Hughes
Pura Golosina Deportiva
Partido sin entidad casi de partido. Primero, jugado a un viernes. La crisis del Madrid se agrava por caer en unos horarios de equipo marginal. Pero sobre todo, porque el partido se confundía, al principio, con los pensamientos para el próximo año y, al final, con el empate bético y las impresiones de la crisis.
Así las cosas, el partido fue poca cosa y todo se le hace al Madrid crisis y divagación sobre el florentinismo.
Hasta los florentinistas se hacen ya antiflorentinistas, con el riesgo converso de pecar de exceso, y sólo localizo dos formas de negación florentinista: quedarse en que si Negreira... y culpar obsesivamente a Xabi Alonso, como si Alonso hubiera destrozado el jarrón, una máquina de fútbol.
Y no, la máquina de fútbol era el Madrid en la primavera-verano del 2024. Estaba el Madrid no sólo en la cima indiscutida del fútbol sino en la cima puede que de su historia. Se ha puesto de moda decir: prime. Pues eso: estaba en su prime, no había nada más prime que el Madrid de ese verano.
Y ahí sobrevino un ataque de florentinismo autolesivo, un exceso, una hibris florentinera hecha de visión y negación...
No puedo extenderme. Primero, por no ahuyentar al improbable amigo lector y segundo porque realmente no puedo, no tengo tiempo. Analizar esto sería analizar 25 años de fútbol reciente. Nuestro ser como aficionados o como observadores (categoría cómica previa a la profesional es entender que es un bocadillo de Negreira y Florentinismo, hemos visto fútbol emparedados entre los dos mundos).
No puedo extenderme, pero sería bonito hacerlo... divagar horas, escribir... ¿un libro?
Pero diré que ayer me puse a ver el Betis-Real Madrid pensando en Mourinho. Realmente, no pienso en otra cosa desde hace días. Creo que el florentinismo ya no va a cambiar. Es imposible pensar que vendrá un alemán a hacer coches alemanes futbolísticos con plenos poderes. Estamos en el tardoflorentinismo, que en cierto modo es un agravamiento del florentinismo, y lo mejor es una opción clásica, un mister clásico, que pueda ser fuerte entre el presidente y sus consentidos, sus muchachos.
La tesis pesimista es que los fichajes del Madrid de los últimos años son intrínsecamente incompatibles. Son como un puzle diabólico o un raro teorema irresoluble. El ingenio humano no puede lograr que Mbappé, Vinicius y Bellingham cooperen en un equipo funcional,
La fe en Mourinho yo la vivo como un sebastianismo luso. Ha de venir un míster que todo lo arregle, un personalismo redentor...
Y en eso pensaba al ver que salía el Madrid con Valverde de pivote. Jugador que no ha podido jugar de lo suyo entre cubrir el lateral o la media.
El Madrid me gustaba de inicio, aunque asomaban como signos deprimentes las bicicletas de Mbappé. Hace unos saltos sobre la pelota, como si fingiera espasmos y detiene el juego en unos contra unos de fútbol subdesarrollado, individualista y sin conexiones.
Lo de Mbappé adquiere aires de frivolidad, de desconexión profunda, no sólo táctica. Así falló una ocasión, tras pase genial de Trent, con un tiro que pareció poco serio.
Gustaba Thiago ese rato. Presionaba cocienzudo, robaba pelotas y se movía bien. Juega el partido en sus adentros. Hace siempre en cada jugada un movimiento inicial que parece ordenado por el entrenador, como el que inaugura un nuevo ejercicio en el entrenamiento. Pero esta vez añadía algo, conducciones, quería tener más la pelota. Participó como enlace en una combinación entre Mbappé y Bellingham y lo hizo a la misma velocidad y al primer toque, como si dominara a la perfección ese lenguaje.
Estaba eso y el verticalismo de Huijsen, sus pases muy calculados superando una o dos líneas.
Y, por supuesto, el individualismo cretinoide de Mbappé, que se ha comido el de Vinicius y sus solo contra el mundo.
El partido contaba con la novedad televisiva de la cámara del árbitro. Pudimos ver los planos de los futbolistas al protestar. Recuerda mucho al vídeo de Prodigy aquél de Smack my bitch up. Ver el fútbol desde abajo me parece que destruye mi idea divinizada del fútbol. Humaniza todo y ves que sí, son efectivamente 22 hombres corriendo detrás de un balón. O los reduce a videojuego.
Nuestro fútbol no es ni el realismo a ras de césped, ni la espectacularidad del videojuego.
Jugaba Brahim de titular y no lo veo con Mourinho, la verdad.
El Madrid había marcado en un remate de cazagoles de Vinicius. El portero le regaló la pelota en un despeje horrible. Nada que ver con Neuer. Igual que las diagonales de Antony recordaban a Olise exactamente en el blanco de los ojos. Sólo como un amor mercenario puede hacernos recordar el Ideal.
En una jugada, Vinicius avanzaba por su lado y quería centrar, se le veía que miraba al área como buscando qué hacer con la pelota, pero en Mbappé, por el otro lado, no había urgencia rematadora, no había voluntad. ¿Por qué no ‘ataca’ más el área? Hemos caído todos en explicarle a Mbappé cómo se juega de delantero.
La banda derecha del Betis tenía su cosa. Bellerín y Antony. Bellerín lucía una melena con el rizo ochentero de Eva Nasarre, bigote Tom Selleck y el brazo tatuado a Llados. Un cromo.
Antes de entrar todos en el túnel de vestuarios, el periodista entrevistó a un jadeante jugador del Betis: ¿Qué os está faltando? El árbitro acababa de pitar por lo que resultaba asombroso el nivel de conciencia de sí del futbolista.
En la segunda parte hubo unas internadas o intentos de Bellingham. Al llegar al área, rodeado de jugadores, parecía demasiado aparatoso, grande. Prometo que pensé en las Hermanas Valverde. Es como otra hermana Valverde en el centro del campo. Pero Bellingham trabajó mucho, como buscando su buena suerte y que no le mezclen en el Exediente Vini-Mbappé. Busca redimirse en el centrocampismo, pero ahí es... una hermana Valverde.
Brahim irritaba porque tiene CI pero estaba siempre casi llegando. Siempre se las quitaban o llegaban antes, como en un fútbol de bajitos.
El bueno, junto a Lunin, era Trent, con subidas, legadas y pases estupendos.
Vini vaciló un instante a Bellerín... ¿había necesidad?
Y Thiago definitivamente gustaba como un mejorador de cada acción colectiva. Cada presioncita era con él casi presión y trataba de llegar a todo. Si te fijas en él ves el montón de trabajo que tiene un futbolista. En Thiago vemos lo atareado que está un jugador si hace sus deberes tácticos.
Pero luego hubo otro error clamoroso suyo que salvó Lunin como antes lo hizo Courtois. Tiene flor el chico.
Lunin se fue elevando como el mejor del Madrid. Antes en otro mano a mano tras error o blandura de Huijsen, que siempre nos deja mal a los huijsenistas.
Lunin fue el mejor del Madrid y el Betis se iba haciendo con el partido. Cuando enfocaban a Pelegrini se le veía rodeado de un cuerpo técnico igual que él, vestidos como él, de existencialistas chilenos.
Pasado el minuto 70 hubo cambios. Y ahí el Madrid ya se empieza a ir de los partidos. No es casualidad que suceda con Camavinga dentro. Camavinga es nuestra concentración tras leer el Twitter.
Nuestra concentración actual, moderna, es Camavinga.
También entró Alaba, que fue a hacer un tackling y llegó dos segundos tarde.
Trent le volvió a dar una ocasión a Mbappé, y su turbo dio pena porque no lo tiene nadie y no ha servido para nada.
En el 80, Arbeloa terminó de hacer los cambios y el realizador sacó a Carvajal mirándolo todo en el banquillo. La cara de Carvajal, esa expresión, no la habíamos visto antes.
El Madrid se replegaba a aguantar el 0-1 y eso espoleaba el aguijón de Antomy, que quería liarla.
El fútbol italiano ganó mundiales defendiendo. Luego dejaron de hacerlo, lo olvidaron y ahora sólo pueden ir al Mundial si les invita Trump. Defender no es tan fácil y el repliegue del Madrid más que defensa seria parece un abandono, una falta de voluntad.
Era normal y ya no extraña a nadie, ni siquiera irrita, que en el 93, justo en el momento final de un descuento de tres minutos, Bellerín, precisamente Bellerín, ese combinado errático de tendencias, empatara tras lo que pareció una posible falta a Mendy, a la que se agarrarán los negacionistas.