domingo, 31 de mayo de 2026

Confirmación de PSG y Luis Enrique

 Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Más que maestrillos con sus librillos, Luis Enrique y Arteta ocupan banquillos de catedrático, y mientras al asturiano se le reconocen los principios de posesión y juego ofensivo, al vasco se le aplaude su sistema defensivo que a mí me parece como una especie de cepo lobero con los bordes flexibles.El terreno que queda dentro intimida por tener los contrarios la sensación que si entras ahí te morderán con venenos mortales. El sistema de Arteta obliga a atacar por los costados donde el contorno del cepo se flexibiliza, se estrecha o agranda a conveniencia, asfixiando junto a la línea de banda donde el rival pierde el equilibrio y la pelota. Servidor veía el sistema de Arteta propicio para las bandas del PSG. Más que por Kvaratskhelia y Doué por Nuno Mendes y Achraf, los dos laterales que yo creo decisivos-ésto que pongo aquí es cosa de simple aficionado, no de sesudo analista futbolístico- en los planteamientos de Luis Enrique. Ha resultado que Nuno Mendes que siempre ha tenido ramalazos de genio y días de carajal desesperante ha estado espeso y Achraf se ha encontrado con la pesadilla de Trossard, esa rareza de belga disciplinado. En la final de la Champions, el sistema del Arsenal ha ahogado al PSG.  Lo que parecía dominio francés resultaba terreno cedido por los ingleses, cómodos con esa ventaja del gol nada más comenzar, Trossard por medio, y sólo a la hora, en uno de esos detalles fatales o favorables, según para quién, se produjo una hendidura en el elástico y Kvaratskhelia engañó a Mosquera, que lo derribó. Penalty y gol de Dembelé. Empate a uno. Todo siguió igual. Dominio del PSG pero... no se pueden jugar tantos partidos sin que haya consecuencias. Todos estos tíos de la final van a ir al Mundial con unos horarios y viajes programados por gente sin entrañas que van a devolver a los jugadores no sólo con lesiones sino que algún futbolista regresará con achaques que le durarán toda su vida. Sobrecargados se retiraron Kvaratskhelia, luego Dembelé y ya en la prórroga, el director de orquesta francés, Vitinha. Ahí, cuando se fue el portugués arrastrando el pie, pensé que se llegaba a los penaltis y que Safónov, que iba vestido como si jugara una pachanga de solteros contra casados, no iba a parar ninguno. No ha necesito hacerlo, porque Eze y Gabriel Magallaes, dos de los cañoneros, han querido rubricar antes de firmar y les ha salido un borratajo fuera de la portería. Esos fallos en la tanda es el componente de suerte que se necesita, además de otras virtudes ¡claro está!, para ser campeón. Creo sinceramente que el PSG ha sido mejor. Que Arteta ha sido superior en el planteamiento a Luis Enrique, pero las armas de Arteta son defensivas y Luis Enrique plantea para ganar y parece que no presiona en demasía a sus discípulos los días que el plan no sale como se espera.


     Enhorabuena al PSG, un equipo que ya ha pasado al grupo de los aristócratas.

La otra peste

 

Bada y su abuela Remedio en 1955

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Bocaccio aprovechó la peste negra de Florencia para sus cuentos del “Decamerón” y Zapatero aprovecha la peste amarilla de Wuhan para su ensayo “No voy a traicionar a Borges”.
    

Hay tiempos de horror y de locura entre los hombres como hay tiempos de peste –fue la admonición de Voltaire.
    

Churchill mereció el Nobel de Literatura, y Azaña, el “escritor sin lectores” que decía Unamuno, mereció la mesilla de noche de Aznar, lo cual obliga a Casado a convertir la suya en palé para los libros de Chaves Nogales que le vayan pasando los liberalios más “engagés”.
    

A Zapatero debió de darle por Borges en los delirantes trayectos León-Madrid en bus, un viaje sin sentido ni fin, la verdadera “aporía”. Ya decía Sábato que Borges se valió de la literatura fantástica para atraer con ella “a esa clase de lector que (como Zapatero) con pavor sagrado se arrodilla apenas lee una palabra como ‘aporía’, tomando por inquietud profunda lo que en general es un sofisticado pasatiempo”. Y Zapatero, que ya sacó de pobre a Gamoneda, quiere sacar del olvido a Borges, en cuya poesía Ricardo Bada únicamente ha encontrado un ripio:


    –El increíble “místico alfabeto / de los astros, que hoy dictan a mi cálamo”, sólo para que rime con “esas otras Termópilas, El Álamo”. Pero che...
    

Bada se acordó del ripio viendo “El Álamo” por ver a Carlos Arruza, “a quien vi torear dos veces en Huelva siendo yo niño”, y que en la película hace de teniente Reyes (hay quien, por error, le atribuye el papel del sanguinario general Santa Anna). Bada quiere de Arruza sus memorias, “tan buenísimas, que sospecho que le ayudó a escribir su tío León Felipe, y que yo leí en el semanario ‘Dígame’”.
    

Zapatero no va a traicionar a Borges (¡qué sobremesas en La Moncloa, con Chirino y Benarroch, recitando versos del ciego!), pero nosotros vamos a traicionar a los dos con el fandango de Bada: “Parado frente al espejo / que un día albergó a Voltaire, / aventuro mi perplejo / sentimiento de ser viejo. / Pero Borges, hay que ver.”

[Enero, 2021] 

San Isidro'26. El toreo a caballo como laboratorio del toreo a pie. (Por lo que toque a Talavante). Pepe Campos


 

PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas.

Sábado, 30 de mayo de 2026. Vigésimo festejo de San Isidro. Segunda corrida de rejones. Cartel de no hay billetes. Tarde primaveral muy calurosa.

Toros de María Guiomar Cortés de Moura, de sangre Murube-Urquijo, con los pitones desmochados, muy nobles, incansables persiguiendo a las cabalgaduras. Un punto más allá de pastueños.

Toreadores: Rui Fernandes, de Almada (Portugal), vestido A la Federica, con casaca verde manzana con bordados dorados y calzón corto beis; veintisiete años de alternativa; veintiún festejos en 2025; saludos y saludos. Diego Ventura, de Lisboa (Portugal), traje campero, chaquetilla azul marino oscuro y pantalón azul oscuro; veintisiete años de alternativa; cuarenta y cuatro festejos en 2025, silencio y dos orejas, la segunda sin petición. Lea Vicens, de Nimes (Francia), traje campero, chaquetilla gris claro con bordados en blanco y pantalón gris oscuro; quince años de alternativa; treinta y nueve festejos en 2025; oreja y silencio.



Con el público del rejoneo no hay quien pueda. Ayer, día de la final de la Champions futbolística, en el mismo horario, en la plaza de Las Ventas hubo lleno a rebosar. ¿Qué hubiera pasado de haber llegado a ese evento el Atlético de Madrid? Por lo pronto no lo podemos saber. Es un tipo de multitud la que acude al espectáculo del toreo a caballo que se muestra durante todo el festejo feliz e incansable petitoria de trofeos para los caballeros (ayer también una amazona) que salen a lidiar unas reses inagotables en su misión embestidora. Los bovinos que se torean en el rejoneo son unos animales que se manifiestan bajo control remoto. Un control que ha sido creado en el laboratorio de la tienta de las ganaderías especializadas en el toreo (realizado desde bellos equinos) y que se les inocula tras una esmerada selección a que estos astados (a los que se les desmocha los pitones) sean capaces de perseguir a todo ser que por delante de ellos se mueva, poco o mucho, con paradas o galopando, llevándoles por las tablas de los cosos o conduciéndoles por los medios, haciéndoles quiebros o en sentido lineal; se podría decir, tal y como son capaces de obedecer estos toros a las llamadas de los caballos, que sienten una orden genética para estar sometidos a cualquier mandato que un equino les demande. Ya sea en esfuerzos cortos o largos, al inicio o al final de las faenas, en solicitudes de humillación o en ruegos para que levanten sus testas si se les quiere sentir cerca de los estribos para situarles los rejones. Un comportamiento que se observa realizan los toros en las corridas de toreo a caballo; una clase de conducta que ha quedado históricamente fijada para estos festejos, si bien detrás de ese mandamiento se encuentra la clave de lo que vemos sucede en las corridas de toreo a pie. La pista la encontramos en la obra El toro de lidia y su historia ganadera de Cesáreo Sanz Egaña (1947), cuando se nos dice en relación al papel que ha jugado el toro del toreo caballeresco desde los inicios de la historia de la tauromaquia: «Hemos de admitir que con anterioridad al siglo XVIII los toros destinados a las fiestas públicas eran sacados de las vacadas corrientes: ahora bien, las exigencias de los caballeros que toreaban, contribuyeron como siempre: el deporte fue poderoso estímulo para crear una especialización en la crianza del toro». Visto hoy en día podríamos certificar que es una especialidad (la cría del ganado de lidia) que ha llevado al toro bravo hacia los terrenos de una máxima obediencia. Detrás de la «exigencia de los caballeros» podemos situar la «exigencia de las figuras del toreo a pie» actuales. 
La amenaza siempre existió porque el hombre corrompe lo que toca.

 

 Un concepto clásico de la tauromaquia había servido de dique de contención para evitar el desbordamiento de las ansias de alcanzar lo bello. Pero desde ahí hasta el engolamiento presente. En la preceptiva del toreo caballeresco del siglo XVII se decía que la cualidad principal del caballero era la de saber ver y dar respuesta adecuada a la diversidad de embestidas y tipos de astados que salían de los toriles en aquella época. La variedad de comportamientos de aquellos astados era enorme, desde el toro claro al toro madrigado, desde el boyante al remiso, desde el liso al que culebreaba, desde el bravo al manso. La propia historia de la tauromaquia siguió ese andar hasta llegado el siglo XXI, donde las cosas parece que se han concretado en la fabricación de un astado bienmandado, sin atisbo de fiereza, al que se le ha eliminado toda condición animal y se le ha convertido en un juguete de peluche (el borreguito Norit). Cuando acudimos al espectáculo del rejoneo vemos a las claras cuál ha sido la base de la creación de este tipo de bóvido que no lucha en las lidias sino que es un metódico funcionario de perseguir objetos sin intención de causarles desasosiego sino ofrecerles placer. El regocijo (por parte del toreador —y ahora también del torero—) de sortear embestidas limadas de asperezas, plenas de contento, acometidas «artísticas» planificadas desde la selección de las tientas. En conclusión, hemos llegado a la generalización del toro artista que había ideado Juan Pedro Domecq. Era una deriva que podía hacerse realidad si los ganaderos atendían las exigencias de los toreros que se les ha considerado figuras o figurones. Porque ser figurón significa dominar, y ese dominio parece que exige que el toro bravo deje de existir y se convierta en un ser aborregado, mecánico, chisposo, alegre pero claudicante, sumiso bajo un trapío de cartón piedra. De tal guisa llevamos una Feria de San Isidro donde ha dominado este tipo de toro, y su máxima exposición se pudo apreciar con la lidia del ejemplar de Torrealta (Domecq), Curioso, que le tocó en suerte al diestro Alejandro Talavante. Aquella pantomima y mofa del toro de lidia —un astado plástico— coló en Madrid el último viernes, y sabemos que corroe la tauromaquia en las plazas de España y de Francia. Talavante en su trasteo dio a entender que era un intérprete de toreo adamado. Un tipo de toreo que hace furor en el escalafón del toreo a pie porque ese toro permite esa clase de belleza (inquietante, desasosegante, turbadora). Una lindura que surge del tipo de toro que se ha creado para el toreo a caballo de nuestros días.

 
Ayer sábado esa interpretación pícara y amadamada del arte de los toros en la corrida de rejones que se celebró en Las Ventas le correspondió llevarla a cabo a Diego Ventura, pues hizo con el toro (ya predispuesto) todo lo que quiso; incluso, uno de sus caballos, el afamado Bronce mordió de manera indigna el pitón cercenado del burel como si le vomitara un concepto pútrido de la belleza. Y el gentío aplaudía. A Talavante el viernes cuando se pasaba al toro «claudicante» por la zona sexual de su taleguilla, una y otra vez, gran parte de la muchedumbre aplaudió y le vitoreó. A un toro de verdad no se lo podía haber hecho. Faltó un nuevo Miguelín que hubiera saltado al ruedo para subirse al torito de Talavante y deshacer el engaño. En el caso de Diego Ventura (ayer) estuvo ausente que su toro no hubiera estado afeitado ni cercenado de genes fieros. Ya hemos comentado anteriormente que este rejoneador concibe el toreo a todo trapo, como si condujera una moto de 50 cc trucada. Rapidez y velocidad. Piruetas y sombrerazos (un comino le importa su tocado). Conducciones temerarias porque el toro no hiere (y él deja que le toquen a sus caballos, que les corneen porque no hay lugar a la herida). En definitiva, un tropelío (tropelía) de tauromaquia. A ambos toros les puso diez hierros y utilizó en la segunda lidia cinco caballos. En su primer toro destacó montando a Quírico que recibió cornadas; también con Quitasueño y Brillante. Largas conducciones y toreo al violín. Mató mal. Con el quinto toro el despliegue de ataques fueron una avalancha sin cesar. Fijó en círculo con Oro negro. Condujo interminablemente con el maravilloso caballo Nómada que recibió a cambio tres cornadas. La lió con Lio, con mucho toreo en falso. Mordió con Bronce. Y mató con Brillante, con el que hizo el teléfono, y pinchó antes de dejar un rejón bajo. El presidente Pedro Fernández Serrano (peligro público número 1) le regaló la segunda oreja.


Rui Fernandes tiene otras formas más sosegadas y relacionadas con el toreo clásico. Ayer no tuvo del todo su día. Pero hubo fases en las que se recreó en el toreo al quiebro con elegancia (en su primer toro) montando a El Dorado. Se apretó más en las suertes de banderillas cortas con Iceberg. Mató mal. La media de hierros que clavó fueron ocho en cada uno de sus toros. En el cuarto de la tarde volvió a brillar al quiebro con El Dorado, y para obtener el éxito, con piruetas, sacó a Mistral, pero no estuvo atinado. Volvió a matar mal y su actuación quedó en modo de espera.


Lea Vicens, bella amazona, toreó despegada respecto al toro, aunque en ello vimos algo positivo porque no se dejó dar tantas cornadas (no como el figurón que ayer la precedía en la lidia). Clavó muy por detrás, de lejos. Toreó sin dominio. Destacó en su primer toro montando a Bético, un armónico caballo. Mató con dos tiempos, y el presidente Pedro Fernández (ese peligro sedente que habita en Las Ventas) le regaló un trofeo. En el sexto toro, tan obediente como el resto de sus hermanos, Lea Vicens volvió a desarrollar lo mejor con la monta de Bético. Normalmente clavando por delante y a distancia. No mató bien y Pedro Fernández no pudo ser generoso. Puso ocho y nueve hierros respectivametne.
 

Domingo, 31 de Mayo

 


Maderoterapia

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito

 DOMINGO, 31 DE MAYO


Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.


Juan 3, 16-18

sábado, 30 de mayo de 2026

El morabito de León




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Leo que el “chialé” de Zapatero en Eras de Renueva, León, se ha convertido en un centro de peregrinación popular. Algo así como la casa de Diocleciano en Split, Dalmacia; el monasterio de Carlos V en Yuste, Cáceres; o la casa del doctor Mateo en Lastres, Asturias.


Pero, ¿qué es lo que usted está viendo?


Yo veo lo que quiero, y allá usted si no ve nada


Es la conversación que Ramón Gómez de la Serna atribuye a los mirones de vallas (o mirones de obras), que es una rama de las clases pasivas exclusiva de España.


Así los mirones de la valla (tres metros de altura) del “chialé” de Zapatero, o sea, el morabito de León, donde el gran pacífico español podrá ejercer su influencia sobre la revolución pendiente, ésa que tuitea Pedro Jota, y para la cual, decía Talleyrand, sólo hacen falta dos tuberculosos inteligentes y quinientos imbéciles robustos.


Este morabitismo leonés alrededor del morabito que llegó al Poder investido de Lawrence de Eurabia impone por lo que tiene de justicia poética.


Como mujer, no tengo patria –dijo un día, solemne, Zapatero–. Como mujer, mi patria es el mundo.


Como mujer, su patria será el mundo; como morabito, en cambio, su patria es este “chialé” vallado hasta una altura pensada como para que los que están dentro no puedan salir y los que están fuera no puedan entrar.


El 20 de noviembre los parados valetudinarios del zapaterismo podrían hacerse transportar en parihuelas hasta el morabito de León y votar prosternados en señal de consumación.


Después, el cielo: esa vida muelle del ocioso entregado a su vocación intelectual.


Me veo sentado sobre una nube haciéndole dulces objeciones al Creador –contestó el benedictino Dom Guéranger cuando le preguntaron cómo concebía él la vida en el cielo.


Y el padre Guepin, abad mitrado de Silos, se lo figuraba (el cielo) como un eterno paseo, por los Jardines del Paraíso, haciendo “respetuosas objeciones” al Ser Supremo: ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?


Lo celestial del “chialé” de Zapatero serán las cenas para hablar de Borges con Gamoneda, y toda su ex pobreza a cuestas; con Guardiola, y todo su gandhismo de Sampedor en la levita; y con Elena Benarroch, y todas sus colas de castor al hombro, que en el invierno de León van a hacer falta.
Una vez Juan García “Mondeño” cambió la plaza de toros por el convento dominico en Caleruega, cuna de Santo Domingo, martillo de los albigenses (unos palurdos que Gustavo Bueno ha vuelto a ver en los “indignados” de la Puerta del Sol), y de todas partes la gente peregrinaba hasta allí en demanda del milagro del desespero. Mondeño no lo resistió y volvió al toro.


¿Volverá Zapatero al ruedo ibérico?


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[Septiembre, 2011]

San Isidro'26. Garcigrandes y Torrealtas, con Talavante de consentido de un presidente orejero. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

. Tras el bochornoso espectáculo vivido el jueves con los therian de Juan Pedro Domecq, la corrida de hoy casi podría haber pasado por cumbre torista. Quedamos a la espera de la siguiente cucharada de melaza juampedrera, que es un trágala que nos pone Plaza1 y que nos ha de llegar, sin que nadie lo haya pedido y si Dios no lo remedia, el próximo viernes.


Hoy, como decíamos, gran cumbre torista comparada con lo del día anterior, protagonizada por los seis de Garcigrande que se aprobaron por la mañana, más una tómbola de carne también de Garcigrande que iba de sobrero, más dos de Torrealta a los que hoy también les llegó su hora. Desde que vimos en la ficha al obeso de Garcigrande, Exiliado, número 89, ya estábamos relamiéndonos con la ilusión de que le tocase a Pablo Aguado, a ver qué era capaz de hacer él con esas 62,17 arrobas, y como a veces los sueños se cumplen, resultó que efectivamente ese animal que se hallaba en el rango de peso de un limosín, fue a las torpes manos de Aguado, aunque como dice el refranero «bien poco dura la alegría en la casa del pobre», porque sus caídas y caidillas desde su salida hasta su pase de consulta por el negociado equino, provocaron que el palco exhibiera el color verde que sacaba de nuestras ilusiones a Exiliado, quien partió, guiado por la parada de bueyes siderales del Ingeniero Aeroespacial don Gabriel Martín, a la Tierra de No Volverás.


La cosa del pañuelo verde se la achacamos y se la agradecemos por completo al celo veterinario de don Ignacio Ramón, hoy de servicio en el palco, que manifestaría sin duda su docta opinión sobre los febles y caedizos Arenisco, número 107, Frailón, número 56, y el ya dicho Exiliado, los cuales hallaron la horma de sus pezuñas en la pañolada cuyo color convenía a sus trazas, sin que el respetable se tuviera que desgañitar mucho, cosa que es de agradecer con el calor que hacía. 
Para dar fin de los Garcigrande se trajeron a Las Ventas a Morenito de Aranda, de azul marino y oro, para que no sea Talavante el que abre plaza; a Talavante, de burdeos y oro, y a Pablo Aguado, de oro y oro y más oro, todo el oro del Klondike en su vestido.


El primero tuvo algo de toro porque era un poco listo. Lo mismo no valía para altos estudios superiores, pero para toro un poco incómodo sí. Fue saludado casi en los medios, de rodillas, por
Morenito, luego recibió una vara y un leve picotazo y sin nada reseñable en banderillas se puso a las órdenes de la muleta de Morenito, que andaba un poco despistado por haber entrado en este cartel y con esta ganadería y pretendía ir de fino y estilista, cuando lo suyo es un toreo más de fiestas y de bota de vino de la Ribera del Duero. Mata de una estocada entera algo desprendida y muy efectiva.


El segundo era Guapito, número 87, que pasará a los anales de Las Ventas por ser el toro en el que la entrañable amazona doña Rocío ha amonestado a un monosabio que andaba jeringando al toro con su varita, allá en el tendido 3. Siempre hay una primera ocasión. El toro corretea por diversas partes de la plaza para que todos podamos comprobar cómo lleva de escobillado el pitón derecho, cosa que certifican las fotos de Moore. A saber qué les harán. El animal cumple en la primera vara y en la segunda se deja zurrar sin parecer que le importase mucho. Se aproxima Aguado al toro con su vestido de Fort Knox y con su capote enorme y le arrea unas verónicas low cost en las que se echa al toro para afuera y que ciertos visionarios subrayan con esos ¡bieeen! que nada dicen. Esperamos a Ambel a ver sus pares y nos deja con un par de narices, que sí, que primero clavó los dos palos y después ninguno, y luego quiere clavar una y no se clava, y al final ya puso el par. No fue su mejor día. Luego llega la parte muleteril y
Talavante se percata en seguida de que el toro no hace la noria, y como su tauromaquia hortelana necesita noria, aquello no marcha. Al no disponer del elemento esencial para su toreo, decide, generosamente, mostrar diversas cosas que se pueden hacer con la espada tales como dar un pinchazo o bien dar media estocada atravesada o bien descabellar.

 
El tercero es Arenisco, que se va al guano, y se corre turno para que salga Visitante, número 57, que hace una salida de tener más mili en los corrales que el jubilado Florito.
Aguado vuelve a desplegar sus metros cuadrados de tela para instrumentar esta vez unas verónicas de pegolete acompañando el viaje más que toreando y un bonito galleo por chicuelinas para llevar al toro al équido forrado de plástico donde le ponen la vara mientras él levanta la cara e inmediatamente se cae. En la segunda entrada recibe un picotazo buenista, pero eso no le impide volver a doblar sus manos, y eso debe ser, porque tal y como leí en un portal serio de información taurina debía adolecer de «falta de apoyo en las manos». Tras pasar por las manos de Iván García, que nuevamente vuelve a brillar con los palos, comienza el via crucis de Aguado, que se puede resumir en nada, nada y nada antes de cobrar dos pinchazos, un pinchazo atravesado y una estocada entera atravesada. Lo del atravesado es de lo fuera que se echa al herir, por si alguien no lo pilla.


Vuelve Morenito con otra disposición, sacada de su mente su anterior unción y dispuesto a ser más él. Entra el toro, Naviero, número 62, al penco y se le enreda el pitón con las faldillas, con lo que está tiempo y tiempo con el caballo intentando zafarse, casi como queriendo hacer una caricatura de aquél mítico toro Capitán, número 43, de Hernández Pla. A la segunda entra y sale sin más, y tras un quite guarripé viene el esperpento de las banderillas entre Pavón y Mellinas: dos al suelo, clava una, pasa en falso y ¡al fin! clava dos y clava dos. Morenito se va al calor del 5 a buscar aplausos sudorosos y allí se pone a lo suyo sobre todo por la derecha sin que la cosa fructifique. Ahí se tira un ratillo, para terminar entre el 9 y el 10 con una estocada entera algo caída mientras en la grada del 7 un tipo le arrea una patada en la cabeza a otro y se forma una tremolina hasta que la Policía Nacional con su grito de guerra: ¡cabayero, cabayero! irrumpe en la grada para llevarse a empujones al agresor

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El quinto, Frailón, se desvanece ante nuestros ojos, no sin antes haber explotado toda su fuerza en derribar al penco de Manuel Cid, y sale Curioso, número 41, de Torrealta, de albos pitones. Su paso por el negociado de Equigarce se resume en que primero empuja sin brío, aunque Manuel Cid le tapa salida, cayéndose al salir y después choca con el kevlar y luego se desploma, para finalmente salir de naja y volver a caer: he ahí las tres caídas de Curioso. Tras la estupenda brega de Javier Ambel llega Talavante el camaleón y se planta de rodillas a imitar el inicio de Roca Rey del jueves. Es que lo lleva en la sangre, como un Zelig del toreo. Luego lo mismo de siempre con la falta de interés y de pasión de siempre, incluyendo lo de tirar el espadín falso y la novedad de unos atrabiliarios cambios de mano. Se aprovecha bien del trote cochinero del toro y mientras se produce un nuevo conato de agresión en la grada del 7 él vuelve a tirar el espadín para dar lugar a un final amorcillado y aletargante, un gazpacho de pases sin sentido ni unidad. Cobra una estocada entera delantera y atravesada soltando la muleta que provoca una tibia petición de oreja devaluada que, solícitamente, es concedida por Rodríguez San Román «el Magnánimo» y protestada con fuerza por media plaza. Oreja inútil y pueblerina que suma una más a todas las olvidadas orejas de Tala.


Tras el toro gordinflas sale otro de Torrealta, Exitoso, número 35, que para no ser menos dobla las manos en la primera vara y aprieta algo más en la segunda. Iván García lo mueve con soltura y llega a la muleta de Aguado igual que todos los que aún quedábamos en la plaza, preguntándonos ¿por qué? Aguado ya piensa en irse al hotel a pegarse una ducha y quitarse los oros y como, además, no tiene nada que decir, y es un vino bastante aguado, le deja al toro una media suficiente que pone fin a un festejo que se hizo tolerable gracias a la compañía.

 



 

ANDREW MOORE

 



 
 FIN

Sábado, 30 de Mayo

 


Valle de Esteban

Camino de Santa Fe

viernes, 29 de mayo de 2026

Zapatero





Ignacio Ruiz Quintano
Abc


La última vez que Carlos Monsiváis pasó por España, nos dejó dicha una cosa que tenía bastante sentido: todos los políticos de Méjico tratan de ser personajes de culebrón, ese género de TV cuyo lenguaje está bien vigilado y acotado: «Apenas quinientas palabras.» Bien mirado, tampoco hacen falta más para moverse hoy por el mundo. Y cuando Fox triunfó en Méjico, Monsiváis era el único intelectual mejicano que había anticipado —y comprendido— el fenómeno: nadie sabe qué ideas tiene ese Fox, pero todos sabemos que tiene un rancho.


A lo mejor sólo es una aprensión, pero puede que aquí también les dé a los políticos por montárselo de personajes, no de culebrón, sino de «Gran Hermano», cuyo lenguaje, como hemos visto, aún está más vigilado y acotado que el del culebrón. De momento, ahí tenemos a Zapatero, cuya historia, por lo que se oye y se lee, parece sacada de alguno de aquellos cuentos que Rafael el Gallo solía hacer en la tertulia de Cañabate. Contaba una tarde el Gallo que él era muy amigo del señor obispo de Madrid: «Un día viene a verme uno de parte del obispo, a pedirme una corría. "Pero, ¿usté es torero?" "Yo, no, señor; yo soy zapatero, pero quiero ser picaor; creo que sirvo para eso, y me he ido a ver al señor obispo, que sé que es amigo de usté, me he arrodillado ante él, y le he dicho: Déme Su Ilustrísima un recao pa el Gallo, y que me saque de picaor en una corría... y aquí estoy, a ver si usted lo hace." Yo, claro, tratándose del obispo, pues, ¡qué iba, a hacer! Le di la corría, una corría de Miura, una moza, trescientos ochenta y dos pitones. Salió la corría de toros, bravísima; en cuanto veían un caballo, se iban pa él como un rayo, y ¡zas!, el picaor a la enfermería y el jaco al desolladero. La gente venga a pedir: "¡Caballos! ¡Caballos!" El recomendado del señor obispo estaba escondido en la cuadra; el contratista de caballos andaba loco buscándole; por fin, lo encuentra y le dice: "Pero, ¿qué hace usted ahí, hombre dé Dios? ¿No oye usted que están pidiendo picaores?" Y entonces él contesta: "¡Y a mí qué! ¡Mientras no pidan zapateros, que es mi oficio!"».


En la vida no hay ninguna respuesta general a la cuestión de lo que constituye una vida con sentido. Pero la política es otra cosa, y a muchas personas las excita el sentimiento de estar involucradas en una empresa grandiosa, incluso aunque no tengan ninguna responsabilidad por su dirección. ¿Acaso el gozo del ciempiés no es la encrucijada? Pues en la encrucijada felipista se ve que el que ha llevado el gozo al ciempiés socialista se llama —otro triunfo del nominalismo— Zapatero.


«Hay que volver a Tales de Mileto», decía el otro día Constantino Romero en su concurso de TV. Claro que, al lado del de Mercedes Milá, que triunfa mirando por encima de las tapias, el concurso de Constantino Romero, que triunfa mirando por encima de las gafas, no lo ve nadie, y la gente, que no sabe quién fue Tales de Mileto, prefiere identificarse con Zapatero, que tiene un aire entre Enrique Ponce y Landelino Lavilla, dos triunfadores tranquilos, que son los de moda, como el alcalde de Madrid, que dice que el objeto de la política municipal es «la persona», o como Zapatero, que dice que el objeto de la política socialista es «el ciudadano». Es una cuestión de halago. «Es literatura... ¡y lo entiendo!», se dice el lector de Gala. «Es política... ¡y lo entiendo!», se dice el elector de Zapatero, cuyo único compromiso político consiste en «la incorporación de todos los ciudadanos al mundo de la información».


Dice Aristóteles en su «Política» que cada cosa tiene dos usos, uno propio y otro impropio. «Unos zapatos pueden usarse, lo cual es su uso propio, o cambiarse, lo cual es su uso impropio.» El uso que nuestro Zapatero hace del mundo de la información es impropio de un compromiso político, pues no compromete a nada, salvo al uso de apenas quinientas palabras, aunque no se sepa qué significan, porque, a todo esto, ¿qué significa «sinergia», que no se les cae de la boca?


El Gallo

«Es literatura... ¡y lo entiendo!», se dice el lector de Gala. «Es política... ¡y lo entiendo!», se dice el elector de Zapatero, cuyo único compromiso político consiste en «la incorporación de todos los ciudadanos al mundo de la información» 

San Isidro'26. Seis jureles de Domecq viendo («bedroom eyes») pasar el tren, que era la mecedora de Urdiales. Márquez & Moore


El pico


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


La paremiología nos ofrece este aserto tan certero que reza: «Días de mucho, vísperas de nada», con el que se expresa lo corriente que es el hecho de que después de la abundancia no es raro que venga la necesidad. Ayer (miércoles para el lector) tuvimos un regalo en forma de tremenda corrida de toros y, para compensar, hoy tuvimos la nada taurina, pues estos pobres animales tan bondadosos, tan bobos, tan zompos que hoy salieron a Las Ventas apenas tenían nada que ver con las fuerzas desatadas de la naturaleza que hollaron ayer el ruedo proclamando las más incontrovertibles verdades del toro de lidia: la fuerza, el vigor, la casta, la bravura e incluso la mansedumbre. Hoy, como si vinieran de otro planeta, seis jureles de Juan Pedro Domecq fueron capaces de originar el mismo tipo de sopor que producen esos videos de pintura secándose que hay en YouTube y, si los asientos de la plaza fueran algo más cómodos, los ronquidos habrían superado incluso a los ¡bieeeen!, esos que tanto se estilan.


Como nos gusta siempre ir a lo positivo, diremos que lo mejor de la tarde fue la magnífica interpretación del himno nacional de España que ejecutó con unción y parsimonia la espléndida banda del maestro don Rafael Zahonero, y con esto se acabó lo bueno que nos deparó la tarde, en la que no ha existido el toro, que lo han cambiado por unos animalejos de mirada estúpida y perdida, esa mirada de Marilyn Monroe a la que se denominó «bedroom eyes», que evoca desvalimiento o vulnerabilidad; y en la que, salvo dos apuntes ínfimos, no existió el toreo, sustituido por ese vaivén como de mecedora que extasía a las buenas gentes y que tantísimo dista del toreo recio, verdadero y bien ejecutado, conforme a las reglas del arte, que se les hace a los toros.


En realidad más que una corrida de toros lo que hoy se dio en la calle de Alcalá 237 fue una amable kermesse con animales de ésas en las que se combina el ambiente de una feria con la exhibición, interacción o concurso de diferentes especies domésticas y de granja como en la Wendener Kirmes de Westfalia del Sur y otras que se dan en Alemania. Hoy se trataba de una kermesse centrada en bóvidos que exhibieron de manera incesante, ante los aplausos de la concurrencia, sus habilidades embestidoras, sus trotes alegres y despreocupados, sus mohínes de enfado al ser un poco hostigados, sus caiditas de slapstick y, sobre todo, su mirífica bondad, sus deseos de agradar y su disposición a acometer todas las pequeñas tareas y rutinas que se les iban encomendando a cada rato. No perderemos el tiempo en escribir el nombre de los seis manatíes que anduvieron hollando la arena de miga de Las Ventas, porque lo que deseamos es que su memoria desaparezca cuanto antes y con ella se borre de nuestra mente, de una manera absoluta, el denso sopor que nos ha ocasionado la contemplación de su absurda vida pública.


La ocasión para todo lo anterior venía dado porque hoy se celebraba la Corrida de la Prensa. Imaginen ustedes cómo está la prensa hoy día, para hacerse una pequeña idea de cómo fue la corrida de la prensa. Este año contamos con la presencia de SM el Rey, que estuvo acompañado por Victorino Martín en una barrera del 9 y ahí se pegaron la tarde, que lo mismo Victorino le explicó a Don Felipe la diferencia que hay entre esos peluches que había en el ruedo y lo que es el toro de Victorino, para que el monarca, que no es lo que se dice un gran aficionado, pudiera calibrar que esos mohínes, esos giros y esos tropezones, tan característicos del Bos Taurus Juampedrerus distaban una barbaridad del comportamiento de aquel toro bravo, Belador, número 121, cárdeno, encaste Albaserrada, ganadería de Victorino Martín, lidiado en esta misma plaza hace 44 años.


Para acompañar a los simpáticos animales en sus evoluciones y para estimular sus deseos de corretear contrataron a Diego Urdiales, que vino vestido con el terno de moda de este año, ese azul almacén que hace furor; a Roca Rey, de berenjena y oro, y a Bruno Aloi, que venía de blanco a abrir plaza y a confirmar la alternativa que le dio Roca Rey en Aguascalientes (Méjico) el año pasado.


Lo peor de la tarde fue Urdiales, porque sabemos que él tiene la moneda y no le dio la gana de sacarla para que se viese, prefiriendo poner su conocimiento al servicio del pajareo por las afueras y de esa ligazón en los pases que es tan cara a los públicos contemporáneos. Las condiciones de su toro -eran dos pero parecían el mismo- sin un mohín, ni una mirada, acudiendo presto y sin maldad al cite, bien merecían que el riojano hubiera mostrado un poco de generosidad para con la plaza y hubiera dejado dos lecciones de cómo y dónde se torea, pues él sabe esa materia. A cambio optó por el vaivén, el confort del pico, la posición en las afueras y, entre ese piélago de vulgaridad, camuflada en su elegante figura, dejó un par de buenas verónicas, un natural, un hermoso pase de trinchera y una soberbia estocada. No hubo más, pero las buenas gentes, felices de echar la tarde junto a su Rey, ondearon sus pañuelos sin una enorme convicción, pero que fue suficiente para que don José Luis González y González y González y González, tan comprensivo siempre, sacase el trapo blanco que ponía en manos del veterano torero de Arnedo primero una oreja y luego otra que le sirvieron para franquear la depauperada Puerta Grande de Madrid. Bien sabemos que esas orejas no valen ni para que se las lleve a El Perchas de la calle Laurel de Logroño que, como todo el mundo sabe hace unas deliciosas orejas picantes o rebozadas, y desde luego no son esas orejas las que quedarán en el recuerdo el día de mañana, cuando hablemos de Diego Urdiales.


De Roca poco hay que decir porque él tiene sus maneras, que rechazamos, pero lleva a las gentes a la plaza y ante eso, un respeto. Dio su pequeño mitin taurómaco en el que no faltaron cosas de rodillas, otras traídas por el espaldar y mucho trapo por aquí y por allá. Le vimos más espeso en el animal de la cara A y más suelto en sus modos en el de la cara B, en el que sacó más su personalidad. Otra oreja barata pasó a sus manos por la generosidad del susodicho y no sé si no andaba medio encolerizado con tantos que le negaban el pan y la sal. Allá él.


La corrida, por llamarla algo, se iba alargando y alargando y aquello nunca terminaba. A las 10 menos 19 minutos de la noche agarraba Bruno Aloi su muleta para comenzar su insulso trasteo, tiempo que empleamos en varias tareas de papiroflexia, creando aviones, pajaritas, aviones flecha y una bonita sombrilla con los restos del Programa Oficial número 27 de la temporada 2026. A las 10 menos 7 minutos dobló el juampedritis y salimos huyendo al bar a tomar un café solo doble que nos sacara del sopor, asombrados de haber sido capaces de aguantar tanto.


Hoy no trabajó Iván García, pero a cambio nos repitieron a «Pirri».



 Zompo y yo


ANDREW MOORE











Las tres edades, 1923








El rey de los cowboys, 1925


FIN 

Viernes, 29 de Mayo

 


Valle de Esteban

Fiebre primaveral

jueves, 28 de mayo de 2026

Rocanrol. Isle of Wight Festival 2026. Get The Water, 20 de Junio

 


Isle of Wight Festival 2026

[18-21 de Junio]




Get The Water

[20 de Junio]




El Festival de la Isla de Wight de 1969 se celebró del 29 al 31 de agosto de ese año en la ciudad inglesa de Wootton , en la Isla de Wight . El festival atrajo a una audiencia de aproximadamente 150.000 personas para ver actuaciones de artistas como Bob Dylan , The Band , The Who , Free , Joe Cocker , The Bonzo Dog Band y The Moody Blues . Fue el segundo de los tres festivales de música celebrados en la isla entre 1968 y 1970. Organizado por Fiery Creations, de Ronnie y Ray Foulk, se convirtió en un evento legendario, en gran parte gracias a la participación de Dylan, quien había pasado los tres años anteriores en un semi-retiro. El evento estuvo bien organizado, en comparación con el reciente Festival de Woodstock , y transcurrió sin incidentes. [Wikimedia Commons]