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martes, 17 de diciembre de 2019

Olimpia

 
Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ocurrió en la andanada venteña del 9, que lo era entonces de Dragó, de Esperanza Aguirre y de Bergamín Arniches (“don Fernando el de los toros”). Una tarde de feria, que es como decir de sopor, se levantó El Chino de Leganés y gritó a Dragó:

    –¡Eh, tú! ¡El de los libros! ¡Que sepas que yo no he leído ningún libro y sé más de todo que tú!
    
No quiero imaginar qué hubiera dicho El Chino de haber leído ahora esa versión castiza de “El collar de la paloma” (el “Kamasutra” de Ibn Hazm) que ha escrito Dragó con el “satisfyer” que le recomendó Emilia Landaluce (“¡Eh, tú! ¡El del satisfyer!...” Etcétera), en cualquier caso siempre en un tono infinitamente más moderado que el del bello cómico Hugh Grant, que en los 90 alcanzó la fama en Hollywood por setenta dólares en el asiento de un BMW con “Divine” Brown, hacia el primer ministro británico Boris Johnson, acusado por la prensa (¡pobre lord Acton!) de asesinar la democracia cuando cerró el Parlamento:
   
 –No joderás el futuro de mis hijos –arrancaba su alegato tuitero el bello cómico–. No destruirás la libertad que defendió mi abuelo en dos guerras mundiales. Jódete, patito de goma sobrevalorado. Gran Bretaña se rebela contra ti y tu pandillita de pajilleros.
    
Ése, desde luego, parece el lenguaje de un izquierdista, que es justo lo que no parecía Hugh Grant, demasiado chato (chatín, le diría Arturo Fernández) para ir por la vida de molinero de Chaucer, como Bardem.
    
Hablando de cuentos…, Peter Hamm, desaparecido en julio de este año, preguntó a Thomas Bernhard por qué los críticos “de izquierdas” le reprochaban cierta anti-ilustración, y contestaba Bernhard:

    –Siempre he pensado que, en realidad, precisamente la izquierda tendría que entenderme. Pero los de izquierdas no son de izquierdas, ése es el problema. Esos izquierdistas son todos como la muñeca Olimpia de “Los cuentos de Hoffman”. Así son.
    
La España oficial no es hoy otra cosa que un fetichista dándole a la muñeca con el “satisfyer” de un maniquí mecánico.