jueves, 14 de mayo de 2026

El monosabio


El monosabio Alicates


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En Madrid, la ovación de la Feria ha sido para un monosabio. Toro que embiste al caballo, picador que sale despedido al tendido y cuadrillas que toman el olivo. En el ruedo, tres personajes: un toro, un caballo y un monosabio que, para que no lo vea el toro, se tapa con el caballo y aguantan, “mono” y caballo, todas las avenidas de esa ola del campo de Guadalix que es un hernandezplá. La plaza, la primera del mundo, se viene abajo. Y es que esa plaza, con tal de pasar por entendida, se deja perder por cualquier detalle. Además, todo el mundo dio por hecho que el monosabio no sería un March, sino un pobre, y ya se sabe que, en tiempos de progreso, no hay nada más socorrido que un pobre para conducir a una muchedumbre hacia la emoción. A ese monosabio sólo le faltó brindar al cielo, que es el brindis que este año se lleva en las palestras madrileñas para granjearse el fervorín popular. Los brindis al cielo y la defensa del escaque del caballo a cargo de un monosabio han sido todas las ovaciones del público en lo que va de Feria. Y todavía está por relucir el monosabio mayor, Ballesteros, gerente de la plaza que, más que una plaza de toros, parece el decorado de la cárcel de “El expreso de medianoche”. Si tienes que recoger las entradas en el patio del desolladero, un escalofrío te recorre la espina dorsal, y no precisamente por el precio. Pero se ve que en la Comunidad de Esperanza Aguirre no hay otro que sepa de toros más –por eso lo de monosabio– que Ballesteros, el hombre de confianza del PP en Las Ventas desde los tiempos de Gallardón, que también querrá “modernizar” la fiesta. El día que el presidente iba a ser Simancas, Ballesteros arrojó la confianza por la ventana y, al grito de “¡yo no soy político, que yo soy un profesional, y además, ya era hora!”, se puso a las órdenes de la nueva situación, donde se mantuvo, impasible, hasta que el triunfo popular en las elecciones repetidas le devolvió el sentir vocacional. Allá Esperanza Aguirre con él, pero, hombre, que le pasen una escoba a la plaza. 



El monosabio, 1978

San Isidro'26. Pablorromeros duros de pezuña y tres tíos de respeto, Ferrera, Calita y Colombo, que ahí estuvieron. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Hoy tocaba la cita con los Partido de Resina, que ya llevaban la torta de años sin echar una corrida entera en Madrid, y la verdad sea dicha, esperábamos con  ansia ver a los toros de la divisa celeste y blanca cantando su temario en Las Ventas. Lo que hemos tenido ante nuestros ojos atónitos ha sido un maravilloso viaje en el túnel del tiempo, volando hacia aquel 8 de abril de 1888 en que se anunciaron en Madrid como procedentes de don Rafael Laffita y del Duque de San Lorenzo, en una tarde primaveral de aquel año tan lluvioso, los toros de don Felipe de Pablo Romero. Aquella tarde se vieron con esta ganadería tres coletas de renombre: Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, y eso que la divisa se estrenaba en Madrid, pero en aquella época los matadores de toros eran menos tiquismiquis que en la actual. Tras pasar una buena porción de años en manos de los Pablo Romero, decadentes, blandos y finales, los toros fueron a parar a las manos de Partido de Resina, y ahí llevan cerca de treinta años de esfuerzo por mantener y sostener esta casta única y corregir los muchos errores que con ella se cometieron en el pasado. Hemos visto con preocupación a los toros de Partido de Resina blandos como flanes, caedizos y parados y hemos visto cómo el trabajo de selección iba dando sus frutos en diversas plazas hasta llegar hoy a Madrid en la que estos toros venidos de otra época han sido duros de pezuña, exigentes, demoníacos a veces, cambiantes, duros y plenos de personalidad. Los de Partido de Resina nos han ofrecido una corrida llena de complicaciones, de dudas y de incertidumbres, una corrida a la que no se han apuntado Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, o sus equivalentes de la hora presente, pongamos Talavante, Roca y Gordito II, sino tres que pasaban por allí que suman 34 festejos, de los que 24 son de Antonio Ferrera, uno de Calita y nueve de Jesús Enríque Colombo. Un respeto para estos tres.


Los que van a los toros a buscar verónicas de alhelí hoy no han tenido su día, desde luego, porque hoy lo que había en el ruedo era una sucia trinchera en el Somme, barro y desesperación y tres hombres de luces trepando por los parapetos «dejado atrás todo lo placentero», como dijo el poeta. Ahí había seis enigmas, cada cual distinto de los otros, cambiantes y atentos, en cuya testuz llevaban marcada a fuego la palabra «miedo». Los toros de aquella remota tarde de 1888 aliviaron de la pesadez de la vida terrenal a diez caballos; los de hoy, vistas las trazas que se gastan los del castoreño, habrían dejado vacíos los establos del hipódromo de la Zarzuela y hubiera sido bueno ver su comportamiento frente a caballos sin faldas, si hubieran tenido la opción de meter el pitón en lo blando. Mañana está anunciada la ganadería de El Parralejo, toros tontos y previsibles para la sensibilidad contemporánea, pero hoy era la hora de los valientes y hoy no había apenas excusa para tomarla con los de oro, porque la prueba a la que fueron sometidos tuvo mucho de sobrehumana.


Plateadoro, número 2, fue el primero de la tarde y marcó la seriedad general que traía el encierro. Se desengañó de que le clavasen un hierro en la espalda sin poder hacer nada y acudió a la brega cuidadosa que le dio Antonio Ferrera, que en uno de sus arranques de originalidad mandó a los tres peones de la cuadrilla a poner un par de banderillas cada uno, cosa nunca vista. La cosa cambia de signo cuando tocan a muerte, porque a Ferrera le cuesta una barbaridad ir al sitio donde el exigente toro le demanda que se ponga. El cite desde afuera no es el plan de Plateadoro y Ferrera no quiere arriesgarse a meterse en un terreno de más complicación, por lo que pueda pasar. Estar ahí abajo con ese toro debió ser una experiencia de una descomunal intensidad, digamos esto en favor del torero, pero la verdad es que las contadas veces que se colocó bien, especialmente con la derecha, el toro respondió, incluso con cierta nobleza. Mató de estocada.


Alpargato, número 21, es otro toro muy serio, muy en el tipo. Empuja con fuerza en su primer encuentro con Alberto Sandoval y se desengaña un poco en la segunda entrada. No da facilidades a los de las banderillas y propicia un quite muy oportuno de Ferrera, muy atento toda la tarde en la dirección de la lidia, a Delijorge. Se encuentra con Calita, que quiso poner su saber y sus carencias frente al imponente toro y sus derrotes por lo alto y que no acertó con el estoque, dejando al final una estocada improvisada al encuentro.


Escribano, número 20, de gran presencia y aire agresivo, saludó a Colombo poniéndole el pitón a dos milímetros del pecho cuando estaba lanceando con el capote. Llega al relance al caballo de Israel de Pedro, que le da con ganas, y sale de ahí completamente parado. Parece que le ha dado un aire y nadie apuesta por que ese toro vaya a moverse. Colombo se lo piensa un rato antes de coger las banderillas y finalmente se dispone a colocar sus tres pares en los que el toro le aprieta de lo lindo hacia los adentros, al sentir los garapullos. Sorprendente cambio de humor del toro, que llega al último tercio en condiciones de tomar una primera serie con cierto buen aire, hasta que se le avinagra el carácter, acaso por constatar la deficiente colocación del venezolano, que bravamente porfió con el imponente bicho lo que sus fuerzas le permitieron, sin recibir más que hostilidad. Luego, un pinchazo bien agarrado y un descabello le sirvieron para poder irse al burladero.


Capotero, número 8, otro cárdeno bien serio y ofensivo, no dio señales de bravura en su relación con Borja Lorente y su penco, saliendo de naja como habríamos hecho los demás. Esta vez banderillearon los peones, a los que el toro no dio facilidades para cumplir su cometido. Para calibrar la dificultad digamos que, en la segunda pasada, un gran peón y rehiletero como es Ángel Otero pasó clavando un solo palo. En este toro y ante la incomprensión general Ferrera se esforzó en cumplir su cometido. Busca la colocación y sin prisas va labrando al toro pacientemente. Por momentos parece que el animal va a entrar al juego de Ferrera, bien colocado y jugándosela a veces, especialmente en los pases naturales que literalmente le va robando. Muchos no admiten el metraje de la faena y recriminan al matador. Una estocada acaba con el animal.


Alborotador, número 7, casi reedita lo de Alpargato. Sinceramente creo que la prueba a la que se ha sometido a Calita ha sido titánica. El toro toma una vara y se desengaña en la segunda, no ayuda en banderillas y llega con la cara levantada al último tercio, para que se vea que la labor de los picadores es una porquería cuando se trata de vérselas con toros que no son como los de todos los días. Con esos mimbres y su mejor voluntad, Calita aguanta las inciertas oleadas del toro y le deja una buena estocada.


Garrofo, número 1, es la guinda de esta interesantísima corrida. Podemos decir que es el epítome de la maldad en todos los tercios y también podemos decir que es el menos pablorromero de los seis de la tarde. Se declara enemigo del tercio de varas, con poca o nula intención de acudir. Las gentes silban a Pepe Aguado porque pisa la estúpida raya blanca y al final se consigue picar al toro casi de cualquier manera. Colombo toma los palos y tras varios infructuosos intentos decide entregarle las banderillas a la cuadrilla, cosa que nunca antes habíamos visto. Los peones hacen buena aquella coplilla de 1888, también con los de Pablo Romero:


Ambos a dos con los palos

Quedaron a altura igual

estuvieron malos, malos

pero mal, requetemal


y el presidente Rodríguez San Román, viendo el incontable número de pasadas en falso que se habían dado decide sacar el trapo blanco, con lo que crea la furia de la afición que continúa mientras Colombo estaba tratando de vérselas con el taimado cálculo de Garrofo, al que se quitó de encima con una estocada metiendo hábilmente el brazo.

 

Tremenda corrida de toros la de hoy en la que la palabra «dificultad»  presidió todos y cada uno de sus actos. Los toros de Partido de Resina ya no se caen y orgullosamente se descaran con el que se ponga delante. Nadie osó pensar hoy en pases cambiados por la espalda, manoletinas o bernardinas, porque hoy el juego era salvar la vida, porque hoy, en la ruleta de arena de miga de Las Ventas se jugaba con la dureza del toro cambiante y con personalidad, del toro imprevisible en su comportamiento, del toro que no da nada, al que todo hay que arrebatárselo, y a los estetas esto no les gustará, pero a los que somos simples aficionados a los toros, nos encantó esta aterradora corrida de toros.




ANDREW MOORE











ç










FIN

Jueves, 14 de Mayo

 


Grafitti



miércoles, 13 de mayo de 2026

El Cid de Sevilla... o de Teruel



  

SEVILLA

                                      DORADA CORTE DEL REY POETA MOTAMID

                               HOSPEDÓ A MIO CID EMBAJADOR

                                    DE ALFONSO VI Y LO VIÓ VOLVER

                               VICTORIOSO DEL REY DE GRANADA.

                                                      AÑO MLXXX


Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Un nota nacido en el barrio de los Pajaritos de Sevilla al que bautizaron como Juan Pedro y que  lleva tiempo con el nombre cambiado y ahora se hace llamar ¡ahí es nada! Yihad Sarasúa, montó un "algo", no se sabe si Cuadrilla, Banda o Partido, junto a un tal Mohamed Amar, nacido en Ceuta y vecino de Algeciras que dice ser mecánico de profesión, a lo que llamaron Partido Andalusí. Se han inscrito para que el próximo domingo les vote la gente mayormente musulmana y sus amistades, porque dicen, están marginados por los cristianos. Quieren normalizar el árabe, la histórica lengua de Al Andalus, construir cementerios para musulmanes, y ya en plan guerrero, el que se les da de más listo, el de los Pajaritos (a los presos de los Pajaritos se les conocía en las cárceles como "pájaros") el otro día puso un mensaje a la "nación andalusa con "s" " que me mandaron para picarme. Dice así, literal: "Vamos a cambiar la estatua de El Cid Campeador, por una de Al-Mutamid, el Vencedor, que es más sevillano que este señor de Teruel, ¡¡Viva Al Mutamid!!". Así, por escrito y sin  vergüenza.


        A mí ya hace muchos años que me llama la atención el poco apego que se tiene a la figura de El Cid en España, hasta el punto de que lo mientas y hay necios que se las dan de sabios que sonríen condescendientes y añadan "..ya, y Santa Teresa". O sea Franco, que uno no sabe qué tiene que ver una pelota vieja con una vieja en pelota. De la estatua de don Rodrigo Díaz, el de las luengas barbas en Burgos, plantada hace 70 años en la plaza de su nombre por Juan Cristóbal González, conoce toda la España que por allí pasa. A mí me llamó la atención hace años la que hay junto a la plaza de España en Sevilla, una donación para la Exposición de 1929 de  Anna  Hyatt Huntington, una gran señora de Massachussets que nació en el lejano 1876 y de cuyas peripecias indagué en su día. La estatua que hay en Valencia es una reproducción que hizo Juan de Ávalos de ésta sevillana. La original está  en la Sociedad Española de Nueva York, institución que fundó el marido de Anna Hyatt, enamorado el matrimonio de la Historia y la cultura de España. Pues sí.  Una americana enalteciendo al héroe no sólo en Nueva York. También en San Diego, San Francisco y Buenos Aires. Todos son el mismo monumento, gentileza de Anna Hyatt. No hay más. Bueno, en Vivar, donde suelo ir a comer con la cuadrilla, también han puesto una representación moderna que cierra la lista de homenajes al que en buena hora nació.


    Destruir el regalo de 1929, tres años para llegar a centenario, es la obsesión de Yihad Sarasúa, el pretencioso andalusí. Podría proyectar un monumento para Al Mutamid y respetar a ese Cid al que hace nacer en Teruel... pero no, en su abisal ignorancia enfrenta al Campeador con "su" pretendido Vencedor, desconociendo que Al Mutamid fue defendido por don Rodrigo Díaz cobrador de las parias sevillíes,  del ataque de la taifa de los ziríes de Granada instigados por el enemigo del Cid y favorito del Rey Alfonso, García Ordóñez, cobrador de las parias granadinas. El Cid defendió a Al Mutamid y juntos vencieron en la batalla de Cabra a Abd Allah y García Ordóñez. Dicen las crónicas que el ídolo de Yihad Sarasúa agasajó al buen Cid con la esplendidez y generosidad que en aquel tiempo se estilaba entre la morería, pero está claro que el tal Yihad no lo sabe.


       ...Pues el que quiere ser presidente de Andalucía, o por lo menos diputado, está empeñado en "echar a pelear a los que bien se quisieron".

Misterios


Martín Chirino con Esteban


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El árbol de la ciencia no prende en el CSIC. Una rama de ese árbol chirinesco ha vuelto a desprenderse sobre el jardín de la calle de Serrano, y la leyenda de la rama dorada de Frazer debe de estar embargando a Martínez A., el laico director. Frazer escribió “La rama dorada” para explicar la ley que regulaba la sucesión en el sacerdocio de Diana, puesto que sólo podía ocupar aquél que asesinara a su antecesor. Magia y religión. ¡Hummm! Pues será una casualidad, pero el autor de “El árbol de la ciencia” plantado en el CSIC es Martín Chirino, que acaba de lastimarse un pie bajo el peso de un hierro candente escapado del yunque como ánima salida del Infierno. ¡Ah, los herreros y alquimistas de Mircea Eliade! Después de todo, el árbol de la ciencia que saca los pies del tiesto de Martínez A. fue forjado por rumanos de Arganda del Rey. En fin, un misterio. Y otro misterio es el de Calderón (“me llamo Calderón y doy suerte”) en el aeropuerto de Nueva York. Ya su colega Laporta se las tuvo una vez tiesas –¡como que presumió galanamente de “gayumbos-endowment pad” ante los circunstantes!– con los guardias civiles en el aeropuerto de Barcelona. Pero Calderón ha ido más lejos, a Nueva York, desde donde la noticia de su retención corrió como la pólvora. O como Paquillo, que es más nuestro. (La pólvora, aunque parezca valenciana, es china.) Calderón se las echa de abogado y políglota, así que ningún peligro podía correr en manos de la policía más cinematografiada del mundo. Y entonces, encantadora, por “naif”, surgió la esposa telefoneando a Rubalcaba –¡cráneo privilegiado!– para salir del apuro. ¿Puede concebirse una reacción más española? Ahora mismo llamo a Rubalcaba, que para eso lo tenemos todos los domingos en el palco comiendo lunitas de jamón, y se van a enterar estos gilipollas gringos. Como si América funcionara como España, donde la gente puede ser detenida porque, “si el ministro pide detenidos, hay que detener a alguien”. ¿Por qué a Calderón, entonces? No sé. ¿Su fama de izquierdista devorador de oligarcas financieros alarmó en Wall Street? ¿Una camiseta de “Público” con el lema “Fuck Bush” en la Samsonite?... 

San Isidro'26. Excelente novillada de Montealto y campanazo de Álvaro Serrano, a quien ahora querrán echar a perder. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Si hoy en el palco hubieran estado sentados Fernández Serrano, «Madriles» y la señora o señorita María José, con las tragaderas que mostraron el pasado día 6 con el «walking dead» del Cuvillo, hoy habríamos visto lo menos cinco o seis vueltas al ruedo a los novillos de la excelente corrida que Montealto ha traído a Las Ventas. Como, por fortuna, ninguna de aquellas tres eminencias se sentaron en el palco de las orejas, la corrida tuvo, a cambio, el reconocimiento de la afición, superior al de aquellos funcionarios, cuando sacaron a saludar al mayoral de la ganadería una vez que Álvaro Serrano hubo abandonado la plaza a hombros y por la Puerta Grande.


Los seis pupilos que Montealto mandó hoy a Madrid vinieron a dejar muy alto el listón de esta ganadería de remoto origen juampedrero, lo cual viene a dar la razón a los que creemos en ese dicho que reza: «La buena mano del ganadero te arregla lo juampedrero». Vamos, que en 26 años los de Montealto han ido haciendo su propia selección y así hoy hemos podido ver en Madrid una importante corrida bien presentada, seria, y con una espléndida variedad de registros que van desde el toro de buen juego hasta el noble o el manso y con un innegable fondo de casta en su conjunto. Hastiados como estamos de ver animales tan previsibles como la salida del sol cada mañana, era un gusto constatar los diversos humores y caracteres de los Montealto: el primero, Camagueto, número 26, acosando a los peones a la salida de los pares y sacándolos literalmente de la plaza; el segundo, Enrejado, número 18, derribando al penco y a Pedro Geniz que iba encima y empleándose en la segunda vara; el tercero, Cartero, número 70, derribando también al penco y provocando una caída de latiguillo a Marcial Rodríguez; el cuarto, Flamenco, número 33, con cuajo de toro; el quinto, Académico, número 34, que rompe la vara del picador, se duele y no se emplea; y el sexto, Molinero, número 21, que mereció la vuelta al ruedo, si este galardón se otorga por petición pública, pero que fue negada por el palco, hoy tan estricto.


Comportamientos diversos en el ganado, bajo el prisma del interés. Y reconocimiento de la afición, que despidió con palmas a los cinco primeros y con una fuerte ovación al sexto. Y aunque no hubiera ocurrido el milagro de Álvaro Serrano, la tarde habría sido igual de entretenida, porque en el ruedo estuvo constantemente presente la emoción que da el toro en un espectáculo que, precisamente, se denomina «Los Toros». Y siempre que el toro sea un enigma, una incógnita que hay que despejar, una falta de certeza, las cosas serán adecuadas y hermosas, viriles y dificultosas, y cuando el toro sea una babosa colaboracionista asistiremos, como tantas tardes, a un decadente ballet sin sentido ni emoción.

 

Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear», que solamente sirven para tapar las deplorables actuaciones que nos echan cada tarde, como el que echa de comer a un perro. Con una actitud digna de elogio, actitud de novillero con ganas que le lleva a estar en quites, a mostrar la majeza de su capote, a querer que los que están en la piedra sentados se fijen en él, no ha permitido que la tarde se le fuera, como se les fue a los otros dos que le acompañaban en el cartel, y ha recibido el aplauso sincero y el reconocimiento del respetable, consiguiendo plenamente su objetivo: que todos hablasen de él. Y uno de sus grandes méritos de esta tarde consiste en no ser como todos, en mostrar su propia personalidad. Los que hemos visto a Tomás Bastos en otras circunstancias no reconocíamos en este torero envarado, anulado, a aquel Tomás Bastos que nos encandiló frente a novillos de José Escolar. ¿Qué fue de aquel torero de corte clásico? ¿Qué han hecho con él los dráculas taurinos convirtiéndole en este espantajo que hoy ha andado por Las Ventas? Con esto queremos significar que el riesgo que Álvaro Serrano tiene ahora es tremendo: se han fijado en él (¿y quién no en la tarde de hoy?) y tratarán de arrebatarle el corazón, el alma, tratarán de adocenarle explicándole que lo que hoy le ha hecho famoso: su colocación su toreo hacia adelante, su empeño en hacer lo decente, no debe hacerlo y que los modos son otros, como los que hoy han echado al sepulcro a Bastos en su deprimente despedida como novillero de Madrid, apenas aliviada por un postrero quite del perdón. En ello le va su vida como torero.


Además del ya reseñado toreo de capa, en el que Serrano ha ofrecido más variedad en lances que en todas las corridas que llevamos de feria, planteó dos faenas llenas de emoción a dos novillos de signo muy diferente. Su primero, Cartero, con aires de toro, cumplió en las dos varas que tomó y nos hubiera gustado verle en una tercera que el palco y Serrano nos hurtaron y que quizás, viendo el desarrollo del animal, no le hubiera hecho mal. En el tercio se pone a torear, bajando la mano, aguantando las constantes miradas del novillo, sacando muletazos de buen trazo por el derecho. El pitón izquierdo tenía otras condicionantes de menor afabilidad, con embestidas más brutas que fueron aguantadas con torería y entereza por Serrano, sosteniendo la posición a despecho de la impresión que daba el novillo de que se iba a parar en el centro de la suerte. En esa firmeza es donde se asienta su victoria sobre Cartero que, viéndose derrotado, opta por irse a terrenos más confortables para él. Faena complicada, por las propias complicaciones derivadas del carácter del novillo, que se remata con mucha torería rodilla en tierra antes de dejar una estocada suficiente. Cabe resaltar la impresión de que, con las imperfecciones que se le puedan achacar como novillero, su cabeza funciona en la cara del toro y sabe qué es lo que quiere hacer y cómo llegar a ello, especialmente en este toro que es el que mayores dificultades le trajo.


Su segundo fue Molinero, que no dio apenas de qué hablar sobre su encuentro con Héctor Vicente y su jaco, que marcaron hoy la excelencia en el tercio de varas por su buen hacer conjunto. Luego vino una soberbia brega de Caco Ramos y un no menos espectacular segundo tercio protagonizado por Jesús Aguado e Ignacio Martín, que dio paso a la faena de muleta de Álvaro Serrano. Empezó éste muy toreramente con ayudados por alto, rematados bellamente por abajo. Serrano se entendió perfectamente con el novillo: entendió su distancia y su exigencia de colocación, llegando ambos a un acuerdo que proporcionó hermosas series ligadas de mano baja en las que hubo naturales descomunales, hondos pases de pecho y, sobre todo, un concepto muy torero y muy personal en el que no hay tiempos muertos, por lo que la faena va desarrollándose a más, bien ensamblada y, acaso, ligeramente más larga de lo que debiera. Un final de trinchera y ayudado por bajo dio lugar a una estocada entera que para unos era contraria, para otros trasera, para otros atravesada y para otros la mezcla de varias de esas características, o sea que cada cual se quede con lo que le apetezca. La cosa es que el acero no fue de efecto rápido y cuando el toro se echó ahí estaba Ignacio Martín para levantarlo por dos veces, hasta que Serrano lo descabelló al borde del tercer aviso.


Una multitud de jóvenes acompañaron respetuosamente a Álvaro Serrano cuando daba la vuelta al ruedo y luego le sacaron a hombros hacia la calle de Alcalá mientras Tomás Bastos y Martín Morilla abandonaban la plaza cabizbajos.


El peligro que ahora corre Álvaro Serrano es terrible. Querrán cambiarle y echarle a perder, robarle su desparpajo y su decisión, anegarle en mantras y en ruedas de molino. Ojala eso no ocurra.




ANDREW MOORE


























FIN