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domingo, 22 de junio de 2014

Alemania, 2; Ghana, 2. Un juego de once contra once (y siempre Ghana Alemania)


Kyle MacLachlan

(Se da un aire a Löw, pero sin hacer pelotillas
 con las mucosas nasales)



 Hughes
 Abc
Sin Schweinsteiger, Alemania tiene un problema que nos suena. Depende mucho ofensivamente de Özil y Khedira. Esto parece argumento suficiente para que se quede en semifinales. Es un equipo original porque juega con cuatro zagueros y Müller, de modo que elimina dos posiciones del fútbol, el nueve y los laterales. Es pesado abajo y flotante arriba, intercambiable en posiciones. Pero en el centro liberó a Khedira por su talento de llegador (?) y se construyó a partir de la personalidad de Götze y de Özil, que no son precisamente Lothar Matthaus. Siendo un equipo estupendo, y yendo más lejos que Italia en el control, más dinámico, con más argumentos, a Alemania le faltaba la personalidad de un Pirlo.

En la primera parte llegó, rozó el gol de Müller en un par de internadas de Özil por la derecha y otra de Götze por la izquierda. Müller es como el Toni Kukoc del fútbol y juega de todo. Sus medias bajas recuerdan a Berti y Gordillo, grandes contragolpes, prórrogas, y parece que son la clave de los espacios. El trabajo de Müller es sorprender el espacio, que diría Lillo. Pero por sistema eso acaba en un rozar el gol, en un casi.

Alemania era el llegar de Müller y el sobrellegar de Khedira, pero cuando Ghana apretó las líneas, siendo como era superior en las disputas individuales, se echó en falta el aquí estoy yo de alguien. En el medio no había iniciativa. Ghana se acercó a Neuer un poco menos y de forma más atropellada, muy exteriormente. Sobre todo por arreones de Muntari, poderosísimo físicamente, y del estupendo Atsu. Algún tiro lejano también. Pero le complicaba el partido a Alemania, que cuando mejor atacaba era con Lahm y Kroos robando para una chispa de Özil y su frecuencia de pitillo. Löw observaba el partido igual que Kyle MacLachlan las dudosas intenciones de la bailarina de Showgirls. Tras el descanso Alemania salió muy concentrada y pronto encontró el 1-0. Un pase desde la derecha y la aparición de Götze (Alemania irrumpe) cabeceando abajo.

El gol tendría que desnivelar absolutamente el partido porque para Ghana llevar la iniciativa aún es mucho. Pero de manera inmediata empató con un cabezazo de Ayew. En realidad, el partido no había dejado de estar equilibrado. El aficionado tuvo que advertir una explosión de energía inusual y contagiosa en el empate africano.

Alemania echaba de menos a Schweinsteiger. Löw iba a sacarlo al campo cuando llegó la segunda explosión de color africano. Corte potente tras error de Lahm (su alineación en el centro nos recordó a Guardiola), pase al hueco para Gyan que se planta ante Neuer y le bate. A partir de ahí, el argumento dubitativo frente a las contras de la roja más exuberante. ¿No está Europa redefiniendo el centrocampismo con cosas muy extrañas que maquillan su falta de empuje? En ese momento Löw sacó a Klose y era como volver al clasicismo y a la propia Alemania. En un córner, nada más salir, marcó su gol e igualó a Ronaldo. Los cambios y el gol mejoraron a la Maanschaft. Schweinsteiger permite adelantar a Kroos y ordenar a Ozil. Con su dirección y el nueve fijo asedió, pero Ghana no dejó de buscar el gol. Acabaron exhaustos los dos, como se acaba siempre en los partidazos mundialistas.