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sábado, 13 de febrero de 2010

FRACISCO SILVELA EN MADRID Y GREAT RUSSELL STREET EN LONDRES


José Ramón Márquez

Clásicos poulares. Lugares que jamás saldrán en las guías. Sitios ante los que los dadores de estrellas pasarán persignándose: ‘Aparta de mí este cáliz, en el nombre de Bocusse, etc.”
Ahí van dos. Uno, el Valladares de Francisco Silvela, con sus patatas bravas de cosecha propia y su paella de tapa a partir del mediodía, con sus raciones clásicas y con el mismo camarero detrás de la barra desde que uno tiene uso de bares. Otro, el puesto de perritos calientes a la puerta del Museo Británico, en Great Russell Street, con su salchicha gigante y su cebolla entre frita y cocida, que da el olor característico a toda la calle, con el mismo perritero detrás del carrito, que debe llevar ahí desde que llegaron al museo los frisos del Partenón.
Ante tanta tontería de los Starbuck’s, los Vips’s, los sitios de comida metidita en unos envoltorios de plástico, de café servido en un vasito de poliestireno, de sandwiches de vegetales orgánicos, esas dos industrias resisten los envites del tiempo nuevo. Cada vez van quedando menos.

sábado, 28 de noviembre de 2009

BRINDEMOS POR BIBENDUM CON UNOS MINUTEJOS

José Ramón Márquez

Gracias, Bibendum. Muchas gracias de nuevo. Con sus estrellas, Bibendum y su empresa de neumáticos nos iluminan. Una estrella, ve con mucho cuidado, que a la primera de cambio te echan un maridaje. Dos estrellas, ojito, ojito, que a la vuelta de la esquina salta el nitrógeno. Tres estrellas, huye porque te van a echar más foie del que tu hígado podrá soportar.
Una, dos o tres, da igual en algo: se esforzarán porque tu Visa quede exhausta.
La novedad de este año es que el simpático Bibendum le ha dado una de sus estrellitas a un artista que lleva toda la pinta de los antisistema, con pendientes de esos negros y gordos incluidos. ¿Aceptará la American Express en su casa el artista u obligará a su delicada clientela a llevar carretillas llenas de asquerosos billetes capitalistas para pagar sus facturas?

¿Se imaginan que uno de estos artistas hubiese inventado los Minutejos? Sería gracioso el nombre que le habrían puesto. Vayamos prestos a Antonio Leyva, pidamos seis delicados Minutejos con una caña de cerveza y brindemos por Bibendum.