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domingo, 21 de junio de 2020

Nervazón de angustia




Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla;
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor...
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor!

Regreso del desierto donde he caído mucho;
retira la cicuta y obséquiame tus vinos:
espanta con un llanto de amor a mis sicarios,
cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos!

Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía!
¡Sinfonía de olivos, escancia tu llorar!
Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta,
cuál cede la amenaza, y la alondra se va!

Pasas... vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio
con gotas de curare, filos de humanidad,
la dignidad roquera que hay en tu castidad,
y el judithesco azogue de tu miel interior.

Son las ocho de una mañana en crema brujo...
Hay frío... Un perro pasa royendo el hueso de otro
perro que se fue... Y empieza a llorar en mis nervios
un fósforo que en cápsulas de silencio apagué!

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática
un dionisíaco hastío de café...!

CÉSAR VALLEJO

sábado, 20 de junio de 2020

Medialuz



He soñado una fuga. Y he soñado
tus encajes dispersos en la alcoba.
A lo largo de un muelle, alguna madre;
y sus quince años dando el seno a una hora.

He soñado una fuga. Un "para siempre"
suspirado en la escala de una proa;
he soñado una madre;
unas frescas matitas de verdura,
y el ajuar constelado de una aurora.

A lo largo de un muelle...
Y a lo largo de un cuello que se ahoga!

CÉSAR VALLEJO

viernes, 19 de junio de 2020

Para el alma imposible de mi amada





Amada: no has querido plasmarte jamás
como lo ha pensado mi divino amor.
             Quédate en la hostia,
             ciega e impalpable,
             como existe Dios.

Si he cantado mucho, he llorado más
por ti ¡oh mi parábola excelsa de amor!
             Quédate en el seso,
             y en el mito inmenso
             de mi corazón!

Es la fe, la fragua donde yo quemé
el terroso hierro de tanta mujer;
y en un yunque impío te quise pulir.
              Quédate en la eterna
              nebulosa, ahí,
en la multicencia de un dulce no ser.

Y si no has querido plasmarte jamás
en mi metafísica emoción de amor,
              deja que me azote,
              como un pecador.

CÉSAR VALLEJO

jueves, 18 de junio de 2020

Los dados eternos



                                                       Para Manuel González Prada,
                                                      esta emoción bravía y selecta,
                                            una de las que, con más entusiasmo,
                                                 me ha aplaudido el gran maestro.


 
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomado de tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios mío, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura
.

CÉSAR VALLEJO

miércoles, 17 de junio de 2020

Intensidad y altura


 

Quiero escribir, pero me sale espuma,
Quiero decir muchísimo y me atollo;
No hay cifra hablada que no sea suma,
No hay pirámide escrita, sin cogollo.
Quiero escribir, pero me siento puma;
Quiero laurearme, pero me encebollo.
No hay toz hablada, que no llegue a bruma,
No hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo.
Vámonos, pues, por eso, a comer yerba,
Carne de llanto, fruta de gemido,
Nuestra alma melancólica en conserva.
Vámonos! Vámonos! Estoy herido;
Vámonos a beber lo ya bebido,
Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva.

CÉSAR VALLEJO

martes, 16 de junio de 2020

El galgo pescador


 Barbate en el barco

 Barbate en la playa

Barbate entre luces

F.J.G.I.

Poema




De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.
De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extraña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana dase vuelta
y despacha sus sombras una a una.
Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.

CÉSAR VALLEJO

lunes, 15 de junio de 2020

Heces




Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce.  Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

CÉSAR VALLEJO

domingo, 14 de junio de 2020

Desnudo en barro





Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio.
Por el Sahara azul de la Sustancia
camina un verso gris, un dromedario.

Fosforece un mohín de sueños crueles.
Y el ciego que murió lleno de voces
de nieve. Y madrugar, poeta, nómada,
al crudísimo día de ser hombre.

Las Horas van febriles, y en los ángulos
abortan rubios siglos de ventura.
¡Quién tira tanto el hilo: quién descuelga
sin piedad nuestros nervios,
cordeles ya gastados, a la tumba!

¡Amor! Y tú también. Pedradas negras
se engendran en tu máscara y la rompen.
¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!

CÉSAR VALLEJO

sábado, 13 de junio de 2020

Avestruz





Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!

No acabes el maná de mujer que ha bajado;
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,
mañana que no tenga yo a quién volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.

Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él...
Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer...!

CÉSAR VALLEJO

viernes, 12 de junio de 2020

Absoluta





Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, a abreviación... Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
¡Ay, la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

¡Oh unidad excelsa! ¡Oh lo que es uno
por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible,
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra!

CÉSAR VALLEJO

jueves, 11 de junio de 2020

Mentira





Mentira. Si lo hacía de engaños,
y nada más. Ya está. De otro modo,
también tú vas a ver
cuánto va a dolerme el haber sido así.

Mentira. Calla.
Ya está bien.
Como otras veces tú me haces esto mismo,
pero yo también he sido así.

A mí, que había tanto atisbado si de veras
llorabas,
ya que otras veces sólo te quedaste
en tus dulces pucheros,
a mí, que ni soñé que los creyeses,
me ganaron tus lágrimas.
Ya está.

Mas ya lo sabes: todo fue mentira.
Y si sigues llorando, bueno, pues!
Otra vez ni he de verte cuando juegues
.

CÉSAR VALLJO

miércoles, 10 de junio de 2020

Piensan los viejos asnos





Ahora vestiríame
de músico por verle,
chocaría con su alma, sobándole el destino con mi mano,
le dejaría tranquilo, ya que es un alma a pausas,
en fin, le dejaría
posiblemente muerto sobre su cuerpo muerto.

Podría hoy dilatarse en este frío,
podría toser; le vi bostezar, duplicándose en mi oído
su aciago movimiento muscular.
Tal me refiero a un hombre, a su placa positiva
y, ¿por qué no? a su boldo ejecutante,
aquel horrible filamento lujoso;
a su bastón con puño de plata con perrito,
y a los niños
que él dijo eran sus fúnebres cuñados.

Por eso vestiríame hoy de músico,
chocaría con su alma que quedóse mirando a mi materia...

¡Mas ya nunca veréle afeitándose al pie de su mañana;
ya nunca, ya jamás, ya para qué!

¡Hay que ver! ¡qué cosa cosa!
¡qué jamás de jamases su jamás!

CÉSAR VALLEJO

martes, 9 de junio de 2020

Deshojación sagrada



Luna!  Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas!
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas!

Luna!  Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro la copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?

Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres talvez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos!...

CÉSAR VALLEJO

lunes, 8 de junio de 2020

El Globo

 Camino de Santo Domingo

 El Globo

Santo Domingo


Francisco Javier Gómez Izquierdo
      
       Desde hace seis o siete años he cogido la manía de andar dos horas mínimo al día más que nada para controlar la diabetes y no tener la penitencia de pincharme. Suelo hacerlo por Córdoba ciudad. Sin rumbo. Callejeo. Como vivo en Fátima, tiro para la carretera de Palma del Río; hacia la Ribera, y llego hasta el Jardín Botánico donde hay un trozo de árbol fosilizado de mi pueblo del que me gusta decir con los conocidos que me cruzo: “Voy a ver la piedra mas antigua de Córdoba, que la han traído de  mi pueblo”. Al campo no me atrevía. Por la Campiñuela hasta la Laboral, sí, pero al campo campo, no. Yo creo que por pudor. Senderos hacia Sierra Morena salen de la cementera Asland, a cien  metros de donde vivo, pero no sé por qué me parecía que esas rutas eran propias de cordobeses natos y de hacerlas tendría que ser con nativos como las he hecho y como he llevado yo a “las tumbas de Sailices” o la “Covacha los moros”en la Demanda a los que se han acercado a visitarme. Me ha costado, pero al final la peste me ha tirado al monte, a no coincidir con gente y a volver un poco a paisajes de la infancia. Muy temprano, llevo haciendo lo mismo hasta hoy desde que nos dieron suelta para pasear, enfilo el arroyo Pedroche, el camino de las Canteras, el de la fuente la Palomera, el de Santo Domingo y tiqui-tiqui llego hasta donde me parece. Hoy, animado porque al fin podré ir a Sevilla o Cádiz me he atrevido por una senda que desde el Puente de Hierro sube hacia la pista que lleva al santuario de Santo Domingo. Es camino paralelo al de la fuente de la Palomera, menos transitado y tan cerrado que a veces dejas de ver el cielo. En un momento he tenido la sensación de que me vigilaban y de repente he sentido un sonido como el de un soplete de soldar. Cuando en un claro de los pinos, matojos, adelfas... ha aparecido una cosa muy rara de ver en Córdoba,  un globo aerostático, se me ha venido a la cabeza el Robert Duvall surfero de Apocalypsis Now y su adoración por el napalm. “Nos vigilan desde cualquier sitio. Si esto fuera Vietnam ya me habrían dado matarile”.
       
El artefacto me ha sobrevolado durante diez o quince minutos. El sonido, ya digo que como de soplete, no me ha gustado nada, pero como no entiendo tampoco le he echado cuentas. He subido al santuario y al bajar me he encontrado al primer ser vivo en toda la ruta que ha resultado ser Falín, un redomado bicicletero de esos de montaña, tan suicida que se mete por cualquier roquedal y me ha dicho que un globo ha caído en un vallejito que hay donde se junta un arroyo con el río Pedroche: “...Les he dicho que no hay vehículo que llegue allí. Como no sea con un quad...Son publicitarios de Madrid y se ve que se les ha amontonado el globo”.
     
Mala suerte o inexperiencia la de los que guiaban el aparato, pero a mí me sonó mal desde un principio el“flúúúflúúú” y de verdad que no me ha extrañado la novedad de Falín. Al parecer, en Andalucía y desde hoy estos ratos mañaneros de libertad que paso en el monte se amplían a todas las horas del día y a todas las provincias de la Comunidad. Supongo que procede alegrarse.

En el rincón aquel, donde dormimos juntos...



En el rincón aquel, donde dormimos juntos
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o talvez que habrá pasado.

Has venido temprano a otros asuntos
y ya no estás. Es el rincón
donde a tu lado, leí una noche,
entre tus tiernos puntos
un cuento de Daudet. Es el rincón
amado. No lo equivoques.

Me he puesto a recordar los días
de verano idos, tu entrar y salir,
poca y harta y pálida por los cuartos.

En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto...
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a  sombra.

CÉSAR VALLEJO

domingo, 7 de junio de 2020

He encontrado a una niña...




He encontrado a una niña
en la calle, y me ha abrazado.
Equis, disertada, quien la halló y la halle,
no la va a recordar.
Esta niña es mi prima. Hoy, al tocarle
el talle, mis manos han entrado en su edad
como en par de mal revocados sepulcros.

Y por la misma desolación marchóse,
              delta al sol tenebloso,
              trina entre los dos.

              «Me he casado»,
me dice. Cuando lo que hicimos de niños
en casa de la tía difunta.
               Se ha casado.
               Se ha casado.

Tardes años latitudinales,
qué verdaderas ganas nos ha dado
de jugar a los toros, a las yuntas,
pero todo de engaños, de candor, como fue.

CÉSAR VALLEJO

sábado, 6 de junio de 2020

Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas...



Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas
de memoria, gravísimo cetáceo;
oye a la túnica en que estás dormido,
oye a tu desnudez, dueña del sueño.

Relátate agarrándote
de la cola del fuego y a los cuernos
en que acaba la crin su atroz carrera;
rómpete, pero en círculos;
fórmate, pero en columnas combas;
descríbete atmosférico, sér de humo,
a paso redoblado de esqueleto.

¿La muerte? ¡Opónle todo su vestido!
¿La vida? ¡Opónle parte de tu muerte!
Bestia dichosa, piensa;
dios desgraciado, quítate la frente.
Luego, hablaremos.

CÉSAR VALLEJO

viernes, 5 de junio de 2020

La copa negra




La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?

La tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye, tú, mujerzuela, no vayas a volver.

Mi carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella
como en un pantanoso corazón de mujer.

Ascua astral... He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
¡Ah, mujer! Por ti existe
la carne hecha de instinto. ¡Ah, mujer!

Por eso ¡oh negro cáliz! aun cuando ya te fuiste,
me ahogo con el polvo
¡y piafan en mis carnes más ganas de beber!

CÉSAR VALLEJO

jueves, 4 de junio de 2020

Idilio muerto



Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: "¡Qué frío hay... Jesús!".
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.

CÉSAR VALLEJO