Aparte de las actuaciones arbitrales (negativas) y de las exigencias del calendario (cuatro duelos de primer nivel a comienzos de temporada: Betis, Inter, Atlético y Barcelona), este nuevo Real Madrid de Mourinho plantea algunas incógnitas sobre su forma de juego. Interrogantes que se arrastran desde la retirada de Kroos en 2024 (nunca estuvo entre los tres mejores jugadores del mundo del ya devaluado Balón de Oro) y desde la salida de Modric en 2025. Desde entonces es notorio que los problemas que arrastra el Madrid consisten en que es un equipo que no tiene resuelta la generación del juego. El puesto del seis clásico, la de este tipo de jugador, en cualquier formación futbolística es clave para aportarle racionalidad, sencillez y equilibrio para que todas las líneas del conjunto se coordinen, pues la salida llana del balón hacia arriba ahorra esfuerzos y aporta tranquilidad. Al Real Madrid le falta ese futbolista específico que ocupe este puesto con solvencia. Como contraste podemos situarnos ante el Manchester City con Rodri (ahora con Anderson/Enzo), en el Paris Saint Germain con Vitinha o en el Barcelona con De Jong (anteriormente Busquets, ahora Rodri —mal ubicado en el campo por Flick, tropezando con Pedri, Fermín y Cubarsí—). Desde este planteamiento no se entiende la no contratación este verano de Rodri por parte del Real Madrid (hoy el mejor jugador del mundo en su puesto por la claridad que introduce al juego en la formación que esté). Esta decisión va a condicionar el desarrollo de esta temporada y el futuro del equipo. Sobre este suceso se ha trasladado la versión de que Rodri tenía dudas a la hora de venir al Real Madrid. Pero no se ha explicado qué tipo de dudas eran esas. Sinceramente pienso que si Mourinho hubiera puesto toda la carne en el asador, apostando por el jugador, el fichaje se habría producido. Este lance es una rémora de inicio (y lo será toda la temporada) en la manera de jugar del bloque madrileño. Aparte está que este notable deportista se ha ido al equipo rival que parece funcionar, ahora más que nunca, como una máquina bien engrasada, a pesar de haber sufrido el imperial partido del Real Madrid, contra ellos, el pasado 25 de octubre.
Se podrá pensar que ni Kroos ni Modric eran jugadores que de manera natural ocuparan esa posición central del medio volante, pero su técnica personal (llevar el balón cosido al pie) más su versatilidad, visión de juego y compromiso les permitía situarse cerca de la medular y mantener el balón, esconderlo, repartirlo y dirigir el equipo con pautas para llevarle con criterio hacia adelante. El trabajo que no va a realizar Rodri en el Real Madrid (donde dispondría de espacio para ejercer su dirección/resituando bien a Tchouameni, a su lado) tendrán que llevarlo a cabo, al unísono, es decir, hacerlo con compenetración, cuatro centrocampistas: Valverde (no lleva el balón cosido) por la derecha, donde se le está utilizando de manera diferente a la de medio volante; Bernardo Silva, desde atrás (con buen manejo de balón y experiencia, pero sin la contundencia que exige la posición central por delante de la defensa); Tchouameni en el centro (con carencias si se le obliga a que se emplee fuera del pase muy en corto), y Camavinga (que no conduce el balón pegado al pie) por la izquierda, preferentemente, o por la derecha. Cuatro jugadores donde uno solo resolvería todas las tareas de cierre, apertura, ritmo y visión de juego. Además, Rodri hubiera aportado dos cuestiones fundamentales para el núcleo del juego, la de robar balones y, esencialmente, la de esconderlos ante los rivales, ya que dispone de una envergadura física que elude que se los quiten. En este sentido la escuadra blanca tiene jugadores que roban el balón como Camavinga y Valverde. También, que taponan el juego rival, como Tchouameni. Si bien a excepción de Bernardo Silva no dispone de un pelotero que guarde el balón al inicio de las jugadas. El ejemplo más evidente es ver cómo sufre Güler en esa faceta que le impide ocupar esa posición central de generar el futbol. Esa función la puede realizar Bernardo Silva, en espacios cortos, a todas luces un jugador que más arriba, como Güler, amplía el panorama, y que padece si se le coloca atrás. De ahí que el trabajo de un solo hombre —Rodri— hubiera ahorrado tanta solución táctica que es la que ahora tiene que encontrar Mourinho para el equipo.
A la hora de perfilar un posible equipo titular podemos entrar en el siguiente análisis, comenzando por la defensa en la que la labor de portero está resuelta por Courtois. Más Lunin, guardameta de enorme garantía cuando no esté el belga. En el lateral derecho, Valverde, si se decidiera a ser el mejor lateral del mundo sería el elegido. Al ser un futbolista comodín entrará y saldrá de esa posición según los encuentros. Dumfries aporta sacrificio táctico y recorrido ofensivo, sin la claridad del pase final. Algo que sí posee Trent, careciendo de la primera de estas cualidades, la de permanecer atento al juego del rival. Estos tres jugadores puede que alternen en el puesto de lateral que desde hace dos años —finalizada la época de Carvajal— está en proceso de asentamiento. La pareja de centrales parece que irá rotando entre Konaté/Rudiger y Huijsen (que jugará más a pesar de su menor contundencia —si bien va ganando en este faceta— al caracterizarse por la buena salida de balón y el uso de la pierna izquierda). Konaté destaca en la austeridad táctica y el juego aéreo, sin demasiado manejo del esférico. Rüdiger ofrece dinamismo, entrega, anticipación y dominio por arriba. Queda por saber cómo irá entrando en la defensa Militao tras sus lesiones reiteradas, que de ir fortaleciéndose se haría sin lugar a dudas con la titularidad en una posición donde la mayoría de centrales son diestros. El canterano Asencio siempre quedará como una buena solución de recurso y de última hora. En el lateral izquierdo, la concentración, la viveza, la buena lectura del juego y su excelente asociación dan clara ventaja a Cururella; mientras Carreras será un opción de relevo y de descanso, en un espacio en el que debe mostrarse con menores descuidos. La participación en este lateral de Mendy —enorme marcador— queda como un misterio en este curso.
En la línea del medio campo ya hemos comentado el galimatías que existe por la ausencia de un medio volante central clásico, de corte, con visión de fútbol y con despliegue por toda la zona media para la construcción del juego; apoyándose en la defensa y abriendo a los medios volantes, el derecho y el izquierdo. El lado diestro puede ocuparlo Güler por su capacidad de descubrir espacios vacíos y de dar el último pase asociativo al hueco en las diferentes demarcaciones del área rival, aparte su excelente manejo del cuero; sólo debe crecer en confianza y en el fondo físico. El lado izquierdo queda en propiedad de Bellingham con amplio despliegue defensivo y ofensivo por la zona media, intercambiando posiciones y una sorpresiva llegada a la línea de gol, la mejor de sus cualidades. Por su parte, Camavinga, siempre será un magnífico titular en ese volante izquierdo, una solución para la defensa y para la zona central. Su versatilidad y fuerza física son llamativas y, tal vez, no ha dado con el entrenador que sepa sacarle todo el fútbol que lleva dentro, que es mucho. Cierto que al ser un jugador muy valiente se carga de tarjetas, a cambio ofrece capturas de balón impensables y salidas con el mismo que rompen los partidos. Es un todo terreno a cuidar y a tener en cuenta. Valverde por el lado derecho puede jugar, como hemos comentado, en todas las posiciones. Y Bernado Silva, entre líneas, también, en una amplia gama de emplazamientos y con distintas funciones, más juego combinativo y dinámico, con micro pases y micro llegadas al gol. Por último, Thiago no parece contar con la confianza de Mourinho. Es un jugador que está por ver. Inédito.
En la delantera tenemos la novedad de Diomande que puede ocupar la demarcación de extremo derecho y de extremo izquierdo, con excelente regate y muy trabajador en tareas defensivas taponando la subida de los rivales. Su juventud y rapidez le avalan para ser un futbolista muy útil esta temporada, y las próximas, su natural driblin debería estar acompañado del pase de extremo, algo en lo que no parece estar a la misma altura como esa facilidad que sí posee en el desborde de defensas. En la derecha deberá competir con Rodrygo cuando éste se recupere de su lesión. Y en el extremo izquierdo con Vinicius, un jugador estigmatizado por la prensa buenista (la dominante en el panorama periodístico español) muy dañina con este extraordinario extremo que lo ha dado todo hasta ahora. Los extremos no pueden estar toda la vida regateando y regateando porque la velocidad es un potencial que mengua —en este sentido, sufren rachas, y con la edad declives— por eso tienen que buscarse una solución en su juego incorporándose hacia el centro de la media y de la delantera —media punta—. En este particular Amancio fue un driblador muy inteligente, supo pasar del siete al ocho, con su juego eléctrico y embrujado; también Juanito evolucionó del mismo modo. No digamos Blokhín en su faceta de extremo izquierda y dirigiendo el juego de aquel gran Dinamo de Kiev, un equipo irrepetible. Podríamos poner más ejemplos de extremos —el puesto más bello del fútbol—, de regateadores reconvertidos. En definitiva, Vinicius —a quien se le ataca con saña por ser generoso y valiente, y rebelde— tiene que ir recolocándose en este Real Madrid de Mourinho, su regate, extraordinario pase y su verticalidad no pueden caer en olvido. Al margen, Mbappé, en el centro o en todas las líneas de la delantera es intocable por su olfato goleador, principalmente. Espí es una garantía por ser un delantero centro a la vieja usanza. Endrick, lo tiene más complicado debido a que no hay puestos libres, si bien cumple siempre por su entrega. Y Brahim, un delantero diferente en espacios pequeños, pase en corto y canalizador de trastornos para abrir huecos y propiciar remontadas.
Así está el Real Madrid de José Mourinho a la altura del mes de noviembre, con la ocasión perdida de no haber contado con Rodri (a quien se le ahoga en el Barcelona) que hubiera tenido puesto en el equipo blanco en buena compañía de Tchuameni, Bernardo Silva, Valverde, Güler, Camavinga y Bellingham. Un Real Madrid que está obligado a recuperar la contundencia defensiva, la acomodación de Vinicius y, fundamentalmente, alcanzar un juego «sinfónico» en la medular.

