martes, 12 de mayo de 2026

Recuerdos del futuro


San Agustín


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En contra de las promesas presidenciales, el militarismo trumpista ha disparado la deuda del imperio hasta lo nunca visto, lo cual, para saldarla, dispara las proyecciones de guerra en Europa, cuyos súbditos serán quienes se batan en los frentes hasta que, decidida la contienda, aparezca por el horizonte el espíritu de Hollywood disfrazado de Séptimo de Caballería a recoger las nueces, como en el 18 y en el 45, “la guerra buena”, como la llaman ellos. El bello edificio de la República Constitucional (hija del optimismo lockeano de Madison y del pesimismo hobbesiano de Hamilton) sólo duró seis presidencias; a la séptima, la de Andrew Jackson, el ídolo de Trump, sucumbió a la corrupción.


Es un negocio muy rentable. Somos como piratas –justifica el presidente de los Estados Unidos el decomiso de barcos por la Marina de Hegseth, un patán que opina que “el Derecho internacional ata a los Usa”.


Es una pena que en las ruedas de prensa de la Casa Blanca no haya un solo lector de San Agustín para recordarle a Trump cuán semejantes son los reinos sin justicia a las bandas de ladrones. “Pues si se elimina la justicia, ¿qué son los reinos, sino grandes bandas de ladrones? Porque también las bandas de ladrones ¿qué son, sino pequeños reinos?”


Realmente ingeniosa y veraz fue la respuesta que le dio a Alejandro Magno un pirata que había sido apresado. Pues, al preguntarle dicho rey al personaje qué le parecía tener el mar infestado, aquél le respondió con libre insolencia: lo mismo que a ti tener infestado el orbe de la tierra; pero como yo actúo con un pequeño navío, me llaman ladrón; y como tú lo haces con una gran flota, te llaman emperador.


Antes de Trump, los europeos mirábamos la geopolítica como las ranas de la fábula de Fedro (afrancesada por La Fontaine y relatinizada por Fenelon) miraban a los toros: ranas asustadas en su charca viendo luchar a dos toros por una novilla blanca; saben que el perdedor será desterrado y que querrá reinar en la charca, aplastándolas a ellas. Después de Trump, el punto de vista geopolítico de los europeos parece más un video de la policía mejicana que circula por las redes: unos policías uniformados (“tecolotes”, en la fraseología desfigurada popular y del hampa de “Picardía mexicana”) arrestan a un par de manotas y para mofarse de ellos los obligan primero a besarse (uno de ellos, al terminar, escupe), y luego, a pegarse de trompadas hasta que ya no pueden más y entonces es la pasma la que prosigue con las trompadas.


Es inconstitucional buscar la aprobación del Congreso para la guerra: ningún otro país tiene que hacer eso –dice Trump a los periodistas, que se llevan a sus redacciones ese cascote de la República Constitucional como se llevaban a sus casas los pegotes del Muro de Berlín.


[Martes, 5 de Mayo]