algo contra las indicaciones de Immanuel Kant, el filósofo de Königsberg, autor de una “Ética de la Razón Pura” (sic) que sólo Pablo Iglesias ha leído, y que es por la que se han de guiar los lebreles de Ceferino, que al final dirán que sí, pero que no, que Königsberg es hoy Kaliningrado, punto donde podría estallar la guerra europea entre otanejos y putinejos, y el deporte ha de estar separado de la política, por lo que casi trae más cuenta olvidar, que es la doctrina española de Louzán, personaje como escapado de un casting de “El Señor de los Anillos”, y Soto, el “pastor del ser” heideggeriano en el CTA, que reúne tres vocaciones maravillosas (abogado, árbitro y asesor tributario) que lo llevan a pedir el olvido para lo de Negreira. Si Perales pudo olvidar (“Podrán pasar los años / y olvidar los campos donde ayer jugué. / Pero jamás yo podré olvidar / aquel amor primero, / que fue sincero, que fue verdad”), ¿por qué no podremos olvidar nosotros?


–El caso Negreira es algo que debemos olvidar –susurra Fran Soto.


Este Soto es, en melifluo, nuestro Renan, que concibió la Nación alrededor del concepto de “olvido”: los miembros de la nación francesa han “olvidado” simplemente su diversidad cultural originaria, y esta bendita amnesia es lo que hace que la Francia de Renan sea lo que es. 


–El francés medio sabe que bebe vino, tiene una condecoración y no sabe geografía.


Soto, parecidamente, quiere una Liga alrededor del concepto de “olvido”: los miembros de la competición española “olvidan” simplemente la diversidad arbitral del Negreirato, y esta bendita amnesia es lo que hace que todos finjamos que aquí hay competición. El poder de olvidar, decía el clásico, es más fuerte en las sociedades que en los individuos: cuando se decide por decreto de la autoridad olvidar lo de antes, quiérase o no, se olvida también lo de ahora. “Por eso Shakespeare llamó al olvido ‘monstruo de la ingratitud’.”


En el fútbol como en la política, el “putoamismo” en España corre por cuenta del PSC, que ha decretado “olvidar” el Negreirato, con la empatía susurrante en “Madrit” de los gallegos Louzán y Soto, que ya decía Pemán que para los gallegos el “poder” no es un sustantivo: “Es un verbo deslizante, es ‘lo que se puede’.” Cuando oyes a Soto decir que el caso Negreira es algo que debemos olvidar suena como esa joven Rosa Luxemburgo que sacado la cabeza en la Puerta del Sol para contarnos “las cosas que no entiendo versión capitalismo, osá, trabajar para otros”…


–Ya trabajar me parece una cosa innecesaria, osá. Podemos vivir del trueque, ¿por favor? Yo no he elegido nacer, osá. ¿Por qué tengo que pagar para tener un techo y mantenerme viva?


Después de oírla, ves las cosas de modo distinto. Ves a Rodri, el cerebro de España, decir sobre la corrupción de su City: “Yo confío en la impunidad de ese club que conozco muy de cerca”. Cielos, Rodri, educado en la culta Inglaterra, citando a Federico I Barbarroja, que sostenía que “omnia impune facere, hoc est regem ese”, que significa que “ser rey consiste en hacer todo impunemente”, y el City de Rodri era el rey de Inglaterra por la gracia del Pep, que compró a Haaland por menos de lo que el Madrid ha pagado por la pelambrera de Cucurella. Ves también que a Fran García, ahora en el Betis, vuelven a llevarlo al Combinado Autonómico. Ves que el patrocinio de la República del Congo desaparece de la ropa culé. Ves que a Vinicius le han desaparecido las tabletas pectorales como a Hazard, y ahora la cosa es que Mou haga jugar a Vinicius como hizo jugar a Hazard. En Brasil creen que el extremo fue abducido por los alienígenas (abducción anunciada para Neymar en el partido contra Escocia en el Mundial), y que lo han cambiado por otro que usa la taquilla de Vinicius, pero que no es Vinicius, del que, por lo visto, también nos tenemos que olvidar.


[Sábado, 3 de Octubre] 

Feria de Otoño'26. Adolfo Martín se viene arriba de mano de Antonio Ferrera y Román. Campos & Moore

 



PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 11 de octubre de 2026. Feria de Otoño 2026. Cuarta corrida de toros. Encierro de toros de Adolfo Martín (encaste Albaserrada). Bien presentados. Cinqueños, finos y largos, cárdenos, con buena encornadura. Una corrida muy variada en su comportamiento, con dificultades, nobleza (cuando la hubo) y transmisión. Primero, cornivuelto y buido, flojo y noble. Segundo, corniveleto y astifino, bien hecho, se le partió el pitón izquierdo, complicado. Tercero, corniabierto y astifino, algo flojo. Cuarto, inválido, cornilevantado y buido, tardo y andarín. Quinto, veleto y astifino, fuerte. Sexto, corniabierto y buido, noble. Lleno de no hay billetes. Tarde de otoño excelente.

Terna: Antonio Ferrera, de Buñola (Mallorca); de blanco y oro; veintinueve años de alternativa; veinticuatro festejos en 2025, y treinta y dos en 2026; silencio, oreja tras un aviso y oreja. Román, de Valencia; de verde botella y oro, con cabos blancos; doce años de alternativa; catorce festejos en 2025 y diecisiete en 2026; vuelta al ruedo, oreja tras un aviso y oreja tras un aviso.

Suerte de varas: se cuidó poner a los toros en suerte para el caballo. Acudieron todos a la llamada de los piqueros. Se les picó con proporcionalidad. Muchas de las puyas cayeron traseras, no siempre; bien colocadas en el tercero y el quinto. Los toros pelearon en las varas, algunos se repucharon y otros fueron sacados del peto. Como característica general escarbaron mucho en los primeros tercios. Destacó Antonio Ferrera en la dirección de la lidia, sacando a los toros de debajo del caballo con variedad de quites, recortes y galleos. Al tercero, ante su mansedumbre, lo llevó con acierto a terrenos del seis para que fuera picado. Buena lidia de la mayoría de los peones con excelentes capotazos de Víctor del Pozo (cuarto) e Iván García (al quinto). Un par de banderillas extraordinario, pareando en la cara del astado, por parte de Ángel Otero en el quinto. Modélica la lidia a este toro que tomó tres varas bien colocadas y administradas por Francisco Javier Sánchez, cogiéndolas bien detrás de la cruz, el toro empujó, en las dos primeras pegó, y en la tercera, marcó.

Las corridas denominadas duras tienen lo que vimos ayer, que aportan verdad y épica al toreo. Se componen de toros que normalmente son lidiados por toreros que no gozan del favor del «taurineo» y a los que no se les valora nunca lo suficientemente. A la hora de configurarse los carteles de estas corridas del circuito torista se dan excepciones, como cuando se anuncian toreros como Antonio Ferrera, asiduo en las corridas genéricas de las ferias pero también en las difíciles (y alejadas de lo común). No suele ser algo normal. Por otra parte, se anuncian toreros como Román, que no gozan del favor de los que dirigen la fiesta de los toros, que suelen pechar con lo duro; si bien Román no lo hace de una manera sistemática, pues no llega a ser un especialista, como lo pudo haber sido Ruiz Miguel o Fernando Robleño. Aún así, Román se está abriendo camino en la parte heroica de la fiesta de los toros a base de anunciarse con responsabilidad en estas corridas que calificamos como complicadas, donde al salir el toro con casta y no previsible dificulta la posibilidad de triunfo de los toreros que las matan. Ahí está la cuestión de todo este meollo, que consiste en que al anunciarse un espada para matar lo duro (Adolfo Martín, Victorino, Cuadri, Dolores Aguirre…) no tiene la garantía de salir bien parado (físicamente) ni con un triunfo bajo el brazo como suele ser norma en las corridas nominadas como comerciales (de toros de un comportamiento regular porque garantizan facilidad). Parece mentira que en la fiesta taurina que se compone de valores recios (heroicidad) la parte mollar quede reservada (exclusivamente) para los diestros que firman más contratos (una parcela de menor riesgo y donde se necesita menos coraje); mientras la porción ardua de la tauromaquia se destine (únicamente, con alguna excepción como hemos apuntado) a los espadas que no entran en los carteles feriantes de la temporada con sus corridas mercantiles o manejables y que, por lo tanto, torean poco y con lo desabrido.


En la actualidad (posiblemente desde los años sesenta del siglo pasado) la fracción arisca (hoy se entiende así) de la fiesta de los toros está abocada a que sólo la vean o la lidien los toreros que torean poco y que sea estrictamente valorada por los aficionados románticos que entienden que el toro bravo es la base fundamental de la tauromaquia. Antes, los toreros ases del entramado taurino, tenían que medirse con lo duro y difícil (que aportaba mítica) y con lo sencillo y más asequible (que agregaba, digamos, belleza artística). Con lo uno y con lo otro había que estar y esos ases del toreo eran toreros completos, largos, lidiadores, artistas sólidos que sabían y se medían a todos los peligros y a todas las comodidades (pensemos en Luis Miguel Dominguín o en Antonio Bienvenida). No en una sola ocasión (esto no vale ni justifica) sino en muchas citas. Hoy los toreros que no son ases, sino figuras, se han acomodado a lo sencillo a seguir el carril de la vida que solo conduce a la molicie (es lo que vemos en esa parte de la fiesta de todos los días que se encamina a la decadencia y a la monotonía, y no sabemos cuál es el verdadero orden de estas dos palabras). En definitiva, en los tiempos que corren, aquellos que pueden elegir lo que torean deciden irse a lo previsible y a lo que aporta un colorido de pastel y no el auténtico color o calor de la seriedad de medirse al reto, al desafío, y atribuirse mítica, y viajar a ese mundo heroico que ya solo revivimos al leer las obras de la época clásica o al acudir a corridas como las de ayer donde dos toreros (Antonio Ferrera y Román) entraron en el Olimpo (ya sea por necesidad o por obligación). Una morada donde los toreros que mandan ahora no han entrado, porque no han querido, porque no entienden el valor de la vida que ha forjado nuestra civilización: combatir la dificultad. Digamos que entrar en este espacio de lo legendario o fabuloso sería muy fácil para los mandamases, pero, como hemos apuntado, no quieren. Ese amor propio no lo poseen. Algunos de ellos ya no entrarán nunca en la morada de los dioses, porque hay que emplearse, y buscarán el refugio para justificarse en la literatura (a través de sus cantores, de sus bardos, de sus juglares) recurriendo a las palabras que prefiguran ese ámbito nebuloso de la estética y de la blandura.


Ahora vayamos a la corrida de ayer. Antonio Ferrera no es una novedad (tiene cuarenta y ocho años) y desde hace tiempo ha ido creándose una leyenda, la de ser un torero que aporta variedad a cuanto hace. Y lo ha logrado. Ante sus tres Adolfos desplegó con su capote de seda en las manos una tauromaquia ya no vista. Recortes, galleos, largas, y toda una gama de dinamismo e intensidad en sus acciones lidiadoras. Cuajó una actuación redonda sacando (como antiguamente) a los toros del caballo, de debajo del peto, para ponerlos en suerte en las rayas del tercio. Llegó a recrear el quite de oro. Oro puro fue toda su tarde en el apartado capotero. Dirigió las lidias, habló con los picadores, estuvo en multitud de detalles. Sobresaliente. Con la muleta en la mano compuso tres faenas de ir haciendo a los toros de Adolfo Martín que requerían un tiempo y un espacio. Los fue entendiendo. Aplicó suavidad y temple. Al que era algo más flojo, le consintió. Al que se quedaba corto en la embestida, se la alargó. Al que embestía con bonanza, lo toreó. Sus labores fueron de menos a más y al tomar el estoque de verdad había conseguido domeñar y torear a sus tres toros. En su segundo toreó con largura y temple por los dos pitones. En el quinto diseñó una versión de muletazos profundos y hondos rematados con un molinete y un extraordinario pase de pecho. Después se fue a por la espada y sin citar al toro, a mucha distancia de él, dándole la querencia, le esperó, y a toro arrancado, a galope, le metió la espada con gallardía, muy quieto, aunque se le fuera contraria y algo baja. Fue uno de los «momentazos» de la tarde. A su primero no lo mató bien, fue en la suerte natural, y la espada se fue baja. En su segundo empleó «su suerte» de irse al toro con la muleta al hombro, acercándose a él desde lejos, en la suerte contraria; y dentro de ese «espectáculo Ferrera» lo pasaportó de una estocada casi entera.


Román es un torero que ha ido creciendo y haciéndose mejorando desde la exigencia y la afición. Ayer en el sexto desde el primer muletazo entendió las condiciones del animal y le aplicó una tanda de naturales ligada desde el primer muletazo sacándolo de la barrera del ocho hacia el tercio. Con esos muletazos limpios, templados y perfectos se hizo con el toro. Había que estar ahí y hacer lo que hizo (luego se dirá que si ese toro hubiera caído en manos de otro…¿de quién, de quienes desprecian las corridas encastadas?...). Demostró haber adquirido una madurez en el conocimiento (lo más difícil) de los astados, ya algo serio. La faena tuvo altibajos (tal vez), pero también hubo toreo caro por los dos pitones, y toreo largo (la gran clave, nada de codilleos con los Adolfos) y bien rematado. Los ayudados finales de sabor y el de pecho. Se tiró a matar sin especular, en la suerte natural, finiquitando al Adolfo de una estocada casi entera eficaz, más un descabello (donde tampoco se anduvo con remilgos). Anteriormente se había jugado la vida en sus otros toros. En el segundo de la tarde en lucha con el animal que le buscaba por abajo y Román se impuso a base de exposición y tesón. Mató en la suerte natural de una estocada atravesada y trasera. La vuelta al ruedo que dio Román a petición del público demostró que Madrid estaba entendiendo la tarde y empujaba a los dos toreros hacia la gesta. La valentía de Román quedó cimentada en su actuación ante el cuarto toro que no dio facilidades y vendió caro su trasteo. El toro se revolvía y Román aguantaba y le embarcaba, muy valiente, toreando con sabor, aprovechando la querencia (había que saber cómo) con temple y donosura. Mató en la suerte natural de una estocada casi entera algo atravesada.

Vimos una corrida para el recuerdo. De las que crean afición. Las figuras que quieran entrar en este Olimpo sólo tienen que levantar el dedo y pedir torear toros bravos y encastados. ¡Están invitados!




ANDREW MOORE


























FIN