lunes, 25 de octubre de 2021

La clase trabajadora


Un Montalbán es lo que según Valdano necesita el Madrid

 



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Mientras el club va apilando millones para asar un par de vacas sagradas, Halaand y Mbappé (con las vacas sagradas pueden hacerse las mejores hamburguesas, dijo Abbie Hoffman, y lo demostró Cruyff en el Barcelona), Valdano va echando de menos en la historia del Madrid un Montalbán, el que un día dijo que el Barça era más que un club, el ejército desarmado de Cataluña y más frases cómicas como de Ivà. ¿Y qué ha sido Valdano, sino un Montalbán con más vocabulario?


    Montalbán fue un pesado setentero de marca mayor, que se autoproclamó portavoz de la clase trabajadora, que nunca conoció. Esto se lo hizo ver en la tele José-Miguel Ullán en un programa de Balbín, y Montalbán, una mole de fingimiento, fingió llevarse un berrinche.
    

En España el mito impostado de la clase trabajadora debe de venir de la Constitución del 31, por la que España se constituía en “República de trabajadores”, una majadería del socialista (¡qué, si no!) Araquistáin (se hizo fama de inteligente porque se casó con una extranjera) que dejaba fuera de la Constitución a todo el que no tuviera un curro, es decir, los vagos y los maleantes, ley estrella, ay Carmela, de la República, derogada para que hoy no pudiera perseguirse a medio consejo de ministros.
    

¿Y el Madrid, qué? ¿Otra vez de centro? Porque, según Valdano, el Madrid no fue franquista en el franquismo, y la prueba, dice, es que el equipo no ganaba nada y que Bernabéu expulsó a Millán Astray del palco, con lo que Valdano viene a dar así la razón a Gabriel Maura cuando dijo que el franquismo fue una dictadura paliada por el incumplimiento (al contrario que el peronismo de Valdano, que es un incumplimiento paliado por la dictadura). Porque, en efecto, ¿qué clase de dictadura es ésa bajo la cual el equipo del dictador no gana nada y además tu club no invita al palco a los amigos del dictador? ¡Menuda república de tontos!
    

Y lo más peligroso de un tonto, como se sabe, es que sea trabajador, porque en el fútbol, como en la política, todo tonto se hace bribón, como sucedería con Raúl, si fuera tonto.
    

Raúl, sin embargo, es el tío más listo que ha conocido Valdano en el fútbol, y además ha roto en trabajador hasta tal punto que en Navalcarnero, villa comunera, ganó un día el Castilla que él entrena en el último minuto y algún jugador que hizo gestos al público fue abroncado por Raúl en términos propios de un lector del “Manifiesto” comunista prologado por la ministra Díaz, quién sabe si en sus ocios en el Schalke 04, club minero, donde Raúl vivió su jubilación pensionado por el Real Madrid.
    

No tenéis ningún derecho a humillar a gente trabajadora –dijo Raúl a sus pupilos en Navalcarnero.
    

Como el personaje de Proust cuyo amor iba siempre suspendido en una “frase” de Vinteuil, el pipero lleva siempre su afición suspendida de una frase de Raúl, igual de demagógica, por cierto, que sus carreras a fondo perdido por los balones que salían de banda en el Bernabéu. Este amor a la clase trabajadora quiere decir que Raúl será el sucesor de Ancelotti en el banquillo del Real Madrid.
    

Nací en el seno de una familia muy pobre –cuenta Ancelotti en sus memorias–. Mi padre trabajaba mucho. Teníamos diez vacas y hacíamos queso parmesano. No teníamos dinero, pero era feliz. Cuando no tienes nada, no sabes lo pobre que eres.
    

Bueno, ¿no?, Raúl sale de la madrileña Colonia de los Ángeles, que no es Reggiolo, pero tampoco… París, por decirlo al modo Luis Enrique, que también deja caer frases Vinteuil.
   

 –¿Triste por la derrota? –dijo Luis Enrique cuando la final ésa que perdió en dos movimientos de Eric García–. Hemos dominado el partido, y hemos perdido, pero podía ser peor, podíamos haber nacido en Francia.
    

¡Podíamos haber nacido en Francia! Es una genialidad sólo al alcance de un Yogi Berra (el beisbolista de los malapropismos, no el Oso de los dibujos, como lo confunde un académico que publica novelas de todo a cien), o de un compañero mío de periódico que entrevistó a la despampanante musa centrista Ágata Lys, paisana de Garicano, el mandadero de Soros, y arrancaba: “Ágata, como su propio nombre indica, es felina…”
    

Raúl alternó sus carreras de sacos demagógicas con genialidades así, que se llamaban “aguanises”, y con esos deslumbres se agenció una personalidad, que es, tiene dicho Rafael de Paula, lo primero que debe tener alguien que pretenda vivir del público.
    

Raúl nos hará un Madrid que será una Ugeté en Primero de Mayo.

 

 

Ágata Lys


EL CASO ALVES


    Dani Alves, el futbolista con mejor palmarés de la historia (cuarenta y tres títulos), supo hacer en su día la distinción futbolística entre tonto útil y compañero de viaje, es decir, entre aficionado y profesional: “Somos profesionales, no aficionados. Nos enamoramos de los sitios en función de lo que vivimos en el sitio. Yo soy aficionado del Bahía y del Sao Paulo. Lo que he vivido en el Barcelona me hace amarlo, como amé al Sevilla, pero que no me cuenten películas, no somos aficionados.” Y cómo habrá visto el panorama culé que, viéndose sin equipo, se ha ofrecido al club para jugar en condiciones de profesional “low cost”.

[Lunes, 18 de Octubre]

Lunes, 25 de Octubre

 


Entre Sócrates y Simón Pedro

domingo, 24 de octubre de 2021

Martín Chirino. Poética de la espiral*



 Chirino y Esteban
 
 
MARTÍN CHIRINO

POÉTICA DE LA ESPIRAL


Ignacio Ruiz Quintano

 De la fragua de sueños de Martín Chirino han salido en los últimos cincuenta años ríos de espirales: raíces, aeróvoros pajaroideos, inquisidores, faunos, atlánticas, afrocanes mitrados, penetrecanes, sabinas, alfaguaras y, por supuesto, ladies: inglesas fire-proof, radiantes e intrigantes con su castidad de hierro, que nos miran sin curiosidad ni comprensión desde otra especie zoológica.

    Tener presencias de más de medio siglo es como medio vivir entre sombras, y uno se ha hecho aquí el propósito ramoniano de alumbrar con luz de fragua para que se vea el milagro del artista –su respiración sagrada–, no la cosa consuetudinaria y pedagógica del arte por el arte.




Lo que define a Chirino, hombre de un pudor culto para las emociones, es su lucha y conquista permanente por ser un elegante: el gran elegante de la cultura española.

    “Menos es más”, respira Chirino.

    Y al respirar riza en el aire el rizo de la espiral, como una mariposa que nunca se acaba.

    El hombre es un “animal que crea espirales y habita espirales”, podría afirmar Chirino jugando el juego de Nicolás de Cusa.

    Tiene para sí Ruano que ser una criatura elegante exige casi todo el tiempo de una vida, y que por eso va fallando la elegancia en la existencia contemporánea.

    Ser en la vida romero, / romero solo, / romero / que cruza siempre caminos nuevos.
 


  
La obra de Chirino es como un meteoro lento, y lo que sostiene el edificio de nuestra imaginación al contemplarla es la idea de la gran elegancia de Chirino rodeada de los salvajes encantamientos que sugiere su oficio de señor del fuego, que es decir, para empezar, señor del hierro. Porque en el principio siempre es el hierro.

    El arte del herrero –como el del toreo, dice la copla– viene del cielo. Cuando los conquistadores españoles preguntan a los indios de dónde sacan sus cuchillos, estos les muestran el cielo. Del cielo cae el hierro meteórico cargado de sacralidad celeste: es la manifestación inmediata de la divinidad. Y un rumano olvidado, Mircea Eliade, nos recuerda que la palabra más antigua para designar al hierro, constituida por los signos pictográficos cielo y fuego, se traduce por metal estrella.

    El hierro cae del cielo: hierro estrellado. Es un nudo sideral. Un signo mineral del más allá. Y las herramientas del herrero participan del mismo carácter sagrado: el martillo se convierte en el símbolo de los dioses fuertes. Dioses forjadores. Al batir su yunque, el herrero imita el gesto ejemplar del dios forjador. Los metales proceden del cuerpo de un dios inmolado: la obra metalúrgica exige la imitación del sacrificio primordial.

    El herrero mítico es el héroe civilizador: ha sido encargado por Dios de perfeccionar la Creación, de organizar el mundo y, además, de educar a los hombres, es decir, de revelarles la cultura y de guiarlos en el conocimiento de los misterios.

    En el universo de Chirino, a la edad de la magia precede una edad de la razón. Un español –siendo español el que no puede ser otra cosa– puede ser un escultor, pero un escultor no puede ser nunca un bohemio. Un día Chirino se va de España por el escaso estímulo que tiene ser elegante en un ambiente triunfalmente zafio y para no dar pie a que otro día se diga de él que es un Picasso que no ha salido de España, que es lo que en España acostumbra decirse de un artista, en cuanto se queda.

    –Mira, muchacho –es el consejo de Belmonte a uno que empieza–: cuando tú veas que ya no puedes más, sigue para adelante, que todavía te faltan un par de metros para llegar al toro, ¿sabes?, ¿oyes? –y continúa fumándose su puro.

    Chirino sigue adelante (da El Paso) y sale de España.
 



Chirino sigue la tradición –ese pasado inmemorial que es también un perpetuo comienzo– del extremismo español: los primeros en dar la vuelta al mundo y los inventores del quietismo. “Sed de espacio, hambre de muerte”, lo resume Octavio Paz.

    Al regresar, Chirino viene ya con ese ladeo de cabeza que se le queda al español cuando oye música y no sabe dónde. ¿Todos tenemos el oído pendiente de una canción lejana que el ruido de los hombres, de nuestros propios pasos, no nos deja oír exactamente? ¿Será, Dios mío, una misma canción? Es probable, contesta Ruano, que esa música sea la nana dulce del pobre niño que todo hombre lleva dentro martirizado por el hombre que lleva fuera.

    Chirino comienza oyendo la canción del expresionismo abstracto, ese automatismo que viene del surrealismo y de una contradicción transparente: abstracción, por una parte, y por la otra, expresión. Ser y decir. ¿Qué son las esculturas de Chirino? Dibujos en el espacio. ¿Qué dicen? Se dicen a sí mismas.

    “Dibujar en el espacio” es la fórmula espiritualista con que Julio González nos descubre el Arte Nuevo: “¡No hay más que una aguja en la catedral que pueda señalarnos un punto en el cielo donde nuestra alma queda en suspenso! Como la quietud de la noche, las estrellas nos indican los puntos de esperanza en el cielo; esa aguja inmóvil nos muestra un número infinito de ellos. Son esos puntos infinitos los que han sido precursores de ese arte nuevo: dibujar en el espacio.”

    Dibujar en el espacio como se pinta en el agua.

    ¿Qué es el espacio? Como el tiempo, sólo se sabe si no se pregunta. El espacio, se nos dice, es lo que está más allá, al otro lado, lo cerca-lejos, lo siempre inminente y nunca alcanzable. Apenas lo tocamos, se desvanece. Y lo que se toca es el espacio exterior, porque el espacio interior –la energía encerrada en cada forma– es lo que se oye: “El espacio canta un canto que no oímos con los oídos, sino con los ojos.”

    (La solidaridad entre el oficio de herrero y el canto –volvemos a Mircea Eliade– queda de manifiesto en el vocabulario semítico: el árabe q-y-n, “forjar”, “ser forjador”, está emparentado con los términos hebreo, sirio y etíope que designan la acción de cantar.)

    En su avance, la física va dándose cuenta de que la vista, como fuente de nociones sobre la materia, es menos engañosa que el tacto. Medíamos las cosas a ojo, pero las precisábamos a mano. El tacto, pues, nos daba el sentido de la “realidad”. Sin embargo, ¿cómo tocar el cielo?

    “El ojo con que veo a Dios es el mismo ojo con que Dios me ve.” (Maestro Eckhart)

    Los físicos nos enseñan que lo que aprendemos por el tacto sólo es un prejuicio. En el ejemplo de las bolas de billar, la aparente simplicidad de la colisión es ilusoria: en realidad, las dos bolas nunca llegan a tocarse del todo. Música y silencio de las esferas. Paz sostiene que las esculturas son trampas de hierro para apresar lo inaprensible: el espacio, que hay que oír con los ojos (ya que están tan distantes los oídos).
 



Música callada y soledad sonora de la mística: porque es inteligencia sosegada y quieta sin ruido de voces y así se goza en ella la suavidad de la música y la quietud del silencio:

    ...las ínsulas extrañas / los ríos sonorosos / el silbo de los aires amorosos / la noche sosegada / en paz de los levantes de la aurora / la música callada / la soledad sonora / la cena que recrea y enamora...

    Puro Chirino.

    En Chirino el dibujo antecede siempre a la escultura, de elegancia alada: esa geometría de reflejos que adopta la forma fascinante de la espiral que vuela, ondea, flamea o revolea, símbolo del viento y de la palabra. El caracol, explica Paz, es la casa de los ecos: el eco se adentra en el caracol hasta volverse silencio o se dispersa en la trompeta.

    La espiral es universal: el caracol marino de Dalí es también un ojo, Neruda tiene una colección de caracoles, Brancusi hace un retrato a Joyce en forma de espiral y Mallarmé recurre a la espiral –el gesto por incapacidad de explicación verbal que hace uno cuando le preguntan qué es una espiral– para describir el movimiento de su escritura.

    Ahora, recién salidas de la fragua de sueños de Martín Chirino, ven la luz –¿no es el ideal de la inteligencia alcanzar la mayor velocidad conocida: la de la luz?– nueve espirales, o nueve musas distintas y una sola espiral verdadera, como nueve regalos de Oriente, que es donde los regalos se dan en número de nueve, si han de llegar al mayor grado de esplendidez y magnificencia.

    Menos es más.

    Chirino hace suya la ventaja del silogismo minimalista “Menos es más”, título del manifiesto de Van Der Rohe (nada que ver con la cháchara posmoderna de Barry Schwartz y su tiranía de la abundancia), que viene a ser como la “navaja de Ockham” –no multiplicar los entes sin necesidad– del puro Arte chirinesco: las espirales, el viento, los alisios, los sueños de Canarias, la alfaguara, la iberia y el árbol de luz y de sombra que se derrama sobre la memoria de Manuel Padorno, el poeta que apacentó a un rebaño de rocas que dormía echado en la orilla final, el amigo (lo mismo Manuel Millares) con quien tanto quería Martín Chirino.

 “Y se va quedando uno solo como en una selva en la que no dan sombra los árboles...”

    ¿Existen los espíritus arbóreos?

    Entre los antiguos son corrientes los bosques sagrados: Frazer deduce la severidad del culto de las penas feroces que señalan las leyes germánicas para el que se atreve a descortezar un árbol vivo: cortan el ombligo (que es una espiral) del culpable y lo clavan a la parte del árbol que ha sido mondada, obligándolo después a dar vueltas al tronco (que es otra espiral) de modo que queden sus intestinos enrollados al árbol. Vida por vida. Hombre por árbol. Espiral.

    Peter Sloterdijk, filósofo de la esferología, afirma que, en cuanto hombres de tradición, desde nuestro ombligo ampliamos la sensación de espacio, organizando en círculos concéntricos el mundo circundante que nos es más significativo: “Construimos, pues, el mundo como una circunferencia que se extiende en torno a este punto central. Este soñar, imaginarse, ensancharse de la imagen de mundo propia de la función umbilical que llega al borde del Todo es una actividad cosmopoética: en ella han estado atrapados siempre los pueblos de la Tierra hasta la irrupción de la era moderna.”

    El árbol de luz y de sombra, la iberia, la alfaguara, los sueños de Canarias, los alisios, el viento, las espirales... Cada paso es simultáneamente una vuelta al punto de partida y un avance hacia lo desconocido. Chirino es un desprendimiento de Canarias, que es un desprendimiento de África. Paz tiene observado que aquello que abandonamos al principio nos espera, transfigurado, al final: “Cambio e identidad son metáforas de Lo Mismo: se repite y nunca es el mismo.”

    Chirino concibe sus grandes series por décadas, como se conciben los grandes amores y los grandes boxeadores. ¿Por qué las grandes obras, como las grandes frases, son grandes? Estas grandes espirales de Chirino son como la verdad de su Arte en números redondos. ¿Y si Borges llevara razón y nuestro hermoso deber fuera imaginar que hay un laberinto y un hilo? “Nunca daremos con el hilo –aclara el ciego–; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.”

    Menos es más.

    La delicadeza de Chirino –“par délicatesse / j’ai perdu ma vie”, canta Rimbaud en la torre más alta–, con sus diáfanos ojos primitivos y una larga paciencia para ver siempre las cosas como si fuera la primera vez, está presente tanto en las formas del viento –“el escultor que vio el viento”, se dice de Chirino– como en las de la iberia, ese pisapapeles de eses ferruginosas –la S es más misteriosa que la X– que parecen sostener la inmovilidad de España y evitar que se levanten sus puntas. Cuerno, sombra, sol y hierro: la catástrofe del toro. El toro, la muerte y el agua. Inspirada en las turbulencias del agua, la espiral es un hundimiento en las “aguas de la muerte”. El sol se pone y vuelve a salir: muerte y resurrección en el redondel.

    Arte de birlibirloque: “Don Juan –anota Leiris–, una vez saciado de estoquear a sibilas culonas, con la misma unción con que se entra en religión, tomó el hábito de la tauromaquia.” Sin pasión, concluye Chirino, no hay vida. En palabras de Jorge Eduardo Eielson: “Vivir es una obra maestra”. Y a Chirino siempre se lo encuentra, solo, en medio de la corriente.

    –La liga en la media –dice el poeta más verde– puede llegar a ser un pecado venial. Lo que debe empezar a preocuparnos son unos pies descalzos por la hierba fresca...

    Hierba fresca. Pies descalzos. Esta colección de árboles, iberias, alfaguaras, sueños, alisios, vientos y espirales iba a llamarse Laberinto: un laberinto de hierro forjado, no fundido; retorcido por ciclópeas manos rumanas hechas al oficio en las fraguas donde el hierro fue el pan de Rusia. Forjas formidables de la escultura contemporánea que iban a agruparse al hilo de un laberinto: el laberinto como una grieta en las entrañas que encierra la esperanza del retorno. Laberinto de símbolos. Laberinto –invisible– de tiempos.

    Nueve –el número de espirales que iban a componer el laberinto– es un número perfecto, pues está formado por el tres, que también es perfecto y que nos trae de regalo el soniquete contento de aquel estribillo guillenesco que cantaba Merceditas Valdés: “¡Chi-ri-no / con su tres!”

  (La bemba grande, la pasa dura, / sueltos los pies, / y una mulata que se derrite de sabrosura...)

    En la idea borgiana de laberinto hay también una idea de esperanza, o de salvación: para sentirnos seguros, nos basta saber con certeza que el mundo es un laberinto. Porque el laberinto es orden: hay un centro, y en el centro está el Minotauro. Pero no sabemos si el Universo tiene un centro. Tal vez no lo tenga, y uno cree que ésta es la razón que lleva a Chirino a renunciar finalmente al nombre del laberinto: es probable que el mundo no sea un laberinto, sino simplemente un caos, y en ese caso estamos perdidos. Chirino, que ha vivido por entero el siglo veinte –nació en los flecos de la belle époque, cuando la vida empezaba con desmayada elegancia después de comer–, parece estar ya más en la idea de que el Universo no es explicable, y ésa es ya la idea más terrible.

    Al toro final, el toro de la despedida, ese toro chirinesco de la iberia, que es una catástrofe de toro, porque está todo estrellado de cielo –¿una consecuencia birlibirlológica de la Teología?–, hay que mirarle bergaminianamente las orejas: o para prevenir la arrancada, como aconseja Pepe-Illo, si las mueve las dos; o para saber de qué lado sabe cornear, si mueve una, como aconseja Montes.

    El toro del laberinto es un caos de toro.


 
Chirino, Jesús, Rafael
___________________
*Cátálogo Marlborough Madrid
19 de octubre -19 de noviembre de 2005

Más serio está el toro


«No hay torero más bonito que Pepe Luis.»

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc, 21 de Agosto de 2002

 

Decíamos que andar, andar, sólo saben andar los toreros. Los demás, desde políticos hasta centrocampistas, pasando por todos esos profesorales tragaldabas de los cursos de verano, se mueven por sus pies de un lugar a otro, que es otra cosa. Tal vez el asunto no parezca muy actual, pero, bien mirado, ¿qué tiene que ver con uno la actualidad?

La actualidad no es más que esa sopa boba que los periódicos de ahora, como las fondas de antes, sirven fría. Su reparto, además, está en manos de los progres -no confundir con los rojos-, que se pasan la vida como el pájaro-cerrojillo la noche: piando y chirriando. ¡Menudos pájaros, los progres! Un canario-flauta pía/chirría haber descubierto a Stefan Zweig y se convierte en lechuza de Minerva. Para eso son los dueños del adjetivo, y el adjetivo es todo en la actualidad: todo lo que está bien, todo lo que está mal.

Lo peor de esta moral laica es que no concibe nada que no sea digno de adoración, con lo cual no le queda a uno más remedio que pasarse el día sufriendo y sacrificándose por todas las cosas: por la conversión de los americanos, por el alma más necesitada, por los poetas que padecen persecución, por los navegantes y, por supuesto, por la paz. De derechas o de izquierdas, el progre habita esa zona media, equilibrada, accidentalista e inexpugnable que describió Pemán, y que es, dicho sea con su sorna, como una cordillera de dogmas tranquilos: «España está defendida por los Pirineos y por las beatas.» Es decir, (hoy) por los progres, sus sucesores, por mucho que anden como el sacristán, que quiere que en la calle no lo tomen por eclesiástico.

Detrás de los trisagios antitaurinos de Vicent, nadie puede dejar de ver a aquella beata pemaniana, con perillita y rosario de cuentas de lapislázuli, que en el tren, en medio de la conversación masculina, leía moviendo los labios un Kempis con pasta de concha. «¿Qué te aprovecha disputar altas cosas si no eres humilde?», bisbiseaba la buena señorina, mientras los hombres hablaban de la bomba atómica y de la penicilina. Y cuando la conversación derivó hacia los toros, la beata alzó los ojos de su Kempis para decir con dulce firmeza: «De todos modos, no hay torero más bonito que Pepe Luis.» Y siguió leyendo sobre la vanidad de las cosas humanas.

Hoy no hay, incluso para los progres, «torero más bonito» que José Tomás, el único torero con Noche Triste -aquella «rota» de junio, cuando hizo añicos algo precioso, «igual que se rompió un vaso de alabastro a los pies del Señor»-, que todas las tardes torea con la mano izquierda, aunque conozco a gente que lo sigue sólo por verlo andar, como los feligreses de aquel rabino de Praga que iban a la sinagoga sólo por verlo atarse los zapatos. Triunfo del gusto sobre la democracia.

Los revisteros llaman «mística» a esa indolencia de los toreros serios, que son lo contrario de los toreros descarados, de los cuales, decía Corrochano, no cabe esperar nada, como no sea alguna incorrección. Una vez que un revistero mejicano le preguntó por qué toreaba tan serio, Manolete respondió: «Más serio está el toro.»

Los andares de Manolete maravillaban por el aroma de solera seria y concentrada que derramaba sin proponérselo. Según Gerardo Diego, había nacido para la majestad, pero le faltaba la corpulencia y la armonía que la majestad exige: «Y ésta fue la única tragedia íntima del toreo de Manolete desde el punto de vista de la estética.» Éste es el misterio de los andares que hacen gritar, no «¡Pivote, pivote»!, sino «¡Torero, torero!» ¿No redujo John Ford toda la historia del cine a ver caminar a Henry Fonda?

 

Henry Fonda

Domingo, 24 de Octubre

 


VAR abierto

"¿Qué quieres que haga por ti?"

DOMINGO, 24 DE OCTUBRE

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo:

-Llamadlo.


Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo:

-¿Qué quieres que haga por ti?
 

El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo:

-Anda, tu fe te ha curado.

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


Marcos 10, 46-52

sábado, 23 de octubre de 2021

El concordador



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La derecha casadera, cuyo símbolo no es una gaviota, que grazna, sino un charrán, que trisa, no derogará las inicuas leyes que no derogó Rajoy a la espera del fallo del TC, para lo cual corre a pastelear con la izquierda sanchera los jurisperitos de ese obrador kelseniano.


    Claro que si los jefes de Casado en Alemania consiguieran colocar a Casado en La Moncloa, la ley de Memoria Democrática, que convierte a Stalin en un Tom Paine con bigotes, se llamaría ley de Concordia, pero conservaría el birlibirloque que humaniza las películas con el truco de la marcha atrás, empleado por un tuitero, Doctorow, para hacer sinopsis: “Si miras ‘Tiburón’ al revés, es la historia de un tiburón que vomita personas hasta que abren una playa”. “Y ‘Supermán’, la de un tipo que vuela poniendo a la gente en situaciones precarias y luego se esconde”. “Y ‘Viernes 13’, la de un jugador de hockey que cura a unos adolescentes heridos para que puedan irse del campamento a casa”. La República, la Urss y el Psoe vistos por la Memoria Democrática, nombre, por lo demás, tan ridículo como el país que lo acepta sin haber conocido la democracia jamás.


    ¿Qué es la concordia? En política, la corrupción suprema: reparto del botín, en palabras de Ortega sobre la Restauración. Aunque a Casado le suene, de casa, la versión ciceroniana de Fueyo, la concordia política es un invento francés (“¡unión, amistad, concordia!”) a la caída de Robespierre, con los asesinos de la guillotina concordando con los aristócratas supervivientes: llaman plaza de la Concordia a la plaza de la sangre y marchan, juntos, a comer y a beber en los estrellas Michelin del Directorio (modelo de nuestra Transición) como si el mundo fuera a acabar. ¡Las terrazas de Madrid! De las “cerves” con bravas de Ayuso a las cartas de cien platos de Barras.
    

Al españolejo es fácil engañarlo con la concordia porque cree que la política, siendo por definición conflicto, lleva a la crispación, y la crispación, a la guerra civil, “como en el 36”.

[Sábado, 16 de Octubre]

Sábado, 23 de Octubre

 

 

Los níscalos

viernes, 22 de octubre de 2021

El deán


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El panorama de España es su obra educativa desde la derogación (en aras de los ricos tontos) del bachillerato de Sainz Rodríguez, el místico con pintas de sátiro, y de aquí el fervorín liberalio con el deán (el “din”, en boca de María Patiño, su Mariana Pineda) de Toledo, que alquiló la catedral para un video profano que le valdría un cintarazo de los de Cristo (Juan 2: 13-25), pues no se pude servir a Dios y al dinero (Mateo 6:24).
    

Je suis le dean! –salmodian los liberalios, que creen ver en el deán un soplo de transgresión que les aventaría la caspa de las hombreras.
    

Hombre, transgresión son los catedralicios “balanos embravecidos”, en lenguaje ansoniano, de Bonifacio en las vidrieras de Cuenca, porque lo del deán, habiendo alquiler por medio, sería simonía, y por bastante menos Alborch despidió de la dirección del Prado a Paco Calvo, si bien, según aviso de un senador liberalio, no se pueden mezclar churras con meninas (sic), como hace el deán, nueva Cecilia de la cosa, cuyo “ecce homo” es la Peluso, muy inferior a Romeo Santos, que también bachateó en las afueras de la catedral toledana (con Tomatito).
    

En la soledad de una capilla recóndita la balanza de la sensibilidad va inclinándose, ante el Greco, hacia el lado de la pura contemplación. Y ya, con el fervor contemplativo, nos hallamos plenamente dentro de la Historia de España –anota Azorín, que para eso se llevó al 98 de viaje a Toledo, la ciudad donde Roy Campbell rescató los manuscritos de San Juan de la Cruz de la hoguera socialista, que era la cultura de aquel tiempo, como la cultura de nuestro tiempo es el video bachatero, según el deán, que sólo quiere “favorecer el diálogo con la cultura contemporánea”.


    –En sociedades espiritualmente desarmadas, esta “reductio ad dialogum” elimina de la discusión la idea de “poder” y de “enemigo”, de modo que siempre nos están obligando a firmar la paz con los amigos y a renunciar a actos soberanos frente a nuestros enemigos.
    

Eso dice Buela, paisano (culto) de la Peluso.

[Viernes, 15 de Octubre]  

Viernes, 22 de Octubre

 

 

Tarde de níscalos

jueves, 21 de octubre de 2021

Ellos y nosotros


Leroy Sané

Exhibición en Lisboa   

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Tenemos cinco equipos, más que ningún otro país, jugando la Champions, pero reconozcamos que miramos a la orejona con menos ilusión con la que se mira el billete de lotería de Navidad que trae Rafael el del bar; este año desde las Canarias. "A ver si suena la flauta", decimos. Están el Bayern ¿por qué se iría Sané del City?, el Chelsea, el City, el PSG con sus cosas raras, todo sea dicho..., y los ves lejos, muy lejos.
         

De todos modos y a pesar de "lo del Sheriff" hay que salvar al Madrid, que sabe pasear por Europa como ningún otro club y hasta corriendo como Vinicius, ese velocista del que no acaban de desdecirse los que saben, mantiene su prestancia y "autoritas" legendarias. Esperas más del Atleti, que esta temporada te parece que tiene más fundamentos para asentarse entre la nobleza europea, pero contemplas con amargura que cuando mayores méritos acumula en un partido, más tontamente se le van los puntos. En Liverpool está llamado el Atleti a reivindicar su valor y todos rezamos por volver a ver un partido como aquél que dicen que repartió la peste.
       

El Barça da cosa. De no dudar desde hace años de su pase hasta semifinales hemos pasado a temer su eliminación a las primeras de cambio. Es aburrido ver al Barça. Su fútbol es decadente, despachado con movimientos rutinarios que aburren hasta espantar al espectador. Es deprimente el estadio medio vacío en partidos que podríamos catalogar de decisivos, si se permite semejante calificación en el penoso deambular de ésta temporada.
      

El Villarreal ganó por fin. Más por pegada que por juego, cuestión ésta que no es de despreciar, ahora que a la explosión de Danjuma ¡qué fichaje! se une la recuperación de Gerard Moreno. Con estos dos y Yeremi, el gran Emery es capaz de montar un tibilorio con el que confundir a las mejores defensas de Europa entre las que no están las del United ni del Atalanta. ¡Qué partido se fue en Manchester!  El Sevilla no acaba de carburar y no se explica uno por qué. Hay entrenador, talento y tíos "echaos p'alante" pero se ha perdido alegría y no parece procedente acordarse de En Nesiry, al que ayer mismo era tratado de trafollas.
     

Trafollas es palabro que no viene en el DRAE, pero la decía mucho mi madre y era muy a propósito para el Vinicius de la temporada pasada por su desorden en las carreras y sus líos de pies en el área. Don Tebas y los tribuletes que tanto añoran a Cristiano y Messi, los dos marcaron en la jornada de Champions, quieren sustituir a las dos estrellas por Vinicius y Ansu Fati, del que nadie ha soltado aún la mínima palabra mala, como pide la corrección política de ni más ni menos que Hollywood. Andan en el asunto con mucha dedicación. El primer capítulo, el domingo a la hora de la siesta.

Alvarito Palmares


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El quite al que Morante no entró en Madrid entró Pablemos en Twitter: “Tengo que desmentir cualquier implicación en que la Patrulla Águila haya pintado la bandera republicana en el cielo de Madrid”.


    –La Aviación española es muy izquierdista –avisó Alvarito Palmares, el aviador de la novela de Pemán que quería traer la República arrojando desde el cielo unas octavillas (como Querejeta, que las arrojaba en el Metro de Goya).
    

Para Alvarito Palmares traer la República era ser de izquierdas, y ser de izquierdas consistía en “acostarse y levantarse tarde; no aplaudir en los toros cuando entra el Rey; sostener, sin haberlo leído, que Unamuno escribe ‘bestialmente’; pensar que ‘lo de Rusia es una experiencia interesante’; decir ‘las urnas’ en vez de ‘las elecciones’ y ‘la calle’ en vez de ‘la opinión pública’…”
    

El chorro morado de la Patrulla Águila (lo que en castizo siempre se dijo hacer el chorra) viene a ser un marcador tumoral de la próstata del Régimen, que es un Régimen de chorros y chorras. O de choros y choras, en prosodia “suaviter”.


    –Aquel día (el día en que trescientas columnas de humo subieron al cielo desde todas las ciudades de España) empezó la lenta agonía de la República recién nacida –escribía a toro pasado Marañón, trapero del tiempo y uno de los tres señoritos (con Ortega y Ayala) que hicieron de tontos útiles para traer la República de Alvarito Palmares.
    

El propio Sánchez, chorreado en la performance de los enmascarados [el desfile del 12 de Octubre], es un Alvarito Palmares frustrado, con su Falcon para impresionar a las niñas y su Cougar para sacar de Cuelgamuros el cadáver de Franco, detrás del cual, por cierto, un tal Reyes, gallego, que también parecía fungir de Alvarito Palmares, se escondía para evitar el saludo militar a los restos mortales de su paisano, vencedor de la batalla del Ebro.


    Una anécdota, es la conclusión del periodismo oficial.


    –Echar a los Reyes es como dejar de comer pestiños en Nochebuena –contesta en la novela el cabrero a Alvarito Palmares.

[Jueves, 14 de Octubre] 

Jueves, 21 de Octubre

 

Brighton


Ojo al dato

miércoles, 20 de octubre de 2021

Novedades penitenciarias


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Siendo presidente del gobierno don Felipe González se unificaron los ministerios de Justicia e Interior -por el terror etarra, se supuso entonces- y cuando se volvieron a separar las carteras a mediados de los 90, los funcionarios de Prisiones que nos habíamos acostado en Justicia nos levantamos en Interior como cuerpo de seguridad, otra lógica suposición, porque fuerza nunca tuvimos y la poca que se nos suponía la iban minando los ministros y barandas que han ido pasando por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. No se nos quiso reconocer como agentes de la autoridad con un cerrilismo administrativo y un desprecio al exiguo colectivo que sólo tenía explicación desde el prejuicio tan español que relaciona la cárcel con el pobrecito preso y el tétrico carcelero. Don Marlaska, ahora que no protestan "los boquis" ha accedido a reconocer lo que no tendría que tener discusión. Sorprende el extraño arrebato que ha empujado a este hombre tan insensible con nuestras cuitas, pero veo que el campanudo ministro añade una novedad a la antigua reivindicación del gremio y es la creación de los agentes de libertad condicional que es una figura que vemos mucho en las películas americanas.
        

Como creo que nada es casualidad cuando se habla de prisiones, códigos y política, traduzco la declaración de don Otegui y leo que para solicitar el tercer grado a todos los condenados por terrorismo tendría que bastar un modelo de instancia en el que se comprometieran a no recaer en la actividad y sentir "como cada cual quiera entender" el daño causado a las víctimas. El requisito que habla de abonar la responsabilidad civil, elimínese por ir contra la convivencia que se pretende alcanzar en el País Vasco y sobre el pronóstico de reinserción y evolución del tratamiento reeducador del interno, déjese a la consideración de... ¿los agentes de la libertad condicional?


      


Don Otegui estuvo preso y sabe los paripés que hay que poner por escrito y los papeles que hay que representar ante el psicólogo, mejor si es psicóloga, del equipo de Tratamiento. Lágrimas victimistas que acusan a padres o parientes malvados, o peor aún, depravados:  "sólo se lo voy a contar a Ud. pero no se lo diga a nadie más, por favor se lo pido.." Es de temer que para la condicional de los "Pachis" no será necesario contar intimidades conmovedoras al psicólogo. Bastará con las pautas explicadas antier por don Otegui a... los agentes de la condicional. Queda por aclarar si estos agentes precisarán conocimientos de legislación penal y penitenciaria para el ejercicio del cometido encargado por el Ministro.

El folio

 

Alfred Ayer

 

  Padre Copleston

 

 

 Ex ministra Laya

 

 Señor Galindo

 

  Bacigalupo

 

 Padre Pío

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En España, el Estado de Derecho, esa tautología que políticos y columnistas usan como Ancelotti los chicles para hacer pompas, es un folio para envolver un drógulus.


    –Suponga, padre –dice el filósofo Ayer al padre Copleston en la BBC–, que digo “Hay un drógulus allí”, y usted dice “¿Qué?”, y yo replico “Drógulus”, y usted pregunta “¿Qué es un drógulus?” “Bueno, digo yo, no puedo describir lo que es un drógulus porque no es la clase de cosa que usted pueda ver ni tocar, es un ser incorpóreo. Está allí.” ¿Tiene eso sentido?
    

En el cara a cara del juez Lasala con la ex ministra Laya por el caso Gali, el juez es el filósofo Ayer, y la ex ministra, el padre Copleston (pasado por el señor Galindo, diría un tuitero).
    

Una ex ministra de Exteriores de España (esto demuestra que en España ministro de Exteriores puede serlo cualquier repartidor de Amazon, y no se descarta que el actual lo sea) declara en sede judicial que no puede declarar porque hay un folio de un gobierno de hace diez años que se lo impide. Es un folio secreto que está por encima de la Constitución (que también se redactó en secreto), aunque por encima de la Constitución están ya hasta los tuits de Garicano, el tuitero de Bruselas.
    

El folio que ha librado a Laya de ir a prisión supera la doctrina de los estigmas de Bacigalupo por la que Felipe González se convertía en el padre Pío de Pietrelcina. Ese folio es un hito del arbitrismo español, digno de una controversia jurídica como la de Schmitt y Kelsen sobre el artículo 48 de la Constitución de Weimar. Si Carlos I hubiera dispuesto de un folio así ante Cromwell; o Luis XVI ante la Convención; o Cristo ante Pilato; o Sócrates ante el trío de la bencina de Anito, Licón y Meleto… ¿cuál sería hoy nuestra historia?
    

La soberanía en su raíz sólo es dictadura. La decisión, en lenguaje schmittiano, es el poder. ¿Quién decide? Un folio. El folio-capotillo de seda con que una ex ministra pegó a un juez la larga cambiada que define a la corrupción como régimen político.

[Miércoles, 13 de Octubre]

Miércoles, 20 de Octubre

 

Brighton


ad pedem litterae

martes, 19 de octubre de 2021

A gatas

 


Abu Ghraib

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Al leer su libro (“Discurso” sobre la desigualdad), escribe Voltaire a Rousseau, uno termina deseando andar a gatas, como haría Maeztu en la madrileña plaza de Cibeles para pedir cultura a las buenas y a las malas, poco antes de que los milicianos lo apiolaran (octubre, octubre) en las sacas del 36 por “escribir en ABC”.


    Y a gatas andaría uno al oír a Biden, líder espiritual de nuestra derecha liberalia, atribuir a los italianos las gestas de la conquista de América, dejando para los españoles, que según él no estuvieron allí, “las atrocidades”, por las que pide perdón “en nuestro nombre”, lo cual indica que todo lo que esta momia sabe de hispanidad es lo que le contara Pedro Sánchez en su famoso paseo de veintinueve segundos en la cumbre de la Otan.


    La derecha liberalia niega la existencia de la guerra cultural (y si existiera, no habría que darla), y así prosperó el insidioso concepto de “América Latina” (contra el que sólo presentó batalla don Torcuato Luca de Tena), bajo el pretexto de cumplimentar a un puñado de italianos recién llegados a la Argentina.


    A Biden, halconazo demócrata de Iraq-Abu Ghraib, que viene de matar con drones a un grupo de niños en Kabul (dice que apuntaba a un capo del Isis) sólo por tapar la ruina de su huida de Afganistán, no hay que tomarle en cuenta las bajezas antiespañolas: el presidente de esa República agonizante que ha reducido al silencio a la oposición parece seguir siendo Obama, mandadero de los Big Tech, que quitó a Sanders de la carrera presidencial para poner a Sleepy Joe (con “la afroasiática” –la gente lee “afrodisíaca”–, como la llama Irene Montero, Kamala Harris, que tenía el cinco por ciento de los votos en las primarias), que “ganó” en un apagón de madrugada con los votos de los muertos pasados por un algoritmo venezolano.
    

¿Por qué no enseñamos historia en las clases de historia? Un hombre negro inventó la bombilla. No un tipo blanco llamado Edison –fue el bombazo de Biden en su campaña electoral.

[Martes, 12 de Octubre]

  

  
 Abu Ghraib

Martes, 19 de Octubre

 

Brighton

Molinillos de día

lunes, 18 de octubre de 2021

El perro y el león

El perro del Ken Hom

 


 El león de la Metro

La España de Luis Enrique


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Que dice Ónega, ideólogo del centrismo español (“puedo prometer y prometo”, le hizo decir un día al jefe del Movimiento), que España no se va a romper, y digo yo que será por Luis Enrique, Lucho para los que están en la pomada (los que hacen “joggin” con Perico Sánchez), seleccionador del Combinado Autonómico, que ha decidido combatir el separatismo haciendo internacionales por España a todos los vecinos de Cataluña y País Vasco que vayan por la calle con una camiseta del Barcelona o del Athletic, aunque no los apodere Iván de la Peña, aquel Laudrup calvo que se echó a perder como figura por no fichar por el Real Madrid, cuando Valdano lo perseguía para juntarlo con Raúl, una collera de ensueño.
    

Ha tenido que venir un gaitero de Gijón para explicarnos el federalismo a lo Pi: si con las autonomías todo el mundo se quiere separar de España, con la federación, aunque sea de fútbol, todo el mundo querrá unirse a España. En lenguaje taurino, Luis Enrique tiene la barriga llena de gatos blancos, y castiga al Bernabéu como no lo hizo el marqués de Del Bosque, que tenía la barriga llena de gatos florentinos, estado que no le impidió convocar a futbolistas del primer club del mundo, que es el Madrid, icono, eso sí, del centralismo. No sabemos quién se da más prisa, si el gobierno vacunando para Pfizer en España o Luis Enrique haciendo internacionales en Cataluña, pero deben de andar igualados. Una vez internacionalizada toda la población culé, la deuda del Barcelona, por revalorización en el mercado, habrá desaparecido, y entonces podrán fichar a Halaand y Mbappé y presentarse en Madrid, así sí, a regalarnos su anexión, con Luis Enrique convertido en el Garibaldi de la Escalerona.
    

Como entrenador, Luis Enrique es una mezcla de Javier Clemente y José Antonio Naya, ese toque a rebato español cuando nadie es capaz de divisar a un solo moro en toda la costa, origen del desconcierto que atrae a los aficionados llegados a este punto en que el fútbol no ofrece ninguna emoción, y ahí tenemos al Real Madrid, cuyo único reclamo para llamar la atención no está en el campo: Tebas, el Chulalón de la Liga, que así llamaron los españoles a Chulalongkorn I, rey de Siam, en su visita a Madrid, dice que Benzemá es el mejor delantero de Europa. El reclamo está en los despachos: un año por delante para camelarnos como a las ranas con las amapolas de Halaand y Mbappé, más Gavi, claro, el chico de Iván de la Peña que Luis Enrique ha puesto en el mercado internacional con el cartel de niño-prodigio (algo parecido a lo que Mourinho ha hecho en la Roma con el inglés Tammy Abraham, explicado por el portugués a su manera: “Estoy tratando de crear un ‘monstruo’ para Southgate”).
    

España cuando está en crisis hace llamar a los niños-prodigio, y Gavi es el Pepito Arriola del fútbol: tocó en privado para Guillermo II de Alemania y Jorge V de Inglaterra, pero creció y perdió el encanto del “niño monstruo”, y desapareció para siempre. Otro Carlitos Bueno de “Crónicas marcianas”, programa de la ilustración española, que siempre apostó (la ilustración, no el programa) por los espectáculos con niño-prodigio que improvisaban durante horas los más disparatados alardes, sin otro asidero que el que podía proporcionar una orquesta de siete músicos que tocaban en los intermedios con delicadeza y primor. En una palabra, el tiquitaca.


    –Luis Enrique es un genio como Rembrandt –se oye en una radio.


    –No mezclemos churras con Meninas –se oye en otra radio.
    

Para el florentinismo los niños-prodigio predilectos son Halaand y Mbappé, pero Leonardo, el capataz del PSG, lo va a poner difícil. Ancelotti se sintió maltratado en París por ese tipo que nunca empató con nadie y que tuvo la grosería de decirle la víspera de un partido de trámite: “Si no ganas este partido, te vas a la calle”.


    –Leonardo era amigo mío, o eso creía, pero no me dio ninguna explicación del trato que me dispensaban. Eres el jefe, así que nadie discute que tengas derecho a echar a quien te apetezca: compórtate como un hombre y en paz. He aprendido que ser despedido, y ser fichado, pocas veces tiene que ver con uno.

 

 


EL JARDÍN DE LINEKER


    Gary Lineker ha tenido mejores ocurrencias como comentarista y escritor que como delantero centro al que Cruyff alineó de extremo izquierdo, se supone que para que se fuera. Como comentarista dijo: “El fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana Alemania”. Y como escritor ganó en el 89 un concurso de novela con “¿Dónde está el delantero centro?”, en competición con Antonio D. Olano, finalista con un divertimento sobre el priapismo canchero de Butragueño (la famosa foto de Carlos Monge en el Bernabéu). Retirado al jardín del Edén (cualquier jardín inglés) como un Jimmy Page del balón, Gary Lineker ha sentido la necesidad de contarnos (como Luis Miguel lo de Ava Gardner) un secreto: “Ed Woodward (United) es mi vecino y fichó a Ronaldo cuando estaba en mi jardín. Fue asombroso. Fue muy divertido”. 

[Lunes, 11 de Octubre]

Lunes, 18 de Octubre

 

Brighton


Molinillos de noche

domingo, 17 de octubre de 2021