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sábado, 8 de noviembre de 2014

Ahí está viendo pasar el tiempo

 ¡Viva la Urss!
Frente Popular de 1936

25 años de la Caída del Muro

jueves, 29 de mayo de 2014

Ponce de abril, Ponce de mayo



Del "¡Váyase, señor Ponce!" al "Ponce ya presume de Paquiro"

Los tiempos y las personas cambian
Javier Villán

 El que resiste, gana
Camilo José Cela

martes, 19 de noviembre de 2013

Retrato de Hemingway

 


 
LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO

[Prólogo a La guerra, los toros, Cuba, África y mi mujer,
los reportajes inéditos en España de Ernest Hemingway]

 
Ignacio Ruiz Quintano

    El reportaje se ajustaba al talento de Hemingway como un cigarro a los labios de Lauren Bacall.
    
Y, sin embargo, Hemingway, la estrella del género estrella, todavía pasa por ser el hombre lobo –un animal sin esperanza– de la Generación Perdida, cuya mascota, por cierto, Gertrude Stein, un auténtico fox-terrier de pelo duro, fue la primera en olerlo:
 
–El éxito de Hemingway –murmuró en París para quien quisiera escucharlo– se debe a que parece moderno y huele a museo al mismo tiempo.
 
Igual que Enrique VIII.
 
Porque, hoy, Ernest Hemingway es el Enrique VIII del periodismo americano.

    Tal para cuál, el rey que hizo que Inglaterra dejara de ser una simple isla europea y el reportero que hizo que el periodismo dejara de ser una simple isla literaria. Hombres leales a sus instintos, fueron por la vida como leones rampantes: acaparadores de esposas, cazadores furiosos y lectores voraces, hay una mueca de lujuria que distingue a este par de faunos de barba roja en las copias de las fotografías de Robert Capa en las cantinas de Madrid y en las copias de los retratos de Hans Holbein en el museo del Louvre.
    
Del cesaropapismo político del Renacimiento al cesaropapismo periodístico de la Generación Perdida. (Ya en París, allá por los locos años veinte, Hemingway era famoso por dos obsesiones: beber –desde entonces se le atribuye el invento de la frase “Tome una copa”– y sumar años a su edad –exigía que lo llamaran Papa, mote que terminaría designando una bebida habanera, mezcla de ron, pomelo y marrasquino–.) Ambos obraron siempre con arreglo a su propio código ético, y, si la posteridad acepta que un tipo duro de Greenwich legó a Inglaterra una flota, una iglesia nacional y una doctrina del equilibrio europeo, aceptará también que un tipo duro de Chicago ha legado al periodismo el espectáculo, el reporterismo genuinamente americano y la teoría de la autopromoción literaria.
    
Como reportero, Ernest Hemingway es, “para de una vez decir palabras fatales”, clásico en suma. Irónico destino para un periodista que en su oficio nunca consideró la importancia de llamarse Ernesto. (En inglés, The Importance of Being Earnest, la acolchada comedia de Wilde, es una broma que en español, traducida literalmente, se pierde. Quiere decir “la importancia de ser serio”, y no faltó un sabio que propuso, en vano, que se dijera La importancia de ser Severo, que haría, como en el original, las veces de adjetivo y nombre propio).
 
Siendo corresponsal en París, Hemingway redactaba despachos plagados de descripciones de personajes y escenarios, obviando la actualidad. A su sustituto, David Rogers, a quien hoy nadie recuerda, no le quedó más remedio que admitir su propio error:
 
–Mi error fue la idea de que se debía hacer un trabajo serio.
    
Mas para entender la importancia de Hemingway en el reporterismo, primero hay que entender la importancia del reporterismo en América, donde lo importante no es la historia, sino el modo de obtenerla. Se trata del periodismo-espectáculo, cuyos poderes de fascinación están, más que en la tipografía, en la literatura. La tipografía ayuda a retener al público y a limitar la práctica del zapping, pero la literatura es la encargada de asombrar o de divertir –nunca de convencer, que es vicio europeo– sin demasiados miramientos con la verdad, que ése ya es vicio universal.
    
Manejando la pluma como si fuera la espada de Gog y Magog, Hemingway hizo posible un periodismo que se lee igual que una novela, y ése ha sido, desde Nueva York hasta San Francisco, el sueño eterno de todos los reporteros nacidos para la gloria que Tom Wolfe registró en una frase única: “El periodismo era el motel donde pasar la noche camino del destino: la Gran Novela.” Un golpe de suerte, una fiebre cerebral como la del oro o la del petróleo que se propagó en América, un fenómeno psicológico que, según Wolfe, debía de figurar en el glosario de Introducción General al Psicoanálisis, por algún sitio entre Narcisismo y Obsesiones Neuróticas.
    
De pronto, todo el mundo quería ser periodista, aprovechar esa hora de favor que nunca es duradera en los periódicos –permanecer íntegro, pagar el alquiler, acumular experiencia, pulir el estilo–, y un día, sin vacilar, dejar el empleo, mudarse a una cabaña, trabajar día y noche –en la imaginación de los niños, los reporteros sólo trabajan de noche– e iluminar el celo con el triunfo final, o sea, con La Novela, si bien a los más, y en el mejor de los casos, únicamente los esperaba la más modesta recompensa del periodismo, “que consiste en medio minuto de silencio en la cena del Club de Prensa Exranjera”.
    
Hemingway tuvo el acierto de hacer del mundo entero su cabaña, y así fue como descubrió que lo más triste del mundo no era la angustia humana, sino que hubiera tantos hombres que no la sintieran. Gracias a eso, mientras lo respetaron las fuerzas, logró huir de los grandes peligros que amenazan a todo artista, y que son el resentimiento y la satisfacción. (“El periodimo –pensaba desde el principio– es sólo bueno para ejercerlo durante un tiempo.”)
    
A imitación de su padre, que se había suicidado por temor a una enfermedad mortal, Hemingway murió volándose la bóveda craneal con su fusil inglés de dos cañones, y eso que en To Have and Have Not, para ningunear el estupor burgués del suicidio, no se había cansado de elogiar la tradición nativa del Colt y del Smith and Wesson, “esos instrumentos americanos tan fáciles de llevar, de tan seguro efecto, tan indicados para concluir el sueño americano cuando éste se vuelve una pesadilla, sin otro inconveniente que la casquería que tiene que limpiar la familia”.
 
Gertrude Stein, la esfinge tebana de Pennsylvania que le reveló en París el misterio de los toros, siempre había visto en él a un hombre frágil, “un timorato como aquellos hombres de los buques fluviales del Mississippi que describe Mark Twain”. Asomaba julio en Pamplona cuando ocurrió. Tenía sesenta y tantos años y un Premio Nobel de Literatura.

    El reportaje era el género que mejor se ajustaba al talento de Hemingway, y Hemingway se hizo reportero persiguiendo ambulancias en el Kansas City Star, con su centenar de reglas de estilo, “las mejores reglas que jamás aprendí sobre el arte de escribir”. Expresiones populares frescas, no lugares comunes. Verbos, no adjetivos. Huyendo de la rancia y pía retórica materna, el perfeccionismo literario acabaría siendo su rasgo característico: “Sólo sangre, huesos y músculos.” Aquello no podía ser otra cosa que un lenguaje nuevo.

    Hemingway llegó a París con veintitrés años, y ya se llamaba a sí mismo “el viejo gacetillero”. Se instaló entre los exiliados de la Orilla Izquierda, y allí, a sueldo de un editor canadiense, hacía su vida de corresponsal extranjero, y a cuenta de Gertrude Stein, escribía poemas kiplinescos.
    
Se dice que escribía a máquina, con dos dedos. Después se acostumbró a escribir de pie, con un lápiz en una mano y una copa en la otra. “La prosa –decía– es arquitectura, no decoración de interiores.” Pintaba los hechos y sugería emociones. Lo mismo que Patton, amaba la guerra. Después de todo, los directores aún guardaban sus lágrimas para los corresponsales de guerra.

    Pasó la última parte de la primera guerra mundial en el servicio de ambulancias en el frente italiano. En la guerra civil española hizo cuatro visitas al frente: primavera y otoño del 37 y primavera y otoño del 38. (“La guerra civil –anotó– es la mejor guerra para un escritor, la más completa.”) Por pereza, acudió tardíamente a la segunda guerra mundial, y lo hizo empujado por su esposa Martha, periodista de Collier’s, que había conseguido colocarlo en la agencia. De creer a Gertrude Stein, Hemingway había tirado su talento por la borda en 1925: “Tenía capacidad para la emoción, pero se avergonzaba de parecer sensible, escudándose en una brutalidad de chicarrón de Kansas con que daba salida a su timidez enfermiza. Entonces se obsesionó con el sexo y la muerte.”
 
(De una carta remitida a su editor en 1949: “Para celebrar mis cincuenta años, hice el amor tres veces, maté tres palomas seguidas en el club, bebí un cajón de whisky con amigos y miré el océano en busca de peces gordos toda la tarde.”)

    Obsesionado por el pelo corto en las mujeres, aquel oso de barbas coloradas había perseguido con dinamismo de cazador a las “prostitutas de combate” en Madrid, y en La Habana, a las del puerto, mientras narraba cómo una vez había sido prisionero de una siciliana, dueña de un motel, que le había escondido la ropa para obligarlo a fornicar con ella durante una semana.

    Es fama que a Hmingway sólo le gustaba beber con mujeres. Por otra parte, podía comer sandwiches de cebolla y tomar whisky en petaca de plata. Un día, Martha Gellhorn, su tercera esposa, periodista capaz de derribar al adversario de tres pocotazos –no en vano Hemingway la abandonó por alguien “que me deje a mí ser el escritor de la familia”–, se atrevió a catalogarlo como “el mayor mentiroso después de Münchhausen”.
 
¿Por qué habría de hacerse ermitaño el diablo al llegar a viejo? Los cubanos aún no han despejado la incógnita de su última frase de despedida en el aeropuerto de La Habana, un año y medio antes de suicidarse: “I’m not a yankee, you know.” Pero es que a Hemingway, el tipo duro salido de Oak Park, suburbio de Chicago, cuando Chicago solamente era el primer centro criminal del mundo, hay que abordarlo en disposición de buscar, no exactitudes, sino maravillas.

Madrid, 1997


domingo, 22 de septiembre de 2013

Ángel Pavlovsky, en el huerto de Ronsard


A Ángel Pavlovsky le gustan

 los nuevos románticos



Hace doce años llegó a Europa

 y cuatro más tarde se instaló en España

 
Es un pájaro o una pájara que anda ya

 de vuelta de sí mismo, que no es lo mismo

 que un pájaro al revés o que un pájaro invertido



Los domingos de ABC

Nº 711

20 de Diciembre de 1981

________
 


Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013
 

sábado, 21 de septiembre de 2013

Doña Croqueta y sus flaquezas




"No venga a decir chorradas, no robe nuestro tiempo",
 tiene Simón Cabido escrito en su camerino

Simón se encontró a Doña Croqueta en un carnaval
 de 1957 y le dieron por ello un pimer premio

Como Don Gay, de "Luces de bohemia",
 Doña Croqueta se ha quedado con nosotros
 porque es reumática y necesita el sol de España


Los domingos de ABC

Nº 715
17 de Enero de 1982


Ariel Ruiz & Francisco Simón

Sábado, 21 de Septiembre

Esta noche-madrugada
Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013

viernes, 20 de septiembre de 2013

Ana Belén, en el camerino número uno

 Leí, como todos los de mi generación,
 los métodos de Stanislawski,
 pero eso sólo es un poso

¿Salir de noche?
 No soy ninguna velona, pero,
 aun en mi casa, también trasnocho


El comisario del teatro se lamenta
 de no tenerla más a menudo en los escenarios,
 "y la culpa la tengo yo, por haberle dado un día
 la idea de que se dedicara también a la canción;
 íbamos en el autobús y ella siempre estaba cantando algo,
 y el caso es que lo hacía tan bien..."


Los domingos de ABC

Nº 692
1 de Noviembre de 1981

___________

[El Mundo, 7 de Julio de 2013]



Sábado, 21 de Septiembre

Medianoche

Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013

jueves, 19 de septiembre de 2013

Mocedades: "No somos fríos, sino estáticos"


De nosotros la TV ha dado una imagen equivocada.
 ¿Catetos, catetones? No, no.

Nuestra mejor oportunidad fue la etapa posterior

 al Festival de Eurovisión,
 pero quebró la casa de discos

Vivimos de las galas, y en las galas encuentras

 de todo, porque por ahí dura
 la mala imagen del titiritero


No somos fríos, sino estáticos.
 A mí, por ejemplo, me da miedo cantar.
 No me atrevo a mirar a la gente

Lo nuestro es cantar a voces,

 me encanta cantar a voces, 
lo nuestro es el sonido Mocedades

Los domingos de ABC

Nº 757 7 de Noviembre de 1982
________________ 

 Iban a dar un concierto gratuito en Getafe.
Pero se lo impidió la gazmoñería de piquete moralista
a la puerta del "saloon" de la concejala de juventud,
 Mirene Presas, que los censuró por las evocaciones sexuales
 del nombre de la banda

¡Qué les costaba, a los chicos, llamarse Mocedades!


Hay un grupo emegente, Vucaque,
 al que he ido a ver a un par de cuevas
 como el Honky de las que aún quedan
 en la arrasada noche contracultural
  de una ciudad que sólo aspira ya a ser
 atrezo olímpico

[ABC, 6 de Julio de 2013]




Sábado, 21 de Septiembre

Medianoche

Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Ana Torroja, la hipotenusa de Mecano


Ana no cree que cante muy bien,
 pero de pequeña se aprovechaban de que es golosa
 para que cantara el Frére Jacques
 a cambio de una galleta

Madrileña de Chamberí,
 se ha ido a una academia de baile
 mientras le traen el sintetizador,
 "porque es que Nacho no tiene todas las manos"



Los domingos de ABC

Nº 714
10 de Enero de 1982
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Sábado, 21 de Septiembre

Medianoche

Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013

martes, 17 de septiembre de 2013

Manzanita en Nueva York


Le llaman Manzanita, sobrino de Caracol,
 y es un gitano guapo que se vuelve loco
 cuando llueve o enamora

Siendo gitano, el arte se guisa en casa.
 Nosotros el día de Nochebuena, en vez de villancicos,
 cantamos por bulerías

No soy muy religioso.
 Me mosqueé mucho cuando se murió mi padre,
 que yo pedí a Dios que no se muriera de todas formas,
 de rodillas, de pie, llorando, y, a pesar de todo, se me murió,
 y yo a mis pdres les debo mucho, que me compraron una guitarra

Las mujeres dan mucho gusto,
 pero te quitan la vida

El madrileño da antes que el catalán, pero menos.
 Aquí todos vamos de enteraos, somos del forete y tal.

Yo sé hacer flamenco, pero no soy el mejor,
 y entonces no lo hago


Los domingos de ABC

Nº 712
27 de Septiembre de 1981


Sábado, 21 de Septiembre

Medianoche

Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013

lunes, 16 de septiembre de 2013

Silvio, de buena cepa


 Silvio en Corridas de alegría, de Gonzalo García-Pelayo

Silvio (Silvio y Luzbel),
 un rockero sevillano de los de buena cepa,
 a juzgar por lo que bebe

Actuó, y nunca mejor dicho, en la Sala Carolina
 el mismo día que en el Rock-Ola
 Los Secretos derretían a las procelosas
 niñas popotitos

Con Silvio, que tiene más parecido con el Napoleón 
 de Abel Gance que con otra cosa,
 llegó el güisqui, el éxtasis, el delirio y,
 si nos descuidamos un poco, la vendimia

 Silvio durante su actuación (nunca mejor dicho) en la Sala Carolina






Los domingos de ABC

Nº 722
7 de Marzo de 1982


Sábado, 21 de Septiembre

Medianoche

Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013
 

domingo, 15 de septiembre de 2013

Kiko Veneno, a vueltas con los "managers"

Se lamenta de que, antes que el rock,
 lo que triunfe sea una parodia del rock, que eso,
  piensa, es la Orquesta Mondragón


Compartió pupitre con Alfonso Guerra,
 "que luego se metió en el poder y se despistó un poco,
 pero entonces era un tipo mu cashondo;
 él me enseñó tó lo de la música de Bob Dylan,
 que entonces no lo conosía nadie, tío,
 y cuando nos echaron por revueltos de la Facultá,
 Felipe Gonsale era el que nos hasía
 aquellas instansias pa poder entrá...

Los domingos de ABC

Nº 717
31 de enero de 1982

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Quintano, Veneno, Cuesta
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Sábado, 21 de Septiembre
Medianoche

sábado, 14 de septiembre de 2013

Javier Krahe en su hoguera


 ¿Brassens? Me enteré de su muerte
 cuando entraba en un hotel,
 que vi su foto en en la TV... 
¡Brassens en la TV! 
Me pareció raro, arrimé la oreja,
 y eso, que se había muerto

El que me empujó a cantar fue Chicho Sánchez Ferlosio.
 Hasta entonces me dedicaba a la publicidad.
 Y yo creo que ni para lo uno ni para lo otro estoy dotado

Anoche, hablando con Sisa, llegamos a la conclusión
 de que lo mejor que nos puede pasar es hacernos millonarios


Mi apellido es alemán.
 Mi bisabuelo era alemán.
 Yo tengo un octavo de alemán.
 Lo que pasa es que mi bisabuelo vino a Sevilla,
 conoció a una mujer y se quedó aquí

"La hoguera" es una canción que me costó
 bastante escribir. Está inspirada en una de Brassens
 contra la guerra del 14

 Al personal le ha llegado mucho esta canción,
 si se puede decir eso, canción,
 porque es que yo creo que no canto

Los domingos de ABC

Nº 709
6 de Diciembre de 1981




Sábado, 21 de Septiembre



Medianoche

 Vucaque's full performance
 in Taubertal Open Air Festival,
 on August 9th 2013