sábado, 11 de diciembre de 2021

Oponentes o mudos


Federico el Grande

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La Oms “recibe el respaldo unánime para negociar un tratado frente a futuras pandemias”. ¿De quién? Del sindicato de profesionales del poder, que tiene el consenso como regla de la unanimidad (oligocracia) que suplanta a la regla mayoría-minoría (democracia).


    Del pensamiento único al pensamiento unánime. Del hombre es un ser para la muerte, de Heidegger, al hombre es un ser para la vacuna, de Tedros, el mandado de la Oms, cuyo heraldo, Casado, se hace el Zaratustra (“os inoculo la locura”) subido a la Peña Amaya para pregonar una ley de pandemias.
    

Dalmacio Negro tira de Sloterdijk para describir el panorama (Sloterdijk tiene sorna bastante para ver que “con tanto funcionario no se ve ya el Estado”): los liberales gobernaban políticamente sometidos al Derecho que los falsos liberales, o liberalios, han sustituido por la Legislación estatal de burócratas legalistas que creen en las virtudes taumatúrgicas de la ley para someter la política a su beneficio, con lo cual en las Facultades ya no se enseña Derecho, sino Legislación. Es natural que nos coman las liendres.


    –La realidad es que los gobernantes encierran a los gobernados en las jaulas de papel construidas por el legalismo burocrático imitando la jaula de hierro de Max Weber.
    

¿Qué somos? Negro recuerda que el fundador del Estado Despótico, Federico el Grande (¡la Merkel de nuestros liberalios!), llamaba a sus súbditos “animales estatales” (“staathche Tiere”). Otro alemán, Steingart, ve que el Estado jibariza a sus súbditos reduciéndolos a la condición de “sospechosos”: es el fin de la normalidad (la desaparición de las cosas que se daban por sentadas). Normalidad era lo confiable en la sociedad. Y para los liberalios que ahora nos traen de regalo de Reyes un “Estado Terapéutico” no somos sino enfermos, con derecho, eso sí, a vacuna obligatoria.


    Nos quedamos en Animales Estatales simplemente porque el porvenir de esta sociedad, concluye Muray, es no poder engendrar nada más.

 
    –Salvo oponentes o mudos.

[Sábado, 4 de Diciembre]