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sábado, 28 de junio de 2014

A octavos

Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
Italia, Inglaterra, Portugal, España... quizás sean demasiados barcos hundidos al otro lado del mar. Pareciera que Europa pierde potencia y virilidad en un Trafalgar Suramericano húmedo e infernal que ha retratado a selecciones como Costa Rica, México, Colombia o Chile mucho más imperialistas que las del Viejo Continente. Alemania y en menor medida Holanda están llamadas a defender la supuesta superioridad europea. No sabemos qué les pedía el cuerpo al entrenador Löw y a su colega Klinsmman, paisano y colega en EEUU, pero Alemania ganó y Ghana y Portugal se fueron a casa sin excusa que valga. Los ghaneses encismados entre sí y los portugueses arrullados en un canto triste y melancólico que tan pernicioso les está resultando en Mundiales y Eurocopas.  Exceptuando a Cristiano, el resto de futbolistas lusos tiene inflado el precio de la etiqueta y padecen en demasía de mala salud, por lo que no me sorprende su eliminación ante tanta debilidad física y psíquica.
     
Sí que me ha extrañado la de Rusia... y mucho. No estoy muy enterado de la Liga rusa, pero el caso es que han ido a jugar allí muy buenos futbolistas de todos los países, imagino que buscando menos gloria y mas doblones. La convivencia multirracial  ha quitado velocidad a los nativos y Rusia ya no pare aquellos futbolistas tan técnicos  como atletas que hicieran exclamar al difunto Luis Aragonés: “..no he visto equipo como este Dínamo de Kiev”.  Es leyenda que la FiFA encargaba a los árbitros expulsar a Rusia de los mundiales porque no arrastraba aficionados y porque además sus jugadores no protestaban... y algo debió haber en aquel Brasil-URSS del 82 en España con un tal Lamo Castillo mediante o en Méjico ante Bélgica con  gol en fuera de juego de Ceulemans que Sánchez Arminio se arrepintió de anular. De Brasil se va porque el portero Akinfeev le ha dado por cantar boleros -como casi siempre que lo he visto en partidos internacionales- y porque Capello no deja jugar a sus futbolistas como les enseñaban en la escuela del Gran Lobanovsky. ¡Oh, tiempos de Blockhin, Zavarov, Rebrov, Mostovoi, Karpin...
    
¿Y Grecia? Nada que decir. Es difícil jugar peor al fútbol, pero los griegos tienen la ventaja de que hay un día que bajan los dioses en su ayuda y convierten a Samaras con a, en el más virtuoso y elegante en la carrera; encojan a Kone, el mejor de los guerreros,  y proponen a Samaris con i como nuevo general. Los argivos, como en Troya, suelen ganar así y de vez en cuando batallas que tienen perdidas.

    Grecia, una de las dieciséis peores selecciones junto a Argelia, importó el duelo a muerte entre Héctor y Aquiles a los Mundiales y hoy hay dos enfrentamientos que podemos considerar fratricidas: Brasil-Chile y Colombia-Uruguay. Casi seguro que empieza a arder Troya.