miércoles, 17 de junio de 2026

La Invisible


Christian Drakenberg


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Vengo del gráfico de la vida y de la muerte que Foxá esbozó hace cincuenta años aquí, en estas páginas, para responder a una pregunta: ¿Se está intentando encadenar a la que se evapora? ¿Poner grilletes en las manos heladas de la Invisible? “El hombre moderno se resiste a envejecer. No quiere morir. (...) Las mujeres viven unos años más que los hombres. Hay cierta galantería en la Muerte, que acaso sea varón y no esqueleto arrebujado en el negro absoluto; o tal vez, por el contrario, descortesía haciendo pasar a los caballeros antes que a las señoras por la horrenda puerta de bronce de la que no se retorna. Es decir, el hombre moderno ha arrebatado a la ancianidad y a la muerte cerca de cuarenta años de vida. Muerde ya toda la manzana: la parte amarilla y la roja. La meta son los cien años y el ideal aquel Christian Drakenberg, marinero danés, fallecido a los ciento cuarenta y seis años en 1772 y que hubiera ganado la copa (si el tiempo es igual que el espacio) en la carrera, sin relevos, de la existencia. (...) Pero, como decía un cura amigo, a pesar de todos los antibióticos, de la cirugía moderna, de las vacunas, la mortalidad seguirá siendo exactamente de un cien por cien. (...) Las danzas de la Muerte en que ella es un esqueleto con su guadaña sobre el trébol, y que, burlona, hace bailar a la molinera con el emperador y al duque con la hija del verdugo, son el apogeo de la Muerte y en ellas se atisba ya al comunismo, porque no hay nada más comunista que esa terrible Segadora que tiene hoz, y a la que sólo le falta el martillo en el cinto de niebla. La Muerte tiene un hermano: el Sueño. Y una hija: la Lepra. El esposo de la Muerte es el Diablo. El lacayo, la Vejez. Tres jinetes la escoltan. El Hambre, con sus falsas balanzas; la Peste, con su sudario amarillo; la Guerra, con su espada mellada. (...) El lecho de la Muerte son los sepulcros de mármol... Pero sobre su desolación de mármol hay dos luces de aceite: la fe y la esperanza, que, según los griegos, es el sueño de los que están despiertos.”