domingo, 28 de junio de 2026

Arancel de necedades



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En el “Guzmán de Alfarache” hay un pícaro que tiene el detalle con la posteridad de copiar un papel que encuentra y que se titula “Arancel de necedades”. Podía haberlo redactado Gallardón con el voto unánime del pleno municipal, porque es como una especie de tabla de derechos de aduana o de multas gubernativas que deberían pagarse, no por grandes delitos, sino por las constantes tonterías y vaciedades con la que está hecha la vida. Había que pagar arancel por el hecho de salir a la puerta de casa cuando se está esperando a alguien, para ver si viene, como si con esto fuera a llegar antes; también eran multados “los que, paseándose por un suelo ladrillado, ponen gran interés en no pisar las junturas”; los que, yendo por la calle, sacan la mano por debajo de la capa para ir tocando las rejas o las paredes; los que, jugando a los bolos, cuando se les tuerce la bola, tuercen el cuerpo como si con esto la ayudaran o corrigieran...” Gallardón ha “aggionado” el susodicho arancel con la puesta de largo municipal de la ley de memoria histórica en virtud de la cual por el mar corren las liebres, y por el monte, las sardinas. ¿Memoria histórica? Montesquieu, en “Del espíritu de las leyes”: “Sólo la victoria decidió si había que decir fe púnica o fe romana.” ¿Qué jaleo es ése? El de los comunistas impartiendo democracia liberal en el pleno municipal. ¿Y ese cua-cua? El de los patos detrás del ganso bermejo. ¡Ah, la memoria histórica! En las calles permanecen los “caganers” de Prieto y Largo, y las aleluyas democráticas a aquella gran dama liberal que gritó (fatalmente con éxito) en el Congreso a un diputado: “¡Es la última vez que hablas aquí!” La que en “Il Borghese”, y era 1974, masticaba: “Hemos esperado durante 39 años, y esperaremos algún año más; pero después, nuestra venganza durará cuarenta veces 39 años, se lo prometo. La guerra no ha terminado.” Pero el cinismo es el ismo de nuestro tiempo. Tenía más gracia el Guzmán.