martes, 14 de julio de 2026

La democracia oscura


Juan Soriano


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La nula atención mediática que ha merecido en España el CCL aniversario de los Estados Unidos de América, compendio de todas las teorías políticas fantaseadas por los hombres civilizados desde Grecia, revela la proverbial incultura política del españolejo y sus políticos, sus profesores, sus periodistas y demás atlantes de un Régimen que los fetichistas de las palabras llaman “la democracia”, sólo otra forma de hablar entre nosotros.


We, the People… –dijeron los Founding Fathers, e inventaron la “democracia representativa”, pensada para la libertad e inspirada en Montequieu, y a los demás nos dejaron con la “democracia liberal”, pensada para la igualdad e inspirada en Rousseau, que es ésa que ahora te pide pena de cárcel por retuitear un video de RT.


El 78 arrancó aquí muy farruco con una cosa que los papafritas decían “democracia avanzada”, concepto creado por el comunista venezolano, hijo del 98, Pío Tamayo (“Pollito Pío”), y hemos llegado a esto que viene a llamarse “democracia oscura”, en atención a los “días oscuros” que sacó a relucir el otro día el Monarca, quizás pensando en el reinado de Witiza, oscuro e incierto, como saben los jugadores de mus (para aprender a jugar al mus, Mingote). “Oscurecer esta oscuridad, tal es la puerta de todas las maravillas”, leemos en Lao-Tse. O sea, el sanchismo, para nada inferior, en cuanto a oscurantimos, ni al rajoyismo ni al zapaterimo ni al aznarismo ni al felipismo ni al suarismo, los de la constitución chalaneada en un cuarto oscuro.


La experiencia de la teoría marxista del valor nos demuestra la importancia que puede tener la oscuridad para dar fuerza a una doctrina –avisó Sorel (Georges, naturalmente).


La oscuridad, pues, es la base del Estado de Partidos, en el cual todo es mentira, menos lo malo, y el españolejo está condenado a caminar por él como Quevedo por la poesía de Góngora, con linterna, “que nunca el infierno fue claro”. Votan como copulan: “¡Cuántas ganas tienen los jóvenes de hacer el amor! –se maravillaba Juan Soriano–. Pero después no quieren reconocer que eso sólo consiste en darse panzazos en la oscuridad”.


Seis presidencias duró la “democracia representativa” en América (Andrew Jackson, el ídolo de Trump, fue su caballo de Pavía), mientras que nuestra ingeniosa “democracia liberal” va ya por el séptimo presidente. Hilaire Belloc en “Europa y la Fe”: “Habrían de pasar cuatrocientos años para que Europa despertara del letargo en que se había sumido su espíritu, y este pasaje de la civilización plena del mundo romano a través de este período de simplezas a veces bárbaras se llama, con propiedad, la Edad Oscura”. Su característica principal es el recogimiento.


Volverán… Volverán los monasterios –fue la confidencia final de Octavio Paz a Ullán–. Otro día lo discutimos. Tengo que retirarme.


[Martes, 7 de Julio]

Martes, 14 de Julio

 


Consummatum est

lunes, 13 de julio de 2026

Las semifinales del Mundial de fútbol de 2026


A Infantino le gusta Messi, pero aquí nos quedamos con Mesa


Pepe Campos


Llegado el momento final de este controvertido campeonato puede aproximarse un escándalo atronador. Entramos en la última semana del mayúsculo evento futbolístico. La FIFA por encima del bien y del mal ha apostado —lleva tiempo en ello— por la Argentina de Messi (un ancianito bien resguardado por una pléyade de pretorianos que reparten estopa en el pasto, sabiendo lo que hacen, tirando la piedra y escondiendo la mano). Nadie duda de que los jugadores argentinos saben jugar al fútbol, pero además saben jugar a otras cosas y a ponerlas en el tapete. Y si no, si lo que sucede no les es favorable —hablamos de los cinco últimos años— ahí está el vetusto jugador que la comanda (buen pie izquierdo y excelente visión de juego) para decirle a los árbitros cómo deben comportarse (y eso que no sabe idiomas, pero conoce la lengua germanesca y domina sus tiempos, y en qué momentos). En este sentido Messi responde a un personaje que sabe adaptarse a todos los ambientes y situaciones (es su mejor baza), y con poco jarabe de pico controla cómo hacerse entender, ya que se mueve como los ángeles en los territorios de la autoridad y del autoritarismo. Frente a la consuetudinaria nobleza de la cultura anglosajona (inventora del deporte fútbol) siempre brava pero inocente, la idiosincrasia de Messi (detrás de él la cultura de la picaresca) incorpora comunicación no verbal (subrepticia pero no disimulada) que le hace ser un hombre con mando. Sólo necesita para imponerse el lenguaje de la mirada y ser respaldado por un grupo humano leal y fiel, e implacable, que recuerda en el terreno de juego a la actuación de Los siete magníficos de John Sturges. Leo Messi viene a ser un Yul Brynner con pelo. No merece la pena extendernos en el resto del elenco. Por otra parte, y esta es la verdadera clave, el perfil dialéctico de Messi es bajo, con lo que nos remite a Mr. Chance (Bienvenido Mr. Chance de Hal Ashby) porque es un hombre sencillo y calmado tocado por una varita mágica que le convierte en un Mesías del Vacío existencial, muy apropiado para los mejores tiempos de la historia en los que estamos en curso. Los tiempos del pensamiento blando y débil que arrebaña.


En pocos días veremos lo que vaya a suceder ante esta tesitura de si el poder fáctico se impone o no sobre lo poco que queda ya de naturaleza humana, que representa todavía aquello que nos hace creer en la vida aunque esta suela mostrarse, un día tras otro, mediante mandobles. El poder factual pretende crear una nueva realidad. Veremos si lo consigue con pleno éxito. Mientras, podemos introducirnos en un análisis futbolístico sobre las cuatro selecciones que han alcanzado las semifinales del mundial. Vayamos por orden, según méritos conseguidos en el terreno de juego:


En primer lugar estaría Francia, que posee una plantilla extraordinaria y una dinámica ganadora. Tiene una defensa potente donde destacan los dos centrales marmóreos (Saliba en el lado izquierdo y Upamecano en el derecho) con muy buena salida de balón. En los laterales, Koundé es una garantía muy firme, mientras Digne puede que sea el único lunar de la zaga. La media es más floja, pero resolutiva y de contención, con Tchouaméni y Rabiot en la sala de máquinas. A ellos se incorpora el talento de Olise, con su movilidad y visión de espacios. Por delante, la mejor vanguardia del campeonato: Dembelé, Mbappé y Barcola. Dembelé domina las dos piernas y el regate, y cae en la indolencia. Mbappé en plenitud, un jugador con toda clase de registros, veloz y de tiro imprevisible. Barcola, juventud. Francia dispone de un gran doce en el banquillo, como es Doué, un regateador nato, por si se ponen mal las cosas y hay que acudir al abrelatas. El equipo francés actual representa la imagen de una apisonadora que no alcanza nunca el nivel de juego brillante que se le otorga sobre el papel.


En segundo lugar, por méritos, estaría Inglaterra, que lleva varios años acariciando un título, pues tiene grandes jugadores aunque en numerosas ocasiones les entre la desazón, o sufran pájaras o desánimos emocionales. Si superan este aspecto psicológico pueden ser los ganadores de este campeonato. Atrás, en su retaguardia, nos encontramos con un portero intuitivo, dinámico, a veces, fallón; es decir, a Pickford. En la defensa, en el centro, a dos defensas similares a los de la zaga francesa (Guéhi y Konsa; si jugara Stones le daría el toque más inglés), y a dos laterales con proyección, James por la derecha (con jerarquía y temple) y a O’Reilly, vivo y muy activo. No es una línea con jugadores que sean intocables. Quiere decirse que las opciones del banquillo podrían aparecer. Sobre todo, Spence, en el lateral izquierdo, rápido y con llegada. Dominan el juego aéreo. En la línea media tenemos lo más clásico del fútbol inglés en Rice —todo organización y con buen tiro a puerta— y Anderson —versátil y pragmático—. Les acompaña Bellingham con enorme despliegue, más aún si pisa el área rival. En el extremo derecho, posiblemente el jugador más fino de hoy, Saka, que no ha llegado en plenitud aunque en cualquier momento la hace. En el extremo derecho (o izquierdo) también está Madueke, con regate y centro, que no llega a ser Olise. En el centro, Kane, el mejor delantero clásico del mundo, un ejemplo vivo del fútbol antiguo que es posible se pierda para siempre tras él. Por el lado izquierdo, Gordon, un jugador muy británico, de sacrificio y con desborde. Desde el banquillo muy buenos jugadores: Eze y Rogers.


Como tercer equipo nos quedamos con España. Una selección que prometía mucho hace unos meses, que no ha llegado en plena forma, si bien está respondiendo por encima del nivel que lleva mostrado. Y que va a más. Lo cual es ideal. En la portería, Unai Simón, un guardameta sobrio, nada espectacular, de la vieja escuela. En la línea defensiva dos centrales que se entienden a la perfección y que sacan el balón jugado con facilidad y criterio (Cubarsí y Laporte). En los laterales el dinámico Cucurella (que todavía no se ha lanzado a por todas) y Porro, hermético, que no olvida sus labores defensivas y que aporta un buen centro cuando se estira hacia el área rival. En el centro del campo, lo mejor de España. Rodri, un verdadero eje, que juega el balón con criterio, en el tiempo justo y es duro de pelar. A un lado Pedri, que a su visión de juego le resta su frágil condición física, y, al otro lado, Olmo, con vocación de enganche hacia el área rival. Trabajador y asociativo. Tiene pase y gol. En la delantera, Yamine Lamal, que no ha encontrado su verdadera dimensión física. Lo mejor de él, la visión de juego, posiblemente la mejor del campeonato. En el centro de la delantera, Oyarzabal, un superviviente del buen fútbol vasco, con olfato de gol, sacrificio y movilidad. Por último, en el extremo izquierdo, Baena, un futbolista con nervio, muy fuerte, y que suma llegada, visión y remate. En el banquillo, el mejor doce de este campeonato, Merino, que puede jugar en el medio campo y como delantero centro falso. Luego tenemos a Nico Williams, que no ha recalado en su mejor versión, a no ser que todo cambie a su favor. Y Fabián, todo pulmón y oficio, que no parece un futbolista del sur, sino de Centroeuropa.

 

Por último, Argentina. ¿Qué decir de Messi, su líder, su mascota? En estos años hemos hablado mucho de él. Sabe estar en el campo, se esconde y desaparece; aparece y es definitivo. Le favorece (de manera determinante) que hoy el fútbol es zonal. No hay severos marcajes. Ya no pisa el césped ningún Gentile. Este aspecto, lo aprovecha a la perfección. También se ve beneficiado por la existencia de cámaras de televisión. Pertenece al mundo de la imagen. Pie tiene, y muy buena visión. Si se le vigilara perdería, pero tiene la suerte de no ser vigilado. Cae bien. Pero Messi no es Messi sin su guardia pretoriana: De Paul es como su guardaespaldas, él sí que le vigila para que no le suceda nada y le abastece de balones, y le cubre sus deficiencias defensivas. No menos que MacAllister, que es como un grillete que se desplegara por el terreno de juego. Un cepo para jugadores contrarios y para el balón al que acoge y despide con violencia. Y Paredes, otro mediocampista duro y fatigador. O pasa la pelota o el jugador, los dos no. Por delante, Argentina luce a Julián (Álvarez), que tiene juego de presión, juventud y tiro a la escuadra. En la defensa, «Dibu Martínez», un portero que se las sabe todas. Las buenas y las malas. Dos centrales expeditivos Lisandro y Romero. Dominan las alturas sin ser altos. Dos laterales que suben, Molina y Tagliafico, y que sufren al bajar. En el banquillo, Nico González, guardia pretoriana y Lautaro, hombre sacrificado por el sistema argentino.


De los entrenadores: Deschamps (conservadurismo). De la Fuente (hombre de la casa). Tuchel (fútbol de autor) y Scaloni (lo que diga Messi).


Una última consideración final para aquellos que no tienen sentido histórico: el fútbol de hoy no es mejor que el fútbol de antes (debido a que han existido muchas épocas y diversidad de jugadores), y sobre todo porque el negocio a través del tiempo carcome y pudre la creación, en todas las actividades humanas. Hoy: pausas de hidratación, tarjetas, VAR, cámaras, cinco cambios (en la final de Qatar pisaron el césped 35 jugadores), un balón sin sebo. Hoy hay escuelas, antes había calle y descampados. Hoy hay balones de Oro, antes simplemente el honor y el mérito. Etcétera. 

El guante de Suzuki

 




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Desengáñate, los toros son marketing y glamour, repetía a todo el mundo el flautista Salvador Boix, cuando cambió la flauta travesera por el apoderamiento del segundo José Tomás, el del marketing y el glamour. La consigna hizo un daño a la tauromaquia que no está en los escritos, igual que se la está haciendo al fútbol tragaperras de la Fifa de Infantino, en cuyo Mundial americano, aparte Argentina, que está fuera de concurso, el marketing se lo ponen a Lamine’2030 (MVP ante Austria por un caño, contra los dos goles de Oyarzábal, dueño de un careto que no vende, y las dos asistencias de Cucurella, dueño de una pelambrera que en esta sociedad de “calbos”, comenzando por Infantino, resulta tan escandalosa como la salud en un hospital), y el glamour se lo dejan a Olise… hasta que fiche (“joalá” que no, como diría Ancelotti) por el Real Madrid, donde los ratones del Relato sacarán que si el “Snus”.

Tras que el niño era feo, le pusieron Doroteo –es el dicho montañés.

Para justificar la chapa que la Banda del Esférico (concepto, por cierto, inventado por Pemán en “Dime, poeta”, aunque a ver quién le explica eso a los becarios y becarias de Rivero), los panas dicen que Lamine’2030 y Olise tienen “un guante” en el pie izquierdo, aunque uno el único “guante” que ha visto en este Mundial es el de Suzuki, el portero mulato de Japón, hijo de ghanés y japonesa, que le sacó a Vinicius el gol del Mundial, o sea, otro “gol de Pelé”, que fue aquel gol que nunca entró, un gol fantasma o “vicegol”. De la jugada me quedé con Vinicius, por la diablura, y con Suzuki, por la nostalgia de Kevin Schwantz, el Pajarito que con una “Suzuki” nos amenizaba la vida en los 90 como Vinicius con un balón (¡no con un “esférico”, cabestros!)

Mientras me recreo con el “vicegol” de Vinicius ante Japón, me llegan ecos de la controversia Bielsa-Luis Enrique sobre entrenadores con videoteca (Bielsa, Xabi Jot Down Alonso) para comerle la oreja al futbolista y entrenadores sin videoteca, como el nuevo Luis Enrique, que sabe que los futbolistas no son opositores al Catastro. Por eso cobran lo que cobran.

[Sábado, 4 de Julio]

Lunes, 13 de Julio


La cola

domingo, 12 de julio de 2026

Tres selecciones europeas y Messi

 
El dedo tonto 
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo 
   
    En el Mundial de América tres son a mi parecer, las selecciones que salen a ganar por sentirse con más capacidades que sus rivales hasta esta finalización de los cuartos: Francia, España y en grado menor Inglaterra.


   Francia va de victoria en victoria sabedora de su formidable y sin igual delantera y presumiendo de una grandeur legionaria capaz de aplastar a cualquier rival retador.


  España no tiene los arietes tumbapuertas franceses pero su dominio es persistente, machacón, cansino... La iniciativa, el peso de los partidos es de los hombres de De la Fuente, sea por siempre alabado, que ha sido superior a las seis naciones con las que se ha enfrentado, cosa que no impide reconocer que ante Portugal y Bélgica la veleidosa Fortuna, una de las especias que más sabor regalan al fútbol se ha encaprichado del señor de Haro y le ha favorecido con la lesión de Nuno Mendes en octavos y la de Tielemans y sobre todo Courtois en estos cuartos.


   No sé cuánto de buen portero tiene Lammens, pero la rareza de intentar blocar en vez de despejar a los costados como es norma obligada en los guardametas actuales dio ocasión a Merino, convertido en el talismán de los últimos minutos, para lograr una victoria merecida.


  La semifinal Francia -España tendría que ser la final porque han sido los dos mejores equipos, pero los manejantes fiferos maquinaron una semifinal Brasil-Argentina a la que no llegó Brasil por deméritos propios. A Argentina se la protege a base de coartadas indecentes aportadas por ese Dios impío llamado VAR al que perversos advenedizos han incorporado con éxito incomprensible de crítica y público al mayor espectáculo del mundo.


   Hasta a mi admirado Turpin le han secuestrado el excelente conocimiento y recto proceder en la dirección de sus encuentros y se ha visto obligado a anular un gol correctísimo de Noruega ante Inglaterra por esa funesta divinidad que se pone pusilánime a conveniencia.


    Argentina no ha jugado mejor, un poner, que Marruecos o Portugal,  pero da la sensación de que Messi tiene tanto poder como el VAR y por eso todo el mundo desea fervientemente que Inglaterra pueda con Argentina (se volverá a hablar de Las Malvinas y tal y tal... como decía Jesús Gil) salvo los argentinos, claro está, y ¡Vaya por Dios! el Gran Jefe Infantino.
 

Sobre el Mundial de fútbol




Hughes



El Mundial está siendo un exitoso fracaso. Todo son críticas, pero la gente lo ve y habla de ello, que es tan importante como verlo.


Quizás este sea el primer Mundial que incorpora la complejidad de la globalización. Por ejemplo, en el Mundial de Qatar unos argentinos se hicieron famosos por cantar ante las cámaras el «escuchen, corre la bola… juegan en Francia pero son todos de Angola». Provocó cierto escándalo, pero ya no. Una diputada paraguaya se lo dijo a Mbappé, «africano colonizado que finge ser francés», y algo parecido salió de Chilavert, que matizó que en 1998 su Paraguay se enfrentó a una selección francesa, no africana.

Lo más extraordinario ha sido querer explicar la decadencia de Brasil por el auge del evangelismo. Son esas cosas que se encuentran en Internet. He llegado a leer, ante el comportamiento incívico de unos aficionados argentinos, que era culpa del «sionismo liberal» de Milei. Hombre, si las Barras Bravas, más viejas que el tango, son también culpa del «anglosionismo»…




Lo del evangelismo ignora la tradición de futbolistas brasileños religiosos. Los famosos atletas de Cristo. Por ejemplo, Donato, del Atlético y del Dépor. Los brasileños que se fichaban antes o salían nocturnos o salían formales. Pero en ambos casos eran muy técnicos. Los religiosos no eran unos troncos. Por ejemplo, Bebeto o el mismo Kaká, que era tan bueno, en el sentido de santurrón, que lo dejo la mujer (dicho por ella misma).

Esto del evangelismo permite culpar a la CIA de que ya no haya Pelés, pero la crisis viene de muy atrás. El futbolista brasileño clásico, que era la gran razón para ver el Mundial (El Mundial era ver a Brasil) era el llamado malandro, y su fútbol era el malandragem, como si aquí lleváramos la figura del pícaro al campo de fútbol pasando por la playa. El regate, la finta, el engaño, un fútbol de samba y capoeira y la alegría de vivir eran todo parte de una forma de ser del negro en tanto futbolista.




Esto entró en crisis hace ya tiempo. Tampoco hay nuevos Gilberto Gil, otro Caetano Veloso… En Brasil se debatía mucho sobre táctica. Sobre cuánto conceder para ganar a los europeos. Se europeizaba a los equipos. Surgían centrocampistas totales que sujetaban ellos solos la indisciplina de los demás: Dunga, Mauro Silva… se diría que Brasil ganó cuando ellos estaban. Quizás su última oportunidad fue en Rusia, cuando expulsaron a Casemiro.

Pero ya de hace tiempo se sentía que el malandro estaba en crisis. Neymar y Vinicius han sido los últimos representantes. Poner a Neymar como ejemplo de desnaturalización del brasileño es no entender nada o querer liarlo todo. A Neymar se le entendió mal en Europa, en Brasil se quejaban de que el arbitraje era sesgado desde un punto de vista cultural. Y qué diremos de Vinicius, cuyos problemas en España empezaron al bailar, bailando, que fue traducido bárbaramente como «hacer el mono». La defensa de Vinicius era, lo primero de todo, defensa de lo brasileño puro, o sea, de la sagrada diversidad del mundo. La incomprensión fue completa (uno de esos momentos en que uno, con dinero, emigra).



Hay algo cultural que se ha perdido en el fútbol brasileño. Algo relacionado con los clubes, su mezcla de empobrecimiento relativo y profesionalización. Entre la favela y la ciudad deportiva ha ocurrido algo.

El último futbolista de ese estilo quizás sea Estevao, el joven del Chelsea. Pero ya no destacan igual. Antes, los brasileños eran los únicos en incorporar sangre africana, pero ahora Europa la tiene también.



Las varias nuevas Francias
 

Esto nos lleva a la otra gran cuestión. Descartamos la religiosa-evangélica, pero nos queda la ‘africanización’, o como algunos interpretan: la Sustitución o Gran Reemplazo aplicado al fútbol o mejor, desvelado en el fútbol.

Lo que decía Chilavert: la del 98 era Francia, esta es África (por cierto, himno mundialista de Shakira que universalizo y llenó de jubilosa aceptación el «porque esto es África»).

La del 98 era la Francia «blanc, black, beur», blanca, negra y mora, que levantó no poca polémica. La que vendría después, la actual, es lo que Finkielkraut llamó la «black, black, black», aunque sobre esto habría algo que decir.




La Francia de Zidane campeona del Mundo en el 98 tenía jugadores de origen africano occidental, magrebí y antillanos como Henry o Thuram. La gran Francia anterior, la que le ganó a España una Eurocopa en los años 80, era la de Platini y tenía también un reflejo de inmigración. El mismo Platini tenía ancestros italianos, estaban los españoles Amorós y Luis Fernández, el africano Tigana, junto a franceses inequívocos como Giresse y Rocheteau, que parecían Truffaut y La Rochefoucauld.



Esa selección jugaba con cuatro medios maravillosos, los cuatro mosqueteros, y fue un canto del cisne tanto como de le coq porque Francia tardó en brillar colectivamente. En los 90 hubo grandes jugadores franceses, de un afrancesamiento físico total: Ginolá, Cantoná o Papin, que era un rematador napoleónico… Eran puramente franceses, tenían gestos de franceses, cara de franceses, en esos 90 eran como ver a Depardieu… (esa cara de los franceses como de degustar quesos o acabar de hacer un cunnilingus). Y en cierto modo, fueron un apogeo y un acabose. Luego, lo francés pasó a ser simbolizado por la maravillosa selección de Zidane, que convertía en fútbol exitoso la descolonización francesa.



Esa selección tenía un eje blanco: Barthez, Lizarazu, Petit, Deschamps, Dugarry… y una inmigración variada, hasta con el armenio Djorkaeff… La de Pogba-Kanté-Mbappé tenía a Lloris-Griezmann-Giroud pero la actual ya es más intensamente negra, la del black, black, black, aunque presenta una particularidad en la que reparó Steve Sailer: un tipo nuevo (nuevo en lo deportivo) mezcla de sangre subsahariana y norteafricana; por ejemplo, Mbappé, o el mismo Olisé, como el español Lamine Yamal… Es decir, los mejores jugadores jóvenes del mundo en la actualidad. Faltaría Dembelé, que está casi casi, porque es de padre subsahariano y madre mauritana, pero en la frontera sur. Son mezclas derivadas de la inmigración, aunque se hayan dado toda la vida en el continente africano.

Esto sería el black-beur, y viene a ser, en cierto modo, otra forma tricolor: aportación negra, magrebí y nurture europea. Quizás explica que estos futbolistas sean tan buenos. Juntan la mejor capacidad física, un talento que parece estar solo en la ribera mediterránea y una finura técnica y táctica europea.



Estos jugadores serían un producto complejo ya de la inmigración. Una ‘creación’ de la mezcla en segunda potencia.

Y es la ventaja futbolística de Francia, que no tienen Inglaterra ni Alemania.

Inglaterra caribeña
 

Inglaterra recibió futbolísticamente en los 80 (ídolos como John Barnes) a los primeros descendientes de la inmigración caribeña justo después de la Segunda Guerra Mundial. Y en la actualidad esto ha aumentado, pero la gran inmigración recibida por el derrumbamiento del Imperio británico fue la de India y Pakistán, países poco futbolísticos (hasta el punto de que en la India hay una gran colonia de forofos enloquecidos de la selección argentina, a la que prestan su capacidad para la divinización). O sea, Inglaterra ha tenido una inmigración menos aprovechable futbolísticamente, con aportaciones solo de origen caribeño. desde Cunningham hasta Bellingham, madridistas los dos, pasando por los Barnes, Wright, Cole o Paul Ince, que fue el primer capitán negro de la selección inglesa.




Inglaterra no ha hecho gran cosa desde el Mundial del 66, siempre puesto en entredicho (la corrupción de la FIFA es algo que algunos han descubierto ahora con la tarjeta que pidió revisar Trump). Los ‘nuevos ingleses’ ponen más difícil que vuelvan a aparecer los futbolistas alcohólicos autóctonos como Best, Gascoigne, Merson, etc (quedaba Grealish)… pero están mejorando la competitividad de los Three Lions.

Alemania y el desnortamiento
 

En el caso de Alemania, la crisis es de otro tipo. Durante años hubo jugadores turcos, hijos de los «trabajadores invitados» de Turquía: Scholl, Ozil, Gundogan… En la actualidad, la gran diversidad racial de la selección alemana (la mannschaft) expresa la apertura del derecho de ciudadanía para inmigrantes a principios del siglo XXI. Alemania es ya muy diversa, aunque tiene reductos de germanismo clásico como la portería. Un aficionado al fútbol ha visto en su vida muy pocos porteros en la selección teutona, que diría un deportivo: Schumacher, Oliver Kahn y Neuer, con el intermedio fugaz de un Bodo Illgner en el Mundial del 90.





El cambio demográfico alemán estuvo anticipado o redoblado por el cambio cultural que supuso el fichaje de Guardiola por el Bayern de Munich en 2013. Con aplicación alemana asumieron la idea del toque y aun intentan reencontrar su verdadero Ser futbolístico, pero la hipótesis es que lo están intentando hacer cuando el habitante ya ha cambiado. O sea, perdieron la ‘alemanidad’ futbolistica tocando y tocando la pelota y quisieron recuperarla, pero con un jugador que ya no es ‘el clásico alemán’. Musiala es maravilloso, pero no es Matthaus, ni Moller, ni Effenberg. Ni Sammer.
 

España y el estilo global
 

Más que la religión, más que la inmigración. Quizás el gran responsable del cambio cultural en las selecciones, de que los equipos perdieran su sello, fue la extensión global del toque, del tiquitaca, de lo que se supone es el estilo español. Ahí está el naufragio de Italia, que fue abandonando su catenaccio, cuando llegó a tenerlo asumido como estilo nacional, pragmático y un poco maquiavelista. En Brasil no salen Ronaldinhos, en Italia empiezan a no salir Chiellinis.




Uno de los popes del estilo, Juanma Lillo, la persona que se ha sentado muchos años junto a Pep, o sea, su segundo socrático, reconoció en una entrevista que esto había acabado con las singularidades del fútbol «suprimiendo muchas naturalezas», creo que decía eso exactamente. Es tal cual. El toque aplanó los estilos de cada país, lo homogeneizó todo hasta aburrirlo. Fue un pequeño exterminio cultural.




Esto es el principal agente globalizador del fútbol y es una ironía que España haya encontrado su estilo cuando se convertía en hegemónico. De hecho, fue la que contribuyó en mayor medida.



Pero no era el estilo de España. El de España era La Furia, aunque fuera una furia interpretada por furiosos de 1’60, y fue Clemente, el nunca comprendido Clemente, el que la llevó más lejos que nadie reforzándola físicamente. Su selección, llena de centrales, Alkorta, Camarasa… con Nadal, con Hierro, con Caminero, con un poderío físico que pocos equipos tenían, estiraba el tipo de futbolista español, lo llevaba a unos ciertos límites estéticos, lo sacaba de su estilo pretendido, rechazando por ejemplo a La Quinta, que era lo precruyffista, y era su forma dura, vasca y objetora de reinterpretar la Furia Españaola, inmortalizada para siempre en las lágrimas y la sangre de Luis Enrique en Estados Unidos.




Clemente entendió que estábamos en un callejón sin salida, intuyó que había que hacer algo.

Entre el 94 y el 98

Esa selección jugó en dos mundiales importantes. El de USA 94, que todos consideramos el último Mundial ‘antiguo’, de un mundo anterior y el del 98, donde ya todo había empezado a cambiar.

El del 94 lo ganó Brasil, con Bebeto y Romario, el del 98 la Francia multicultural de Zidane y el «blanc, black, beur».

Por volver a la crisis del fútbol brasileño: el anuncio de Nike con la selección de Brasil jugando en el Aeropuerto es, precisamente, del 98.



En esos años en que está tomando forma, digamos, la globalización del fútbol (ley Bosman, año 1995), España está en el experimento de Clemente, que es la radicalización de lo furioso, intentar algo con lo tradicional…

Ya sabemos lo que pasa después: Luis Aragonés se rebela contra el sistema amical mediático madrileño (Raúl y cía) y comete la genialidad total de nuestro fútbol: identificar el biotipo español con el juego de toque que estaba haciendo el Barça y que él iba a mediterraneizar un poco más, diría que mesetizándolo, haciéndolo un poco fútbol de campo, de era (ahí estaba lo manchego, en Iniesta…).



Pero no nos volvamos locos: eso venía de Holanda, del protestantismo, porque, está escrito, el fútbol total de Cruyff y Michels no era una manera precisamente meridional de pensar el fútbol, el conjunto y los espacios…

Por esa regla de tres, y volviendo a los inicios con Brasil: ¿diríamos entonces que nos desespañolizó el protestantismo a través del separatismo alejándonos de nuestro juego católico?  ¿Culparemos a la CIA, al «anglo» o incluso al sionismo internacional de nuestro estilo hoy campeón con el que España ha conseguido no perder sino encontrar El Ser futbolístico en plena globalización, cuando otros lo pierden y Brasil ya no es Brasil?

Habría mucho que hablar, pero nos hemos ganado, querido lector (usted mucho más), una pausa de hidratación.

 

 

[La Gaceta de la Iberosfera 

Correcciones


Pulitzer

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Entre los estudios básicos que Joseph Pulitzer prescribe para su Escuela de Periodismo está la literatura política.

Espero poder dar por sentado que se prestará especial atención a los famosos “Federalist Papers” de Hamilton
Ninguno de los que en el periodismo y la política se dicen “nosotros, los demócratas” saben hoy una papa ni de Pulitzer ni de Hamilton, cerebro político, militar y económico de George Washington, al que Obama, el huero, chirle y hebén Obama, quería retirar de los billetes de diez dólares para poner, tal vez al Papa Bergoglio (“In God We Trust!”), tal vez a los hermanos Castro. La presión feminista no reparaba siquiera en la leyenda homosexual del inventor –sin saberlo– de la “democracia representativa”, ahora indultado por Broadway, que obra con Hamilton como La Maestranza con el toro “Cobradiezmos”, merced al éxito del musical de Lin-Manuel Miranda, un García-Alix del hip-hop, flamante Pulitzer del teatro.

Tom Paine dividía en cuatro clases a los partidarios de la reconciliación con Inglaterra: interesados, en quienes no puede confiarse; débiles, que no pueden ver; prejuiciosos, que jamás verán; y acomplejados con un concepto de Europa más alto que el merecido, los peores, pues causarían a América más calamidades que los demás juntos.
Obama es de ellos, y si sus sinsorgadas hubieran sido proferidas por Bush todo el mundo pensaría que en alguna parte hay un pueblo al que este hombre está privando de un idiota.
Responsable directo del descalzaperros sirio, Obama anda en Europa diciendo que frau Merkel está “en el lado correcto de la historia” (la corrección histórica como rama más fascistoide de la corrección política). ¿De qué historia habla un tipo que en Viena pide perdón por no hablar el austriaco, o que proclama la superioridad del islam sobre la inquisición cordobesa (?) con la desfachatez que el crítico gastronómico del NYT posa en la Mezquita diciendo que desde allí dirigía Felipe II su imperio?
 

[Abril, 2016] 

Domingo, 12 de Julio

 



Los limones de Ribera

Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender

 DOMINGO, 12 DE JULIO


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:


-Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga.


Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó:


-A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno.

Mateo 13, 1-23

sábado, 11 de julio de 2026

Corazón roto

 



Brighton, UK

El Ejército




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Desde que Aznar quitó la mili (yo desfilé para Felipe González, con Serra al piano), no creo que el español sepa qué es un ejército.

    Millán Astray pidió para una arenga un adjetivo para “ejército”, y Foxá le dio “invicto”, pues aquí medio ejército, dijo, se había pasado la vida peleando contra el otro medio.

    Millán fue el militar que afeó a Primo de Rivera la intromisión del ejército en política nacional, mientras que Ortega fue el intelectual que pidió desde “El Sol” un gobierno militar para “acabar con estas farsas parlamentarias que tanto nos repugnan”.

    Oigo las risillas al recibir la noticia de que el gobernador de Texas, Abbott, desplegará tropas estatales para vigilar al ejército estadounidense que participe en las maniobras militares anunciadas para este verano. Sospecha Abbott (y el actor Chuck Norris comparte la suspicacia) que el verdadero objetivo del despliegue sea la confiscación de armas.

    Es la gran cultura republicana de la libertad en América, una aventura única y probablemente irrepetible.

    El republicanismo americano rompió radicalmente con su metrópoli: contra el parlamentarismo, la asamblea local; contra la iglesia oficial, las religiones sin clero; y contra el ejército, la libertad de autodefensa y el permiso de llevar armas, un ideal que el merlucismo europeo atribuye a Charlton Heston y la Asociación del Rifle.

    Muchas discusiones de Hamilton, Madison y Jay al promocionar su Constitución versan sobre los riesgos para la libertad de un ejército, y en la preparación de la guerra contra la corrupta Francia de Talleyrand, Washington y Hamilton fueron acusados de preparar una dictadura militar (la esposa del presidente Adams veía en Hamilton la reencarnación de Julio César).
    
El Gobierno dice que solamente son maniobras –explica Chuck Norris–. Pero no estoy seguro de que el término ‘solamente’ se corresponda con la realidad cuando lo usa el Gobierno.
    
Pero España vota a Rivera y hace chistes de Norris.

 

[Mayo, 2015] 

Sábado, 11 de Julio

 



Runnin (Lose It All)

viernes, 10 de julio de 2026

Tercera novillada nocturna del verano. El toro para Rafael de Paula ya sale en Madrid



Pepe Campos

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Jueves, 9 de julio de 2026. Tercera novillada nocturna del verano madrileño. Encierro de novillos de Toros de Brazuelas (encaste Domecq, diversas líneas). Desigualmente presentados. Primero discreto de trapío; el resto subieron en seriedad; sexto, alto y largo, destartalado. Mansos y nobles. Todos flojos.  Sin fuerza el primero y el quinto. Dos parados, segundo y tercero. Pastueño el cuarto. Remiso el quinto. Toreable el sexto. La mayoría se repucharon en el caballo, lo cual puede indicar falta de casta y de raza. El cuarto empujó en la primera vara en el caballo saliendo al capote y en la segunda vara (picotazo) salió suelto. El sexto, manso, salió suelto de las varas. Algo más de un tercio de entrada. Noche veraniega en espera de futuros cambios climáticos. 

Terna: Nacho Torrejón, de Casarrubios del Monte (Toledo); de almagre y oro; veintitrés años; dieciocho festejos en 2025; saludos tras un aviso y oreja tras aviso. Jorge Hurtado, de Coria (Cáceres), de blanco y plata, con cabos negros; veinte años; ocho festejos en 2025; silencio y silencio tras un aviso. Marco Polope, de Valencia, de grana y oro; veintidós años; un festejo en 2025; silencio y silencio. Los tres novilleros se presentaban en Madrid.

Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y se repucharon en la pelea por falta de fuerza y celo. Los hierros en general cayeron detrás de la cruz. Buen indicio. El primero salió disminuido de varas, en la primera se le aplicó metisaca. Al segundo se le barrenó. El tercero cambió a parado tras el segundo encuentro, en este se le administró la batidora. El quinto de condición mansa pidió en la segunda vara terrenos del cinco cercanos a su querencia: se le picó en el ocho alargándose la lidia. Al sexto en el segundo puyazo se le tapó la salida y se le pegó. Ilustrativa fue la suerte de varas del cuarto porque se demostró cómo un novillo que en la primera vara fue bravo, en la segunda mutó a manso. De ahí la importancia de la tercera vara, eliminada en la lidia actual.

En las novilladas nocturnas y en las corridas de toros fetén de San Isidro estamos viendo cómo sale un toro bravo preparado para la faena artística de muleta. Es un toro bravo prefabricado, al que se le han limado todas las condiciones fieras naturales. Digamos que es un toro —ayer noche, novillo— colaborador con el artista que se va a encargar de pasaportarlo al otro mundo. Si bien antes de que ocurra el fatal encuentro entre estoque y blandos del toro —ayer no tanto, pues hubo alguna buena estocada aparente— su matador se entretendrá en darle pases de toda guisa para mostrar al respetable su anhelo artístico y sus finas maneras. Así pues estamos acostumbrados a ver tarde tras tarde —ayer, noche— cómo sale de chiqueros un animal dócil, obediente y predispuesto a ser toreado según el gusto del torero al que le toque «enfrentarse». Aquí aparece una enorme contradicción, ya que normalmente el astado pensará que se verá sometido a un verdadero enfrentamiento, cuando en realidad se encontrará con la presencia de un ser que decide «perfilarse» ante él, es decir, el bóvido observará, a un lado, al humano, de perfil y, a otro lado, a un trapo rojo amplio (en la fase de muleta) que desde su extremo o pico le invita a irse por caminos abiertos, para volver a ser requerido después, desde lo espacioso, hacia otro terreno aun más despejado. Y así durante diez minutos. En una especie de ballet cómodo para él, en el que incluso dadas las holgadas comodidades que se le ofrecen puede ir a más en su deambular trotón por la arena. Hasta que suena un clarín, que le permite dejar de esforzarse en los toques a los que ha sido sometido, para entrar, tras muchas monsergas —trapazos— en el territorio previo a la estocada. La vida del toro bravo contemporáneo en el ruedo es esta, muy ocupada, de esfuerzos homogéneos, confortable en el fondo, en ocasiones, chic, sometida a deambulaciones, a desplazamientos y a circulaciones. Es requerido desde y para la belleza, y él, como buen actor, si los clones que le han metido [uf, qué habrá pasado ahí] responden, se muestra contento y cómplice en la obra de arte que torero y toro tienen que componer.
Ante este toro artista —aquél que idealmente se creía perfecto para el toreo utópico de Rafael de Paula— que hoy es de común lidia se le aplica una tauromaquia adaptada a pocas exigencias, una tauromaquia, digamos, ligera, etérea, rápida —pues siempre hay prisa—, dilatada y larga. Siempre leve. Esto nos remite a la obra maestra de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser (1984), en la que su autor cuenta ese contorno anodino de aquel mundo programado del este de Europa, donde sólo había salida y desahogo para el sexo. Un mundo planificado de perfil bajo, que hoy intuimos circula a nuestro alrededor, y que esconde una sensualidad. Una sensorialidad que ya enmascara la actual tauromaquia con su técnica de perfiles, lejanías, ligerezas y conforts. Un toreo a años luz de toda contundencia, de cuando había pocos pases, que eran fundamentales, cuando se llevaba detrás de la cadera al astado y a partir de ahí, la faena se intensificaba y se abreviaba, para bien de la pureza. Hoy un espejismo. Debido a que actualmente el toro bravo se ha convertido en un ser que carece de fuerza, aunque es todo voluntad. Una voluntad a medida del humano que le torea para que este se exprese y manifieste sus deseos y sus emociones, que le permita plantear sugerencias, mediante formas suaves, con lluvia de intuiciones, manifestación de sutilezas, y en definitiva, un enunciado de levedades. Decíamos que este tipo de toro de ahora, antes se pensaba como una idealidad para disfrutar del toreo exquisito de Rafael de Paula —un torero conceptual—, y hoy cuando sale —incluso en la plaza de Las Ventas— y es una realidad, no hay torero que lo toree con los planteamientos artísticos rotundos —tauromaquia clásica— de aquel Rafael de Paula, o de Curro Romero, aunque más regular este y más humano. O con los conceptos puros de Antoñete —lo hemos visto—, de Pepe Luis Vázquez hijo, de Curro Vázquez y de Pepín Jiménez. Antes, Gregorio Tébar. Después, César Rincón. Etc. Todos ellos también lo hicieron con el toro encastado verdadero.

 
Todo esto se ha perdido, se ha ido al garete. Hoy sale ese toro voluntarioso para un torero también afanoso, pero sin fe, sin creencia en la técnica del toreo profundo. Sino exponente de una tauromaquia transmoderna. De perfiles. De suavidades. Despegada. Poco comprometida. Y un toro afín. Se le llama toro bravo, pero no lo es. Se habla de esmerada técnica, si bien acabada en la banalidad. Mismos tiempos, mismos modos. Ese toro —anoche, novillo— lo vimos en la novillada en los ejemplares primero, cuarto y sexto. Los demás astados fueron un apunte que acabó en la nada. El mundo no es perfecto. Ahora debemos hablar de los novilleros que lidiaron la novillada de Toros de Brazuelas. Nacho Torrejón como mejor condición se le vio sentido del temple y cierta elegancia de su figura. Compone y aplica una tauromaquia transmoderna, al uso. Torea por fuera y despegado. Pico. Y muchos pases. En el primer novillo —un bendito— apuntó sin profundidad. Mató de una estocada en la suerte contraria. En el cuarto, el más toreable de la noche. De igual modo. La cosa se fue hacia menor temple y mayor encimismo. No encontró la distancia. Mató, de nuevo, de estocada en la suerte contraria. Jorge Hurtado, tuvo que pechar con el novillo moderno desrazado, sin fuerza y que se muestra parado. Desde este punto de vista quedó inédito. En sus dos novillos viendo el percal tomó la sabia decisión de irse a por la espada. Al segundo de la noche lo mató de media estocada baja en la suerte natural. Al quinto tras cuatro pinchazos y un descabello. A Marco Polope se le vio muy nuevo. Con poca pericia. Su primer novillo embestía a arreones. No le encontró ese punto en el que le hubiera respondido con transmisión. Estuvo al hilo del pitón, sin cruzarse. No dio el paso adelante. O no supo darlo. Mató en la suerte natural, de pinchazo y estocada. Al sexto, que tenía el inconveniente de embestir con la cara alta, no le pudo meter mano. Se le fue, no queremos decir que por su calidad. Mató en la suerte natural de estocada casi entera.
 

Responsabilidades



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    En España, con la cultura democrática por estrenar, los propagandistas del rojerío, todavía más cortos que los de la fachenda, tratan de colocarnos la votación del Tribunal Constitucional sobre el decreto de alarma como si fuera el enfrentamiento, en 1937, de la Corte Suprema a Roosevelt (y a la opinión pública) en defensa del sistema constitucional. ¡Qué más quisiéramos!
    

Aquí los gobernantes arrestan ilegalmente a los gobernados, y no pasa nada, pues carecen de responsabilidad.


    De “responsabilidad” (la que presupone que lo arbitrario está excluido del gobierno, sometido a una instancia diferente ante la que responder) habla en 1787 Alexander Hamilton, partidario de que cualquier tribunal de justicia declare nulos todos los “actos  contrarios al sentido evidente de la Constitución”, pero Hamilton no piensa en Conde-Pumpido, a quien Hamilton le suena a corredor de autos y que ha votado a favor del gobierno en lo del decreto de alarma porque “la sentencia crea un grave problema político”. ¿Qué problema? ¿A quién?


    La responsabilidad política viene incluida de serie con la democracia y está vinculada al principio de representación. Pero en el Estado de Partidos, que es lo nuestro, prevalece el principio de identidad sobre el de representación, y el sistema proporcional hace de la responsabilidad política una tautología, cosa que ya sabíamos por quien lo advirtió en su día: “El consenso permite eludir la imputación de responsabilidades personales. Nadie responde en un consenso”.
    

El club memo-liberalio elude la evidencia con el mito de la representación nacional (el diputado-representante, no del elector, sino de toda la nación), disparate que incluso a Jouvenel se le hace “principio de todas las tiranías, sean cesaristas o jacobinas”. El gobierno, en fin, puede hacer pajaritas con la Constitución. Dicho por Madison: “La mera inscripción de los límites del poder en pergaminos no garantiza contra la concentración tiránica de todos los poderes en las mismas manos”.

 

[Julio, 2021] 

Viernes, 10 de Julio

 


Floresta matritense

Felicidades a Esteban

 

Tebi emergiendo de la cuajada
[C. Ruiz]



QUINCE AÑOS



jueves, 9 de julio de 2026

La selección de fútbol de Argentina adopta a un anciano y lo convierte en mascota: se llama Messi


jed.ai. master


Pepe Campos


En el primer mundo vivimos tiempos de geriatrización, cuya realidad se convierte en un problema para muchas sociedades, y no todas dan un buen ejemplo en la manera de tratar a sus personas mayores que trabajaron duro para que la vida hoy sea más llevadera para los jóvenes. Los problemas suelen traspasar fronteras y situaciones sociales, y la abundante existencia de gentes que viven más y mejor en el mundo de hoy se ha trasladado al deporte del fútbol. Ese deporte inventado por los ingleses allá por el siglo XIX, donde siempre ganaban los alemanes a lo largo del siglo XX, y que en la actualidad —en pleno desarrollo del siglo XXI— es gestionado por los argentinos (con el permiso de la FIFA, claro). ¿Y cómo están ejerciendo ese dominio los argentinos sobre el planeta fútbol —soccer en EEUU—? La respuesta es digamos sencilla: acudiendo a la gerontología y ubicando a su máxima estrella —Messi— en el centro de la práctica viva de la geriatría. Messi había vivido sus años de juventud en aquellos territorios donde Don Quijote había sido vencido por el Caballero de la Blanca Luna. Allí recibió clases oportunas de picaresca, aquella que le sirvió para hacerse una estrella mundial. Di Stéfano —un jugador total— definió en su día a Messi como un pícaro. No creo que hubiera envidia en ello, sino la mirada de la experiencia. En el fútbol un pícaro —pillo, astuto— puede sobrevivir si su equipo le protege, los contrarios hacen la vista gorda o le envidian y si las normas son laxas. El primer aspecto lo encontró en ese gran Barcelona que se construyó alrededor de la habilidad y buen fútbol de Messi. Messi era hábil y los demás jugadores del Barcelona trabajaban para él (hubo algún jugador díscolo y tuvo que emigrar). Acabado el botín, Messi tuvo que buscarse las habichuelas en Francia (en Francia no se vive la picaresca) y se le obligó a trabajar como a los demás integrantes de la plantilla del Paris Saint-Germain. El fracaso fue morrocotudo. Ahora bien, en la vida siempre pueden existir soluciones, pues si una puerta se cierra otra se abre, y el mejor remedio en tiempos de crisis y necesidad consiste en volver al origen, al hogar, y acudir a la protección de la familia. Ahí en ese instante de máxima emergencia en su carrera futbolística es cuando le surge el acogimiento por parte de sus colegas argentinos que poco antes de 2022 (Mundial de Catar) le comenzaron a diseñar un plan geriátrico de conservación, mantenimiento y puesta en escena.


Ese plan exitoso ha consistido en poner todo lo que fuera necesario a su servicio, sin fisuras, ni controversias. Entonces, usando en gran parte el modelo de su etapa catalana, se le rodea de una selección de jugadores —con su guardia pretoriana— que luchan en el terreno de juego por él hasta la extenuación y le liberan de todas las miserias del fútbol antiguo, como era aquello de correr, defender o trabajar. Si todo el mundo está de acuerdo, y se convierte en un buen vasallo, el plan puede ser perfecto, y así ha sido, aplicado en una época de normas relativas y cambiantes. Coincidiendo con el ascenso político y social de la gerontología. Nada mejor que creer en un anciano, apoyarle, suministrarle recursos y poner a su servicio a la juventud, que le tendrá como un modelo y le puede convertir en una ansiada forma de mascota. Messi ha mutado en talismán, en fetiche, en amuleto. Él pone de su parte —y no es poco— pues su pie izquierdo se mantiene vigente, y es capaz de poner centros para que los rematen sus servidores, además se muestra todavía avezado en darle zurriagazos al balón para meterlo en las mallas de las porterías de los equipos rivales, que son consentidores de esa puesta en escena mediante la ayuda mutua, la cooperación, el auxilio, la asistencia, el amparo, digamos, también, con la sugerencia de una subvención, pues algo habrá y puede que se reparta y llegue. La FIFA gestiona: Mundial en Catar, Dembelé deposita su mano en el hombro de Di María y llega el penalti. Después, fuimos testigos del reparto de los Balones de Oro. Mientras, hay una apuesta por la geriatría que se abre a un nuevo conducto de éxitos, a través del Mundial de EEUU —ahí estaba ya Miami—. En este Mundial 2026 y llegados los actuales eventos, de nuevo la familia: donde aparece su guardia pretoriana que en los encuentros reparte estopa y resguarda, al mismo tiempo, a la mascota. La mascota, a pesar del cansancio, responde, le pega duro al balón. Se la rodea de algodones y de normativas afines. Una apuesta geriátrica —que podría a priori no entenderse, ni venir a cuento— pero que está en consonancia con los tiempos que corren donde el calor se abre al beneficio económico —la hidratación—, al relativismo —el VAR— y al multiculturalismo —rivales exóticos— hasta que llegue la prueba de fuego —cuando toque jugar contra un verdadero equipo— que se intenta dilatar y que no suceda.


La dinámica expuesta está en curso y es posible que termine con el resultado idóneo. Un segundo campeonato consecutivo. Otros equipos quisieron ponerla en funcionamiento pero no encontraron consenso interno —Portugal, con Cristiano Ronaldo, a mayor distancia Colombia, con James—. En tanto, la mayoría de escuadras del Mundial 2026 se bate en un mundo más verdadero, si bien vislumbrando que en el futuro les puede llegar la fórmula exitosa argentina, mezcla de geriatría y mascotismo clásico. La FIFA, ojo avizor, cuida, cuidará, a todo su rebaño. Si entramos en la valoración de este Mundial de Fútbol tenemos que aceptar el éxito masivo de público —un público globalizado—. La inexistencia de auténticos duelos hasta la fecha. Algunos llegarán en la fase de cuartos. Planificado para que se produzcan en semifinales, seguramente en la final. Una demora que funciona en el mundial, pero no en las ligas nacionales (con poco interés, a excepción de la Premier), ni en la Champions (reformada para que se den pronto los enfrentamientos con contenido). Así, en la nueva Champions todo pasa por la lozanía y no existe espacio para la vetustez. De modo que podemos asegurar que la pauta triunfante de los últimos dos mundiales con su defensa de la ancianidad no cabe en el resto del planeta fútbol. El Mundial, tal cual, viene a ser sólo una isla, un territorio vetusto, y si algún aficionado deja de ver ahora su fútbol, su decisión sería la correcta, acertada y virtuosa. No se pierde nada. Ahora bien, digamos para terminar que el equipo de Francia atesora talento a espuertas con cinco jugadores de arriba fantásticos como Dembelé (el del dedito sobre el hombro de Di María dentro del área, en 2022), Doué (exquisito driblador, como se vio en el partido contra Paraguay), Mbappé (con toque y ambición), Olise (visión de juego) y Barcola (llegador). Inglaterra posee a un delantero centro clásico que marca goles, se asocia y trabaja (Kane), y ello podría darle el título (si las meigas o el fiferío lo permiten). Marruecos luce nervio, algo en detrimento en el mundo moderno. Noruega alinea a un pateador de época, con el don de la ubicuidad (Haaland). Y España sabe jugar al fútbol antiguo (centrocampismo) siendo por ello un fútbol moderno. Lo que pueda suceder de aquí al final (19 de julio) pasará y se moverá según los deseos e intereses del Poder, en este mundo viejo que parece hay que proteger en estos precisos momentos.