Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Por la calle hemos visto a Page, cacique manchego, decirle a una señora que le pedía ayuda, madre de una víctima de la riada, algo que ruborizaría a María Antonieta, la gran princesa que según el cotilla de Rousseau, al saber que los campesinos carecían de pan, dijo “Qu’ils mangent de la brioche”.
–Tienes que pasear más al perro.
Eso dijo a la madre sin hijo el tal Page, que está de tan buen ver como el cacique de Cempoala glosado por Bernal Díaz. Un Xicomecóatl del 78, pero con más séquito de calvos, en el sube y baja por las calles de Toledo que uno se imagina, por culpa del Greco, transitadas por paisanos filiformes paseando perros de Page. Paisaje y paisanaje. Del perro de Goya que surge de la pintura negra para seguir el vuelo de dos pájaros los hispanistas británicos tienen dicho que es el único ser cariñoso, preocupado, humilde: “Humano, por así decirlo”. El perro que Page manda a paseo sería lo único humano de esa pintura negra que es el 78. Tú pasea al perro que de España ya me ocupo yo.
–El cielo y la tierra son implacables; los seres de la creación son para ellos meros perros de paja –cita John Gray del “Tao Te Ching” en su “Perros de paja” para explicar que en los ritos de la China antigua se empleaban perros de paja como ofrenda a los dioses: durante el ritual eran tratados con la mayor de las reverencias, pero, al final, cuando habían dejado de ser necesarios, eran pisoteados y abandonados.
En resumen: si los humanos perturban el equilibrio de la Tierra, serán pisoteados y abandonados, como lo son los contribuyentes que perturban el “fart walk” de un jefazo setentayochista, régimen de tragaldabas inspirado en la teoría de lo político de Carl Schmitt, que “tiene bastante de canina”, como descubrió Nicolás R. Rico paseando por la “República” de Platón a propósito de la flexible condición del perro, “amistoso para el conocido, fiero para el extraño”.
Las ciudades, recuerda Gray, nacieron del deseo de una existencia estable: guardan vestigios psíquicos de las generaciones que pasaron por ellas. Pero en nuestras ciudades deconstruidas, “las personas son sombras proyectadas por los espacios y no hay generación que dure lo que dura una calle”. El 78, con más de tres generaciones culturales de régimen a cuestas, nos ha deconstruido la nación y el verano nos trae la brisa marina de Mallarmé: la carne (del veraneante) es triste, ay; y ya agoté los libros; ¡huir, huir más allá!… Pienso mucho en el perro de Lasso de la Vega (¡otro perro de Page!), que era de la pintora Betina Jacometi, que marchó de viaje y dejó su estudio al poeta a cambio de que cuidara al perro. Ruano: “Desde el primer día, Lasso fue vendiendo los muebles, y en uno de mayor apuro mató al perro, lo asó y se lo comió con patatas”.
[Martes, 26 de Mayo]

