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miércoles, 11 de noviembre de 2009

MIÉRCOLES, 11 DE NOVIEMBRE

SAN MARTÍN

"A cada San Martín le llega su cerdo", le dijo famosamente a un periodista sin gracejo otro periodista con gracejo que llegaba para quitarle el puesto, cuando el periodismo todavía era un oficio (el oficio de ir ahorrando lo suficiente para poder encerrarse un día en un motel a escribir la Gran Novela de Tom Wolfe, etcétera) y no la oficina siniestra de Pablo San José, el hombre de Larache que murió en Burgos, mi pueblo. ¿La Oficina Siniestra? Sí. Y La Burocracia Tenebrosa, Doña Úrsula, Colegialas Uniformadas, Un Gitano Con Su Trompeta U Oso, Parias Hindúes,... Lo dicho: el periodismo oficinesco del mundo de Pablo (Pablo San José García), con cuyos empleados hay que considerar dos grupos, como hiciera Fernández Flórez con los funcionarios de Hacienda con los que trabajaba: uno, muy pequeño, que se dedica a escribir en los periódicos sin aparecer nunca por la oficina, y otro, muy numeroso, que va a la oficina a leer lo que los primeros escriben en los periódicos. Luego está el periodismo deportivo, que es al periodismo lo que la música militar es a la música. Ejemplo: el interrogatorio, ayer, en una TV que parecía un calabozo municipal, de Lama y Carreño a Florentino Pérez.

Ignacio Ruiz Quintano