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martes, 9 de junio de 2026

San Isidro'26. Premios Salmonetes



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


En Madrid, a 8 de junio de 2026, tras deliberación del Jurado, reunido en un banco de los Jardines de Cecilio Rodríguez del Parque del Retiro de Madrid, se acuerda otorgar los Premios Salmonete de la Feria de San Isidro 2026 que se expresan a continuación:


PREMIO JUAN ORTEGA a Juan Ortega por su fidelidad a sí mismo y por guardar para él, celosamente, sus posibles méritos como torero. Diploma ZOOLANDER A LA MIRADA “AZUL ACERO” por sus ojeadas irresistibles y seductoras a las cámaras de Telemadrid.


Premios GHANDI y VERDUGUILLO y Medalla PINCHAÚVAS DE MADERA a Pablo Aguado por ser incapaz de matar a un toro que salió medio muerto del chiquero y por sus 20 golpes de gracia. La Medalla contiene un bajorrelieve en el que se ve un palillo con una uva pinchada.


II Premio LAUREL Y HARDY y Diploma HAROLD Y LLOYD A Pablo Aguado y a Juan Ortega por superar con los toros de El Puerto de San Lorenzo el ridículo del año anterior con los de Juan Pedro Domecq.


Premio AL PACINO a la mejor sobreactuación en el ruedo para Alejandro Talavante el día 7 de mayo saludando al tendido, como María Callas a la platea del MET tras cada tanda, y Medalla ESTOY ENCANTADO DE HABERME CONOCIDO por sus arrogantes puestas en escena a base de apretones de labios, hincada de quijada, tupé al viento, contoneo de cadenas y femorales, curvaturas de tibia y peroné, inversión de pinreles, despojo de estoques y toque de palmas aflamencadas.


Premio REY SOL a Tomás “Mr. Bean” Rufo por sus faenas en el tendido 5. Diploma de CÁRITAS DIOCESANA por su labor contra la aporofobia, por su voluntad inquebrantable de acercar su destoreo a los tendidos de sol.


Premio DE AQUÍ A LA ETERNIDAD a Daniel Luque por sus inagotables pases de muleta, tan iguales los unos a los otros y tan soporíferos.


Premio HORCAJADAS a Miguel Ángel Perera, montado en el olivo tras veintitantos años de alternativa. Diploma del PATRIMONIO COMUNAL OLIVARERO.


Premio DESGUACES LA TORRE a la ganadería más chatarrera a Toros de Lagunajanda, que ni siquiera llegó a lidiarse.


Premio SONRISA VERTICAL y Diploma WHATSSAPP DE KOLDO a la lengua del toro Ganador, número 80, de Núñez del Cuvillo  por sus vaivenes sensuales y su terco flirteo con la muleta de Talavante.


Premio BARCAS DEL RETIRO al toro que más pierde los remos ex-aequo a los cuatro toros de la ganadería de Montalvo, que se lidiaron como remiendo el día 3 de junio.


III Premio COSTALADA al toro Jibelino, número 31, del Conde de Mayalde, por su perfecto planchazo longitudinal que le valió el honor de ser expulsado del ruedo por pañolada verde.


Premio LÁZARO para Ignacio Martín, 3º en la cuadrilla de Álvaro Serrano por hacer volver a la vida con su puntilla al toro Molinero, número 21.


Premio ¿QUIÉN ES VERÓNICA? para David de Miranda y Víctor Hernández.


Premio LOS PELAYO a Sebastián Castella por la suerte demostrada a lo largo de los años en la ruleta de los sorteos.


Premio PESADILLA ISIDRIL a Sebastián Castella por despertarse sobresaltado creyendo que había estado besando entre sollozos a Minutero de José Escolar en vez de a Cantaor de Victoriano del Río. Se le otorga además el Certificado de Excelencia QUIEN HACE UN CESTO, HACE CIENTO por hacer siempre la misma faena.

 

Premio HABERTE QUEDADO EN CASA para José María Manzanares por su proverbial desgana y aflicción.


III premio PAVAROTTI a Emilio de Justo y Diploma del ICONA, por su berrea digna de Cabañeros. También se le otorga el Diploma MEG RYAN por su fingido orgasmo mientras descabellaba.


Premio RUFUFÚ para Jesús Enrique Colombo y su pandilla de banderilleros por su recreación del grupo de rateros del filme de Mario Monicelli durante el segundo tercio del toro Garrofo de Partido de Resina.


Premio MARINA ABRAMOVIC a la mejor performance a Antonio Ferrera en su insuperable puesta en escena durante los 2 tercios del toro Monedero de Adolfo Martín.


Premio Y SI NO, NOS ENFADAMOS a José Chacón al encararse en la vuelta al ruedo con un espectador que le señaló con el dedo, negando la valía de esa vuelta.


Premio TAUROBOLIO CRETENSE a los novillos Babieco, número 7, y Segurito, número 52, del Conde de Mayalde por sus minoicas volteretas y volatines.


II Premio FACUNDO al menor consumo de pipas durante un festejo a la corrida de don Pepe Escolar «Pichorronco», lidiada el día 2 de junio.


Premio URTASUN al toro más bobo a don Juan Pedro Domecq Morenés por el conjunto de los 6 toros que envió a la Corrida de la Prensa.


Premio PASTELERÍAS MALLORCA al toro con postre y Accésit al ESPÍRITU INCANSABLE otorgado por la firma Duracell a Lacerado, número 93, de Jandilla porque hasta arrastrado por las mulillas seguía soñando que seguía al trapo rojo.


Premio TMR (Toro con Movilidad Reducida) a la ganadería más tullida ex-aequo a El Puerto de San Lorenzo y Vellosino.


Premio CHAMÁN MAKUNA a los Presidentes Fernández Serrano, González González y González Carvajal por su impagable empeño en restaurar las creencias del animismo al ondear el pañuelo azul por las ánimas de los toros Ganador (de Núñez del Cuvillo), Cantaor (de Victoriano del Río) y el novillo Babieco (Conde de Mayalde).


Premio CLAUDIO CARUDELL a doña Rocío López por la creatividad aplicada a su inusitada manera de montar a caballo.


Premio BENHUR a los mulilleros que consiguieron que las mulas salieran despavoridas el día 10 de mayo y Diploma MASALA al insensato que trató de parar al tiro desbocado. El premio consiste en una fotocopia en color de un billete de 50€.


Premio PLANETA DE LOS SIMIOS al asesor artístico de la presidencia «Madriles» por su mímica y sus gesticulaciones desde el palco el día 31 de mayo.


Premio PIKADÖOR, patrocinado por la firma IKEA a las 7 rompedizas varas de picar, realizadas con materiales sostenibles y reciclables, con trazabilidad, comercio justo y perspectiva de género, pero que no valen para picar toros.


Premio CUANTO MÁS VOY A SEVILLA MENOS ME GUSTA MADRID al cultureta y opinador Amón. El premio consiste en la reproducción facsímil de una entrada en la que figura su precio, en vez de la palabra “Invitación”.


Premio LA CASITA DE BAD BUNNY a los burladeros del callejón de Las Ventas.


Premio a la LIBERTAD DE PRENSA a los comentaristas de Telemadrid Luis Miguel Encabo y Federico Arnás por sus comentarios siempre libres de relatar la verdad.


II Premio MADRID NO SE HA ENTERADO al crítico Nogales de la Serna, por ser la única persona del mundo que vio y glosó las excelsas bondades del toro Orgulloso, número 37, de Garcigrande.


Premio PACO MARCH al mayor número de pontificaciones sobre lo acontecido en el ruedo hechas desde el sofá de casa al joven tuitero Censor de Castilla (@elcensorrevista).


Respecto a los premios al arte del rejoneo se conceden los siguientes:


III Premio SÁTIRO, por ser más Fauno y Pícaro que nunca al incansable Diego Ventura.


III Premio HEFESTO, desierto.


III Premio AFRODITA, por unanimidad y de manera consecutiva, a Lea Vicens.


III Premio EROS a Guillermo Hermoso de Mendoza, porque se le ve proyección amatoria.


II Premio APOLO, conseguido por primera vez, a Rui Fernandes, al que se le espera para obtener el tercer premio en la próxima temporada.

 

El jurado reunido ha decidido la creación del Accésit CENSOR DE CASTILLA al aficionado joven más sensible y con gusto, que en su primera edición va a parar por unanimidad al Rosco.


Todos los premios han sido otorgados por mayoría simple de los miembros del jurado excepto donde se indique otra cosa.


La solemne entrega de los Premios Salmonete tendrá lugar en día y hora que se anunciará adecuadamente, en La Casa de los Minutejos (Antonio de Leyva, 19), como homenaje al total de 81 avisos escuchados en las corridas de novillos y de toros a lo largo de la Feria y de la Corrida de la Prensa. Se espera contar para la entrega de los mismos con la presencia del enano hijo de Antoñete, así como con la tradicional presencia del Excmo. Sr. Alcalde de Madrid, a quien se le pondrá una banqueta con un almohadón de color visón bordado con sus iniciales, y del Excmo. Sr. Ministro de Cultura, léase Propaganda, a quien se le facilitará un babero. 

domingo, 7 de junio de 2026

San Isidro'26. Victorinos enamorados de la moda juvenil, oh, qué corbata, qué pantalón, y la tarde es... de Román. Márquez & Moore

 



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Lo primero, antes de nada, es dar la bienvenida a nuestra ciudad al Pontífice y lamentarnos de que entre sus muchos actos programados no haya encontrado un hueco para venirse a Las Ventas a ver la corrida de Victorino Martín que cerraba la Feria de San Isidro 2026 y así ser el primer Papa que va a los toros, a los que alguno de sus antecesores en la Silla de Pedro llegaron a excomulgar.


Victorino casi nunca defrauda porque sigue teniendo la ganadería en la mano. Así que hoy embarcó para Madrid un encierro de variado comportamiento y de buena presentación, por más que algunos en la plaza protestaran al tercero y al quinto, vaya usted a saber por qué. Toros serios y con presencia, el famoso quinto con un aire más a Santacoloma, largo y menos ofensivo, y con otros más en Saltillo como el corniveleto sexto. Y nosotros tan contentos, porque todos salieron cárdenos, que ya hemos dicho aquí en otras ocasiones que los negros ibarreños de Victorino nos suelen gustar, en general, menos que los grises. En cuanto al comportamiento, hubo de todo, desde el primero que recordó a los victorinos más tobilleros que siempre añoramos hasta el soso sexto que salía de los pases con la cara alta. En varas, también hubo de todo. El mejor fue el quinto, Jarretero, número 63, que entró tres veces al caballo, aunque en una rompió la vara, y le propinó una espectacular caída de latiguillo a Javier Díaz de las de Linimento Sloan de nuestros abuelos. A este toro hubiera gustado verle entrar al caballo una vez más, de lejos y con la alegría que entró con anterioridad, pero don Pedro Fernández Serrano, alardeando de su desmedida falta de afición, decidió sacar el trapo blanco, él sabrá por qué. No fue el único, porque el primero, que fue algo más remiso a entrar a varas, se empleó con ahínco, empujando, y el segundo metió la cara abajo en un tercio de varas que Pedro Iturralde no supo llevar por los mejores derroteros en esta ocasión.


En general se puede decir que todas las corridas «toristas» han puntuado en este San Isidro: José EscolarPartido de Resina, Saltillo, Pedraza de Yeltes, Adolfo Martín y hoy Victorino han dejado alto el pabellón del toro, cada una de ellas con sus particularidades, del toro que no viene a la plaza a que se burlen de él. En ese sentido hoy fue emocionante la muerte del segundo, Buscaliebres, número 64, que literalmente cayó muerto mientras trataba de alcanzar en un último intento al que le había clavado el estoque.


La tarde fue de Román, de turquesa y oro con cabos blancos, que se las vio con Gallarete, número 7, al que algunos silbaron cuando apareció en el ruedo. El toro sufrió la deplorable lidia de Gómez Escorial y cuando tocaron a muerte llevaba ya encima una buena tunda de lances y lanzazos, capotazos a porrillo y, en general , todo aquello que no debe hacerse al toro si, además, tiene algo de casta. Tras el bochinche de los dos primeros tercios nada hacía presuponer que Román se iba a ir al toro de la decidida manera que fue a él, dispuesto a derrotarle desde la claridad de la buena colocación, de no dudarle y de someterle en cada pase. Las dos primeras series con la derecha son impecables y en ellas se hace con el toro, tanto que cuando le presenta la muleta para la siguiente el toro se repucha, porque ya está vencido. Insiste Román por esa mano en una serie en que el toro ya no va con la franqueza de antes y después lo intenta al natural para que se vea públicamente que el izquierdo no es el pitón bueno de Gallarete. Vuelta a la derecha en otra vitoreada serie y después de coger el estoque y tirarlo al suelo, una serie más, algo trompicada, de derechazos sin ayuda. Luego, en los medios, iguala al toro dándole la salida hacia la querencia de chiqueros y agarra una soberbia estocada recibiendo que pone a la plaza en pie. Si consideramos que la estocada ya vale por sí misma una oreja y que la faena vale otra, ahí está la explicación de las dos orejas que le abrieron la Puerta Grande de Madrid. Román es de los pocos toreros que se ven en Las Ventas como espectadores y creo que conoce bien a la plaza. En su segundo, con el triunfo en sus manos, acaso no le apeteció hacer el esfuerzo que el toro demandaba, no quiso la montera que le ofrecían para que brindase al público y pasó el trámite sin apreturas y sin lucimiento, atascándose con el acero.


Morenito de Aranda, de púrpura y oro, anduvo muy falto de ideas en su primero. El toro, Milanés, número 14, no daba nada y las dudas de Morenito en seguida le sirvieron para orientarse sobre lo que allí pasaba, por lo que su lidia se fue haciendo cada vez más complicada, ya que buscaba al torero a la salida de los pases y fue haciéndose dueño de la faena a medida que transcurría el tiempo. Acaso ya le pesan al moreno los veintiún años de alternativa, pero da la impresión de que este mismo torero habría brillado más con este toro hace unos años, poniendo las incertidumbres de su lidia a favor del plan de Morenito. Se animó a si mismo a base de gritos y la mayoría de los pases que dio por la izquierda fueron ayudados, que a buen entendedor, pocas palabras le bastan. Su segundo fue Cobrapastos, número 11, y al ver ese nombre un estremecimiento nos recorrió la espalda pensando que lo mismo tenía algo que ver con aquel Cobradiezmos que, para nuestra desdicha, vimos indultar en Sevilla. Algo habría porque este Cobrapastos fue el que menos se lució frente al jamelgo, sin emplearse ni pelear, como aquél de Sevilla, y ahí se acabaron las comparaciones porque donde aquél Victorino juampedreante puso bondad y buenos modos este de hoy ha puesto complicaciones tales como lo imprevisible de sus embestidas, que lo mismo se arrancaba que se quedaba corto y su falta de colaboracionismo. También es verdad que ni una sola vez osó Morenito ponerse en el sitio donde se puede a los toros, que es también el sitio donde los toros hacen daño, y que esa patente falta de determinación en ser el que gobernase las idas y venidas del toro no han ayudado a que este se sintiera en manos del torero. Le arreó un sartenazo bajo y con eso dio por acabada su actuación.


Fernando Adrián, hoy de verde botella y oro, es un excelente estoqueador. A su primero lo mató por arriba en una estupenda ejecución del volapié y a su segundo le hizo lo mismo al segundo intento, y si no le cazó a la primera es porque en el momento de la reunión el toro hizo un extraño, que si llega a entrar de manera franca, le deja otra buena estocada arriba. He ahí el gran mérito de Adrián. Lo otro, lo del toreo en sí mismo, ya va por otro negociado. Sorteó por delante a Buscaliebres, número 64, serio y veleto, y sus trazas de neotoreo apenas pudieron hacer nada frente a la casta del animal, que había conocido en sus carnes el significado de la palabra «chapuza» durante el primer tercio y que no dio facilidades ningunas a Roberto Blanco ni a Diego Valladar. Adrián no echa la muleta adelante nunca, se queda descolocadísimo y su torpeza hace que las gentes simpaticen con el toro, que está demandando poder y claridad de ideas en vez de zaragatas, al que se despide con una fuerte ovación en el arrastre, como ocurre a tantos toros que fueron silbados de salida. Su segundo fue el Jarretero del que hablábamos más arriba y de su lidia apenas podemos reseñar que si el toro no era lo que se dice vivaz, aún menos lo fue Fernando Adrián, produciéndose entre ambos una conjunción astral que producía somnolencia. Deja hoy Fernando Adrián sembradas muchas incertidumbres sobre su tauromaquia cuando ésta no se ve apoyada por un toro bobalicón y repetidor al que tundir a mantazos.


Fue ésta una tarde de brindis. Fernando Adrián brindó a la política Cayetana Álvarez de Toledo, que es otro de esos personajes de burladero de callejón a los que jamás nadie ha visto frente a una taquilla, y Román, que hoy venía apoderado por Luis Bolívar, brindó el toro de su triunfo al que fue su apoderado hasta finales de 2023, Manuel Martínez Erice.






ANDREW MOORE


























FIN

sábado, 6 de junio de 2026

San Isidro'26. Juampedrada de "rebotáos" para Uceda, Clemente y Aguado de borrajas (H2O). Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Hoy tocaban de nuevo los de Juan Pedro. Por si no hubo bastante con los de la Corrida de la Prensa del otro día, hoy otra taza de ricino así, por las buenas. Ésa era la actitud cuando bajábamos hacia a Las Ventas, pero luego, como se suele decir, «viene el toro y lo descompone». Y la descomposición consistió en que donde el día 28 de mayo hubo seis pobres jureles bondadosos, bobos, zompos y soporíferos que, por cierto, llevaron a su propietario al éxtasis ganadero, hoy, con el mismo hierro en el anca salieron otros seis que, sin ser la maldad personificada, crearon suficientes dudas e incertidumbres como para que el amo que los cría se fuera a su casa o a sus predios del Castillo de las Guardas triste y cabizbajo, porque él lo que quiere del ganado que cría es sumisión, sumisión y sumisión. Nadie vaya a pensar que la corrida fue una de ésas de las que se llaman «duras», que en los seis juampedros -o cinco más uno- de hoy no hubo casi nada que demostrara inteligencia por parte del ganado, ni tampoco andaban mirando al torero, cosa que tanto incomoda, ni prácticamente se comían a nadie, pero su falta de sumisión, demostrada en ciertas actitudes tales como levantar la cabeza o derrotar al salir del pase, no humillar lo necesario o la falta de homogeneidad en las embestidas, no era lo que venían buscando los que se anunciaron con este encierro, dando la suma de todas esas circunstancias el resultado de una tarde movidita.

 

Para despachar a los juampedritis se trajeron en este último Viernes de Cubata al veterano Uceda Leal de frambuesa, cuajado de oro, con cabos de oro y alamares de chorrillos largos; a Clemente, de grana y azabache, y a Pablo Aguado, de faja de madre y muchísimo oro. Ésta era la tercera comparecencia de Aguado en la Feria del 2026 y todavía no sabemos a qué ha venido.


Uceda quiso hacer lo suyo en el cuarto de la tarde, Baladuero, número 107. Brindó a la parroquia y se dispuso a vérselas con el colorado. Se lo sacó a los medios muy toreramente y dejó un pase de trinchera para quien estuviera atento y ahí la cosa comenzó a hacer aguas. Lo mismo si Uceda pilla este toro hace siete años, nos había dejado una interesante faena, pero dio la impresión de que el madrileño no quiso o no pudo soslayar las pocas complicaciones que el toro le planteó. El bicho se fue desfondando y, a su manera, el matador también. Media estocada fue suficiente para echar abajo al toro. 


Clemente lo intentó también en su segundo, Soldador, número 118. Inició su labor con unos «medios gayolos» en los que el toro planeó sobre él y en el último tercio se fue a terrenos del 6 a darle la réplica a este Soldador que primero le avisó dos veces y luego acabó cogiéndole. Hay que decir que Clemente en este toro se puso valientemente a hacer el esfuerzo de situarse donde los toros cogen, y que el conjunto de su labor hasta que fue retirado por las asistencias para llevarle a las manos de los Padrós, caló en los tendidos por su autenticidad basada en irse al pitón contrario y quedarse bien colocado. Le pasó al toro en series por la derecha y luego de uno en uno por la izquierda con bastante verdad, contando con que la condición encastada del toro aumentaba la sensación de riesgo, siendo la actuación de Clemente en este toro lo de mayor valía de todo lo visto en la tarde.


Hay personas que portan apellidos que son definiciones: «Novillo», «Rufián», «Carnero» o, en este caso, Aguado, que en este caso sería la condición del toreo de quien porta esa denominación. Seis toros ha tenido delante Pablo Aguado en la Monumental, para dejarnos aunque fuera una brizna de ese arte que aseguran que atesora y lo que nos ha dado han sido sopas con honda, con la honda preocupación de que su incompetencia con la muleta se ve aumentada de manera exponencial con el toro que sale en Madrid, que es tan distinto de todos los demás toros que verá en toda la temporada. Cuentan que el otro día, en Aranjuez y ante una renqueante bola de sebo, bordó el toreo y la impresión es que el que quiera verle y recrearse en las capacidades que le cantan, debe comprarse una moto y recorrerse la España vaciada, de pueblo en pueblo, como Diógenes con el candil, a ver dónde le echan las babosas que convengan a su decadente filigrana. La cosa de las herramientas tauricidas, tal y como quedó demostrado, tampoco son su fuerte. Pablo Aguado es H2O: incoloro, inodoro y, sobre todo, muy insípido.


Mención aparte merece el peonaje. Por la parte equina el único que estuvo a la altura de la plaza en la que se encontraba fue «Espartaco», que picó al tercero. Por la parte de la bipedestación reseñar la brega de Iván García al tercero y sus ganas de agradar con las dificultades que le puso el sexto y el coraje de Morenito de Arlés. Fernando Sánchez parece que está en horas algo bajas, aunque las gentes se han encariñado con él y le aplauden todo lo que hace.


La corrida fue remendada con un sobrero de Montalvo, que salió en segundo lugar, lo cual nos lleva a plantearnos por cuál será la razón de que el día que se jugaron los de Montalvo los sobreros fueran de Casa de los Toreros y de Fermín Bohorquez teniendo uno de Montalvo en el congelador. La tradicional opacidad que siempre rodea todo en el mundo de los toros no nos ayudará a conocer la respuesta al enigma.




ANDREW MOORE





















FIN

viernes, 5 de junio de 2026

San Isidro'26. Yemas de Jandilla y un hueso de Santiago Domecq. En la Feria de los Avisos, De Justo ha puesto una caseta. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


La corrida de hoy era, según me dijo un señor, una «corrida de figuras». ¡Ah! ¿Y quién torea?, le pregunté, y ahí me enteré de que hoy me tocaba ver en Las Ventas a Emilio de Justo, Borja Jiménez y Víctor Hernández, lo cual me llevó a cavilar sobre qué entenderán algunos por eso de «figura», otro de esos términos devaluados que, a base de sobarlo, ya nada significa. Porque uno piensa en lo que se entendía antes por «figura» y cuesta mucho meter en esa categoría a Emilio de Justo, que da la impresión de no mandar ni en su casa, como para andar mandando en los despachos, aunque se ponga a pegar berridos, que es hoy por hoy lo que mejor se le da. Y los otros dos, pues lo mismo, que si se ponen un poco chulos los coge el empresario de turno y los cancela, como se dice ahora, y los carteles que compone el tal empresario ni se resienten ni se derrumban sin sus nombres pintados en ellos.


Sean o no lo que se dice figuras, lo que sí que consiguieron es que se pusiera un nuevo «No hay billetes» en esos huecos que hay a los lados de la Puerta Grande, señalados por un rótulo de cerámica que dice «Taquillas», lugar donde jamás se ha visto a tantos y tantos «grandes aficionados», amantes del gañote, de la cuchipanda y del «amón»; y aunque nos congratulamos y no dudamos de la veracidad de ese cartel, volvimos a observar en este nuevo lleno la existencia de buenos huecos en las andanadas, aunque es justo reseñar que en todos los burladeros del callejón no cabía ni un alfiler.

 

Otra de las características del particular mundo del toro, aparte de la afición al gañote antes referida, es la de la opacidad. Todo se sabe por dimes y diretes, por «me han dicho que» y por «parece ser que», pero sin un documento oficial que explique al aficionado si es verdad que para aprobar los cuatro de Jandilla que se aprobaron hubo que examinar y analizar a treinta toros, cosa que se comentaba en ciertos corrillos y que, de ser cierta, desbarataría la encomiable misión del veedor, sea éste quien sea. La cosa es que al final, tras tantas idas y venidas, solamente se pudieron salvar, como dignos de ser lidiados en la Monumental, a cuatro de Jandilla, que enlotaron perfectamente echando los dos de más presencia por delante y los dos más zapatuelos por detrás, y para completar la media docena precisa para el espectáculo se trajeron dos de Santiago Domecq.


Para ser justos, los de Jandilla no deberíamos mirarlos con los ojos de mirar a los toros, sino con los ojos del que elige los óleos para una pintura. Nadie en el entorno de esos toros tiene otro interés que el de crear y criar un «producto» que sea óptimo para que un torero pueda expresar su tauromaquia sin recibir por parte del toro otra cosa que apoyo, colaboración y sumisión. En ese sentido no es relevante, cuando se habla de este ganado, echar cuentas de cómo salieron, de cómo pelearon con el penco y el jinete o maturrango que le gobierna o de qué hicieron en el segundo tercio, porque nada de lucimiento en esas fases se ha buscado en estos toros, que son criados exclusivamente con la finalidad de ponerse a disposición del torero de turno para que con ellos pueda llegar a la creación de obras efímeras e inmarcesibles armados de su muleta. Ése es el plan, que se cumple hasta que llega Emilio de Justo y sortea dos yemas de San Leandro llamadas Opaco, numero 94, y Lacerado, número 93, y se comprueba que entre su festival de gritos, bramidos y berridos, es incapaz de aprovechar las inocentes, educadas tranquilas y nada exigentes embestidas de los toros para construir una obra mínimamente estimable. Lo que hemos visto esta tarde se denomina desperdiciar la oportunidad, porque los dos bombones que ha tenido la suerte de sortear han sido el mejor regalo que se podía haber encontrado, si tuviera algo que decir con palabras. Si el Opaco ha sido bueno, lo del Lacerado ha sido como para darle el Premio Nobel de la Paz, porque no creo que se haya visto en la Feria un toro más embestidor y repetidor que éste, que no ha dado muestras de cansancio ni de sofoco. Sin importarle las veces que el pobre Emilio le puso la muleta, acudió a todas sin un mal gesto, sin una mala cara, sin un derrote; incluso con el estoque dentro parecía que esperaba que le pusieran la muleta para ir a ella como los insectos van a la luz. A cambio de sus bondades para el último tercio los dos de Jandilla recibieron un baño de vulgaridad, falta de colocación, ventajismo y ausencia del más leve compromiso, yéndose ambos al otro mundo sin haber llegado a conocer qué es eso del toreo para lo que habían sido criados. Menudo chasco para ellos. A cambio, su percepción del mundo fue torturada por los constantes bocinazos y chillidos de un tío vestido de rosa mejicano y oro que fue tundiéndolos a pases, medios pases, trapazos, chicotazos y alguna trincherilla y el esperpento del final por poncinas a su segundo, todo muy por debajo de lo que las claras embestidas de ambos toros prometían. Los mató a base de descabellos, de forma impropia, un torero que lleva casi veinte años de alternativa al que parece que toda la fuerza se le va por la boca. Los dos toros fueron despedidos con palmas por aquellos que en el toro valoran sobre todo su carácter embestidor.


El Jandilla de Borja Jiménez, de púrpura y oro, fue Libélula, número 22, un jabonero hermoso y armónico que gustó porque entró fuerte al caballo de Tito Sandoval y, tomándolo por delante, lo derribó bellamente. En la segunda entrada lo intentó de nuevo pero sus fuerzas ya no eran las mismas. El toro demostró un buen tranco y disposición al galope en banderillas y todo se acabó cuando Borja Jiménez se dedica a castigar al toro por abajo, en el inicio, a base de doblones y con eso digamos que se carga al toro, que tras ese principio inexplicable ya no vuelve a ser el mismo. Lo intenta Borja en diversos terrenos y la cosa no sale, y mira que lo intenta que hasta le dan un aviso. Luego le salió una pintura, un sardo de Santiago Domecq que atendía por Piernasuelta, número 67, que se empleó en varas, fue bregado con soltura por Juan Carlos Rey y recibido en los medios con pases cambiados por Borja, que hoy no tuvo su día. En ningún momento vio la faena al sardo y anduvo como una tabla en el mar a merced de las olas. Por ningún lado se atisbó algo reseñable de su actuación que fue seguida con la frialdad que se merecía por un público estupefacto al que no se le iba de la cabeza la idea de que dentro de dos días le tenemos anunciado en Las Ventas para vérselas con 6 toros 6. Que Dios le coja, y nos coja, confesados.


Víctor Hernández, de lila y oro, se las vio con su primer Jandilla, Zorrero, número 70, protestado de salida por chico y que apenas conoció la declinación del verbo picar. No fue este el toro que le venía bien a Hernández, acaso porque su embestida es franca y no pone la emoción que falta para hacer singular el toreo del matador. La faena se desarrolla en las más previsibles líneas del neotoreo con todas las cosas inherentes a esa mixtificación, tales como el cite ventajista con el pico de la muleta, la falta de colocación y de remate y demás cosas harto conocidas que componen esta manera contemporánea de concebir el toreo que tanto detestamos. Su segundo fue Versado, número 51, que le arreó un tremendo volteretón según le comenzaba a lancear a la verónica. En varas el toro empujó con fuerza, brío y fijeza, metiendo los riñones y recibiendo lanzazos sin tasa de parte de Agustín Collado. En la segunda vara, igual de mal picado, sacó al caballo hasta el tercio a base de empujar. No tuvo suerte el toro en esto, porque su disposición merecía un mejor trato. Lidia bien Marcos Prieto con un terno muy poco visto de color carmesí y azabache y comienza su faena Víctor Hernández en chaleco, porque  la chaquetilla se la había destrozado el toro en la voltereta del principio. Su actitud en este toro es totalmente distinta a la del primero, volviendo a recordarnos a la personalidad del Víctor Hernández del año anterior, ésa que dicen que se inspira en José Tomás, y si bien opta por las cercanías demasiado cercanas y ahogadoras de la embestida desde el principio, bien es verdad que también plantea su faena con una buena colocación, dejando la pata adelantada y cayendo hacia adelante. Las cercanías que propone hacen que esté dando medios o cuartos de pase, pero la posición del torero, muy cruzado, y la fiereza del toro hacían emocionante lo que se estaba viviendo. Una nueva cogida no le amilanó. El torero remató su obra muletera sin refrendarla con el estoque, pero dejando buen regusto en la afición. Siempre hemos dicho que si el toro pone la emoción los defectos del torero se pueden pasar algo más por alto, sobre todo si hace un esfuerzo como el que hoy hizo Víctor Hernández.


En «toreabilidad» vencieron los Jandilla; en toro a secas la palma fue para Santiago Domecq. Con los 7 de hoy, si no me fallan las cuentas, ya llevamos 78 avisos en la Feria de San Avisos.




ANDREW MOORE
















FIN