lunes, 15 de julio de 2024

Regates y pellizcos


Rudiger


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


La Eurocopa es una feria mundial, y siempre lo será. Las ferias mundiales son uno de los grandes inventos decimonónicos: en la de Londres del 51 los Estados Unidos rompieron la pana con dos grandes estrellas: el “revólver de repetición” de Colt y una dentadura postiza válida para cualquier boca. ¿Por qué esta “Alemania’24” no es así de divertida?


Se supone que vamos a ver competir a los mejores jugadores europeos. Vamos a divertirnos. Voy a sentarme frente a mi televisor, lo disfrutaré como nunca antes... pero es una purga, es mortalmente aburrido –ha dicho Dugarry, que jugó con Zidane, y por primera vez coincide uno con Dugarry, futbolista muy alejado del gusto infantil de uno, que es el regate.


¿Quién regatea en Alemania’74? Los intermediarios del mundo entero, todos moviendo el nogal para hacer caja, y cuatro futbolistas que la prensa de Estado reduce a los españoles Yamal y Williams, a quien ya han sentado a la mesa de “Henry ¡y Mbappé!” por un gol a Georgia, cosa, el gol, un gol internacional, que aún no ha conseguido Yamal en treinta y dos tiros entre Champions y Euocopa. Pero regatea, y con eso ha de bastar para sentarnos ante un televisor y no aburrirse hasta las lágrimas, como le ocurre a Dugarry. Es normal que el Barcelona quiera reunir a la pareja del márketing y el glamour, su Fred Astaire y Ginger Rogers, para, al menos, mantener la ilusión mediática en su relación con el Real Madrid, que tiene al regateador más grande del momento, que es Vinicius, “rapapolveado” en América por el seleccionador argentino de Paraguay, Garnero, molesto con el sombrero que Vinicius le tiró a un paraguayo con 0-2 en el marcador: “Tiene una manera de jugar que obviamente no es muy cómoda de aceptar para los rivales, pero para eso está el árbitro. El árbitro tiene que ponerle esos límites”. ¿A partir de qué minuto y qué resultado puede un regateador tirarle un sombrero a un rival sin incurrir en “delito de ética”?


La Uefa de Ceferino cuenta con un Inspector de Ética, al que imaginamos en un despacho con un busto de Kant como pisapapeles. El Ayuntamiento de Madrid contaba con un Inspector de Cornisas, y el loco de Gecé introdujo en España el movimiento surrealista con su “Yo, inspector de alcantarillas”. Bueno, pues la Uefa dispone de un Inspector de Ética que suena a prefecto del Santo Oficio y que no se ocupa de casos-causas como el “negreirato”, pues doctores tiene la Iglesia, dirá Ceferino, sino de los gestos de los futbolistas (perseguir más la grosería que la crueldad, como en los colegios de monjas), razón por la cual en esta Eurocopa están encausados el inglés Bellingham, por un auto-tocamiento de partes, durísimamente condenado en la cadena radiofónica del Régimen (nada que ver con “Ser y Tiempo”), y el turco Demiral, éste por unos cuernos que las viejas de visillo asocian a los Lobos Grises de Turquía, ultranacionalistas que en Alemania están bajo supervisión de la Oficina por la Protección de la Constitución. Se nota que Ceferino es hombre de formación clásica, y sabe que a Júpiter le basta el gesto de fruncir las cejas y agitar levemente su cabellera perfumada para que se estremezca todo el Olimpo. Demiral no es un regateador, pero Bellingham, sí, y si nos quitan a Bellingham, ¿qué nos queda de Inglaterra? (Y que conste nuestra alegría por la eliminación de la Austria infeliz de Thomas Bernhard por la bizarra Turquía de Arda Güler, más que nada por seguir oyendo al Chapi decir “el combinado otomano”, maravillosa expresión que no sale en mi Gibbon).


Contra el muermo, menos éticas y más regateadores. Eso lo ve Dugarry, y si lo ayudas, también lo ve Joaquín, el gagman bético (¡qué collera de graciosos haría con Marchena!), que confiesa disfrutar mucho “viendo jugar a Lamine Yamal y a Nico: desequilibran con su velocidad y desborde, y eso es fantástico para cualquier equipo”. Esos, desde luego, no son los ojos con que mira a Vinicius, MVP de la Champions’24 a base de regates (y de goles), que le parece “muy malo”. Mas la doble versión es una cosa muy nuestra, al menos desde la época del cine de destape setentero, cuando el gobierno todavía no había descubierto la cartilla de racionamiento del onanismo. Recordemos el alineamiento de la prensa de Estado con Rubiales, que despidió del Mundial a Lopetegui porque había fichado por el Real Madrid, y la kermés de esa misma prensa alrededor de Nico Williams para que fiche por el Barcelona en plena Eurocopa. El caso daría para un tratado sobre ética de la situación.


¿Es ético que Yamal diga en el Combinado Federalista, antes Autonómico, que él nunca jugaría en el Real Madrid? Sí, porque en el Real Madrid Yamal sólo sería otro Andrés Alonso García, Ito, aquel regateador ochentero, sólo que con mejor márketing. ¿Es ético que Rudiger reparta pellizcos de monja entre sus adversarios? Sí, porque esos pellizcos obedecen a una buena voluntad kantiana, pero Pedri, criado en el mismo equipo que el uruguayo Suárez, señalado en su día por los ingleses por pretender eliminar al Chelsea sólo a fuerza de pellizcos… ¡a Rudiger!, los considera “falta de respeto”. El respetín. ¡Ay, es que nos pellizcan! Y luego que si no ganamos Champions.


[Sábado, 6 de Julio]