Mostrando entradas con la etiqueta Temporada 2017. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Temporada 2017. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de octubre de 2017

Chinchón'17 El rabo de David Mora

 ¡A los toros!

 ¡A la taquilla!
(Ni un periodista en la cola)

 ¡A la Plaza!

 ¡A España!

 Gran Angular

 La Castilla de Azorín

 Toro del Frío

 Gobernaculo teste

 Bañuelos y arena

 El ojo de Frascuelo

 Abellán

 Abellán

 Otero

 Mora

 Mora

 Mora

 Mora

El rabo de Mora

lunes, 18 de septiembre de 2017

En la Casa de Cultura de El Rosco, victoria por puntos de los Palha ante los Hoyo de la Gitana

 "Faustino Herranz, El Rosco, aficionado distinguido del Tendido 7..."
Ni El Rosco podía llegar a más ni la Plaza de Madrid a menos
Hitos taurinos de El Rosco: sacar el pañuelo verde a Bastonito, pedir orejas para Conchi Ríos
(¡Ah! Y Pablo Motos, Premio Nacional de Cultura)

José Ramón Márquez

Hoy tocaba el segundo desafío, el de los Palha y los Hoyo de la Gitana, pero el genuino desafío, el desafío a la inteligencia, ocurrió cuando entras por la Puerta Grande y una señorita de gran amabilidad te entrega el programa oficial número 58 y ves allí estampada la caricatura del afamado expicapedrero de Guadalix que atiende por Faustino y que en la cosa taurina es más conocido por su alias de “El Rosco”, al que en ese mismo programa se etiqueta como “aficionado distinguido”, que a saber lo que las huestes de don Bernard Domb entenderán por distinción. En ese hombre pretenden personalizar los mandaderos del señor Domb “el reconocimiento a la pasión por la tauromaquia de todo el público de Madrid”, y por ahí sí que no paso, que a mí no me ponen al Rosco a representarme ni cuando reparte solícito pastelillos siete arriba siete abajo, ni cuando se aposenta en el callejón en el burladero de la Autoridad Gubernativa, ni cuando sus vítores otoñales a Conchi Ríos, ni cuando pasea por la rotonda del Palace embelesado con algún bel-canto. Puestos a elegir, uno ha sido siempre de Juanito Parra y de la humildad de sus caramelos SACI, en el último lugar de la última fila de la andanada 8 donde aún está su azulejo que, imagino, aprovecharán para tirar a la basura con las obras que nos amenazan de manera inminente. Lo de Faustino digo yo que será la contraprestación de Donsimón a cambio del road-show que le montaron en Casa Patas donde se presentó con la chapa esa encarnada de que nada es importante si no hay toro y con un saco de embustes de alta expresión.

Bueno, pues tras la mofa a costa del susodicho nos disponemos a contemplar la salida al ruedo de Saltillo, número 665, de Palha. Palha es uno de los grandes enigmas de la ganadería, pues es tal la mezcla que con el ganado han hecho sus propietarios en uso de su legítimo derecho, que no hay quien se atreva a decir cuál es el tipo y las hechuras de esa casa, que tiene antigüedad en Madrid desde 1883, cinco años más antigua que Pablo Romero. Bueno, podríamos decir que su seña de identidad es lo heterogéneo en lo morfológico y lo encastado en la parte del comportamiento. Sin ir más lejos, este Saltillo que salió a romper plaza era de cierto aire miureño, largo agalgado, zancudo, muy serio y hondo, muy poco a propósito para el toreo contemporáneo por sus hechuras y de presencia muy grata para el aficionado e inquietante para el torero. El toro fue por tres veces al caballo a recibir los lanzazos que le pegó Daniel López y todavía habrá quien se queje del juego del animal, con las trazas que presentó el varilarguero y las mañas que demostró. Luego, después de un segundo tercio para el olvido, le tocó a Rubén Pinar intentar llegar a algo con Saltillo y la verdad es que no hubo argumentos dignos de reseña, acaso que aún conserva Rubén Pinar algunos modos que evocan a Julián de San Blas, de quien le nombraron sucesor hace ya mucho, mucho tiempo. En el haber de Pinar pongamos de manera especial la serenidad con que aguantó un espeluznante derrote de Saltillo que hubiese dejado sin respiración a unos cuantos que yo me sé, incluido el de San Blas. Mató muy feamente.

Luego, ya metidos en harina, salió a ese ruedo de arena de miga de Las Ventas, permanente homenaje del toreo al gremio de la construcción, el primero de los del Hoyo de la Gitana, un saltillo bastante más asaltillado que cualquiera de los tres de Moreno Silva del domingo anterior que atendía por Granjero, número 33 al que Pedro Muñoz le pegó como si le debiese dinero en las dos acometidas al jaco que protagonizó. Con este toro Javier Cortés dio su primer toque de atención en lo poco que duró el toro: una forma torerísima y muy decidida de abrirse con Granjero hacia el tercio y una excelente colocación y remate en la única serie de redondos que el animal se tragó antes de pararse. Luego el animal decidió que no le merecía la pena ponerse a embestir, como el Bartleby de Herman Melville, “preferiría no hacerlo” y así obró, por más que Javier Cortés trató de plantear otros modos acortando distancias, donde algunos vieron que ahogaba la inexistente embestida del toro. La cosa es que cuando lo despenó con un pinchazo y una estocada desprendida, ya estábamos deseando que saliese el quinto, que las tres o cuatro cositas de Cortés habían puesto la miel en los labios.

En tercer lugar y para su lidia y muerte a estoque por Gómez del Pilar salió Asustado, número 656, de Palha, que fue saludado con una ovación de la cátedra. De las tres veces que acudió al penco, la primera derribó, propiciando un deleznable espectáculo de los monos metidos a recortadores, y luego recibió dos puyazos sobrios y de buena colocación de “El Patillas”. Para el tercer puyazo Gómez del Pilar lo dejó en suerte de manera muy lucida con una lopecina. Luego, tras una buena brega de Iván Aguilera, principió su labor muleteril, como decía Matías Prats, puesto de rodillas y ahí estuvo hasta que tocó ponerse en pie. La parte en pie fue larga y sin mucho sentido, tomando sus ventajitas, como todos, y sin decir nada ni provocar un ¡ole! en los tendidos. Entre los que dio con la derecha y los de la izquierda se fue pasando el rato y cuando clavó el estoque en lo negro tras sonar un aviso, sus amigos y aquellos a los que convencieron, estimaron que tenía méritos suficientes como para demandar la oreja, que el presidente con buen criterio no concedió, pese a las consabidas cucamonas de los benhures de la mula atentos siempre a la propinilla que pueda caer. El protagonista de la tarde, Faustino, le hizo una seña al torero de que por su parte podía dar la vuelta al ruedo y entonces Gómez del Pilar se la dio tan feliz.

Rubén Pinar se las vio con Dichoso, número 20, del Hoyo de la Gitana y válgame el cielo qué bien estaba puesto el nombre del animal, que el dichoso de Dichoso no le dio ni media opción, pues se paraba en medio del muletazo, se lo pensaba un mundo lo de embestir y lo de embestir debe cogerse con pinzas, porque lo que más hizo fue pararse y ni siquiera pasar la mitad de las veces. El bicho había tomado dos varas, la segunda desde muy lejos. Lo mató de media lagartijera.

Pintarrocho, número 706, de Palha es el segundo que esperaba en las mazmorras de Florito para Javier Cortés. El bicho presentó algo de falta de fuerzas durante el primer tercio, no siendo ni mucho menos el que mejor cumplió en varas de los seis. Cortés empieza muy decidido su trasteo por naturales, dando distancia, como no se ha visto en Madrid en toda la temporada, y echando la pata hacia adelante con verdad y decisión y demostrando que hay alguien a su lado que le está aconsejando en la buena dirección. No era el derecho el pitón del toro y cuando Cortés se cambia la mano a la derecha enjareta una tanda de redondos de bastante menor intensidad que la conseguida con los naturales, luego el toro cambia y el matador, como hizo en su primero, opta por las cercanías con las que redondear su actuación dejando al respetable con ganas de volver a ver a este matador que nunca nos había dicho nada y que hoy ha protagonizado netamente los mejores momentos de la tarde. Con dos pinchazos y media echándose fuera puso a Pintarrocho a disposición de los benhures, que como ahora no había nada que rascar actuaron con una diligencia propia de quien tiene prisa por irse a ver qué hacía el Real Madrid.

Y por último Cancionero, número 28, del Hoyo de la Gitana, otro toro largo y zancudo que acudió por dos veces al caballo y no hubo forma de que fuese una tercera. En el primer encuentro con el penco desmontó a José Francisco Aguado en una caída de latiguillo de las que tanto gustaban a nuestros abuelos, esto propició una nueva desafortunada actuación de los monos, con riesgo innecesario incluido; luego, cuando Aguado se volvió a subir al penco, demostró sus buenas dotes de jinete moviendo al penco y provocando la arrancada del toro con la facilidad de las cosas bien hechas, si bien no hubo forma de que Cancionero se arrancase de largo pese al denuedo con que el picador lo intentó. Buena brega de Manuel Macías y ahí tenemos a Gómez del Pilar con Cancionero, que no tenía las mismas condiciones que el tercero siendo de embestida sosa y mortecina y como el matador tampoco es que fuese la alegría de la huerta, frío como un témpano, la cosa se fue haciendo larga y pesada, por más que a la primera de cambio se le animase apasionadamente desde el tendido, que le trataron como a un hijo. Aviso y media echándose fuera pusieron el punto final a la tarde.

En resumen: victoria a los puntos para Palha, sorpresa grande las maneras de Javier Cortés, gran cuadrilla la de Gómez del Pilar, nuevo ridículo de los benhures de la mula con su particular moonwalk a lo Chiquito de la Calzada cuando se ventea una posible oreja y sancionable actitud de la grey monicaca en los derribos, donde hay toreros con capotes para hacer quites sin necesidad alguna de que ellos hagan alarde de su heroísmo de talanquera.

Sancionable actitud de la grey monicaca en el Guernica de la tarde

lunes, 11 de septiembre de 2017

Desafío ganadero: muleteo para Saltillo y varas para Fraile, con un natural de Chacón y dos pares de Otero

 Multiculturalismo simoniano

El ganao

José Ramón Márquez

¡Al desafío! ¡Al desafío ganadero! Hoy tocaba desafío ganadero, un engendro del cual el infausto Don Simón se achaca la paternidad, y que consiste en poner tres toros de una ganadería y tres de otra, normalmente de las que no quieren ni en olfato los de las partes altas del escalafón, y frente a ellas a tres muchachos como los de hoy, que entre los tres sumaban 28 festejos en el año pasado, a ver qué pasa. El desafío, como la mayoría de las cosas que se deben a Don Simón, apodo que se aplica al citoyen don Bernard Domb es cosa ful, porque lo suyo no sería confrontar dos conceptos ganaderos digamos que equivalentes, sino más bien enfrentar los polos opuestos que en cierto modo dividen a la afición; o sea, enfrentar a los Saltillo de Moreno Silva, los Zalduendíbiris que pastorea Antonio Barrera, o a los gracilianos de Juan Luis Fraile con los Cuvis de don Núñez del ídem para que la afición viese frente a frente al toro y a la mona y formase su opinión: el que guste de ver las blanquecinas lenguas del ganado bovino, el que aprecie la perruna persecución de las telas, la levedad en la cosa de las varas, los del arte, frente  a los de la boca cerrada, el rabo enhiesto al acudir al penco, la inteligencia y la  intencionalidad en la embestida, los del toro, que ahí sí que habría una auténtica confrontación.

Lección de trigonometría

Para ver esta pasarela Cibeles del toro serio Las Ventas no registró un entradón de esos que hacen época, pero sí que se puede decir que allí  no falló ni uno solo de los aficionados cabales, amén de los simpáticos orientales que tanto nos ayudan a que se mantenga nuestra afición, aunque es de justicia reseñar el casi lleno de todos los burladeros de gañote. Entrada muy de domingo madrileño que a nadie debe extrañar después de las birrias de entradas de Bilbao o San Sebastián, sin hablar de los cuatro gatos que se juntaron en Valladolid a ver a Ponce y a Manolito Sánchez o los cuatro gatos y medio que fueron a ver a Julián de San Blas indultar a un vaco acorne. A ver si ahora la culpa de que la banda no vaya a los toros la van a tener Saltillo y Juan Luis Fraile.

En cuanto al ganado, volveremos a los antiguos cuando decían que mirando al toro no es fácil aburrirse. Hoy hubo toro y su majestuosa presencia llenó el ruedo de Las Ventas (ése que quieren achicar, según dicen por ahí) porque en la Plaza sólo se veía toro constantemente, esto es que las evoluciones del ganado por el redondel, sus cambios de humor, sus idas y venidas llenas de interés y de intención, sus desafiantes presencias eran argumento más que suficiente como para mantenerse bien atento y no apartar los ojos del ruedo. Abrió plaza Loquerito, número 31, de Saltillo, toro muy serio, muy bien armado y sin ánimo de regalar nada a su matador. Lo paró Octavio Chacón de capa con formas clásicas y asoleradas y lo condujo con su capote hasta los medios donde remató con una torera media verónica. Loquerito no era animal proclive al mundo del penco, al que entró con la cara por arriba del estribo de Juan Francisco Peña, pero acudió al cite las veces que se le puso. En seguida se dio cuenta Chacón de que con el Saltillo había que trabajar, especialmente en una espeluznante colada en el mismo inicio del trasteo y en otra que soluciona torerísimamente el gaditano mediante un cambio de mano rematado con un natural mandón y encajado en un lance de gran inspiración. El resto de su labor fue seria y serena. Mal con el acero, aunque el animal no le dio ni media facilidad para que lo matase.

El trigonómetro

En segundo lugar apareció Farruco, número 1, con el hierro y la divisa de Graciliano, propiedad de don Juan Luis Fraile. Fue un toro largo que acudió al caballo con alegría y fuerza con el que se lució Ángel Otero en dos pares de exposición en los que dio las ventajas al toro, reunió en la cara y salió andando. El graciliano no estaba dispuesto a regalar nada y Pérez Mota bastante tuvo con estar frente a la inquietante presencia de Farruco y a sus embestidas poco amigables. Mató mal.

El segundo de los Saltillo, una preciosidad de toro, fue para José Carlos Venegas. Atendía por Gallito, número 23 y su capa era cárdena oscura, meano y bragado corrido. Entró seis veces al caballo, cinco al de tanda y una al de reserva: el toro al sentir el hierro se escapaba buscando los pechos del penco y salía coceando, así una, dos, tres veces. Luego se fue de naja a la puerta de cuadrillas y allí cobró algo aunque también salió escupido de la suerte y finalmente acometió con fuerza y fijeza en la sexta entrada que es en la que aprovechó Gustavo Martos para buscar petróleo en la anatomía de Gallito, como si su espalda fuese el Páramo de la Lora. Venegas lo sacó a los medios toreramente doblándose con él. El toro tenía un viaje de gran franqueza, humillado y encastado, una embestida vibrante plena de emoción con la que Venegas logró una par de series de redondos que fueron muy bien acogidas por los tendidos, con la izquierda el toro tenía otro son y cuando Venegas volvió a la derecha el animal había cambiado. El torero tuvo la inteligencia de cortar el trasteo, antes de que fuese más a menos, y cobrar una estocada desprendida y atravesadilla.


Sortijillo, número 11, fue el segundo de los de Juan Luis Fraile, un toro más bajo que sus otros dos hermanos con el que Chacón volvió a exhibir su solvencia con el capote. Muy torera su forma de dejar en suerte al toro, que acude prestamente y de largo al caballo de Juan Melgar. Aplauden a Melgar, que no había agarrado bien a Sortijillo, acaso porque pese al ímpetu del graciliano no cayó. Luego Chacón presenta su batalla, y había que estar ahí aguantando parones, miradas y tarascadas, que el bicho se orientó un montón y según iba pasando ya estaba pensando en buscar al que estaba por allí moviendo la tela. Toro para ir muy tapado, Chacón optó por citar con la muleta atrás y acaso esa sea una de las causas del sentido que fue cobrando el toro. Mató mal, de nuevo.

El segundo de Pérez Mota fue el Saltillo que atendía por Temeroso, número 28, que de temeroso nada, más bien el temor que le infundíó, pues no llegó a confiarse en el que posiblemente haya sido el mejor toro de la tarde. El saltillo acudió al caballo cumpliendo, siendo el que mejor nota deja en el caballo de los tres de Saltillo. El animal demandaba firmeza, mando y colocación y Pérez Mota no acabó de confiarse como para plantearle a Temeroso la medicina que éste pedía. La cátedra, que ya había tomado partido por el toro, se enfadó con la falta de decisión del torero y le despidió con pitos después de su mal uso del estoque, guardando sus palmas para el de Saltillo cuando los Benhures le arrastraban hacia la jurisdicción de los carniceros.




Y por fin, en sexto lugar, Jocosillo, número 2, de Juan Luis Fraile, toro hondo y de impecable trapío, fuerte y serio como un catedrático de Derecho Administratrivo de los de hace cuarenta años. La verdad es que solamente estar frente a esa presencia es ya como para darle a Venegas una ovación, porque el toro imponía un respeto impresionante que llegaba netamente hasta la andanada. El toro por dentro era como por fuera y pedía el carnet, toro exigente con el que me hubiese encantado ver al Poderoso, a ver qué es eso del poder. Venegas bastante hizo con estar por allí, brindar con su mejor voluntad al público y defender su honra a base de pundonor. Mató mal.

En resumen: una gran tarde de toros en la que el premio de muleteo es para Saltillo y el de varas para Fraile y que hubiese resultado aún más lucida sólo con que los matadores hubiesen sido certeros en el uso del acero.

Septembreo madrileño

lunes, 10 de julio de 2017

Teruel también existe y una estocada de Colombo en Las Ventas


Sábado en Teruel

Minuto (musical) de silencio

 José Ramón Márquez

Prólogo turolense.

La ilusión es el motor de la afición. La ilusión es la que te lleva muchas veces a la Plaza, aún a sabiendas de lo que te espera. La ilusión es la que lleva a marcarte seiscientos kilómetros tan ricamente para ver a Ponce con los de Adolfo, que allí nos encontramos un buen puñado de aficionados de Madrid, de Zaragoza, de Valencia… Y, verdaderamente, la ilusión con la que fuimos ya nadie es capaz de quitártela, aunque luego todo salga de otra manera distinta a la que cada cual habría querido. Era de cajón pensar que lo que Adolfo llevaría a Teruel para que Ponce se estrenase y se despidiese de su ganadería, no pasaría la mínima exigencia (hablamos de la exigencia de una Plaza de segunda, por supuesto), pero no podíamos imaginar que la cosa fuese a ser tan deplorable. Sin hablar de las condiciones minúsculas de los pitones, pitones dignos de un miniaturista, la presentación de la corrida en cuanto a lo zoomórfico fue verdaderamente deplorable. Y pese a ello, por más que cuenten por ahí, créanme, Ponce estuvo desconfiado con el primero como un neófito hasta que vio claramente que no se comía a nadie, momento en que armó su trasteo en versión complacer a los del pueblo, actitud populista que continuó en su segundo con el que no pasó incomodidad alguna. Curro Díaz por no hacer ni hizo en su primero ni en su segundo su tradicional inicio de faena, que es lo mínimo que se le pide, y Morenito de Aranda, que venía de matar en Burgos otra de Adolfo, se justificó en su primero con un poquito de buen toreo al natural, encajado, ligado  y de buen trazo, y dio en su segundo su versión más chabacana. Decían los viejos del lugar que hacía más de treinta años que no se veía en Teruel una entrada como la del sábado, por si a alguien le quisiera dar por ponerse a cavilar qué han hecho mal.


El tardoponcismo

Novillada en Madrid.

Así que después de la tarde amena y decepcionante en la coqueta Plaza de Toros de Teruel, construida en 1935, volvemos con las orejas gachas a Las Ventas de nuestras entretelas a ver una novillada de don Fernando Peña Catalán, próspero industrial y criador de toros de lidia desde 1990, toros toledanos de “Torrestrella por absorción” al decir de la Unión de Criadores, sea ello lo que sea, que yo sin embargo me reafirmo en la creencia de que si el señor Peña lleva cerca de treinta años con su ganadería, su procedencia es Peña, o acaso Palomarejos, por lo de la Compañía de Inversiones Palomarejos que figura como real propietaria de la vacada. La cosa es que si el año pasado, también por el mes de julio, salimos tan contentos de Las Ventas con la corrida que nos trajeron los Palomarejos, este año lo mismo, que los seis novillos que se trajeron a Madrid desde Calera y Chozas han dado juego, han puesto sus embestidas a disposición de sus matadores, no han rehuido el vis a vis con los de la equitación y  han planteado sus problemas, tal y como debe ser, en una variedad de comportamientos que han ido del boyante al manso pasando por el que se paró y, este sería el garbanzo negro de una interesante corrida, el que manifestó una inaceptable falta de fuerzas, el toro flanín diríamos, que fue el sexto. Dos de los seis, el primero Desperezado, número 18, y el segundo, Rinconclaro, número 123, fueron despedidos justamente con ovación.
 
Como todo el mundo sabe, los toros empiezan a las 7 de la tarde, pues bien, a las 7 y 12 minutos ya habían arrebatado tres capotes a los actuantes los de Fernando Peña, para que se vea que el novillo, Desperezado, tenía su personalidad y su embestida tenía su sentido. El Presidente, don Víctor Oliver, estimó que podía sacar el trozo de sábana blanca al que solemos llamar pañuelo con sólo tres banderillas colocadas en la espalda de Desesperado, pero incluso esas tres estaban puestas de manera tan feble que al ir a comenzar su faena Santana Claros, de Fuengirola, nuevo en esta Plaza, ya sólo quedaba una en el toro. El toro fue bueno y dispuesto, sin ser en absoluto tonto. Al inicio de su faena le pegó a Santana Claros una colada de ésas que te dejan que no sabes si vas o vienes, pero en general el novillo estaba dispuesto a echar una mano a Santana, que no fue capaz de aprovechar las innegables condiciones del animal para exponer su tesis con la solvencia que el animal demandaba, no estuvo lo que se dice bien, pero tampoco dio ni mucho menos la impresión de estar naufragado, todo hay que decirlo. Y hay que explicar también que Santana Claros se vino a Las Ventas  sin apoderado y con una sola corrida en el año pasado, seguramente traído por la influencia de Curro Vázquez, a quien brindó este primer novillo, por lo que la censura que sobre él se haga debe quedar, nuevamente, matizada por la falta de soltura de quien no torea. Mata de estocada arriba un poco contraria de gran efectividad. Su peón Yelco Álvarez tira al toro feamente, cuando el animal estaba herido de muerte.
 
Daniel Crespo lanceó por verónicas de buen trazo a su primero. “El Patillas” le agarró bien en el primer puyazo al que acudió con alegría y Crespo no pudo volver a explicar su toreo de capa porque el novillo, Rinconclaro, le arrebató el capote de las manos y pelillos a la mar porque el novillo volvió a ir con alegría al caballo y a tomar una vara de buena nota. El trasteo de muleta se basó sobre todo en la mano derecha y no llegó a cobrar vuelo, pues Daniel Crespo volvió a caer en lo mismo que cuando le vimos el año pasado: cita al toro y cuando le tiene en movimiento le deja colocado, y él mismo se queda colocado, ahí engancha el segundo muletazo y a continuación suelta al novillo de cualquier manera y tiene que pegarse una carrerita para volver a la posición. Eso, así, cuatro, cinco, seis veces, y la ligazón se cambia en carreritas, y la faena va desapareciendo. Si a eso añadimos muchos más enganchones de los recomendables y una estocada baja echándose fuera, ya tenemos reseñado a Daniel Crespo en su primero.

Jesús Enrique Colombo venía de Pamplona, donde se apreció su disposición de novillero con ganas, y de nuevo en Madrid ha venido a refrendar esa consideración. Su primero, Jamonero, número 144, cobro en la primera vara que le puso Andrés Nieto y acudió al relance a la segunda en la que no se le picó. En banderillas él no coloca al toro, sino que tiene a Marco Galán para que le deje preparado al novillo, ante el que desarrolla su banderilleo atlético tan poco sobrio; su segundo par es arriesgado, porque con el toro lanzado le cambia el viaje en la cara; el tercero lo mismo que el primero. Brinda al público en los medios, dejando caer la montera muy toreramente, soltándola sobre el hombro y comienza su faena, que tiene muy poco recorrido porque el novillo se para en seguida, los amigos del torero dirán que fue cosa del toro y los amigos del ganadero dirán que el matador ahogó la embestida de Jamonero. Mata de estocada baja echándose fuera y soltando la muleta.

El segundo de Santana Claros, Calmoso, número 116, de condición tirando a mansa, no paraba de tirar hacia el 4... y de rajar capotes, que se llevó por delante el de Santana y el de Crespo, rajados de arriba abajo. Inicia Santana su trasteo con unos ayudados por alto de sabor añejo, marcando el viaje del novillo, y después se pasó la muleta a la zurda donde dibujó naturales pintureros, de buen trazo y de poca ligazón; luego, cuando cambia, y prosigue la faena por la derecha, descolocado y pasando al toro por las afueras, la cosa pierde interés. Apetece volver a ver al fuengiroleño. Tiene personalidad.
 
En el saludo de Daniel Crespo a su segundo, Confuso, número 74, el novillo le raja el capote, así que nos quedamos sin ver refrendar en éste las verónicas del primero. A Confuso lo pica Juan Melgar, y es una gloria verle montar, mover el penco y echar el palo. El mismo penco que con otros picadores es como un sillón chester, con Melgar se mueve hacia adelante y hacia atrás y anda con alegría, para que se vea lo que es capaz de hacer un jinete con un caballo. Bien ejecutada la suerte y bonita la manera de echar el palo, aunque en la segunda vara quedase la puya un poco baja. Luego viene un ajustado quite por chicuelinas de Colombo y una arriesgadísima y pundonorosa manera de banderillear de David Gómez que alarga su cuarteo más de lo que dicta la prudencia buscando la cara del novillo que le esperaba para hacerse con él, afortunadamente sin consecuencias, Y después el trasteo de Daniel Crespo se basó en correr y correr, en muchos enganchones y en estar por debajo de las condiciones del novillo.

El segundo de Colombo, Alfeñique, número 137, fue pésimamente picado por Gustavo Martos, que bien podía haberse fijado en “El Patillas” y en Juan Melgar para aprender un poco. Vuelve Colombo a agarrar los palitroques y de nuevo vuelve a su estilo atlético, toma el olivo a la salida del primer par, quiebra en el segundo y sale acosado en el tercero, de tal manera que aunque hay tres peones al quite se ve obligado a tomar de nuevo el olivo. En la faena de muleta el toro se revela como muy blando, desplomándose varias veces. Colombo corre la mano despacio, pues despacio embestía el toro y como colofón receta una gran estocada, eficaz y bien ejecutada, que por si sola vale la oreja que se le concedió.
 
Epílogo madrileño.

A la salida de los toros me entero de que ya no hay más corridas los domingos, que ahora se les ha ocurrido que van a hacer unas nocturnas los sábados, por lo que doy por concluida mi asistencia a Las Ventas. Plaza1 se queda sin ingresar 19,60 € de los cuatro festejos que me quedaban por ver antes de irme de vacaciones, que no es que eso les vaya a sacar de pobres, pero para unas cañas sí que da.

lunes, 3 de julio de 2017

La tarde de los cascones. Hasta para ser novillo hay que tener suerte



José Ramón Márquez

¿Quién se podía negar a ir a Las Ventas a ver otra entrega del lisarnasio mundo? ¿Quién podía decidir no ir a ver otra entrega de todo ese holding ganadero de la cosa frailuna que tanto nos hace reír? Hoy se anunciaba una escisión de la primigenia frailada, del Puerto de San Lorenzo, puesta a nombre de doña María Cascón, que lo mismo que los Núñez tienen su línea Rincón los Tío Gilitos del Lisarnasio también querrán tener su línea Cascón, y ahí estaban Pitillito, Bilbalero, Mariposino, Playero, Cantinillo y Cantinero, negros los seis, encerrados en las oscuras  mazmorras de don Florencio Fernández desde  por la mañana, con lo que llevasen dentro. Lo que el aficionado medio llevaba dentro ya se sabe qué es: el mosqueo correspondiente, el amoscamiento, la mosca tras de la oreja ante la previsible trampa saducea de doña María, recordando la tarde aquélla de no hace tanto en que tomó antigüedad su divisa azul y blanca en los toros, verde esmeralda y blanca en el programa, proclamando su falta de interés, su blandenguería y su descaste a los trescientos aficionados que la vimos, y no contamos a los chinos que estuvieron en aquella corrida, porque lo más seguro es que ya no guarden memoria de una  tarde tan poco favorable.

Fue ver al primero con el crotal anaranjado prendido en la hoja de higuera de Pitillito, número 18, y los augurios no mejoraron, que hay que fastidiarse con el rollo de los crotales en el ganado de lidia, como si fueran lechazos de Carbonero el Mayor o tudancas que bajan a la feria de Potes en Noviembre; ahí se ve que la señora Cascón no se ha imbuido aún de que hay cosas que no se deben hacer y persiste en poner esos higos en las orejas de sus pupilos, que lo mismo es que la parecerá bonito. Bueno, pues la decepción llegó sólo hasta lo del crotal, porque la verdad es que la corrida de los lisarnasios de doña María fue una espléndida lección de que todos los prejuicios hay que dejarlos en casa cada vez que se va a los toros, porque la novillada de hoy de Madrid ha sido un regalo para el aficionado, lo mismo en presentación, que ha sido pareja y equilibrada, que en comportamiento, que ha sido marcado por la casta pero también por la franqueza en la embestida, con su poco de mansedumbre -y esto no se dice ni mucho menos como nota negativa-, por la manera en que han rebatido ese lugar común de la frialdad de lo de Atanasio en los primeros tercios, y por la pena mora de que no hayan caído en otras manos que los hubiesen lucido más y les hubiesen dado más fiesta, que en esta vida hasta para ser novillo hay que tener suerte.

Digamos que los novillos cumplieron más que de sobra con la cosa de los jamelgos, bastante más que lo que cumplieron con ellos los que iban subidos en los aleluyas con el fin de agujerearles sus lustrosas pieles. De entre los del orden ecuestre prácticamente sólo destacó Jean Nicolas Bertou en la primera de sus varas en la que agarró firmemente y echando el palo hacia adelante al tercero, Mariposino, número 11, defendiendo bien al caballo de la vigorosa embestida del toro, que se le vino muy a su aire y con velocidad. El tercio de varas hoy hubiera merecido haberlo hecho con un poco de cuidado, pero lo cierto es que la tarde se pobló de animales entrando de cualquier manera al caballo, sin fijar, al relance, sin dar importancia a nada de lo que se hacía. En general el comportamiento de los cascones para con los del kevlar fue generoso y bullidor, acometiendo con ímpetu, empleándose y viniéndose arriba, idóneo para haberles dado fiesta en vez de carioca. En banderillas tendieron a forzar la desconfianza del gremio de los garapullos, no propiciando brillantez en el segundo tercio, sino más bien el consabido repertorio de triquiñuelas para dejar los palos más o menos arriba. El que peor parte llevó fue David Oliva, que fue empitonado de fea manera, sin consecuencias, por fortuna, cuando tomaba el olivo frente al 8, cazado en las alturas en un feo derrote del sexto, Cantinero, número 24.

De los tres matadores anunciados, Juan Miguel, Mario Palacios y Andy Younes, el primero y el tercero acabaron en la iguala de Padrós: el primero atropellado en la segunda de las gaoneras de un quite y el segundo herido al quedarse en la cara del novillo al entrar a matar, ambos fueron heridos por el tercero, Mariposino.

Juan Miguel venía hoy, quizás, como recompensa por una oreja que le dieron entre los autobuses de followers colmenaretes y porque el toro le amorcó el día de la de Flor de Jara. Pobre bagaje para este novillero de 31 años que en su trasteo volvió a poner de manifiesto su ausencia de concepto o de ideas, empeñándose en sujetar al manso primero en diversos lugares de la Plaza mientras el animal tiraba hacia chiqueros, en unos pases despegados y de poca entidad, alguno de los cuales fue jaleado de nuevo por la parroquia que le arropa y que, sinceramente, le quiere.

Younes, a quien apodera el Donsimón que gobierna Las Ventas, nos trajo el recuerdo del día de su presentación ante la cátedra, día en que fuimos hostigados en la Andanada por la presencia intimidatoria de un indocumentado señor de chaqueta azul que pretendía imponer su particular ley del silencio. Aquel día la impresión que dejó el joven Younes fue la de un aficionado práctico al que le faltaba rodaje para venirse a Las Ventas. Aquel día con una comodita corridilla de Montealto la cosa fue como fue y hoy, con un encierro de más cuajo y con más que torear -y que tragar- la cosa no sonaba que pudiese salir mucho mejor, pues como me enseñó en el remotísimo bachillerato el Padre Mindán “natura non facit saltus”, frase de Leibniz que significa que un mes es un plazo realmente corto como para que puedas presentar ante el novillo otra cara diferente. Además no sabe matar. 

Y el papelón se le quedó a Mario Palacios, a quien le tocó despachar cuatro novillos. Y si Mario Palacios tuviese una verdad que decir, vive Dios que hoy tuvo con qué decirla, pues el cuarto, Playero, número 17, y el quinto, Cantinillo, número 21, ofrecieron suficientes mimbres como para que Palacios presentase sus argumentos y diese un inequívoco golpe de mano, pero las cosas son como son y, sinceramente, no es éste el momento de hacer leña. Él intentó lo que pudo y encaró el reto con entereza. Basta con eso.

A la finalización del festejo la bondadosa afición venteña, a quien algunos interesados quieren pintar como ogros furibundos, aplaudió con sinceridad al conjunto de los cascones haciendo salir al mayoral a saludar. Yo disfruté una barbaridad con esta corrida, pero creo firmemente que esto que han traído dentro los novillos no es, ni mucho menos, lo que de ellos esperaban quienes los compraron. Desearía fervientemente estar equivocado.

lunes, 19 de junio de 2017

Redada de novillos y un natural de Ángel Sánchez en domingo de luto por Fandiño

Luto por Fandiño


José Ramón Márquez

Hoy Las Ventas estaban tristonas y con las banderas a media asta. El alma de la Plaza, ese alma que tiene cada Plaza y que la hace distinta a las demás, se veía afligido a causa del percance de ayer y ni ganas se tenían de protestar a los novillos, ni de censurar las muchas incorrecciones en que incurrieron los novilleros, que lo de Fandiño no se iba de las cabezas. La banda del maestro Zahonero atacó las notas del pasodoble a un compás más lento, compás de luto, y las cuadrillas hicieron el paseo de manera desusadamente lenta. Todos los toreros portaban unos lacitos negros en las mangas en recuerdo del compañero caído. En el 7 sacaron durante el paseo un lienzo blanco en el que habían escrito con un spray negro: “Iván Fandiño siempre en el recuerdo de la afición”, que luego colgaron en la barandilla de la grada y ahí permaneció hasta el final del festejo. También hubo el minuto de silencio, rito perfectamente incomprensible para los indostanis que se sentaban delante de mí, y el homenaje de cada uno de los tres novilleros en el primero de sus respectivos lotes elevando la montera en dirección a la bóveda celeste desde la que se precipitaba el calor hacia la Tierra como plomo fundido, que hablan los que estuvieron del calor que hizo el día que alternaron en Sevilla Ricardo Chibanga y Curro Romero, pero me da que esto de hoy superaba con creces aquella ya remota tarde.

Para el primer domingo de después de la Feria del Isidro 2017, este año una feria espectacularmente Isidra, pelmaza y sin prácticamente interés, por más que inventen por ahí los que comen de esto, programaron la “Novillada de Triunfadores”, que a ver qué entienden los de Plaza1 por “triunfar”, que según el Diccionario es “quedar victorioso” y según Plaza1 es “a ver a quién ponemos”. De esa manera fueron designados como triunfadores Ángel Jiménez, Ángel Sánchez y Jesús Enrique Colombo, y para la cosa semoviente, que para esta no era necesario ningún triunfo y bastaba con el tradicional forro de los c… del veedor, se eligió de entre la totalidad de la geografía brava de España una corrida de don José Luis Marca que, como es bien sabido, eliminó lo anterior a mediados de los años setenta para hacerse marca blanca de juampedritis.

En cuanto al encierro algo debió pasar que no nos cuentan, porque de los novillos reseñados se aprobaron los justos para que no hubiese derecho a devolución de los boletos y hubo que acudir al remiendo, nadie sabe por qué. Si a Miura la remendaron con juampedritis, a Marca la remendaron con lozanitis, que se tuvo que venir a Madrid una yunta de El Cortijillo a ayudar a formar la canónica media docena. Por cierto, que lo de El Cortijillo parece que no tiene lo que se dice felices a los Hermanos Lozano (HL) y cuentan por Toledo que si alguien con cuartos y gana de gastarlos asoma por Urda, se puede llevar El Cortijillo donde le plazca y librar a sus amos HL de esa carga. Los tres primeros, los de Marca, fueron al caballo, metieron la cara abajo y empujaron dentro de sus fuerzas. Los dos primeros fueron, además de jaboneros,  la enciclopedia ilustrada de la embestida. El tercero, de bonito tranco al principio, se cansó y se quedó marmolillo o broncecillo, vamos, que no era capaz de dar un paso adelante después de tanto capoteo y picoteo. El cuarto, de Marca, fue muy manso en los primeros tercios y en la muleta ya no le dio por huir tanto y planteó unas embestidas de gran vibración, siendo el toro más interesante de la corrida por lo cambiante de su actitud y por su final embestidor, Aguaclara I, número 6, de bonita capa castaña. Y ya como colofón con la mitad del público fuera de la Plaza y la canícula de junio como dueña y señora de la tarde, asomaron los dos cortijillos, abantos y mansos en distinta graduación, a decir “¡Aquí estoy yo!”.

A Ángel Jiménez le engañaron entre don Justo Polo y Joselito Calderón dándole una orejilla de papel maché a costa de un revolcón  en la novillada del Conde de Mayalde, y eso debe ser lo que le granjeó su puesto en la corrida de hoy. La de Mayalde salió de dulce para el torero y el primero de hoy, salvo por la espantosa capa jabonera sucia, fue el sueño con el que habría fantaseado Jiménez en los días anteriores a la corrida. No aburriremos al paciente lector pormenorizando la secuencia de cites con el pico, toreo despegadísimo, y carreritas, a fin de cuentas es lo de todos los días y también lo de las llamadas figuras, lo peor de todo, y si acaso alguien próximo a él llegase a leer esto que le avise por favor, es la gritería que monta en cada cite, en cada pase, en cada pase que no llega a ser, constantemente: ¡eh!, ¡ah!, ¡Aaaaaa!, ¡uh!, así la faena entera, como un concierto de música dodecafónica, un horror, y la faena más larga que la infancia de un pobre, que hasta sonó el aviso y Jiménez seguía berreando ¡Aaaah!, ¡Uhu!, ¡Ehehe! En su segundo, el castaño, repitió sus Variaciones Goldberg del berrido, sujetó al novillo en el 9 sin que el animal se escapase y aprovechó alguna de las embestidas de Aguaclara I para ligar un par de muletazos -imagine el lector la factura de los mismos-, que inmediatamente fueron jaleados por el público ansioso de ver algo.

Ángel Sánchez sorteó a Aguaclara II, número 28, jabonero claro, que mira que es fea esa capa. Otra máquina de embestir ante la que Sánchez no fue capaz de poner en marcha los resortes que le valieron su presencia en esta tarde, tal y como dicen que estuvo el 2 de abril con los de La Quinta, que no vi. Diremos en lo bueno que Ángel Sánchez tiene aire de torero y que probablemente de ahí saldría un torero, y en lo malo que lo que a su buena planta y forma de estar en la Plaza no va nada es el toreo afuerístico, el cite ventajista y deplorable, la falta de ganas de torear hacia adelante, de asumir el riesgo que hace grande el toreo, frente a la inanidad acomodaticia del toreo de ventaja de cada día. A Ángel Sánchez en su primero se debe el único momento de esplendor de la tarde, taurinamente hablando: un natural, un solitario y excelso natural largo y encajado, con el toro entero pasando hasta donde se le manda, un fulgor brevísimo del toreo bueno, luego empantanado en vulgaridad y ventaja, en ventaja y vulgaridad. El quinto, manso Cortijillo, pedía más oficio y no regalaba nada. Ahí Sánchez estuvo trasteando sin que nada de su labor  llegase al tendido ni al duro corazón del aficionado. Si desarrolla su personalidad y se va al buen camino aquí podría haber torero. Apetece volver a verle.

Jesús Enrique Colombo estuvo toda la tarde demostrando enormes ganas de agradar, entrando en quites, colocando el toro al penco con soltura y desparpajo, poniendo banderillas -aunque eso no parece ser su fuerte- y animando al tendido cuando el tendido no se animaba por sí solo. El primero que sorteó, un precioso novillo salpicado, se quedó como hecho de arcilla en el último tercio y Colombo abrevió sin que nadie le censurase su actitud. El novillo no tenía literalmente un pase, aunque allí hubiese estado Damaso González. Su segundo es otro manso al que Colombo recibe con unos toreros doblones y cambio de manos antes de organizar la faena en la que sobre las condiciones bobaliconas del novillo siempre está el ansia del novillero por no dejar pasar la ocasión. A veces embarullado, a veces con trallazos, quedan sobre todo las ganas de agradar y de que no se pase el tren. Los que le rodean deberían insistirle en la crucial diferencia que existe entre torear y dar pases. Le dieron la oreja, pero ya se sabe que las han devaluado de tal manera que una oreja no es absolutamente nada, que se lo digan a Ángel Jiménez o la los cuatro que en el tendido 6, a pleno sol, agitaban la pancarta que decía: “Juan Miguel. Única oreja San Isidro 2017”

Padrenuestro de la nada

Pancartas

domingo, 18 de junio de 2017

La de la Cultura. Performance con toros de granja en Madrid, festoneada con la muerte en Francia de Fandiño, corneado por un Ibán


 Morante de la Puebla, repúblico profeso, brinda el toro a Antonio García-Trevijano

José Ramón Márquez

Por fuerza hoy lo del final debe ir al principio. Subíamos por la calle de Alcalá y, llegando a Manuel Becerra, mi acompañante recibe una llamada en su teléfono. Se descompone y se le saltan las lágrimas, le inquiero con un gesto: “A Fandiño acaba de matarle un toro de Ibán en Francia”, me dice. Al final la Cultura era eso, el viejo rito de la vida y de la muerte; no lo de andar marcando posturas con un torete de granja, sino que se te eche encima un toro encastado y te quite el futuro. Estadísticamente es inapelable que la muerte siempre está del lado del toro; lo raro es que pierda la vida el hombre y por eso, cuando tal cosa ocurre, apabulla. Fandiño sacó los pies del tiesto, y acaso otro día hablaremos de qué motivaciones le llevaron a anunciar su Domingo de Ramos en el que se jugó a sí mismo a una carta en una apuesta que acabó perdiendo, cuando vio bien a las claras cómo funciona el tinglado y las nulas oportunidades que tenía de romper la maraña de intereses que atoran el natural fluir de la parte alta del escalafón de los matadores de toros. Fandiño nos metió la ilusión en el cuerpo, la mayor ilusión colectiva en lo que llevamos de siglo XXI, en una corrida irrepetible en la que él solo fue capaz de llenar Las Ventas como hacía muchísimos años que no se veía en un festejo fuera de San Isidro. En el pobre resultado de aquella singularísima tarde perdió Fandiño y perdimos todos los que pensamos que la auténtica cultura del toro es la que se hace jugándose la vida, el físico y el alma frente a toros que no permiten estar “a gusto”. Tengo entre mis libros uno titulado “El día cuatro de agosto de 1947 moría Manolete en la Plaza de Vitoria”, su autor Gregorio de Altube; en ocasiones he fantaseado con Fandiño y la tarde de Resurrección, pensando, al hilo del libro aquél, que Iván Fandiño murió el 25 de marzo de 2015 en la Plaza de Las Ventas. Desde estas páginas se le animó, con la mejor intención, a que cortase su temporada en el año 16 y a que dejase pasar un poco de tiempo para meditar y recomponerse. No hay desdoro en ello. Muchos lo han hecho para retornar con más fuerza. Él o quienes le influían no contemplaron esa posibilidad,  y ahora es ya demasiado tarde para saber qué podría haber pasado. Su deslumbrante e ilusionante irrupción en el panorama taurino en el año 11 es el otro gran recuerdo que hoy, en el día de su fin, se nos viene de Iván Fandiño.

Y ahora se hace difícil escribir porque la primera premisa de la corrida de hoy, titulada artera y ridículamente como “Corrida de la Cultura”, estaba concebida sobre la base de la inexistencia del toro como animal ofensivo, inteligente, memorioso y vigoroso, que de la casta ya ni hablamos. Cuando pensamos en Fandiño corneado por un toro de Baltasar Ibán y comparamos con los seis desgraciados que han salido hoy a Las Ventas y cuyas medias canales ya estarán en algún frigorífico, se ve a la perfección que existe un mundo de diferencia y que aunque el espectáculo se llame de la misma manera, apenas tiene nada que ver. Hoy en Madrid habían comprado una redada de Cuvis, de esos cuvillejos de cuya estirpe fue el impar Idílico, muerto en extrañas circunstancias, el alto, el bajo, el regordete, la sardina, el canijo, el donnadie: un control de alcoholemia a la salida del Fabrik, vamos. Y ahí estuvieron los seis cuvis, correteando y proclamando su supina bobería, su falta de ideas y su necia embestida perruna, con el fin de que sus matadores no pasasen otras fatiguitas que las que se derivan del calor sahariano que caía de manera viscosa sobre la Plaza. Y el mayoral, ya lo hemos dicho más veces, con el video grabando la corrida, para verla con el amo en el Grullo en invierno, en las noches de levante.

Para la cosa de la Cultura, además del insustituible octogenario Gárgoris Dragó, empeñado en vestir con T-Shirt, se trajeron a Morante, Cayetano y Ginés Marín, por lo culturales que son los tres.

Morante es más de la cultura ingenieril, de tipo terraplén. Se empeñó en que había que alisar el ruedo de Las Ventas en el que triunfaron Domingo Ortega y Dominguín y Ordóñez y Camino y Bienvenida y Antoñete y Rincón y Tomás y hasta que no se lo pusieron liso el tío no paró. Ahora está liso y tampoco torea ná de ná, o sea que lo mismo lo siguiente es pedir que le hagan un gua. Se plantó el tío en Las Ventas vestido de lingote de Fort Knox, que no cabía un hilillo de oro más en la chaquetilla, chaquetilla de picador bordada como un manto de la Macarena y, eso sí, con los dos pañuelitos de verdad en los bolsillos, como Lagartijo o Bienvenida, un detallazo. Apretadito de romana anda el de La Puebla, que eso no es obstáculo para el toreo, y con un capotón descomunal que nada tiene que ver con aquella inolvidable servilleta con la que toreaba Curro Romero, al que algunos insensatos tratan de equiparar a Morante. La verdad es que lo de Morante hay que verlo casi desde la óptica de las sectas o de los conversos: sale el primero, él despliega la manta de cama de matrimonio, le pega un lance al coloradito del que el bicho se va y la Plaza se viene arriba y ruge como si ahí, en ese preciso momento y de esa manera se hubiese fundado el toreo por los siglos de los siglos. En esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso, como dijo aquél. Acaso ni merezca la pena reseñar cómo dejó al toro ir suelto al caballo a que no le pegasen y cómo el burel se pegó por su cuenta una tercera entrada al jamelgo. En banderillas, una novedad de Morante: los seis palos son encarnados, acaso como homenaje al 39º Congreso del PSOE, vaya usted a saber. En banderillas Ginés Marín, pésimamente colocado toda la tarde, se cruza con Lili, estorbándole, cuando venía de parear perseguido por el toro, creando una innecesaria situación de riesgo. El inicio de la faena consiste en Araújo llamando al toro con el capote desde el callejón de manera insistente ante la mirada inocente del alguacilillo. No pasa ná. Morante se compone y traza sus medios pases, con la figura que tiene y que tan bien da en las fotos, se pasa al animal lo más lejos posible, abusa de las ventajas usuales y cobra una estocada habilidosa echándose fuera. Era su segundo de condición mucho menos clara que el primero y si con el primero no lo hizo, con el segundo  menos. Y eso que el cuvi era una especie de novillo negro. En los lances de recibo le pega dos verónicas de gran gusto, soltando al toro antes de lo debido, con esa gracia que atesora. Cambiaron el tercio literalmente sin picar al toro y vuelven los peones con las banderillas del 39º Congreso. Comienza su faena por enganchinas, una y otra y otra y otra, que se ve que el toro no colabora, aunque lo que más claro queda es que a Morante lo que le molesta de verdad es el toro, no la arena. Viendo que no hay nada que hacer se demora en la nada por tratar de soliviantar un poco al público, que de broncas también se vive, cosa que consigue. Luego pega un mitin con la espada mientras en el tendido alto y la grada del 5 se produce una auténtica redada de la policía llevándose espectadores, acaso aficionados yihadistas.

Cayetano vino el hombre a dar de sí lo que pudo. La verdad es que cuesta explicar lo mal que está porque ni sabe ni puede estar mejor, y en un honesto rasgo de pundonor pone toda la -poca- carne que atesora en el asador de justificarse. Su primero, el salpicado, era la máquina de embestir. A la distancia que se la pusiera, sin un mal gesto, el bicho iba e iba y Cayetano hacía lo que sabía lo mejor que sabía. El momento mejor de su actuación son cuatro naturales muy denodados, medio quedándose y sin maldita la gracia. Con una estocada habilidosa echándose fuera liquida al salpicado, que se va sin  torear. A su segundo lo recibe con unas verónicas rodilla en tierra à sa façon, de nuevo con ganas de agradar. No puede dar más de sí que eso. Iván García pone las banderillas con majestuosidad y Cayetano está el hombre con una toalla de hotel, que le va más que un capote; con la toalla finalmente le hace el “quite de la toalla” a Alberto Zayas. Brinda a Currovázquez y quiere que salga, pero Curro sabe bien que él, amónido cosmopolita, de paisano no debe salir a la Plaza, así que el brindis se produce en la boca del burladero del 9. Se va al 6, se quita las zapatillas, por el calor, e inicia su faena de rodillas, como aquella vez en Arévalo. La cosa baja de intensidad cuando se pone en pie y se va llevando al toro a los medios donde apura su trasteo cada vez más a menos hasta que deja una estocada contraria quedándose en la cara y un descabello para finalizar su actuación.

Y Ginés Marín… ¡ay Ginés! Es un torerito pinturero al que falta muchísimo. Su primero, toro de granja-escuela, le saca de la Plaza obligándole a tomar el olivo tirando el capote, que de paso diremos que lo de la capa no es ni mucho menos lo más fuerte de Ginés. Cuando pican al toro el hombre se queda a la derecha del picador, como un pasmarote, de espectador sin que nadie le haya dicho que ahí no debe estar. Le importa un bledo. La faena la inicia con una inspirada fantasía andando con la que se saca el toro a los medios, y luego allí la lía a base de lo de cada día, lo del pico, lo del por las afueras, lo de la pata atrás, y el toro venga a repetir y repetir y las gentes bramando como si aquello fuese grande; si hay que estar bien colocado, él no lo estaba; si hay que torear hacia el terreno de adentro, él toreaba hacia afuera; si hay que quedarse dentro en el final del muletazo, él se quedaba fuera, ligando desde la oreja. Las buenas gentes bramaban como si hubiesen visto resucitar a Lagartijo y Ginés dio fiesta al público ansioso de vitorearle. Tres pinchazos y una estocada delantera y desprendida acaban con el torete y hay quienes hasta le aplauden en el arrastre, entre ellos Donsimón el empresario. El sexto es otra cabra que no impone el más mínimo respeto; cuando el bicho se le viene y Ginés resuelve el muletazo con una espaldina de esas de ¡Ay! ya te das cuenta de que no respeta lo más mínimo al toro, lo que pasa es que este sexto no es el tercero el de ir y venir y quedarse él solito colocado, este dice ¡fu! por lo bajinis, pero eso no le interesa a Ginés, que no ha venido al mundo del toreo a resolver ecuaciones, por lo que parece. Para animar un poco le dio las bernardas que no se le pudieron dar a los de Cuadri antes de atizar un bajonazo que hizo que el animal se fuese raudo a chiqueros, para salir bien en el video del mayoral y cantar su mansedumbre de manera patente, antes de recibir dos descabellos con los que se puso el punto final al festejo de la Cultura.

A las nueve y treinta y cinco llegábamos a Manuel Becerra, comentando la corrida…


Morante
Trinidad

 Donsimón, el que no se chupa el dedo

sábado, 17 de junio de 2017

Gran Corrida-Velada de Beneficencia. Dos combates estelares: Cucho vs Talavante; Bombero vs Las Ventas


 
 Importante El Juli es el lema de Beneficencias Julián, ese espectáculo cómico taurino
 procedente de la antigua Corrida de Beneficencia que, eliminando lo anterior
  (aquellos samueles del mano a mano Rincón-Ortega Cano), se ofrece cada año en Las Ventas
 para despedir la Feria como las discotecas de los 80' pinchaban sevillanas
al despedir a los clientes con encendido de luces para acostumbrarlos al golpe del sol en la calle

 Jean Palette-Cazajus

Mi Señorito padece saludable alergia a la indigencia ganadera que suele adornar la Corrida de Beneficencia. De modo que le ha endilgado otra vez al mayordomo el traje de crítico y lo ha mandado a freír sus posaderas en el cemento de tan tórrida corrida. Ante todo un sincero homenaje al público de sol que llenó hoy tendidos, gradas y andanadas con una temperatura que prefiero no comprometerme en estimar. A continuación, yo, republicano desde el 14 de Julio de 1789, participé complacido y de buenísima gana en los interminables aplausos que saludaron la entrada de S.M. Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, Felipe VI de España, al palco real. Todos sabemos que la pasión taurina no es la característica dominante del actual monarca. Fue emocionante la manera con que los tendidos le agradecieron a Don Felipe haber forzado un poco su naturaleza.

 Dicho lo cual insistamos en que la caspa apuntillará la tauromaquia antes que los antitaurinos. En dos palabras: para nada depende la “esencia” de España de la Tauromaquia. España seguirá siendo España con toros o sin toros ¿O acaso los españoles que no van a los toros, la gran mayoría, son ciudadanos de segunda? Los Toros siempre fueron un espectáculo minoritario. Cuando el país tenía hambre, en lugar de telebasura ¿cuántos vieron a Joselito o Belmonte en una plaza? Sin toros España no sería peor ¡pero tampoco mejor! Lo que sí habrá perdido es cierta llamada del Ser. Pero ya nos advirtió Heidegger que desde los presocráticos nos hemos olvidado del Ser. El caso es que tras esporádicas y luego cada vez más firmes palmas de tango, por parte de una afición heideggeriana y cabreada que sabe que Ser y Tiempo no pueden ni deben separarse, el paseíllo se inicia a las 19 horas y 11 minutos de la tarde.

Salieron cuatro toros de Victoriano del Río, uno de Cortés y un sobrero de Domingo Hernández. 
 
“Artillero”, fue el primero de una corrida floja y tarda, salvando al potable cuarto. Fofito, rechonchito, recordándome  entrañablemente los toritos de peluche que llenaban las tiendas de souvenirs en mis lejanos y juveniles sesenta. El Juli lo para correctamente y lo deja en la boca de riego. Sale suelto de la primera vara y coceando. La segunda se parecerá más bien a un ajuste de cuentas. Inexplicables el sadismo y la malevolencia de José Barroso con aquel torito inocente, a menos que este le haya podido quitar la novia en alguna ocasión. Julián de San Blas, como lo suele llamar mi Señorito, cita de forma oblicua e inverosímil solo comprensible como provocación descarada al Bombero que hoy, además, no está para bromas. Poco más que reseñar hasta el primer “julipié” con que el diestro sale a pinchar delicadamente alguna aceituna rellena oculta en la cruz del burel. Luego estocada tras la cual diestro, muleta y demás enseres salen volando cada uno en distinta órbita.

“Enamorado”, el segundo de la tarde, es un burraco en salinero, bastante guapo. A la salida de media docena de anodinas verónicas de Manzanares, el susodicho se pega la gran costalada. Sencillamente, no se le pica y el presi saca el pañuelo blanco. La bronca es monumental y termina sacando el pañuelo verde. Todos sabemos que en Madrid los cabestros no sirven para arropar los toros sino para  evidenciar el poder de la chaquetilla de su mayoral asomado a las tablas de Chiqueros. Una vez más admiramos el extraordinario, largo y templado pase de pecho con que Florito  recondujo  el torito pintón hacia su triste destino.
 
“Lastimero”, el primer sobrero de Domingo Hernández tiene pintas de buey de carreta. Se emplea no obstante en la buena primera vara de Pedro Morales “Chocolate”. Se arranca para la segunda, digna de olvidarse. Calidad y empaque tiene el inicio de faena de Manzanares, rematado por un pase cambiado por bajo extraordinario de mando y facilidad. Me impresiona la presencia torera de Manzanares en el ruedo, con esa poderosa nuca histórica que hubiese inspirado a Federico García Lorca una vibrante endecha a la virilidad. Y también, desgraciadamente, además de una estética de torero de copla, todos los ingredientes para colonizar las portadas del “Hola”. Hay torpeza en la segunda tanda de derechazos. Nada de nada en su intento con la zurda. Nuevo intento con la izquierda en que asoma una prodigiosa muñeca capaz de rematar medio pase con un mínimo giro. El toro no era “Dalia”, el dije de Victoriano del Río, que le propiciara, el año pasado,  los elementos de una faena de nardos y alhelíes, dicho sea en virtud de mi derecho constitucional a la cursilería. El caso es que algo más pudo haber sacado. Imposible ignorar que allí hay mucho torero. La estocada es emocionante, Manzanares se cuelga del pitón  y la deja arriba, sin perder la muleta. Tengo la sensación de que es la primera vez que esto ocurre, al menos en lo que tengo visto de Feria. Cucho me conmina a señalar que “Lastimero” muere en chiqueros.

“Maleado”,  el negro tercero sale bien presentado. Tres verónicas sueltas de Talavante, de buena factura y con los pies juntos. “Rien de rien” en la primera vara. La segunda desencadenará la cantinela de la feria: “¡Picador, qué malo eres!” ruge la grada. Primera tanda de derechazos de Talavante, Un pase excelente. Luego el atroz descoloque. El silbido de Cucho me taladra los tímpanos. Antes incluso de que me pueda reponer del susto, allí abajo, en el ruedo, como un obediente soldadito de plomo, Talavante ha rectificado presuroso la posición. ¡Qué Homero sabrá cantar un día los poderes mayéuticos de la andanada del 9! La faena itinerante de Talavante, cortésmente iniciada a nuestros pies, en los bajos del 9, terminará en el 3. Un pinchazo sin soltar, estocada caída y también en este caso muerte indigna en chiqueros.
 
“Almirante”, 633 kgs, negro, cornivuelto y trapío serio, se encuentra con un Juli que me parece pelín sonámbulo en los lances de recibo. Primera vara tapando descaradamente la salida. Quite por chicuelinas vulgares de El Juli, pero con  inspirado y jaleado remate. Buena segunda vara de Salvador Nuñez. En  banderillas, Álvaro Montes y Fernando Pérez salen muy apurados de sus pares ante la increíble abulia de Talavante. Nueva intervención atronadora de Cucho que sermonea a Talavante y le dicta sus obligaciones durante  la lidia. Y en el tercer par, movido por un resorte, Talavante se anticipa como un rayo a la necesidad del quite. Como la cosa siga así, el de Badajoz va a quedar para el sofá del sicoanalista. Excelente inicio de faena de El Juli. Tras una tanda más bien precaria, nos sale un Juli colocado y con temple del bueno. Los pases le salen rematados atrás, alguno ceñidísimo y rebozado con el toro. Un gran pase de pecho cambiado seguido de  otro obligado e interminable.

 El Bombero no ha dejado en toda la tarde de zaherir al de San Blas y de mantener, uno contra 24000, un reñido duelo con el conjunto de la plaza. El ritual está basado en la conocida estructura dual del canto gregoriano y del Gospel Song, o sea canto individual seguido de respuesta colectiva, en este caso con hostil cachondeo. Ante la inesperada calidad de El Juli ¡se calla! ¡Lo juro por la gloria de mi madre! El final de la faena nos ofrece una extraña mezcla de poderío, con excelentes y seguidos cambios de mano alternados con un encimismo de pitón en la ingle tirando a pueblerino. Estocada hasta la bola pelín caída.  Cae la oreja y vuelta clamorosa “recogiendo prendas” que decían los críticos antiguos. En cambio no sé qué porcentaje del apéndice se debe a la calidad de la faena y qué porcentaje a la voluntad de las turbas ignorantes de castigar al incorruptible Diógenes de la andanada. Aletheia, la verdad de los griegos, aletea en las saetas que el incansable Javier opone, desde las alturas, a la beocia hostilidad del rebaño acomodaticio.
 
A “Malhumor”, el negro y bien presentado quinto, le instrumenta Manzanares media docena de verónicas con real empaque rematadas con una media verónica alargada o “arrebolerada”, soltando la mano. Luego, llega para mí lo mejor de la tarde: primero una larga afarolada, luego un bellísimo galleo por chicuelinas que deja al toro primorosamente colocado. Buena vara, la primera de Pedro Morales “Chocolate”. Manzanares coloca al toro para la segunda con una suavísima larga cambiada. Buena vara de nuevo a un toro flojo. El quite torpón de Talavante –no fue ayer su día– se salda con dos costaladas del triste cornúpeta. El toro rueda de nuevo por los suelos al inicio de la faena de muleta. Nada interesante puedo contarles sobre dicha faena y confieso que la rica tertulia de la andanada me distrajo un momento de mi deber crítico impidiéndome contarles los últimos momentos de “Malhumor”. A cambio les puedo comentar que merced a sus excelentes prismáticos Javier el Bombero nos tuvo informados durante toda la tarde, con pelos y señales, de las distintas bebidas, espirituosas o refrescantes, que absorbiera desde el burladero de la empresa, Monsieur Bernard  Domb, más conocido como “Simón Casas” y gestor de Las Ventas.
 
Y en éstas que salió al ruedo el bien mal llamado “Carretón”, último de la tarde, para confirmar la gravedad de los problemas freudianos a que parecía ayer enfrentarse Talavante. El extremeño recibió al toro con idéntica serie de verónicas que Manzanares en el toro anterior y rematada de la mismísima manera, pero todo en calidad muy menor. Hubo inicio de faena prometedor, sonó en la andanada el “¡p’adentro!” de las grandes esperanzas y al final ná de ná. Pinchazo sin soltar; estocada desprendida y tendida.
 
Las banderillas de hoy fueron todas muy requetebonitas, muy goyescas todas ellas y enhebradas en bolas de colores. Me refiero al objeto, a los garapullos, los rehiletes, los palitroques. Lo que son los pares, no hubo ni uno reseñable en todo el festejo.

Al final Cucho nos enseñó fotos y vídeos de sus vacaciones en Islandia. ¡Qué bien y qué fresquitos nos sentimos de pronto, por primera vez en toda la abrasadora tarde canicular!

 Don Simón en el callejón...

 ...y el cosmopolita Tío Jindama en el Balcón

 Entre mulas, areneros y alegrías
calienta el torero de Matilla
Solo Dios pudiera hacer tanta belleza
y es imposible que puedan haber dos
Y todo el mundo sabe que es verdad
y lloran cuando tienen que marchar

En las tardes soleadas de corrida
la gente aclama al Manza con fervor
 
 Julián de San Blas toreando en la distancia que él desearía para sentirse Importante de verdá

 El cronista

 Julián recibiendo con su gracejo a un victoriano con divisa de lujo

 Burladero de los benhures de la mula a rebosar: no hay billetes

 Rehiletes de luxe

 Importante (casi incorpóreo) julipié

 Tercio de excusas

 ¡Fuera el sardo de granja!

 Otro julipié importante a otro incorpóreo torete de granja