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domingo, 13 de junio de 2010

Última de feria. July, entre la Historia y la Importancia

Monumento madrileño a la Importancia (con condón)


José Ramón Márquez


Pues la verdad es que, afortunadamente, uno no vale para echador de cartas ni lector de bolas de cristal, que pasó la tarde de July y, como dice el clásico, ‘fuese y no hubo nada’, que es lo que uno de alguna forma quería, que hubiese toreo o no hubiese nada.
Pero vayamos por partes y dejemos a July para el final.

La corrida, como no podía ser menos, pasó de rositas el escrupuloso control veterinario de Las Ventas. Cum laude en el previo y cum laude en el del día de la corrida. No como esos Dolores Aguirre, Palhas o Adolfos, que vienen a Las Ventas con las peores basuras de sus dehesas y obligan al jurado veterinario a tener que defender contra viento y marea los intereses sacrosantos de la afición, de la legalidad y del espectáculo y poner esos desechos en la calle, por pura dignidad. Hoy la corrida pasó como una tía. El hecho de que el primero y el tercero, degolladitos, gorditos y sin trapío fuesen aprobados no quita un ápice de rigor al escrupuloso reconocimiento veterinario, fiable y riguroso.

Los toreros, como decía el clásico, bien, gracias. Manolito Sánchez en su primero hizo sus manolitadas y lo mató a la última partiéndole la madre, y en su segundo, un toro bobo de solemnidad, estúpida caricatura de un toro bravo que atendía por Mancheguito, número 52, se puso en plan fino, acompañando la bobaliconería de la embestida del tal Mancheguito, y seguro que le habrán hecho alguna foto buena, pero el toreo, lo que se dice el toreo, brilló por su ausencia. A éste también lo mató a la última, pero sin partirle la madre, que dijo aquél, o sea que no hubo vómito.

Talavante no es ni la sombra del Talavante del año pasado, que era Talatrás. En las cinco tardes que le llevo vistas este año, creo que se va liberando de la nefasta influencia que para él supuso su anterior apoderado, que a toda costa lo quiso Atomasar, y ahora parece que está en el camino de poner sobre el albero su personalidad. Con el lote más complicado, especialmente su segundo, que tiraba un incómodo derrote al final del muletazo, Talavante estuvo como para aprobar, lo cual es un triunfo comparado con él mismo no hace tanto. A su primero le hizo el mismo inicio de faena que el 19 de mayo, a excepción del pase cambiado por la espalda. Luego toreó a veces con verdad, especialmente por naturales, y remató la faena con las absurdas manoletinas, atavismo de su vida anterior. Se dio él solo una vuelta al ruedo y recibió el aplauso agradecido del tal Rosco, ése del tendido bajo del 7, que después de su solícita entrega de pastelillos por el tendido verificada unos días atrás, no cesa de mostrar al orbe su rostro más humano.

¿Y qué decir de July, el Playmobil del Toreo, el niño eterno? Lo fácil, lo trillado sería decir que ha estado importante. ¿Y cuándo no, si su registro va de lo histórico a lo importante? Pues hoy no ha llegado a histórico y ha estado sólo importante, como casi siempre. Quiso hacer el esfuerzo en su primero, con el que se salió a los medios con torería y en el que, aunque parezca mentira, ofreció algunos destellos a base de esfuerzo en los que parecía que pretendía torear hacia adelante y quedarse en el sitio; hubo también otros momentos en los que se imponía el July de siempre, de pico, suerte descargada y temple y construyó con esos mimbres una faena de altibajos, con más tendencia a lo facilón que al riesgo. Conviene decir que esa misma faena en manos de uno cualquiera, pongamos Rafaelillo, seguramente habría sido cantada como buena, pero que, sin embargo, representa un pobre bagaje para un figurón cuyo registro se encuentra entre la Historia y la Importancia. Finiquitó July su labor con una estocada mal ejecutada, mal colocada y de fulminante efecto que excitó la petición de oreja, que igual que no se la dieron, se la podían haber dado. En su segundo tiró las cartas al montón y se amontonó con muleta y espada dejando una pobrísima versión de su toreo histórico e importante con un toro menos claro y la certera impresión de que lo que más le apetecía era largarse de la plaza cuanto antes.

De las cuadrillas, los picadores y los heroicos monos salva-pencos daría para hacer una cosa aparte. No entiendo cómo July y Talavante llevan esas cuadrillas.

Por fin finalizó el grillerío de Madrid. Por fin. Ahora vuelve el sosiego de las novilladas con turistas, sin tanto público sobrevenido y sin la crítica pelmaza y desinformadora, que los unos estarán disfrutando de la parcela y los otros haciendo bolos por esas ferias de Dios y contando bolas de esas mismas ferias. Que tanta paz hallen todos ellos como descanso nos dejan a los que quedamos en lo que queda de Las Ventas.


Monumento madrileño a la Historia

viernes, 11 de junio de 2010

Un hombre y su sueño: que el chico haga la noria al pobre torillo



José Ramón Márquez


A estas mismas horas, un hombre de ocho arrobas, agitado, con un cigarro humeante entre los dientes y con las manos sudorosas, como en él es lo habitual, deshoja nervioso la margarita de su responsabilidad.

Ese hombre está a punto de contemplar, por fin y gracias a una serie de felices casualidades, cómo se cumple el fruto de sus desvelos de tantos años; está a punto de ver realizado aquello por lo que lleva soñando desde que el chico empezó en esto de los toros: el triunfo de doblete en Sevilla y en Madrid, la llave de la temporada, la definitiva entronización del chico como el mandón del toreo. Y esos nervios, por la posibilidad de que algo se pueda torcer, apenas le dejan atiborrarse de comida, le impiden disfrutar del aroma de sus cigarros, que muerde por un atavismo del hambre que se pasó de chico, no le permiten tener reposo y, casi, ni echar la siesta puede.

Sólo faltan ya unas horas para que mañana se abra la Puerta de Caballos de Las Ventas y que por ella salgan las cuadrillas a hacer el paseo. La ocasión es única y en las ensoñaciones del hombre de ocho arrobas se imagina al chico, a horcajadas de los capitalistas, saliendo por la Puerta de Madrid con un rabo entre las manos.

-¿Y por qué no? ¿Acaso no se lo iban a dar al de Galapagar? ¿Y porqué no al mío? -piensa.

Pero claro, luego piensa también en los reventadores profesionales. En el tío ese del pito de la andanada, en el del silbido penetrante, en aquél de Guadalajara que le cantó un día a la cara lo mal torero que es su hijo, y le vuelven a entrar los sudores y el nerviosismo.
Agarra el teléfono movil y pulsa unos números con sus dedos gordezuelos:

-¿Manolo? ¿Tú crees que esos la van a liar?

Y Manolo, que está almorzando rabo, precisamente, no le tranquiliza del todo. Manolo envidia el dinero que tiene el hombre de ocho arrobas y además le desprecia. Le dice:

-Mira, aquí lo importante es el Orden Público… y punto. Si hay petición y ante la posibilidad de un conflicto… yo estoy atado de pies y manos. Ya sabes cómo es esto…

Por la mañana habló con el ganadero. El hombre de ocho arrobas tiene más mirados los torillos que la sortija de la mano. Sabe bien que la corrida de mañana pasará sin problemas.

- Si es que hay que enlotar bien. Por reata. El 43 y el 52, no vayan a empezar a protestar. El 29 es mucho más bonito, aunque ese igual lo silban. Bueno, por lo menos llevamos al de Valladolid por delante, así que echaremos antes el 29, y la cosa es para él. El castañito, ése va a ser, por bonito y por bien hecho. Está en tipo de embestir, que es bajito.

Piensa el hombre de ocho arrobas también en la taquilla, que se mueve perezosamente, que hay devolución y que aún hay papel suficiente. Piensa en el domingo pasado, en el triunfo en Barcelona con la plaza medio vacía. Piensa en el sieso de Galapagar, en cómo estaría la plaza y la reventa, si no se hubiese ido. Pero bueno, gracias a eso estamos ahí con una oportunidad como nunca.

- Mira, esto nos va bien porque así entra gente nueva y no tantos abonados, y así tenemos más posibilidades de que vean al chico, que vean que se entrega como nadie y que va a triunfar, que la va a liar, que va a cortar las orejas y el rabo, como Palomo, que si se lo iban a dar al de Galapagar, ¿por qué no al mío?

A estas mismas horas, un hombre de ocho arrobas, bañado en sudores, intranquilo, fatigado, con un cigarro entre los dientes, no puede descansar. Si acaso da una cabezada. Se le viene a la imaginación el niño pinchando en el hueso, una, dos, tres veces, uno, dos descabellos… o el toro parado y sin andar y el niño parado también, rabioso, sin poder hacer la noria con el pobre torillo, agotado y con la lengua fuera; entonces el hombre se despierta sobresaltado, con el cigarro mordido en la boca y la ceniza caída en la pechera de la camisa.

-¡Maldita sea! -dice.

lunes, 7 de junio de 2010

Quinta de feria. Puerta Grande a la francesa



José Ramón Márquez
Fotos: Antonio Pérez Cucho

Ayer fue la ocasión para ver una corrida por la TV. Aprovechando la hospitalidad de C. regalamos la entrada, tal y como hicieron miles de abonados, y nos fuimos al campo. A las siete decidimos encender el receptor y ver qué es eso de los toros por televisión. Bueno, pues vayamos por partes, porque eso de los toros retransmitidos, que yo no sé si el Dr. Zaius lo hace mejor, me parece a mí que es un espectáculo que realmente apenas tiene algo que ver con la fiesta de los toros ni con la tauromaquia. Más bien parece que es una ocasión para echar el rato viendo bonitos colores y muchísimos primeros planos de las caras de todos los que salen, de los matadores, del presidente, de los peones, del padre de un torero, de los toros, del picador y de su penco, de una señora estupenda que se sienta en el tendido, de un arenero... y también primeros planos del bordado magnífico del vestido de Arturo Macías, del cogote del Niño de Santa Rita y de la tablilla con los datos del toro.

Si nos ponemos a comparar, yo creo que antes se hacía bastante mejor. Por ejemplo, ahí están las inmortales imágenes de Gallito en la tarde de los toros de Martínez en la Plaza Vieja. Como entonces no habían inventado aún los teleobjetivos, ni el zoom, y además los operadores tenían que estar dando vueltas a un manubrio, pues no podían hacer otra cosa que filmar una imagen completa en la que se ve, con una apropiada distancia, al toro y al torero; gracias a eso podemos disfrutar hoy en día de la perfección técnica del Coloso de Gelves en una impresionante serie de naturales de factura totalmente contemporánea. Si el operador aquél hubiese tenido a mano el ominoso zoom, seguro que a estas alturas nos recrearíamos con la sonrisa de Gallito o con la filigrana del bordado de su vestido, pero sus naturales estarían tan perdidos como las faenas que se hicieron ayer en La Talanquera del Puente de Ventas, retransmitidas en palcolor.

Y es que ese espectáculo, como decíamos más arriba, poco o nada tiene que ver con la fiesta de los toros. Nunca sabes en qué sitio están ni el toro ni el torero. Pongamos por caso que la faena comienza en el nueve y termina en el seis, y uno que lo ve en la TV no se entera del periplo que han hecho por tres tendidos el animal y su matador. Que el hombre se pone a citar de mala manera o perfectamente, pues tampoco te enteras, porque la imagen que ofrecen es la que a ellos les conviene en cada momento para que su retransmisión quede bonita o para que tenga ‘ritmo’, pero en esas necesidades de quien dirige la realización sucumben los elementos de juicio necesarios para el aficionado, que tiene que guiarse por indicios o pistas para orientarse y poder juzgar malamente sobre lo que está viendo.

Además, parece que la selección de los planos y de los encuadres vaya más orientada a componer cuadros que a permitir que el espectador tenga auténticos puntos de vista útiles para establecer su juicio. Tan sólo hubo un momento en el que un plano picado mostró, por única vez en toda la corrida, las posiciones de toro y torero, de una forma cercana a como se ve en la plaza. ¿Y el toro? ¿Es grande o es chico? No hay un medio para poder saber cómo es el toro, y cuando lo sacan de cerca parece muy grande, pero luego lo ves corretear y te da la sensación de que es un novillote. En suma, en la TV se ve lo que ellos quieren mostrar, y de la forma que quieren mostrarlo en aras a un espectáculo que apenas se parece a una corrida de toros.
La otra cosa que es muy empobrecedora es la labor del comentarista. No sólo por la cantidad de sandeces que dice, lugares comunes, cosas de perogrullo e invenciones, sino por su obstinado afán triunfalista y acrítico. Hubo cien perlas en la retransmisión para componer una antología del disparate, aunque me quedo con una que retrata bien el asunto cuando uno de los comentaristas le atribuye la paternidad del galleo a Rafael El Gallo.

Realmente puedo decir que no me enteré de nada de lo que pasó en la Plaza, aunque mi impresión era que lo que se veía y lo que explicaban era una cosa y lo que pasaba en el ruedo era otra: en resumidas cuentas, el Juan Bautista se llevó dos orejillas, que falta le harán; yo me quedo tan contento de no haber ido a la plaza, más talanquera que nunca por lo que me cuentan los que estuvieron, y creo que voy a dejar pasar otros veinte años hasta que vuelva a ver otra corrida por televisión. Mira, en eso de no dejar que le retransmitieran, José Tomás llevaba toda la razón.









La vida es sueño

sábado, 5 de junio de 2010

Cuchipanda de callejón





Lo que la visión icónica (ese descubrimiento del Doctor Moncholi)
de Antonio Pérez Cucho ve
cuando sucumbe a los cantos de sirena del callejón.
¡Tu sitio, amigo, está en la Andanada!

La cuarta de Alfonso Palacios / Andanada del 9 / Los toreros

Fandi estuvo como nunca en Madrid

Buscó el sitio y se quedó en él...

...como en la vida lo ha hecho Playmovil July

Matías... para unos

Para otros... Tejela

Pero se torea como se es

No es Rafael de Urbino ni siquiera Rafael

Es Rafaelillo

Y Espinosa, que se cree el Papa Julio II, protector de Rafaello Sanzio,
lo ha mandado a los leones del ridículo,
que son más fieros que los leones de las dehesas

Cuarta de feria. Rebelión en la talanquera


José Ramón Márquez

Los toros y los toreros y el pueblo soberano en sus escaños. ¡Vaya tarde nos dieron! Se trajeron desde Tarifa los toros cocacoleros de esa pulcra ganadería de La Palmosilla para que fuesen rechazados y, al final, repescar cuatro que eran como una escalera, más feos que pegar a un padre y cada uno en su forma y manera, pero todos por mi parte los podían haber tirado al mar despeñándolos en los acantilados de Roche, por cutres y por feos. El remiendo venía de la parte del difunto Manuel -Manolo en sus épocas de boyantía- Prado y Colón de Carvajal. Los toros que más veces han estado en el Domingo de Resurrección de Sevilla, los toros de tantas tardes de Curro Romero, anunciados en Madrid como remiendos de una extravagante corrida del escrupuloso ganadero de La Palmosilla.

Y a propósito de los Torrealta, una curiosidad en ese primer toro, Pocabulla, número 88, cuya capa fue etiquetada por la ciencia veterinaria como ‘Flor de Gamón’, novedosa descripción que abre paso a las cosas estupendas y creativas; que en este mundo tan viejo y anquilosado conviene ir abriéndose a las tendencias y empezar a mover el nomenclátor, que la gente ya se cansa de lo de castaño, colorado, negro zaíno, jabonero, sardo, salinero o melocotón y ahí tenemos el mundo de la botánica para ir explorando nuevos nombres.

Hoy era el día prefijado para la eclosión como torero de arte, a ver si a la segunda sale, del buenazo de Rafaelillo. Han intentado pasarle de matar Dolores Aguirre o Miuras a torear las excrecencias de Marqués de Domecq o de la infausta Palmosilla del remiendo, y, aunque le hayan querido convencer de que él también tiene un fondo de artista y de gran torero de época y no sólo de gladiador temerario, la injusta y reincidente verdad es que este torero todo lo que tiene que decir en esta vida es frente a un toro que le quiera arrrancar la cabeza, porque es evidente que Dios no le ha llamado por los senderos del arte contemporáneo, ni falta que le hace, si fuese listo. Lo que le hace realmente falta es que la gente que está a su alrededor no le engañe y que él vuelva cuanto antes a su labor, para la que está cualificado, y siga ganándose el respeto de los aficionados matando esos toros a los que el pobrecillo de Cayetano tildó en cierta ocasión de ‘una ordinariez’.

El Fandi vino hoy a Madrid a hacer buena la frase de que cuanto te bajas a la plaza de toros, hay que dejar todos los prejuicios en casa. Hoy he visto al mejor Fandi, haciendo, por momentos, un soberano esfuerzo por quedarse colocado y por no ceder la posición. En sus dos toros ha sorprendido a quien le mirase sin prejuicios, planteando unas faenas de muchísimo más calado que las que le han cantado al Playmobil July o de la que le valió la injusta oreja a Rafaelillo la remota tarde de los Dolores Aguirre. No quiero decir que Fandila haya bordado el toreo, ni mucho menos, pero se vio en él una disposición a hacer las cosas bien, a él que está harto de encandilar con cualquier cosa en los pueblos, que le honra como torero y dice bastante de él como persona. Muy justa la fuerte división de opiniones que hubo a la muerte de su primero, porque retrata bien los altibajos de una faena que ha estado dominada por una gran lucha interior del torero.

De Matías Tejela baste decir que se torea como se es.

***
La talanquera se rebeló, al fin, en la andanada. Y como no podía ser menos no lo hizo contra los culpables de este abuso de tres ferias que llevamos como tres cruces al Gólgota de la afición; no se rebelaron contra el tedioso estilo de destoreo que cada tarde se nos ofrece, no se rebeló contra las basuras de torillos impresentables, cucarachas o escarabajos pastueños y ‘toreables’; se rebeló contra quien desde el conocimiento y la afición reclama en vano y a todos por igual la pureza del toreo. Como un inmundo eructo y siguiendo las consignas que emanan de los púlpitos audiovisuales, la masa vociferante e ignara reclamó ‘respeto para el que se juega la vida’, que para ellos no es el toro -quien estadísticamente siempre la pierde- sino el inane vestido de luces que cada tarde mancilla con sus posturas achuladas y ridículas y con su falta de verdad y de razón el nombre y el oficio de matador de toros.




La sensatez de Tomás M. en esa Tómbola sin Mariñas
que es la talanquera venteña, ávida de orejas ("¡Otra de oreja!")
y gritona de una cosa que haría sonrojar al mismísimo empresario:
"¡Las protestas al final!"


La cuarta de Alfonso Palacios / Andanada del 9 / Los toreadores

Vienen de Gudalajara y son, probablemente,
los mejores aficionados de la plaza

Cucho, el del Silbo del dale, en el callejón


"Flor de gamón"
¡Manda huevos! ¡Si lo ven en Burgos!

Luis, en pose ansoniana para reprimir el bostezo, soportando las artisteces
de un Rafaelillo en plan "Mamá, quiero ser artista"



¡Lo que hay que oír!
El doctor Moncholi: "La gente ha venido a ver a Rafaelillo
y no puede consentir que Fandi haya estado mejor"
Bernadó: "¡Rafaelillo está tremendo,
está dando una tarde de toros extraodinaria!"
¡Y les pagamos todos!

Para ser el Guernica sólo falta un caballo

viernes, 4 de junio de 2010

Tercera de feria. La orejilla de la talanquera

Corpus en la Andanada


José Ramón Márquez


Hoy, Victoriano del Río. Más juampedro, y ya van diecisiete mil tazas. El único que salió en el tipo y con las hechuras de su raza fue el cuarto de la tarde, un castañito llamado Enamorado, número 46, que tuvo la mala pata de caer en manos del fatal Fundi, maestro Fundi para la sensibilidad agropecuaria del Dr. Zaius.

Y dicho eso, dicho todo queda para quien entienda mínimamente de esto; vamos, que el tal maestro o maestrillo le aplicó la tabla de multiplicar del cero y se quedó la cosa en que cero por cero es cero. Era Enamorado un torito de esos que te hacen soñar en lo a gusto y lo bien que habrían estado con él los buenos toreros ya retirados, pongo por caso a Pepe Luis Vázquez o a Gregorio Tébar, que ayer se vino también a la memoria a causa de unas chicuelinas que se dieron en Las Ventas.

Fue un toro de una bondad franciscana, rayana en la bobaliconería, que jamás aprendió nada malo pese a los trapazos que le endiñó el tal Fundi y que, además, para resaltar su inmenso deseo de subir a los altares, tenía el hábito de colocarse él solito a la salida de los muletazos. Torito para liarla que tuvo la mala suerte de tener que encontrarse con Fundi en los últimos y cruciales diez minutos de su vida, que ya se sabe que el hombre propone y Dios dispone.

Castella en su primero hizo todo lo que el orbe espera de Castella, con una faena que no significa nada, pues no está orientada a otro fin que al de llegar al éxtasis de cercanías que le gusta al torero y que provoca soponcios, ansiedad y desmayos en el público femenil que atiborra las talanqueras del Puente de Ventas. Por algunos segundos pareció que el francés quería cambiar su habitual forma por otra más próxima a la ortodoxia, quedándose un poco, pero todo fue una ilusión. Y para qué lo va a intentar hacer bien en el caso de que sepa, si él vendió su burra y la talanquera, feliz y agradecida, por todo lo anterior y por una estocada trasera le obsequió con una peluda oreja de toro, que vaya usted a saber para qué valdrá ese despojo. Luego, en su segundo, inició su faena con una fantasía compuesta de dos pases del Celeste Imperio, dos trincherillas, un cambiado por la espalda y un molinete. Fue algo realmente bonito e inspirado, y como además le salió todo de un tirón, sin un solo enganchón, recogió una ovación sincera y unánime de la plaza entera. Otra cosa bien distinta es cuando ya hubo que ponerse a torear, tras el dulce prólogo. Entonces volvió por sus fueros al cite con el pico, a torear desde Alcorcón, a no cruzarse, a rectificar la posición a la salida del pase, y demás triquiñuelas del toreo contemporáneo y abusivo, en el que sólo hay ventajas para el torero. La faena se fue despeñando por esos espantosos vericuetos, y cuando nos quisimos dar cuenta, se tiró a matar pinchando por dos veces. Yo creo que si mata a la primera también la habrían pedido la orejilla, para hacer la parejita, que la talanquera tiene esas cosas.

Perera estuvo hecho un pererazo, y si en su trabajo con el primero interesó poco, en lo que le hizo al segundo ya no interesó a nadie. Quedan para el recuerdo sus deseos de congraciarse con el público, al que brindó sus dos toros. La sustitución de Tomás por este chico creo que no deja en muy buen sitio a los gerentes de la empresa, aunque para quien quiera sustituciones graciosas ya tenemos en ciernes la de mañana, la del Mr Hyde Rafaelillo transmutado en torero de arte para sustituir a Aparicio, pero no adelantemos acontecimientos.

Hubo dos gritos esta tarde en dos momentos de silencio que deben ser anotados. Uno de ellos reclamó ante unas chicuelinas rectilíneas que se quebrase el viaje del toro, es decir, que se torease; el otro dio cuenta de la pésima opinión que el vocinglero tenía de las ganaderías de Guadalix, entre cuyos productos a buen seguro estaba incluido el conocido Rosco del tendido bajo del 7, misteriosamente enmudecido en esta tarde calurosa en la que por el ruedo correteaban sus paisanos.

miércoles, 2 de junio de 2010

La segunda de Alfonso Palacios / Andanadaa del 9 / Los toreadores

Una dama (Carmen Martínez-Bordíu) y un veterinario (Ballesteros)
canjeando retratos de callejón


La voz del pueblo

La voz de Canarias

La voz de Valencia

La ex voz de Zapatero

La voz callada de la Andanada


La voz de la ciencia táurica que ha vaciado de toros la plaza


La voz del callejón (esa Gran Vía)


La voz de su amo


La voz de la selva


Las voces y los ecos

La segunda de Alfonso Palacios / Andanada del 9 / Los toreros

A Juan Mora...

...que estaba en su casa...

...no lo llamaba nadie...

...hasta que recibió la llamada callada del toreo


Javier Conde...


...es tan guapo...

...que peligra en el toro...

...como Narciso en la fuente

Curro Díaz...

...hizo más mal que bien...

...el bien que hizo lo hizo mal...

...y el mal que hizo lo hizo bien
(Pero, ante la vulgaridad del julysmo, seguiremos siendo de Curro Díaz)