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miércoles, 12 de junio de 2024

La revolución religiosa de Koalemos (II)



Alfred North Whitehead


Dalmacio Negro

8.- Los estúpidos fungen, en efecto, como sabios. Observó Heine durante el Vormärz alemán: “Los sabios emiten ideas nuevas y los necios las expanden”. Una explicación puede ser, que, según el gran filósofo Alfred North Whitehead, “casi todas las ideas nuevas tienen cierto aspecto de estupidez (o insensatez, foolishness), cuando se producen por primera vez”. Ocurrió por ejemplo, con la teoría de la relatividad de Einstein, que, dice Paul Johnson popularizó la idea de que todo es relativo, la causa de aceptación del relativismo moral, de la postverdad, las bioideologías, de un sinfín de aberraciones y del imperio del cientificismo. Influye en la crisis religiosa, de la política, etc., y en el auge de la necedad (negación de scire, saber; nescius, de ne scio, “no sé” es el que no sabe, el ignorante,).  

Tocqueville captó en Norteamérica hace casi dos siglos que la necedad constituía seguramente el peligro mayor que acecha a la democracia igualitaria, que no se lleva muy bien con la excelencia y la meritocracia.[1] Y Nietzsche, crítico de la antijerárquica democracia de masas, prevenía en 1872 contra la pedagogía superficial, divulgativa y reductivista. Y desde hace aproximadamente un siglo, “la conjura de los imbéciles” se dedica a instaurar “el predominio del cretino”.[2]  Las continuas reformas pedagógicas para “democratizar” la enseñanza, sobre todo desde mayo del 1968, cuando apareció en la escena el homo festivus et stupidus, fomentan la idiocia colectiva. “La educación, avisaba el sesentayochista arrepentido Jean-Pierre Le Goff, se ha convertido en una nueva ideología”.[3] Y Gabriele Kuby escribe que la democracia  es hoy un mito con el que las clases dominantes —las oligarquías— seducen a los dominados.[4] Además, la burocratización excesiva, típica del estatismo, idiotiza a los administrados. Las mismas Universidades burocratizadas cultivan la estupidez. Y los nuevos media —la radio, el cine, la televisión, internet, el móvil, la tablet—, “the priesthood of the ruling class”, el sacerdocio de las clases dirigentes (Z. Janowski), que multiplican infinitamente la capacidad de influir de la prensa de los tiempos de Heine y Nietzsche la difunden como una enfermedad contagiosa. Este último escribió en 1882: Noch ein Jahrhundert Zeitungen und alle Worte stinken, un siglo más de periódicos y todas las palabras apestarán. Chesterton, menos radical, afirmaba hacia 1910, que “la prensa existe para ocultar los hechos”. Pero fabrica también el pensamiento. [5]

Entonces, el gran número de analfabetos protegía a los pueblos del cretinismo cultural. Nicolás Gómez Dávila (1913-1994), quien tenía siempre presente die schrechtliche Simplifikateure (los horrorosos simplificadores) que tanto temía Jacobo Burckhardt, uno de sus dos “santos patronos (el otro era el escéptico Montaigne), decía ya: hoy, «fomentar la cultura es coronar a mediocres». Los simplificadores, muchos de ellos bobos solemnes, fascinan a los necios con un poco de propaganda o “comunicación”.



9.- La propaganda, dice Noam Chomsky, es en la democracia lo que la violencia en las dictaduras. Pío XII advirtió en el radiomensaje de Navidad de 1944: «La propaganda modela todas las almas según un mismo patrón, las peculiaridades y casi la vida propia. Hasta las diferencias de psicología y de actitud entre los sexos tienden a menguar lo más posible. Por todo esto, desaparece el pueblo, que es esencialmente una gran familia de almas diversas pero armónicas, reunidas alrededor de lo que les es común. Y surge la masa, con su gran alma vacía, colectiva, esclava». Masa compuesta por súbditos —en Europa, los únicos ciudadanos son los políticos que mandan en los partidos—, que vive en la irrealidad más o menos virtual —la tontosfera—, como está ocurriendo con las nuevas generaciones, cada vez más infantilizadas. No sólo por la educación convertida en adoctrinamiento, sino porque los nuevos media no crean solamente lo que bautizó Heimito von Doderer die zweite Realität, la segunda realidad  en que habita  “el idiota digital”, sino que han aumentado exponencialmente, como decía Umberto Eco, la posibilidad de propagar teorías y doctrinas cuya idiotez no tiene límites pero infunden el miedo a la realidad, que es lo mismo que la verdad. Miedo que alientan los gobiernos, por ejemplo el fisco y la plandemia Covid, por razones obvias.

10.- Peter Sloterdijk no cree se esté perdiendo la capacidad de pensar. Lo que ocurre según él, es que la vida actual no invita a pensar:  se vive tan de prisa, que las noticias se atropellan sin dar tiempo a digerirlas. Tiene bastante razón,[6]  pero es un hecho, que, debido en parte a los avances tecnológicos y a la humanitarista pedagogía sentimental —pero sin poesía, “la voz de lo inefable” que decía Juan Ramón Jiménez—, se está generalizando la estupidez colectiva alentada y guiada por los gobiernos de los Estados Hippies ayudados por las nuevas tecnologías. Estados en los que abundan los analfabetos, indocumentados e idiotas en los puestos de mando. Destaca quizá el Estado español enemigo de la Nación, pero los revolucionarios estúpidos son generosos. Empeñados en la nobilísima tarea de igualar a todo el mundo, decretan que los niños pertenecen al Estado y les someten a sus leyes educativas para ponerles a su nivel. Los escépticos, que aún existen, y parece que aumentan, dicen que muchos gobernantes actuales podrán alegar como atenuante o eximente, si se les incrimina por sus desmanes, que son unos pobres estúpidos.

Subsisten Estados o Gobiernos totalitarios violentos, hoy cabe decir varoniles o machistas —en el new speak feminista políticamente correcto, Maquiavelo es un “machista”—, mientras en Europa y en el ámbito de la exangüe Cristiandad,[7] la mayoría de los Estados y Gobiernos son sovietizantes (Vladimir Bukowski y otros) o “liberales” totalitarios (Robert Spaemann y otros). Autoproclamados demócratas, promueven y financian la necedad  colectiva —no siempre intencionadamente, también por estupidez, algo tienen que hacer los Ministerios de Cultura— mediante la infinita Legislación, ahora crecientemente maternal, que condiciona la conducta idiotizando la manera de actuar y hasta el habla. Que debe ser inclusiva y no ser odiosa según las pautas vigentes. Legislación que no es inocente:  es el totalitarismo legislativo, cuyo principio rector podría ser la frase de Juan Domingo Perón “dentro de la ley todo; fuera de ella nada”.

11.- La estupidez o entontecimiento colectivo es inconfundible con el “pensamiento débil” descrito por el “catocomunista” Giovanni Vattimo. Se trata de un fenómeno observado frecuentemente desde que escribiera Robert Musil “la libertad y la razón… no han gozado ya de buena salud desde mediados del siglo XIX o un poco después”.[8] Momento en que comenzó, según Whitehead, la destrucción del sentido común.[9] A lo que contribuyó eficazmente la manipulación del lenguaje político por el agit-prop soviético, cuyo objetivo principal era destruir la cultura tradicional  como mostró el disidente Yuri Bezmenov desertor del KGB en 1970, que se dedicó a denunciar la infiltración soviética para desmoralizar a Occidente.[10] Convertido el lenguaje político en lenguaje común por la propaganda, se castiga ya legalmente el lenguaje estimado inconveniente o incorrecto con los novísimos y antijurídicos “delitos de odio”. Uno de los primeros en advertir un gran retroceso en el nivel intelectual de Occidente fue otro disidente, Aleksandr Zinóviev (1922-2006), reconvertido al comunismo al implosionar la URSS, porque le parecía que la Europa “libre” era demasiado sovietizante.[11]

12.- El auge de la cretinocracia, revolucionaria por lo que destruye, no es atribuible empero únicamente a la burocratización de la política por el modo de pensamiento ideológico, típica de los Estados maternales que tratan a los súbditos como niños. Cuenta también la sectarización. “Las ideologías prestan a quienes carecen de ideas el mismo servicio que las pelucas a los calvos” (R. Castillo) y crean sectarios y gentes unilaterales que “sólo tienen certezas” (Bertrand Russell). El sectario es una persona normal fanatizada por resentimiento —Lenin, por ejemplo— o estúpida de nacimiento fanatizada por lo que oye o lee. Personas con las que aconsejaba Mark Twain no discutir, para no tener que ponerse a su nivel.

La burocracia —“el gobierno de nadie” (H. Arendt)— es consustancial al Estado. Pero en la política no está nada decidido de antemano y el Estado deseoso de “proteger a las personas de sí mismas” (G. Myrdal) y establecer el “Imperio del Bien” (Ph. Muray), se personifica en su inmensa burocracia. Ironiza Sloterdijk: “tanto funcionario no deja ver al Estado”. Para conseguir esos nobles fines, la burocracia se preocupa así mismo por la cultura  cuya dirección encomienda a nomenklaturas directas e indirectas en las que  pululan simples estúpidos más o menos fatuos, dementes,[12] intelectuales no venales que creen todavía, no ya en la bondad del socialismo, sino en la del comunismo promocionado en parte por la ONU, “expertos”, asesores, especialistas convencidos de su superioridad moral —el Mal, que es irracional, se encarna en la derecha —en la “fachosfera” dice el ilustre Dr. Sánchez—, el Bien en la izquierda—,[13] arribistas y ganapanes, truhanes, delincuentes y mafias financieras internacionales, que explotan las emociones. Es generalizable lo que dice Alfonso Ussía del comunismo español hodierno: “Es un comunismo disfrazado de socialismo cuyo único fin —o el principal— es el enriquecimiento de los golfos que nos gobiernan”.[14]

13.- Merece la pena comentar de pasada en el caso del Reino de España, donde es difícil distinguir la realidad de la parodia y la mayoría de los súbditos tiene que defenderse de las agresiones políticamente estúpidas de los distintos gobiernos, destacando los del licenciado Zapatero y el doctor Sánchez, ansiosos de integrarse en el bloque del socialismo del siglo XXI hispanoamericano añorante de la difunta Unión Soviética víctima del capitalismo satánico.[15] Desgobernado el Reino por los sucesivos gobiernos de la Monarquía, en los que ha ido aumentando progresivamente la presencia de estúpidos, incompetentes, corruptos y psicópatas en cargos de poder, que son incapaces de ejercer, constituye un ejemplo excelente de cómo la idiocia es capaz de mover montañas.[16]

13,1.- Liquidada la ciudadanía al decretar el partido socialista del Sr. González la muerte de Montesquieu,[17]  el objetivo de los sucesivos gobiernos monárquicos parece haber sido un Kulturkampf dirigido finalmente por bioideologías enemigas de la antigualla del sentido común como ideologías de Estado: la de género, que, stricto sensu, se limita a defender el legítimo derecho humano de las mujeres a ser idiotas, la ecologista, defensora de los derechos humanos de la Tierra contra la perversidad humana, la maternal higienista o de la salud, muy fortalecida por la tiránica  dictadura sanitaria para combatir la gripe del coronavirus. Las tres con diversas variedades; por ejemplo, la LGTBIQ (la «familia” que se elige), la animalista que reivindica los derechos humanos de los animales, por lo que entusiasma a  muchos políticos o la apocalíptica del cambio climático. Todo apunta a instalar definitivamente la estupidez colectiva como la forma ideal de realizar el deseo del preámbulo de la Carta constitucional de 1978 —bautizada por Aquilino Duque la Nicolasa, porque se aprobó el día de San Nicolás, emparejándola con la de 1812, conocida como la Pepa, proclamada el día de San José— de marchar hacia la “democracia avanzada”. Objetivo perseguido también por la ley de la Memoria histórica, conocida popularmente como ley de la Venganza histérica, que el gobierno sanchista ha precisado como Ley de la Memoria democrática para que se ajusten debidamente a la marcha correcta de la historia hacia la estupidez universal los que no son todavía idiotas y las nuevas generaciones; si las hay a pesar de la caída de la natalidad. Con palabras de Richter, aplicando esa Ley, “el idiota prohíbe a la razón ir más allá de la memoria”.[18]

13,2.- Los escasos monárquicos influyentes postulaban la conveniencia de una “pasada por la izquierda” para consolidar la Reinstauración por tercera vez —a la verdad, a redropelo del Zeitgeist, republicano y sedicentemente democrático— en algo menos de 175 años.[19] Y el consenso oligárquico entre los dos partidos principales se organizó como  socialdemócrata, con un ala derecha y otra izquierda que incluía a separatistas resucitados y comunistas reciclados. El rey fungió como “motor del cambio”, pero la reinstauración de la  Monarquía fue sólo “simbólica”  según Fernández de la Mora.[20] El consenso troceó constitucionalmente la Nación y se empezó a fomentar  con gran éxito la estupidez colectiva. Los súbditos están, por ejemplo,  encantados con pagar impuestos y los más entusiastas votan complacidos a quienes creen que los aumentarán.

13,3.- La política de la interminable transición (“transacción”, precisaba Jesús Fueyo) a la Monarquía partitocrática —en la que Iglesia “se volvió muda”, como decía Tocqueville de la francesa en El antiguo Régimen y la Revolución—, ha devenido un pifostio. Se reduce de hecho a las disputas entre la izquierda tradicionalmente antinacional o antihispánica y la izquierda socialdemócrata que funge como “derecha”. La democracia, reducida al antifranquismo pasado de fecha, espera su turno, pero el cultivo de la estupidez ha dado resultado y todo el mundo habla de la democracia española.

Una característica del consenso socialdemócrata entre la izquierda y la derecha es que, como percibiera Nicolás Gómez Dávila (1913–1994), “tienen firmado contra el reaccionario [en el sentido del que reacciona] un pacto secreto de agresión perpetua”. Los oligarcas hispanos consensuados tildan, en efecto, a las personas, grupos o partidos no entontecidos, es decir retrógrados —no aceptan la división de España  en varias naciones, se oponen a  conquistas sociales tan sensatas como la legalización del aborto y la eutanasia, etc.—, no sólo de ser franquistas, sino de extrema derecha y fascistas, “fachas”. Gente ignorante o maliciosa que pasa por alto que el fascismo es una derivación perversa del socialismo, que sustituye la liberadora lucha de clases por el culto a la Nación como una gran familia. Para Giovanni Gentile, el gran teórico del fascismo italiano, es la forma más realista del socialismo y la verdadera democracia. En la que son idénticos el interés público y el privado, que está por ende al servicio  de la sociedad. El Estado es el administrador de la Nación. Justo como en España.

El apotegma del fascismo, como decía Amando de Miguel, beneficia paradójicamente la antipolítica del desgobierno, que bordea con frecuencia lo delictivo. Más por estupidez que por la mala fe  de los gobernantes, acólitos y enchufados y la verdadera extrema derecha,  los nacionalistas identitarios que juegan al separatismo y al independentismo lucrativos. Pero los fachas son. para el consenso partitocrático, todos los demás.[21] Las expresiones facha, fascista, extrema derecha suenan ya como cumplidos debido a su uso y abuso propagandístico.

“Si no hay hombres completamente inteligentes, sí los hay completamente tontos”, escribe Moreno Castillo. Y como la mayoría de los completamente tontos se ha integrado en el socialismo sanchista, España marcha a la cabeza del progreso.[22] El Reino de España se parece cada vez más al Reino de Peronia instaurado en Argentina, al que intenta poner fin el impío Javier Milei, enemigo acérrimo de Koalemos.

14.- Según la tercera regla de Cipolla, «una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona sin obtener al mismo tiempo un provecho para sí, o, incluso, obteniendo un perjuicio». Y como la estupidez es ya una patología contagiosa tan extendida que puede hablarse de una pandemia, se empieza a hablar de la urgencia de un movimiento para sobrevivir a lo que puede considerarse la religión patológica de la estupidez. Rémi Brague achaca el fenómeno al fracaso del proyecto moderno.[23]  Descriptible como la planificación del futuro imitando la Creación, implícita en el pelagiano “Nuevo Cristianismo” del conde de Saint-Simon, “el padre de los planificadores” (W. Röpke), acreedor de Marx, Lenin, Hitler, Mao y otros ateiólogos. El principio renovador del cristianismo tecnocientífico saintsimoniano reza: «La religión debe dirigir la sociedad hacia la gran meta, que consiste en obtener lo más rápidamente posible una mejora en la suerte de la clase más pobre».[24] Como esa religión progresista[25] tiende a igualar, se explica su éxito entre los partidarios de la justicia social, pese a que hay también grados de estupidez entre los iguales.

15.- Rémi Brague  padece la enfermedad reaccionaria de conservar el sentido común. Se pregunta, si tiene algún sentido la existencia del ser humano en el contexto de la cultura planificada por lo que llaman los escépticos la “internacional de la estulticia”. Muy bien representada por la biodictadura de la estúpida “contracultura” de la ideología, más bien bioideología, progresista woke. El ala pseudomarxista más radical de la “robolución”, como dicen en Cuba, de los tontos para explotar a los listos.[26] Robolucionismo que aspira a destruir la cultura imponiendo su particular concepción nihilista de la moralidad.

    La moral colectiva, el êthos, depende de las creencias religiosas que la concretan fijando los usos, el Derecho, la estética, etc., y las costumbres. Pero la moral que invade todo en nuestros días, advierte Alain de Benoist en Los demonios del bien. Del nuevo orden moral a la ideología de género, [27] no es la misma que conocíamos. La nueva moralidad podría sintetizarse en la moda de «el yo como medida de todas las cosas» de la ideología narcisista woke difundida  desde California. En principio, un puritanismo antihedonista que pretende liberar de la sexualidad al ser humano —¡hay que ser idiotas!— devaluando el cuerpo. Ideología queprospera, dice J. M. de Prada, en el ambiente de la era de la demencia digital.[28]

  Producto del puritanismo “antifascista” de la corrección política imperante en la inmadura “República imperial” (R. Aron), exportadora de rentables tonterías patológicas como la de igualar a los necios con los listos mediante la political Correctnes —la suplantación de la realidad por la mentira––, lo ha hecho suyo el neomarxismo cultural, que, de Marx, un pensador serio, tiene sólo el nombre.

Ese neomarxismo ficticio reconoce por boca de Th. Piketty,  entusiasta de la fiscocracia, que “los pobres no votan ya a la izquierda”, que suele ser la opción preferida por los idiotas fascinados por el mito de la justicia social que legitima y alienta a los robolucionarios. En USA, donde adaptó Saul David Alinsky el marxismo-leninismo, revive con los Black Lives Matter en su versión leninista-nazi, que sustituye la clase por la raza. Subvencionado —como ocurrió en la URSS y en la Alemania nacionalsocialista— por grandes empresarios, financieros y multinacionales atraídos por la rentable estupidez de moda del vacío hiperindividualismo woke carente de principios. Es una manera de arruinar las odiadas clases medias, controlar la economía y establecer un Nuevo Orden Mundial. Escribe Cavanaugh: “La ideología de ‘un solo mundo’ sólo beneficia realmente a quienes poseen el capital, que puede moverse libremente a través de las fronteras”. Con motivo de la pandemia del coronavirus se habló, y se sigue hablando, de un contubernio político-mediático-farmacéutico para hacer negocios multimillonarios aprovechando la estolidez ambiental. Por eso se empieza a decir plandemia en vez de pandemia.

                                                 ***

¿Remediará la IA, inteligencia artificial, la revolución permanente de la religión de Koalemos que lleva a la humanidad hacia el entontecimiento y la servidumbre universal, o será el remedio universal para que todo el mundo sea definitivamente un idiota incurable? La historia magister vitae tradicional dejaría de ser una obra de arte (Ranke) y la nueva historia sería por fin el relato de las peripecias de los koalemitas.

[1] Los temores de Tocqueville se han cumplido. Vid. el diagnóstico de Th. Molnar. El Modelo Desfigurado.Los Estados Unidos desde Tocqueville a nuestros días. México, Fondo de Cultura 1980.

[2] J-P. Brighelli,  ”Pédagogisme: comment l’école est devenue une fabrique à crétins”. Marianne.com (25. XII. 2021). La moda pedagógica consiste en fomentar lo emocional e investigaciones absurdas en vez de enseñar y formar a los alumnos. En Grecia y Roma, se llamaba imbécil a quien caminaba vacilando por carecer de báculo.

[3] Vid. Mes années folles. Révolte et nihilisme du peuple adolescent après Mai 68. Un buen resumen en eldebate.com (23. IX. 2023).

[4] Propaganda oder der Mythos der Demokratie. Bad Schussenried, Hess Verlag 2022.

[5] El teórico de propaganda moderna. Edward Bernays (1891-1995), sobrino de Freud, hizo de las relaciones públicas un método para “fabricar el pensamiento”.

[6] Karl Steinbuch publicó en 1966 Die Gesellschaft informierte. Geschichte und Zukunft der Nachrichtentechnik (La sociedad informada. Historia y futuro de la técnica de las noticias. Stuttgart, Deutsche Verlagsanstallt) sobre la necesidad de que la sociedad esté suficientemente informada. En 1989, publicó Die Gesellschaft desinformierte (La sociedad desinformada, Stuttgart, Deutsche Verlagsanstallt) advirtiendo que la abundancia de noticias destruía la educación, cuyo desastre predijo, y desconcertaba a la opinión. En 1992, publicó Kollektive_Dummheit. Streitschrift gegen den Zeitgeist (El entontecimiento colectivo. Escrito polémico contra el espíritu del tiempo). Munich, Herbig Verlag 1992.

[7] Vid. Chantal Delsol, La fin de la chrétienté, París,  Éditions le Cerf 2021.

[8]   Sobre la estupidez (1937). Erdmann. Prólogos de F. Duque y R. Breeur. Madrid, Abada Ediciones 2018.  P. 74..

[9] Vid. Aventuras de las ideas. Barcelona, José Janés 1947.

[10] Vid.  Pedro de Tena, “La ‘batalla cultural’ vista por un ex agente secreto soviético, ahora en un videojuego”. Libertad digital.com (8 IX.2020).

[11] Sobre la decadencia del pensamiento, quizá exagerada, salvo en el bastante sovietizado pensamiento político,  M. F. Sciacca, L’oscuramento dell’intelligenza. 2ª ed. Milán, Marzorati 1971. A. Finkielkraut, La derrota del pensamiento. Barcelona, Anagrama 1987. C. Castoriades, El ascenso de la insignificancia. Universitat de València, 1998. A. Glucksman hacía responsable al postmodernismo en El poder de la estupidez (1985). Barcelona, Crítica 2010. Giancarlo Livraghi La estupidez. Ideologías del postmodernismo. Barcelona, 3ª ed. Península 1997. Sobre la relación del postmodernismo con el giro del socialismo hacia ideologías típicas de la cretinocracia que Sloterdijk llama modales, St. R. C. Hicks, Explicando el postmodernismo, la crisis del socialismo. Buenos Aires, Barbarroja 2014. Lo postmoderno aparece, se burlaba Ernst Jünger, cuando una mujer se pone un sombrero nuevo. La moda, que es con frecuencia una falsificación de las costumbres, es también muchas veces la cuna de la estupidez, pues se prefiere la estupidez de moda a la sabiduría pasada de moda.  

[12] Koalemos era también el dios de los locos y  no escasean los dementes. Alain de Benoist generaliza y considera dementes a los estúpidos en “Los locos se han hecho con el poder”. ElManfiesto.com (11. VIII. 2021).

[13] Vid. Y. Couceiro, “La superioridad moral de los necios”. Latribunadelpaisvasco (13. IX. 2018).  

[14] “La internacional”. Eldebate.com (19. III. 2024). Una nación en que se vota al comunismo en el siglo XXI es una nación de idiotas de los que se aprovechan los listillos.

[15] Vid. F. Jiménez Losantos, “De la América Latina a la América Soviética”. Libertaddigital.com (26. XII. 2021). La América Soviética venera como santos a Fidel Castro y Hugo Chávez, redentores definitivos de la humanidad. Santo significa perfecto.

[16] “Cuando en España desapareció la dictadura por fallecimiento de su titular, se hicieron patentes las distintas especies de tontos”. R. Moreno Castillo, op. cit. II, p. 38.                                                                                                                                 

[17] Pereció también la regla fundamental de Montesquieu: «El impuesto sobre los bienes es el impuesto de la libertad. El impuesto sobre las personas es el impuesto de la servidumbre».

[18] Op. cit. P. 83. Ley inutilizada recientemente por la obra de Miguel Platón, La represión de la posguerra. Madrid, Actas 2023

[19] Reinstaurar no es restaurar. La primera Reinstauración fue la de Fernando VII, la segunda la de Alfonso XII y la tercera la de Juan Carlos. A la verdad, hubo una cuarta fugaz, la de Amadeo de Saboya, que implicaba un cambio de dinastía.

[20] Los errores del cambio. Barcelona, Plaza & Janés 1986. V, 8, pp. 94ss.

[21] J. Laguna, “Fachas… son los demás”. El Mentor. Observatorio político, social y cultural español (12. III. 2024).

[22] Vid. la parodia de Sertorio, del gobierno de los imbéciles “Habla Radio Moscú”. ElManifiesto.com (30. XII.  2021).

[23] Vid. Manicomio de verdades Remedios medievales para la era moderna. Madrid, Encuentro 2021. Una causa principal es la pedagogía progresista, que prima la emotividad. Las pasiones en marcha que decía Bertrand de Jouvenel: la envidia, la igualdad, el resentimiento, …

[24]   Sobre el saintsimonismo, L. Picon, Les saint-simoniens. Raison, imaginaire et utopie. París, Belin 2002.

[25] «Si no se pareciera tanto la estupidez al progreso, el talento, la esperanza o la mejora, nadie querría ser estúpido». R. Musil, op. cit. P 53.

[26] J. Heat y A. Potter, Rebelarse vende. El negocio de la contracultura. Madrid, Taurus 2005. 6.

[27]  Alicante, Editorial Eas 2021. Cf. J. Revés, “Los demonios del bien”. Centinela. La Revista de la nueva contracultura.com (29. XII. 2021).

[28] Vid. el diagnóstico de B. Sinclair,  “Siete signos del virus woke”. ElManifiesto.com (23. XII. 2021). Sobre su origen, J. Bilbao, “El verdadero origen de la ideología «woke»”. lagacetadelaiberosfera.com (1. X. 2023). A. Wendt, Verachtung nach unten. Wie eine Moralelite die Bürgergesellschaft bedroht und wie wir sie verteidigen. Munich, Olzog 2024.
  

martes, 21 de mayo de 2024

La revolución religiosa de Koalemos (I)


“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes llenos de dudas” Bertrand Russell


Dalmacio Negro

“El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes llenos de dudas”, decía Bertrand Russell. Es la causa del éxito de la revolución en marcha en Occidente, en realidad una contrarrevolución, para instaurar la religión de Koalemos. Un dios muy importante desde el origen de los tiempos, pero relegado a la oscuridad por otros dioses. Stultorum infinitus est numerus decían ya los sabios en la antigüedad, la población se ha multiplicado desde entonces y con la ayuda de los fieles al dios, cuyos sacerdotes son los políticos, aumenta la estupidez.[1] Si triunfase esta gran revolución contrarrevolucionaria, la humanidad tendría por fin una sola religión, la más adecuada la naturaleza humana pues  reinaría la paz perpetua y sería  feliz.                  

Lo que sigue son elucubraciones muy someras sobre tan interesante tema para intentar entender los grandes cambios que se avecinarían en un mundo donde  las redes sociales difunden universalmente la estupidez según Umberto Eco. La parte  del mundo llamado occidental parece estar ya en trance de devenir una tontosfera asentada además en la corrupción (del latín corrumpere, destruir completamente). Y es que la Historia está llena de sorpresas. Por eso es divertida, decía Ortega.

1.- “Vivimos en tiempos de locura colectiva”, escribe Douglas Murray al comenzar La masa enfurecida. Cómo las políticas llevaron al mundo a la locura.[2] El momento actual es mucho más revolucionario y universal que la Gran Revolución Francesa. Es tan anormal,[3] que ha devenido normal hablar del comienzo del reinado del Anticristo —la Jerusalén terrenal—, del Apocalipsis, de la Gran Tribulación o, simplemente, del fin del mundo. Contribuyen a estos pronósticos la pandemia real o supuesta o el mito cientificista del cambio climático en el que cree hasta el singular papa jesuita Francisco, “fascinado, dice Chantal Delsol, por la religión ecologista y el humanitarismo post cristiano”.

Pero, como advertía Polibio (200-118 a. C.), no se deben atribuir a intervención divina acontecimientos de los que cabe descubrir las causas que explican su origen y su fin. Es, pues, más pertinente relacionar el desconcierto existente con el hecho de que las sociedades democráticas que se consideran “liberales”,  están empezando a ser, o son ya, plutocracias oclocráticas gravemente estúpidocráticas, debido a la crítica autodestructiva de las costumbres, los usos, la historia, las tradiciones religiosas, morales y políticas por el individualismo hipermoderno heredero de la consigna de los jacobinos franceses que proclamaron 1789 —legalmente en 1792— el Año Cero de la nueva historia del hombre liberado del pasado. La combinación de las políticas “identitarias” del multiculturalismo de moda, que confunden las diferencias naturales con la “diversidad” —la colectivización de la idiotez— puede ser la mejor explicación del suicidio revolucionario de la civilización occidental al devenir multiconflictiva la sociedad multicultural desencadenando guerras intraestatales, de momento culturales.

2.- Voltaire fundó la filosofía de la historia pero no entendió su sentido profundo. Decía, que la estupidez  es «una enfermedad extraordinaria», propia de narcisistas incapaces de percibir su estupidez. Con la particularidad de que, como «no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás», es socialmente más peligrosa que el dominio de los malvados. Porque, la observación es también de  Ortega, “el malvado descansa algunas veces; el necio jamás”. Efectivamente, el tonto, personaje inconfundible con el inculto y el ignorante,[4] no tiene límites. Lo confirmaba Einstein: “La diferencia entre la estupidez y el genio consiste en que el genio tiene límites”. Constatación supercientífica por quien la hace, que excluye a la gente normal, que se guía por el sentido común, el mayor enemigo de la estupidez. Una razón para que intenten los estúpidos extirparlo cuando consiguen el poder, pues el estúpido es un egoísta intelectual intolerante, engreído y fanfarrón. De ahí la quinta regla del manualito de Cipolla —“la persona estúpida es la más peligrosa que existe”— acorde con Moreno Castillo.[5]

A los pesimistas Voltaire y Ortega les faltó añadir que los estúpidos, si tienen poder, se convierten fácilmente, sin darse cuenta, en canallas. Corrompen instintivamente la cultura —la peor de las corrupciones— para afirmarse en el poder, como está ocurriendo en este momento, en que los tontos encanallados pervierten a los niños argumentando que “los hijos no son de los padres”,[6] dándole la razón a Unamuno, para quien “el tonto es avieso, envidioso, mezquino”.  

3.- Se dice que la estupidez humana es una constante matemática. Observando su presencia en todas partes, Flaubert dictaminó en la novela inacabada Bouvard et Pécuchet,  que  “la estupidez es el enemigo”.[7] Realidad que suelen olvidar los historiadores: un dato importante en la historia es la lucha de Koalemos contra el sentido común como descubrió Hanlon algo tardíamente aunque no faltan antecedentes antiguos. No obstante, hay que distinguir la estupidez normal en la vida corriente, en la que todos hacemos tonterías, de la estupidez, mucho más grave, de las clases dirigentes. La primera, inofensiva colectivamente, puede ser un tema literario, teatral o del cine, que le ha dado rango de arte con Chaplin, Stan Laurel y Oliver Hardy, Jerry Lewis, etc. La segunda es revolucionaria: convierte la simple estupidez, con la que hay que contar siempre, en una enfermedad sumamente contagiosa y peligrosa que destruye los pueblos que padecen gobiernos estúpidos infectados por la ideología como una forma mentis —“las ideas tiranizan al que tiene pocas” (Gómez Dávila)—, o, sencillamente, porque los estúpidos se han hecho con el poder aupados por la masa de necios con la colaboración, no infrecuente, de negociantes que se aprovechan de la estupidez ajena. El hombre-masa de Ortega es el individuo normal contagiado de estupidez dirigido por los avispados que explotan a las masas. “Los que más han favorecido y alimentado la Estupidez del pueblo son los que han sacado mayor provecho”, decía Jean Paul Richter en 1782.[8]

Decía Oliverio Cromwell: «Un hombre nunca va tan lejos como cuando no sabe a dónde va» y el gobierno de los estúpidos es una inversión revolucionaria de las jerarquías naturales. «El que es necio servirá al sabio» (Proverbios 11, 29). La inversión del orden jerárquico en la vida pública constituye la causa de que sea hoy la estupidez colectiva un fenómeno en expansión, descrito como infantilización por los preocupados por la difusión e intensidad del fenómeno en la vida corriente.[9]

4.- El mayor peligro de la estupidez (de stupidus, aturdido) consiste en que no es totalmente incompatible con ser “listo”, palabra de origen incierto que podría estar relacionada con la alemana List, astucia. «La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida, escribe Carlo M. Cipolla, es independiente de cualquiera otra característica de la misma persona».[10] “Toda forma de inteligencia tiene su forma de estupidez” decía Robert Musil. El estúpido puede ser inteligente, pero desconectado de la realidad, por ejemplo por la ideología[11] o las redes sociales, tiende a vivir en la irrealidad. Una causa frecuente es la vanidad, pasión frecuente en los políticos observó Thomas Hobbes. La soberbia es “un hada que satisface todos los deseos del idiota”, sentenciaba J. P. Richter. Pero, aunque el político no sea idiota, la vanidad desvía u oscurece con frecuencia la inteligencia y el inteligente vanidoso aspira a ser lo que no es y actúa estúpidamente  causando desastres colectivos.

Por otra parte, es una ley antropológica, que a los idiotas les gusta la compañía de idiotas. Y debido al gran número de políticos que requieren la democracia —¿existe tal cosa?— y la burocratización en los gobiernos estatistas —prácticamente todos— apoyados o elegidos por la masa de los estúpidos, cabe hablar hoy del predominio del “género idiota” en la vida política. A los carreristas políticos  listos o imbéciles de la demagogia que se presenta como democracia, no les importa promocionar a estúpidos manipulables o hacerse pasar ellos mismos por estúpidos, si les conviene para atraer a los tontos.  El resultado es que casi todos los gobiernos están en manos de demagogos, cuyo “secreto”, decía hace más o menos un siglo  el crítico del periodismo Karl Kraus, «consiste en hacerse tan estúpidos como su público para que se crean que son inteligentes como ellos». Lo que incrementa la estupidez ambiental.

Se suma que, en todo orden político, existe siempre, decía Wilfredo Pareto, una elite política y económica, una oligarquía, la forma real de todo gobierno como mostró Gonzalo Fernández de la Mora en La partitocracia.[12] Y puesto que el idiota (de idiotes, ιδιωτης) es el mejor amigo de sí mismo, la estupidez con poder político y cultural es muy rentable para las oligarquías económicas, sobre todo, si va unida a la falta de escrúpulos y a apelaciones emotivas al humanitarismo. Eso explica, por ejemplo, que los gobernantes herodianos y los innumerables lerdos que pueblan la tierra, promuevan o consientan la vesania del aborto —el mayor, con mucho, de los genocidios— y la eutanasia —otro futuro genocidio— por motivos humanitarios, que benefician sólo a los negociantes. Wer Menscheit sagt, will betrügen!, quien apela a la humanidad quiere engañar, decía Carl Schmitt.

5.- La decadencia de Europa, víctima del consenso político partitocrático entre las oligarquías, lo contrario del consensus omniun de Cicerón, el consenso social determinado por el êthos que unifica los pueblos, es innegable. “No hay nada que adoren más nuestras élites que el consenso: los gobernantes de la Europa institucional creen ciegamente en él, porque piensan que la política es una ciencia, denuncia inútilmente Chantal Delsol.  El cientificismo del consenso político partidocrático ha conseguido que estén casi todas las naciones europeas en manos de necios, gentes infantiles, incluso por su edad, sin que falten resentidos, malvados, delincuentes, que invocan el humanitarismo descrito por R. H. Benson en 1907 en la novela apocalíptica Señor del mundo.[13]

La decadencia europea suele compararse con la del Imperio Romano de Occidente. Se aducen diversas causas. Philippe Fabry sostiene, combinando las interpretaciones de Mijaíl Rostovtzeff y Montesquieu, que la causa principal fue la pérdida de la libertad. El principio,  ley o navaja de Hanlon —“no se debe atribuir a la maldad lo que es casi siempre consecuencia de la estupidez”—[14] podría completar la explicación.[15] La experiencia histórica enseña, que los hombres se vuelven estúpidos cuando decaen sus civilizaciones y la decadencia de la libertad pudo tener que ver con la intensificación de la estupidez colectiva. Ortega lo recordaba utilizando precisamente el ejemplo del Imperio Romano cuyas oligarquías dirigentes degeneraron en castas decadentes. Ocurrió en la URSS y está ocurriendo en la UERSS (Unión Europea de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

6.- No es difícil explicar por qué deviene la estupidez un fenómeno colectivo ni su intensificación. La frase mencionada más arriba stultorum infinitus est numerus está escrita nada menos que en el Eclesiastés (1, 15). Su traducción latina en la Vulgata de San Jerónimo es discutida. Pero coincide con la frase del pagano Cicerón stultorum plena sunt omnia, “todo está lleno de necios”, en la Epistola ad familiares (9. 22. 4). Asertos corroborados también por Albert Einstein con su autoridad: «Hay dos cosas infinitas: el Universo y la imbecilidad humana, pero yo dudo de la primera».  Lo prueba en este momento la intensidad de la politización impulsada por la ideologización —hasta “lo personal es político”—, que promociona la estupidez para sustituir a la religión, el antídoto por antonomasia contra la estupidez al preservar el sentido común. Pues la excepción que confirma la regla son justamente los fundadores religiosos de las civilizaciones, que, sabedores de lo que decían el Eclesiastés, Cicerón y otros sabios, querían cambiar la condición humana. No es raro que se haya convertido el psiquiatra, sustituto laico del confesor, en el médico de cabecera al migrar la fe en Dios al Estado y al mercado como dice Cavanaugh.

La politización, que sustituye la religión por la política, afecta en primer lugar a las clases dirigentes. Obnubiladas por “los anticuarios de la ideología” (Gregorio Morán) y el humanitarismo maternal de las bioideologías feministas —las mujeres como la clase oprimida según la fe marxista/leninista— empieza a ser tan evidente como la influencia de la propaganda, no menos humanitarista, y, cabría añadir, misericordiosa sin dejar de ser destructiva, de los media, el cuarto poder.Decía Gómez Dávila en uno de sus famosos escolios: «La compasión, en este siglo, es arma ideológica». Arma fácil de manejar hasta por los más estúpidos, la utilizan gobernantes y negociantes para atraer y convencer a las masas —el “ser social” del marxismo— que explotan. La compasión, que es sentimental, está bien, pero no es lo mismo que la caridad.

7.- Uno de los problemas de las “sociedades opulentas” (J. K. Galbraith) actuales consiste, efectivamente, en la alianza entre las élites políticas y económicas en la época en que La rebelión de las masas (Ortega) coincide con La rebelión de las elites y la traición a la democracia (Chr. Lasch).[16] Alianza que explica, que monopolice la política, no sólo el individuo manqué, que, decía Michael Oakeshott, empezó a tener popularidad y seguidores en la época moderna, cuando se constituyó el nuevo estamento de los políticos al afirmarse el Estado como la forma de lo Político, sino también el eterno estamento de los idiotas. Contra el primero, clamaba ya el jesuita Pedro de Ribadeneyra en su Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados. Contra lo que Nicolás Machiavelo y los políticos de este tiempo enseñan (1595). Contra el segundo, mucho más numeroso, atestiguaba Richter en el ensayo citado en que se hace pasar por portavoz de la Estupidez como “el remedio universal largo tiempo buscado contra todas las enfermedades”.[17]  “Los engendros han jugado un papel en nuestras revoluciones”, observó Chateaubriand.

[1] Coalemo, (en griego Κοάλεμος, en latín ​ Coalemus) era el dios griego de la estupidez. Hijo de la diosa Nyx (Nox en Roma), la diosa de la oscuridad, hija del Káos y muy temida por Zeus, protegía a los   imbéciles y los  tontos. Sus rivales decían que era mentiroso, astuto y malévolo.

[2] Barcelona, Península 2020. La primera frase del libro.

[3] Vid. G. Steingart, Das Ende der Normalität: Nachruf auf unser Leben, wie es bisher war. Munich, Piper Verlag 2011..

[4]El famoso sabio conde de Keyserling gustaba conversar con los pastores de Gredos y el Baztán, que consideraba entre los hombres más cultos del mundo.

[5]C. M. Cipolla,Las reglas fundamentales de la estupidez humana. Barcelona, Planeta 2013. R. Moreno Castillo, Breve tratado sobre la estupidez. Madrid, Fórcola 2018.

[6] ¿Son res nullius o bienes del Estado? Si son del Estado, ¿copula el Estado?

[7] Vid. P. de Tena, “Lugares comunes de la estupidez humana para reírse amargamente con Flaubert”. libertaddigital.com (27. XII. 2021). Estudios sobre la estupidez: Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam (1466-1536) es un clásico. R. Musil, Sobre la estupidez. Erdmann. Prólogos de F. Duque y R. Breeur. Madrid, Abada Ediciones 2018. H. L. Mencken, Prontuario de la estupidez humana. Barcelona, Martínez Roca 1992. A. Glucksmann, La estupidez. Ideologías del postmodernismo. Barcelona, 3ª ed. Península 1997. P. Tabori, Historia de la estupidez humana (1999). En Internet. G. Livraghi, El poder de la estupidez (1985). Barcelona, Crítica 2010. L. Jerphagnon, ¿La estupidez?  Veintiocho siglos de opiniones sobre la estupidez. Barcelona, Paidós 2011. J. P. Richter, Elogio de la estupidez (1782). Madrid, Sequitur 2012. R. Schack, Zeitalter der Idiotie. Wie Europa seine Zukunft verspielt. Berlín, Das Neue Berlin 2023. Peter Hahne, sin duda un nazi, incita a rebelarse contra la idiotez, de la que culpa a la ideología, en su librillo Ist das euer Ernst?!Aufstand gegen Idiotie und Ideologie. Colonia, Quadriga Verlag 2024. Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam

[8] Op. cit. P. 102.

[9] Vid. J. Benegas, La ideología invisible: Claves del totalitarismo que infecta a las sociedades occidentales. Independently Publiished 2020.

[10] Las reglas fundamentales de la estupidez humana. Barcelona, Planeta 2013. 1, p. 22.  

[11] La Asociación de matemáticos norteamericanos ha declarado racistas las matemáticas. Dreuz.Info.com (10. X. 2020).

[12] Reed.  Fuenlabrada, NSD Editores 2024:

[13] Madrid, Palabra, 3º ed. 2015. Es curioso que el papa Francisco recomiende este libro, publicado en 1907, que recuerda la religión de la Humanidad de Comte, una religión del sentimiento. Por ejemplo, el himno de la Nueva Fraternidad  —“Señor que habitas tierra y mares”…— combina sentimientos y emociones que exaltan el humanitarismo.

[14] Ph. Fabry, Rome. Du libéralisme au socialisme. Leçon antique pour notre temps. Paris, Jean-Cyrille Godefroy 2014. Rostovtzeff, Historia social y económica del Imperio Romano (1926). Madrid, Espasa Calpe 1981.

[15] R. Moreno Castillo apostilla con razón, que es más dañina la estupidez: «la estupidez es más dañina que la maldad porque es más fácil luchar contra la segunda (porque actúa con una cierta lógica), que contra la primera (que carece de ella). Con un malvado se puede dialogar e incluso convencerle de que podría ser mucho más feliz convirtiéndose en una buena persona. Un estúpido, en cambio, es invulnerable a los razonamientos. Si pudiéramos suprimir la maldad en el mundo sería un poco mejor. Pero si pudiéramos suprimir la estupidez, el mundo sería muchísimo mejor». Intr. p.18. La estupidez es como un pecado. Vid. H. Conrad Zander, “La estupidez es pecado”.

[16] Vid. W. T. Cavanaugh, Migraciones de lo sagrado. Dios, Estado y el significado político de la Iglesia. Granada, Nuevo Inicio 2021.

[17] Op. cit. P. 19
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sábado, 27 de abril de 2024

El mito del Estado de Derecho y el nihilismo jurídico (III)


Macron


Dalmacio Negro


17.- La disputa con el positivismo jurídico, cuando sus leyes contradicen a las leyes naturales, es muy antigua en la civilización occidental. Es célebre el relato de Sófocles (491-406 a.C.) en Antígona del diálogo entre la protagonista, Antígona, que quería enterrar a su hermano Polinices, y Creonte, Rey de Tebas, que había prohibido darle sepultura. A la pregunta de Creonte, “¿te atreviste a transgredir estas leyes?”, respondió Antígona: “No fue Zeus… el que decretó esto, ni la Justicia que cohabita con las divinidades… No pensaba yo que tus proclamas… siendo mortal, pudieran pasar por encima de las leyes no escritas y firmes de los dioses”.  Cicerón (106-43 a. C.) afirmaba  en De Republica: “La verdadera ley es una recta razón congruente con la naturaleza, general para todos, constante, perdurable, que impulsa con sus preceptos a cumplir el deber, y aparta del mal con sus prohibiciones…”.  San Pablo escribió en el capítulo 2º de la Carta a los Romanos: “Siempre que los gentiles que no tienen la ley cumplen los preceptos de la ley, son ley para sí mismos, ya que demuestran que tienen escrita en sus corazones la norma de conducta puesta en la ley, teniendo por testigo su conciencia”.


18.- San Agustín (354-430) llamaba ley eterna en Contra Faustum (XXII, 27) a “la razón divina o voluntad de Dios, que manda conservar el orden natural y prohíbe perturbarlo” y se llama ley natural desde santo Tomás de Aquino “la participación de la ley eterna en la criatura racional” (Summa theológica. 1ª. 2ª, q. 91, a. 2). Romano Guardini decía, que lo que constituye la esencia del cristianismo, como lo peculiar y exclusivo de él, que no se da en ninguna otra religión, es la distinción entre la «razón natural» y la «razón creyente». Formas de la razón  que no son opuestas sino complementarias. El hombre es un ser religioso por naturaleza y la razón creyente perfecciona el Derecho conocido por el sentido común de la razón natural.


      La moralidad utilitarista dominante, acentuada por la mentalidad economicista, es en cambio un problema, pues el utilitarismo es de suyo enemigo del Derecho, que impone limitaciones al poder. Escribe John Breuilly: «Si las limitaciones fueran producto de la utilidad y/o de circunstancias históricas determinadas, no se las podría defender como principios y dejarían de tener vigencia en cuanto cambiaran el cálculo utilitario o las circunstancias. Por el contrario, si la limitación era una cuestión de principios, surge el problema de definir e imponer los principios al Estado sin menoscabar por ello su soberanía».[1] Como ideal, el Estado de Derecho recordaba, y sigue haciéndolo como una ficción útil, que el poder tiene que ser limitado. Después de la Gran Guerra de 1914 dejó de ser un ideal, transformándose tras la siguiente en un típico mito político. La libertad, que no garantiza ya el Derecho, bien por nacionalismo exclusivista, bien por cosmopolitismo, bien por economicismo, bien por el auge del nihilismo y, con él, de la voluntad de poder, es hoy el gran problema existencial.


19.- Resumía Álvaro d’Ors: «El pensamiento estatal moderno, la teoría “política”, que depende fundamentalmente de la griega, ha sentido siempre repugnancia ante una autoridad que no se confunda de algún modo con la potestad».[2] La revolución sustituyó la religión tradicional por el culto deísta al Ser Supremo o la Razón y atribuyó al pueblo —en realidad a la Nación Política, una fracción de la Histórica—, representado por el Parlamento, en tanto depositario de la Razón Universal, la auctoritas eclesiástica como si fuese la Rational Will de Michael Oakeshott.[3] El Parlamento como portavoz de la voluntad general de Rousseau, se consideró la fuente de la Justicia y el Derecho según la verdad del orden estatal  y se instituyó la República de derecho divino: «Republicanos franceses, ¿no ha sido el Ser Supremo, decía su apóstol Robespierre, el que decretó la República desde el comienzo de los tiempos?». 


 La Republique en que se confunden la autoridad y el poder, sacralizó la potencia de la Ley emanada de la supuesta opinión pública y comenzó la destrucción del sentido común mediante la Legislación. Había escrito el marqués de Sade: «La ley sólo existe para los pobres; los ricos y los poderosos la desobedecen cuando quieren, y lo hacen sin recibir castigo porque no hay juez en el mundo que no pueda comprarse con dinero». Y la Legislación impone a los jueces que no se venden, cómo han de interpretar el Derecho. El mismo Montesquieu reconocía en El espíritu de las leyes (XI, VI), que los jueces son una “mere bouche qui prononce les paroles de la loi” (una boca que pronuncia las palabras de la ley).  Eso preparó el camino para la destrucción del Derecho, su reducción a la política jurídica que obliga a los tribunales de los gobiernos burocráticos más o menos totalitarios a adoptar decisiones ideológicas. Hasta en la liberal Inglaterra se persiguen los delitos de pensamiento, entre ellos, el de rezar ante las clínicas abortistas.   Sorprende que sea posible ir a la cárcel por crímenes de pensamiento o de expresión. Pero hasta la cultura es hoy objeto de la Legislación. El lenguaje inclusivo es sólo un ejemplo. 


20.- El Estado de Derecho y el Rechtsstaat recuerdan ciertamente, que el poder tiene ser limitado. Después de la Guerra civil europea de 1939-1945  se intensificó la politización, los gobiernos se hicieron tecnocráticos y el postmodernismo y las ideologías progresistas, que centradas en sus fines se desentienden de las personas individuales, la crisis cultural y la descivilización, en suma, el nihilismo, han degradado, o están degradando, el Estado de Derecho de ideal o mito a fantasía.


Los Estados de Derecho son hoy, en puridad, Estados Totalitarios. Eufemísticamente se suele decir Autocráticos. No es demasiado exagerado afirmar, que el Derecho —la Legislación— es hoy die Hure der Politik, la prostituta de la política. Bajo la inspiración, quizá, de la famosa máxima de Orwell “quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado”, se legisla sobre el pasado, el presente y el futuro, sobre lo divino y lo humano incluyendo a los animales, para concienciar al pueblo, al que se supone idiota o malvado, normativizando la conducta.[4] Se parecen cada vez más a la URSS, donde la  política jurídica suplantaba al Derecho. El “terror disfrazado de ley” se decía en la URSS. Su fundamento era, según el jurista nacionalsocialista H. A. Grunsky, la reducción del Derecho por Benito Espinosa, quien reconocía deber mucho a Francisco Suárez, a mero poder. Actualmente, la political Correctness de origen norteamericano limita, condiciona o  prohíbe con diversos pretextos la libertad de expresión. Ernst Jünger se percató  hace tiempo, de que «el Derecho  se ha convertido en un arma».


21.- Con independencia de su contenido, las innumerables leyes, decretos, etc. que produce la Legislación que sustituye al Derecho, politizan la esfera personal y humana regulando hasta la intimidad: vidas, haciendas, hijos, parientes, enfermedades, vicios, lenguaje, etc. Incluso el género: es el caso de la “mujer registral” de que habla Hughes: si un hombre se siente mujer y se inscribe como tal en el Registro civil, tiene que ser tratada como una mujer. Si un juez duda de sus sentimientos, puede incurrir en el delito de  prevaricación. Derecho y ley, dice Peter Sloterdijk,  no son ya más que otros nombres para los caprichos de los gobernantes. «La ley —“la razón sin pasión” (Aristóteles)— es, decía el jurista italiano Calamandrei, la última frontera de protección de los ciudadanos». Era. «Los seres humanos, escribía Jünger en La emboscadura (1951),[5]  están insertos de tal manera en colectivos y constructos, que se encuentran muy indefensos». Recomendaba a quienes se sintiesen o quisieran ser libres, refugiarse en los  bosques, que se encuentran incluso en las ciudades. La ley ha devenido un instrumento para condicionar o determinar la conducta y el Estado de Derecho un mito de la propaganda política. [6]


22.- Decía ingenuamente Hayek, que “bajo el Estado de Derecho … son libres los individuos para perseguir sus objetivos y deseos, con la garantía de que los poderes del gobierno no se usarán deliberadamente para frustrar sus esfuerzos”. No cayó en la cuenta de la naturaleza del Estado y la Legislación, cuya consecuencia es, a medio o largo plazo, el nihilismo jurídico carente de ethos y de nomos, en el que impera der Wille zur Macht, la voluntad de poder de Nietzsche. Una respuesta al pesimismo, la “forma preliminar” del nihilismo decía el filósofo alemán. Pesimismo que nace del sentimiento de carencia movido por el resentimiento. In politicis, se manifiesta como lo que llamaba Jesús Fueyo “la erótica del poder”.


        Tras la muerte o ausencia de Dios, al faltar las verdades objetivas que justifican los juicios morales, el único criterio del relativismo es el poder, como ha mostrado la “teoría crítica” y la ética utilitaria sin religión da paso a la amoralidad, una patología del corazón diría quizá Pascal. En ese contexto, es  natural que proliferen los psicópatas y orates en el mundo político. Su consuelo, o su vanidad, que, decía Hobbes, es un achaque frecuente del político, se satisface ejerciendo destructivamente el poder. «El declive de la fe religiosa, dice el famoso psiquiatra Theodor Dalrymple, conduce a un aumento del nihilismo». “La disposición del alma, según Walter Schubart, de los que reconocen que no existe el mundo que debería ser, mientras el que es, no debería existir”. La situación histórica en la que el fantasioso Estado de Derecho es el nuevo Minotauro de Bertrand de Jouvenel.[7] 


Ante el panorama de la entreguerra y la apropiación del Estado por el nacionalsocialismo, publicó Heinrich A. Rommen Die ewige Wiederkehr des Naturrechts (El eterno retorno del Derecho Natural) en 1936. Y muchos juristas intentan desde entonces vincularlo con la Legislación para contener la expansión del Estado. Tarea inútil.[8] Lo intentó también Benedicto XVI en su famoso discurso en el Bundestag.[9] Se ha dejado de creer en la vida eterna mientras se intenta ‘naturalizar’ lo sobrenatural regulando legislativamentelo divino, lo sagrado y lo humano. La confusión sobre la naturaleza del Derecho y, por ende, del Estado de Derecho, llega al punto de que se tiene la impresión de que la Legislación, aunque sea tan nihilista que legisle contra la especie humana, es tan natural como el Derecho Natural, dándose el fenómeno de que el Derecho Natural se oponga al Derecho Natural.[10] “Cuando se construye un mundo sin Dios, se hace siempre contra el hombre” (H. de Lubac). 


23.- Tres ejemplos recientes sobre el desprecio del Derecho por la Legislación nihilista a la que ha abocado el positivismo jurídico. Legislación más “bestial” que el Derecho que denunciaba Jouvenel hace casi un siglo pensando en la soviética y nacionalista, que tenían por lo menos unos objetivos concretos: el triunfo del proletariado y el de la raza aria. 1) La Ley de 28 de marzo de protección de los derechos y el bienestar de los animales (Ley Belarra por su inspiradora), que protege más a las bestias que a las personas y la Ley de 28 de febrero (inspirada por la ministro o ministre Irene Montero) para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI. Leyes redactadas, por cierto, por analfabetos. 2)  La instauración en Francia del primer Estado Moloch  al constitucionalizarse el aborto: de estar despenalizado se convierte en un derecho fundamental contra el que no cabe la objeción de conciencia. El presidente francés Júpiter Macron, se envanece  de haber blindado el derecho a matar seres humanos, personas, demuestra la biología, con la complicidad de la gran  mayoría de los representantes de los franceses en la Asamblea y el Senado. Orates, psicópatas, feministos y feministas, piden ya que imite la Unión Europea a la dulce Francia. 3) Un tercer ejemplo del nihilismo jurídico es el empeño del dr. Sánchez, un mindundi egópata, quizá resentido,  más allá del bien y del mal, carente del más elemental sentido del Derecho y aspirante a tirano —es normal que vulnere protocolos, leyes y la Constitución,[11] lamentablemente sin oposición apreciable—, con la ley sobre la amnistía, que, por lo pronto,  liquida —no hay mal que por bien no venga— el sistema, devenido fatídico, de 1978. Esa ley modifica, rebaja o elimina  los  delitos de terrorismo, traición, cohecho y malversación de fondos públicos, para amnistiar a  delincuentes y separatistas ¡a fin de conseguir 7 votos que necesita para ser investido presidente del gobierno y seguir disfrutando del avión Falcon!, aunque sea a costa de disolver la Nación.[12] Si lo consigue, seguiría arruinándola como ha venido haciendo. Dados sus antecedentes como gobernante inútil, demagogo y, además, en la línea guerracivilista y de desgobierno de Zapatero, ¿por qué volvió a  investirle el rey? Hay que añadir, ciertamente a posteriori, el escándalo monumental de los negocios ilegales de sus amigos y quizá parientes. Hechos que, salvo acontecimientos imprevisibles, quedarían probablemente impunes como los del Gonzalato et alii por “razones de Estado”.


24.- Los ejemplos de los efectos de la concepción mecanicista del Derecho del mítico Estado de Derecho fundamentado en el contractualismo son infinitos. La frase de Tocqueville en La democracia en América, la Nación se ha convertido en «un rebaño de animales tímidos e industriosos cuyo pastor es el gobierno», es aplicable a pueblos como el español y el francés —no son los únicos—, que se limitan a contemplar el espectáculo, en vez de  invocar el ius resistendi contra los gobiernos nihilistas que los explotan y envilecen. Es lo que procede políticamente cuando las demás instituciones políticas y sociales pertinentes son cómplices o permanecen pasivas. Salus populi suprema lex esto.             


[1] Nacionalismo y Estado. Barcelona, Pomares-Corredor, 1990. Concl., p. 375.    


[2] Ensayos de teoría política. Pamplona, Eunsa 1979. “’Exousia’ en el Nuevo Testamento”.  


[3] Hobbes On Civil Society. Oxford, Blackwell 1975. I, II, p. 7


[4] Por ejemplo, en el Reino de España, con disparatadas, y delictivas, leyes guerracivilistas  como la de la “Memoria histórica”, ampliada como ley de la “Memoria Democrática”. Sánchez Cámara la rebautiza Ley de mentira antidemocrática, pues su contenido es ambas cosas. Otros prefieren “Ley de Memoria del Resentimiento antidemocrático”.  Una estúpida damnatio historiae también orwelliana: «si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco».  La decadente Iglesia española la aplica solícitamente, aunque el Derecho Canónico conserva todavía el sentido común y el del Derecho: leges respiciunt futura, non praeterita, nisi nominatim in eis de praeterita caveatur (Las leyes miran al futuro, no a lo pasado, a no ser que se haga en ellas nominalmente referencia al pasado). Curiosamente, esa ley liberticida desmiente el dicho, bastante cierto, de que la historia la escriben los vencedores. Hasta que la corrigen o rectifican historiadores serios.


[5] Barcelona, Tusquets 1988.


[6] Sobre la evolución del Estado de Derecho, M. Ayuso Torres, “El Estado de Derecho y sus metamorfosis”. Verbo, Nº. 615-616, 2023.


[7] A. Zerolo Durán, Génesis del Estado Minotauro. El pensamiento político de Bertrand de Jouvenel. Madrid, Sequitur 2013.


[8] Vid. M. Ayuso, “Las aporías presentes del Derecho  Natural  (de retorno en retorno)”. Verbo. Nº 437-438, 2005. La Legislación ha devenido francamente nihilista desde esta fecha. Los Estados son decididamente totalitarios y  el Derecho  Natural es un recuerdo. La Legislación se utiliza incluso contra la Constitución para satisfacer caprichos de los gobernantes y sus amigos o clientes o imponer el terrorismo fiscal. Un ejemplo flagrante es el del dr. Sánchez con sus decretos —una fórmula legal inventada por Napoleón III para utilizar la ley contra  la ley—, su ley de amnistía y el aumento continuo de los impuestos. Sobre el terrorismo fiscal en España, E. Inda, “Terrorismo fiscal”. OKdiario.com (17. III. 2024). Ruíz-Jarabo. “en España hace tiempo que fiscalidad y legitimidad circulan en sentido contrario”. La más grave corrupción en la historia de la Agencia Tributaria. Theobjective.com  (20. III. 2024). En el “Estado de Derecho” sanchista, empieza a ser normal, que, con la colaboración de la falsa oposición del partido popular, no se ejecuten las sentencias de los tribunales que afectan a los gobernantes o no interesa que se cumplan.


[9] Vid. el comentario del cardenal A. Mª. Rouco Varela, “¿Un nuevo retorno del derecho natural? A propósito del Discurso de Benedicto XVI en el Bundestag”. https://repositorio.sandamaso.es


[10] Cf.. el libro, de reciente aparición, editado por Miguel Ayuso,¿El derecho natural contra el derecho natural? Histori.a y balance de un problema. Madrid, Marcial Pons 2024.


[11] Para el dr. Sánchez, “la Constitución no es ya un límite, el Presidente ha comprobado que puede saltarse las reglas constitucionales”. F. de Carreras, “Como un castillo de naipes”. Theobjective.com (21. III. 2024).?  


[12] L. Mª Anson, “Los 7 escaños, a tanto la pieza”. El Imparcial.com. (19. III. 20024). 


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sábado, 20 de abril de 2024

El mito del Estado de Derecho y el nihilismo jurídico (II)


Es más fácil hacer leyes que gobernar

Tolstoi



Dalmacio Negro


9.- La época revolucionaria, que sigue su curso, comenzó con la Gran Revolución de la libertad, la igualdad y la fraternidad enemiga de la tradición, aunque liberó la Nación, el pueblo, de la Monarquía hereditaria. El principio de la igualdad empezó a imponerse sobre la libertad a fin de que todos fuesen ciudadanos y, sin más criterio que el de la utilidad, tiende al nihilismo jurídico. El mejor ejemplo es el asesinato legal del feto en aras de “la salud reproductiva”.[1] Liberado el poder de la sanción religiosa, se impuso el funcionalismo, el gobierno de los funcionarios que aplican el derecho estatal, la Legislación igualitaria que, paradójicamente, desiguala. El proceso acabó afectando incluso al arte, en el que, señalaba Antonio García-Trevijano, impera el ateísmo estético,[2] y la mentalidad revolucionaria ha invadido incluso a las iglesias cristianas excepto, por lo menos aparentemente a juzgar por los hechos, a la ortodoxa, más fiel a la tradición. 


10.- El cristianismo y el Derecho, al que ha hecho la fe cristiana aportaciones fundamentales, han ido de la mano en Occidente  desde los inicios de la era cristiana. La más importante es el reconocimiento del Derecho Natural, las normas ético-jurídicas no escritas de validez universal sólo entrevistas por griegos y romanos acordes con la naturaleza humana, como la fuente del derecho positivo.  Las leyes y normas que rigen o deben regir las acciones humanas libres, en que se inspira, o inspiraba, el derecho declarado por los jueces.[3] Un Derecho anterior  a todas las formas de lo Político puesto que el hombre es un ser libre.  La propiedad de los seres humanos que hace necesario el Derecho para restaurar el orden social cuando la libertad de unos perjudica la de los demás.


Al ser el Derecho Natural inherente a la naturaleza humana, es un principio jurídico elemental, que la ignorancia de las leyes  no exime de su cumplimiento. Pero como  el Derecho es comunitario, medio de comunicación,[4] el positivo no se “deduce” del Natural: es una “interpretación” del Derecho Natural teniendo en cuenta el bien común: el conjunto de los bienes particulares, cuya suma  convierte al conjunto de las familias en un todo orgánico, una comunidad política. Ahora bien, el principio elemental mencionado es hoy imposible de cumplir debido a multitud de leyes y normas existentes. La estrecha relación entre el Derecho y el Estado, somete al Derecho en la práctica al orden público. Y como «es más fácil hacer leyes que gobernar» (Tolstoi), el desarrollo infinito de la Legislación, contribuyó a la transformación del Estado, dueño absoluto del Derecho, en un Estado-iglesia Totalitario. Por ejemplo, en España, se han aprobado 414.272 normas desde el inicio de la transición. 286.459 por las comunidades autónomas.[5] Y hay que añadir la ingente legislación de la Unión Europea. En Estados Unidos, se calcula que las normas federales aprobadas entre 1949 y 2005 redujeron en unos dos puntos el incremento del Producto Interior Bruto (PIB). En la jungla legal medran quienes pueden pagar asesores competentes a costa del resto. Corruptissima res publica plurimae leges decía Tácito.


11.- El Derecho Natural presupone el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. «¡Vida, Libertad y Propiedad!» es un eslogan del presidente argentino Milei. Es decir, conforme al Derecho Natural, las personas prevalecen  sobre lo Político, una de cuyas formas es el Estado. Concepción estudiada, fundamentada y renovada por la Escuela de Salamanca, en la que era fundamental todavía el ius resistendi, el mayor límite humano al poder. El derechoa la insurrección—descartado expresamente por Hobbes—, cuando el gobierno viola los derechos naturales del pueblo para imponer su voluntad e implícitamente su idea de la moral. Como decía Frédéric Bastiat, que no era precisamente un iusnaturalista aunque inspiró la Encíclica Rerum Novarum según el sacerdote norteamericano Robert Sirico, a mediados del siglo XIX, “la ley es la organización del derecho natural a la legítima defensa”.


Pero el Derecho fue sustituido poco a poco en la conciencia jurídica por el pseudo Derecho estatal, que sometió también a los jueces que descubrían y declaraban con su autoridad el Derecho Natural. Auctoritas —concepto fundamental hoy vulgarizado— que se les sigue reconociendo verbalmente confundiéndolo con la potestas —otro concepto mixtificado— para aplicar la Legislación producida por el poder político que sustituyó al poder de Dios depositado en el pueblo.


12.- La Legislación sustituye las leyes inspiradas en el Derecho Natural por el derecho positivo, las leyes y normas “puestas” por los gobernantes. Leyes que, demuestra la experiencia, tienden a orientar y condicionar la conducta a gusto de los legisladores, aunque reconozcan formalmente el derecho  del pueblo, los súbditos gobernados o desgobernados, a elegir representantes que  se supone controlan al poder. Suposición que depende de la honradez del representante, pues se ha eliminado el mandato imperativo que les obliga a responder ante los electores de su circunscripción. Y aún así no es seguro que no abusen de su cargo. En Norteamérica, donde se conserva el mandato imperativo, escribe por ejemplo Thomas Sowell:  «si votas por políticos que prometen darte cosas quitándole el dinero a otros, no tendrás derecho a quejarte cuando te quiten tu dinero y se lo den a otros, incluyéndose a sí mismos».   


13.- “La libertad de los súbditos consiste en una libertad respecto de pactos”, escribió Hobbes en Leviatán. “Con Thomas Hobbes, escribe Friedrich Hayek  en Derecho, Legislación y Libertad [6] comienza el positivismo legal en la historia moderna”. El llamado Estado de Derecho, expresión que es un oxímoron, pues todo Estado es de Derecho —tendría más sentido decir Estado de Derechos—, es una evolución del mito del Estado. Producto de las guerras entre las monarquías medievales, lo describió científicamente Hobbes influido por el Policraticus de John of Salisbury (1159), como el Gran Artificio capaz de garantizar la paz, articulando normas jurídicas. El Estado de Derecho, que se dice fue la mayor contribución de Kant al pensamiento político-jurídico, es la versión, supuestamente liberal, de la estatalidad hobbesiana en la que prevalece absolutamente el positivismo jurídico.


13,1.- La expresión francesa  État de Droit es efectivamente una traducción de la palabra alemana Rechtsstaat. Pero el Estado de Derecho es una creación de Napoleón, quien reorganizó el Estado de la anacrónica Monarquía Absoluta teniendo en cuenta la Declaración de los Derechos del Hombre objetivando el orden político de una estatalidad que no era ya propiedad de la Monarquía sino de la Nación.  Un Estado Legislativo acorde con la evolución histórica hacia la democracia republicana determinada por  el auge de las clases medias. Aunque formalmente imperial, el fugaz Imperio napoleónico no se extendió territorialmente, sino que creó Estados de Derecho en los territorios dependientes de Francia. El État de Droit y el Rechtsstaat alemán se diferencian por su origen, revolucionario el francés  y evolutivo el alemán, y porque el primero es fundamentalmente republicano, mientras el segundo  fue monárquico hasta 1918.


13,2.- La palabra  Rechtsstaat es una versión de la expresión Laws Empire del republicano inglés deudor de Aristóteles —el gran enemigo de Hobbes—, James Harrington, autor del libro, muy influyente  sobre todo en Norteamérica, The Commonwealth of Oceana (1656).[7] En Alemania, desarrolló críticamente Wilhelm Placidus (1758-1818) la idea kantiana del Estado de Derecho en 1798, aunque parece haber sido C. Th. Welcker quien empleó por primera vez el término Rechtsstaat con cierta precisión en 1813, como equivalente a “Estado de razón”. Robert von Mohl lo definió en 1829 como “Estado del entendimiento”[8] y Otto Bähr fijó el concepto en 1864.[9] Como decía Julius Stahl (1802-1861), «el Estado debe ser Estado de Derecho, que es el signo y a la verdad también la tendencia del tiempo reciente».[10]      


13,3.- El Rechtsstaat fue una evolución, influida por la revolución francesa, de los Polizeistaaten, Estados Policía, de la mayoría de los estadículos del Sacro Imperio y por el Allgemeines preussisches Landrecht sancionado en 1791 por Federico el Grande II, para quien «la finalidad del mundo consistía, según Ranke, en la felicidad individual».[11]


Tanto el modelo francés como el alemán se regulan por una Constitución, etc. y, como decía Carl Schmitt, la concepción Estado de Derecho contrasta ciertamente  con el Estado de Fuerza o de Policía, y con sus formas concretas posteriores: el Estado democrático y social de Derecho, el Estado Asistencial (Welfare) traducido como Estado de Bienestar, que liquidó por cierto, con la colaboración del Estado Fiscal que instrumentaliza el Derecho para explotar y controlar  a las clases medias —sin las que no hay democracia—, el mito de los trabajadores como la clase eternamente explotada,  y cualquier otra clase de Estado  que no se proponga exclusivamente el mantenimiento del orden jurídico.


Todo se convierte en mercancía bajo el Estado, decía Marx en Miseria de la filosofía. Y los Estados de Derecho, especialmente la modalidad hoy dominante, los Estados de Partidos, son hoy centros de negocios. Una causa, no sólo del aumento de la burocracia y de la corrupción sistemática, del aumento imparable de los impuestos —“el esclavismo del Estado” diría Jünger— y del terrorismo fiscal, pues a las oligarquías dirigentes sólo les importa controlar el dinero.[12]


      Está regresando el Estado Policía disfrazado de Estado de [los] Partidos[13] Otro motivo son los antijurídicos delitos de odio que castigan los sentimientos.


14.- El austriaco Hans Kelsen, describió el Estado de Derecho  como un Estado Constitucional en el que las normas jurídicas están jerarquizadas de modo que se autolimiten por su propio derecho positivo.  En la Constitución, es fundamental la división de poderes de Montesquieu, quien, a la verdad, estaba ya imbuido por la mentalidad estatista y reconocía el derecho del Estado a legislar como inherente a la soberanía subordinando la libertad política a la ratio status.   Describía la libertad, como «el derecho a hacer lo que las leyes permiten». Por otra parte, la división de poderes es en realidad una división de funciones, pues el poder, cualquier poder, es indivisible. El barón de la Bréde facilitó la institucionalización del Estado de Derecho como un Estado Legislativo a medida que se aleja del Derecho Natural, el Derecho del pueblo.


Las constituciones del tipo francés, tan artificiosas formalmente como el Estado, del que  son su alma, al ser obra de la oligarquía dirigente,[14] condicionaban su actividad legislativa sin despojarle de sus características. Pero la Legislación se atuvo en general durante bastante tiempo al criterio de las costumbres tradicionales concordantes con el Derecho Natural manteniendo las funciones tuitivas de las personas y los bienes. Un hito en la ruptura definitiva con la tradición del Derecho Natural fue, probablemente, el impuesto sobre la renta de las personas físicas. Una suerte, se dice, de confesión laica obligatoria contra uno mismo, que infringe además el principio jurídico elemental de que el impuesto debe ser proporcional al beneficio percibido por el contribuyente.  


15.– Decía Anthony de Jasay, que el error de fondo de la concepción de Estado de Derecho consiste en pensar que el Estado puede frenarse a sí mismo.[15] En efecto, como describió Jouvenel, los Estados iniciaron su marcha triunfal conducidos por las monarquías para ampliar el espacio público que ocupaba antes la Iglesia. La marcha culminó con el triunfo de las ideologías producto de la Ilustración y la revolución francesa. La ideología como la religión civil del Gran Artefacto que pedía Hobbes, le independizó de todo control extraestatal y comenzó el “revolucionarismo” (J. Monnerot) intervencionista que fomenta la mentalidad totalitaria, hoy generalizada, que idolatra el Estado, contra la que han empezado a sublevarse los populismos.   


Las ideologías o religiones civiles de los Estados Totalitarios ”liberales” (R. Spaemann)  impulsan la revolución legal (C. Schmitt) —«el verdadero y más peligroso golpismo» (J. Molina)— y la intensificación del positivismo jurídico  libre de toda clase de “prejuicios” burkeanos, llevándolo al extremo:[16] las oligarquías políticas —los partidos— organizan hoy la forma de vida del pueblo según criterios ideológicos cientificistas imponiendo los modos de la conducta colectiva y privada mediante las infinitas leyes y regulaciones que fabrican las máquinas estatales que siguen considerándose Estados de Derecho. Que suelen hoy denominarse con más propiedad Estados Sociales y Democráticos de Derecho, ya que su función consiste en cambiar la sociedad para “perfeccionar” la democracia. Sus fines son consciente o  inconscientemente los mismos que los de los Estados Totalitarios radicales, pero pausadamente, a largo plazo, en una revolución permanente, en la que la justicia revolucionaria crea su propia Legislación, empezando por las Constituciones que  regulan los menores detalles de la  vida pública y la privada a gusto de las oligarquías del tipo nomenklatura.


16.- El derecho positivo prescinde ya completamente de su relación con la moral como decía Hobbes, el padre del Estado de Derecho, en su entrevista con Rolshausen. Las leyes civiles no tienen en cuenta la moral, sustituida por los supuestamente inconfesados deseos sociales, maximizaciones contradictorias entre el bienestar y la virtud,quizá houellebecquianamente repulsivos.[17] El imperialismo de los deseos destruye el sentido común, falsifica la realidad y aboca al nihilismo. Refiriéndose al feminismo, escribe la periodista Esperanza Ruiz en La Gaceta de la Iberosfera: “puesto que ser mujer está al alcance del deseo, nada es mujer” y las leyes ratifican la libertad de los deseos y los promueven en España con la ley trans. Los deseos de los grupos de presión o inventados por activistas ideológicos —el activismo es hoy una profesión, una idea de Lenin— con ayuda de la estadística y las encuestas o de las mentiras de los media, se convierten fácilmente en derechos. Basta invocar los derechos humanos caros al victimismo y al sentimentalismo, que, en puridad, no son Derecho. Entre otras razones, porque como sólo los humanos son sujetos del Derecho, es superfluo adjetivarlos. Salvo para distinguirlos de los “derechos” de los animales, más protegidos ya en muchos casos que las personas. El positivismo  habla formalmente de “derechos”. En la práctica, son privilegios de lobbies o grupos de presión, que, como “poderes indirectos” (C. Schmitt), medran  a expensas del pueblo. 


[1] Otros dos ejemplos del nihilismo jurídico: la “gestación subrogada”, una trata de personas en el mercado global. Vid. Birgit Kelle, Ich kauf mir ein Kind. Das unwürdige Geschäft mit der Leihmutterschaft. Munich, FinanzBuch Verlag 2024; la legalización de la mitómana ideología  woke, de la que se dice es una religión y la psiquiatra Esther Bockwyt considera una cosmovisión en Woke. Psychologie eines Kulturkampf. Neu-Isenburg, Westend Verlag 2024.  Vid. la entrevista a la autora en Centinela, la revista de la nueva contracultura.com (15. III. 2024).


[2] Ateísmo estético, arte del siglo XX. De la modernidad al modernismo. México, Landucci 2007. Los símbolos, decía René Guénon, son representaciones sensibles de ideas y la forma más adecuada para transmitir significados no conceptuales. La liberalización del aborto y la eutanasia (menos extendida todavía) es la mejor representación del nihilismo  Los ritos, la práctica del aborto y la eutanasia en este caso, “son símbolos en acción”.


[3] F. Carpintero postula una concepción inductivista de la lex naturae, desde el punto de vista del sentido común en La ley natural. Historia de un concepto controvertido. Madrid, Encuentro 2008.


[4] Vid. G. Robles Morchón, Teoría del derecho: Fundamentos de teoría comunicacional del derecho. Madrid, Civitas 2010.

[5] Y 26.881 empresas, asociaciones como los sindicatos, las organizaciones empresariales los partidos políticos, entes públicos, comunidades de propietarios y sociedades civiles, colectivos de extranjeros, etc. reciben subvenciones de las administraciones públicas


[6] Madrid, Unión Editorial 1978.


[7] La República de Oceana. Madrid, Centro de Estudios Constitucionales 2014.


[8] En Die deutsche Polizeiwissenschaft nach den Grundsäten des Rechtsstaats (1833). 1864). Se considera a von Mohl el fundador de las Ciencias Sociales. Vid. M. García Pelayo, ”Robert von Mohl y el nacimiento de las ciencias sociales”. Revista de Estudios Políticos. Nº 55 (1951). 


[9] En Der Rechtsstaat. Eine publizistische Skizze.


[10] Cit. en la antología de  J. Brand/H. Hattenhauer (eds.), Der europäische Rechtsstaat. 200 Zeugnisse seiner Geschichte. Heidelberg, C. F. Müller UTB 1994 nº 136.


[11] Preussische Geschichte II. 1740-1806. Munich, Wilhelm Goldmann Verlag 1965. P. 53


[12] El patriotismo consiste en pagar los impuestos, sentencia el dr. Sánchez copiando a Pablo Iglesias, Harari, Aaron Sorkin. Lógico: patriotas como el Sr. Koldo y adláteres no podrían hacer negocios sin los impuestos, para lo que utilizan sociedades ficticias. Las personas físicas titulares de cuentas corrientes en los bancos sólo pueden sacar menos de 1.000 euros debido una regulación de la sovietizante Unión Europea.


[13] M. Brodkorb, Gesinnungspolizei im Rechtsstaat? Der Verfassungsschutz als Erfüllungsgehilfe der Politik. Sechs Fallstudien (¿Actitud policial en el Estado de derecho? La Procuraduría de la Constitución como cómplice de la política.  Estudio de seis casos). Springe,zu Klampen Verlag 2024.


[14] Las constituciones a la francesa son positivistas. De ahí el auge del derecho administrativo para proteger contra abusos concretos, no los generales del poder político, pues no admiten el derecho de resistencia (salvo casos aislados como la Constitución paraguaya); acaso, la desobediencia civil. Sobre el derecho administrativo, A. Vermeule, La abdicación del Derecho. Del imperio del Derecho al Estado administrativo. Valencia, Tirant lo Blanch 2018


[15] Vid.  El Estado. La lógica del poder político. Madrid, Alianza 1993. Jasay comienza peguntándose, porque ha dejado la teoría política de plantearse desde Maquiavelo la cuestión fundamental de la naturaleza del Estado.


[16] Según Emmanuel Todd en su último libro —dice que no volverá a escribir—, La défaite de L’Occident (París, Gallimard 2024), «los años 2000 pueden definirse de  manera precisa y absoluta, como los años de la desaparición efectiva del cristianismo en Occidente». Y  Frédéric Eparvier lamenta en una recensión del libro de Todd en la revista Polémia (15.II.2024), que, efectivamente, con la declaración Fiducia supplicans, «la Iglesia católica ha dejado de ser cristiana en 2023». Las religiones inmanentistas habrían triunfado sobre las trascendentes y quedaría expedito el camino para todo tipo de despotismos y tiranías.


[17] Hughes, “La repugnancia houellebecquiana”. La Gaceta de la Iberosfera.com (5. IV. 2023).


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