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lunes, 23 de diciembre de 2019

Spexit





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Soñar es barato, y con la pedrea de la Lotería podemos permitirnos, en la soñarra de la siesta, un Spexit, pero en seguida nos despierta esa yegua de la noche, como se dice en el inglés de Shakespeare y Garicano, que es la pesadilla González Pons. ¿Qué haríamos en el Spexit con los González Pons, y son legión?

    El discurso del Spexit no es nuevo. En el 18 se lo largaba Ortega a la primera oreja que se le pusiera a tiro: tenemos un gobierno que no va a gobernar; necesitamos para España el derecho a ser respetada, y para ello necesitamos una España respetable; esta España existe, pero es justamente lo contrario que la España oficial. ¡Cuánto habéis reído de aquellos muchachos que, siendo pobres, no se ocupaban de mejorar de fortuna, que vivían ariscos al margen de las munificencias! (¿Ven? Esto hoy no ocurre). Os predicaban la necesidad de europeizarnos (Esto, en cambio, sí ocurre). Por europeísmo entendían el conjunto de normas selectas para la conducta humana que la Historia universal ha ido decantando. (Por europeísmo hoy se entiende el conjunto de González Pons que tocan palmas a Ursula von der Leyen con el entusiasmo, ¡pero sin el arte!, que Pepín Cabrales se las tocaba a La Perla de Cádiz).
   
 No se dice bastante, pero la UE no es Europa, y España no entró en Europa (¡ella es Europa!), sino en la UE. El mantra era “homologarse”.

    El franquismo se pasó en masa al centrismo, cuya ilusión era que el portero de la UE les franqueara, ¡ay Jesús!, aquel cordón rojo del Studio 54 que era la UE (en esa línea, aquí teníamos el Cielo de Pachá de Marilé Zaera, con Martín en la puerta). ¡Todo fue tan rápido!
    
¡Es el acto más anti 18 de julio desde la guerra! –dijo, en el 72, el ministro Garicano cuando por la megafonía del Camp Nou se oyó “S’ha perdut un nen”. Y en el 76, ya centrado: “Todos estamos inmersos en esa tarea apasionante que es la conversión de España en una democracia”.
    
A cambio de “homologarse”, los partidos renunciaron a negociar “lo de España”, y ahora vienen los ayes.