lunes, 4 de mayo de 2026

Hughes. Espanyol, 0-Real Madrid, 2. Pericas miradas perdidas



@realmadrid

Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

De Arbeloa ya se puede decir que ha aportado algo nuevo. Lleva una prenda singular, una chaqueta inusual que parece una actualización deportiva de la castellana chaqueta teba.


Estos partidos sin interés deportivo del Madrid son, al final, una reunión de muy cafeteros. Se siente que nos hemos ido quedando solos con el equipo y que ante el televisor ya estamos los incondicionales. O los que no tienen otra cosa.


La alineación era alineación sin Mbappé, entonces sabíamos que sería funcional. Siendo x, y o z Mbappe, Vinicius o Bellingham, las alineaciones han sido:


a) si estaban las tres: disfuncional


b) si faltaba uno de ellos: funcional


c) si faltaban dos: muy funcional


d) si no había x, y o x: disfuncional otra vez.


Esta vez, Valverde hacía de falso 9, con lo que ya le hemos visto jugar de 2, de 5 y de 9, cuando su sitio está muy claro.


Igual que nosotros imitamos el gesto de un actor, el Español salió muy voluntarioso a intentar una presión alta que generó problemas en el Madrid, que sólo tenía la débil conexión Huijsen-Brahim. Luego fue imponiéndose el buen partido de Tchouameni, sus cortes y hegemonía, y por delante, las acciones y evoluciones no siempre trompicadas de Bellingham.


Por él llegó una ocasión que Vini mandó al palo.


Vinicius, que acabaría siendo la estrella del partido, estaba en esos momentos en otra cosa. Sus partidos son transformaciones, crisálidas, y en esos primeros minutos estaba discutiendo con el lateral del Espanyol los términos de la marca.


En el 22 le sacaron amarilla y luego, inmediatamente, a su lateral, El Hilali, una roja. Si viéramos el partido con los colores y escudos ocultos, hubiéramos ya adivinado que el arbitraje era español. Había algo inconfundible en ese arrebato tarjetero. Era como una dehesa, como el olor a ajillo que molestaba a la mujer de Beckham, como una guitarra flamenca... Era Gil Manzano, the one and only, al que el VAR tuvo que corregir la roja. No quedó la cosa ahí y luego fue el juez de línea el que le impugnó otra decisión.


En esos primeros minutos de formación del partido, se lesionó Mendy. Fue solo, corriendo. Una lesión rociojurado: sintió un crujido frío y seco y fue al suelo. Sus fibras son tan explosivas que ellas solas hacen crac. Se marchó sin tristeza, sin resignación, con una leve sonrisa incluso, la de quien recibe una visita esperada. Sentimos el privilegio de lo excepcional. ¿No somatiza Mendy, el portentoso Mendy, el sindiós del tardoflorentinismo?


Por él no entró Carreras, sino Fran García, que nos cae mejor. Nos ha ido ganando poco a poco, lo que dice mucho de todos.


El Madrid atacó espesamente y se iba sustanciando en saques de esquina de Trent no aprovechados.


Aun tenía vida el Espanyol y el realizador mostraba a un seguidor agitando optimista las lorzas. Cuando nos compramos una camiseta de un equipo, pensamos en los futbolistas pero acabamos pareciéndonos a la mascota.


Jugaba Thiago, bien en el robo, algo torpe en la entrega, y Brahim, con sus movimientos de foquita que no pegan mucho en el centro del campo.


Para que el Madrid empezara a andar fue necesario que Arbeloa ajustara la posición de Valverde y Bellingham: más a la derecha el primero, más arriba el otro, y sobre todo, que hubiera cambios y entraran Gonzalo y Mastantuono, más por el primero.


Quedó un equipo apañado: Tchouameni en el centro, Bellingham y Valverde de interiores, y Gonzalo haciendo de nueve de verdad, lo que dio esta vez sentido al ataque.


Lo dibujado se hizo realidad muy pronto: Valverde acarreó con potencia la pelota hasta Vini, que se fue al área, se apoyó en Gonzalo, y eliminó a tres rivales en un mismo amago antes de chutar con tino para el 0-1.


Vini estaba desatado y al poco llegó el 0-2. La dejada esta vez fue de Bellingham, un taconazo, y la obra de arte su golpeo: un exterior seco y alto, porque no fue trivela. No pareció venir de los tres dedos.


Bellingham jugó bien ahí y Gonzalo, sin hacer él mismo nada del otro jueves, dio seriedad, cuerpo, norte, tensión y propósito al juego. El 9 estructura y mejora a los demás igual que Thiago mejoró a los compañeros. Los cracks no necesitan más cracks, sino jugadores de rol, que desempeñan papeles eternos. ¡Alguien tiene que ser satélite!


El amor de los españolistas por su equipo se veía en las imágenes de señores en edad mordiéndose las uñas.


No consiguieron nada. Hubo más cambios. Mastantuono y Camavinga parecían dos jugadores en una unidad postraumática intentando reaprender el contacto con la pelota.


Su trauma fue siendo engullido por el trauma mayor del Español y en los últimos minutos ya sólo vimos imágenes de aficionados pericos con la misma mirada. Pericas miradas perdidas.