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lunes, 21 de septiembre de 2026

Una noche de Walpurgis





Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Si afronta uno la incomodidad de ir al estadio es por no tener que aguantar en casa al calvo del Plus, simple de linde (la linde se acaba, pero el simple sigue), y su linde es Vinicius. Ver al Real Madrid con los comentarios del calvo es como visitar el Prado con un dependiente de Pinturas Borreguero que te dijera qué bote te saldría más económico para pintar el Cristo de Velázquez. Y cuando llegas al estadio descubres que el encabronamiento social se ha trasladado al fútbol, con el “agit prop” de la hez mediática: eso no es público; eso es chusma, y no “de la cósmica chusma sagrada” de Almafuerte.


Vale que el público de fútbol no es el de ópera. Ni siquiera es el de toros. El público de fútbol es lo que salta a la vista cuando, camino del estadio, van soplándose un bote cerveza del que extraen, seguidos, media docena de regüeldos. Esos regüeldos son lo que luego, en la tribuna, hacen de feromonas para desatar lo que el historiador Lefebvre llamó “estado de masa”.


–Un agregado de pacíficas langostas –explicaba un gran pensador político–, llegado al punto de saturación de olor de sus feromonas, a causa de la superpoblación, cambia bruscamente su estado habitual y levanta el vuelo devastador en estado de plaga.


La del Inter, aparte el fútbol (un grandísimo partido de Champions), fue la noche de Walpurgis de la vergüenza ajena, con medio estadio en estado de plaga pitando a las estrellas… “porque no corren”. Mancini y Montella (Vinzenzo Montella, “L’Aeroplanino”!) con cara de no entender nada, y uno sin el italiano necesario para hablarles del “tumor de la afición”, que decía don Santiago Bernabéu, buen conocedor del gañán ibérico, ése que, hecho para Pineda e Isidro, pita a Vinicius y a Mbappé.


Mourinho llegó en 2010 con la ilusión de ver el Bernabéu incendiado de pasión madridista como lo acababa de ver incendiado de pasión interista en la final de la Champions. Mourinho regresa en 2026 con el antimadridismo encabronado por la renovación del estadio y con el madridismo más encabronado todavía con la renovación de Vinicius. La envidia igualitaria mata. Contaba el panadero de un pueblo del Tajuña que no había podido reformar la panadería de golpe por prudencia. ¿Y eso? “Si lo hiciera de golpe, sería señal de que me va bien, y me quedaría sin clientes”. Es la misma chusma que llama pijo a Míchel porque luce contento. “¿Cómo se puede ser pijo habiendo vivido toda la vida en el sur de Madrid”, se defiende él. “Lo que tengo pinta es de feliz, coño. Y eso sí es verdad. Soy un tío normal de una familia normal que lleva con la misma pareja y los mismos amigos toda la vida”. Vinicius es un tío renovado y “con pinta de ser feliz”, es decir, una ruina en España. En el campo corre defensivamente más que nunca, y trata de ganarse a la chusma con “rauladas”, que son esas carreras demagógicas por balones inalcanzables que arrancan ovaciones de los cenutrios, todos con cara de votantes con cinco vacunas. Intentar un sombrero, pitos. Correr a lo tonto, palmas. Y a eso se reduce actualmente la grada del Bernabéu, dividida en corrillos como las del circo en “La vida de Brian”: viudas de Xabi, viudas de Rodri, viudas de Riquelme, viudas, en fin, de cuando aquí no se ganaba nada (treinta años a verlas venir). Ni siquiera contamos con un jugador con bigote para engorilar al sindicato arbitral. Está la melena de Sansón de Cucurella, pero no da para una declaración de amor como el bigote de Raphinha.


–Me gusta tu bigote –dijo el árbitro Ortiz a Raphinha, cosa que sabemos porque el propio colegio de árbitros quiso que lo supiéramos.


El episodio es revelador: al juez Ortiz le gusta el bigote de Raphinha como al filósofo Santayana le gustó el bigote del juez Holmes, distinguido bostoniano que se hacía el soltero “con un majestuoso bigote rubio”. Igual Vinicius debía haberse dejado bigote en vez de esa barba que asusta al sindicalista del pito Hernández Hernández (“Vete de aquí, me da igual que seas el capitán, te saco amarilla”), tan enamorado de su nombre que se lo hace llamar dos veces. Menos mal que en el banquillo está Mou, que nos sume en esa melancolía inmensa que entra en España por Portugal.



Mancini

[Sábado, 12 de Septiembre]

lunes, 14 de septiembre de 2026

Un ataque híbrido algorítmico

 




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


El fútbol español está bajo “ataque híbrido algorítmico”, hallazgo lingüístico de Silvia, la Clausewitz de Baracaldo, ahora metida a Pilar Urbano del sanchismo, para describir la invasión de Ceuta, donde el delfín “asesinado por el cielo, / entre las formas que van hacia la sierpe / y las formas que buscan el cristal”…

–¡Tenga cuidado, Robespierre, no sea que yo le tire al delfín entre las piernas! –gritó famosamente Danton al Incorruptible.

En el fútbol, “un ataque híbrido algorítmico” era para nosotros el del Madrid de Mourinho en la Liga de los récords (de goles y de puntos), pero todo degenera, y ahora “un ataque híbrido algorítmico” es el exhibido por la Organización del fútbol nacional con su nuevo “Reglamento de fútbol comentado” (nada que ver ya con don Pedro Escartín) destinado a mostrar quién manda en la Españeta del gol. Los Jefes de la Cosa no sólo hacen lo que hacen, sino que lo publicitan, como aviso a navegantes.

Ser árbitro no es difícil, como enseña el tópico. Lo difícil es ser ingeniero aeroespacial. Difícil, si acaso, es encontrar a alguien con vocación de árbitro. Vamos, que hay que ser Bolaños, que es el que quería ser árbitro, hasta que descubrió que en España sólo hay un puesto más sencillo que el de árbitro, aunque peor pagado: ese puesto es el de ministro, y requiere de idéntica preparación. Bolaños, que aspiraba a llegar a árbitro del CTA, llegó a ministro de Justicia, rama del poder de la que, al parecer, se va a columpiar el Caso Negreira, como recomiendan los expertos para mantener los equilibrios (hoy por ti, mañana por mí) en la gobernanza de la Españeta. Si en América ya han dado carpetazo al Caso Epstein por el procedimiento de chapar el Congreso hasta después de las elecciones, ¿por qué hay que estar aquí azuzando el Caso Negreira contra la sana convivencia de las aficiones? Recuérdese con qué mano izquierda la fiscalía madrileña desestimó la denuncia por los cánticos racistas contra Vinicius en el estadio del Atlético por la atenuante de extrema rivalidad propia de un derbi, que por algo ellos tienen ahí a sus Emilios Betti que saben interpretar estas retóricas jurídicas.

Y sí, el año arbitral se presenta oscuro, como el reinado de Witiza. La Organización va, como Pulgarcito, dejando tutoriales en forma de audios cual migas de pan que indican el recto proceder de los trencillas para las competiciones domésticas. A la Historia Universal de la Desfachatez pasará el audio del árbitro del Barcelona-Athletic. “Le das un pisotón a Laporte que flipas”, dice el árbitro a Lamine’2030. Unai Simón: “¿No le sacas amarilla?” Árbitro: “He considerado que no”. Una competición sujeta, no a un reglamento, sino a la consideración de un pobre hombre que en España podría llegar a ministro. En otro audio dejado caer por la Organización para domesticar al rebaño, el jugador del Barcelona Olmo aparta con un empellón a un jugador del Rayo, y el árbitro, otro Hernández (los Hernández son muy amables), corre en su auxilio: “Sigue, sigue, sigue, que no le has empujado, que se te pone delante”. O sea, que ya no son los toros el reflejo del país, como dijera Ortega, sino el fútbol. Toda la acción de gobierno en España cabe en ese par de audios arbitrales que la Organización (la que fuere) pone a disposición del público, cuyo único entretenimiento son las ruedas de prensa de Mourinho, que siempre deja titulares. Gustó el de que su jugador Thiago Pitarch aún no tiene gemelos para centrocampista del Madrid. “Son como los míos”. Thiago necesitaría los gemelos de Silvia, y Dios le ha dado los gemelos de Mou, que son los de Peter Crouch, pero en señor bajito, cosa que sólo se arregla con una venda en la mano, como Lamine’2030, o haciendo largos en la piscina salada del Arsenal de Lista. Una vez los de “L’Equipe” le preguntaron a Camavinga por Modric: “Modric hace unas cosas… Si lo intento yo, me dejo el tobillo”.

–Si mis gemelos, oh Silvia, valieran tus tobillos…

–Y si mi pluma, oh Líster, valiera tu pistola... 


[Sábado, 5 de Agosto]

lunes, 7 de septiembre de 2026

Comodoro Bellingham


Primer partido 2026



Último partido 2013

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El Madrid ha ganado sus dos primeros partidos de la temporada española, y lo ha hecho, ése es el mérito, con árbitros españoles (“árbitros españoles, toreros americanos…, ¡qué tontería!”) y sin Rodri, el medio centro (“creativo”, por supuesto) que tiene el llavín del fútbol mundial, con el que, en menos de una década, ganó una Champions para el City, el equipo más gastador del mundo, que no tenía ninguna.

 

Circula por la Red una entrevista a Rodri y Bernardo Silva que parece un test de CI para principiantes. Les preguntan qué jugador ha sido más difícil de marcar en Champions. “Madrid, Vinicius”, responde Bernardo Silva. “Y yo Barça”, responde Rodri, que nunca jugó contra el Barça en Europa. “Yo no tengo esa experiencia”, aclara Bernardo Silva, que ensancha el punto de vista: “Cuando me uní al Real Madrid, solo Haaland me felicitó. En el City no quieren al Real Madrid, nos vemos como rivales”. Cuatro eliminaciones de cinco (¡y con Rodri!) los contemplan.


El caso es que el Rodri del City tiene una Champions, y el Camavinga del Madrid, dos: protagonizando la agitación de las remontadas en la 14 (la “eneryía”, que decía Ancelotti) y dirigiendo como titular al equipo en la final de la 15, pero a la Afición, ese fosfeno madridista, le han dicho que guarde luto por Rodri y que Camavinga es un zoquete que hay que regalar al Fuenlabrada, pues venderlo daría vergüenza. Ahora, el sueño de la Afición, aparte de pitar a Vinicius por echarse novia (“¡qué lindo levantarse en domingo y saber que por la noche juega Vinicius!”, diría Menotti), cosa que hizo el miércoles, la noche del debut, es canjear a Tchouameni por Zubimendi y a Mbappé por Gonzalo, que acaba de meter un gol en la Premier “mejor que los de Mbappé”.


Sobre la Afición ya lo dijo todo en su día don Santiago Bernabéu: “La afición acabará siendo el tumor del Real Madrid”.


–Arrogante en la victoria y cruel en los malos momentos. Hay gente que viene al estadio a merendar y a pitar. Se ponen el abrigo de pieles y, si el equipo no marca en diez minutos, empiezan con la música de viento. Pitan porque el equipo no da espectáculo, y olvidan que estos mismos hombres les han dado la gloria que nunca soñaron.


¿Por qué pitan a Vinicius? Lo ha explicado uno de los curas párrocos del Relato: “Porque tiene más gracia pegarle a él”. Lo han cosificado. La patada de Calatrava en los riñones a Vinicius a los tres minutos de partido no es de odio ni de ira: es de desprecio a la “cosa”. A los tres minutos, ocurre que con esa idea se sale del vestuario, más el consentimiento de un cartabón con patas (¡qué nariz!) que fungía de árbitro. Después, el fentanilo mediático: las entrevistas, las risas, la fama. Pura barbarie ibérica. Y Valverde, el capitán, callado como un pingüino.


El capitán del equipo, por antigüedad, es Valverde, pero el comodoro, por méritos (en resumen: ¡por carácter!) es Bellingham, al que hace dos meses la Afición quería vender, decían, por “bolinga”, y hasta el jugador celebró de buen humor un gol en el Bernabéu haciendo el gesto de empinar el codo. Urge entregarle el brazalete: por carácter, por inteligencia, por presencia e incluso por idiomas. Recordemos que en su Primera Venida Mourinho se encontró a Casillas de Capitán Tan, “con Ramos de Locomotoro y Pepe de Valentina”. Mourinho quería de capitán a Xabi Alonso, el de las viudas blancas, que llevaba la batuta en el equipo con personalidad para intimidare al árbitro en los conflictos, dado que Casillas era portero (un portero de un larguero colgado) y vivía lejos del frente. Casillas se tomó la “decapitación” como lo que era, y con la ayuda de los revistosos del puchero montó un caso Dreyfus que dura, dura y dura.


Mi sueño de aficionado en el nuevo e imponente Bernabéu es, primero, modernizar el himno (acomodarlo a la grandeza de la institución), y luego, ir haciéndose con un público de robots chinos asistidos por IA (la inteligencia aísla, pero resulta básica en la vida) y colocarlos ordenadamente en cada estantería del graderío. ¿Y el toque humano? El mejor toque humano son las sonrisas, jugando, de Vinicius y Diomandé.


[Sábado, 29 de Agosto]



lunes, 31 de agosto de 2026

In Mou We Trust



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Arrancó la Liga (¿quién lo diría?), donde toda la ilusión del madridismo está puesta en José Mourinho, dueño de eso que Paula llamaba “personalidá”. “In Mou We Trust!”


Con la Liga tebana le pasa a uno lo mismo que a Jardiel con las chicas de Hollywood, que nunca sabía si habían pasado por la acera veinte mujeres o la misma mujer veinte veces, y del perezón que nos produce semejante descalzaperros competitivo sólo nos rescata la acreditada personalidad de Mou.


Ruano le dio muchas vueltas al fenómeno de la personalidad, para llegar a la conclusión de que el papel que nos dan los otros en la gran comedia humana influye de una manera enorme y es muy difícil ir contra él. Con frecuencia, explicaba, encontramos también cómodo jugar varios y opuestos papeles a gusto de cada público. Unos nos quieren porque “han descubierto” que tenemos un fondo infantil y tierno. Otros nos admiran porque somos complicados y diabólicos. El camino más corto suele ser no llevar la contraria. Nadie perdona haberse equivocado. Habrá que ser infantil y demoníaco según entre qué público estemos. En el caso de Mou, infantil con la prensa y demoníaco con los negreiros, que ahí siguen todos, tan ternes, como el dinosaurio de Monterroso.


–Bueno, bueno, pero entonces ¿qué es la personalidad?


–¿La personalidad? Yo creo, amigo mío, que es una versión. Una versión que dan los otros, y que el ser humano, más o menos, acaba por aceptar.


¿Xabi Alonso no tenía personalidad? No, Xabi Alonso tenía leotardos y unas New Balance como las del pepero Casado, y así no se puede dar rienda suelta a una personalidad. Por Ihering sabemos que el mundo romano, de donde venimos, no estaba hecho para los caracteres débiles, mientras que hoy (y esto lo dice Ihering) “el derecho los protege desde el nacimiento a la muerte, como si fuéramos seres inválidos”. En el Derecho romano antiguo quien se encuentra oprimido es porque se ha dejado oprimir y quien ha sido engañado es porque se ha dejado engañar: un hombre nunca debe dejarse engañar ni oprimir, y esa idea constituye la esencia profunda del sentimiento jurídico romano.


–A una personalidad que llegaba a imponerse se le consentía lo que nunca se hubiera permitido a los demás.


Hay que tener mucha personalidad para aceptar sin tirar el templete un arranque liguero como el que el Sistema le ha organizado al Madrid: cuatro partidos en trece días, con la pretemporada todavía haciéndoles bola a los futbolistas, que hay que ver a ese Vinicius, que volvió de las vacaciones hecho un Hazard. Cuatro partidos en menos de dos semanas obliga a los jugadores a dormir en el autobús, y a Mourinho, a convertirse en un Steve Jobs, de cuyos ingenieros, atropellados por los horarios, se divorciaban, víctimas del estrés, todas las esposas, conocidas en sociedad como “las viudas de Apple”. Aquí serían “las viudas de Valdebebas”, y tampoco estoy muy seguro de que una modesta Liga española valga la pena de un divorcio. (Recordemos lo que Ronaldo le dijo famosamente a Florentino: “Presidente, si yo estuviera casado con una mujer como la de Figo tampoco saldría de casa”).


–Chicos, quiero confesarles algo –dijo Guardiola hecho una Rocío Jurado (“Se nos rompió el amor / de tanto usarlo”) a sus discípulos en el City–: estoy divorciado de la mujer más hermosa de su planeta, mi esposa, mi ex esposa. La amo muchísimo, pero perdimos la pasión. En sus vidas, hagan lo que hagan, háganlo con pasión. No quiero buenos jugadores, quiero jugadores con pasión.


Total, que Vinicius, para estar bien, tiene que dejar el pan, pero no a la novia, que este año tenemos puestas todas las esperanzas futbolísticas en el “locurón” para la vista de esa línea de ataque Mbappé, Vinicius y Diomandé. ¡Diomandé! Como diría Churchill, “la democracia es llamar a Diomandé por teléfono a las cinco de la mañana y que sea Mourinho cantándole ‘Je t’aime… moi non plus’ en el perfecto francés de Gainsbourg”. Lo demás, sólo literatura mala de esos fosfenos del antimadridismo, que diría Escohotado, que la ciencia pipera cataloga en valdanos, relaños, maldinis y demás yerbas.


[Sábado, 22 de Agosto]

lunes, 24 de agosto de 2026

El medio creativo

Geoff Hinton


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Seguimos con la perra del “medio creativo”, y, muerto Rodri, resucita Zubimendi, recomendado al Madrid nada menos que por la IA (por cierto, que ya nos enteraremos en otoño del petardazo económico que, procedente de América, nos va a pegar la IA).


¿Qué es un “medio creativo”? Dicen que Kroos, pero lo dicen desde que está jubilado, porque cuando estaba en activo todas las semanas le organizaban una encuesta para venderlo, porque su juego era aburrido, se movía con lentitud y propiciaba muchos goles en contra, con lo que el noventa por ciento de los piperos votaban por venderlo. Y elogiaban a Modric (en España todos los elogios son siempre contra alguien), al que recibieron de uñas porque venía de la mano de Mourinho y los apetecidos eran Cazorlita y De las Cuevas. Total, que aquí estamos. “Es que no jugamos a nada”. Hombre, jugamos a ganar. ¿Le parece a usted poco? Pues sí, les parece poco porque, en ganando, acuden a su camello de fentanilo mediático y oyen o leen que lo que falta es un “medio creativo”. En lo que entiendan por creatividad no entramos.


La “creación” es un concepto fetiche de la nueva lengua cultural del Estado, que ya empieza a ser muy vieja. Saltó de la teología a la crítica de arte y, por lo que vemos, de la crítica de arte al fútbol. ¡Cielo Santo! Rodri y Zubimendi son creadores, qué carajo. En su siglo bien largo de existencia, el Real Madrid ha ganado quince Champions, pero nunca ha tenido un Rodri ni un Zubimendi, detalle que al club le afean mucho los revistosos del puchero educados en el periodismo creativo. Con el Madrid el periodismo es creativo porque no puede ser otra cosa, tratándose de un club tan hermético que de lo de dentro nadie sabe nada, obligando al plumilla a tirar de la imaginación creativa, y se convence de que jugar al fútbol sería como rellenar un folio: te calzas las botas de Zubimendi y te pones a crear como un loco de la vida, pero la asistencia de Lunin a Brahim en La Coruña nunca la hubiera visto Zubimendi, ocupado, el hombre, en “crear” como Dios manda. ¿Dios, dice usted?


La Fábrica no es La Masía, y un “medio creativo” no se crea en dos días en Valdebebas. La creación es una cosa seria, lenta y divina (y culé). Para imaginar las dimensiones cronológicas de la creación, Peter Seewald compara la edad de la tierra con la duración de un año. El 1 de enero es el día en que surgió la tierra. El 1 de abril (tres mil cuatrocientos millones de años después) apareció por vez primera vida en forma de organismos unicelulares (¡los piperos!) en el planeta. El primer pez no surgió hasta el 27 de noviembre, y los dinosaurios el 12 de diciembre. Finalmente, los mamíferos aparecieron el 27 de diciembre, y el hombre, el 31 de diciembre. Para que luego digan que un “medio creativo” es caro, con lo que se tarda en hacerlo. Como un partido se tuerza en el Bernabéu, el piperío cargará, primero, contra Vinicius, que quién es ese para cobrar lo que cobra, y luego, contra Mou y el presidente, por no haber obrado el milagro del “medio creativo”, pues, con música y letra de María Ostiz, “Un medio creativo es, un medio creativo es / abrir una ventana en la mañana y respirar / la sonrisa del aire en cada esquina y trabajar y trabajar, / uniendo vida a vida el ladrillo en la esperanza, / mirando al frente y sin volver la espalda”, etcétera.


Que la IA recomiende a Zubimendi para el Madrid debe tomarse como uno de esos riesgos sobre los cuales nos tiene advertidos Geoff Hinton, su padrino (de la IA, no de Zubimendi). Además, ¿por qué Zubimendi, y no, por ejemplo, Pedri? De Pedri se ha escrito en España que es uno de los mejores “asistentes sin asistencias” de la “mediocreatividad” mundial, pues la estadística avanzada, sea lo que eso fuere, indica que debería llevar un puñado de asistencias. Con un “medio creativo” así, al piperío le bailarían los ojos en las estanterías del Bernabéu como bolitas de alcanfor. Y, sin embargo, Mourinho insiste en dar minutos a Camavinga, que es el Cascamorras elegido este año por la chusma a modo de escarnio y diversión. Bien por Mou, cuya decisión me recuerda que el estado de Nueva York declaró en 1999 que dar de mamar en público era un derecho humano.


[Sábado, 15 de Agosto]

lunes, 17 de agosto de 2026

Menos mal, Júnior


Bale y Vinicius Jr.


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Nos han devuelto a Mou, nos han traído a Diomandé (un Olise por estrenar) y nos han renovado a Vinicius, pero… ¡nos han dejado sin Rodri! Ni los milaneses en su soberbia despedida a Baresi han llorado como lloran los piperos rampantes la fuga de Rodri, para ellos el mejor futbolista de la historia, entre Pelé y Maradona, y muy por encima del doctor Sócrates, porque así se lo hace creer a estos zombis el fentanilo mediático.


Con Mou en el vestuario blanco, querían renovar la leyenda Xavi-Casillas, los del Premio, con la pareja Rodri-Dani Olmo y el chau-chau en el Combinado Autonómico.


–Menuda ganga, el Rodri. Y español.


¿Por qué unos tipos que nunca se preocupan por la españolización de España andan siempre tan preocupados por la españolización del Madrid? Cuando en el Congreso se leía el artículo de la Constitución de la Monarquía restaurada (“Son españoles…”), Cánovas refunfuñó famosamente en su Banco Azul: “…los que no pueden ser otra cosa”). No digo que los piperos no sientan a España; conozco a alguno que no saca el perro a pasear sin su collar con la bandera roja y gualda (Cela, en la discusión constitucional del 78: o se dice gules y gualda o se dice roja y amarilla).


Rodri, estando en el City, reclamó la españolidad de Gibraltar, y el piperillo no entiende que ahora, entre un haz de heno en Madrid y otro haz de heno en Barcelona, elija Barcelona, donde la idea de España está tan en solfa como en el Peñón. Hace muchos años que Fernández Flórez recogió en estas páginas ese españolismo pipero, un poco de pandereta, conmovedoramente infantil y sin duda bien intencionado, que no se fija más que en detallitos menudos, formales, cuya aparatosidad le sobresalta y le inspira apóstrofes, elegías y amenazas. Ese españolismo, decía, se encrespa cuando cualquier majadero arranca una bandera o profiere un grito hostil. Pero permanece inmóvil, sosegado, confiadamente mudo, cuando hombres hábiles, consagrados con obstinación al servicio de un odio, van cortando hilo a hilo el amarre espiritual con España. Espiritualmente, Rodri debe verse como el cabo que el madridismo bueno lanza al mundo culé para mantenerlo amarrado a la España tebana (de Tebas). Pero futbolísticamente Rodri no es Cruyff.


Cruyff, como se sabe, estaba fichado por el Real Madrid, pero dejó de estarlo cuando sus representantes le tiraron de la americana pidiendo propinas a don Santiago Bernabéu, que pernoctaba en un hotel coruñés, a lo que Bernabéu respondió que se quedaran con el jugador y con las comisiones. (“Nunca me habían hablado tanto ni tan bien de un jugador, pero ni él ni su presidente eran hombres de palabra. En el hotel Atlántico de La Coruña, cuando lo teníamos todo ya hecho y apalabrado, Van Praag pidió un millón de dólares y nos amenazó con ir al Barcelona. Liberé a Praag de su compromiso y se lo vendió al Barcelona, en Santiago de Compostela. La jeta de Van Praag me importaba un comino, pero la del jugador era fundamental”).


–¡No me gusta su jeta! –resumió la situación.

 

Y mientras en Florencia los tifosi reciben a Mastantuono como si fuera otro Maradona, en Madrid los piperos tuercen el morro por la renovación de Vinicius (por cierto, que se la paga él a golpe de anuncios), cuando por su criterio lo hubieran vendido para costear la Operación Rodri, cruzado incluido. “Menos mal, Júnior”, lo celebró Toni Kroos. Mijatovic, que no se cansa de dar consejos a quien nunca se los ha pedido, aconsejó a Vinicius quedarse, aunque fuera perdiendo “cinco millones”, y Vinicius le hizo caso en lo de quedarse, que no en lo de perder “cinco millones”, a los que tan sensible es el pipero común, un bobo que necesita contratar una gestoría para que le hagan el prorrateo de las cotizaciones que le faltan para cobrar la pensión de mil quinientos euros, pero que, víctima del fentanilo mediático, le discute los céntimos al presidente que convirtió un club en quiebra en el club más rico del mundo.


Mbappé vino a Madrid para jugar, no con Rodri, sino con Vinicius, y lo ha logrado. A mí sólo me faltan Saliba o Gvardiol. Y, si acaso, Angelo Stiller.


[Martes, 8 de Agosto] 

lunes, 10 de agosto de 2026

Hagan juego, señores



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El Mundial de Estados Unidos fue un flechazo para Trump e Infantino, ese par de regalos, que han visto en el balón oportunidad de negocio. “¿Dónde está la bolita?” La bolita sería el garbanzo, que usan los del trile, o el “esférico”, que dicen los becarios de Rivero en la TV de Estado.


Dado que Trump anda ocupado bombardeando civilizaciones, como a él le gusta decir, del negocio del Mundial de fútbol se ocuparía, con la asesoría de JP Morgan, Joshua Kushner, el hermanillo del yerno de Trump, Jared, hijos del embajador americano en París, de vida francamente “ondoyant”, como cualquiera puede comprobar entrando en Google.


–La vie est ondoyant –gustaba de decir Pla, gran lector de Montaigne.


Del Mundial se ocuparía Joshua (nombre, por cierto, común en la playa de Punta Umbría, donde las madres suelen llamar a gritos a sus hijos “¡Joshua!” y “¡Jonatán!”), porque a Jared ya no debe de caberle más dinero en tanto que enviado especial del Presidente en las cosas de la Diplomacia, para la cual no parece muy dotado, si miramos las caras que pone Jack Matlock (embajador americano en Moscú cuando la crisis de los misiles de Cuba y luego durante la caída del comunismo) cuando habla de las andanzas del personaje, que también le echó un ojo a una isla albanesa atestada de búnkeres antinucleares de la época soviética para montar un Sofico como el diseñado para Gaza. La Uefa de Ceferino, dueña de la mejor competición de fútbol mundial, la Champions, se ha mosqueado con la operación trumpiana de la Fifa de Infantino (“The Times” sostiene que la Casa Blanca está al tanto de la movida), y, harta de ver los dólares volar, ha dicho muy farruca: “La Fifa no puede seguir utilizando nuestro deporte para enriquecerse a sí misma y a sus amigos”. La votación definitiva, el 19 de Septiembre, festividad de San Genaro, el del milagro de la licuefacción de su sangre en Nápoles, que todavía hoy reparte sus devotos con Maradona. Así que hagan juego, señores, que el próximo Mundial será en Marruecos, y el siguiente, en Cuba, una vez liberada y recuperada para el mundo de los capos casineros. Con Trump, Infantino y los Kushner en el tapete verde del casino, ¿quién atenderá al tuya-mía de Rodri en el césped artificial del estadio? El fútbol (al menos el fútbol de Mundial) habrá muerto.


A todo esto, el Real Madrid cierra el balance de su pésima temporada deportiva (¡el gatillazo de Xabi “Jotdáun” Alonso, que en gloria del Chelsea esté!) con un récord histórico de ingresos, panal de tan rica miel que podría excitar la codicia de los yernos de América (pensamos en los Kushner, no en los Riquelme) y poner a Yan Diomandé a tirar desmarques en los hoyos de golf de Mar-a-Lago en Palm Beach. ¡Yan Diomandé!


El piperío se mostró escandalizado por los cien palos largos que habría costado Yan Diomandé. Desde luego, es mucho dinero. Canetti era de la teoría de que la loquísima inflación alemana de entreguerras allanó mentalmente al pueblo alemán para aceptar como normales los disparates del nazismo rampante. Los precios del mercado futbolístico andan tan desbocados que recuerdan al ambiente de la inflación alemana, pues cien palos por Diomandé parecen, en efecto, muchos palos, hasta que salta la noticia en Las Gaunas de que Gonzalo García ha sido tasado en setenta millones para el Fulham de Arbeloa, pelotazo que convierte la operación Diomandé en una ganga estival, gracias a lo cual, por una módica cantidad añadida, se ha anunciado, para el puesto de Gonzalo García, el fichaje de Carlos Espí, una suerte de Joselu para situaciones desesperadas. Fuera de España, hay admiración por la rentabilidad económica que el Real Madrid saca de la cantera de Valdebebas, cuyos “valors” se miden en “leures” del Banco Central, no en adjetivos de Dazn, como ocurre con los míticos canteranos de la Masía. La guinda del proyecto de Mourinho sería un Baressi, que no hay, pues el que hubo acaba de partir, dejándonos a todos con un palmo de narices, que era el mayor espacio que él concedía a los atacantes rivales. Su primer fallo al tirar el fuera de juego, y tenía 66 años.


[Sábado, 1 de Agosto]

lunes, 3 de agosto de 2026

Para la resaca



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Para la resaca del Mundial, que a todo aficionado sin patria lo ha dejado ayuno de fútbol y ahíto de lo que lo parece, el mejor “alkaseltzer” es la Segunda Venida de Mourinho, con la que uno tiene el privilegio de cerrar el círculo de esta hoja volandera que nació como una mezcla del Moe de los Simpson y el Mou de la Biblia, aquella Biblia de tapas encarnadas que, hace 14 años, Mourinho ponía marcada con “post-its” sobre su mesa de Valdebebas.


La Biblia tenía rabiando a los mugrillas del antimourinhismo, devotos todos del “istil” culé. Un mourinhista usaba la mesa para comer. El antimourinhista comía con “istil”. Descrito por Pla, el “istil” (entiéndase "fúpbol") es una imitación exagerada de las buenas maneras. El cuerpo se debe mantener rígido. Se trasladan los alimentos del plato a la boca, con la cuchara o el tenedor dándoles con el brazo, a estos chismes, una curva majestuosa (el pase en corto guardiolés). Cuando los alimentos llegan a la boca, se lo absorbe con el borde de los labios, con una delicadeza extrema, procurando dar a la cara, mientras tanto, un aspecto de indiferencia displicente. El trabajo de masticación es más perceptible en las mejillas que en la mandíbula. La absorción de los líquidos se hace a base de sorbitos tan insignificantes, tan pequeños, tan irrisorios, que las copas, después de haber bebido, parecen tener más líquido que antes.


–El conjunto pone carne de gallina.


O “gallina de piel”, como popularizó el dicho Johan Cruyff, el tipo que llevó el “istil” hasta los límites del ridículo.


¡Una Biblia en Valdebebas! ¿Adónde iremos a parar? Que De la Fuente rece el Pater Noster en el vestuario, pase. Pero que Mourinho hojee la Biblia en su despacho, da que pensar. Hubo que explicar a los piperos que San Francisco jugaba con la Biblia a la ruleta: abría al azar una página y decía: “¡Así lo haremos!” Que así, por cierto, fue como San Agustín (el Papa y el ministro Puente son agustinos) halló el texto que cambió su vida.


Para el nuevo Madrid de Mou, los piperos, azuzados por los revistosos del puchero, piden “istil”, y para alcanzar el “istil” el camino es Rodri. Si lo de Mourinho es rocanrol, pedir a Rodri para su Madrid es como pedir a Sergio Dalma para Led Zeppelin, pero la coherencia no es el distintivo de los piperos, que en el primer partido del Mundial pedían al marroquí Al Bouaddi. Mas la insolencia del piperío (“el dinero en el campo, no en el Banco”, es el eslogan de estos keynesianos de bocata en el Bernabéu) sugiere cambiar a Valverde, y una carretilla de “leures”, por Rodri, de manera que en abril (“nos vemos en semifinales”, despidió Haaland, con sorna noruega, a Bernardo Silva, que acababa de fichar por el Madrid) Valverde haga con el City en el Bernabéu lo que el año pasado hizo contra el City, y nos echemos unas risas con las cosas del “istil” de Rodri, que parece viajar con biógrafo, como Bob el Inglés en “Sin perdón”, aquel W.W. Beauchamp (interpretado por Saul Rubinek) que tantos imitadores tiene en nuestro periodismo de andar por casa, ése que nos ha dado un mes de turra con el “istil” culé en el Combinado Autonómico, y resulta que en el Once Ideal del Mundial aparecen tres jugadores del Madrid por ninguno del Barcelona, lo cual, naturalmente, no es óbice, como decían los viejos revistosos, para que Lamine’2030, el Fido Dido de todos los sonajeros mediáticos, se lleve el Balón de Oro, no por goles, no por asistencias, no por regates, sino por los poderes paranormales que le atribuye la Crítica Selecta en las lesiones de Nuno Mendes ante Portugal, de Courtois ante Bélgica, de Saliba ante Francia y de Lisandro ante Argentina. Ese muchacho sería como un basilisco, que con la mirada mata, y del que Quevedo escribió: “Si está vivo quien te vio / toda tu historia es mentira, / pues si no murió, te ignora, / y si murió no lo afirma”.


Infantino se va a la Onu (¡don Tebas y Trump moviendo sus peones!), y Mourinho ya está aquí. “Ya soc aquí!”, dijo Tarradellas, que también dijo otra cosa: “¡Cony! ¡Quina Catalunya ens ha deixat Franco!” Como Mourinho, cuando vea el almacén de Champìons.


[Sábado, 25 de Julio]

lunes, 27 de julio de 2026

Y ahora qué


Fido Dido

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


España-Argentina. Tenemos la Final cantada por el ramo mercantil de la Fifa de Infantino, con su Messi y su Lamine’2030, los dos Fido Dido del globalismo imperial, con Trump en el rol de Negreira (¿la Fifa de Infantino es la que ha de sancionar al Barcelona de Negreira?).


A Francia se la pasó por la piedra la España de un “cura” riojano, que aprovechó las bartoladas del destripaterrones de Deschamps, y a Inglaterra la despachó Tuchel, que cayó en Atlanta ante la Argentina de Enzo como cayó con el Bayern en Madrid ante el Real de Joselu: por acojonamiento invencible, a lo Paulus en Leningrado. Es verdad que Tuchel no tiene la culpa de que el tarugo de Stones se comiera el centro de Messi en el gol de Lautaro, pero sí de arruinar la moral de la tropa con los cambios, propios de un demente, que ya en su día había cometido la “alemanada” de dejarse en casa a Cole Palmer.


En las mismas circunstancias de Tuchel (ir ganando por un gol a diez minutos del final), en una final europea un tal Cruyff (sí, ya hemo oído que no fue él quien ganó las Ligas de Tenerife) procedía a retirar a un defensa y a meter a otro delantero; con eso, según él, el equipo levantaba las orejas y se activaba para aplicarse en defensa, mientras que, si retiraba a un delantero para meter a otro defensa, el equipo, mentalmente, se dejaba ir en la creencia de que el nuevo haría el trabajo sucio. Por eso Cruyff fue un genio, y Tuchel, un Kaspar Hauser del fútbol que tiene el morro de justificar su incompetencia contándonos el incendio de Atlanta de Margaret Mitchell. Y al fondo de todo, vista la situación de Francia y de Inglaterra, siempre nos quedará una duda de bar: ¿serán cenizos Kane y Mbappé? La duda es uno de los nombres de la inteligencia, y no afecta, pues, al pipero, ese tonto instalado en la novedad, que ahora es Rodri, líder del City al que Valverde borró del mapa en Champions con tres goles de escándalo (el tercero, declarado por la Uefa como el mejor de la temporada). No se olvide que el máximo nivel de fútbol de competición no es el Mundial, sino la Champions. Con diferencia sideral.


[Sábado, 18 de Julio]

lunes, 20 de julio de 2026

Nos queda el timing


Ivar Kreuger



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Un Mundial extraño, éste del 26, con el país anfitrión bombardeando a uno de los países invitados ante el ruidoso silencio del resto. Lo normal.


–Los éxitos que he tenido pueden atribuirse, quizás, a tres cosas: la primera es el silencio, la segunda es más silencio, mientras que la tercera es mucho más silencio todavía.


Eso dijo el financiero sueco Ivar Kreuger (¡el rey de las cerillas!), antes de suicidarse en su piso de París, “mártir de la libra y de la bancarrota alemana”.


Usa’26 es un Mundial para comer cerillas: futbolísticamente insufrible y competitivamente irrelevante por la corrupción, que todo lo devora, con el estrambote golfo de Trump e Infantino alrededor de una tarjeta roja. Las mejores siestas del verano me las ha proporcionado el Mundial. En limpio, lo único que hemos sacado de la infantinada es el “timing”, o sea, el momento. Ah, el momento. Es lo que Ortega llamaba captar el viento en la vela, que por eso los griegos habían hecho un dios del “kairós”, o momento oportuno.


Tras del Brasil-Noruega preguntaron a Ancelotti por el peligro de Haaland. “Su ‘timing”, contestó Ancelotti, que explicó: “No gasta energía forcejeando con los defensas. Los estudia. Espera. Entiende cuándo un defensa pierde la concentración. Entonces, en un segundo, desaparece. Puedes defenderlo durante 89 minutos, pero el fútbol se decide por momentos. Los defensas odian jugar contra él: piensan que lo has controlado, y de repente está celebrando otro gol”.


Y tras del Méjico-Inglaterra, preguntaron a Aguirre por Bellingham, al que los piperazos madrileños quieren vender por trasnochador. Aguirre: “Nos preparamos para su calidad. Pero es que nunca se queda en un solo lugar. Piensas que lo has marcado, luego desaparece de tu línea de visión por un segundo… y eso es suficiente. Ataca el espacio con un ‘timing’ perfecto. Lee el juego medio segundo más rápido que todos los demás. Perdimos porque, en dos momentos, no pudimos evitar que hiciera lo que hacen los jugadores de clase mundial”.


Ya lo dijo James Carville: “The timing, stupid!” 


[Sábado, 11 de Julio]

lunes, 13 de julio de 2026

El guante de Suzuki

 




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Desengáñate, los toros son marketing y glamour, repetía a todo el mundo el flautista Salvador Boix, cuando cambió la flauta travesera por el apoderamiento del segundo José Tomás, el del marketing y el glamour. La consigna hizo un daño a la tauromaquia que no está en los escritos, igual que se la está haciendo al fútbol tragaperras de la Fifa de Infantino, en cuyo Mundial americano, aparte Argentina, que está fuera de concurso, el marketing se lo ponen a Lamine’2030 (MVP ante Austria por un caño, contra los dos goles de Oyarzábal, dueño de un careto que no vende, y las dos asistencias de Cucurella, dueño de una pelambrera que en esta sociedad de “calbos”, comenzando por Infantino, resulta tan escandalosa como la salud en un hospital), y el glamour se lo dejan a Olise… hasta que fiche (“joalá” que no, como diría Ancelotti) por el Real Madrid, donde los ratones del Relato sacarán que si el “Snus”.

–Tras que el niño era feo, le pusieron Doroteo –es el dicho montañés.

Para justificar la chapa que la Banda del Esférico (concepto, por cierto, inventado por Pemán en “Dime, poeta”, aunque a ver quién le explica eso a los becarios y becarias de Rivero), los panas dicen que Lamine’2030 y Olise tienen “un guante” en el pie izquierdo, aunque uno el único “guante” que ha visto en este Mundial es el de Suzuki, el portero mulato de Japón, hijo de ghanés y japonesa, que le sacó a Vinicius el gol del Mundial, o sea, otro “gol de Pelé”, que fue aquel gol que nunca entró, un gol fantasma o “vicegol”. De la jugada me quedé con Vinicius, por la diablura, y con Suzuki, por la nostalgia de Kevin Schwantz, el Pajarito que con una “Suzuki” nos amenizaba la vida en los 90 como Vinicius con un balón (¡no con un “esférico”, cabestros!)

Mientras me recreo con el “vicegol” de Vinicius ante Japón, me llegan ecos de la controversia Bielsa-Luis Enrique sobre entrenadores con videoteca (Bielsa, Xabi Jot Down Alonso) para comerle la oreja al futbolista y entrenadores sin videoteca, como el nuevo Luis Enrique, que sabe que los futbolistas no son opositores al Catastro. Por eso cobran lo que cobran.

[Sábado, 4 de Julio]

lunes, 6 de julio de 2026

¡Y el Pichichi!


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


A estas alturas todos conocemos las reglas, y las cosas mundialistas apuntan a título para Argentina y a Pichichi (con Balón de Oro) para Messi, el Potele rosarino.


Nos lo olimos cuando anularon a Vinicius su segundo gol a Escocia, la de los once jugadores blancos. No fue el árbitro, sino el VAR, ingenio que es al fútbol lo que la IA es a la humanidad: su agente destructor. Porque, al contrario, por ejemplo, que el ajedrez, cuyas reglas son constitutivas (no hay árbitro), las reglas del fútbol son declarativas: las aplica un árbitro. Y los malos inventaron el VAR, artilugio que permite pasar del árbitro a la arbitrariedad, que siempre es política. Anular ese gol de Vinicius no fue decisión técnica, sino política, que el árbitro, pinche mejicano, aceptó, al contrario que el árbitro australiano del inexistente penalti de Kanté a Mbappé.


Con un equipo de destripaterrones por detrás (¡ay, aquel Brasil del 82!), Vinicius, el jugador con mejores estadísticas en Champions, no lleva mal Mundial (3 partidos, 3MVP, 4 goles, 0 tarjetas), pero los piperos insisten en canjearlo por Rodri y por Olise (¿el de Carreras o el de Mendy?). Contra Escocia, un platillo volante iba a abducir a Neymar mediada la segunda parte, razón por la cual trasnochamos arrullados por los trinos de los becarios de TVE, la Banda del Esférico, que hablan el pésimo español de la locutora que hace los quites. Luego el platillo resultó ser el VAR, y el abducido, un gol redondo de Vinicius. Con razón los que tuercen por España temen cruzarse con Argentina. Antes está Uruguay, en motín con Bielsa, maestro Ciruela del Relato español, con sus segurolos y sus gabilondos. Su estrella es Valverde, y para apagarla el cura riojano cuenta con Baena, al que pasean de alcahuete en alcahuete con su Cancionero para “telepollas” (Cela) insomnes. Lástima que en el Combinado Autonómico no haya jugadores del Real Madrid, pues, de salir mal la cosa, siempre podríamos culpar a Mourinho, que dice desear que los jugadores madridistas no lleguen lejos en el Mundial para poder disponer de ellos cuanto antes.


[Sábado, 27 de Junio]

lunes, 29 de junio de 2026

La Cuesta Abajo



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Con cuatro letras que uno haya leído, se acordará de aquel amigo de Pla que en el café, cuando la guerra del 14 (¡cómo se parecen, por cierto, este verano y aquél!), puso su dedazo en un mapa y dijo a los parroquianos que ya sabía quiénes ganarían: “¡Éstos!” “¿Y éso?”, preguntó un quisquilloso.


–Porque les coge cuesta abajo.


Es lo que ya hemos visto todos en el Mundial de Infantino, que ha inventado el fútbol de los cuatro cuartos con el cuento de las Pausas de Hidratación, que vienen a ser como el antiguo “Cepillo para el culto” en las iglesias (hoy televisoras). ¿Quién es “el culto”?, preguntaba el feligrés despistado. “El cura, que habla latín”, contestaba el coñón, que nunca falta.


Seis idiomas dice hablar Infantino, que tiene por tagamotchi a Messi, que sólo habla uno, y que en el primer partido nos mostró la Cuesta Abajo del amigo payés de Pla: Argentina ganará el Mundial americano. Fue como un fogonazo de magnesio: rodillazo y plantillazo del astro a un innominado rival que el árbitro, Marciniak, un calvo polaco, decidió no sancionar. Marciniak, que en la Final de Catar’22 vio como penalti la culebrilla de Di María en el área, y que en Madrid vio el doble toque de Julián Álvarez (López, para Cerezo) en el penalti de Champions, ¿no vio (ni siquiera por el rabillo del ojo de Andújar Oliver) el rodillazo y plantillazo de Messi al jugador argelino? Porque una cosa es desvirtuar el fútbol (¡esos cuatro cuartos!) y otra cosa es desvirtuar el Reglamento comentado de don Pedro Escartín, que es lo que hace el tal Marciniak. Su contrapunto sería Faghani, el árbitro australiano del Francia-Senegal, que dejó jugar, que es su obligación, y que vio en directo el no penalti de Kanté a Mbappé; el Var se lo hizo ver repetido, y se reafirmó en su decisión. Si en esa jugada está Messi, y la tiene que arbitrar Marciniak, tenemos penalti y sin Var, más una pausa de hidratación extraordinaria para que los revistosos del puchero, esos que dicen “esférico” en vez de balón, lo puedan cantar.


Abandonad toda esperanza: la calva de Marciniak señala el camino. 


[20 de Junio]

lunes, 22 de junio de 2026

Evasión o victoria


Usa'26


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los Usa querían otro Mundial, pero la Fifa optó por Catar, donde Messi se movió luego como en un parque de bolas. El mosqueo de los Usa llevó al FBI a husmear en los bajos fondos de la Fifa, cuya cúpula cayó, y apareció Infantino, que habla seis idiomas (al séptimo, descansó) y le dio su Mundial, que es en el que estamos, a los Usa, y un “Fifa de la Paz” a Trump, quien lo llevará de corona (“In hoc signo Vinces”) cuando el ejército del pequeño Marco Rubio invada Cuba para atrapar a Raúl Castro, amigo, ay, de Infantino, que hace años viajó a la isla para ponerle al pequeño dictador (hermano del grande dictador Fidel, alias el Caballo) una camiseta con su nombre y el número “9”.


–El presidente Raúl Castro ya marcó muchos goles en su vida y ahora va a marcar goles de fútbol –dijo Infantino en español al colocarle la zamarra a su amigo cubano, hijo de gallego y libanesa, como la propia esposa de Infantino.


El caso es que estamos en el Mundial de los Usa del octogenario Trump, cuyas dos máximas estrellas son dos cuarentones, Messi y Cristiano, todo lo cual, unido al espectáculo policial y parapolicial del gobierno hacia los invitados, apunta a un “remake” cutre de “Evasión o victoria”, con Trump haciendo de John Huston, el viejo que dirigió aquella cutrez únicamente por dinero. Allí los actores no sabían jugar al fútbol y los futbolistas no sabían leer un papel. Sólo se salvaban, como futbolista, Pelé, en el papel de Luis Fernández, cabo del ejército de Trinidad y Tobago, y como actor, Michael Caine, que hacía de capitán británico John Colby (jugador del West Ham al inicio de la guerra), aunque Caine, con 47 años, se presentó al rodaje más pasado de kilos que Hazard a su presentación en el Real Madrid.


Con varios focos de guerra en el planeta, a nadie sorprendería un “cisne negro” (novela de Nassim Nicholas Taleb) en pleno Mundial. Entre guerra y guerra, Trump, que es del United por su amistad con los Glazer, avisa: “Es hora de un nuevo campeón. Un país que nunca haya ganado. Eso lo haría memorable”. Ya están tardando los persas en poner esa condición.


[Sábado, 13 de Junio]



Michael Caine en Evasión o victoria

lunes, 15 de junio de 2026

La Alternativa



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Llevábamos un tiempo sin oír hablar de “democracia”, palabra que designa algo que por aquí todavía no hemos visto, y las elecciones del Madrid han vuelto a ponerla en la palestra, como decían los cronistas antiguos. Vamos a traer la democracia al Madrid, dicen los nuevos de la Alternativa. ¿Y qué es la democracia?


La democracia moderna (no parece que Calderón, “el senador de Massachusetts”, como adulaba Del Pozo al ex presidente palentino, piense en imponernos, de ganar, una democracia griega en el Bernabéu) es el populismo de Lincoln en su discurso de Gettysburg (“el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”) que una vez llevado al papel, que se llama Constitución, se convierte en un régimen político basado en tres elementos: representativo de la sociedad, divisorio del poder y electivo del ejecutivo. Esto, para un club de fútbol, sería revolucionario, pues los socios podrían votar las alineaciones, tal como los militares hacían en el ejército de la Primera República, cuando los monárquicos regalaron una República a los republicanos para ver lo que hacían con ella, y lo primero que hicieron fue “democratizar” el Ejército (“¡Que bailen!”, decían los soldados a sus oficiales), para, a continuación, bombardear Alcira, Cartagena y Alicante y dejar de recaudar las contribuciones y de pagar la Deuda y a los empleados. Ya se supone que no llegaríamos tan lejos como con el cuarteto Figueras-Pi-Salmerón-Castelar porque, dicen, a bordo de la Alternativa viaja Rosauro, emprendedor de la Olavide, que se tendrá bien estudiado el cubo de Rubik de la democracia que combina la separación de poderes de Locke, el equilibrio de poderes de Bolingbroke y la balanza de poderes de Montequieu, nociones básicas para hacer que Mbappé corra hacia atrás, siendo el futbolista de todas las grandes Ligas que, estadísticamente, menos lo ha hecho para atrás, por detrás, incluso, de lo porteros.


De la Alternativa, llama la atención la preocupación por “Lo Social”, que en España es una mezcla de cosas de León XIII (Gioacchino Vincenzo Raffael Luigi Pecci, no confundir con Robert Francis Prevost, León XIV, que llega hoy España para visitar el Bernabéu) y de Girón de Velasco: el bocadillo del socio en el estadio, y en La Fábrica de Valdebebas, para ahorrarse el veraneo en Chipiona, una piscina (“playa artificial”) como la del mítico Parque Sindical, obra del arquitecto Manuel Muñoz Monasterio en los 50.


Dado que no es cosa de copiar “el proyecto” (concepto favorito del emprendedor contemporáneo, educado en el “proyecto sugestivo de vida en común” que Ortega copió de Renan), suponemos que en el diseño del nuevo Parque Sindical trabajarían “algunos de los arquitectos vivos más grandes del mundo”, por decirlo con las palabras de Ivanka Trump sobre su proyecto con Jared, su esposo, para su isla privada en el Mediterráneo. En el Parque Sindical, y eran los 50, aparte de campos de fútbol, los socios podían disfrutar de un frontón, tres trinquetes, cuatro canchas de baloncesto, una pista de atletismo de seis carriles, dos vestuarios femeninos para diez mil usuarios, dos vestuarios masculinos para doce mil usuarios, un parque infantil, un restaurante, seis bares, doce pistas de bolos americanos, un botiquín y un edificio de dirección, que, al parecer, sería ocupado por Raúl, aquel lanzallamas arrebatado al Atlético para sentar a Butragueño en el banco y cuya carrera se estiró como un chicle, hasta el punto de que ya no se sabía si era el Real el que llevaba una eternidad al servicio de los records de Raúl o si era Raúl el que llevaba una eternidad sin aportar nada a los records del Real.


En la Alternativa, pues, todo son regresos a la Españita: Raúl, Calderón... ¿Regresos a la “españolez” o a la “españolidad”? En “El alma-hecha-gesto: Toros, ‘españolez’ y ‘españolidad’, el francés Jean Palette propone:


–Digamos, al estilo de Sánchez Ferlosio, que la “españolez” está obsesionada por “demostrarse”, mientras a la “españolidad” debería bastarle con “mostrarse”.


[Sábado, 6 de Junio]