JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy tocaban de nuevo los de Juan Pedro. Por si no hubo bastante con los de la Corrida de la Prensa del otro día, hoy otra taza de ricino así, por las buenas. Ésa era la actitud cuando bajábamos hacia a Las Ventas, pero luego, como se suele decir, «viene el toro y lo descompone». Y la descomposición consistió en que donde el día 28 de mayo hubo seis pobres jureles bondadosos, bobos, zompos y soporíferos que, por cierto, llevaron a su propietario al éxtasis ganadero, hoy, con el mismo hierro en el anca salieron otros seis que, sin ser la maldad personificada, crearon suficientes dudas e incertidumbres como para que el amo que los cría se fuera a su casa o a sus predios del Castillo de las Guardas triste y cabizbajo, porque él lo que quiere del ganado que cría es sumisión, sumisión y sumisión. Nadie vaya a pensar que la corrida fue una de ésas de las que se llaman «duras», que en los seis juampedros -o cinco más uno- de hoy no hubo casi nada que demostrara inteligencia por parte del ganado, ni tampoco andaban mirando al torero, cosa que tanto incomoda, ni prácticamente se comían a nadie, pero su falta de sumisión, demostrada en ciertas actitudes tales como levantar la cabeza o derrotar al salir del pase, no humillar lo necesario o la falta de homogeneidad en las embestidas, no era lo que venían buscando los que se anunciaron con este encierro, dando la suma de todas esas circunstancias el resultado de una tarde movidita.
Para despachar a los juampedritis se trajeron en este último Viernes de Cubata al veterano Uceda Leal de frambuesa, cuajado de oro, con cabos de oro y alamares de chorrillos largos; a Clemente, de grana y azabache, y a Pablo Aguado, de faja de madre y muchísimo oro. Ésta era la tercera comparecencia de Aguado en la Feria del 2026 y todavía no sabemos a qué ha venido.
Uceda quiso hacer lo suyo en el cuarto de la tarde, Baladuero, número 107. Brindó a la parroquia y se dispuso a vérselas con el colorado. Se lo sacó a los medios muy toreramente y dejó un pase de trinchera para quien estuviera atento y ahí la cosa comenzó a hacer aguas. Lo mismo si Uceda pilla este toro hace siete años, nos había dejado una interesante faena, pero dio la impresión de que el madrileño no quiso o no pudo soslayar las pocas complicaciones que el toro le planteó. El bicho se fue desfondando y, a su manera, el matador también. Media estocada fue suficiente para echar abajo al toro.
Clemente lo intentó también en su segundo, Soldador, número 118. Inició su labor con unos «medios gayolos» en los que el toro planeó sobre él y en el último tercio se fue a terrenos del 6 a darle la réplica a este Soldador que primero le avisó dos veces y luego acabó cogiéndole. Hay que decir que Clemente en este toro se puso valientemente a hacer el esfuerzo de situarse donde los toros cogen, y que el conjunto de su labor hasta que fue retirado por las asistencias para llevarle a las manos de los Padrós, caló en los tendidos por su autenticidad basada en irse al pitón contrario y quedarse bien colocado. Le pasó al toro en series por la derecha y luego de uno en uno por la izquierda con bastante verdad, contando con que la condición encastada del toro aumentaba la sensación de riesgo, siendo la actuación de Clemente en este toro lo de mayor valía de todo lo visto en la tarde.
Hay personas que portan apellidos que son definiciones: «Novillo», «Rufián», «Carnero» o, en este caso, Aguado, que en este caso sería la condición del toreo de quien porta esa denominación. Seis toros ha tenido delante Pablo Aguado en la Monumental, para dejarnos aunque fuera una brizna de ese arte que aseguran que atesora y lo que nos ha dado han sido sopas con honda, con la honda preocupación de que su incompetencia con la muleta se ve aumentada de manera exponencial con el toro que sale en Madrid, que es tan distinto de todos los demás toros que verá en toda la temporada. Cuentan que el otro día, en Aranjuez y ante una renqueante bola de sebo, bordó el toreo y la impresión es que el que quiera verle y recrearse en las capacidades que le cantan, debe comprarse una moto y recorrerse la España vaciada, de pueblo en pueblo, como Diógenes con el candil, a ver dónde le echan las babosas que convengan a su decadente filigrana. La cosa de las herramientas tauricidas, tal y como quedó demostrado, tampoco son su fuerte. Pablo Aguado es H2O: incoloro, inodoro y, sobre todo, muy insípido.
Mención aparte merece el peonaje. Por la parte equina el único que estuvo a la altura de la plaza en la que se encontraba fue «Espartaco», que picó al tercero. Por la parte de la bipedestación reseñar la brega de Iván García al tercero y sus ganas de agradar con las dificultades que le puso el sexto y el coraje de Morenito de Arlés. Fernando Sánchez parece que está en horas algo bajas, aunque las gentes se han encariñado con él y le aplauden todo lo que hace.
La corrida fue remendada con un sobrero de Montalvo, que salió en segundo lugar, lo cual nos lleva a plantearnos por cuál será la razón de que el día que se jugaron los de Montalvo los sobreros fueran de Casa de los Toreros y de Fermín Bohorquez teniendo uno de Montalvo en el congelador. La tradicional opacidad que siempre rodea todo en el mundo de los toros no nos ayudará a conocer la respuesta al enigma.
ANDREW MOORE




















