Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El Madrid vive su momento Buridán, el escolástico que pasó a la historia de la filosofía porque su asno, equidistante entre dos haces de heno, murió de hambre por no decidirse por uno. Es un momento entre el modelo Hansi, ganador de dos ligas sin bajarse del autobús, propuesto por el antimadridismo, y el modelo José, aquel rocanrol añorado por el madridismo, decepcionado con el aurresku del hijo de Perico Alonso que hace un año nos vendieron como rocanrol. El temple y la humildad de Flick o la pasión y la jactancia de Mou, que sabe, como Corrochano, que aquí es modesto el que no puede ser otra cosa.
En las afueras gusta el temple de Flick, el hombre de Heidelberg, donde la mandíbula, que el fin de semana, mientras en Alemania enterraban a su señor padre, eligió celebrar en el carromato del triunfo, ornado de símbolos antimadridistas, su segunda liga consecutiva. “Recuerda que sólo eres un hombre”, susurraba en la oreja del general romano un criado asignado al efecto. “No creerás que has ganado tú las Ligas de Tenerife”, dicen que le dijo el Napoleón de las Ramblas al Tulipán que pedía un aumento. En cuanto a su machadiana humildad de “homo heidelbergensis”, ésta se ve en su torpe aliño indumentario, pues cualquiera que se lo cruce por la calle lo confundirá con un mecánico de la Volkswagen (el coche del pueblo) en paro, y, sin embargo, ya ven, dos ligas en dos años, a sólo dos ya de las levantadas por Cruyff, aquél que dijo: “Mourinho is a coach of trophies, noto f football”.
–Me encanta aprender de genios como Cruyff –contestó el aludido–, pero aún tiene que enseñarme a perder una final de Champions por 4-0.
Éste es el Mourinho que añora el madridismo, ahora que el vestuario es una topera y que la política de Estado no le va a permitir ganar en suelo español ni el partidillo de los jueves, por lo que su nicho de mercado deberá volcarse en la Champions y en el Mundial de Clubes, aunque sólo fuere por buscar respuestas a su mítico fado de los porqués: “¿Por qué? ¿Por qué Ovrebo? ¿Por qué Busacca? ¿Por qué De Bleeckere? ¿Por qué Stark? ¿Por qué siempre ellos? No sé si es por la publicidad de Unicef o por el poder que tienen en la Uefa. Ojalá algún día pueda obtener una respuesta”.
El mourinhismo es el sebastianismo del Madrid. Un mesianismo, dice la Wikipedia, que se traduce en “una inconformidad con la situación política vigente y una expectativa de salvación milagrosa, a través de la resurrección de un ‘muerto’ ilustre”. Al piperío conchaespinil, ese populacho beatón, sucio y feroz (“que alterna la exposición del Santísimo Sacramento con el culto de los toriles”, en visión de Eça de Queiroz) le tira más el Spandau Ballet de Klopp (un Flick pasado por “Los conceptos fundamentales del materialismo histórico” de Marta Harnecker) que la Amália Rodrigues (“ceniza y fuego”) de Mou. A Mbappé le duraría Klopp en el Bernabéu lo que Spandau Ballet le duró a Tessa en el Rock-Ola), que así es como acabaría todo, por dispersión.
–Así acaba todo –le dice en “Los Maia” Ega a un Carlos da Maia deprimido porque la Gouvarinho se le marcha a Sintra–. Como se acaban las grandes cosas: como eñl Imperio Romano, como el Rin, por dispersión, insensiblemente…
Explica Ancelotti en sus memorias que los equipos de Mourinho preparan tu muerte, y cuando estás cansado, te dan el tiro de gracia. ¿Por qué lo contrataron en su día? Para el italiano, la respuesta es sencilla: “Querían derrotar al Barcelona de Guardiola”. Hoy no se trataría de derrotar al Barcelona de Flick, que tampoco es ningún enemigo, sino al PSG de Luis Enrique.
Una mala noticia antropológica (Mbappé, “el cuarto delantero”, royendo a dientecillo suelto la moqueta del vestuario) y una buena noticia deportiva: Deschamps prescinde para el Mundial de Camavinga (para Deschamps, el mundo es Rabiot y diez más), quien así podrá descansar física y mentalmente para convertirse con Mourinho en el “Box to Box”, mitad Seedorf, mitad Redondo, que lleva dentro.
[Sábado, 16 de Mayo]



