PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Martes, 19 de mayo de 2026. Décimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de novillos de Fuente Ymbro (de procedencia directa de Jandilla, de encaste Domecq). Muy desigualmente presentados. Con falta de trapío, por pobreza de pitones, el 1º, 3º, 5º y 6º. El tercero muy terciado. Fueron protestados para obtener su devolución el 1º, 2º, 3º y 6º. Mejor presentados el 2º y 4º. Flojos. Mansos. El 5º tardo y remiso. El 6º con buen son. Muy buena entrada, rozando el lleno. Tarde primaveral camino de la bonanza.
Terna: Pedro Luis, de Lima (Perú); de rojo violeta y oro, con cabos blancos; veinticinco años; dieciocho festejos en 2025; silencio y silencio tras dos avisos. Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat (Barcelona), de celeste claro y oro; diecinueve años; quince festejos en 2025; oreja y ovación. Julio Norte, de Salamanca, de celeste claro y oro; dieciocho años; dieciocho festejos en 2025; oreja protestada y oreja. Mario Vilau y Julio Norte hicieron su presentación en Madrid. Julio Norte salió por la puerta grande. Mario Vilau fue corneado durante la faena de muleta del quinto astado; la cornada fue de 15 centímetros en el muslo izquierdo; entró por su propio pie en la enfermería tras matar al novillo.
Suerte de varas. Los toros cumplieron en el caballo sin alharacas. Salieron sueltos de la suerte, a excepción del sexto que obedeció en la salida al capote. Mostraron falta de fijeza, el 1º y el 3º. Al segundo se le aplicó metisaca. Fueron puestos convenientemente al caballo, 2º, 4º y 6º. Empujó el 4º. Todos fueron picados mediante picotazo en la segunda vara, menos el 4º. Faltó pelea en las varas. Destacó Alberto Sandoval en el sexto al recibir al novillo tras ser puesto en suerte y cogerlo bien en ambas varas, colocó la pica en la cruz en la primera —la segunda cayó trasera—. La primera vara fue normativa, la segunda un picotazo. En una y otra vara el burel salió suelto.
Los que hemos vivido muchos años fuera de España sabemos que desde esa distancia las cosas se observan mejor cuando se mira hacia lo patrio. En el mundo de la tauromaquia la mirada externa recae en el tendido, en donde se sitúan los aficionados y los espectadores que siguen el espectáculo. Desde los tendidos, las gradas y las andanadas se pueden examinar de una manera idónea muchas cuestiones de la lidia, de la actuación de los matadores y del juego de los toros. Ayer nosotros sentados cómodamente en el tendido pudimos ver cómo los novilleros, en general, quisieron plantear la batalla desde «las afueras», como si quisieran buscar una perspectiva hacia el toreo y no entrar en los adentros del mismo. Podríamos interpretarlo como la búsqueda de una postura cómoda, foránea, distante, periférica, adyacente o adosada. Dependiendo de cómo se examine la colocación de los novilleros a lo largo de la lidia, principalmente durante las faenas de muleta, llegaremos a conclusiones sobre una mayor o menor autenticidad en la labor de los espadas o a que estos adoptaron un posicionamiento distante ante los novillos para lograr ser privilegiados espectadores de su propio quehacer taurino. En definitiva, los espadas se cruzaron poco ante sus oponentes, se limitaron en muchas ocasiones a torear por las afueras cuando tuvieron la muleta en la mano, a no dar un paso adelante definitivo que hiciera prender la llama de la pasión en los aficionados que en un muy buen número fueron a verles. Los novillos de Fuente Ymbro no tuvieron la presencia que Madrid exige, pero se dejaron torear y a partir de ahí los aspirantes a matadores de toros tuvieron su pequeña oportunidad para alcanzar un éxito.
La vida por las afueras puede ser un perfecto observatorio para otear, como hemos señalado anteriormente, o plantea un distanciamiento sobre el núcleo central de las cuestiones importantes; en este caso en el que estamos, al analizar lo sucedido en la novillada desde el tendido, desde afuera, se descubre un alejamiento del verdadero toreo cuando se ejecuta por fuera. Así las cosas hay que llegar a la conclusión de que si el torero se sitúa afuera de la suerte, contempla muy bien lo que sucede, lo que a él le va aconteciendo; pero queda ajeno a ser protagonista del dominio en la suerte, a tomar el toreo por los cuernos, a controlar la creación del toreo, a mandar sobre los astados que le toca someter o bien vencer o superar. Ayer, sin que la cuestión lindara lo grave, pues nunca nada en la vida es definitivo, los novilleros más punteros decidieron torear sin ajustarse a los novillos, sin echar la pata para adelante cuando era necesario —estar metidos en el centro de las suertes de muleta— ya fuese al natural o en redondo. Es una tesitura que se vive en todos los estamentos de la tauromaquia, si hablamos de cómo torean las figuras o cómo lo hacen los aspirantes a tomar el relevo en el escalafón. El toreo de hoy se basa fundamentalmente en no cruzarse, en torear despegado, por las afueras, dejando hueco entre matador y astado; y presidido el trazado de los lances y de los pases, en un alto porcentaje de ocasiones, en no cargar la suerte. A ello se une la ausencia de distancias entre el matador y los astados, alargamiento en demasía de las faenas, a no saber cerrar el trabajo, a no encontrarle un final adecuado; en resumidas cuentas, a ver que los toreros no se adaptan a las condiciones de los toros, a la hora de darles un espacio y de cruzarse ante ellos para imponerse o para darle profundidad a las suertes.
No es que todo esto sucediera constantemente ayer tarde en la actuación de los noveles novilleros, pero se percibieron todos estos defectos que recorre la tauromaquia actual; sobremanera en el abuso de la colocación superficial de los toreros en esas afueras descritas y analizadas. A esa perspectiva que transita la fiesta de los toros, que semeja a extrarradio, a aledaños, a arrabal; no a núcleo, a centro, a médula, a esencia, ni a corazón. Desde el tendido se detecta, se padece y desapasiona, el dominio en el toreo de las afueras. Pero vayamos por partes porque no todo fue malo, ni negativo; sino sintomático, revelador y crónico. Del torero peruano Pedro Luis el año pasado vimos un ramillete de naturales de auténtica enjundia, en ambas tardes que toreó en Las Ventas. Se observó que estaba por hacer, por desarrollar, por crecer. Visto meses después se percibe que técnicamente está evolucionado pero ha perdido frescura e identidad, y que se ha alejado de su potencialidad. Suele ocurrirles a muchísimos novilleros que debutan en Las Ventas, que primero muestran su singularidad y más adelante se diluyen en la trama de aprendizajes o enseñanzas que les salen al paso. Pedro Luis a su primer novillo, manso, flojo y manejable, intentó torearlo con suavidad en redondo en los primeros compases y no se acopló al natural más adelante. El novillo muy blando no le facilitó la tarea. Desacople. Mató de una estocada en la suerte natural. En el cuarto quiso ajustarse al natural, logrando al final de la faena naturales meritorios una vez cruzado y llevando al novillo atrás de la cadera, que no llegaron al público por ser su labor excesiva. Al menos dejó este sello propio in extremis. Mató de cuatro pinchazos en la suerte contraria y un descabello.
Mario Vilau, lo más positivo fue que debutó en Madrid «en novillero», no dejándose nada en el interior. Recibió a los novillos a porta gayola y veroniqueó desigualmente. Con la muleta a su primer novillo, manejable, lo toreó con buen concepto del temple, pero al abrir el compás se le quedaba la pierna de salida atrás. Dio distancia. El novillo tenía poco fuelle. Abrió mucho el compás y se tumbó al muletear. Pudo al astado. Ligó bien el natural con el de pecho. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el quinto sufrió una cogida —cornada de 15 centímetros— y aguantó con entereza. El novillo era tardo y remiso. Flojo. Le llevó en la franela pero el animal lo levantó, y luego se cerró en banda. Sin perder la cara al novillo mató de una estocada tendida en la suerte contraria.
Con Julio Norte surgió toda esa puesta en escena de las afueras comentada más arriba. Templó mucho a sus dos novillos. El lote más propicio. Ligó abundantemente. Redujo distancias. Toreó por la espalda y en la posición regular. Muy despegado. Sin cruzarse. Por las afueras y con la pierna retrasada. Tiene capacidad y temple. Los pases son largos. Pero atesora todos esos defectos que hemos señalado en el preámbulo de la crónica. Los males del toreo de hoy [no cruzarse, sin apreturas y periferia] del que se dice ser el mejor de la historia. Mató al tercer novillo de estocada delantera caída eficaz en la suerte natural. En el sexto de estocada en la suerte natural.
ANDREW MOORE



















